Gobierno de Arturo Frondizi

John Cooke y la Resistencia Peronista Objetivos y Resumen

OBJETIVOS DE LA RESISTENCIA PERONISTA

El gobierno de Perón fue derrocado por un amplio conglomerado político y social, cuyo punto de cohesión era el rechazo al presidente. Este frente antiperonista estaba formado por los siguientes sectores: todos los partidos políticos opositores, la Iglesia y las organizaciones de laicos, buena parte de las Fuerzas Armadas, las organizaciones de los estudiantes universitarios, la mayoría del empresariado rural y parte del industrial y del comercial. En el plano social, estos sectores opositores pertenecían, por lo general, a la clase media, mientras que la clase obrera mantuvo su identificación con el peronismo.

Como en la mayor parte de los frentes que organizaron golpes de Estado en la historia de nuestro país, los acuerdos entre los distintos sectores eran muy limitados: todos coincidían en el rechazo a Perón, pero diferían en sus otros objetivos. Estas diferencias se hicieron presentes desde el inicio del gobierno de la llamada Revolución Libertadora.

Esta Revolución Libertadora era liderada por el Gral. Aramburu y el Alte. Rojas en 1955, el líder derrocado fue proscrito y negado, a punto tal que hasta la mención de su nombre fue prohibida por decreto. Recluido en su exilio y dada la imposibilidad de retornar al país para insertarse en el escenario político institucional, hacia fines de los cincuenta, Perón comenzó a alentar las huelgas y las acciones violentas de sus seguidores organizados en comandos revolucionarios, cuyo líder principal fue el ex diputado peronista John William Cooke.

 

John William Cooke

John William Cooke

El ex diputado y líder de la Resistencia Peronista, John William Cooke, murió el 19 de septiembre de 1968 en el Hospital de Clínicas En los últimos años de su trayectoria política había tratado de establecer una síntesis entre la tradición peronista y las experiencias socialistas que han surgido en distintos países de Latinoamérica.

De esta manera surgió el peronismo clandestino y combativo de la Resistencia Peronista, que devino hacia 1964 en Peronismo Revolucionario. En sus acciones de sabotaje usaban el «caño», un artefacto explosivo de origen anarquista que estaba armado con un niple metálico.

También se expresaba su rechazo a la proscripción pintando leyendas en las paredes de los barrios populares y distribuyendo volantes y periódicos que llamaban a mantener viva la lealtad a Perón. Éste no dudó en incentivar esas acciones con miras a desatar una rebelión general que volteara al gobierno golpista. Para eso contó con la colaboración de John William Cooke, un ex diputado que en marzo de 1957 logró fugarse de la prisión de Río Gallegos junto a otros presos políticos y se transformó en el principal impulsor del «giro a la izquierda» del peronismo. Cooke incluso intentaría convencer a Perón de adherir al nacionalismo revolucionario y al socialismo y conformar un amplio «movimiento de liberación» antioligárquico.

Con él transcurso del tiempo algunos comandos se mantuvieron autónomos, mientras otros comenzaron a reagruparse en organizaciones más complejas amalgamados por un ideal común: implantar la lucha armada para lograr sus objetivos políticos.

John W. Cooke: En su juventud militó en FORJA, pero en 1945, se incorporó al peronismo. Al año siguiente fue electo diputado nacional y a lo largo de los cuatro años que permaneció en la Cámara mantuvo una férrea posición antiimperialista como lo demuestra su oposición a la ratificación del Tratado de Chapultepec.

Entusiasmado con los postulados del nacionalismo, se acercó al peronismo y fue diputado nacional del primer gobierno de Perón. Luego de la Revolución Libertadora fue detenido en la cárcel de Ushuaia, y en 1956 fue designado por Perón su representante en la Argentina yjefe de la Resistencia Peronista.

Un año después se fugó con Cámpora a Chile y llegó a La Habana, donde participó de la Tricontinental, la OLAS, y la batalla de playa Girón en la Bahía de Cochinos librada en 1961. Su estadía en Cuba se interrumpió en 1958 cuando regresó al país y organizó la Segunda Resistencia Peronista que obligó al gobierno a decretar el estado de sitio e implementar el plan de Conmoción Interior del Estado (CONINTES).

