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Historia del Uso del Guante a Través del Tiempo Significado

Historia del Uso del Guante
Significado: «Arrojar el Guante»

Cuenta una leyenda griega que mientras Afrodita, diosa del amor y la belleza, perseguía en los bosques al hermoso mancebo Adonis, se lastimó las manos con unas espinas. Las Gracias, tres divinidades secundarias de quienes los antiguos esperaban toda clase de prosperidad, en cuanto oyeron sus lamentos acudieron presurosas y, para evitar que ese percance se repitiera, tuvieron la idea de unir unas tiras delgadas y livianas que adaptaron a las preciosas manos de la diosa.

Si diéramos fe a esta leyenda, podríamos suponer que las Gracias fueron las inventoras del guante. Sin embargo, se ha comprobado que, mucho antes que los griegos, los habitantes del Norte, expuestos a los grandes fríos, tuvieron necesidad de proteger sus manos contra los rigores de la nieve, el hielo y los vientos polares.

El célebre general e historiador ateniense Jenofonte afirmó que los persas, después de cubrirse durante el invierno la cabeza y los pies, optaron por usar mitones (un guante sin cerrar en los extremos de los dedos) . Estos accesorios estaban muy difundidos entre otros pueblos de Asia Menor, y tanto etruscos como egipcios conocían su uso desde antiguo. Pero entre los habitantes del Nilo, los guantes tenían un carácter especial: se los consideraba atributos del faraón, a quien se suponía de origen divino.

En los pugilatos, los romanos empleaban un tipo de guantes que pueden considerarse, con razón, como los predecesores de los actuales guantes de boxeo. Eran una especie de manoplas armadas con correas llamadas cestos, que tenían en su interior laminillas de plomo para que los golpes resultaran más enérgicos.

En el siglo IV, para los caballeros el guante era un objeto de lujo, un símbolo de elegancia y un distintivo de casta. Durante la Edad Media, la armadura de los hidalgos incluía manoplas de acero; pero con el refinamiento de las costumbres, las manoplas aceradas se transformaron en guantes de terciopelo muy fino, a veces adornados con perlas y piedras preciosas. Sin embargo, la tradición y la etiqueta no permitían el uso de guantes a las damas. Además, eran un símbolo de la investidura feudal, un testimonio de ennoblecimiento otorgado por un emperador o un rey.

historia del guante

Guante metálico de protección en los caballeros medievales

Entregar guantes a un hombre era lo mismo que confiarle una misión, conferirle un poder, ponerlo en posesión de un bien preciado. En el Ciclo de la Mesa Redonda y en algún texto del siglo XII, como La Canción de Rolando, el guante desempeñó un gran papel. Menciona este último documento que, para dispensarle confianza a una persona, le entregaban el guante y el bastón.

Hacia el siglo IX, cuando las mujeres empezaron a llevar guantes, los guanteros emplearon diversos materiales para confeccionarlos y les dieron curiosas formas. Se sabe que en su realización se usaron toda clase de pieles, badanas y telas, tales como gamuza, conejo, cordero, cabritilla, marta, nutria, perro, lobo, zorro, gato, liebre, ciervo y búfalo.

Hasta los engalanaron con encajes, botones y delicadas armas. En algunas cuentas de gastos se hace mención de los guantes. Se lee que los de mujer iban adornados con cintas o trencillas de colores y que algunos llevaban un rosetón en el dorso. Es interesante hacer notar que en la antigüedad los guantes femeninos estaban profusamente adornados con botones se ha tenido notivcia de unos guantes de piel de perro que llevaban veinticuatro botones de oro y se ajustaban a la muñeca con cuatro botones de perlas.

Durante largo tiempo, los guantes fueron prenda de caballeros, y hasta los de terciopelo adornados con piedras preciosas estaban prohibidos a las mujeres.Los nobles y los ricos llevaban guantes que alcanzaban precios fabulosos; a menudo estaban adornados con escudos de armas.

Un solo guante confeccionado con piel de búfalo o de ciervo y con botones de oro, reforzado alrededor de la muñeca con cuero más resistente, era la insignia de los halconeros que acompañaban a los señores durante las grandes cacerías. En los siglos XII y XIII, Italia, Francia y España rivalizaban en la industria del guante. Los guanteros no tardaron en llegar a ser perfumistas y los guantes perfumados estuvieron en boga durante mucho tiempo. En España se perfumaban con aceite de jazmín, ámbar, aceite de cedro, azahar y rosa.

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Arrojar el guante al rostro de un hombre era una grave injuria que sólo podía ser lavada con sangre.

Parece que el antecedente de la práctica de “arrojar el guante” como señal de desafío y la de “recoger el guante” como aceptación del reto, entre los hidalgos y caballeros de pasadas épocas, está basado en una leyenda que cuenta que, con el propósito de probar el amor de su pretendiente, una dama dejó caer en aparente descuido su guante en la jaula de los leones, ante la mirada de los caballeros y damas presentes. En osada acción, don Manuel de León recogió el guante y, al entregarlo a su dueña, le dio un bofetón en el rostro para que “otro día, por un guante desastrado, no pongáis en riesgo de honra a tanto buen fijodalgo”. La dama, vencida, le ofreció su mano por su valentía.

         Los guantes venecianos fueron célebres, pero Venecia también los importaba de Oriente y estaban adornados con gemas. Los guantes del Dux deslumhraban con sus zafiros, sus rubíes o sus esmeraldas, y lucían hermosos dibujos inspirados en los encajes venecianos y en la riqueza oriental que había heredado Venecia.

Catalina de Médicis, María Estuardo y la reina Isabel dieron mucha importancia al lujo de sus guantes. Entre los hombres, la idea del reto se asociaba siempre al acto de arrojar el guante, pero ese gesto podía significar también protesta contra una condena injusta. Conrado de Hohenstaufen, al subir al cadalso, arrojó su guante a la muchedumbre. Se cuenta que fue recogido por Juan de Procida, promotor de las Vísperas Sicilianas.

La costumbre de no tender nunca la mano enguantada deriva, tal vez, de que otrora se emplearon guantes como medio para desembarazarse de algún enemigo o rival. Se untaban externamente con un poderoso veneno que, al penetrar en los poros de la mano tendida, producía la muerte a la confiada víctima. Pero, entre auténticos amigos, los guantes no se retiraban nunca.

En la Edad Media no se permitía que una persona permaneciera enguantada en presencia de un superior. Se cuenta que un clérigo penetró en el templo con los guantes puestos y sólo pudo quitárselos después de muchos días de oración, pues parecían pegados a su dedos, como castigo.
En las miniaturas de los siglos XIV y XV se ven personajes con los guantes en la mano.

El uso del guante alcanzó su apogeo a fines de la Edad Media. Los llamados guantes litúrgicos constituían parte de los ornamentos que se entregaban al nuevo obispo en el momento de su consagración. Los guantes litúrgicos comenzaron a usarse antes del siglo XII, y llevaban en el dorso un bordado de oro que representaba una cruz, un cordero pascual, un monograma o cualquier otro símbolo relacionado con el culto.

En la actualidad, los guanteros fabrican algunos guantes extravagantes, pero sin mayor éxito, porque el público prefiere prendas sencillas y elegantes al mismo tiempo. Mas se da mucha importancia a la calidad de las pieles empleadas y al corte, y la fabricación está sometida a normas fijas que son las mismas en el mundo entero.

Las pieles sin curtir se apelambran sometiéndolas a un tratamiento especial con una mezcla de hidrato de calcio. Seguidamente se las deja descansar; luego se procede a seleccionarlas, apartando las más finas para la confección de guantes de mayor precio, tras lo cual las pieles pasan a la tintorería; allí comienza la verdadera elaboración, con sus tres operaciones: curtido, corte y recortado final.

Las pieles, que ya han sido cortadas según los moldes de las diferentes partes de la mano, son unidas y cosidas a máquina o a mano. Luego vienen el planchado y el lustrado. El primero se realiza por medio de un cilindro que se hace rodar sobre el guante o con planchas eléctricas especiales. El lustrado se obtiene con rollos de madera cubiertos de fieltro, que se hacen deslizar velozmente sobre el cuero.

En la actualidad, los guantes no se fabrican solamente con cuero. Las damas elegantes, en reuniones de gran gala, lucen maravillosas creaciones confeccionadas con la misma tela de sus vestidos; estos guantes de fiesta son generalmente largos, cubren el antebrazo y hasta parte del brazo, y lucen recamados con hilos dorados y piedras de fantasía.

En estas ocasiones también se usan guantes de encaje que constituyen, como los anteriores, un accesorio muy importante del atavío femenino. Pero estas prendas no tienen sólo la misión de realzar la elegancia de un traje de fiesta; en los días fríos, o para practicar deportes de invierno, se usan guantes de lana o de cuero forrados con piel.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo VI Editorial Larousse – Historia del Guante –

Purismo Libertario en la Produccion Dramaturgica

Purismo Libertario en la Producción Dramaturgica

Los libertarios y su relación con los intelectuales: “Nuestros hijos o Los enemigos”: El movimiento ácrata en la Argentina tuvo una relación pendular con los intelectuales. Su posición nunca fue unánime y fomentó discusiones de alto vuelo en las sesiones de diferentes congresos y encuentros en Ateneos culturales a partir de 1910. En trabajos anteriores comencé a desarrollar esta singular situación en el campo libertario y es objetivo de este ensayo profundizar mi investigación al respecto.

A raíz de la normatización de las bibliotecas en los centros y escuelas racionalistas se sucedieron duros debates sobre el tenor de los textos a ser elegidos para poblar sus estantes. El punto de disputa estaba centrado en la pureza doctrinaria de los autores y en especial en el compromiso que éstos habían demostrado en su vida pública.

Al inaugurarse en Rosario una serie de centros y círculos con motivo de las huelgas portuarias en la primera mitad de la década del veinte somos testigos de un enfrentamiento entre los sectores afines a las posiciones teóricas de Kropotkin y los que respondían a los editoriales conciliadores del órgano porteño La Protesta.

El 1 de mayo de 1922 luego de los discursos de rigor y al ser representada por cuadros filodramáticos locales la obra Germinal de Zola la reacción del sector purista no se hizo esperar. Los chiflidos, primero tibios y luego estruendosos, motivaron la suspensión del segundo espectáculo, una serie de escenas sueltas de piezas de Florencio Sánchez.

Pedro Berilos, líder panadero decidió convocar a los diferentes grupos para el día siguiente en la sede del sindicato portuario para acercar posiciones. Comenzó el encuentro con las palabras del propio Berilos que hizo una reseña de la actividad del sector ácrata en el país y la importancia de las instituciones educativas por él creadas.

“Pero a pesar de tan graves defectos fue considerable la labor desarrollada por el anarcosindicalismo para despertar a grandes masas de productores de la indiferencia o del embrutecimiento vulgar y del mundillo político caciquil. El movimiento anarcosindicalista ha hecho surgir del vivir cotidiano a una nueva clase beligerante. La arrancó de los antros del vicio, de la superstición religiosa, así como de la demagogia política.

Esta innegable evolución intelectual (es proverbial la inclinación del anarquismo militante por las bibliotecas, las publicaciones, las escuelas y los ateneos) es la propia obra de la organización obrera. No se la debe a las elites intelectuales que limitaron su revolución en la cátedra y en la literatura. Se puede decir de estas elites lo que dijo Osorio Gallardo de los reformadores políticos “que se movieron siempre dentro del ámbito de los problemas políticos y apenas si alcanzaron a presentir los sociales”.

El movimiento pedagógico popular de Ferrer y Guarda, que fue inseparable de la empresa creadora ácrata, fue denostado por los faros de la intelectualidad como Miguel Unamuno. Otros hicieron peor, explotando para fines electorales el trágico fin del fundador de la Escuela Moderna.

Resolver cuestión de tanta trascendencia, como es la de la enseñanza, es en extremo difícil y a la vez urgente el hacerlo, por basarse toda la labor sindicalista encaminada a la emancipación económica y social en la conciencia de los individuos, en la convicción despertada por la divulgación científica y de las cuestiones sociales.

Considerando que el individuo no sólo tiene el deber sino el derecho de adquirir cultura, entendemos que la creación de escuelas ha de ser a base de gratuitas. Lo entendemos así, además, por interés a nuestra obra, porque así tendríamos un medio de evitar, o por lo menos contrarrestar las influencias perniciosas de las escuelas del Estado y escuelas católicas.

