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Corea del sur una potencia economica mundial América Latina

Corea del sur una potencia económica mundial

“Snuppy” y el futuro del mundo: El creciente poderío asiático y los desafíos de los países latinoamericanos …

En el año 2005  un equipo de científicos de Corea del sur, presididos por el profesor Hwang Woo-suk, presentaron al primer can clonado, un sabueso afgano al que llamaron Snuppy. Este perro fue clonado a partir de células adultas mediante transferencia nuclear de células somáticas. De esta manera, Snuppy pasa a formar parte de los animales clonados:

Dolly la oveja, CC el gato y Ralph la rata, la nueva fauna de seres producidos artificialmente. El nombre del perro surgió de unir las siglas de Cachorro de la Universidad de Seúl en inglés: Seoul National University puppy. Esto es sólo una muestra del nivel de desarrollo científico alcanzado por este país. El método de clonación puede resultar útil en el futuro para comprender mejor las enfermedades que afectan a la población. El perro pesó 530 gramos al nacer, los investigadores extrajeron material genético de la oreja del padre y lo depositaron en un óvulo, el cual fue estimulado para convertirlo en un embrión. Una vez en crecimiento fue insertado a su madre, quien

 luego de un período normal de 60 días, dio a luz mediante cesárea. Sin embargo, los científicos expresaron que la clonación no es un proceso fácil, Snuppy resulto de una prueba de más de 1.000 embriones.

El éxito de Snuppy da cuenta de la potencialidad tecnológica y científica de los países asiáticos producto de su inversión en educación, ciencia y tecnología. Más allá del debate ético que puede generarse en torno a esta temática, los avances en este campo darán lugar a una industria biotecnológica que probablemente se convierta en uno de los nodos de la economía mundial en las próximas décadas. Los científicos confían en que a través de la donación se encontrará la forma de reparar tejidos humanos lesionados, como el corazón, e incluso reemplazar orejas, narices y otros órganos dañados.

“Corea del sur gasta 43 millones de dólares para construir dos laboratorios nuevos (…)

Seúl quiere también transformar a Corea del sur en un eje global para la investigación de las células madre, aprobando el plan de Hwang para abrir un banco internacional de células madre en octubre para ayudar a avanzar en la búsqueda del crecimiento de tejidos de reemplazo para tratar enfermedades.

(…) el gobierno aprobó un proyecto de investigación de un laboratorio de ingeniería genética que podría extraer células madre de embriones humanos, congelados «sobrantes» de clínicas de fecundidad asistida y la tentativa de transformarlos en tipos específicos de células.

Esta fue la primera vez que Corea del sur había aprobado tal proyecto de células madre desde que el país aprobara una ley en enero que prohibió la clonación de seres humanos.

Pero la ley permitió la investigación de células madre para propósitos médicos. El Ministerio de Salud tiene 27 proyectos de investigación de células madre que esperan su aprobación.

Hwang es más popular en Corea del sur que cualquier estrella pop y el gobierno ha publicado un sello de correo en su honor. (…)

Esa creación fue considerada como un paso gigantesco hacia el estudio del origen de las enfermedades y el cultivo de células madre que pueden realizar un reparación algún día o reemplazan órganos enfermos, médulas espinales lesionadas, o células de cerebro destruidas por el Alzheimer.

Para alcanzar esa meta, Hang dijo, la investigación con células madre en animales era crucial. Los Surcoreanos tienen una obsesión con llegar a ser primeros en el mundo, y con el orgullo nacional en el trabajo de Hwang se han anticipado a las batallas éticas.

