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Biografia de Boecio Filosofo y Poeta Romano

Biografia de Boecio

Situado entre dos épocas, con un pie en la antigüedad clásica y otro en los tiempos medievales, Boecio es, sin disputa, una de las más eximias figuras de la cultura europea. Como tal fue reconocido, ya en su misma época, por Prisciano, Casiodoro y Ennodio, éste obispo de Pavía.

Boecio
Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio fue un filósofo y poeta latino romano, actividad que compaginó con su faceta como estadista y autor de tratados sobre distintas disciplinas como la música, la aritmética o la astronomía.
Fecha de nacimiento: 477 d. C., Roma, Italia
Fallecimiento: 524 d. C., Pavía, Italia

Luego, durante la Edad Media, numerosas generaciones se formaron en sus obras, las cuales fueron copiadas repetidas veces; comentadas por grandes pensadores, como Escoto Eurígenes, Remigio de Auxerre, Nicolás Trivet y Pedro de Ailly; imitadas por escritores de todos los países, y traducidas en lengua vulgar desde el siglo IX por Alfredo de Inglaterra, quien fue seguido, en Alemania, por Notker de San Gall, en Francia por Juan de Meung, en Grecia por Máximo Planudio, etc.

¿Cuál fue la causa de esta gran popularidad y aceptación? Boecio, sin ser original y creador, fue hombre de vasta y solidísima cultura, de espíritu delicado aunque de firmes convicciones religiosas.

Como si presintiera la inminencia de la catástrofe que había de abatirse sobre la cultura occidental, «el último de los romanos» recogió los principales tratados de la filosofía griega, los tradujo y los comentó, con el elevado propósito de hacer concordar el pensamiento de Platón y de Aristóteles en sus puntos fundamentales.

Desde luego, no pudo llevar a cabo esta empresa sobrehumana; pero lo que quedó de su esfuerzo fue bastante para iluminar las próximas tinieblas de la Edad Media.

Entre sus numerosísimas obras, merecen especial mención las traducciones y los comentarios del Isagoge de Porfirio y de las Categorías y del Perihermenias de Aristóteles, que realizó entre 505 y 510.

A mayor abundamiento, escribió varios tratados de lógica (Introductio ad categóricos syllogismos, De syllogismo categórico, De syllogismo hypothetico, etc.), los cuales resumieron lo que la Alta Edad Media conoció de la segunda parte del Organon aristotélico; y diversos libros de música, aritmética y geometría.

Sin embargo, quedaría, incompleta nuestra visión de Boecio, si no nos refiriéramos a su obra más famosa, De consolatione philosophiae, escrita en las duras circunstancias a que nos referiremos en seguida.

Los problemas planteados en ella, en particular sobre la recompensa del bien y el castigo del mal, y la intervención de la Providencia en las acciones humanas, constituyeron motivo de reflexión durante los tiempos medievales, que nunca descuidaron esta obra boeciana.

Para los críticos modernos, revela la actitud filosófica de su autor, todavía propensa a enfocar tales cuestiones a base de los recursos del pensamiento platónico, peripatético y aun estoico, sin que los informara un espíritu cristiano total.

No quiere esto decir que Boecio no fuera un autor cristiano, pues sus obras De Sancta Trinitate, De persona et duabus naturis in Christo, etcétera, así lo pregonan; en cambio, se admite que, como hombre de una época de transición, representara un papel de intermediario incluso en este aspecto de la definición católica del pensamiento filosófico.

Respecto a su vida, Boecio fue un político destacado, además de filósofo y escritor. Nacido en Roma hacia el año 480, en el seno de una familia descendiente de la rancia estirpe de los Anicios, perdió a su padre en 487, siendo entonces acogido en casa del senador Quinto Aurelio Símmaco.

Este le educó en el saber antiguo y, ya mayor, le dio la mano de su hija Rusticiana.

La fama que adquirió con sus traducciones y su saber, así como su nobleza, le atrajeron el favor del monarca ostrogodo Teodorico, quien después de establecer su poder en Roma en 500, quería reverdecer los tiempos del Imperio romano.

Boecio fue nombrado muy joven cuestor y patricio, y en 510 recibió la dignidad de cónsul. Su buena fortuna continuó durante algunos años, pues en 522, a la vez que sus hijos eran nombrados cónsules, él recibía el cargo de magister officiorum, desde el cual veló por el mantenimiento de la justicia y el buen orden de las provincias.

Hacia el fin del reino de Teodorico, fue acusado de traición y sacrilegio por haber entrado en relación con el emperador bizantino Justino.

En realidad, Boecio, no sólo era un buen romano, sino un ferviente católico, opuesto, por tanto, a la opresión de los ostrogodos, bárbaros y arríanos.

Aunque él se defendió de los cargos que se le habían formulado, fue encerrado en la torre del baptisterio de Pavía.

Aquí compuso el De consolatione philosophiae, procurando vencer el desaliento y la amargura de aquellos días.

A pesar de su inocencia, fue condenado a muerte. Según una tradición, murió decapitado, después de haber sido sujeto a tormentos, en el Ager Calventianus, cerca de Milán, en un día del año 524 ó 525.

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Biografia de Juan Luis Vives Filosofo Humanista Español

Biografía de Juan Luis Vives – Filósofo Humanista

A la edad de cuarenta y ochos años, el 8 de mayo 1540, moría en Brujas Juan Luis Vives dejando a la posteridad una obra imponente en la que se reflejan todos los aspectos — filosófico, religioso, filológico, pedagógico y jurídico — del Renacimiento europeo.

Vives, sin dejar de ser valenciano y español, fue un destacado europeo, uno de esos humanistas cosmopolitas que acrisolaron en su espíritu los valores más conspicuos de Occidente.