En 1964, pudo regresar nuevamente al país gracias a la amnistía que otorgó el presidente lllia y continuó sus tareas de organizar y formar comandos revolucionarios a partir de la captación de estudiantes y obreros. En los primeros grupos organizados con la dirección de Cooke estuvieron las simientes de los Uturuncos y de la llamada ARP (Acción Revolucionaria Peronista). Muchos de los comandos de Cooke terminaron incorporados en diferentes organizaciones armadas.

citas de cooke

Producido el golpe del 55, Juan Domingo Perón lo designó inter ventor del Partido Peronista de la Capital Federal y, desde ese cargo, lideró la resistencia a la dictadura de la Revolución Libertadora. Cayó preso en 1957 y escapó de manera espectacular de la prisión de Río Gallegos, en compañía de otros detenidos peronistas como Jorge Antonio y Héctor Cámpora.

Cooke fue quien propuso por primera vez el uso de la violencia para lograr el retorno de Perón. Fomentaba dos líneas de acción: las huelgas revolucionarias y la acción directa de los comandos. A partir de su afinidad ideológica con el régimen de Fidel Castro, buscó fraccionar al peronismo hacia las propuestas castroguevaristas. Entendía que la lucha antiimperialista sólo prosperaría con la declaración simultánea de la guerra al capitalismo en el mundo subdesarrollado. Para Cooke la liberación nacional debía hacerse con la revolución social, en ello radicaba el fundamento de la lucha de los pobres contra los ricos.

En 1957 Cooke decía que era necesaria «… una política insurreccional de masas […] de agitación, propaganda y hechos, que abarque desde la huelga general revolucionaria hasta la organización de los intelectuales estructurando un frente amplio pero diferenciado, global y pensado como guerra del pueblo y con el firme carácter de organización político militar.

Explica Marcos Navarro en su libro Historia de la Argentina (1955-2010): Si bien la Resistencia se extendió -y con ella el sabotaje y los «caños», sobre todo durante 1957-, los resistentes siguieron actuando sin coordinación ni plan para la toma del poder, y se cuidaron de no dañar a personas (hubo un solo asesinato político entre ese año y 1960), incluso luego de los fusilamientos de junio de 1956.

Sucedía que los sindicatos tenían sus propios intereses, que en general privilegiaron frente al deseo de Perón de que hicieran todo lo posible por su regreso al poder: más allá de la politización de sus reclamos y de la polarización política reinante, no descartaron salidas negociadas para los conflictos sectoriales y acordaron moderar sus planteos a cambio de que se respetara la legalidad de sus organizaciones.

El gobierno de Aramburu, además de las medidas represivas, adoptó otras para atender esas expectativas: permitió que el peronismo sindical se reorganizara, e incluso que los salarios se recuperaran entre 1956 y 1957, con lo que la ola de protestas disminuyó y los gremios descartaron una huelga revolucionaria como la que esperaban Perón y Cooke.

Instrucciones generales de Perón para los dirigentes:
Perón tomó la costumbre de enviar cartas con instrucciones para sus seguidores en el país a través de los pocos canales con que contaba.

En una de ellas, de julio de 1956, decía: «Ellos nos están matando, nosotros no nos vamos […] a dedicar a rezar solamente a la Virgen […] un gorila quedará tan muerto mediante un tiro en la cabeza, como aplastado por casualidad por un camión que se da a la fuga […] los bienes y viviendas de los asesinos deben ser objeto de toda clase de destrucciones mediante el incendio, la bomba […] lo mismo ha de ser objeto de ataque la familia de cada uno de esos canallas, hasta que vayan a vivir en los barcos o decidan irse del país por no poder convivir con el Pueblo que escarnecieron […] la violencia más grande es la regla».