Las noticias dadas por el Ministerio de Ciencia y Tecnología tuvo un vuelco nacionalista, al decir: «Esto demuestra otra vez que en la clonación de animales y en biotecnología, Corea del sur están a la cabeza del mundo.»[1]

Frente a estos avances, el diario norteamericano The New York Times comentaba en un editorial que “Los coreanos se han convertido en una verdadera potencia digna de ser reconocida en materia de donación e investigaciones de células madre. Este equipo (coreano) fue el primero en donar embriones humanos y extraerles células madre, y ahora es el primero en donar perro, lo que quizá sea la mayor hazaña en la clonación de mamíferos. Es el centro de gravedad en la donación y la investigación sobre células madre podría estar desplazándose hacia otros países, mientras las investigaciones en los Estados Unidos están siendo frenadas por tabúes (políticos) y restricciones financieras (del gobierno de Bush).”

Estados Unidos ha adoptado una política de rechazo o abstención frente a la clonación:

El presidente Bush ha urgido al senado de Estados Unidos a que apruebe una propuesta de ley encaminada a prohibir la clonación humana con cualquier fin, incluyendo la clonación de embriones destinados a investigación o fines terapéuticos. “La vida es creación no una conveniencia” ha dicho Bush en un reciente discurso ante un grupo de científicos, médicos, juristas, lideres religiosos y discapacitados.
Esta propuesta de ley prohíbe también la importación de terapias médicas desarrolladas con células madre obtenidas de embriones clonados. Para articular el cumplimiento de esta propuesta de ley, se contemplan penas de hasta 10 años de cárcel y multas superiores al millón de dólares. Finalmente el presidente Bush afirma que “ mientras
buscamos lo que es posible, nos debemos preguntar lo que es correcto y no debemos olvidar que incluso los fines más nobles no justifican cualquier medio”(10/4/2002)[2]

Aunque todo hace prever que los conservadores en la Casa Blanca pronto darán marcha atrás en sus reservas a las investigaciones de células madre y, Estados Unidos será el país líder de la medicina genética del siglo XX estará lejos de tener un monopolio en la nueva industria.

Al mismo tiempo que Corea del Sur se convertía en uno de los potenciales nodos de la biotecnología en el mundo, China exportaba su primer automóvil a Europa.  Se trataba de una camioneta 4×4 de cinco puertas parecida al jeep Cherokee, fabricada por Jiangling Mot Group, que arribó al puerto belga de Antwerp, como parte de un primer embarque de unos doscientos vehículos que se venderán a mil dólares cada uno. Pocos días después, llegaba a Europa el primer embarque de ciento cincuenta automóviles Honda producidos en China, bajo el nombre de Jazz. Los distribuidores chinos esperaban venden unas 2 mil camionetas Jiangling y unos 10 mil Honda Jazz en Europa en los doce meses siguientes.

China se ha convertido en una de las próximas potencias del siglo XXI, exportando miles de empresas:

“En medio de la avalancha de ropa, aparatos electrónicos y juguetes que China vende al resto del mundo hay otro producto de exportación poco conocido: empresas multinacionales. Por siglos, los chinos buscaron fortuna en el exterior, instalando restaurantes y negocios en casi todas las ciudades y ocupando incluso barrios enteros. Ahora, -informa la agencia AP- las empresas chinas están siguiendo el mismo camino, empujadas por un gobierno que ha apostado por el capitalismo para promover el desarrollo.  Buscan mercados que no han sido explotados y llevan consigo enormes cantidades de dinero generado por un mercado doméstico en plena expansión.  De repente aparecen plantas automotrices en Latinoamérica. Un floreciente mercado de materias primas promete darle nueva vida a una ciudad provincial de Suecia. Una firma que distribuye repuestos de automóviles revitaliza de la principal región industrial de Estados Unidos, se instala una fábrica de televisores en Sudáfrica y una firma de alta tecnología acumula contratos para renovar las redes de telecomunicaciones del Golfo Pérsico.”[3]

Con respecto a la producción automotriz el centro se ubica en Guangzhou, centro paradigmático de la globalización: las terminales de su aeropuerto fueron construidas por una empresa norteamericana, los puentes que llevan a los pasajeros los aviones son de una compañía holandesa, y su torre de control está operada por una firma de Singapur. Sumado a ello, los salarios en estas centrales automotrices son irrisorios comparados con los que ofrecen sus contrapartes en EEUU: los trabajadores ganan aproximadamente U$S1.50 la hora y los norteamericanos obtienen por el mismo trabajo U$S 55. A su vez, las centrales chinas cuentan con la mejor infraestructura tecnológica, una buena porción de las operaciones funcionan con robots, creados y supervisados por ingenieros chinos.

Frente al avance de China en materia económica los países latinoamericanos corren los mayores riesgos de quedarse cada vez más atrás, como productores de materias primas librados a la suerte de los precios internacionales de lo que extraen del suelo, en lugar de entrar en los mercados más grandes del mundo con productos de mayor valor agregado y ventajas comparativas. Esta cuestión ha producido debates álgidos en los principales centros académicos, la problemática del subdesarrollo pone a consideración la posibilidad o no de cambiar su lugar en la economía mundial.

Como señaló el ex presidente brasileño Cardoso en las primeras páginas de este libro, el desafío para las naciones latinoamericanas será aun mayor a partir de 2007, cuando los países asiáticos pongan en marcha el bloque de libre comercio más grande del mundo, integrado por China y los países de ASEAN. Integrando sus cadenas productivas, y aprovechando su mano de obra calificada y barata, el bloque asiático será un competidor formidable en la lucha por ganar cuotas de mercado en los Estados Unidos y Europa, los más grandes del mundo.

Los avances en los países asiáticos no deberían intimidar a Latinoamérica sino servir de ejemplo, el problema en todo caso es una cuestión de decisión política y apoyo de los sectores económicamente dominantes de cada país. El caso de Brasil es paradigmático en este sentido, la empresa brasileña Embraer ya se ha convertido en una líder mundial en la fabricación de aviones intermedios, de unos 110 asientos, que está vendiendo a compañías aéreas como JetBlue de los Estados Unidos, Air Canada, Hong Kong Express Airways y Saudi Arabian Airlines, logrando ventas anuales que superan los 3.400 millones de dólares. Embraer recientemente firmó un contrato con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos para la venta de aviones de reconocimiento por un valor potencial de 7 mil millones de dólares etilos próximos veinte años.

Por otra parte en México, la cervecera Corona y la cementera Cemex están ganando mercados en todo el mundo. En Costa Rica, las exportaciones de microprocesadores de la fábrica de Intel ya representan el 22 por ciento de las exportaciones totales. En Chile y la Argentina, se están exportando cada vez más variedades de vinos a todas partes del planeta.

Sin embargo, estos países constituyen la excepción a la regla. Las mayores corporaciones latinoamericanas, como observamos antes, siguen vendiendo materias primas. Sostener las economías nacionales a partir de un monocultivo las hace muy vulnerables, les quita estabilidad y produce una fuerte dependencia de los vaivenes de los precios de ese producto en el mercado internacional.  Sin embargo, bastarían unas pocas reformas relativamente sencillas para que los países latinoamericanos atrajeran inversiones masivas y despegaran tan rápido como lo hicieron Irlanda, España, la República Checa, China, India y los Tigres Asiáticos.

Con un marco legal que ofrezca mayor seguridad jurídica —ya sea producto de un acuerdo supranacional o de consensos internos— y una cultura de mayor competitividad comercial, educativa y científica con el resto del mundo, los países latinoamericano podrían vencer la pobreza y aumentar el bienestar de la noche a la mañana. Los ejemplos de los países que funcionan están a la vista.

[1] Extraído de http://www.universoanimal.com/presentando_a_snuppy.pdf

[2] Extraído de http://www.embrios.org/documentosdeinteres/documentosinteres

[3] Extraído de http://www.mizitacuaro.com/noticias-mainmenu-247/192-sociedad/3025-china-exporta-empresas-a-todo-el-mundo

Fuente Consultada: Cuentos Chinos de Andrés Oppenheimer

La educación en america latina Evaluación de los Profesores

La Educación en América Latina
La Evalución de los Profesores

La cultura de la evaluación: La cultura de la evaluación, una cuestión pendiente para América Latina. Cuando se habla de evaluar la educación, se suele asociar a la evaluación con una calificación, con una dicotomía entre hacer las cosas bien y hacerlas mal. Se generan muchas reticencias porque la palabra evaluar es para el estudiante una nota, para el profesor un atropello a su forma de hacer las cosas y para el administrador algo impensable o tal vez una oportunidad para demostrar cuan bien están las cosas que él dirige.

Sin embargo, la evaluación es ciertamente algo más: es el único medio que tenemos para tomar decisiones sobre la educación.
“La evaluación es un proceso complejo y multidimensional que comprende distintos componentes: visiones, valores, comportamientos, rutinas, contexto organizacional, y social, experiencias pasadas y presentes (…)”

En general los que participan en el campo educacional, tienen un concepto muy pobre sobre lo que representa la evaluación. Esto conlleva que las decisiones que se toman en materia académica en un colegio, en una Universidad o, incluso, que toma el mismo Ministerio de Educación, se basan casi exclusivamente en los resultados de pruebas estandarizadas. Es necesario crear una cultura real de evaluación al interior de las instituciones educativas para poder tomar decisiones informadas y con criterios reales. Al hablar de cultura de la evaluación se hace referencia a la necesidad de evaluar permanentemente.

“La evaluación es más que dar una nota o ”rellenar las bolitas” de una encuesta en un momento puntual; es un ejercicio mucho más profundo que se debe desarrollar constantemente, clase a clase, día a día. Es una recolección de información detallada para mejorar la educación. Un profesor que le pregunta a sus estudiantes que tal le parecen los métodos de enseñanza que él utiliza, qué tan adecuadas son las oportunidades de aprendizaje de sus clases, qué tal hace las cosas. Un estudiante que le pregunta a su profesor en qué puedo mejorar, qué debo hacer para comprender mejor, qué tengo que hacer para llegar a ser un buen profesional. Un administrador que le pregunta a todo su personal (profesores y estudiantes) cómo podemos hacer de la educación que impartimos la mejor.”
Lo imprescindible es que la evaluación no tenga connotaciones negativas, es decir, sinónimo de reprobar una materia o un trabajo. Al contrario, la evaluación debe ser una oportunidad para mejorar y hacer la cosas cada vez mejor. Por esta razón, deberíamos alegrarnos al ver evaluaciones con resultados que muestran también las cosas que están mal.

El desconocimiento sobre la profundidad y la complejidad de la evaluación provoca que se diseñen modelos de evaluación para mostrar sólo los aspectos positivos, “lo que está bien”, de esta forma se elimina toda posibilidad de ver los errores para cambiar y transformar a partir de ellos.
Al respecto se puede preguntar ¿por qué ese afán de mostrar que se hacen las cosas bien?

“Es evidente que la evaluación tiene unas implicaciones políticas importantes: a ningún rector le gustaría mostrar que los estudiantes bajo su mandato no estuvieron contentos con las clases que recibieron, por el contrario, les gustaría mostrar que todos los profesores llegaron a tiempo, le entregaron un programa a sus estudiantes y que se cumplieron todas las clases. Es por eso que se evalúa lo que no tiene sentido evaluar, lo que no da información suficiente para tomar decisiones.”

Lo que se hace evidente entonces es que hay que cambiar de actitud frente a la evaluación. La evaluación es una especie de válvula que muestra qué cuestiones se pueden mejorar y a partir de ellas, transformemos nuestras prácticas. Evaluar no es malo, por el contrario, evaluar es el camino para no seguir haciendo las cosas mal. Hay que otorgarle el verdadero sentido a la evaluación para poder lograr un cambio educativo, y por lo tanto, de nuestra sociedad.

En Latinoamérica se han generado algunos debates en torno a cuáles serían las transformaciones que se deberían producir para construir una cultura de la evaluación. Algunos teóricos hacen referencia a la necesidad de adoptar rankings de estudiantes, como los que se llevan a cabo en los países desarrollados, en otras palabras fomentar la cultura de la competencia.
Un claro ejemplo de este tipo de cultura se produce en China donde los maestros hacen rankings de las notas que sacan los alumnos de sus clases, luego las colocan en la pizarra para que todos las vean. En este sentido, los estudiantes chinos son muy buenos en los exámenes, porque están acostumbrados desde muy chicos a que los evalúen desde el primero hasta el último de la clase.

Algunos expertos en educación internacional como Jeffrey Puryear, vicepresidente para Política Social del Diálogo Interamericano y director del programa de educación de dicha organización, existen soluciones para aquellos países que tienen “rezagos educativos”. Las mismas se basan en la adopción de tres objetivos: mayor participación de los padres en la educación de sus hijos, aplicación de estándares más exigentes desde la escuela primaria, es decir la permanente evaluación de los estudiantes y el sistema de rendición de cuentas de profesores directores de escuela.
Según Puryear, “en los sistemas educativos latinoamericanos prácticamente no hay consecuencias. Pueden existir profesores buenos o malos, pero eso no importa, ya que no hay ninguna diferencia en cómo son tratados: un maestro no pierde su trabajo por un mal desempeño, ni gana más por su buen desempeño”. En varios países Asia, al igual que en Nueva Zelanda, Australia y Holanda, se han hecho reformas educativas para incentivar la rendición de cuentas y evaluación de los estudiantes y sus escuelas, con excelentes resultados agregó. “En América latina se consideró prioritaria la cantidad, no la calidad. Y eso es un grave problema”, concluyó.

Sin embargo, existe un peligro en querer adoptar aquellas políticas generadas para países que tienen trayectorias muy diferentes a los países latinoamericanos. Al respecto Daniel Filmus (foto), el ex Ministro de Educación argentino expresó que “el problema nuestro con los rankings es que muchas veces terminan defendiendo no la capacidad, ni la calidad, sino el nivel socioeconómico”. En la Argentina hay enormes desigualdades sociales, que hacen que los jóvenes vayan a escuelas primarias y secundarias de calidades diametralmente opuestas y lleguen a la universidad con niveles de preparación muy distintos. “Si el chico no fue al jardín de infantes, después fue, una pésima escuela básica, y después fue a una escuela media donde no se estudia, va a estar en desventaja con otro que va a un muy buen jardín de infantes, y después fue a una muy buena escuela bilingüe privada. Entonces, la pregunta es cómo nivelar”.

Filmus coincidió en la necesidad de construir una cultura de la evaluación. “Acá en la Argentina tenemos un retraso en ese sentido. En los últimos treinta años no ha habido una cultura de la excelencia, ni del esfuerzo, ni del trabajo. Tenés un desarrollo y una cultura que está mucho más vinculada a lo que los argentinos llaman el zafe, o sea, pasar de grado, que al éxito basado en el esfuerzo, el trabajo y la investigación. El tema es cómo introducir la cultura de la calidad”, afirmó.

Frente a este contexto, la cultura de la evaluación no se asocia con el hecho de llegar a una evaluación indiscutible, objetiva o imparcial, sino a la posibilidad de ampliar su alcance, de incrementar los esquemas de percepción e interpretación para llegar a apreciaciones mucho más comprensivas, fundamentados en el valor sustantivo de la evaluación que se realza sobre una connotación meramente instrumental.

Es un concepto vinculado al cambio, a la institución, por cuanto promueve a la evaluación como un elemento esencial en el desarrollo organizacional, vinculado al mejoramiento continuo, al cumplimiento de objetivos y metas y a la búsqueda de la calidad y de la excelencia académica.

Fuente Consultada: Cuentos Chinos de Andrés Oppenheimer

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