Gioachino Antonio Rossini

Biografia de Rossini Gioacchino Antonio Compositor Italiano

Biografia de Rossini Gioachino Antonio Musico

JOAQUÍN ROSSINI (1792-1868)
Sin poseer la sensibilidad refinada de un Mozart, la grandeza emotiva de un Beethoven o el misticismo grandilocuente de un Wagner, Gioachino Antonio Rossini (Joaquín A. Rossini) ocupa un lugar de cierta categoría en la música moderna.

Joaquin Rossini o
Gioachino Antonio Rossini ( 29 de febrero de 1792- 13 de noviembre de 1868), fue un compositor italiano. Su popularidad le hizo asumir el «trono» de la ópera italiana en la estética del bel canto de principios del siglo XIX, género que realza la belleza de la línea melódica vocal sin descuidar los demás aspectos musicales.

Dotado de una precocidad extraordinaria, idolatrado por los públicos con la rapidez de un Paganini o de un Liszt, Rossini sucumbió a su propio éxito. Su aportación a la ópera en el primer cuarto del siglo XIX fue extraordinaria, de tal modo que influyó sobremanera en el triunfo de la música italiana en Europa.

Pero fue un triunfo de facilidad, de someterse a lo menos difícil e, incluso, de vulgaridad. No supo trabajar su arte ni elevarlo a la perfección que podía alcanzar. Es-piritualmente débil, se satisfizo con los triunfos de su juventud y con la fama que le perduró de los mismos.

Rossini nació en Pesaro el 29 de febrero de 1792. Su padre José era trompeta del municipio. Partidario de las ideas revolucionarias, intervino en las luchas políticas de su tiempo, por lo que sufrió persecuciones, cárceles y destierros.

El pequeño Rossini creció, pues, en un ambiente poco confortable y, por reacción natural, fue durante su vida partidario de las ideas conserva^ doras.

.Su vocación musical se despertó en Lugo (1802), adonde se había trasladado su familia. Aquí recibió las primeras e inolvidables lecciones de música de José Malerbi. Su educación continuó en Bolonia (desde 1804), a cargo de un tal Ángel Tesei.

Muy pronto pudo emplearse en el mismo teatro donde actuaban sus padres, José en la orquesta y Ana Guidarini en las tablas. Este hecho motivó su gran conocimiento de la realidad y las exigencias de la ópera, tanto para el compositor como para los artistas, la orquesta y el público.

Algunos éxitos que tuvo como cantante (1805), hicieron creer a su padre que el futuro de su hijo se hallaba en esta orientación, y le matriculó en el Liceo musical de Bolonia (1806).

Pero aquí la vocación de Rossini se afirmó más en el estudio de Haydn y Mozart que en las lecciones de sus maestros. Después de tres años de permanencia en el Liceo, compuso sus primeras óperas, una de las cuales, La Cambíale di Matrimonio, tuvo cierto éxito en Venecia (1810).

Pero la vulgaridad de los libretos impidió que Rossini triunfara plenamente hasta 1813, en cuyo año su Tañeredo fue acogido clamorosamente (6 de febrero) por el público y la crítica.

Realmente, no era una ópera revolucionaria. Pero ciertas innovaciones orquestales y la claridad y dulzura de la melodía conquistaron a Italia.

El éxito de Rossini en Venecia no se repitió en Milán con otras óperas (1814). Sin embargo, su fama había llegado a Nápoles. El empresario Barbaja le ofreció la dirección musical del Teatro San Carlos en muy buenas condiciones.

Rossini se trasladó a Nápoles (1815), en cuya ciudad dióse la primera representación de su ópera Almaviva (1816), rebautizada más tarde por el público con el nombre de El barbero de Sevilla.

La pieza, pese al fracaso del estreno, tuvo un éxito extraordinario, y muy pronto se representó en todos los teatros de Italia.

A fines del mismo año se estrenaba, en Nápoles, el Ótelo, y en enero siguiente, en Roma, la Cenerentola, óperas que en su género respectivo señalan el ápice del genio de Rossini. No olvidemos que en esta época tenía veinticuatro años.

Unos trece le quedaban de producción operística. Halagado por los públicos de Italia, el mundo entero se avasalló a sus pies. En 1822 dirigió los conciertos del Congreso de Verona.

En 1823 se trasladó a Inglaterra para representar sus óperas en el King’s Theater. En 1824 se instaló en París con el cargo de director del Teatro Italiano de la capital y un sueldo, para la época, fabuloso.

Al terminar su contrato en 1826, Carlos X le nombró compositor de la corte e inspector general de las instituciones de canto en Francia. En 1829 compuso el Guillermo Tell, su última ópera, en la que el arte rossiniano se adaptaba a las exigencias artísticas de la nueva generación y preludiaba un brillante futuro. P

ero Rossini, por causas hasta hoy muy poco precisadas, se abstuvo de componer más óperas. Quizás intervinieran en esta decisión el estado de su salud, cada día peor, su debilidad espiritual y su holgazanería física. Sin embargo, en este último período de su vida compuso la perla del Stabat mater (1832-1839).

Después de la revolución de julio de 1830, Rossini vivió hasta 1836 en París; en 1836 se estableció en Bolonia, de cuya ciudad se trasladó a Florencia ante los motines revolucionarios de 1848.

En Florencia residió hasta 1855. Por último, en esta fecha regresó a París, en una de cuyas localidades satélites (Passy) murió el 13 de noviembre de 1868.

fuentes