Las citas están tomadas de Samuel Amaral, «El avión negro: retórica y práctica de la violencia», en S. Amaral y M. Plotkin (comps.), Perón, del exilio al poder, Buenos Aires, Cántaro, 1993. JKT

Fuente Consultada:
Los llaman «Jóvenes Ideaslistas» de Victoria Villaruel

Gobiernos Radicales en Argentina Origen del Partido Radical Todos

ORIGEN DE LA UNIÓN CÍVICA Y
LOS GOBIERNOS RADICALES

Gobiernos Radicales en Argentina Origen del Partido Radical

1890:Origen de la
Unión Cívica

Gobiernos Radicales en Argentina Origen del Partido Radical

Gobierno de Hipólito Irigoyen
(1916-1922) y (1928-1930)

Gobiernos Radicales en Argentina Origen del Partido Radical

Gobierno de Marcelo T. de Alvear
(1922-1928)

Gobiernos Radicales en Argentina Origen del Partido Radical

Gobierno de Arturo Frondizi
(1958-1962)

Gobiernos Radicales en Argentina Origen del Partido Radical

Gobierno de Arturo Illia
(1993-1966)

Gobiernos Radicales en Argentina Origen del Partido Radical

Gobierno Raúl Alfonsín
(1983-1989)

Gobiernos Radicales en Argentina Origen del Partido Radical

Gobierno de Fernando De La Rua
(1999-2001)

La Revolución LibertadoraBiografía del «Chino» BalbínBiografía Leandro Alem

La Unión Cívica Radical fue en sus orígenes la gran protagonista del movimiento cívico y de opinión que presionó para obtener una ley que asegurara el voto universal, obligatorio y garantizado; luego conocida como Ley Sáenz Peña.

A partir de 1916 y hasta 1930 el radicalismo democratizó el poder, promovió algunas reformas pero no logró modificar el sistema en el cual se basaba el progreso heredado del régimen conservador. En los años posteriores fue oposición y fue gobierno, pero sin la hegemonía de aquella primera etapa. Ha sido, junto con el peronismo, la mayor fuerza política del siglo XX.

En este libro se analizan la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen, comienzo de un nuevo período en el cual las clases medias y populares accedieron al poder; los años de prosperidad durante el gobierno de Marcelo T. de Alvear; el segundo gobierno de Yrigoyen, que concluyó abruptamente con el golpe del ’30; las presidencias de Arturo Frondizi y Arturo Illia, marcadas por la proscripción del peronismo y los condicionamientos militares y, finalmente, la asunción de Raúl Alfonsín en 1983, que significó el regreso de la Argentina al régimen democrático luego de un largo período de gobiernos de facto.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS
ORIGEN DEL PARTIDO RADICAL

El Estado oligárquico
La modernización económico-social del país fue impulsada desde el Estado por los hombres del Partido Autonomista Nacional (PAN). Ellos ejercieron el poder desde 1880 hasta 1916. El PAN estaba constituido por un pequeño grupo de notables pertenecientes a los sectores sociales más poderosos del país.

Eran fervorosos defensores de los ideales del siglo. Creían que la ciencia y la técnica (positivistas) llevarían a la humanidad por la senda de un progreso sin fin. Deseaban acercar a la Argentina a las formas de vida europeas y terminar con todos los rastros de su pasado criollo.

Es por eso que se enfrentaron a la Iglesia Católica, considerada un símbolo de ese pasado, y fomentaron la educación. Mediante la ley 1.420, sancionada en 1884, establecieron la obligatoriedad, gratuidad y laicidad de la enseñanza primaria. Además se preocuparon por formar docentes y crear escuelas primarias y secundarias en todo el territorio nacional.

Pero este grupo dirigente que impulsó tantos cambios en la economía, en la educación y en la sociedad no modificó las formas tradicionales de hacer política. En este aspecto fueron conservadores.

Consideraban que sólo ellos tenían derechos y habilidades para ejercer el gobierno e impedían la participación política de los nuevos grupos sociales.

El sistema político era, en apariencia, democrático. Se llamaba a elecciones para la renovación de autoridades a los plazos establecidos por la Constitución. Pero, en realidad, todo se decidía de antemano a través del acuerdo entre el presidente, los gobernadores de provincia y otras personalidades políticas de prestigio.

En las elecciones se practicaba la violencia política y el fraude. Los métodos eran diversos: aunque podían votar todos los varones nativos mayores de 18 años, se excluía de los padrones de votantes a los opositores y se incorporaba a personas fallecidas. Además, el voto era «cantado».

Los sufragantes tenían que expresarlo en forma oral ante las autoridades del comicio y ante la presencia de matones a sueldo dispuestos a castigar a los opositores. También era muy común comprar con dinero o favores la voluntad de los ciudadanos.