A pesar de reconocer que la graduación de la enseñanza es la forma más aceptable pedagógicamente, nosotros hemos de aceptar la creación de escuelas unitarias por imposibilidad económica de implantar las primeras.

Creemos que a manera de ensayo pueden crearse en la capital de la provincia cinco escuelas unitarias, más una graduada con un Ateneo de Cultura.

Preconizamos, como medios esenciales de nuestro mejoramiento y nuestra emancipación, la instrucción y la cultura de los trabajadores, la enseñanza racional y científica moderna para nuestros hijos, obligatoria y a la vez indemnizada, en las familias obreras necesitadas, como única solución al problema de la exclusión del trabajo de la infancia o menores de edad.

Por otra parte los anarcosindicalistas mantienen por toda la geografía del país escuelas racionalistas y Ateneos, costeados por las cotizaciones de los adherentes. En muchas barriadas, y a veces en las aristocráticas, de las principales ciudades, existen y han existido Ateneos libertarios donde, fuera del fragor de las luchas, son abordados los problemas constructivos con espíritu de verdadera superación individual y colectiva. Ningún otro movimiento dispuso o dispone, de tantos órganos de propaganda y expresión, de tantas editoriales populares. Los libros, folletos, revistas, periódicos, editados por los libertarios, hasta el último día de su vida pública, forman legión, y su solo recuento exigiría nutrido catálogo.

El anarcosindicalismo conservará hasta su fin su constitutivo carácter ascético. En los medios propios se hace propaganda contra el alcohol, el café, el tabaco, el juego, los prostíbulos y el baile, que era señalado a los jóvenes como la antesala de la prostitución misma. Se divulga el amor libre, hablándose de entender por esto, no la indiscriminada promiscuidad amorosa, como a veces se ha afirmado indocumentadamente, sino la relación, del hombre y la mujer, al margen de todo vínculo, ya oficial, ya religioso.

Confirma Juan Maestre Alfonso al respecto: “Se hacían campañas a favor de la abstención del juego, del alcohol, del café y del tabaco. En muchas revueltas en que se proclamó el comunismo libertario las primeras medidas que se tomaban fueron la inmediata prohibición de todo esto. Se inculcaba el respeto a la mujer y a todo ser viviente. Se fomentó el vegetarianismo, creándose muchas sociedades de partidarios de esta modalidad dietética”.

Y he conocido campesinos y obreros que se privaban de tabaco, placer excepcional para cotizar cada mes dos pesos, a fin de sostener y mantener la escuela. El maestro iba, al mismo tiempo, formándose y adquiría una cultura que más tarde serviría al militante.

Quiero también recordar el trabajo de los narradores y titiriteros que llevan a través de las viadas las palabras de la causa. Y en particular mi profundo respeto por la hercúlea misión didáctica de los cuadros filodrámaticos que siguen surgiendo a lo largo y ancho del país. Con su compromiso constante las ideas nobles del anarcosindicalismo llegan más claras, sin confusiones, con la pasión del que no representa sino vive las obras en las improvisadas tablas. Decenas de bibliotecas en localidades de desigual importancia numérica atestiguan una titánica y desigual labor contra las fuerzas de la ignorancia y la reacción. Y deseo para cerrar mi introducción que reflexionemos antes de agraviarnos porque el enemigo está agazapado esperando nuestra defección. Antes de abrir el debate quisiera agradecer la donación de miles de libros de nuestros compañeros españoles y franceses. Excelentes textos de Balzac, Zola, Ibsen, Strindberg y Bernard Shaw, entre otros, que enriquecerán el patrimonio cultural del movimiento”.

Al dejar abierta la discusión participó en primer lugar el ruso Andreev Kirsky, un notable maestro seguidor de las ideas de Malato, aunque un purista extremo. Su labor fue reconocida en nuestro país donde fundó numerosos centros y escuelas racionalistas y también en Chile y Uruguay. Enfrentado al ala conciliadora del movimiento había verbalizado su renuncia en el encuentro en el círculo “Luchadores del ideal” que reseñé en investigaciones previas. Comenzó su arenga con tono seguro hablando de sus experiencias en la escuela racionalista de Luján para continuar diciendo:

“Como obrero, agradezco al ciudadano Carlos Marx de no haber aceptado la delegación que se le ofrecía. Haciendo esto, el ciudadano Marx ha demostrado que los congresos obreros sólo deben estar compuestos de obreros manuales. Si admitimos aquí a hombres pertenecientes a otras clases, no faltará quien diga que el congreso no representa las aspiraciones de las clases obreras, que no está integrado por trabajadores; y creo que es útil demostrar al mundo que estamos suficientemente avanzados para poder obrar por nuestros propios medios.

Decidióme (sic) a esta resolución (retirarse del movimiento) el no tener callos en las manos, que para algunos alucinados abnegados debe ser el sello de garantía en las filas internacionales, llévense los años que se lleven de constante y entregada labor. No podía resignarme a levantar suspicacias que podían redundar en daño y entorpecimiento de la buena acción.

De los intelectuales, de las minorías selectas poco se puede esperar; tan sólo la traición. Sus cuellos almidonados no les permiten ver con claridad el sufrimiento del compañero. Sus hábitos burgueses les impiden abandonarlo todo y entregarse a la lucha. Son mero figurones que cargados de culpas creen que con una novela o una obra de teatro salvan la causa obrera. Ayer vimos una pieza del autor de Yo acuso. ¡Cuánto compromiso! Díganme donde estaba el señor Zola mientras miles de compañeros eran masacrados en guerras coloniales. Y quieren que nuestros obreros aprendan de estas catarsis llevadas al papel cuando la representan los cuadros filodramáticos. No se engañen, yo he trabajado con ahínco con los jóvenes creando reales instrumentos de crítica para el entendimiento no de las masas sino del individuo en el colectivo. Y tampoco me ofrezcan a los autores vernáculos. Otro grupúsculo de vendedores de humo que se acercan por moda y huyen despavoridos ante la lucha a poner sus obritas en los teatros capitalistas, donde las gordas burguesas lloran por el niño huérfano. No pueden ni quieren ocuparse de iluminar la liberación del oprimido porque ellos mismos se atan a sus comodidades y privilegios. El obrero no debe esperar un acto volitivo de estos intelectuales porque sus conveniencias en un punto chocarán con este mandato moral superior. El trabajador tiene la obligación de instrumentar por sí mismo los mecanismos que le permitan la crítica de la sociedad que lo explota y descubrir los caminos hacia la revolución.

Desde luego, se echa de ver que nadie puede tener interés en la emancipación de los trabajadores fuera de estos mismos, por cuanto esa emancipación es de carácter económico y conseguida la cual caen forzosa e inevitablemente todos los privilegios, todas las ventajas de que en el actual régimen social disfrutan cuantos no son obreros.

El dogma de que la revolución tiene que ser dirigida por intelectuales profesionales constituye no sólo una afrenta contra la dignidad del proletariado, sino también una falsificación de la historia. Sí es cierto que los intelectuales han aprendido mucho más de los obreros. No es la praxis obrera que nace de las teorías de los intelectuales, sino a la inversa, son las teorías de los intelectuales que nacen de la praxis obrera. Cuando la teoría, como ocurre hoy, se aleja e independiza de la praxis obrera formando un cuerpo extraño y artificial –es decir, intelectualista- los trabajadores se vuelven de espaldas a ella”.

José Orengo, español director de varias publicaciones ácratas del litoral y amigo de Arango de La Protesta de Buenos Aires, terció: “Yo provengo de un movimiento libertario que aceptó a los que luchaban contra la reacción, sin requerirles un test de pureza. Y a pesar de que en nuestras filas no abundaron los hombres de letras y ciencias debido a múltiples causas desde las geográficas hasta las de la historia del propio cuerpo social sabíamos hacerle un lugar. Desde Mateo Morval hasta Miguel de Unamuno con sus contradicciones. Y me enorgullezco de fundar varios círculos con bibliotecas que poseen los textos de autores que mi compañero recién acaba de denostar. Cómo no apreciar el llamado al combate en Hauptmann o en Sánchez. Y quiero rescatar el nombre de Zola. La crítica burguesa destrozó los estrenos de “Los cuervos” y de “La parisina”de Henri Becque, sólo por aventurarse a un compromiso social siguiendo a su maestro, el autor de “La taberna”. He ayudado en varias representaciones de cuadros filodramáticos de estos autores y la emoción con espíritu crítico colmó el corazón del obrero”.

Pero su coterráneo Enrique López Obrador señaló a los gritos con el puño en alto: “Cuántas particularidades tiene mi movimiento en España. El compañero parece desconocer la soledad yerma de los fusilados de Barcelona o los ahorcados en Sevilla, todos dejados de lado por sus “amigos” intelectuales filoanarquistas. Otra de las peculiaridades del anarquismo español es su actitud ante el problema cultural. Nunca militaron en sus filas hombres del relieve intelectual de un Tolstoi o un Bakunin; jamás contó en su estado mayor con el núcleo de profesores y literatos que enaltece al partido socialista; la composición de la conducción de la fuerza ácrata es netamente obrero. Tal vez estos hechos, el recuerdo de algunas frases de Bakunin y la influencia del sindicalismo francés hayan engendrado la corriente anti-intelectualista que a veces se nota en él, no más intensa ciertamente que la de otros sectores proletarios”.

Juan Jiménez, líder portuario conciliador siguió en medio de un estruendoso coro de insultos: “El pensamiento anarquista, antielitista y antiintelectual, tuvo otra consecuencia funesta, pues no pudo crear el medio viable que proveyera la seguridad a su sociedad durante el período revolucionario de transición del capitalismo a la utopía anarquista. Aunque es cierto que las comunas tempranas y los posteriores sindicatos urbanos son y han sido históricamente para los anarquistas las bases de esa transición, no se logró elaborar en Europa ni en Argentina una tesis durable sobre la forma en que el sindicato y la comuna sobrevivieran el crítico período de violencia inherente a una revolución.

Se confiaba en la milicia obrera y en las unidades de defensa aldeana, pero ambas demostraron en repetidas ocasiones su incapacidad para conducir una compaña contra ejércitos disciplinados o policías de represión.

Se oye hablar de la clase de los tecnócratas de alto nivel, de los que ponen sus conocimientos altamente especializados al servicio del partido único o del trust industrial, de los que se sirven de estos conocimientos para disponer, fríamente y anónimamente de la vida de toda la sociedad.

Se trata de la llamada “clase meritocrática” que, caso de que no suceda bien pronto una revolución con fuertes dosis anarquistas hará cada vez más pronunciada la división de la sociedad y, de la otra parte, los trabajadores intelectuales que aumentarán cada vez más su especialización técnica y científica que pondrán al servicio de ellos mismos.

Todas las sociedades autoritarias, no importa el régimen en el que se basan, necesitan, para sobrevivir, una gran cantidad de técnicos meritocráticos. Pero el advenimiento de la meritocracia comporta, por otra parte, un proceso de deterioro moral y físico que es causado por el marginamiento de una gran parte de la población dedicada solamente a los trabajos manuales y ello se proyecta en forma irreversible y peligrosa para toda la humanidad”.

Giusseppe Mori, delegado del ferrocarril y miembro de la FORA local analiza: “Es cierto el problema que describe mi amigo pero creo que si continúa hablando terminaré escuchando una obra de Chejov y lloraré con sus personajes burgueses. La situación es peligrosa pero no podemos esconderlo, ésta no es la realidad que observamos todos los días. En una sociedad forcejeada por un parto tan difícil, en una estructura económica que no logra superar las antinomias de un capitalismo avanzado basado en un consumo siempre mayor de los bienes producidos en una tradición política de izquierda, donde finalmente se da cuenta de los partidos revisionistas; el intelectual considera que debe conservar todavía, su pequeño y miserable privilegio.

Inmigrantes en el puerto

No deseo limitar mi crítica a los Palacio o a los doctorcitos que llenan las universidades burguesas formando líderes de la opresión, siempre escondidos en sus trajes tan limpios y sus inmaculadas camisas. Ni quiero siquiera reparar en los supuestos héroes de la reforma cordobesa que sólo pasearon su porte de dandies protestones. Querían reemplazar el minué por el foxtrot, en ello consistió su fiero accionar.

