Explicación de las 10 Plagas de Egipto

Salomon Gran Rey de Israel Biografía e Historia del Pueblo

Biografía de Salomón:Gran Rey de Isarel

Salomón, hijo de David, sucedió a su padre en 970, reinando otros cuarenta años, o sea, hasta 930 antes de Jesucristo. Fue de genio pacífico y amante del saber y del bienestar. Su reinado fue próspero, llegando el pueblo hebreo, durante su mandato, a la cumbre de su poder y grandeza. Consolidó y aun extendió las conquistas de David.

Su amistad fue buscada por otros reyes, entre ellos por Hiram, rey de Tiro, que le ofreció maderas y artífices calificados para la edificación del palacio real y del templo de Jerusalén. Contrajo matrimonio con la hija de un rey egipcio. Realizó la construcción del templo y de otros magnos edificios, para lo cual sometió a servidumbre a todos los extranjeros residentes en sus Estados.

En la edificación del templo se invirtieron siete años, comprendidos desde el cuarto hasta el onceno de su reinado. Fue un monarca sabio y prudente, dado a la poesía. Se le considera autor del Cantar de los Cantares, del Eclesiastés y de parte de los Proverbios. Pero tan excelentes cualidades fueron ensombrecidas por su sensualidad, que le llevó a la mayor relajación.

Tuvo varias esposas y concubinas, y dejándose guiar por la influencia de algunas de ellas, extrañas al pueblo judío e idólatras, llegó a permitir el alzamiento de templos a otras divinidades distintas de Jahvé.

Consecuencia de ello.fue el debilitamiento de la fe en muchos sectores del pueblo hebreo, con el consiguiente quebranto de su unidad espiritual, que precedió a su decadencia política.

En el curso de un reinado de cuarenta años, Salomón logró aumentar el prestigio de su reino, ampliando los lazos diplomáticos y comerciales con varios estados, y por sobre todo, mediante la construcción del templo al cual su nombre quedó unido para siempre.

El Esplendor Salomónico. Sucesor de David fue el rey Salomón (975-935 a. de. C.), que dio a la monarquía de Israel su configuración definitiva. Pudo hacerlo no sólo por la privilegiada situación en que heredó el trono, sino por sus extraordinarias dotes de estadista y su talento diplomático, a los que unía una certera visión comercial.

Más que guerrear, Salomón prefirió pactar ventajosamente con otros Estados, en especial con aquellos que podían convertirse en una fuente de recursos, tanto en carácter de mercados proveedores o consumidores (Egipto) como a titulo de intermediarios eficaces (ciudades fenicias, especialmente Tiro).

Así, Salomón dio salida a los saldos exportables de Israel (cereales, sándalo, miel, cera de abejas, etcétera) y se procuró metales preciosos (oro de Ophiren el sur de Arabia) y artículos de lujo especialmente reexportados desde Fenicia.

Esta equilibrada y hábil política económica le permitió acumular ingentes riquezas y construir el fastuoso templo, su propio palacio y otro para la reina, que tal vez fue una princesa egipcia (la tradición lo hace también marido de una hija de Hiram I, rey de Tiro), lo que permite suponer que Salomón utilizó el casamiento como un instrumente más de su política exterior.

Asimismo, este rey supo dar estructura orgánica a la administración interior, subdividiendo el territorio en doce provincias, cada una de las cuales era gobernada por un praepósito directamente responsable ante Salomón.

Es evidente la intensión fiscal de esta reorganización , que incluso motivó reacciones populares por el aumento de las cargas impositivas. Cada región estaba obligada a arbitrar los medios para sostener durante un mes los gastos de la fastuosa corte salomónica. La época de Salomón había de señalar también un notable cambio en la estructura económica y social del pueblo de Israel, pues, con el auge del comercio y ha riqueza, surgieron intereses y modos de vida nuevos.

Ello motivó la aparición de una aristocracia del dinero que, junto con la corte, gravitó pesadamente sobre los humildes. Es evidente que se configuró cada vez con mayor nitidez un abismo que separaba los ricos de los pobres, y mientras los segundos pasaban hambre y necesidades de todo tipo, los más favorecidos vivían rumbosamente en sus palacios o grandes casas, con abundante servidumbre.