Como en esa época el voto no era obligatorio, estas irregularidades desalentaban la participación. En las elecciones, votaba un porcentaje mínimo de ciudadanos. Los inmigrantes, que en algunas zonas eran muy numerosos, manifestaron poco interés por nacionalizarse para participar en la política.

Los métodos utilizados por el PAN impedían que hombres nuevos llegaran al gobierno y controlaran el Estado, que se convirtió en una organización cuya acción beneficiaba a los grupos de mayor poder económico y social vinculados al partido gobernante. Por eso, se lo denominó Estado oligárquico.

La corrupción política, la imposibilidad de llegar al poder por medios legales y la crisis económica, organizó a los distintos sectores de la oposición, unidos por el rechazo a Juárez Celman. El 1″ de setiembre de 1889 en el Jardín Florida se reunió por primera vez el Comité de la Unión Cívica de la Juventud. Este grupo, aglutinación de los diversos grupos opositores, no tenia aún suficiente fuerza política, pero de por si marcó el comienzo de la revolución. De aquí surgió la Unión Cívica, que reunió en sus filas a católicos y masones, militares y clérigos, a diversos sectores autonomistas y nacionalistas. El movimiento se extendió al interior, creándose clubs revolucionarios en las parroquias. Leandro N. Alem. figura principal de la nueva oposición, arrastró con su prédica a los jóvenes y a la gente de los suburbios.

LA REVOLUCIÓN DEL 90: 13 DE ABRIL DE 1890. En el mitin que se realizó el 13 de abril de 1890 en el Frontón de Buenos Aires (Córdoba al 1100) convocado por la Unión Cívica, que presidía Alem. la oposición se manifestó poderosa. Asistió Mitre e inició la serie de discursos, que continuó con los de Barroetaveña, Alem. Del Valle, Estrada. Goyena. Lucio V. López y Mariano Várela.

En los grupos civiles y militares el descontento general hacia el gobierno se manifestaba con tal fuerza que un contemporáneo de los sucesos escribió: «una revolución anda por las calles buscando quién la dirija». Los grupos de la Unión Cívica se pusieron en contacto con sectores de la oficialidad del ejército y se formó secretamente una Junta Revolucionaria, que terminó con la renuncia del presidente Juarez Celman.

La revolución del 90 no logró cambiar los fundamentos del sistema de gobierno oligárquico: sólo había desplazado a un sector de la oligarquía que fue reemplazado por otro. Frente a esta situación, y en ocasión de la sucesión presidencial de 1892, la Unión Cívica se fragmentó en dos líneas opuestas. La Unión Cívica Nacional conducida por Bartolomé Mitre y la Unión Cívica Radical liderada por Leandro N. Alem. La Unión Cívica Nacional propuso el acuerdo con el gobierno y en los años siguientes sus dirigentes y partidarios integraron los gabinetes y ocuparon cargos legislativos y en la administración del Estado.

La Unión Cínica Radical, en cambio, se orientó hacia la intransigencia. Sus dirigentes negaron legitimidad al acuerdo y a los comicios que lo legalizaban y decidieron mantenerse en la resistencia. Sostenían que «No derrocamos al gobierno para separar hombres y sustituirlos en el mando; lo derrocamos para devolverlo al pueblo a fin de que el pueblo lo reconstituya sobre la base de la voluntad nacional».

Durante los años siguientes, en el interior de la UCR se debatieron dos tendencias: la abstencionista —no participar en las elecciones— y la concurrencista —participar en las elecciones. Entre 1891 y 1894, la UCR participó en las elecciones y obtuvo algunas victorias. Pero, al mismo tiempo, los cívicos radicales que sostenían la impugnación revolucionaria comenzaron a extender su influencia a algunas provincias.

En 1893, se sucedieron movimientos revolucionarios en Córdoba, San Luis, Santa Fe, Tucumán y en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. Los enfrentamientos entre los radicales de las dos tendencias continuaron hasta que después de 1904, Hipólito Yrigoyen asumió como jefe de la UCR e impuso la línea de la abstención y la impugnación revolucionaria.