Juan Luis Vives
Juan Luis Vives​, fue un humanista, filósofo y pedagogo español.
Fecha de nacimiento: 6 de marzo de 1493, Valencia, España
Fallecimiento: 6 de mayo de 1540, Brujas, Bélgica
Educación: Universidad de París
Era: Filosofía renacentista
Padres: Blanquina March Almenara, Luis Vives Valeriola

Con Erasmo, More y Budé, constituye el cuadrunvirato de las letras en la primera mitad del siglo XVI. En realidad, representa la versión española del humanismo, el cual, en su persona sabia, modesta y pía, no fue tan sólo un elemento filológico, sino un instrumento para la mejora de la humanidad, mediante una nueva pedagogía fundada en la psicología, un interés novísimo por las necesidades sociales y un sistema de paz entre los pueblos cristianos, inspirado en las doctrinas católicas.

Este rasgo — el catolicismo — es fundamental en la posición humanista de Juan Luis Vives. Como español forjado en la amplia visión de la unidad espiritual del mundo, rechaza toda aproximación a la causa de la Reforma protestante, germen de la disgregación inminente de la cultura y de la Iglesia de Occidente.

Por esta causa, supo siempre mantenerse fiel a sí mismo, a pesar del influjo de las doctrinas erasmitas. No tuvo la potencia espiritual, ni la abundancia artística, ni la brillantez exquisita de Erasmo; pero, en cambio, dentro de los humanistas europeos, se distinguió por su sentido común y por su visión aguda de la realidad del momento.

No vivió en la torre de marfil de la fantasía, ni le bastó nunca la erudición; fue a buscar el mundo para enseñar a todos que no hay más gloria que en el seno de Dios y de la buena conciencia.

Nacido en Valencia el 6 de marzo de 1492, el mismo año de la conquista de Granada y del descubrimiento del Nuevo Mundo, procedía de una familia establecida en esta ciudad desde los tiempos de Jaime el Conquistador, oriunda quizá del condado de Rosellón.

Su padre, Luis Vives, era hombre acomodado, y su madre, Blanca March, estaba emparentada con el poeta Ausias, el cual brilló en la lírica catalana a mediados del siglo XV.

Educado con esmero por sus padres, Juan Luis Vives se formó en la universidad de Valencia, la cual había sido reformada en 1498. En el fervor de un nuevo empuje cultural, Vives recibió en aquel centro de estudios las lecciones de gramática de Daniel Sisó y de griego de Bernardo Vilanova.

Su maestro de latinidad fue Jerónimo de Amiguet, natural de Tortosa, el cual era un profesor mediocre y no aceptaba el método erasmita, que otro español, más hábil, Antonio de Nebrija, acreditaba por aquel tiempo en la Península.

A los quince años, Vives, siguiendo la inspiración de Amiguet, compuso contra el innovador unas Declamaciones, de que luego se retractó por completo.

En 1509, y a causa de una peste que asoló la ciudad de Valencia, Vives fue a continuar sus estudios en París. Admitido por su seriedad y capacidad en la Sor-bona, cursó los estudios de teología y filosofía en los colegios de Beauvais y Montaigu.

El profesor que más profunda huella grabó en su espíritu fue Gaspar Lax, en cuyo honor compuso más tarde una de sus primeras obras, el Christi Jesu triumphus, donde reveló, no sólo sus excepcionales dotes para la forma dialogada, sino una piedad que jamás sería vencida.

Alejándose cada vez más de su patria, en 1512 se trasladó a las ricas ciudades de Flandes. Primero en Brujas y luego en Lovaina, Vives se puso en contacto con la poderosa corriente erasmita, entonces en todo su apogeo.

Erasmo, ya sexagenario, le distinguió personalmente con su aprecio. Conquistado por tan eminente maestro, Vives rompió con la tradición escolástica de Valencia y París, pero no consigo mismo.

Su fama de erudito, que ya se iba extendiendo, le valió .ser nombrado preceptor del príncipe Guillermo de Croy, sobrino del poderoso señor de Chiévres. Con su discípulo viajó por varios lugares de Flandes.

En 1519 visitó París, donde conoció a Guillermo Budé. Fue recibido muy cordialmente por los círculos hu manistas de la capital de Francia, los cuales también habían reaccionado contra los sistemas periclitados de la Sorbona.

La muerte de Guillermo de Croy abrió un triste paréntesis en la vida de Juan Vives, que él superó gracias a su laboriosidad y a su competencia.

Entre 1522 y 1523 dedicóse a la enseñanza privada en Brujas y Lovaina.

Luego se trasladó a Inglaterra, donde gracias al apoyo de los humanistas More y Collet obtuvo una situación muy digna en la corte de Enrique VIII y Catalina de Aragón, como preceptor de la princesa María y profesor en el colegio Corpus Christi, de Oxford. Considerando resuelto su porvenir, se casó en 1524 con su antigua alumna Margarita Valldaura, que residía en Brujas.

Su prosperidad fue muy efímera. Las discrepancias matrimoniales entre Enrique VIII y Catalina de Aragón arruinaron su carrera en Inglaterra.

En 1527 regresó a Brujas, ciudad que, con Lovaina, hizo centro de los últimos años de su vida, aquejado por la gota las preocupaciones materiales y lo ingente de su trabajo. Sin embargo, en esta época completó su obra de humanista, ya proclamada con todo brío en su admirable De institutione feminae christianae (1523), con sus tratados fundamentales sobre la Sabiduría y el Alma (1538), sus Diálogos, la Verdad sobre la religión cristiana, etc. Parece imposible cómo el cuerpo débil y agotado de Vives fue capaz de una producción tan densa.

Agravada su enfermedad en el curso de 1539, murió: Juan Luis Vives al año siguiente, en la fecha indicada al comenzar, dejando un lugar vacío que el humanismo posterior nunca ha sabido colmar.

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Los Sistemas Filosoficos Resumen Problemas de la Filosofia Actual

Los Sistemas Filosóficos Problemas de la Filosofía Actual

LA FILOSOFÍA ACTUAL. Los excesos de este idealismo exagerado condujeron de nuevo a un descrédito de la razón, con el derrumbamiento del edificio que Kant intentara construir; volvieron a surgir corrientes diversas y las encontradas opiniones.

Así, llegamos a la filosofía contemporánea, en la que no destaca una figura que acierte a construir una completa síntesis filosófica.

