Francis Drake El Pirata de la Reina

Biografia de Witt Jan de Firma Paz de Westminster

Biografia de Witt Jan de

Jan de Witt (1625-1672), político holandés (de las Provincias Unidas), hermano de Cornelis de Witt, nació en Dordrecht y estudió en la Universidad de Leiden.

Fue un destacado hombre de Estado holandés en el siglo XVII, quien obtuvo el cargo de gran pensionario de Holanda en 1652, y en calidad de tal, firmó con Cromwell la paz de Westminster, por la que Inglaterra aseguraba que ningún príncipe de la casa de Orange sería estatuder o gran almirante de la república.

Biografia de Witt Jan de
En 1650 fue nombrado asesor jurídico principal de Dordrecht, y tres años más tarde pasó a ser consejero gran pensionario de Holanda. Aceptó la exigencia de Oliver Cromwell de Inglaterra de abolir el cargo de estatúder (gobernador), que antes ostentaban los príncipes de Orange.

Descendiente de una familia de la aristocracia burguesa de Holanda, cuyos miembros se habían ilustrado en el comercio de la madera y en el gobierno de Dordrecht, Juan de Witt nació en esta ciudad el 24 de septiembre de 1625.

Después de cursar los estudios de Leyes en las universidades de Leyde y Angers, se estableció en La Haya como abogado cerca de la corte de Holanda.

En 1650 su padre, Jacobo de Witt, fue detenido por Guillermo II de Orange, ya que era uno de los miembros más importantes del partido republicano del país.

Recobrada la libertad, su hijo siguió el camino político que aquél le había trazado. Pensionario de Dordrecht en 1650, fue reconocido muy pronto como jefe del grupo antiorangista.

En 1653, con motivo de la primera guerra naval angloholandesa, fue nombrado gran pensionario de Holanda.

Hombre realista y práctico, supo hacer frente a la situación después de las derrotas de la escuadra holandesa en el Canal de la Mancha.

Firmó con Cromwell el Tratado de Westminster (1654), por el cual aceptaba una cláusula que excluía al joven príncipe de Orange, Guillermo II, de todas las dignidades públicas de que habían gozado sus antecesores.

Este acto consolidaba su poder en las Provincias Unidas, aunque desde luego no todas aceptaron con complacencia la imposición de Inglaterra.

Durante los once años que siguieron, Juan de Witt fue el verdadero jefe y director de la política neerlandesa, aunque quizá no de un modo tan absoluto como Oldenbarneveldt.

Su gestión financiera fue particularmente notable, logrando hacer rebajar del 5 al 4 por 100 el tipo de interés en toda la república. En política exterior siguió las orientaciones tradicionales de Francia e Inglaterra.

Sin embargo, no olvidó las conveniencias de los mercados holandeses, y así dedicó parte del presupuesto público al mejoramiento de la armada.

En 1662 Witt concertó una alianza defensiva con Francia, al objeto de poner coto a las agresiones de Inglaterra en los mares.

Estas no cesaron, por lo que, ante la toma de Nueva Amsterdam, en América del Norte, las Provincias Unidas declararon la guerra a su rival (1665).

En este momento púsose de relieve la excelente organización dada a la república por Juan de Witt. Después de los desastres iniciales, una serie de brillantes victorias marítimas obligaron a Carlos II de Inglaterra a pedir la paz.

Esta se firmó en Breda (1667), con el natural acrecentamiento de prestigio para el gran pensionario.

Pero esta paz había de ser fatal a Holanda, ya que Inglaterra se echó en brazos de Francia. Luis XIV meditaba la ruina de las posesiones de España en los Países Bajos.

Las victorias que alcanzaron sus generales en Flandes y el Franco Condado en la guerra de Devolución (1667-1668), fueron anuladas por la formación de la Triple Alianza, de la que fue alma Juan de Witt.

Entonces Luis XIV proyectó la pérdida de aquella orgullosa república, que le cerraba el paso en el camino de las conquistas y de la economía (guerra de tarifas).

En el transcurso de los años siguientes, la diplomacia francesa aisló a las Provincias Unidas y las rodeó de un bloque enemigo.

Mientras tanto, Juan de Witt había de hacer frente a la oposición orangista, que crecía como la espuma a compás del crecimiento del príncipe Guillermo.

El pueblo neerlandés, que odiaba el gobierno de la oligar-
quía burguesa, se afilió al bando de los Orange. En 1666 Zelanda obtuvo el ingreso de Guillermo II en el Consejo de Estado.

Para hacer frente a los brotes revolucionarios de 1667, Juan de Witt obtuvo de los Estados de Holanda la promulgación del «Edicto Perpetuo» (1667), suprimiendo el cargo de estatúder en las provincias.

Pero el Edicto sólo fue copiado por la provincia de Utrecht, por lo que De Witt tuvo que limitarse a imponer el «Pacto de Armonía» (1667), disponiendo la incompatibilidad de los cargos de estatúder y de capitán general en las demás provincias.

De esta manera pensaba robustecer la forma republicana de gobierno y mantener la hegemonía de Holanda en la federación.

Esta fórmula se sostuvo hasta la campaña emprendida por el ejército de Luis XIV contra las Provincias Unidas en 1672.

Ante el rápido avance francés, De Witt fue acusado de improvisación y descuido, lo que no era cierto más que en lo referente a la defensa terrestre.

El pueblo, excitado por las malas nuevas que llegaban del campo de batalla, se levantó contra el gobierno del gran pensionario.

Este presentó la dimisión de su cargo el 4 de agosto.

El 20 del mismo mes perecía asesinado en manos del populacho de Amsterdam, dirigido por Tichelaar, junto con su hermano Cornelio.

fuente

Historia de los Conflictos Entre Inglaterra y Escocia Origen

Historia de los Conflictos Entre Inglaterra y Escocia

La  historia  de  Inglaterra  y   Escocia   está  llena  de   guerras  y   de   sangre.   Durante   siglos,   ambos países  han  mantenido  entre  sí  una  enconada  enemistad.  Los gobernadores romanos que rigieron Inglaterra desde el siglo I al V de nuestra era fueron incapaces de romper la resistencia de las tribus escocesas.

Los jefes de las legiones romanas se contentaron con contemplar las tierras de Escocia desde lejos, temerosos de la fiereza de sus gentes ocultas tras las altas montañas, y con retirarse hacia terreno seguro protegido por la Muralla de Adriano. La retirada de los romanos dejó a las tribus escocesas (pícts y scots) a sus anchas para continuar merodeando a su arbitrio por las indefensas zonas del norte de Inglaterra.

Hasta 1005 de nuestra era, Escocia no estuvo unida bajo un único rey. Hasta entonces, esa tierra primitiva y bravia no tuvo conciencia alguna de nación, ni de raza, ni de una lengua única. Contaba con tres reyes, por lo menos, y estaba dividida territorialmente por selvas vírgenes, marismas, interminables pantanos y ríos infranqueables.

Cualquier rey que aspirara a la unidad se encontraría con la ingente tarea de soldar los varios elementos integrantes de una tierra amorfa y darles una unidad territorial y política. Al mismo tiempo tendría que frenar las incursiones inglesas de Northumbria y hacer frente a la amenaza que podría representar una Inglaterra unida bajo los reyes normandos.

Los clanes escoceses demostraron ser temibles adversarios de cualquier posible conquistador. Sus miembros vivían violenta y celosamente bajo la égida del todopoderoso jefe del clan, cuyo apellido llevaban todos, como los MacDonald, los Murray o los Campbell. Eran temibles con sus vestidos de tartán, sus dagas, sus espadas, sus redondos escudos de cuero y sus feroces gritos guerreros.

Durante dos siglos, la frontera entre Escocia e Inglaterra gozó de tranquilidad. Las incursiones ocasionales a ambos lados de la misma no alteraron la pacífica coexistencia entre ambos pueblos, y hasta hubo un rey, el gran David I (1124-1153), que adoptó un régimen de mando similar al de los reyes normandos.

La doncella de Noruega
Esta paz se vio quebrada por un infortunado incidente que provocó la lucha de Escocia por su independencia. En marzo de 1286, Alejandro III, rey de Escocia, desapareció en la oscuridad de una tormenta al intentar atravesar el río Forth durante la noche. A la mañana siguiente, su cuerpo maltrecho fue arrojado por el río a una playa rocosa. Como único heredero dejó una nieta, Margarita, «la doncella de Noruega», todavía una niña de tierna edad.

En el tratado de Brigham, firmado cuatro años más tarde, Inglaterra quiso forzar una unión con Escocia intentando unir en matrimonio a Margarita con el príncipe Eduardo, hijo de Eduardo I. Este arreglo matrimonial, de haberse llevado a cabo, pudiera haber evitado más de dos siglos de luchas entre ambos países. Pero Margarita enfermó durante su viaje por mar desde Noruega y murió en las islas Oreadas, al noreste de la costa escocesa.