La fuerza política y la popularidad de! radicalismo se apoyaba en los caudillos de barrios y en los comités. Los comités estaban organizados según líneas geográficas y jerárquicas en diferentes lugares del país. Había un comité nacional, comités provinciales (o, en el caso de Buenos Aires, e! comité de la Capital Federal), comités de distrito y comités de barrio. Una de las cosas de las que más se jactaban los radicales era de que sus representantes oficiales habían sido elegidos mediante el libre sufragio de los afiliados al partido. Pero, al menos hasta 1916, lo habitual fue que el comité nacional y los provinciales estuviesen dominados por los terratenientes, y los comités locales, por la clase media.

La actividad del comité alcanzaba su punto culminante en época de elecciones. Además de las tradicionales reuniones callejeras, la fijación de carteles en las paredes y la distribución de panfletos, el comité se convertía en centro de distribución de dádivas para los electores. Algunos organizaron cinematógrafo para niños, ofrecieron conciertos musicales, repartieron regalos de Navidad y contribuyeron a las celebraciones de las fiestas de Carnaval. Otros fundaron sanatorios, centros de asesoramiento legal y bibliotecas, cuyo costo era financiado por los miembros activos. También suministraban alimentos baratos: el pan radical y la carne radical, por ejemplo.

Fuente Consultada: Historia y El Mundo Contemporáneo Alonso-Elisalde-Vázquez

Gobierno de Isabelita Maria Estela Martinez Muerte de Juan Peron

Gobierno de Isabelita María Estela Martinez

Gobierno de Isabelita Maria Estela Martinez La muerte de Perón dejó sin control al conjunto de fuerzas que habían coexistido conflictivamente bajo su liderazgo.

Cierto es que la ruptura entre las facciones peronistas (izquierda y derecha) había alcanzado un punto sin retomo antes de julio de 1974.

Pero cierto es también que la muerte de Perón privó al gobierno de una conducción legítima y aceptada por el conjunto del peronismo, que pudiera reformular los acuerdos políticos y sociales para asegurar la gobernabilidad del país.

En su lugar, ejerció una vacilante dirección su viuda, acompañada y aconsejada por el cada vez mGobierno de Isabelita Maria Estela Martinez ás influyente Ministro de Acción Social y secretario privado de Perón, José López Rega (imagen).

El lopezrreguismo fue aumentando su influencia directa en las decisiones y el 3 de enero de 1975 el Brujo fue nombrado secretario privado de la Presidencia, conservando su cargo de ministro. Todo pasaba por sus manos.

Además del entorno presidencial, el otro factor de poder en el seno del gobierno era el sindicalismo. Los sindicatos se sintieron relevados de los compromisos que habían asumido en 1973 y se dedicaron a deshacer el diseño político trabajosamente armado por Perón.

Poco después de la muerte de Perón, la dirección de la CGT pasó a manos de sindicalistas que creían que el movimiento obrero debía entrar en la etapa política abierta con la muerte del presidente libre de viejos compromisos con el gobierno.

Los nuevos compromisos que la nueva dirigencia negoció con el gobierno apuntaban a la reformulación del Pacto Social y al desplazamiento de los líderes sindicales y políticos opositores al oficialismo cegetista.

La concesión de la renegociación del pacto social desencadenó la renuncia de Gelbard. Esta reorganización del gobierno, que llevó a López Rega a la cúspide de su poder fortaleció a la burocracia sindical, coincidió con un recrudecimiento de la violencia.

Hacia mediados de 1975, el conjunto de acuerdos que Perón había articulado y que habían constituido el eje de su proyecto de institucionalización política, habían fracasado y el país parecía marchar sin rumbo.

La llegada de Celestino Rodrigo al Ministerio de Economía agudizó aún más los problemas.

Con el apoyo de López Rega, Rodrigo adoptó una serie de medidas, conocidas como el “Rodrigazo” —devaluación del peso entre un 100% y un 160%, incremento del 181% en el precio de la nafta y del 75% en los precios del transporte, y otras medidas similares— que tuvieron como efectos inmediatos una aceleración brusca de la inflación y una crisis política.

En los casi veinte meses del gobierno de María Estela Martínez de Perón —que incluyen los dos breves períodos de licencia por enfermedad—, la decisiva cartera de Economía fue ocupada, sucesivamente, por José Gelbard, Alfredo Gómez Morales, Celestino Rodrigo, Pedro J. Bonanni, Antonio E Cafiero y Emilio Mondelli.

Otros tantos hubo en Interior: Benito Llambí, Alberto L. Rocamora, Antonio J. Benítez, Vicente Damasco, Angel E Robledo y Roberto A. Ares. En total, treinta y seis ministros desfilaron por los ocho ministerios.

La crisis política culminó con el desplazamiento de Rodrigo (imagen izq.) y de López Rega, provocados por una exitosa huelga general declarada por la CGT.

Isabel Perón se alejó temporariamente del gobierno, que quedó en manos del presidente del Senado, Ítalo Luder. El ministro de Economía, Antonio Cafiero, apoyado por la CGT, procuró infructuosamente controlar la inflación.

El retorno de Isabel Perón a la presidencia, la crisis interna del peronismo, la agudización de la violencia política, y la falta de colaboración —en muchos casos, abierta oposición— del empresariado y las Fuerzas Armadas, quitaron al gobierno toda base de apoyo.

María Estela Martínez de Perón, también llamada “Isabel” o “Isabelita”, asumió la presidencia de la República, luego de la muerte de Perón.

De inmediato, apareció como figura principal su secretario privado, López Rega.

La influencia de López Rega empezó a hacerse evidente en todos los aspectos de la política del gobierno.

ACCIONES GUERRILLERAS: El ERP continuó atacando cuarteles y decidió crear un frente guerrillero rural, en la provincia de Tucumán. Hasta ese momento, los diferentes grupos guerrilleros habían centrado su actividad en las ciudades, la creación de una guerrilla rural respondía a la estrategia de formar un ejército revolucionario que pudiera enfrentar a las fuerzas armadas oficiales, vencerla y tomar el poder e instalar un gobierno socialista,, tal como había sucedido en, Cuba y Vietnam.

La elección de Tucumán respondió a que la geografía ayudaba a este tipo de prácticas y tradición de lucha del pueblo de esa provincia, Mario Roberto Santucho, jefe del ERP, pensaba que el gobierno, primero el de Perón y luego el de su mujer, eran incapaces de solucionar loa problemas del país, y que esa situación iba terminar con un golpe de Estado.

A partir de momento, el pueblo vería el accionar guerrillero como la única forma de transformación y sumaría masivamente al ERP; para ello, debía existir un grupo entrenado para servir de vanguardia. Nació así la compañía de monte “Ramón Rosa Jiménez”, en junio de 1974.

La cantidad de sus integrantes y la calidad de sus acciones militares fueron exageradas tanto por el ERP en su afán propagandístico, como por el Ejército para justificar su participación en la represión.

En un primer momento, fueron efectivos de la policía tucumana y de la Federal los que intentaron reprimir a los guerrilleros, accionar que se desarrolló prácticamente en secreto.

A comienzos de 1975, el decreto 261 del Poder Ejecutivo Nacional encargó la lucha antisubversiva al Ejército y le ordenó “neutralizar y aniquilar la acción de los elementos subversivos” en la provincia de Tucumán.

En octubre de ese año, este decreto se haría extensivo a nivel nacional. La Triple A, que ya se había cobrado más de 500 víctimas, lanzó una campaña intimidatoria en todo el país.

Sus destinatarios fueron artistas, escritores, cantantes, periodistas y actores que no gozaban de la simpatía de López Rega o eran opositores al gobierno. Aparecieron las llamadas “listas negras”. Figurar en ellas significaba no poder trabajar y, además, una amenaza de muerte, Comenzó, de esta manera, la ola de exilios.

Frente a todos estos hechos, el Estado mantuvo una pasividad que se confundía con la complicidad. Investigaciones judiciales posteriores demostraron que la Triple A funcionaba en las oficinas del Ministerio de Bienestar Social, a pocos metros de la Casa Rosada.

El financiamiento de los operativos provenía de fondos estatales y las órdenes eran invariablemente decididas por López Rega y miembros de las fuerzas de seguridad. En las Fuerzas Armadas volvió a tomar vigor la “doctrina de la seguridad nacional”.

ISABELITA: A partir de la desaparición del líder, Isabelita empuñó el bastón de mando, pero en realidad quien dirigía sus pasos era López Rega, que se había transformado en el poder detrás del trono.

Inepta para resolver los múltiples problemas de gobierno, Isabel solo atinaba a enfermarse en forma reiterada. Su personalidad inestable la hacia caer en actitudes contradictorias.

La violencia —decía— busca sacar las Fuerzas Armadas a la calle, pero no lo voy a consentir. Soy una mujer frágil pero tengo carácter. (8-10-74). Pero meses más tarde se firmaba el decreto que ordenaba a las Fuerzas Armadas aniquilar a subversión.

Otras veces apelaba a actitudes contemporizadoras, como cuando pidió a los líderes sindicales en la CGT: «no me lo silben mucho al pobre Mondeli”, su sexto ministro de Economía. A pesar de haber sido la primera mujer que en América llegó a la presidencia de una república, no se distinguió por defender los derechos de sus congéneres. (imagen: helicóptero que lleva a Maria Estela de Peron al Aeroparque)

Muy por el contrario, fue ella quien vetó la ley de patria potestad compartida aprobada por el Congreso, “porque era muy izquierdizante». También apoyó a López Rega cuando este, en aras de una “Argentina Potencia” de por lo menos 50 millones de habitantes para el año 2000, prohibió el uso libre de anticonceptivos.

Unas horas antes de ser derrocada por el golpe de Estado, festejaba con unas masitas y bocaditos el cumpleaños de una empleada suya en la Casa Rosada. Al subir al helicóptero que debía llevarla a Olivos, los militares le comunicaron que quedaba detenida.

El deterioro del gobierno de Estela Martínez de Perón había creado un vacío de poder de difícil solución.
Las continuas huelgas, muchas de las cuales eran Impulsadas por los frentes sindicales de las organizaciones armadas; el shock económico producido por la devaluación del peso del orden del 4% para el dólar comercial y del 100% para el financiero, impulsado por el ministro de Economía Celestino Rodrigo, son algunas muestras del complejo escenario político, económico y social de la Argentina de esos años.

Agravado por el cierre de la Comunidad Económica Europea a las carnes argentinas, ocurrido en julio de 1974.
A ello deben agregarse: los ataques de las organizaciones terroristas y su acción de agitación, que dejaba un asesinato cada 5 horas y un atentado con explosivos cada tres horas.

El desabastecimiento de productos básicos que sufría la población debido al congelamiento de precios; la aparición del mercado negro, y la inflación que trepó al 538% para el mes de agosto. Los aumentos de precios implicaban una inflación anual del orden del 3.000% y la tasa de inflación de marzo de 1976 extrapolada al año resultaba superior al 17.000%. Todo ello mantenía al gobierno en una profunda crisis que lo llevó a cambiar un ministro cada 25 días. (Fuente Consultada: Los llaman «Jóvenes Ideaslistas» de Victoria Villaruel)

La Visión Inglesa: […] en marzo de 1976, la sociedad y el Estado estaban al borde del colapso que el terrorismo comenzó al final de los años 60 y había alcanzado proporciones que hacen los se cuestros en Alemania Occidental y los disparos a las piernas de Italia como juegos de niños contra la sociedad. En parte porque tuvo muchos problemas, la Argentina fue lenta para responder decisivamente al terrorismo […]. Los terroristas italianos y germano-occidentales no pueden ser comparados con la fuerza y la ferocidad de los grupos argentinos […].
Los terroristas de la Argentina casi controlaron el corazón de una provincia montañosa, asaltaron cuarteles militares . capital provincial armas en mano y virtualmente tomaron a veces, distritos enteros de ciudades.
Ellos «ejecutaron» a 14 oficiales del Ejército en las calles du rante 1974, mientras un gobierno elegido democráticamente es taba en el poder, secuestraron a centenares de hombres de ne godos, balearon a muchos líderes sindicales y sacerdotes opuestos a su acción, y durante años estuvieron colocando bombas en cafés, hoteles, supermercados, diarios, fábricas, en posiciones, instalaciones militares, elevadores de granos.ae ropuertos, casas de familia y estaciones de policía.

Publicado por The Times de Londres en La Nación, 2 de dic. 1971

Origen de
Los Montoneros
La Noche de los
Bastones Largos
El Golpe de
1976
Gobierno de Isabel
Perón
Terrorismo de
Estado
Tercer Gobierno De
Juan Perón
Masacre de
Trelew
La Democracia
Argentina

Fuente Consultada: Emiliana López Saavedra en Nuestro Siglo (1994)