La fenomenología, de Husserl, surgió como una reacción al exagerado subjetivismo, lo mismo que la «filosofía de los valores» defendida por Scheler.

El «vitalismo», a la exaltación de la razón opone la exaltación de la vida, entre cuyos defensores principales se encuentran Nietzche, Dilihey y, sobre todo, Bergson.

El «existencialismo» es la corriente filosófica más nueva, y centra su interés en el estudio de la existencia humana. La esencia de las cosas no interesa; solamente vale la pena existir sin más preocupación. Sus máximos representantes son Kierkegaard y Heidegger.

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Husserl, con su obra Investigaciones lógicas, fundó la «fenomenología», que es a la vez un método de investigación y un sistema que ha ejercido gran influencia hasta nuestros días. Critica el subjetivismo y el psicologismo, la excesiva preponderancia que se da al yo, al individuo, y admite las realidades objetivas fuera de la mente humana, realidades que se manifiestan por fenómenos, los cuales se comprenden por medio de la intuición.

ARTHUR SCHOPNENHAUER:Nietzche, en nombre de la vida, se rebeló contra el pesimismo, introducido en la filosofía europea por Schopenhauer.(imagen)

A la negación de la voluntad de vivir, que éste sacó de la filosofía budista, opuso Nietzche la voluntad de poder, para llegar a un hombre imaginario que se encontrara «más allá del bien y del mal», o sea al superhombre.

Propugnó un cambio total en los valores de la vida humana y su influencia en la juventud del siglo XX fue grande.

Bergson es el verdadero propulsor del «vitalismo».

Analizando los datos inmediatos de la conciencia, atacó la doctrina del mecanicismo y el materialismo consiguiente.

La vida, según él, es frute de un impulso interno que llama «elan vital»; es la realidad originaria de la cual nace la materia por degeneración, y el espíritu por sublimación.

Pero la razón no puede comprender los hechos biológicos y sólo la intuición puede captar las realidades profundas de la vida.

Kierkegaard fue el precursor de la actual filosofía existencialista.

Más literato que filósofo, se opuso a las teorías de Hegel y combatió la absorción del individuo por la colectividad. Angustiado por el problema religioso y por el pecado, realizó profundas meditaciones sobre la existencia y el destino humanos.

El español Balmes representa la reacción cristiana ante los excesos idealistas de los filósofos postkantianos. Fue sacerdote, periodista y polémico infatigable.

Se le puede considerar como el primer pensador católico que intentó dotar a la filosofía tradicional de una teoría del conocimiento. Como fuentes básicas de la certeza señala la conciencia, la evidencia y el instinto intelectual o sentido común.

Heidegger es hoy el máximo representante del existencialismo». En su obra capital, Ser y Tiempo, asimila influencias del vitalismo y de la fenomenología. «Hay que partir de la existencia humana para solucionar el problema de la realidad», dice.

Explica la angustia por la limitación de la existencia humana. «El hombre es un ser para la muerte», afirmó, y se preguntaba en qué terreno encuentran las raíces del árbol de la Filosofía su sostén, y acababa por admitir como única realidad metafísica el hombre que está en el mundo, es decir, la existencia pura.

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LOS SISTEMAS FILOSÓFICOS.

Así como las ciencias presentan sus conocimientos propios en un solo sistema u ordenación, la Filosofía ofrece la pluralidad de sistemas diversos. A continuación se expone la definición de los más importantes por orden cronológico de aparición en la Historia.

Monismo. Se dio este nombre al sistema seguido por algunos filósofos griegos, anteriores a Sócrates, que admitían una sola sustancia como origen de todas las cosas: Para Thales, era el agua; para Anaxímenes, el aire; para Heráclito, el fuego. También se da este nombre a otros sistemas filosóficos que sólo admiten en el mundo una sustancia primaria; como la materia para los materialistas o el espíritu para los idealistas.

Pluralismo. El sistema de los primeros filósofos griegos que admitían varias sustancias primarias como origen de todas las cosas, o sea agua, tierra, aire y fuego a la vez, los cuatro elementos.

Dualismo. Admite la existencia de dos principios: espíritu y materia para unos; mal y bien para otros.

Atomismo. Considera el átomo como parte esencial de todos los cuerpos, que no son sino agregados de átomos.

Sofismo. La Filosofía tomada en simple sentido de erudición con excesivo apego a la razón individual, lo que implica una concepción escéptica de la vida. Los sofistas eran malabaristas de la verdad.

Humanismo. El hombre como centro de toda Filosofía.

Innatismo. Admite que las ideas son innatas,o sea que el hombre, al nacer, ya lleva en sí el principio de todos los conocimientos.

Hedonismo. El fin de toda la especulación filosófica y la norma de la conducta humana es para los hedonistas el placer.

Estoicismo. Es preciso renunciar serenamente a muchas cosas y no dejarse llevar por los excesos en el sufrimiento ni en la alegría, para vivir conforme a la naturaleza, o sea conforme a la razón. La libertad interior se conquista mediante la lucha con las pasiones hasta llegar a la apatía o serenidad del ánimo.

Escepticismo. Niega ia validez, tanto de las percepciones sensibles como del conocimiento intelectual y declara la esencia de las cosas incognoscible. El hombre, según él, no debe adherirse a ideales de ninguna clase.

Dogmatismo. Creencia en los dogmas o principios establecidos por los grandes filósofos.

Voluntarismo. Da a la voluntad, la primacía entre todas las facultades del alma.

Intelectualismo. Señala a la inteligencia como factor primordial de la vida del hombre.

Escolasticismo. Sistema filosófico que sigue la síntesis completa lograda por Santo Tomás, al coordinar el pensamiento cristiano con la doctrina de Aristóteles.

Realismo. Los conceptos universales abstractos son una realidad tan viva como la de los seres creados.

Nominalismo. Los conceptos generales, las ideas universales, como «Justicia», no existen en la realidad, pues sólo son nombres, palabras, pero nada más.

Empirismo. Sistema que fundamenta la verdad de los conocimientos filosóficos en la experiencia. Ninguna afirmación es válida si no está comprobada por la realidad.