A la muerte de Salomón, su reino se vio sacudido por conmociones internas y peligros de orden externo no menos graves. De ese modo, no sólo Israel se redujo en su territorio, sino que inclusive llegó a parcelarse en dos reinos autónomos: Israel, con Samaria por capital, y Judá, con su capital en Jerusalén.

REALIZACIONES DE PRESTIGIO: Con el fin de demostrar la grandeza de su reinado, Salomón emprendió la realización de imponentes construcciones. En el cuarto año de su reinado, se dedicó a la edificación del Templo de Jerusalén, destinado a convertirse en el centro de culto de todas las tribus de Israel y a simbolizar la presencia divina. Decidió emplazarlo en el monte Moriah, donde David había levantado un altar, en el cual se encuentra actualmente la Cúpula de la Roca. Al igual que su padre, se volvió hacia el rey fenicio Hiram 1 de Tiro, que le envió artesanos especializados, así como materiales preciosos: cedro del Líbano, ciprés y oro.

Esta magnificencia no pudo enmascarar los numerosos problemas que conoció el reino. Tributario de una deuda de 120 talentos de oro a Hiram, Salomón tuvo que entregarle veinte ciudades de Galilea. Con el fin de financiar las construcciones, el ejército y los lujos de la corte, aumentó los impuestos e impuso trabajos obligatorios. El descontento del pueblo se acentuó, sobre todo porque la tribu de Judá, a la cual pertenecía el rey, estaba exenta de estas cargas

El edificio, compuesto de tres salas, era de forma rectangular. Al interior, los muros estaban recubiertos con madera de cedro enchapada en oro. En la última cámara, el santo de los santos, se encontraba el Arca de la Alianza, considerada la morada de Yahvé. A continuación, en el lado sudoeste se edificó el palacio, comunicado con el templo. Veinte años fueron necesarios para finalizar este conjunto arquitectónico, siete para el templo y trece para el palacio. Su esplendor reflejaba el brillo del reinado de Salomón.

El juicio de Salomón: Si sus contemporáneos mostraron cierto descontento hacia él, la posteridad idealizó su figura. Salomón ha sido representado como la encarnación del soberano perfecto, caracterizado por la magnificencia y la sabiduría. Numerosas leyendas insisten sobre este último rasgo. Salomón sería el autor de tres mil proverbios.

El episodio más célebre es, seguramente, el del «juicio de Salomón»: dos mujeres se presentaron ante el soberano, afirmando cada una ser la madre del mismo infante. Con el fin de determinar cuál era la verdadera madre, Salomón decidió que el niño fuera partido en dos. Para salvarlo, una de ellas se opuso a la sentencia y prefirió que el niño fuera entregado a la otra mujer. Salomón le devolvió entonces el infante a ella, su verdadera madre.

EL TEMPLO DE SALOMÓN Y LA MASONERÍA:

TEMPLO DE SALOMON

Templo de Salomón: El rey Salomón gobernó Israel entre 976 y 926 a. C. Consagró su reinado a la unificación de su pueblo, y con ese fin erigió el Templo de Jerusalén, para que fuera centro de veneración religiosa y símbolo de la unidad nacional. El templo era un edificio completamente simbólico: su plano, construcciones y ornamentos representaban la síntesis de todas las ciencias. Era el Universo, la filosofía, el cielo… Salomón lo había concebido, e Hiram Abif, arquitecto y decorador de la ciudad de Tiro, lo había construido con enorme inteligencia. Para el mejor desarrollo de la obra, Abif dividió a los trabajadores, de acuerdo con la labor que realizaban, en maestros, compañeros y aprendices, estructura que los masones han tomado históricamente como forma de organización.

Hiram Abif
El arquitecto del templo de Salomón en Jerusalén es un ejemplo de integridad para los masones. Según la leyenda, Hiram Abif fue asaltado por tres compañeros que querían conocer los secretos de su magistral ciencia constructiva. Les dijo que sólo tres personas los conocían y que no podía v transmitirlos sin su autorización. Los agresores golpearon a Hiram, que se resistió a revelar sus conocimientos y acabó muriendo por ello.

