Focos Revolucionarios

Ideas Revolucionarias de Moreno y Monteagudo Principios de Igualdad

Principios e Ideas Revolucionarias de Moreno y Monteagudo

LoS principios revolucionarios en los escritos de
Moreno y Monteagudo.
Los principios de igualdad y de libertad — bases de la concepción republicana que impuso la Revolución de Mayo y que cristalizaron en las leyes y decretos de la memorable Asamblea de 1813— fueron defendidos con ardor por Mariano Moreno y Bernardo Monteagudo, dos de los grandes escritores del período revolucionario y, quizás, de los pocos que tuvieron clara conciencia del momento histórico en que actuaban.

Las páginas de Moreno, en especial las publicadas en la «Gaceta», escritas para difundir la doctrina orientadora del pensamiento de Mayo, revelan, a través de la forma clara la expresión y el vigor de su mentalidad. La revolución en sus primeros momentos fue, para él, una conmoción social que dió a los criollos una nueva conciencia, pues los llevó a desalojar del poder a los españoles.

Moreno sintió la necesidad de que el país se organizara dándose un sistema de disposiciones y de principios que establecieran «la necesidad de las costumbres, la seguridad de las personas, la conservación de sus derechos, los deberes del magistrado, las obligaciones del subdito, y los límites de la obediencia».

Y señaló, en principio, que la división de los poderes y el sistema representativo debían ser la base de la organización institucional.

La libertad era, para Moreno, principio esencial de todo régimen democrático. Pero aunque hizo suya la divisa «Yo prefiero una procelosa libertad a la esclavitud tranquila», no concibió una libertad individualista, anárquica, sino una libertad que implicaba la existencia de garantías que asegurasen su ejercicio.

Y advirtiendo los peligros del libertinaje, no pudo menos que señalar: «Temblemos con la memoria de aquellos pueblos que, por el mal uso de su naciente libertad, no merecieron conservarla muchos instantes».

El sentimiento de igualdad, que tuvo profundo arraigo en Moreno —y que ya había exteriorizado en su defensa de los indios y de los pardos y morenos— adquirió su más brillante exteriorización en el decreto de abolición de los honores al Presidente de la Junta.

Además de establecer absoluta, perfecta e idéntica igualdad entre todos los miembros de la Junta, el decreto del 8 de diciembre de 1810, prohibía todo brindis, viva o aclamación en favor de los miembros del gobierno.

«Si éstos son justos, vivirán en el corazón de sus conciudadanos», decía. «No se podrá — añadía el artículo 99 — brindar sino por la Patria, por sus derechos, por la gloria de nuestras armas, y por objetos generales concernientes a la pública felicidad».

Y, en su afán de asentar sobre sólidas bases el sentimiento de igualdad, estipulaba que «las esposas de los funcionarios públicos, políticos y militares, no disfrutarán los honores de armas ni demás prerrogativas de sus maridos; estas distinciones las concede el estado a los empleos, y no pueden comunicarse sino a los individuos que lo ejercen».

Basta esta breve referencia a las ideas difundidas en sus escritos por el secretario de la Junta para comprender que Ricardo Levene, ilustre historiador que ha profundizado en el estudio de la Revolución de Mayo, haya podido afirmar que Moreno encarna los sentimientos de la Argentina de todos los tiempos.

Moreno y Monteagudo Revolucionarios

Bernardo Monteagudo (1787-1825), fué el escritor que recogió la pluma de Moreno y en sus escritos mantuvo la continuidad del sentimiento democrático y acentuó la prédica en favor de la proclamación de la independencia.

El brillante tribuno sintió el peligro de que el pueblo, que había pasado de la servidumbre a un régimen de libertad, pudiera precipitarse en la anarquía. De ahí su prédica para que se dejasen de lado las pasiones a fin de alcanzar la verdadera libertad.

«Para llegar al santuario de la libertad, es preciso pasar por el templo de la virtud», afirmó, expresando que un recto ejercicio de la libertad presupone la inviolabilidad de los derechos del hombre, la imparcialidad en los actos y la rectitud en las deliberaciones.

Por eso, en sus «Observaciones didácticas», expresaba: «En vano declamaréis contra la tiranía si contribuís o toleráis la opresión y servidumbre de los que tienen igual derecho que vosotros: sabed que es menos tirano el que usurpa la soberanía de un pueblo, que el que defrauda los derechos de un solo hombre: el que quiere restringir las opiniones racionales de que goza todo ser animado, el que quiere sofocar el derecho que a cada uno le asiste de pedir lo que es conforme a sus intereses, de facilitar el alivio de sus necesidades, de disfrutar los encantos y ventajas que la naturaleza despliega a sus ojos; el que quiere, en fin, degradar, abatir y aislar a sus semejantes, es un tirano».

Para Monteagudo la independencia era un principio que estaba sancionado por la naturaleza.

En consecuencia, escribía en marzo de 1812, el problema del país consistía en saber si convenía formular tal declaración, es decir, si era conveniente declarar que estábamos en la justa posesión de nuestros derechos. Para él, efectuar tal declaración era urgente. Nuestro país no podía retrotraer a los impulsos que generaron el movimiento de Mayo y debía cumplir su destino histórico, iniciando una era que, en la vida y en las instituciones, fuera realmente nuestra. Este problema, sin embargo, no podía separarse del referente a la organización del Estado.

Las causas efectivas de nuestros males estaban, a juicio de Monteagudo, en nosotros mismos. La necesidad de combinar la seguridad y el orden con la administración rápida de sus resoluciones, lo llevó a pensar en la urgencia de concentrar la autoridad «en un solo ciudadano acreedor a la confianza pública, librar a su responsabilidad la suerte de los ejércitos y la ejecución de todos los medios concernientes al suceso y, en una palabra, no poner otro término a sus facultades que la independencia de la patria».

Mas, pesando los peligros que podrían resultar de tal magistratura, sugirió la conveniencia de establecer un poder ejecutivo unipersonal, que debía ser secundado por un poder directivo integrado por tres o más personas, en representación del pueblo.

En última instancia, para Monteagudo el perfeccionamiento de cualquier constitución dependía del pueblo. Pero loi pueblos, si no conocen sus derechos, si no son ilustrados, están a merced de cualquier tirano.

Ignorancia y tiranía, a su entender, se complementan en el mismo grado que ilustración y libertad. De ahí que enunciara con meridiana claridad su preocupación: «Que mi patria sea feliz, y sus hijos instruidos en cuanto les conviene para afianzar su dicha, tales son los deseos que sostienen la pluma en mi mano cuando escribo».

Las «Reflexiones» del canónigo Gorriti. — Desde su refugio de Bolivia, el canónigo Juan Ignacio de Gorriti (1766-1842) escribió su libro Reflexiones sobre las causas morales de las convulsiones interiores de nuestros estados americanos y examen de los medios eficaces para reprimirlas, que se publicó en Chile en 1836.

Gorriti Canonigo
Juan Ignacio Gorriti

Víctima de las montoneras que lo había depuesto de su cargo de gobernador de la provincia de Salta, el ilustre sacerdote, que había tenido destacada actuación durante todo el período revolucionario, sintetizó en su obra sus ideas acerca de la organización republicana, de la causa de los desórdenes internos y de la necesidad que de la educación tenían los pueblos que hacía poco habían nacido a la vida independiente.