Racionalismo. Construye la Filosofía con el uso exclusivo de la razón, mediante deducciones sistemáticas, sacadas de unos principios que se consideran evidentes.

Ocasionalismo. Los seres sólo han sido creados para dar ocasión de obrar al Creador, como el cuerpo ha sido creado y dispuesto como ocasión para el obrar del alma.

Materialismo. Surge de la aplicación del empirismo a los problemas psíquicos y considera la materia como la única realidad existente.

Deismo. Doctrina filosófica que confía la solución de los problemas religiosos a la razón natural, sin ayuda de la Revelación.

Sensualismo. Todo en el hombre proviene de la sensación, ya que sin los sentidos el hombre sería como una estatua, y una estatua que tuviera sentidos obraría como el hombre. Los pensamientos no son otra cosa que sensaciones transformadas.

Naturalismo. Defiende la vuelta del hombre a la vida natural, pues el hombre es bueno por naturaleza y la sociedad le corrompe.

Criticismo. Sistema que critica la sola validez de la razón para alcanzar el conocimiento científico, y supone el examen previo de la misma antes de aceptar cualquier teoría del conocimiento.

Idealismo. Afirma el predominio de las ideas ante las realidades del Universo. Hay varios sistemas idealistas, entre los que destacan los de Platón, Berkeley, Kant y sus seguidores. El idealismo exagerado conduce a afirmar que el mundo exterior no existe y que los objetos no son sino proyecciones de nuestro pensamiento.

Positivismo. No admite otra verdad que la doctrina positiva de las ciencias y rechaza la conciencia o sentido íntimo como fuente de conocimiento. Sólo admite la experiencia sensorial.

Psicologismo. Supone que todo en Filosofía es subjetivo; que todo se resume en opiniones personales sin valor objetivo y real. Hijo del positivismo, es una tendencia a reducir todos los procesos filosóficos a meros capítulos de la Psicología.

Fenomenología. Los objetos poseen un ser ideal y la manifestación de este ser en la cosa es el fenómeno. El estudio de estos fenómenos mediante la intuición es la base de este sistema.

Axiología. Es la doctrina de los valores. El valor no depende de la apreciación personal, sino que existe por sí mismo; es una cualidad ideal de los objetos que están dotados de propiedades características.

Historicismo. Es la manera de interpretar la Filosofía como si no fuese otra cosa que la mera relación de las diversas teorías de los filósofos en permanente evolución.

Neoescolasticismo. Es el retorno a la Filosofía escolástica, pero a la luz del pensamiento y de los descubrimientos.

Existencialismo. Es el sistema que considera la existencia humana como centro de toda especulación. El hombre está solo, inmerso en el mundo y condenado a morir. Siente la angustia de su destino porque la existencia humana confina por todos lados con la nada. Reivindica el valor de la persona y exalta el poder de la libertad.

LOS PROBLEMAS DEL MOMENTO

Cada época, a lo largo de la Historia, ha planteado problemas distintos cuyas notas esenciales estaban íntimamente ligadas a los intereses y a las formas de la vida presentes en aquel instante. El momento que hoy vivimos, la segunda mitad del siglo XX, se muestra extremadamente rico en hechos e inquietudes de todas clases.

En primer lugar, la Ciencia. Nunca se había dado un proceso general, tan extenso e intenso al mismo tiempo, de investigación científica, y en ninguna época anterior se había llegado al descubrimiento de tantas verdades cuya aplicación a la vida corriente hubiesen transformado de tal modo la existencia.

Sesenta años atrás no se conocía la aviación y hoy el hombre se dispone a conquistar el espacio extraterrestre con grandes seguridades de triunfar. No es necesario detallar los progresos conseguidos en el campo de la Biología, la Química, la Física, etc., para admitir el hecho de que nuestro momento histórico es de carácter eminentemente científico.

Pero coincidiendo con este hecho de preponderancia, la Ciencia moderna se muestra singularmente prudente y parca en disquisiciones de tipo filosófico. Han sido tantas las afirmaciones tenidas como ciertas que en el siglo presente se han venido abajo, que el hombre de ciencia se resiste a admitir una verdad como una entidad permanente, absoluta.

El determinismo que caracterizó tiempos anteriores ha dado paso a un probabilismo. Es decir, que los hechos sean como la Ciencia los describe e interpreta es sólo un hecho probable aunque el porcentaje de probabilidad sea elevadísimo. Al juntar pedacitos muy diminutos de granos amarillos y granos azules, tendremos un montón de granos verde; al contemplarlo a distancia.

¿Es posible que agitándolos nuevamente logremos separar los azules a un lado y los amarillos a otro? Es posible, aunque la probabilidad de que esto ocurra sea prácticamente nula. Así, Perrin calculó las probabilidades que existen para que los casuales golpes de moléculas del aire empujaran un objeto hacia lo alto contrarrestando la fuerza de la gravedad.

El hecho podría suceder cada diez elevado a diez mil millones de años. Prácticamente, jamás.

Cuando se empezó a estudiar seriamente la estructura del átomo fué descrito como un sistema planetario en el cual el núcleo equivalía al Sol y los electrones a los planetas que giran a su alrededor. Hoy se admite que la composición de la materia, lo que sea el núcleo, el átomo, etc., es irrepresen-table, no tiene cabida en la imaginación humana.

La estructura atómica es inimaginable. Al pensar en qué será «lo último» de la materia concreta, la Física deja paso a la matemática y quedan sólo unas cifras, unas determinantes o unas fórmulas que sólo poseen un valor explicativo para los iniciados.

El eterno mito de las puertas que se abren para mostrar nuevas estancias con nuevas puertas cerradas es cierto cuando intentamos explicar nuestro mundo natural. De ahí que la Ciencia, en el momento cumbre de su esplendor, quiera limitarse a investigaciones concretas, rehuyendo la Metafísica que ha vuelto a manos de los filósofos, los cuales han de dar una interpretación de los hechos hasta hoy descubiertos sin que les importe la posible caducidad de sus conclusiones.