Biografia de Moises Exodo Hebreo de Egipto a La Tierra Prometida

Biografía de Moisés – Exodo Hebreo-El Becerro de Oro-Vida en el Desierto

Moisés (siglos catorce o trece a.C.). El libro bíblico del Exodo dice que Dios entregó a la humanidad los diez mandamientos mediante su servidor Moisés, un hebreo educado como príncipe en Egipto.

Moisés liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto y los condujo durante 40 años por tortuosos caminos a través del desierto hacia la tierra de Canaán.

Estableció con su hermano Aarón la comunidad religiosa de Israel y fundó sus tradiciones por medio de la escritura y la práctica.

Se le considera el autor de varios de los primeros libros de la Biblia, única fuente de información sobre los eventos mencionados (consultar el capítulo 9 para mayor información sobre el judaísmo y Moisés).

moises

¿Quién era Moisés?

En el siglo XII a.C., nació, en una familia hebrea de la tribu de Leví, un niño al que su madre echó al Nilo en un cesto de mimbre para darle la oportunidad de salvarse, ya que el faraón había decretado la muerte de todos los varones hebreos.

El niño fue salvado de las aguas por la hija del faraón y recogido en la corte; le llamaron Moisés, que significa salvado de las aguas. Cuando supo sus orígenes, Moisés tomó a su cargo la tarea de liberar a su pueblo y devolverlo a Palestina, la tierra prometida.

¿Qué es el Éxodo?

Es el viaje que realizaron los hebreos para volver a su tierra. Moisés, que había obtenido permiso del faraón para conducir a su pueblo fuera de Egipto, tomó el camino de oriente, consiguió atravesar el mar Rojo —cuyas aguas se abrieron milagrosamente— y llegar al desierto del Sinaí.

La Biblia narra que, durante su estancia en el desierto, Moisés tuvo en el monte Sinaí la visión de Dios y la revelación de los Diez Mandamientos, leyes dictadas por Dios al «pueblo elegido» a través de Moisés, el hombre justo.

¿Qué importancia y valor tiene la obra de Moisés?

Durante cuarenta años los hebreos vivieron en el desierto. Moisés empleó estos largos años para concluir la obra iniciada en el Éxodo: convertir a su gente en el pueblo de Israel, aliado de Yahvé, el único Dios. Las Tablas de la Ley eran el símbolo y la prueba de esta alianza, el lazo que unía a las personas. Moisés no pudo llegar a Palestina. Murió —dice la Biblia— con ciento veinte años, tras haber visto a lo lejos la tierra prometida.

LA VIDA DE MOISÉS:

Las tribus hebreas que habitaban en Egipto fueron reducidas a la esclavitud por un nuevo soberano, que ordenó la muerte de todos los niños varones, a fin de evitar cualquier levantamiento; la madre y la hermana de Moisés decidieron ponerlo a salvo, escondiéndolo hasta la edad de tres meses, y luego lo colocaron en una cesta de papiro calafateada con pez que lanzaron al Nilo.

Una hija del faraón, que fue a bañarse en el río encontró al niño y decidió criarlo. Le dio el nombre de Moisés; (salvado de las aguas) y creció en la corte del faraón.

La juventud de Moisés en la corte del faraón transcurrió en silencio según el relato bíblico, hasta el momento en que Moisés dio muerte a un capataz egipcio que maltrataba a un esclavo hebreo.

Tras el asesinato, se vio forzado a huir y se exilió en el país de Madián, más allá de los confines orientales del delta, en donde se refugiaban las personas que huían de Egipto. Allí, ayudó a las hijas del sacerdote Jetro, que fueron agredidas por pastores, y permaneció unos cuarenta años junto a este hombre que le dio en matrimonio a su hija Séfora.

Cuando Moisés apacentaba el rebaño de Jetro, en la región del monte Horeb (otro nombre del Sinaí), Dios se le apareció en forma de una zarza ardiente, la que no se consumía, y le reveló su voluntad de enviarlo a Egipto para liberar a su pueblo.

Moisés se mostró primero reticente, pero Dios le ordenó dirigirse a sus compatriotas diciéndoles: «Él es (Yahvé), el Dios de vuestros padres, el que me envió hacia vosotros», y le otorgó poderes taumatúrgicos.

De vuelta en Egipto, Moisés se presentó ante el faraón para pedirle que dejase partir al pueblo hacia el desierto durante tres días, para ofrecer sacrificios a Yahvé. Pero el faraón se negó y acentuó su opresión contra el pueblo hebreo. Entonces Yahvé ordenó a Moisés castigar a Egipto con diez plagas: el agua del Nilo se convirtió en sangre; ranas, zancudos y tábanos infestaron el territorio.

El ganado moría, los hombres estaban cubiertos de póstulas, el granizo caía asolando Egipto, las langostas devoraban las cosechas y espesas tinieblas cubrían la región. Cada vez, el faraón prometía que dejaría partir al pueblo, pero tan pronto cesaba la calamidad, su corazón se endurecía.

Entonces, Moisés anunció la muerte de todos los primogénitos y ordenó a sus compatriotas inmolar un cordero de un año de edad, al interior de cada familia, durante la noche del 14 al 15 de Abib (marzo-abril).

Su sangre debía esparcirse sobre las dos jambas y el dintel, para señalar las casas de los hebreos, quienes serían los únicos perdonados por la desolación.

La víctima y, en consecuencia, el rito se llamaban pessah, «pascua», es decir, «pasar más allá». En la mañana, el faraón cedió y ordenó la salida de los hebreos de Egipto.

MOISÉS Y EL PUEBLO HEBREO:

En algún momento del siglo XX antes de nuestra era, una pequeña e insignificante tribu de pastores semitas abandonó su viejo hogar en la tierra de Ur, una ciudad situada en la confluencia de los ríos Éufrates y Tigris, para buscar nuevos pastos en los dominios de los reyes de Babilonia.

Los soldados reales habían logrado echarlos de su tierra, y ellos se dirigían hacia el oeste en busca de un territorio que no estuviera ocupado para establecerse. Esta tribu de pastores eran los hebreos, a los que normalmente llamamos judíos.

Deambularon a lo largo y ancho de Oriente Próximo y, tras muchos años de penosa peregrinación, se instalaron en Egipto.

Vivieron entre los egipcios durante más de quinientos años y, cuando su país adoptivo fue conquistado por los hicsos,  consiguieron ser útiles a los invasores, de modo que pudieron vivir tranquilos en sus campos de pasto.

Pero, después de una larga guerra de independencia, los egipcios echaron a los hicsos del valle del Nilo y los judíos pasaron una época terrible, ya que se convirtieron en esclavos y fueron forzados a trabajar en la construcción de las carreteras reales y las pirámides.

Y como las fronteras estaban vigiladas por los soldados egipcios, a los judíos les resultó imposible escapar de Egipto.

Tras muchos años de sufrimiento, un joven judío llamado Moisés liberó a su pueblo de aquella vida miserable.

Moisés había vivido en el desierto durante mucho tiempo y había aprendido a apreciar las virtudes sencillas de sus primeros antepasados, que se habían mantenido alejados de las ciudades y no se habían dejado corromper por las comodidades y el lujo de una civilización extranjera.

Moisés decidió que su gente debía volver a amar la forma de vida de los patriarcas. Consiguió deshacerse de las tropas egipcias que los perseguían y condujo a su tribu hasta la llanura que se extiende a los pies del monte Sinaí.

Durante el largo período de soledad que había pasado en el desierto, Moisés aprendió a venerar al gran dios del trueno y la tormenta, que reinaba en los cielos y del cual dependía la vida, la luz y el aliento de los pastores.

Este dios, una de las muchas divinidades ampliamente adoradas en Oriente Próximo, se llamaba Yahvé y, gracias a las enseñanzas de Moisés, se convirtió en Señor único de los hebreos.

Un día, Moisés desapareció del campamento que los judíos habían instalado.

Se rumoreaba que había salido con dos tablas de piedra burdamente talladas.

Aquella tarde, la cima de la montaña quedó oculta a la vista humana, escondida en las tinieblas de una tempestad terrible. Pero, cuando Moisés volvió al campamento, llevaba grabadas en las tablas las palabras que Yahvé había dirigido a los hebreos entre el ruido de sus truenos y los destellos cegadores de sus relámpagos.

Desde aquel momento, el pueblo judío reconoció en Yahvé al Señor de su destino, al único Dios verdadero, que les había enseñado a vivir en santidad al ordenarles seguir los sabios consejos de los Diez Mandamientos.

Los judíos siguieron a Moisés cuando éste los invitó a proseguir su viaje por el desierto. Le obedecieron cuando les dijo lo que tenían que comer y beber, así como lo que debían hacer para resistir el clima tórrido del desierto.

Finalmente, tras muchos años de marcha, llegaron a una tierra que parecía agradable y próspera. Se llamaba Palestina, que es como los hebreos llamaban a los filisteos, una pequeña tribu de cretenses que se había instalado en la costa al ser expulsada de su isla. Desgraciadamente, en Palestina vivía otro pueblo semita, el de los cananeos.

Los judíos los obligaron a huir a los valles y allí construyeron sus ciudades.

En una de ellas, a la que llamaron Jerusalén o « tierra de paz», erigieron un gran templo. Pero Moisés ya no era el guía de los judíos. Vio la silueta de las montañas de Palestina desde lejos y cerró sus ojos cansados para siempre.

Había trabajado duro, con mucha fe, para agradar a Yahvé. No sólo había liberado a sus hermanos del yugo de la esclavitud y los había conducido a una nueva tierra donde serían libres, sino que también convirtió a los judíos en el primer pueblo que adoraba a un único Dios.

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MAS DETALLES SOBRE LA VIDA DE MOISES

LOS ISRAELITAS EN EL MONTE SINAI: Los israelitas caminaron a través del desierto hacia la comarca de Sinaí. Su marcha duró tres meses y padecieron mucho por la sed y el hambre. Fueron socorridos milagrosamente.

Un día, una nube de codornices cayó sobre el campamento y no tuvieron más que matarlas a palos.

Una mañana, encontraron la arena cubierta de granos menuditos que parecían escarcha. Moisés les dijo: «He aquí el pan que el Eterno os envía, recoged una medida por cabeza».

Tal fue el maná, blanco y que sabía como torta de miel. Los israelitas comieron de él durante los cuarenta añ^s que permanecieron en el desierto.

Otro día el pueblo se lamentaba de morir de sed. Moisés golpeó en una roca con su varita y brotó una fuente.

A! tercer mes, los israelitas acamparon frente al monte Sinaí. Moisés subió y oyó la voz de Dios que le ordenaba hablar de esta suerte a los israelitas: «Habéis visto lo que he hecho en Egipto y cómo os he conducido hasta mí en alas de águila.

Ahora, si me obedecéis y conserváis mi alianza, seréis mi pueblo, porque toda la tierra es mía, y seréis para mí una creación sagrada». Moisés ordenó al pueblo que se preparara y prohibió poner el pie en la montaña bajo pena de muerte.

El tercer día por la mañana, una nube espesa y negra ocultaba la montaña. Cruzábanla los relámpagos, se oía rugir el trueno y se escuchaba ruido de trompetas.

Todo el pueblo en el campamento estaba sobrecogido de espanto. Moisés mandó salir a los israelitas y los condujo a la falda de la montaña.

Estaba cubierta de humo y temblaba. Luego se oyó en lo alto una voz que llamaba a Moisés. Subió y recibió los mandamientos que Dios hacía a su pueblo.

EL BECERRO DE ORO

Moisés permaneció largo tiempo en el monte. El pueblo se cansó de esperarle y dijo a su hermano Aarón: «Haznos un dios que vaya delante de nosotros».

Aarón hizo que le llevaran los anillos de oro que usaban las mujeres y las doncellas en las orejas, los fundió e hizo un becerro de oro. Luego erigió un altar y anunció una fiesta para el siguiente día.

Llegado éste, los israelitas se levantaron muy de madrugada. Hicieron consumir víctimas en el altar, adoraron al becerro de oro y bailaron alrededor de él en señal de regocijo.

Aquel día, Moisés bajaba del monte con las dos tablas de piedra que el Eterno le había entregado. Oyó las voces del pueblo en el campamento. Su servidor de dijo: «Se oye un grito de guerra en el campamento».

Moisés respondió: «No es grito de vencedores ni de vencidos, es la voz de gentes que cantan». Al aproximarse, vio el becerro de oro y las gentes que danzaban.

Lleno de cólera, arrojó las tablas de piedra, que se rompieron, al pie del monte, asió el becerro de oro, le arrojó al fuego, le redujo a polvo y lanzó este polvo al agua, que obligó a beber a los israelitas.

Luego se colocó a la puerta del campamento y exclamó: «¡Conmigo los que estén por el Eterno!».

Cuando se reunieron muchos, dijo: «He aquí lo que ordena el Eterno: Que cada uno de vosotros coja una espada. Recorred el campamento y matad a los que han adorado al ídolo».

3.000 israelitas próximamente fueron degollados aquel día. Al siguiente, Moisés reunió al pueblo: «Habéis cometido un gran pecado, dijo, voy a subir al lado del Eterno para obtener su perdón».

ISRAEL EN EL DESIERTO

Los israelitas abandonaron el país de Sinaí y pusiéronse en marcha hacia el Norte. Moisés les condujo a la comarca donde en otro tiempo había habitado Jacob. El Eterno le había prometido dársela, y por eso la llamaban la Tierra prometida.

Moisés había enviado espías a la Tierra prometida. Volvieron trayendo granadas, higos y un racimo de uvas tan grande que entre dos tenían que llevarlo en un palo.

Mostraron estos frutos al pueblo reunido y contaron lo que habían visto: «Es un país en que corren la leche y la miel. Pero el pueblo que lo habita es poderoso, las ciudades son muy grandes y están rodeadas de murallas. Este pueblo es más fuerte que nosotros, es una raza de gigantes, a su lado parecíamos langostas».

Los israelitas tuvieron miedo y dijeron que preferían volver a Egipto. Siguieron acampando en el desierto, combatiendo con las otras tribus de las cercanías. Con frecuencia reprocharon a Moisés haberles hecho salir de Egipto.

«Nos acordamos, decían, de los pescados que comíamos, de los pepinos, de los melones, de -los puerros y las cebollas. Ahora ya sólo tenemos el maná».

Moisés les anunció que Dios les castigaría haciéndoles permanecer en el desierto hasta que todos los de aquella generación hubieran muerto. Permanecieron cuarenta años y les ocurrieron muchas cosas.

Un día que murmuraban contra Moisés, salieron de la arena miles de serpientes abrasadoras que empezaron a morderles y muchos murieron de las mordeduras.

El pueblo dijo entonces a Moisés: «Hemos pecado hablando contra el Eterno y contra ti. Ruega al Eterno para que aleje estas serpientes». Moisés oró, y luego, por mandato del Eterno, hizo una serpiente de bronce y la colocó en un palo. Todos los que habían sido mordidos miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados.

Al cabo de cuarenta años el pueblo se halló cerca de la Tierra prometida, pero al otro lado del Jordán. Moisés contó entonces a todos los israelitas.

Luego subió a una montaña (el monte Nebo) y vio de lejos la Palestina. El Eterno le dijo: «He aquí la tierra que he prometido dar a Abraham, Isaac y Jacob. Te he permitido verla, pero no entrarás en ella».

Allí murió Moisés, a los 120 años. Nadie supo jamás dónde estaba enterrado.

(ver: Historia de la Diáspora Judía)

Explicacion Cientifica del Diluvio Universal Historia Arca de Noe

HISTORIA BIBLICA: EL DILUVIO UNIVERSAL – EL ARCA DE NOÉ

EL DILUVIO UNIVERSAL: Cientos de leyendas por todo el mundo relatan o mencionan una inundación catastrófica, un diluvio regenerador, que acaba con cualquier vestigio de vida en la Tierra y del que sólo sobreviven unos pocos elegidos.

“Viendo, pues, Dios que la tierra estaba corrompida (por cuanto lo estaba la conducta de todos los mortales sobre la tierra), dijo a Noé: Llegó ya el fin de todos los hombres decretado por Mí: llena está de iniquidad toda la tierra por sus malas obras; Yo los exterminaré, pues, juntamente con la tierra.

Verdaderamente terribles en su simplicidad son las palabras con que en la Biblia se anuncia el Diluvio Universal, el duro castigo al que Dios debió recurrir cuando los hombres llenaron la tierra con sus pecados. Entre tantos perversos sólo quedaba un hombre justo, Noé, quien con sus hijos había atesorado las palabras de los patriarcas y permanecido fiel al culto del verdadero Dios. Por esta razón el Señor lo llamó y, después de comunicarle su decisión, le ordenó construir una gran Arca. Noé, con la ayuda de sus hijos, se puso a trabajar inmediatamente. Cuando le preguntaban para qué construía una barca tan grande y extraña en un paraje tan distante del mar, respondía:
“Me lo ha ordenado Dios, que quiere castigar vuestros pecados si no os arrepentís y hacéis penitencia.”

Pero la gente se reía de él y de sus palabras, y se alejaba, meneando la cabeza, pues lo creían loco. El Arca tenía 162 metros de largo, 27 de ancho y 16 de alto. Su interior estaba dividido en tres pisos, recibía luz por un gran agujero abierto en el techo y tenía una sola ventana y una sola puerta, exactamente como Dios lo había ordenado. Para construirla se necesitaron cien años: cien años que Dios quiso conceder a los hombres como aviso del castigo inminente y como una invitación al arrepentimiento. Pero nada podía ya conmover el corazón de aquellos seres encallecidos por el vicio y el pecado.

Finalmente, Jehová llamó de nuevo a Noé y le dijo:
“Dentro de siete días comenzará el Diluvio y por cuarenta días y cuarenta noches haré llover sobre la tierra y destruiré a todos los hombres. Entra entonces en tu barca, con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. De cada especie animal has de tomar dos; un macho y una hembra, para que la especie no desaparezca. Ocúpate además de reunir en el Arca los alimentos necesarios para tu familia y para todos los animales.”

Explicacion Cientifica del Diluvio Universal Historia Arca de NoeNoé cumplió las órdenes recibidas, entre las risas y las burlas de la gente. Dios mismo, desde fuera, cerró la puerta del Arca y la lluvia comenzó a caer con violencia. Los torrentes se transformaron en ríos; los se desbordaron e inundaron los campos y el nivel del mar comenzó a subir prodigiosamente. Las aguas invadieron toda la tierra sumergiendo y destruyendo cuanto encontraban a su paso. Desaparecidas ciudades, que eran el orgullo de los hombres, y se derrumbaron los templos erigidos a los falsos dioses.

El violento ruido de la lluvia y el rumor ensordecedor de las olas, que avanzaban inexorablemente, cubrieron los alaridos aterrorizados de las bestias. entremezclados con el inútil lamento de los hombres. Aquéllos que se habían mofado de Noé por su fidelidad al Señor, trataron en vano de salvarse refugiándose en la copa de los árboles y disputando a los animales un lugar sobre los montes más altos, mientras invocaban la ayuda de sus ídolos. Todos fue. ron alcanzados y arrebatados por las aguas, que superaron en ocho metros la cima de la montaña más alta de la tierra. Con ellos desaparecieron todos los animales. Sólo el Arca flotaba segura en aquella tumultuosa extensión de agua.

Pasados los cuarenta días cesó de llover y se levantó un viento fuerte y cálido que, poco a poco, secó las tierras inundadas. Pero sólo después de casi siete meses, el Arca, transportada por la corriente, encalló en la cima del monte Ararat que se encuentra en Armenia, Asia Menor. Noé dejó pasar otros cuarenta días, al cabo de los cuales, al ver qué el nivel del agua continuaba bajando, quiso probar si la tierra estaba suficientemente seca para él y los suyos.

Abrió la ventana e hizo salir al cuervo. Éste encontró alimento en la carroña de los animales ahogados y no volvió más al Arca. Noé probó entonces con una paloma; ésta no encontró alimento adecuado y regresó. Siete días después Noé repitió la prueba, y esta vez la paloma regresó con una ramita de olivo en el pico. Noé comprendió entonces. que la tierra estaba seca y las plantas renacían. Esperó todavía siete días, después de los cuales dejó salir la paloma por tercera vez. Ésta no regresó más al Arca.

Sin embargo, debió transcurrir otro mes antes de que Dios ordenase a Noé salir del Arca, con todos sus animales. Al poner, el pie sobre la tierra, todavía convulsionada por la furia de las aguas, su primer pensamiento fue levantar un altar y hacer un sacrificio para agradecer a Dios la protección dada a él y a su familia. El Señor, complacido por aquel acto de profunda fe, trazó en el cielo un arco iris de siete colores y le dijo:
“Creced y multiplicaos y poblad la tierra. Este arco entre las nubes es y será siempre el signo de mi alianza con los hombres.”

Con esta promesa, Noé y sus hijos, únicos sobre. vivientes del género humano, retomaron posesión de la tierra, reducida a una vasta soledad pantanosa. Dura era la tarea quÉ les esperaba, pero la fe en Dios, reforzada por Sus palabras, los asistía; y nada es imposible cuando la fe mueve a los hombres.

La Ciencia Intenta Explicar el Diluvio:

El antecedente más claro de Noé es un antiguo mito sumerio que más tarde quedaría recogido en el poema épico conocido como Epopeya de Gilgamesh hallado en las minas de la Biblioteca de Asurbanipal en Nínive en 1872, y cuyo protagonista es Utunapishtim, que sobrevivió con toda su familia a bordo de un arca, tras siete días de lluvia. Puesto que Abraham, el patriarca hebreo, era natural de Ur, una de las más importantes ciudades de Babilonia, es fácil suponer que los patriarcas llevaran con ellos el antiguo relato cuando emigraron desde Mesopotamia, incorporándolo a su propia tradición.

Las excavaciones efectuadas en Ur entre 1922 y 1929 dieron con una capa de arcilla de 2,5 metros de espesor que con seguridad sólo pudo ser resultado de una inundación de gran magnitud; fue databa alrededor de 3500 a.C. Los sedimentos descubiertos podrían corresponder a crecidas excepcionales de los ríos Tigris y Éufrates o a una gran inundación regional.

En 1929, luego de excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el emplazamiento de la antigua ciudad sumeria de Ur, el Dr. Wooley descubrió una capa arcillosa de más de dos metros de espesor. Los análisis mostraron que se trataba de sedimentos dejados por las aguas. Además, bajo la capa de arcilla aparecen vestigios de una civilización aún más antigua.

Los expertos aceptan que, después de la última glaciación, el Mar Negro se inundó cuando el nivel creciente de las aguas desbordó el Mediterráneo y colmó el hasta entonces lago de agua dulce, provocando una inundación catastrófica. Pero los científicos no se ponen de acuerdo en el momento en que ocurrió la inundación, ni con qué rapidez. La  mayoría cree que ocurrió hace unos 9.000 años y que fue gradual. Pero a finales de los años noventa se planteé que una entrada de agua masiva a través del Bósforo habría provocado una inundación hace unos 7.150 años, tan rápida y extendida, que obligó a los pobladores a desplazarse muy lejos, incluso hasta la Europa continental.

La expedición a Turquía de 2003, patrocinada por National Geographic, que trabajaba con esta teoría, no logró hallar evidencias contundentes que relacionasen la inundación del Mar Negro con el diluvio bíblico

El Arca de Noé Para Niños