Los gobiernos tiránicos para sostenerse, expresa Gorriti, tienden a «mantener a los pueblos en la ignorancia estúpida y fomentar los vicios», pues esa situación de «aversión a los negocios públicos», de «indiferencia por la suerte de la patria» y de «incoherencia de los subditos entre sí» es la que da fuerza y estabilidad a los regímenes opresores.

Los gobiernos republicanos, en cambio, deben tender impostergablemente a la educación popular, ya que una característica del régimen representativo es la de interesarse por «ilustrar siempre a todos los ciudadanos y formarlos en todas las virtudes sociales», tratando por todos los medios de extirpar la ignorancia y los vicios.

Justamente, las nuevas repúblicas, que fueron colonias españolas, tienen «necesidad de ser corregidas de los vicios que engendró una administración viciosa»; por eso, meta de todo gobernante hispanoamericano debe ser desarraigar esas tradiciones, en cuanto puedan ser viciosas a la democracia, por medio de una nueva educación.

Deficiencias en la ilustración popular eran las que explicaban, en el pensar de Gorriti, las convulsiones y sacudimientos que experimentaban los pueblos americanos.

Efectivamente, eran deficiencias educacionales las que hacían que los diputados dictaran en las asambleas leyes absurdas, puesto que por carecer de los conocimientos indispensables no tenían capacidad para desempeñar bien sus mandatos. Por eso sólo por casualidad hacían, a su juicio, algo aceptable. Tales diputados, aunque animados de las mejores intenciones, por falta de educación ocasionaban «males de gravísimas consecuencias para la república».

Las deficiencias en la educación llevaban a algo más grave: hacían del pueblo, ignorante de sus derechos y deberes, una víctima de las seducciones de cualquier «astuto que haya sabido ganar el aura popular, aunque esté destituido de talentos, de ciencia y de probidad».

Finalmente, las deficiencias en la educación llevaban a los pueblos al vicio, haciendo que la corrupción se generalizase. «La ignorancia abre la puerta a la corrupción — escribía Gorriti—; ésta a su vez destierra a las ciencias, las artes, la industria; obstruye los canales de la ilustración, perpetúa la ignorancia, que es luego fecundada de mayores excesos y desmoralización, enemiga del buen orden de las sociedades, de las leyes, de la civilización y de la prosperidad pública».

Estas reflexiones llevaron a Gorriti a concebir la educación como el medio eficaz para reprimir las convulsiones que afligían a nuestro país, y de las cuales él había sido víctima. De ahí que afirmara que la consolidación de las instituciones republicanas requería la aniquilación de los dos agentes determinantes del desorden social y de la anarquía: la ignorancia y la corrupción.

Fuente Consultada: HISTORIA DE LA CULTURA ARGENTINA -ARTE-LITERATURA-CIENCIA- Manuel Horacio Solario Editorial «El Ateneo»

Revolucion de Mayo de 1810 Resumen Campañas Militares

LA REVOLUCIÓN DE MAYO DE 1810

A principios del Siglo XIX, diferentes situaciones internas y externas, pusieron manifiesto la crisis que estaba atravesando el Imperio Español. En el Río la Plata, la Revolución de Mayo abrió el proceso que terminaría con el antiguo virreinato y daría lugar al nacimiento de un nuevo estado: La República Argentina

Situación internacional

REVOLUCION DE MAYO 1810No se puede abordar y comprender el proceso revolucionario en el Río de la Plata y la formación del primer gobierno patrio, sin tener en cuenta los conflictos internacionales de la época y su repercusión en América.

En mayo de 1804, se estableció el Imperio Francés y Napoleón Bonaparte se convirtió, como era su deseo, en Emperador de Francia, asumiendo como Napoleón I. Desde ese lugar, continuó su expansión por Europa, proceso que ya había iniciado algunos años atrás y que le valió la enemistad de usos, austriacos y prusianos.

Sin embargo, su principal rival fue Gran Bretaña, que se encontraba, en este momento, en plena Revolución Industrial. El desarrollo industrial inglés era un obstáculo para los intereses comerciales de Francia, ya que Inglaterra saturaba los mercados con su producción, llegando, gracias a su desarrollada marina mercante, a casi todos los rincones del mundo.

Napoleón decidió, entonces, disputarle a Inglaterra, esa privilegiada posición económica. Para eso, estableció en 1806 un bloqueo continental al comercio inglés, es decir, el cierre de todos los puertos del Imperio Francés de los países aliados a Francia, evitando el ingreso de mercaderías británicas.

Portugal, país aliado de Gran Bretaña, no pudo sostener el bloqueo de sus puertos. Ante esta realidad, Napoleón invadió y sometió al territorio portugués.

Las tropas francesas, para llegar a Portugal, debieron atravesar España, previa autorización del gobierno español, representado por su ministro Manuel Godoy quien se encontraba a cargo del gobierno con no demasiados buenos resultados.

La llegada del ejército francés fue rechazada por los españoles: el pueblo reaccionó violentamente provocando grandes disturbios. El rey de España, Carlos IV , abdicó en favor de su hijo Fernando, quien asumió el trono como Fernando VII, con el apoyo de todo el pueblo.

Pero, Carlos IV se arrepintió de su acción, y diciendo que había sido obligado a renunciar, reclamó nuevamente su reino. Napoleón, aprovechando esta especial situación de inestabilidad política, decidió actuar como mediador e invitó a la familia real española a reunirse en la ciudad francesa de Bayona para solucionar el conflicto. Allí logró que Fernando VII devolviese la corona a su padre, quien seguidamente se la entregó a Napoleón.

Femando VII fue tomado prisionero y José Bonaparte, hermano del Emperador francés, asumió el trono de España como José I. Estos sucesos se conocen como “La Farsa de Bayona”.

El pueblo español rechazó esta situación y organizó la resistencia, defendiendo los derechos del rey cautivo. Desaparecida la autoridad legítima, los españoles sostenían que la soberanía volvía al pueblo, quien debía elegir un gobierno provisorio. Surgieron entonces, juntas de gobierno en cada ciudad española, coordinadas por una Junta Central, establecida en Sevilla.

En enero de 1810, el ejército francés logró disolver la Junta Central, extendiendo su dominio por toda España.

Los criollos desconocieron al monarca francés como autoridad legítima. En las principales ciudades de la América Española, se desencadenaron movimientos revolucionarios que remplazaron a las autoridades virreinales por juntas de gobierno.

Unos años antes, las colonias inglesas de América del norte, habían logrado terminar con la dependencia de Gran Bretaña, y configurar una nueva Nación: “Los Estados Unidos de Norte América”. Este nuevo Estado se organizó con división de poderes, con sistema federal, y con libertad de expresión, de prensa y de reunión.

En Francia, la Revolución francesa, habla difundido sus principios de libertad, fraternidad e igualdad de todos los hombres ante la ley pero fue con Napoleón que, estos principios, se extendieron con más vitalidad, tanto en los países europeos como en los países americanos. Mientras tanto, Inglaterra, aprovechó esta debilidad del Imperio Español para desprestigiar el monopolio comercial y alentar los movimientos revolucionarios americanos.

Causas en el Río de la Plata

Descontento Criollo

La mayoría de los cargos de gobierno era desempeñados por funcionarios españoles quienes no conocían en profundidad las problemáticas locales. Esto provocó una rivalidad entre criollos y peninsulares , que se acentuó , aun mas con la llegada de nuevos españoles al territorio americano , pues estos , no solo ocuparon los cargos mas importantes , sino también que lograron dominar el comercio y hacer grandes fortunas.

Militarización:

Durantes las invasiones inglesas se crearon milicias que tuvieron como objetivo la defensa de la ciudad de Buenos Aires que se encontraba muy mal protegida. Estas milicias fueron formadas con habitantes varones, tanto de la ciudad como de la campaña, y sus jefes fueron elegidos por las tropas. De esta manera quedó constituida una nueva elite urbana: los criollos con mando militar.

«MADURAN LAS BREVAS»
En la noche del 13 de mayo llegó al Río de la Plata una nave británica con las novedades que unos aguardaban y otros temían: los franceses habían ocupado Sevilla y sólo quedaban sin conquistar Cádiz y la isla de León.

Antes de que las noticias cundiesen, Cisneros meditó una proclama para darlas a conocer morigeradamente. En ella decía el inhábil virrey que, en «el desgraciado caso de una total pérdida de la Península y falta del superior gobierno», América mantendría la soberanía del monarca. Y terminaba diciendo: «Respetad el orden y huid como de áspides, los más venenosos, de aquellos genios inquietos y malignos que os procuran inspirar celos y desconfianzas recíprocas y contra los que os gobiernan».

Saavedra fue llamado con urgencia por los insurgentes, y uno de ellos le preguntó, mostrándole la proclama:
—¿Aún dirá usted que no es tiempo?
—Señores —contestó Saavedra—, ahora digo que no sólo es tiempo, sino que no se debe perder una sola hora.

patriotas

Patriotas reunidos en la casa de Rodríguez Peña

La Revolución en Buenos Aires

Al recibirse las noticias de la caída de la Junta Central de Sevilla, los criollos vieron la oportunidad de poner en práctica sus ideas emancipadoras y comenzaron a reunirse para analizar la situación y cuestionar la autoridad del virrey del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien había sido nombrado por la Junta Central de Sevilla en 1809.

En esos encuentros se decidió pedir al virrey la convocatoria a un Cabildo Abierto, con el propósito de discutir la posición a asumir ante los sucesos desencadenados en España.

El virrey da su aprobación, y el 21 de mayo se enviaron 450 invitaciones a los vecinos más importantes , para la reunión de un Cabildo Abierto, que se llevarla a cabo al día siguiente.

El 22 de mayo de 1810, se realiza la Asamblea con la presencia de los comandantes de los cuerpos militares, y de los vecinos más importantes de la ciudad. Allí se debatió la continuidad o no de la autoridad virreinal. La decisión a tomar no fue fácil pues existieron tres posturas en el debate:

a) Posición española, representada por el obispo Lué y Riega, quien sostenía que el virrey debía continuar en su cargo.

b) Posición del Cabildo, sostenida por el general Pascual Ruiz Huidobro, quien propuso que el Cabildo era la institución que debía asumir la conducción del gobierno y defender los derechos de Femando VII.

c) Posición de los criollos revolucionarios, representada por Juan José Paso, Juan José Castelli, y Cornelio Saavedra, entre otros, quienes propusieron que el pueblo debía asumir la soberanía y elegir un nuevo gobierno, facultad que podía asumir Buenos Aires en caso de urgencia.

Realizada la votación, se decidió que la soberanía pasaría al Cabildo con la finalidad de constituir una Junta de Gobierno. Es el fin del orden virreinal.

El día 23 de mayo, se le comunicó al pueblo el cese del virrey. El 24 de mayo, quedó constituida la Junta Provisional Gubernativa cuyo presidente era Baltasar Hidalgo de Cisneros. Los criollos no aceptaron al virrey en la Junta y renunciaron a sus cargos.

El 25 de mayo de 1810, reunido nuevamente el Cabildo, los “vecinos, comandantes y oficiales” hicieron conocer que el pueblo había reasumido la soberanía y solicitaron se anunciara que habían formado una Junta de Gobierno cuyos integrantes eran:

semana de mayo, saavedra

Presidente Cornelio Saavedra

semana de mayo, morenoSecretario
Mariano Moreno

semana de mayo, paso

Secretario
Juan José Paso

semana de mayo, castellisemana de mayo, matheusemana de mayo, alberti
Vocal
Juan José Castelli,
semana de mayo, larrea
Vocal
Domingo Matheu

Vocal
Manuel Alberti
semana de mayo, belgrano
Vocal
Juan Larrea
 Vocal
Miguel de Azcuénaga
Vocal
Manuel Belgrano

Juego de la Memoria Con Los Hombres de Mayo

Conocer El Perfil de Cada Integrante y los Fundamentos de la Revolución

Fue el primer gobierno patrio. La organización de una Nación libre e independiente estaba aún muy lejana, pero la formación de la Primera Junta el 25 de mayo de 1810 era el inicio del camino.

Problemas Internos entre Moreno y Saavedra:

El conflicto nace fundamentalmente  por un choque de distintas ideologías.Saavedra, un rico hacendado y líder militar nacido en Potosí, creía que las cosas debían hacerse paso a paso. Moreno, joven abogado que reivindicaba los ideales de la Revolución Francesa, pensaba que los enemigos del movimiento de mayo de 1810 debían ser eliminados.

Los revolucionarios porteños optan por derrocar al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y  «devolver los derechos de soberanía al pueblo de Buenos Aires». Pero el problema de construir un nuevo orden político apenas empieza. Otros cabildos virreinales se sienten en igualdad de condiciones con el de Buenos Aires y desconocen la autoridad del cabildo de Bs.As.

«Moreno cree que es legítimo construir una república independiente de España, fundada en una constitución, con los principios de igualdad y libertades públicas que aprendió de la Revolución Francesa. La Primera Junta anuncia el 26 de mayo la convocatoria a representantes del interior del Virreinato para un Congreso Constituyente que decidirá la forma de gobierno. ¿Pero esos diputados elegidos por los cabildos entre la »parte principal y más sana de la población» debían representar a sus ciudades o a un poder centralizado, único dueño de la soberanía?».

Además: «Saavedra cree que las ciudades son soberanas y sus diputados, delegados de sus cabildos. No se opone al ideal de independencia, pero sigue la tradición hispanocolonial: hay tantas soberanías como ciudades en el Virreinato. Pero Moreno trae el nuevo concepto de soberanía popular basado en Rousseau —el filósofo francés autor del Contrato Social— que sustentará la tendencia a crear un Estado unitario».

El 8 de diciembre, Moreno publica su «decreto de supresión de honores» que le quita a Saavedra el mando de las acciones militares y se lo devuelve a la Primera Junta, pero es la aceptación de los diputados del interior en la Junta Grande lo que derriba a Moreno, ese mismo diciembre. Moreno y los vocales de la Junta creen que los diputados del interior —aliados de Saavedra— deben integrar un Congreso Constituyente, pero no gobernar. «Considero la incorporación de los diputados contraria al derecho y al bien general del Estado», dice Moreno, quien acepta una misión diplomática en Inglaterra y muere en marzo de 1811.

Los morenistas se agrupan en un club —antecedente de la Sociedad Patriótica creada por Bernardo de Monteagudo en 1812— que presionará a Saavedra. En abril de 1811 los alcaldes de barrio dirigen un levantamiento en apoyo de Saavedra. Los morenistas que aún quedaban en la Junta Grande son expulsados». (Fuente Consultada: Clarín)

Ver: Principios y Fundamentos de la Revolución de Mayo de 1810

Las primeras expediciones militares

La formación de la Primera Junta de gobierno, el 25 de mayo de 1810, no significó solo la sustitución de nombres y de personas, sino un cambio de régimen.

El orden colonial ya no existía, pero el nuevo gobierno tenía dos grandes problemas que resolver: la independencia y la organización del nuevo país. ni hacer conocer lo sucedido en Buenos Aires, las nuevas autoridades organizaron una expedición que no sólo daría cuenta de lo ocurrido sino que también garantizaría la elección de representantes que, en poco tiempo más, formarían parte de una reunión general de todo el virreinato en Buenos Aires.

La junta gubernativa dispuso extender y legitimar su autoridad, además de reservar la unidad territorial en todo el virreinato.

Varías ciudades del interior aprobaron y reconocieron al nuevo gobierno, sin embargo Asunción, Córdoba y Montevideo no estuvieron de acuerdo, a pesar que el gobierno se presentó como heredero de la administración virreinal y leal a Fernando VII.

Esta oposición significó la guerra, que se abrió en distintos frentes, pues era necesario subordinar no sólo a los funcionarios españoles sino también a unos criollos, que desde tiempo atrás rivalizaban con Buenos Aires por diversidad de intereses o el desigual desarrollo económico y social.

La guerra por la independencia abarcó en un primer momento, desde 1810 a 1814 (fecha esta última de la restauración de Fernando VII en España) período durante el cual la península luchaba por recuperar su propia independencia de la invasión francesa y no podía entonces enviar a América hombres y elementos de guerra para sofocar los focos de contrarrevolución.

Los revolucionarios de mayo de 1810, sabían que era necesario ganar la guerra para que el nuevo gobierno pudiese sobrevivir y desarrollarse. Para o se organizó los cuerpos de milicias, creadas en Buenos Aires durante invasiones inglesas, y transformarlas en cuernos militares permanentes, decir tratar de formar un ejército profesional.

Los siete batallones de Infantería de milicias, ya existentes, fueron organizados en cinco cuerpos de veteranos de Infantería, más una de ‘anaderos una de Castas. Además se creó un cuerpo nuevo: el regimiento destinado a servir permanentemente en Buenos Aires.

Gobiernos posteriores organizaron otros batallones y ampliaron el ejercito, mundo al mismo tiempo las primeras fuerzas navales.

La guerra fue difícil de sostener económicamente, se necesitaban recursos para armamentos, uniformes, cabalgaduras, municiones, textiles, objetos talabartería, ganado.

La forma corriente de obtener fondos fue las contribuciones voluntarias y mayor medida las contribuciones forzosas. La obtención de estos recursos fue una preocupación constante de la Primera Junta y de los sucesivos gobiernos porteños.

Lo que no se podía obtener en el país se importaba, corno textiles para tos informes, armas de fuego y proyectiles.

Buenos Aires surgió una fábrica de fusiles, que llegó a contar con aproximadamente 150 operarios.

Campaña al Alto Perú:

En julio de 1810, Córdoba, había reconocido la autoridad del virrey de Limá y de la audiencia de Charcas, oponiéndose a la junta de Buenos Aires.

Los líderes de la oposición fueron el Intendente Gutiérrez de la Concha, el coronel allende, el obispo Orellana, el ex virrey Santiago de Liniers. Sin embargo. otras personalidades cordobesas como el deán de la catedral Gregorio Fúnes, se manifestaron a favor de Buenos Aires y denunciaron el movimiento contrario a la revolución.

La junta para sofocarlo, envió una expedición de 500 hombres al mando de Ortiz de Ocampo. En Córdoba, los insurrectos fueron fusilados, con la excepción del obispo Orellana, en consideración a su condición de religioso.

Finalizada la contrarrevolución en Córdoba, la expedición se dirigió hacia norte, hacia el Alto Perú, que estaba ocupado por tropas realistas (que respondían al rey de España).

Partió al mando del mayor general Antonio González Balcarce y de Juan José Castelli, como representante de la Junta de Gobierno.

Las principales batallas fueron: un triunfo en Suipacha y la tremenda derrota de Huaqui, con la que se perdió el territorio del Alto Perú. Posteriormente se realizaron otras expediciones para recuperarlo.

Campaña al Paraguay

El gobernador español, don Bernardo de Velasco junto a una asamblea de vecinos, no aceptó la formación de la junta de Buenos Aires de manera que envió una expedición al mando del General Manuel Belgrano para terminar con la resistencia.

Las tropas porteñas obtuvieron el triunfo de Campichuelo y las derrotas de Tacuarí y Paraguarí. Se retiraron del Paraguay, gozando de la consideración de los vencedores. Poco después los paraguayos formarían su propia junta de gobierno: una junta gubernativa que estableció relaciones con Buenos Aires. La frontera paraguaya ya no representaría un peligro.

Campaña a la Banda Oriental

En Montevideo, se hallaba instalada una guarnición naval, única en el territorio del Río de la Plata. El cabildo de Montevideo se pronunció en contra del gobierno porteño convirtiéndose esta región en el ‘enemigo’ mas cercano.

No todos los orientales estaban de acuerdo, ya que en los habitantes de las zonas rurales se manifestaba un fuerte descontento con las políticas adoptadas por el régimen virreinal en la Banda Oriental y conducidos por José Gervasio Artigas se pusieron a disposición de Buenos Aires, para luchar contra el foco realista.

Desde Buenos Aires, en mayo de 1811 , se envió al mando de José Rondeau, que luego del triunfo de Artigas en Las Piedras, sitió a Montevideo hasta octubre de 1811.

Sin embargo, ante el avance portugués sobre el territorio oriental, el gobierno de Buenos Aires negoció con las autoridades de Montevideo el retiro de las tropas porteñas.

Los revolucionarios de Artigas se sintieron defraudados e iniciaron la emigración hacia Entre Ríos, dando lugar a lo que se conoce como el éxodo del pueblo oriental. Artigas se convirtió en el opositor al proyecto de Buenos Aires y conformaría la liga de Pueblos Libres.

De aquí en más, la guerra continuaría, haciéndose cada vez más complicada, puesto que se entrecruzaron conflictos sociales, políticos y económicos; triunfos y derrotas se sucederían. Los gobiernos posteriores debieron cambiar sus estrategias para lograr la ansiada “independencia».

A pesar de las dificultades, el objetivo no estaba tan lejos …

Antecedentes de la Revolucion de Mayo Causas Internas y Externas

Antecdentes de la Revolución de Mayo de 1810

cabildo, revolucion de mayo

Causas internas:

1° — Existía una tradición democrática en estas tierras, puesto que, si bien es cierto que durante la época de las gobernaciones y del virreinato privo el absolutismo, la población designó en ciertos casos a sus gobernantes, incluso imponiendo su voluntad, como en la jornada del 14 de agosto de 1806.

2° — Las ideas democráticas dispersas en todo el mundo por los filósofos y publicistas franceses, que triunfaron en el movimiento emancipador estadounidense y en la revolución francesa, pasaron a Sudamérica. La Universidad de Charcas fue un verdadero foco revolucionario propagador de esas ideas.

3° — El sentimiento del propio valer se desarrolló entre los criollos de Buenos Aires, que derrotaron a uno de los ejércitos más poderosos del mundo durante las invasiones inglesas.

4° —- Resultado de las invasiones también fueron la creación de cuerpos militares criollos y el aumento de la existencia de armas.

5° — Triunfo de las ideas criollas sobre las monopolistas españolas, en la «Representación de los Hacendados», que es tanto un escrito económico como político.

5°— Los movimientos de Chuquisaca y La Paz, reprimidos sangrientamente, en el. que intervinieron patriotas como Monteagudo y Arenales, dieron un ejemplo de rebeldía.

7° — Los criollos fueron desplazados sistemáticamente de los cargos públicos por los españoles.

Todo esto hizo que en Buenos Aires se creara un ambiente de revolución que se evidenciaba en todas partes. Se conspiraba, y los agitadores del movimiento se organizaron en sociedades secretas. Muchos criollos y también españoles amigas de la causa democrática formaron parte de ellas y elaboraron diversos planes, esperando la oportunidad propicia para actuar.

Causas externas:

En España, desde 1808 reinaba la anarquía. Napoleón la había invadido, y entre Carlos IV y su hijo Fernando VII se produjeron disidencias que dieron por resultado la coronación del hermano de Napoleón, José Bonaparte, como soberano de España y de las Indias.

Los españoles lucharon bravamente contra el invasor. En Sevilla se formó una Junta Central que gobernó en nombre de Fernando VII, y que luego, al pasar a Cádiz, fue disuelta, creándose allí un Consejo de Regencia. Casi toda la península estuvo en manos de los franceses.

El rey Fernando VII estaba preso, y en Cádiz gobernó una junta que no representaba al pueblo, y menos aún al monarca. Estos graves acontecimientos se conocieron en Buenos Aires a mediados de mayo de 1810, produciendo los siguientes sucesos: (ver:siguientes sucesos)

En 1810, el cabildo abierto de la ciudad de Buenos Aires propuso la formación de una junta de gobierno, presidida por el realista Cornelio de Saavedra, cuya primera medida fue deponer al virrey Hidalgo de Cisneros. La junta intentó imponer su autoridad en un área mucho más vasta que se extendía a zonas tan alejadas como el Alto Perú, Paraguay y la Banda Oriental. Paralelamente, una crisis en el seno de la junta dividió a sus integrantes en porteños y provinciales.

Los porteños representados por Moreno eran partidarios de que el poder fuera monopolizado desde Buenos Aires. El centralismo porteño suponía la hegemonía económica del área rioplatense, ligada a la exportación de cueros y tasajo.

Los provinciales pretendían la entrada en la junta de delegados del interior que defendían los intereses de una economía diversificada frente a la competencia de los productos manufacturados del exterior.

SÍNTESIS DE LAS CAUSAS:

1. Debilidad y desprestigio de la monarquía

2. Descontento con el sistema de funcionarios

3. Rivalidad entre criollos y peninsulares

4. El enfrentamiento de intereses económicos

5. Cambios Generados por las Invasiones Inglesas

6.Los movimientos ideológicos que fundamentaron la revolución

CAUSAS DE LA REVOLUCIÓN SEGÚN
TESTIMONIOS DE LOS PROTAGONISTAS
DOCUMENTO A:

Las trabas que sugería [ el régimen colonial] a la industria y a la cultura; el monopolio tan escandaloso del comercio peninsular; la postergación tan general y descarada que en toda la extensión de la monarquía sufrían los americanos, eran las causas de que se quejaban en voz muy alta […]. La defensa que logró Buenos Aires en 1807 contra el formidable ejército británico […] Las disensiones de la familia real, el disgusto general de la nación contra don Manuel Godoy y la reina… Juan Ignacio Corriti, Autobiografía (escrita entre 1835 y 1842).

DOCUMENTO B:

Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento.
Manuel Belgrano, Autobiografía ( no fue fechada y quedó inconclusa a su muerte, en 1820).

DOCUMENTO C:

A los nueve meses de estar Cisneros ocupando la silla del Virreinato, creímos que ya era tiempo de pensar en nosotros mismos. Ocupada la España por numerosísimos ejércitos franceses, y en posesión de todas las plazas más fuertes de ella, creíamos que los españoles jamás podrían sacudirse de tan inmenso poder. De consiguiente empezamos a tratar muy secretamente sobre nuestra seguridad, a fin de no correr la suerte de los españoles. […] Esto no podría hacerse sin que recayese el gobierno en nuestras manos. Y esto hacía tanto más necesaria la deposición de Cisneros.
Martín Rodríguez, Memorias (no fueron fechadas y quedaron inconclusas a su muerte, acaecida en 1845).

Fuente Consultada:
 Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz
 Argentina de su país y de su gente María Sáenz Quesada
 Historia Argentina Escuela Secundaria Kapelusz

Primer Gobierno Patrio Hombres Influencia Ideas de la Ilustracion

Perfil de los Integrantes de la Primera Junta de Gobierno de 1810

Antecedentes Semana MayoSemana de Mayo – Asamblea de 1813 – Focos Revolucionarios

LOS HOMBRES DE MAYO DE 1810
INTEGRANTES DEL PRIMER GOBIERNO PATRIO

Dos fueron las principales líneas de pensamiento que se enfrentaron en el Cabildo abierto del 22 de mayo. Una fue liderada por el obispo Lúe, representante de los grupos que defendían la necesidad de continuar reconociendo a las autoridades españolas en América y de mantener la fidelidad al rey Fernando, aún prisionero.

Otra fue la postura encabezada por Juan José Castelli, quien afirmaba: «No habiendo Rey, las autoridades españolas no representan a nadie y el pueblo tiene el derecho de decidir qué hará».

Al no lograrse un acuerdo que contara con el apoyo de todos los participantes, se pasó a votar ambas propuestas y el resultado fue ampliamente favorable a la posición de Castelli.

La cuestión siguiente fue resolver quién reemplazaría al virrey. Las negociaciones entre diferentes grupos llevaron a la decisión de conformar una Junta de Gobierno, tal como había ocurrido en España y en otras ciudades del continente americano, hasta tanto se resolviera la situación por la que atravesaba el rey Fernando VII.

Una fuerte discusión se generó cuando los miembros del Cabildo debieron decidir quiénes la integrarían.

En un principio, los españoles consiguieron que se formara con Cisneros como presidente, otros dos españoles peninsulares, Castelli y Saavedra, jefe de las milicias.

Los revolucionarios, disconformes con lo decidido, presionaron para que renunciaran y se convocara a un nuevo Cabildo abierto para el 25 de mayo.

Ese día se formó una nueva Junta que envió a todas las provincias que integraban el virreinato del Río de la Plata una invitación para que, una vez elegidos sus propios representantes, se incorporaran a ella, formándose de este modo la denominada Junta Grande.

INFLUENCIA DE LA ILUSTRACIÓN EN LOS REVOLUCIONARIOS:

Los líderes de la revolución en el Río de la Plata, entre ellos, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña y Juan José Castelli, se hallaban fuertemente influenciados por las ideas políticas de la Ilustración.

Una de las principales obras escritas por los pensadores ilustrados, «El contrato social«, del filósofo francés Juan Jacobo Rousseau, fue traducida por Mariano Moreno.

En la introducción al texto sostuvo, oponiéndose a los tiranos que habían atribuido un origen divino a la autoridad, que la obediencia se debía al acuerdo o pacto entre los miembros de la sociedad, los que delegaban conscientemente las funciones de gobierno.

Sólo el pueblo, que es el soberano, tiene poder y, por lo tanto, puede delegarlo.

No obstante, continuaba Moreno, si los pueblos no se ilustran, si no se generalizan sus derechos, «[…] si cada hombre no reconoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía».

LA SOBERANÍA POPULAR REEMPLAZA A LA SOBERANÍA DE LA CORONA:

España fue siempre un país con vocación de libertad, de profundo espíritu democrático. Aprecio de la libertad individual, defensa de los privilegios y derechos locales, respeto a las leyes, son principios constantes en la historia española.

Sus teólogos, sus filósofos políticos, sus juristas, son los creadores del derecho de gente, del derecho internacional, de la limitación del poder real, del principio de soberanía popular, propio de las ideas de la ilustración francesa, y que en ellos se han nutrido y se nutren los modernos movimientos en pro de la democracia y de la libertad política.

La lealtad con que los españoles obedecieron a sus reyes nunca fue servilismo, ni permitió el atropello de sus derechos personales.

El absolutismo o centralismo que quisieron imponer algunos monarcas se estrelló contra la inquebrantable voluntad de libertad del pueblo español.En España la base de la soberanía estuvo siempre en el pueblo, quien mediante un «pacto» o «contrato» había confiado su ejercicio a la Corona.

El movimiento libertador de Mayo de 1810 se da en perfecta continuidad y acuerdo con la doctrina y la concepción españolas del poder.

Vamos a resumir la concepción del poder en Francisco Suárez, teólogo, filósofo y jurista español, en que se nutrían los políticos españoles, y que fue, asimismo, fundamento de la posición adoptada por los patriotas. Las obras de Suárez fueron escritas para refutar a Jacobo I de Inglaterra y demás defensores del poder absoluto o del «derecho divino de los reyes».

1. Para que exista sociedad es necesario el poder político que la ordene y dirija. No hay sociedad sin autoridad. De la naturaleza humana surge la necesidad del poder. Por eso decimos que «el poder viene de Dios, autor de la naturaleza».

2. Nadie tiene por naturaleza derecho al ejercicio del poder. Los hombres somos esencialmente iguales. El poder pertenece a la comunidad. Dios ha transferido a ella su propio poder.

3. El poder viene de Dios. Pero no es Dios quien designa los gobernantes, ni quien les confiere el poder. Los gobernantes son designados por la comunidad y de ella reciben su poder.

4. Todo poder es por naturaleza limitado. Está sujeto al derecho natural, al orden jurídico y al bien común. Los mandatos injustos de los gobernantes son carentes de valor; el uso arbitrario del poder puede ser resistido. En último término, en defensa de la libertad y del bien común, Suárez justifica el tiranicidio.

5. El pueblo confiere el poder al monarca mediante un «pacto» o «contrato». Este pacto o contrato no es retractable unilateralmente. Mientras el monarca cumpla su función no le es lícito al pueblo cambiar de voluntad y designar otros gobernantes. El poder ha sido enajenado.

6. Sólo cuando el monarca se ha convertido en déspota o tirano, y no cumple con el compromiso contraído en el «pacto», el pueblo tiene derecho a deponerlo y, reasumiendo su poder soberano, designar otros gobernantes.

Sobre estos principios de la ilustración se apoya la posición y argumentación de los patriotas.

No acusan al rey de tiranía o despotismo, sino sostienen que estando cautivo en Francia el trono está vacante y por lo tanto, la soberanía ha vuelto al pueblo.

Los gobiernos y Juntas constituidos en España carecen de delegación real, no representan el poder del monarca. Han surgido por voluntad de las provincias peninsulares.

América no ha concurrido a su erección y en consecuencia, carecen de poder legítimo sobre estas regiones.

En tal situación el pueblo del Virreinato ha reasumido su poder soberano. No está sujeto a autoridad peninsular de ninguna naturaleza y es al mismo pueblo a quien le corresponde determinar su destino y designar a los gobernantes.

Es este el contenido del discurso de Castelli en la reunión del 22 de mayo: «El gobierno soberano de España ha caducado… se ha producido la reversión de los derechos de la soberanía al pueblo de Buenos Aires».

La fundamentaeión del voto de Saavedra, al cual adhirieron la mayor parte de los patriotas, contiene la misma posición.

En él sostiene que dadas las circunstancias debe substituirse la autoridad del virrey; que hasta que se forme la Junta integrada por los pueblos del virreinato que debe ejercer el poder, éste sea reasumido por el Cabildo, el cual nombrará un gobierno provisorio en la forma y modo que estime conveniente.

Y agrega textualmente: «y no quede duda de que el pueblo es el que confiere autoridad o mando».

No son distintos los principios substentados por los españoles, a excepción de los del obispo Lué que provocaron indignación entre los mismos españoles.

Los españoles sostienen que habiendo cesado la autoridad del Rey correspondía enviar diputados a las Cortes convocadas en Cádiz que decidirían la actitud a tomar por todo el Reino de España e Indias.

El fiscal Villota argumentó que en el Cabildo sólo estaba representado el pueblo de Buenos Aires, el cual no tenía derecho para resolver un asunto que concernía a toda la monarquía hispánica; que la cuestión debía ser resuelta «por toda la representación nacional».

A su vez, los miembros del Cabildo, aceptando que la autoridad del virrey había caducado y el pueblo reasumido su soberanía insistieron en mantener a Cisneros al frente de! gobierno como presidente de la Junta.

Los alentaba el evitar confusiones y anarquía. Pero según el Cabildo la autoridad que ejercería Cisneros no provenía de delegación real, sino de delegación popular conferida a través de su nombramiento por el mismo Cabildo.

Los Miembros de la Primera Junta de Gobierno

Los nueve integrantes de la Junta Provisional de Gobierno que asumió el 25 de mayo de 1810 pertenecían al llamado grupo patriota. ¿Quiénes eran y a qué se dedicaban?.

Cornelio Saavedra, el presidente, era un próspero comerciante nacido en el Alto Perú, quien, debido a los sucesos de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, había asumido la comandancia del cuerpo de milicias más importante de la ciudad de Buenos Aires, el de Patricios.

Los secretarios, Juan José Paso y Mariano Moreno, eran prestigiosos abogados porteños.

Entre los vocales encontramos a Manuel Belgrano, abogado recibido en España, quien durante años llevó adelante una pacífica batalla por un nuevo ordenamiento económico desde el Consulado (del cual fue secretario), y por medio de publicaciones periodísticas.

Entre los vocales figuraban; también los comerciantes catalanes Juan Larrea y Domingo Matheu, quienes apoyaban abiertamente al grupo patriota, quizá porque no participaban activamente del monopolio comercial español.

El clero tampoco faltó entre los integrantes de la Junta: el sacerdote Manuel Alberti, quien apoyaba desde los orígenes el movimiento revolucionario, había asumido como vocal el 25 de mayo.

¿Quiénes eran los otros dos vocales? Miguel de Azcuénaga, jefe de uno de los cuerpos de milicias de la ciudad, y en cuya casa se habían reunido varias veces los conspiradores patriotas; y Juan José Castelli, abogado y vocero del grupo durante la jornada del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, en el que se votó la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Como hecho curioso, cabe mencionar que muchos de los más activos revolucionarios de 1810 eran italianos y descendientes de italianos radicados en Buenos Aires.

La carta enviada el 23 de junio de 1810 por José María Salazar (comandante del Apostadero Naval de Montevideo), al depuesto virrey Cisneros, expresa.¿»(…) los perturbadores son casi todos del cuerpo de Patricios, que es el que ha hecho la Revolución, pues los demás solo han suscripto a ella (…) siendo de notar que la mayor parte de los revoltosos son hijos de italianos (…)». Entre estos»»revoltosos» figuraban Belgrano, Castelli, Alberti, Antonio Luis Beruti, Carlos José Guezzi, Francisco Agustini (jefe del cuerpo de artillería de la Unión), Martín Grandoli (alcalde y síndico procurador del Cabildo), Esteban de Lúca, Miguel de Lúca, Domingo Espora, José Boqui, Fernando Abramo, Santiago Antonini, Eustaquio Gianini, Pedro Pablo Sanguinetti (gobernador de las Malvinas), César Balbiani.

PERFIL DE LOS INTEGRANTES DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO

integrante primera junta de gobierno de 1810

Cornelio Saavedra: Nació en Potosí en 1759. Su padre era porteño y su madre oriunda de Potosí. Estudió en el colegio de San Carlos. Terminados sus estudios secundarios se dedicó a tareas ganaderas.

Ocupó desde 1797 diversos cargos en el Cabildo de Buenos Aires. Abrazó luego la carrera de las armas y se distinguió en las Invasiones Inglesas. Cuando se creó el Regimiento de Patricios sus compañeros de armas lo eligieron como jefe. De hecho quedó constituido como jefe de las milicias criollas.

En la Revolución de Mayo tuvo actuación preponderante y a él encomendaron los patriotas la conducción del movimiento. Como Jefe del Regimiento de Patricios su autoridad era indiscutida.

Elegido Presidente de la Primera Junta, permaneció al frente de la misma hasta agosto de 1811 en que partió para el norte a reorganizar el ejército.
Al establecerse el Primer Triunvirato fue excluido del gobierno y confinado a San Juan.

Volvió a sus actividades rurales y no quiso intervenir posteriormente en política. Sólo cuando la guerra con el Brasil ofreció al gobierno sus servicios, a pesar de su edad.

Murió en Buenos Aires en 1829.

Mariano Moreno: Jurisconsulto, periodista y escritor, su participación en los sucesos de Mayo le granjeó títulos como “el hombre de Mayo” o “el alma de la revolución”. Nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. En 1799 ingresa en la Universidad de Chuquisaca.

Imbuido de las ideas de la Ilustración, se gradúa como licenciado en leyes en 1802 con una tesis sobre la sublevación de Túpac Amaru, en la que condena las prácticas españolas de exigir servicios personales los indios. A principios de 1810 el partido patriota se decide a tomar el poder en Buenos Airee

El 22 de mayo Moreno apoya la deposición del virrey y el establecimiento de una junta elegida por el Cabildo Abierto en representación del pueblo. En el nuevo gobierno Moreno es secretario de Gobierno y Guerra.

En julio de 1810 redacta el Plan de operaciones, destinado a definir la estrategia política de la revolución y crea La Gazeta de Buenos Ayres, periódico que difunde la acción de gobierno.

En la disputa con Saavedra, Moreno se radicaliza: en diciembre decreta que únicamente los criollos podrán desempeñar funciones públicas y propone que sean abolidas las honras ceremoniales acordadas al presidente de la Junta.

A fines de 1810 para incorporarse a la Junta, renuncia a su cargo y acepta una misión diplomática a Río de Janeiro y Londres, a donde parte a principios de 1811. Acompañado de su hermano Manuel y Tomás Guido en calidad de secretarios, durante el viaje a Londres Moreno muere en alta mar, el 4 de marzo.

Juan José Castelli: Nació en Buenos Aires en 1764. Su padre era médico, de nacionalidad veneciana. Su madre, porteña. Realizó en Córdoba estudios eclesiásticos sin recibir órdenes sagradas.

Luego estudió derecho en Chuquisaca y se estableció como abogado en Buenos Aires.

En el Cabildo Abierto del 22 de mayo defendió con ardor y lucimiento las posiciones de los patriotas, dándoles su fundamentación jurídica.

Como vocal de la Junta fue abierto partidario de Moreno. Fue uno de los responsables de la deportación de Cisneros y de los miembros de la Audiencia.Se hizo cargo del ejército del norte y dio cumplimiento a la orden de fusilar a Liniers.

Era violento. En el Alto Perú fusiló a los gobernadores españoles. Sus actitudes antirreligiosas y su incapacidad para mantener la disciplina de las tropas que cometían desmanes le mereció la enemistad de las poblaciones. A su vuelta a Buenos Aires fue sometido a proceso en 1811. Falleció al año siguiente.

Manuel Belgrano: Nació en Buenos Aires en 1770. Su padre era comerciante, oriundo de Italia; su madre, porteña.

Estudió en el Colegio de San Carlos y luego en Salamanca y Valladolid donde recibió el título de abogado.

En 1739 fue Secretario del Consulado, cargo que desempeñaba cuando las invasiones inglesas. Como tal, se negó a prestar juramento a las autoridades inglesas. Durante la segunda invasión luchó personalmente como sargento.

Formó parte de la Primera Junta. Fue enviado como jefe de la expedición al Paraguay y del ejército del Norte.

Es el creador de nuestra bandera. Vencedor en Tucumán y Salta supo conservar íntegro su ánimo en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.Fue enviado a Europa en misión diplomática y volvió en 1816. Falleció en 1820.

Es sin duda una de las figuras más puras de nuestra historia. Sus méritos y sus valores personales son unánimemente admitidos por todos los sectores.

Miguel de Azcuénaga: Nació en Buenos Aires en 1754. Sus padres eran españoles.
De niño fue enviado a España donde permaneció diez años. Estudió en Málaga y Sevilla. De regreso en Buenos Aires entró en el cuerpo de artilleros.

Ocupó cargos en el Cabildo. Fue regidor, alférez real y síndico procurador. En 1796 fue nombrado comandante de las milicias provinciales.Elegido vocal de la Primera Junta, debió renunciar cuando Rivadavia disolvió la asamblea el 6 de abril de 1811 y fue desterrado a Mendoza.
Vuelto a Buenos Aires en enero de 1812 fue designado gobernador intendente.

En 1818 fue jefe del estado mayor y diputado al Congreso General Constituyente.

En 1829, cuando se confió el gobierno a Viamonte, ejerció la vicepresidencia del Senado. Falleció en Olivos en 1833. Era entonces diputado provincial.

Manuel Alberti: Nació en Buenos Aires en 1763. Sus padres eran porteños.Estudió en el Colegio de San Carlos y en la Universidad de Córdoba. Fue ordenado sacerdote. En 1808 fue nombrado cura de San Benito de Palermo.

Tuvo gran influencia sobre el clero criollo, a quien de hecho representó en el nuevo gobierno.Se negó a subscribir la condena de Liniers y demás compañeros.Falleció en 1811. Dejó fama de hombre bueno y caritativo.

Este sacerdote y patriota vinculado al movimiento revolucionario nació en la Ciudad de Buenos Aires un 28 de mayo de 1763. Se recibió de Doctor en Teología en la Universidad de Córdoba.

Participó activamente de las jornadas de mayo de 1810: junto a 400 vecinos, firmó el pedido de sustitución del Virrey Cisneros durante el Cabildo Abierto del día 22

Juan José Paso: Nació en Buenos Aires en 1758. Estudió en Córdoba y Chuquisaca. Fue profesor en el Colegio de San Carlos.

Fue fiscal de la Hacienda Real y abogado de la Audiencia. En 1802 dejó Lima para regresar a Buenos Aires y fue nombrado fiscal de la Audiencia en 1803 y diputado del Consulado en 1806.

Tuvo activa participación en el Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, siendo elegido, una vez constituida la Primera Junta, secretario de dicho cuerpo junto a Mariano Moreno.

En el Cabildo Abierto del 22 de mayo refutó la argumentación de Villota.Fue miembro del primer y segundo triunviratos. También fue diputado al Congreso de Tucumán.Fue el principal redactor de las constituciones de 1819 y 1826. Aunque de ideas monárquicas y centralistas fue uno de los primeros entre nosotros en defender el sufragio universal.

Falleció en Buenos Aires en 1833.

Juan Larrea: De nacionalidad española, llegó a Buenos Aires desde Cataluña a principios del 1800 para establecerse como comerciante. Durante las invasiones inglesas de 1806 fue designado capitán de un cuerpo de voluntarios catalanes y luego se unió al Partido Republicano – dirigido por Martín de Alzaga – para derrocar al Virrey Sobremonte en 1807.

Sin descuidar su trabajo mercantil, Larrea siguió participando en actividades políticas y fue elegido vocal de la Primera Junta del Gobierno Patrio de 1810.

Durante la sublevación del 5 y 6 de abril de 1811 fue separado de su cargo y se exilió en San Juan. Regresó a Buenos Aires dos años después, cuando se instituyó el Segundo Triunvirato, para convertirse en uno de los miembros más participativos de la Asamblea Constituyente de 1813.

Fue el responsable de la creación de la Escuadra Naval en 1814, que bajo el mando de Guillermo Brown obligó a los realistas a salir de las aguas del Río de la Plata. Su último cargo público fue el de Cónsul Argentino en Francia. De vuelta en Buenos Aires, y abocado al comercio, se suicidó en 1847 por no haber podido levantar un pagaré.

DOCTRINA DE LA REVOLUCIÓN
Los fundamentos revolucionarios

La doctrina de la Revolución de Mayo se deduce de los reglamentos, circulares, decretos y disposiciones emanados de la Junta Provisional Gubernativa.

En ella se destacó por sus iniciativas y reformas el Dr. Mariano Moreno, tanto en su cargo de secretario como también al frente de los asuntos de gobierno y guerra.

En la Universidad de Charcas leyó Moreno trabajos de los filósofos políticos y economistas europeos del siglo XVIII, particularmente de Rousseau, cuyo Contrato Social prologó e hizo publicar en Buenos Aires en una edición castellana.

Inspirado en los ideales de la Revolución Francesa, Moreno sostuvo los principios de libertad e igualdad ante la ley, como también aplicar en política la doctrina de la voluntad general, es decir, de la soberanía del pueblo.

Los patriotas americanos —partidarios aparentes de Fernando VIl— bregaban por aplicar la doctrina jurídica de la Legislación de Indias, que vinculaba el Nuevo Mundo a la Corona y no a la Nación española. De acuerdo con este principio, sostenían que, prisionero el rey, la soberanía recaía en los pueblos «que tenían derecho a darse su propio gobierno».

Moreno escribió al respecto: «La disolución de la Junta Central de Sevilla restituyó a los pueblos la plenitud de los poderes, que nadie sino ellos mismos podían ejercer desde que el cautiverio del Rey dejó acéfalo el reino y sueltos los vínculos que lo constituían centro y cabeza de! cuerpo social: La autoridad del Monarca retrovertió a los pueblos por el cautiverio del Rey». (La Gazeta del 13 de noviembre de 1810.)

Sobre fundamentos de gobierno republicano se inspiró la fórmula política revolucionaria adoptada por los hombres de Mayo, la cual prolongaría su influencia hasta la generación constituyente.

Principios proclamados por la revolución

a) La soberanía popular. En el Cabildo abierto del 22 de. mayo, Castelli y Saavedra sostuvieron los derechos del pueblo para ejercer su soberanía e instalar un gobierno propio.

El elemento popular se hizo presente el día 25 en la sala de acuerdos del Cabildo, y dio a conocer la nómina de los ciudadanos que integrarían la Primera Junta.
El reglamento del 28 de mayo facultaba al pueblo —art. 10?— para comunicarse de palabra o por escrito con cualquiera de los vocales de la Junta.

b) El principio representativo y federalista. El ejercicio del poder por los representantes del pueblo, no sólo de Buenos Aires sino también de las provincias, es un anticipo del sistema representativo y federalista vigente en la Constitución actual.

El artículo 10? del Reglamento del 25 de Mayo convocaba a los cabildos del interior a fin de que eligieran representantes ante un congreso a reunirse posteriormente en Buenos Aires.

c) La división de poderes y periodicidad de los mandatos. De acuerdo con los artículos 6° y 7° del Reglamento del 25 de Mayo, la Junta tendría atribuciones ejecutivas pero no judiciales, pues las últimas estarían a cargo de la Audiencia.

En el citado Reglamento figuran claras disposiciones referentes a la responsabilidad de los miembros de la Junta en el ejercicio de su cargo; así, el artículo 5? deja constancia de que los integrantes del gobierno podrían ser depuestos en caso de que faltasen a sus deberes.

La Junta hizo público su carácter de «provisoria», es decir, que sus integrantes gobernarían por un lapso limitado, hasta que un congreso reunido en Buenos Aires estableciera las autoridades más convenientes (art. 10°).

d) La publicidad de los actos de gobierno. Fue otro de los principios republicanos llevados a la práctica por la Junta; según disposiciones del artículo 8° del Reglamento, todos los meses debía publicarse el estado de le Real Hacienda.

Ante la necesidad de difundir entre el pueblo los principios e ideales de la Revolución, el nuevo gobierno —por obra de Moreno— fundó un periódico semanal titulado Gazeta de Buenos Aires.

En el tercer número, de! 21 de junio, fue publicado un artículo de Moreno sobre la libertad de expresión, el que dice en uno de sus pasajes: «si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia, y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento harán la divisa dé los pueblos».

Fuente Consulatada: HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

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