Exploración de James Cook

Historia de los Viajes Comerciales y las Colonizaciones Europeas

PRIMEROS VIAJES COMERCIALES Y LAS COLONIAS DE EUROPA

Alrededor del año 2000 a.C., los fenicios habían fundado ya dos grandes puertos, Sidón y Tiro, en las costas orientales del mar Mediterráneo. Durante varias centurias tuvieron el dominio marítimo, transportando mercaderías de una tierra a otra. Con el pasar del tiempo, fundaron importantes colonias como Tarsis, al S. de España, y Cartago, al N.E. de la costa de África. Esta última, especialmente, llegó a tener tal poderío que fue capaz de desafiar a la poderosa Roma.

Grandes Exploraciones de Nuevo Mundo

En el Libro I de los Reyes, en el Antiguo Testamento, se dice que el rey Salomón tenía una nave que, cada tres años, le traía desde Tarsis un cargamento de oro, plata, marfil, simios y pavos reales.

Posiblemente hace 3.000 años, los barcos fenicios se aventuraron más allá del estrecho de Gibraltar y navegaron por el Atlántico, hacia el N., hasta el extremo N.O. de Inglaterra, en busca de estaño; circunnavegaron África por primera vez hacia el año 600 a. J. C. partiendo del mar Rojo hacia el sur.

En el transcurso de sus viajes, los marinos fenicios parecen haber inventado una nueva forma de escritura: el alfabeto. Esta creación que fue, casi con certeza, lograda por pueblos semitas, consistió en el uso de unos pocos signos que representaban sonidos de consonantes y vocales. No hubo más necesidad de aprender signos distintos para miles de palabras diferentes, como en el antiguo Egipto y en la Mesopotamia. Leer y escribir demandó mucho menos esfuerzo con la invención del alfabeto.

Alrededor del año 700 a. J. C, la supremacía marítima de los fenicios fue pasando a manos griegas. Este pueblo vivió entonces no sólo en lo que hoy es Grecia, sino también a lo largo de la franja occidental del Asia Menor, en Creta y en muchas otras islas del Mediterráneo oriental. Además fundaron colonias en Italia meridional, Sicilia y en la costa mediterránea de Francia.

Este largo período de viajes, colonizaciones y comercio acercó a los pueblos de civilizaciones diferentes, permitiéndoles establecer contactos cada vez más íntimos. Los griegos tomaron conocimiento de Egipto, Mesopotamia y Fenicia y, sobre la base de lo aprendido, dieron un gran paso adelante. Con el papiro importado de Egipto y con el alfabeto tomado de los fenicios, adaptado a sus necesidades lingüísticas, escribieron importantes libros.

En el siglo VI antes de Cristo, Hannón, el Navegante, se hizo a la mar desde Cártago y fue bordeando, con su flota, la costa occidental del continente africano, sobre el Atlántico. Un siglo después, el historiador Herodoto cruzó las aguas del piélago que separaban su querida Grecia del lejano Egipto y remontó el curso del Nilo.

Los griegos combinaron los conocimientos matemáticos de Egipto y Mesopotamia y agregaron a ellos la filosofía y la política. Despreciaron toda clase de trabajos manuales a los que consideraban tareas propias de esclavos, y dedicaron su tiempo a educarse, discutir ideas y producir bellas obras literarias; la poesía y el drama lograron una perfección nunca antes conocida y grandes filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles dejaron su pensamiento imperecedero, especialmente este último, que dio las bases a las modernas ciencias políticas. La ciudad de Atenas fue el centro de todo ese mundo cultural.

Hacia el final del siglo IV a. J. C, los griegos y macedonios, al mando de Alejandro Magno, conquistaron un gran imperio que se extendía hacia el E. más allá del río Indo, e incluía Persia y Mesopotamia, junto con Egipto. Heredaron, de esta manera, toda la sabiduría acumulada por cinco civilizaciones más antiguas.

En honor del conquistador se fundó la ciudad llamada Alejandría, cerca de una de las desembocaduras del Nilo. Durante varias centurias, y mucho antes de que Roma ocupara el primer puesto en el mundo, Alejandría fue el más importante centro de cultura y educación. En su gran biblioteca, se reunieron muchos miles de libros sobre las materias más diversas, y allí, los estudiosos de todas partes del mundo pudieron aprender, enseñar y debatir ideas.

Tiempo más adelante, en el norte de Europa se hicieron famosos los vikingos, cuyas pintorescas embarcaciones cruzaron el océano, desde la península escandinava hasta llegar a Islandia, donde se establecieron a mediados del siglo IX. Eric, el Rojo, uno de aquellos colonizadores, decidió seguir viaje hacia el Oeste y alcanzó, de este modo, las costas de Groenlandia. Desde allí, su hijo Leif Ericson cruzó, posteriormente, hasta el mismo continente americano, donde vivió durante algún tiempo, cuatrocientos años antes de la llegada de Colón.

En la Edad Media se realizó otra increíble exploración geográfica que alcanzó aquellos lejanos confines de la India, hasta los cuales, animado por sus ansias de gloria, había llegado Alejandro de Macedonia en la remota Antigüedad.

Los motivos de esta nueva expedición fueron puramente comerciales, pero su protagonista, Marco Polo, que relató, en valiosísimos escritos, aquellas maravillosas experiencias, descubrió un mundo prácticamente desconocido: Bagdad, el desierto de Gobi, China –tierra de prodigios-, Birmania, Japón y el Tibet.

Las Cruzadas terminaron a fines del siglo xiii. Siguió, casi inmediatamente, un periodo de grandes exploraciones y descubrimientos que dura hasta nuestros dias. Antes de finalizar el siglo XIII, entre los años 1271 y 1295, un veneciano llamado Marco Polo efectuó un viaje increíblemente dificultoso, desde Europa hasta la China, en su mayor parte por tierra. Dos siglos después Cristóbal Colón, un marino genovés, realizó, con la ayuda de los reyes de España, la histórica travesía del Atlántico, al mando de una pequeña flota; descubrió un nuevo continente, América, pero murió creyendo que había llegado a la India.

Enrique el Navegante, hijo del rey Juan I de Portugal, abrió, en su país, una famosa escuela de náutica donde se enseñaba, entre otras cosas, el manejo de la recién importada brújula y del astrolabio, antiguo instrumento para observar la altura de los astros, que el cosmógrafo y navegante alemán Martín Behaim adapto, en el siglo XV, a las necesidades de la navegación.

Enrique el Navegante falleció en 1460, pero su obra fue continuada por el rey Juan II, uno de cuyos marinos, Bartolomé Díaz (o Días) descubrió, en 1486, el Cabo de Buena Esperanza y, tras dar la vuelta completa, con sus naves, al continente africano, siguió rumbo hacia el mar Arábigo, abriendo la ruta -por agua– hacia la India. Seis años después, intentó su magna empresa el marino genovés Cristóbal Colón.

La idea que propuso a los Reyes Católicos era distinta a todo lo conocido hasta entonces: quería llegar al Lejano Oriente navegando hacia Occidente y cumplió un viaje angustioso, al mando de la heterogénea tripulación que albergaban las tres históricas carabelas que puso a su disposición Isabel de Castilla. Cuando, después de más de dos meses de travesía, llegó a la isla de Guanahani, una de las Bahamas, a la que llamó San Salvador, creyó estar en una zona desconocida del continente asiático, muy próxima a China y a la India.

Vasco de Gama, nacido en Extremadura, repitió la hazaña cumplida, años antes, por Bartolomé Díaz y, tras dar la vuelta al Cabo de Buena Esperanza, fundó, del otro lado de África, ciudades y puertos comerciales. Las posteriores hazañas de Hernando de Magallanes, quien, a las órdenes de Carlos V, descubrió el estrecho que lleva su nombre (en 1520) y fue el primero en unir, por agua, el Atlántico con el Pacífico, tras de lo cual siguió hasta las islas Filipinas, donde murió trágicamente, se completaron gracias al tesón de Sebastián Elcano.

Éste, al regresar a España, en1522, se acreditó el mérito de haber efectuado la primera vuelta al mundo. Muy cerca quedaba Australia, la isla gigantesca conocida ya por los chinos y malayos. Los marineros españoles y portugueses la recorrieron sin ansias de conquista, razón por la cual tomaron a su cargo esa tarea, mucho después, los franceses, ingleses y holandeses.

Guillermo Janszoon, Juan Carstensz y Abel J. Tasman exploraron sus costas a principios del siglo XVII; el último de los nombrados realizó, en 1642, un viaje por mar alrededor de toda Australia e, internándose hacia el sureste, descubrió lo que hoy llamamos Tasmania y Nueva Zelanda.

Un siglo más tarde, el capitán inglés James Cook, considerado uno de los mejores exploradores del siglo XVIII, comprobó que esa parte de Oceanía estaba integrada por dos grandes islas. Cook exploró el Pacífico, la costa occidental de Norteamérica y el territorio antartico, adonde llegarían, en esforzadas expediciones, el inglés Falcon Scott y el noruego Amundsen, un siglo y medio después.

ALGO MAS… España y Portugal fueron las dos primeras potencias que levantaron imperios distintos de los hasta entonces existentes, imperios separados de la madre patria por el océano. Durante el siglo XVI, los españoles tomaron posesión de casi toda América Central y del Sur, con excepción de Brasil, y encontraron las últimas manifestaciones de civilizaciones vastamente desarrolladas, la de los mayas y la de los aztecas, y la gran cultura incaica.

Mientras España extendía su imperio, Portugal tomaba posesión de Brasil y fundaba colonias en el sur y este de Asia. Otros países europeos no quedaron atrás. Inglaterra, Francia y Holanda también ampliaron sus dominios en tierras lejanas.

Los grandes viajes de descubrimiento continuaron. Entre 1577 y 1580 Francis Drake realizó uno alrededor del mundo que duró tres años y en el curso del cual navegó miles de millas a lo largo de la costa occidental de América del Norte y del Sur. En 1642, Tasman, marino holandés, descubrió Tasmania y Nueva Zelandia. Hacia fines del siglo xvm, el capitán Cook, uno de los más grandes navegantes de todos los tiempos, viajó alrededor de la Antártida (aunque nunca pisó su tierra), de Nueva Zelandia y a lo largo de la costa de Australia.

Por entonces ya se conocían todos los continentes del mundo, pero las tierras interiores de África y América del Norte aún estaban, en su mayoría, inexploradas.

Dos viajeros portugueses fueron los primeros que, de O. a E., cruzaron el África; Pedro y Antonio Pombeiros viajaron durante nueve años, de 1802 a 1811, desde Angola hasta Zambeze.

David Livingstone realizó, alrededor de cuarenta años después, su famosa travesía desde el Zambeze hasta Loanda, ida y vuelta, exploró el interior y descubrió la catarata Victoria y el lago Nyasa.

Las tierras interiores de América del Norte fueron recorridas en su mayor parte por pioneros ingleses que, con mucho coraje, establecieron allí colonias.

Nuestro propio siglo ha presenciado los primeros viajes a los polos. Robert Peary, un almirante norteamericano, alcanzó- el polo norte en 1909, y el explorador noruego Amundsen llegó al polo sur en diciembre de 1911, pocos días antes que el capitán Scott. La primera travesía de la Antártida fue realizada en 1951 por la expedición conducida por sir Vivían Fuchs.

Hoy, en nuestra era de aeroplanos, helicópteros y submarinos atómicos, no hay casi punto de la superficie terrestre que esté fuera del alcance del hombre, ni donde la civilización no haya dejado su sello.

Ver: Grandes Viajes Marítimos

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven -Navegar y Descubrir el Mundo – Fasc. N°6 Edit. Cuántica
La Técnica en el Mundo Siglo de Viajes y Descubrimientos Tomo III Globerama Edit. CODEX

La Expansion Portuguesa Enrique de Portugal -El Navegante- Siglo XVI

La Expansión Marítima Portuguesa De Enrique de Portugal -El Navegante-

El siglo XV estaba destinado a ser el siglo ibérico por excelencia. Los distintos reinos en que se dividía la península eran ya importantes dentro del concierto europeo, pues sobre una superficie de unos 600.000 Km². existían, prácticamente, sólo cuatro Estados: Castilla, Portugal, Aragón y Navarra.

Castilla el más extenso, desde el siglo anterior, incluía a León y comprendía a Galicia, Asturias y parte de la costa levantina, y estaba arrebatando nuevos territorios a los musulmanes. Aragón se uniría en ese mismo siglo con el reino de Castilla.

De los cuatro Estados, Portugal, si bien no el más extenso, era, por cierto, el menos afectado por la lucha contra los musulmanes y, además, era el más vitalmente vinculado al mar. Así lo determinaba su condición de país relativamente estrecho y dotado de un extenso litoral. Estaba destinado a adelantarse a todos en la navegación atlántica.

En la segunda década, el infante don Enrique el Navegante echó en Sagres las bases para una amplia formación marinera. De esa escuela salieron los navegantes que abrieron el mundo a los europeos, solucionando, de paso, el problema creado por el monopolio de todo el comercio con Oriente, hasta entonces en manos tanto de comerciantes como de soberanos musulmanes del Asia.

Enrique el Navegante

El príncipe de Portugal, conocido como Enrique El Navegante,  supo patrocinar la marcha y la conquista de los portugueses sobre los mares del mundo. Allí, en la que se llamó Villa do Infante, Enrique tuvo el cuartel general de las expediciones matítimas por el litoral africano en busca del camino a la India.

Rodeado de un estado mayor de pilotos, cosmógrafos y astrónomos, procedentes de todos los países de Europa, e incluso de África y Asia, Enrique dirigió la gran aventura de su nación, aventura que había de inmortalizar su nombre y legar a Portugal — a sus navegantes y a sus conquistadores — laureles inmarcesibles de gloria y poderío.

Heredero del valor de su padre, Juan I de Avís, el fundador de esta dinastía en Portugal, y de las brillantes condiciones de la casa ducal de los Lancásters ingleses por parte de su madre, Felipa, hija de Juan de Gante, Enrique, nacido en Oporto el 4 de marzo de 1394, fue un príncipe dotado de brillantes condiciones morales, intelectuales y físicas.

Cuando aun no había cumplido veinte años demostró su bravura sin par en la conquista de Ceuta (1415), en cuya acción distinguióse tanto que fué armado caballero.

Poco después recibía el ducado de Viseo y el señorío de Covilham, y en 1419 el gobierno del reino del Algarve, provincia abierta a los mares y a la acción misionera de la Cruzada.

Este nombramiento le permitió la realización de los proyectos que alimentaba desde la época de la expedición marroquí. Enrique se proponía trasponer las misteriosas aguas del Atlántico tropical para llegar a la tierra de oro y marfil de los negros de la Guinea, al país fabuloso del Preste Juan y, si era posible, a la India, centro del comercio de las especias, la preciosa mercancía que era objeto de general demanda en los mercados europeos.

LA SITUACIÓN EUROPEA DE LA ÉPOCA:
EUROPA AMENAZADA

La situación del comercio europeo era muy extraña: había asumido una importancia considerable el tráfico con Oriente, muchos de cuyos productos tenían un extenso mercado en Europa; pero los precios eran fijados, no ya por los productores, lo cual hubiera sido admisible, sino por unos intermediarios cuya única intervención en el trafico se limitaba a no impedir el paso de las mercaderías; los funcionarios y reyezuelos de los Estados del Cercano Oriente.

Ello había originado, por una parte, una elevación desmesurada del precio de los productos asiáticos (fundamentalmente, las famosas especias y sedas) sin que los comerciantes productores asiáticos percibieran beneficio alguno; por otra parte, algunos productos manufacturados europeos, objeto también del comercio, debían venderse a precios bajísimos, pues los intermediarios los fijaban arbitrariamente.

Esta situación insólita había llevado a una disminución del poder adquisitivo de todas las monedas europeas.

Con todo, hasta ese momento los comerciantes genoveses y venecianos, por ejemplo, habían participado en los beneficios de los bajaes y reyes del Cercano Oriente, y se limitaban a embolsar la diferencia que les dejaban, y participaban, de vez en cuando, en los conflictos entre los gobernantes, con vistas a lograr alguna ventaja.

Sin embargo, últimamente las conquistas de los otomanos amenazaban con una dominación política más estable y severa. Este estado de cosas se agravó a mediados del siglo, cuando los turcos tomaron a Constantinopla.

Estas cuestiones preocupaban a todos los europeos, pero ningún Estado se hallaba en condiciones de emprender una acción contra los islamitas.

Un importante Estado europeo, Castilla, hacía ya siglos que estaba combatiendo, y con éxito constante, contra los musulmanes de España. Europa, mientras tanto, retrocedía en bloque, frente al avance de los turcos musulmanes del Cercano Oriente.

Uno de los pueblos ibéricos, Portugal, asumió la tarea de procurar una solución para el problema que afectaba a todos los europeos: arrebatar a los musulmanes el dominio de la economía continental. En su famosa escuela de Sagres se constituyó una verdadera academia naval. Cartógrafos, marinos, geógrafos, se formaban allí, con vistas a solucionar importantes problemas.

Por ejemplo, ¿África podría ser circunnavegada? ¿Las tierras del trópico serían efectivamente desiertas? ¿Se podría llegar a la fabulosa India?. Los navegantes portugueses surgidos de tal escuela intentaron responder a todas estas cuestiones, fundamentales para la vida y el porvenir europeo.

La acción del príncipe Enrique y la expansión portuguesa: En tanto Castilla y Aragón enfrentaban Enrique el Naveganteel problema de la reconquista, Portugal y Andalucía iniciaron la expansión.

En el siglo XV la isla Madeira y parte de las Canarias estaban ocupadas por colonos portugueses y españoles, respectivamente.

A fines de siglo, Madeira producía caña de azúcar y vid en cantidad suficiente para exportar.

Nació en Oporto el 4 de marzo de 1394, tercer hijo del rey João I de Portugal (1385-1433) y de Felipa de Lancaster, hermana de Enrique IV de Inglaterra. Fue educado en la literatura, la política y la guerra. Con algo más de 20 años (1415) toma parte en la conquista de Ceuta, empresa en la que participaron más de cincuenta mil portugueses y unas 200 naves. A partir de entonces parece que surgió en el Infante la idea de acometer la exploración de de las costas africanas.

Portugal, con extensas costas sobre el océano, buenos puertos, una considerable población pesquera y una clase comercial que se había emancipado bastante del feudalismo, estaba en condiciones de comerciar productos costosos.

Los italianos defendían sus derechos y, en consecuencia, Portugal y el oeste de España buscaron nuevas fuentes comerciales. Conocían muy bien el Atlántico, desde Islandia a África del Norte.

El príncipe Enrique de Portugal (1394-1460) fue el que inició un plan sistemático de exploración. La penetración en África se inició en 1415 con la toma de Ceuta (Marruecos), que era punto clave del estrecho y camino hacia la región del oro.

Portugal estaba atravesando una grave crisis económica. Conquistada Ceuta, no se lograron las ventajas económicas esperadas y el fracaso engendró nuevas expediciones.

Zurara, cronista contemporáneo, enumera las razones que impulsaron al príncipe Enrique a organizar estos viajes. Sostiene que primero fue el deseo de saber qué había más allá del cabo Bojador, rodeado por Gil de Eannes en 1434.

Diego Gómez, quien descubrió en 1456 la desembocadura de los ríos Geba y Casamance, en sus relatos de viajes, decía que el príncipe deseaba encontrar los países de donde provenía el oro que llegaba a Marruecos por las rutas del desierto para comerciar con ellos.

Zurara coincide en ese punto, pero agrega que los exploradores esperaban encontrar pueblos cristianos mas allá del país de los moros. Además, se deseaba averiguar hasta dónde llegaba el poderío árabe y buscar alianzas con cuanto príncipe cristiano pudiera hallarse.

En 1460 los portugueses llegaron a la altura de Sierra Leona buscando oro, esclavos, marfil, caballos y la conexión con la India Gangética qúe pensaban encontrar hacia el sur, siguiendo la concepción geográfica de Fray Mauro, o cruzando Africa, si se seguía la teoría de Ptolomeo.

Muerto el príncipe Enrique, su sucesor, Alfonso V, tuvo más interés en tomar Tánger. Igualmente, las expediciones hacia el sur continuaron; en 1475 estalló la guerra entre Portugal y Castilla por la determinación de la nobleza castellana de excluir del trono a Juana (la Beltraneja), proponiendo en su lugar a Isabel. Alfonso V se casó con Juana y reclamó el trono de Castilla.

Como consecuencia, hubo encarnizadas luchas que se extendieron a Guinea. La zona fue escenario de anormalidades y fricciones que Castilla castigó.

Portugal replicó con el hundimiento de barcos y muerte para la tripulación capturada en la zona que consideraba como propia. La corona portuguesa reclamaba el monopolio comercial basándose en la prioridad del descubrimiento y en las Bulas papales de 1454 y 1456 que otorgaron exclusivamente al príncipe Enrique y a la Orden de Cristo el derecho y el deber de convertir a los indígenas de esa región.

La lucha terminó con el Tratado de Alcaçovas-Toledo de 1479, por el cual Portugal se reservó el derecho de ruta hacia el sur de Guinea y todos los archipiélagos, salvo Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña.

Castilla podía anexionar ‘otras islas de Canarias’, si las hallaba hacía el oeste.

En forma clara se nota que Portugal se desinteresó por la ruta hacia el poniente. Bartolomé Diaz, experto navegante, descubrió en 1487 el Cabo de Buena Esperanza, aunque el extremo sur del continente corresponde al de las Agujas; más al este Supo sortear el peligro de las corrientes marinas y abrir el camino al Asia.

La expedición de Vasco da Gama, que partió en 1497, sorteó el Cabo de Buena Esperanza, hizo varias escalas en la costa oriental de Africa y llegó a Calicut en 1498. Inmediatamente negoció con el rey local para adquirir especias. Reunió cierta cantidad de pimienta y canela.

Con ese cargamento regresó a su país. Arribó a Lisboa en Setiembre de 1498. Así se cumplieron los objetivos que Portugal se había propuesto. En tanto, Castilla se proyectó hacia el Atlántico con el apoyo de marinos andaluces.

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