Francia y otras potencias coloniales

Biografia de Luis XIII Rey de Francia Caracteristicas de su Reinado

Biografia de Luis XIII Rey de Francia

Se suele decir que su gobierno fue el gobierno del mismo cardenal Richelieu. Eclipsado por su primer ministro, el rey Luis XIII no deslumbró ni tuvo un protagonismo como Richelieu. Sin embargo, jugó un papel esencial en el gobierno de Francia, al orientar su reino por la vía del absolutismo.

Hijo de Enrique IV y de María de Médicis, Luis XIII nació en Fontainebleau el 27-9-1601. Recibió la corona con apenas 9 años de edad, por lo que su gobierno fue ejercido por su madre y regente María de Médicis.

Maria de Medicis madre y regente de Luis XIII
María de Medicis, madre y regente de Luis XIII

María era una italiana ignorante, dominada por su camarera Leonora Galigai. Enrique IV la había tenido apartada de los negocios, la reina no conocía Francia.

Dejó que en su lugar gobernara el marido de Leonora, un aventurero, Concini, a quien hizo marqués de Ancre y nombró Mariscal.

Debido a la fragilidad de este gobierno la nobleza y los protestantes lanzaron peligrosos ataques contra la autoridad real. Luis XIII permanecía alejado de la vida política, casi prisionero del bando de los Concinis.

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A Luis XIII el Justo tuvo desde muy temprano una clara ¡dea de su función; a los nueve años de edad afirmaba: «Alegrar al pueblo, temer a Dios, hacer justicia, esa es la función múltiple de Su Majestad».

El primogénito de Enrique IV llegó a ser rey en circunstancias dramáticas, el 14 de mayo de 1610, cuando su padre murió poco después de recibir dos puñaladas.

Como Luis XIII tenía sólo nueve años de edad, su madre María de Médicis aseguró la regencia. La pérdida de ese título en 1614, cuando su hijo alcanzó la mayoría de edad y la nombró a la cabeza de su Consejo, no le impidió continuar dirigiendo el reino en su lugar.

En efecto, ella dejó gobernar a sus favoritos, una pareja de aventureros italianos: su amiga de infancia Leonora Dori, llamada también Leonora Galigai, y su marido Concino Concini, marqués de Ancre.

Los Concini, que pensaban en particular hacer fortuna, eran detestados unánimemente.

En tanto, el rey era ignorado por su madre y obligado a mantenerse al margen del poder.

Tuvo una infancia ruda, sin afecto y con exceso de latigazos, conservando así un carácter tímido e iracundo, neurasténico y suspicaz.

Su vida estuvo marcada por las migrañas, las crisis de angustia, las enfermedades crónicas, que finalmente lo conducirían a la muerte a los cuarenta y dos años de edad.

En su soledad fue sensible a las escasas muestras de atención de un pequeño número de compañeros, de los cuales el más cercano fue Charles de Luynes, que llegaría a ser el halconero mayor del reino.

El joven obispo de Lucon, Richelieu, se dejó engañar por este aislamiento del rey cuando decidió hacer carrera en la corte y desatendió a Luis XIII en favor de la reina madre, María de Médicis.

El comienzo de su reinado estuvo dominado por la agitación de la alta nobleza verdaderos amos en sus provincias. Aprovechándose de una monarquía debilitado por la minoría de edad del rey, éstos no vacilaron en reivindicar los privilegios y rebelarse.

Durante la crisis de 1614 una revuelta aristocrática que desembocó en los estados generales declaraba a su medio hermano César de Vendóme, hijo legitimado de Enrique IV y de Gabrielle d’Estrées: «Sepa que el mayor honor que tiene usted en el mundo es ser mi hermano».

VEAMOS LA HISTORIA DE SU GOBIERNO….

María de Médicis abandonó los proyectos de Enrique IV e hizo la paz con España.

Luego Luis XIII se casó con la hija del rey de España. El príncipe heredero de España contrajo matrimonio con la hermana de Luis XIII.

Los príncipes dejaron hacer al principio. Aprovecharon la debilidad de la regente para hacerse dar gobiernos y pensiones cuantiosas. Se les pagó con el tesoro de Enrique IV.

Cuando se agotó el dinero, obligaron a la reina a reunir los Estados Generales (1614).

Aquella asamblea no fue más que una comedia. El clero y la nobleza disputaron con los diputados de la burguesía.

Un día la Corte mandó cerrar la sala de reunión, con el pretexto de que se necesitaba para dar un baile. Los diputados aguardaron algún tiempo a que se quisiera reunirlos, luego se resignaron a volver a sus casas.

Los calvinistas tuvieron miedo de que la reina, dirigida por consejeros católicos, prohibiera su culto. Tuvieron reuniones y se entendieron con los príncipes, que se sublevaron.

Luis XIII había sido declarado mayor de edad; pero, como su madre conservaba el mando, vivía retirado en el Louvre y se divertía cazando con halcón.

Su halconero, un hidalgo pobre llamado Alberto de Luynes, se ganó las simpatías del joven rey y lo enfrentó contra el favorito de su madre, el mariscal Ancre, quien vivía entre lujo y cortesanos.

Luis XIII decidió desembarazarse del mariscal, pero no se atrevió a hacerle juzgar; un capitán de los guardias del rey le prendió en el momento que entraba en el Louvre y le mató de un pistoletazo.

Su mujer Leonora fue detenida, juzgada y condenada a muerte como hechicera. Se le acusó de haber logrado influjo sobre la reina valiéndose de sortilegios.

María de Médicis fue despedida de la Corte, pero al poco tiempo se reconcilió con su hijo y pudo influir nuevamente.

Luynes gobernó entonces en lugar de Luis XIII, y aprovechó para hacerse nombrar duque y para que se dieran títulos a sus hermanos.

Los descontentos comenzaron y se iniciaron sublevaciones; los había de dos clases. Los príncipes y los señores, que habían sido nombrados gobernadores, se consideraban cada uno dueño de su provincia. Los capitanes que mandaban las plazas fuertes del país eran nombrados por ellos y les obedecían.

Sería muy larga de relatar la serie de intrigas cortesanas, levantamientos sediciosos de la nobleza, traiciones, disturbios de todo orden y de crímenes políticos que llenaron el período comprendido entre 1610 y 1624, en cuyo año decidió el rey, nombrar primer ministro al cardenal Richelieu, que ya ostentaba la dignidad cardenalicia.

Luis XIII, a quien se apellidó el Justo, era de carácter un tanto sombrío y no congeniaba con su primer ministro, a quien tampoco era simpático el rey; pero ambos eran patriotas y el amor a Francia les hizo soportarse mutuamente.

El rey comprendía el valor de Richelieu y éste estimaba imprescindible para el desarrollo de sus planes políticos realzar la persona y dignidad del monarca.

SOBRE EL CARDENAL RICHELIEU: Armando de Richelieu, hijo de un señor del Poitou, había sido educado como noble. Sabía esgrima y montaba bien a caballo.

A los veintiún años fue nombrado obispo de Lucon, un pequeño obispado que se daba a los segundones de su familia. Como muchos obispos de aquella época, no residía en su diócesis, vivía en la Corte.

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El cardenal de Richelieu Armand Jean du Plessis, consiguió poner fin al poder político de las grandes familias de Francia al hacer del rey un monarca absoluto.

Richelieu se decidió a adquirir celebridad. Halagó a la reina y llegó a ser su favorito; la reina le nombró limosnero mayor e hizo que ingresara en el Consejo (1616). Era entonces partidario de la alianza con España.

Cuando la reina perdió el poder, fue despedido (1617). Pero, después de la muerte de Luynes, Luis XIII se reconcilió con su madre, y para agradarla hizo nombrar cardenal a Richelieu, tomándole más tarde por consejero (1624). Pronto le dejó gobernar en su lugar (1626).

Richelieu, que entonces contaba treinta y cinco años, tenía maneras de gran señor más que de sacerdote. Iba a la guerra con traje de gentilhombre y coraza. Sostenía gran número de pajes, de criados, de músicos, y hasta compañías de soldados a caballo.

Tenía siempre en su casa cuatro mesas servidas, una con catorce cubiertos para él y sus amigos, otra de treinta para los gentileshombres y los invitados, y otras dos, mucho más numerosas, para sus pajes, sus lacayos y sus cocineros.

Se mandó hacer en París un palacio, el Palacio Cardenal, que fue más tarde el Palais Royal. Mandó edificar un castillo y toda una ciudad en sus tierras de Richelieu.

Richelieu trabajaba mucho. Hacía que le presentasen los despachos a las tres y cuatro de la mañana y los respondía la misma noche. Dormía de seis a ocho horas, trabajaba toda la mañana con los ministros, y después de la comida del medio día, trabajaba hasta el oscurecer.

Al término de su vida, Richelieu resumió todo lo que había querido hacer.
Richelieu trabajó:

1º, para destruir el partido protestante;
2°, para obligar a los grandes a obedecer;
3°, para disminuir el poder del rey de España y del emperador. Trabajó en esto hasta su muerte y venció en sus tres empresas.

La reina madre intrigaba para destituirlo e inducía a los nobles a la sedición, pero Richelieu supo triunfar a tantas asechanzas, logrando que en 1630 fuese desterrada la reina madre.

En 1632 se sublevó contra él el duque de Montmorency, a quien venció e hizo ejecutar. Posteriormente otros nobles, por instigación de la reina madre, intentaron derribarlo, pero descubiertos, fueron también decapitados.

En cuestión de finanzas no le acompañó la fortuna, pues todo su sistema administrativo consistía en la emisión de empréstitos onerosos y en la imposición de esquilmadores tributos, cuya exacción provocaba disturbios.

En el desempeño de su cargo fue desinteresado, pues no aceptó la pensión que tenía señalada y vivió de sus rentas.

Murió, tras larga y dolorosa enfermedad, en diciembre de 1642.

Pocos meses despúes , en mayo de 1643 falleció Luis XIII, dejando un hijo de cinco años de edad que subió al trono con el nombre de Luis XIV.

Fuente Consultada:

BIOGRAFIAS: Hicieron Historia Tomo I – Rey Luis XIII de Francia – Editorial Larousse


Biografia de Colbert Jean Baptiste Ministro de Luis XIV

Biografia de Colbert Jean Baptiste Ministro del Rey Luis XIV

Juan Bautista Colbert, nacido en 1619, era hijo de un vendedor de paños de Reims que se había enriquecido y había comprado un cargo. Fue empleado en las oficinas del secretario de Estado Le Tellier.

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Hijo de un mercader de paños de Reims — donde nació el 29 de agosto de 1619—educado en la escuela del trabajo, aportó a los altos cargos de la administración pública el espíritu práctico, recto, laborioso v preciso de la burguesía francesa de la época.

Luego entró al servicio de Mazarino, llegó a ser intendente y se dedicó a administrar la enorme fortuna de éste. Aprovecho su posición para empezar a enriquecerse. Mazarino, satisfecho de Colbert, incluyó en su testamento una cláusula en que rogaba al rey se sirviera de él.

Colbert se captó la confianza de Luis XIV, proporcionándole dinero, y le decidió a desembarazarse de Fouquet. Después de haber caído en desgracia Fouquet, Luis XIV nombró a Colbert intendente.

Más tarde (1665) le hizo inspector general de Hacienda y hasta su muerte (1683) le dejó regir el Tesoro de Francia.

Colbert, aun cuando había llegado a ser gran señor, conservó siempre costumbres modestas. Iba al Consejo a pie, sin criado, sin llevar más que un saco de terciopelo negro en que metía sus papeles.

Colbert fue muy trabajador. Pasaba el día entero leyendo papeles, escribiendo despachos y memorias y preparando informes para el rey.

Luis XIV tenía tanta confianza en él que le dio sucesivamente la superintendencia de las construcciones y los cargos de secretario de la Casa Real y de la Marina.

Colbert tuvo entonces en sus atribuciones, la Hacienda, la Marina, las Colonias, la Industria, el Comercio, las Construcciones, las Obras Públicas, las Bellas Artes, la Casa Real.

Reunía las atribuciones de siete de nuestros ministros. Regía todos los asuntos, exceptó los de Guerra, las Relaciones Exteriores y la Justicia.

Colbert pretendía vitalizar el comercio y la industria de Francia, ya por el aumento de la circulación económica general ya por la obtención de materias primas.

En efecto, el desarrollo de la producción industrial y el correspondiente aumento del comercio francés fueron los móviles que él nunca perdió de vista.

Para lograr estos fines, Colbert puso toda la potencia y autoridad del Estado en la reglamentación y desarrollo del comercio, la industria y el trabajo franceses.

Su teoría general descansaba en la obtención de productos nacionales de buena calidad, con los cuales competir favorablemente con la industria extranjera, tanto en los mercados interiores como exteriores.

A este principio obedecen las minuciosas normas dictadas para reglamentar el trabajo y la producción.

El régimen de corporaciones fue generalizado en 1671, pues sólo a través de ellas el Estado podía fiscalizar la aplicación de las disposiciones decretadas sobre la confección y calidad de los productos.

Estas medidas determinaron el nacimiento de una frondosa burocracia. Las diversas ramas industriales existentes recibieron la protección y las subvenciones del gobierno.

Se intentó resucitar las que habían periclitado desde fines del Medievo y se introdujeron especialidades nuevas, como la cristalería de Murano, los tejidos holandeses y los bordados de Venecia.

Colbert dio gran impulso, asimismo, al establecimiento de manufacturas, ya incitando a los productores a asociarse, ya otorgándoles privilegios, honores, monopolios y subsidios.

Así se constituyeron las manufacturas reales, como centros modelos de producción industrial: la de muebles y tapices de los Gobelinos; la de espejos de San Antonio; la de encajes de Reims, Chantilly y Alencon; la de armas de San Etienne; la de cobre de Chálons, etc.

Para proteger esta actividad ante la concurrencia extranjera, Colbert dictó una serie de tarifas protectoras que gravaron los derechos de aduana en la importación de los productos no nacionales.

Algunas veces inició guerras de tarifas, las cuales pronto se transformarbn en verdaderas contiendas bélicas — las únicas preconizadas por Colbert —como en el caso de Holanda y la tarifa de 1662.

Por otra parte, buscó nuevos mercados para la industria, y de la época de su gobierno arranca la fase culminante de la colonización francesa en la India y América del Norte.

A imitación de Holanda e Inglaterra, Colbert favoreció la creación de grandes Compañías por acciones (de las Indias orientales y occidentales, del Norte y de Levante) y estimuló el crecimiento de las marinas mercante y militar. La ordenanza de Comercio de 1673 —- primer código mercantil de la época moderna—, completada por la de marina de 1681, señalan las principales facetas de su actividad legislativa.

Murió en París el 6 de septiembre de 1683. Trabajador incansable, aun había hallado tiempo para proteger el desarrollo de las instituciones científicas (muchas de las academias francesas datan de su época), favorecer a los literatos y artistas del Grand Siécle, embellecer la capital con suntuosos edificios y enriquecerse cumplidamente.

Su sistema fue imitado por muchos Estados europeos en el siglo XVIII, criticado con violencia en el XIX y enjuiciado como lógico y necesario por los historiadores modernos.

La Obra de Colbert

Colbert, que había llegado a ser el principal consejero de Luis XIV, expuso sus ideas en Memorias que entregó al rey (1663-1664).

Creía que el poderío de un Estado depende «la abundancia del dinero». Juzgaba que había en Europa una cantidad limitada de dinero que «rodaba» de un país otro por el comercio. No se podía aumentar la cantidad de dinero en un Estado sino disminuyendo la de los demás.

Los franceses compraban entonces en el extranjero gran parte de los productos fabricados y pagaban en dinero contante, lo que hacía salir el oro y la plata del reino. Colbert creó industrias que fabricasen dichos productos. Empleó tres procedimientos:

1º) Creó manufacturas reales, con directores y obreros pagados por el rey o convenios particulares que concedían monopolios.

2º) Para permitir a los fabricantes vender sus productos más caros, Colbert estableció derechos de aduanas sobre los productos similares procedentes del extranjero. El reglamento, llamado tarifas, de 1664 impuso derechos elevados. Fue lo que se llamó sistema proteccionista. Los italianos le han denominado colbertismo.

3º) Colbert quería lograr que los productos franceses tuvieran en el extranjero buena fama, para que los compradores se resolvieran a adquirirlos. Quiso obligar a los fabricantes a no producir más que artículos buenos.

En las ciudades del Norte de Francia, los obreros estaban reunidos en corporaciones llamadas oficios, cada una de las cuales tenía sus reglamentos que prescribían la manera de trabajar. Mandó hacer más de 140 reglamentos. El reglamento de 1669 fijaba exactamente y al detalle las condiciones en que se debían trabajar.

Si un fabricante no aplicaba el reglamento, era multado según la reincidencia en contravención. Pero los fabricantes se resistieron, y Colbert no logró que sus reglamentos fueran aplicados.

En aquel tiempo en que los caminos estaban empedrados o Menos de baches, se hacía poco comercio por tierra. Para facilitar el tráfico en el interior, Colbert intentó hacer los ríos más navegables.

Entonces se hizo el canal de Languedoc, que permitió ir del Mediterráneo al océano, pasando por Aude y el Ga-rona. Lo hizo un contratista de aduanas, Riquet, al que se dio en cambio la señoría del canal.

Colbert se ocupó sobre todo del comercio exterior. Le irritaba que los navios holandeses llegaran a los puertos de Francia a buscar las mercancías extranjeras. Se había establecido un derecho de cincuenta sueldos (dos pesetas y media) por tonelada a los barcos extranjeros.

Los holandeses pedían a Luis XIV su supresión. Colbert hizo que fuera mantenido. Esperaba que los franceses se resolvieran a construir barcos que impidieran a los extranjeros hacerles competencia.

Los armadores franceses no eran bastante ricos o bastante atrevidos para emprender solos expediciones a los países remotos. Colbert fundó Compañías de navegación, semejantes a la Compañía holandesa de las lndias.

La Compañía de las Indias orientales, fundaba en 1664, debía ser propietaria de todas las islas que ocupase en el Atlántico y el Pacífico, y tener el derecho exclusivo de comerciar en las Indias. Se construyó un puerto que tomó el nombre de la Compañía, se llamó L’Orient.

La Compañía de las Indias occidentales, establecida en el Havre, debía tener el comercio y el gobierno de todas las colonias de América y de la costa occidental de África, y una prima por cada tonelada de mercancías exportadas e importadas.

Más tarde se creó una Compañía del Norte, en Dunkerque (1689), para el tráfico del mar del Norte y del Báltico, y una Compañía del Levante, en Marsella, para el Mediterráneo.

Estas Compañías no pudieron pagar dividendos y pronto quedaron arruinadas. Pero el número de barcos franceses se duplicó desde 1670 a 1683.

Como Colbert encontró la marina de guerra deshecha mande construir dos flotas, una en el Mediterráneo, otra en el océano.

En el Mediterráneo, los barcos eran galeras largas y bajas, movidas por remos enormes de 12 metros de largo. Se necesitaban cuatro o cinco hombres para cada remo.

Los remeros, condenados a galeras, iban sujetos con cadenas a los remos.

Los guarda-chusma, armados de látigo, estaban en el medio y azotaban |a espalda de los hombres para que remasen más fuerte.

Como se necesitaban muchos remeros, Colbert recomendaba que se condenase la más gente posible a galeras. Se hacía así con los criminales, los contrabandistas, los alborotadores, los vagabundos, los mendigos.

Más tarde se condenó también a los protestantes que intentaban salir de Francia. Se retenía indefinidamente a los condenados a galeras, aun cuando hubiera pasado el tiempo de la condena.

En el océano, los barcos eran fragatas o navios de línea, de puente alto, armado con dos o tres filas de cañones superpuestos. Tenían tres palos y navegaban a vela.

No podían entrar más que en los grandes puertos, en Brest o en Tolón. Colbert mandó construir un puerto de guerra nuevo en Rochefort, en el Charente.

Para tener marinos, Colbert creó un servicio obligatorio. Todos los marinos de la costa de Francia, dedicados al comercio o a la pesca, fueron inscritos y divididos en cinco clases (o tres, según las regiones). Cada clase debía servir de tiempo en tiempo en los barcos del rey.

Además, se podía hacer embarcar a todas en caso de necesidad. En cambio, los inscritos percibían sueldo y un pequeño retiro. Este régimen, llamado matrícula de mar, se ha conservado hasta nuestros días.

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Biografia de Madame de Maintenon Marquesa Amante del Rey

Biografia de Madame de Maintenon

Françoise d’Aubigné, marquesa de Maintenon (1635-1719), noble francesa, segunda esposa de Luis XIV, rey de Francia, nacida en Niort.

Madame de Maintenón desempeñó un papel importantísimo en los últimos años del reinado de Luis XIV de Francia.

En 1651, se casó con el novelista francés Paul Scarron. Tras la muerte de éste, en 1660, pasó a ser la institutriz del hijo ilegítimo de Luis XIV.

En 1674 se convirtió en amante del Rey y compró la finca de Maintenon, que pasó a ser un marquesado en 1678.

Biografia de Marquesa de Maitenon

Favorita y luego amante del Rey Sol, fue vivamente atacada por cuantos resultaron perjudicados por este monarca: los hugonotes, los príncipes y los intrigantes de toda clase.

También la perjudicó el triste declinar de la grandeza de su regio consorte. Pero la moderna crítica histórica plantea la vida de la marquesa de Maintenón desde otros puntos de vista.

Nacida en la prisión de Niort el 17 de noviembre de 1635, donde estaba encarcelado su padre, Constante d’Aubigné, a causa de su calvinismo, Francisca fue bautizada católicamente, pues su madre era ortodoxa.

Su juventud transcurrió en la Martinica (Antillas); muerto su padre, regresó con su madre a Francia. En esta época experimentó una profunda crisis religiosa, que resolvió a favor del catolicismo gracias a su tía, madame de Meuillant.