Roto el tratado, Eduardo se vio forzado a cubrir la vacante del trono escocés de otra manera. Como juez entre trece candidatos rivales que aspiraban al trono, Eduardo cometió un error de juicio que resultó desastroso. Por elegir a John Baliol suscitó los celos del poderoso Robert Bruce. Baliol apenas tuvo tiempo de disfrutar de sus poderes de rey.

En 1296, tras un breve intento de deshacerse de la influencia de Eduardo, Baliol fue derrocado y Escocia conquistada. La piedra que solía utilizarse en la ceremonia de coronación de los reyes escoceses fue removida simbólicamente de Scone y trasladada a Inglaterra, donde se encuentra en la actualidad debajo del sillón de coronaciones en la Abadía de Westminster.

Para el rey Eduardo esto constituyó el fin de los problemas, mientras que para Escocia la remoción de la piedra significó la llamada a la lucha por la independencia patria. Los clanes escoceses se vieron invadidos de un nuevo espíritu de exaltación patriótica, y en 1297 William Wallace, el héroe popular escocés, condujo a sus compatriotas a la victoria sobre un ejército inglés en el Puente Stirling. Eduardo no se arredró ante el desafio que esta victoria suponía y se lanzó una vez más hacia el norte. Esta vez los mortales dardos de sus arqueros galeses se impusieron a los pequeños escudos y a las espadas de los escoceses.

Los clanes no se rindieron tan fácilmente. Convocando a sus guerreros en valles y marismas, Robert Bruce reemprendió la lucha en 1306. En aquel mismo año, fue proclamado rey de Escocia aunque antes se vio forzado a eliminar a su poderoso rival Red Comyn.

El ejército de Bruce era muy pequeño en relación con el inglés, viéndose forzado Bruce, capturada su esposa y muerto su hermano, a huir de los ingleses y de los partidarios de Comyn. Sin embargo, a la muerte de Eduardo I condujo a sus seguidores a la victoria contra Eduardo II en el verano de 1314. En 1328, Inglaterra reconoció a Robert Bruce como legítimo rey de Escocia.

Tres universidades
Por fin Escocia se había convertido en nación, viéndose pronto destinada a jugar un importante papel en la historia de Gran Bretaña. Durante el resto de la Edad Media. el país se vio envuelto en continuas luchas domésticas, viviendo siempre a la sombra de Inglaterra. A pesar de este estado permanente de guerra, Escocia fue civilizándose a marchas forzadas.

Prueba de ello son las tres universidades fundadas en el siglo XV: la de San Andrés en 1412, la de Glasgow en 1451, y en 1495 la de Aberdeen. Las guerras entre Inglaterra y Francia absorbían las energías de los monarcas británicos, no permitiéndoles respiro alguno para guerrerar contra los escoceses, y éstos, debido a sus conflictos tribales, tampoco estaban en condiciones de atacar, teniendo en cuenta sobre todo la debilidad de los Estuardo.

Además. Londres, sede del poder inglés, estaba demasiado lejos para las desamparadas tropas escocesas. Continuaron, sin embargo, las luchas fronterizas y, a veces, el estado de guerra general. En 1346, los magnates del norte de Inglaterra capturaron en Nevilles Cross al rey David II de Escocia (1329-71) y lo tuvieron cautivo durante 11 años.

Más tarde, en 1385, el rey Ricardo II de Inglaterra, marchando al frente de sus tropas, llegó hasta Edimburgo, capital escocesa. La familia Percy de Inglaterra fue derrotada por un pequeño ejército de merodeadores en Otterburn. en 1388.

Los Percy se vengaron de la derrota en la batalla de Homildon Hill, en 1402. Los reyes ingleses, sucumbiendo a la tentación de climas más cálidos que el de Escocia y de un botín más preciado en otras partes, mostraron poco afán de lucha en los últimos años de la Edad Media.

Enrique IV, en el año 1400, fue el último rey inglés de la Edad Media que cruzó la frontera. La lucha entre ambos pueblos quedó en manos de las grandes familias inglesas, como los Percy y los Neville.

María Estuardo
Los monarcas de la familia Tudor se vieron forzados sin embargo a interesarse más por los asuntos escoceses por razón de un suceso importante ocurrido en 1503. Tras largas negociaciones e intrigas, Jacobo JV de Escocia contrajo matrimonio con Margarita, hija de Enrique VII de Inglaterra.

La boda no trajo la paz inmediatamente a las dos naciones, pero fue el primer eslabón en una larga cadena de sucesos que había de dar a Inglaterra sus Estuardos y, más tarde, producir la unior. política de los dos países. Al morir sin hijos Isabel I, en 1603, Inglaterra eligió, para sucederle en el trono, al mayor de los descendientes de Enrique VI, Jacobo VI ce Escocia.

Reina Maria Estuardo de Escocia

Mientras las costas de Inglaterra estaban protegidas contra Francia, enemigo secular de Inglaterra, por el canal, la frontera con Escocia quedaba al descubierto. Tras la ruptura de Inglaterra con la Iglesia de Roma, las católicas Francia y Escocia suponían una continua amenaza: María, la reina de Escocia, era al mismo tiempo delfina de Francia, y los monarcas escoceses, campeones del catolicismo contra la protestante Inglaterra, Como consecuencia de esta situación, Inglaterra tenía que vigilar los movimientos que ocurrían tanto al norte como al sur de sus fronteras.

En 1587, la reina Isabel resolvió definitivamente el problema escocés al destruir todos los posibles centros de conspiración pro-escoceses en Inglaterra con la firma de la sentencia de muerte de María Estuardo. Dice la leyenda que María sonrió al tiempo que su cabeza rodaba por el suelo tras el golpe del verdugo. Un hijo suyo, Jacobo VI de Escocia, llegó a ser rey de Inglaterra en 1603 con el nombre de Jacobo I.

No por ello desaparecieron las fronteras entre ambos países. Escocia, más próxima a Inglaterra que nunca, teniendo a su rey en Londres, fue elemento muy importante en la política exterior inglesa. Los escoceses, que eran oficialmente protestantes desde 1560 a pesar de que sus monarcas continuasen siendo católicos, se sintieron ofendidos al ver que Jacobo apoyaba abiertamente a la Iglesia de Inglaterra.

Los escoceses presbiterianos, que eran los que virtualmente regían el país, se rebelaron en 1640 cuando el arzobispo Land intentó forzarles a abrazar la Iglesia de Inglaterra. Carlos I conmovió a Inglaterra convocando al Parlamento.

Se aplazaron los trabajos sobre la constitución inglesa y se inició una nueva serie de guerras en las que los presbiterianos escoceses prestaron su apoyo a los defensores del Parlamento, contribuyendo a que éstos ganasen la batalla de Marston Moor (1643). Como compensación, los parlamentarios prometieron establecer en Inglaterra la Iglesia Presbiteriana. A modo de represalia, el marqués de Montrose barrió Escocia con sus tropas, logrando seis victorias para Carlos I.

El futuro Carlos II aceptó entonces el presbiterianismo atrayendo hacia sí a los escoceses en contra de los parlamentarios. Oliver Cromwell, dictador parlamentario, los derrotó en las batallas de Dunbar en 1650 y de Worcester en 1651, viéndose Escocia invadida por el ejército del general Monk. Los escoceses creían que la base de todos sus problemas era la unión de las dos coronas. Estando el rey de Escocia entronizado en Londres, ¿cómo podían esperar ser tratados con justicia?

historia de escocia

Izq.: William Wallace (c. 1272-1305), «martillo y azote de Inglaterra», se convirtió en un héroe  popular  escocés.
Der.;Tras su gran victoria en Bannockburn, Robert Bruce fue reconocido por Inglaterra como legítimo rey de  Escocia.

El exilio de los reyes escoceses
Los temores de los escoceses se vieron confirmados por Guillermo III, primer rey de una nueva dinastía de monarcas ingleses. En 1689 Guillermo, defensor del presbiterianismo, fue derrotado en Killiecrankie por los católicos jacobitas que se oponían, apoyados por los montañeses de Escocia, a una política tan parcialmente favorable a Inglaterra. (Los jacobitas apoyaban a Jacobo II Estuardo y a sus descendientes). Para conseguir una paz rápida, Guillermo acordó perdonar a todos los jefes de los clanes montañeses que depusieran sus armas para antes del fin de año de 1691.

La mayor parte de ellos así lo hicieron, acogiéndose a las promesas de amnistía de Guillermo. MacDonald de Glencoe, que se encontraba acampado con sus tropas en el oeste de Escocia, se rindió el último día.