Otro aspecto de la inquietud filosófica presente radica en el interés extraordinario de la investigación sociológica. En este punto el filósofo y el economista han sucedido al político. Ya no es posible lanzarse alegremente a especulaciones y construcción de entelequias políticas o sociales. El mundo se rige por unas leyes económicas muy severas y tan concretas como pueden serlo las leyes físicas porque son leyes matemáticas.

De un lado, el estudio de la economía, la producción, las necesidades sociales, y de otro un intento de interpretación histórico del fenómeno humano a base no sólo de profundizar en la Filosofía de la Historia, sino en la investigación de las formas de vida de los pueblos primitivos en un intento de sintetizar y abarcar el proceso humano para determinar su probable marcha hacia el futuro.

Los problemas del hambre, de superpoblación, de razas, etc., de carácter político y social atraen la atención de los filósofos para darles adecuada solución al servicio de distintos ideales.

Pero sin duda alguna, donde se ha demostrado más intensa aunque más descorazonadora la acción de la vida moderna en el campo del pensamiento ha sido en lo que se refiere a la Psicología. Freud, a principio de siglo, dio a conocer el mundo turbio y excitante, pero real, del subconsciente.

Las dos grandes contiendas sufridas en menos de treinta años de intervalo han ocasionado una corriente de tono francamente pesimista. Ya hemos dicho cómo el existencialismo ha sido la tendencia dominante de las juventudes de postguerra.

En Francia, Jean Paul Sartre, novelista, dramaturgo y escritor famoso, exponía la náusea que la existencia produce. Para él y sus seguidores el hecho de existir es terriblemente desconsolador. Los hombres son lobos para los otros hombres y no existe nada digno de ser vivido, excepto la experiencia de la muerte, a la cual, por trágico destino, no podemos entregarnos. Incluso el amor es el dominio de una persona sobre otra. La nada nos rodea.

La Literatura ha dado innumerables temas en los que el análisis de los hechos más morbosos o crueles ha puesto de relieve la existencia de un pozo de angustia y de miedo que acompaña nuestra vida. Se han analizado los casos de máxima perversión y las conductas más ilógicas como muestra de hasta dónde puede llegar el hombre en el vacío caminar que es su existir.

En España, estas tendencias se han suavizado considerablemente por el temperamental optimismo de nuestra raza. Ortega y Gasset (mucho antes que los existencialistas) sentaba su teoría de la razón vital. La existencia para él era un quehacer constante, más atractiva por cuanto es libre. Cada uno de nosotros crea nuestra propia historia.

No vivimos solos, sino rodeados de una circunstancia (hombre, clima, población, trabajo, etc.) y ésta se extiende desde un lejanísimo pasado hasta un futuro que se va haciende según esta elaboración que viene determinada por la frase «Yo soy yo y mi circunstancia». Ortega y Gasset no era un pesimista, sino un hombre con los ojos abiertos a este maravilloso espectáculo que es la vida.

La conducta concreta del hombre se define por la aceptación de un orden de valores. Max Scheler (1874-1928) dio a conocer su axiología, es decir, la existencia de un orden sentimental, no determinado exclusivamente por la razón ni la ciencia, alógico, en el que la carga afectiva pesa en forma extraordinaria. Cada uno de nosotros escribe en su interior una escala de prelaciones y sitúa en lo más alto un ideal y tras él otro y otro.

A esta valoración se atiene su conducta. Para llegar a esta construcción interna, el hombre se deja llevar por la intuición. Estos valores poseen una intencionalidad, mueven la conducta, pero no deben confundirse con el deseo.

En la vida de una persona se produce precisamente el choque entre el deseo y el deber porque aquél creó su escala de valores ideales y el apetito solicitó algo que está en pugna con esta escala de valoración. Yo puedo desear la muerte de mi enemigo, pero mi catalogación de valores morales me censura este deseo.

A cada valor positivo corresponde su contrario y todos ellos se encuentran jerarquizados. Para esta persona los valores o ideales religiosos están en lo más alto y los crematísticos son situados en el ínfimo peldaño de la escala. Para otra, los valores o ideas de Patria están por encima de cualquier consideración y a ellos se supeditan los de honor, familia, religión, amistad, etc. Según Scheler, las clases de valores que existen son:

1. Económicos o de utilidad (dinero).
2. Vitales (salud, valor, nobleza, etc.).
3. Espirituales: lógicos, estéticos o éticos.
4. Religiosos.

La Cultura, el progreso, el hacer histórico no son sino una aplicación a lo ancho del espacio y a lo largo del tiempo de los distintos conceptos de valor en vigencia para cada hombre y en cada época. Aquí se unen la Moral, la Estética, la Política, la Lógica, etc., pues el futuro de la Humanidad reside en la ejecutoria y la preponderancia de los valores más nobles sobre los más bajos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia CONSULTORA Temática e Ilustrada Tomo IV La Filosofia

Biografia Ortega y Gasset Jose Su Obra Literaria y Filosofia

Biografía Ortega y Gasset José
Su Obra Literaria y Filosofía

Ortega y Gasset José: Escritor y pensador español (Madrid 1883 – id. 1955). Nació en el seno de una familia de periodistas y hombres de letras. Estudió con los jesuítas y se doctoró en Filosofía en Madrid con una tesis sobre Los terrores del año mil. Durante dos años estudió en Berlín, Leipzig y Marburgo. A su vuelta obtuvo, con veintisiete años, la cátedra de Metafísica de la universidad madrileña, que desempeñó hasta 1936.

Fundó, entre otras publicaciones, la Revista de Occidente (1925), y poco después la editorial del mismo nombre (ambas, la revista y la editorial, tuvieron un importante papel como instrumentos para la difusión en España del pensamiento extranjero contemporáneo). Publicó sus primeros ensayos, Meditaciones del Quijote, en 1914.

Firmante del «Manifiesto de los intelectuales» en pro de la República, después de su proclamación fue diputado, pero pronto rompió con el republicanismo. En 1936, al desencadenarse la guerra civil española, salió de España y no volvió hasta 1948. Viajó a Francia, Holanda, Argentina y Portugal.