Protegida del caballero de Mere, empezó a hacerse notoria en los salones de la capital por su cultura literaria. En 1657 contrajo matrimonio con el poeta Scarrón, del que fue más enfermera que esposa.

Habiendo enviudado en 1760, continuó percibiendo una pensión de la corte.

Desde esta época puso especial empeño en mantener una conducta moral irreprensible. En 1669 madame de Montespán, favorita de Luis XIV, le confió la educación de los bastardos que había dado al rey.

Este encargo la aproximó a la corte, de la que entró a formar parte en 1674, después de la legitimación de sus dos educandos. Por esta época adquirió los estados de Maintenón, de los que recibió el título marquesal en 1678.

En los cuarenta y tantos años de su vida se inician sus relaciones amorosas con Luis XIV. Madame de Maintenón logró desplazar a la de Montespán y constituirse en la favorita privilegiada del monarca.

A la muerte de María Teresa de Austria, Luis XIV le dio el rango de primera dama de la corte después de la esposa del delfín, y probablemente en el invierno de 1685-1686 se casó con ella ante el arzobispo de París.

Este matrimonio robusteció su influencia; pero ni el monarca era hombre para dejarse gobernar, ni la Maintenón lo indiscreta para imponerse a su esposo. Su injerencia en los negocios públicos fue moderadora y más notable en los detalles que en las grandes líneas de gobierno.

Se preocupó de modo especial de mantener en la corte una severa moralidad de costumbres.

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En 1686 fundó el instituto de Saint-Cyr para la educación de las jóvenes francesas. Para este centro compuso algunas obritas cuyo principal tema es el honor y la reputación. Como escritora es correcta, pero fría.

En los postreros años de la vida de Luis XIV, intrigó para que la regencia de Luis XV fuera confiada al duque de Maine. Sin embargo, a la muerte del monarca se impuso el duque de Orleáns. Entonces, la Maintenón se retiró a su instituto de Saint-Cyr, donde murió el 15 de abril de 1719.

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Biografia de Du Guesclin Bertrand Causas de su Fama

Biografia de Bertrand Du Guesclin

Beltrán Du Guesclin, que había de llegar a ser uno de los más famosos guerreros de su época era bretón y nacido en los alrededores de Rennes, el mayor de los diez hijos de una familia noble que pobremente vivía en reducida heredad.

Era un muchacho rechoncho, feo, de color cetrino, rudo, que pegaba a sus hermanos y a sus camaradas. No aprendía nada, pues pasaba el tiempo bebiendo y peleándose con los mozos de la aldea. Sus padres no le tenían cariño y confesaban que habrían «querido verle bajo tierra».

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Nación en Dinan, Bretaña, 1314 – Chateauneuf Randon, Auvernia, 1380) Capitán francés de la Guerra de los Cien Años. Luchó inicialmente al servicio de Carlos de Blois y, más tarde, para el rey Carlos V de Francia.

Un día que se celebraba un torneo en Rennes, Beltrán, que a la sazón contaba dlecisite años, ardía en deseos de ir allá; pero su familia era demasiado pobre para equiparle.

Entonces, saltando en un caballo de labor, llegó a Rennes y encontró a un primo suyo que accedió a prestarle su caballo y su armadura.

Se presentó en el torneo para combatir, el rostro oculto dentro del casco, y nadie supo quién era, ni siquiera sus padres, que figuraba entre los espectadores.

Hizo quince justas seguidas y siempre derribó a su adversario. Entonces levantó la visera del casco, su padre le admiró y en lo sucesivo se sintió orgulloso de él.

Es un personaje célebre en Francia por el papel que tuvo en la guerra de los Cien Años contra Inglaterra, y también en España por haber intervenido en las campañas que Enrique II de Trastámara, sostuvo contra su hermano el rey Pedro I de Castilla.

Durante la guerra de Bretaña, Beltrán, reunió una tropa de aldeanos y se dedicó a hacer la guerra y a tomar castillos. Acabada la guerra se puso al servicio del rey de Francia, que le recompensó nombrándole de su Consejo y dándole tierras. Entonces fue señor de dos castillos.

Du Guesclin había seguido siendo feo, falto de gracia y rudo, pero tenía un cuerpo robusto y ágil que no conocía el cansancio. No profesaba respecto a la guerra las mismas ideas que los señores, acostumbrados a las fiestas y los torneos. No peleaba por el placer de batirse y no se creía obligado a combatir al enemigo en batalla regular como en un torneo.

Prefería sorprenderlo, gustaba más de los sitios que de los combates. Cuidaba mucho a sus hombres, antes de enviarlos al asalto les hacía beber vino, y cuando la paga se retrasaba no dejaba de reclamar hasta tenerla. Era leal, cuando había dado su palabra la mantenía.

Una vez que hubo entrado al servicio del rey de Francia, le permaneció siempre fiel y constantemente peleó por él, sin olvidarse empero hacerse pagar. Detestaba a los ingleses y a los franceses que servían al rey de Inglaterra, a los que llamaba «malos franceses». Fue el más firme defensor del rey y de Francia.

Carlos V, que reinaba desde 1364, no se parecía a Juan, su padre. Siendo muy joven había padecido una grave enfermedad de la que no se había repuesto. Como le costaba trabajo andar a caballo, no tenía afición a la caza ni a la guerra.

Durante todo su reinado no se alejó nunca de París, y vivía en su fortaleza del Louvre o en los castillos de los alrededores, vestido como un burgués, leyendo, conversando, trabajando con sus consejeros y sus astrólogos. Se le llamó el Sabio.

Encargó a Du Guesclin de dispersar las compañías de bandoleros al servicio del rey de Navarra que se habían establecido entre París y la Normandía. Su jefe, un noble gascón, el Captal de Buch, había peleado en el ejército inglés.

Apostó sus hombres como los ingleses en Poitiers, en lo alto de una colina que domina al Eure, en Cocherel. Du Guesclin mandó avanzar a sus hombres como para el ataque. Cargaron al grito de «Nuestra Señora Guesclin», luego aparentaron huir.

El Captal había comprendido la estratagema, pero no pudo contener a los suyos que bajaron en persecución del enemigo. Entonces una tropa de 200 caballeros bretones, que Du Guesclin había mantenido de reserva, cargó contra ellos y los derrotó; el Captal fue hecho prisionero.

El rey dio en recompensa a Du Guesclin el condado de Longuevllle en Normandía (1364).

Du Guesclin fue luego a hacer la guerra a Bretaña y en una batalla cayó en poder de los Ingleses. El rey de Francia pagó su rescate. Luego se encargó de conducir a España las Grandes Compañías que saqueaban Francia.

Al pasar por Avlgnon, los de las compañías dijeron que eran peregrinos y obligaron al Papa a darles la absolución y a pagarles una gruesa suma. En España, Du Guesclin apoyó ál rey Enrique de Trastamara, aliado del de Francia, contra Pedro de Castilla, aliado del rey de Inglaterra. Fue preso en una batalla y los ingleses le llevaron a la Guyena (1367).

Un día, Du Guesclin fue a rogar ai Príncipe negro que le diera libertad. El Príncipe le dijo que fijase él mismo la cuantía de su rescate. Beltrán propuso 100.000 escudos de oro. «Se burla de mí, dijo el Príncipe, al ofrecer semejante suma.

Le dejaré libre por la cuarta parte.» Beltrán accedió a no ofrecer más que 60.000. «El rey de Francia, dijo, pagará mi rescate, y, si no pudiera, todas las hilanderas de Francia trabajarán para ganarlo.»

Carlos V rescató a Du Guesclin y volvió de nuevo a hacer la guerra a los ingleses (1369). Encargó a Du Guesclin de dirigirla y le dio el título de condestable (jefe del ejército), Du Guesclin se excusó en un principio, diciendo que no era más que un pobre caballero. «¿Cómo osaría yo mandar a vuestros hermanos, a vuestros primos? » Pero el rey le dijo: «Yo no tengo hermano, ni sobrino, ni primo que no os obedezca» (1370).

Los franceses habían adoptado un nuevo método de guerra, se encerraban en las ciudades fortificadas y dejaban a los Ingleses saquear los campos.

Tres ejércitos atravesaron Francia sin encontrar ningún ejército francés, pero hallando todas las plazas bien defendidas (1369, 1370, 1373). Un ejército pasó cerca de París (1370).

Desde sus ventanas Carlos V veía las aldeas incendiadas, y su consejero le decía: «Dejadlos, señor, no os quitarán vuestra herencia con todas sus humaredas». El ejército inglés, compuesto de caballeros, no podía tomar una plaza fuerte y, después de unos cuantos meses de campaña, los hombres caían enfermos y se dispersaban.

Por último Du Guesclin, con sus bretones, recuperó poco a poco todas las provincias del Oeste, ayudado por los habitantes que no uqerían obedecer al rey de Inglaterra.

Murión en 1379 sitiando una fortaleza en la montaña del rey de Inglaterra. No le quedaban en Francia mas que las plazas de Calais, Burdeos y Bayona.

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Batalla de Crecy Desarrollo La Toma de Calais

Desarrollo Batalla de Crecy y la Toma de Calais

Iniciado el conflicto entre Inglaterra y Francia, conocido como la Guerra de los 100 años, durante algunos años se peleó en Flandes y en Bretaña, luego en la Guyena, sin gran resultado. Pero el año 1346, Eduardo desembarcó en Normadía con un ejército diferente a los que hasta entonces habían combatido en Francia.

Contaba 4 ó 5.000 hombres de armas, revestidos con armadura completa como la de los antiguos caballeros, armados con lanza y montados en caballos protegidos con caparazón.

Pero los infantes eran de una clase nueva. La mayoría eran arqueros armados con un arco como no se había visto hasta entonces, arco ligero de madera de tejo, más alto que un hombre.

Se tendía a la altura de la vista, tiraba tres veces más de prisa que la ballesta y lanzaba largas flechas con tanta fuerza que a trescientos metros se podía matar a un hombre y atravesar una cota de malla.

Los otros infantes, llamados cuchilleros, llevaban un cuchillo puntiagudo al extremo de un asta y servían, sobre todo, para rematar a los caballeros caídos en tierra.

batalla de crecy

Eran todos subditos del rey, porque los ingleses debían tener armas en sus casas y acudir a la guerra cuando el rey lo ordenaba. Eduardo envió comisionados por toda Inglaterra los habían elegido entre los más robustos, valientes y más diestros.

El ejército inglés atravesó toda la Normandía. En ella encontró trigo y ganado en abundancia, y en las ciudades mucho oro, plata y ricos vestidos, porque el país era fértil y hacía mucho tiempo no había sido saqueado. Los ingleses lo arrebataron todo.

En Caen tomaron 40.000 piezas de paño y con ellas cargaron sus barcos. Luego llegaron por el Sena hasta Poissy, saqueando e incendiando todas las aldeas.

Felipe VI reunió un gran ejército de caballeros, las milicias de las ciudades del norte de Francia y 6.000 ballesteros italianos. Tenía un ejército mucho más numeroso que el de Eduardo y empezó a perseguirle.

El ejército Inglés se retiró en dirección a Picardía. Al llegar al Somme, encontró los puentes cortados y los vados bajo la custodia de las milicias francesas. El ejército francés se acercaba e iba a rodearle.

Pero un muchacho del país llevó a los ingleses al vado de Blanchetaque, cerca de la desembocadura del Somme. Allí encontraron arena firme, por encima de la cual sus carros pasaron a marea baja.

El ejército francés se vio detenido por el mar que subía y no se apoderó más que de algunos bagajes.

El ejército inglés, escapado del peligro, atravesó el bosque de Crecy por un sendero y se apostó cerca de él al borde de una colina. Eduardo mandó apearse a sus hombres de armas y los alineó en tres batallones, los caballeros en el centro, los arqueros en las dos alas.

Delante, a la derecha, puso a su hijo el príncipe de Gales con 1.200 caballeros desmontados y 4.000 arqueros; a la izquierda, 1.200 caballeros a pie y 3.000 arqueros. El rey con el resto (1.500 caballeros y 4.000 arqueros) se quedó a retaguardia, próximo a un molino de viento desde el cual se podía ver toda la comarca.

Felipe VI no sabía ya dónde estaba el ejército inglés. Partió por la mañana de Abbeville, siguiendo el camino que daba vuelta al bosque. Por la tarde su vanguardia llegó cerca de Crécy, frente a los ingleses.

Unos caballeros vinieron a decirle que habían visto a los ingleses sentados en el suelo, el arco y el casco delante de ellos, y descansando. Los franceses estaban fatigados de la larga marcha. Felipe quería esperar al día siguiente para pelear y mandó hacer alto.

Pero los señores franceses, más habituados a los torneos que a la guerra, querían batirse sin más tardanza y todos llegar los primeros a presencia del enemigo.

Como la vanguardia hubiera hecho alto, los que seguían detrás empujaban para tratar de colocarse en primera fila. Los caballeros de vanguardia, que no querían quedarse detrás, avanzaron hasta llegar delante de los ingleses, de los que ya no les separaba más que una pequeña cañada.

El mismo rey, al ver a los Ingleses, fue acometido de cólera, porque los detestaba, y decidió atacar, ordenando que se adelantasen los ballesteros genoveses.

En aquel momento estalló violenta tempestad, y los dos ejércitos se calaron de agua. Luego la tempestad cesó y brilló el sol.

Los ballesteros bajaron al valle. Por tres veces lanzaron su grito de guerra e hicieron una descarga. Pero sus flechas cayeron delante de la línea de los ingleses. Entonces los arqueros ingleses dando un paso adelante, empezaron a tirar.

Sus flechas caían tan de prisa que parecían una tempestad de nieve y atravesaban cascos y corazas. Muchos ballesteros cayeron. Los demás, tirando la ballesta, retrocedieron subiendo de nuevo la pendiente.

Los señores franceses, no comprendiendo aquel movimiento, creyeron que los ballesteros hacían traición, y el rey gritó: «Matad a toda esa canalla, porque nos estorban el camino sin razón».

Entonces los caballeros franceses, cargaron contra sus propios ballesteros, bajaron la pendiente hiriéndolos. Al llegar abajo quisieron subir por el otro lado. Los arqueros ingleses comenzaron otra vez a lanzar flechas.

Los caballos, atravesados por ellas, retrocedían o se echaban a un lado, y los caballeros caían sin ver siquiera a los que los mataban.

Los franceses no lograron colocarse en orden de batalla. A medida que un grupo llegaba, se lanzaba en desorden contra los Ingleses.

Hubo de esta manera quince cargas. Algunas llegaron a la línea de los caballeros ingleses que los esperaban lanza en ristre; pero los arqueros, colocados en el flanco, atravesaban a los asaltantes con sus flechas.

Eduardo no necesitó hacer entrar en liza a su batallón de reserva y ni siquiera se puso el casco. Llegada la noche, las cargas se hicieron menos vigorosas y luego los caballeros franceses huyeron.

Eduardo prohibió a sus hombres abandonar su puesto. Los ingleses pasaron la noche vigilantes, no sabiendo la victoria que habían conseguido. Por la mañana la bruma era tan espesa que no se podía ver nada.

Entonces solamente fueron en busca de los muertos y los despojaron. Habían perecido más de 1.500 caballeros franceses, y los Ingleses no habían perdido más que tres hombres de armas y cuarenta arqueros.

Se cuenta que los ballesteros genoveses se habían negado a avanzar, porque la tempestad había mojado las cuerdas de sus arcos. Se dice también que los ingleses habían puesto en batalla varios cañones que sirvieron para asustar a los franceses.

TOMA DE CALAIS (1347)

El ejército inglés fue inmediatamente contra Calais. Era una ciudad de marinos que robaban los barcos de los ingleses y estorbaban mucho su comercio. Eduardo quería apoderarse de ella. Juró «no partir de allí, ni en invierno ni en verano, hasta que fuera tomada».

Calais estaba bien fortificada, rodeada de doble foso que se llenaba de agua todas las mareas. Todo el contorno, estaba formado por arenas movedizas en las cuales no podían asentarse máquinas de guerra.

Eduardo decidió tomarla por hambre. Para alojar a su ejército, mandó construir toda una ciudad de madera. Los habitantes del país tenían en ella dos mercados semanales a los que llevaban sus artículos.

Durante el invierno Calais recibió víveres por mar, pero al llegar la primavera una flota inglesa fue a bloquearla por aquel lado. Entonces faltaron víveres.

toma de calais
La Toma de Calais

El jefe de la guarnición escribió a Felipe VI: «Sabed que no hay nada que no se haya comido, los gatos, los perros, los caballos».

Felipe VI, que había llegado al fin con un ejército de caballeros, encontró el campamento Inglés demasiado bien fortificado. Propuso a Eduardo VI un día y un lugar para la batalla, como si se tratase de un torneo. Luego partió de nuevo.

El jefe de la guarnición rogó a Eduardo que dejase salir a los habitantes, pero el Inglés se negó. «Los de Calais, dijo, han hecho morir a tantos de mis hombres, que es preciso que de los suyos mueran también».

No obstante, consintió en dejarlos con vida. «Pero, dijo, es necesario que seis de los ciudadanos de más nota vengan con la cabeza descubierta y los pies descalzos, sin otro vestido que sus ropas interiores, la cuerda al cuello, llevando en sus manos las llaves de la ciudad y la de la fortaleza, y de esos seis haré lo que me plazca, y perdonaré a los demás».

El capitán francés mandó tocar las campanas, y todos, hombres y mujeres, se reunieron en el mercado. Les dijo lo que exigía el rey de Inglaterra y les rogó que se decidieran cuanto antes.

Todos empezaron a dar voces y a llorar tan fuerte que al capitán le dio lástima y lloró también.

Entonces el ciudadano más rico de Calais, Eustaquio de Saint-Pierre, se levantó y dijo: «Sería gran lástima dejar morir a este pueblo por hambre o de otra forma, si se puede impedir, y tengo gran esperanza de que me acompañe la gracia de Dios para salvar a este pueblo, que quiero ser el primero, y me pondré gustoso en camisa, la cabeza descubierta, los pies descalzos, la cuerda al cuello, a merced del rey de Inglaterra».

Otros cinco ciudadanos se sacrificaron también. El capitán, montado en un caballo de poca alzada, los llevó en camisa y bragas, la cuerda al cuello, con las llaves.

Fueron a arrodillarse delante del rey de Inglaterra. Eduardo permaneció al principio inmóvil, la cólera le impedía hablar. Luego mandó que les cortasen la cabeza.

Los ingleses lloraban y suplicaban al rey que los perdonase. «Sería demasiado cruel hacer morir a esos desgraciados ciudadanos, que se han puesto a vuestra merced por salvar a los demás».

Eduardo rechinó los dientes y dijo: «Hagan venir ai corta-cabezas».

Entonces la reina de Inglaterra, que había seguido a su marido a la guerra, se puso de rodillas delante de él y dijo: » ¡Ah, señor queridísimo, desde que he pasado el mar, con gran peligro, no os he pedido nada. Ruego ahora, en nombre del hijo de Santa María, que tengáis piedad de esos seis hombres! »

Eduardo, enternecido, la miró y dijo: «Tomad, os los entrego, haced de ellos lo que queráis».

La reina se levantó, les quitó la cuerda del cuello, los llevó consigo y mandó que los vistieran.

Los habitantes salieron de Calais. Felipe VI los estableció en diferentes ciudades de Francia. Eduardo mandó venir ingleses y les dio todas las casas. Calais llegó a ser una ciudad inglesa y siguió siéndolo hasta 1558.

En seguida Eduardo, no teniendo ya dinero, hizo una tregua y se volvió a Inglaterra. Luego una peste terrible, traída de Oriente a los puertos de Provenza, acabó con una parte de la población, primeramente en el Mediodía de Francia (1348), más tarde en Inglaterra.

Se la llamó la Gran Peste o la Muerte negra y se dice que en ciertos sitios mató las dos terceras partes de la población.

fuente

Biografia Felipe II Augusto de Francia Historia de su Reinado

Biografia de Felipe Augusto de Francia-Reinado y Conquistas

A la muerte de Luis VII (1180) Francia no poseía más que un territorio reducido. Enrique II , rey de Inglaterra, tenía casi toda la mitad occidental de Francia. Era vasallo del rey francés , pero mucho mas poderoso que él.

Entonces subió al trono, a los dieciséis años de edad, Felipe, llamado más tarde Augusto.

Felipe fue el séptimo rey de la dinastía de los Capetos, hijo y heredero de Luis VII de Francia el Joven y de Adela de Champaña. Ocupó el trono de Francia entre 1180 y 1223.

Nació el 21 de agosto de 1165 en Gonesse, Francia y falleció un 14 de Julio de 1223 en Mante La-joile. Reinó Francia desde el 18 de septiembre de 1180 hasta su muerte en 1223.

Era alto, de hermosa presencia, el rostro encendido, aficionado al vino y a la buena comida, pronto para encolerizarse, pero de espíritu vivo, que rápidamente se daba cuenta de lo que se necesitaba hacer.

Aun cuando no le gustase arriesgar la vida, fue un gran batallador y pasó casi todo el tiempo en guerra.

Como todos los príncipes de su familia, era devoto, y le ocurría rezar arrodillado sobre el pavimento de la iglesia de Saint-Denis, y antes de salir para una expedición, depositaba una ofrenda en el altar del Santo. No había tenido tiempo de acabar de instruirse, no había aprendido el latín y sabía apenas escribir.

biografia de felipe augusto de Francia

Felipe II de Francia, llamado «El Augusto», fue el séptimo rey de la dinastía de los Capetos, hijo y heredero de Luis VII de Francia el Joven y de Adela de Champaña. Ocupó el trono de Francia entre 1180 y 1223

En cuanto fue rey, Felipe entró en guerra con los príncipes sus vecinos, el conde de Champagne y el conde de Flandes (1181-1185). Sin haber ganado ninguna batalla, llegó a indisponer unos con otros a sus adversarios y obligó al conde de Flandes a pedir la paz.

Luego tuvo el atrevimiento de acometer al rey de Inglaterra Enrique II. Este había regañado con sus hijos, y Felipe los mandó venir a su lado. Intimó primero con Godofredo, luego, cuando éste hubo muerto, con Ricardo (llamado más tarde Corazón de León).

Felipe y Ricardo no se separaban nunca. Según costumbre de la época, comían en el mismo plato y dormían en el mismo lecho.

Se peleó en todos los países donde los dominios de los dos reyes se tocaban. Por ambos lados se habían alistado soldados de oficio que talaban los campos e incendiaban las ciudades.

Entonces se supone que los musulmanes acababan de apoderarse otra vez de Jeru-salén y del sepulcro de Cristo.

El Papa y los obispos suplicaron a los reyesque hicieran la paz para ir a la reconquista de Jerusalén.

FELIPE Y RICARDO

Al morir Enrique II, Ricardo vino a ser rey de Inglaterra, y los dos reyes se decidieron al fin a partir para la Cruzada (1189). Juraron permanecer amigos y aun repartirse las conquistas que hicieran en Tierra Santa, y luego partieron juntos (1190).

Pero en Palestina se incomodaron. Felipe, dejando a Ricardo continuar la guerra contra los musulmanes, se volvió a Francia.

En el momento de embarcarse, le juró sobre el Evangelio que durante su ausencia no atacaría sus posesiones de Francia y hasta que las «protegería con tanto cuidado como si defendiese su propia ciudad de París».

Inmediatamente de volver se las entendió con Juan Sin Tierra, hermano de Ricardo, para atacar las posesiones de éste.

De vuelta de la Cruzada y al pasar por Alemania, Ricardo fue hecho prisionero por el duque de Austria, que le detestaba y le vendió al emperador Enrique VI.

Felipe y Juan ofrecieron al emperador una gran suma para que no le soltase, y otra, mayor todavía, si accedía a entregársele. Ricardo, queriendo evitar a toda costa caer en sus manos, se resignó a prometer un enorme rescate y fue puesto en libertad.

Felipe escribió entonces a Juan: «Poneos en guardia; el diablo está suelto». Juan se refugió cerca del rey de Francia.

Ricardo, inmediatamente que estuvo de vuelta, fue a Normandía a rechazar el ejército de Felipe. La guerra duró cinco años (1194-11.99).

Cada uno de los dos reyes había tomado a su servicio jefes de salteadores que tomaban como profesión saquear el país e imponer rescate a sus prisioneros.

Ricardo fue muerto de un ballestazo cuando sitiaba un castillo del Limousin (1199).

Decíase que el dueño de dicho castillo había encontrado un tesoro. Ricardo le reclamó en calidad de soberano. Le fue negado, y Ricardo puso sitio al castillo. Herido mortalmente, tuvo todavía, antes de morir, tiempo de ver cómo los suyos se apoderaban del castillo.

Ordenó que ahorcasen a toda la guarnición, luego mandó que le trajeran ai ballestero que le había herido, Bertrand de Gourdon. «¿Eres tú, le dijo, el que ha osado herir al representante de Dios? «.

Bertrand respondió: «Yo soy, y de ello me enorgullezco, porque he vengado a mi padre y dos hermanos que tú has hecho matar».

Ricardo, admirando aquel valor, ordenó que dieran libertad al soldado. Pero en cuanto el rey murió, el jefe de los de la banda, Mercadier, mandó desollar vivo a Bertrand.

GUERRA CON JUAN SIN TIERRA

Juan, nombrado rey de Inglaterra por muerte de Ricardo, se enfrentó muy pronto con su antiguo aliado Felipe.

El hermano de Juan, Godofredo, muerto antes que él, había dejado un hijo, Arturo, al cual los señores de Bretaña habían reconocido duque. Los señores de Poiton y de las orillas del Loire, no queriendo obedecer a Juan, declararon también que reconocían a Arturo por su señor.

Felipe Augusto vio en ello pretexto para apoderarse de las posesiones que Juan tenía en Francia. Le intimó para que entregase a Arturo el Poitou y la Normandía, y le ordenó comparecer en juicio ante su tribunal.

Por haberse negado a responder a la citación del rey de Francia, su soberano, los jueces le condenaron a perder cuantos territorios poseía en Francia.

En la guerra que siguió (1202), Juan sorprendió al ejército de Arturo y le hizo prisionero. Le encerró en la torre de Falaise, en Normandía, y metió a los caballeros de su escolta en una prisión donde los dejó morir de hambre.

Luego ordenó que se trasladase a Arturo a un castillo de Rouen, en el que fue asesinado (1203-1204). Jamás se supo de qué manera.

Se cuenta que Juan había querido encargar a sus servidores que matasen a su sobrino, pero ninguno había aceptado. Entonces el mismo Juan fue a esconderse en un pueblecito que había en medio del bosque, a orillas del Sena.

Luego, cuando fue de noche, tomó una barca, pasó el río y llegó a Rouen, al pie de la torre donde su sobrino estaba encerrado.

Una poterna se abría al nivel del Sena. Juan, de pie sobre la barca, ordenó que llevasen a Arturo. Le hizo entrar en la barca y lo llevó al medio del río.

Arturo se abrazó a sus rodillas diciendo: » ¡Tío, ten piedad de tu joven sobrino; mi buen tío, perdona al hijo de tu hermano! «. Juan, tomándolo del pelo, le hundió su espada en el vientre, la sacó y con ella le abrió la cabeza. Luego arrojó el cadáver al río.

Se contó (y así se ha creído durante mucho tiempo) que, por el asesinato de Arturo, Juan había sido citado ante el tribunal del rey de Francia y condenado a perder sus posesiones; pero la sentencia es de 1202.

TOMA DE CHÁTEAU-GAILLARD

Felipe comenzó la conquista de Normandía. El país estaba defendido por una serie de fortalezas levantadas a orillas del Sena.

En lo alto de una colina rocosa que cae en rápida pendiente por tres lados Ricardo, que era buen ingeniero, había mandado edificar el célebre Cháteau-Gaillard.

Del lado por donde la colina se une al resto del país, el único que no estaba defendido por rocas a pico, se había abierto un ancho foso a través de toda la colina. Detrás del foso se alzaba un recinto de forma triangular.

La punta, vuelta hacia donde venía el enemigo, estaba formada por una maciza torre redonda unida a cada lado, por muros gruesos, a otra torre redonda.

Detrás de este primer recinto, y pasado un foso de diez metros, venía el recinto de en medio, donde estaba la capilla y varios edificios. Detrás había aún otro tercero casi oval.

En uno de los lados se había construido la torre del homenaje, redonda, alta enorme.

El ejército de Felipe Augusto fue a acampar delante de Cháteau-Gaillard, en cabanas de ramaje y paja, y pasó el invierno bloqueándole. El sitio duró más de seis» meses; pero ningún ejército llegó a estorbarse.

Juan estaba en Inglaterra. Cuando fueron a decirle que enviase socorros, jugaba a los dados, respondió «que no podía hacer nada», y se puso de nuevo a jugar.

Defendía el castillo una tropa reducida de caballeros y 200 infantes; pero se había refugiado en él mucha gente de los alrededores con sus enseres. Pronto empezaron a faltar los víveres.

El jefe de la guarnición despidió a todos los que no podían servir para la defensa; hombres, mujeres, niños, más de 400. Los sitiadores no les dejaron pasar y permanecieron en el espacio comprendido entre la puerta del castillo y el campamento francés, sin tener otra cosa que hierba para comer. Comieron perros que arrojaron del castillo.

Una gallina perdida fue devorada inmediatamente sin desplumarla. Al cabo de tres meses, casi todos habían muerto de hambre. Felipe Augusto, que había ido al sitio, les oyó gritar y dejó salir a los que aún vivían; pero murieron casi todos en cuanto les dieron de comer.

En marzo, Felipe se decidió a atacar el castillo Mandó cegar los fosos con tierra. Los sitiadores bajaron con escalas al foso medio cegado y colgaron sus escalas del lado de la gran torre. Como no llegaban al pie de la misma, treparon abriendo agujeros en la roca con sus puñales.

Luego, resguardándose con los escudos, hicieron un agujero debajo de los cimientos. Sostuvieron el muro con maderos, a los que luego prendieron fuego.

Cuando la madera hubo ardido, se derrumbó un trozo de muralla. Los sitiadores, pasando por la brecha, entraron en el primer recinto. Los sitiados, renunciando a su defensa, prendieron fuego a los edificios que encerraba y se retiraron al segundo recinto.

En uno de los lados de este último se había edificado la capilla, dominando la roca sobre la que se levantaba aquél.

Tenía en el piso bajo una pequeña ventana abierta al exterior, de forma que podía verse desde fuera. Un joven caballero francés, con unos cuantos compañeros, trepó hasta lo largo de la roca, y luego, subiéndose a ia espalda de uno de sus compañeros, llegó a la ventana con las manos y, haciendo un esfuerzo grande, entró por ella.

Arrojó una cuerda a sus compañeros que se unieron a él. Se encontraron en una cripta debajo de la capilla, y desde allí penetraron en el recinto, lanzando un grito de guerra, en tanto los sitiadores atacaban la puerta exterior. Los sitiados, viendo enemigos dentro del recinto, incendiaron la capilla y se retiraron ai último recinto.

Para tomar éste, los franceses llevaron delante de la puerta una máquina que lanzaba grandes piedras. Zapadores, a cubierto debajo de manteletes de madera, hicieron trabajos al pie de la muralla.

Luego las piedras lanzadas por la máquina derribaron un lienzo del muro, Felipe ordenó el asalto. Ya no quedaban más defensores que 20 caballeros y 120 infantes rendidos de cansancio.

Renunciaron a refugiarse en la torre del homenaje, que no habrían podido defender mucho tiempo, e intentaron escapar por una poterna. Fueron descubiertos y hechos prosioneros.

CONQUISTAS DE FELIPE AUGUSTO

Después de Cháteau-Gaillard, Felipe fue apoderándose una tras otra de todas las ciudades de Normandía. Juan seguía divirtiéndose en Inglaterra.

Cuando se le anunciaba que el rey de Francia acababa de tomar uno de sus castillos, respondía: «Dejadle, lo que él me toma en un año, yo lo recobraré de una vez», Felipe conquistó la Normandía entera (1204), luego las otras próvidas que en Francia tenía el rey de Inglaterra, el Anjou, la Turena, el Poitu.

Pero los señores del Poitou y de Aquitania no querían obedecer al rey de Francia. Se sublevaron. Juan volvió al Poitou y Felipe renunció a conservar el territorio del sur del Loire.

LAS FORTIFICACIONES

Para poner sus provincias en estado de defensa, Felipe Augusto mandó edificar gran número de castillos. Uno de los más famosos es la torre de Etampes.

Tiene forma de trébol de cuatro hojas, con muros de varios metros de espesor. En París mandó edificar la fortaleza del Louvre, a orillas del Sena, con una torre maciza en la que guardaba su tesoro y sus archivos. Esta fortaleza fue demolida y otras construcciones la sustituyeron.

Felipe Augusto mandó levantar también todo alrededor de París una muralla de la que subsisten todavía algunos trozos.

El muro de recinto, defendido por un foso, tenía tres metros de espesor y más de cinco de altura. Encerraba los dos barrios nuevos que se habían formado en las dos orillas del Sena.

Alrededor de la isla donde estaba la Cité, en la orilla derecha, llegaba casi junto al Temple, en la orilla izquierda rodeaba la pendiente de la colina de Santa Genoveva.

El trazado de este recinto está indicado por los nombres de algunas calles (calle de los fosos de Santiago, calle de los fosos de San Marcelo).

La muralla estaba interrumpida por puertas, 34 en la orilla izquierda 33 en la derecha, cada una de ellas defendida por torres redondas en saliente. El espacio comprendido en ese recinto no estaba entonces habitado por completo. Felipe ordenó construir casas en él.

COALICIÓN CONTRA FELIPE AUGUSTO

Juan Sin Tierra no se resignaba a dejar a Felipe dueño de sus conquistas, pero estaba ocupado en Inglaterra defendiéndose contra el Papa (véase cap. «Inglaterra»).

Cuando hizo la paz con este último (1213) se preparó para reanudar la guerra. Se puso de acuerdo con el emperador alemán Otón, con los príncipes de los Países Bajos (duque de Brabante, duque de Lorena, conde de Holanda, conde de Namur) y con Ferrand, conde de Flandes, y Renaud, conde de Boulogne, ambos vasallos de Felipe Augusto e indispuestos con él, Resolvió atacar a Francia por el oeste, mientras sus aliados la atacarían por el norte.

Los príncipes reunieron grandes fuerzas que se encargó de mandar el emperador, más de 1.500 jinetes, aproximadamente otros 5.000 sin armadura y un fuerte ejército de infantes belgas, sobre todo brabanzones, cubiertos con cota de mallas y armados con largas picas.

Pero el ejército había empleado mucho tiempo en reunirse y no llegó a Francia hasta el mes de julio de 1214.

Antes de que estuviera dispuesto, Juan, que había desembarcado en la Rochela con sus soldados de oficio, había reunido a los señores del sudoeste de Francia, vasallos suyos, y caminado hacia el Loire.

Quería entretener al ejército francés en este río, en tanto sus aliados se encaminarían a París por el norte. Felipe Augusto y su hijo Luis fueron efectivamente a su encuentro, le hicieron retroceder y saquearon el Poitou.

Pero Felipe volvió pronto a París, no dejando a Luis más que una reducida tropa de caballeros, Juan fue a sitiar una fortaleza a orillas del Loire, la Roca de los frailes.

Cuando Luis llegó con su tropa, los guerreros de Juan, aterrorizados, abandonaron máquinas, tiendas y bagajes y cruzaron el río por un vado, ahogándose muchos.

Luis los atacó en su huida e hizo muchos prisioneros (2 de julio). La invasión de Francia por el oeste había fracasado.

Felipe, había reunido a todos sus vasallos del norte de Francia y fue contra el emperador. Tenía muchos jinetes; pero su infantería, formada sobre todo por burgueses de las ciudades de Picardía que peleaban con la pica, no valía lo que la de Otón.

El ejército francés pasó la frontera para ir a atacar al enemigo. Otón se retiró del lado de Occidente, a un país de colinas donde los jinetes franceses podían maniobrar con dificultad.

Contaban que los príncipes del ejército de Otón estaban tan seguros de hacerse dueños del ejército francés, que ya mandaban preparar las cuerdas para atar a los prisioneros, y el emperador repartía ya entre ellos las provincias de Felipe Augusto.

Los señores franceses decidieron a Felipe a replegarse del lado de la llanura de Cambrai, donde sus jinetes podrían combatir. El único camino que allí llevaba, una antigua vía romana, atravesaba un río por el puente de Bouvines.

BATALLA DE BOUVINES (1214)

El 27 de julio, al despuntar el día, el ejército francés entraba en el dicho camino. Felipe había enviado por delante trabajadores que ensanchasen el puente, de modo que doce hombres pudiesen pasar a la vez. Pero el ejército, obligado a estrecharse para el paso del río, avanzaba con lentitud.

La infantería y los bagajes, colocados a vanguardia, habían pasado ya; pero casi toda la caballería se hallaba aún del otro lado, cuando la vanguardia del emperador, formada por caballeros de Flandes, llegó a la vía romana y empezó a cargar contra la retaguardia francesa.

Los franceses se encontraban divididos en dos partes por el río, en una posición en que les costaba trabajo desplegarse.

Era mediodía y el calor apretaba grandemente. Felipe, que se’había quitado la armadura, descansaba cerca de una capilla, a la sombra de un fresno, y tomaba una sopa con vino.

Vio llegar a Guérin, obispo de Sen-lis, que había pertenecido a la orden de los hospitalarios y le servía de jefe de Estado Mayor. Guérin manifestaba que el enemigo iba a atacar, porque sus caballos tenían los pechos cubiertos de hierro.

«Es preciso armaros, dijo, porque los de allí abajo no quieren de ningún modo dejar la batalla para mañana. Ved que se nos echan encima».

Felipe entró en la capilla y rezó una oración, salió inmediatamente, revistió la armadura y montó a caballo. Decidido a dar la batalla donde se encontraba, ordenó que se llamase a la parte de su ejército que ya había pasado el puente.

La vanguardia de Otón, comprendiendo que ya no tenía bastante fuerza para atacar, esperó al resto del ejército. La infantería francesa tuvo tiempo de volver a pasar el río y la retaguardia lugar para descansar.

Los dos ejércitos se alinearon en orden de batalla. Otón se puso en el centro con su estandarte, un dragón y encima un águila de oro, colocado en un carro del que tiraban cuatro caballos, alrededor de él los caballeros que había llevado de Alemania, delante de la infantería armada con la pica, alineada en filas espesas.

En su ala derecha estaban los jinetes de Flandes, en la izquierda la caballería belga y la infantería brabanzona que el rey Juan había tomado a sueldo, mandadas una y otra por un señor inglés y por Renaud de Boulogne.

Felipe se había colocado también en el centro, con el oriflama rojo de la abadía de Saint-Denis y su estandarte azul con flores de lis de oro, empuñado por un caballero.

En el ala derecha estaban los caballeros de Borgoña y de Champaña, en la izquierda los de Picardía.

Los de caballería estaban ya alineados cuando los infantes, volviendo a pasar el puente, cruzaron por en tre sus filas y se colocaron delante del rey. Se hizo gran silencio, no se oía ninguna voz.

Los imperiales, probablemente más numerosos, formaban una línea más larga y amenazaban con envolver la formación francesa. El obispo Guérin corrió a caballo a lo largo de ésta diciendo: «La llanura es bastante ancha, separaos para que los enemigos no os cerquen, colocaos de modo que podáis combatir todos en un solo frente».

En el momento de combatir Felipe Augusto dirigió algunas palabras a sus caballeros y, alzando las manos, hizo ademán de bendecirlos. Los capellanes entonaron un salmo, las trompetas tocaron.

El obispo Guérin comenzó el ataque. Envió contra los caballeros flamencos a los guardias de a caballlo de la abadía de San Medardo que no eran nobles.

Los flamencos, despreciando a aquellos adversarios, los recibieron sin moverse y desjarretaron sus caballos. Luego, a su vez, atacaron a los caballeros franceses. Sus jefes gritaban: «Acordaos de vuestras damas», como si se tratase de un torneo. Por esta parte, en efecto, se peleaba como en un torneo, sin orden. Algunos caballeros rompían la línea enemiga, llegaban a la retaguardia y volvían batiéndose.

En el centro, Otón mandó avanzar a la infantería belga contra las milicias francesas. Los franceses, rotas inmediatamente sus filas, se dispersaron. Los infantes belgas, en su arremetida, llegaron hasta donde estaba Felipe Augusto.

Los caballeros que rodeaban al rey cargaron contra ellos y rompieron su línea. Pero Felipe Augusto, separado de sus hombres, fue cercado por los infantes. Uno de ellos, metiendo el gancho de su pica en la cota de mallas del rey, le enganchó e hizo caer al suelo.

Los soldados se arrojaron sobre él, tratando de hundir una daga por entre las piezas de la armadura. Pero un caballero francés saltó a tierra y dio su caballo al rey. El caballero que llevaba la bandera real la agitaba para pedir auxilio.

Los caballeros del rey, a aquella señal, se unieron y cargaron contra los infantes. Mientras tanto, en el ala izquierda, la caballería al servicio del rey Juan cargaba contra los caballeros franceses.

Guérin combatía con una maza, porque estaba prohibido a los eclesiásticos derramar sangre. Dio un golpe en la cabeza al jefe de los señores ingleses y te hizo caer. Sus hombres se desbandaron.

Al cabo de tres horas estaba decidida la batalla. El conde de Flandes, herido varias veces, fue derribado de su caballo y hecho prisionero, los suyos huyeron.

En el centro una tropa de jinetes franceses, atravesando por entre la infantería imperial, llegó hasta donde estaba el emperador. Pedro Mauvoisin tomó su caballo de la brida, Gerardo la Truie le dirigió dos puñaladas, la primera de las cuales resbaló en la armadura y la segunda saltó un ojo al caballo que cayó a tierra.

Los caballeros del emperador le dieron otro caballo; pero Guillermo des Barras se llegó a Otón, le asió por la nuca a través del casco y le apretó fuertemente. Una tropa de caballeros alemanes le libertó, matando el caballo a Guillermo.

Pero Otón, exhausto, huyó corriendo hasta Va-lenciennes, dejando allí su estandarte que fue tomado. Casi todos sus caballeros se dejaron matar.

Entonces ya no quedó más que Renaud de Boulogne. Había reunido una tropa de infantes bra-banzones, los había puesto en círculo, y de aquella fortaleza viviente salía con unos cuantos jinetes para dar una carga, luego volvía a ponerse a resguardo.

Los caballeros franceses se estrellaban contra las picas y no podían llegar hasta él. Se veía de lejos a Renaud, de muy grande estatura, con el casco coronado por barbas negras de ballena.

Al fin los caballeros, cargando por todos los lados a la vez, rompieron el círculo de los brabanzones y los pasaron a cuchillo. Renaud fue hecho prisionero. La batalla había terminado.

Muchos de infantería habían sido muertos. Los jinetes, defendidos por la armadura, habían tenido pocos muertos, pero los franceses habían hecho muchos prisioneros.

Felipe Augusto mandó encerrar a Renaud de Boulogne en una torre,-sujeto con una cadena de hierro muy corta.

El conde de Flandes fue conducido encadenado en un carro hasta París. Felipe hizo una entrada triunfal en París. Las casas aparecían colgadas con tapices y adornadas con guirnaldas, las calles sembradas de flores y ramaje verde.

El clero, los estudiantes, el pueblo iban delante del rey entonando cánticos. La muchedumbre miraba pasar a los señores prisioneros, encadenados en los carros, y cantaba:

Cuatro ferrandos bien sujetos
Tiran de Ferrando bien encadenado

Los ferrandos eran los caballos castaños que llevaban a Ferrando, conde de Flandes.

La coalición estaba rota, el vencido rey de Inglaterra estaba atento a defenderse de sus subditos sublevados. «Desde entonces, dice un cronista, nadie se atrevió a hacer la guerra a Felipe y vivió en completa paz».