Guillermo, creyendo que MacDonald había rehusado rendirse, envió a Glencoe a otro escocés, el capitán Campbell de Glenlyon. Campbell y sus tropas fueron recibidos en Glencoe como amigos, pero aquella misma noche, los MacDonald y todos sus familiares fueron traidoramente asesinados cuando dormían.

Cuando los dos países se encontraban de nuevo al borde de la guerra en 1705, se reunieron en una conferencia de paz varios hombres prudentes de cada nación, acordando una Unión Política entre ambos en 1707. Como resultado de dicha unión, Westminster había de acoger en sus escaños a 45 miembros del Parlamento Escocés y la Iglesia presbiteriana sería la Iglesia oficial de Escocia. Esta importante decisión, aclamada por todos, fue el espaldarazo de Escocia como nación de pleno derecho.

No acabaron, sin embargo, los problemas. Muchos aceptaron como rey a Jorge I de Hannover mientras que los montañeses se declararon a favor de Jacobo Estuardo, hijo del depuesto Jacobo II. Los jacobitas se rebelaron en 1715 a favor de Estuardo. Como los clanes montañeses andaban con rencillas entre sí y Luis XIV de Francia había muerto, las negras perspectivas de Jacobo se cumplieron. El marqués de Ormonde no tuvo éxito en su intento de sublevar al pueblo en favor de los jacobitas y el conde de Mar, Juan Bobbing, fracasó también en su empresa de reunir a los ingleses del norte a favor de la causa.

En Sheriffmuir, el ejército inglés puso fin a los sueños de los invasores escoceses y Jacobo tuvo que volver a Francia derrotado y arruinado.

Durante los 30 años siguientes, poco dieron que hablar en su exilio en Francia los supuestos héroes escoceses. En agosto de 1745, el osado Carlos, hijo de Jacobo, espoleado por sus grandes sueños de gloria y apoyado por la promesa de ayuda de Francia, penetró en pleno corazón de las montañas escocesas.

Logró captar inmediatamente las simpatías de las tribus y, derrotando a la oposición en Prestonpans, entró en Edimburgo con 5.000 hombres. Escocia se había rendido a sus pies, pero no así Inglaterra. Lleno de esperanzas, Carlos cruzó la frontera y marchó hacia el sur de Inglaterra con la ilusión de atraerse al pueblo. Sus esperanzas se vieron truncadas desde el principio al rehusar los ingleses tomar partido a su favor. Los ingleses se encontraban muy contentos con sus monarcas hannoverianos, y la seguridad que éstos les proporcionaban no quedaba compensada con las vagas promesas que aquella curiosa banda de aventureros les ofrecía.

Mientras tanto, en la capital del reino, Londres, el pánico se había apoderado de aquellos que más tenían que perder con la victoria de los invasores. El «viernes negro» —6 de diciembre de 1745— todos se lanzaron a retirar sus depósitos del Banco de Inglaterra cuando cundió la noticia de la llegada a Derby de Carlos con sus mesnadas. Pero el pequeño ejército de escoceses, fatigado y falto de ánimo, marchó hacia el norte camino de sus hogares. Perseguidos por Guillermo, duque de Cumberland, hijo de Jorge II, fueron derrotados y pasados por las armas en el pantano de Culloden.

Ante el temor de que, en el futuro, pudiera repetirse una insurrección del mismo tipo, el gobierno disolvió los clanes ejecutando a sus jefes y promulgando una ley que prácticamente supuso la destrucción del sistema.

Los jefes que pudieron huir de la muerte se vieron desprovistos de todo poder y autoridad, se confiscaron las armas que tenían en su poder y se prohibió el uso de la típica falda escocesa y de todo tipo de tartán que pudiera recordar a los antiguos clanes.

El general Walde construyó puentes y carreteras para facilitar el acceso a las zonas montañosas. Desde entonces, Escocia ha permanecido fiel a los lazos que unen las Islas Británicas. En este siglo XX, los nacionalistas escoceses han comenzado a demandar de nuevo una mayor independencia para el país.

Fuente Consulatada:
Colección La LLave del Saber Tomo I Pasado y Presente del Hombre Editociones Cisplatinas S.A:

Historia de Puerto Deseado Origen Ciudad Fuerte Español

Historia Fundación de Puerto Deseado
Lugar Histórico Nacional

SANTA CRUZ: Fueron  sus costas la región señalada por el destino para que el hombre blanco tomara contacto con nuestra tierra y sus habitantes. En marzo de 1520 Hernando de Magallanes descubrió la bahía del río Deseado, el 31 sus cinco naves recalaron en San Julián y al día siguiente sus tripulantes bajaron a la playa para asistir a la primera misa. El almirante y su gente, hincada la rodilla en tierra, elevaron una oración de gracias al Creador.

Desde entonces la ruta de la Patagonia quedó fijada en las cartas marinas.

Sin embargo, por más de doscientos cincuenta años permaneció desconocida tan inmensa región y sólo en 1778, ante el temor de su pérdida, los soberanos españoles ordenaron fundar colonias que aseguraran su posesión.

El 23 de marzo de 1780 llegó a San Julián una escuadrilla colonizadora bajo la dirección de Antonio de Viedma, y como no le agradó la tierra intentó seguir a Santa Cruz, pero los vientos le llevaron a Deseado, donde debió pasar el invierno. Allí fueron entonces levantadas las primeras casas, formadas las primeras huertas y se sembró el primer trigo en la Patagonia. Allí también murieron una treintena de castellanos, las primeras víctimas del escorbuto.

Al año siguiente, trasladados los hombres, animales y elementos necesarios, se fundó la colonia de Florida Blanca a corta distancia de San Julián, que perduró tres años con toda felicidad.

Un segundo intento de posesión se efectuó entre 1790 y 1807 en Puerto Deseado con el establecimiento de una compañía pesquera y un fuerte, última avanzada cercana al estrecho donde ondeó el pabellón de España pregonando la conquista.

La Patagonia permaneció ignorada, hasta que en 1834 Carlos Darwin y Roberto Fitz Roy recorrieron las costas y se internaron por el río Santa Cruz.

Veinticinco años transcurrieron todavía antes de que un argentino pisara el territorio con el intento de poblarlo. Tal mérito le correspondió al incansable Luis Piedrabuena, quien en 1859 se instaló en la isla Pavón y enarboló por primera vez la enseña argentina. Tiempo después, el 19 de diciembre de 1878, el gobierno, por intermedio de una fuerza naval militar, tomó posesión del territorio en el sitio conocido por el Cañadón de los Misioneros.

El 16 de octubre de 1884 se dictó la Ley 1.532 que creó la gobernación de Santa Cruz y se nombró gobernador al capitán Carlos M. Moyana, explorador de su territorio.

Por Decreto Ley N° 21.178 del 22 de noviembre de 1956 se organizó la provincia del mismo nombre. En el lapso comprendido entre junio de 1955 y diciembre de 1956 Santa Cruz integró, con Tierra del Fuego y la Antártida, la llamada provincia de Patagonia.

La primera capital fue Santa Cruz, pero el 19 de mayo de 1904 por decreto se designó capital a Río Gallegos.

LA HISTORIA: Se   halla   ubicado   sobre   la   margen   izquierda   del   río   Deseado,   en   su   desembocadura en el Atlántico,  en  la  bahía que  lleva su  nombre,  descubierta  en  1520  por Hernando de  Magallanes,  quien  dio a  sus aguas  el  nombre de  Río  de  los Trabajos.

Años más tarde, el 21 de julio de 1586, salió del puerto de Plymouth la expedición corsaria del general Tomás Cavendish, con rumbo al estrecho de Magallanes. Esta flota estaba formada por los buques «Hugh Gallant», «Content» y «Desire», que era la nave capitana. Con este nombre, incorrectamente traducido, ya que quiere decir Deseo y no Deseado, llamó Cavendish a aquel lugar al arribar el 17 de diciembre  de  1586.

Durante casi dos siglos fueron varios los navegantes que después de Cavendish hicieron escala en este paraje, hasta que en 1780 el rey de España decidió afirmar sus derechos sobre él, ya que marinos ingleses, en anteriores oportunidades, habían tomado   posesión   en   nombre   de   su   rey.

Fue así como cumpliendo órdenes del virrey Juan José de Vértiz, el 13 de enero de 1780, partió del puerto de Montevideo una expedición a cargo del superintendente interino don Antonio de Viedma. Estaba formada por el paquebot «San Sebastián» y  los  bergantines  «San   Francisco  de  Paula»  y  «Nuestra  Señora   del   Carmen».

Tenía la misión de reconocer la costa patagónica desde el cabo San Jorge hasta el   estrecho   de   Magallanes,   para   formar   un  establecimiento   en   el   mejor   puerto.