 

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Con José Ortega y Gasset vuelve a primer plano el ideal de europeización que fue característico de la generación krausista, frente al retroceso que, en esta línea, significan los hombres de la generación del 98 y, en particular, Unamuno. Pero, lo mismo que este último, Ortega ha de ser considerado como un pensador independiente, de rasgos personales muy acusados.

A su regreso fundó el Instituto de Humanidades. Es copiosa su producción ensayística, reunida en gran parte en el Espectador, de ocho volúmenes (1916-1928). A su vuelta fundó con su discípulo Julián Marías el Instituto de Humanidades (1948), donde impartió conferencias y cursos, apartado del mundo dogmático e intolerante de la vida académica de la época franquista.

Es célebre su frase: «yo soy yo y mi circunstancia». Ortega denominó a su pensamiento filosofía de la razón vital», pues si la vida es el núcleo de su pensamiento, la razón se presenta en necesaria coexistencia con ella. Su concepción de la realidad es básicamente irracional y vitalista.

 Según sus teorías, la razón debe servir a los impulsos espontáneos en lugar de dominarlos (razón vital o raciovitalismo). Todos los puntos de vista se justifican, pero parcialmente; para conocer la verdad sería preciso poderlos asumir simultáneamente. En España invertebrada (1922) se ve evidenciada su constante reflexión sobre la historia, la vida y el futuro de su país. La más célebre de sus obras es La rebelión de las masas (1930).

Otras obras suyas son: El tema de nuestro tiempo (1921), Las Atlántidas (1924), La deshumanización del arte (1925), Rectificación de la república (1931), En torno a Galileo (1933), La historia como sistema (1935), Ideas y creencias (1940), Estudios sobre el amor (1941), Rápeles sobre Velázquezy Goya (1950) y, postumamente, ¿Qué es filosofía? (1958), Idea del teatro (1958), y Origen y epílogo de la filosofía (1960).

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Ortega nació en Madrid. Estudió en el colegio de jesuítas de Miraflores (Málaga) y los estudios universitarios los realizó en Madrid. En 1904 obtuvo el doctorado en filosofía y letras y luego marchó a Alemania, donde realizó estudios en las universidades de Leipzig, Berlín y Marburgo, sede del neokantismo. Por aqul entonces era el auge de la «generación del 98», pero, como decíamos, Ortega no perteneció a ella.

Desde 1910 hasta 1936 fue catedrático de metafísica de la universidad de Madrid. Al comenzar la guerra civil, salió de España y residió en Francia, Holanda, Argentina y finalmente se instaló en Portugal. En 1945 regresó a España, pero no volvió a ocupar su cátedra. Fundó en 1948, junto con Julián Marías, el Instituto de Humanidades.

La mayor parte de la producción literaria de Ortega está contenida en sus ensayos, artículos de periódicos y revistas. Por esto sus obras, aun las de mayor extensión, y a pesar de retoques posteriores, se presentan fragmentadas en secciones relativamente independientes.

Aunque casi cada página de la voluminosa obra de Ortega contiene reflexiones filosóficas, las obras más interesantes en conjunto para la historia de la filosofía son las siguientes: Meditaciones del Quijote (1914), El tema de nuestro tiempo (1923), Kant, reflexiones de centenario (1924), Las Atlántidas (1924), La «Filosofía de la Historia» de Hegel y la historiología (1928), Filosofía pura. Anejo a mi folleto «Kant» (1929), Pidiendo un Goethe desde dentro (1932), Guillermo Dilthey y la idea de la vida (1933-1934), Historia como sistema (edición inglesa en 1935, española en 1941); los «Prólogos» a las traducciones de la Historia de la Filosofía de Vorlánder y de la de Bréhier, escritos en 1921 y 1942, respectivamente.

Ediciones postumas: El hombre y la gente (1957), Qué es filosofía (1958), La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva (1958), Origen y epílogo de la Filosofía (1960).

Desde el punto de vista de la filosofía de la historia y para conocer la visión política de Ortega, tienen especial valor: Vieja y nueva política (1914), España invertebrada (1921), Mirabeau o el político (1927), La rebelión de las masas (1930), Rectificación de la República (1931), Meditación de Europa (1960), Una interpretación de la historia universal en torno a Toynbee (1960).

Entre los muchos escritos de Ortega que no abordan directamente temas filosóficos podemos citar: Ensimismamiento y alteración, Meditación de la técnica, Estudios sobre el amor, Personas, obras, cosas, La deshumanización del arte, así como los artículos recogidos en los ocho volúmenes de El Espectador, en cuyas páginas «ideas, teorías y comentarios se presentan con el carácter de peripecias y aventuras personales del autor», escribe el propio Ortega. Una importancia capital para conocer el pensamiento de Ortega y de su escuela la tuvo la fundación de la Revista de Occidente.

La obra de Ortega y Gasset se extiende a lo largo de más de cincuenta años, por consiguiente no es extraño hallar en ella una evolución constante, sobre todo si se tiene en cuenta el carácter histórico que el autor atribuye a todos los fenómenos humanos. De aquí que la diferencia que hay entre el Ortega de 1902 y el de 1955 no hay que atribuirla tanto al hecho de haber envejecido cincuenta años, sino más bien al profundo cambio que ha sufrido el mundo, en el que vive y del cual habla, y sus circunstancias.

El año 1923 representa para algunos autores una división del pensamiento de Ortega en dos grandes períodos, presidido cada uno de ellos por una intención distinta.

En el período anterior a 1923 habría un cierto dogmatismo, una especie de prisa para llegar a formulaciones absolutas. Por el contrario, en el período posterior a 1923, Ortega desplegaría todo su sentido de los matices, con una constante preocupación por no dejarse engañar por las apariencias o por: sus  propios deseos. Es la época en que escribe La rebelión de las masas.

Una nueva etapa, según palabras del mismo Ortega, la constituyen los años 1933-1935; finalmente, en 1936, Ortega sale de España, viaja, cae enfermo y pasa por serias dificultades materiales.