Tampoco perder el tiempo con los autotitulados intelectuales de izquierda o más aún los que resisten el mote de filoanarquistas. Alguno de ustedes puede aclararme qué significa este apodo porque yo lo desconozco salvo que sea sinónimo de prestidigitadores de las palabras. No he visto a Sánchez en las revueltas de 1905 ni a González Castillo enfrentando a la policía cosaca en 1909. Tal vez estaban disfrazados y no los reconocí. Tampoco he oído del martirio de Antoine y sus escritores mimados. Creo que un Rostand con algo de pimienta está a la altura de un Zola en combatividad; por lo menos en Cyrano hay luchas de capa y espada.

Dejo entonces a esos indignos pensadores de pacotilla hablan bien y hacen poco.

Y al decir esto no es posible olvidar que los obreros llamados intelectuales sufren en su mayoría penurias parecidas a las de los manuales, pero como entre ellos se reclutan los políticos, los vividores de toda especie, escalando no pocos de los puestos de privilegio, en general no tienden a la destrucción del régimen y antes bien lo consolidan y aún procuran servirse de los manuales para esos encumbramientos que les hacen placentera y grata la vida.

No hay relación entre los intelectuales y las masas populares, suscitando una fenomenología de distanciamiento y de falta de sincronización de indudables repercusiones en la dinámica social contemporánea. El divorcio entre intelectuales y masas proletarias afectará muy pronto la orientación misma del movimiento obrero, creando unas prevenciones anti-intelectuales en buena parte de sus dirigentes, especialmente en el sector mayoritario no marxista. Estas prevenciones, sin embargo, no pueden valorarse debidamente sin tener en cuenta la escasa “disponibilidad” de los intelectuales para encajar en las perspectivas de base de los militantes de la clase obrera”. A la hora de la verdad el condicionamiento burgués frenaría la adhesión intelectual, incluso en el mero terreno de los planteamientos teóricos”.

Como llegaba la noche y la seguridad no estaba garantizada se pasó a un cuarto intermedio hasta el día siguiente. Para aumentar aún más la presión en el círculo acuerdista “Dignidad” un elenco filodramático que había llegado recientemente de Montevideo interpretó “El jardín de los cerezos” de Chejov y un payador oriental ácrata de nombre Ruiz entonó rimas hasta el amanecer.

En la mañana las distintas facciones se acercaron al local sindical que sin dudas quedaría pequeño para tal debate. Luego de la presentación de rigor Emilio Martínez, maestro de la escuela racionalista de Berisso inició su discurso:”De la misma forma, los intelectuales que se consideran los legítimos dirigentes del mañana, afirman su superioridad espiritual. Forman una clase que aumenta rápidamente, funcionarios y trabajadores independientes formados en las universidades, especializados en los trabajos de la mente, en el estudio de los libros, en las ciencias, y se creen provistos de más inteligencia que los demás. También están destinados a dirigir la producción mientras que la masa poco dotada está destinada a ejecutar el trabajo manual, para el que no es necesaria la inteligencia. No son los defensores del capital, no es el capital, sino la inteligencia quien debe dirigir el trabajo.

Tanto más cuanto que la sociedad actual es una estructura muy complicada, basada en ciencias abstractas y difíciles, de tal suerte que sólo una elevada inteligencia puede poseer una visión de conjunto de la sociedad , comprenderla y dirigirla. Si las masas trabajadoras, por falta de perspicacia, dejan de reconocer la necesidad de esta autoridad de la inteligencia superior e intentan estúpidamente jugar un papel dirigente, el caos y la ruina sobrevendrán inevitablemente.

Tampoco queremos excluir, al contrario, pedimos su concurso a los obreros llamados de profesiones intelectuales, que, como nosotros también son explotados y cohibidos por el capital.

Por lo tanto, aceptamos a los intelectuales con placer y sin suspicacias cuando éstos se funden con la clase trabajadora, cuando se mezclan con el pueblo sin pretensiones de mando, no con el aire soberbio de quien se rebaja y se digna, sino con el alma abierta de quien está entre sus hermanos para pagarles la deuda que ha contraído instruyéndose y cultivándose, como es el caso general, con medios sustraídos a la educación de los hijos de aquellos que produjeron esos medios con el trabajo de sus brazos”.

Enrico Mucci de la delegación local de cocheros le respondió:”Ya tuvieron muchas chances de incorporarse. En Rosario hemos invitado en varias ocasiones a escritores y dramaturgos pero su relación fue, en el mejor de los casos, intermitente y de corta duración en el tiempo.

Más tarde se trató en la FORA de organizar los sindicatos de Profesiones Liberales e intelectuales y con ello quedaron abiertas las puertas a la materia gris. De todos modos esos hombres vieron difícil su acomodo en esta institución a causa de su propia mentalidad especial como por el recelo de los demás. Los que se aproximaban con la premeditación de encontrar en ella una granjería comprendieron pronto que a causa del ambiente crítico dominante y el poco espíritu mesiánico de la FORA no era lo que andaban buscando.

Piquete Obrero

Por lo que respecta a los técnicos altamente calificados su retraimiento obedecía a otras causas que las meramente especulativas. Una organización en lucha constante sólo podía ofrecerles el galardón de la cárcel o el tributo de la sangre. De ahí que los trabajadores de cuello blanco se recluyeron en sus plácidos reductos “autónomos”.

Quedó, por tanto, reducida a sus propias elites. A aquellos intelectuales que se habían formado en su seno a base de una voluntad de hierro, alternando las peripecias de la lucha con furtivas lecturas. Estos héroes autodidactas dirigían y redactaban periódicos y revistas, hacían pininos en el libro, la novela, la poesía y en la escuela”.

Como no se lograba ningún punto mínimo de consenso las sesiones se suspendieron definitivamente y los dos sectores en pugna abandonaron el local con gesto triunfal pero sin logros concretos.

Pero esa tarde ambos grupos decidieron recordar la huelga de inquilinos de 1905 y se reunieron en diferentes reductos.

Los acuerdistas lo hicieron en el sindicato gráfico y luego de la internacional se repitió una obra de Chejov, en este caso “Tres hermanas”.

La facción purista se encontraron en el sindicato portuario y en el círculo ácrata “Dignidad negra” donde la escuela racionalista de Luján, a través de su cuadro filodramático, deleitó al público con la obra de autor anónimo “La verdad sin discusión”.

Más allá del arduo debate queda nuevamente claro que los libertarios desplegaron un fuerte sentido de lo comunitario que conjugó la lucha económica con una decidida militancia de integración cultural alternativa a la del Estado. Integración desigual, discontinúa, muchas veces efímera, contradictoria en sus apropiaciones, pero cohesionada frente a la percepción de la dominación. El énfasis revolucionario, las formulaciones intransigentes de su discurso y su autoconsideración como la encarnación misma de la revolución social configuraban la pretensión del anarquismo de constituirse como alteridad total del orden existente a la vez que explica el gesto revolucionario del que eran imbuidas cada una de sus intervenciones Todo en el marco de una tradición de fe en la ciencia y el progreso propia del clima de la época. El cambio propuesto por el anarquismo supone, sobre todo, un salto cualitativo cultural, “una mutación cultural” hecha de cambios éticos estructurales y de comportamiento, de transformaciones individuales y colectivas. Desde esta matriz es posible explicar de qué forma el anarquismo logró construir nuevas formas de sociabilidad e interpelación a partir de la construcción de una cultura alternativa (finita pero significativa), de rasgos singulares (aunque nos siempre originales), que permitió estructurar realidades diversas en torno a un cuerpo ideológico, pero también de sentimientos, valores y expectativas, sino homogéneos al menos fragmentariamente compartidos y discutidos.

La anarquía sin adjetivos busca mantener el debate, la discusión esencial para no caer en la rigidez del dogma. Ya que no se pueden prever los desenvolvimientos económicos, los cuales pueden variar de acuerdo a las característas particulares de cada región, la organización económica debe ser determinada de acuerdo a los análisis de las condiciones locales y al igual que el anarquismo debe estar en constante autocrítica y evolución. Y citando a Malatesta “…el espíritu libertario no puede permitir al presente poner la mano sobre el porvenir…”;”…el porvenir debe permanecer sin adjetivos, como la vida misma”.

La disputa nunca se zanjó pero la producción de ambos sectores fue destacada y tuvo su última manifestación en 1927 en oportunidad de la lucha internacional encarada por el movimiento libertario ante el juicio a Sacco y Vanzetti. En esa ocasión un centro en Barracas puso a través de un cuadro filodramático “Los enemigos”de Gorki, un autor odiado hasta entonces por su vinculación con la revolución soviética. Con sus contradicciones a flor de piel pero con su capacidad de creación intacta el anarcosindicalismo expresó una de las páginas más destacadas de la vida cultural y política en las primeras décadas del siglo XX.

Bibliografía

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Fos, Carlos. Cuadernos proletarios. Ed. Universitarias, México, 1997

García Víctor. La internacional obrera. Júcar, Madrid, 1977

Kropotkine, Pierre, El anarquismo, Las prisiones, El salariado, La moral anarquista. Más sobre la moral, Ediciones Vértice, Caracas 1972

López Arango, Emilio. El anarquismo en el movimiento obrero, Ediciones Cosmos, Barcelona, 1925

Malatesta, Errico, L’Anarchia, “La Rivolta”, Ragusa, 1969

Santillán, Diego Abad de. La FORA. Ideología y Trayectoria, Proyección, Buenos Aires, 1971

Woodcock, George. Anarchism, Meridian Books, Cleveland, 1962

Revistas y periódicos

Protesta La , colección completa

Cultura obrera, colección completa

Solidaridad obrera, colección completa

Hombre Nuevo (Segunda época) N° 55 y 56, Rosario enero-diciembre 1922

Historia, Origen, Objetivos del Idioma Esperanto Sus Ventajas

Historia, Origen, Objetivos del Idioma Esperanto

Lengua: conjunto ordenado y sistemático de formas orales, escritas y grabadas que sirven para la comunicación entre las personas que constituyen una comunidad lingüística. Hablando de una manera informal puede decirse que es lo mismo que idioma, aunque este último término tiene más el significado de lengua oficial o dominante de un pueblo o nación, por lo que a veces resultan sinónimas las expresiones lengua española o idioma español.

La necesidad de lograr un entendimiento común a los hombres de procedencias diversas ha requerido la creación de un idioma también común. .En particular, los intercambios diplomáticos, económicos y culturales se verían favorecidos por un lenguaje universal y abarcativo.

El latín ofició de lenguaje científico hasta el siglo XVIII, y aun en nuestro siglo éste continúa siendo el «idioma oficial» de la Iglesia católica en su manejo interno como institución: asimismo, la diplomacia y el derecho internacional lo emplearon hasta la firma de la Paz de Westfalia, en 1648, y en latín también se expresó la literatura del Humanismo. En la actualidad ha sido postulado como lenguaje unificador para las relaciones internacionales.

Lázaro Luis Zamehof Pero el gran acontecimiento ocurre en 1887, en Varsovia. Con la firma-seudónimo de Koktoro Esperanto (El doctor que espera) aparece un manual de 50 páginas de Lingvo Internada (Lengua Internacional), cuya verdadera paternidad corresponde al médico oculista y filósofo Lázaro Luis Zamehof (1859-1917), quien, a su vez, se encargó de hacerlo publicar en cinco idiomas diferentes: alemán, francés, polonés, ruso e idisch.

El esperanto resultó mucho más práctico que el volapuk, lengua también artificial inventada por Schleyer, pues redujo considerablemente el peso muerto de formas agramaticales carentes de función y empleó gran cantidad de raíces internacionales.

 Zamenhof (imagen) nació el 15 de diciembre de 1859 en Bíalistok, ciudad situada en la unión de las fronteras de Polonia, Lituania y Bielorrusia, donde convivían grupos humanos disímiles, con lenguas y religiones diferentes.

Prejuicios y antagonismos creaban cada vez mayores dificultades para la comprensión y el intercambio entre estas comunidades, como en una verdadera Torre de Babel. Frente a este panorama, y movido por un deseo de encuentro entre los hombres, tras largos años de estudios en Varsovia, Moscú y Viena, donde se especializó en oftalmología, buscó, hasta encontrarlo, un nuevo lenguaje.

Zamenhof hablaba con fluidez tres idiomas: ruso, alemán y polaco: con gran facilidad leía otros tres: hebreo, latín y francés, y tenia conocimientos básicos de inglés e italiano. Sus análisis del inglés y del francés lo convencieron de que una lengua puede carecer de declinaciones y conjunciones.

Un estudio exhaustivo del ruso y del alemán le persuadió de que el empleo atinado de los sufijos y prefijos reduce considerablemente las raíces del vocabulario: y el francés y el alemán le demostraron la importancia del artículo definido, que no existe en los idiomas eslavos al igual que la carencia de declinaciones y conjunciones en éstos.

El esperanto presenta tres grandes ventajas:
1°) No pertenece a país alguno, por lo que es políticamente neutro, y, dada esa imparcialidad, no otorga privilegios a nación alguna en detrimento de otras.

2°) No reemplaza el idioma de nadie, sino que sirve como un segundo idioma común a todos, para tratar los grandes problemas mundiales y para los contactos de persona a persona.

3°) Puede aprenderse en mucho menos tiempo que cualquier otro idioma, dada la sencillez de su pronunciación (cada letra tiene sólo un sonido), la concisión de su gramática, con 16 reglas fundamentales, sin excepciones, y su ingenioso conjunto de afijos.

Este idioma está integrado, en un 70%, por voces latinas; el 30 °/0 restante proviene de las lenguas anglo-germánicas y neolatinas. Su elaboración se debe a un acto consciente, planificado, y no adolece de los problemas típicos de las lenguas nacionales que crecieron al azar, amontonando irregularidades y complicaciones en su proceso. Actualmente, la actividad mundial de los que utilizan esta lengua se centraliza a través de la Asociación Universal de Esperanto, con sede en Rotterdam, Holanda.

En la capital de la Argentina existe una filial nacional de dicha entidad, que desarrolla una amplia labor de enseñanza y difusión de este idioma. De autores argentinos de relevancia se han editado en esperanto títulos como Martín Fierro, Juvenilla, El crimen de la guerra, El Matadero.

En todo el orbe, aproximadamente un centenar de publicaciones, periódicos y revistas, con variado material informativo y literario, aparece impreso en esperanto. Asimismo, unas veinte estaciones de radio de las principales capitales del mundo transmiten programas en esta lengua. Así, en Brasil se difunden programas radiales en esperanto, el que también sirve de idioma auxiliar en el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística.

Por otra parte, la popularidad y extensión del uso del esperanto se refleja en la elección que de él han hecho muchas empresas de renombre internacional para designar sus productos; marcas de artículos diversos y de gran prestigio se escriben y pronuncian en esperanto: Mirinda (maravilloso), Luma (luminoso) y Movado (movimiento), entre otros.

Fuente Consultada:
Mundorama Tomo I,  Wikipedia y Enciclopedia Encarta

 

Expresiones en latin de uso diario o cotidiano

Expresiones en Latín de Uso Diario o Cotidiano

LATÍN: Lengua de la antigua Roma, perteneciente a la familia de lenguajes indoeuropeos. Fue el idioma del Imperio Romano que acompañé las conquistas, dando lugar al nacimiento de las lenguas romances. El latín sólo sobrevive hoy como idioma oficial del Vaticano. Sin embargo, muchos idiomas, entre ellos el español, que lo reconoce en los diccionarios de la Real Academia Española, usan expresiones latinas de manera repetida y a veces inadvertidamente. La siguiente es una lista no taxativa de expresiones latinas de uso formal, legal o común:

  • Ab initio: Desde el principio.
  • Ab intestato: Sin testamento.
  • Ab origine: Desde el origen o la fuente.
  • Ab ovo: Desde el huevo, figurativamente para indicar una narración que trata el asunto desde el principio o los orígenes. Lo contrario es in mediae res, relato que comienza en medio de los acontecimientos.
  • Ad astra per aspera: Hacia las estrellas a través de las dificultades.
  • Ad calendas grecas: Para las calendas griegas, un plazo que nunca ha de cumplirse.
  • Ad efesio: Con alusi6n a la Epístola de San Pablo a los Efesios, que por extensión define despropósito, disparate, extravagancia, fealdad.
  • Ad gloriarn: Trabajar por la gloria.
  • Ad hoc: Para un fin determinado.
  • Ad horninern: Argumento que se refiere a la persona, no a su posición.
  • Ad honoren: Por el honor, sin estipendio o pago.
  • Ad infiniturn: Hasta el fin. Infinible.
  • Ad interirn: Temporariamente.
  • Al libiturn: Sin restricciones, a voluntad, a elección.
  • Ad maiorem Dei gloriarn: Para mayor gloria de Dios, lema de la Orden los Jesuitas.
  • Ad nausettm: Que provoca náuseas, excesivamente repetido.
  • Ad referendurn: Que debe informarse, que debe elevarse para la firma.
  • Ad valorern: De acuerdo con el valor.
  • Agnus Dei: Cordero de Dios. Jesús. En español, se puede escribir agnusdei.
  • Alea jacta est: La suerte está echada. Frase asignada a Julio César (100-44de C.): cuando se toma una decisión luego de larga deliberación. Se usa como indicador de camino sin retorno.
  • Alma mater: Inspirador, motivador.
  • Alter ego: El otro yo. Mejor amigo/a.
  • Ante rneridiern: Antes del mediodía.
  • A posteriori: Después de. Por lo que viene después. Ascender del efecto a la causa.
  • A priori: Antes de. Por lo que precede. Descender de la causa al efecto.
  • Ars longa, vita brevis: El arte es largo, la vida breve. Frase de Hipócrates (460-357 a. de O), considerado el padre de la medicina.
  • Auditoriurn: Sala para reuniones, conciertos o actuaciones.
  • Bona fide: Buena fe.
  • Carpe diern: Aprovecha el día.
  • Casus belli: Acontecimiento que da motivo a una guerra.
  • Circa: Ocurrido en ese tiempo.
  • Cogito, ergo surn: Pienso, luego existo. Usada por René Descartes (1596— 1650), matemático, filósofo y científico francés.
  • Consurnrnaturn est: Todo ha terminado. Palabras de Jesús en la cruz, San Juan (19:30).
  • Corpus delicti: Cuerpo del delito.
  • Curriculum vitae: Hoja de vida.
  • Defacto: De hecho.
  • De gustibus et colon bus non est disputandurn: Sobre gustos y colores no disputar. Habitualmente se usa “sobre gustos no hay nada escrito”.
  • De jure: De derecho.
  • Delirium trernens: Enfermedad mental provocada por el alcoholismo.
  • De motu propio: De iniciativa propia
  • Deo gratias: Gracias a Dios.
  • Deo Volente: Dios mediante, Dios queriendo.
  • Dterninus vobiscurn: Dios está contigo.
  • Dtra lex, sedex: Dura es la ley, pero es la ley.
  • Errare hurnanurn est: Errar es humano.
  • Excelsior: Lo más alto, excelso.
  • Exempli gratia: Por ejemplo.
  • Ex libris: De la biblioteca de.
  • Ex nihilo, nihil: De nada, nada
  • Ex post facto: Derivado de lo que se hizo. Después del hecho.
  • Ex profeso: A propósito, con determinada intención.
  • Ex voto: Ofrendas que los fieles dedican a los santos, la Virgen o Dios.
  • Factoturn: Persona que se encarga de todos los menesteres. El que lo resuelve todo.
  • Fíat lux: Hágase la luz.
  • Flagrante delicto: Sorprendido en el momento de la ejecución del delito.
  • Gloria in excelsis Deo: Gloria a Dios en las alturas.
  • Grosso modo: Estimación en general, por aproximación.
  • Habeas corpus: Derecho de todo ciudadano, detenido o preso, a comparecer inmediata y públicamente ante un juez o tribunal.
  • Homo homini lupus: El hombre es el lobo del hombre. Frase adjudicada a Tito Plauto (254-184 a. de C), comediógrafo latino, y luego repetida por el filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679) en su obra Leviathan, Leviatán, monstruo marino describe en el Libro de Job del Viejo Testamento.
  • Idem: Significa lo mismo o es lo mismo.
  • In absentia: En ausencia.
  • In extenso: Con todos los detalles y pormenores.
  • In extremis: En el momento de la muerte.
  • In  promptu: De improviso.
  • In secula seculorum: Por los siglos de los siglos.
  • In situ: En el lugar.
  • Lapsus lingue: Error de expresión.
  • Litis expensas: Costas de un pleito.
  • Memorandum: Textualmente, que debe tenerse en la memoria. Por extensión, nota escrita, texto en que se deja asentado algo.
  • Mens sana in corpone sano: Mente sana en cuerpo sano (Máxima de Juvend poeta satírico romano del siglo xx).
  • Modus operandi: Método habitual de actuar.
  • Modus vivendí: Forma o estilo de vida.
  • Mutatis mutandis: Cambiando lo que se debe cambiar.
  • Mutis: Mudar de lugar. Se usa en el teatro cuando el actor se retira de la esecena. Por extensión, el acto de retirarse y también, hacer mutis, callarse.
  • Nec plus ultra / Non plus ultra: No más allá. Los límites que no se puedesuperar. Según la leyenda, frase grabada por Hércules en los montes Abila
  • Nemine discrepante: Sin oposición, sin discordia, por unanimidad.
  • Nihil obstat: Nada se opone.
  • Nihil novi sub sole: Nada nuevo bajo el sol. Palabras del Eclesiastés (1:9).
  • Non sancta: De mal vivir.
  • Nune aut nunquam: Ahora o nunca.
  • Per capita: Por cabeza.
  • Per diem: Viático.
  • Per se: Por sí mismo.
  • Persona non grata: Persona no grata.
  • Post meridiem: Después del mediodía.
  • Post mortem Póstumo.
  • Prima facie: A primera vista.
  • Primus inter pares: Primero entre iguales.
  • Pro forma: Formalidad.
  • Pro rata: Prorrata. Repartición proporcional o que corresponde a cada uno.
  • Pro tempore: Temporariamente.
  • Qualis pater, talis filius: Tal padre, tal hijo. “De tal palo tal astilla”,
  • Quid divinum: Inspiración propia del genio.
  • Quid pro quo: Una cosa por otra equivalente. Tú me das, yo te doy.
  • Quorum: Número necesario para sesionar en cuerpos colegiados.
  • Rara avis: Pájaro raro, persona extraña, algo desusado. De un verso de Junal. La frase completa era Rara avis in terris.
  • Requiescat in pace: Descansa en paz.
  • Res non verba: Hechos, no palabras.
  • Roma locuta, causa finita: Cuando habla Roma, termina la causa. Se refiere una decisión inapelable del Vaticano.
  • Sancta sanctorum: Parte interior y más sagrada del templo. Por extensión, que para una persona es de especial aprecio. Lo muy reservado y misterioso.
  • Semperfidelis: Siempre fieles.
  • Sic: Así, de esta manera. Suele usarse entre paréntesis tras una palabra o expresión para indicar que así fue como se dijo aunque pudiera parecer o sea inexacta o errónea. Textual.
  • Sic transit gloria mundi: Así pasan las glorias mundanas.
  • Sine die: Indefinidamente. Sin fecha cierta en el futuro.
  • Sine qua non: Condición indispensable, sin la cual no.
  • Statu quo: Condiciones estables, las mismas, que no cambian.
  • Sui generis: Propias de uno, de un género o especie singular.
  • Summum: Lo sumo, máximo, altísimo, que no tiene superior.
  • Superavit: Mayores ingresos que gastos.
  • Tabula raía: Tabla rasa.
  • Testis unus, testis nullus: Adagio para indicar que un solo testimonio no es suficiente para la prueba.
  • Uítimatum: Resolución terminante y definitiva.
  • Urbi et Orbi: A la ciudad (Roma) y al mundo, palabras de la bendición del papa cuando se dirige al mundo entero. Por extensión, se usa como sinónimo, de a los cuatro vientos, para todos.
  • Ut supra: Como se indica más arriba.
  • Vademecum: Tratado, texto o libro que contiene información completa. Su traducción literal es anda, ven conmigo.
  • Vade retro: Se emplea para rechazar a uña persona y al mismísimo diablo. Vade retro, Satanás.
  • Verbi gratia: Verbigracia. Por ejemplo.
  • Versus: Oponente, contra quien se disputa.
  • Vicisversa: De manera opuesta, lo contrario.
  • Vox populi: La voz del pueblo, la opinión pública.
  • Vox populi, vox Dei: La voz del pueblo es la voz de Dios.

Ver: Expresiones Usadas en el libro Don Quijote de la Mancha

Fuente Consultada: Diccionario Insólito II de  Luis Melnik.

Los Caminos de Hierro de Los Crotos Anarquistas

Los caminos de hierro de los crotos anarquistas
Dr. Carlos Fos

Intentar divorciar las manifestaciones teatrales ácratas de sus concepciones pedagógicas es imposible. El discurso emergente de sus escuelas racionalistas potenciaba al arte como medio de expresión al servicio de la causa superior del socialismo no dogmático. Es en debate de las diferentes corrientes del pensamiento libertario donde hallaremos el papel trascendental que adjudicaban al teatro como vehículo de la revolución.

Los anarquistas clásicos discutían sobre el peso que debía otorgarse a la transmisión de conocimientos y a la espontaneidad. Lejos de aceptar la existencia de una fuerza innata, esencialmente perteneciente a los sectores populares, que guiaría la educación, muchos señalaban límites al carácter natural de los procesos educacionales. Carlos Malato (1935), en un trabajo escrito en 1887 y difundido en la Argentina, sostenía la diferencia entre instrucción y educación. Solamente la educación, adquisición de ideas y costumbres en continua modificación, debía inspirarse en la más amplia libertad. En tanto la instrucción, enseñanza de conocimientos útiles, pero áridos, supone un plan y un método que por atractivo no dejaría de ser autoritario.

logo anarquismo

Pero en otro párrafo del mismo trabajo, el autor postula que también la “verdadera educación” puede ser en alguna medida controlada, para que no resulte en transmisión de convencionalismos inútiles y de fórmulas aprendidas sistemáticamente, sino en libre desenvolvimiento de las aptitudes. Abogaba por la adaptación del alumno al medio social y por la corrección de conductas nocivas. “Hay que luchar por el enderezamiento de las propensiones peligrosas legadas por la herencia o más bien por desviación. […] porque hay que advertir que aún los defectos como son: orgullo, avaricia, cólera, pueden, orientados de cierto modo volverse en provecho de los individuos y de la sociedad entera” (Malato, 1935: 453).

Cada uno de los maestros de las escuelas o talleres racionalistas, de los obreros de los centros, círculos y sindicatos, de los entusiastas fundadores de bibliotecas y periódicos en zonas inesperadas, contribuyeron a la constitución de esta expresión ideológica. Y el teatro tuvo para ellos un papel vital como instrumento de propagación del ideal. Intelectualistas y anti-intelectualistas formaron cuadros filodramáticos y ofrecieron obras de elaboración propia o de autores cercanos a la causa. Con un sistema de recepción de crítica y producción que les pertenecía, generaron un espacio autónomo muy significante para su didáctica y muchas veces rudimentaria dramaturgia.


El formato del taller era funcional a la circulación del aprendizaje, entendido como construcción colectiva. Evitaba los rasgos más duros de la educación formal tradicional, como la división por grados o aún la distancia que propone arquitectónicamente el aula. La noción de micro-comunidad reemplazaba al grupo amorfo y al armado coercitivo propuesto desde la normatización estatal.

Asimismo, las divisiones no se perpetuaban en el tiempo y respondían a criterios de intereses de los alumnos. De esta forma, la repetición de contenidos alejados de los gustos e inquietudes del educando desaparecía en aras de un criterio más horizontal y participativo de la enseñanza. Las disciplinas artísticas, motor de los talleres, se veían beneficiadas por esta estructura y en sus producciones era perceptible el proceso enriquecedor gestado. La “pedagogía de lo deseado” expresaba el respeto del docente por su ocasional alumno. No se consideraba un depositario del saber único, encargado de transmitir verdades incuestionables. Como cultores del pensamiento crítico, que estimulaban y no sólo agitaban como vacía bandera, los anarquistas confiaban en el poder del cuestionamiento como agitador de ideas. En ese mar bravío de la creación artística los libertarios ponían su confianza como mecanismo ideal para la comunicación de sus ideas.

El 15 de agosto de 1909, el cuadro filodramático del taller-escuela inauguró una velada de discusión en el sindicato de cocheros con la breve pieza El hambre. El boletín del mes de septiembre del mismo año publicado por la sección La Plata del gremio de cocheros, se refiere al hecho:
“Damos la bienvenida a los alumnos de la escuelita ‘Sin dogmas’. En los debates promovidos por los sindicatos del puerto y del que los cocheros participamos, fuimos testigo de una obrita realizado por estos entusiastas jóvenes y niños. Cuando los nubarrones sombríos de la represión de los cosacos porteños rondan aún nuestras cabezas, inquietudes como la citada nos entregan un dejo de esperanza en la lucha que recién comienza. Casi sin aditamentos de vestuario ni escenografía, dieron una lección encomiable de voluntad y confianza en los ideales. Nuestra zona cuenta con prestigiosos núcleos culturales y nos alegramos que se sume éste que no levanta divisiones teóricas sino que pone el acento en la solidaridad como fuente de fortaleza. Un ejemplo que una vez más recibimos de los más pequeños y una demostración que sólo en el respeto por el otro construiremos el camino de la revolución verdadera”.

El proyecto educativo “Sin dogmas”, taller-escuela de Berisso, no sólo ha sido original por su concepción dentro del movimiento libertario americano, sino que se constituyó en una fuente de cuadros con descollante actuación en la costa de la provincia de Buenos Aires y el litoral santafesino, en primera instancia y con fuerte proyección a regiones de Latinoamérica luego.

Esta última actividad estuvo a cargo de acólitos, formados en el taller y con gran compromiso social. Enrique Marcens y Juan Godoy fueron alumnos de Roberto Plal y fundaron su propia biblioteca en Zárate. “Los pioneros de la libertad” inició sus actividades formalmente el 23 de abril de 1919 con una jornada en la que se sucedieron discursos, cantos y dos monólogos. Un mes más tarde lanzó su publicación, en un número dedicado a la formación del ácrata “sin dogmatismos ni revelaciones”. En un artículo intentaba explicar su posición teórica frente al proyecto verticalista de algunos gremios.


“El anarquismo forzosamente ha de trabajar por y para crearse una base económica en que apoyarse, cimentando su acción transformadora para alcanzar esas líneas fundamentales que han de servir de sustentáculo a todo el esquema que personifique su veracidad. El sindicalismo revolucionario no es sino el instrumento que el anarquismo vióse en la ineludible necesidad de forjar, a fin y efecto de salir de las regiones del pensamiento y entrar de lleno en las fases de su experimentación objetiva.

El sindicalismo revolucionario no se basta a sí mismo, ni teórica ni prácticamente, para la realización de la concepción ideal de plasmarse en una sociedad sin Estado.

El sindicalismo realizará algún día el hecho violento de la revolución social, y después de este hecho, el sindicalismo tendrá un papel importantísimo en la organización de la economía de la sociedad libertaria. Pero se puede afirmar que todas las realizaciones revolucionarias del presente y del futuro, infinitamente más que del sindicalismo, serán resultado de la espiritualidad insuflada en él por los libertarios. Sin el soplo o la impulsión espiritual de los ácratas, el sindicalismo no realizaría jamás ninguna gesta revolucionaria, y mucho menos la revolución social.

Pero si el sindicalismo no puede ser el ideal, ha de ir con él en concepto de brazo. No es menester una división entre anarquistas y sindicalistas, como no es menester una división entre el cerebro que piensa y el brazo que ejecuta. He aquí la misión de la anarquía. Sindicalistas todos para la lucha y anarquistas todos después de ella”.

No pudieron plasmar su deseo de crear una escuela, pero promovieron desde la biblioteca una nutrida actividad cultural. Marcens nos cuenta:

“Nuestro objetivo primero era establecernos en la zona y perdurar. Era un desafío importante porque no contábamos con el aval de ningún sindicato o federación y proveníamos de un mundo de ideas no aceptadas por la ortodoxia del movimiento. Pero no nos desanimamos. Dos obreros españoles nos ayudaron a construir un galpón para ampliar la capacidad de la biblioteca y dedicarlo, luego de ser apropiadamente decorado, a salón de debate y espacio dedicado a la poesía y al teatro. La discusión sobre la pureza en la dramaturgia empezaba en Buenos Aires y Rosario pero, fieles a nuestros principios, no tomamos partido y convertimos al centro en un rincón neutral. De hecho, con los primeros lectores, tomamos fragmentos de obras de Florencio Sánchez y las memorizamos con tanto entusiasmo como falta de estilo, e inauguramos los encuentros culturales con el talentoso escritor uruguayo. Lo hacíamos sin escenografía y a cara lavada, ya que pretendíamos que las palabras no perdieran su contundencia escondidas en artificios de cartón y madera. Gustó mucho y continuamente recibíamos pedidos para representar el popurrí y nos daban ideas para agregar nuevos textos o representar otros. Un ruso, Miguel Hochvov, nos acercó la poesía de su país con libros de Tolstoi y Chéjov que él mismo, junto a su hermano, habían traducido. Godoy se ocupaba más del periódico, que salía cuando juntábamos el dinero para el papel y la buena voluntad de algún centro o sindicato hermano para imprimirlo. Debo reconocer que los socialistas reformistas nos ayudaron en dos ocasiones, lo que generó disgusto en el seno del movimiento local. Pero habíamos golpeado todas las puertas y en todas había excusas, válidas o no. Debo decir que la velocidad de nuestros sueños superaba por mucho la capacidad de concretarlos”.

En 1920 la biblioteca fue sede de varios debates en torno a la crisis de representatividad de varios dirigentes de la F.O.R.A. local, acusados de acuerdistas. Las puertas estuvieron abiertas para las diferentes corrientes del pensamiento libertario y, si bien las discusiones no arribaron a síntesis superadoras, tuvieron picos de efervescencia nunca registrados en la zona. Dice Alberto Schilman, del gremio portuario:

“Para los que habíamos tenido militancia en el viejo continente, la sola idea de una autoridad omnipresente nos horrorizaba. Estábamos dispuestos a combatir este pensamiento que ganaba adeptos entre los delegados de base que concurrían a Buenos Aires a los seminarios de actualización teórica. La patronal y los partidos burgueses se reían de nuestras diferencias y utilizaban cada una de ellas como signo de debilidad para detener nuestra acción de reclamo, o para ganar voluntades por la dádiva y el soborno. La circulación de nuestros periódicos no era suficiente porque las requisas constantes de la policía y las dificultades de distribución entorpecían su llegada al obrero. Además, los que pensábamos que el ideal era para todos, nos encontrábamos con muchos compañeros criollos analfabetos. Por eso la invitación de la biblioteca fue fundamental. Algunos solíamos ir a leer los clásicos latinos (tenían una linda colección que incluía a Cicerón y a Suetonio) y a ver los espectáculos que ofrecían esporádicamente; otros se acercaron por primera vez a los libros. Ese galpón de paredes ennegrecidas y con orgullosas banderas negras y rojas sería el sitio adecuado para defender posiciones con la garra pero también con el respeto que merecíamos los anarquistas”.

Durante las discusiones se conformó un pequeño cuadro filodramático con lectores y compañeros de la biblioteca, y se escribieron tres breves monólogos que pusieron en escena en el galpón. Dice don Julio Milran, uno de estos lectores y actor amateur:

“Yo venía de participar en algunas obritas en Buenos Aires, incluso con los socialistas internacionales, porque mi primo militaba con ellos. Así que, vergüenza no tenía y en los años mozos mi voz sonaba bien, sin acento gringo; así todos me entendían porque no hablaba con modismos vulgares ni titubeaba. Además soy de escribir, por lo que me puse manos a la obra y redacté de un tirón el monólogo que titulé Anarcosindicalistas. Me parecía apropiado referirme al tema en medio de las trifulcas. He rescatado de mis papeles un fragmento.
Obrero: Divididos anarquistas y sindicalistas, nada haremos, como nada haría el pensamiento sin la acción y la acción sin el pensamiento. Piensen amigos, no nos separemos para el gusto del patrón. Enriquezcamos nuestra vida con el alimento de la solidaridad y la entrega que son la fuerza del ideal. Dicen que el sindicato no es nada. Se le niega valor y es el brazo del libertario. La verdadera agremiación es revolucionaria y asume la concepción ácrata de la vida. Por eso no estamos de acuerdo con los socialistas. Ellos hacen hombres que no creen en su personalidad y con su obra retardan el momento de la posesión integral de las prerrogativas sociales del hombre. Quien crea que su solución depende de otros o que defienda la organización estatal, es un esclavo. La virtud del anarcosindicalismo, puesto que tiene ideas propias, es relevar y sustituir los factores del capitalismo y de la burguesía. No nos equivoquemos de enemigo, hermanos. Usemos nuestra razón y demostrémosle al mundo que somos la luz que dará paso a una nueva humanidad, justa y sin clases. El capitalista nos acecha con sus partiditos políticos y sus trampas de miel. ¡Cuídate! No necesitas maestros ni curas que te marquen la senda, tu conciencia te guiará. Y seremos un río indomable que acabará victorioso en la mar. Si sacrificamos nuestra vida, la de hijos, esposas y hermanas en pos del ideal, no podemos rendirnos ahora. Con la fe en la razón y los ojos puestos en nuestros mártires, la anarquía y la libertad suprema son nuestro norte”.

En 1922, en una de sus últimas actividades antes de ser cerrada por la fuerza pública, la biblioteca “Los pioneros de la libertad” celebró el día del trabajador con dos jornadas dedicadas a la reflexión. Los discursos fueron acompañados de cantores locales que interpretaron temas de extracción libertaria. También se presentó un monólogo de creación colectiva declamado por José Ortiz, obrero ceramista. En el boletín publicado para el acto, se registraron algunos momentos de la citada pieza titulada Peligros reformistas.

“El clamor de los obreros estalló en gritos cuando Liborio se dirigió al escenario y comenzó a hablarles. Una cálida ola de esperanza iluminó los ojos de los proletarios fijos en su figura.

LIBORIO: Compañeros. Escucho que los dirigentes socialistas nos cuentan de las conquistas que consiguieron. Y yo les advierto sobre sus mentiras y las mentiras del sindicalismo reformista. Su error es imaginarse que, por etapas sucesivas, de pequeños provechos en conquistas secundarias, está con fuerzas para hacer la economía de una revolución y que estas victorias totalizadas llevarán a la transformación social.

Que las agrupaciones, organizaciones o partidos burgueses, inclusive los que se auto titulan más adelantados, coloquen su confianza en ese método de propaganda y de combate que se mueve dentro del marco de legalidad en curso y de instituciones que actúan al interior y dentro de límites de ese marco, ello se comprende y explica. Pero que ustedes, que desafiaron al vil patrón confiando en las ideas del anarcosindicalismo, lo hagan es intolerable. Los partidos burgueses creen o hacen creer en la perennidad del Estado y de la propiedad individual. No conciben que ése o aquélla puedan desaparecer y que la vida social pueda ser organizada sin el mantenimiento de la superestructura estatal.

Es por lo tanto natural que amplíen y multipliquen las reformas y que no les dediquen como límites extremos nada más que las fronteras trazadas por las necesidades de la dominación política: el Estado y de la explotación económica: el Capitalismo. Están dentro de su papel, cuando consienten, con las reformas, a hacer la parte del juego. En una palabra, el sindicato obrero nace como reformista pero nosotros compañeros lo transformaremos en anarquista y revolucionario. Por eso he sido golpeado casi hasta morir. Por el ideal y por todos ustedes”.

El sueño de la biblioteca murió aplastado por la represión unos meses después. Pero la lucha de los ex alumnos del taller escuela continuó. Oscar Fritzman y Jorge Spataro, dos jóvenes formados en la biblioteca, emprendieron un camino sin destino prefijado, salvo el de las luchas sociales. Dejaron el país y participaron con entusiasmo en diferentes proyectos del movimiento en Uruguay, Brasil y Venezuela. Con el espíritu de tolerancia y horizontalidad, aprendido en las largas charlas y clases interactivas del taller escuela, aportaban sus conocimientos y experiencias al servicio de las causas populares, sin interesarse por el sector político que motorizara cada expresión de resistencia en particular. Las zonas que visitaban estos acólitos ofrecían un auditorio potencial de criollos semianalfabetos y de inmigrantes, con un precario conocimiento del idioma castellano.

Además, contaban con poco tiempo y escaso dinero para invertir en actividades culturales. Para evitar la confusión que pudiera surgir en un público no entrenado, las piezas recurrían a situaciones cotidianas de lucha, con un criterio próximo-distal. Utilizaban fórmulas sencillas y la repetición como resorte de estructura dramática, para asegurar el objetivo didáctico y proselitista. La reiteración, en ocasiones exasperante en los dramas libertarios, aparecían en los temas, la fraseología y la elección de personajes identificables estereotipados, entre los que destacaban el esclarecido, emisor del mensaje y el oponente, vinculado a los sectores burgueses. Este maniqueísmo era resuelto en el final de la pieza con el triunfo real o moral del héroe ácrata, y la aparición de un joven o niño que tomaba la posta en la lucha.

En los cuadros filodramáticos de las organizaciones libertarias, especialmente en los surgidos en las escuelas del movimiento, hemos visto un esfuerzo colectivo de sacralización que exige del participante una apertura del espíritu y ofrece a cambio el control de sus propios medios de expresión. Estos aficionados, formados en el seno mismo de la masa anarquista, no trabajaban por dinero, sino por convicción ideológica, y ese fenómeno demuestra la comprensión que el problema del teatro estaba unido estrechamente al poder económico. El teatro burgués, determinado por la estructura económica, dependía del consumo. Su objetivo era cubrir la sala de espectadores, aún apelando a burdas obras de entretenimiento. Se trataba de una mercancía para vender, y su estructura estética estaba determinada por la demanda. El teatro libertario intentaba emanciparse de esta perversa lógica comercial para crear productos culturales determinados por el contenido social e ideológico.

Así, el teatro volvía a manos del pueblo como arma ideológica y cultural, y con una fuerte eficacia educadora. La escasez de medios en los cuadros filodramáticos deviene en una suerte de economía de puesta, con una escenografía básica y generalmente con vestuarios propios o elaborados en talleres de las escuelas racionalistas. Esta situación promueve maniobras de simplificación y de condensación, reduciéndose personajes, la línea argumental (que en ocasiones se lleva a un bosquejo) y los signos escénicos. En su pretensión de vehículo de principios básico utilizaba códigos ideológicos compartidos por buena parte de la concurrencia, lo que favorecía el éxito de los dramas. El monólogo fue utilizado por los libertarios porque requería de escasos elementos para su representación y al minimizar los recursos necesarios facilitaba su redacción.

He recogido cientos de estas piezas, muchas creadas en talleres especialmente pensados en las escuelas racionalistas existentes en el país, todas de breve duración por ser censuradas o destruidas por la represión de los sectores dominantes. Tenían predilección por las formas melodramáticas, que le daba un marco de espectacularidad especial a los discursos de los personajes, marcando exageradamente las situaciones de tensión, que surgían así amplificadas. Pero el melodrama y el drama social, de acuerdo a los procedimientos ibsenianos, exigía el esfuerzo de escribir y representar obras más largas.

Cuando hablamos de los sectores “intelectualistas” del movimiento, que aceptaban reproducir textos de autores no vinculados directamente con el anarquismo, (Zola, Ibsen, Chéjov o los locales González Pacheco o Sánchez, de pasado libertario), vemos que no presentan el inconveniente explicitado. Pero, cuando nos referimos a los “puristas”, que sólo acuerdan con los productos escénicos nacidos en sus propias filas, nos encontramos con otras realidades. En este dinámico sector libertario, donde primaban los pequeños círculos, los talleres-escuelas y las opciones militantes unipersonales, adaptar los textos a las condiciones que debían enfrentar fue un desafío, resuelto apelando al monólogo como propuesta.

Fritzman y Spataro, siguiendo la lógica del acólito, crearon dos círculos en Venezuela, donde representaron con militantes locales obras de tinte revolucionario llevadas de su experiencia en Argentina. Antes de avanzar en el trabajo es preciso aclarar la noción misma de acólito, brevemente en virtud de las exigencias del ensayo. Ante las persecuciones que fueron diezmando al movimiento y aún arrinconándolo ante la pasividad de supuestos partidos progresistas con representación parlamentaria como los socialistas, los ácratas desarrollaron estrategias para continuar con su labor propagandística. Para ello, recurrieron al solitario militante o a las parejas, que recorrían los inmensos y despoblados territorios siguiendo las vías férreas que los ingleses diseñaron para la extracción de los bienes primarios.

Los acólitos tuvieron un papel fundamental, ya que llevaron el ideal a parajes en los que la sindicalización era escasa. Con una formación teórica adecuada y fieles al espíritu de debate continuo del movimiento, a pesar de su aislamiento con los centros anarcosindicalistas más importantes, nunca tomaron posiciones autoritarias y facilitaron la circulación de las ideas básicas libertarias.
Con estos principios, un cuadro filodramático de escasa vida puso en el círculo “Claridad” de Caracas la pieza No desesperen, escrita por un respetado acólito, Isaac Berman. Allí un delegado ácrata se dirigía a los que compartían sus dolores y a aquellos que los explotaban.

“RAMON: Estoy aquí para debatir los pasos a seguir en la huelga. Tuve muchas presiones. Los dueños de los campos, los capitalistas terratenientes, atentaron contra mi vida y sus esbirros de la policía mataron al pobre Juan. No se puede razonar con el que blande el látigo y nos cree sus esclavos. Ellos hablan de la civilización que traen, de los adelantos que su presencia significa. Y sólo crean almacenes rústicos, en las que los obreros del hacha, debemos comprar con vales y a precios inalcanzables. Si el turco, que les hace de intermediario, quiso cambiar pieles valiosas por un kilo de azúcar. Se dan cuenta, compañeros. Un engaño tras otro. Pero claro son letrados, tienen la ley del dueño de su lado y se aprovechan de la ignorancia del pobre. Por eso les pido que se acerquen al círculo anarquista, allí aprenderán a leer o a profundizar lo que saben. Y el combate será también en otros campos. No le regalemos el territorio de la razón.

El conocimiento es un proceso que se identifica con sus fines: libertad y amor. Para realizar el deseo irresistible de libertad es necesario conocer, y para conocer es necesario amar. El conocimiento, la libertad y el amor no pueden ser concebidos sino en una relación recíproca. Estos tres términos son el lado de un triángulo que no podría existir sin los otros dos. Y como el amor es a un tiempo instrumento de conocimiento y de liberación, la poesía es amor e iluminación. La lectura los hará libres; aunque sean dependientes sus cuerpos, su espíritu no tendrá patrón. No renuncien a la belleza. Por más loco que me crean, aún en medio de la selva y perseguidos podemos conectarnos con esa belleza que nos rodea y con la crece en nuestro interior. Pertenecemos a un movimiento social contestatario y somos una opción de rebeldía ante el Estado y las instituciones jerarquizadas y despóticas inherentes al capitalismo.

Se puede constituir un modelo de organización asentado en prácticas colectivas e igualitarias y en relaciones de solidaridad y cooperación voluntaria, en resumen autogestionario, configurado por grupos auto-administrados, cooperantes y donde no tuviesen cabida el autoritarismo y la dominación. Ciertamente que esa organización voluntaria y no jerarquizada exige empeño personal, participación y conciencia, al contrario de las instituciones autoritarias que recurren a chantajes, propinas y fraudes. Por esa razón es más difícil y más tardía la creación y desarrollo de formas de organización cooperativas, incluso porque la resistencia a los cambios, la huella de los valores dominantes y la rutina tienden a apartarnos de modos de organización que implican un trabajo arduo y permanente de renovación y compromiso solidario. No aflojen, podemos y debemos dar una repuesta rotunda y ella será la organización en torno al ideal. Y no responderemos con violencia, porque eso espera, para exterminarnos y adocenar a los que sobrevivan. Lo haremos con el amor que surge de nuestra comunión de intereses, de nuestra humanidad plena, de nuestra libertad sin rejas teóricas”.

Perseguidos por las fuerzas policíacas de la zona, escaparon al área rural, donde continuaron con sus tareas de esparcir el ideal. Con suerte dispar y no pudiendo vincularse con los sindicatos locales, se trasladaron a Río de Janeiro. En esta ciudad, con una presencia ácrata visible, participaron en diferentes actos de resistencia, aunque no pusieron obras por razones idiomáticas. Fritzman decidió establecer residencia en Brasil, mientras que Spataro viajó a Montevideo. Nos cuenta Spataro:

“Después de miles de kilómetros, sólo pensaba en continuar la lucha. Ya habíamos intervenido en huelgas de portuarios, hombres del riel, de la alimentación, cosecheros, etcétera. Experimentamos una solidaridad que superaba las estrechas barreras de nuestro movimiento. Los oprimidos no reconocen banderas y si bien sabíamos que la anarquía era y es la única solución nunca practicamos sectarismos. Al aceptar la separación del alemán, busqué nuevas trincheras en Montevideo, ciudad que me recibió con alegría y desafíos renovados. En diferentes sindicatos y locales afines interpreté algunos monólogos que llevaba a cuestas, casi como una biblioteca ambulante”.

Fueron varios los unipersonales que presentó Spataro en la capital de Uruguay y en otras ciudades, como Salto. Estos trabajos dramáticos respetaban las reglas estéticas libertarias. Las bases de la perspectiva anarquista -tanto en términos generales, como en lo específicamente referido a lo artístico- no derivan de un modelo teórico que, una vez establecido por algún “maestro pensador”, quedaron determinados para siempre.

Se trata aquí de un cuerpo conceptual dinámico, cuyos creadores y seguidores han rehusado convertir en canon de obligatoria obediencia, pues siendo su esencia la libertad y el cambio mal podría avenirse con ello. Por tal motivo, no es sencillo -y hasta resultaría inaceptable para algunos- pretender enumerar los principios estéticos libertarios, más aún cuando ello significa suponer coincidencias plenas entre posturas ideológicas que han puntualizado sus diferencias tanto en la explicación y valoración del hecho artístico como en otros aspectos. No obstante, es posible intentar una presentación que subraye los elementos que unifican a las diversas teorías estéticas libertarias, ámbito donde quizás lo más difícil sea conciliar lo que sostiene el Anarquismo Individualista con lo que afirman las tendencias en pro de lo que cabe llamar el Anarquismo Social. Explicar estas diferencias excede los objetivos de este trabajo.

Sin embargo, para avanzar en la actividad de los acólitos como vehículos del ideal libertario, es necesario precisar si es posible descubrir una genuina estética del movimiento por encima de sus múltiples interpretaciones doctrinarias. La estética anarquista parte de considerar al arte como expresión indispensable en la vida de los pueblos y los individuos, en tanto se trata de una praxis que fusiona la imaginación con el trabajo -la actividad humana y humanizante por excelencia-. Es en su horizontalidad de criterios y en su multiplicidad de propuestas, que encontramos un rico y destacado material dramatúrgico. Spataro, junto a Incola Gargiulo y Armando Macchio, recuperaron un texto llamado Despertar, monólogo de creación colectiva y puesto a criterio de los militantes hacía unos meses atrás en la zona de San Lorenzo, Santa Fe. Decía un pasaje,

JUSTO: Nosotros sacrificamos por la idea nuestra tranquilidad, nuestra propia vida; nuestro bienestar, y ponemos en peligro nuestra libertad; nosotros no omitimos esfuerzo ni fatiga para sostener la lucha, sin esperar mas recompensa que la satisfacción de ver que la propaganda sigue adelante, que no muere.

¿Por qué los demás no cumplen con su deber desprendiéndose de algunas monedas con la frecuencia que sus circunstancias se los permitan y así acompañar el esfuerzo de transmitir la verdad? Dar dinero para el fomento de una causa superior como es la de la emancipación de la humanidad, implica un sacrificio menor que arriesgar la vida o la libertad, compañeros. Reflexionad y ayudad con constancia. No esperéis a que se os inste y se os vuelva a instar a prestar vuestra ayuda, porque eso hace sonreír a vuestros verdugos que al ver vuestra indiferencia y vuestra morosidad se sentirán tranquilos. ¿Qué pueden temer los verdugos de la humanidad de gentes que no saben desprenderse de unas cuantas monedas para sostener el sindicato que las defiende? En presencia del enemigo deberíamos todos los desheredados hacer prodigios de abnegación, de desprendimiento, de actividad, de valor, de solidaridad.

Si no lo hacemos así, no esperemos que se nos respete, renunciemos a ser libres. Por eso apoyen nuestros cuadros filodramáticos, que combaten contra la ignorancia desde el arte, un arte puro, sin búsqueda de la efímera fama, que anima al actor profesional. O preferirán a los escritores comerciales que se venden al mejor postor. Sepan que los autores de mentalidad burguesa han llevado a escena obras que podían ser motivo de regocijo para una clase privilegiada pero muy pocas veces se ha visto en ellos un gesto de rebeldía, ni un gesto de dolor para con los proletarios, para los que viven otra realidad diferente a la suya. Y como subsisten por el bolsillo burgués cuando hablan con cierta benevolencia de la clase obrera, lo hacen con un tono de compasión y paternalismo.”
Al regresar al país, Spataro tomó contacto con los grupos que operaban en el área de influencia de La Forestal. Rápidamente se reunió con Justo Steiner, un destacado militante integracionista, que lo recibió con regocijo. Antes de seguir, es indispensable detenernos un momento en el trabajo de Steiner.

Las huelgas portuarias en la zona del litoral afianzaron la camaradería en el movimiento y permitieron el crecimiento de círculos en el litoral cercano. De esta forma, aumentó la circulación de las ideas ácratas y en especial el nivel de concientización y capacidad de acción directa del movimiento. En 1924 se fundó la Biblioteca circulante “Eliseo Reclus”, que repitió experiencias europeas similares con gran suceso. Comenzó transitando el territorio de La Forestal con un carromato a cargo de Florencio Iñiguez y Rafael Molina, maestros españoles de inspiración ferrerista. Enrolados en la facción no purista del anarquismo local, el patrimonio original de la biblioteca se nutrió con clásicos de la literatura mundial y con escritos de Mijail Bakunin y Errico Malatesta. Poco a poco incorporaron la producción teatral de los cuadros filodramáticos que actuaban en los sindicatos y centros que visitaban. Justo Steiner se unió al proyecto unos meses después, con el deseo de profundizar su accionar y extenderlo hasta Rosario.

“Mi idea, al sumarme a la biblioteca, era aumentar drásticamente el número de ejemplares recurriendo a los que elaboraban con tanto empeño nuestros compañeros. Yo mismo había participado de algunas experiencias en tablados armados al calor de la lucha, intentando acercar al obrero los textos inmortales de Ibsen o las obritas que creábamos con amor y compromiso. Claro que se me puede argüir, la cantidad no implica forzosamente calidad. Si bien algunos compañeros conocían el arte de escribir por haber participado en los talleres de las escuelas nuevas, o por participar en los circuitos comerciales antes de convertirse al ideal. No seré yo quien rebata este criterio de supuesta falta de calidad en las obras, pero me gustaría que a la hora de juzgarlas no se olvidase algo tan obvio como que es difícil improvisar teatro”.

Nos encontraríamos, pues, no tanto con obras acabadas como con primeras aproximaciones a un género y a una forma nueva de hacer teatro. Aproximaciones a cargo, en muchos casos, de autores noveles que no pudieron gozar de la continuidad necesaria para poder consolidar su escritura. Y como intentos habría, en definitiva, que juzgarlas. Hay que añadir a lo anterior otro factor que creo que no ha sido lo suficientemente matizado a la hora de estudiar el teatro del período: no podemos olvidar que una parte de estas obras frustradas nacieron al calor del empuje revolucionario que los anarquistas promovieron en todos los terrenos durante los conflictos obreros. Y libertarios fueron, igualmente, algunos de los autores que las escribieron. Este hecho plantea la necesidad de profundizar en la estética y en la teoría teatral anarquista. Profundización que, para el teatro argentino, está todavía lejos de haberse alcanzado pese a aportaciones de algunos investigadores en los últimos años. Parece, con todo, que los anarquistas primaron sobre la perfección formal el valor propagandístico del arte (y del teatro), entendiendo la propaganda como no circunscrita al terreno de lo político, sino como difusión de concepciones alternativas a la ideología y la cultura; en definitiva, a la visión del mundo imperante.

Como resultado de este desequilibrio, podemos acercar algunas conclusiones parciales. Si nos preguntáramos ahora sobre el valor efectivo de la propuesta dramática libertaria, la respuesta podría ser muy variada. Parece indudable que la mayor parte de la producción literaria y artística de los anarquistas no ha alcanzado una plenitud formal, en el sentido comúnmente aceptado por la crítica. No cabe duda de que el estilo de muchas de aquellas obras resulta torpe y malogrado; pero es igualmente indudable que, a pesar de sus imperfecciones, esos poemas, esos dibujos, se animan con un cierto vigor original; un soplo de grandeza parece brotar de su generosa fe y entusiasmo revolucionario.

Y en lo que se refiere a su efectividad como arma contra la tiranía, es posible esto que se encuentre en su propia existencia en cuanto testimonio de la rebeldía humana contra la opresión y la injusticia.
Steiner logra su propósito de convertir la biblioteca circulante en un recurso legitimado por el anarcosindicalismo de la región, y su inserción en la vida cultural del movimiento es registrado por varios periódicos libertarios. En 1926, ya contaba con más de ciento veinte piezas y monólogos de diferente origen y estética pero, que según el criterio de clasificación, resistían el apelativo de revolucionarias. Armando Ricci, colaborador de Steiner en este período nos narra:

“Mi tarea era acercarme a los círculos y centros a buscar material de producción propia. Un paisano burgués de apellido Matiori había instalado una fábrica de lácteos en San José. El queso trebolgiano –imitación del reggiano italiano– salía de esa empresa. Entre sus obreros surgió un movimiento reivindicativo y crearon un círculo. Fui a hablar en una de sus reuniones. Bajé del tren y me indicaron que estaban congregados cerca del boliche en un galponcito. En mitad del camino ya escuchaba los cánticos en piamontés que partían de ese lugar. El coro exclamaba: Qui nel popolo noi siamo uniti / noi vogliamo la federezzione / non vogliamo piú, non vogliamo piú… Los obreros habían declarado la huelga y uno de los que más se destacó de ese plantel de trabajadores fue Emilio Boroni, obrero rural que, años después, integró las brigadas internacionales en España e integró las filas de C.N.T. También Pedro Riutti, que tenía un pasado de actor profesional en Turín. Él compuso un monólogo que llamó Leche agria y que recitó con declamación perfecta en más de una ocasión, que agregué con gusto a la Eliseo Reclus. Porque debo decir por mi experiencia que don Justo era muy amplio y aceptaba obras que otros despreciaban porque eran de corte cómico. Él seguía el consejo de los dirigentes que en España no discriminaban el tenor de las piezas y no caía en la tontería de preferir dramas, porque la revolución debe ser acompañada por la alegría”.

Steiner, luego de padecer la cárcel, decidió mudarse a Rosario e integró diversos centros de la ciudad vinculados al gremio portuario. Nunca cejó en su empeño de fundar una nueva biblioteca, ya que aún contaba con los libros de su anterior proyecto. Las dificultades por las que atravesaba el anarcosindicalismo, acorralado por las fuerzas patronales, pospusieron cualquier iniciativa. En julio de 1929, con un país en efervescencia política ante la inminente crisis mundial del capitalismo y la inacción del yrigoyenismo, Steiner inauguró la biblioteca “Ríos de verdad” en un precario galpón donado por los hermanos Sáenz, obreros tipógrafos de origen español. Una colecta que habían realizado los meses previos le permitió a don Justo conseguir doscientos títulos más, de cierto eclecticismo poético.

En esta oportunidad primaban las obras de escritores clásicos ingleses e italianos y colecciones de periódicos libertarios de Buenos Aires. La inauguración formal tuvo lugar el 15 de julio de 1929 y las palabras de ocasión fueron seguidas de un monólogo de ribetes melodramáticos titulado, según consta en el libelo de propaganda, Tormenta de huelgas. Ignacio Pratman, joven militante del gremio panadero, recuerda ese suceso:

“Las cosas se habían puesto difíciles para nosotros. Los gremios estaban intervenidos por burócratas designados por el gobierno, en componendas con los sindicalistas entreguistas. Muchos compañeros sufrían la privación de su libertad y la angustia crecía al desconocer su paradero. Algunos hacheros habían sido colgados cerca de las picadas en el monte. Tratábamos de coordinar esfuerzos para mantener la unidad y en especial para que los recién llegados a la lucha, que carecían de instrucción, no fueran ganados por el desánimo. Todo esto pinta la situación y enaltece aún más la decisión de don Justo de fundar una biblioteca y crear un taller de redacción. Cuando el sufrimiento y la represión crecían, cuando la desesperanza aumentaba, don Justo creyó que era momento para leer. Y lo creía porque nos inculcaba con paciencia de docente, que sólo con nuestro espíritu enriquecido por el saber y el arte podríamos encarar el combate. Para él no había arma que se asemejase a la pluma de Tólstoi o a un poema de un libertario anónimo. Yo participé activamente en la recolección de libros y en el taller. Desde niño había escrito, con mis limitaciones, y quería hacerlo mejor. Don Justo consiguió un maestro con experiencia en las escuelas racionalistas y gracias a sus enseñanzas terminé una obrita que había empezado dos años antes. Teníamos la intención de crear un cuadro filodramático, pero no tuvimos el número suficientes de adeptos a la idea. Con la ayuda de otros centros, logramos interpretar en la biblioteca varias obras en beneficio de los familiares de los presos políticos. Las funciones eran los sábados a la noche. Esas obras eran de contenido social (el preso no se doblegaba, era torturado y prefería morir antes que delatar). Mi primo se encargaba de organizar a ese conjunto heterogéneo conformado para el acto y hacía de apuntador detrás de los cajones. Los que actuaban eran albañiles, panaderos, portuarios, un carpintero que ayudaba en los tablados y mi tía que era planchadora. Pero antes de empezar la obra de teatro, alguien tocaba el piano y otro cantaba Hijos del pueblo. También se leían versos sueltos y fragmentos de novelas y cuentos. En esa biblioteca leí el Yo acuso de Zola y La madre de Gorki. Steiner sólo protestaba porque no podíamos conseguir una imprenta, que nos hubiera permitido aumentar el patrimonio con producción propia. Pero salvo estas protestas al viento, siempre lo encontrábamos con una sonrisa y el abrazo protector. Yo lo imaginaba mayor cuando sólo tenía doce años más. Pero su figura se agigantaba, nunca cansada, siempre alentando, aún en la cárcel. Y tenía una linda voz que usó en varias obritas y en monólogos, especialmente en uno en el que parodiaba a un burgués italiano que abusaba de los obreros. Nos divertía mucho dándonos respiro en la tensión continua en que vivíamos. Claro que no era el entretenimiento vacío de los burdeles del centro. Siempre agregaba frases de Malatesta que adaptaba al ritmo de comedia para que, aún riéndonos, los conocimientos teóricos se afianzaran. Una vez cayó el cabo Gómez de la policía provincial, sobrino de uno de los viejos militantes socialistas de Casilda. Venía para la requisa pero se quedó a la función y no paraba de reír. Satisfecho felicitó a don Justo y volvió a la comisaría como había llegado”.

En el proyecto de la biblioteca “Ríos de verdad”, Spataro tuvo un papel destacado al formar el cuadro filodramático de niños, único en la zona. Compartió textos recogidos en sus viajes, que enriquecieron los fondos patrimoniales y que lamentablemente se perdieron al ser quemado el predio donde funcionaba este centro cultural. Spataro continuó recorriendo el país a través de los ríos de metal del ferrocarril.

En 1936 participó de la Guerra Civil Española, siendo herido de cierta gravedad. Nunca abandonó su creencia en los principios ácratas y mantuvo su función propagandística fundando nuevas bibliotecas y centros al regresar a Sudamérica en 1944. Colaboraba con una biblioteca popular con más de noventa años de edad, cuando la muerte lo sorprendió a fines de la década del ochenta.. Dijimos que los militantes trashumantes cumplieron un rol importantísimo en la difusión de las ideas anarquistas, recorriendo extensas porciones del territorio nacional y entrando en contacto con obreros y trabajadores rurales que desconocían los rudimentos sobre los que se sustenta la vida sindical.

Y los crotos libertarios se destacan, especialmente desde los años treinta, cuando el movimiento había sufrido una pérdida notable de militantes por las represiones padecidas y la aparición de otras ofertas políticas más moderadas. Nacidos como extensiones de las vías, su actividad no se limitó a la simple propaganda, ya que algunos descollaron como músicos, artistas y titiriteros itinerantes y otros sembraron la semilla de bibliotecas que aún perduran en pueblos que los han olvidado. Uno de estos tozudos del riel fue Antonio Ligurio, un italiano linotipista, que tomó las viadas en la segunda mitad de los años veinte.

Nos cuenta: “Luego de participar en diversas acciones directas y fundar círculos en el Gran Buenos Aires, decidí que el camino a seguir era otro. Los jóvenes no se acercaban tan asiduamente a las actividades culturales que proponíamos y la represión policial había mermado el clima de esperanza que siempre nos había caracterizado. Un genovés, que se había convertido en croto unos años antes, me convenció de que este sendero era el más apropiado para continuar la lucha. Así que me lancé a una vida sin tierra firme, marcada por los trenes y con los vagones y estaciones como hogar efímero. De esta forma, crucé de norte a sur y de este a oeste la zona pampeana con mi mono lleno de libelos, periódicos y libros. Aprendí el arte de narrar y lo hacía en los playones de las estaciones de mayor porte, contando historias de libertad, solidaridad y confianza en el ser humano que recopilaba o escribía”.

Alfonso Nuñez, un español maestro racionalista, también eligió la vida libre del croto. De su entusiasmo y dura labor docente, surgieron al menos cuatro bibliotecas en el cercano litoral santafesino. Dice, con una energía que sorprende a sus noventa y cinco años: “Ser croto me emparentó con el humilde que se acurruca en los pisos de los vagones abrazado a su arpillera como único abrigo. Con ellos aprendí la destreza de convertir una lata descartada en tenedores y ollitas. Cuando lo deseaba me apeaba del tren y trabajaba en una chacra, usando el dinero del jornal para reponer las raciones de comida y comprar algún libro en los pueblos más grandes. La libertad que pregonábamos en las trincheras de las huelgas urbanas, la viví en esas noches estrelladas, frías, donde la compañía se limitaba a un perro. También aprendí de la generosidad de un plato divido entre seis y de la carrera a campo traviesa con el producto expropiado de huevos o pollos.”

Los crotos generaron un argot particular, que fue enriqueciéndose con los años y regionalismos incorporados. Y este idiolecto careció de ideologías. Debemos apartarnos de la visión nostálgica que cristaliza al croto, y particularmente al ácrata, como a un héroe romántico, sin profundidad en su análisis. Esta epidérmica posición es funcional a los sectores conservadores que han invisibilizado la tarea del movimiento anarquista y sus ideales más puros, así como su propuesta cultural y artística, sesgada por la historiografía oficial. La actividad de los crotos libertarios se fue diluyendo cualitativa y cuantitativamente desde fines de 1930. Si bien la concepción de libertad experimentada por los trabajadores golondrinas siguió a lo largo de por lo menos dos décadas relacionándola con el ideario ácrata, esta percepción es errónea.

Se han hallado testimonios orales y documentos que muestran cierta hibridación de los antiguos principios libertarios con concepciones propios o con ideas provenientes de nuevos emergentes sociales y políticos de nuestra historia. Uno de los desafíos de la investigación que me he propuesto es armar con el material recogido, basado en miles de testimonios orales y escritos, un pequeño glosario croto-libertario y un registro de las piezas teatrales, cuentos y material pedagógico que utilizaron. Hemos consultado la tarea de otros investigadores para hacer más completo este marco. Como una breve muestra de esta forma especial de comunicación dejo este breve glosario.

Bagayera. Bolsa pequeña en la que se lleva el bandolión, algún plato, cuchara, jarra yerba y comestibles mínimos.
Bandolión. Lata de aceite, cuadrada, de 5 o 10 litros, que se corta de lado y sirve para cocinar.
Bullone fato. Asunto terminado.
Catango. Empleado de estación ferroviaria. Gusano que vive debajo de la bosta.
Cerdo. Chacarero rico.
Changa solidaria. Donación de uno o dos días de trabajo de los ocupados en cosechas u otras actividades, a los recién llegados que carecen de posibilidades de colocación. Una versión reducida fue «el barato»: la donación de una o dos horas de trabajo.
Chapón. Pederasta.
Croto. Linyera, caminante, hombre que va andando.
Culo largo. Puestero de estancia o peón mensual de a caballo.
Curva. Gallina.
Dar el te. Dar una paliza; dar un castigo que puede terminar en la muerte.
Engrasar los rieles. Morir bajo las ruedas del tren. También puede decirse “Engrasar las vías”.
Hacer la católica. Pedir de puerta en puerta. También puede utilizarse «Batir la Católica» o “Isabel la Católica”.
Hacer una farmacia. Robar en una cocina.
Hacer galopiar la pera. Comer demasiado rápido.
Hacer mate italiano. Calentarse el trasero cerca del fuego.
Juan Figura. Vigilante, policía.
Las Tres Marías. Pan, carne y yerba.
Maranfio. Puchero, cocido, guiso improvisado.
Mono. Atado de ropa que se arma descosiendo las costuras de una bolsa de trigo o con un trozo de lienzo. Se coloca la ropa en diagonal (para que no se arrugue); se atan las puntas del cuadrado que quedan en la diagonal opuesta a la ropa y luego las dos puntas restantes. Y se cuelga al hombro.
Pasado de mono. Loco, chiflado, lunático.
Pedernera. Borracho.
Pique. Trabajo.
Porcacha. Mujer joven de las chacras.
Porcachona. La esposa del chacarero.
Ranchada. Lugar donde se duerme al raso; por extensión, todo lugar en donde se acampe en derredor de un fogón.
Tartago. Mate. También se usa la palabra “verdes”.
Trabajar el cerdo. Robarle a un chacarero poderoso o con dinero.
Viada. Tiempo que transcurre en la vida del croto; es la vida en las vías.

En cuanto a monólogos y dramas breves, muchos crotos llevaban textos de un anarquista titiritero trashumante llamado Sansiez, que con diversos nombres se repitió en la zona dominada por La Forestal. Decía un fragmento:

“Sinomiento: He recorrido muchos kilómetros y visto los horrores que sufre nuestro pueblo. Y estos horrores provocados por los patrones y sus lacayos no cesarán hasta que el pobre reconozca su derecho a vivir dignamente. La ignorancia es el mal que atraviesa nuestra tierra y se abate sobre el obrero con la contundencia de un golpe de machete.

Si no sabe siquiera leer y escribir nunca podrá defenderse apropiadamente, seguirá siendo cordero de sacrificio para los opresores. Los libros son los mejores amigos del proletario, los verdaderos maestros de la libertad. Pero no alcanza con cualquier libro o con escuelas que el mismo dueño construye. Porque inevitablemente pasarán de una esclavitud a otra, en la que instrucción para la obediencia se convertirá en rectora.

Compañeros, nunca les mentí porque la mentira es aliada de la ignorancia, es mancha en la honra de los hombres, y no hago hoy. Entiendan que ha llegado la era de los cambios reales y estos cambios deben estar en sus manos. Pero no es posible que una revolución se construya en la intuición, debe ser cimentada en el conocimiento. Ustedes deben lanzarse a la aventura de ese verdadero conocimiento; súmense a los talleres escuelas, busquen lecturas apropiadas, no acepten verdades consagradas que no pueden explicarse por el proceso de la razón. La humanidad no requiere de más cadenas, pide a gritos martillos que las destruyan.

El doctor Sinomiento estará a su lado, no como conductor, sino como compañero de esta lucha  contra la oscuridad de la ignorancia” .

 Pero sus interminables esfuerzos, más allá de persecuciones y asesinatos, aún registran productos culturales en muchos parajes del país.
El ejercicio de la memoria para no negarlos una vez más es mi compromiso.

Bibliografía

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Otro Trabajo Del Dr. Carlos Fos:  El Purismo Libertario En La Producción Dramatúrgico