Fórmula de Heron de Alejandría La Vida en Grecia

Filipo de Macedonia Guerra Con Atenas Batalla de Queronea Causas

Filipo de Macedonia Guerra Con Atenas Batalla de Queronea

Al Norte de Tesalia, detrás del Olimpo, se extiende una llanura mayor todavía que Tesalia, rodeada de montañas que no le dejan más que una salida al mar.

La recorren dos ríos bastante caudalosos que desembocan en el mar en terrenos pantanosos. Al oriente de esta llanura, al otro lado de una cadena de montañas abruptas, se extiende otra, por la que corre un río que los antiguos llamaban Estrimón.

mapa macedonia norte de grecia

Esta región formaba el reino de Macedonia, país continental, con una costa muy reducida y casi desprovista de puertos, país de trigo y de pastos, de aldeanos y de jinetes, como Tesalia.

Esta región formaba el reino de Macedonia, país continental, con una costa muy reducida y casi desprovista de puertos, país de trigo y de pastos, de aldeanos y de jinetes, como Tesalia. Los habitantes apenas se les consideraba helenos. Pero habían adoptado poco a poco los usos de los colonos griegos establecidos en la costa y hablaban una lengua griega.

FILIPO DE MACEDONIA: El año 359 a.C. subió al trono de Macedonia un rey de veintidós años, Filipo. Había pasado tres años en Tebas, a donde Pelópidas le había llevado en calidad de rehén, y allí había estudiado de cerca los ejércitos y la política de los griegos.

Como un griego, era aficionado a las cosas bellas, y como un macedonlo, tenía pasión, por la caza, los caballos y el vino.

Filipo II de Macedonia
Filipo II de Macedonia

En la guerra se hacía admirar por su sobriedad y su vigor, era excelente jinete, intrépido nadador, valiente en la pelea y sufrido en campaña.

En tiempo de paz encantaba por sus maneras afables y su conversación animada, gustando de los prolongados festines y de las conversaciones.

En cuanto subió al trono, trabajó en la organización de un buen ejército.

EJERCITO MACEDONIO: Fillpo formó su ejército, no con mercenarios, sino con sus subditos de Macedonia; la caballería con los nobles, la infantería con la masa del pueblo.

Los hombres más robustos formaban la falange. El rey les proporcionaba las armas. Todos iban equipados lo mismo, casco (kausia), coraza de cuero, escudo pequeño y redondo, espada corta y lanza de seis metros y medio de larga (la sarisa).

En el campo de batalla se colocaban en falange, es decir, en masa regular. -La falange macedónica tenía dieciséis filas de fondo, todas armadas con la sarisa.

Las seis primeras filas sostenían con ambas manos la lanza tendida en dirección del enemigo, de modo que el hombre de la primera fila tenía por delante seis lanza, la suya, que avanzaba seis metros, la del soldado de segunda fila, que le pasaba cinco metros, la del de la tercera, que pasaba cuatro, la del de la cuarta, que pasaba tres, la del de la quinta, dos, y la del de la sexta, uno.

Las últimas filas tenían la lanza derecha, apoyaban a sus compañeros y cubrían bajas.

En caso necesario, las ocho últimas filas hacían frente del lado opuesto, volviendo la espalda a sus compañeros. La falange presentaba entonces por todos lados una línea impenetrable. Se la comparaba con una bestia monstruosa, erizada de hierro, a la que no era posible aproximarse.

Era la falange una masa pesada, de movimientos lentos, que no podía maniobrar más que en terreno llano. Para movimientos rápidos, para acometer alturas, para escalar atrincheramientos, Filipo tenía infantes provistos de un escudo pequeño y armas ligeras.

Los reyes de Macedonia tenían ya una tropa de jinetes, nobles que vivían al lado del rey y formaban su escolta. Se les llamaba hetaires compañeros). Filipo organizó aquella caballería dando a todos las mismas armas, coraza metálica, jabalina y sable. Los hetaires formaban un cuerpo de 800 hombres.

Para sitiar las ciudades, Filipo tuvo cuidado de tener dispuestas máquinas de guerra, catapultas que podían lanzar grandes piedras y tizones encendidos, torres movibles para llegar a lo alto de las murallas.

soldados griegos

El ejército macedónico fue provisto de esta suerte de infantería pesada, de infantería ligera, de caballería y de la maquinaria de guerra más completa que se había visto en Grecia.

Formado al principio por 10.000 hombres solamente, aumentó a medida que Filipo se hizo más poderoso, hasta 30.000 hombres.

Era superior a los demás ejércitos griegos, no solamente por el número y la organización, sino también por la disciplina.

Los soldados griegos temían las largas marchas, no se ponían en campaña sino en primavera, con una cantidad de carros y una muchedumbre de sirvientes tal que llenaban el campamento y retrasaban las marchas.

Filipo obligaba a hacer a sus soldados, con armas y bagajes, marchas de más de 50 kilómetros diarios.

Les prohibía llevar vehículos, no les permitía más que un sirviente por cada diez hombres para los hoplitas, uno para cada jinete en la caballería. Los tenía también en campaña durante el Invierno.

RIVALIDAD ENTRE FILIPO Y LOS ATENIENSES
Atenas se había rehecho poco a poco de los desastres de la guerra del Peloponeso. Desde la caída de los Treinta tiranos, ya no había partido oligárquico enemigo de la constitución, ni más tentativas revolucionarias.

La Asamblea del pueblo gobernaba realmente el Estado, los magistrados eran gentes oscuras y de escasa valía que obedecían a la Asamblea más que la guiaban, y el pueblo desconfiaba de los generales cuya ambición temía y escuchaba con preferencia a los oradores.

Atenas había seguido siendo gran ciudad comercial, había renovado su flota guerrera y trataba de dominar a las ciudades griegas del mar Egeo. No se trataba de dominar a las ciudades griegas del mar Egeo.

No se trataba ya, como en otro tiempo, del Asia Menor, sino del Helesponto y de la Calcídica.

El principal comercio de Atenas era el del trigo. Los atenienses querían dominar el Helesponto, por donde venían los trigos del mar Negro, y la Calcídica, donde se hacía el comercio de Macedonia y la Tracia.

Habían ocupado la mayor parte de las ciudades de la Calcídica (364 a.C), luego el Quersoneso, que les aseguraba el camino del mar Negro (357 a.C).

Aquellas expediciones costaban caras, porque la guerra se hacía a la zazón con mercenarios y había que pagar soldados y marinos.

Atenas no tenía, como en otro tiempo, el tributo de los aliados, y para cubrir los gastos estableció un Impuesto permanente bastante considerable.

Cualquier guerra representaba, por tanto, para los atenienses un colmo de gastos. Se hallaban presos entre el deseo de mantener su dominación, necesaria para su comercio, y el temor de aumentar los impuestos.

La Asamblea dudaba, tan pronto demandaba la guerra como deseaba una política de paz y de economía.

Filipo trató en un principio de ser aliado de Atenas. Habiendo hecho prisioneros a algunos atenienses en un combate, les dio libertad y regalos y escribió al pueblo una carta amistosa.

Pero sus proyectos eran contrarios a los Intereses de Atenas.

Quería extender su reino hasta la costa, necesitaba ciudades griegas de la Calcídica, y Atenas quería conservarlas.

Comenzaron las desavenencias a propósito de la ciudad griega de Anfípolis.

Los habitantes no querían obedecer a Atenas, los atenienses pidieron a Filipo que les ayudara. Filipo aceptó, sitió a Anfípolis, se apoderó de ella y la conservó en su poder.

Luego se dirigió al territorio de las minas de oro del monte Pangeo, lo tomó para explotar las minas y fundó una ciudad fortificada que llamó Filipos (356 a.C). Estas minas le producían, dícese, 10.000 talentos anuales.

Irritados los atenienses le declararon la guerra. Pero las grandes ciudades mercantiles de Asia, aliadas de Atenas, Bizancio, Chíos, Rodas, se negaron a ayudarla.

Estaban cansadas de aquellas alianza que no les servía de nada desde que Esparta ya no era de temer.

Atenas envió una armada para impedir que se separasen. Fue derrotada, y, después de tres años de guerra, se vio obligada a hacer la paz (355 a.C), quedando deshecha la liga del año 377 a.C.

Los atenienses procesaron a sus generales. Perdieron la afición a la guerra, y por espacio de algunos años, sin hacer la paz formalmente, escucharon los consejos de los partidarios de ella y no enviaron más barcos.

demostenes

DEMÓSTENES: Entonces un orador, Demóstenes, trató de convencer a sus conciudadanos para que enérgicamente hicieran la guerra a Filipo.
Era aquel orador hijo de un ciudadano acomodado que poseía una fábrica de armas.

a, que ascendía a 14 talentos y de los que sólo le quedó uno. Pero aprendió el arte de hablar con Iseo, orador célebre, que hacía oraciones de defensa para los tribunales.

GUERRA SAGRADA: Durante más de diez años, Atenas guerreó contra Filipo en las costas de Macedonia sin hacer nada notable. Mientras tanto, los tebanos emprendieron una guerra que llegó a ser general.

Para vengarse de sus vecinos los tocios, ¡es acusaron ante el Consejo de los anflctiones, encargado del patronato del santuario de Apolo en Delfos, de haber labrado un campo sagrado. El Consejo de los anflctiones estaba dominado por los tebanos y condenó a los focidios a pagar fuerte multa (356 a.C).

Un noble focidio, Filomelos, persuadió a sus conciudadanos de que sería vergonzoso someterse a tan injusta sentencia.

Citó un verso de Homero que probaba que los focidios habían tenido en otro tiempo la guarda de «la rocosa Pytho», es decir, del santuario de Delfos, y les indujo a recuperarla. Los focidios le nombraron general y se negaron a pagar la multa.

Filómelos fue a Esparta, se entendió con el rey Arquidamos, recibió 15 talentos y volvió a la Fócida. Allí alistó soldados y se apoderó de Delfos.

Mató a los guardianes del templo e hizo borrar de las actas el decreto contra los focidios.

Rodeó el templo con una muralla y envió a decir a todas las ciudades griegas que los focidios reclamaban solamente la custodia del templo.

El Consejo de los anfictiones decretó la guerra contra los sacrilegos y se la llamó guerra sagrada. Casi todos los pueblos griegos se unieron contra los focidios, excepto Esparta que les envió 1.000 hombres, y Atenas que mandó salir a su flota para auxiliarles.

Para luchar contra aquella liga, los focidios se decidieron a tomar el dinero de Apolo depositado en el templo de Delfos, y de él se sirvieron para alistar un ejército de 10.000 soldados.

Fócida es una región de la Grecia Central que se corresponde con una región histórica de la Antigua Grecia que incluía la ciudad de Delfos y que se situaba entre la Lócrida, la Dórida y la Beocia

Entonces comenzó una lucha salvaje, en que se degollaba a los prisioneros como sacrilegos, y después de los combates, los vencedores, contra lo que se acostumbrara entre los griegos, se negaban a entregar los muertos para enterrarlos.

Los focidios rechazaron a los locrios y a los tesalios, pero los beocios Invadieron la comarca. Filomelos, para no caer vivo en sua manos, se arrojó desde lo alto de una roca del Parnaso y se mató (354 a.C).

Onomarcos, que fue su sustituto, se apoderó de lo que quedaba de los tesoros de Delfos y con ello hizo monedas de plata. Pudo comprar aliados en las ciudades griegas y rehizo un ejército que condujo a Beocia.

Los anfictiones pidieron auxilio a Filipo de Macedonia. Onomarcos fue a su encuentro en Tesalia y le rechazó.

Pero volvió Filipo con 20.000 infantes y 3.000 jinetes. Sus soldados entraron en batalla con una corona de laurel en el casco, indicando que combatían en favor de Apolo.

Aquella vez el ejército focidio fue derrotado. Seis mil hombres perecieron, 3.000 quedaron prisioneros y fueron arrojados al mar como sacrilegos.

El cadáver de Onomarcos fue crucificado (352 a.C).

Quiso Filipo aprovechar la ocasión para apoderarse de las Termopilas, pero Atenas envió en su flota 4.000 hoplitas que se establecieron en el desfiladero, y ello bastó para que el macedonio retrocediera (352 a.C).

FILIPO ENTRA EN EL CONSEJO DE LOS ANFICTIONES: Había en Atenas un partido numeroso que deseaba la paz, y en este partido figuraban hombres de talento, oradores, Eubulo, Esquines, Demades, Isócrates, y un general, Foción Isócrates había compuesto un discurso acerca de la paz.

Le afligía ver pelearse a los griegos en vez de unirse contra los bárbaros. Habría deseado que el rey de Macedonia, el más poderoso de los griegos, se pusiera al frente de una liga de todos los helenos para combatir al rey de Persla.

Foción, a la vez general y orador, respetado por su probidad y su vida austera, juzgaba la situación como hombre práctico.

Creía que Atenas no era bastante fuerte para luchar contra Filipo y que se exponía Inútilmente declarándose enemiga del macedonio. «Atenienses, decía, os aconsejaré hacer la guerra cuando estéis en disposición de hacerla».

El principal adversario de Demóstenes en la Asamblea era otro orador, Esquines. Era de rancio abolengo pero estaba arruinado. Su padre había servido como soldado.

El mismo, en su juventud, fue escribano, copista y actor. Luego llegó a ser uno de los oradores más influyentes de Atenas. Sus enemigos le acusaban de haberse dejado corromper por Filipo. Poseía fincas en Macedonia, diciéndose que el rey se las había regalado.

Después de la ruina de Olinto, los atenienses, Inquietos, enviaron una embajada de diez ciudadanos a Filipo.

Entre ellos iban Demóstenes y Esquines. Entonces se indispusieron y se acusaron mutuamente de haber traicionado los intereses de la patria.

Filipo recibió graciosamente a los enviados, y hasta se decía que les hizo ricos presentes. Se declaró dispuesto a concertar la paz. La Asamblea ateniense aceptó sus proposiciones y la paz fue concertada.

La guerra de Fócida seguía siempre. Con los objetos de oro y plata consagrados a Apolo en el templo de Delfos, los focidios habían alistado nuevo ejército de mercenarios.

Tebas llamó contra ellos a Filipo, que llegó con su ejército. El general focidio no intentó combatir, sino que capituló con 8.000 soldados, a condición de poder retirarse libremente.

Filipo pasó las Termopilas y reunió el Consejo de los anfictiones, que sentenció que las 22 ciudades de Focidia habían de ser destruidas, los focidios no tendrían derecho a habitar más que en aldeas, sus ejércitos serían licenciados y sus caballos vendidos, y que pagarían cada año 50 talentos al templo de Delfos.

Los dos votos que los focidios tenían hasta entonces en el Consejo se les quitaron y se dieron al rey de Macedonia (346 a.C). Filipo presidió ese año los juegos Píticos, en Delfos.

BATALLA DE QUERONEA
Filipo siguió conquistando las costas de Tracia y de Tesalia que tocaban a su reino. Llegó así hasta ei mar Negro.

Mientras tanto, Demóstenes iba por todos lados en embajada, buscando enemigos contra Filipo. Logró la alianza de las grandes ciudades mercantiles: Blzancio, Chíos, Rodas. El pueblo, agradecido, le concedió una corona de oro.

Filipo puso entonces sitio a Bizancio. Los atenienses enviaron 120 naves en auxilio de la ciudad (340 a.C.) Filipo hubo de levantar el cerco y regresó a Macedonia (339 a.C).

Pero otra guerra sagrada le proporcionó ocasión de volver a Grecia. Las gentes de Anflsa se preparaban a acusar ante los anfictiones al pueblo de Atenas. Esquines, delegado de Atenas en aquel consejo religioso, respondió acusando a los de Anfisa de haber cultivado un campo consagrado a Apolo y les hizo declarar la guerra.

Los anfictiones nombraron a Filipo general en jefe. Filipo entró en la Fócida, como para marchar sobre Anfisa, y luego, volviéndose bruscamente, se estableció en Elatea, en lo alto del valle del Ceflso. Desde allí dominaba el camino de Tebas (339 a.C).

Llegó la noticia al oscurecer a Atenas. Inmediatamente se encendieron hogueras en el Acrópolis para avisar a las gentes del campo, y los heraldos recorrieron las calles tocando la trompeta.

Al despuntar el día, la Asamblea se reunió en el Pnyx. Los magistrados mandaron referir la toma de Elatea. Luego el heraldo, según costumbre, pronunció las palabras de ritual: «¿Quien quiere tomar la palabra? » Todos los asistentes callaban.

Demóstenes subió a la tribuna y propuso ir contra Filipo. La Asamblea aprovó y votó el decreto que el orador habría redactado. Se decidió que todos los ciudadanos se armasen y ofrecer a los tebanos la alianza para contener a Filipo.

Demóstenes fue enviado a Tebas. Allí encontró a los enviados de Felipo, que ofrecía a los tebanos repartirse el botín si querían dejarle pasar.

Fue tan elocuente que decidió a los tebanos a aliarse con los de Atenas, pero hubo que prometerles el mando en jefe del ejército aliado y la dominación de Beoda. Los ejércitos de Atenas y de Tebas se reunieron y Filipo se detuvo.

Pero, al año siguiente, habiendo destacado los aliados 10.000 hombres sobre Anfisa, Filipo los sorprendió en los desfiladeros de la montaña, cayó sobre Anfisa, la tomó y destruyó, «odavía ofreció la paz, que Foción quería fuese aceptada. Demóstenes le dijo: «Ten cuidado, no se enfaden los atenienses».

Foción respondió: «Ten cuidado tú, si recobran el juicio».

Los atenienses escucharon a Demóstenes y le concedieron una corona.
De pronto Filipo, valiéndose de una estratagema, descendió a las llanuras de Beoda. Los aliados fueron a su encuentro y se peleó cerca de Queronea.

Filipo tenía 30.000 infantes y 2.000 jinetes, el ejército de los aliados era al menos igual en número. Los atenienses formaban el ala izquierda, los tebanos el ala derecha.

En el centro se había puesto a los mercenarios. El hijo de Filipo, Alejandro, estaba frente a los tebanos, Filipo frente a los atenienses. Alejandro atacó a los tebanos y los derrotó, el batallón sagrado se hizo matar en su puesto. Los atenienses, vencedores al principio, se desbandaron persiguiendo al enemigo.

Filipo los sorprendió en aquel momento, 1.000 fueron muertos, 2.000 hechos prisioneros, los demás huyeron. Entre los fugitivos estaba Demóstenes, que servía como hoplita a pesar de sus cuarenta y ocho años (338 a.C).

En el campo de batalla se erigió un león de piedra para recordar el valor de los guerreros caídos en la derrota y Demóstenes fue encargado de pronunciar la oración fúnebre de los soldados atenienses.

FILIPO GENERAL EN JEFE OE LOS GRIEGOS: La noche de la batalla de Queronea, Filipo ofreció un sacrificio gratulatorio a los dioses, y en el banquete que vino después, se embriagó.

Llegó, dícese, con la cabeza coronada de flores, donde estaban los prisioneros para burlarse de ellos.

El orador ateniense Demades se encontraba entre ellos: » ¡Y bien, dijo a Filipo, la fortuna te ha dado el papel de Agamenón y desempeñas el de Tersito! » (Agamenón, en la Ufada, es el jefe de los griegos.

Tersito es un bufón por todos despreciado). El rey se avergonzó y tiró al suelo las coronas.

Filipo se condujo generosamente con los atenienses, a los que siempre había estimado. Dio libertad a todos los prisioneros sin rescate y hasta les dio ropas. Mandó recoger las cenizas de los muertos y las envió a Atenas con una embajada que iba a ofrecer la paz.

Las condiciones eran mejores de las que se hubiera podido esperar. No quitaba a Atenas más que el Quersoneso, le dejaba sus restantes posesiones y le daba Oropos, que quitaba a los tebanos. Atenas seguía siendo independiente y quedaba como aliada de Filipo.

La Asamblea aceptó la proposición con alegría. Para dar fe de su agradecimiento, dio a Filipo el título de ciudadano de Atenas y decidió colocar su estatua en la plaza del Mercado con la inscripción: «Al bienhechor de la patria».

Filipo fue más duro para Tebas. No le entregó sus prisioneros sino mediante rescate, le quitó su dominio sobre las demás ciudades de Beocia, la obligó a recibir una guarnición macedonia en la cludadela (la Cadmea) y a llamar a los desterrados.

Aquellos desterrados, al volver, se apoderaron del gobierno y se vengaron condenando a muerte a los jefes del partido vencido.

Ya no detenía nada a Filipo, que entró en el Peloponeso. Sus aliadas. Argos Mesena, la Arcadia, le recibieron con alegría. Llegó hasta la Laconia, saqueó el país y quitó a Esparta todos los territorios que había conquistado en otro tiempo.

En honor a Filipo se edificó en Olimpia un monumento en forma de rotonda, el Fillipelón, en el que se colocó su estatua hecho de oro y marfil.

Filipo convocó en Corinto a los enviados de las ciudades griegas. Todas enviaron representantes, excepto Esparta.

Se concertó una alianza entre todos los helenos y el rey de Macedonia, Todas las ciudades griegas habían de permanecer autónomas, todas tenían derecho a navegar por los mares.

Se reunirían en Corinto para la resolución de los asuntos comunes y el Consejo de los anfictiones resolvería las competencias.

Se decidió que los aliados harían en común la guerra contra los persas, que en la época de las guerras médicas habían violado los santuarios griegos. Filipo fue nombrado general en jefe de los helenos.

La hegemonía, disputada entre Esparta, Atenas y Tebas, había pasado al rey de Macedonia. El Iba a reanudar las guerras médicas.

MUERTE DE FILIPO:  Filipo había situado guarniciones en los puestos importantes, en Tebas, en Calcis, en Corinto. Volvió a Macedonia para preparar su expedición a Asia.

Estaban los preparativos casi terminados y Filipo daba grandes fiestas para celebrar el matrimonio de su hija Cleopatra con su cuñado el rey de Epiro.

Una mañana, después de un gran banquete, la multitud se reunió en el teatro.

Desde el amanecer, se vieron avanzar en procesión las estatuas de los doce grandes dioses sentados en tronos magníficamente adornados. Seguía una décima tercera estatua, la de Filipo, igualmente en un trono. Llegó el mismo Filipo vestido de blanco.

Entonces un asesino, oculto en los pasillos con una espada bajo las ropas, se arrojó sobre él, le hirió entre los costados y le dio muerte. No tenía más que cuarenta y siete años:
El asesino era un macedonio noble y joven, Pausanias, que había sido insultado por Átalo, suegro del rey, y no había podido obtener justicia de Filipo (336 a.C).

Biografia Hieron II de Siracusa

Biografia Hieron II de Siracusa

La figura de Hierón II, uno de los últimos tiranos de Siracusa, se sitúa en uno de los momentos más importantes de la historia de Sicilia y de la pugna general entre los pueblos itálicos y los africanos u orientales por el dominio de las aguas del Mediterráneo.

Cabe recordar aquí los hechos de su homónimo y predecesor en el gobierno de Siracusa, Hierón I (478-467), el cual, aprovechando el famoso triunfo obtenido por su hermano Gelón sobre los cartagineses en Himera (480), logró restaurar el poder de Siracusa, salvar a los griegos de la Campania de la amenaza etrusca y acabar con la hegemonía de Etruria en aguas del Mediterráneo (batalla de Cumas, 474).

hieron de siracusa

Pero así como Hierón I representa un instante álgido de la vida de la Magna Grecia, Hierón II vive en una época de decadencia y transición, en un puente tendido desde la amenaza de ocupación cartaginesa de la isla a la efectiva incorporación de Sicilia al Estado romano.

Es el hombre de la primera guerra púnica, el contemporáneo de la lucha entre Roma y Cártago por la isla del trigo.

Hijo ilegítimo de un aristócrata siracusano, denominado Hierocles, quien se reputaba descendiente del vencedor de Himera, Hierón demostró muy pronto sus excepcionales dotes de organizador y guerrero.

Todavía en plena juventud, pues acababa de cumplir veinte años, mereció la confianza del pueblo y del ejército siracusano, quienes lo elevaron a la dignidad de comandante en jefe de aquellas armas (275).

En efecto, habíase distinguido sirviendo a las órdenes de Pirro de Epiro, cuando este caudillo pasó a Sicilia para reclamar la herencia de su suegro Agatocles, tirano de Siracusa, asesinado en 289.

Las campañas de Pirro en Sicilia (279-276) habíanse caracterizado por los rasgos habituales en el epirota: grandes victorias sin resultados prácticos. Al abandonar la isla, Pirro dejaba desamparados a los de Siracusa, en particular frente a los mamertinos de Sicilia, sus odiados rivales.

En tan apurado trance, Hierón reveló sus altas dotes militares. Al cabo de algunas operaciones, conducidas con mano maestra, el joven general siracusano logró deshacer a los ma-mertinos en la disputada batalla de Mylae (271).

Este triunfo le habría proporcionado la conquista de Mesina, si los cartagineses no se hubieran opuesto al excesivo engrandecimiento de Siracusa. No obstante, el éxito fue recompensado debidamente, ya que el pueblo siracusano confirió a Hierón el título de rey.

Desde entonces gobernó con generosidad, tacto y suma prudencia, a pesar de las dificultades y complicaciones de la situación internacional. Roma acababa de conquistar Tarento (272) y se aproximaba a Sicilia con la ocupación de Reggio.

Los cartagineses contra-restaban la ofensiva romana apoderándose de la ciudadela de Mesina, llave de la isla frente a Italia. Esto bastaba para provocar la lucha entre el elefante romano y la ballena cartaginesa, cuyos antagonismos procedían de una discrepancia secular en el Mediterráneo.

En la primera fase de la contienda, que se inició en 264, Hierón fue aliado de los cartagineses, sus amigos recientes, a causa de la mutua animadversión contra los mamertinos de Sicilia. Sus tropas participaron en el asedio de Mesina, que fue levantado por el cónsul Apio Claudio.

Entonces, Hierón tuvo que refugiarse en Siracusa, en donde tomó la resolución de abandonar la causa de Cartago por la de Roma. Su sagacidad política no le engañaba en la previsión de quién sería el futuro vencedor.

Así pues, firmó un tratado de alianza con Roma, por el que esta potencia le reservaba su dominio en el ángulo sudoriental de Sicilia y en la costa oriental hasta Tauromenio (263).

Desde entonces fue un fiel aliado de Roma, a cuyos ejércitos ayudó con material y abastecimientos. En la paz de 241, que confirmaba la victoria obtenida por Roma en la primera guerra púnica, se hacía constar explícitamente que los cartagineses no harían la guerra a Hierón y que respetarían las posesiones del reino siracusano.

Hasta su muerte, Hierón rigió pacíficamente los destinos de Siracusa. Dio a sus Estados gran prosperidad material, que ha sido cantada por el gran poeta Teócrito.

Reforzó la marina de guerra e impulsó los trabajos de Arquímedes para la construcción de aparatos y reductos defensivos. ¿Temía una próxima agresión de Roma? . No es probable, aunque después de su muerte, acaecida en 216, las imprudencias de sus sucesores la hicieron inevitable. Siracusa cayó en poder de Roma en 212, después de un asedio memorable.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Juan Knox
Biografia de Lutero
Biografia de Calvino
Biografia de Pirro de Piro
Biografia de Epicuro
Biografia de Aristofanes
Biografia de Tucidides
Biografia de Juliano El Apostata

La Musica en Grecia Antigua Instrumentos Resumen

Resumen Sobre La Música en Grecia Antigua

Música griega. La música ha sido una actividad cultural bastante importante en la vida de los griegos, y gracias a varios frescos, cerámicas pintadas , referencias de algunos músicos célebres en aquel tiempo y de los instrumentos empleados encontrados,  hoy se puede reconstruir la historia musical de Grecia Antigua, pero de todas maneras todavía es muy poco lo que se sabe acerca de su música, música que ha sido también influenciada por las civilizaciones contemporáneas de la región, como fue la etrusca, mesopotámica y egipcia.

En la vida cotidiana tenía mucho valor la música, pues la utilizaban en las bodas, funerales, fiestas religiosas, nacimientos y cualquier otro acontecimiento que surgiera de importancia en sus vidas. Se reunían para cantar y bailar al son de instrumentos de aire como la flauta de Pan (ver abajo la imagen). Grandes pensadores de la ápoca le atribuían un importantes significado espiritual para el alma humana.

musica griega-flauta

Se cree que se empezó  a escribir música entre el siglo V y el IV a.C., mediante un sistema alfabético que distinguía las notaciones vocales de las instrumentales, pero la composición y la transmisión sigueron siendo sobre todo orales.

Recordemos el origen de la propia palabra música que procede de la denominación Musas, las hijas de Zeus que inspiraban la creación y eran dirigidas por Apolo, el dios de la poesía y las artes. También hoy en día se tiene cierta idea de cómo sonaba la música en ese tiempo ya que se han encontrado numerosos fragmentos de la notación musical. Es impotante conocer que la música er material de estudio obligatorio en las escuelas de grecia.

Se considera como el fundador de la música griega a Terpandro de Lesbos, que vivió entre los años 700 y 650 antes de Jesucristo. Estableció en Esparta la primera escuela de música que existió en Grecia.

A la lira de cuatro cuerdas, corriente en su tiempo, añadió tres más y la música de este instrumento perfeccionado llegó a ser muy popular. Taletas de Creta, que le sucedió, fundó también otra escuela de música en Esparta y ejerció allí gran influencia, derivada del poder de su arte sobre los ciudadanos. Arquíloco de Paros (al par que el propio Terpandro) ganó premios en los concursos musicales celebrados en los juegos Píticos.

Timoteo de Mileto (446-357) fue un músico muy celebrado y añadió otras cuatro cuerdas a la lira, que vino a ser. con esta reforma, un instrumento de once cuerdas. Transformó grandemente la música instrumental, que llegó a hacerse muy complicada en sus procedimientos. Este artista es personaje distinto del flautista homónimo suyo que floreció en tiempos de Alejandro. Además de la lira, se usaban la flauta y la flauta de Pan o siringa.

De estos instrumentos existía variedad de clases, según su forma y materiales de que estaban hechos. En tiempo de Pericles, la música era de obligatorio aprendizaje para las personas educadas, y la ignorancia de ese arte era considerada públicamente como un demérito. Pericles fomentó su estudio erigiendo el Odeón, edificio destinado a efectuar ensayos y audiciones de la música coral antes de las representaciones teatrales. El tañer la flauta estuvo muy en boga en aquella época y se gastaban grandes sumas en la adquisición de un buen instrumento. Tanto se complicó la ejecución de música en la flauta, que motivó la animosidad de Aristóteles contra la música en general.

No se puede formar un juicio firme sobre la calidad de la armonía griega por la carencia de datos concretos, pero puede aventurarse la hipótesis de que un pueblo tan ingenioso y cultivado en otros aspectos artísticos y tan amante de la poesía y al que por sus ritos religiosos y reuniones sociales tantas ocasiones favorables se le presentaban para practicar el arte musical, sin duda debió alcanzar en él grandes progresos.

Los principales autores griegos relacionados con la música son; el poeta Homero, los trágicos Sófocles y Eurípides y los filósofos teóricos Platón, Aristóteles y Pitágoras.

Los instrumentos mas comunes:

Instrumentos de  cuerda. Lira-Cítara-Pandura: según la leyenda, Hermes mata a una tortuga y a unos bueyes, propiedad de Apolo, y con ellos construye la lira. Apolo decide matar a Hermes que, para aplacarlo, usa su lira. Apolo queda obnubilado y decide así convertirla en instrumento. La lira tenía dos versiones: una de uso íntimo y, más grande, la cítara, para la gente del espectáculo. Del phormix de cuatro cuerdas viene la cítara de siete que se tocaba de pie. Después el laúd. El salpinx era otro instrumento de cuerda, de origen etrusco.

lira con una tortuga

Lira Griega con un Caparazón de Tortuga

Resultado de imagen para historiaybiografias.com citara

Cítara Griega

Instrumentos de viento. Flauta – trompeta – syrinx (siringa): Atenea era la intérprete de este instrumento, que causaba grandes carcajadas por parte de Afrodita y Hera porque se le inflaban los mofletes al tocarla. Al deshacerse de ella es descubierta por Marsias, un fauno, que desafía a Apolo contra su instrumento, quien será derrotado. La trompeta deriva del mismo mito y normalmente era de cuerpo metálico con embocadura acampanada. La syrinx o flauta de pan era dedicada a lo pastoril, a diferencia de la flauta doble o aulós.

musica griega

Flauta Griega

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/musica_gruega2.jpg

Siringa Griega o Flauta de Pan

Resultado de imagen para historiaybiografias.com pitagoras

Pitágoras de Samos (585-479 a.C.) consideraba la música como «una medicina para el alma».

La armonía musical: Pitágoras fundador de la escuela pitagórica, descubrió que existe una estrecha relación entre la armonía musical y la armonía de los números ,  y enseñaba su teoría musical como funadamento para la educación moral o del espíritu.

La teoría musical de Pitágoras, para explicarla en términos sencillos, se basaba en las matemáticas, si pulsamos una cuerda tirante obtenemos una nota. Cuando la longitud de la cuerda se reduce a la mitad, es decir en relación 1:2 obtenemos una octava. Si la longitud era 3:4 obtenemos la cuarta y si es 2:3 tenemos la quinta. Las doctrinas de Pitágoras influyeron mucho en Platón.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena – Tomo I Edades Antigua y Media

Reparto del Imperio de Alejandro Magno Los Diádocos Sucesores

Desmembramiento del imperio de Alejandro Magno

INTRODUCCIÓN: La prematura muerte de Alejandro y la circunstancia de no haber dejado sucesor plantearon el grave problema de  la sucesión  legítima.

El vasto imperio comprendía: en Europa, Grecia, Macedonia y Tracia; en África, el Egipto y en Oriente, Asia Menor, Siria, Caldea, Irán y parte de la India.

Luego de la desaparición del conquistador, los únicos que podían sucederlo eran su hermano imbécil Arrideo y un hijo que dio a luz su viuda. Como ambos no estaban en condiciones de gobernar, los generales —que se disputaban el trono— eligieron regente a Pérdicas.

La unidad del gran imperio no tardó en romperse y durante veinte años los generales lucharon entre sí para adueñarse del poder.

Muerto Alejandro, dividieron él territorio y, con el título de diádocos (es decir, sucesores), gobernaron en la forma siguiente: Antígono, que era el más poderoso, quedó al frente del Asia; Antipater, de Grecia y Macedonia; Lisímaco, de Tracia, y Ptolomeo, de Egipto.

ALEJANDRO MAGNO

Como Antígono pensaba erigirse en amo absoluto de todo el imperio, los otros diádocos se coaligaron contra él y lo vencieron en la batalla de Ipso (año 301 a. C). Al término de las diversas luchas el imperto quedó desmembrado en los siguientes reinos:

a) el de Siria, que correspondió a los Seléucidas o descendientes del general Seleuco;
b) el de Egipto, que fue gobernado por los Lágidas o sucesores de los Ptolomeos, y
c) el de Macedonia, que correspondió a los Antigónidas o descendientes de Antígono.

Aprovechando las guerras, algunas ciudades griegas pretendieron recobrar su independencia, pero no tuvieron éxito en sus intentos, porque otras luchas civiles se originaron en la Hélade y destruyeron el esfuerzo común.

Esta debilidad política y militar favoreció los designios de una nueva potencia: Roma, que primero sometió a Macedonia y finalmente a Grecia, la cual pasó a ser una provincia romana con el nombre de Acaya  (año  146  a. C).

Batalla de Ipso, combate bélico que tuvo lugar en Ipso (zona central de Asia Menor), en el 301 a.C., durante la lucha por el poder que siguió a la muerte del rey macedonio Alejandro III el Magno y que enfrentó a los principales ex generales de éste. Las tropas macedonias de Antígono Monoftalmos lucharon contra las fuerzas conjuntas de Tolomeo I, Seleuco I y Lisímaco.

LA HISTORIA DEL REPARTO DEL IMPERIO

Alejandro había muerto sin designar sucesor; según refiere la tradición, lo más que hizo fue legar su Imperio al «más digno».

De su familia, sólo había junto a él un hermanastro tarado y un hijo póstumo, que debía nacer de Roxana.

Pero sus generales —los diadocos—, reunidos en Babilonia, aunque no querían dislocar el Imperio y repartirse sus despojos, no aceptaban la superioridad de ninguno de ellos sobre los otros, y acabaron por recurrir a la lucha armada.

Desde el principio, Occidente y Oriente estuvieron, prácticamente, separados; Pérdicas tenía la «regencia», el ejército y Asia; Antípater recibió Europa y las finanzas; los otros se repartieron simples «misiones» locales: Tolomeo, Egipto; Antígono, Asia Menor; Lisímaco, Tracia.

Pérdicas, que quiso asumir concienzudamente su papel de regente, fue en seguida asesinado por Seleuco, y poco después, en el año 321 a. de J. C, se llegó a la primera escisión oficial.

La muerte de Alejandro Egos, el hijo del héroe, enterró para siempre toda esperanza de restauración del poder.

Fue un período trágico, en el curso del cual el antiguo Imperio macedónico fue agitado por sobresaltos sangrientos. La batalla de Ipso, en el año 301 a. de J. C.—una de las más importantes de la antigüedad—, mostró definitivamente la imposibilidad de unir Europa y Asia.

Cuando, en el año 275 antes de J. C, las nubes se desgarraron por fin, el aspecto del mundo se había modificado completamente.

Tres grandes monarquías subsistían: el reino de Macedonia en Europa, con la dinastía de los Antigonidas; el de los Seléucidas, en Asia; y el de los Tolomeos, o Lágidas, en Egipto.

Un cuarto reino, el de los Atálidas, debía formarse más tarde en Pérgamo, en Asia Menor. Sin embargo, la paz no se impuso por ello; aunque nadie soñaba ya con el Imperio universal, muchos territorios seguían en litigio.

En estas luchas confusas, Egipto sería frecuentemente causa de problemas, pues su riqueza le permitía sostener rebeliones.

El fue el principal responsable de los constantes conflictos que agotaron los reinos helenísticos y precipitaron su ruina.

El fue, también, el único que volvió a su antigua tradición: los reyes de la dinastía de los Tolomeos se hacían coronar faraones.

También Grecia había recuperado sus costumbres seculares: sus ciudades cambiaban muchas veces de señores; intentaban, en vano, recobrar su independencia; veían sucederse los regímenes democráticos, aristocráticos, oligárquicos, tiránicos…

Atenas, aunque había perdido su superioridad económica, continuaba siendo la capital intelectual, mientras que las antiguas ciudades, obstinadas en sus querellas políticas, se deslizaban hacia una irremediable decadencia.

Otras, en cambio, se afirmaban, como Bizancio, Rodas y Quíos. Grecia, sin embargo, no se integraría nunca en Macedonia.

Esta, a causa de su acceso al mar Adriático, por una parte, y al Helesponto, por otra, hubiera podido desempeñar un papel económico de importancia, si la oposición de las ciudades helenas no lo hubiera impedido.

Poco a poco, se vio reducida a la situación de Estado secundario, pero sus soberanos podían enorgullecerse de haber sido, a pesar de sus débiles recursos, el escudo del mundo griego contra los bárbaros del Norte.

La monarquía Seléucida, orientada primero hacia Asia Central, se aproximó luego al Mediterráneo: sus dos capitales fueron Seleucia, junto al Tigris, y, con creciente importancia, Antioquía, unidas ambas por la gran vía del Eúfrates.

Era un mosaico de pueblos, de ciudades, de razas, de religiones: pueblos  indoeuropeos y semíticos; lenguas persa, aramea y griega; religiones de Zoroastro, de los judíos, de los Baales sirios; Estados teocráticos de los Sumos Sacerdotes de Judea y de Capadocia, monarcas locales, y ciudades griegas de Asia Menor.

La monarquía constituía el único elemento aglutinador; era absoluta, y, a causa de las influencias orientales, se apoyaban sobre un verdadero culto regio.

La tarea de los soberanos resultaba ruda, y es admirable que consiguieran mantenerse durante tanto tiempo y helenizar parte de Asia.

A expensas de los Seléucidas, se formó, en el año 240 a. de J. C, el reino de Pérgamo: Átalo I había tomado el título de rey, y este Estado —que duraría cien años, hasta que Átalo III lo legó a los romanos—fue administrado con ciencia y sabiduría. Muy poderoso, comprendía, en su período de apogeo, Misia, Lidia, Caria y Pisidia.

El nombre helenístico iba a desaparecer bajo los golpes de Boma: ésta iba a volver sus miradas, a partir del año 212 antes de J. C, hacia el Mediterráneo oriental, englobando en su órbita, una tras otra, a todas las monarquías surgidas de las conquistas de Alejandro.

LOS SUCESORES DE ALEJANDRO MAGNO

La personalidad de Alejandro Magno era tan abrumadora que sus compañeros se sentían eclipsados. Después de su desaparición, surgieron brillantes individualidades, tan fuertes, que se enfrentaron, como ya hemos visto, en luchas implacables.

Entre ellas destacaron las siluetas de Antígono y de su hijo Demetrio, llamado Poliorcetes, es decir, «sitiador de ciudades».

Antígono, que ya era anciano cuando murió su rey, quiso dominar Asia; su ambición, a pesar de que no tenía la misma amplitud que la de Alejandro, hace pensar, a veces, en los vastos proyectos de este último.

Ciertamente, su imaginación era menos generosa, y su concepción de las cosas, menos atrevida: sólo buscaba ejercer su poder sobre las regiones ya anexionadas por el helenismo, y mientras que Alejandro había hecho surgir en él un hombre nuevo para reinar sobre subditos nuevos, Antígono continuaría siendo siempre un macedonío.

Durante el poco tiempo que pudo consagrarse a su efímero Imperio, se mostró lleno de firmeza y de sabiduría, pero, desgraciadamente, su ambición sin límites suscitó sucesivas coaliciones contra él.

Fue vencido, en el año 301 a. de J. C, por las fuerzas coaligadas de Seleuco y de Lisímaco, en Ipso, (Frigia); su derrota destruyó para siempre el sueño de un Imperio único, y el viejo «diadoco»—tenía entonces ochenta años— puso fin a sus días.

Su hijo Demetrio, infatigable y errante, hizo temblar durante diez años al mundo y a sus adversarios.

De inteligencia aún más notable que la de su padre, su inestabilidad y su fogosidad irreflexiva fueron causa, a veces, de desastres: este gran «condottiero» fue responsable, en parte, de la derrota de Ipso.

Quería recrear el imperio de Antígono, pero se dejó arrastrar por los acontecimientos, aprovechando hábilmente todas las circunstancias favorables, pero descuidando luego el aprovechamiento del fruto de sus victorias.

Seducía a todos con la nobleza de sus maneras y la generosidad de su corazón, pero cansaba a sus amigos con su orgullo indomable.

Amado por las mujeres a causa de su belleza, las abandonaba tan pronto como se le sometían, provocando escándalos por sus célebres relaciones con cortesanas.

Tras conquistar Atenas, Grecia y el mar Egeo, sucumbió bajo los golpes de Seleuco, en el año 289 a. de J. C, y su vida, heroica y novelesca a la vez, terminó miserablemente en una prisión.

Mucho después se afirmó la personalidad de un gran soberano, Antíoco Epifanes, que imperó sobre el reino seléucida desde 175 a 164 a. de J. C. A los doce años fue entregado como rehén a Roma por su padre Antíoco III, y continuó siendo romano por su aire democrático y por la toga, que vestía siempre.

Pero resultaba muy oriental por el fasto y el despotismo, a veces cruel, que ejerció sobre sus subditos; por otra parte, él se consideraba griego: era un apasionado de la filosofía, la cultura y el arte helenos.

Este extravagante fue considerado por muchos como un medio loco: no comprendía las tendencias híbridas que hacían tan complejo a este personaje, por lo demás, lleno de egudeza y de voluntad.

Cuando estaba a punto de conquistar Egipto, se lo impidió la insolente intervención del cónsul romano Popilio Laenas, que lo encerró en el círculo trazado sobre el suelo con una varilla, diciéndole: «No saldrás de este círculo hasta que hayas obedecido»; de este día data el fin de la independencia moral de los seléucidas.

Antíoco, queriendo luchar contra esta influencia, intentó reducir a los judíos—en esta época se sitúa el episodio del martirio de los siete hermanos Macabeos y de su madre—, pero esta lucha implacable acentuó la decadencia de la dinastía, que no debía contar en adelante con ningún monarca digno de este nombre.

Fuentes Consulatadas.
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX
HISTORIA 1 de José Cosmelli Ibáñez Edit. Troquel

La Cultura Helenística Ciencia Arte Arquitectura Su Legado

Características De La Cultura Helenística

Recibe el nombre de helenismo el período de tres siglos comprendido entre la muerte de Alejandro y la conquista del mundo antiguo por los romanos, lapso en el cual la cultura griega se propagó hacia el Oriente, ganando en extensión y perdiendo en pureza.

Esta nueva y última fase del desarrollo cultural griego, también llamada civilización helenística, contó con sus focos más brillantes en el Egipto y Asia Menor.

La fusión de los elementos materiales y espirituales griegos con los asiáticos dio origen a un mundo nuevo en el que se produjeron hondas transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales. En especial, se desarrollaron con nuevo vigor las ciencias, las artes, la literatura y la filosofía.

La civilización helenística procedía directamente de la Grecia clásica, de la que conservaba la lengua, los géneros literarios,el estilo artístico. Se extendió, sin embargo, sobre un área mucho más vasta, y, por ello, escapó al particularismo de la Hélade y se hizo muy cosmopolita.

Las grandes ciudades acogían comerciantes, intelectuales y artistas de todas partes, y los monarcas, cuyo origen era común, pues todos procedían de la conquista macedónica, se sentían emparentados, a pesar de sus discordias; mantenían relaciones familiares, y, como consecuencia de ello, filósofos, poetas y artistas iban de una corte a otra.

FILOSOFÍA Y CIENCIA: Los griegos se encontraban, sin embargo, en contacto con las viejas culturas orientales.

En el dominio espiritual, sobre todo, el Oriente influyó sobre el helenismo: los macedonios fueron sensibles al misticismo de los pueblos vencidos, pues la decadencia de la religión cívica y el olvido de los grandes dioses del panteón clásico los habían dejado sin asistencia espiritual.

El individuo desarraigado buscaba, igualmente, una regla de moral individual; de aquí el éxito de las dos grandes filosofías nacidas sobre el suelo de Grecia por aquella época: el epicureismo y el estoicismo.

El Ática, empobrecida política y económicamente, recogía, así, la herencia de Sócrates: los epicúreos afirmaban que ¡os dioses no eran temibles, aconsejaban al hombre que se consagrara a la sabiduría, a la amistad, a los placeres sencillos; los estoicos, más ambir ciosos, preconizaban la impasibilidad y el dominio de sí.

Por otra parte, el ensanchamiento de los horizontes y el deseo de renovar los progresos del espíritu humano explican el desarrollo de las ciencias. Contrariamente a la filosofía, éstas no florecieron en Atenas, sino, con mayor frecuencia, junto a los reyes.

Fue, así, en Siracusa (Sicilia) donde nació y murió, a manos de un soldado romano, Arquímedes, el más célebre geómetra de la antigüedad. Había asentado los principios de la hidrostática, establecido la teoría de la palanca, y escrito numerosas obras geniales. Pero es necesario citar igualmente el nombre del geómetra Euclides, el de Hiparco, que inventó la trigonometría, el de Erastótenes, que midió con una sorprendente exactitud la circunferencia terrestre.

El médico Herófilo de Calcedonia descubrió la circulación de la sangre, intrépidas exploraciones permitieron el desarrollo de la geografía.

El patronazgo de los reyes vino en ayuda de todos estos sabios; Pero más aún que la ciencia, los soberanos protegieron la literatura: les gustaba dar realce a sus cortes con poetas y escritores, o bien los mantenían en instituciones estatales, como las bibliotecas de Antioquía, Pérgamo, Alejandría, y, sobre todo, el célebre Museo ele esta última ciudad.

La Botánica y la Zoología progresaron en el período helenístico; entre los cultores de las ciencias naturales sobresalió Teofrasto, que escribió diversos trabajos sobre la fisiología de las plantas.

En Medicina, Alejandría contó con un instituto anatómico, en el cual se realizaron por vez primera trabajos de disección sobre cuerpos humanos.

Herófilo descubrió los nervios y la Importancia del pulso para el diagnóstico de las enfermedades; Galeno trató todas las ramas de la medicina, efectuó trabajos anatómicos y en sus obras compendió todo el saber de la antigüedad.

alejandro magno

La cultura griega adquirió rápida primacía debido a que la lengua hablada en Atenas (llamada Koiné) fue el idioma corriente utilizado por todo el mundo helenístico, tanto en las esferas oficiales y mercantiles como en la literatura científica y filosófica.Las grandes ciudades de esta época fueron Alejandría, Pérgamo y Antioquia.

Las letras: Luego de las conquistas de Alejandro el Oriente ejerció marcado predominio en el aspecto político y religioso, pues en ambos casos las costumbres asiáticas tuvieron gran influencia sobre los griegos.

Pero en las letras, las ciencias y las artes el espíritu helénico se impuso en forma absoluta en toda la extensión del mundo civilizado.

La producción literaria del período helenístico fue muy grande, aunque carece de originalidad y faltan las grandes figuras que se distinguieron en las letras atenienses. Las obras son en su gran mayoría de carácter erudito y dedicadas a la crítica de los trabajos anteriores.

La poesía se apartó de la inspiración popular y se tornó artificiosa. Calimaco se destacó como poeta brillante, verdadero maestro por sus himnos y epigramas. Menandro compuso unas cien comedias, en las que describe con ingenio y humor las costumbres atenienses.

En filosofía mencionaremos a Zenón, fundador de la escuela estoica, basada en el comportamiento austero del individuo, y a Epicuro, quien enseñó el goce de los sentidos sin intervención de las pasiones.

El arte: Las creaciones helenísticas se basan en las formas y tendencias griegas, pero pueden distinguirse influencias orientales.

En realidad, falta la fuerza creadora del genio, pues las obras, aunque de buena técnica, imitan todo lo pasado. Los principales centros artísticos fueron Alejan dría, Pérgamo y Antioquía.

En arquitectura, los estilos dominantes fueron el jónico y el corintio, asociados a la influencia babilónica.

Entre los grandes monumentos podemos citar el templo de Efeso, consagrado a la diosa Artemisa; el templo de Apolo, cerca de Mileto, y el Mausoleo de Halicarnaso, levantado para servir de tumba a Mausolo, príncipe de Caria.

En escultura ios trabajos aparecen con expresiones exageradas, de fuerte realismo y gran movimiento. Se han encontrado gran variedad de retratos y estatuas de mármol pertenecientes a este período helenístico.

Entre los grandes artistas figuran Escopas, Plaxiteles y Lisipo.

Las estatuas más célebres son: la muerte del sacerdote Laoconte con sus hijos; e! grupo llamado del Toro Farnesio; el Apolo del Belvedere; la Victoria de Samotracia y la Venus de Milo.

La pintura y el arte del mosaico tomaron gran incremento. Las producciones se conocen por las pinturas murales halladas en Pompeya, época romana que corresponde al final del período helenístico. Los artistas prefirieron las representaciones mitológicas y las escenas trágicas.

El arte helenístico fue universalmente admirado en el siglo XVIII, tras su descubrimiento; cien años después, la exhumación de los tesoros del clasicismo y del arcaísmo griego harían rechazar las producciones helenísticas por exageradas y demasiado violentas y brillante.

Es necesario convenir, sin embargo, que este arte fue original y nada vulgar.

No era cívico, sino monárquico: eran los reyes quienes sostenían con sus encargos a los escultores, los pintores y los arquitectos. Desconocemos casi por completo los palacios reales; en cambio, se conservan numerosos templos, altares y construcciones utilitarias.

El estilo corintio dominaba, y la gran innovación fue el urbanismo: calles en ángulo recto, y búsqueda de lo funcional.

La estructura se alejaba de la soberbia impasibilidad clásica, se expresaban violentamente las pasiones y el drama, o bien se complacían en representar a Afrodita con las expresiones voluptuosas de la belleza femenina.

Se encuentran también Eros rollizos, que indican un gusto nuevo por la infancia. Lo feo, lo grotesco: anciana ebria, sátiros repletos de vino, boxeador en reposo, eran esculpidos con un sorprendente virtuosismo técnico.

Se ha podido hablar de una escuela de Pérgamo, representada tanto por estatuas aisladas, como el ex-voto de un rey vencedor de los gálatas, de un realismo feroz, como por los grandes relieves del altar de Zeus, los cuales se exasperan en una búsqueda del efecto que alcanza casi lo barroco.

La pintura sería, quizá, el más fiel reflejo del alma helenística, si la conociéramos mejor, pero no la encontraremos más que en los frescos romanos de las copias pompeyanas; parece que prevalecía en ella el gusto por el movimiento y la espontaneidad.

Así, las ciudades griegas, sembradas por Alejandro, debían crecer, prosperar, difundir su cultura y resistir los asaltos.

Algunas sobrevivieron a las dinastías helenas y permanecieron vivas después del paso de Roma, de Bizancio, de las invasiones mogola y tártara, y del embargo del Islam.

Y todavía se encuentran hoy, en los altos valles del Amu-Daria y de Cabul, pequeños islotes que han conservado palabras de la lengua de Sófocles y Aristóteles. Así, el paso de Alejandro permanecerá marcado para siempre por un reguero de luz: las ciudades jalonan el itinerario de sus falanges.

Fuentes Consulatadas.
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX
HISTORIA 1 de José Cosmelli Ibáñez Edit. Troquel

La Supremacía de Tebas en Grecia Antigua Pelópidas y Epaminondas

DECADENCIA DE ESPARTA Y HEGEMONÍA DE TEBAS

Despúes de la gran victoria de Esparta en la Guerra del Peloponeso, creyéndose segura por su alianza con los persas, abusó del dominio ejercido sobre las ciudades griegas, actitud que despertó nuevos  odios y  recelos. Un general espartano atacó a Tebas (capital de Beoda) y estableció un gobierno despótico; numerosos ciudadanos que se opusieron al nuevo régimen buscaron refugio en Atenas. Entre estos desterrados estaba Pelópidas, joven de noble origen, valiente y generoso que se propuso libertar a su patria, apoyado por los atenienses.

Llego a Tebas con once compañeros y, ayudado por numerosos adeptos, preparó un golpe sorpresivo. Cierto día en que los espartanos asistían a un banquete, Pelópidas y los otros conjurados, disfrazados de mujeres y con el rostro cubierto por coronas de pino y olmo, penetraron en la reunión. Acto seguido, sacaron de entre sus ropas filosos puñales y degollaron a los jefes aristocráticos. Al día siguiente, ios espartanos abandonaron la ciudad.

Libertada Tebas, un amigo de Pelópidas, llamado Epaminondas, encabezó la resistencia contra Esparta.

De noble familia, pero muy pobre, era culto, sincero y elocuente; llevaba una vida austera, pues había sido educado por un filósofo pitagórico. En el manejo de las armas se destacaba por su destreza y agilidad.

Esparta, deseosa de vengarse, no tardó en provocar la guerra contra los tebanos, pero éstos —aliados con los atenienses— defendieron heroicamente su independencia. En el año 376 (a.C.) la flota ateniense derrotó a las fuerzas navales espartanas cerca de Naxos: a pesar del contraste, los lacedemonios invadieron la Beocia, pero los tebanos, a las órdenes de Epaminondas, los destrozaron en la batalla de Leuctra. Esta victoria tuvo gran repercusión en Grecia, pues demostró la’debilidad de Esparta y dio a Tebas la preponderancia militar.

Alentados por el triunfo, los tebanos invadieron el Peloponeso y vencieron nuevamente a los lacedemonios en la batalla de Mantinea (362 a.C). En el transcurso del combate Epaminondas —herido en el pecho con una jabalina— fue llevado agonizante a su tienda. Próximo el fin, uno de sus amigos murmuró acongojado: «¿Es necesario que mueras de esta suerte, sin dejar hijos?» «No —respondió el héroe—; dejo dos hijas: Leuctra y Mantinea».

Con la muerte de Epaminondas terminó la supremacía de Tebas. El valor moral y militar de Grecia había decaído. Debilitada por las luchas internas y corrompida políticamente, el, predominio de la Hélade se desplazaba hacia el norte, a la corte macedónica.

Mapa de Grecia Antigua

LA HISTORIA: DECADENCIA DE ESPARTA Y HEGEMONÍA DE TEBAS:

La mayoría de las ciudades se sometió y entró a formar parte de la Liga del Peloponeso. Los ejércitos espartanos dominaban desde Tracia a Beocia, y Tebas tuvo que aceptar una guarnición. Imitando a la Liga de Délos, los espartanos exigieron tributos y soldados a sus subditos, que estaban repartidos en diez distritos.

Esta falsa grandeza estaba amenazada por tres peligros: los persas, a quienes inquietaba tener un vecino demasiado fuerte; las ciudades griegas, impacientes por sacudirse el yugo; y, sobre todo, la constitución misma de Esparta, pues la aristocracia de los Iguales disminuía de número, y se aislaba cada vez más de la masa de periecos e ilotas, siempre dispuestos a suEsparta no tenía ya más que tres mil guerreros, celosos de sus prerrogativas, que acumulaban las tierras en su provecho. El oro, prohibido antaño, afluía, y la venalidad se extendía por el Estado. La austera ciudad de Licurgo se corrompió; los platos refinados reemplazaron a las sobrias gachas negras.

Atenas no se atrevía a actuar abiertamente, pero favorecía todos los movimientos susceptibles de debilitar a Esparta; por esta causa, había acogido refugiados políticos de Tebas. En el año 379 a.C. , algunos conjurados tebanos, bajo la dirección del rico Pelópidas y de su amigo Epaminondas, decidieron liberar su ciudad. Uno de sus amigos, que había conseguido hacerse estimar por el tirano de Tebas, establecido por los espartanos, organizó un banquete que sería, según dijo, realzado por la presencia de las más bellas mujeres de la ciudad. Los invitados fueron tratados del mejor modo. Ya ebrios, el tirano y sus amigos no prestaron atención a la llegada de siete mujeres a la sala del banquete.

De pronto, estas mujeres se quitaron sus velos, y con sus puñales degollaron a los tiranos. Pelópidas y sus amigos se precipitaron, entonces, hacia la prisión, para liberar a los presos políticos, convocaron al pueblo, y arrebatados por el entusiasmo, se lanzaron al ataque de la ciudadela de Cadmea. Sorprendidos, los espartanos aceptaron rendirse, a condición de que se les dejara re-tirarase. Así, la amistad de siete hombres liberó a Tebas.

La nueva de la derrota espartana despertó el entusiasmo de Grecia. El valor de todos se reanimó. De pronto, los atenienses se enardecieron. En el año 378 a. C., crearon la Segunda Confederación ateniense: Quíos, Lesbos, Rodas y Bizancio, entre otras, aceptaron entrar en la alianza. Al contrario de lo que ocurría en la Liga de Delos, cada ciudad conservaría su independencia.

Atenas hizo un esfuerzo excepcional: los ciudadanos aceptaron impuestos nuevos, que permitirían la construcción de una flota. Los almirantes Timoteo y Cabrias fueron encargados de mostrar esta nueva fuerza, para incitar a otras ciudades a entrar en la alianza. Por dos veces (años 374 y 371 a.C.), Atenas y Esparta firmaron la paz, sobre bases conocidas: para Esparta, el Peloponeso; para Atenas, el imperio marítimo.

EL BATALLÓN SAGRADO
Pelópidas y Epaminondas habían constituído un Batallón Sagrado, compuesto por 300 jóvenes pertenecientes a las mejores familias de Tebas, que ya habían dado pruebas de su valor. Sistematizando el viejo tema de la amistad militar, que Homero había descrito entre Aquiles y Patroclo; que el ejército espartano había querido desarrollar entre los Iguales; que Atenas misma había admitido, puesto que los jóvenes reclutados eran protegidos por un hombre maduro, en el que podían encontrar experiencia y mesura, los tebanos formaron, en el seno del Batallón Sagrado, parejas de amigos o amantes que nunca se abandonaron, amigos en la vida y en la muerte, que juraban vencer o morir juntos. Este batallón tenía, por ello, una formidable cohesión.

Además,  Epaminondas  supo inspirar  alos tebanos una extraordiaria pasión por su propia persona. Su bondad, su honestidad, su modestia le ganaron la confianza de todos: nunca había buscado la riqueza para él. Bajo su impulso, Tebas consiguió reagrupar a la mayoría de las ciudades de Beocia. Los espartanos quisieron interrumpir esta ascensión, y los tebanos, asustados, se dispusieron a pedir la paz y a someterse. Pero Epaminondas y Pelópidas consiguieron, aunque con dificultad, movilizar a Tebas. En el año 371 a. de T. C, en Leuctras, se enfrentaron los ejércitos: dos ejércitos, pero también dos tácticas.

Para aprovechar su homogeneidad y el valor individual de todos sus soldados, los espartanos buscaban el combate individual, sin astucias ni estratagemas. Epaminondas, por el contrario, que había agrupado a sus mejores soldados en el Batallón Sagrado, tenía que utilizar a éste como cuerpo de choque de su ejército. Inventó, entonces, la táctica llamada «oblicua». Sustituyó la tradicional formación en línea por una formación en cuña, parecida a la proa de un trirreme.

Su Batallón Sagrado, que comprendía cincuenta filas en profundidad, situadas en primera línea, aplastó a su oponente lacedemonio, dispuesto en doce filas solamente; el resto del ejército espartano no tuvo tiempo de socorrer el ala atacada. A pesar de su insuficiencia numérica, Epaminondas había probado que algunos golpes convenientemente asestados podían vencer al más poderoso de los ejércitos.

En Leuctras, 4.000 espartanos fueron víctima de esta revolución en el arte de la guerra. Los tebanos aprovecharon su nuevo poder, para favorecer y sostener la emancipación de los habitantes del Peloponeso. Los ilotas se sublevaron en Mesenia, produciendo graves perjuicios a la economía espartana. Los pueblos de la montañosa Arcadia se agruparon formando una Liga, y se construyó una capital: Mantinea.

En adelante, Esparta estaría rodeada de pueblos hostiles. Con el éxito, los tebanos se mostraron carentes de piedad, matando a todos los habitantes de Orcomenos, en Beocia, que se habían opuesto a su dominio (364 a.C.). Pelópidas murió mientras intentaba someter la Tesalia. Atenas y Esparta se reconciliaron, arrastrando a otros pueblos contra Tebas. Fue una guerra general, horrorosa, absurda, sin fin. En la llanura de Mantinea, en Tesalia, Epaminondas iba a triunfar, cuando fue moríalmente herido de un lanzazo (362 a.C.). Su muerte señaló el final de la breve hegemonía tebana.

GRECIA EN RUINAS
Después de Atenas y de Esparta, Tebas acababa de fracasar en su tentativa de dar a Grecia una apariencia de unidad. Las pequeñas disensiones, los celos, le habían impedido reagruparse. Grecia parecía haber dejado pasar su oportunidad. Se había agotado en guerras incesantes, que siempre traían el mismo cortejo le miserias: campos asolados, árboles cortados, navios destruidos, factorías arruinadas.

Las desgracias provocaron el cansancio y el desaliento; los ciudadanos se dieron cuenta del carácter precario de sus esfuerzos; el resorte, poco a poco, se fue rompiendo. Los ciudadanos, entonces, prefirieron dejar a los profesionales la tarea de hacer la guerra en su lugar, y reclutaron aventureros como mercenarios.

La natalidad disminuyó:¿quién iba a sacrificarse por sus hijos? Se hizo ostentación de libertinaje; la vida familiar fue decayendo.

Una degradación semejante se produjo en la vida pública. Las dificultades económicas de Atenas aumentaron el número de parados, y éstos, que dominaban la Asamblea, eran cada vez más exigentes. Se esparaba todo de la ciudad, y se consideraba normal que ella resolviera las necesidades de los ciudadanos. Los gastos del Estado aumentaron considerablemente, y las tasas conseguidas de un comercio reducido no bastaban para compensar el déficit del presupuesto.

Era necesario, pues, exigir nue-vos impuestos a los ricos. Se llegó todavía más lejos: ciertos especialistas, los sicofantes, acusaban de los peores delitos a los ciudadanos honorables; los tribunales del pueblo, entonces menos ecrupulosos, tenían la mano dura y condenaban gustosamente a los ciudadanos ricos, para confiscarles su fortuna. A los sicofantes, por su parte, les correspondía un porcentaje como compensación por su celo en denunciar o los «enemigos de la patria». El Demos era rey: el patriotismo cedía el lugar a una implacable lucha de clases. Desgarradas interiormente, las ciudades no prestaban atención a los peligros exteriores, que esta vez procedían de Macedonia.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos – La Aventura del Hombre – Edit. CODEX

La Alimentación de los Griegos Comidas y Alimentos

LA COMIDA EN GRECIA ANTIGUA: LEGUMBRES, CEREALES Y FRUTAS

En el acostumbrado tren de su vida, ¿que comían los griegos? La mayoría, en especial los atenienses, era conocida por su sobriedad, que explican en gran parte el clima y la escasa fertilidad del suelo. No obstante, los habitantes de la feraz Beocia tenían fama de comilones, y la gente se burlaba de su gula, como también de su índole estúpida y grosera. Pero el gusto exclusivo por la buena vida y la bebida que se les prestaba no era tal vez sino el efecto de los prejuicios de vecinos malévolos.

El régimen de los espartanos, al contrario, tenía fama de ser aún más frugal que el de los atenienses, pero quizá esta opinión se debiera a un «espejismo» opuesto. Homero  ya llamaba a los hombres «comedores de harina». Los cereales, esencialmente el trigo y la cebada, de los que hemos dicho que los atenienses debían importar grandes cantidades, constituían la base de su alimentación. Cuando Platón, en su República, quiere trazar el cuadro de una vida sana y primitiva, escribe:

«Los hombres, para alimentarse, fabricarán sin duda, sea con cebada, sea con trigo candeal, harina, que harán tostar o que amasarán; hacen con ella bellas galletas o panes que se han de servir sobre bálago u hojas muy limpias.»

La harina de cebada amasada en forma de galleta, es la maza, alimento esencial en la vida de cada día. Según una prescripción de Solón, el pan de trigo candeal propiamente dicho (artos), en hogazas redondas, no se podía comer sino en los días de fiesta. Pero ciertamente, en la Atenas del siglo de Pericles, se encontraba todos los días pan de trigo candeal como también maza en la tienda del panadero (mientras que antes cada familia cocinaba su pan), pero la maza costaba menos cara, y casi siempre los pobres debían contentarse con ella.

comidas griega

Los griegos ya tenían estandarizado para el 400 A.C. los banquetes, comían sentados al principio pero posteriormente pasaron a reclinarse.

Todo alimento sólido que acompaña el pan en el correr de una comida se llama opson: legumbres, cebollas, aceitunas, carne, pescado, fruta y golosinas. Las legumbres eran escasas, y en la ciudad, relativamente caras, salvo las habas y las lentejas que se comían sobre todo en puré (etnos): tal era el alimento espeso y sustancial del cual Heracles, buen comilón si jamás hubo alguno, gustaba tanto, según Aristófanes.

Consumíanse los ajos en gran cantidad y también el queso y las cebollas, en especial en el ejército, en el que los delicados hallaban estos alimentos monótonos y groseros. Las aceitunas abundaban en el Ática, por lo menos antes de la guerra del Peloponeso, y si se empleaban en especial para fabricar aceites, también se comían en abundancia.

La carne era cara, salvo la carne de cerdo (un lechón valía tres dracmas), y la gente menesterosa de la Ciudad no lo comía sino muy raras veces, cuando se celebraba un sacrificio, porque todas las fiestas religiosas incluían escenas de carnicería y de matadero y terminaban en comilonas. Pero, en la campana, lo terratenientes acomodados podiun comer con frecuencia aves de corral, cerdo, cabrito, carnero, sin hablar de la caza menor que se óbtenía en los campos.

La mayoría de los atenienses de la ciudad debía alimentarse con mu cha mayor frecuencia con pescado que con carne. Ya es significativo que la palabra opson, que de designaba, como hemos dicho, todo le que se come con pan, tomara poce a poco un sentido especial para aplicarse particularmente al pescado, de tal manera que la palabra que significa pescado en griego mo derno deriva de ella. Con el pan, el pescado era probablemente el alimento principal de la población urbana. Todo aumento en el precio de las sardinas y de las anchoas en el Falero inquietaba al pueblo menudo, que temía verse obligado a privarse de uno de sus platos acostumbrados y que más apreciaba. El mercado del pescado era uno de los más abastecidos y más pintorescos del Agora.

Algunas especies de pescados particularmente sabrosos y rebuscados costaban demasiado caro para poder figurar en la mesa de los pobres, por ejemplo las renombradas anguilas del lago Copáis, por cuanto los atenienses tenían predilección por el pescado de agua dulce, como también por el pescado de mar como el atún.

Gustaban asimismo de los frutos del mar: mariscos y moluscos, como la sepia y los calamares, que abundaban en las costas de Eubea y que constituían tan importante recurso para los pescadores de Eretria que esta ciudad había adoptado el calamar como signo distintivo en sus monedas. Mercaderes de salazones (tarichos) vendían pescados y carnes conservados en salmuera o ahumados. La comida podía terminar con un postre (tragema): fruta fresca o seca, en especial higos, nueces y uvas, o pasteles de miel.

Las mujeres de la casa, sobre todo las mujeres esclavas, eran las que  por  lo  común  cocinaban.  Sin embargo desde el siglo V a.C. se ven aparecer cocineros y pasteleros de profesión, algunos de los cuales redactaron «Artes Culinarias». Platón cita a «Thearion el pastelero, Mithaecos, el autor de un tratado sobre la cocina siciliana, y Sarambos, el mercader de vinos, tres eminentes conocedores de pasteles, cocina y vinos».

La mayoría de las viandas se comían con los dedos, por cuanto se ignoraba el uso de los tenedores. Las galletas chatas de maza o de trigo candeal solían ocupar el lugar de los platos, pero se utilizaban también platos o escudillas de madera, de barro cocido o de metal, y, para comer los purés y las papillas, se empleaban cucharas bastantes parecidas a las nuestras, cuyo mango era a veces ricamente adornado. Para la carne, era necesario el empleo del cuchillo.

El plato que más gustaba a los espartanos, en sus comidas tomadas en común (sysities), es el famoso bodrio negro, suerte de guiso muy picante en el que entraban como ingredientes:   carne de cerdo,  sanare, vinagre y sal. Plutarco nos re fier’e que, para probar este celebre-plato, «un rey del Ponto compró un cocinero laconio y le dijo le sirviera el bodrio de los espartanos; lo encontró malo, lo que le atrajo esta observación del cocinero: ‘Rey, este bodrio no ha de comerse sino después de haberse bañado en el Eurotas’ «. Esta anécdota nos confirma incidentalmente que, aun en Esparta, donde la hidroterapia, como he mos dicho, no era tan bien vista, tenían la costumbre de bañarse antes de cenar.

Flaceliere, Robert:
La vida cotidiana
en el siglo de pericles.

Buenos Aires, 1967.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

AMPLIACION DEL TEMA

En Grecia, cuando no hay invitados, la cena suele hacerse en el patio de la casa, siendo la costumbre que la mujer se siente y el hombre esté reclinado. Si hay huéspedes se hace en el andrón, la parte de la casa específicamente dedicada a los hombres y en donde se recibía a los visitantes. Cuando éstos llegan, unos esclavos se encargan de quitarles el calzado, lavarles los pies y darles aguamanos.

Luego se van colocando en unos lechos, de dos en dos, muchas veces siguiendo las indicaciones del anfitrión. En estos lechos los hombres se reclinan apoyando el codo izquierdo en un cojín y dejando libre el brazo derecho para coger-los alimentos. Frente a cada lecho se coloca una mesa redonda y de tres pies.

En cuanto a la comida propiamente dicha, primero se sirven unos entremeses consistentes en verduras variadas, pescado salado y ostras. Luego viene el plato principal, que suele ser carne o pescado preparado de diversos modos. Los alimentos normalmente se sirven en pequeños trozos, pues se cogen con los dedos. Tras éste, los invitados se lavan las manos, se retiran las mesas y se sirve el postre a base de frutas y pasteles sobre todo.

Se pone fin a la comida derramando vino —haciendo una libación— en honor a los dioses y a los espíritus y así se señala el comienzo del sympósion, momento en que se empieza a beber. Lo primero que se hace es elegir a uno de los asistentes como jefe de la fiesta, el cual se encarga de establecer la proporción de agua y vino en las copas y el tamaño de éstas. El vino se mezcla a la vista de todos al son de la flauta, mientras los invitados se ponen unas coronas vegetales.

Durante el sympósion se habla de todo tipo de temas —como por ejemplo, del amor, sobre el que discuten los personajes de un famoso diálogo que lleva por título, precisamente, El Banquete, escrito por el filósofo griego Platón —, se hacen juegos como completar versos, proponer y resolver adivinanzas. Hay también juegos de habilidad manual como el kóttabos, que consiste en arrojar el contenido de una copa de vino dentro de un recipiente de metal al tiempo que se invoca el nombre de la mujer amada. Suele haber también músicos alquilados para la ocasión. A veces, se forman grupos que van recorriendo la ciudad y entrando en otras casas donde se celebran banquetes similares.

Fuente Consultada:Cultura Clásica A/B Segundo Ciclo ESO – Macías – Axarquía – Editorial Mc Graw Hill

Gobierno De Los Treinta Tiranos en Atenas Reacción de Trasíbulo

Gobierno De Los Treinta Tiranos en Atenas
Reacción de Trasíbulo

Luego de su victoria espartana en la batalla de Egospótamos fin de la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Asparta, ésta pasa a ser el Estado más poderoso de Grecia, predominio que trató de mantener por el terror. En Atenas estableció un gobierno oligárquico de varios ciudadanos, quienes procedieron en forma tan despótica que fueron llamados los Treinta Tiranos.

Los procedimientos impuestos por Esparta para sostener su hegemonía produjeron un descontento general en toda Grecia. Para congraciarse con  el  mundo  helénico  Esparta  decidió  atacar a  los  persas y recuperar las colonias giioyai; que Lisandro había entregdao al imperio asiático. Un ejército espartano a las órdenes de Agesilao desembarcó en el Asia Menor y. aunque triunfó sobre los persas, debió regresar con sus tropas porque así lo requería la delicada situación imperante en Grecia.

Viendo vacilar su hegemonía. Esparta concertó con Persia la «Paz del Rey», también llamada Tratado de Antálcidas (387 a. C.) por el general que la firmó. En esta humillante capitulación, a cambio de garantizar la paz en Grecia los persas quedaban dueños de todas las ciudades helénicas situadas en el As¡a Menor.

gobierno treinta tiranos atenas

LA HISTORIA: LA HEGEMONÍA DE ESPARTA
Esparta había vencido a Atenas en nombre de la libertad. Al comienzo, se pudo creer que, una vez vencedores, los espartanos permanecerían en su territorio, y que la ciudad doria cuidaría todo riesgo de contaminación exterior. Pero hubo que cambiar de parecer en seguida. Gobernadores y guarniciones espartanas fueron instalados en Atenas y en las ciudades liberadas. Diversos gobiernos aristocráticos establecieron su dictadura, con el apoyo de las tropas espartanas. Se consideró muy pronto que el «terrible» yugo ateniense había sido muy liberal.

En Atenas, los espartanos favorecieron el gobierno de los Treinta Tiranos. Atenas había firmado la paz, precisando que guardaría la antigua constitución, mas, para Lisandro, el general espartano vencedor, ésta sólo podía ser la constitución arcaica. Los Treinta Tiranos quisieron reducir al pueblo «a la virtud y la justicia». Para ello, impusieron un régimen de terror, y más de mil quinientos ciudadanos fueron ejecutados. Sólo tres mil atenienses eran considerados lo suficientemente virtuosos para tener el derecho de participar en la vida política de la ciudad. El gobierno del pueblo, juzgado incompetente, fue sustituido por el gobierno de un pequeño número de ciudadanos corrompidos.

Los atenienses no se resignaban a esta tiranía, y numerosos exiliados, que se habían refugiado en Beocia, formaron un pequeño ejército que, bajo la dirección de Trasíbulo, consiguió apoderarse del Pireo. Lisandro bloqueó el puerto, pero el rey de Esparta, Pausanias II, prefiriendo, sin duda, una Atenas apacible a una serie de conflictos incesantes, impuso a Lisandro una  solución pacífica:   la constitución democrática sería restablecida en Atenas, de donde se retiraría la guarnición espartana. Una amnistía puso fin a las luchas civiles. La democracia restablecida iba, desgraciadamente, a comenzar con un acto deplorable: el proceso y la condena a muerte del gran filósofo Sócrates    399 a. de J. C).

Los filósofos y los autores dramáticos desempeñaban un papel importante en la vida ateniense. Pericles se había rodeado de intelectuales. Por medio de sus comedias, Aristófanes, favorable a la oligarquía, había intervenido, en varias ocasiones, en los asuntos políticos. En Los Caballeros atacaba al Demos, el pueblo, y a su mayordomo, el curtidor. Los atenienses se reían con esta sátira dirigida contra Cleón, el demagogo desaliñado. De la misma forma, Aristófanes, con La paz. quería apoyar las intenciones pacíficas de Nicias.

Durante la guerra del Peloponeso, la juventud ateniense seguía las enseñanzas de los sofistas, especialistas en «Sabiduría», que enseñaban a razonar y argumentar con precisión. Uno de los más célebres fue Protágoras. Para él, el razonamiento era la principal fuerza del mundo.

Había leído un día en presencia de amigos, entre los que se encontraba el dramaturgo Eurípides, un tratado que comenzaba con estas audaces líneas: «En lo que concierne a los dioses, ignoro si existen; no sé a qué se parecen… el tema es oscuro, y nuestra vida de mortales breve». La obra causó escándalo, y Protágoras huyó al exilio.

Otros  sofistas habían rebajado su arte hasta convenirlo en una pura enseñanza de argucias, de principios hábiles y falsos. Poco importaba la verdad, si se conseguía embarullar al adversario con disimulos y astucias sutiles, los «sofismas». Un hombre había querido utilizar el pensamiento y la razón para buscar la verdad y el bien: Sócrates. Era feo, pero su bondad y su inteligencia notables le ganaron sólidas amistades. Su divisa era: «conócete a ti mismo».

Estimaba que quien conoce la verdad no puede hacer mal, y se dedicó durante toda su vida a hacer que los otros descubrieran la luz. Con preguntas de apariencia anodina, forzaba a su interlocutor, empleando sólo el razonamiento, a precisar su pensamiento, a hacerlo lógico, a descubrir una realidad profunda que ningún argumento pudiera quebrantar luego. Este arte de «dar a luz» a los espíritus se llama «mayéutica». Sus numerosos amigos, entre los que se contaban Alcibíades y Platón, hicieron olvidar a Sócrates los disgustos que le causaba su mujer, Jantipa.

Desgraciadamente, Sócrates vivió las horas más sombrías de la historia de Atenas. Una vez vencidos, los atenienses achacaron su derrota a que los dioses, enfurecidos, los habían abandonado. ¿Acaso la mutilación de los Hermes no había precedido al desastre de Sicilia? Los atenienses, que buscaban una víctima propiciatoria, se decidieron por Sócrates, que había sido maestro y amigo de Alcibíades. A causa de su filosofía, que era mal comprendida, fue acusado de impiedad.

Así, Sócrates compareció ante un tribunal popular, para responder de la doble acusación de impío y de corruptor de la juventud. Gomo encontraba la acusación absurda, Sócrates apenas se defendió. Sus adversarios solicitaron la pena de muerte. Según la costumbre, Sócrates tenía que proponer, a su vez, otra pena, y el pueblo escogería entre ambas. Pero como no se reconocía ninguna culpabilidad, Sócrates propuso que el Estado lo mantuviera hasta el fin de sus días.

El pueblo ni comprendió ni valoró esta insolencia. La mayoría, que sin duda habría preferido condenarlo a una pena leve, no tenía posibilidad de elección, y votó por h muerte. Sócrates fue encarcelado. Sus amigos quisieron facilitarle la huida, pero ñ rechazó esta solución y prefirió una muerte honrosa a una vergonzosa huida. El día de la ejecución, él mismo tuvo que reconfortar a sus desolados amigos; después, sin temblar, bebió la cicuta, se paseó un poco, y luego, al sentir los primeros síntomas mortales, se acostó: así murió el mejor y más justo de los hombres.

Sócrates había muerto, pero el socratis-mo nacía. El lo había comprendido bien: la nobleza de su muerte liberó la filosofía y la ciencia. Todos los conocimientos experimentaron entonces un gran desarrollo. Hipócrates se negó a considerar al enfermo como una simple víctima de la venganza de los dioses. Después de Herodoto, agradable narrador que amasaba informaciones, verdaderas o falsas, sobre el mundo entero, la historia encontró en Tucídides el autor de un método.

La anécdota desaparecía, sustituida por noticias seguras. Se abandonó la mitología. Tucídides era imparcial, y esperaba que las lecciones del pasado permitirían a los hombres evitar los peligros del presente. Gracias a este testigo de su tiempo, conocemos muy bien las tragedias de la guerra del Peloponeso.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos – La Aventura del Hombre – Edit. CODEX

Lisandro Jefe Espartano Guerra de Decelia Contra Atenas

LISANDRO FIN DE LA GUERRA DEL PELOPONESO

La ocasión inmediata de la Guerra del Peloponeso fue la ayuda que prestó Atenas a la ciudad de Corcira sublevada contra su metrópoli, Corinto.

Esta presentó su protesta ante la Liga del Peloponeso, la cual exigió a los atenienses que retiraran su protección a Corcira y permitieran el libre comercio a la ciudad de Megara. Atenas se negó.
Esta lucha —narrada magistralmente por el historiador Tucidides— comprende tres períodos:

1)   Guerra de los diez años (431-421 a. C.) que se inicia con la invasión del Ática por los espartanos y se prolonga hasta la paz de Nicias.

2)    Un periodo de siete años (421-414 a. C.)  de aparente calma,  en  el cual se destaca la expedición a Sicilia.

3)   La Guerra de Decelia,  que termina con la victoria de Esparta y el agotamiento general de toda Grecia.

Tercer período: guerra de Decelia
En el año 413 (a. C.) los espartanos desembarcaron nuevamente en el Ática y se establecieron en Decelia, a 24 kilómetros de Atenas.

Allí construyeron una fortaleza y dejaron una fuerte guarnición encargada de obstaculizar el comercio de su enemigo y devastar los alrededores.

Los espartanos se aliaron con los persas y confiaron sus fuerzas a un hábil guerrero y buen diplomático llamado Lisandro.

Los atenienses triunfaron en la batalla naval de las islas Arginusas, pero Lisandro —con ayuda de los persas— venció totalmente en Egospótamos (cerca de Helesponto).

Esta victoria decidió la guerra; los espartanos sitiaron a Atenas que, sin flota, no pudo resistir: finalmente, aceptaron las duras condiciones de paz propuestas por Lisandro (404 a. C).

guerra de decelia

Lisandro fue almirante y político espartano. En los últimos años de la guerra del Peloponeso entre las ciudades griegas de Atenas y Esparta mandó la flota espartana.

Su suerte se recuperó como resultado de la amistad que entabló con el príncipe persa Ciro el Joven, quien le apoyó económicamente, lo que le permitió derrotar a la flota ateniense cerca de la costa de Asia Menor en el 407 a.C. Falleció en -395.

LISANDRO Y LA DERROTA DE ATENAS (404 a. de J. C.)
En estos momentos decisivos, los espartanos tuvierpn la suerte de encontrar un jefe excepcional, astuto y brutal a la vez, Lisandro.

Este se apoyó resueltamente en Persia, pues era amigo de Ciro el Joven, uno de los hijos de Darío II, sátrapa de Jonia.

El oro persa le permitió formar una buena flota, que venció a la marina ateniense (407 a. de J. C). Alcibíades se exilió de nuevo. Su carrera terminaba con un fracaso.

Finalmente, el año 405 antes de J. C, Lisandro destruyó por completo la flota de Atenas, cerca de las costas tracías, en Egos-pótamos. Después, marchó a bloquear El Pireo; Atenas, entre tanto, había sido asediada por tierra.

Lo único que quedaba era capitular. Corínto y Tebas querían arrasar la ciudad. Pero Esparta, previendo futuros conflictos con sus aliados, y queriendo establecer un equilibrio en el que ella dominara, se opuso. Atenas perdía su Imperio, y la Liga de Delos era disuelta.

Las Murallas Largas debían ser demolidas; la flota era reducida a nueve unidades. Se suprimían las cleruquias, y los colonos eran repatriados al Ática.

Alcibíades, que se había refugiado de nuevo en Persia, era aún considerado peligroso por los espartanos; por ello, se envió una tropa para asesinarlo.

Su prestigio era todavía tan grande, que atemorizaba a los soldados; éstos no se atrevieron a atacarlo   de   frente,   y   Alcibíades   pereció atravesado  por  flechas   y  venablos:   tenía   47 años.

Había nacido con la democracia  ateniense.   Su   muerte,   como   su   nombre, son sinónimos de la decadencia de Atenas.

Sin embargo, no hay que hacer responsable a Alcibíades de todas las derrotas de Atenas, pues sí, a pesar de sus faltas tan visibles,  pudo   imponerse   en   Atenas,   fue porque los ciudadanos,  perdiendo  el  sentido de la moderación, lo eligieron como jefe. Los atenienses, por lo tanto, fueron también   culpables.

Encontramos   aquí   el canto de la tragedia griega: el destino quiere que los que se entregan a la desmesura paguen el precio de su error.

AMPLIACION DEL TEMA:

TOMA DE ATENAS: Una de las naves que habían podido escapar llegó de noche al Pireo. Inmediatamente la noticia del desastre pasó de boca en boca hasta llegar a Atenas. Al día siguiente se reunió la Asamblea y decidió prepararse para sufrir un sitio.

Pero Lisandro no quería sitiar a Atenas, prefería rendirla por hambre. Recorría las costas del Helesponto y enviaba a Atenas a cuantos atenienses encontraba, a fin de aumentar el número de personas que era preciso alimentar.

Por último se presentó delante del Pireo con 200 naves. El rey de Esparta, con el ejército de los pelopOnesios, había acampado ya frente a Atenas, en los Jardines de Academus.

No contando ya los atenienses con aliados, ni con barcos, ni con víveres, enviaron a pedir la paz a Esparta. Los espartanos exigían en primer lugar que Atenas demoliera sus Largos Muros. La Asamblea se negó y decretó la prohibición de deliberar acerca de dicha propuesta.

Uno de los jefes del partido aristocrático, Teramenes, pidió ser enviado a Lisandro. Partió como embajador y permaneció tres meses, esperando que los atenienses, bloqueados por todas partes, hubieran agotado sus víveres. Cuando volvió, el hambre había decidido al pueblo a ceder.

Una embajada de diez individuos, entre ellos Teramenes, fue encargada de ir a Esparta con plenos poderes para concertar la paz.

Los espartanos reunieron a los representantes de sus aliados para deliberar acerca de las condiciones que se impondrían a Atenas. Los corintios y los tebanos, mortales enemigos de los atenienses, sus vecinos, dijeron que no había que tratar con Atenas, sino demolerla.

Los espartanos respondieron que no querían reducir a esclavitud a una ciudad que en otro tiempo había salvado a Grecia.

Presentaron las siguientes condiciones: los atenienses demolerían la muralla del Pireo y los Largos Muros, entregarían sus barcos de guerra, abrirían sus puertos a los desterrados, renunciarían a toda posesión fuera del Ática y entrarían en la alianza de Esparta.

En Atenas morían a diario de hambre muchos habi-tanes. Cuando volvieron los enviados, la multitud les rodeó con ansiedad. Al día siguiente dijeron las condiciones y la Asamblea las aceptó. Se entregaron a Lisandro todas las naves del Pireo, excepto doce. Las mandó quemar y luego ordenó la demolición de las murallas.

Se contó que Lisandro había declarado al principio roto el convenio y había reunido un Consejo para deliberar acerca de lo que había de hacerse con Atenas.

En aquel Consejo, se dice, un tebano propuso vender a los atenienses como esclavos, arrasar la ciudad y hacer del territorio campo donde pastaran los ganados. Luego los generales se pusieron a la mesa.

En tanto circulaban las copas de vino, uno de los músicos encargados de cantar para distraer a los convidados,, entonó el coro de una tragedia de Eurípides: «Hija de Agamenón, he venido a tu rústica morada».

Los asistentes se conmovieron y se decidió que sería horrible destruir una ciudad que había producido tan grandes hombres.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX

Biografia de Alcibiades General Griego – La Expedición a Sicilia

BIOGRAFIA DE ALCIBIADES: GUERRA CONTRA SIRACUSA Y SU RELACIÓN CON LOS PERSAS

Alcibíades nació en Atenas en -450 y fallece asesinado en Frigia en -404. Fue un importante estadista, orador y estratego (general) ateniense, hijo de Clinias y miembro de la familia aristocrática de los Alcmeónidas, del demo de Escambónidas, que tuvo un papel destacado en la segunda fase de la guerra del Peloponeso como consejero estratégico, comandante y político. Su vida fue una constante contradicción, pues sirvió tanto a Atenas, como a Esparta durante la Guerra del Peloponeso. 

alcibiades

Alcibíades pertenecía a una de las familias más ilustres de Atenas; su padre, Cleinias, había muerto en la batalla de Coronea (447), librada contra los beodos, y su madre era una alcmeónida, parienta de Pericles, quien había sido nombrado su tutor.

De este origen y de su educación le provenían las tendencias aristocráticas que anidaron siempre en el fondo de su alma -dijo una vez- que «la democracia era pura extravagancia». Y, sinembargo, para destacar en la política ateniense se afilió y fué jefe del partido democrático.

Era bello, con esa belleza mórbida y ambigua que tanto placía a los atenienses de la época. Era inteligente, y su natural agudo y penetrante había sido pulido y desarrollado en frecuentes conversaciones con Sócrates. Era rico, elocuente, generoso, bravo y seductor.

Antes de los veinticinco años había demostrado su valentía en los campos de batalla de Potidea (432) y Delion (424).

Estaba dotado del genio de mando, de una elegancia natural irresistible, de un encanto particular que entusiasmaba al pueblo y a la juventud de Atenas.

Imponía las modas, y la gente aplaudía sus caprichos, su indumentaria, sus. perfumes, sus impertinencias, sus prodigalidades e, incluso, sus vicios, que eran muchos.

Alcibíades habría podido lograrlo todo, su fama política, su renombre histórico, la salvación de Atenas, si hubiera poseído una norma moral austera.

Así, a pesar de sus brillantes facultades, Alcibíades no domina el curso de los acontecimientos históricos.

La Historia le trata como una pelota que rebota de ciudad en ciudad, ora agasajado como libertador, ora odiado como traidor despreciable, en contubernio con los enemigos de la patria y del régimen político imperante en ella.

Pero él perdura en sus intrigas, en sus vacilaciones y en sus egoísmos, aunque a veces salpica su vida de arranques geniales y acciones heroicas, que le hacen perdonar sus devaneos anteriores, su demagogia, su libertinaje y su megalomanía.

En 430 Alcibíades ocupó el primer plano en la vida política de Atenas al ser elegido por estratega, en competencia con Nicias, el caudillo del bando aristocrático y partidario de mantener el statu quo con Esparta derivado de la paz que acaba de firmar con esta ciudad en 421 (paz de Nicias).

Desde tan alto cargo en la política interior y exterior de Atenas, Alcibíades fomenta el partido de la guerra, de modo que la paz fué ilusoria y rota inmediatamente por los recelos mutuos y la propaganda contraria a que se libraban Atenas y Esparta.

Fruto de su actuación fue la reanudación de las hostilidades, cuya primera fase, encubierta, terminó con la derrota de los aliados de Atenas ante los muros de Mantinea, en la Argólida, en 418.

Esparta recobró el antiguo esplendor de sus armas y el régimen democrático fué vivamente combatido en el Peloponeso.

La ocasión inmediata de la Guerra del Peloponeso fue la ayuda que prestó Atenas a la ciudad de Corcira sublevada contra su metrópoli, Corinto.

Esta presentó su protesta ante la Liga del Peloponeso, la cual exigió a los atenienses que retiraran su protección a Corcira y permitieran el libre comercio a la ciudad de Megara.

Atenas se negó.

Esta lucha —narrada magistralmente por el historiador Tucidides— comprende tres períodos:

1)   Guerra de los diez años (431-421 a. C.) que se inicia con la invasión del Ática por los espartanos y se prolonga hasta la paz de Nicias.

2)    Un periodo de siete años (421-414 a. C.)  de aparente calma,  en  el cual se destaca la expedición a Sicilia.

3)   La guerra de Decelia,  que termina con la victoria de Esparta y el agotamiento general de toda Grecia.

Segundo período: la expedición a Sicilia
Al poco tiempo llegó al  poder en Atenas un joven  audaz y caprichoso  llamado Alcibíades.   Partidario  de  la  guerra,   inició  una violenta prédica  que  terminó   con   el   envío   de   una   expedición   para   atacar   a Siracusa, la gran colonia espartana de Sicilia.

La armada zarpó en el año 415 (a. C); la dirigían tres militares, uno de ellos Alcibíades. Al llegar a destino los jefes atacantes no se pusieron de acuerdo y perdieron un tiempo valioso que fue aprovechado por los espartanos para enviar una flota al mando de Gilipo.

Finalmente los atenienses fueron derrotados. El desastre provocó gran conmoción en el mundo griego. Desde ese momento, Atenas abandonó sus deseos de conquista y sólo trató de salvar su existencia como estado  independiente.

barco griego

Los espartanos vencen en la batalla naval de Egospótamos. En primer término la nave insignia ateniense emprende la fuga mientras otras embarcaiones son destruidas por los vencedores.

ALCIBIADES
Entre los atenienses que atacaban a Nicias (había firmado un pacto de paz) por considerarlo demasiado conciliador con Esparta, se encontraba un joven ambicioso, bien dotado y de bello aspecto: Alcibíades, que pertenecía a la misma familia aristocrática que Clístenes, Milcíades y Pericles. Habiendo perdido muy joven a su padre, había sido recogido por Pericles, y fue también discípulo de Sócrates. Todo el mundo quería a este joven bello y apasionado, arrogante y encantador cuando lo deseaba. Era muy admirado y sus modales encontraban fácil imitación.

alcibiades

General Ateniense: Alcibiades (450-404 a.C.)

Las mujeres lo adoraban. Aun sus excesos y sus aventuras seducían a los atenienses. Alcibíades, sin embargo, a pesar de ser inteligente, era superficial. Sócrates hizo todo lo que pudo para formar su carácter; un tierno afecto los unía. Sócrates había conseguido   salvarle   la   vida,   y,   algunos años  después,  su  discípulo le  pagó  con  la misma   moneda.

A Alcibíades le importaban poco los medios; sólo le interesaba el éxito. Se cuenta de él esta enécdota reveladora: en el curso de un combate con un camarada, Alcibíades, dándose cuenta de que lo vencían, quiso morder una pierna de su adversario, cosa que estaba completamente prohibida. El otro, entonces, indignado, le reprochó: «Alcibíades, muerdes como una mujer». «No—respondió éste—, muerdo como un león». El virus de la política invadió en seguida a Alcibíades; quería ser el más grande hombre de Grecia, y comprendía que la paz ponía obstáculos a su gloria naciente.

EL DESASTRE DE SICILIA
No tardó en encontrar un pretexto: algunas ciudades de Sicilia pidieron ayuda a Atenas contra la poderosa Siracusa, aliada de Esparta. Sicilia interesaba a los comerciantes atenienses, pues había en ella mucho trigo, y podía servir de cabeza de puente para dominar el comercio del Mediterráneo occidental. Alcibíades, que había sido elegido estratega, propuso un plan para invadir, a pesar de la oposición de Nicias. Cien navíos y cinco mil hoplitas fueron equipados. Nunca, quizás, habían puesto los atenienses tantas esperanzas en una flota, en una expedición que debía reportar un enorme botín.

La víspera de la partida, sin embargo, se produjo un escándalo: se encontraron mutiladas todas las columnas de Hermes. Estas estatuas se encontraban en Atenas por todas partes, en las calles, en las plazas, ante los templos. ¿Quién había podido cometer tal sacrilegio? La amplitud de las depedraciones parecía probar que existía un plan preparado y puesto en práctica metódicamente. No se quiso impedir la partida de la expedición, y todos los habitantes de Atenas se dirigieron al Pireo para despedir a la flota.

Sin embargo, apenas llegó ésta a Sicilia, Alcibíades, del que se sospechaba, fue llamado a Atenas. El fingió aceptar, y dejó a Nicias de comandante en jefe, pero, tras partir en su propio barco, hizo que lo desembarcaran en la costa de Italia meridional, y el barco volvió a Atenas sin él. Fue condenado a muerte en rebeldía, y se le confiscaron sus bienes. Al enterarse del veredicto, Alcibíades se contentó con decir   cínicamente:   «En  seguida  probaré  a los atenienses que sigo vivo». Aconsejó a los espartanos que ocuparan un punto al norte del Ática, para impedir que Atenas explotara sus minas de plata, lo cual provocó rápidamente una crisis económica y financiera en aquella ciudad.

Mientras tanto, la flota ateniense era bloqueada en Siracusa (Sicilia), y no pudo romper el cerco. Su ejército, entonces, se replegó hacia el Sur, esperando encontrar aliados. Pero todas las ciudades se cerraban ante la llegada del ejército ateniense. Perseguido por el enemigo, a quien Esparta había enviado su mejor general, Gylippos; padeciendo de hambre y sed, el ejército ateniense se rindió.

Sus jefes fueron ajusticiados, y los supervivientes, encerrados en los latomios, canteras de Siracusa, donde murieron de hambre y sed. Esparta había vengado la deshonra de Esfacteria (413 a. de J. C). La que habría debido ser gloriosa expedición a Sicilia, terminaría con una catástrofe. Se había perdido el honor, y con él la parte principal del ejército y de la flota. Así terminó el sueno de dominar el Mediterráneo.

Sólo quedaba en Atenas combatir por mi propia supervivencia. Los atenienses habían dominado demasiado tiempo a sus aliados, para que éstos, apoyados por los persas y los espartanos, no buscaran libelarse. Al mismo tiempo, aconsejados también por Alcibíades, los habitantes del Peloponeso construyeron una flota de guerra, cuya tripulación sería sostenida con el oro persa; a cambio, Persia restablecería su protectorado sobre las ciudades griegas de Asia Menor, a las que había renunciado por la Paz de Callias. Esto constituía una verdadera traición a la causa griega.

LAS TRAICIONES DE ALCIBÍADES
El rey de Persia, Darío II, veía posibilidades de convertirse en el arbitro de la situación. Además, pronto se le unió un aliado importante, Alcibíades, que no cometía, con ésta, su primera traición. Alcibíades, en efecto, había seducido a la mujer de un rey espartano, y éste había querido matarlo. Alcibíades, entonces, buscó refugio junto a un sátrapa persa de Asia Menor: Tisafernes.

El estilo oriental, por otra parte, agradaba sobremanera al arrogante ateniense, que sabía apreciar el lujo. El desastre de Sicilia había provocado en Atenas la caída del régimen democrátrico, al que se hacía responsable de todas las desgracias. Los partidarios de la aristocracia habían suprimido las dietas por la  asistencia   a  la   «Ecclesia»,   reservando los derechos políticos a cinco mil ciudadanos ricos. Los nuevos señores estaban divididos sobre el problema de la paz con Esparta.

Entre tanto, el versátil Alcibíades aconsejaba a los persas que trataran con miramiento a Atenas, pues Esparta podía hacerse demasiado poderosa. Intentaba reconciliarse con su patria, y lo consiguió; fue perdonado y participó en las batallas victoriosas que Atenas libró por tierra y por mar (410 a. de J. C), llegando a tomar Bizancio, en el Helesponto.

Los demócratas habían restablecido su poder en Atenas, donde Alcibíades, nombrado de nuevo estratega, ¡fue recibido triunfalmente como salvador de la patria! (408 a.C.). Pero estos éxitos no iban a proyectarse en el porvenir. Con la ayuda de Persia. Esparta iba a conseguir la victoria final.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX

Paz de Nicias entre Atenas y Esparta Cleón El Curtidor

FIRMA DE LA PAZ EN PRIMERA GUERRA DEL PELOPONESO

La ocasión inmediata de la Guerra del Peloponeso fue la ayuda que prestó Atenas a la ciudad de Corcira sublevada contra su metrópoli, Corinto. Esta presentó su protesta ante la Liga del Peloponeso, la cual exigió a los atenienses que retiraran su protección a Corcira y permitieran el libre comercio a la ciudad de Megara. Atenas se negó.

Esta lucha —narrada magistralmente por el historiador Tucidides— comprende tres períodos:

1)   Guerra de los diez años (431-421 a. C.) que se inicia con la invasión del Ática por los espartanos y se prolonga hasta la paz de Nicias.

2)    Un periodo de siete años (421-414 a. C.)  de aparente calma,  en  el cual se destaca la expedición a Sicilia.

3)   La guerra de Decelia,  que termina con la victoria de Esparta y el agotamiento general de toda Grecia.

Primer período: La lucha fue iniciada por los espartanos y sus aliados, quienes in vadieron el Ática y arrasaron las viviendas y los sembrados. Los habi tantes debieron refugiarse en Atenas, ciudad que fue azotada por una epidemia que causó numerosos muertos, entre ellos el estadista Pericles.

El ateniense Cleón fue elegido estratego y debió marchar hacia ei norte para recuperar Anfípolis, tomada por el general espartano Brasidas. Derrotado por el enemigo, Cleón pereció en la lucha.Luego de este episodio, ambos adversarios decidieron firmar la paz, conocida como Paz de Nicias.

Nicias (c. 470-413 a.C.), fue un político y general ateniense. Miembro de una rica familia, encabezó el partido aristocrático y, desde el 429 a.C., logró ser elegido en repetidas ocasiones estratega de las fuerzas de Atenas, lo que le llevó a ser una de las figuras principales de la fase inicial de la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) que enfrentó a Esparta con su ciudad. Tras alcanzar una serie de victorias desde el 424 a.C., logró imponer su tesis apaciguadora, especialmente tras la muerte de su rival Cleón (422 a.C.).

HISTORIA:

Durante la Guerra del Peloponeso, Pericles murió por una peste que asoló a la ciudad de Atenas mientra estaba cercada por los espartanos. Murió después de haber visto perecer a

De esta manera  desapareció el hombre que durante cuarenta años había gobernado la democracia ateniense, y que había sabido dirigir al pueblo de forma que creyera que se gobernaba a sí mismo.

Desgraciadamente, sus sucesores no lo igualaron. Les faltaba firmeza; querían seducir al pueblo, y no sabían dirigirlo. La democracia fue sustituida muy pronto por la demagogia.

CLEON EL CURTIDOR. LA PAZ DE NICIAS (421 a. de J. C.)
El hombre que consiguió ganarse el favor del pueblo fue Cleón, un curtidor. Su gobierno comenzó con un triunfo.

La flota ateniense consiguió bloquear a varios centenares de soldados espartanos en el islote de Esfacteria.

Los atenienses tenían, así, a su merced, casi como rehenes, a un tercio de los mejores hoplitas espartanos. Además, podían desembarcar en Mesenia, y sublevar allí a los ilotas.

Esparta se atemorizó y pidió la paz. Pero Cleón y Atenas no supieron aprovechar la situación.

Desorbitando  su éxito,  quisieron  imponer a Esparta unas condiciones exageradas y deshonrosas.   Esparta  las  rechazó.

Mientras tanto, los espartanos cercados en Esfacteria, seguían resistiendo. El gobierno de Esparta prometió la libertad a todos los ilotas que consiguieran avituallar a los hoplitas.

Numerosos ilotas arriesgaron entonces sus vidas para alcanzar a nado el islote asediado y llevarles alimentos. Como los atenienses no conseguían apoderarse del fuerte, Cleón decidió dirigir personalmente el ejército.

El curtidor se convirtió, así, en almirante; y tuvo suerte: se apoderó de Esfacteria y capturó a los espartanos supervivientes.

¡Qué sensación! ¡Espartanos descendientes de Leónidas, héroes de las Termopilas, se habían dejado capturar vivos y rendido sus armas! De nuevo pidió Esparta la paz, y de nuevo la rechazó Atenas.

Los espartanos tuvieron que apelar otra vez a su valor, y su jefe, Brasidas, ocupó las costas de Tracia. Desde allí, hizo un llamamiento a la rebelión, y la mayoría de las ciudades de Tracia abandonaron la Liga de Delos.

El pueblo de Atenas se inquietó, y Cleón tuvo que ponerse en camino para ocupar Tracia. A causa de su inexperiencia, no supo dirigir a los valerosos soldados atenienses; vencido, se dio a la fuga, pero fue atrapado y muerto.

En el año 421 a. de J. C, los dos adversarios firmaron la paz de Nicias (nombre de su negociador ateniense), que debía durar cincuenta años y que dejaba a Atenas la herencia de Pericles.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

AMPLIACION DEL TEMA:

NICIAS Y CLEON

Desde la muerte de Pericles, dos jefes de partido se disputaban la dirección del pueblo ateniense.

El jefe del partido democrático, Cleón, era propietario de una gran fábrica de curtidos, razón por la cual su enemigo, Aristófanes, se burlaba muchas veces de él llamándole curtidor.

Hablaba con frecuencia en la Asamblea del pueblo, y, al contrario de Pericles, lo hacía a grandes voces, con violencia y gesticulando mucho.

Era enemigo de Esparta y deseaba la guerra. Tenía en su partido a los marinos, los artífices y los comerciantes de la ciudad y del Pireo.

El jefe del partido opuesto, Nicias, el más rico de los atenienses, era dueño de una mina de plata en el Laurión, en la que hacía trabajar a 2.000 esclavos.

No era orador, pero había logrado la popularidad haciendo donativos en especie a los ciudadanos pobres y costeando lindos espectáculos.

Por cinco veces fue elegido estratega. No amaba la democracia, era favorable a Esparta y deseaba la paz. De su partido eran los propietarios rurales perjudicados por la invasión.

El pueblo ateniense vacilaba entre los dos partidos y concedía su confianza unas veces a Nicias, otras a Cleón.

Una ciudad griega de Sicilia, atacada por los aliados de Esparta, pidió auxilio a Atenas. Los atenienses enviaron barcos, que para ir a Sicilia dieron la vuelta al Peloponeso.

El general Demóstenes, que iba con la flota, propuso que se ocupase la montaña que domina el puerto de Pilos en la costa de Mesenia y se hiciera de ella un refugio para los mesenios y los ilotas sublevados contra Esparta.

Los generales atenienses no querían, pero el viento arrojó los navios a la costa y los retuvo varios días. Los soldados atenienses, para distraerse, hicieron atrincheramientos en la montaña de Pilos.

No tenían instrumentos para cortar las piedras, ni artesa donde poner el cemento, y subían la arena a hombros. Los espartanos, ocupados en aquel momento en celebrar una fiesta, les dejaron hacer.

Al cabo de seis días, la flota se hacía de nuevo a la vela en dirección a Sicilia, dejando a Demóstenes con cinco naves en aquella fortaleza improvisada.

Los espartanos mandaron volver su ejército del Ática y su flota de Corcira.

Sesenta naves fueron a sitiar a Demóstenes. Bloquearon las dos entradas de la rada de Pilos y, para acabar de cercarla, desembarcaron 420 hoplitas en la isleta de Esfacterla, colocada de través en el golfo.

Pero Demóstenes rechazó todos los ataques. Luego llegaron 50 barcos atenienses, hicieron huir a la flota espartana y ocuparon la rada de Pilos. Los 420 guerreros que habían quedado en Esfacteria se encontraban a su vez bloqueados y sin provisiones.

El ejército espartano, venido para sitiar a Pilos por tierra, les veía de lejos sin poder auxiliarles. Los 420 eran espartanos, y de las mejores familias.

El gobierno espartano prometió la libertad al ilota que lograra introducir víveres en Esfacteria. Muchos se presentaron.

Unos pasaban en barcas y abordaban a una de las costas de la isla que miraban a alta mar, cuando el viento soplaba del mar y alejaba a las naves de Atenas, otros pasaban la rada a nado entre dos aguas llevando a remolque con una cuerda odres llenos de miel o de linaza.

El tiempo se ponía malo. En Atenas, Cleón dijo que ya los generales deberían haber obligado a rendirse a los guerreros de Esfacterla. Nicias, uno de los estrategas, le dijo que tomase tropas y se encargase él mismo de la empresa.

Cleón se había comprometido demasiado para no aceptar. Dijo que en veinte días se apoderaría de Esfacteria.

Partió hacia Pilos y se puso de acuerdo con Demóstenes para atacar.

Había en la isla de Esfacterla un bosque que hasta entonces había servido de abrigo a los espartanos.

Pero una hoguera que prendieron para guisar quedó mal apagada y un viento impetuoso llevó las chispas al bosque, que ardió por entero. Los espartanos quedaban ai descubierto.

El grueso de la tropa acompaba cerca de una fuente, un destacamento estaba apostado en la punta de la isla en una escarpadura.

Los espartanos intentaron perseguirles, pero contenidos por al peso de sus armaduras, cercados por todas partes por un enemigo que no podían alcanzar, cegados por la ceniza del bosque que había ardido, ensordecidos por los gritos de los asaltantes que apagaban las voces de mando de sus jefes, acabaron por cansarse, abandonaron su campamento cerca de la fuente y se retiraron a la escarpadura de la punta de la isla, donde se atrincheraron en una antigua fortaleza.

Allí se defendieron todo el día.

Por fin logró una tropa de arqueros mesenios, pasando por encima de precipicios, trepar encima de rocas que dominaban el fuerte.

Los espartanos, cercados, agotados por el cansancio y la sed, ya no podían defenderse. Cleón, que quería llevarlos vivos a Atenas, les invitó a rendirse. El combate se paralizó.

Los espartanos pidieron que se los dejase consultar a los de su nación acampados delante de Pilos y les fue permitido.

Un heraldo, venido del campo espartano, les trajo esta respuesta: «Los lacedemonios os inducen a que deliberéis vosotros mismos y a que no hagáis nada vergonzoso».

Se rindieron. De 420 no quedaban más que 292. Fueron llevados prisioneros a Atenas (425 a.C).

El hecho produjo gran impresión en Grecia. Era la primera vez que se rendían los espartanos en vez de hacerse matar.

Los atenienses manifestaron que si los espartanos invadían el Ática como de costumbre, matarían a los prisioneros de Esfacteria. La invasión no se repitió.

Un espartano, Brasidas, famoso por su bravura, propuso entonces ir a atacar a los atenienses al punto sensible, a Tracia. Atenas tenía necesidad de ese país, del cual venían las maderas que le eran precisas para construir sus barcos (en el Ática no había montes). Allí tenía sus minas de oro.

La flota ateniense era dueña del mar. Había, por tanto, que ir a Tracia por tierra y pasando por toda Grecia. Los aforos dieron a Brasidas un pequeño ejército, 1.000 peloponesíos y 700 ilotas, gentes peligrosas de que Esparta trataba de desembarazarse.

Brasidas cruzó toda Grecia, y aun la Tesalia, aliada de Atenas, sin tener que combatir, y llegó a Tracia. La ciudad más importante, Anfípolls, llave del paso del Estrimón, tenía una pequeña guarnición ateniense.

Brasidas se apoderó del puente del Estrimón y propuso a los habitantes que permanecieran en su ciudad conservando todos sus bienes o que la abandonara en el término de cinco días llevándose cuanto era de su pertenencia.

Todas las ciudades de la Calcídica se separaron entonces de Atenas y llamaron a Brasidas que les prometía la libertad.

En Atenas, Cleón dijo que era absolutamente necesario recuperar Anfípolis. Fue elegido estratega, partió con 30 naves y acampó en una altura cercana a Anfípolis. Brasidas le atacó y puso en fuga. Cleón fue muerto con 600 hombres.

Los espartanos no perdieron más que siete, pero entre ellos estaba Brasidas (422 a.C.)

Por ambas partes se sentía el cansancio de la guerra. Nicias en Atenas, el rey Plistoanax en Esparta, deseaban la paz. Varios de ios aliados de Esparta, Corihto, Megara, los beodos, querían continuar la guerra. Esparta trató sin ellos.

Se hizo la paz por cincuenta años. Ambas partes devolvían aquello de que se habían apoderado. Diecisiete ciudadanos juraron en nombre de Atenas y de sus aliados, diecisiete en nombre de Esparta y de los suyos. Todos los años debía renovarse el juramento.

El tratado se grabó en estelas de piedra que se depositaron en los santuarios; en el Acrópolis de Atenas, en el templo de Apolo Amicleo en Laconia, en Delfos, en Olimpia, en el Istmo.

Fue la llamada paz de Nicias (421 a.C). La guerra siguió, por lo demás, entre Corlnto y Atenas, entre Esparta y Argos.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX

La Vida del Campesino en Grecia Antigua Cultivo y Técnicas

CAMPESINOS, LA VIDA EN EL CAMPO: CULTIVOS Y TÉCNICAS

Por temor a la escasez, para conseguir la autosuficiencia económica, por todas partes se cultivaban cereales: cebada y trigo entraban en la fabricación de las galletas y del pan, que constituían la base de la alimentación. El huerto procuraba, por otra parte, habas, lentejas, garbanzos y cebollas. Algunos frutos, peras e higos completaban la alimentación. Los rebaños de ovejas y de cabras pastaban en la montaña.

Así, el campesino estaba seguro de no carecer de lo esencial. La apertura de vías comerciales y la vocación marítima de Atenas, permitieron introducir a bajo precio el trigo del Ponto, de Egipto y de Sicilia, desanimando así al campesino de producirlo en su localidad. Pero, aprovechando los circuitos comerciales que el poder ateniense había establecido en el Egeo, el campesino pudo desarrollar cultivos de valor, esencialmente la vid y el olivo.

Esclavos Trabajando en Grecia Antigua

Esclavos en Trabajos Rurales en Grecia Antigua

El pequeño propietario, tenaz en su la bor, no teniendo otra fortuna que sus brazos, y quizás un par de bueyes y de esclavos,   fue   cantado   por   todos   los   poetas, trágicos o cómicos. Su entusiasmo, su humildad, han simbolizado siempre el destino de la Humanidad. Desde el amanecer, se le veía arrancar las piedras de un campo ingrato,  desbrozar,  plantar viñas u olivares.  Naturalmente, las técnicas eran muy rudimentarias. Un arado mediocre no hacía más que rascar el suelo: era necesario acabar el trabajo con un azadón.

Después de la recolección,  el  trigo,  extendido  en una era, era pisoteado por el ganado grano se molía, después, en un mortero, con la ayuda de la mano del mismo,’ de piedra. Las aceitunas se recogían con una caña larga. El trabajo más importante tenía lugar en la época de la vendimia:   el campesino y sus vecinos  recolectaban las uvas al son de un oboe; después, se metía la cosecha en una enorme cuba de madera y los hombres, la pisaban para exprimirla. Por la mañana temprano, los aldeanos  se dirigían a la ciudad, donde podrían vender sus productos.

En los días sombríos, eran los- primeros afectados. En tiempo de guerra, por ejemplo, se refugiaban detrás de los  muros  de  Atenas,  hacinándose  en  la ciudad, sin recursos, mientras  sus  árboles eran cortados y sus campos arrasados por el enemigo. Años de trabajo perdidos:  no les quedaba otro recurso que volver a empezar, tan pronto como la precaria paz llegara.

Sin embargo,, en el siglo V a. de J. C, los pequeños campesinos vivían con cierto desahogo. Su vino, su aceite se vendían bien; a cambio, aportaban a la democracia e! peso de su buen sentido y de su equilibrio. Sabían que la democracia, como la tierra, no puede devolver más que lo que se le ha dado.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos con Pericles Edit. CODEX

La Moneda en Grecia Antigua Lechuza de Plata

MONEDA EN GRECIA: LA LECHUZA DE PLATA

Atenas fue, con Corinto, la única ciudad de Grecia que no despreciaba el trabajo manual. En Esparta, por ejemplo, ninguno de los Iguales podía ejercer una profesión lucrativa: todos debían consagrarse a la vida militar; no podía comprenderse más que el interés por la ciudad, y la consecuencia fue el desprecio del ciudadano por el trabajo. Para ellos, trabajar era cosa de los bueyes y los esclavos. Los atenientes, por el contrario, honraron el trabajo. Sin embargo, esto no vino por sí solo, puesto que fue necesaria una ley castigando a todo el que reprochara su profesión a un ciudadano.

En realidad, los aristócratas de Atenas despreciaban el trabajo, y a todos aquellos que ejercían una profesión, tanto como cualquier espartano. Pero la democracia ligó su destino al respeto por el trabajo. Por otra parte, la ciudad se interesaba por la producción. Por supuesto, no se trataba de planificar, de dirigir, sino solamente de favorecer la producción en cantidad.

moneda griega lechuza de plata

«La grandeza de nuestra ciudad, declara  Perícles,   atrae   los   productos del mundo entero». El Píreo era un rico puerto de importación y distribución, en donde se compraba trigo y se ofrecía vino, aceite y productos manufacturados. La lechuza, símbolo de Atenas, ornaba las piezas de la moneda fuerte que aseguraba la estabilidad de los intercambios.

Gracias a Solón, se fijan los pesos y medidas, las unidades de moneda La moneda ateniense, en plata, acuñada con una lechuza, tenía curso en todas las plazas comerciales del mundo: ya no era necesario pesar el metal; el sello de Atenas daba fe, y este crédito favorecía los intercambios y, por lo mismo, la producción. La prueba de esta eficacia, es que jamás, ni siquiera en las horas más sombrías, aceptaron los atenienses alterar su moneda.

Como la libra esterlina en el siglo XIX o el dólar de nuestros días, la lechuza ateniense era la base del comercio mundial. Pero que no se piense que se alcanzaban producciones enormes. Cada ciudad no disponía más que de un territorio exiguo: las llanuras eran raras y para los cultivos había que utilizar las pendientes de las colinas y de las montañas. En el Ática, el campo era explotado, sobre todo, por pequeños campesinos libres.

Estos fueron protegidos por las leyes de Solón y de Pisístrato, que veían en las clases medias un elemento esencial para la estabilidad política. Sin embargo, existían también importantes propiedades, en las que se utilizaba la mano de obra servil.

Metecos y Esclavos en Grecia Antigua Vida y Derechos

METECOS Y ESCLAVOS EN ATENAS DE PERICLES

Aunque es cierto que griegos ( y también los romanos)  fueron siempre sociedades esclavistas, no fueron ellos los inventores de la esclavitud. Ésta, según parece, empezó a existir cuando el hombre abandonó la vida nómada y se hizo sedentario. Todavía en la actualidad, a pesar de que la esclavitud fue prohibida en Occidente en el siglo XIX, hay muchos países donde existen formas de esclavitud más o menos encubiertas: explotación de los inmigrantes ilegales, trata de blancas, etc. En la antigua Grecia, se llamaba meteco al extranjero que se establecía en Atenas y que no gozaba de los derechos de ciudadanía. El número que vivía en Atenas ha sido evaluado en 70.000. Los metecos eran hombres libres, extranjeros de nacimiento, pero domiciliados en el Ática.

Para los griegos, por ejemplo, todos los no griegos, los bárbaros, eran considerados esclavos por naturaleza. Por eso la mayor parte de los esclavos griegos fueron extranjeros: tracios, escitas, etc. Algo parecido ocurría en Roma. Sin embargo, aunque no estuviera bien visto, también los propios griegos y romanos podían caer en la esclavitud. La mayor parte de éstos procedían de los prisioneros de guerra, pues se consideraba posesión del vencedor todo lo conquistado en una campaña militar, incluyendo los enemigos capturados. A veces, por este medio caían en la esclavitud ciudades enteras. La expansión territorial de los romanos inundó Italia de esclavos, lo cual explica su abundancia, especialmente durante los siglos II y I a. de C.

Un tipo muy frecuente de esclavitud, al menos en ciertos momentos, fue la esclavitud por deudas. Cuando un hombre libre no podía hacer frente a sus deudas con sus bienes, porque no los tuviera, debía responder con su propia persona o con la de los suyos. Así el legislador ateniense Solón (640-558 a. de C.) prohibió en el 594 que se pudiese poner como garantía de un préstamo la propia persona del deudor o de su familia. Los romanos prohibieron esta esclavitud en el 326 a. de C.

En la esclavitud también podía caer un hombre libre si, durante un viaje, tenía la desgracia de ser apresado por piratas. Se cuenta que el gran filósofo Platón (428-357 a. de C), fue apresado por piratas y vendido como esclavo. Un amigo suyo, Anniceris de Cirene, lo compró y le dio la libertad.

También era considerado esclavo el hijo de esclavos (en latín se denomina verna o vernáculus el esclavo nacido en casa —hijo por tanto de esclavos— frente al ingeniáis que es el hombre nacido de padres libres). Finalmente niños abandonados o vendidos por sus padres, y personas condenadas a penas que comportaban la pérdida de la libertad personal podían llegar a engrosar este próspero comercio de mercancía humana.

Esta tolerancia es uno de los fenómenos más extraordinarios del mundo antiguo. Generalmente, en efecto, nada protegía al extranjero: era, en el sentido propio, un fuera de la ley; el asesinarlo no hubiera desencadenado entonces ninguna persecución. Pero, quizá porque Atenas estimaba el trabajo, acogió a los trabajadores llegados del mundo entero y les concedió la protección de la ley. Bastaba tener un padrino, para ser inscrito en un registro. Pero el extranjero estaba sometido a una doble incapacidad; primero, no podía adquirir ninguna tierra, pues ésta escaseaba demasiado para que se pudiera pensar en compartirla.

QUIENES PODÍAN SER ESCLAVOS:
• Los bárbaros o extranjeros.
• Los propios griegos y romanos.

FORMAS DE CAER EN LA ESCLAVITUD:
• Prisioneros de guerra.
• Esclavitud por deudas.
• Esclavos nacidos en casa.
• Hombres libres capturados por piratas, niños vendidos por sus padres, personas con penas que implicaban la pérdida de la libertad.

cuadro clases sociales en atenas

En la antigua Grecia, se llamaba meteco al extranjero que se establecía en Atenas y que no gozaba de los derechos de ciudadanía. El número que vivía en Atenas ha sido evaluado en 70.000. Los metecos eran hombres libres, extranjeros de nacimiento, pero domiciliados en el Ática.

Por otra parte, el meteco no podía casarse con una ciudadana y, en consecuencia, sus hijos no podían llegar a ser ciudadanos. Aparte esto, se les trataba en las mismas condiciones de igualdad. Podían, incluso, recibir concesiones de minas, encargos del Estado, participar en la vida religiosa de Atenas. Sin embargo, en el Pireo sobre todo, los metecos del mismo origen preferían agruparse en cofradías, para celebrar su culto original.

A cambio de estas ventajas, únicas en el mundo, el meteco tenía deberes importantes: pagaba los mismos impuestos, debía cumplir el servicio militar.

Esta actitud liberal de Atenas con respecto a los extranjeros, estaba ligada a los intereses de la gran ciudad. Se encontraban metecos en todas las industrias y no se mostraban descontentos con su tarea.

Se les hallaba, sobre todo, en. el trabajo de los metales. Así, un meteco, el armador Kefalos, poseía un taller que reunía 120 obreros. Los metecos ocupaban también el primer lugar en el comercio. Atenas atraía a los grandes artistas y a los grandes pensadores: así, Hipodamos de Mileto, que construyó el Pireo, el pintor Polignoto de Tasos, el médico Hipócrates de Cos fueron huéspedes de Atenas. El éxito de la ciudad se debía, en parte, a la actividad de los metecos.

Atenas había demostrado que el cosmopolitismo, al poner en contacto técnicas y opiniones diversas, favorece el progreso y realiza una promoción del hombre.

Sin embargo, es preciso limitar nuestro entusiasmo. La mayoría de la población de Atenas estaba compuesta de esclavos. Todos los griegos pensaban que una sociedad, si quería sobrevivir, no podía prescindir de los esclavos. Aristóteles, además, consideraba que éstos no tenían alma. Pero recordemos que otras civilizaciones han utilizado proletarios, nacionales o extranjeros, para efectuar las faenas ingratas.

Los esclavos permitían a los otros ciudadanos desarrollar su inteligencia y ocuparse de la política. Egoísmo que no es exclusivo de Grecia. También debemos precisar que la suerte de los esclavos no siempre era deplorable. La mayoría de ellos provenían de la guerra (¡ay de los bárbaros vencidos!); otros, habían nacido en las casas, hijos de esclavas. Los piratas no cesaban además, de abastecer el mercado.

Estos esclavos no tenían ningún derecho: eran cosas; el dueño podía venderlos, frecuentemente por menos dinero que un buey. Sin embargo, los atenienses no fueron, realmente, demasiado duros con sus esclavos.

Los amos no tenían sobre ellos derecho de vida y muerte, y, refugiándose en el templo de Teseo, el esclavo podía siempre exigir ser vendido a otro dueño. Además, los sentimientos se encargaban de limitar la dureza de su condición: los esclavos eran frecuentemente tratados como miembros de la familia. El banquero Pasión llegó hasta conceder la libertad a uno de sus esclavos y le confió la gerencia de sus negocios; en su testamento lo nombró, incluso, tutor de su hijo.

El Estado era el principal propietario de esclavos; éstos ocupaban los puestos secundarios de la administración: bedeles de las asambleas, agentes de policía, etc. Los más desgraciados de todos eran los que trabajaban en las minas y en los molinos; a estos lugares, además, se enviaba a los esclavos de los que se tenían quejas.

El precio de los esclavos variaba mucho según su edad y aptitudes. Los esclavos más apreciados y por los que se llegaban a pagar auténticas fortunas eran los gramáticos, que luego servían en las casas más nobles como tutores o profesores particulares de los hijos de la nobleza. Entre los esclavos más valorados estaban los griegos, pues no olvidemos que tras la caída de Grecia en manos romanas el año 146 a. de C. miles de griegos fueron vendidos en Italia como esclavos y entre ellos había filósofos, arquitectos, médicos, además de gente común.

También se valoraba mucho la belleza, la habilidad para determinados oficios —como los cocineros—, etc. Sin embargo, lo normal era que un esclavo no costase mucho pues, como podemos ver en las comedias latinas, hasta los más pobres tenían algún esclavo en casa. A los esclavos de poco valor se les solía rapar la cabeza.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Para el hombre clásico la existencia de esclavos (en griego doúlos y en latín servus) era tan natural como la existencia de hombres libres. Un filósofo de la talla de Aristóteles decía a este respecto: «Tras esto hay que examinar […] si es mejor y justo para alguien ser esclavo o no, o bien si cualquier esclavitud es contraria a la naturaleza. […] pronto, desde su nacimiento, algunos están destinados a ser mandados y otros a mandar.

[…] El ser vivo está constituido, en primer lugar, por alma y cuerpo, de los cuales la una manda por naturaleza y el otro es mandado.

[…] Al referirnos de nuevo al hombre y los demás animales sucede lo mismo: los animales domesticables son mejores que los salvajes, y para todos ellos es mejor estar sometidos al hombre, ya que así obtienen seguridad. También en la relación del macho con la hembra, por naturaleza, el uno es superior, la otra inferior; por consiguiente, el uno domina; la otra es dominada.

Del mismo modo es necesario que suceda entre todos los humanos. […] Aquellos cuyo trabajo consiste en el uso de su cuerpo, y esto es lo mejor de ellos, éstos son, por naturaleza, esclavos, para los que es mejor estar sometidos al poder de otro, […]

(Aristóteles, Política, I, 5, trad. C. García Gual y A. Pérez Jiménez).

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos con Pericles Edit. CODEX

Los Eupátridas en Grecia Características Genos y Clanes

EUPÁTRIDAS:ORGANIZACIÓN SOCIAL EN GRECIA ARCAICA

Desde la época homérica (-800) existe la vida política en Grecia.

Era frecuente que una aldea más importante, emplazada en un lugar más favorable para la defensa (cosa indispensable en una época de gran inseguridad), consiguiera imponerse.

La ciudad es, pues, el elemento básico de la vida política.

Estas ciudades, no eran capitales grandiosas: Homero nos dice que Agamenón ofreció siete de ellas a su hija, y Menelao, para acoger a Ulises y a su séquito hizo que todos los habitantes de una de sus ciudades la desalojaran.

Sin embargo, la mayor parte de ellas estaban protegidas por enormes murallas, llamadas ciclópeas, porque era difícil admitir que hubieran sido edificadas por los mortales.

Dentro de las ciudades vivía una sociedad claramente dividida en clases. En la cumbre de la escala estaban los nobles, llamados eupátridas (los bien nacidos).

Eran propietarios de tierras y sólo ellos podían adquirir los atalajes, los caballos y las armas necesarias para la guerra. Se trataba, pues, de una aristocracia militar que tenía a gala enumerar sus riquezas: tierras, viñedos, pastos, tejidos, recipientes con provisiones.

Reunían el poder económico, el poder militar y el poder político, pues esos nobles formaban los clanes o genos (plural: gene).

Todos los miembros de cada genos estaban unidos por lazos de sangre o lazos religiosos.

Bajo la autoridad   absoluta  del  jefe  del clan  eran  solidarios unos de otros, tanto para lo bueno como para lo malo.

Cuando uno de ellos era víctima de una exacción, el clan entero se consideraba afectado, y, en bloque, exigía una reparación al genos al que pertenecía quien había cometido la falta.

Por ello, todos los troyanos fueron considerados responsables de la fechoría de Paris. Todo crimen de sangre se pagaba con la sangre, toda muerte se pagaba con la muerte. Los clanes se lanzaban a interminables venganzas, aunque, sin embargo, podían unirse en el interior de la ciudad.

Al frente de la misma, se imponía como «rey de reyes» el eupátrida que poseía más riquezas y más poder.

Sin duda alguna, invocaba su origen divino, pero, en definitiva, la fuerza era la única garantía de su autoridad.

El representaba a la ciudad ante los dioses y las demás ciudades; dirigía las guerras, y, en compensación, tenía derecho a una doble parte del botín. Ocupaba el lugar de honor en las ceremonias.

En su casa, mayor que las otras, había una cámara donde se deliberaba sobre las decisiones que debían adoptarse en común.

El rey, en efecto, no podía decretar nada sin oir la opinión del consejo: él presidía ese consejo, interrogando a unos y a otros.

Algunas veces, cuando la decisión había sido tomada, el rey la anunciaba al pueblo reunido; éste, por sus aclamaciones o por su silencio, también manifestaba su opinión. Pero al pueblo, realmente, no le quedaba más que someterse a las iniciativas de los que poseían la riqueza y la fuerza.

Un día, delante de Ulises, un hombre del pueblo, Tersites, osó oponerse a las decisiones del consejo, por lo que fue apaleado. El pueblo, pues, sólo podía dar su consentimiento.

El pueblo se componía de hombres libres, bastardos, miembros de los clanes rechazados por sus familias, extranjeros.

Algunas veces, podían roturar una parcela de terreno, pero lo más corriente era que intentaran dedicarse a algunos servicios públicos, tales como el canto o la medicina, o cualquier otro cuya técnica exigiese una especíalización. Pero las posibilidades eran reducidas, puesto que el clan se bastaba a sí mismo.

cuadro de clases sociales en atenas

LA EDAD DE ORO: MUJERES Y ESCLAVOS
Según Homero, el genos vivió días apacibles. Aparte las guerras, que producían beneficios y ofrecían la oportunidad de demostrar el valor, la vida parecía paradisíaca.

Alrededor del jefe se agrupaba una familia numerosa, unida por lazos afectivos. Alcinoo, rey de los feacios, amaba tiernamente a Arete, su mujer.

Las mujeres, en realidad, apenas tenían derechos; estaban sometidas a su marido o, si faltaba éste, a sus hijos. Sus faltas eran castigadas severamente: la mujer adúltera era arrojada al mar, con el hijo adulterino, para ser juzgada por Poseidón.

Sin embargo, el papel de la madre fue creciendo, poco a poco, y las concubinas fueron siendo cada vez menos toleradas:  así, Laertes, padre de Ulises, hubo de renunciar a una concubina que había cambiado por veinte bueyes.

No obstante su sumisión, la mujer no dejaba de ser coqueta; le gustaban los vestidos vapotosos, que dejaban libres los tobillos y descubiertos los brazos; se preocupaba de tener un talle fino y dedicaba bastante tiempo a sus cabellos, a menudo peinados en largas trenzas.

Como dejaba a su esposo el cuidado de dirigir a los criados, era el señor quien se ocupaba de la hacienda.

Este no desdeñaba participar en las tareas domésticas, y a veces se organizaban concursos: así, Ulises estaba orgulloso de su hijo Telémaco, y Nausicaa era celebrada por sus padres.

También los hijos se ocupaban de estos trabajos: Nausicaa, la princesa, quería lavar personalmente la ropa blanca de su padre.

Los domésticos, los esclavos, están, en principio, sometidos a la autoridad absoluta del amo; pero, en la práctica, son tratados con blandura y entran a formar parte de la familia.

Telémaco trataba a Eumeo, el porquero, de «viejo hermano», y éste se hallaba tan orgulloso de las riquezas de Ulises como si se tratase de las suyas propias. Nausicaa jugaba a la pelota con sus doncellas. Todos trabajaban para la hacienda.

Unos hilaban y tejían, otros se ocupaban de los duros trabajos del campo, otros fabricaban los recipientes que servían para almacenar las provisiones.

La familia, el clan podía, pues, vivir autárquicamente. Los comerciantes, fenicios en su mayoría, ofrecían los tejidos y los productos exóticos, pero el comercio era reducido y estaba en manos de los extranjeros.

Un trabajo para cada uno, que evitaba los peligros y los inconvenientes de la ociosidad, la guerra, las danzas, los cantos de los aedos: he aquí los elementos que constituían la vida en la época de Homero.

La monarquía hereditaria fue abolida en el 683 a.C. por y en favor de los eupátridas, clase aristocrática originada de la poderosa oligarquía terrateniente que conservaría el poder hasta mediado el siglo VI a.C. Los eupátridas eran la única fuente de derecho y podían llegar a ser arcontes, magistrados responsables de la dirección de los asuntos bélicos, religiosos y legislativos, elegidos anualmente por el Areópago, el consejo de notables cuyos miembros, además de esta capacidad electiva de los arcontes, representaban la máxima instancia judicial.

LOS TIEMPOS ARCAICOS:
La victoria de los eupátridas
Los historiadores llaman «tiempos arcaicos» a la época que se extiende desde los comienzos del siglo VIII a. de J. C. hasta los preliminares de las guerras médicas (490 a. de Jesucristo).

Este período, cuyos vestigios e inscripciones son más precisos, está marcado por importantes transformaciones: la monarquía desaparece, se desintegran los clanes, y se constituye la ciudad griega. Por último, una nueva expansión colonial siembra de focos de helenismo al Mediterráneo, de este a oeste.

Partiendo de la Grecia del Asia Menor, la civilización se extendió a la Hélade continental, que la invasión doria había arruinado.

No debe olvidarse que Mileto, Efeso, Halicarnaso, Cumas, Focea, habían elaborado la cultura griega en las costas asiáticas.

Poco a poco, la realeza homérica fue desapareciendo, en beneficio de la aristocracia terrateniente.

Los nobles o eupátridas rechazaron, en lo sucesivo, la autoridad de los reyes, por limitada que fuese, arrogándose todos los privilegios.

Sólo ellos conocían el derecho consuetudinario, en virtud de lo cual forman parte de los tribunales, y establecen una justicia de cíase, que les es favorable. Sólo ellos podían consultar a los dioses, de los cuales se creían descendientes.

Cuando la moneda hizo su aparición, cambiaban parte de sus abundantes provisiones por metales preciosos, y prestaban este dinero, a interés elevado; si el deudor no podía pagar, se le quitaba la tierra o se le reducía a la esclavitud.

El rey ha desaparecido: los humildes tienen cien amos en vez de uno. Se establecen gobiernos oligárquicos, es decir, gobiernos cuya autoridad es ejercida por un pequeño grupo de personas.

Aumenta la diferencia entre ricos y pobres (o entre gavilanes y ruiseñores, según expresión de Hesíodo). Todo era regulado por un resttingido consejo de nobles, que detentaban el poder ejecutivo y el legislativo.

Al mismo tiempo, la familia se disgrega: todos quieren vivir por su cuenta, en su propiedad privada. Algunos lo consiguen, pero otros pagan con la inseguridad el precio de su libertad relativa.

Los aristócratas poseían, pues, la tierra, las armas, el dinero y el poder político. Frente a ellos, algunos sólo tenían sus brazos y un pedazo de tierra: una mala cosecha los dejaba a merced de los poderosos.

No es, pues, de extrañar que soñasen con otras costas en las que podrían encontrar la perdida edad de oro.

Ver: Arcontes y Areopago

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Los Griegos – Grecia Arcaica-

Historia de Micenas Características Civilización Micénica

 ORIGEN Y DESARROLLO DE LA CIVILIZACIÓN MICÉNICA

La cultura cretense ha sido considerada madre de la cultura griega. Estos pueblos de habla griega llegaron a Creta y vivieron en Cnosos, procedían del continente, probablemente de la península que en la actualidad conocemos con el nombre de Grecia. En el 1400 a.C. fue invadida por los aqueos, que constituyeron la civilización micénica. Estos a su vez fueron desplazados en el 1200 a.C. tras la invasión de jonios y dorios.

Puerta de los Leones en Micenas

En el año 1400 a.C. el área cretense fue invadida por los aqueos, un pueblo que provenía de la zona continental de Grecia y que hablaba ya una forma de griego arcaico. Estos construyeron ciudades amuralladas, como Micenas, y fundaron la denominada civilización micénica.

INVASIONES DE LOS BÁRBAROS O INDOEUROPEOS: Los aqueos, antepasados de los griegos, pertenecían a la vasta familia de pueblos denominados indoeuropeos o arios. El primer término no significa que procediesen de una mezcla de indios y de europeos, sino que una parte de ellos, después de haber asolado las mesetas del Irán, lanzaron sus hordas hasta la India del Norte. Fue a partir del año 2000 a. C. cuando se presentaron violentamente en el Oriente mediterráneo. Parece que su superioridad provenía del uso del caballo y de las armas de hierro.

Hacia 1900 a.C., invadieron la meseta de Anatolia y fundaron el Imperio Hitita. Los kasitas, los mitannianos, que en varias ocasiones amenazaron Babilonia, estaban, igualmente, dominados por una aristocracia militar de origen indoeuropeo.

mapa de grecia antigua

Alrededor del año 1650 a. C., sus hordas ocuparon el Irán y fueron el origen de los medos y de los persas. La segunda gran oleada, la más terrible, tuvo lugar hacia el 1200 a.C. fueron los Pueblos de la Mar, cuyo empuje no se detendría hasta llegar a las fronteras de Egipto, y los dorios, que suplantaron a su vez a los aqueos, sus hermanos mayores, debilitados por el contacto con Creta.

Los indoeuropeos no se dirigieron sólo hacia Oriente. Otros grupos se instalaron en Europa occidental: en Italia, los umbros; en la Galia, los celtas. Los germanos, fueron casi los últimos en llegar.

HISTORIA DE MICENAS: Como decíamos antes, los primeros invasores que penetraron en Grecia, alrededor del 1700 a.C, eran bárbaros en comparación con los cretenses, pero, al igual que otros pueblos bárbaros que llegaron en épocas posteriores, montaban a caballo y tenían carros.

Construyeron fortalezas  —al parecer, siempre estaban a la defensiva, circunstancia que nos revela cómo trataban a los nativos—, algunas de ellas en emplazamientos que más adelante se convertirían en famosas ciudades griegas, como Atenas, por ejemplo. El centro más importante se encontraba en Micenas, nombre del que deriva el adjetivo micénico con que se conoce a este pueblo y su cultura.

Los micénicos construyeron edificios de grandes dimensiones, y eran buenos guerreros. Se cree que vivían en una especie de liga o federación de poblados, cada uno de ellos gobernado por un rey; el de Micenas presidía a los demás. Los nativos de Grecia pasaron a ser arrendatarios, siervos o esclavos de los nobles micénicos, que eran los propietarios de las tierras.

MICENAS SUPLANTA A CRETA: Mientras se desarrollaba la civilización cretense, la Grecia continental se había transformado , poco a poco, desde el principio del segundo milenio, debido a la llegada, por el norte o desde el mar, de ios invasores indoeuropeos.

Esta invasión de los pueblos aqueos, no representó un cataclismo: una tribu tras otras, se fueron deslizando a través de la península, y se impusieron, gracias a la superioridad de sus armas. Se instalaron, preferentemente, en el Peloponeso, en Micenas, en Tirinto, en Pilos. Comprendiendo todos los beneficios que podían obtener de ia influencia cretense, supieron, durante tres siglos (desde 1700 hasta 1400 a. C.), mantener relaciones pacíficas. Pero, una vez terminado su aprendizaje, destruyeron Creta.

Entretanto, habían consolidado su poder y edificado su civilización, cuyo esplendor prueban los tesoros descubiertos en las tumbas. Los aqueos vivían en ciudadelas poderosamente fortificadas, de las cuales Micenas ofrece un ejemplo   particularmente   palpable.

Bloques calcáreos, toscamente labrados, y después superpuestos, formaban murallas tan imponentes que ios antiguos atribuían su construcción a gigantes: los cíclopes. Estas murallas tenían un espesor medio de seis metros y alcanzaban hasta diez metros de altura.

La monumental puerta de los Leones (el dintel pesa más de 20 toneladas) conducía, por un plano inclinado, a la acrópolis, en cuya cumbre se levantaba eí palacio real. Este palacio se componía, esencialmente, de una gran pieza rectangular, el megaron (13 metros de largo por 11,5 m. de ancho), en cuyo centro había un hogar en forma de círculo; cuatro columnas soportaban ei techado. El acceso tenía lugar por un porche que se abría a un peristilo. Un sótano y un piso para habitación completaban eí conjunto. Aunque no se trataba de una morada inmensa, mostraba. sin embargo, el relativo poder de sus habitantes.

La ciudadela comprendía también viviendas secundarias, destinadas a los amigos, a los parientes, y, sin duda, a los principales lugartenientes del rey. En caso de peligro, podía servir de refugio a los campesinos de los alrededores. Gracias a los graneros, situados en el interior del recinto, y a una gran cisterna alimentada por el agua de una fuente exterior a través de una conducción subterránea, se podía resistir un largo asedio.

Cerca de la Puerta de los Leones había un cementerio, en forma de explanada circular, rodeada de muros, que contenía seis tumbas excavadas en la tierra: eran las sepulturas de los reyes y su familia. Máscaras de oro, armaduras, espléndidos puñales cincelados, jarrones, dan testimonio de la riqueza de ios reyes. Después, los grandes personajes fueron inhumados en tumbas llamadas de cúpula, fuera de la ciudadela: la más célebre es la conocida con el nombre de Tesoro de Atreo.

Fortaleza de Micenas

Fortaleza de Micenas

Una sala circular de 14,50 metros de diámetro y 13,20 metros de altura precede a la cámara sepulcral. Esta solidez arquitectónica no impedía el refinamiento del detalle: ¡os muros  estaban decorados  con frescos  que, por su técnica y sus motivos (procesiones, homenajes al soberano, escenas de combates y de caza), manifiestan la influencia cretense.

Se ven hombres con túnica hasta medio muslo, y de mangas cortas; los magnates aparecen con sus armas y sus monturas. Las artes menores, la cerámica especialmente, se distinguen por sus formas nuevas: vasos con asas, acampanados, copas de largo pie, ánforas con tres asas…

La decoración es discreta; al principio, constituida por dibujos geométricos: después, cada vez con más frecuencia, por animales domésticos y por figuras humanas. Así, pues, las piedras y los objetos indican lo que fue la civilización que llamamos micénica: un conjunto de ciudades fortificadas que, no obstante, fueron capaces de atraer a los artistas y a los mercaderes extranjeros.

Esta sociedad, que no se debe limitar a las bien situadas plazas fuertes de Argólida, pues se encuentran vestigios de ella fuera del Peloponeso, en Tesalia, en Beocia, en Ática, se nos presenta como un régimen feudal de reyezuelos y guerreros, preocupados, sobre todo, por la caza y las expediciones militares. Después de la destrucción de Cnosos, parece que relevó a los cretenses en el dominio del mar.

¿No se han encontrado en Rodas y en Chipre centros de influencia micénicos? También Itaca. el reino de Ulises, era micénica.

Alrededor del 1400 a.C, cuando los micénicos ya habían ocupado Cnosos, su civilización y potencia militar llegaron al punto culminante. También eran activos comerciantes, y los reyes hititas los trataban con respeto. Sus colonias del Asia Menor prosperaron extraordinariamente.

Las tabletas fechadas en el 1200 a.C. que se han hallado en Pilos demuestran que aprendieron técnicas de gobierno más avanzadas que las de sus vecinos. Y de repente se abre un período de oscuridad. No sabemos cómo se produjo el final de la supremacía micénica, pero se cree que se debió en gran parte a una serie de conflictos dinásticos acaecidos en la Grecia continental.

CARACTERÍSTICAS:

•   La sociedad aquea, según la describió Homero, era una sociedad de guerreros gobernada por una monarquía.

•   La economía se basaba iniciaimente en ia agricultura, pero paulatinamente el comercio se fue desarrollando y los micénicos se convirtieron en los sucesores comerciales de los cretenses. En este contexto parece explicarse la Guerra de Troya cantada por Homero: Troya pudo ser atacada por ser competidora de los aqueos.

•   El arte micénico destacó en la construcción de ciudades amuralladas y de tumbas de tipo familiar, con cámara de falsa bóveda y corredor. Los aqueos destacaron también por los trabajos hechos con oro y otros metales.

Esta civilización fue modificada profundamente tras la invasión de los dorios y los jonios que penetraron en el espacio griego y desplazaron a los aqueos hasta Asia Menor hacia el año 1200 a.C.

SU DESCUBRIMIENTO: Schliemann, fue el descubridor de la ciudad Troya, arqueólogo de origen alemán, que después de haber ejercido diversos oficios y realizado numerosos viajes se había enriquecido. Desde niño, se sintió fascinado por la leyenda homérica y deseó probar su veracidad histórica mediante una excavación arqueológica.

Los escritores de aquella época tenían a Homero por un poeta legendario, y ponían en duda el valor histórico de su obra. Schliemann fue el primero que creyó en él, y se dejó conducir por los indicios transmitidos por Homero, tomándolos al pie de la letra.

Los griegos—leemos en la llíada—recorrían, varias veces al día, el camino que separaba su campo, situado al pie de las murallas, del mar donde se encontraban sus navios. Schliemann divisó una colina en forma de meseta, de más de 200 metros de lado, lo bastante próxima al mar para hacer posibles tales viajes.

Además, Homero había dicho que Aquiles y Héctor, en el curso de su combate, habían dado tres veces la vuelta a las murallas: Schliemann hizo el trayecto por la falda de la colina y llegó a la conclusión de que, para dos combatientes encarnizados, el hecho no era imposible. Mientras todos los sabios estaban persuadidos de que la Troya homérica se encontraba mucho más lejos, adentrada en tierra; Schliemann decidió que su colina (cerca de la actual Hisarlik) correspondía al verdadero emplazamiento, y emprendió las excavaciones. Los trabajos comenzaron en 1870; Schliemann invirtió su fortuna personal y fue ayudado por su mujer, griega. Pronto encontró ruinas y utensilios; pero, con gran sorpresa, halló nuevas ruinas bajo las primeras, otras después, y, en total, nueve ciudades fueron exhumadas. Pero, ¿cuál de ellas era la Troya homérica?

En la segunda capa, de abajo arriba, descubrió huellas de incendio y de murallas, una inmensa portada y un tesoro. Estaba convencido de haber encontrado la ciudad de la que hablaba Homero y de haber descubierto su tesoro. ¡Schliemann murió, sin saber que se había equivocado! Los sabios han descubierto, posteriormente, que la verdadera Troya se encontraba en la sexta capa, contada desde abajo.

Mucho se le ha reprochado a Schliemann que, en su precipitación y en su ignorancia de aficionado, destruyera documentos de valor, cuya importancia había desestimado; lo cual no impide que este aficionado, valiéndose de su fe, haya descubierto un mundo olvidado y haya hecho recordar a los hombres que las civilizaciones son mortales. Además, puesto que Homero había dicho la verdad en cuanto a Micenas y Troya, era necesario conceder un valor histórico al resto de su obra.

mascara mortuoria de agamenón

La máscara mortuoria de Agamenón. Esta máscara mortuoria, hecha de una lámina de oro, fue uno de los primeros objetos que encontró Heinrich Schliemann en sus excavaciones de una serie de tumbas de pozo en Micenas. Schliemann afirmó haber encontrado la máscara de Agamenón, el rey de Micenas mencionado en la lliada de Homero.

El micénico fue, sobre todo, un pueblo guerrero, orgulloso de sus actos heroicos efectuados en combate. La evidencia arqueológica también señala que las monarquías micénicas desarrollaron una extensa red comercial. Se ha encontrado alfarería micénica a través de la cuenca del Mediterráneo, en Siria y en Egipto, hacia el este y Sicilia, y en la región sur de Italia, hacia el occidente. Pero ciertos académicos creen que los micénicos, guiados por la propia Micenas, también se expandieron militarmente, conquistando Creta y convirtiéndola en parte del mundo micénico. Algunas de las islas del Egeo también cayeron bajo el control micénico.

La más famosa de todas las supuestas aventuras militares micénicas ha llegado a nosotros a través del poema épico de Homero, cuando los micénicos, guiados por Agamenón, rey de Micenas,  saquearon la ciudad de Troya.

ORIGEN DE LA GUERRA DE TROYA: La guerra de Troya, por tanto, había tenido lugar. Fue hacia 1270 a.C. cuando comenzó esta guerra, que duraría diez años. Según la leyenda, el pretexto había sido fútil: la belleza de Helena.

Helena, hija de Zeus, rey de los dioses, era tan famosa por su belleza que todos los príncipes griegos tuvieron la esperanza de conseguir su mano. El tutor de Helena, temiendo que esta rivalidad provocara un conflicto, hizo prometer previamente a todos los candidatos que ayudarían al afortunado elegido, en el caso de que alguien raptase a Helena. Todos lo prometieron y Helena se casó con el rey de Esparta, Menelao, hermano del poderoso Agamenón, rey de Argos y de Micenas. Pero aparece Paris… Era hijo de Príamo, rey de Troya; su padre lo había hecho pastor: ¿no le habían advertido que un día su hijo causaría la ruina de su país?

En una visita a Esparta, Paris aprovechó la ausencia de Menelao para raptar a Helena. Entonces Menelao convocó a los demás jefes aqueos, los cuales se agruparon bajo el mando de Agamenón. Los más de ellos acudieron gozosos, entusiasmados por poder destruir una ciudad rival. Troya, en efecto, era la dueña de los estrechos; por este título cobraría, sin duda, derechos   de  peaje;   además,  estaba  consideraba como una ciudad rica en oro y en bronce, y por lo tanto de sumo interés para los saqueadores profesionales. El entusiamos de los griegos por Troya se explica por su placer por el pillaje y por el deseo de conquistar nuevas y seguras rutas comerciales.

Ver: La Guerra de Troya

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Los Griegos  – Jackson Spilevogel
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Grecia Antigua – Edit. CODEX
HISTORIA UNIVERSAL ILUSTRADA Tomo I Micenas  – John Roberts Edit. Debate

Aqueos y Dorios Costumbres Historia Pueblos Primitivos

AQUEOS Y DORIOS: PRIMITIVOS PUEBLOS DE GRECIA ANTIGUA

Grecia fue el primer país de Europa en donde surgió una gran civilización. La civilización europea tuvo su origen en la griega. Puede decirse, por tanto, que la mayor parte de nuestra cultura y de nuestro pensamiento deriva de aquel pueblo.

La posición geográfica explica en gran parte la evolución de le civilización en aquellas tierras. Grecia es la más oriental de las penínsulas mediterráneas y la más próxima a las costas del norte de África y del cercano Oriente, primeros territorios que fueror habitados por pueblos civilizados (egipcios, fenicios, súmeros).

La península griega se halla rodeada de muchas islas, las que la acercan más a aquellas tierras. En la antigüedad, fueron precisamente esas islas las primeras a las que llegaron razas progresistas que luego se orientaron hacia las costas e interior de la cita de península, atraídas por su clima benigno.

La primera civilización surgió en la isla de Creta, alrededor dt 3.000 años antes de Cristo. Fue la civilización llamada cretense o minoica (de Minos, rey de la isla). Buenos navegantes, los cretenses se expandieron en el Mediterráneo oriental, sobre todo en e mar Egeo, motivo por el cual también su civilización se llame egea. Los griegos muy poco sabían de estos antecesores prehelénicos, a los que les llamaban «pelasgos». Algunos autores creer, que eran oriundos de Anatolia.

Mapa donde habitaron los primtivos pueblos de grecia

LOS AQUEOS
En los siglos XIV y XIII antes de Cristo, Grecia fue invadida por los aqueos, un pueblo de estirpe aria proveniente de Tesalia, que pasó a establecerse en la península del Peloponeso.

Después de haber llevado a cabo devastaciones y destrucciones, los aqueos fueron asimilando la civilización prehelénica, establecida en varias aldeas y ciudades, la rr.ás importante de las cuales fue Micenas. La civilización de los aqueos tomó de esta ciudad el nombre de civilización micénica.

Cuando los aqueos tuvieron la península griega bajo sn sólida posesión, se dirigieron también a las islas periféricas y hacia las costas de Asia Menor. Poco después, conquistaron la isla de Creta poniendo fin a la civilización minoica  (año 1400 antes de Cristo).

Los aqueos eran valientes guerreros y hábiles navegantes. La última gran empresa realizada por ellos fue la conquista de Troya en el año 1184 antes de Cristo. Troya era una gran ciudad situada en la costa de Asia Menor. Según la tradición, comandó esta célebre expedición el rey de Micenas, Agamenón.

El nivel cultural de los aqueos era inferior al de los pelasgos. Sus principales actividades eran la agricultura y el pastoreo, aunque estaban también muy desarrolladas   algunas   artesanías.

Sus ciudades eran pequeñas, algo más grandes que aldeas y por lo general se levantaban al pie de una colina sobre la que se erguía el templo y el palacio del rey.

Los aqueos vestían una túnica que les llegaba hasta las rodillas. Las mujeres llevaban además un velo y un cinto. Las más pudientes se adornaban con anillos y prendedores de oro. Hombres y mujeres calzaban sandalias de cuero.

Cada familia vivía independientemente, ya que cada cual atendía sus propias necesidades. Los hombres cultivaban la tierra y construían las casas y muebles, mientras las mujeres hilaban la lana y tejían. Ni siquiera los soberanos desdeñaban los trabajos manuales.

Se alimentaban preferentemente de carne asada, de legumbres y de hogazas de trigo. Su bebida preferida era el vino mezclado con agua. Para endulzar sus comidas usaban solamente la miel. No conocían el uso de la moneda, aunque empleaban lingotes de oro y de bronce. Sin embargo, preferían comerciar mediante el trueque. Las comunicaciones con el interior del país eran muy pobres, debido a la escasez de caminos. La navegación (hacia Creta y Egipto)  era, en cambio, muy activa.

LOS DORIOS
En el siglo xi antes de Cristo, Grecia fue invadida por otro pueblo de estirpe similar a la de los aqueos. Los nuevos invasores eran los dorios, procedentes de Macedonia, Tracia y Epiro. Los dorios fueron conquistando gradualmente toda la península, pero su dominio se radicó preferentemente en Laconia, Mesenia y Elide; es decir, en el Peloponeso.

Gracias a la superioridad de las armas de hierro, los dorios lograron someter a los aqueos

Próximos a los dorios se establecieron también en Grecia otros pueblos de análoga procedencia: los jonios y los eolios. Los jonios habitaron preferentemente el Ática, y su centro principal fue la ciudad de Atenas. Los eolios se radicaron en Tesalia y en Beocia, y su centro principal fue la ciudad de Tebas.

Después de la invasión dórica, la civilización griega atravesó un prolongado período de decadencia, que duró hasta el 776 antes de Cristo, año de la institución de los juegos olímpicos. Este período ha sido llamado «Medievo helénico» por algunos historiadores modernos. Al finalizar dicho período, los dorios, jonios y eolios constituían un mismo pueblo que recibió el nombre de helénico.

Los dorios practicaban con preferencia el pastoreo y la caza, lo que les obligó a continuas migraciones. Cuando penetraron en Grecia destruyeron la floreciente agricultura y las grandes reservas de animales. Aunque se establecieron definitivamente en el país, se resistían a ser agricultores. Preferían mantener una posición de privilegio mediante el ejercicio del poder político y la profesión de las armas, y dejaban en manos de los pueblos vencidos las actividades manuales, tales como  la  agricultura y  la artesanía.

Con el correr de los siglos se fue acentuando la división de las clases, especialmente en Laconia, región donde la dominación de los dorios se hallaba más arraigada y donde se levantaba la ciudad de Esparta, en la que todos los privilegios estaban reservados a los guerreros, mientras que los trabajos agrícolas estaban a cargo de esclavos, denominados ilotas.

La civilización dórica era esencialmente ciudadana. Cada ciudad formaba un Estado independiente con leyes y tradiciones propias. La ciudad-estado de los griegos, llamada polis, existía todavía cuando las distintas estirpes se fundieron en la civilización helénica.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Ilustrada Tomo IV Primtivos Pueblos de Grecia

Los Sofistas Origen en Atenas Arte del Discurso Primeros Filosofos

Los Sofistas Origen en Atenas
El Arte del Discurso – Primeros Filósofos

Con la democracia, el esplendor económico y cultural y el predominio político en Grecia, la situación en Atenas genera nuevos problemas: la democracia, la libertad y la ley, y como intento de abordar estos problemas hacen los sofistas, que es un movimiento intelectual del siglo V antes de C., preocupados fundamentalmente por la educación de los ciudadanos.

LOS SOFISTAS:  En la actualidad el término «sofista» (de sophos) tiene un valor semántico esencialmente negativo, debido a la tradición iniciada por los tres grandes clásicos de la filosofía griega, conocidos como Sócrates, Platón y Aristóteles. Se puede decir quesofista es quien está dotado de habilidad para los razonamientos falsos, capciosos.  En realidad, en su origen, el término sofista significaba sabio, hábil, competente, y era en este sentido que lo usaban quienes lo ostentaban.

Fueron atacados por otros filósofos, como Platón, argumentando que eran unos «comerciantes del saber», por los excesos en los cobros de sus enseñanzas, enseñanzas que no eran buenas para iniciarse en el camino del conocimiento y sabiduría, sino que solo servia para ser un «pícaro» con las palabras e inventar argumentos falsos para ganar una disputa oral.

En la época de Sócrates las explicaciones sobre la investigación de la naturaleza había generado cierto «cansancio» entre los pensadores, sin llegar a una conclusión definitiva, por lo que provocó un cambio en el objetivo de la investigación, tendiendo hacia el estudio del hombre y su relación con la vida en sociedad. También podríamos decir que este  movimiento sofístico están estrechamente relacionados con el vasto cambio político y social que, después de vencer a los persas, implantó en Grecia regímenes democráticos (salvo Esparta).

La democracia ateniense era una democracia directa, no representativa (como las actuales); es decir, todos los ciudadanos tenían la posibilidad de participar directamente en las decisiones públicas, a través de las frecuentes asambleas populares y tribunales públicos convocados. En estas intervenciones públicas, la posibilidad de hacer prevalecer las propias tesis dependía única y exclusivamente de la capacidad expresiva, retórica.

Y aquí intervinieron los sofistas: su principal función (función que realizaban en forma de profesores ambulantes y cobrando un sueldo) consistía en enseñar un nuevo arte: laerístico (de cris, lucha), concebida como el arte de persuadir y argumentar en forma dialéctica; la erística era un procedimiento retórico, discursivo, que enseñaba la capacidad de sostener indiferentemente el pro y el contra de cualquier tesis, sin preocuparse de la verdad o la falsedad de lo defendido. Aunque los sofistas explicaban sus técnicas y procedimientos a todo aquel que tuviera dinero para pagarlo, su objetivo pedagógico primario no era tanto formar al pueblo como educar a los que debían ser caudillos de ese pueblo.

Para conseguir sus objetivos, los sofistas se dedicaron a estudiar profundamente toda una serie de cuestiones gramaticales y lingüísticas. El lenguaje adquirió con ellos el carácter de instrumento, Enseñaron a los jóvenes atenienses a considerarlo como si fuese un arma, con un objetivo casi agresivo, que consistía en la mayoría de los casos en convencer a los demás para ocupar uno mismo puestos sociales de responsabilidad.

En política, los sofistas fueron los fundadores de la demagogia (conducción del pueblo) y la psicagogia(conducción de almas); en teoría del conocimiento fueron los fundadores del escepticismo (doctrina que niega la posibilidad del conocimiento).
Con los sofistas, el hombre y las cosas humanas pasaron al primer plano de la problemática filosófica. Eran humanistas; creían que el único saber que merece realmente tal nombre es el saber práctico, útil para el hombre. Desde esta perspectiva, rechazaban la filosofía de la naturaleza de los primeros presocráticos.

A partir de sus críticas, los sofistas fundaron el subjetivismo o relativismo («la verdad de la cosa conocida es relativa al sujeto que la conoce»). Este relativismo subjetivista lo expresó perfectamente Protágoras (480-410 a. de C.): «El hombre es la medida de todas las cosas».

Los sofistas fueron individuos cosmopolitas, apátridas, que viajaron frecuentemente por todo el mundo conocido. En este continuo viajar conocieron grandes cantidades de pueblos, lenguas, costumbres y leyes, lo que los llevó a rechazar de que la idea de que la ley de los hombres era como la ley de la naturaleza, algo eterno, inmutable y universalmente válido.

Leyenda de Prometeo Mito Griego del Titan Que Roba El Fuego

Leyenda de Prometeo Mito Griego

A unión del Cielo y de la Tierra dio por resultado el nacimiento de un hijo, llamado Japeto. Japeto, a su vez, tuvo dos descendientes: Epimeteo y Prometeo. Los dioses seguían reinando, pero estaban hastiados y aburridos. Sí la felicidad no es de este mundo, tampoco había frecuentado en aquellos tiempos la zona divina.

De manera que los dioses decidieron pedir al Cielo y a la Tierra un poco de animación en la monotonía de la Naturaleza. Los padres de Japeto declinaron este honor, traspasándolo a su hijo, y éste, completamente absorbido por ocupaciones más interesantes, pasó la consigna a sus dos vástagos.

Epimeteo, el más ardiente, aunque algo atolondrado, suplicó a Prometeo que le cediera su parte de deber en el encargo paterno y que le dejara realizar su plan, concediéndole el derecho de criticar su obra una vez acabada.

Tratábase de extraer de una amalgama compuesta de tierra, fuego y otros elementos criaturas vivas, pero mortales, y de atribuir a cada una las facultades que más se adaptaran a su constitución.

Epimeteo, con una infantil despreocupación, considera que este trabajo es sencillo y divertido. A medida que los nuevos seres van presentándose, otorga a los unos la fuerza sin velocidad; a otros la velocidad sin la fuerza; a los de más allá les ofrece medios de defensa o sistemas de protección, y a los más débiles les concede el recurso de la huida a través de los aires, gracias a las alas de que están provistos, o bajo la tierra, gracias a la flexibilidad de su cuerpo movedizo y ágil. En cuanto a los de gran estatura, su propia talla les servirá de protección.

Sólo se trataba, pues, de preservar a esas criaturas de sus enemigos, pero era preciso, además, defenderlas de sí mismas y armarlas contra el hambre, la sed y las inclemencias del tiempo.

En realidad, Epimeteo no había pensado en ello; pero se tranquilizó distribuyéndoles convenientemente alas, pelos y pieles sólidas que les permitieran, a cada uno según su naturaleza, defenderse de los excesos de la temperatura glacial o ardiente.

Dioles como alimento, según su complexión, hierba de los prados, frutos de los árboles, raíces de las plantas e incluso carne y sangre. Estos últimos seres, los más corpulentos, eran los menos numerosos; de lo contrario, pronto hubieran exterminado a los pequeños, cosa que era preciso evitar a toda costa, con el fin de asegurar la conservación de la raza.

Muy satisfecho de su obra, Epimeteo llama a su hermano para que le admire y felicite. Pero tiene un desengaño. Bien es verdad que Prometeo se convence de que los animales poseen todo cuanto necesitan para vivir y para defenderse. La Naturaleza ha repartido juiciosamente entre ellos sus preciosos dones; pero éstos se agotaron y no ha quedado ninguno para el hombre.

Epimeteo no había dado en ello, y era evidente que su imprevisión necesitaba un remedio. Tiene al ser humano ante él, desnudo, abandonado a sí mismo, sin armas, sin defensas naturales, sin recursos.

Prometeo discurre entonces la manera de reparar la negligencia de su hermano. Se introduce secretamente en la isla de Lemnos, penetra en las fundiciones de Vulcano en el momento en que el trabajo era más intenso y se apodera de una chispa de fuego y la ofrece a la Humanidad.

El ser débil de cuerpo pero dotado de inteligencia poseerá desde ahora, gracias al fuego, el medio de defenderse contra el frío, de cocer los alimentos, de iluminarse durante la noche, de fabricar buenas armas para su defensa e instrumentos para cultivar las artes y dar un atractivo a su frágil existencia.

Todo iba bien; pero los hombres, dotados de tantos elementos, se enorgullecieron, creyéndose demasiado cerca de la divinidad. Júpiter se molestó y decidió castigar al responsable de aquel general orgullo.

Por consiguiente, con la ayuda de Vulcano y bajo la vigilancia de Mercurio, Prometeo fue atado a una roca situada en lo alto del Cáucaso. Desde allí no distinguía otra cosa que el Cielo, desde cuya altura descendía diariamente un águila gigantesca encargada de devorarle el hígado, que le crecía constantemente. Este horrible suplicio debía durar mil años. Pero al cabo de treinta primaveras, Mercurio aprovechando un día en que el señor del Olimpo estaba de buen humor, le hizo conceder la gracia del culpable, y Prometeo pudo reanudar su vida ordinaria, jurando solemnemente que no tendría nueva ocasión de hacérsela abaldonar.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas

 

Guerra del Peloponeso Causas y Cosecuencias Atenas y Esparta

Causas y Consecuencias de la Guerra del Peloponeso
Atenas y Esparta

CAUSAS: Luego de las Guerras Médicas, debido al florecimiento de Atenas sobre las demas colonias surgieron fricciones entre descontentos entre los miembros de otras ligas de colonias, por ejemplo la Liga de Delos, supervisada por Atenas;

Esparta envidiaba tal esplendor. Desde el 550 a. C. se había fundado otra liga entre las ciudades del Peloponeso dominada por Esparta. Esta Liga del Peloponeso empezó a oponerse a Atenas activamente.

En el 431 a. C., se produjo el enfrentamiento entre Atenas y Esparta con motivo de la ayuda ateniense a Corcyra (hoy Corfú) durante la disputa que ésta mantenía con Corinto, aliado de Esparta.

La Guerra del Peloponeso, sostenida entre las dos grandes confederaciones, duró hasta el 404 a. C. y concluyó con el establecimiento de la hegemonía espartana sobre Grecia.

guerra del peloponeso

VEAMOS LA HISTORIA DE ESTE CONFLICTO: Como decíamos las victorias de Atenas, su florecimiento rápido, casi a raíz de su destrucción, y el éxito de la liga de Delfos habían hecho que aquella ciudad fuera en breve tiempo una potencia de primer orden.

Tebas y Corinto, a quienes inquietaba la ambición de Atenas, su vecina, se unieron a Esparta para hacer fracasar los proyectos de engrandecimiento que ésta perseguía.

Grecia se encontró dividida en dos confederaciones una compuesta de los estados del Peloponeso y Grecia central, bajo la dirección de Esparta, y otra que comprendía las islas y costas del mar Egeo, bajo la dirección de Atenas.

Desde entonces, una triple rivalidad puso frente a frente a las dos ciudades

1) rivalidad de ambición y de intereses;

2) rivalidad de raza entre dorios y jonios, y

3) la rivalidad política entre una aristocracia y una democracia.

Terminadas las guerras médicas, esa situación debía provocar, en menos de diez y ocho años, una guerra cutre los griegos.

Pero ésta no fue solamente la querella de los dos estados que se disputaban la supremacía; todo el mundo griego intervino en la lucha, pues si Esparta tuvo por aliados a todos los dorios de Grecia, de Asia y de Italia, Atenas reunió en torno suyo a todos los jonios.

Además, las inquinas políticas entre aristócratas y demócratas suscitaron en todas las ciudades la guerra civil; a los primeros los sostuvo Esparta, y a los segundos, Atenas.

Se batieron con ferocidad y encarnizamiento inauditos, y hasta en las extremidades del mundo griego, o sea en Sicilia y Tracia, hubo porfiada lucha.

La chispa que encendió la guerra fue una revuelta de Corcira contra su metrópoli Corinto. Como Atenas se puso de parte de Corcira y los corintios se quejaron a sus aliados del Peloponeso éstos decidieron la guerra contra Atenas.

Esa lucha duró veintisiete años (431-404) y se llamó guerra del Peloponeso, que tuvo por testigos a los historiadores Tucídides y Jenofonte, que la han contado.

GUERRA DEL PELOPONESO:

Esta guerra se puede dividir en tres períodos:

1) guerra de los diez años,
2) expedición de Sicilia, y
3) guerra de Decelia.

1. Los espartanos se limitaron desde luego a invadir y asolar el Ática, mientras que los atenienses se dieron a saquear las costas del Peloponeso, según el plan de Pendes, que quería que Atenas no se cuidara de conquistas territoriales y se hiciera completamente dueña del mar.

Por causa del hacinamiento de gente que hubo en Atenas, hacinamiento debido a los numerosos campesinos que temiendo a las incursiones del enemigo fueron a refugiarse allí, se declaró una peste terrible, de la cual murió Pendes, y que diezmó la población (429).

El curtidor Cleòn, hombre nuevo, sucedió en el favor popular al célebre orador y político; el ataque por sorpresa, decidido a instancias de Cleón, valió a los atenienses la captura de 300 espartanos y la ocupación de la isla de Esfacteria, en la costa oeste del Peloponeso.

Esparta, para vengar el descalabro, se propuso sitiar por hambre a Atenas, y con este fin ocupó la Tracia, que era el granero de aquella ciudad.

El general espartano Brasidas tomó a Anfipolis, y Cleón, que había partido para recobrarla, fue vencido por el espartano, pereciendo con su adversario en la batalla. Entonces se firmó la paz de Nicias (421), por la cual los dos estados se restituían sus respectivas conquistas.

2. Los atenienses se apasionaron entonces por un sobrino de Pendes, llamado Alcibiades, el más rico y hermoso de los griegos, al que sus excentricidades, más aun que sus cualidades, hicieron popular en aquel pueblo de desocupados.

Su ambición lo llevó a soñar con grandes proyectos y a persuadir a los atenienses que se dominaría a Esparta conquistando las ciudades dóricas de Sicilia y haciéndose dueños del mar y de las costas.

Los súbditos de la ciudad de Siracusa, la más poderosa de aquellas ciudades, estaban a la sazón amotinados. Atenas resolvió sostenerlos, y en medio de un entusiasmo delirante partió tina expedición compuesta de 134 barcos y 10.000 hombres (415).

Pero Alcibíades, poco después, acusado de la sacrílega mutilación de lar estatuas de Hermes, tuvo que huir, refugiándose entre los espartanos.

Su colega Nicias dirigió el asedio con poca actividad. Siracusa pudo recibir de Esparta socorros y un buen general, llamado Cilipo, que supo encerrar a los atenienses en sus propias trincheras y transformarlos de sitiadores en sitiados.

A pesar de los socorros recibidos, los atenienses fracasaron en el asalto; su flota, bloqueada en la rada, fue destruida; levantaron el sitio e intentaron batirse en retirada, lo cual fue un desastre complet5 todos perecieron o fueron hechos prisioneros (414).

3. Atenas parecía perdida; su flota había sido destruida y así también su ejército. Esparta había puesto una guarnición en la fortaleza de Decelia, en las puertas del ática, y negociaba con el partido aristocrático. Movida por un magnifico arranque de desesperación, Atenas reconstruyó una flota.

El teatro principal de las operaciones fue el noreste del mar Egeo porque de Tracia y por el Bósforo los atenienses recibían el trigo. Alcibíades reconciliado con Atenas reconquistó las costas de Asia y de Tracia.

Desterrado de nuevo cedió el puesto a Conón que venció a los espartanos en las islas Arginusas entre la isla de Lesbos y la costa de Asia. Los atenienses recobraron confianza en grado de despreciar la flota que el hábil general espartano

Lisandro había construido con el dinero de los persas, entonces aliados de Esparta. Lisandro los sorprendió en Egos Pòtamos, en los Dardanelos, y destruyó su flota.

Después pasó a poner sitio a Atenas que, diezmada por el hambre y traicionada por los aristócratas se rindió a los peloponenses (-404).

Los vencedores le impusieron duras condiciones tuvo que destruir los Muros Largos y los fuertes del Pireo, entregar sus barcos menos doce y llamar a los desterrados ser aliada de Esparta.

CARÁCTER DE LA GUERRA: La ferocidad caracterizó aquella guerra, y los adversarios se mostraron verdaderamente inhumanos. Al principio, los espartanos degollaron a los defensores de Platea y los atenienses pasaron a cuchillo a los nobles de Gorcira.

Los siracusanos hicieron perecer a la mayor parte de los prisioneros atenienses en las canteras llamadas latornias; en el último periodo, exacerbados los ánimos por la duración de la lucha los atenienses pensaron terminar en breve, aterrorizando a sus enemigos; con ese fin, decretaron mutilar a todo prisionero cogido en el mar y hasta llegaron a condenar a muerte a las dotaciones de dos galeras: así que, ganado el combate de Egos Pótamos, el victorioso Lisandro hiciera degollar a sangre fría a 3.000 prisioneros atenienses y que él personalmente iniciara la matanza acuchillando a uno de los generales.

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA: La victoria de Esparta señaló el fin del poder de Atenas. Los antiguos aliados de Delfos, a quienes se había prometido la libertad, cambiaron de dueño solamente y Grecia entera pareció un momento que era un imperio espartano.

En cada ciudad hubo un gobernador aristocrático adicto a Esparta, y para sostener la autoridad de éste una guarnición espartana.

Los persas continuaron facilitando el dinero necesario a esa dominación; pero la crueldad de los vencedores suscitó bien pronto las revueltas y Atenas dio la señal de insurrección.

Atenas estaba gobernada por un consejo aristocrático de 30 miembros, llamados los Treinta tiranos.

Estos desterraron o hicieron perecer a más de 1,500 demócratas, y su yugo llegó a ser tan insoportable, que una cuadrilla de desterrados mandados por Trasìbulo entró en Atenas con la complicidad del pueblo expulsé a los tiranos y restableció la democracia.

Para poner término a las guerras civiles se voté la amnistía, es decir el olvido de las injurias, y Atenas pudo volver a ser una gran ciudad.

Aunque se habìa votado la amnistía, el odio popular se manifestó durante mucho tiempo contra los nobles y los amigos de èstos. Sócrates, injustamente comprendido en dicho número, fue víctima inocente de aquella reacción.

El filósofo Sócrates durante toda su vida fue considerado por sus conciudadanos como un hombre extraordinario. Hombre integro y soldado animoso, no quiso cuidarse de política. Pobre, se negaba a recibir honorarios por sus lecciones como, al contrario, hacían los otros filósofos. Por último, era feo, lo cual se tenía por grave defecto entre los atenienses. No enseñaba en una escuela, sino que se paseaba rodeado de muchos admirad6res y discípulos a quienes planteaba problemas de filosofía, que discutía con ellos, conversando familiarmente.

Ciertos filósofos trataban de explicarse las leyes de la naturaleza; otros, llamados sofistas, enseñaban el arte de razonar y sostener indiferentemente todas las opiniones. La filosofía de Sócrates tenia por base la moral. El primero de todos los preceptos suyos, fue el famoso « conócete a ti mismo e. Con gran altura de miras, mostraba la diferencia que hay entre el bien y el mal, proclamaba la inmortalidad del alma y la existencia de una Providencia superior a todos los dioses particulares. Tuvo grandísimo ascendiente sobre todos los hombres cultos de su tiempo. tales como Pendes y Alcibíades. Su doctrina nos ha sido transmitida por dos discípulos suyos, Jenofonte, en sus Memorias, y PLATÓN, fundador de la escuela llamada Academia, en sus admirablesDiálogos.

No comprendido por el pueblo, porque habla criticado ciertas partes de la constitución de Atenas, se le acusé de haber favorecido a los Treinta y corrompido la juventud, enseñándole doctrinas contrarias a la religión de la ciudad. A pesar de esta acusación, se había resuelto no condenarle a muerte; pero Sócrates se complació en irritar a sus jueces, diciendo «Por haberme consagrado al servicio de mi patria, trabajando para hacer virtuosos a mis conciudadanos, propongo que se me condene a ser mantenido en el Pritaneo a costa del Estado.» Esta provocación decidió su condenación.

Los condenados a muerte bebían un tósigo preparado con cicuta. Sócrates bebió el veneno en medio de sus amigos, que lloraban, y murió a los 70 años con la serenidad propia de un gran hombre de bien y de un mártir de la razón humana (-339)

CAUSA DE LA DECADENCIA DE ATENAS: Después de la guerra del Peloponeso, y gracias a su notable vitalidad, Atenas consiguió recobrar un puesto honroso en Grecia. Quedó siendo la capital de la civilización griega, pero fue desposeída de su imperio marítimo. Tres causas provocaron esta decadencia la confianza• orgullosa que tuvo en sus fuerzas, el excesivo cuidado de los intereses particulares, y la versatilidad extremada de su democracia, que fue incapaz de perseguir designios de larga duración.

En efecto, trató a sus aliados con muchísimo rigor; exigió de ellos, por la fuerza, abrumadores tributos sin que atendiera nunca a conquistarlos moralmente. Además, sus ciudadanos perdieron en la prosperidad una parte de las cualidades de sus antepasados. Pensaron menos en la grandeza del estado que en la fortuna personal.

Hicieron la guerra y la paz cuando convenía a los intereses comerciales, frecuentemente repugnándoles mucho la carrera de las armas. Por último, el pueblo que por votación decidía de todo, mostró increíble volubilidad; si un día soñaba con la conquista del mundo, poco tiempo después, atemorizado por el primer revés, sentía amargamente la determinación que a ello le movió. Cuando la gran voz de Pendes cesó de dirigirle, no escuchó sino a los que halagaban sus pasiones; pasó su tiempo en cambiar de consejeros y de política, y se consumió en vanas querellas que facilitaron mucho la victoria de los espartanos.

LOS DEMAGOGOS: Los demagogos, que dirigían al pueblo, eran oradores que miraban menos por la grandeza de la patria que por la popularidad y los beneficios que esa popularidad les proporcionaba. Seguían la opinión pública, expresaban los odios o los entusiasmos de los electores, halagaban las pasiones de éstos y valiéndose de esos medios obtenían del sufragio popular los poderes y los honores. Tal fue el papel que representaron Cleón y Alcibíades durante la guerra del Peloponeso.

Cleón, curtidor de oficio, gustaba al pueblo porque era de modesto origen, porque odiaba a los nobles, porque su elocuencia era vigorosa y ruda, y porque sus mociones denotaban mucho atrevimiento. Él fue el primer ciudadano que a pesar de su humilde nacimiento ejerció en Atenas el cargo de dirigir los asuntos públicos. Cleón no tenía la sólida instrucción, ni la educación política de Pendes; pero fue emprendedor y bravo, supo exponer su persona y morir en la guerra de Anfípolis, que él mismo había propuesto y votado.

Alcibíades fue un demagogo de alta alcurnia. Pretendia continuar la política de Pendes, su tío, y sus talentos justificaban esta pretensión La naturaleza le había colmado de dones, pues era el más hermoso y el más rico de Atenas al mismo tiempo que buen soldado y buen orador. Fue el niño mimado de los atenienses a quienes agradaba cuanto era suyo discursos, larguezas y hasta extravagancias. Pero era un vanidoso que apetecía el elogio público excesivo y que era incapaz de dominar el enojo cuando estaba contrariado. Arrastró a Atenas a la azarosa expedición de Sicilia y, una vez en el destierro, cometió la infamia de incitar a los espartanos y a los persas contra su patria.

Descontento de Esparta, se puso de nuevo al servicio de Atenas que, con indulgencia extraña, lo recibió como un hijo pródigo; fue maldecido públicamente y asimismo perdonado. Y hubo que desterrarlo de nuevo, porque su ambición estrepitosa hacía que fuera un peligro para la república. Aquel traidor fue el genio maléfico de su patria.

ESPARTA Y LOS PERSAS: A pesar de las faltas que cometieron los atenienses, Esparta no hubiera podido con sus propias fuerzas dominar a su rival. Esparta era, en efecto, muy temible por tierra, pero Atenas lo era por mar. Precisaba destruir la fuerza naval de Atenas para impedir que ésta recibiera los cereales de Tracia y el dinero de los jonios. Ese fue el plan del espartano Lisandro que, como según el decir de Plutarco, sabia coser la piel del león con la del zorro, no vaciló en aliarse a los persas. Éstos, que encontraron la oportunidad favorable de vengar los antiguos descalabros, facilitaron al general espartano el dinero y las naves que le permitieron ganar la batalla de Egos Pótamos.

El oro persa se adueñó desde entonces de las ciudades griegas, puesto que sirvió para mantener la desunión entre ellas; atenienses y tebanos lo recibieron para sublevarse contra Esparta, y ésta lo empleó para dominar a Grecia; empero, el Gran Rey bien pronto exigió de ellos el precio de sus servicios y obtuvo de Esparta elTratado de Antàlcidas, que anulaba el de Cimón y ponía a los griegos de Asia bajo la coyunda persa. Esta vergüenza que Esparta infligió a Grecia, fue para los persas el desquite de aquellas derrotas de las guerras médicas.

GRANDES HOMBRES DE GRECIA

 pericles 
Demóstenes
Su talento de orador y sus advertencias no pudieron impedir que Atenas cayese bajo dominio macedónico.
Pericles
Reelegido estratega de Atenas a lo largo de 30 años, perfecciona la democracia preparada por Solón y Clístenes, y desarrolla el imperialismo ateniense
grandes hombres de grecia antigua licurgo
Leónidas
Rey de Esparta, se sacrifica junto a 300 hoplitas para defender el desfiladero de las Termópilas frentes a los persas.
Licurgo
Al igual que Demóstenes exhorta, sin éxito, a los atenienses contra Filipo de Macedonia
general griego
Alcibíades
Rico ateniense y buen estratega, se convierte en consejero de Esparta, y, más tarde, de los persas. Después de un nuevo cambio de frente, regresa triunfal a Atenas en el 407
Epaminondas
Habilidoso táctico, impone un período de hegemonía
tebana, batiendo a Esparta enLeuctras en el 37
1
grandes hombres de grecia antiguagrandes hombres de grecia antigua
Tucidides
Separado de la política relata los enfrentamientos de los griegos en la Guerra del Peloponeso
Temístocle
Gran estratera de Atenas, dirige la resistencia contra los persas y consigue la victoria marítima de Salamina en el año 480