Durante veintidós siglos el realismo ha dominado el pensamiento occidental, entendiéndose por realismo la actitud en que se supone que las verdaderas realidades son las cosas. Desde Descartes aparece una nueva tesis, el idealismo. Según esta teoría la realidad primaria es el yo y de él derivan y dependen las cosas.

Es cierto, como afirma el idealismo, que sólo puedo saber las cosas en cuanto que estoy presente a ellas, pero se equivoca al subrayar la independencia del sujeto. Para Ortega, la verdadera realidad primaria es el yo con las cosas, o la vida, que no es más que el quehacer del yo con las cosas. «Yo soy yo y mi circunstancia», escribe en 1914.

Lo real es la vida misma del hombre, su vida, y la llama realidad radical, en el sentido de que en ella radican todas las demás, las realidades radicadas. Fuera de mi vida no puedo encontrar ninguna realidad. El hombre rinde al máximo de su capacidad es cuando adquiere la plena conciencia de sus circunstancias. Porque en esto precisamente consiste la vida humana: en un quehacer entre las cosas. La vida es dada, pero no es dada hecha, sino por hacer.

El hombre, pues, para poder vivir tiene que decidir, preferir una posibilidad a otra, y esta decisión o elección tiene que justificarla. Por consiguiente, la vida es intrínsecamente moral.Todo quehacer humano es moral (o inmoral) y, a la vez, es libre.

Ortega tiene una visión penetrante en cuanto a las realidades sociales, políticas e histórico-políticas. Es en este terreno de la filosofía de la historia en donde ha alcanzado sus mayores éxitos por la originalidad de sus concepciones.

Concibe la vida social como un quehacer comunitario en el que se desarrollan al máximo, de un modo espontáneo, las virtualidades humanas en la realización de una empresa nacional, con «conciencia de actitud histórica» y vital, bajo la dirección intelectual de los mejores y dentro de un estado cuya intervención coercitiva queda reducida al mínimo. La clave de este ideal es la prestancia intelectual de las minorías selectas y la docilidad de las masas para dejarse regir por aquéllas.

El pensamiento de Ortega se suele dividir en tres etapas:

Etapa objetivista (1902-1914): influido por el neokantismo alemán y por la fenomenología de Husserl, llega a afirmar la primacía de las cosas (y de las ideas) sobre las personas.

Etapa perspectivista (1914-1923): se inicia con Meditaciones del Quijote. En esta época, Ortega describe la situación española en España invertebrada (1921).

Etapa raciovitalista (1924-1955): se considera que Ortega entra en su etapa de madurez, con obras como El tema de nuestro tiempo, Historia como sistema, Ideas y creencias o La rebelión de las masas.

Muchos filósofos coinciden en que Ortega es, sin duda alguna, el pensador español más universal de la época contemporánea; ninguno ha alcanzado tanta fama entre los círculos cultos nacionales y extranjeros. Este éxito se debe a varias causas, entre las cuales tiene un peso decisivo el arte exquisito de su estilo, gracias al cual los temas filosóficos han estado al alcance de gran número de personas.

Por otra parte, el modo humano de enfrentarse con la cultura en sus manifestaciones actuales e históricas, así como la fina penetración de su espíritu para descubrir y revelar lo más íntimo de las situaciones humanas y sociales, ha dado cauce popular a su pensamiento, que comprende una gran variedad y riqueza de temas, como hemos visto.

Es un sistema abierto que permite toda clase de innovaciones y descubrimientos. Su fecundidad ha sido muy grande y ha inspirado un movimiento filosófico que actualmente está defendido por todos los países de habla hispánica y que se le conoce con el nombre de «Escuela de Madrid».

Falleció en Madrid, el 18 de octubre de 1955.

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EL RACIOVITALISMO: Esta postura filosófica se fundamenta en la razón vital, que es simultáneamente una razón de tipo biológico, histórico y biográfico. Ortega reacciona frente a la imposición de la razón abstracta de origen socrático.

Es inaceptable que la razón haya suplantado a la vida, según Ortega: «el tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo. [..,] La misión del tiempo nuevo es precisamente convertir la relación y mostrar que es la cultura, la razón, el arte, la ética quienes han de servir a la vida».

Se valora la razón, pero teniendo en cuenta las necesidades vitales, y se pone al servicio de la vida, que es la raíz de cualquier otra realidad. De esta forma Ortega superó la visión biologicista de la razón que era defendida por algunos autores de su época. La razón vital trabaja desde el sujeto inmerso en su circunstancia, por lo tanto, desde su realidad social e histórica.

Esta identificación de la razón vital como razón histórica dio paso a la siguiente etapa de su pensamiento donde se preocupó de la interpretación de la historia y de la sociedad.

Influencia del pensamiento de Ortega: A su alrededor, en la Facultad de Filosofía de Madrid, se forjó toda una generación de filósofos especialmente fecundos como Xavier Zubiri, José Gaos, García Morente, María Zambrano, Francisco Ayala y Julián Marías (que denominó al grupo Escuela de Madrid).

Desgraciadamente, la Guerra Civil forzó al exilio a muchos de ellos, que continuaron su labor filosófica en América. Esto condujo a una amplia difusión del pensamiento orteguiano, que, paradójicamente, contrasta con el silencio que padeció la filosofía de Ortega en los círculos académicos hasta mediados de los años sesenta.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: José Ortega y Gasset “el filósofo de la razón vital” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19 Historia de la Filosofía Edit. Santillana – La Nación –

Las Escuela de Filosofía en Grecia Antigua:Epicurea,Estoica

Las Escuela de Filosofía en Grecia Antigua
Epicurea,Estoica,Peripatética

Las cuatro escuelas de Filosofía. — En el último período de la historia de Grecia encontramos definidos cuatro sistemas o escuelas principales de filosofía. Eran éstas: la académica, la epicúrea, la estoica y la peripatética.

Sócrates  ,   Platón ,       Aristóteles

Sócrates                                   Platón                                Aristóteles

Escuela académica. — Esta escuela fue fundada por Platón, que la estableció en unos jardines próximos a Atenas, radicados en terrenos consagrados al héroe ático Academo, de donde derivó el nombre de Academia que llevaban aquellos lugares y el gimnasio instalado en ellos.

Bajo las arboledas de plátanos silvestres y olivos, exornadas con estatuas por Cimón, platicaba Platón con sus discípulos. Como su maestro Sócrates, creía en la inmortalidad del alma.

Enseñaba que hay un Dios eterno, perfecto y omnisciente y que el alma humana ha existido en un estado anterior, en que conocía la ideal forma de las cosas y cuyo confuso recuerdo de figuras y sombras constituye todo lo que, en esta vida, podemos conocer de bondad y sabiduría.

El alma, que, durante su estancia en el mundo tiende a elevarse y a mantener la pureza, después de la muerte vuelve a estar en contacto con aquellas «esencias eternas» de las cosas.

Platón entendía que «la perfección de la naturaleza del hombre es su propio acercamiento, en cuanto le sea posible a la armonía con Dios y que todos los seres humanos deben ser educados con miras a este fin.

El estilo de sus Diálogos está en consonancia con la elevación del ideario que propugnan.

Escuela epicúrea. — La escuela epicúrea fue fundada en 306 antes de Jesucristo, en Atenas, por el filósofo Epicuro. Enseñó en ella que la felicidad humana (el placer) era el verdadero fin de toda filosofía, pero el placer duradero que, emanado de los puros y nobles goces mentales, conduce a la paz espiritual y por consiguiente, a la felicidad.

La paz del espíritu era, para Epicuro, el summum bonum, o sea el bien supremo. No es propio de esta obra el extenderse en el concepto que de la física profesaba Epicuro, pero hay que señalar su convicción en la existencia del átomo, de la que se trata en la obra del poeta latino Lucrecio, De natura rerum.

Este filósofo ha sido muy combatido y hasta calumniado al suponerle amante de los placeres de la mesa y aficionado a los deleites sensuales. Todo ello nace de la confusión entre los términos placer, tomado en sentido de goce material, y felicidad.

A este último concepto aludía Epicuro en sus prédicas. Por lo demás, Epicuro fue hombre de vida austera, que de la pobreza supo elevarse por su propio esfuerzo y que soportó mucho tiempo una vida adversa y una larga enfermedad.

Había nacido en Samos en 341 ó 342 antes de Jesucristo y no se ha comprobado que su muerte fuera producida por suicidio, como algunos le han achacado.

zenon filosofoEscuela estoica.Zenón, un griego de Chipre, fundó en Atenas por el año 320 antes de Jesucristo una escuela filosófica, que fue llamada estoica por el lugar donde estaba instalada, la stoá poikile («pórtico o columnata pintada»), un recinto adornado con frescos que representaban la batalla de Maratón, pintados por el gran artista Polignoto.

Allí enseñó Zenón durante unos sesenta años, siendo tenido en gran estimación por los atenienses a causa de su integridad y honradez.

En vida le honraron con una guirnalda de oro y, a su muerte, con magníficos funerales públicos.

La escuela estoica postulaba el desprecio al dolor y al placer; según sus doctrinas, el grado más elevado de la virtud consistía en menospreciar todas las condiciones externas de la vida humana. Era preciso evitar toda pasión, aún en el sentido de energía vital del espíritu. La felicidad estaba en el supremo dominio de sí mismo.

Escuela peripatética. — La escuela peripatética fue fundada en Atenas por Aristóteles (335 antes de Jesucristo), en un gimnasio suburbano llamado el Liceo.

Su nombre se deriva de unos pórticos (peripatói) que poseía el edificio donde enseñaba el filósofo, o bien, como otros opinan, de que al disertar paseaba alrededor (peripateikós, significa «amigo de pasearse»), en lugar de explicar sentado, como los otros filósofos.

Aristóteles daba dos lecciones diarias, una por la mañana, a un pequeño círculo de íntimos y, por la tarde, a un grupo más numeroso de extraños; de ahí vienen los conceptos esotérico (interno) y exotérico (externo), que se suelen aplicar a las conclusiones y máximas de doble sentido.

La inteligencia de este filósofo abarcó todos los conocimientos de su época, y su actividad y vocación didáctica, le obligaron a tratar de cuantos asuntos pudieran atraer el pensamiento humano.

Los filósofos cínicos. — Un discípulo de Sócrates, llamado Antístenes, fundó en Atenas por el año 390 antes de Jesucristo una escuela filosófica llamada de los cínicos. Su nombre proviene, según unos, del gimnasio llamado Cínosarges donde el filósofo explicaba sus doctrinas, y, según otros, de la vida grosera, perruna (en griego, cynicós), que adoptaron sus discípulos.

Sea de ello lo que fuere, el término se aplicó muy pronto a estos filósofos por el desprecio que hacían de los refinamientos de la civilización; mientras que en la sociedad moderna la palabra cínico califica a quien se muestra descarado, procaz, desdeñoso, y hasta al huraño y misántropo.

Los antiguos cínicos tenían en su comportamiento público muchos puntos de analogía con los actuales «existencialistas», que tanto se les asemejan en su presentación desastrada.

Antístenes fue un gran adversario de la filosofía especulativa de Platón y enseñaba que la virtud es la única cosa necesaria y que deben despreciarse todas las comodidades y halagos de la vida. Los cínicos vivían en una rigurosa austeridad, rayana en la miseria.

diogenes

Diógenes

Diógenes. — El más célebre representante de la escuela cínica fue Diógenes de Sinope (una colonia griega de la costa septentrional del Asia Menor), nacido en 412 y muerto en 323 antes de Jesucristo. Se estableció en su juventud en Atenas, donde fue discípulo de Antístenes. Adoptó un modo de vivir estrafalario y llegó a alcanzar gran popularidad por las sarcásticas censuras que le merecía toda producción intelectual que no condujera inmediatamente a un fin práctico. Se dice que se albergaba en un tonel y que, al dársele a conocer un día Alejandro Magno y ofrecerle lo que quisiera, le rogó que se apartara para no quitarle el sol. Seguramente es fabulosa tal referencia, pero reveladora del carácter de este filósofo.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena – Tomo I  – Edades Antigua y Media