Murió (1223) habiendo más que doblado su reino y hecho del rey de Francia el príncipe más poderoso de todo el reino.

fuente

Biografia de Carlomagno Rey de los Francos Vida y Conquistas

Biografia de Carlomagno Rey de los Francos Vida y Conquistas

Rey de los francos y emperador de Occidente (? 742-Aquisgrán 814). Era el hijo mayor de Pipino el Breve, que al morir en 768 repartió sus reinos entre sus dos hijos, Carlomagno y Carlomán.

Al primero le correspondieron Austrasia, Neustria y Aquitania occidental, y al segundo Borgoña, Provenza, Aquitania oriental, Gotia, Alamania, Turingia y Hesse. Los dos hermanos no se llevaron bien, y al morir Carlomán quedó Carlomagno como único rey.

carlomagno rey de los francos
El reinado de Carlomagno se caracterizó por una especie de renacimiento de las letras y de las artes a causa del enérgico impulso del emperador. Alcuino de York fue el director de la escuela instalada en el propio palacio de Carlomagno. Desde allí Alcuino ejerció una gran influencia sobre el movimiento teológico, científico y literario de la época.

Carlomagno nació el 2 de abril en…, no se sabe dónde aún. Pudo ser en Lieja, en Aquisgrán, en Ingelheim, en el castillo bávaro de Salzburgo. Sus padres fueron Pipino «el Breve», primer rey franco de la dinastía carolingia, y Bertrada, hija de Cariberto, conde de Laón.

Poco antes de morir, Pipino creyó conveniente, para evitar discordias fraternales, ser él quien dividiese sus reinos entre sus hijos Carlomán y Carlomagno.

A éste le concedió territorios de la Austrasia, territorios de la Neustria y territorios de la Aquitania, que se extendían en arco de círculo en torno de un núcleo más coherente que fue el dejado a Carlomán. Pipino «el Breve» murió el 24 de septiembre del 768.

¿Qué se sabe de la infancia, de la adolescencia de Carlomagno? Poco más que nada. Que fue educado, poco y mal, en la corte de su padre, donde tanto abundaban los fieros guerreros como escaseaban los relativamente «sabios» que supieran leer y escribir. Eso sí, siendo muy joven aún, Carlomagno asistió con su padre a las campañas de la Aquitania.

Apenas el padre cerró los ojos definitivamente, los hermanos empezaron a competir por su poder.

Carlomagno, que en seguida tuvo que medir sus armas contra el duque de Aquitania, Hunaldo, pidió ayuda a su hermano; y a éste le prohibió prestársela su propia esposa Gerberga, una de las primeras princesas de los francos con actitudes de hombres y más aficionada a las intrigas diplomáticas y al estrépito de las armas que… a las labores propias de su sexo y condición social.

Pero sin necesidad de tal ayuda, Carlomagno venció a Hunaldo y, de paso, a un duque Lupus que andaba buscando tierras en las que enraizar un ducado que nadie sabía quién le había otorgado.

Carlomagno, muy sensible a la mujer, apenas salido de su adolescencia tuvo un hijo, Pepino, de una bellísima doncella llamada Himiltruda. Ya rey contrajo matrimonio con la hija de Desiderio, rey de los lombardos.

Pero como esta boda no fue del gusto del Papa Esteban IV, Carlomagno arrinconó a su esposa, sustituyéndola —771— por Hildegarda, sobrina del duque de Aquitania.

En este mismo año murió Carlomán; y su viuda Gerberga se apresuró a refugiarse en un lugar de la Lombardía, temiendo las represalias de su cuñado. Pero éste andaba por entonces metido en otras, mucho más productivas, empresas.

Carlomagno se unió al Papa y en nombre de éste rescató las tierras pontificias. Fue un éxito completo.

Carlomagno marchó a Roma, donde el 5 de junio del 774 recibió de manos del Papa la corona de hierro de los lombardos.

De regreso de Roma, tomó el título de rey de la Lombardía. Pero justo es consignar que este título fue poco menos que simbólico; pues aún necesitó varios años para terminar con las sublevaciones de varios nobles lombardos. Sólo con la sumisión del duque de Benevento —787—quedó terminada la conquista de la Lombardía.

Pocos años antes, en Roma, ante su egregio padre, los hijos niños de Carlomagno, Pipino y Carlomán, fueron consagrados por el Papa reyes, respectivamente, de Italia y Aquitania.

Luego de tomar aliento durante algún tiempo, instruyéndose con auténtico fervor en su corte, y dedicándose a dar un enorme impulso a la cultura y una gran moralidad a las costumbres, Carlomagno se decidió a dar batalla decisiva a los sajones, constantemente rebeldes desde los tiempos de Carlos Martel.

biografia de Carlomagno
Los triunfos de Carlomagno. Miniatura francesa del siglo XV. — Carlomagno triunfa de sus enemigos infieles y paganos. La admirable miniatura se conserva en un códice de la Biblioteca Nacional de Turín. Carlomagno imberbe, rodeado de sus generales, contempla tranquilamente el espectáculo. Espectáculo del que sólo contemplamos un acto, de los dos de que consta: el de la matanza de paganos e infieles. El otro acto, en el que salvan la pelleja quienes se bautizan, transcurre, por esta vez, entre bastidores.

Pero sus luchas contra éstos, dirigidos por los Engern, y contra los westfalios, dirigidos por Witiking, fueron largas y sangrientas. Y contribuyeron a esta tardanza las incursiones que hubo de hacer Carlomagno —778— en España para contener las aspiraciones territoriales del conde Teodorico.

Incursiones que fueron aprovechadas por Witiking para aniquilar en Suntel — 782 — a un gran ejército franco. La venganza del rey franco no se hizo esperar. Pues acudió al remedio con tropas de refresco y sólo en un día pudo «darse el gusto» de que fueran degollados cerca de cinco mil prisioneros westfalios.

Tamaña crueldad levantó nuevamente a los sajones; pero ya tenían perdida la partida. Entre los años 783 y 785 recibieron el bautismo más de diez mil sajones, entre ellos el feroz caudillo Witiking. Y los sajones pudieron comprobar la generosidad de Carlomagno en este detalle: que cuantas más tierras les quitaba, les fundaba en sus ciudades más obispados. Lo cual seguramente les sirvió de gran consuelo. Por lo tanto, la frontera septentrional del reino de Carlomagno tuvo este límite: el Eider.

Pero el ambicioso monarca deseó igualmente echar hacia allá, al Este y al Sur, las fronteras de su imperio.

Al Sur estaba España, país que le pareció magnífico a Carlomagno para establecer «algunas dependencias». En el 778 creyó conveniente ponerse de parte del conde de Barcelona en la contienda que éste sostenía contra Abderramán de Córdoba.

Pero la expedición enviada por Carlomagno sufrió en Roncesvalles la más estrepitosa de las derrotas, y en ella murieron los más nobles caballeros de Francia, entre ellos el archifamoso Rolando, héroe de cantares de gesta y de leyendas.

Esta derrota tanto escoció a Carlomagno que decidió dejarse de empresas tremendas y — a partir del año 785 — procurar introducirse en Cataluña poquito a poco. Así entró en Gerona — 785 —, en Barcelona —801—, en Tortosa —811—.

Así estableció su frontera, al Sur, a lo largo de ciento cincuenta kilómetros más acá de los Pirineos. Al Oeste creó una Marca, Bretaña, que confió a su hijo Carlos. Y también se preocupó de fijar los límites marítimos de sus territorios, tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico.

A principios del siglo IX, el Estado franco se convirtió en un vasto imperio, cuyas fronteras quedaron consolidadas metódicamente.

vida del rey carlomagno
Escenas de la vida de Carlomagno. Miniatura iluminada. Carlomagno, uno de los monarcas más augustos, inteligentes, batalladores y legisladores de la Historia, tuvo… realmente tiempo para todo: ganar muchas batallas, y perder otras (Roncesvalles); casarse y descasarse con relativasfacilidad}’frecuencia,y aun tener amoríos de la mano zurda; inaugurar la Era de los tratados internacionales, a escala solemne, que luego no han de cumplirse; crear imperios… con los pies de barro ¡fomentar la cultura por medio de bibliotecas y de escuelas (de ello buenos testigos Alcuino y Eginardo); ser coronado emperador por el romano pontífice con aparatosidad de tetralogía wagneriana; departir amablemente con las damas y los caballeros (como recuerdan las escenas de esta miniatura); y morirse conservando el ánimo entero y la voz segura para impartir bendiciones y dar consejos a hijos y nobles… Quienes, por supuesto, no los seguirían… desde el mismo momento que a Carlomagno muerto le bajaron los párpados unos dedos suaves de dama palatina.

Su centro de gravedad se desplazó un tanto hacia el Este: Aix-la-Chapelle. Al Sur, la Marca Hispánica. Al Este, la Lombardía y Alemania. Al Norte, los territorios actuales daneses y flamencos. Al Oeste, la Marca Bretaña, tan codiciada por los normandos y sajones.

Aprovechando nuevas paces, y por recomendación del Pontificado, Carlomagno intentó garantizar la libertad de los cristianos en Siria y Palestina, por lo cual entabló relaciones amistosas con el califa de Bagdad Harum-al-Raschid — ¡ el de Las mil y una noches! —, al que envió valiosos regalos.

Poco después recibió Carlomagno a unos emisarios del patriarca de Jerusalén, quienes le traían, con las llaves de esta ciudad, preciosos recuerdos de la Tierra Santa, y algo más importante para la Cristiandad: la súplica de que el Emperador tomara bajo su protección la Ciudad Santa, librándola de los ataques y de las violencias de los infieles.

Aceptó Carlomagno misión tan honrosa y delicada, y por tal aceptación, y hasta hace pocos años, Francia ejerció cierto protectorado sobre los Santos Lugares.

Por todo lo cual, y por haber jurado fidelidad al Papa — 776 — asegurándole la posesión pacífica del Patrimonium Petri, es lógico que Carlomagno se creyera tanto soberano temporal como también cabeza de la Iglesia franca.

Y hasta punto tal, que con «cierto aire soberbio», se permitió escribir una epístola al Papa León III recomendándole que él se limitara a rogar a Dios por su Iglesia, pues del gobierno real de la Cristiandad ya se preocuparía él, Carlomagno. ¿Protestó León III de la inaudita recomendación de Carlomagno?.

Pues, no. Y tenía para ello sus buenas razones; entre ellas, que gracias al soberano franco pudo librarse del secuestro perpetrado contra él por sus enemigos, regresar a Roma y recobrar la tiara.

Por todo lo cual, León III, en el año 800, coronó a Carlomagno como emperador universal (Occidente y Oriente) en la basílica de San Pedro.

Lógicamente haciéndose ilusiones, Carlomagno envió embajadores a la corte de Bizancio, exigiendo ser reconocido emperador; tras muchos años de negociaciones muy complejas, en el año 812 consiguió que el obispo Miguel y los protoespadarios griegos Teognostos y Arsapio le dieran — en Aquisgrán — el título de Basileus, que se daba a los emperadores de Oriente.

En Aquisgrán consiguió Carlomagno que fuera proclamado emperador su hijo Luis.

Y el 28 de enero del 814 murió en Aix-la-Chapelle.

Rey Carlomagno

LA VIDA DEL EMPERADOR: Carlomagno ha sido descrito por su amigo Eginardo, que le conoció en la última parte de su vida.

Era muy alto, grueso y robusto. Su esqueleto, que fue medido en 1861, tiene un metro 92 centímetros.

Tenía los ojos grandes y claros, la nariz larga, largo el cabello, gran barba y rostro franco, el andar firme y la voz penetrante. Toda su persona imponía respeto.

Tuvo siempre buena salud, excepto al final de su vida, y aun entonces no se avenía a obedecer a los médicos que querían impedirle comer carnes asadas. Bebía poco y detestaba la embriaguez. Comía con preferencia carne asada, que le era servida en el mismo asador.

Llevaba el traje de los francos, camisa y calzón de hilo, túnica corta ceñida con cinturón, zapatos de cuero sujetos con cintas que pasaban rodeando la pierna. En invierno se ponía una casaca de piel de nutria. Cuando salía usaba un manto de lana.

Al costado llevaba espada con empuñadura de oro o plata. Solamente en las grandes fiestas consentía en ponerse el traje imperial, vestidura bordada de oro, manto sostenido con corchete de oro, diadema de oro adornada con piedras preciosas.

Todos los días iba a la iglesia. Mientras comía, hacía que le leyeran libros piadosos, sobre todo La Ciudad de Dios, de San Agustín. Al levantarse, en tanto iba vistiéndose, recibía a los que tenían algún pleito por juzgar.

Hablaba, por lo común, en lengua franca, pero sabía también latín. Había aprendido a escribir ya tarde y lo hacía con dificultad.

Como a todos los de su familia, le gustaba montar a caballo e ir a la caza del ciervo, del jabalí, del lobo, a las espesas selvas.

Carlomagno pasó la mayor parte de su vida en la guerra y durante mucho tiempo no tuvo residencia fija. Le gustaban sobre todo los terrenos selváticos cercanos a su dominio de Aquisgrán.

Hay en ellos fuentes termales en las que se bañaba con agrado. Mandó edificar un palacio y una iglesia y allí vivió sus últimos años.

LA FAMA DE CARLOMAGNO

Tan extraordinaria llego a ser la personalidad de Carlomagno, que las gentes fueron convirtiéndola en una personalidad metida de lleno en, los reinos de la poesía y de la fantasía. ¡El emperador de la barba florida!.

Así estaba en las portadas de las catedrales románicas, en los capiteles de las columnas del arte benedictino, en las monedas dineros de plata, en los medallones constelados de piedras preciosas, en las capas pluviales, en los frisos de las salas capitulares, en las miniaturas de los códices y de los libros de horas, en el pecho de los escudos, en la proa de los cascos…

En Francia, Italia, Germania, Inglaterra, Escandinavia, España se forjaron multitud de leyendas, se escribieron incontables poemas acerca de su personalidad.

Aun antes de que se realizase la primera Cruzada, la Iglesia le atribuyó un sensacional viaje a Oriente para conquistar y custodiar el sepulcro del Redentor.

Hasta muy mediada la Edad Media, le fueron atribuidas cuantas legislaciones servían de base para formar las de cada país. Son incontables las composiciones provenzales y francesas dedicadas a exaltar su persona y su obra.

Y tantas fueron las crónicas — más o menos rimadas — que se escribieron con Carlomagno como protagonista, que a este conjunto de obras histórico-literarías se le dio el nombre de Ciclo Carolingio, de arrolladura fuerza expansiva por toda Europa, estimulando imitaciones y prosecuciones.

De estas crónicas es la más famosa — y quizá la primera — la de Turpín, en prosa latina y erudita, atribuida al obispo de Reims Turpín, hacia el año 800; su tema lo constituyen episodios de la vida de Carlomagno.

A este ciclo pertenecen Historia de Carlomagno y de los doce Pares, Noble cuento del emperador Cario Maynes… Pero inclusive la figura del gran emperador interviene en otras obras de aventuras fantásticas como la Geste de Doon de Mayence, el poema de Huon de Bordeaux, la Chanson de Rolland…

En muchas Crónicas españolas, a partir de la Crónica General de don Alfonso el Sabio, existen fuertes inspiraciones de las guerras carolingias contra los árabes de España, en las que se crea a un Bernardo del Carpió vencedor de Roldan.

CARLOMAGNO SEGÚN SU BIÓGRAFO

ASÍ ERA CARLOMAGNO
(Según Einhard, escritor y biógrafo de Carlomagno.)

Carlos era grande, fuerte y de alta estatura… Se sabe que su altura era siete veces el largo de su pie. La parte de arriba de su cabeza era redondeada, sus ojos grandes y vivaces, su nariz quizá un poco larga, tenía pelo castaño, de cara sonriente y alegre.

Su apariencia era imponente y digna, ya estuviera de pie o sentado; aunque su cuello era un tanto corto y grueso y su barriga un tanto prominente… De acuerdo con la costumbre nacional, hacía mucho ejercicio a caballo y cazando… Nadaba a menudo y nadie podía ganarle.

Se vestía según la usanza de los francos; primero una camisa y pantalones de montar de lino, arriba una túnica con bordes de seda y unas calzas sujetas con fajas que cubrían sus piernas, pies y zapatos.

En invierno, como abrigo para el pecho y los hombros, usaba un saco entallado o pieles de marta.

Arriba de todo, se arrojaba un manto azul y también llevaba una espada con empuñadura de oro o plata ceñida a la cintura con un cinturón.

Carlos era moderado en la comida y especialmente en la bebida, ya que le disgustaban profundamente las borracheras… mucho más tratándose de él o de cualquiera que viviese en su casa.

Mientras comía, escuchaba alguna lectura u oía música. Los temas favoritos de lectura eran las historias y hazañas del pasado. También le gustaba leer a san Agustín, en especial el libro titulado La ciudad de Dios.

Carlos tenía gran habilidad para hablar lo hacía con fluidez y prontitud, y podía expresar todo lo que quería decir con la claridad más absoluta. Su dominio del latín le permitía hablarlo bien.

Cultivaba las artes liberales, tenía gran estima por sus maestros y les otorgaba grandes honores. Aprendió gramática con el diácono Pedro de Pisa…

Otro diácono, Alcuino, de origen sajón, era un gran erudito de la época y fue su maestro en otras ramas del saber.

También intentó con la escritura; acostumbraba a guardar tablillas de escribir bajo su almohada para practicar en los ratos libres; sin embargo, por haber empezado su aprendizaje tarde en la vida, no logró éxito en este aspecto.

Abrazó con gran fervor y devoción los principios de la religión cristiana que había conocido en la infancia. Por esto mandó a construir la bellísima basílica de Aix-la-Chapelle, la hizo adornar con lámparas de oro y plata, con puertas y barandas de bronce sólido.

Carlos estaba siempre dispuesto a ayudar al necesitado… No solamente dio el ejemplo ayudando dentro de su país sino que, cuando descubrió que había cristianos pobres en Siria, Egipto y Cartago, tuvo compasión de ellos y les envió dinero. Murió a la edad de setenta y dos años y lo enterraron en Aix-la-Chapelle.

Carlos estaba siempre dispuesto a ayudar al necesitado… No solamente dio el ejemplo ayudando dentro de su país sino que, cuando descubrió que había cristianos pobres en Siria, Egipto y Cartago, tuvo compasión de ellos y les envió dinero.

Murió a la edad de setenta y dos años y lo enterraron en Aix-la-Chapelle.

Ver: Historia de Alemania Primitiva Hasta el Imperio


Biografia de Carlos IX de Francia

Biografia de Carlos IX de Francia

Su figura histórica queda desdibujada por su muerte prematura. Como los últimos Valois, sus hermanos Francisco y Enrique, Carlos IX fue un joven de refinada cultura, en contacto con Ronsard y los poetas de la Pléyade; pero, también, un monarca débil de espíritu y sin voluntad para imponerse a los demás y a sí mismo.

Carlos IX de Francia

Este hecho explica su sujeción a Catalina de Médicis y a Coligny, sus vacilaciones antes de la noche de San Bartolomé, y su ruina física, consumada por la violencia de sus ejercicios corporales y el desenfreno de su vida amorosa.

Tercer hijo de Enrique II y Catalina de Médicis, nacido en San Germán de Laye el 27 de junio de 1550, acababa de cumplir diez años cuando la muerte de Francisco II le dio la corona de Francia, una Francia amenazada por las luchas entre católicos y calvinistas.

Ejerció la regencia su madre, hasta el 17 de agosto de 1563, fecha en que fué proclamado mayor de edad; pero, de hecho, continuó llevando la dirección del gobierno Catalina de Médicis.

En 1562-1563 se habían desarrollado las escenas sangrientas de la primera guerra de religión. Después de la paz de Amboise transcurrió un período de relativa tolerancia, hasta que Conde pretendió apoderarse por la fuerza de la persona del monarca (1567).

Descubiertos sus planes, se reanudó la lucha, en la que llevaron la mejor parte las armas católicas (segunda y tercera guerra de religión).

Pero con gran sorpresa de todos, Carlos IX confió el gobierno (1570) al almirante Coligny, jefe de los hugonotes, el cual le había entusiasmado con sus atractivos proyectos de hundir el poder de Felipe II en Europa. Coligny gobernó muy poco tiempo.

El excesivo predominio otorgado a los calvinistas provocó una reacción de los católicos. Catalina de Médicis, Enrique de Guisa y Enrique de Anjou arrancaron del rey el permiso de proceder a la eliminación de los jefes hugonotes más destacados, reunidos en París para asistir a las bodas de Enrique de Navarra y Margarita de Valois.

El 24 de agosto de 1572 se registraron las trágicas escenas de la noche de San Bartolomé.

Una víctima directa de aquella jornada fué el propio Carlos IX. Devorado por la fiebre y el remordimiento, impresionado por la sangre derramada, fué extinguiéndose poco a poco.

Murió en Vincennes el 31 de mayo de 1574.

Biografia de Thiers Louis Adolphe Ministro de Francia

Biografia de Thiers Louis Adolphe

LUIS ADOLFO THIERS (1797-1877): El hombre de la Tercera República Francesa, cuyo nacimiento y consolidación hizo posible por su actuación conservadora y, a la vez, por su sentido liberal de la vida, nació en Marsella el 15 de abril de 1797.

Después de estudiar en el liceo de Marsella y Je licenciarse en derecho en la universidad de Aix, partió para París con el propósito de labrarse un porvenir literario y político en la capital.

Thiers Louis Adolphe

Louis Adolphe Thiers fue un historiador y político francés. Fue repetidas veces primer ministro bajo el reinado de Luis-Felipe de Francia. Después de la caída del Segundo Imperio, se convirtió en presidente provisional de la Tercera República Francesa, ordenando la supresión de la Comuna de París en 1871.

Su único viático era una carta de recomendación para el diputado Manuel, el cual le introdujo en los salones liberales y le proporcionó trabajo en la redacción de El Constitucional (1821).

Muy pronto el joven provenzal destacó en el campo del periodismo, por su espíritu crítico y su cultura vasta, aunque superficial. Sus crónicas artísticas le hicieron famoso, así como su Historia de la Revolución francesa (1823-1827), escrita con un leve asomo de apología.

Partidario de la legalidad de la Carta otorgada, se opuso al régimen de Carlos X, por considerarlo reaccionario. Participó en forma destacada en la entronización del duque de Orleáns después de la revolución de julio de 1830. Esto le abrió las puertas de su carrera política.

Diputado por Aix y secretario general del ministerio de Hacienda, se afilió primero al partido del ((movimiento». Pero luego, considerando perjudicial esta política para la consolidación de la nueva dinastía, pasó a ser miembro del partido conservador o de la «resistencia».

En junio de 1832 fué nombrado ministro del Interior, en cuya cartera demostró condiciones de gran energía, reprimiendo tanto las conjuraciones borbónicas como los alzamientos republicanos. La represión de 1834 abrió entre él y los demócratas un foso que sólo se colmó cuarenta años más tarde.

Ministro del Interior por segunda vez, en 1835 no vaciló en decretar fá reducción de la libertad de imprenta, en cuyo nombre se había levantado contra Carlos X cinco años antes.

Formó un ministerio en 1836; pero éste fué de escasa duración, pues no pudo sobrevivir a los ataques parlamentarios contra su política de intervenir en España a favor de los cristinos (22 de marzo a 25 de agosto de 1836).

Viajó algún tiempo por Italia. En 1838 reanudó sus tareas parlamentarias y el 1° de marzo de 1840 fué designado por segunda vez presidente del consejo de ministros y ministro de Negocios Extranjeros.

Su política patriótica estuvo a punto de provocar una guerra con Inglaterra y Alemania a propósito de la cuestión de Oriente. El régimen burgués de Luis Felipe no gustaba de tales desplantes. Thiers fue reemplazado por Guizot (29 de octubre), contra cuyo gobierno desencadenó una campaña sistemática de 1840 a 1848. Simultáneamente, redactó una Historia del Consulado y del Imperio, cuyo primer volumen apareció en 1845.

Ante el movimiento revolucionario de febrero de 1848, Luis Felipe confió la presidencia del gobierno a Thiers. Pero ni los republicanos ni los socialistas quisieron saber de él. El régimen se hundió.

Durante la segunda República, Thiers dirigió con gran éxito la oposición conservadora en la Asamblea Nacional. Poco partidario de Luis Napoleón, a quien consideraba un soñador utópico, fué detenido con motivo del golpe de estado de diciembre de 1851 y expulsado de Francia.

Un año más tarde se autorizaba su regreso. Bajo el Imperio autoritario continuó en su trabajo histórico sobre el Consulado y el Imperio, pero siempre se mantuvo apartado de Napoleón III.

Cuando el régimen empezó a declinar, en 1863, Thiers se convirtió en el jefe de una oposición implacable, exigiendo el retorno a la política tradicional de Francia y la lucha sistemática contra la unificación de Italia y Alemania.

Por esta causa, cuando sobrevino el hundimiento del Segundo Imperio en Sedán (1870), Thiers fue el hombre designado para salvar el país de las ruinas en que le había sumido una política tan poco clarividente.

Negociador de la paz en Londres, Viena y San Petersburgo, fué elegido jefe del poder ejecutivo de la República francesa el 17 de febrero de 1871.

En calidad de tal firmó el armisticio de Versalles con Bismarck y sofocó vigorosamente la «Commune» de París. Restablecido el orden interior y la paz exterior, Thiers se convenció de que una república conservadora era el régimen que menos separaba a los franceses, y encaminó su política a esta-
blecerla en Francia.

La reacción de los monárquicos le obligó a presentar la dimisión de su cargo en 24 de mayo de 1873. En los cuatro últimos años de su vida apoyó a la coalición republicana con su prestigio de salvador de Francia del desorden y de la anarquía.

Murió en San Germán en Laye, el 3 de septiembre de 1877.

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Biografia de Francois Guizot Politico Frances

Biografia de Francois Guizot

Austero, enérgico, con ideas firmes sobre la historia y la política, dotado de no escasas dotes de generalización, investigador profundo de los acontecimientos de la cultura francesa y europea, Francisco Guizot fue un buen historiador y aun un mejor profesor de Historia.

Pero su intervención en la vida pública de Francia durante la Restauración y la monarquía de Luis Felipe le elevaron a un plano de mayor responsabilidad. Guizot encarna, en efecto, el espíritu de la revolución de 1830 y, asimismo, el régimen burgués y censitario que ésta implantó.

Francois Guizot,un historiador y político francés. Participó en el gobierno durante la monarquía de Luis Felipe de Orleans y fue líder de los doctrinarios.

François Pierre Guillaume Guizot fue un historiador y político francés. Participó en el gobierno durante la monarquía de Luis Felipe de Orleans y fue líder de los doctrinarios.

La evolución de los partidos le situó cada vez más a la derecha, de modo que para los contemporáneos empezó en liberal y terminó en conservador.

En realidad, Guizot se mantuvo siempre fiel a la misma línea de conducta. Sólo los sucesos determinaron la paradoja de que uno de los artífices del alzamiento revolucionario de 1830 cayera en 1848 junto con Metternich, el principal representante del sistema legiti-mista y anturevolucionario en Europa.

Nacido en Nimes el 4 de octubre de 1787, en el seno de una familia calvinista, sufrió desde muy joven las consecuencias de la oleada revolucionaria, pues su padre pereció en el patíbulo durante el Gran Terror (abril de 1794). El muchacho se refugió con su madre en Ginebra.

En 1805, durante el Imperio, regresó a Francia al objeto de estudiar la carrera de Leyes en París. Terminada ésta, publicó algunas obras de carác ter literario e histórico que le valieron la cátedra de Historia Moderna de la Sorbona en 1812.

Afiliado al grupo de los monárquicos liberales de Royer-Collard, ocupó el cargo de secretario general del ministerio del Interior en 1814. Durante los Cien Días volvió a enfrascarse en sus estudios habituales.

Caído el poder napoleónico en Waterloo, Guizot fue nombrado secretario general del ministerio de Justicia en el gobierno Richelieu (1815-1816) y director en el ministerio del Interior en el gobierno Decazes (1819-1820). La reacción de 1820 le enfrentó para siempre con la monarquía borbónica, ya que Guizot consideraba inalterables los términos constitucionales elaborados en 1815.

Miembro del grupo de los «doctrinarios» y uno dé los jefes del partido liberal opuesto al gobierno de Carlos X, fue privado de su cátedra de 1822 a 1828. Durante esta época publicó dos obras que le hicieron famoso: la Historia del gobierno representativo (1821-1822) y la Historia de la civilización en Europa (1828).

En enero de 1830 fué elegido diputado por Lisieux, mandato que había de conservar, renovado periódicamente, hasta 1848. Figuró en el grupo liberal de la Cámara de Diputados.

Disuelta ésta por las famosas Ordenanzas de Julio, Guizot formó parte del Comité moderado que, dirigido por Casimiro Perier y Laffite, logró beneficiarse del movimiento revolucionario que estalló a fines de 1830 en París. Derribada la monarquía de los Borbones, ejerció el ministerio del Interior en el primer gobierno de Luis Felipe (agosto a noviembre de 1830).

Más tarde, en 1832, bajo la presidencia del mariscal Soult, fue ministro de Instrucción Pública. Durante este período, de 1832 a 1836, fomentó grandemente la educación primaria y el desarrollo de las corporaciones eruditas. Por otra parte, cada día se caracteterizaba más como jefe del partido de la resistencia o conservador.

Creía que la evolución histórica había hecho recaer el poder en la burguesía, y que por tanto era utópico hablar de sufragio universal. Frente al movimiento demócrata y republicano se mostraba intransigente. Su lema era «una monarquía limitada por un número limitado de burgueses».

La coherencia del gobierno Soult se rompió en 1836 por la divergencia de criterios entre Guizot y Thiers. Después de formar parte de otros gobiernos de vida efímera, en 1840 aceptó el cargo de embajador de Francia en Londres.

Pero el fracaso de la política oriental de Thiers, le llevó de nuevo al poder. Desde el 29 de octubre de 1840 hasta el 23 de febrero de 1848 fué el verdadero jefe del gobierno, aunque en realidad sólo ocupó la presidencia del consejo desde 1847.

Su pureza y su desinterés personales, su inquebrantable afirmación de los principios de orden, le convirtieron en el símbolo del conservadurismo.

Combatido por la izquierda monárquica y los demócratas, dimitió el 23 de febrero de 1848 cuando ya la revolución era dueña de la capital. Marchó a París al cabo de pocos días, y el 3 de marzo llegaba a Londres.

Después de un año de residencia en Inglaterra, regresó a Francia. Desde este momento vivió alejado de la política. Su principal ocupación fué la literaria, a la que consagró el resto de su existencia. Cooperó al desarrollo del Instituto de Francia, de cuya corporación era miembro.

Retirado en Val Richer (Calvados), cerca de Lisieux, vio cómo se implantaba el Segundo Imperio y cómo éste caía bajo el peso de la derrota militar. También asistió a los primeros pasos de la Tercera República.

En estos últimos años de su vida su figura se agiganta en el puerto de la serenidad. Murió en Val Richer el 12 de octubre de 1874.

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Biografia del Duque de Wellington Militar Britanico

Biografia del Duque de Wellington Militar General Britanico

En el estudio de las grandes figuras militares, la consideración de los hechos de armas de Arturo o Arthur Wellesley, duque de Wellington, merece un lugar destacado, por lo menos en cuanto a las magníficas condiciones de tenacidad de que siempre dio relevantes pruebas.

Estratega de refinada formación, brillante en el despliegue de sus fuerzas, fue realmente insuperable en la táctica defensiva, como lo demostró en Torres Vedras y en el mayor de sus triunfos: Waterloo. Esta victoria hizo irradiar su fama por todos los ámbitos. del mundo.

biografia del duque de welligton

Tercer hijo de Garrett Wellesley, conde de Morningtong, Arturo nació en Dublín el 29 de abril de 1769. Se educó en el aristocrático colegio de Eton y en la academia militar de Angers (Francia). Ingresó como insignia en el 73.0 de «highlanders en 1787.

Hizo rápidos progresos por su natural despejado y la influencia de su hermano mayor; en 1793 tenía la graduación de teniente coronel, con la cual luchó contra los franceses en Holanda (1794-1795).

Al terminar esta campaña, fue enviado con su regimiento a la India (1796), donde tuvo ocasión de prestar grandes servicios a Inglaterra.

Su hermano, nombrado en 1797 gobernador de la India, le ayudó a hacerse distinguir, pues en 1799, después de la derrota de Tippo Sahib, le confirió el mando supremo de la provincia de Mysore.

Con el grado de mayor general, Wellesley dirigió la campaña de 1803 contra los majratas, a los que derrotó en las decisivas batallas de Assaye y Argaum.

Personalmente impuso la paz a los príncipes de la confederación hindú.
De regreso a Inglaterra (1805), fue elegido miembro del Parlamento y nombrado secretario para Irlanda (1806).

En 1807 participó en una expedición contra Copenhague. Pero hasta 1808 no halló un cargo militar que le permitiera desarrollar sus aptitudes.

La invasión napoleónica en Portugal y España, y la alianza subsiguiente de Inglaterra con estos estados, motivaron el envío de tropas expedicionarias a la península Hispánica.

Wellesley, promovido a teniente general en abril de 1808, dirigió la primera expedición, con tan feliz acierto que, después de la acción de Vimeiro (21 de agosto), obligó a Junot a capitular en Cintra (31 de agosto).

La noticia del reembarque de las tropas inglesas de Moore en La Coruña ante Soult (16 de enero de 1809) le sorprendió en Inglaterra.

De nuevo el gobierno británico acudió a él para reparar el desastre. Wellesley liberó Oporto y lanzó un atrevido ataque sobre Madrid por el valle del Tajo.

Aunque vencedor en Talavera de la Reina (27 de julio de 1809), tuvo que replegarse para evitar que fueran cortadas sus comunicaciones. Después de aquella victoria fué nombrado mariscal portugués y capitán general español.

La corona le otorgó el título de vizconde Wellington. Ante el ataque del ejército de Massena, Wellington se replegó a las líneas de Torres Vedras (1810-1811), en donde resistió de modo admirable.

Al iniciarse la campaña de 1812, expugnó Ciudad Rodrigo (19 de enero), recobró Badajoz (5 de abril) y derrotó a los franceses en Arapiles (22 de julio).

En este momento le faltó decisión para echarse sobre el enemigo en retirada, lo que permitió que éste se rehiciera. Sin embargo, en la campaña de 1813 obtuvo una victoria resonante y decisiva en Vitoria (21 de junio), completada por la expugnación de San Sebastián (31 de agosto) y el paso de la frontera por San Marcial.

El 10 de abril de 1814 entraba en Tolosa. Terminada la guerra, el recién duque de Wellington fue nombrado embajador de Inglaterra en París.

Plenipotenciario de su nación en el Congreso de Viena (febrero de 1815), empuñó la espada al saber la noticia del regreso del Gran Corso. Se le confió, con Blücher, el mando del ejército del Norte.

Separado de su colega prusiano por la vigorosa ofensiva de Napoleón, la contuvo en el campo de batalla de Waterloo (18 de junio de 1815), en donde el impasible general británico se cubrió para siempre de gloria.

Entonces recibió dignidades y recompensas sin cuento, entre las cuales el principado de Waterloo y un obsequio de 200.000 libras esterlinas del Parlamento. Tenía 46 años…

Su prestigio hizo pesar su palabra en la vida pública de Europa e Inglaterra en los años siguientes. Wellington apoyó el restablecimiento de Luis XVIII y evitó la desmembración de Francia.

En 1818 participó en el Congreso de Aquisgrán. En el mismo año ocupó un puesto en el gobierno de la Gran Bretaña, dentro del que se mantuvo en completo acuerdo con las ideas de Castlereagh sobre la practica de la política de la restauración.

Sin embargo, en 1826 prestó un gran servicio a Canning obteniendo en la convención de San Petersburgo la libertad de Inglaterra en el problema del alzamiento de Grecia contra Turquía.

En 1827 el «duque de hierro» fue nombrado generalísimo de las fuerzas inglesas, cargo que desempeñó hasta su muerte.

Al año siguiente (9 de enero) ocupaba la presidencia del consejo de ministros. Durante su gobierno, aunque rígidamente conservador, se otorgó la emancipación a los católicos del Reino Unido (1828).

Opuesto a toda reforma electoral, dimitió en noviembre de 1830. Este fue el único instante en que conoció la impopularidad. Wellington fue otras dos veces ministro bajo la presidencia de Peel: de Negocios Extranjeros en 1834-1835 y sin cartera en 1845-1846.

Su vida se apagó en Walmer Castle (Dover), en una calma serena y augusta, como correspondía a su papel de héroe, el 14 de septiembre de 1852.

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Biografia de Maria Antonieta de Austria – Su Ejecucion

Biografia de María Antonieta de Austria – Su Ejecución Post Revolución

MARÍA ANTONIETA DE HABSBURGO-LORENA (1755-1793)
Hija de la gran María Teresa de Austria, María Antonieta no poseyó las eminentes cualidades políticas de su madre, salvo la tenacidad, más comparable en ella a terca obsesión.

Situada en un ambiente extraño, reina en un país que tradicionalmente era enemigo de su familia e imperio, enfrentada con una violenta conmoción revolucionaria, la desgraciada señora quiso superar ese cúmulo de adversidades y la timidez y debilidad de su marido, dirigiendo a su guisa la corte y la política de Francia.

maria antonieta de austria

Nacida para reina, gozó hasta el fin la vida despreocupada y frívola de la corte. Sin embargo, amargos sinsabores y un desenlace trágico la aguardaban luego del 14 de julio de 1789: al descrédito sucedió el encarcelamiento hasta culminar en la guillotina

Fracasó en este empeño, e incluso sus actos contribuyeron en no poca cuantía al fatal desenlace de 1793. Sin embargo, la dignidad y entereza con que, en sus últimos días, hizo frente a la adversidad, borran en el aspecto personal las equivocaciones de su actuación.

Nacida en Viena el 5 de noviembre de 1755, hija de Francisco I de Lorena y María Teresa de Habsburgo, fue educada con gran severidad y con el fin de prepararla para el enlace con el delfín de Francia, tal como hacía previsible la alianza concertada en 1756.

El abate Vermond fue su tutor hasta 1769.

Prometida desde los doce años al Delfín de Francia, el futuro Luis XVI, se trató de educarla de acuerdo con las conveniencias de su futura misión, sin demasiado éxito.

Caprichosa y mimada, su espíritu solo admitía los conocimientos que le llegaban a través de la diversión. Indiferente a las lecciones de la historia, hablaba incorrectamente el francés, era una mediocre ejecutante de clavicordio y su ortografía resultaba desesperante.

Los rasgos armoniosos, la cabellera rubia con matices rojizos, la piel sonrosada y perfecta y el rápido fulgor de sus ojos azules, así como su finísimo talle, la vivaz ingenuidad de la expresión y el encanto de sus movimientos sedujeron a los franceses desde que hizo su entrada triunfal en el país de su prometido, el 8 de mayo de 1770, cuando aún no había cumplido quince años.

El 16 de abril de 1770 Luis XV pidió su mano para su nieto, y el enlace matrimonial se efectuó en Versalles el 16 de mayo. Cuatro años más tarde, el 10 de mayo de 1774, la muerte de Luis XV la hacía reina de Francia. Tenía entonces dieciocho años y medio.

El 16 de mayo, en medio de un entusiasmo desbordante, se celebró la boda en Versalles. El Delfín, modesto, inteligente, sin ser brillante, indeciso y tímido ante las responsabilidades, escribe en su diario al día siguiente: «Nada». Y «nada» fue durante varios años, hasta que aceptó someterse a la pequeña operación.

Por su parte, María Antonieta se entrega inmediatamente al vértigo de las distracciones-bailes, mascaradas, juegos y representaciones teatrales- y también al juego. Su comportamiento resulta imprudente en medio de una corte donde la apariencia es más importante que la honradez y donde la adulación encubre intrigas y calumnias.

Honesta y espontánea por naturaleza, la Delfina no advierte el peligro. No es respetuosa de las formas, que son a veces la aparente salvaguardia del honor, y da a Madame de Noailles, encargada de instruirla al respecto, el mote de Madama Etiqueta.

María Antonieta había causado una buena impresión en la corte francesa. Pero muy pronto este sentimiento se desvaneció.

Existía en Versalles un poderoso partido antiaustríaco, que no perdonaba ocasión para criticar a la nueva soberana.

Por su parte, María Antonieta daba alas a ese grupo con sus extravagancias y su pasión por el lujo, el juego y las intrigas. Su entrega a la camarilla de los condes de Polignac y su interferencia en los asuntos políticos — como en la destitución de Turgot (1776)—, provocaron una viva agitación.

Su hermano, José II, aprovechó su estancia en París en este año para recomendarle mayor cordura.

Cuando el 10 de mayo de 1774 muere el rey Luis XV, la pareja se espanta por la responsabilidad que la aguarda. Son demasiado jóvenes, demasiado inexpertos y no se sienten preparados para reinar.

Ella carece de sentido social y político, y sus impulsos, cuyas consecuencias no sabe medir, hacen del poder una cuestión de amor propio.

El es recto, consciente y magnánimo, pero su indulgente inseguridad frente a las exigencias ajenas, más la sumisión que demuestra ante su mujer, harán de su reinado una función sin autoridad.

El 11 de junio de 1775 se efectúa la emocionante ceremonia de la coronación en la catedral de Reims. Pero la corona pesará tanto sobre esas dos cabezas que acabará por hacerlas caer.

La reina se sustrae a esa carga con sus ligerezas: bailes, paseos a caballo, ostentosas fiestas campestres. Rousseau y otros filósofos han puesto de moda la naturaleza y la reina obedece esos principios que quieren ser virtuosos.

En el Trianón, casa de campo que le ha cedido Luis XVI, juega a las pastoras refinadas con sus amigas la princesa deLamballe y la duquesa de Polignac.

Estos ingenuos placeres alimentan la malicia de la corte y las sospechas del pueblo. Como no son ajenos a esas reuniones varios galantes caballeros-entre ellos el conde de Artois, hermano del rey-, se tejen al respecto historias y cantitos malignos o picarescos.

Estos actos le valieron nuevas insidias de sus enemigos, las cuales, divulgadas entre el pueblo, determinaron que éste considerara a la «austríaca» como causa de la inestabilidad del gobierno y de la ruina de la hacienda pública.

El prestigio de la reina decae día a día y sus buenas acciones y sus obras caritativas no bastan para apuntalarlo. Las calumnias y los cuchicheos van y vienen, como la marea, de los barrios populares a Versalles y de la corte al pueblo.

La contemplación de una puesta de sol o de un amanecer se convierte en orgía para la maledicencia, y las prebendas que otorga a sus favoritos se exageran hasta cifras siderales. Se asegura que el Trianón tiene paredes tapizadas de diamantes y que se han invertido millones en su reparación.

El hambre, la falta de trabajo y de harina hacen el resto: la popularidad se va trocando en odio, y la admiración en rencoroso desprecio. Comienza a ser «la Austríaca», la enemiga, «Madame Déficit».

Aunque el rey ha dejado constancia en su diario de sus relaciones matrimoniales, y en 1778 nace su primera hija, María Teresa, se pone en duda su capacidad y se lanzan sospechas sobre esa paternidad y las posteriores, que traen al mundo a Luis José en 1781, a Luis Carlos en 1785 y a María Sofía en 1786. María Sofía morirá en 1787 y Luis José en 1789.

El asunto del «collar de diamantes» (1785-1786), que fue resultado de una falsificación de la condesa de la Motte, alimentó el fuego de las calumnias de sus adversarios.

Al abrirse los Estados Generales en 1789, María Antonieta no era, en general, bien vista por el pueblo francés. Antirrevolucionaria como su marido, aunque más resuelta que éste, asumió en grado considerable la responsabilidad de sacar la monarquía francesa del atolladero en que se hallaba.

Sin embargo, sólo aceptó la ayuda de los revolucionarios con manifiesta repugnancia. En realidad, ponía su confianza en las potencias extranjeras y en la acción de los emigrados.

Mantenía una correspondencia muy seguida con Mercy-Argentau, el ex embajador de Austria en París, y con el conde Axel Fersen.

Gracias al auxilio de éste, se planeó la fuga real al extranjero, que fracasó en Varennes (21 de junio de 1791). De regreso a París, creciendo su temor por la vida de su esposo, negoció secretamente con Austria, a pesar de que parecía prestar confianza al grupo de los feuillants (Barnave).

En esta correspondencia, cuyo tono a partir de la declaración de guerra en 1792 no sólo fue antirrevolucionario sino contrario a los intereses militares del Estado, María Antonieta se comprometió irremediablemente.

Después de la jornada del 20 de junio, inspiró el manifiesto de Brunswick, que fue de tan fatal resultado para la monarquía.

Prisionera en el Temple a causa de la revolución demagógica del 10 de agosto, aguardaron a la infeliz soberana las más rudas pruebas: la ejecución de su esposo (21 de enero de 1793), la separación de sus hijos, su encierro en la Conciergerie bajo el más repugnante espionaje, y, por último, el juicio ante un tribunal de desalmados (14 de octubre de 1793) y la muerte en la guillotina dos días más tarde (16 de octubre).

Durante estos terribles y agotadores meses, María Antonieta dio pruebas más que sobradas de cómo la majestad real superaba el vilipendio y los malos tratos de los sansculotes.

maria antonieta

EL ASUNTO DEL COLLAR: En 1785 estalló el asunto del collar, que sería, según Goethe, el prefacio de la Revolución.

En un principio se trataba de una estafa: un gran señor, el cardenal de Roñan, distanciado de la reina, se dejó convencer por cierta Hádame de la Motte-Valois que María Antonieta ya no estaba resentida con él, y que ella necesitaba comprar, por su intermedio, un suntuoso collar de diamantes, cuyo valor era de 1.600.000 libras.

Desde luego, el collar no llegó nunca a manos de la reina, y los joyeros nunca recibieron su pago.

Este caso selló definitivamente la imagen de la reina ante la opinión pública, y la caracterizó por el desenfreno con que dilapidaba el dinero de la realeza para satisfacer sus placeres.

María Antonieta demostró una gran imprudencia al ordenar el arresto de Rohan y un proceso público que aumentó el descrédito de la monarquía.

Desde luego, el collar no llegó nunca a manos de la reina, y los joyeros nunca recibieron su pago.

Este caso selló definitivamente la imagen de la reina ante la opinión pública, y la caracterizó por el desenfreno con que dilapidaba el dinero de la realeza para satisfacer sus placeres.

María Antonieta demostró una gran imprudencia al ordenar el arresto de Rohan y un proceso público que aumentó el descrédito de la monarquía.

Así rezaba un panfleto de la época:

Ávida, derrochadora, manipuladora, extranjera, corrupta, la reina ocupó un lugar entre las grandes malhechoras de la historia: «Más malvada que Agripina, cuyos crímenes fueron inauditos, / más lujuriosa que Mesalina, / más cruel que los Médicis» rezaban los panfletos que circulaban sobre «la Austríaca». Aunque a veces sufría a causa de ellos, se negó a tomar en cuenta las críticas: su deseo sincero de ser una mujer y no sólo una reina minaba los valores monárquicos. Pretendía hacer de rey, pero era incapaz de hacer de reina.

MARÍA ANTONIETA CONTRA LA REVOLUCIÓN
Desde el principio, la reina fue hostil a todo compromiso con las causas revolucionarias. Ante la constitución de los diputados del tercer estado en la Asamblea nacional, el 17 de junio de 1789, preconizó el envío de tropas.

Multiplicó las maniobras ante el rey para que él optara por la firmeza, y por ello naturalmente fue acusada de estar en el centro del complot aristocrático y austríaco. En el fondo, se opuso a toda reforma de la monarquía, escogió actuar como si nada hubiese cambiado y despreció a la multitud y a Mirabeau, con quien se reunía en secreto.

Con la ayuda del sueco Axel de Fersen, con el que indudablemente sostuvo una relación amorosa, María Antonieta preparó la huida de la familia real, que fracasó con el arresto en Varennes. Sin embargo, en el período agitado que siguió, reveló cierta grandeza de reina, acorde con la idea que ella tenía de la monarquía.

Por último, reconciliada con su función, desplegó todos los rasgos del heroísmo familiar y cristiano al replicar el espíritu de sacrificio de Luis XVI.

En su proceso, del 14 al 16 de octubre de 1793, surgieron las acusaciones habituales, además de otras de incesto completamente montadas. Fue guillotinada el 16 de octubre, fecha a partir de la cual su leyenda se puso en marcha.

Biografia de Luis XIV
Biografia de Luis XV
Biografia de Luis XVI
Revolución Francesa
Carlota Corday
Florence Nightingale
Ana Frank

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Biografia de Lotario I «Luis el Piadoso»

Biografia de Lotario I – Luis El Piadoso

En Lotario I concurren tres factores distintos que permiten comprender los avatares de su vida: de un lado, la decadencia biológica de los Carolingios; de otro, el influjo germánico de ambición del poder y de concepción patrimonial del Estado; por último, la supervivencia de la idea imperial legada por su abuelo Carlomagno.

Lotario I
Lotario I, emperador de Occidente, fue el hijo mayor del emperador Ludovico Pío, también conocido en español como «Luis el Piadoso».
Fecha de nacimiento: 795 d. C., Reino de los francos en la época merovingia
Fallecimiento: 29 de septiembre de 855 d. C., Prüm, Alemania
Cónyuge: Ermengarda de Tours (m. 821 d. C.–851 d. C.)
Reinado: 843 – 855

En realidad, Lotario I presenta, aumentados, los defectos que esterilizaron la obra política de su padre Ludovico Pío.

Hijo de este príncipe y de Irmengarda, son muy poco conocidos los primeros años de su vida, que probablemente transcurrieron en la corte de Carlomagno hasta 815, cuando fue nombrado duque de Baviera.

En 817, cuando Ludovico procedió a la primera partición de su Imperio, Lotario recibió la dignidad imperial en Aquisgrán, junto con el reconocimiento de cierta supremacía sobre sus hermanos Luis y Pepino.

Desde 823 ejerció el gobierno de Italia, y el 5 de abril de 823 fue coronado emperador en Roma por el papa Pascual I. En los seis años sucesivos gobernó Italia dictando sabias disposiciones.

Pero luego acaudilló el movimiento de rebeldía contra Judit de Baviera y la obra de segregación territorial emprendida por su padre a favor de su último hijo, el futuro Carlos el Calvo.

En abril de 830 impuso a su padre las durísimas condiciones de Comoiésne, que fueron una humillación grandísima para el poder imperial. Pero falto de las condiciones de energía y tacto requeridas, perdió aquella oportunidad y fue de nuevo relegado a Italia, donde esperó el momento del desquite.

En 832 acudió, al parecer, en auxilio1 de su padre; en realidad contribuyó a la segunda humillación del emperador en Sigolsheim y a su ignominioso proceso (junio de 833).

¿Había quedado restablecida la unidad imperial en la persona de Lotario? Muy pronto se comprobó que el Imperio de los francos estaba herido de muerte. Ni Pepino ni Luis quisieron acatar la voluntad de su hermano mayor y contribuyeron a reponer a su padre en el trono (1° de marzo de 834).

Lotario se retiró a Italia, en cuyo país recibió las insignias imperiales después de la muerte de su progenitor el 20 de junio de 840. Pero si en 833 había fracasado en su propósito de unificación imperial, no tuvo mayor éxito en 840.

Un año después sufría una grave derrota en Fontenoy (25 de junio) a manos de sus hermanos Luis el Germánico y Carlos el Calvo. De ellos tuvo que aceptar el tratado de Verdún (843), por el que, si se le reconocía el título honorífico de emperador, se limitaba su poder a Italia y a una faja territorial hasta el mar del Norte a la que dio su nombre: Lotaringia.

Abandonando el gobierno de Italia a su primogénito Luis, Lotario residió en la Lotaringia, donde vivió en lucha contra los normandos, los nobles y sus hermanos.

Cayó enfermo en 855, y murió en el monasterio de Prüm, donde se había retirado después de abdicar, el 29 de septiembre del mismo año.

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OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
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Biografia de Carlos V de Francia

Biografia de Carlos V de Francia

Después de Poitiers (19 de septiembre de 1356) Francia se hallaba sin rey, sin ejército, sin gobierno y sin recursos, entregada a la voluntad de la monarquía inglesa y sometida a las más violentas conmociones internas.

Este fue el momento más crítico con que se enfrentó la casa de los Valois. ¿Y quién tenía la responsabilidad de salvar la nave del Estado?. Un joven de unos veinte años, enfermizo y prematuramente envejecido; un joven que nunca había demostrado veleidades belicistas ni deseado triunfos y aparatosos éxitos, como sus predecesores, sino que amaba la vida sedentaria de los palacios, el rincón agradable de la biblioteca y la oración en la capilla.

Carlos V de Francia
Carlos V, llamado el Sabio, fue un monarca de la dinastía Valois, que gobernó como rey de Francia desde 1364 hasta su muerte. Era el hijo primogénito del rey Juan el Bueno y de Bona de Luxemburgo.
Fecha de nacimiento: 21 de enero de 1338, Vincennes, Francia
Fallecimiento: 16 de septiembre de 1380, Castillo de Beauté-sur-Marne
Reinado: 8 de abril de 1364 – 16 de septiembre de 1380
Carlos VI de Francia

Este joven, llamado Carlos, iba a ser el salvador de Francia, el restaurador de la nación empobrecida, el humillador de la monarquía inglesa.

Había nacido en el castillo de Vincennes, el 21 de enero de 1337, primogénito de Juan II y de Bona de Luxemburgo. Su primera juventud había transcurrido alejada de los asuntos de gobierno.

Sólo poco antes de Poitiers había recibido, con el título, la administración del ducado de Normandía. Pequeño aprendizaje para hacer frente a la carga que echaba sobre sus hombros la captura de su padre por los ingleses en Poitiers.

Para acudir a lo más perentorio, el delfín, como lugarteniente del reino, convocó los Estados Generales de los países de Lengua de Oil en París. En las reuniones celebradas por esta asamblea en 1356 y 1357 se puso de relieve el espíritu agresivo de los mercaderes de París, acaudillados por Esteban Marcel y auxiliados por los partidarios de Carlos de Navarra.

La oposición se transformó en sublevación. Marcel fue el verdadero señor de París: dio libertad a Carlos de Navarra y sus hombres asesinaron a destacados servidores del regente en la propia cámara de Carlos V.

A mediados de 1358 la situación parecía desesperada: en París imperaba el terror de los marcelistas; en el campo corrían las bandas de la jacquerie; en las fronteras se aprestaban las tropas de Inglaterra y de Navarra.

Pero la constancia de Carlos V logró superar esta dura prueba: Marcel fue eliminado; la jacquerie, sofocada; los ingleses y los navarros no pudieron lograr ningún éxito positivo.

Por otra parte, gracias a su habilidad diplomática, el regente obtenía de Eduardo III el tratado de Bretigny, ratificado por el de Calais (1360), desde luego ventajoso para Inglaterra, pero no humillante como el firmado por su padre erí Londres el año precedente.

Después de una segunda etapa de gobierno de Juan el Bueno, siempre tan fantástico — pensaba en la Cruzada y no en reparar las ruinas de Francia —, Carlos recibió la corona en Reims el 19 de mayo de 1364.

Desde aquel momento empleó todos sus esfuerzos en restaurar la potencialidad de Francia. Para ello se valió de dos condiciones innegables que poseía: su talento para descubrir servidores aptos y fieles y su habilidad y astucia diplomáticas.

Los hombres de su reinado fueron legistas y capitanes afortunados: un Bureau de la Riviére o un Bertrán du Guesclin, sinceramente afectos a la monarquía y trabajadores honestos e incansables.

Con su ayuda puso orden en la hacienda pública, en particular en el aspecto monetario, y mantuvo a raya al turbulento Carlos el Malo de Navarra y a sus propios hermanos, Felipe, Luis y Juan, que le dieron más de un disgusto.

A la pacificación del reino contribuyó la expulsión de las Compañías blancas, las cuales en 1368 hallaron nuevo campo de actuación en la guerra civil castellana entre Pedro I y Enrique de Trastamara.

Llegaba el momento de tomarse el desquite de Inglaterra. Carlos V dispuso lo oportuno para llegar a la ruptura citando al príncipe de Gales ante el parlamento de París. En mayo de 1369 se iniciaron las hostilidades.

Pese a sus incursiones en 1369, 1370 y 1373, los ingleses no lograron ningún éxito positivo. Por eí contrario, respaldado con el auxilio de Flandes y de Castilla, Carlos V se apoderaba de Ponthieu, Roerga, el Lemosino, Poitou, Santonja, etc.

En julio de 1380 los ingleses quedaban reducidos a Calais, el Bordelesado y unos pocos territorios más. Dos años antes, en 1378, habían caído en poder de Francia, por sorpresa, los dominios normandos de Carlos el Malo, acusado de traición a la causa de su monarca.

El gran rey, llamado el Prudente por la Historia, murió prematuramente, en el castillo de Beauté, en el Marne, cerca del bosque de Vincennes, a la edad de 43 años, el 16 de septiembre de 1380, cuando muchos proyectos ambiciosos anidaban en su corazón.

Había establecido en Francia un rudimento de administración coherente, había dado rudos golpes a la nobleza y había favorecido la prosperidad del país. Distinguióse como erudito en astrología, medicina, leyes y filosofía.

Su palacio fue frecuentado por distinguidos escritores, como Felipe de Meziéres y Nicolás Oresme, algunas de cuyas ideas llevó él a la práctica. Sólo le cabe achacar en culpa en el aspecto religioso de su vida —- por lo demás modélica—, la protección dispensada al antipapa Clemente VII con lo que fomentó el Cisma de Occidente , nocivo para los intereses políticos de Francia.

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Biografia de Woodrow Wilson
Biografia de Chamberlain Joseph
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Biografia de Eduardo III de Inglaterra

Biografia Juan II de Francia

Biografia Juan II de Francia

JUAN II DE FRANCIA (1319-1361)
La muerte de Felipe VI el 22 de agosto de 1350 dio la corona de Francia a su primogénito, el príncipe Juan, habido en 1319 de Juana de Borgoña. La estira; de los Valois, que proporcionó soberanos en general» débiles y enfermizos, aunque alguno de ellos revelara aptitudes intelectuales y políticas extraordinarias, enriqueció con un tipo extravagante.

Juan II, llamado el Bueno, no reunía ninguna dote para gobernar. Era frivolo, pródigo, versátil y muy poco inteligente. En lo único que se distinguió fue en la violencia de sus actos y en el mantenimiento de su palabra de caballero medieval.

Juan II de Francia
Juan II de Francia, llamado el Bueno, fue el segundo rey de Francia de la Casa de Valois. Era hijo de Felipe VI de Francia y Juana de Borgoña.
Fecha de nacimiento: 26 de abril de 1319, Le Mans, Francia
Fallecimiento: 8 de abril de 1364, Palacio Savoy, Londres, Reino Unido
Hijos: Carlos V de Francia, Felipe II de Borgoña, Juan I de Berry,
Cónyuge: Juana I de Auvernia (m. 1350), Bona de Luxemburgo (m. 1332)

Condiciones muy poco propicias para hacer frente a sus adversarios, el famoso Eduardo III de Inglaterra y el no menos famoso, aunque por distimc motivo, Carlos el Malo de Navarra.

Al ceñir la corona de San Luis, Juan II tuvo que enfrentarse con la amenaza inglesa, que había culminada últimamente en la victoria de Crecy y la toma de Calais (1346 y 1347).

En 1348 se había firmado una tregua entre los dos reinos, que fue prorrogada hasta 1355, tanto a instancias del Papado como a causa de los devastadores efectos de la Peste Negra. Pero bajo estas apariencias de paz, se mantenía vivo el fuego de las hostilidades.

Contribuyó a hacerlas más encarnizadas la traición de Carlos el Malo de Navarra, yerno de Juan II. quien abominaba la raza de los Valois y aspiraba a la corona de Francia.

Carlos entró en tratos con los ingleses desde 1354 e incitó al delfín Carlos V a apoderarse de la corona. En un acto de intrepidez, Juan II detuvo al rey de Navarra en Ruán el 5 de abril de 1356 y le mandó cargado de cadenas a Cháteau-Gaillard.

Por aquel entonces los ingleses habían pasado de nuevo al ataque bajo la dirección del Príncipe Negro. Sus huestes arrasaron los territorios próximos al Loira. Cuando regresaban a Guyena, les salió al paso el ejército francés al mando del propio Juan II.

La acción se libró cerca de Poitiers (19 de septiembre de 1356) y acabó con una rotunda victoria del Príncipe Negro. Juan II, que combatió hasta el fin como un bravo caballero, cayó en poder de los ingleses. El Príncipe Negro le proclamó el guerrero más valeroso de su reino, pero se lo llevó como prisionero a Londres.

Permaneció en Inglaterra durante cuatro años. El 24 de mayo de 1359 firmó los preliminares de Londres. por los que renunciaba a grandes posesiones del territorio francés en favor de Eduardo III: Normandía. Bretaña, Anjou, Maine, Turena, etc.

Afortunadamente, su hijo Carlos V, que ejercía la regencia, supo maniobrar con tal acierto que arrancó del rey inglés el tratado de Bretigny (8 de mayo de 1360), ratificado luego por Juan II en Calais (9 de octubre), mucho más favorable, aunque sin dejar de ser adverso.

Juan II fue puesto en libertad a cambio de un rescate de 3.000 escudos de oro, pagaderos en seis años. Dejó en Londres como rehén a su hijo Luis de Anjou.

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Biografia de Juan V Paleologo

Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Guerra Mundial

Economía de las  Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Segunda Guerra Mundial

Después de la segunda guerra mundial, muchos países del imperio colonia! francés en África adquirieron gran autonomía o incluso la independencia. En todo este territorio predomina un clima agobiante. El paisaje varía de la selva virgen al desierto, pasando por la sabana y la estepa. Las diferencias étnicas, religiosas y lingüísticas son enormes. Las poblaciones autóctonas se dedican, ante todo, a la agricultura. La industria ha sido totalmente creada por los franceses.

Hasta 1939, Francia ejerció, directa o indirectamente, influencia política y económica sobre numerosos territorios situados en todo el mundo, pero principalmente en Asia y África, es decir, sobre 12.500.000 km2 y 75.000.000 de habitantes.

De resultas de la guerra y de las aspiraciones de los pueblos a la independencia, este «imperio francés» se ha desmoronado en varias etapas. En 1944, en la Conferencia de Brazzaville se decidió aportar profundas modificaciones a la situación política, económica y social de los pueblos de ultramar.

En 1946, se constituyó la Unión Francesa, y las antiguas colonias pasaron a ser departamentos y territorios de ultramar que formaban parte integrante de la República Francesa, o territorios y Estados asociados.

En 1954, Indochina fue dividida en cuatro Estados independientes, y dos años después se reconoció la independencia de Túnez y Marruecos. En 1958 nació la Comunidad francesa: esta asociación de Estados soberanos se propuso a la República Malgache (Madagascar) y a doce Repúblicas africanas.

La única que se negó a adherirse fue Guinea. En 1960, los territorios africanos de Camerún y de Togo, que permanecían bajo tutela, accedieron a la independencia, y en 1962 un referéndum de autodeterminación dio como resultado la independencia de Argelia.

mapa de colonias de europa en africa

Mientras tanto, la Comunidad había evolucionado y se transformó en una red de convenciones más flexibles. La República Centroafricana, Gabón, República Malgache, Congo-Brazzaville, Senegal y Chad siguieron formando parte de ella, mientras que Camerún, Costa de Martil, Dahomey, Burkina Faso, Mauritania, Níger y Togo se unían a Francia por medio de acuerdos de cooperación. Excepto en Indochina y Argelia, estas reformas se realizaron sin grandes perturbaciones.

Gran parte de las antiguas colonias francesas se extiende al sur del Sahara, es decir, debajo de los trópicos, y ocupa unos ocho millones de kilómetros cuadrados. El conjunto se ha ido formando sobre un zócalo cristalino (granito y gneis), el más antiguo del mundo.

El relieve de esta inmensa región está formado, sobre todo, por mesetas muy extensas en las que se han abierto anchas cubetas (Níger, Chad, Congo) que a veces permanecen completamente aisladas a causa de conmociones  de la corteza terrestre (Futa Yalon, mesetas de Adamaua, Mayombé, montes de Cristal, Nimba, Camerún), acompañadas de fenómenos volcánicos. Por este motivo, el mar no puede ejercer influencia alguna sobre estas regiones, que poseen un clima agobiante.

Las regiones costeras también son de muy difícil acceso: por lo general son estrechas y discontinuas, con frecuencia pantanosas y bordeadas de bancos de arena o lagunas y, por último, rematadas por peligrosos rompientes.

Citaremos una excepción: la llanura del Senegal, en la costa occidental de África, la mayor del continente y una de las más fértiles. Dakar, que se halla situada en esta llanura y se encuentra protegida por un espolón volcánico, la península de Cabo Verde, es el mejor puerto de toda la costa occidental.

Esta inmensa región continental goza de un clima típicamente tropical con su estación seca y su estación de lluvias. En el norte predomina el clima sahariano, uno de los más secos y cálidos del mundo. En el sur, por el contrario, el clima es completamente ecuatorial, con lluvias continuas, sin estación seca.

Los suelos han sido totalmente destruidos por la erosión y las aguas. Depósitos de aluminio y de óxido de hierro han formado una gruesa corteza en la superficie. Y en las zonas asoladas por el harmatán (viento cálido del desierto que sopla de la tierra) incluso ha llegado a formarse un caparazón impermeable: el bowal.

Sin embargo, afortunadamente los suelos aluviales depositados en las cuencas proporcionan tierras laborables de buena calidad.

Todos los antiguos territorios franceses están surcados por grandes ríos que, no obstante, son mediocres vías de comunicación, pues su enlace con el mar es insuficiente.

Las regiones húmedas (cuenca del Congo, costas de Guinea) están cubiertas por una tupida selva.La atmósfera es tan pesada para los animales como para los hombres. En los lugares en los que las lluvias son menos abundantes, con una variación de 1.000 a 1.500 mm. al año (zona que se extiende desde Futa Yallon hasta la República Centroafricana), la vegetación es menos lujuriante. Si trazamos una línea de Dakar a Chad, al norte aparece la región de la estepa, cubierta de tupidas hierbas y matorrales espinosos, y después el desierto sin límites.

Futa Yallon o Fouta Djallon, región de altiplanicie del noroeste de Guinea. Está constituido por horsts basculados que alternan con profundos valles, aunque en las laderas orientales las pendientes son moderadas y los valles menos profundos. Esta región está compuesta por piedras areniscas del paleozoico que se inclinan hacia el oeste y cubren rocas del precámbrico hasta una profundidad de 760 m. El gabro y la dolerita se introducen formando capas o diques.

En este vasto mundo tropical vive una población que se calcula en 100.000.000 de habitantes. Esta población, que, por otra parte, está integrada por grupos muy distintos, se encuentra repartida de modo desigual: en el desierto y la selva virgen no llega a contar con un habitante por kilómetro cuadrado.

En la sabana alcanza los 80 habitantes por kilómetro cuadrado, y en las regiones mejor repartidas (Camerún, llanuras costeras de Guinea, orillas del Chad, por ejemplo), la cifra puede oscilar entre 50 y 200 almas.

En las estepas viven algunos pueblos de raza blanca: moros en el oeste y tuareg a lo largo del Níger. Por otra parte, la mayoría se ha mezclado con negros, especialmente con los peuls.

En la sabana se encuentran los primeros negros de raza pura. Sedentarios y de alta estatura, viven en poblados y se dedican a la agricultura: wolofs en Senegal, mandingas y songhais a lo largo del Níger, mosis en Burkina Faso y saras al sur del Chad.

En cambio, los negros de la selva son mucho más bajos, no tienen poblado fijo y sus sistemas de cultivo son primitivos. Los pigmeos pertenecen al grupo menos civilizado.

Todos estos pueblos hablan centenares de lenguas distintas que poseen numerosos dialectos. La religión varía: los pueblos de la estepa y la sabana son adeptos del Islam, y los de la selva, por lo general, animistas. El cristianismo también ha penetrado en la mayoría de comunidades.

Con 80 o 90 %, la agricultura sigue siendo la principal actividad de estas poblaciones. Existen algunos artesanos y comerciantes. En la selva es donde se practican los sistemas de cultivo más atrasados: para obtener tierras laborables recurren al fuego. Después remueven superficialmente el suelo con la azada. Por último siembran mandioca, maíz, legumbres, etc., todo mezclado. Los troncos de los árboles calcinados se dejan donde están, pues impiden la erosión del suelo durante la estación de las lluvias.

Cuando las tierras están agotadas, la comunidad se traslada y el proceso vuelve a empezar. La gente de la sabana tiene la labor algo más fácil y, por lo tanto, los cultivos son más variados. Además, también se dedican a la cría de ganado, imposible de practicar en la selva.

No existen, por así decirlo, industrias locales. Todo lo que hay en este aspecto es obra de los franceses, que explotan las riquezas minerales (especialmente oro, diamantes, hierro, bauxita y fosfatos) con gran eficacia y el material más moderno.

Ver: Historia de Sudáfrica

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Enrique IV Borbón Biografía y Gobierno Como Rey de Francia

Enrique IV Borbón: Biografía y Gobierno Como Rey de Francia

Después de las sangrientas guerras de religión qué se sostuvieron durante el reinado de los Valois, Enrique IV aportó a Francia una era de prosperidad. En colaboración con Sully, se dedicó a sanear la hacienda pública. También concedió mucha importancia a la agricultura y la industria. Al mismo tiempo, Francia estableció las bases de su imperio de ultramar. Enrique IV fue asesinado en 1610.

Enrique IV de Borbón

Enrique IV (de Francia) (1553-1610), rey de Francia (1589-1610), que restauró la estabilidad tras las guerras de Religión del siglo XVI. Fue el primer rey Borbón de Francia y también rey de Navarra, con el nombre de Enrique III (1562-1610). Enrique nació en Pau (entonces Navarra) el 13 de diciembre de 1553. Su padre, Antonio de Borbón, duque de Vendôme y rey de Navarra, era descendiente, en novena generación, del rey de Francia del siglo XIII, Luis IX. Su madre, Juana de Albret, era reina de Navarra y sobrina del rey Francisco I de Francia.

Durante el siglo XIII, Francia vivió un período de prosperidad durante la época de los grandes Capetos, Felipe Augusto, Luis IX (san Luis) y Felipe el Hermoso. Seguidamente estalló la Guerra de los Cien Años, que llevó al país al borde de la ruina, pero que, gracias a la enérgica intervención de Juana de Arco, finalizó con la victoria de Francia.

Después, el poder pasó a manos de los Valois, llamados los «reyes malditos», entre ellos Carlos VII, Luis XII, Francisco I, el enemigo jurado del emperador Carlos I de España, y por último Enrique II y sus tres hijos: Francisco II, Carlos IX y Enrique III. Durante el reinado de estos tres últimos, Francia estuvo ensangrentada por crueles guerras de religión (1560-1590). Enrique III murió  asesinado,  y así se dio fin a la casa de los Valois.

Enrique de Borbón, jefe de los hugonotes (calvinistas franceses), que ya era rey de Navarra, subió al trono de Francia con el nombre de Enrique IV. Tras largas tergiversaciones, decidió convertirse al catolicismo. En julio de 1593 fue bautizado en la catedral de Saint-Denis, cerca de París.

Al año siguiente, París, que era profundamente católico y estaba en manos de la fanática Liga Santa, abrió sus puertas al nuevo rey. La famosa frase «París bien vale una misa» se ha atribuido a Enrique IV, pero probablemente su autor fue su ministro Sully, que después de esto se hizo famoso.

casamiento de enrique IV Borbón

Casamiento de Enrique IV Borbón con María de Medicis

Al poco tiempo de haber entrado en París, Enrique IV declaró la guerra a España. La lucha finalizó en 1598 con la paz de Vervins. De este mismo año data el Edicto de Nantes, por el que se autorizó a los hugonotes a practicar libremente su culto, pero sólo en ciudades en las que ya se hubieran celebrado anteriormente oficios protestantes.

Además, se concedieron a los hugonotes «plazas de seguridad» como garantía de que el Estado respetaría las cláusulas del Edicto de Nantes. También desde ese momento pudieron desempeñar cargos oficiales. «Sólo los católicos y los hugonotes se considerarán buenos franceses», fue la máxima del programa de Enrique IV, la base de su obra maestra.

A pesar de su carácter poco enérgico, este rey se distinguió por una sólida dosis de buen sentido, y sus objetivos fueron fundamentalmente buenos. Quería hacer a la realeza independiente de la Iglesia, de las supervivencias del feudalismo, de las asambleas de clases y del Parlamento de París. Pero, ante todo, deseaba sanear la situación económica del Estado. El duque de Sully fue su brazo derecho en esta delicada tarea.

Maximiliano de Béthume, baron de Rosny, a quien Enrique IV había concedido el título de duque de Sully, formaba parte de la corte desde los once años, y fue el amigo íntimo del rey. A pesar de que era esencialmente hombre de guerra, también reveló grandes aptitudes para los negocios. En 1598, Enrique IV le concedió los cargos de superintendente de Hacienda, gran veedor y gran maestre de Artillería (es decir, ministro de Hacienda, de Trabajo y de Guerra).

Para superar las dificultades financieras de Francia, Sully introdujo un nuevo impuesto que se recaudaba una vez al año. Este impuesto recaía sobre los miembros del Cuerpo de Justicia y de Hacienda. A cambio, en lo sucesivo podían legar su cargo a sus herederos. En realidad, sólo fue un reconocimiento oficial de la herencia de estos cargos u oficios,. Este derecho fue dado en arriendo a Charles Paulet; por este motivo, el nuevo impuesto no tardó en recibir el sobrenombre de «Paulette», nombre que conservó hasta la Revolución francesa.

Gracias a la hábil gestión financiera de Sully, Francia logró liquidar sus deudas y al mismo tiempo reducir los impuestos. De este modo se cumplió la voluntad del rey, que deseaba que cada campesino pudiera tener, los domingos, una gallina en la cazuela.

Después de haber saneado la hacienda, el rey y su ministro se preocuparon por mejorar la situación económica. Sully insistió sobre la importancia de la agricultura y la cría de ganado: «Labranza y pasturaje —decía—, son las dos ubres de Francia».

Con esta idea, hizo secar pantanos a fin de que los campesinos tuvieran más tierras de labrantío. Podríamos preguntarnos de dónde le venía a Enrique IV esta notable predilección por el labrador. ¿Se debió a que pasó toda su juventud entre campesinos de Bearne, o a que los consideraba las fuerzas vivas del Estado, al que daban los mejores soldados?.

Fuera como fuere, se dispusieron numerosas medidas en su favor: se redujeron sus impuestos; se prohibió a los agentes del fisco que se incautaran del ganado o material agrícola en caso de retraso en el pago de los impuestos; por otra parte, se prohibió a los nobles que cazaran en los campos de trigo y en los viñedos ; asimismo, fueron severamente castigados los soldados que saqueaban los campos o devastaban las cosechas.

Enrique IV también se preocupó mucho de las industrias. En este campo su principal consejero fue el economista Laffemas, a quien en 1602 nombró Contrdleur general (ministro) de Comercio.

Creó nuevas industrias de lujo y favoreció las ya existentes manufacturas de tapices, las cristalerías, curtidurías y los tejidos de fina tela de lino. También hizo plantar morales en toda Francia, indispensables para la cría del gusano de seda.
Se trazaron muchas carreteras nuevas y se construyeron canales. Sully tenía grandes planes, cuyo objetivo era unir el mar Mediterráneo al océano Atlántico. Estableció acuerdos comerciales con Inglaterra y Turquía y favoreció la
creación de una compañía para el comercio con las Indias.

Durante el reinado de Enrique IV, Francia estableció las bases de su imperio colonial de ultramar. El explorador Samuel de Champlain fue enviado a América del Norte con la misión de fundar una colonia francesa. La ciudad de Quebec, situada en la desembocadura del río San Lorenzo, se convirtió en el centro de dicha colonia.

En lo concerniente a la política internacional, Enrique IV pretendía acabar con el poder de los Habsburgo. Con tal intención, en 1610 concluyó una alianza con los príncipes protestantes de Alemania. Sully apoyó esta política. Este plan, conocido con el nombre de «gran designio», fue en cierto modo un primer proyecto de Estados Unidos de Europa. Aunque nunca se llevó a cabo, contribuyó poderosamente a extender la idea de que la paz debe apoyarse en una reorganización política de Europa.

La Liga Santa nunca perdonó a Enrique IV que tolerara a los hugonotes en el Estado, ni que antes hubiera sido uno de ellos. Incluso se dijo que tenía la intención de declarar la guerra al papa. Excitado por estas habladurías y por otros muchos chismes, Ravaillac concibió el plan de asesinar al rey. El 14 de mayo de 1610, en una callejuela estrecha, la calle de la Ferronerie, fue asesinado Enrique IV, cuando se dirigía a ver a Sully.

-París, Bien Vale Una Misa –

Resumen sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Resumen Sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

En Que Consisten Los Imperialismos: La democracia reconoce que cada hombre es libre y como tal responsable de su propio destino. Quien tiene conciencia del valor de su persona y de su libertad, estima y respeta la libertad de los demás.

El mismo principio es válido para los pueblos y naciones. Cada nación es libre y responsable de su propio destino histórico. Quien estima y respeta la libertad de su patria, respeta a las patrias ajenas.

Ningún pueblo tiene derecho a dominar o subyugar a otros, como ningún hombre tiene derecho a dominar a otro hombre. El orden y la organización internacional deben lograrse respetando la libertad de cada pueblo, como el orden dentro de cada comunidad debe lograrse respetando la libertad de los ciudadanos.

El imperialismo es la negación de estos principios. Es el afán de un pueblo de extender su dominio sobre otros.

En la historia han existido muchos imperios: el asirio, el egipcio, el chino, el helénico, el romano, el español, el inglés.

Los antiguos imperios extendían su dominio sobre pueblos más débiles, generalmente por la fuerza de las armas.

Actualmente también existen afanes imperialistas, deseos de extender el dominio nacional sobre otros pueblos. Pero para ello, más que a la fuerza militar, se recurre a la penetración ideológica o al dominio económico.

Sus manifestaciones antidemocráticas: El afán imperialista no se compagina con la democracia porque no respeta la libertad y derechos de los pueblos, ni les permite la realización de su destino.

Como todas las personas, a pesar de la diversidad de cualidades y bienes, son iguales en su dignidad, también los pueblos, a pesar de sus diferencias culturales o económicas son iguales en su dignidad.

La libertad de los pueblos es para la democracia tan sagrada como la libertad de las personas. Conforme a este principio la Argentina en su política internacional siempre ha defendido el derecho de autodeterminación de los pueblos y el principio de no intervención en los asuntos internos de los otros estados.

Como personas y como ciudadanos tenemos la obligación de preocuparnos por nuestro prójimo y ayudarlo en lo que podamos. Pero no podemos disminuir su libertad y su responsabilidad personal, ni atrepellar sus derechos. Lo mismo vale respecto a los pueblos.

Los imperialismos, sus clases.
Abusos del sistema liberal

En la historia de la humanidad hemos tomado conocimiento de la existencia de imperios o sea grandes Estados formados por varias naciones que le están sometidas. Así en la edad antigua recordamos los imperios asirio, persa, chino, japonés, medo, romano, etc.; en la edad media, el Imperio Carolingio, el de Alemania, los imperios de Occidente y de Orieste, el de los seleucidas, el otomano, el de los mogoles, etc.; en la edad moderna, e imperio austrohúngaro, el alemán, el francés, el británico, etc.

imperialismo politico

Por imperialismo entendemos la tendencia de ciertos Estados a extender su dominio sobre otras naciones. De ello se deduce que el imperialismo no es un fenómeno exclusivo de los Estados totalitarios sino también de los Estados democráticos.

No obstante debemos recalcar que todo imperialismo, es, en si mismo, antidemocrático dado que se encuentra en pugna con los principios de igualdad jurídica de los Estados y el de no intervención en los asuntos internos de las naciones soberanas.

Existen diversas clases de imperialismos, a saber:

a.  Imperialismo económico
b. Imperialismo político
c.  Imperialismo ideológico.

TIPO A)    IMPERIALISMO ECONÓMICO

Es aquel que se lleva a la práctica con el fin de dominar el mercado de productos o financiero de otros Es tados ejerciendo su acción sobre pueblos económicamente débiles. Una de las formas más comunes de llevarlo a cabo es mediante la adquisición de las más poderosas empresas industriales y comerciales del país que se desea anexar económi camente como así también de sus servicos públicos esenciales (electricidad, gas, transportes, teléfonos, etc.).

TIPO B)     IMPERIALISMO POLÍTICO

Es el imperialismo clásico que tiene por objeto anexar al país imperialista territorios de otras naciones. Sin embargo no siempre la invasión armada o la conquista son las formas de llevar a cabo este tipo de imperialismo; a veces la celebración de tratados o acuerdos o la infiltración ideológica y la presión, que puede ejercerse sobre un determinado país obliga a países débiles políticamente a solicitar la anexión de todo o parte de su territorio a una potencia poderosa. Ejemplos de estas últimas tácticas fueron utilizadas por Hitler y la Unión Soviética. La anexión de las islas Malvinas a Inglaterra es otra de las formas de llevar a la práctica el imperialismo político.

TIPO C)    IMPERIALISMO  IDEOLÓGICO

Esta forma de imperialismo se ejerce mediante la penetración de ideas de un país a otro con el fin de ampliar su zona de influencia. Él fascismo italiano y el nazismo alemán son pruebas elocuentes de ello; en la actualidad el comunismo ha puesto en ejecución una de las mayores campañas de penetración ideológica hasta hoy conocidas.

Abusos del sistema liberal
Las dos grandes doctrinas políticas son: el liberalismo y el estatismo.

En el liberalismo se otorga un gran predominio a la libertad individual actuando en tal emergencia el Estado como un simple guardián de las cosas comunes e interviniendo sólo en aquellas actividades que no están en condiciones de asumir los particulares.

Deja librado a éstos el manejo de todos los recursos económicos y, por lo tanto, desprotegida a la comunidad de los abusos que pequeños grupos de individuos pueden llegar a cometer con miras a la satisfacción de sus minúsculos intereses.

La Humanidad ha contemplado en el pasar de su existencia numerosos ejemplos de tales abusos y de las consecuencias que ellos han tenido en la marcha de ios pueblos.

Pueblos sacrificados en base al mantenimiento de una minoría que impuso condiciones infrahumanas en aras de sus propios beneficios, clases sociales enfrentadas entre sí que convulsionaron el orden y la armonía de sus respectivos países y, por último, la reacción ante tremenda injusticia con el consiguiente accionar de una fuerza incontrolable que no siempre trajo en sus e-fectos el bienestar deseado.

De allí entonces que el liberalismo como doctrina de aplicación absoluta ha presentado grandes grietas en el tiempo que si bien ha permitido incursionar en la organización social moderna otras doctrinas de carácter no menos violentas como algunas socialistas ha tenido que soportar el freno de la intervención de la Iglesia que a través de su Doctrina Social ha tratado de poner las cosas en su lugar.

CONSECUENCIA DE LOS IMPERIALISMOS
El marxismo
Se conoce como marxismo una serie de interpretaciones y ensayos de Carlos Marx que tienden a explicar distintos fenómenos, entre los cuales se encuentra la concepción materialista de la historia (Materialismo histórico). Se conoce como concepción materialista de la historia o como materialismo histórico al estudio de los principios generales del materialismo dialéctico en el campo de la sociología, y de la historia. Es decir, a una interpretación científica de los procesos sociales en una forma ordenada, según la dialéctica y que permite explicar la evolución histórica.

Para Marx la historia del hombre en sociedad no es otra cosa que la relación fundamental hombre-naturaleza-hombre. La Historia nace y se desarrolla a partir de la primera mediación que pone en relación al hombre con la naturaleza y al hombre con los otros hombres: el trabajo. El primer hecho histórico de la historia es la producción de los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades básicas del hombre (comer, beber, procrear). La Historia es, por consiguiente, la historia de las fuerzas productivas y den los hechos históricos básicos que derivan de esta relación.

Se llama materialismo porque se encara la naturaleza desde el punto de vista material y se dice dialéctico porque permite la comprensión, de una manera dinámica, de los procesos que sufre la materia, Así el materialismo dialéctico establece las leyes generales, según las cuales, la materia se transforma.

Es interesante consignar que la base del materialismo dialéctico más que una creación de Marx es de su amigo Engels quien inició, aunque no terminó, una Dialéctica de la Naturaleza mediante la cual se propuso formalizar las leyes del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano.

Como puede interpretarse, los campos de aplicación del materialismo dialéctico son muy amplios y, en ese sentido Marx, por ejemplo, lo utilizó ampliamente en el estudio de la economía.

Sería sumamente difícil exponer detalladamente la totalidad de los trabajos de Marx y sus continuadores, pero estimamos que existen algunos puntos interesantes que son imprescindibles para comprender las ideas marxistas que fueron adoptadas por el Partido comunista y sobre todo aquellas que fueron inter-Ínretadas por Lenin y constituyen os fundamentos del actual marxismo-leninismo.

La posición del Marxismo y del marxismo leninismo será clasificada ubicándola dentro de una versión general de las distintas formas de socialismo.

Ver: El Socialismo

Causas de los Conflictos en Tunéz y Egipto Primavera Desierto

HISTORIA: PRIMAVERA EN EL DESIERTO – CONFLICTOS EN TÚNEZ Y EGIPTO

LA ERA DEL COLONIALISMO: A mediados del siglo XIX, el auge económico que se produjo en algunos países europeos gracias a la Revolución Industrial y el capitalismo alentó el fenómeno del llamado imperialismo colonial, caracterizado por el dominio y la administración de nuevos territorios en otros continentes.

El espíritu inicial era colocar los excedentes de sus producciones locales, que debido a la automatización habían logrado altas producciones que superaban el consumo local. Por otro lado Europa necesitaba materia prima para fabricar dichos productos y esa materia prima estaba en distintos países de la fecunda , inmensa y desordenada África, que se presentaba ante los ojos de los empresarios y compañias como una interminable proveedora de nuevos materiales. Lo mimo puede decirse de Asia.

Desde finales del siglo XIX países como Gran Bretaña , Francia, mas tarde  Estados Unidos y Japón, fueron los principales imperios coloniales que se repartieron gran parte de los dos continentes orientales. Primero la conquista militar, el sometimiento político, y luego la explotación económica y organización administrativa. Así se fue imponiendo el modelo económico occidental.

Asi continuó hasta finzalizada la Segunda Guerra Mundial donde las grades potencias quedaron con sus economías bastantes frágil, y mantener la tradicional estructura colonialista le creaba nuevos problemas a los ya asumidos por un conflicto que llevó 6 años dirimirlo.

En 1947 la India a través de su líder espiritual y político Gandhi pudo emanciparse de Gran Bretaña y asi pronto apareció una ola de emancipación en Asia y África, los nacionalismos del Tercer Mundo que se cobijaron a la sombra de la política de bloques marcada por la Guerra Fría, el grupo de los Países No Alineados y la inmigración hacia los países industrializados.

De esta manera podemos decir que un nuevo orden mundial forjado por Estados Unidos y la Unión Soviética,  tras la Segunda Guerra Mundial supuso el fin del viejo modelo colonial europeo. Imperios como el británico y el francés perdieron su condición hegemónica en el concierto internacional y se hundieron frente al empuje de los movimientos de emancipación nacional que florecieron en Asia y África, proceso denominado Descolonización.

De ese proceso surgieron una miríada de nuevos países (el Tercer Mundo), una flamante generación de líderes políticos ajenos al bipolarismo (Gandhi, Nehru, Lumumba) y un ramillete de conflictos de naturaleza muy diversa que marcaron la segunda mitad del siglo XX.

Dos de esos países, que son objeto del tema de esta página fueron Túnez y Egipto, por lo que daremos una breve idea de la política vigente en el momento de los distubios y violentas manifestaciones sociales en 2011, que los historiadores recuerdan con el nombre  de «Primavera del Desierto».

TÚNEZ:  ubicado al norte de África, pequeño país de 160.000 Km², con 10 millones de habitantes, en su totalidad musulmanes y con un alto de alfabetismo. Su capital es Túnez, que explota el turismo como un importante recursos económico para el país.

En 1999, las primeras elecciones multipartidistas le dieron otra victoria al mismo presidente  Ben Alí (imagen abajo) , quien obtuvo plena inmunidad judicial luego de su mandato. Fue reelegido  en 2004 y 2009. En este año, a los 73 años de edad, Ben Alí, líder de la Unión Constitucional Democrática (RCD), inició su quinto mandato consecutivo.

presidente de Túnez Ben Alí

A pesar del notable crecimiento económico, en octubre de 2010, la cifra de desempleo en Túnez llegaba al 14,7 por ciento, lo que representaba ura seria amenaza para la estabilidad social. Cientos de miles de jóvenes eran reclutados por grupos radicales islamistas que se aprovechaban del descontento general de la población.

Otro de los graves problemas en este país tenía que ver con las severas restricciones a la expresión periodística y a la tarea de los jueces, especialmente contra aquellos que se atrevían a criticar o juzgar al Gobierno. La independencia judicial era nula, al igual que a libre expresión.

El 17 de diciembre de 2011 el aumento del desempleo, la elevada inflación y las promesas incumplidas por el Gobierno generaron protesta: masivas. La represión por parte de la policía se hizo ascendente y se denunciaron numerosas muertes. Ei gobierno de Zine al Abldine Ben Alí tambaleaba ante el inconformismo de la población.

EGIPTO:  ubicado al norte de África, un país de 1.000.000 de Km², con mas de 80 millones de habitantes, donde el 90% practica el islamismo de la rama sunita.Su capital es El Cairo.

Anwar El Sadat fue un destacado presidente egipcio por su participación en la Guerra de Yom Kipur contra Israel, recuperando territorios perdidos anteiromente en otra guerra, pero un 6 de octubre de 1981, El Sadat fue asesinado por un fundamentalista Islámico ante una multitud durante un desfile conmemorativo de la Guerra de Yom Kipur.

Lo sucedió Hosni Mubarak, considerado en su momento un héroe nacional por sus gestas militares en la década de los 70. Tropas egipcias participaron en la Guerra del Golfo, entre 1990 y 1991, en la que se expulsó a los iraquíes dei territorio de Kuwait.

Mubarack presidente de Egipto

En las elecciones presidenciales de septiembre de 2006, Mubarak fue reelegido, por quinta ocasión. El 21 de octubre de 2010, el Partido Nacional Democrático (NDP) anunció que el presidente Mubarak se presentaría para las elecciones presidenciales de 2011, lo cual causó el descontento colectivo debido a las altas cifras de desempleo, la opresión y la corrupción. El 31 de diciembre, una iglesia cristiana fue objeto de un atentado terrorista. Murieron 21 personas.

Respecto al acontecer de los hechos vamos a publicar una nota de la edición del Almanaque Mundial  2012, a cargo del comunicador social y periodista, Gustavo Reyes Ramiréz, quien lo explica de la siguiente manera:

Mohamend Bouazizi nunca pensó que su acto simbólico –prenderse fuego en plena plaza de Sidi Bouzid, ciudad de Túnez, el 12 de diciembre de 2010- sería la chispa de una gran revolución civil en pro de la democracia, que se extendió por los países de la región norte del continente africano y la península arábiga, y cuyo resultado final es, hasta el momento, imposible de predecir.

Miles de tunecinos siguieron atentamente, por las redes sociales Facebook y Twitter, el estado de salud de este universitario de 26 años, que vendía frutas y verduras de manera informal para pagar sus estudios y que decidió inmolarse en protesta por el acoso constante de la Policía. Al ver reflejadas sus vidas en la historia de Bouazizi, los inconformes se lanzaron a las calles para pedir la caída del régimen de Zine al Abidine Ben Alí. El estudiante murió el 5 de enero de 2011.

Mientras en Túnez avanzaba la revuelta, que dio como resultado la dimisión y la salida del presidente Ben Alí del país, el 14 de enero, en Egipto, el gigante árabe, millones de ciudadanos, usuarios de las redes sociales, con las mismas características: jóvenes, estudiantes y profesionales de clase media, sumidos en la pobreza y la falta de oportunidades, se reunieron en la plaza Tahrír, en El Cairo, para exigir la dimisión del presidente Hosni Mubarak, que impuso un régimen dictatorial desde 1981.

Al estilo del siglo XXI, esta revolución se gestó en tiempo récord, gracias a la utilización masiva de las redes sociales en esta región del mundo, cuyo desarrollo social y tecnológico va en contravía de los regímenes dictatoriales impuestos desde los años 60 y 70, tras el proceso de descolonización de África del Norte.

Según un estudio realizado en 2010 por la firma Logicks.com, los países de Oriente Medio y de África del Norte ocupan el décimo lugar entre los usuarios mundiales de Facebook. Actualmente, la región tiene más de 56 millones de usuarios. Solo en 2010 se unieron a Facebook 19 millones más. Por esa razón, una de las primeras reacciones del régimen de Mubarak en Egipto fue tratar de bloquear la red Twitter el 25 de enero, y ordenar la detención del ejecutivo de Google, Wael Ghoneim.

Pero esto solo exacerbó los ánimos de la multitud, que continuaba apostada en la plaza Tahrir exigiendo la dimisión del Presidente. Entretanto, la revolución que empezaron los jóvenes ya había sido adoptada por sus familiares, que se turnaron para mantener viva la protesta el tiempo que fuera necesario. El fenómeno se extendió así mismo a otras ciudades importantes del país, como el puerto de Alejandría. Más de un millón de personas hicieron presencia permanente en la plaza Tahri’r durante los 18 días que precedieron a la dimisión de Mubarak, el 11 de febrero de 2011.
El vertiginoso y poco sangriento triunfo de las revoluciones en Túnez y Egipto se debió, más allá de la eficacia de las redes sociales, a la decisión de los ejércitos, en ambos países, de distanciarse de los regímenes y permitir que el pulso entre las fuerzas sociales definiera la situación. Para la reconocida historiadora colombiana Diana Uribe, «esta decisión de los ejércitos, que reconocieron la validez de la lucha social, dignificó su papel, a tal punto que en Egipto fue una junta militar quien asumió el gobierno de transición».

En los demás estados que han entrado en el ‘efecto dominó’ de esta explosión social la realidad es otra, pues los regímenes, prevenidos de lo que les venía encima, tomaron medidas para mantener el control de los ejércitos y reprimir con fuerza desmedida las protestas populares.

El resultado de esto ha sido un creciente baño de sangre, en el CjUS los países miembros de las Naciones Unidas y de la Otan han decidido intervenir, argumentando la defensa de la voluntad popular y de un naciente slitjma democrático, pero movidos también por velados intereses, como el de recuperar el control de los recursos petroleros, que son manejados por los gobiernos dictatoriales como el de Muamar (iadaíi en Libia.

En estos territorios la lucha por las libertades populares y la renovación política continúa y sus resultados son, hasta el momento, imposibles de vaticinar.

Varios economistas internacionales coinciden en asegurar que el conflicto político y social en los países del Norte de África tiene un denominador común: el descontento generalizado de una población joven e intelectualmente bien preparada, que se ha cansado de ver cómo el desempleo campea en sus territorios, las oportunidades de toda índole escasean y la brecha entre ricos y pobres se amplía a diario, a pesar de que los indicadores muestran un crecimiento constante de sus economías.

Según datos publicados en 2010 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la  , Comisión Económica y Social para África Occidental de las Naciones Unidas y el Fondo de las Naciones Unidas para la Población, en Egipto el índice de desarrollo humano muestra un avance, desde 1990, de 4,5 a 6,5 en una escala de 10 puntos; un desarrollo económico del 5,3% anual; una inflación creciente a 12,8%; y una tasa de desempleo que llega al 9,7%. Los jóvenes, que suman 23 millones de personas, son los más afectados por los índices de desempleo y, a la vez, los más beneficiados por el desarrollo humano existente.

En el caso de Túnez, el índice de desarrollo humano muestra un avance, desde 1990, de 4,0 a 6,0 en una escala de 10 puntos; un crecimiento económico de 3,4% anual, y una inflación baja: 4,5%. El desempleo llega al 14%.

Por lo que respecta a Libia, el índice de desarrollo humano muestra un avance, entre 2005 y 2010, de 7,6 a 7,9 en una escala de 10 puntos; un crecimiento económico de 3,3% anual, y una inflación baja: 3%. El desempleo llega al 30% La población de jóvenes representa un total de 11 millones de personas. Las altas tasas de desempleo se han convertido en un grave obstáculo para ellos, en contraste con el gran desarrollo humano que se percibe y que ha aumentado en los últimos años.

Estos datos evidencian la similitud entre las situaciones socioeconómicas de los países en cuestión, y sustentan la teoría expuesta por la Comisión África, del Senado de la República de México, que, en su análisis publicado en mayo de 2011 y titulado ¿Qué le Espera a África en 2011, afirma: «Son los sectores más empobrecidos de los países del norte del continente africano quienes resienten en mayor medida el alza en los precios de los productos básicos, por lo que no han dudado en salir a las calles a expresar su desacuerdo, llevando en sus manos barras de pan como símbolo de protesta.

FINAL TÚNEZ: El ex presidente Zín Ben Alí fue condenado por un tribunal militar a 20 años de prisión por «incitación al desorden, muertes y pillajes en territorio nacional». Ben Alí junto a su señora Leyla Trabelsi, se encuentra prófugos y están exiliados en Arabia Saudí, país que no los quiere entregar.

Fueron juzgados en estado de fuga y fueron juzgados por la muerte de cuatro jóvenes fallecidos por disparos de balas en una manifestación. Otros miembos particiepes de la fuerza de seguridad también fueron juzgados en la misma condición de fuga y condenados a penas de entre 5 y 10 años de prisión. Las familias de las jóvenes víctimas serán indemnizadas con cantidades que oscilan entre 75.000 y 100.000 euros.

Ben Ali acumula un total de 66 años de prisión por otras causas como tráfico de droga, desviación de fondos públicos y abuso de bienes públicos.

FINAL EGIPTO: En mayo de 2014 Hosni Mubarak fue sentenciado a tres años de prisión por robar fondos públicos. También sus hijos Alaa y Gamal fueron condendos a 4 años por los mismo cargos

Un tribunal egipcio sentenció este miércoles al derrocado presidente Hosni Mubarak a tres años de prisión, acusado de robar fondos públicos, en un caso relacionado con el presupuesto de los palacios presidenciales. Por otra parte la justicia multó a la familia con 3 millones de dólares y les ordenó la devolución de 18 millones que había robado de las arcas públicas; dinero estaba destinado al mantenimiento del Palacio Presidencial. La fiscalía pudo comprobar que ese dinero fue utilizado para decorar bienes y propiedades provadas en lso barrios Heliópolis y Katameya.

Fuente Consultada:
Almanaque Mundial 2012 Nota de Gustavo Reyes, Comunicador Social y Periodista

Formación del Segundo Reich II Alemán Política de Bismarck

RESUMEN ORGANIZACIÓN SEGUNDO REICH ALEMAN: POLITICA DE BISMARCK

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En el curso de los años inmediatamente anteriores a la guerra de 1914,105 conflictos diplomáticos no se explican más que en el marco de las transformaciones económicas y sociales. El desarrollo industrial y su ritmo acelerado, el impulso del capitalismo financiero, los conflictos entre los grupos sociales, el amplio movimiento de emigración, la extensión de los deberes y cargas militares: todo esto condiciona la política de las potencias. Pero uno de los rasgos esencialef de la época será la afirmación vigorosa del sentimiento nacional.

La Alemania de Bismarck, orgullosa de su fuerza, se apoya en tradiciones y en principios permanentes para justificar su afán de conquista. Las minorías que componen la vieja monarquía austríaca afirman su derecho a la independencia, con una violencia que sacude al imperio hasta sus raíces.

Los nacionalismos apasionados conducirán a los pueblos a la guerra, en la que la supremacía europea desaparecerá. El nacionalismo alemán es especialmente dinámico. Su orgullo por los progresos científicos y técnicos se mezcla a una exaltación del pasado, al culto de lo «colosal», e intelectuales como Nietzsche y Wagner glorifican el espíritu germánico.

EL SEGUNDO REICH
El 18 de enero de 1871, la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles retumbaba con los «hoch» y los «hurrah» de la multitud: aquél era el lugar solemne e histórico, elegido por el «canciller de hierro», Otón von Bismarck, para proclamar la unidad del «Reich» alemán, mientras la corona imperial pasaba a ceñir las sienes del rey de Prusia, Guillermo I. Este se hallaba rodeado de generales, de banderas de los regimientos que acababan de vencer a Francia, de príncipes y reyes alemanes que, con mayor o menor entusiasmo, aceptaban la hegemonía prusiana.

El honor de  aquella jornada correspondía, sin duda, al canciller Bismarck, el cual, desde que había sido nombrado primer ministro de Prusia, en 1862, se había propuesto como finalidad esencial la unidad alemana. Ya hemos visto las grandes etapas recorridas: la guerra de los ducados (1863), la guerra contra Austria (1866) y contra Francia (1870-1871).

Bismarck veía ineludible el enfrentamiento con Austria y confiaba en la guerra como el camino para conseguir 1; unidad. A este fin, preparó tres guerras sucesivas: una contra Dinamarca (1864), mediante la que se anexionó lo: Ducados de Schleswig y Holstein; otra contra Austria (1866), por la cual consiguió la disolución de la Confede ración Germánica y la formación de la Confederación d« la Alemania del Norte, que reunía a 23 Estados alemanes y la última contra Francia (1870), gracias a la cual consiguió el acercamiento de los Estados del sur a Prusia, qus hasta el momento habían estado más vinculados a Austria, así como la anexión de Alsacia y Lorena a la nueva nación alemana.

Bismarck canciller del segundo ReichBismarck había considerado entonces que la nación alemana, «estrechamente unida en una cólera común», estaba madura para constituir un imperio, cuyo emperador sería el rey de Prusia. El derecho imperial prevalecería sobre el regional, y los príncipes del Sur, hasta entonces independientes y soberanos, ya no serían más que vasallos, subordinados.

El hábil canciller tuvo que negociar, día tras día, con los diplomáticos de Hesse, de Baviera, de Wurtemberg, hasta que todos ellos se resignaron —incluso Guillermo I, que aceptaba con reticencias «aquella cruz que pesaría sobre sus espaldas»—, y se proclamó el imperio, el día del aniversario de la coronación de Federico I, en Koenigsberg.

Pero el imperio estaba sin organizar aún. Para ello, Bismarck deseaba establecer un «absolutismo justo, benévolo, razonable». La idea del Estado era para él mucho más importante que la de nación, y no se preocupaba de los que intentaban hacer de Alemania una comunidad mística. Según Bismarck, los alemanes, abandonados a sí mismos, no valían nada, caminaban hacia la anarquía.

El imperio se componía de veinticinco Estados, entre ellos tres repúblicas: Hamburgo, Bremen y Lubeck. Cada Estado conservaba instituciones, constitución y gobierno propios. Justicia, instrucción pública, cultos, obras públicas, administración local eran de la competencia de los gobiernos particulares. Algunas monarquías conservarían también un ejército propio, pero bajo el mando supremo del emperador.

El gobierno del Reich predominaría sobre los de los veinticinco Estados, y se compondría de la Cámara de Diputados o Rekhstag, del Consejo Federal o Bundesrat, del canciller y del emperador. El Rekhstag era elegido por sufragio universal: tenían voto todos los alemanes mayores de veinticinco años. El Bundesrat era una asamblea de plenipotenciarios, personajes importantes en sus estados, nombrados por los príncipes y por las tres ciudades republicanas. Ambas asambleas confeccionaban las leyes y las sancionaban, juntamente con el canciller.

La ley votada entraba en vigor inmediatamente, sin que el emperador pudiese aplazarla ni oponerle el veto. Sin embargo, sólo el emperador nombraba o destituía al canciller. Al emperador correspondía también el derecho de declarar la guerra o de disolver el Reichstag, con la sola aprobación del Bundesrat. El gobierno del imperio regía las relaciones exteriores, la defensa nacional, las aduanas, Alsacia y Lorena, la economía general. Extraña particularidad: no había Consejo de Ministros.

EL CANCILLER
Todo descansaba sobre los hombros del canciller: él era todo el ministerio. Otra particularidad: Prusia tenía más importancia que todos los otros estados reunidos. Era el estado más extenso —351.000 kilómetros cuadrados, de los 541.000 que componían la totalidad de Alemania— y el más poblado —25 millones de habitantes, de un total de 41 millones—. El emperador, presidente de la Federación, era, al mismo tiempo, rey de Prusia, mientras que el canciller era presidente del Consejo1 prusiano y algunos de sus secretarios de Estado eran ministros de Guillermo I.

Prusia imponía sus directrices a toda Alemania. Atenuaba el unitarismo cuando quería defender las prerrogativas prusianas, y lo reforzaba en la medida en que le aseguraba la dirección del Reich. Bismarck manejaba magistralmente aquella delicada maquinaria que él mismo había creado.

Tenía sesenta y cinco años. Conservaba la misma dura máscara, la misma franqueza brutal, la misma ironía despectiva. Vivía en la misma tensión, con la misma desconfianza hacia sus colaboradores, con los mismos odios rumiados a lo largo de los mismos insomnios. Guillermo I le hizo príncipe y le donó un inmenso territorio, de modo que se convirtió en uno de los más grandes propietarios de Alemania.

Bismarck solía decir: «Cuando se haya olvidado mi política, se me recordará por todos los árboles que he plantado». Pasaba varios meses del año en sus tierras, y, cuando volvía a Berlín, daba espléndidas fiestas, durante las cuales argumentaba, explicaba, convencía: «Primero, viene la nación, su posición en el exterior, su independencia, nuestra organización… Todo lo que viene después, constitución liberal, reaccionaria, conservadora…, yo lo dejo en segundo plano; es un lujo de instalación, en el que ya tendremos tiempo de pensar, cuando la casa esté sólidamente construida… No me interesa la doctrina. Empecemos por edificar un conjunto sólido».

EL FINAL DEL CANCILLER DE HIERRO
El 9 de marzo de 1888, a la edad de noventa y un años, moría el emperador Guillermo I. Bismarck, después de ensalzar su memoria en el Reichstag, vencido por la emoción, se agarró la cabeza entre las manos y lloró. El nuevo emperador Federico I (III de Prusia) era un hombre sencillo, culto, que habría deseado introducir en el sistema de Bismarck ideas liberales, pero estaba enfermo de cáncer, y moriría dos meses después.

Con la subida al trono de Guillermo II, se afirmó el nacionalismo. Guillermo II recordaba sin cesar a su «inolvidable abuelo», pero, contrariamente a él, gustaba de la fama, del esplendor, de la apariencia, de las proclamaciones ampulosas y de los retos pueriles. Representaba su papel con una pompa casi teatral. Bismarck le comparaba con un «capitán de barco, sentado sobre un barril de pólvora, y con el cigarro en la boca», pero, considerándose indispensable, no sentía la menor inquietud acerca de su porvenir.

Sin embargo, el joven emperador pretendía gobernar por sí mismo. No tardó en producirse el choque, porque se enfrentaron, tanto en política exterior como en las cuestiones sociales, pues Guillermo quería practicar una política menos severa respecto a los socialistas. El viejo   canciller   dimitió,   el   20   de   marzo de 1890, y se retiró a su tierra de Varzin, donde moriría, en 1898, después de meses de insomnios, de pesadillas, de visiones trágicas: «Este edificio que yo he levantado, piedra por piedra, me lo destruirán». Y sus últimas palabras fueron: «¡Pero Alemania!  ¡Ay!  ¡Alemania!».

LOS NUEVOS DUEÑOS
En todas partes, la caída de Bismarck había producido el efecto de enorme alivio. «Cada cual —escribe Hohenlohe— se sentía un personaje, mientras que antes todos estaban empequeñecidos, reducidos». Y el emperador no era una excepción. En un discurso de 1891, declaraba, efectivamente: «En el imperio no hay más que un solo señor, que soy yo, y no toleraré a ningún otro». Hasta la primera guerra mundial, hubo cuatro cancilleres: el general von Caprivi, el príncipe von Hohenlohe, el príncipe von Bülow y Teobaldo von Bethmann-Hollweg.

Suceder al canciller de hierro era difícil. Caprivi lo sabía. Hombre de carácter, espíritu independiente, conocía la vida parlamentaria, pero ignoraba la política exterior. Hizo votar las leyes sociales que Bismarck había rechazado y negoció tratados comerciales, pero se quejaba de haber sido apartado de las gestiones diplomáticas, y se retiró en 1894.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre