Galeno: El Primer Medico Romano Científico

Biografia de Rawson Guillermo Medico Sanitarista y Su Obra

Biografía de Rawson Guillermo Medico Sanitarista Argentino

El higienista Guillermo Rawson. — Después de una brillante actuación pública como Senador Nacional y Ministro del Interior del presidente Mitre, Guillermo Rawson (1821-1890) se incorporó a la Facultad de Medicina como titular de la cátedra de Higiene, que acababa de crearse.

Su visión lo llevó a vincular las cuestiones de la higiene pública con las cuestiones sociales -—pauperismo, salarios, urbanismo, régimen de trabajo, organización social, etc.—, colocando el centro de gravedad de la materia en las condiciones sociales de la colectividad.

Guillermo Rawson medico argentino

Representante de nuestro país en el Congreso Médico Internacional, reunido en Filadelfia en 1876, presentó una Estadística vital de Buenos Aires, que fue el primer trabajo que sobre el tema se efectuó en nuestro país.

La habitación insalubre y superpoblada —sostuvo— repercute en el aspecto físico de la población, aumentando las enfermedades transmisibles y elevando la mortalidad.

Para neutralizar esta deficiencia señaló la necesidad, en el caso concreto de Buenos Aires, de fijar un plan de saneamiento de la ciudad, convirtiendo en parques algunas de sus plazas y transformando en avenidas algunas de sus calles y aplicando normas higiénicas para luchar contra las enfermedades epidémicas, disminuir la mortalidad infantil y atacar a los flagelos sociales, en especial la tuberculosis.

De ahí que los esfuerzos posteriores tendientes a reformar la habitación y la ciudad, en un sentido higiénico, tuvieran en Rawson un precursor.

En Estudio de las casas de inquilinato de Buenos Aires relacionó los problemas higiénicos con las cuestiones sociales y económicas.

Destacó la degradación física y moral a que, por las condiciones de su albergue, está sometida la masa de los seres que «viven para sufrir y que no alcanzan más descanso que el de la muerte».

De ahí que sostuviera que la co rrección de esa deficiencia constituía para la sociedad un interés primordial y un deber imperioso. «Es necesario —expresaba— proveer a la construcción eficiente de habitaciones para ese fin; es preciso estimular el capital privado; el espíritu de asociación, el sentimiento de filantropía, y sobre todo aclarar ante la conciencia del pueblo este hecho poco meditado: que no son solamente los desgraciados habitantes de los conventillos los que pagan la pena de tan desgraciada condición, con la salud y con su vida, sino que esos centros impuros se convierten en focos para difundir por todas partes las emanaciones mórbidas que allí se cultivan y que alcanzan aún a las regiones más elevadas de la población; que las epidemias de toda naturaleza tienen su origen fecundo en esas casas insanas y que de allí se extienden en seguida para hacer los centenares y millares de víctimas que tantas veces hemos contemplado».

Sus Observaciones sobre higiene internacional, trabajo de Rawson que fue motivo de elogiosos comentarios en los círculos científicos europeos, contiene la afirmación novedosa en su época de que la mejor medida para evitar las epidemias consiste en cuidar las condiciones higiénicas de toda ciudad y reducir su mortalidad al mínimo.

Mitre Bartolome

Como ministro del Interior del presidente Mitre desarrolla una labor amplia y fecunda, la más destacada de su vida política. Su nombre figura como serio candidato a la Presidencia de la República. Desvanecidas en el gabinete y los cambios políticos ocurridos a raíz de la muerte del vicepresidente en ejercicio, Dr. Marcos Paz, lo llevaron a renunciar al ministerio.

Como ministro del Interior del presidente Mitre desarrolla una labor amplia y fecunda, la más destacada de su vida política. Su nombre figura como serio candidato a la Presidencia de la República. Desvanecidas en el gabinete y los cambios políticos ocurridos a raíz de la muerte del vicepresidente en ejercicio, Dr. Marcos Paz, lo llevaron a renunciar al ministerio.

Sus Observaciones sobre higiene internacional, trabajo de Rawson que fue motivo de elogiosos comentarios en los círculos científicos europeos, contiene la afirmación novedosa en su época de que la mejor medida para evitar las epidemias consiste en cuidar las condiciones higiénicas de toda ciudad y reducir su mortalidad al mínimo.

«La fiebre amarilla, el cólera y cualquiera otra de las antiguas o modernas enfermedades infecciosas que se presente a la puerta de una ciudad tan sana como lo determina la medida de su reducida mortalidad, puede producir un accidente por la comunicación imprudente del sujeto enfermo o por los otros medios de transmisión reconocidos ; pero, dadas las condiciones propicias del medio ambiente, la enfermedad quedará limitada al escaso número de personas que fueron directamente afectadas por el introductor, y de ninguna manera se convertirá en una epidemia grande o pequeña».

Pero las previsiones de Rawson fueron más allá: auspició que por medio de convenciones internacionales se acordara que, al producirse una epidemia en un país, todas las naciones civilizadas prestasen su ayuda científica y financiera para ir al fondo del mal y remover las causas originarias de la epidemia y suprimirlas.

La labor científica de Guillermo Rawson repercutió en la ciencia médica de nuestro país, que en el presente siglo se ha orientado preferentemente hacia la medicina preventiva y la medicina social.

«Yo pienso —manifestó Rawson a los estudiantes al dejar la cátedra de la Facultad de Medicina— que las cuestiones de la higiene son las que han de resolver la prosperidad de nuestro país, no sólo en lo físico, sino en lo moral y en lo psicológico. Pienso que es necesario difundir las nociones de la higiene, popularizarlas, habituar a la sociedad con estas maravillas de la ciencia que han de producir los fenómenos asombrosos que encontramos realizados en las grandes poblaciones del mundo».

Fuente Consultada:Historia de la Cultura Argentina Artes-Letras-Ciencias de Manuel Horacio Solari Editorial «El Ateneo»

Biografia de William Harvey Descubridor de la Circulacion de la Sangre

Biografia de William Harvey
Descubrimiento de la Circulación de la Sangre

Durante la ultima década del siglo XVI, y a lo largo del XVII. se hicieron grandes adelantos científicos. Se destacan los nombres de Torricelli, Gilbert, Galileo, Kepler, Newton y Boyle, por nombrar solamente unos pocos. Pero en medicina hay un nombre importante, el de Guillermo Harvey, cuyos estudios sobre la circulación de la sangre, ya descubierta por Miguel Servet, revolucionaron la medicina. Muchos de los científicos del siglo XVII que investigaban animales vivos estaban muy influenciados por los antiguos filósofos griegos Aristóteles y Galeno.

William Harvey rompió esta sumisión ciega hacia el pasado, y al hacerlo descubrió que la sangre circula por el cuerpo. Esto contrastaba con el concepto establecido que decía que la sangre se producía constantemente en el hígado y se consumía en el cuerpo. Más que adoptar el punto de vista de los filósofos, que ponía un gran énfasis en pensar lo que ocurría. Harvey formó su opinión después de llevar a cabo experimentos y disecciones. Su interés por la anatomía lo llevó también a estudiar los orígenes de la vida: los primeros días de los embriones mamíferos.

HARVEY WILLIAM: (Folkstone, 1 de abril de 1578 – Londres, 3 de junio de 1658). Médico, fisiólogo y embriólogo inglés. Ingresa en el Grammar School de Canterbury a los 10 años. Posteriormente, en el Caius College, donde empezó a orientar su vida hacia la ciencia.

En 1598 va a Padua, donde reside hasta 1602, que es cuando obtiene el título de doctor y tiene como profesor a Fabrizio, quien le enseña unos hallazgos anatómicos y embriológicos que van a ser decisivos en su orientación y desarrollo dentro de la embriología y fisiología.

La introducción del método galileano en las diferentes ramas de la investigación no se detiene en las fronteras de la ciencia de lo inanimado; sus repercusiones fueron profundas en la biología,

donde la aplicación de los principios mecánicos a los fenómenos de la vida condujo a inventar las bases de la fisiología moderna. El más brillante de los progresos realizados en este sentido es el descubrimiento de la circulación de la sangre.

En el siglo XVII muchos científicos creían ciegamente en los escritos de Aristóteles, que apuntaba que las cosas estaban presentes en el cuerpo porque habían sido colocadas allí deliberadamente para llevar a cabo una función específica. Mediante el estudio de la forma y la posición de un órgano se podría determinar su función. Su tamaño daría cuenta de su importancia. William Harvey tomó este concepto y lo extendió no sólo a la observación del cuerpo, sino a la realización de experimentos en animales vivos.

Harvey (1578-1658) nació en Folkestone. Se educó en la Canterbury Grammar School y en el Caius College de Cambridge. Luego se trasladó a Padua para estudiar medicina, siendo Fabricius uno de sus maestros. Después de graduarse en medicina, volvió a Inglaterra y se estableció en Londres, donde trabajó como médico. Fue nombrado médico del Hospital de San Bartolomé y más tarde llegó a ser catedrático de anatomía y cirugía. En 1618 fue nombrado médico de Jaime I y, más tarde, de Carlos I de Inglaterra.

Para los científicos médicos, la otra gran autoridad era el físico griego Galen, que trabajó un tiempo considerable bajo el anfiteatro de Roma en el siglo II. El abastecimiento regular de gladiadores heridos le dio un acceso sin precedentes a heridos. Galeno ideó un concepto completo de la sangre, pero por desgracia, un concepto totalmente erróneo. Apuntó que había dos tipos de circulación de la sangre desde las heridas.

En una la sangre era roja brillante y salía a chorros y en la otra era azul oscura y fluía de forma constante. Estas observaciones lo convencieron de que éstos eran dos tipos diferentes de sangre. También creyó que había un tercer tipo de sangre que fluía entre los nervios.

Galeno creía que la comida se convertía en líquido en el estómago. Este líquido pasaba por el hígado, dónde se convertía en sangre. Esta sangre fluía por el cuerpo en las venas y se consumía en el cuerpo. Parte de la sangre iba al corazón, dónde se mezclaba con aire de los pulmones y formaba un «espíritu vital», que pasaba después al cuerpo a través de las arterias. Parte de esta sangre iba al cerebro y se retinaba en «espíritus animales». Ésta se distribuía por todo el cuerpo por medio de los nervios.

Según Galeno, el corazón era una caldera que quemaba el aceite que producía el hígado. Los gases pasaban por la arteria pulmonar y salían por la tráquea; después de todo, apuntaba él, podías ver estos gases los días fríos.
Nadie tomó en serio este punto de vista hasta que los anatomistas del siglo XVI comenzaron a analizar el corazón. Para los conceptos de Galen tenía que haber unos poros que permitieran que la sangre pasase entre las cavidades del corazón, pero nadie encontró estos poros. Estaba claro que algo no cuadraba.

A mediados del siglo XIII el árabe IBN AL NAFIS entrevió vagamente la circulación pulmonar y en el siglo XVI el italiano REALDO COLOMBO y el catalán MIGUEL SERVET —quemado por herético en la hoguera que encendieron fanáticos calvinistas— negaron la existencia de invisibles pasajes de la sangre a través del tabique interventricular y reconocieron que la sangre iba del lado izquierdo al derecho por intermedio de los pulmones.

Al hallazgo de esta “pequeña circulación” un eminente discípulo de COLOMBO, el botánico ANDREA CISALPINO, agregó algunas indicaciones sobre una posible gran circulación. Estas investigaciones e hipótesis fueron reunidas en una magnífica síntesis hecha por el médico inglés WILLIAM HARVEY (1578-1657), que había estudiado en Padua el arte de GALENO.

HARVEY observó que las válvulas de la vena impiden que la sangre avance en otro sentido que no sea hacia el corazón, y procuró demostrar matemáticamente —a la manera de GALILEO— la realidad de la circulación cerrada. Midió la capacidad del corazón y encontró que la cantidad de sangre empujada en el cuerpo por cada sístole es de dos onzas.

El corazón palpita setenta y dos veces por minuto, de modo que por hora arroja dentro del sistema 2 x 60 x 72, es decir, 8.640 onzas, que es el triple del peso del cuerpo humano. ¿De dónde viene y a dónde va toda esa sangre? Evidentemente el alimento es incapaz de suministrar tal cantidad de líquido sanguíneo. Se impone así la conclusión de que la sangre recorre siempre la misma ruta para volver a su punto de partida y que continúa su interminable circulación hasta la muerte.

La publicación de Anatómica de motu cordis que un punto de inflexión en la historia de la medicina. Tiraba por tierra siglos de confianza en la filosofía griega y daba la entrada a una nueva etapa de ciencia. Publicado en 1628 enseña como circula la sangre en un organismo y dá por tierra el antiguo concepto de la inmovilidad sanguínea. Se inicia así un enfrentamiento entre ambas teorías, hasta que finalmente en 1661 el italiano Marcelo Malpighi demuestra que la sangre es impulsada de las arterias hacia la venas a través de los capilares.

Unos datos sobre su vida: En 1604 en Inglaterra, contrae matrimonio con la hija de un médico londinense. En 1606 es nombrado médico del Hospital de San Bartolomé de Londres. Pero el afán científico que despertó en él Fabrizio le lleva a solicitar del College of Physicians el cargo de profesor en un curso de Anatomía en 1615. En 1616 aparecen unas notas suyas con unas ideas revolucionarias sobre la circulación sanguínea. Pero hasta 1628 no publica definitivamente su descubrimiento, que le da gloria y aumenta su prestigio.

En 1632, Carlos I le nombra médico de Cámara, y en la guerra civil le encomienda el cuidado de sus hijos. Su gran lealtad al rey le hace acompañarle en su retirada a Oxford, en 1642, donde fue maestro en el Merton College. En 1646 regresa a Londres y en 1651 publica su concepción de la embriología.

En cuanto a la obra científica de Harvey, hay que destacar dos aspectos fundamentales: la descripción de la circulación sanguínea y sus doctrinas embriológicas. En sus indagaciones sobre la función circulatoria, da respuesta a cuatro cuestiones importantísimas: el significado de la contracción cardíaca, el paso de la sangre desde el lado derecho del corazón al izquierdo, el movimiento circulatorio de la sangre por todo el organismo, y las consecuencias que estos hallazgos tienen en la Medicina y en la Biología.

Para llegar a estas conclusiones, Harvey se apoya en tres hipótesis: que la cantidad que pasa de la vena cava al corazón es muy superior a la cantidad de alimento ingerido; que en los miembros, la sangre afluye por las arterias y refluye por las venas en cantidad muy superior a la necesaria para su nutrición; por último, la sangre retorna al corazón por las venas únicamente. También observó la velocidad con que un organismo se desangra al sufrir una artriotomía, la vacuidad de las arterias en un cadáver. Todos estos descubrimientos suscitaron una gran polémica, ya que los galenistas negaron toda validez a sus conclusiones.

Como embriólogo, estudiando la generación del pollo y de los animales vivíparos le permitió llegar a importantes hallazgos y elaborar su doctrina embriológica. Distinguió dos modelos de generación: la epigénesis y la metamorfosis. La primera, propia de los animales superiores; y la segunda, de los seres inferiores. Pero, al igual que ocurrió con sus descubrimientos circulatorios, su doctrina embriológica tampoco fue aceptada. Empezó a tener vigencia histórica en el siglo XVIII.

Los resultados de su trabajo sobre la circulación de la sangre fueron publicados el año 1628 en su libro De Motu Cordis. Pero los apuntes de su primera clase como profesor, en 1615, muestran que ya sostenía la teoría de que la sangre pasa de las arterias a las venas, que el corazón es una bolsa musculosa y que «el movimiento de la sangre es un ciclo continuo, producido por el latir del corazón».

También se dio cuenta de que las válvulas de las venas sirven para impedir que la sangre circule en dirección opuesta. Antes del descubrimiento de la circulación de la sangre, se pensaba que ésta sufría una especie de flujo y reflujo desde y hacia el corazón. No se sabía que la sangre circulaba a través del cuerpo, principalmente porque no se habían descubierto vías de unión entre las arterias y las venas. Se veía que las arterias se ramificaban en vasos cada vez más pequeños al penetrar en los órganos, pero, en un tiempo en el que no existía la ayuda del microscopio, no podían verse los finos vasos que k hacen la unión (capilares).

A pesar de que Harvey no disponía de microscopio para observar los capilares, estaba firmemente convencido de la existencia de canales, a. través de los cuales la sangre pasa de las arterias a las venas.

ALGO MAS…
LOS ESTUDIOS DEL CIENTÍFICO:

Harvey, que no en vano había sido alumno de Pabrice d’Acquapendente, se interesó especialmente por los estudios sobre la circulación de la sangre. Durante años realizó experimentos, uno tras otro, sobre animales y hombres, vivos y muertos, sin desanimarse nunca. Durante sus investigaciones llenaba cuadernos y cuadernos de apuntes.

El 17 de abril de 1618, Harvey pronunció desde la cátedra universitaria su primera y famosa disertación sobre la circulación de la sangre, que causó el efecto de una bomba en el campo científico. Los estudiosos de todas las naciones se interesaron en seguida por este joven profesor de 40 años, y por su teoría revolucionaria. La mayoría de los médicos de esa época seguían, en efecto, las teorías de Galeno que, en lo referente a la circulación, estaban muy equivocadas. Harvey demostró, con pruebas exactas, cuál era el estado de la cuestión.

Después de otros diez años de investigaciones y estudios, Harvey publicó (1628) su famosa obra escrita en latín (la lengua de los estudiosos de esa época) «Exercitatio anatómica de motu cordis e sanguinis in animalibus«, es decir: «Ejercitación anatómica sobre el movimiento del corazón y de la sangre en los animales» (no era muy prudente decir «en los hombres»).

En este libro, de gran importancia en la historia de la medicina, Harvey demostró con pruebas indiscutibles que el corazón se contrae durante la sístole, y que arroja la sangre, por el lado izquierdo, dentro de las arterias, que la llevan por todo el cuerpo. Luego, la sangre regresa a través de las venas, y la parte derecha del corazón la bombea a los pulmones, de donde pasa, ya purificada, a la parte izquierda, lista para ser nuevamente distribuida. También afirmó que en el corazón no había comunicación directa entre la parte izquierda y la derecha.

Aclaremos que antes de Harvey otros científicos habían sentado algunos principios relativos a la función del corazón en el mecanismo de la circulación sanguínea. Éste ya había sido entrevisto por el español Miguel Servet, en 1553, y por los italianos Realdo Colombo y Andrés Cesalpino, en 1558 y 1559 respectivamente. Pero Harvey fue el primero en describir claramente el cuadro completo de la circulación, y el primero en demostrarlo con una serie de pruebas y cálculos exactos. Describió cuidadosamente el corazón y su funcionamiento y, especialmente, fue el primero en afirmar que el corazón es una bomba. El viejo y glorioso Harvey murió en Rochampton el 3 de junio de 1657.