Primer Puerto Deseado, Lugar Histórico

Viedma tocó primero la bahía de San Gregorio, después la de San Julián, y desde ahí intentaba alcanzar la de Santa Cruz, cuando vientos contrarios lo llevaron a Puerto Deseado, donde ancló ej 19 de abril del mismo año; desde ahí despachó la «San   Sebastián»   a   pedir   nuevas   instrucciones   al  virrey.

Obligado a pasar el invierno, desembarcó y con la mayor rapidez posible mandó se levantara una capilla, algunos ranchos para albergue y almacenes, al mismo tiempo  que  hacía  sembrar las  primeras semillas  del  trigo  que  germinó  en   esa  región.

La carencia de víveres frescos provocó entre los hombres de la expedición una epidemia de escorbuto; sumado esto al descontento general, pidieron abandonar esa tierra tan inhospitalaria. El 28 de agosto, a bordo del bergantín «Nuestra Señora del Carmen», el gobernador envió hacia Montevideo a los enfermos y amotinados, quedando   sólo   con   veintiún   hombres.

El 12 de diciembre volvió el bergantín con la orden de abandonar Puerto Deseado y trasladar la gente a San Julián para establecer una colonia. El 21, después de ocho meses   de  sufrimientos,   dejaban   para   siempre   el   desolado   paraje.

Diez años más tarde se fundó una colonia de la Real Compañía Marítima de Pesca,   institución   creada   por   orden   de   Carlos   III.

En mayo de 1790 se inició la construcción de un fortín de piedra y yeso, a una legua de distancia de la entrada del canal, en una amplia explanada de la costa norte, en tierras elevadas alrededor de catorce metros sobre el nivel medio de las mareas, y al pie de una cuchilla de rocas de porfirio, que lo amparaban de los vientos  huracanados  del  oeste.

Era un reducto cuadrado del cual tan sólo quedaban en 1900 tres torreones, y gran   parte  de   la   muralla   que   lo   rodeaba.

En 1792 se estableció en aquel lugar un presidio a pedido de la Compañía Marítima de Pesca, pero diez años más tarde ésta dio término a sus actividades, ya que   nunca   logró   producir   ninguna   utilidad.

En la época de las invasiones inglesas, los pocos pobladores del fuerte se retiraron a Carmen de Patagones; tiempo después, los indios tehuelches incendiaron las últimas   construcciones   del   fuerte   de   Puerto   Deseado.

El 23 de diciembre de  1834 el  almirante  inglés  Roberto  Fitz  Roy   —que   realizaba el levantamiento de cartas marinas en la costa patagónica— ancló con su buque «Beagle» frente a las ruinas de dicho fuerte. El célebre naturalista Charles Darwin, compañero de expedición, hizo reconocimientos durarite tres días por agua y tierra, recopilando importantes datos para sus obras.

En 1880, el gobierno creó una colonia pastoril que más tarde fue disuelta por originar gastos muy grandes al erario, y cuatro años después, dieciocho personas llegadas en el vapor «Loire» constituyeron la nueva y definitiva colonia de Puerto Deseado.

Por decreto del 19 de diciembre de 1889 se creó el pueblo Puerto Deseado, y más  tarde  fue  aprobada   su   mensura.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 12.466 del 5 de noviembre de 1943.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de la Argentina Edit. ATLANTIDA Carlos Vigil

HISTORIAS EN PUERTO DESEADO: Para proteger los  asentamientos españoles en América de los ataques piratas, como el famoso Francis Drake, se decide en 1584 enviar una expedición dirigida por Sarmiento de Gamboa a la patagonia. Gamboa arriba con cinco barcos y quinietos trinta y ocho tripulantes, funda la «Ciudad de Nombre de Jesús», próximo a Cabo Vírgenes en medio de un tiempo borrascoso. La gente debe soportar el frío extremo de esa zona y además el suelo no es muy apto para cosechas productivas, obligando a pasar tristes situaciones de hambre y frío extremo.

Gamboa decide fundar otra población en una zona menos hóstil, y zarpra con cincuenta tripulantes, mientras un centenar de colonizadores marchan a pie durante quince peligrosos días, donde eran atacador pos los indios de la zona. Finalmente Gamboa  funda una nueva ciudad, llamada Ciudad Rey Felipe (futuro Puerto deseado) , pero al poco tiempo surge un nuevo malestar general por la falta de alimentos, que termina en un motín. Cuando Gamboa quiere regresar a Cabo Vírgenes, la nave es arrastrada por un temporal que lo deja muy lejos, cerca de Río de Janeiro, desde ahi, solicita ayud a la corona pero el auxilio nunca llegó.

Ya sin esperanzas, decide volver a España, pero 1556 cae prisionero del corsario inglés  Walter Raleigh que lo entrega a Isabel II, reina que lo recibe con respecto y lo regresa a su hogar en España, pero con tanta mala suerte que durante el viaje es apresado en suelo francés y recién despúes de cuatro penosos años puede acudir a la ayuda de España, sobre suplicando por aquellos pocos pobladores del estrecho, a los cuales suponía vivos, pero que en realidad ya no quedaba nadie con vida.

Cuenta Roberto Hosne, autor de «Patagonia, El Territorio de la Aventura«: Un día de enero de 1587 tres mujeres y quince hombres, últimos sobrevivientes de la expedición de Sarmiento de Gamboa, aguardaban en la boca del estrecho por alguna nave salvadora hasta que, alborozados, estallando en llantos y gritos, agitando los brazos, divisan velas en la lejanía.

Era la flota del pirata inglés Tomás Cavendish, que había zarpado de Ply-mouth en julio de 1586 y luego de navegar frente a la costa patagónica fondea en el mismo sitio donde desembarcó Drake, quien había llamado al paraje Bahía de las Focas y que Cavendish rebautizaría «Desire», el nombre de su nave, que se perpetuó como Deseado.

Cuando se acercaba al estrecho avista al grupo de mujeres y hombres, cuyo aspecto era lastimoso; tres españoles subieron al Desire clamando auxilio y mientras uno quedó a bordo, dos fueron en busca de los que ansiosamente esperaban en tierra, pero cuando estos se aprestaban a embarcar, la nave de Cavendish empezó a alejarse. Estupefactos, veían como se apagaba su única esperanza de salvación.

¿Qué pudo haber motivado esa desconsiderada actitud de Cavendish?

La repentina aparición de vientos favorables, lo cual no era muy frecuente dado que generalmente soplaban en dirección contraria obstaculizando el ingreso al estrecho —se dijo— decidieron a Cavendish a aprovecharlos para continuar navegando, dejando de lado el sal-vataje de las diecisiete personas que esperaban por su rescate.

Tomé Hernández, el único español que subió a bordo del Desire fue el que relató más tarde este trágico episodio.
Cavendish remontó el estrecho y fondeó en Rey Felipe sin hallar a nadie, salvo a unos ejecutados pendiendo de la horca. Francis Pretty, maestre del Desire, refiriéndose al resto de la gente, abatida por el hambre y las enfermedades, apuntó: murieron como perros en sus casas, y vestidos, y así los encontramos… mientras el villorrio estaba terriblemente inficionado por el hedor de la gente muerta.

Cavendish ordenó a sus hombres aprovisionarse de agua y leña, incautarse de las armas y cañones y destruir e incendiar el poblado, que rabautizó Port Famine (Puerto Hambre).

El último sobreviviente de la expedición de Sarmiento de Gamboa es rescatado por la Delight of Bristol, capitaneada oor el pirata Andrés Merrick, en enero de 1590. La nave había recalado en Deseado para reparar averías y cuando se dirigía al estrecho, avistan y rescatan al español. Las tormentas huracanadas castigan al barco y quince tripulantes desaparecen. Cuando anclan para efectuar refacciones son atacados por los indios y mueren otros siete marinos.   Se  desencadena  una violenta tempestad y se traga a treinta tripulantes; estalla un motín y Merrick se ve obligado a regresar a Europa.

En el trayecto mueren él y el español y cuando la nave arriba al puerto de Cherburgo, del centenar de tripulantes con los que la Delight of Bristol había zarpado en 1589 de Plymouth, solamente seis quedaban con vida.

Puerto Deseado en 1600

Curiosa visión de Merian, en un grabado de 1655. En La desembocadura del río Deseado pueden versenaves ancladas, choiques (ñandúes) y guanacos moviéndose sin sobresaltos, mientras unos tripulantescazan pingüinos y, aparentemente, lobos marinos. Algunos hombres se aprovisionan de agua dulce y otros,observan el esqueleto de un patagón «gigante «.

Biografia de Eleanor Roosevelt Resumen de su Vida Primera Dama EE.UU.

Biografía de Eleanor Roosevelt

Resumen Biografía de Eleanor Roosevelt: Compañera y ferviente colaboradora de uno de los más grandes estadistas de los Estados Unidos y primera dama de su país durante más de doce años»,Eleanor Roosevelt supo armonizar su papel de esposa y madre con una empeñosa militancia por los derechos del hombre. Su talento le permitió, conjugar la política, la diplomacia y la literatura en una fructífera existencia que hizo de ella el arquetipo de la mujer norteamericana.Biografia de Eleanor Roosevelt

En 1650, el holandés Claes Martensen atravesó el Atlántico y se estableció en las inmediaciones de Nueva Amsterdam, una aldea fundada por compatriotas suyos en la desembocadura del río Hudson, en el corazón de la isla hoy llamada Manhattan. Campesino en Europa, lo fue asimismo en América, donde las nostalgias del pueblo natal lo llevaron a hacerse llamar Claes van Roosevelt.

Dos siglos después, los Roosevelt formaban una rica y distinguida familia estadounidense. Para entonces, Nueva Amsterdam, que había cambiado su nombre por el de Nueva York, al pasar a manos inglesas, contaba ya con casi tres millones de habitantes.

Un día de 1883 Elliot Roosevelt, descendiente de aquel inmigrante holandés, casó en Nueva York con Anna Hall, bella muchacha cuyos antepasados también habían figurado entre los primeros colonos blancos de la región. Y fue en esa populosa metrópoli donde el 11 de octubre de 1884 nació el primogénito de ese matrimonio: una niña a quien dieron el nombre de Eleanor.

Hubo en la infancia de esta más motivos de sinsabores y tristeza que de felicidad. Fue una chiquilla feúcha, tímida y seria, carente por completo del encanto y la simpatía que suelen agraciar a los niños: a tal punto que su madre no disimulaba que, sin dejar de quererla, prefería a Eddie y Hall, sus hijos menores. En cuanto al señor Roosevelt, que para la niña representaba el centro del mundo, solía ausentarse del hogar durante largas temporadas, internado en alguna casa de salud para curarse de su afición a la bebida.

UNA RIGUROSA EDUCACIÓN

Huérfanos de madre en 1892 y de padre en 1894, Eleanor y su hermano Hall (Eddie había muerto poco tiempo después que la señora Roosevelt) fueron a vivir con la abuela Hall, quien los educó sin retacearles afecto, pero según el principio de que décimo resulta siempre más fácil que decir sí.

La aristocrática matrona se mostró particularmente severa en la instrucción de su nieta, a la que se propuso convertir, tal como antes había hecho con sus propias hijas, en una dama de buena sociedad. Como primera medida, dispuso que Eleanor estudiara música e idiomas, sobre todo francés, y en 1899 estimó que había llegado el momento de enviarla a Inglaterra a perfeccionarase.

Cuando partió para el viejo continente Eleanor era una muchacha alta, flaca y desgarbada que se vestía sin mayor gusto y que prefería leer un libro antes que concurrir a una fiesta, pues se sentía inferior a las demás jóvenes de su edad.

Al regresar, después de permanecer cuatro años como pupila en un exclusivo colegio británico y de haber recorrido Europa en los períodos de vacaciones, estaba preparada ya para hacer su presentación en sociedad: había aprendido a hablar correctamente el francés, el alemán y el italiano, bailaba con soltura y, con pareja habilidad, era capaz tanto de tender una cama como de mantener una casa en orden o de interesarse por las ideas ajenas.

En el otoño de 1903 comenzó a tratar a un primo lejano que estudiaba derecho en la Universidad de Harvard y que se destacaba en la práctica de diversos deportes. Se llamaba Franklin Delano Roosevelt y desbordaba de entusiasmo cada ve/, que las circunstancias le permitían hablar de cuestiones sociales y políticas.

El joven Roosevelt era lo que en su tiempo se llamaba «un buen partido». No solo disponía de una crecida renta anual, que habría de multiplicarse cuando heredara la cuantiosa fortuna materna, sino que su inteligencia, su simpatía y sus innatas condiciones de líder le aseguraban un brillante futuro. De entre todas las muchachas casaderas a las que frecuentaba, acaso fue Eleanor la única que no se propuso conquistarlo. Y acaso por eso mismo, él no tardó en proponerle matrimonio. La boda se celebró el 17 de marzo de 1905.

HOGAR Y POLÍTICA

A lo largo de los diez años siguientes Eleanor estuvo siempre aguardando un bebé o reponiéndose de haber dado a luz: sus seis hijos (el segundo de los cuales vivió pocos meses) nacieron entre 1906 y 1916. Mientras tanto, en 1910, Franklin Delano Roosevelt, tras obtener su diploma de abogado, había sido elegido, como candidato del partido Demócrata, senador por el estado de Nueva York, y había iniciado una trayectoria que, con los previsibles altibajos, acabaría por llevarlo a la presidencia de Estados Unidos.

Las actividades de su marido impulsaron a Eleanor a interiorizarse de los diversos problemas que plantea la política, a relacionarse con sectores sociales que le eran desconocidos, a tomar contacto con los ambientes proletarios y descubrir las condiciones a menudo infrahumanas en que solían cumplir sus tareas los obreros.

Así se identificó con los necesitados y desvalidos de su país, llegó a la conclusión de que era necesario introducir cambios en el mundo, cambios que ella, por su parte, haría, lo posible para que ocurrieran. La causa del sufragio femenino, a la que se vinculó en la primavera de 1919, le permitió aprender algo más: que cuando se quiere instituir una reforma es más fácil lograrla si se tiene derecho al voto.

Dos años después, cuando un ataque de parálisis infantil postró a Roosevelt y lo obligó a apartarse por un tiempo de la escena política, Eleanor, en la certeza de que más que la enfermedad lo humillaría el hecho de ser tratado como un inválido, no interrumpió las actividades en que ella se hallaba empeñada: sin descuidar la atención del hogar ni la educación de sus hijos, integró la Liga de Consumidores, escribió artículos periodísticos, editó una revista femenina, dirigió una fábrica de muebles norteamericanos típicos y dictó cátedras de literatura y de historia en un colegio secundario.

Y en 1928, cuando su marido se sintió en condiciones de retomar la lucha, ella fue su más eficaz colaboradora en las campañas electorales que lo llevaron en 1929 a ser gobernador de Nueva York, y a ocupar la primera magistratura de su país cuatro, años más tarde.

EL ACTO FINAL

Residencia habitual del presidente de Estados Unidos, la Casa Blanca, emplazada sobre una colina de Washington, fue desde marzo de 1933 y por más de doce años el hogar de Eleanor, puesto que Roosevelt fue reelegido en 1936, 1940 y 1944. Allí, en su condición de anfitriona, agasajó a jefes de Estado, reyes y primeros ministros; allí, como periodista, siguió redactando los artículos que publicaba en las revistas Woman’s Home Companíon, Ladies Hoine Journal y McCaU’s.

En los años de la segunda guerra mundial se encargó de las cuestiones relativas a la defensa civil y realizó numerosos viajes cumpliendo misiones encomendadas por su esposo. Fue por último en la Casa Blanca donde, el 12 de abril de 1945, supo que Franklin Delano había muerto en Warm Springs mientras pasaba unos días de descanso.

Ella misma se encargó de darles la noticia a sus hijos con un cable que decía: «Papá se durmió para siempre. Su deseo habría sido que todos ustedes continúen adelante y que cada uno terminó su trabajo». En esos dolorosos momentos quizás haya pensado que era su propio trabajo el que había terminado, pues en el tren que la condujo de regreso a Nueva York manifestó a los periodistas: «La historia ha concluido».

Pero no era así. Ocho meses después de la muerte de Franklin Delano Roosevelt, Eleanor recibió un telegrama en el cual el presidente Truman le solicitaba que integrara la delegación estadounidense a la Asamblea General de las Naciones Unidas que habría de reunirse en Londres en enero de 1946. Vaciló mucho antes de responder, ya que, a su juicio, carecía de conocimientos y de experiencia en materia de asambleas internacionales.

Por fin, aceptó. Al hacerlo, no imaginaba siquiera que asumía una labor que se iba a prolongar hasta 1953 y que le permitiría tener participación decisiva en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, documentos que se cuentan entre los más trascendentes del siglo veinte y cuyo Artículo I reza: «Todos los seres humanos han nacido libres e iguales en dignidad y derechos…»

Al renunciar a su cargo en las Naciones Unidas se dedicó a viajar, a pronunciar conferencias y a escribir. En 1958, con la publicación de Por mi propia cuenta, puso fin a su autobiografía, que se integra además con Esta es mi historia (1927) y Lo que recuerdo (1949).

John F. Kennedy, que la consideraba como un arquetipo de la mujer norteamericana, la designó en 1961 delegada a la decimoquinta Asamblea General de las Naciones Unidas. Esa fue su última misión oficial. El 23 de abril de 1962 moría en Nueva York.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia de Oliver Cromwell:Guerra Civil en Inglaterra Ejecucion

Biografía de Oliver Cromwell:
Guerra Civil en Inglaterra

La Inglaterra de las revoluciones

La dinastía de los Estuardo, tentada por la imposición del absolutismo político y el retorno al catolicismo, fue vivamente criticada. La crisis estalló en 1640, durante el reinado de Carlos  I , y se transformó en guerra civil. El rey fue vencido, juzgado y ejecutado en 1649. Cromwell impuso diez años de dictadura puritana.

Luego de su muerte, la Restauración no trajo consigo la estabilidad esperada. La «gloriosa revolución» de 1688 expulsó a Jacobo II, católico convencido, quien tuvo que dejarle el trono a su hija, esposa de Guillermo de Orange, príncipe protestante y adversario encarnizado de Francia.

La pareja real firmó el Bill of Rights, que instituyó el régimen de compartir el poder con las cámaras parlamentarias. Se reafirmó el Habeas Corpus y la Iglesia Católica fue proscripta.

La Inglaterra del fin del siglo, favorecida por tener el primer gobierno moderno fundado sobre el principio del contrato desarrollado por Locke, volvió a poner en marcha una política económica, comercial y colonial agresiva.

Cromwell nació un 25 de abril de 1599 en Huntingdon. Fue el dirigente más importante de la Guerra Civil inglesa, la República y el Protectorado. Murió en septiembre de 1658, su hijo mayor, Ricardo, le sucedió.

HISTORIA Y BIOGRAFÍA DE OLIVERIO CROMWELL (1599-1658)

Fue nombrado en 1653 Lord Protectord vitalicio de Inglaterra.

Ese mismo año se adoptó una nueva Constitución de gobierno que dejaba de lado las leyes fundamentales del país, y que era un esfuerzo para justificar legalmente a la dictadura militar.

Aceptaba la división de poderes pero el Lord podía tomar medidas especiales en caso de desorden y peligro social.

Después de la Guerra de las Dos Rosas, que duró 30 años, Enrique Tudor, fue coronado rey de Inglaterra, con el nombre de Enrique VII, e inauguró la dinastía Tudor a partir de 1485.

A este le sucede Enrique VIII que se sublevó contra la Santa Sede y estableció la religión anglicana, que ha partir del reinado de su hija Isabel I (su madre Ana Bolena), tomó un carácter netamente protestante.

Esta reina es tristemente recordada por las persecuciones que sufrieron los católicos, millares de los cuales fueron

 condenados al último suplicio. Entre las víctimas se cuenta a María Estuardo reina católica de Escocia, que huyendo de una sublevación pide refugio en Inglaterra.

Estuvo 18 años presa y luego se la hizo procesar, enviándola al patíbulo en donde fue decapitada y entregada su cabeza al verdugo. Isabel muere sin sucesión quedando terminada la dinastía de los Tudor, siendo el trono ocupado por los Estuardos.

Uno de ellos fue Carlos I que quiso gobernar sin consultar al Parlamento y durante 11 años se negó a convocar las Cámaras.

Al mismo tiempo quiso imponer la religión anglicana a Escocia, que era plebisterianos, por cuya causa éstos se sublevaron.

Como necesitaba dinero para este conflicto decidió reunir el Parlamento, petición que fue rechazada hasta tanto el rey no cambie su forma de gobernar.

Carlos I reaccionó y se produjo la guerra civil entre los partidarios del rey y los del Parlamento.

Oliverio Cromwell tomó la dirección de los opositores al rey y logró vencer el ejército de Carlos I, éste sin soldados y sin dinero se refugió en Escocia, pero los escoceses lo entregaron al Parlamento, donde fue juzgado y condenado a muerte ante una corte de justicia. Se lo acusó de tirano y traidor.

El Parlamento proclamó la república y Cromwell ejerció el poder sin título alguno. Algunos irlandeses y escoceses se sublevaron porque querían la monarquía, Cromwell los sofocó con sangre.

De todas maneras Cromwell no tenía el mando y el Parlamento se lo negó. Entonces resolvió dar un golpe de estado.

Acompañado de sus soldados entró bruscamente en salón de sesiones y los trató de bebedores a unos, bandidos a otros e insultos por el estilo a los demás.

Luego hizo desalojar el salón, cerró las puertas y se guardó las llaves. Al otro día hizo colocar un cartel en su frente que decía:-Esta casa de alquila-.Dueño absoluto del poder tomo el nombre de Lord Protector. Había llegado al colmo de sus deseos, lo cual le provocó, al tiempo, un miedo sin igual permanentemente.

Los remordimiento lo perseguían a toda hora. Jamás salía sin llevar bajo su vestido una coraza e ir cargado de puñales y de pistolas. Iba siempre acompañado de varios escoltas y nunca dormía dos noches en el mismo lugar.

Tan triste vida sumado a la muerte de su hija Isabel alteró su salud, y en el medio de su negro triunfo murió en 1658 triste y desgraciado.

Le sucedió su hijo que ocupó muy poco tiempo el poder, pues carecía de dotes y carácter para la conducción del gobierno. Nunca fue obedecido.

El hijo de Carlos I, el monarca decapitado, apoyado por un general tomaron nuevamente el poder. Los Estuardos volvieron a gobernar.

Ver: Ejecución de Carlos I de Inglaterra

Después de la muerte del rey, el Parlamento cercenado abolió la monarquía y la Cámara de los Lores, aparte de proclamar a  Inglaterra como república o Commonwealth (1649-1653).

Este no fue un periodo fácil para Cromwell. Como comandante en jefe del ejército tuvo que reprimir el levantamiento católico en Irlanda, los cual llevó a cabo con una brutalidad que le valió la eterna enemistad del pueblo irlandés, así como un levantamiento en Escocia en el nombre del hijo de Carlos I.

LA DICTADURA
Afianzado en el poder —que habría de retener hasta su muerte— se dedicó primero a asegurar el predominio marítimo de las Islas Británicas.

No reparó en medios en la consecución de tal propósito, y forzosamente hubo de chocar con los intereses de los Estados cuyas flotas representaban un elemento muy valioso en el patrimonio nacional.

El primer país que se resintió fue Holanda, y pronto estallé la guerra entre ambos contrincantes.

La flota holandesa, aunque comandada por buenos jefes, debió capitular ante la inglesa, dirigida por Roberto Blake. Inglaterra pasó a ser, así, dueña absoluta del comercio marítimo.

Cromwell, envanecido por tantos triunfos, disolvió el Parlamento, se convirtió en dictador y fue proclamado Lord Protector de la República inglesa (1653).

El Parlamento fue convocado por él cuatro veces y disuelto inmediatamente a la menor señal de disentimiento con su voluntad.

Una de estas asambleas terminó por ofrecer a Cromwell el titulo de rey, pero éste lo rehusó, y designó, en cambio, un sucesor: su hijo Ricardo.

Más adelante hizo su alianza con Francia; los dos Estados lucharon contra España, y Cromwell, como recompensa de las victorias, obtuvo la ciudad de Dunkerque y la isla de Jamaica.

Poco después de estos triunfos de política exterior, Cromwell murió (3 de setiembre de 1658). Contaba 59 años. Tras su muerte, la monarquía reconquistó pronto el trono de Inglaterra.

SOBRE EL GOBIERNO DE OLIVERIO CROMWELL:

Crowwell intentó organizar un Gobierno. Pero no se atrevió a convocar a elección para el Parlamento.

Reunió una asamblea de 140 miembros, que había elegido él mismo atendiendo a su piedad, y que el pueblo apellidó por burla «Parlamento Barebone», del nombre de uno de sus miembros, que usaba el prenombre de «Alabanza a Dios» (Praise God). Aquel Parlamento quiso hacer reformas que desagradaban a Cromwell, y pronto lo disolvió.

El Consejo de los oficiales hizo entonces una Constitución que atribuía a Cromwell un poder semejante al del rey, pero con el título de Lord Protector. Había en ella un Parlamento formado por una sola Cámara, que representaba, mo solamente a Inglaterra, sino a Escocia e Irlanda. Ningún partidario de Carlos I había de ser elector ni elegido (1653).

El Parlamento fue elegido (1654) y pidió cambios en la Constitución. Irritado Cromwell, le declaró disuelto.

Dos años más tarde, Cromwell hizo cambiar la Constitución,, haciéndola más semejante al régimen antiguo de Inglaterra.

Se creó una segunda Cámara, semejante a la de los lores. Se aumentó el poder del Protector: debiai designar los miembros de la segunda Cámara, tenía el derecho de nombrar su sucesor. Se llegó a ofrecer Cromwell el título de rey. Los oficiales le rogaron que rehusase, y no se atrevió a aceptar.

Pero, en la ceremonia de instalación, reanudó los usos de los antiguos reyes, apareció revestido de púrpura y armiño, y en la mano un.cetro de oro (1657).

Cromwell acabó por indisponerse con aquel nuevo Parlamento, y le disolvió diciendo: «El Señor me juzgará a mí y os juzgará a vosotros» (1657). Hasta su muerte Cromwell fue dueño absoluto del poder.

Intentó reorganizar la Iglesia, tomando como pastores a la vez presbiterianos e independientes. Prohibía el culto anglicano, pero toleró todas las sectas protestantes y hasta los judíos.

Cromwell conservó el ejército que había organizado y la flota de guerra creada para combatir a los holandeses. Inglaterra fue entonces la nación más poderosa, de Europa, bastante fuerte para decidir la victoria entre las dos grandes monarquías católicas, debilitadas por largas guerras.

Aun cuando Cromwell fue detestado por parte de las Cortes europeas en calidad de regicida, España y Francia le pidieron alianza.

Cromwell se decidió contra España, la vieja enemiga de los protestantes. Su flota fue a América. Se apoderó de Jamaica, que ha seguido siendo colonia inglesa, capturó los navios españoles que traían la plata de las minas de América (1655).

Luego se alió con Francia y su ejército ayudó a los franceses a batir a los españoles y conquistar Dunkerque , que fue dado a Inglaterra (1658).

Cromwell murió en septiembre de 1658.

Su hijo mayor, Ricardo, le sucedió.

Pero no era puritano ni amante de los soldados. Pronto se puso a mal con el ejército y abdicó (1659). Ya no quedaba Gobierno en Inglaterra.

AMPLIACIÓN DEL TEMA…

SOBRE LAS CENIZAS DEL DICTADOR SE LEVANTARA EL MODERNO ESTADO INGLES
Como lord protector, Cromwell fue enterrado en Westminster, donde ya reposaban tantos reyes de Inglaterra. Su hijo Ricardo le sucedió en el cargo por corto tiempo.

Luego dimitió, y la segunda mitad de 1659 fue de lucha anárquica entre varios jefes.

Por fin, Monk —general que gobernaba Escocia— se dirige a Londres y desde allí llama a Carlos II.

Las condiciones para la restauración monárquica fueron pocas pero importantes.

Carlos declaró una amnistía universal y aceptó las limitaciones que el Parlamento de 1640/53 (el «Parlamento Largo») impuso a la monarquía. El 29 de mayo de 1660 entró triunfalmente en la Capital.

Pero la amnistía no se extendía a los muertos. Los cadáveres de Cromwell, Ireton y Bradshaw —que había presidido el juicio al rey Carlos I— fueron desenterrados, ahorcados, decapitados y destruidos. Carlos II, como su padre, tampoco era muy dado a cumplir promesas.

Varias leyes fueron lanzadas contra sus adversarios. Los nobles, que demostraban no haber aprendido nada, querían restablecer todos los privilegios a la monarquía absoluta. El pueblo que recibió a Carlos II y su séquito con un suspiro de alivio, comenzó a suspirar nuevamente por otros motivos.

Pero Carlos no fue lo peor. A pesar de todo, acordándose de su padre, mantuvo un Parlamento durante dieciocho años. «Voy a mantenerlos hasta que les crezca la barba», decía bromeando.

Su hermano Jacobo II, quien le sucedió, inició una sangrienta y vasta represión. Favoreció a los católicos —el rey se había reconvertido al catolicismo— y desconoció los derechos adquiridos por los Comunes en la guerra civil.

Parecía creer que la única cosa que le había faltado a su padre hubiera sido energía. Se engañaba. Cuando el rey tuvo un hijo varón, en la vejez, que podría estabilizar una dinastía católica, una nueva revolución hace presa del país. Jacobo es expulsado y el Parlamento llama a un príncipe protestante —Guillermo de Orange (Guillermo III), de Holanda, casado con María, hija anglicana de Jacobo—, quien se compromete a respetar los derechos de los Comunes y por la «gentry». Es la «Revolución Gloriosa» de 1688 que da forma al moderno Estado Inglés.

La memoria de Cromwell y de loí puritanos aún era temida. Pero lo; fundamentos del poder de las clase; medias que ellos echaron ya no podían ser removidos.

Muchos niveladores se agruparon en iglesias como la de los cuáquero? que tuvieron un importante papel en el establecimiento de la democracia en Inglaterra y después en los jóvenes; Estados de América. La declaración de principios de la Revolución norteamericana está impregnada de espíritu puritano.

Porque esos hombres, que hoy nos parecen de mentalidad tan rígida, fueron los precursores de la libertad de conciencia y sinceros paladines de la moral pública y privada Ciento cuarenta años después, cuando la Asamblea (el parlamento francés) cortó la cabeza de su rey, muchos recordaron en la tribuna el nombre del regicida que los precedió.

EL EJERCITO:

La Guerra de los Treinta Años fue un periodo de intolerancia religiosa y gran crueldad. Las incesantes batallas convirtieron el centro de Europa en un núcleo de desolación. La marcha de los ejércitos propagó epidemias, a veces más devastadoras que la guerra misma; los fríos inviernos de la «Pequeña Edad de Hielo» obligaron a los civiles a comer gatos, perros y ratas.

En la última etapa de la Guerra de los Treinta Años, se inició la Guerra Civil de Inglaterra. En esta lucha, entre 1642 y 1648, la sociedad, la economía y las familias se dividieron por su lealtad hacia Carlos I o hacia el Parlamento.

En un principio, el rey Carlos tuvo ventaja militar, pues apoyaron su causa los aristócratas que sirvieron como mercenarios en el extranjero. Pero el Parlamento tenía más recursos monetarios.

Inglaterra no contaba con un ejército profesional considerable, pues hasta entonces se creaban y se disolvían las fuerzas armadas según las necesidades.

La disciplina en ambos bandos era laxa, pues los rangos inferiores se habían alistado por la paga y el botín. Como la paga se atrasaba, era común el pillaje tras la victoria. Las tropas vencedoras se alojaban en las casas locales, y los vecinos les temían por su conducta licenciosa.

Oliverio Cromwell, comandante parlamentario, resolvió estos problemas convirtiendo sus tropas en el Nuevo Ejército Modelo, que consistió en 12 regimientos de infantería, de 1,000 hombres cada uno; 11 regimientos de caballería, de 600 hombres cada uno; y 1,000 dragones (infantería montada), equipados con mosquetes y espadas, que generalmente combatían a pie.

Cromwell equipó a sus tropas con mosquetes de pedernal, más seguros que los de mecha, y las vistió con uniformes reglamentarios de color rojo, para distinguirlos del enemigo en el campo de batalla.

Además, el color ocultaba la sangre que brotaba de las heridas, y asi se trataba de evitar que decayera la moral. El rojo fue el color del ejército británico hasta que lo sustituyó el caqui, en 1902, que proporcionaba un mejor camuflaje.

El Nuevo Ejército Modelo constituyó una eficiente fuerza de combate, unida por una fe religiosa común. Cromwell describió sus tropas como «sobrios y honrados cristianos»: ninguno de ellos era mercenario.

Tras el triunfo de Cromwell y la subsiguiente fundación del Reino Unido, el ejército se convirtió en una fuerza importante. El temor al ejército permanente fue una constante en la política británica. Francia no compartía esta desconfianza.

Fuego rápido: Hacia 1610, el mosquete de pedernal reemplazó al mecanismo de mecha: había que prender una mecha para que encendiera la pólvora. Cuando se jalaba el gatillo del nuevo mosquete, un pedernal pegaba contra una placa de acero. Esto producía chispas que encendían la pólvora, que a su vez, prendía la carga dentro del barril, impulsando así la bala. El mosquete de pedernal fue el arma reglamentaría de la infantería hasta que lo reemplazó el rifle accionado por percusión, introducido 200 años después.

Grandes Revolucionarios de la Historia

Biografia de Cosima Liszt Resumen de su Vida

Biografia de Cosima Liszt – Resumen de su Vida

Resumen Biografía de Cósima Liszt: Hija del músico Franz Liszt y de la escritora francesa Marie d’Agoult, heredó de sus padres el talento para el arte y una vigorosa personalidad que la hizo descollar en los círculos artísticos centroeuropeos. Inspiradora primero y luego arriada inmortal de Richard Wagner, compartió su azarosa vida y consagró la suya a la difusión de la obra del genio de Bayreuth.Cosima Liszt

La vigorosa personalidad de Cósima Liszt, nacida el 24 de diciembre de 1837 en Bellagio, en las inmediaciones del lago de Gomo, fue el resultado de la fusión de dos temperamentos tan disímiles como el del contradictorio Franz Liszt y el de la temeraria condesa Marie d’Agoult.

El músico húngaro y la escritora francesa, casada y madre de tres hijos, habían arrasado con todos los convencionalismos al iniciar en 1833 una apasionada vida en común que duró varios años y dio como fruto tres niños ilegítimos.

Cósima, la segunda, heredó de sus padres el espíritu artístico, «la fina sustancia» y una aguda inteligencia. Franz Liszt le legó su extraordinaria mirada y el óvalo del rostro, alargado y pálido, que le valió en familia un apodo risueño: «la cigüeña».

De Marie d’Agoult recibió una mentalidad racionalista y el afán de secundar a los seres amados. Cuando el vínculo afectivo se rompe, Marie se traslada definitivamente a París con los tres niños, que quedan primero al cuidado de la abuela y más tarde a cargo de una rígida gobernanta.

El padre, casi un personaje de leyenda, impone a distancia su severidad, temeroso de que la fuerte atracción que la madre ejerce sobre sus hijos se convierta en una influencia perniciosa dadas sus «debilidades humanas». Sin embargo, las debilidades de Liszt no son menores. Desde 1847 ha fundado otro hogar irregular con la princesa Carolina von Sayn-Wittgenstein, que, celosa del poder de su antecesora, influye sobre el músico para que acentúe las censuras y el rigor.

En septiembre de 1855 las dos jovencitas Liszt-Blandína y Cósima son enviadas a Berlín y puestas bajo la custodia de la madre del músico Hans von Bülow, discípulo de Wagner y de Liszt. Aristócrata por nacimiento y por formación, los gustos y los modales de Cósima son refinados.

Alta y delgada, su rostro trasunta energía, entereza y sensibilidad, y su porte destaca un carácter orgulloso y reservado. No es hermosa -quizá su nariz sea excesivamente larga- pero la cabellera dorada y la voz profunda le hacen aventajar cualquier belleza. Entre Hans von Bülow, excelente intérprete y director, y Cósima Liszt, eximia pianista, se establece una mutua corriente de simpatía.

El 18 de agosto de 1857 se celebra la boda, y, aunque la comunión más profunda de la pareja parece celebrarse en las ilimitadas regiones de la música, no tardan en nacer dos niñas, Blandina y Daniela. Marie d’Agoult le escribe por ese entonces a una amiga: «Cósima es genial; verdadera hija de su padre. Su poderosa imaginación la coloca fuera del alcance de las mentes comunes. Ella siente el ‘demonio interior’ y seguramente se sacrificará a cualquier cosa que pueda pedirle la vida.»

Ese demonio interior no tardaría en responder al llamado de un demonio exterior que exige la consagración de todos los desvelos y el sacrificio de la tranquilidad: Richard Wagner. Este ha formado, inquietado y convulsionado a Hans von Bülow que se ha convertido en el colaborador, el entusiasta ejecutante y la sumisa sombra del maestro.

Los Bülow se han encontrado varias veces con él en esos años, y las reacciones de Cósima han sido extrañas: secretas reservas hacia el afán de lujo y los amores utilitarios del genio, llantos incomprensibles y silencios sombríos.En noviembre de 1863 están todos en Berlín. Mientras Hans ensaya un concierto, Cósima y Wagner dan un paseo en coche. «El silencio reemplazó los sonidos. Los ojos en los ojos, nos sentimos vencidos por el deseo imperioso de confesarnos la verdad. No necesitábamos hablar para comprender la desdicha infinita que nos invadía», confesó él años después.

La «desdicha infinita» había sido hasta entonces un hermoso estimulante para la creación y la vida del gran artista quien después de su catastrófico matrimonio con la actriz Minna Planer, en 1836, solo buscó amores sublimes e imposibles.

En 1862, al finalizar el prólogo de El anillo de los Nibelungos escribió: «¿Existirá el príncipe que haga posible la representación de mi obra?». El nuevo rey de Baviera, Luis II, de solo diecinueve años, recoge ese mensaje. Le ofrece su apoyo material, su admiración sin reservas y la promesa de un teatro para su obra total. Wagner se instala entonces en una villa próxima al lago Starnberg y al castillo real, y desde allí llama a los Bülow para que vayan a pasar con él una larga temporada. Para retenerlos, consigue que el rey designe a Hans von Bülow pianista de la corte y fijan su residencia en Munich.

A Hans le complace ciegamente que Cósima dirija la suntuosa casa de su ídolo, que atienda su correspondencia, que le dedique sus labores. Y en 1865, cuando Cósima da a luz una criatura -Isolda-, recibe emocionado las felicitaciones de su protector, que es el verdadero padre de la niña. La prensa de Baviera, hostil a Wagner, pues no ignora la atracción morbosa que este inspira al joven rey, inicia una campaña de denuncias. Hans comienza a abrir los ojos, pero no sabe qué hacer.

También Luis II está desorientado, pero su ministro le indica el camino: debe desterrar a Wagner. Así lo hace el rey, pero no sin prometerle que destituirá a sus ministros para favorecer un próximo regreso. Wagner se instala en Suiza, en una villa junto al lago de Lucerna. Desde allí llama a Cósima para que alegre su vida, mientras Hans, que ha iniciado giras de conciertos, vuelve a cerrar los ojos y a acceder.

Una carta de Wagner a Cósima, cuando esta ya ha partido, le revela crudamente la situación. Ya no puede reprocharse a sí mismo las desdichas conyugales, ni desoír las murmuraciones y las insinuaciones de los periódicos, ni creer en la carta pública que a pedido de Cósima firma Luis II en defensa de «los inocentes».

La pareja de Cósima y Wagner continúa en Triebschen, sumergida en el amor y en la creación. En 1866 nace la segunda hija, Eva. Entre tanto, en Baviera, han caído los ministros adversos. En 1867 el absurdo triángulo regresa a Munich, donde Bü-low, condecorado por el rey,diri-girá la representación de Los maestros cantores.

Esta tiene lugar en julio de 1868, con todo éxito, pero la prensa reprocha a Biilow sus complacencias como marido para conservar su puesto de director. Con ello los acontecimientos se precipitan: Cósima se reúne con Wagner en Triebschen, para permanecer a su lado.

En 1869 Wagner da por concluido el tercer acto de Sigfrido. Un día después lo colma de felicidad el nacimiento de su primer hijo varón, que llevará su nombre. Al año siguiente se sanciona el divorcio de Cósima y se legaliza la relación de ella con Wagner. Visitantes ilustres, entre ellos Nietzsche, gran admirador de la obra wagneriana, llegan a Triebschen.

En 1871, fundado ya el Imperio Alemán, empieza a concretarse el sueño de Wagner y de Luis II: la construcción de un teatro dedicado exclusivamente a su obra, que comienza a levantarse en Bayreuth. El rey provee también los fondos para edificar la casa de Wagner en las inmediaciones: la villa Wahnfried. Wagner funda sociedades wagnerianas en distintas ciudades y da conciertos. Cósima lo secunda en todo.

En 1876 se efectúa el primer festival del Teatro de Bayreuth. Liszt encabeza la peregrinación que ha ido a aplaudir El anillo de los Nibelungos. Pero la inaguración oficial y definitiva tendrá lugar con Parsifal, en 1882. En los años que median, Cósima custodia la tarea del genio.

Es el «ángel de la espada flamígera» que lo libera de las visitas inoportunas, pero también el «ángel dulce» que dispone a su alrededor las sedas, los terciopelos y los perfumes que tanto placen a Wagner. Entre esos lujos voluptuosos, después de anotar en una página «El amor … lo trágico», sobre un canapé de raso rojo y oro, deja de latir el corazón de Wagner en el palacio Vendramin, en Venecia, el 13 de febrero de 1883. Erguida y con el rostro níveo bajo un velo, Cósima acompaña la góndola fúnebre. Se ha cortado la cálida cabellera y la ha depositado sobre el pecho de su amado, para abrigar el definitivo reposo en Bayreuth.

Desde entonces la vida de Cósima se reduce a exaltar la memoria de Wagner y a tratar de materializar fielmente cada uno de sus sueños. Sacerdotisa de esa nueva religión que congregaba millares de peregrinos de todas partes en Bayreuth, era implacable para admitir artistas y seleccionar los detalles y los efectos que debían servir al arte wagneriano. Tomó la dirección de los festivales, ayudada por algunos fieles, hasta que en 1908 dejó las riendas a su hijo Sigfrido, quien si bien aceptaba los rígidos dictados maternos, se atrevió a adaptar a los nuevos tiempos algunas puestas que consideraba a envejecidas.

Cuarenta y siete años hubo de esperar Tristán a esta Isolda que lo rescató de los amores engañosos y le inspiró algunas de sus obras más imperecederas. Cósima, ciega por completo pero aún lúcida, fue a su encuentro el 1° de abril de 1930, a los 92 años.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder