Filosofía: Gottieb Fichte

Biografia de Avicena Medico y Filosofo Islamico

Biografia de Avicena Medico y Filosofo Islamico

En los sultanatos surgidos de la desmembración del califato de Bagdad, las artes y las ciencias adquieren gran esplendor en el siglo XI. Los estudios de un médico musulmán de origen persa alcanzan gran popularidad, traspasan las fronteras y llegan a Europa.

Su nombre es Abu Alíal-Husayn ibn Abdallah ibn Sina, pero en Occidente se lo conoce por Avicena.

Fue un filósofo y médico persa, considerado el científico más grande de la civilización islámica. Autodidacta, conoció a fondo la Filosofía aristotélica y neoplatónica y la Medicina de su tiempo.

Vivió un período de tiempos difíciles en Persia, y tuvo que viajar por diversas regiones, sin abandonar los estudios, que le dieron gran fama, llegando a ocupar en Hamadan los cargos de médico de corte y de visir.

Sabiduría sarracena en España. — Los árabes, conquistadores de España a principios del siglo VIII, habían alcanzado en el siglo X un notable grado de cultura.

Fundaron la Universidad de Córdoba, que constituyó uno de los principales focos del saber de Occidente y a la que concurrían numerosos estudiantes de todo el mundo musulmán.

Existían además escuelas y bibliotecas, donde se estudiaban literatura, retórica, astronomía, matemáticas, me dicina, zoología, botánica y química.

Las obras de los filósofos griegos fueron vertidas de sus traducciones árabes al latín, y de ese modo pudieron ser conocidas por los eruditos europeos, muy pocos de los cuales hubieran podido conocerlas directamente de sus originales.

Entre los sabios sarracenos más eminentes se pueden citar a Avicena, médico y filósofo, que fue llamado el Príncipe de los Médicos, que nació en Persia en 980 y murió en 1037.

Biografia de Avicena Medico y Filosofo Islamico
Nació en el año 980, en Afsana, pueblo próximo a Bujara, la hermosa capital del sultanato fundado por los samánidas.

Avicena era hijo de un recaudador de impuestos y desde muy niño dio muestras de su brillante inteligencia.

Tenía diez años cuando ya recitaba de memoria el Corán y diecisiete cuando curó al emir de Bujara de una grave enfermedad.

El agradecido soberano lo acogió entonces en su corte y le dio acceso a su gran biblioteca, donde estudió matemáticas, filosofía, astro nomía y medicina.

Los textos griegos clásicos fueron decisivos para su visión de las ciencias médicas. Autor asimismo de una gran obra filosófica, Avicena murió en junio de 1037 en Hamadán, víctima de una indigestión.

El gran manual de medicina: Cuando sólo tenía 21 años, Avicena escribió en árabe la más famosa de sus obras, el Canon de la medicina, del que incluso llegó a hacer una versión en verso que tituló Poema de la medicina.

En ella recogió las enseñanzas de Galeno, e hizo de la observación clínica una de sus principales virtudes. Anticipándose en varios siglos a otros estudiosos, Avicena detalló con precisión la meningitis, las fiebres eruptivas y la apoplejía entre otras enfermedades, para las cuales indicó acertados consejos curativos y preventivos basados en una dieta equilibrada.

Traducido al latín: En el siglo XII, Gerardo da Cremona, uno de los sabios de la Escuela de Traductores de Toledo, tradujo la obra de Avicena al latín.

El hecho tuvo gran importancia para la medicina medieval europea, ya que desde entonces el Canon de la medicina fue el manual básico de los estudiantes de medicina hasta mediados del siglo XVII.

La filosofía de Avicena: La filosofía de Avicena tuvo gran influencia sobre pensadores medievales posteriores como santo Tomás de Aquino y Roger Bacon.

Para él, la reflexión filosófica era un camino teórico y practico para encontrar la verdad, en el centro de la cual se halla Dios.

Según él, Dios es único y necesario y representa tanto el bien absoluto como la inteligencia perfecta.

Avicena sostiene que Dios es el único ser necesario, en quien esencia y existencia coinciden, mientras que en los demás seres la existencia es un accidente que se agrega a la esencia.

Esta idea ejerció gran influencia en la Filosofía escolástica. También afirma que la materia informe es creada eternamente por Dios.

Desarrolló estas ideas en La curación del error, tratado que recoge la tradición de Aristóteles y desarrolla la lógica, las matemáticas y la metafísica.

En el siglo XII, Gerardo de Cremona, uno de Los sabios de la Escuela de Traductores de Toledo, tradujo la obra de Avicena al latín. La traducción de Cremona de los cinco libros escritos en árabe respetando el estilo didáctico y minucioso de Avicena resultó decisiva. El hecho tuvo gran importancia para la medicina medieval europea, ya que desde entonces el Canon de la medicina jue el manual básico de los estudiantes de medicina de las universidades occidentales más importantes hasta el siglo XVII.

Entre sus muchos libros destacan dos: Kitab ash-shifa, una enciclopedia del conocimiento, traducida después al latín, que trata de Lógica, Metafísica, Psicología, Ciencias Naturales, y las cuatro materias del cuadrivium medieval (Aritmética, Geometría, Astronomía y Música).

El otro libro es el Canon de Medicina, texto sistemático fundamental para la Medicina medieval, tanto en Occidente como en el Islam, que puso a Avicena al nivel de Hipócrates y Galeno.

Fuente Consultada:
Grandes Cientificos de la Humanidad – Tomo I – Editorial ESPASA – Manuel Alfonseca – Entrada: Avicena
¿Sabes QUIEN…? – Editorial OCEANO – Entrada Avicena
Enciclopedia Electronica de Microsoft – ENCARTA-

Biografia Ortega y Gasset Jose Su Obra Literaria y Filosofia

Biografía Ortega y Gasset José
Su Obra Literaria y Filosofía

Ortega y Gasset José: Escritor y pensador español (Madrid 1883 – id. 1955). Nació en el seno de una familia de periodistas y hombres de letras. Estudió con los jesuítas y se doctoró en Filosofía en Madrid con una tesis sobre Los terrores del año mil. Durante dos años estudió en Berlín, Leipzig y Marburgo. A su vuelta obtuvo, con veintisiete años, la cátedra de Metafísica de la universidad madrileña, que desempeñó hasta 1936.

Fundó, entre otras publicaciones, la Revista de Occidente (1925), y poco después la editorial del mismo nombre (ambas, la revista y la editorial, tuvieron un importante papel como instrumentos para la difusión en España del pensamiento extranjero contemporáneo). Publicó sus primeros ensayos, Meditaciones del Quijote, en 1914.

Firmante del «Manifiesto de los intelectuales» en pro de la República, después de su proclamación fue diputado, pero pronto rompió con el republicanismo. En 1936, al desencadenarse la guerra civil española, salió de España y no volvió hasta 1948. Viajó a Francia, Holanda, Argentina y Portugal.

 

biografia ortega y gasset

Con José Ortega y Gasset vuelve a primer plano el ideal de europeización que fue característico de la generación krausista, frente al retroceso que, en esta línea, significan los hombres de la generación del 98 y, en particular, Unamuno. Pero, lo mismo que este último, Ortega ha de ser considerado como un pensador independiente, de rasgos personales muy acusados.

A su regreso fundó el Instituto de Humanidades. Es copiosa su producción ensayística, reunida en gran parte en el Espectador, de ocho volúmenes (1916-1928). A su vuelta fundó con su discípulo Julián Marías el Instituto de Humanidades (1948), donde impartió conferencias y cursos, apartado del mundo dogmático e intolerante de la vida académica de la época franquista.

Es célebre su frase: «yo soy yo y mi circunstancia». Ortega denominó a su pensamiento filosofía de la razón vital», pues si la vida es el núcleo de su pensamiento, la razón se presenta en necesaria coexistencia con ella. Su concepción de la realidad es básicamente irracional y vitalista.

 Según sus teorías, la razón debe servir a los impulsos espontáneos en lugar de dominarlos (razón vital o raciovitalismo). Todos los puntos de vista se justifican, pero parcialmente; para conocer la verdad sería preciso poderlos asumir simultáneamente. En España invertebrada (1922) se ve evidenciada su constante reflexión sobre la historia, la vida y el futuro de su país. La más célebre de sus obras es La rebelión de las masas (1930).

Otras obras suyas son: El tema de nuestro tiempo (1921), Las Atlántidas (1924), La deshumanización del arte (1925), Rectificación de la república (1931), En torno a Galileo (1933), La historia como sistema (1935), Ideas y creencias (1940), Estudios sobre el amor (1941), Rápeles sobre Velázquezy Goya (1950) y, postumamente, ¿Qué es filosofía? (1958), Idea del teatro (1958), y Origen y epílogo de la filosofía (1960).

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Ortega nació en Madrid. Estudió en el colegio de jesuítas de Miraflores (Málaga) y los estudios universitarios los realizó en Madrid. En 1904 obtuvo el doctorado en filosofía y letras y luego marchó a Alemania, donde realizó estudios en las universidades de Leipzig, Berlín y Marburgo, sede del neokantismo. Por aqul entonces era el auge de la «generación del 98», pero, como decíamos, Ortega no perteneció a ella.

Desde 1910 hasta 1936 fue catedrático de metafísica de la universidad de Madrid. Al comenzar la guerra civil, salió de España y residió en Francia, Holanda, Argentina y finalmente se instaló en Portugal. En 1945 regresó a España, pero no volvió a ocupar su cátedra. Fundó en 1948, junto con Julián Marías, el Instituto de Humanidades.

La mayor parte de la producción literaria de Ortega está contenida en sus ensayos, artículos de periódicos y revistas. Por esto sus obras, aun las de mayor extensión, y a pesar de retoques posteriores, se presentan fragmentadas en secciones relativamente independientes.

Aunque casi cada página de la voluminosa obra de Ortega contiene reflexiones filosóficas, las obras más interesantes en conjunto para la historia de la filosofía son las siguientes: Meditaciones del Quijote (1914), El tema de nuestro tiempo (1923), Kant, reflexiones de centenario (1924), Las Atlántidas (1924), La «Filosofía de la Historia» de Hegel y la historiología (1928), Filosofía pura. Anejo a mi folleto «Kant» (1929), Pidiendo un Goethe desde dentro (1932), Guillermo Dilthey y la idea de la vida (1933-1934), Historia como sistema (edición inglesa en 1935, española en 1941); los «Prólogos» a las traducciones de la Historia de la Filosofía de Vorlánder y de la de Bréhier, escritos en 1921 y 1942, respectivamente.

Ediciones postumas: El hombre y la gente (1957), Qué es filosofía (1958), La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva (1958), Origen y epílogo de la Filosofía (1960).

Desde el punto de vista de la filosofía de la historia y para conocer la visión política de Ortega, tienen especial valor: Vieja y nueva política (1914), España invertebrada (1921), Mirabeau o el político (1927), La rebelión de las masas (1930), Rectificación de la República (1931), Meditación de Europa (1960), Una interpretación de la historia universal en torno a Toynbee (1960).

Entre los muchos escritos de Ortega que no abordan directamente temas filosóficos podemos citar: Ensimismamiento y alteración, Meditación de la técnica, Estudios sobre el amor, Personas, obras, cosas, La deshumanización del arte, así como los artículos recogidos en los ocho volúmenes de El Espectador, en cuyas páginas «ideas, teorías y comentarios se presentan con el carácter de peripecias y aventuras personales del autor», escribe el propio Ortega. Una importancia capital para conocer el pensamiento de Ortega y de su escuela la tuvo la fundación de la Revista de Occidente.

La obra de Ortega y Gasset se extiende a lo largo de más de cincuenta años, por consiguiente no es extraño hallar en ella una evolución constante, sobre todo si se tiene en cuenta el carácter histórico que el autor atribuye a todos los fenómenos humanos. De aquí que la diferencia que hay entre el Ortega de 1902 y el de 1955 no hay que atribuirla tanto al hecho de haber envejecido cincuenta años, sino más bien al profundo cambio que ha sufrido el mundo, en el que vive y del cual habla, y sus circunstancias.

El año 1923 representa para algunos autores una división del pensamiento de Ortega en dos grandes períodos, presidido cada uno de ellos por una intención distinta.

En el período anterior a 1923 habría un cierto dogmatismo, una especie de prisa para llegar a formulaciones absolutas. Por el contrario, en el período posterior a 1923, Ortega desplegaría todo su sentido de los matices, con una constante preocupación por no dejarse engañar por las apariencias o por: sus  propios deseos. Es la época en que escribe La rebelión de las masas.

Una nueva etapa, según palabras del mismo Ortega, la constituyen los años 1933-1935; finalmente, en 1936, Ortega sale de España, viaja, cae enfermo y pasa por serias dificultades materiales.

Durante veintidós siglos el realismo ha dominado el pensamiento occidental, entendiéndose por realismo la actitud en que se supone que las verdaderas realidades son las cosas. Desde Descartes aparece una nueva tesis, el idealismo. Según esta teoría la realidad primaria es el yo y de él derivan y dependen las cosas.

Es cierto, como afirma el idealismo, que sólo puedo saber las cosas en cuanto que estoy presente a ellas, pero se equivoca al subrayar la independencia del sujeto. Para Ortega, la verdadera realidad primaria es el yo con las cosas, o la vida, que no es más que el quehacer del yo con las cosas. «Yo soy yo y mi circunstancia», escribe en 1914.

Lo real es la vida misma del hombre, su vida, y la llama realidad radical, en el sentido de que en ella radican todas las demás, las realidades radicadas. Fuera de mi vida no puedo encontrar ninguna realidad. El hombre rinde al máximo de su capacidad es cuando adquiere la plena conciencia de sus circunstancias. Porque en esto precisamente consiste la vida humana: en un quehacer entre las cosas. La vida es dada, pero no es dada hecha, sino por hacer.

El hombre, pues, para poder vivir tiene que decidir, preferir una posibilidad a otra, y esta decisión o elección tiene que justificarla. Por consiguiente, la vida es intrínsecamente moral.Todo quehacer humano es moral (o inmoral) y, a la vez, es libre.

Ortega tiene una visión penetrante en cuanto a las realidades sociales, políticas e histórico-políticas. Es en este terreno de la filosofía de la historia en donde ha alcanzado sus mayores éxitos por la originalidad de sus concepciones.

Concibe la vida social como un quehacer comunitario en el que se desarrollan al máximo, de un modo espontáneo, las virtualidades humanas en la realización de una empresa nacional, con «conciencia de actitud histórica» y vital, bajo la dirección intelectual de los mejores y dentro de un estado cuya intervención coercitiva queda reducida al mínimo. La clave de este ideal es la prestancia intelectual de las minorías selectas y la docilidad de las masas para dejarse regir por aquéllas.

El pensamiento de Ortega se suele dividir en tres etapas:

Etapa objetivista (1902-1914): influido por el neokantismo alemán y por la fenomenología de Husserl, llega a afirmar la primacía de las cosas (y de las ideas) sobre las personas.

Etapa perspectivista (1914-1923): se inicia con Meditaciones del Quijote. En esta época, Ortega describe la situación española en España invertebrada (1921).

Etapa raciovitalista (1924-1955): se considera que Ortega entra en su etapa de madurez, con obras como El tema de nuestro tiempo, Historia como sistema, Ideas y creencias o La rebelión de las masas.

Muchos filósofos coinciden en que Ortega es, sin duda alguna, el pensador español más universal de la época contemporánea; ninguno ha alcanzado tanta fama entre los círculos cultos nacionales y extranjeros. Este éxito se debe a varias causas, entre las cuales tiene un peso decisivo el arte exquisito de su estilo, gracias al cual los temas filosóficos han estado al alcance de gran número de personas.

Por otra parte, el modo humano de enfrentarse con la cultura en sus manifestaciones actuales e históricas, así como la fina penetración de su espíritu para descubrir y revelar lo más íntimo de las situaciones humanas y sociales, ha dado cauce popular a su pensamiento, que comprende una gran variedad y riqueza de temas, como hemos visto.

Es un sistema abierto que permite toda clase de innovaciones y descubrimientos. Su fecundidad ha sido muy grande y ha inspirado un movimiento filosófico que actualmente está defendido por todos los países de habla hispánica y que se le conoce con el nombre de «Escuela de Madrid».

Falleció en Madrid, el 18 de octubre de 1955.

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EL RACIOVITALISMO: Esta postura filosófica se fundamenta en la razón vital, que es simultáneamente una razón de tipo biológico, histórico y biográfico. Ortega reacciona frente a la imposición de la razón abstracta de origen socrático.

Es inaceptable que la razón haya suplantado a la vida, según Ortega: «el tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo. [..,] La misión del tiempo nuevo es precisamente convertir la relación y mostrar que es la cultura, la razón, el arte, la ética quienes han de servir a la vida».

Se valora la razón, pero teniendo en cuenta las necesidades vitales, y se pone al servicio de la vida, que es la raíz de cualquier otra realidad. De esta forma Ortega superó la visión biologicista de la razón que era defendida por algunos autores de su época. La razón vital trabaja desde el sujeto inmerso en su circunstancia, por lo tanto, desde su realidad social e histórica.

Esta identificación de la razón vital como razón histórica dio paso a la siguiente etapa de su pensamiento donde se preocupó de la interpretación de la historia y de la sociedad.

Influencia del pensamiento de Ortega: A su alrededor, en la Facultad de Filosofía de Madrid, se forjó toda una generación de filósofos especialmente fecundos como Xavier Zubiri, José Gaos, García Morente, María Zambrano, Francisco Ayala y Julián Marías (que denominó al grupo Escuela de Madrid).

Desgraciadamente, la Guerra Civil forzó al exilio a muchos de ellos, que continuaron su labor filosófica en América. Esto condujo a una amplia difusión del pensamiento orteguiano, que, paradójicamente, contrasta con el silencio que padeció la filosofía de Ortega en los círculos académicos hasta mediados de los años sesenta.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: José Ortega y Gasset “el filósofo de la razón vital” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19 Historia de la Filosofía Edit. Santillana – La Nación –

Biografia de Miguel de Unamuno Escritor Obra Literaria y Pensamiento

Biografía de Miguel de Unamuno
Escritor y Filosofo – Obra Literaria y Su Pensamiento

Biografia de Miguel de Unamuno Obra Literaria: escritor y pensador español (Bilbao 1864 -Salamanca 1936). Tras realizar los estudios secundarios en su ciudad natal, estudió en Madrid filosofía y letras, doctorándose con una tesis sobre el origen y la prehistoria de la raza vasca.

Viajó en 1889 por Francia e Italia y empezó a publicar sus primeros escritos. Se casó en 1891 y obtuvo la cátedra de griego de la Universidad de Salamanca.

En esta época se afilió al Partido Socialista y colaboró en la prensa socialista. En 1897, tras la muerte de uno de sus hijos, experimentó una crisis que le acercó a la religión.

Miguel de Unamuno es el escritor más personal y vigoroso de la generación del 98, en la que se le acostumbra a incluir por su honda preocupación por lo español; pero tanto por su estilo como por su pensamiento es un autor completamente aparte e independiente.

Miguel de Unamuno

Biografia de Miguel de Unamuno y Obra Literaria

BIOGRAFIA:

Nació en Bilbao el 24 de septiembre de 1864. Su madre quedó viuda cuando el pequeño Miguel tenía solamente seis años. Debido en parte al ambiente familiar, una fuerte obsesión por lo religioso le dominó durante toda su vida.

«Fue mi niñez la de un niño endeble (aunque nunca enfermo), taciturno y melancólico, con un enorme fondo romántico, y criado en el seno de una familia vascongada de austerísimas costumbres, con cierto tinte cuáquero.

Fui un chico devoto en el más alto grado… Pero, a la vez me daba por leer libros de controversia y apología religiosa y por querer racionalizar mi fe heredada e impuesta.»

También desde su infancia le devoraba el ansia por saberlo todo. Su ardor por la lectura no le abandonó jamás.

En 1880 empieza la carrera de Filosofía y Letras en Madrid.

Sigue profundamente preocupado por los problemas religiosos y por el intento de racionalizar su fe, de tal manera que, a fuerza de interrogarse, de plantearse problemas, de querer explicarse todas sus creencias, Unamuno vio volatilizársele dicha fe y se dedicó entonces al estudio intenso de la filosofía.

En 1884 vuelve a Bilbao, con la preocupación de obtener una cátedra universitaria para poder fundar un hogar, ya que tenía novia desde los catorce años.

Preparó oposiciones a una cátedra de psicología, lógica y ética y después a otra de metafísica.

A pesar de haber realizado brillantemente los ejercicios, fracasó a causa de la independencia de sus juicios, que alarmaron a los miembros del tribunal.

Intentó luego conseguir una cátedra de latín, pero tampoco tuvo éxito.

Acabó obteniendo la cátedra de griego de la universidad de Salamanca ante un tribunal presidido por su maestro Menéndez Pelayo.

Pudo entonces Unamuno casarse con Concepción Lizárraga, con la que tuvo nueve hijos. En 1897, tras la muerte de uno de sus hijos, experimentó una crisis que le acercó a la religión.

Se instaló en Salamanca en 1891, al ser nombrado catedrático de griego, y aunque vasco de nacimiento, se convirtió en un enamorado de Castilla y, especialmente, de Salamanca.

Fue elegido en el año 1900 rector de la universidad. Por razones políticas dimitió en 1914, aunque siguió como vicerrector hasta 1924, fecha en que fue desterrado  a Canarias por su oposición a la dictadura de Primo de Rivera.

Huyó de allí en un barco fletado por intelectuales franceses y estuvo exiliado en París y en Hendaya hasta 1930.

Regresó a España en 1930 y en 1934 fue reelegido rector a perpetuidad, ejerciendo el cargo hasta su muerte, acaecida repentinamente el día 31 de diciembre de 1936, mientras conversaba con su amigo Bartolomé Aragón Gómez. «Me encuentro mejor que nunca», acababa de decir Unamuno, cuando su interlocutor le dijo: «La verdad es que a veces pienso si no habrá vuelto Dios la espalda a España, disponiendo de sus mejores hijos.»

Entonces Unamuno, descargando un recio puñetazo sobre la mesa exclamó: «¡Cómo puede ser, Aragón, Dios no puede volver la espalda a España!»

Apenas pronunció estas palabras, Miguel de Unamuno murió súbitamente.

Es el mismo Aragón quien relata estos últimos momentos de la vida del gran escritor español.

Diputado en las Cortes constituyentes, fue nombrado presidente del Consejo de Instrucción Pública, pero pronto le decepcionó la política de la República.

Al estallar la rebelión militar de julio de 1936, que supuso el desencadenamiento de la guerra civil, Unamuno manifestó su apoyo a los sublevados, pero poco después, tras un violento enfrentamiento verbal con un militar, Millán Astray, retiró dicho apoyo.

UNAMUNO Y SU OBRA LITERARIA:

Las novelas de Unamuno son una proyección literaria de sus problemas personales.Autor de novelas —Paz en la guerra (1897), Amor y pedagogía (1902), Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), La tía Lula (1921), San Manuel Bueno, mártir (1933)—, poemas —El Cristo de Velázquez (1920), Romancero del destierro (1928), Cancionero (1953)— y dramas, las etapas de formación de la filosofía vitalista de Unamuno se reflejan en sus tres principales ensayos filosóficos: Vida de Don Quijote y Sancho, según Miguel de Cervantes Saavedra, explicada y comentada (1905); Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1912-1913) y La agonía del cristianismo (1925).

La primera de estas obras es una exaltación de Don Quijote, loco y trascendido de este mundo real, de su familia y de su fe.

En la figura de Don Quijote ve Unamuno el ejemplo de una vida digna de vivirse, en la que el ideal levanta al hombre por encima de la realidad muchas veces miserable.

La segunda obra, Del sentimiento trágico de la vida, es la de mayor profundidad metafísica. Se centra en la teoría de la inmortalidad como trágico encuentro entre la fe y la razón.

Refleja con toda profundidad el problema que durante toda la vida angustió a Unamuno y que no pudo resolver: el de entender y poder defender racionalmente su fe.

La agonía del cristianismo fue escrita en Francia y publicada en francés en 1925. Seis años después, en 1931, se publicó en español.

Es una versión nueva y más floja de la obra anterior.

En ella su autor considera la duda religiosa como torturante, «agónica», como centro de la verdadera y genuina vida del cristiano.

De un modo general podemos afirmar que la filosofía de Unamuno se halla a mitad del camino entre la filosofía de la vida y el existencialismo.

Su estilo, inconfundible, es apasionado y tumultuoso, poco amigo del adorno; el léxico y la expresividad de Unamuno son recios y populares unas veces, sabios y cultos otras.

Su alma, angustiada por la idea de Dios, apela constantemente a la espiritualidad del lector.

Filólogo y amante apasionado de la lengua española, analiza las palabras, averigua su etimología y saca de ella conclusiones ideológicas.

Es, por otra parte, de los pocos españoles cultos de su tiempo que tiene interés por los renacimientos literarios catalán y gallego y que amplía su horizonte de lector a la América española, y por tanto a todo el ámbito del idioma.

La rectitud moral y la intransigencia ética de este representante de la generación del 98, vasco como Baroja, hicieron de él una importante figura intelectual de la vida pública en España.

Su insobornable libertad de criterio le llevó a ejercer la crítica sobre los asuntos políticos (lo que, como ya se ha señalado, le valió un destierro).

Unamuno es un polemista apasionado, tanto contra sí mismo en los textos en que expresa su atormentada conciencia como contra las circunstancias externas (Contra esto y aquello).

Su labor educativa fue enorme, pues sacudió las conciencias dormidas de muchos españoles.

Su espiritualidad está dominada por paradojas y contradicciones sobre la entidad divina (Del sentimiento trágico de la vida).

Entre sus preocupaciones más constantes está la de España: el paisaje, la visión simbólica del ámbito peninsular, la fusión de ideas religiosas y patrióticas, el pasado histórico, etc.

Miguel de Unamuno cultivó todos los géneros literarios (ensayo, novela, drama, poesía), y en todos expresó sus preocupaciones filosóficas, religiosas y patrióticas.

Su poesía es, en una época de primor formal y esteticismo modernista, de una brusquedad poco lírica, si bien trasluce vividamente sus problemas anímicos.

Unamuno Miguel sentado

El pensamiento de Unamuno nos coloca ante un tipo de pragmatismo distinto de aquel que juzga y critica las creencias a la luz de sus consecuencias prácticas.

Se trata de un pragmatismo que no tiene nada que ver con el pragmatismo americano que sólo considera verdadero lo que es útil o práctico, cuyo criterio de verdad es la utilidad.

Se trata aquí de un pragmatismo mucho más subjetivo, que pone todo el énfasis en la voluntad de creer y que no distingue demasiado entre sueño y realidad.

Y en este ambiente la filosofía no puede ser una búsqueda intelectual y desinteresada de la verdad objetiva, sino, en último término, la expresión de los sentimientos y de los anhelos vitales de los individuos que filosofan; son unos hombres concretos, de carne y hueso, que no pueden dejar de filosofar, «no con la razón sólo, sino con la voluntad, con el sentimiento, con la carne y con los huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo».

La filosofía está fuertemente enraizada en la vida.

Para Unamuno la vida tiene un carácter trágico, porque la razón no puede confirmar las creencias del corazón e incluso puede contradecirlas.

Ahora bien, si abandonamos tales creencias, por irracionales o poco fundadas, la vida se nos hace insoportable.

Por otra parte, se trata de creencias basadas en la totalidad de la vida, que es más amplia que la razón.

Tenemos que seguir, pues, manteniendo estas creencias e intentar vivir según ellas, por más irracionales e incluso antirracionalés que nos parezcan.

«Contra los valores afectivos no valen razones, porque las razones no son nada más que razones, es decir, ni siquiera son verdades.»

De aquí que para Unamuno la fe sea «quijotesca», queriendo significar con ello que la fe, lejos de estar apoyada por la razón, se levanta frente a ella.

Ocupa un lugar central dentro de esta concepción de la fe la creencia del individuo en su propia inmortalidad.

La razón duda constantemente de ello, pero dicha creencia se afirma en la acción: hemos de vivir de tal modo que merezcamos la inmortalidad, y si luego resulta que no hay tal inmortalidad, que somos aniquilados, habrá quedado demostrado, al menos, que el universo es injusto.

La fe se sostiene, pues, en la lucha y en el dolor. «El dolor es la sustancia de la vida y la raíz de la personalidad, pues sólo sufriendo se es persona.».

A través del sufrimiento, la fe individualista en la inmortalidad se convierte en una actitud de simpatía y de amor hacia todo io que vive, y que trata de sobrevivir y, de este modo, llega hasta Dios, que es la vida o conciencia universal que sufre en cada individuo y con él.

Unamuno trata de convencerse a sí mismo de que el universo posee una conciencia; de que es una personalidad que nos rodea, que vive, que padece, que ama y que pide ser amada.

La fe de Unamuno es, pues, una fe religiosa.

Su religión no es una religión de paz y de sumisión, sino de lucha y acción; una religión que persevera en medio de las dudas y las incertidumbres.

Y su Dios es también un Dios que lucha y padece, simbolizado, ante todo, en la figura de Cristo sufriente.

Él rechaza toda posibilidad de entendimiento de la fe y basa todo el acto de fe no en una luz que ilumina, sino en el conflicto, en la lucha entre razón y sentimiento.

El «creo porque es absurdo» de Tertuliano es el único fundamento posible de la fe. Por consiguiente, los ojos de la fe sólo se abren a las tinieblas de una paradoja insostenible.

Este aspecto de la fe de Unamuno se desarrolla sobre todo a partir del año 1900, que es cuando conoció la obra de Kierkegaard, y de tal modo se sintió atraído por este autor que incluso llegó a aprender danés para poder profundizar en su pensamiento.

De este modo, siguiendo a Unamuno, se puede afirmar que el vivir del individuo es un morir, desgarrado por las dos fuerzas. La fe es siempre una batalla contra la duda intelectual.

El corazón combate contra la inteligencia, pero la duda siempre es avivada de nuevo. Si cesara la lucha, cesaría la vida.

Desde un punto de vista filosófico sus escritos no constituyen, ni mucho menos, un cuerpo sistemático de doctrina, pero por el contrario, sus escritos producen la impresión de que las más audaces genialidades brotan de su pluma a impulsos de su incontenible vitalidad.

Sin embargo su sabiduría de la vida no puede menos que impresionar profundamente al lector.

Sus escritos sacan a la luz muchos problemas del ser personal. Pero Unamuno, como la mayoría de los filósofos personalistas, es quizá más «profeta» que filósofo.

LA PERSONALIDAD DE MIGUEL DE UNAMUNO:

Es una de las más vigorosas y originales personalidades de toda la historia literaria de España, y es «la figura cimera del pensamiento español contemporáneo» (M. de Maeztu).

Su voz fue como un grito de protesta que se alzó en todas las horas difíciles del país: contra el desastre nacional y la pérdida de la guerra de Cuba; contra el separatismo vasco pero también contra el dogmatismo centralista de Castilla; contra la excesiva reverencia de los clásicos, la erudición libresca y el injustificado aislamiento español, pero también contra la ignorancia y la europeización ciega; contra los bajos salarios de los obreros, pero también contra el trabajo imperfecto.

Su programa consistió en provocar una reacción y obligar a la búsqueda de la verdad: «Ese es mi mensaje: hay que provocar el descontento; hay que agitar los espíritus; hay que suscitar cuestiones, preguntas, dudas».

En suma, luchar contra todo y contra todos.

Fue visto por sus contemporáneos como un hombre extravagante, raro, paradójico, extraño y original, preocupado inor «no morirse nunca del todo, eternizarse».

Este afán de perduración, sería Una de las claves del pensamiento y la acción de  Unamuno (Julián Marías).

No escribía para divertir a sus lectores, ni para instruirlos o hacerlos sabios; ni siquiera para convencerlos.

Quería existir para ellos, volverse insustituible e inolvidable, perdurar en su memoria, y «hacer que todos vivan inquietos y anhelantes» (J. Marías).

Tuvo una insaciable sed de conocimientos, una inigualada voracidad intelectual: su preocupación fue honda y filosófica, y para satisfacerla, consagró todas las horas de su vida.

Ver: Hechos Importantes de Miguel de Unamuno

Fuente Consultada Para «Biografia de Miguel de Unamuno y Obra Literaria»
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Miguel de Unamuno  “las paradojas de la fe y la razón” – Editorial Planeta
La Enciclopedia del Estudiante Tomo 19 Historia de la Filosofia La Nación
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

GEORG FRIEDRICH HEGEL:El Idealismo Aleman Biografía y Teoría

BIOGRAFÍA DE GEORG FRIEDRICH HEGEL- FILÓSOFO ALEMÁN – TEORÍA DEL IDEALISMO DIALÉCTICO

Georg Friedrich Hegel, nacido en Stuttgart (Alemania) el 27 de agosto de 1770, hijo de un funcionario municipal. Fue un filósofo alemán, creador del idealismo dialéctico, donde elaboró un sistema de la ciencia total, donde todo está englobado y explicado. Tras pasar por la Universidad de Tubinga, se instaló en Berna como preceptor. En esta primera época se interesó por la teología. En 1796 escribió una Crítica de la idea de religión positiva.

Entre 1798 y 1801 fue preceptor en Frankfurt y empezó a interesarse intensamente por la filosofía y la política. Recibió la influencia de las ideas políticas de Rousseau. En 1801 se instaló en Jena, donde, en contacto con Schelling, adoptó su filosofía de la naturaleza. En 1807 publicó la Fenomenología del espíritu y en 1812 la Propedéutica filosófica, que constituyen una introducción a su doctrina, expuesta con más amplitud en su obra capital, Ciencia de la lógica (1812-16).

En 1816 pasó a Heidelberg como profesor y publicó un resumen de sus enseñanzas titulado Enciclopedia abreviada de las ciencias filosóficas.  Allí desarrolló su propio sistema filosófico. Hasta entonces la filosofía se había construido mediante la contradicción, esto es, como un conjunto de oposiciones: cuerpo-alma, bien-mal, universal-singular, etc.

Hegel planteó la superación de la contradicción mediante el pensamiento dialéctico, ya anticipado por Heráclito: todas las cosas llegan a ser en un continuo devenir, en un proceso producto de la diferencia, del carácter contradictorio del ser. La filosofía debe ser, para Hegel, no una tendencia al saber sino un saber efectivo.

En 1818 aceptó la cátedra de filosofía de la Universidad de Berlín, donde su enseñanza gozó de un prestigio creciente. En 1821 publicó Filosofía del derecho. Murió en 1831, a los sesenta y un años, durante una epidemia de cólera.

Para Hegel, continuador de la filosofía de Kant, lo Absoluto es la razón y todo lo demás son meros fenómenos o maní festaciones de ella. La razón constituye la realidad. Sólo ella existe: el ser existe en cuanto es pensado. Pero es una razón dinámica que evoluciona en el tiempo. Así la historia es el campo en que se de sarrolla dialécticamente la idea, pues todo lo que va siendo —ha sido, es y será— no es otra cosa que la realización sucesiva de gérmenes racionales que se encuentran en la razón absoluta.

La filosofía de Hegel —el idealismo absoluto— ha constituido la base del pensamiento de muchos filósofos. Su influencia se puede advertir en la doctrina de Marx. Entre sus obras destacan: Lógica, Filosofía de la Historia e Historia de la Filosofía

TEORÍA DE GEORG FRIEDRICH HEGEL:   

Realidad racional: Como Schelling, Hegel opina que todo lo real, en su referencialidad ilimitadamente variada a otras cosas y en su condicionamiento por otras cosas, es la manifestación de un incondicionado, y que el conjunto de las cosas, para nosotros cognoscible en lo esencial, es expresión de la unidad puramente espiritual e infinita en sí de lo “absoluto”. Pero Schelling, según Hegel, entendió lo absoluto excesivamente como “sustancia” inanimada y no de modo suficientemente convincente como “sujeto” activo.

Lo “verdadero” no debe ser únicamente anclado en el “ser” idéntico consigo mismo, sino que debe verse también en el devenir. De este modo, con Hegel el idealismo pasa a ser histórico, al adquirir lo absoluto o la “idea” la totalidad de todas las determinaciones racionales del pensamiento, algo así como una historia, para pasar a ser proceso o dejarse por lo menos representar como proceso.

La realidad ideal, el espíritu, pasa del ser simple dentro de sí o ser “en sí” a un “ser otro” o ser conocido para otros o también ser para sí y deviene al fin ser “en y para si”. El espíritu es, entonces, “objeto para sí en si mismo reflexionado. El espíritu que una vez adoptado este desarrollo se sabe a sí mismo como tal espíritu es la ‘ciencia”’. La ciencia, que aquí no significa otra cosa que la filosofía, se parece al autodespliegue del espíritu absoluto, que siempre es lo que es, pero sólo se encuentra al atravesar las fases de sepa ración, contraposición y alteridad.

Por eso la ciencia describe la experiencia de la aparición del espíritu absoluto en el espíritu individual (de este modo se podría explicitar el título del primer gran libro de Hegel Fenomenología del espíritu (1807), una serie de estadios en los que los conocimientos se niegan “dialécticamente” y se elevan hacia unidades superiores. “Lo verdadero es la totalidad. Pero la totalidad es sólo el saber que se consuma mediante su desarrollo.” Esto no significa que los estadios concretos del proceso de desarrollo, tomados en sí y en relación con otros estadios previos, puedan ser considerados sin más como “no verdaderos” o “irracionales”.

Esto también es válido por lo que se refiere a la naturaleza y a la historia de la humanidad, que son en cualquier caso formas de aparición de lo absoluto en su camino hacia la autotransparencia y que expresan la razón en su devenir. Por esto Hegel puede decir enfática y bastante lapidariamente: “Lo racional es lo real, lo real es lo racional”.

Para los coetáneos de Hegel no era difícil interpretar esta frase como justificación y afirmación de las condiciones reales y existentes, lo cual les conducía a criticarle. Hegel explica esto como un malentendido: muchas cosas posibles en la naturaleza y en la historia han alcanzado su forma específica en la existencia de modo arbitrario, en concreto se podrían haber desarrollado de otro modo, y es del todo indiscutible que esta forma realizada sin necesidad está permeada de carencias irracionales. “Quien sería tan tonto que no viera en su entorno muchas cosas que de hecho no son del modo como deberían ser?”.

Pero para Hegel “una existencia arbitraria no puede merecer el nombre de real”, la “realidad de lo racional” es más bien la realidad de “las ideas y de los ideales”. “La ciencia filosófica sólo se las tiene que ver con la idea y, por lo tanto, con una realidad en la que esos estados (que no son como deberían ser) sólo son su cara externa superficial.” De este modo no se cuestiona la posible racionalidad de la modificación de estados existentes, sino que el caso es más bien lo contrario, ya que “la cara exterior superficial” de lo “real” puede justamente ser irracional.

Dialéctica: “Determinatio negatio est”; esta frase enunciada por Spinoza afirma que todo lo que conocemos lo determinamos como objeto unitario del conocimiento y lo podemos nombrar porque lo podemos distinguir de otras cosas que no son.

Esta es una afirmación absolutamente cotidiana, estamos acostumbrados a determinar y explicar las cosas y las palabras mediante diferencias y comparaciones, que no son equivalencias y que por lo tanto dejan ver las diferencias. Pero vivimos siempre en una estructura infinitamente diferenciada de determinaciones, a las cuales nos podemos referir, para introducir otras diferencias. Pero, ¿cómo surge una estructura así? Podría haber dos respuestas a esta pregunta: Ya que ningún objeto o concepto puede ser determinado a partir tan sólo de sí mismo, sino sólo negativamente mediante su valor en la estructura, su relación de diferencia con respecto al resto de las cosas singulares (que en todo caso sólo está determinada negativamente), todo lo concreto sólo puede resultar como diferenciación interna de una totalidad.

Entonces la totalidad, como la “sustancia” de Spinoza, es en cierto modo previa a cada cosa 000creta. O. también, una cosa concreta originaria no es indivisiblemente simple en el sentido usual, sino que en cierto modo posee en sí su “otro” o “negativo”, del que es distinto.

En este caso la cadena de la variedad diferenciada se debería desarrollar genéticamente a partir de una primera “doble-unidad”, cuya relación interna ya es un tercero, del mismo modo que para Fichte todos los conceptos del pensamiento, y con ellos todos los objetos del saber, surgen del “yo” absoluto. Las dos alternativas se contienen mutuamente.

Lo sencillo del segundo caso es ya complejo en potencia, mientras que la totalidad del primer caso no seria diferenciada si no tu viese un “negativo”, si no tuviera una diferencia “en” la unidad.

La dialéctica idealista parte de que toda tesis o todo concepto (aquí, lo concreto) lleva a la inclusión recíproca (que conduce a la inversión mutua) de una tesis contraria o un concepto opuesto (aquí, la totalidad). De esto se sigue una nueva tesis (síntesis) o un nuevo concepto. Éste sería en este caso el concepto de la totalidad en el sentido de la “idea” hegeliana, que no es hasta que no se ha desplegado en una serie de conceptos desarrollados de modo mutuamente dialéctico, que entonces se elevan hasta esta idea.

En correspondencia con esto, en la filosofía de Hegel no se puede entender ningún detalle, si no se ha entendido la teoría en su totalidad, lo cual sólo es posible si se han entendido en primer lugar los detalles.

El movimiento dialéctico se da, para Hegel, en todo intento de contemplar conceptualmente una cosa, a partir de la cosa misma. La cosa misma, según la concepción idealista de la identidad última de sujeto y objeto, no es otra cosa que el concepto. Los primeros capítulos de la Fenomenología del espíritu, presentados brevemente a continuación, facilitan una aproximación del procedimiento dialéctico de Hegel.

Fenomenología del espíritu: El primer capítulo de la Fenomenología trata, bajo el título, “La certeza sensible o el ‘esto’ y el pensamiento”’, el saber inmediato, “saber” de lo “inmediato” o deles “entes”. El “esto” o “este” es la designación de cualquier cosa que se da aquí y ahora, cuya existencia para nosotros posee una certeza indudable, se trate de una cosa o del instante presente de la existencia del “mundo externo” en general.

“El contenido concreto de la “certeza sensible” la deja aparecer como el conocimiento “más rico”, como un conocimiento de una riqueza infinita.” Pero ya se mostrará que es el conocimiento más “pobre” y que no se puede decir nada determinado de su objeto, sino sólo que “es”. El ‘esto’ es, siguiendo el ejemplo de Hegel, la noche.

Decimos “ahora es de noche” y estamos seguros de esta verdad, la podemos escribir. Si, en cambio, vemos otra vez “ahora, este mediodía”, la verdad que hemos escrito, tenemos que reconocer que suena a hueco, La expresión “este” (o “ahora”) no parece reflejar en modo alguno los objetos de la certeza inmediata, ni tampoco referirse a una certeza relativa a un “yo”, por lo que el “esto” no da nunca con o que quiere decir ya que en cada instante significa una cosa distinta.

El ejemplo pretende mostrar que lo que se presenta a los sentidos en su plenitud concreta, todo lo que “tomamos” como “cosas reales, absolutamente concretas, por completo personales e individuales, que no tienen igual”, todo eso en cuanto tal no lo podemos expresar. “Esto es imposible, ya que el ‘esto’ sensible al que se hace referencia, el lenguaje que es propio de lo universal, es ‘inalcanzable’. Entre los intentos reales de decirlo se corrompería.”

Después de que la plenitud sensible de lo aparentemente concreto en tanto que “esto” se haya convertido en algo “vacío”, se desplaza el acento, por lo que se refiere a la certeza del ser “objetivo”, hacia la certeza, el saber. La verdad “está en el objeto en tanto que es ‘mi’ objeto o en el ‘pensamiento’; existe porque yo sé de él”. Pero la plenitud concreta de su pensamiento no puede ser atribuida a su vez a este yo, que en primera instancia es universal, es decir, sólo diferente del yo de otros, cuyo “pensamiento” del “esto” es distinto. Lo que se quiere decir no se alcanza mediante el aislamiento del objeto o del yo. En el siguiente paso hay que “postular el ‘todo’ de la certeza sensible como su ‘esencia”’, es “contemplación pura”, en la que un yo tiene su objeto.

En este estadio de la conciencia se puede concebir conscientemente la ya mencionada universalidad de la referencia a lo inmediato aparentemente individual. Hegel presenta esto como un triple paso dialéctico:

1. se muestra el ahora, “este ahora” que “yo pienso”. Pero al mostrarlo deja de ser y deviene otro;

2. que el ahora “fue” es, sin embargo, verdadero. Ha sido “superado” como algo que ha sido, “es” en tanto que (ya) “no” es;

3. esto es absurdo, la negación debe ser negada de nuevo, de este modo se supera la segunda verdad y se vuelve a afirmar que el “ahora” es.

La “superación” significa de una parte conservar y de la otra, “finalizar”. Pero, de este modo, no se repite simplemente la primera afirmación, ahora es “una reflexión en sí” y concibe el ahora como un “complejo” o una “pluralidad simple” que “en la otreidad no deja de ser lo que es, que contiene en sí muchos ahoras, a saber, ahoras que a su vez poseen muchos ahora, etc.

El hecho de mostrar es el mismo movimiento que afirma lo que el ahora es en realidad, a saber, un resultado o una pluralidad resumida de ahoras; y el mostrar es experimentar que el ahora es universal”. El movimiento de la reflexión presentado es, pues, uno con su objeto: multiplicidad simple. Para Hegel está claro que “la dialéctica de la certeza sensible no es otra cosa que la simple historia de su movimiento o su experiencia y la certeza sensible misma no es otra cosa que sólo esta historia”.

CRÍTICAS: Brevemente indicaremos algunas de las objeciones que se han puesto a la filosofía de la historia de Hegel.

Quizá lo más difícil de admitir es la tesis del progreso necesario. Un estudio serio y objetivo de la historia nos muestra que la marcha no ha sido siempre ascendente. Es más, para afirmar que el estado de la humanidad es mejor en una época determinada que en la precedente, hay que tener una concepción previa del hombre, de su naturaleza y de su bien.

Para afirmar que la historia tiene un «sentido» que lleva una dirección determinada, hay que partir de una metafísica racionalista que niegue la contingencia y la libertad. Pero la contingencia y la libertad están ahí, por eso el porvenir de la humanidad no es objeto de ciencia, sólo permite, a lo sumo, conjeturas y probabilidades. Y cuando Hegel racionaliza el pasado, lo hace gracias a un juego del espíritu que consiste en declarar lógicamente necesarios acontecimientos que de hecho se han producido. De este modo parece que dichos acontecimientos hayan tenido que ser necesariamente como han sido y no de otro modo.

No obstante, es sólo una necesidad de hecho, no una necesidad metafísica aplicable también a todos los hechos que aún no se han producido. Finalmente, si consideramos que la historia humana es el desarrollo del Espíritu, es decir, de Dios, la filosofía de la historia no será propiamente una filosofía, sino una teología que, como hemos visto, implica un panteísmo, y no un panteísmo estático, sino un panteísmo dinámico, que es absurdo.

Para terminar sólo nos queda subrayar que el sistema de Hegel es un sistema perfectamente cerrado sobre sí mismo. Por ello los pensadores que vendrá, a continuación se situarán en el otro extremo. Al pensamiento «objetivo», racional y sistemático opondrán pensamientos «subjetivos», que intentan describir al existente tal como es, concretamente.

Fuente Consultada:
Historia de la Filosofía -Desde la antigüedad hasta nuestro días –

Características de Gobiernos Totalitarios Hitler-Stalin-Videla

Características de Gobiernos Totalitarios
Hitler-Stalin-Videla

«Totalitarismo» es un término relativamente moderno y se usa para designar una concepción filosófico-política del hombre y del Estado.

Frecuentemente se confunde totalitarismo con «gobierno absoluto» con «gobierno fuerte» o con «dictadura». Aunque tiene algo de común con todos ellos, en su sentido estricto, es algo diverso.

El vocablo totalitarismo expresa sometimiento total, de todo el hombre, al Estado o al partido.

El totalitarismo es un fenómeno de reacción contra el liberalismo individualista, padre del capitalismo desalmado, explotador de la clase obrera y causante de tantas injusticias sociales. Generalmente los movimientos totalitarios conquistaron el poder en forma camouflada, encarnando una aspiración colectiva nacional o la reivindicación de flagrantes injusticias. Una vez instalados en el mando dieron a conocer sus ideas totalitarias y mostraron sus tentáculos absorbentes.

La doctrina, tesis general, del totalitarismo sostiene que «el Estado es un ente absoluto y los individuos, las familias y los grupos son relativos, y reciben del Estado todos sus derechos«. Por consiguiente, «la vida y la actividad individuales deben desarrollarse en el Estado y para el Estado». El Estado es el fin supremo que ejerce derechos ilimitados, independientemente de la ley natural.

La doctrina totalitaria acerca de la función de Estado, lleva a las siguientes funestas consecuencias:

• Convierte al Estado en un Dios.

• Deja el Estado de ser un medio y se transforma en un fin al cual todo y todos deben someterse.

• La persona humana queda convertida en esclava del Estado, el cual se apropia hasta de los derechos naturales del hombre.

• Se niegan los derechos que el Estado no quiera o no le convenga reconocer.

• Se extinguen las libertades individuales.

Por diversas razones, no todos los gobiernos totalitarios han llevado esta doctrina a sus últimas consecuencias. En la práctica algunos de ellos han maniobrado procurando adaptarse a las circunstancias.

Cada movimiento totalitario tiene, como se verá, sus carac teres peculiares. El prototipo do crudo y sangriento totalitarismo existente en la actualidad lo constituye el comunismo bolchevique, el yugoeslavo, el chino y el cubano. Otros regímenes’ totalitarios, fascismo, nazismo, coincidieron por su carácter netamente anticomunista, por su respeto a ln propiedad privada y por la promoción de las sociedades de obreros y patronos.

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Características de Gobiernos Totalitarios Hitler-Stalin-Videla

Adolf Hitler (Alemania)Josef Stalin (Rusia)Pol Pot (Camboya)Jorge R. Videla (Argentina)Los Jóvenes Turcos

CONCEPTO DE GOBIERNOS TOTALITARIOS O AUTOCRACIAS Aunque las ideologías totalitarias habían echado raíces en el siglo XK, en los escritos de Darwin, Marx y Nietzsche, su realización práctica sólo fue posible en el siglo xx, en el que la llegada de las comunicaciones a gran escala y de la producción en serie permitió que la sociedad y la economía se movilizaran para un objetivo único. Lo que caracteriza al totalitarismo, de derecha o de izquierda, es su ambición de totalizar, de someter todos los aspectos de la vida a la supervisión de una autoridad central.

En Italia, los fascistas empezaron a «totalizar» de verdad cuatro años después de tomar Roma. En la Unión Soviética, el Partido Comunista había empezado el proceso tras ganar la revolución de 1917 (pero sufrió reveses en los primeros años). En Alemania, en cambio, los nazis manifestaron sus intenciones totalitarias mucho antes de llegar al poder en 1933.

En 1928 el director de propaganda, Joseph Goebbels, ya utilizó publicaciones del partido para configurar las opiniones de los alemanes no sólo en materia política sino también en esferas hasta aquel momento consideradas no políticas, como educación, música, deportes y literatura. Cuando el partido y el Estado constituyeron una sola cosa, el gobierno empezó a controlar todas estas esferas y más.

Tanto el fascismo como el nazismo prometieron la gloria nacional eterna, o casi eterna: una resurrección del Imperio Romano y el Reich de mil años. Los pueblos de las dos naciones, los italianos y los alemanes «arios», eran superhombres, elegidos por el destino para gobernar a los demás. A la vez sólo constituían el barro que un ser verdaderamente trascendental modelaría: el líder. En Italia y en Alemania todas las decisiones provinieron de un hombre al que prácticamente se consideraba un dios, y fueron transmitidas a través de una jerarquía de individuos e instituciones encargados explícitamente de transmitir su voluntad.

El dictador de la Unión Soviética resultó tan despiadado como Hitler y objeto de una adulación similar. Sin embargo, había importantes diferencias entre el régimen político de derecha y el de izquierda. Stalin no estaba considerado como la encarnación de un principio eterno (el Führerprinzip de Hitler), sino solamente como una fase transitoria en el desarrollo del comunismo mundial: la dictadura del proletariado.

Los comunistas insistieron en que esta forma de gobierno era una medida defensiva necesaria en la Unión Soviética a causa de los enemigos capitalistas. De acuerdo con la teoría marxista, duraría hasta que todas las naciones se hallaran en manos de la clase trabajadora, con lo cual el Estado (y las fronteras nacionales) desaparecería.

El igualitarismo y el internacionalismo declarados de los comunistas se encontraban en las antípodas de la obsesión nazi-fascista por el autoritarismo y el nacionalismo (que finalmente desembocó en la Segunda Guerra Mundial), y de la obsesión nazi por la raza (que llevó a la muerte a seis millones de personas).

Esta distinción ayuda a explicar por qué, en los años treinta, muchos intelectuales —desde poetas hasta físicos— se afiliaron a los partidos comunistas de sus países. Asimismo, ayuda a explicar por qué algunos intelectuales antiigualitaristas declarados (y antisemitas incidentales), el más destacado fue Ezra Pound, optaron por el fascismo. En realidad, incluso los izquierdistas podían sentir el encanto oscuro del fascismo, la tentación de reclamar los privilegios feroces del superhombre.

La Gran Depresión trajo consigo la sensación de que el sistema capitalista estaba condenado. En mi país, Inglaterra, como en otras naciones occidentales, la pobreza y el desempleo dieron lugar a llamadas revolucionarias: hubo manifestaciones y disturbios. Sin embargo, en Alemania, donde viví a principios de los años treinta, el desorden que culminó en el ascenso de Hitler resultaba verdaderamente abrumador.

Allí la economía apenas se había recuperado de la derrota de la Primera Guerra Mundial (y de los pagos de las reparaciones que siguieron) cuando la Depresión asestó su golpe. El gobierno de Weimar, impopular sin remedio, saltaba de crisis en crisis mientras los representantes de 29 partidos se gritaban furiosamente unos a otros en el Parlamento.

En nombre de la democracia, el canciller Brüning gobernó antidemocráticamente, por decreto aunque no pudo decretar un final para las peleas callejeras entre los militantes de los dos partidos que crecían con más rapidez: los nazis y los comunistas.

Mujeres jóvenes que habían pertenecido a la clase media vendían sus cuerpos en las esquinas de las calles, frente a restaurantes donde los ricos cenaban lujosamente. Casi todo el mundo se hizo miembro de algún grupo político. El odio aumentaba en estos grupos.

Para escritores jóvenes como yo y Christopher Isherwood (que pronto alcanzó la fama con sus Historias de Berlín), el ambiente de Alemania resultaba extraordinariamente estimulante, y —con su vanguardismo vibrante en arte, arquitectura, música, teatro, incluso en relaciones sociales— incomparablemente más libre que el de nuestro país natal. Pero también era siniestro. Para muchos intelectuales de Occidente, Alemania se erigía como una premonición. Parecía que la humanidad podía elegir entre dos opciones: el infierno del fascismo o el posible paraíso del comunismo.

Mi propia decisión de adherirme al último giró en torno a varios factores. Había leído mucha literatura nazi y la encontró cruel y cínica: junto al racismo, al antisemitismo y al militarismo expansionista, los dirigentes nazis aceptaban abiertamente a la Gran Mentira (como Goebbels la llamó) como una herramienta indispensable para la organización. Por otro lado, me fascinaban las nuevas películas soviéticas que se proyectaban a diario en Berlín.

Obras maestras como El acorazado Potemkin satisfacían mi hambre de esperanza, belleza y heroísmo así como mi sensibilidad moderna. Asistía a reuniones políticas y me enzarzaba en discusiones eternas en los bares y cafés. Y cuando un amigo de Isherwood volvió de la Unión Soviética, ardiente de entusiasmo por los logros de Stalin, empecé un proceso de conversión.

Características de los estados totalitarios
• La dictadura, es decir, concentración de todo el poder en manos de una sola persona.

• El desprecio por el sistema democrático y sus instituciones.

• La organización política teniendo como base un solo partido, el oficial; este es e! único partido reconocido legalmente; todos los demás son ilegales.

• El partido gobernante está dirigido por una minoría.

• Existe una policía secreta que controla a los opositores políticos y vigila la ejecución de la política del gobierno.

• Hay un severo control de la vida nacional en todos los aspectos: industria, comercio, vida sindical, enseñanza, iglesia, etc.

•  La propaganda estatal se efectúa por medio de la radio, el cine, la prensa y demás medios de expresión.

• La enseñanza, en todos sus niveles, está controlada por el estado y la misma sirve de medio de adoctrinamiento y propaganda política.

Explicacion de la Globalización Características y Causas Resumen

Resumen: Explicación de la Globalización
Características y Causas

LA GLOBALIZACIÓN: Hacia fines del siglo XX, y en estos primeros años del siglo XXI, los avances de la ciencia y de la tecnología, sobre todo referidos a los medios de comunicación y transporte, permitieron que  las relaciones entre los diferentes lugares del mundo se hicieran más cercanas.  Este proceso de vinculación intercontinental, se conoce como globalización o mundialización, y en él se internacionaliza la economía, la información y la cultura.

Por otro lado el desmoronamiento del régimen político, económico y social vigente en la Unión Soviética y los demás países del bloque socialista real, a fines de la década de los ochenta y principios de los noventa, coincidió con la consolidación de este proceso global que había comenzado a gestarse en los años setenta.

Si bien no existe una definición única y precisa sobre este fenómeno, se puede decir, «que todo lo que sucede en algún lugar del mundo tiene consecuencias en los acontecimientos [que se producen] en muchos lugares del mundo«. En otras palabras, los procesos económicos, sociales, políticos, culturales, etc., cada vez alcanzan mayor interconexión, traspasando las fronteras nacionales con creciente facilidad, por lo que pierden su importancia las distancias temporales y geográficas.

globalizacion

 Centros y periferias

CAUSAS: Luego de la Segunda Guerra Mundial, el mundo quedó dividido por el dominio de dos potencias hegemónicas: Los Estados Unidos y la Unión Soviética.  Alrededor de las mismas, los demás países del planeta se fueron «alineando», situación que dio lugar a la formación de dos bloques, el bloque occidental o capitalista, liderado por los Estados Unidos y el bloque oriental o socialista, liderado por la Unión Soviética.  Las tensiones entre estos bloques, originaron la Guerra Fría.

Pero, tras la caída de la Unión Soviética y la disolución del bloque socialista, los Estados Unidos se convirtieron en la única superpotencia mundial, sin que nadie pudiese disputarle su liderazgo.  Económicamente, el mundo se organizó alrededor de los grandes centros del capitalismo, que son los Estados Unidos, Japón y Europa Occidental, en los que se toman las decisiones que marcan el rumbo de la economía y la política mundiales.

El comercio se expandió y se hizo mundial.  En la actualidad no circulan solo mercaderías, sino también capitales, seguros, licencias, patentes, productos culturales y artísticos, servicios bancarios, etc.  Los medios de comunicación ofrecen una información «al instante» de todo lo que pasa en cada lugar del planeta, lo que permite conocer las necesidades de cualquier región y, por ende, producir para ese mercado, por lejano que se encuentre, utilizando, según la conveniencia, materias primas de un país y mano de obra de otro.  Este proceso se ve facilitado por el desarrollo de los transportes, ya que los fletes se tornaron más seguros, más rápidos y más baratos.

Las empresas multinacionales ubican sus fábricas en cualquier lugar, teniendo siempre como objetivo la obtención de la mayor cantidad posible de ganancias.  El accionar de las mismas está más allá de cualquier localismo, pues al crearse nuevos lazos o relaciones comerciales basadas en movimientos de dinero, de tecnología o de personas, es muy difícil establecer con precisión de que nacionalidad son las empresas y los productos que éstas fabrican.

La interdependencia comercial, no significa de ninguna manera que todos los pueblos del planeta estén en una situación de igualdad, sino que por el contrario, los países centrales ejercen un dominio económico, financiero, científico y cultural sobre los demás.  Se constituyen así, zonas centrales de gran desarrollo industrial y condiciones de vida adecuadas, contrapuestas a regiones periféricas o subdesarrolladas, con gran atraso económico.

El tercer mundo

Se llamó así, por analogía con el Tercer Estado antes de la Revolución Francesa, al conjunto de países de Asia, Africa y América Latina, que intentaron, a partir de la segunda mitad del siglo XX, salir del dominio que sobre ellos ejercía otro país más poderoso, ya fuese socialista o capitalista.  Actualmente, esta expresión designa a los, países subdesarrollados en general, en los que vive el 75% de la población mundial pero, como muchos países pobres se encuentran en el Hemisferio Sur, y la mayor parte de los países ricos están en el Hemisferio Norte, el problema se plantea en la existencia de un mundo bipolar: norte desarrollado – sur subdesarrollado.

Si bien existen diferencias importantes en cuanto a los niveles de desarrollo de los países del Tercer Mundo, podemos decir que las características principales de los países subdesarrollados son su dependencia económica (también llamada neocolonialismo), de los grandes centros capitalistas mundiales; la coexistencia de un sector industrial dinámico, generalmente controlado por capitales extranjeros, junto con un sector artesanol y agrícola en el que predomina una economía tradicional; además de una desigual distribución de la renta.

De esta manera, la mayoría de la población vive en la pobreza, mientras que un pequeño grupo privilegiado vive en la excesiva riqueza, y los sectores medios, son escasos o inexistentes.  Las necesidades alimentarías no están suficientemente satisfechas, como tampoco esta garantizado el acceso a la salud, a una vivienda digna, a la educación, al trabajo, a la participación política ya la paz.Esta separación entre las zonas ricas y pobres del mundo, es en la actualidad, una importante causa de conflictos, ya que los intent alízado para reducir la brecha no han dado

La aldea global

El escritor canadiense Marshall McLuhan, llamó «aldea global», al fenómeno de interrelación de los habitantes del planeta, por la cual, la población mundial forma una sola comunidad.  Todas las novedades, incluidos los valores, las ideas y los adelantos científicos y culturales, trascienden las fronteras a través de los medios de comunicación, los libros, la música y el cine.  El turismo intercontinental está en auge y el inglés se convirtió en un idioma casi universal.

El fin de la guerra fría terminó con la perspectiva de una tercera guerra mundial de carácter atómico, pero esto no significó que el mundo estuviese libre de guerras en los años venideros.  El tráfico de armas se hizo cada vez más común y permitió que pequeños grupos de rebeldes de diferentes ideologías, pudiesen crear problemas en cualquier parte del mundo, como por ejemplo el IRA, en Irlanda del Norte, o la ETA, en el País Vasco.  Los presupuestos para controlar el accionar de estos grupos aumentaron en los últimos años del siglo XX.

El fracaso del comunismo soviético, tampoco significó que los países debían entrar en un «laissez- faire» total, dejando aspectos fundamentales de las sociedades librados al juego del mercado.  El desempleo ocasionado por la expansión de la tecnología y por el desplazamiento de industrias que cambian de lugar en busca de mano de obra más barata, y la implementación de planes sociales que reduzcan las consecuencias de esta economía globalizada, solo podrán resolverse mediante la adopción de medidas políticas adecuadas.

Para complementar las economías en las diferentes regiones del mundo, se han formado grandes bloques económicos que tienen como objetivo la eliminación de impuestos o barreras aduaneras, aumentar la competitividad de las empresas, y sumar mercados internacionales en forma conjunta.  A veces, estos bloques regionales se proponen también una mayor integración de las sociedades y la cultura de los diferentes pueblos que los componen.

Estos bloques regionales pueden organizarse como una unión aduanera, en la cual se eliminan todos los impuestos aduaneros entre los diversos países miembros; un mercado común, que tiene las características de una unión aduanera pero incluye, además, el intercambio de todos los factores de producción (salarios, rentas, beneficios, intereses); o una unión económica, en la cual, a las características del mercado común se agregan la toma de decisiones en forma conjunta, con respecto a políticas fiscales, monetarias y socioeconómicas.

Los principales bloques económicos en la actualidad son la Unión Europea, (UE), formada por Francia, Italia, Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Alemania, Inglaterra, Irlanda, Dinamarca, Grecia, España, Portugal, Austria, Finlandia y Suecia.  Este bloque no tiene sólo intereses económicos, sino también culturales, sociales, sanitarios, científicos y ambientales que beneficien a toda la región.  Lo conforman casi 400 millones de personas y tiene una moneda (Euro), que aspira a ser la única de uso legal para todos los países de esta Unión.

En América del Norte, los Estados Unidos, Canadá y México, organizaron el Acuerdo de Libre Comercio deNorteamérica (NAFTA), en el cual, los países que lo integran se propusieron liberar poco a poco, a partir de 1992, y en un lapso de 15 años, el comercio entre estos tres países.

En América Latina, existen más de cuarenta organismos, de los cuales los más importantes son: el Mercado Común Centroamericano (MCCA), laComunidad del Caribe (CARICOM), el Pacto Andino, la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), éste último configurado en el año 1991, a través del Tratado de Asunción, por los países de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, a los cuales se uniría en 1996 Chile.  Tiene como objetivo, lograr la libre circulación de bienes y servicios, coordinar las políticas comerciales, las actividades agrícolas, económicas y científicas, para lograr mejores condiciones de vida de los habitantes de la región

 El debilitamiento del Estado-Nación

Esta institución, en los últimos años del siglo XX, fue perdiendo poder, entre otras causas porque grandes estados se desintegraron formando estados más pequeños, o porque transfirieron parte de su poder a los organismos supranacionales de la región, poniéndose de manifiesto su incapacidad para lograr imponer la ley y conservar el orden público.

Sin embargo, su papel es más necesario que nunca en estos años de la globalización, pues su función especifica en el gobierno de los diferentes países , aun no ha sido reemplazada por nadie.

La desregulación del Estado

La desregulación del Estado implantada durante la década de 1990, es decir, su paulatina retirada de la actividad productiva y de la intervención en los mercados, es funcional a la creciente unificación de las relaciones económicas y financieras de todo el planeta.

Esto es así por cuanto la reducción creciente del peso del Estado en las decisiones del mercado posibilita que los flujos de mercancías y de recursos financieros se muevan cada vez con mayor libertad. A la vez, la privatización de los servicios públicos se orienta en la misma dirección que las otras transformaciones.

El Estado más pequeño y menos comprometido con las acciones relacionadas con los sectores sociales de bajos ingresos requiere -al menos en teoría- ingresos menores. Esta situación repercute en la estructura tributaria, ya que debido a la necesidad de bajar costos y tornar competitiva la actividad productiva, esta estructura está en condiciones de revertirse, de modo tal que la presión impositiva sobre las empresas se reduzca.

¿Acaso la globalización y la liberación de los mercados condenan a los estados nacionales a ser desplazados definitivamente del papel que desempeñaban como reguladores del ciclo económico, de modo que no perturben y gasten cada vez menos? ¿Hay algún espacio posible de acción para quienes diseñan políticas nacionales desde el Estado o estamos condenados, por la globalización, a renunciar de modo irreversible a tales políticas?

Globalización y derechos humanos

Sin duda, el hecho de que el Estado se haya desprendido de algunas de sus funciones se puede vincular a los requisitos y prácticas de la globalización. La globalizadón parecería ofrecer más desventajas que ventajas a los habitantes de los Estados menos favorecidos en el reparto de la riqueza, pero en la actualidad aparece una nueva dimensión por explorar: los derechos humanos.

El carácter universal de ciertos derechos inherentes a la dignidad del ser humano —derechos que no se le pueden negar a nadie por motivos de religión, etnia, nacionalidad, sexo o cualquier otra condición— como el de residir en la tierra de sus padres sin sufrir persecución ni discriminación alguna, el de vivir con dignidad donde se encuentre, el de elegir libremente su vida, sus creencias —respetando la libertad del prójimo— el de acceder sin obstáculos al saber, a la salud, a una vida digna y honorable es la base del reclamo de algunas instituciones internacionales y organismos no gubernamentales, que exigen su respeto, por encima de las divisiones estatales.

Pero este reclamo choca con los derechos de los Estados que arguyen que no solo ejercen poder sobre una determinada comunidad y un determinado territorio, sino que también deben defenderse de la intervención de los agentes externos. Así, la defensa en escala internacional de los derechos humanos puede ser considerada —por algunos gobiernos— como una intervención no autorizada en los asuntos internos del Estado.

La ciudad global

La globalización de la economía determinó el surgimiento de nuevos tipos de ciudades: las ciudades globales, que conforman los centros de comando de la nueva economía global. Allí se concentran las sedes de los principales bancos y los principales mercados financieros, así como los centros de producción de servicios avanzados en escala mundial.

Las tres ciudades globales típicas son Nueva York, Londres y Tokio. Otros centros importantes de servicios financieros y empresariales en escala internacional son Hong Kong, Osaka, Frankfurt, Zurich, París, Los Ángeles, San Francisco, Amsterdam y Milán.

Otras ciudades, sin ser «ciudades globales» propiamente dichas son importantes en escala regional, a medida que surgen «mercados emergentes» en distintos países del mundo; por ejemplo, Madrid, Sao Paulo, Buenos Aires, México, Taipei, Moscú y Budapest.

El hecho de convertirse en un centro de la economía global ha implicado fuertes transformaciones en las ciudades que se han convertido en sedes de estos procesos. En general, estas ciudades han experimentado una fuerte suba de los valores de los terrenos y de los edificios. Además, han requerido cuantiosas inversiones, tanto públicas como privadas, para adaptarse a las exigencias de estas nuevas funciones. Infraestructura de transporte (aeropuertos, autopistas, ferrocarriles urbanos); telecomunicaciones; edificios de oficinas «inteligentes», hoteles cinco estrellas, centros de convenciones, centros culturales, centros comerciales, etc., son algunos de los elementos que forman parte de estas adaptaciones que expresan la conexión con la economía global.

Globalización y consumo

Hasta hace algunos años, muchos de los bienes destinados al consumo se producían en el propio país, había aduanas estrictas y barreras arancelarias que cada uno de los países imponían para priorizar las producciones nacionales por sobre los bienes importados.

A partir de la consolidación de la economía globalizada, las formas de consumo se han difundido por el mundo y resulta habitual que determinados objetos o costumbres que estaban asociadas a determinadas áreas del mundo, hoy se manifiesten en países muy distintos de aquellos en los cuales tuvieron origen: las casas de comidas rápidas (fastfood) o el consumo de bebidas gaseosas constituyen dos ejemplos de costumbres culinarias estadounidenses actualmente extendidas a todo el mundo.

Sin embargo, especialmente en los países más pobres, gran parte de la población queda fuera de este circuito y solo accede al mensaje publicitario de espacios y productos elaborados para las personas que pueden adquirirlos en el mercado. El nivel de ingreso, que es desigual entre diferentes sectores de la población, se interpone entre el deseo y el consumo real.

Dentro de la globalización de los mercados, las hamburguesas y las bebidas colas lleva la delantera. Niños y adolescentes son sus principales consumidores. No hay duda que para los adolescentes de entre 10 y 16 años la hamburguesa ejerce un mágico poder de seducción. A veces los padres también la eligen.

La hamburguesa nació a orillas del estuario del río Elba, en Hamburgo, Alemania. Se la encontraba en todos los bares de Hamburgo con el nombre de Frikadelle. Pero su fama comenzó cerca de otro río, el Mississippi, en la ciudad de St. Louis, en los Estados Unidos. Ahí la llevaron unos comerciantes alemanes, a una exposición mundial, en 1904, a los que se les ocurrió darle una forma más aplanada que su original alemán y colocarla entre dos mitades de pan.

Rápidamente los americanos del norte se convirtieron en adictos a estos panecillos rellenos a los que llamaron con el nombre de los comerciantes que los llevaron. Había nacido la hamburguer, es decir, la hamburguesa y sus variedades. Si en el medio del pan se le pone jamón ahumado o panceta se llama Bacon-burguer; con queso, Cheeseburger; con lomo, Beefburguer, con salchichitas de Frankfurt, Franfburguer.

En 1955 se creó en Los Angeles el primer «limpio y rapidísimo» restaurante de hamburguesas, acompañadas de papas fritas en bolsitas y una bebida cola. El éxito hizo que en los próximos años se crearan cadenas de estos restaurantes a lo largo y ancho de muchos países del mundo, todos con características semejantes: muy limpios y donde se puede comer muy rápido este menú que siempre tiene el mismo esquema: la hamburguesa, las papas fritas y la bebida «cola».

Fuente: Educación Cívica 2 – Editorial Santillana – Secundaria – Casullo, Bordone, Hirschmann y Otros –

¿De Que Nacionalidad Es El Pontiac?: «En estas redes mundiales, los productos son combinaciones internacionales. Lo que se intercambia entre las naciones es con menos frecuencia el producto terminado que la especialización para resolver los problemas (investigación, diseño del producto, fabricación), para identificarlos (marketing, publicidad, encuestas al consumidor), y para coordinar los servicios (financiamiento, búsqueda, contrataciones), así como ciertos servicios y componentes de rutina, todo lo cual se combina para crear valor.

Por ejemplo, cuando un norteamericano compra un Pontiac Le Mans a General Motors, inconscientemente está realizando una transacción internacional. De los 10.000 dólares que paga a General Motors, cerca de 3.000 van a Corea del Sur, donde se efectuaron los trabajos de rutina y las operaciones de montaje; 1.750 dólares van a Japón por la fabricación de los componentes de vanguardia (motores, eje de dirección e instrumentos electrónicos); 750 dólares a Alemania por el diseño y el proyecto del prototipo; 400 dólares a Taiwan, Singapur y Japón por los pequeños componentes; 250 dólares a Gran Bretaña por los servicios de marketing y publicidad; y cerca de 4.000 dólares pasan a los intermediarios estratégicos de Detroit, a los abogados y banqueros de Nueva York, a los ‘lobbistas’ de Washington, a las aseguradoras de todo el país, y a los accionistas de General Motors -la mayoría de los cuales son norteamericanos, aunque hay un número creciente de extranjeros-.»

ROBERT REICH.
El trabajo de las naciones. Hacia el capitalismo del siglo XXI.
Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1993.

PROBLEMAS:

Las tendencias a la globalización están dejando también al descubierto nuevos problemas.

■ En lo cultural la universalización uni-ficadora. tiene el peligro de hacer perder la identidad, la personalidad de individuos y pueblos. Esto lleva a la sensación de «pérdida de lugar en el mundo» y, para contrarrestarla, está resurgiendo en muchos casos la tendencia contraria: un nacionalismo agresivo y un renacimiento del racismo que está desatando conflictos de un alto grado de violencia.

■ En lo social, la idea de que el mercado por sí sólo puede regular la vida de una sociedad ha debilitado o ha hecho desaparecer el rol que cumplía el Estado en los servicios sociales, en la educación, en la salud y en la protección de los más necesitados. Amplios sectores están quedando desguarnecidos y marginados, como consecuencia de la aplicación de estas políticas globaliza-doras en América latina.

■ En lo político, la consecuencia es la de un creciente descreimiento del papel de las instituciones públicas para resolver los asuntos públicos, lo que puede debilitar las recientemente recuperadas democracias latinoamericanas.

El dilema del futuro próximo pasa alrededor del papel que deberá cumplir en esta etapa el Estado, su relación con el mercado y el conjunto de los problemas sociales y culturales. De no resolverse, las consecuencias de la pobreza, la violencia, la exclusión social, el racismo, crearán un marco apropiado para nuevos autoritarismos y pérdida de las libertades.

Fuente Consultada:
Economía Las Ideas y los Grandes Procesos Económicos Rofman-Aronskind-Kulfas-Wainer
Educación Cívica 2 – Editorial Santillana – Secundaria – Casullo, Bordone, Hirschmann y Otros –

Biografía de Lord Byron Resumen de la vida y obra de George Gordon

Biografía de Lord Byron Resumen de la vida y obra de George Gordon

El 22 de enero de 1788 nació en Londres, en el número 16 de Holles Street, George Gordon Byron, que había de ser el poeta más discutido del romanticismo inglés y su figura más representativa. Era hijo del capitán Byron y de una rica heredera escocesa, Catherine Gordon. El padre de la criatura no estaba al lado de su esposa en el instante del parto, ya que, debido a las muchas deudas contraídas, se hallaba escondido- para eludir a los acreedores y a la justicia.

«Habrá habido, quizás, alguien capaz de apagar una vela, a treinta pasos de distancia, de un tiro de pistola; o tal vez, alguien que haya atravesado a nado el estrecho de los Dardanelos; y no niego que algún poeta, haya conseguido hacerse célebre en el término de un solo día. Pero yo, querido amigo, creo que soy el único en haber realizado las tres cosas.»

Quien así hablaba era un joven pálido, alto, distinguido, con una complexión física de atleta, y la mirada perdida de un soñador. Iba envuelto en extrañísimas y riquísimas prendas orientales, pero su perfecto acento descubría inmediatamente lo que era: un noble inglés, que además de poseer una corrección de perfecto «gentleman» británico, tenia también en su activo una magnífica educación literaria.

Este individuo original y sorprendente, a quien le gustaba asombrar y escandalizar con sus salidas a la corte de amigos que lo seguían por todas partes, y que aparentemente colocaba en el mismo plano un pistoletazo, una hazaña natatoria y un poema, era uno de los personajes más conocidos de su tiempo.

Se llamaba George Gordon, sexto Lord Byron, y a pesar de su aire de calavera cínico, fue un poeta lleno de pasión y de sentimiento; quizá demasiado.

UNA FAMILIA FUERA DE LO CORRIENTE

Byron era un lord, y su familia se preciaba de nobles y antiguos orígenes. La familia del poeta no sólo era conocida por la nobleza de su estirpe y por su respetable patrimonio, sino también por las extravagancias de sus componentes.

El abuelo de George, como él mismo decía, era un marino que tenía «la costumbre de hacerse a la mar cuando había tempestad»; un tío suyo había matado en una riña a un pariente, y, después del delito, se había encerrado en su castillo; a su padre le llamaban «Mad Jack» (Jack el loco); y su madre tenía un carácter extraño, reconcentrado y violento.

Por eso no es de maravillar que el joven George nacido en 1788, siguiese muy pronto el extraño destino de su familia, y se diera a conocer por su comportamiento fuera de lo normal.

Se aislaba con frecuencia de todo el mundo, y recorría a pie kilómetros de prados y bosques, impulsado por su inquietud. Contribuía a hacerlo arisco y solitario un defecto físico que lo afligía desde su nacimiento: era cojo, y a causa de su paso vacilante, su porte no resultaba, ciertamente, majestuoso.

Sin embargo, reaccionó contra ese defecto, fortaleciendo y templando su cuerpo con los ejercicios físicos.Cuando sólo tenía once años, quedó huérfano de padre; la falta, precisamente en la difícil edad de la adolescencia, de una autoridad severa, tuvo una notable y negativa influencia sobre su educación.

En efecto, se mezclaron en él aquellas dotes de «genio y desarreglo» que le proporcionarían una fama poco halagadora.

PRIMEROS AÑOS: Asi pues, los primeros años de la infancia de George Byron transcurrieron en un ambiente de querellas matrimoniales y de estrechez económica. A estas circunstancias desfavorables hay que añadir otro factor no menos importante: la impresión causada en el niño por un defecto físico.

George había nacido con una deformación en el pie izquierdo, que Catherine Gordon, en su afán por remediar, no consiguió sino hacer más tangible. No se sabe a ciencia cierta de qué clase de malformación se trataba, pero sí queda evidencia de la terapéutica a la que hubo de someterse el niño tan pronto como empezó a dar los primeros pasos. Catherine consultó con varios médicos y compró a su hijo unas botas especiales con el propósito de corregir el defecto lo antes posible. Todo ello no produjo la curación deseada y, en cambio, creó un fuerte complejo en el ánimo del pequeño George.

A los cinco años fue enviado a un colegio, bastante modesto por cierto, próximo a su domicilio. George mostró aficiones precoces en lo concerniente a la lectura, ya que, en vez de los libros de aventuras preferidos por la mayoría de los niños de su edad, dedicaba su atención (o así al menos lo confesaría él mismo años más tarde) a la Biblia, el Quijote, Roderick Random de Smollett y a Las mil y una noches.

Sea cierto o no este temprano despertar a la literatura, no hay duda de que Byron llegó a ser un buen conocedor de las Sagradas Escrituras y de que se deben rechazar como ligeras y pocos atinadas las observaciones de sus enemigos sobre su falta de escrúpulos religiosos. Antes al contrario, la circunstancia de que su niñera fuese calvinista influyó decisivamente en la mentalidad del futuro poeta, como veremos más adelante.

Desde pequeño mostró también otras facetas de su personalidad que habrían de acompañarle durante toda la vida: la afición al deporte (pronto se reveló como un buen nadador) y la debilidad por el sexo opuesto. Sus primeros amores, no por platónicos menos intensos, quedaron dentro del círculo familiar. A los ocho años se enamoró (por así decirlo) de Mary Duff y a los trece de Margaret Parker, ambas primas suyas.

En mayo de 1798 un acontecimiento espectacular se había producido en su vida. El 21 de dicho mes murió el quinto lord Byron y, como cinco años antes su único hijo había fallecido en Córcega, el joven George se convirtió a los diez años en el heredero del título. Esto supuso un rápido cambio de nivel social y de residencia.

UN MITO Y UN PERSONAJE

George fue enviado a estudiar al célebre colegio de Harrow, y cuando salió de él, en 1805, entró en la Universidad de Cambridge. Ya desde el primer año de estudios, a los dieciocho años de edad, Lord Byron comenzó a llamar la atención.

Los recursos de que disponía le permitían dar suntuosas fiestas, durante las cuales se embriagaba con frecuencia: más por dar un espectáculo de «despreocupación» y de desprecio de las reglas que por afición al alcohol. Por lo demás, no era el único que se comportaba así: en aquellos tiempos estaba de moda el mito del artista holgazán y calavera, que ahogaba en los placeres el «hastío de vivir». 

Se mostraba ya como el aristócrata liberal e inconformista que había de congeniar bien poco con la mayoría de sus pares. En cuanto a sus inclinaciones más domésticas, la prodigalidad y extravagancia que mostró toda la vida se revelaron en su manera de comportarse en la universidad. Apareció en Cambridge con una docena de botellas de distintos vinos generosos y una toga bordada en oro, y ocupe habitaciones en la esquina sudeste del Great Court de Trinity College, donde pronto agregaría a su séquito un perro y un oso amaestrado. A partir de su llegada se dedicó a despilfarrar tiempo y dinero. Compró un carruaje, junto con los correspondientes caballos, y encargó nuevas libreas para sus criados. Pronto caería en manos de los prestamistas.

No obstante, aparte de nadar, montar a caballo, beber y gastar, dedicó suficiente acopio de sus energías a una actividad más productiva; la que en definitiva habría de ganarle un puesto entre los «inmortales». En noviembre de 1806 apareció Piezas fugitivas, su primer libro de poemas y su primer escándalo, a causa del carácter ligeramente erótico de una de las composiciones. Dos meses más tarde publicó una edición corregida, Horas de ocio, que tuvo una buena venta y recibió alguna que otra crítica elogiosa.

Y Byron encontró que el personaje le iba perfectamente. Su primer libro de versos se titulaba, justamente, «Houn of Idleness» (Horas baldías); pero fue maltratado por la crítica. El joven poeta se vengó de este desaire con una sátira venenosa.

En 1808, ya en plena disposición de todo el patrimonio de la familia, realizó un largo viaje a las  «tierras del sol», como era habitual entre los jóvenes  ingleses de la nobleza.

Aquel viaje le trajo suerte, porque en 1812, cuan do comenzó a publicar el poema titulado «Peregrinación de Childe-Harold» ,que era el fruto poético de aquellos dos largos años pasados lejos de la patria, el éxito fue inmediato e indiscutible.

EL ÍDOLO DE UNA GENERACIÓN

A partir de aquel primero e inmenso éxito, el porta fue consolidando su notoriedad. Pero si, por una parte, se hablaba muy bien de sus nuevas obras  poéticas, por la otra crecía también su fama de libertino. Su patrimonio se fundía como cera al sol: y no le sirvió de nada casarse (en 1815, con Ana Isabel Milbanke), porque dilapidó también los bienes de su mujer. Al cabo de un año, a causa de la conducta escandalosa del poeta, el matrimonio se separó.

En Venecia se enamoró de la condesa Teresa Guiccioli, que le presentó a su hermano Pietro Gamba. Este encuentro decidió el destino de Byron: Gamba, en efecto, estaba afiliado al movimiento carbonario, y convenció al poeta para que abrazara su causa. Es probable que en el entusiasmo de Byron por la lucha en que estaban empeñados los carbonarios influyera mucho su innato deseo de aventuras nuevas y fascinantes. De todas formas, fue generoso y leal con sus amigos.

Cuando la familia de Pietro Gamba fue desterrada a Pisa, Byron la siguió al destierro; y en la pequeña ciudad Toscana reunió a su alrededor a otros literatos ingleses, entre ellos el poeta Shelley. Mientras tanto, seguían apareciendo nuevas obras suyas, entre ellas el «Don Juan», considerado como su obra maestra.

NO TUVO UNA MUERTE HEROICA

Fiel al personaje que él mismo se había creado: de artista bohemio, cínico y generoso al mismo tiempo, débil en los vicios, pero decidido en la acción, Byron se consagró en 1823 a una nueva empresa. En Grecia, los patriotas, guiados por el príncipe Mavrocordato, se batían por la libertad del país; y allá fue él, con una pequeña nave armada a sus expensas, en busca de gloria.

Trataba por todos los medios de vivir como los héroes de sus obras, e incluso de morir como ellos: valerosa y gloriosamente.

Pero el destino le reservaba una terrible sorpresa: tras un año en Grecia, y después de haber realizado en favor de la causa de los patriotas una labor útil e incansable, que le valió el sincero reconocimiento de los griegos, murió casi repentinamente de una fiebre maligna.

El clima malsano de Missolonghi, región en donde vivía, las privaciones y las consecuencias de una vida desordenada, lo aniquilaron. Era el 19 de Abril de 1824, pocos hombres fueron llorados tan sinceramente como este poeta aventurero, que al morir por una causa justa, hizo que se olvidara la mala fama que le había precedido.

SUS OBRAS

Durante su corta vida, Byron escribió un notable número de obras, todas en verso; una parte de ellas está constituida por dramas, que hoy ya no se representan.

La característica más notable de estas obras es que el personaje principal, con pocas variantes, es siempre el mismo: un hombre «fatal»; disoluto, pero caballeroso; cínico, pero generoso, en el que el autor quiere representarse a sí mismo.

Entre las obras de Byron recordamos:

«La peregrinación de Childe-Harold» — Este es el poema que dio a Byron la celebridad. El protagonista realiza un largo viaje por varias naciones de Europa, ofreciendo de esa forma al autor la ocasión para describir detalladamente los lugares, y relatar los acontecimientos históricos famosos.

«Mazeppa» — Historia de un paje condenado a una muerte atroz, que, salvado en el último momento por un verdadero milagro, se convierte en un valiente caudillo de los cosacos.

«Manfredo» — Drama cuyo protagonista, atormentado por un oscuro destino, busca desesperadamente el olvido, y termina encontrándolo en la muerte.

«El Corsario» — Historia de un valiente y caballeroso pirata, que desaparece misteriosamente después de saber que su esposa ha fallecido de dolor, creyéndolo muerto en una batalla.

«Don Juan» — Sátira épica que relata, en versos ágiles y líenos de ingenio, los lances del legendario caballero idolatrado por las mujeres. En esta obra abandona Byron el «aire» romántico, y da vida a la que es considerada por todos como su obra maestra.

POETA

La figura de George Gordon Lord Byron, se hizo pronto legendaria, y hasta el mérito poético de su obra fue valorado a la luz de esa gloria. La crítica literaria moderna, en cambio, ha hecho una valoración más mesurada: a la distancia de casi siglo y medio, Byron aparece como una personalidad pujante y fascinadora, que tuvo una gran importancia en la literatura de su tiempo; mas no como un auténtico genio poético.

Nos quedan algunos espléndidos fragmentos suyos, en los cuales su verso fluido y sonoro conserva toda la fascinación que hizo famoso al poeta inglés. Todavía es hoy Byron el poeta romántico que goza de mayor fama.


Reproducción de un manuscrito con la firma autógrafa de Lord Byron,
donde usa de manera insólita el nombre de Noel.

ANÉCDOTA: Una de las tardes más aburridas de la historia dio origen a un personaje imaginario que ha aterrado y fascinado al mundo entero. En una noche de tormenta de 1816, un notable grupo reunido en la Villa Diodati de lord Byron, junto al lago Ginebra, leía en voz alta historias de fantasmas junto a la chimenea mientras el viento aullaba y la lluvia golpeaba insistente contra las ventanas. Los huéspedes de Byron eran el poeta Percy Bysshe Shelley, su futura esposa Mary Godwin, la hermanastra de Mary, Claire Clairmont, y su médico John Polidori.

Fastidiado por el mal clima y aburrido por este entretenimiento, Byron sugirió una competencia para escribir la mejor historia de horror. Poco después, el grupo consideraba la posibilidad de comprender el secreto de la vida y discutió si la electricidad no «podría restaurar la vida y crear un ente vivo a partir de la suma de diferentes partes muertas».

Mucho después de medianoche, tal como acostumbraban, los residentes de la villa se retiraron. Mary, en un estado de excitación, durmió mal. En la duermevela tuvo una horrible visión: «Vi a un pálido adepto de las artes malditas arrodillándose junto al ser que ensambló. Vi al abominable fantasma de un hombre yaciendo cuan largo era y, de pronto, con ayuda de una enorme máquina, dio señales de vida y se movió de modo torpe.» Sobresaltada, Mary halló su historia de horror. Publicada dos años más tarde, el Frankenstein de Mary Shelley ha perdurado a través de más de un siglo y originó innumerables secuelas e imitaciones tanto en literatura como en el cine.

Fuente Consultada: La Enciclopedia Superior del Estudiante Fasc. N° 49.

 

Guerra Estado Unidos-Irán: La Invasion en la Administracion Bush

Estado Unidos-Irán: La Invasion en la Administracion Bush

Cuando la Política Fracasa
Estados Unidos está descubriendo nuevamente los límites del poder militar. En Irak mantiene un control aéreo absoluto, pero no deja de perder terreno. Su mera presencia incita a la violencia. Aunque el presidente George W Bush cree que ha protegido a los estadounidenses “llevando la guerra al enemigo”, más de 1.700 estadounidenses han muerto en el conflicto con Irak, que también ha provocado atentados terroristas contra los aliados de EE.UU., como las terribles explosiones de Londres.

 Naturalmente, el error del gobierno de Bush es descuidar la política en sus cálculos bélicos, o seguir ciegamente el dicho de que la guerra es la política por otros medios. De hecho, la mayoría de las guerras son un fracaso de la política, un fracaso de la imaginación política.

Con su fariseísmo y su falta de conocimientos históricos o culturales, Bush y sus asesores creyeron que invadir Irak sería fácil, que el ejército de Saddam Hussein se desmoronaría, y que Estados Unidos sería recibido como un libertador. No comprendieron que Irak ha sido durante mucho tiempo un país ocupado y manipulado desde el exterior.

En consecuencia, es lógico que a los iraquíes la ocupación les parezca tan sólo un episodio más de explotación extranjera. En general, se entiende que el petróleo, no el terrorismo, fue el motivo inicial de la guerra; una guerra planeada por los principales asesores de Bush durante la década de 1990 y posibilitada por su acceso al poder en 2001. Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 proporcionaron la luz verde, no la motivación básica.

Los iraquíes se percatan de todo esto. No ven la negativa de Bush a establecer una fecha tope para la retirada de las tropas como un signo de resolución, sino como una declaración de la intención estadounidense de permanecer en Irak, establecer un régimen títere, controlar el petróleo del país e instalar bases militares permanentes.

Pero no va a funcionar. Hay, sencillamente, demasiadas fuerzas políticas reales sobre el terreno en Irak como para que Estados Unidos pueda manejarlas, y estas fuerzas exigen cada vez más un calendario para la retirada estadounidense, al igual que hacen legiones de iraquíes en las manifestaciones públicas y en las oraciones en las mezquitas. Sólo la política, y no las armas, puede calmar la situación. Vietnam es un verdadero precedente.

El número de muertos y heridos vietnamitas fue quizá veinte veces superior al de estadounidenses, pero aun así Estados Unidos no consiguió someter al adversario al que se enfrentaba. Podía bombardear ciudades de Vietnam hasta convertirlas en escombros, como puede hacer en Irak, pero esto no resuelve nada, se cobra enormes cantidades de vidas inocentes y confirma la opinión de que los estadounidenses son ocupantes.

Todo esto tiene también un aspecto económico. La doctrina de política exterior estadounidense establece que la seguridad nacional del país descansa sobre tres pilares: defensa, diplomacia y desarrollo. La ayuda económica a los países pobres es crucial, porque la pobreza proporciona el combustible para la violencia, el conflicto e incluso el terrorismo. Pero la diplomacia y el desarrollo ocupan el segundo y el tercer lugar tras los planteamientos defensivos —y más precisamente militares— en el gasto estadounidense en política exterior.

Si Estados Unidos se basara en la política y no en la guerra, entendería que el aumento del gasto en desarrollo, y un enfoque comercial en Asia, Africa y Medio Oriente, en lugar del actual método militar, serían más útiles para los intereses estadounidenses. Lo que sacó a Muammar Kaddafi de su aislamiento no fue el bombardeo de Libia sino la diplomacia pacífica. El mismo método habría sido mucho menos costoso y más prometedor con respecto a Saddam Hussein.

El ejército puede proteger a Estados Unidos de un ataque militar convencional, pero no puede protegerlo de la política. Para eso, los estadounidenses tienen que ser más listos e invertir en desarrollo pacífico en lugar de construir bases militares en territorios que durante mucho tiempo han sido objeto de abusos.


LA DECADENCIA DEL IMPERIO AMERICANO EL TITÁN TAMBALEANTE

Por TIMOTHY GARTON ASH
*Historiados británico, profesor de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford

Si quieren saber cómo era Londres en 1905, vean cómo está Washington en 2005. Gravitas imperial y tremendamente convencido de su importancia. Esa sensación de ser el centro del mundo y necesitar saber lo que ocurre en todos los rincones porque es posible que le pidan —o, al menos, que se sienta llamado— a intervenir. La hiperpotencia. El perro más fiero. Y, sin embargo, royendo bajo la superficie, el miedo persistente a que la supremacía mundial que posee no esté, ni mucho menos, tan segura como le gustaría. Como dijo en 1902 el ministro británico de las Colonias, Joseph Chamberlain:

“El titán cansado se tambalea bajo la esfera desmesurada de su destino”.

 george bushAhora, Estados Unidos es ese titán cansado. En el caso británico, la angustia nació de un conflicto inesperadamente prolongado, sangriento y costoso, la guerra de los boers —en la que un pequeño grupo de rebeldes extranjeros desafió al ejército más poderoso que había visto el mundo—, la preocupación por el creciente poder económico de Alemania y Estados Unidos y una combinación de agotamiento imperial y problemas socioeconómicos en casa. En el caso de Estados Unidos, la angustia es resultado de un conflicto inesperadamente prolongado, sangriento y costoso: la guerra de Irak, en la que un pequeño grupo de rebeldes extranjeros desafía al ejército más poderoso que ha visto el mundo; la preocupación por el creciente poder económico de China e India, y una combinación de agotamiento imperial y problemas socioeconómicos en casa.

Irak es la guerra de los boers de Estados Unidos. Recordemos que, cuando Gran Bretaña declaró el fin de las grandes operaciones de combate, en el verano de 1900, los boers emprendieron una campaña guerrillera que mantuvo en vilo a los soldados británicos durante dos años más. Si estos consiguieron vencer fue sólo gracias a una actitud despiadada que —me alegra decir— un país democrático, escrupuloso y esencialmente anticolonialista como Estados Unidos parece incapaz de tener. Al final, Londres contaba con 450.000 soldados británicos y coloniales en la zona (frente a los 150.000 soldados estadounidenses en Irak) que encerraron aproximadamente a la cuarta parte de la población boer en campos de concentración, donde muchos murieron.

En un reciente sondeo de CNN/Gallup, el 54% de los entrevistados pensaba que fue un error enviar tropas estadounidenses a Irak, y el 57% decía que la guerra de Irak ha hecho que Estados Unidos esté menos a salvo del terrorismo. El campamento de los que protestan ante el rancho del presidente Bush en Crawford, surgido alrededor de la madre de un soldado muerto en Irak, es un símbolo del sufrimiento. La CNN emitió un documental, realizado a partir de fuentes de primera categoría, que explicaba con detalle que las informaciones sobre las armas de destrucción masiva de Saddam se tergiversaron, manipularon y adornaron, y que estaban, como el título del programa, completamente vocadas. Para los lectores británicos europeos no es ninguna novedad, pero en Estados Unidos no se han difundido tanto datos. En otro sondeo, el número de la consideraban sincero al presidente pero por primera vez, inferior al 50%. Esta serna vuelto a tratar de obtener más apoyo p administración y para la guerra, pero fi rece que lo esté logrando.

EL COSTO DE LA GUERRA. Una reciente de The New York Times calculó los costo posible y verosímil de la guerra de largo plazo: más de un billón de dólares que los políticos iraquíes hayan llegado consenso sobre el proyecto de Constitución hay que ser muy optimistas para pensar que vaya a servir para que Irak se convierta en república federal democrática, pacífica y estable. Irán está adquiriendo discretamente cada vez más poder en la zona chiita del sur de Irak. En Washington se cuenta un chiste: se; la guerra, y ganaron los iraníes.

Mientras tanto, los precios del Petróleo —más de 60 dólares el barril— hacen que surtidores estadounidenses, la gasolina normal sin plomo cueste casi tres dólares el galón. Si se mantienen los altos precios de la energía se pondrán en peligro no sólo una economía todavía llena de fuerza, sino todo un estilo de vida, simbolizado por el Hummer en  sus versiones  civil y militar. Además de la inestabilidad  en Oriente Próximo, la causa principal de que  suban los precios del petróleo es constante demanda  de energía de los nuevos gigantes económicos de Asia. Los chinos van por mundo firmando calladamente grandes contratos de suministro de petróleo con todos países productores que encuentran, sin tener en cuenta si son políticamente rechazables, como en el caso de Sudán e Irán. Una empresa china intentó comprar una gran compañía energética de California, pero eso fue demasiado. Los políticos estadounidenses impidieron el trato.

China e India son para Estados Unidos lo que Alemania y Estados Unidos eran para Gran Bretaña hace cien años. China es en estos momentos la segunda economía consumidora de energía del mundo, después de Estados Unidos. Además posee la segunda reserva de divisas extranjeras, después de Japón y por delante de Taiwán, Corea del Sur e India. En esta lista, Estados Unidos está en noveno lugar, detrás de Singapur y justo delante de Malasia. Según algunos economistas, el índice de ahorro neto real —teniendo en cuenta toda la deuda y el gasto público— de Estados Unidos es cero. Nada. Es un país que no ahorra; es un país que gasta.

Todo esto no quiere decir que Estados Unidos vaya a derrumbarse mañana. Ni mucho menos. Al fin y al cabo, el imperio británico duró 40 años más después de 1905. Es más, alcanzó su máxima dimensión después de 1918, antes de que firmara su sentencia de muerte al invertir su sangre y su dinero en derrotar a Adolf Hitler (hay otras maneras peores de morir). Ahora es de imaginar que el imperio informal de Estados Unidos, su red de bases militares y semi protectorados, va a seguir creciendo. Estados Unidos, como la Gran Bretaña eduardiana, posee todavía tremendos recursos económicos, tecnológicos y militares, atractivo cultural y, cosa importante, el deseo de seguir en la cima. Como proclamaba una cancioncilla en una revista musical inglesa de la época:

Tenemos intención de seguir siendo el perro más fiero. Guau, guau.

Sí, señor, tenemos intención de seguir siendo el perro más fiero.

Hoy no hace falta buscar mucho para oír ese estribillo en Washington. La estrategia de seguridad nacional del gobierno de Bush no oculta su objetivo de conservar la supremacía militar. Ahora bien, no se sabe si el siglo americano, que comenzó en 1945, durará hasta 2045, 2035 o sólo 2025; pero su final se vislumbra ya en el horizonte. Si resulta que ustedes son de los que, de forma instintiva, consideran que eso es motivo para alegrarse, párense un momento a pensar y tengan en cuenta dos cosas: la primera, que las oscilaciones de poder entre las grandes potencias en ascenso y en decadencia han ido tradicionalmente acompañadas de guerras terribles, y, segunda, que el próximo perro más fiero puede ser mucho peor.

Así pues, no es momento para alegrarse del mal ajeno. Es hora de una solidaridad fundamental. Algunas personas con visión de futuro en Washington están empezando a formular una estrategia a largo plazo para tratar de crear un orden internacional que proteja los intereses de las democracias liberales incluso después de que entre en declive la hiperpotencia estadounidense, y para intentar que las nuevas potencias, como China e India, se comprometan a mantener dicho orden. Eso es lo que tiene que hacer el titán cansado de hoy, y todos debemos ayudarle.

Por Jeffrey S. Sachs (*)Catedrátjco de la Universidad de Columbia. Project Syndicate

Crecimiento economico de Asia:China,Japon,India, un cambio global

Crecimiento económico de Asia: Cambio global

costa de país occidentalLa transferencia de poder de Occidente a Oriente se está realizando a un ritmo acelerado y el contexto en que tienen lugar los retos internacionales pronto cambiará notablemente, así como los retos mismos. Muchos en Occidente ya son conscientes de la creciente fortaleza de Asia. Sin embargo, el hecho de que sean conscientes no quiere decir que estén preparados. Y ahí está el peligro: que los países occidentales repitan sus errores del pasado.

Los cambios más importantes de poder entre estados, por no mencionar las regiones, ocurren con poca frecuencia y muy rara vez de manera pacífica. A principios del siglo XX, el orden imperial y los estados en ciernes de Alemania y Japón no lograron ajustarse entre sí. El conflicto así generado devastó grandes partes del planeta.

Hoy la transformación del sistema internacional será aún mayor y requerirá que se asimilen tradiciones políticas y culturales marcadamente diferentes. Esta vez son los superpoblados estados asiáticos los que buscan desempeñar un papel más destacado. Como Japón y Alemania en aquel entonces, estas potencias emergentes son nacionalistas, buscan reparaciones de los agravios del pasado y quieren exigir una buena posición en el panorama mundial.

El creciente poder económico de Asia se está convirtiendo en mayor poder político y militar, lo que incrementa el peligro potencial de conflictos. En la región, los puntos de mayor riesgo de hostilidades —Taiwán, la península de Corea y la Cachemira dividida— han desafiado cualquier solución pacífica. Cualquiera de ellos podría detonar una guerra de gran escala que haría parecer a las actuales confrontaciones de medio Oriente meras operaciones policíacas. En breve, lo que está en juego en Asia es de enormes proporciones y exigirá de Occidente toda su capacidad de adaptación.

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Hoy, China es la potencia en ascenso más obvia. Pero no está sola: India y otros estados asiáticos ostentan tasas de crecimiento que podrían  aventajar a lasa de los países occidentales mas importantes en las décadas por venir.

La economía de China crece a más de 9% al año, la de India, a 80 o, y los “tigres” del Sudeste Asiático se han recuperado de la crisis financiera de 1997 y han reanudado su marcha hacia adelante. Se espera que la economía china duplique la de Alemania para 2010 y dé alcance a la de Japón, hoy día la segunda más grande del mundo, para 2020. Si India sostiene un crecimiento de 60 o durante 50 años, como lo creen posible algunos analistas financieros, igualará o superará a la de China en ese lapso.

No obstante, es probable que el extraordinario ascenso económico de China continúe durante varias décadas; es decir, si puede salir airosa de los tremendos trastornos causados por el rápido crecimiento, como son la migración interna de las áreas rurales a las urbanas, los elevados niveles de desempleo, la enorme deuda bancaria y la corrupción imperante. En estos momentos, China está enfrentando una prueba crucial en su transición hacia la economía de mercado. Experimenta alzas inflacionarias, burbujas en la propiedad inmobiliaria e insuficientes recursos básicos como petróleo, agua, electricidad y acero.

Beijing está restringiendo la oferta de dinero y los préstamos bancarios grandes, a la vez que  continúa esforzándose por  limpiar a fondo el frágil sector bancario. También acaba de elevar el valor de su moneda, fijada al dólar, para abatir el costo de las importaciones. Si esos intentos de enfriar la economía de China —que es mucho mayor y más descentralizada de lo que era hace 10 años, cuando se mantuvo sobrecalentada— no funcionan, la economía podría derrumbarse.

Aunque fuera temporal, una quiebra tan enorme tendría consecuencias terribles. Hoy China es un actor tan importante en la economía global que su salud está inextricablemente ligada a la del sistema en general. China se ha convertido en el motor que impulsa la recuperación de otras economías asiáticas de los reveses de la década de 1990. Por ejemplo, Japón se ha vuelto el mayor beneficiario del crecimiento económico chino, y sus principales indicadores económicos entre ellos el gasto del consumidor, han mejorado en consecuencia.

Las últimas cifras oficiales indican que el PIB real de Japón se elevó a una tasa anual de 6,4% en el último trimestre de 2003, el crecimiento más alto de cualquier trimestre desde 1990. Gracias a China, Japón puede estar saliendo por fin de una década de malestar económico. Pero esa tendencia podría no persistir si China cae en la bancarrota.

India también adquiere mucha importancia en la pantalla del radar. A pesar del vacilante progreso de sus reformas económicas, India se ha lanzado en una firme trayectoria ascendente, impulsada por sus grandes éxitos en software y las industrias de servicios a empresas, que apoyan a corporaciones en Estados Unidos y otras economías avanzadas. La regulación sigue siendo ineficaz, pero un cuarto de siglo de reformas parciales ha permitido que surja un dinámico sector privado. El éxito económico también está empezando a cambiar las actitudes de fondo: después de 50 años, muchos indios están abandonando por fin su papel de víctimas de la era colonial.

Otros estados del Sudeste Asiático están integrando firmemente sus economías en una red más amplia mediante tratados comerciales y de inversión. Sin embargo, a diferencia del pasado, China (y no Japón ni Estados Unidos) es el eje del fenómeno.

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Los miembros de la Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), por fin, están considerando seriamente una unión monetaria. El resultado podría ser un enorme bloque comercial, que representaría buena parte del crecimiento económico de Asia… y del mundo.

LAS PRESIONES DEL ÉXITO.

Apenas empieza el ascenso de Asia, y si las grandes potencias regionales se mantienen estables y mejoran sus políticas, el rápido crecimiento podría continuar durante décadas. Un sólido éxito, no obstante, viene inevitablemente acompañado de varios problemas.

El primero y principal de ellos será las relaciones entre los países más importantes de la región. Por ejemplo, Japón y China nunca han sido poderosos al mismo tiempo: por siglos, China fue fuerte mientras Japón estaba empobrecido; durante la mayor parte de los últimos 200 años Japón fue poderoso y China débil. Que los dos sean poderosos en la misma era será un desafío sin precedentes. Por su parte, India y China no han resuelto su disputa fronteriza que lleva ya 42 años y mantiene la desconfianza entre ellas. ¿Es posible que hoy coexistan estas tres potencias, o chocarán entre sí por el control de la región, el acceso a las fuentes energéticas, la seguridad de las rutas marítimas y la soberanía en las islas del sur del Mar de China?

Cada uno de los aspirantes asiáticos está implicado en explosivos conflictos territoriales, y cada cual tiene variables presiones internas: trastornos demográficos, rígidos sistemas políticos, luchas étnicas, frágiles instituciones financieras y corrupción generalizada. Como en el pasado, las crisis internas podrían provocar confrontaciones internacionales.

Taiwán es el ejemplo más peligroso de este riesgo. Han pasado ya más de 30 años desde que Estados Unidos combinó el reconocimiento de una China con la petición de una solución pacífica de la cuestión de Taiwán. Aunque los lazos económicos NT sociales entre la isla y el continente han crecido desde entonces, las relaciones políticas se han deteriorado. Taiwán, con su actual presidente, parece pretender poco a poco la independencia absoluta, mientras la China continental sigue buscando su aislamiento y amenazándola con desplegar 500 misiles a lo largo del Estrecho de Taiwán.

Estados Unidos, actuando de acuerdo con su compromiso con la seguridad de Taiwán, ha proporcionado a la isla equipo militar cada vez más sofisticado. A pesar de las advertencias estadounidenses a cada lado, si Taiwán traspasa la línea entre la autonomía provisional y la independencia o si China se torna más impaciente, la región podría estallar.

La región de Cachemira sigue dividida entre una India y un Pakistán dotados de armas nucleares. Desde 1989, el conflicto ha costado unas 40.000 vidas, muchas de ellas en choques en la Línea de Control que separa a los dos beligerantes. Recientemente, India y Pakistán han suavizado su retórica belicista entre una y otra, pero ningún lado parece dispuesto a un arreglo aceptable para ambos. Las inestabilidades económicas o políticas en Pakistán podrían fácilmente volver a detonar el conflicto.

Corea del Norte es otro de los puntos de mayor riesgo. Varias rondas de conversaciones recientes de seis partes, auspiciadas por China, no han logrado persuadir a Kim Jong Ii de que desmantele su programa de armas nucleares a cambio de garantías de seguridad y ayuda a la decrépita economía de Corea del Norte. Más bien, las pláticas han traído recriminaciones: hacia Estados Unidos, por ofrecer demasiado poco; hacia Corea del Norte, por seguir siendo intransigente, y hacia China, por aplicar una presión insuficiente a su vecino dependiente.

Pruebas sacadas a la luz recientemente indican que los esfuerzos nucleares de Corea del Norte están más avanzados de lo que antes se creía. Como advirtió el vicepresidente Dick Cheney a los dirigentes de China en su visita de abril, el tiempo puede estar acabándose para llegar a una solución negociada de la crisis.

EL CAMBIO DE PRIORIDADES.

Por más de un siglo, Estados Unidos ofreció estabilidad en el Pacífico mediante su presencia militar, sus alianzas con Japón y Corea del Sur y su compromiso con la promoción del progreso económico. En efecto, en sus primeros días, el gobierno de Bush subrayó su intención de fortalecer esos lazos tradicionales y de tratar a China más como un competidor estratégico que como un socio para el futuro. Sin embargo, los acontecimientos recientes (entre ellos los ataques del 11 de septiembre de 2001) han modificado el énfasis de la política exterior estadounidense. Hoy se espera mucho menos de Corea del Sur que en el pasado, gracias en parte a los nuevos dirigentes de Seúl, que representan una generación más

joven de coreanos afines a China y mal predispuestos a Estados Unidos y que no temen al Norte.

Entre tanto, Japón, de cara a una China en ascenso, una Corea del Norte con armas nucleares y una creciente tensión con Taiwán se siente inseguro. Por ello se ha comprometido a desarrollar un sistema de defensa de misiles con ayuda estadounidense y estudia flexibilizar sus limitaciones constitucionales sobre el desarrollo y despliegue de sus fuerzas armadas.

Esas medidas han inquietado a los vecinos de Japón, que podrían sentirse aún más incómodos si Japón pierde la fe en su garantía de seguridad brindada por Estados Unidos y optara por construir en su lugar su propia disuasión nuclear. Peor sería, desde la perspectiva estadounidense, que China y Japón buscaran una alianza estratégica entre ellos en lugar de tener relaciones paralelas con Estados Unidos. Para adelantarse a ello, Washington debe evitar, en todos sus manejos con China y las dos Coreas, sembrar algún género de dudas en Japón acerca de sus obligaciones en la región.

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Sin embargo Japón, dados sus actuales problemas económicos y demográficos, no puede ser el centro de ningún arreglo de poder en Asia. Más bien, ese papel será desempeñado por China y, a la larga tal vez, por India. Por ello, las relaciones con estos dos gigantes en crecimiento son esenciales para el futuro, y el compromiso debe ser la orden del ella, aun cuando algunos funcionarios de Bush sigan convencidos de que Estados Unidos y China acabarán siendo rivales. Para ellos, la realidad estratégica es incompatible con los intereses vitales.

En términos militares, Estados Unidos está protegiendo su posición con la más amplia realineación de su poder en medio siglo. Parte de esta realineación es la apertura de un segundo frente en Asia. Estados Unidos ya no está emplazado en varias grandes bases de apoyo en el Pacífico frente al continente asiático; en la actualidad ha realizado movimientos importantes hacia el corazón mismo

de Asia, al construir una red de bases más pequeñas, ubicadas en los más remotos rincones de Asia Central. La justificación manifiesta de estas bases es la guerra contra el terrorismo. Pero hay analistas chinos que sospechan que la intención verdadera de estas nuevas posiciones estadounidenses, sobre todo a partir de la reciente intensificación de cooperación militar de Washington con India, es la suave contención de China.

Por su parte China está modernizando sus fuerzas armadas, tanto para mejorar su capacidad de ganar un conflicto sobre Taiwán como para disuadir la agresión estadounidense.

Ahora la doctrina militar china se enfoca en contrarrestar las capacidades de alta tecnología de Estados Unidos: redes de información, aeronaves “invisibles”, misiles crucero y bombas dirigidas de precisión.

Los estadounidenses suspicaces han interpretado el aumento de los presupuestos militares chinos como signos de la intención de Beijing de reducir la presencia estadounidense en Asía del Este. Por eso Washington está ansioso por usar a India, que está dispuesta a acrecentar su poder económico y militar, como contrapeso de China y como fuerte defensor de la democracia por propio derecho. India, para encarnar estos papeles, necesita acelerar el ritmo de sus reformas económicas y evitar el nacionalismo hindú asociado al Partido Bharatiya Janata (PBJ), que sufrió una sorprendente derrota en las recientes elecciones parlamentarias. Funcionarios del triunfante Partido del Congreso se comprometieron a continuar con sus reformas económicas y, al mismo tiempo, a resolver las necesidades de los pobres del campo que a través del voto los llevaron de nuevo al poder. Envalentonados por la victoria, los voceros del Partido del Congreso dijeron que defenderían el incremento de la tasa de crecimiento anual de India a 1 O0/o, a partir de su actual ocho por ciento.

A menos que el Congreso siga con su secular tradición de gobernar, reducirá cualquier utilidad que India pudiera obtener de la campaña estadounidense de contrarrestar la influencia de los fundamentalistas islámicos radicales. A la fecha, la ideología religiosa que se opone a todo gobierno secular ha generado sólo un moderado arrastre entre las grandes poblaciones musulmanas de India y los estados circundantes de Asia Central y del Sudeste. Por ejemplo, a los partidos políticos fundamentalistas islámicos les fue mal en las elecciones parlamentarias de invierno y primavera en Malasia e Indonesia. Sin embargo, por otras vías los radicales islámicos se vuelven una seria amenaza para la región. Allá, los gobiernos débiles y la corrupción generalizada ofrecen un campo fértil para las operaciones clandestinas: entrenamiento reclutamiento y equipamiento de terroristas. Según los indicios, hay allá redes no bien definidas de distintos grupos terroristas del Sudeste Asiático que se ayudan entre sí con financiamiento y operaciones.

Encuestas recientes de opinión pública indican que la oposición a Estados Unidos entre los fundamentalistas islámicos radicales está creciendo, en gran parte debido a sus actividades en Irak y al respaldo estadounidense al gobierno de Sharon en Israel. Aún queda por determinar el impacto completo de los ultrajes a los que fueron sometidos los prisioneros iraquíes. Pero ya es patente la profunda ira de las comunidades musulmanas de todo el mundo por la percepción de desdén a los intereses palestinos del gobierno de Bush.

Una solución del conflicto palestino-israeli no acabaría con el terrorismo, y los mismos musulmanes deben encabezar la batalla ideológica dentro del islam. Pero Estados Unidos podría fortalecer la participación de los moderados del mundo islámico con una combinación de cambios de politicas y diplomacia pública eficaces. Estados Unidos debe hacer más que establecer estaciones de radio y televisión para difundir perspectivas alternativas

de las intenciones estadounidenses en Medio Oriente. Debe volver a reaprovisionar sus disminuidos recursos de diplomacia pública a fin de reclutar más expertos en idiomas, reabrir bibliotecas extranjeras y centros culturales, y patrocinar programas de intercambio. Dado el gran número de musulmanes tradicionalmente tolerantes de Asia, Estados Unidos debe ayudar con vigor a la creación de alternativas que sean atractivas frente al islamismo radical.

NECESIDAD DE CAMBIOS. Para adaptarse al gran cambio de poder que hoy se da con tanta rapidez en Asia, Estados Unidos requiere una vigorosa preparación de parte de su Poder Ejecutivo y del Congreso. El compromiso establecido por el gobierno de Bush con China representa una mejora respecto de su postura inicial, y el cambio se ha reflejado en los esfuerzos de Washington por colaborar

con Beijing en el combate contra el terrorismo y en las negociaciones con Corea del Norte. El cambio también se ha reflejado en la renuencia a resolver diferencias comerciales y monetarias con la imposición de obligaciones. Sin embargo, de otras maneras, Washington todavía tiene que cambiar su enfoque.

Para avanzar, Estados Unidos debe ofrecer el liderazgo para forjar los arreglos de seguridad regional, siguiendo las líneas del acuerdo pendiente entre Estados Unidos y Singapur para expandir la cooperación en la lucha contra el terrorismo y la proliferación

debe ser el adalid de las economías abiertas, o correrá el riesgo de quedar fuera de los pactos comerciales futuros. Estados Unidos también debe evitar crear la profecía propia de la rivalidad estratégica con China. De hedos Unidos debe estar preparado para tal cambio en el curso de los acontecimientos. Pero ello no es inevitable; la cooperación todavía puede producir avances históricos.

En el plano internacional, las potencias asiáticas en ascenso deben tener más representación en instituciones de mayor peso, empezando por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este importante organismo deberá reflejar la configuración emergente del poder global, y no sólo los vencer dores de la Segunda Guerra Mundial.

Puede decirse lo mismo de otros organismos internacionales de gran calado. Un reciente estudio de la Brookings Institution señaló: “Existe una asimetría fundamental entre la realidad global de hoy y los mecanismos existentes de la gobernabilidad global, siendo el G-7/8 —el exclusivo club de países industrializados que representan primordialmente a la civilización occidental— la principal expresión de este anacronismo La credibilidad y eficacia de los organismos internacionales depende de tales cambios; sólo entonces podrán contribuir en grado significativo a la paz entre las naciones.

Aunque lejos de ser del todo segura, la reestructuración de las instituciones para reflejar la distribución de poder ofrece más esperanza que permitir que se diluyan en la inaplicabilidad y vuelvan a la irrestricta e impredecible política del equilibrio de poder ya la competencia económica sin orden ni concierto.

Fuente Consultada: Revista Veintitrés Internacional
Por James F. Hoge JR
Director de Foreign Affairs

Biografia de Washington George Primer Presidente de Estados Unidos

Biografía de Washington George
Primer Presidente de Estados Unidos

En 1758, un oficial virginiano logra una victoria decisiva en la guerra que opone Gran Bretaña a Francia en territorio americano. Abandona después el ejército colonial, pero casi veinte años más tarde, es nombrado comandante en jefe del ejército rebelde que lucha por la independencia de las coionias inglesas en Norteamérica.

Washington George, estadista y militar (Wakefield, Virginia 1732-Mount , Virginia 1799). Rico hacendado de opiniones moderadas, fue oficial de la guerra contra los franceses.

En 1758, como comandante de las tropas de obtuvo en Fort Duquesne una resonante victoria que le dio gran popularidad.

Tras la guerra se retiró a sus posesiones, que mejoró con un provechoso matrimonio.

En 1774-75 tomó parte en los congresos de Filadelfia como representante de Virginia.

En 1775 fue nombrado comandante del ejército independentista. Tras unas victorias iniciales (Boston, Trenton, Princeton) y una serie de derrotas, abogó por una alianza con Francia.

En 1781 venció al desgastado ejército británico, conquistó Virginia y obtuvo la capitulación de Yorktown, que supuso el final de la guerra.

Se retiró entonces a sus fincas e intentó desentenderse de la política, pero ante el desorden de la situación, en 1787 aceptó el cargo de delegado en la convención de Filadelfia.

Biografia de Geroge Washington

El héroe de la independencia de las colonias británicas en América del Norte y padre del nuevo Estado que éstas constituyeron al obtenerla, es una de las figuras más sólidas de la Historia. Sin poseer gran genio militar o intelectual, Jorge Washington aportó al nacimiento de los Estados Unidos sus recias condiciones de propietario campesino, su disciplinada educación de geómetra, la responsabilidad de su condición militar y una imperturbable confianza en los destinos trazados a su pueblo por la Providencia.

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BREVE FICHA BIOGRAFICA

El militar y político George Washington consiguió la indepencia de las colonias inglesas en Norteamérica.

Nacido en Virginia en 1732, firmó junto con otros patriotas en 1776 la Declaración de Independencia de Estados Unidos de América, que declaraba estados libres y soberanos a las colonias.

Años atrás, había sido un brillante oficial del ejército británico, al que abandonó en 1758 para ocuparse de sus propiedades y dedicarse a la política.

Primeras experiencias
• Nació el 22 de febrero de 1732, en Bridges Creek (Virginia, actual Estados Unidos).

• A los once años, luego de morir su padre, fue educado por su hermanastro Lawrence, en Mount Vernon (hoy, EE.UU.).

• En 1753 lo nombraron ayudante en uno de los distritos militares de Virginia.

• Tres años más tarde fue elegido para comandar el regimiento de Virginia, zona cuyas fronteras mantuvo a salvo cuando se declaró la guerra entre Francia y Gran Bretaña.

• En 1758 se retiró del Ejército.

• Al año siguiente se casó y se dedicó a las actividades de su hacienda en Mount Vernon.

• Entre 1774 y 1775 apoyó a la causa independentista, en calidad de delegado por Virginia en los Congresos Continentales de Filadelfia (actual Estados Unidos).

• A finales de 1775, el Congreso lo designó como Comandante en Jefe del Ejército Continental.

• Hasta 1782 lideró varias batallas que permitieron la victoria de la; colonias frente a Gran Bretaña.

• Al año siguiente entregó su cargo y regresó a Mount Vernon para dedicarse a su plantación.

• En 1787 presidió la Convención que redactó la Constitución.

• Un año después fue elegido presidente de los Estados Unidos.

• En 1792 fue reelegido para esa función.

• Cinco años más tarde dejó el cargo y se retiró a Mount Vernon.

• Murió el 14 de diciembre de 1799.

George Washington demostró ser un hábil gobernante que hizo de la naciente república una nación poderosa.

Como primer presidente de los Estados Unidos, gobernó con un estilo federalista, mantuvo la paz a toda costa y dejó un sistema eficiente de gobierno y una economía en crecimiento.

En 1790, el Distrito de Columbia (DC), que está rodeado por los estados de Maryland y Virginia, fue designado como la sede de la capital de la nación y recibió el nombre de Washington en honor del primer presidente.

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BIOGRAFIA COMPLETA

LA VIDA DE JORGE WASHINGTON: Su vida comenzó un 22 de febrero de 1732, a orillas del Potomac, en la localidad de Bridge’s Creek, antiguo condado de Westmoreland, estado de Virginia.

Perteneció a una antigua y distinguida familia inglesa establecida en las colonias desde 1657.

Su padre, Agustín Washington, era un rico e influyente colono dedicado por entero a sus plantaciones.

Su madre, María Boll, segunda esposa de Agustín, era hija de una también respetable familia virginiana.

Al poco de nacer George, su familia se trasladó a las orillas del Rappahannok.

La temprana muerte del padre, cuando George contaba once años, dejó a éste y a sus nueve hermanos en una situación cómoda e independiente desde el punto de vista económico.

george washintongSus estudios no pasaron en aquella época de lo que habitualmente se enseñaba en las escuelas rústicas del condado, dado que jamás mostró interés por las letras o la filosofía, apartándose en todo momento de las cuestiones no relacionadas directamente con la práctica cotidiana.

Ya a los catorce años mostró los primeros síntomas de su vocación militar al solicitar entrar como aspirante en la marina inglesa, debiendo sin embargo abandonar dicho intento por el desagrado con que su madre vio el proyecto.

Así pues, dado que su condición no era la de primogénito y que la parte de su herencia no era excesiva, se vio obligado a decidirse por una carrera.

Completó sus estudios de geometría, aplicándolos al estudio y medición del territorio occidental de la colonia y de las llanuras que existen al otro lado de los montes Apalaches, territorios de inmensa vegetación e inexplorados.

Durante tres años, de los dieciséis a los diecinueve, erró por los bosques acampando al raso, alimentándose como los indios y estudiando sus costumbres.

Jorge Washington quedó huérfano de padre en 1743. Agustín legó a su hijo la propiedad de Rappahannock, en la que éste había pasado gran narte de su niñez. Al ocurrir el fallecimiento de su padre, Jorge fue confiado a la tutela de uno de sus hermanastros, Lorenzo, con el que vivió en su finca de Monte Vernon. En este lugar empezó a estudiar geometría con mucho aprovechamiento.

Su carrera militar comenzó por fin a los diecinueve años, durante el período de las permanentes rivalidades entre Francia e Inglaterra por el control de la totalidad del continente americano.

Para defender Virginia de las correrías de los indios y de los avances franceses, se dividió la colonia en diversos distritos militares.

El joven Washington, merced al renombre que ya había adquirido como explorador, fue nombrado comandante de distrito, dedicándose con verdadero entusiasmo a su nueva tarea e instruyéndose en la lectura de numerosos textos sobre táctica militar.

En el año 1752 ingresó en la milicia colonial como ayudante general. Amenazada Virginia por los franceses, tuvo el mando de seis compañías destinadas a la vigilancia del valle del Ohio y participó, con suerte diversa, en las acciones bélicas de la Guerra de los Siete Años, que repercutían del Viejo Mundo.

Siempre en primera fila, valiente sin alardes, con la serenidad de los fuertes, Washington fue ganándose la admiración de sus soldados, a quienes imponía rígida disciplina, de la que él mismo no pretendía escapar.

Poco a poco, su fama trascendió; era el hombre cuya acción medida y justa se apoyaba en la más profunda honradez, y cuyo consejo se buscaba, tanto en los asuntos públicos como en los privados.

george washington

George Washington en sus tierras de Mount Vernon. Administraba la propiedad con la intención de dedicarle más tiempo, pero sus compatriotas vendrían muchas veces a sacarlo de su retiro.

Acompañó a las islas Barbados a su hermano enfermo y, muerto éste, se dedicó durante veinte años a la administración de sus fincas. En 1759 contrajo matrimonio con Marta Dandridge, joven y hermosa viuda que llevó a la sociedad conyugal cuantiosos bienes.

Se dedicó a la atención de sus fincas en las que no faltaban esclavos, como los había en todo el sur, rico en plantaciones; pero es fama que los de Monte Vernon vieron suavizados su triste cautiverio por un trato menos riguroso inspirado en sentimientos humanitarios.

Hasta 1765 Washington figuró muy poco en la vida política de la colonia, a pesar de tener reservado un escaño en la Cámara de los Burgueses de Virginia. Pero desde esta fecha, con motivo de la protesta contra el Acta del Timbre, George se afilió al partido whig colonial, opuesto al tory metropolitano. Poco a poco se afirmaron en él las ideas de independencia, nacidas no por credos ideológicos, sino por la experiencia práctica de las circunstancias de la economía y de la política colonial.

LAS CAMPAÑAS MILITARES
Los acontecimientos se precipitaron: el 4 de julio de 1776 el Congreso aprobó la declaración de la independencia de los Estados Unidos.

El general inglés Howe derrotó a los americanos, en 1776, pero Washington triunfó en Trenton (1776) y en Princeton (1777).

Cuando la situación se hacía crítica, por la caída de Filadelfia, el general patriota Gates obtuvo el triunfo de Saratoga (1777).

Muchos voluntarios franceses llegaron para unirse a los patriotas. Yorktown, en poder inglés, se rindió por la acción combinada de Washington y el conde Rochambeau.

La victoria había llegado y el tratado de paz de Versalles de 1783 reconoció la independencia de los Estados Unidos. Washington volvió al trabajo de sus campos y a la paz hogareña.

WASHINGTON, PRESIDENTE
De allí vino a sacarlo el rumor de la crisis política; mas él declaró que lo que se necesitaba no era el crédito de un hombre, sino un gobierno que asegurase la vida y la libertad.

En 1787 se reunió en Filadelfia la Convención que había de constituir ese gobierno. Washington la presidió, y votada la Constitución fue elegido presidente e investido en abril de 1789.

Elegido por segunda vez, cumplió su período pero no aceptó una tercera elección. Al dejar la vida pública, dirigió al pueblo una carta donde se manifiesta su buen sentido y profundo patriotismo.

La elección de George Washington como presidente de los Estados Unidos en 1789 fue celebrada con escenas de júbilo en toda la confederación. Ha sido el único presidente de ese país designado unánimemente por el colegio electoral

LOS ÚLTIMOS AÑOS
Una vez más retornó a Monte Vernon. Había dedicado cuarenta y cinco años de su vida a su patria, como soldado y estadista, y volvía a la vieja finca, cargado de honores.

En la mañana del 12 de diciembre de 1799 salió, como todos los días, a recorrer a caballo sus tierras.

La lluvia y la nieve no le hicieron acortar el paseo, y al volver experimentó los primeros síntomas de un mal que había de producirle la muerte dos días después. Sobrellevó su enfermedad con la entereza que mantuvo en toda su vida.
En su testamento ordenó que a la muerte de su esposa se diera la libertad a todos sus esclavos.

Sus funerales fueron sencillos, como lo pidió. Nada más digno de quien, como él, entendió el cumplimiento de su labor como un deber ciudadano.

Mereció ampliamente lo que de él se ha dicho: «El primero en la paz, el primero en la guerra y el primero en el corazón de sus conciudadanos».

Padre fundador de los Estados Unidos de América
Tras su muerte, ocurrida en diciembre de 1799, Washington fue objeto de un verdadero culto nacional, que alcanzó la estatura de héroe.

Sin embargo, el más ilustre de los padres fundadores de la democracia norteamericana tal vez no fue un presidente tan excepcional como lo exalta la leyenda.

En todo caso, entre los demás padres fundadores –Madison, Hamilton, Franklin, Jefferson-, era ciertamente el menos brillante en términos intelectuales, el menos imaginativo y el más conservador en el plano social.

Además, su legado en la política exterior norteamericana no encama la mejor parte de su acción: recomendó no intervenir en los asuntos europeos, anticipando el aislacionismo que teorizaría la «doctrina de Monroe» en 1823.

En realidad, su fama póstuma se debió a la manera en que supo representar los valores norteamericanos, mediante una combinación de simplicidad y patriotismo, valentía y rigor aristocrático.

Al negarse a ser un político profesional, quiso estar por encima poder para retirarse a sus dominios.

Verdadero Cincinato del Nuevo Mundo -aquel general romano que tras la victoria regresó a su granja-, no era miembro de una casta militar sino un soldado ciudadano.

Patriota convencido, antepuso por sobre todo la unidad del pueblo norteamericano y la grandeza de su democracia, dejando el Mensaje de despedida a la nación: «La Constitución […] es religiosamente obligatoria para todos.

La verdadera idea del poder y derecho del pueblo de establecer su propio gobierno presupone la obligación de cada individuo de obedecer al gobierno establecido».

Muchos gestos simbólicos de la democracia norteamericana son herencia de Washington, como el juramento del presidente estadounidense sobre la Biblia o la regla no escrita de un máximo de dos mandatos, que perduró hasta F. D. Roosevelt.

Washington fue un verdadero símbolo, cuyo nombre designa tanto un estado de la costa oeste, como la capital federal del país, además de una cantidad innumerable de bulevares y monumentos. Su rostro está grabado en la piedra del monte Rushmore, al lado de los de Jefferson, Lincoln y Theodore Roosevelt.

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BREVE AMPLIACIÓN SOBRE SUS ULTIMOS AÑOS: Tras cumplirse el tiempo constitucional del segundo mandato presidencial, Washington se negó a aceptar la tercera presidencia de la república, dado que quería pasar los últimos años de su vida en familia, retirándose a Mount-Vernon en marzo de 1797.

John Adams fue elegido sucesor suyo y Jefferson vicepresidente.

Las negociaciones de Adams con el Directorio se hicieron imposibles, al negarse éste a discutir con el partido federal o republicano.

La inquietud cundió en América pareciendo inminente el peligro de guerra.

El 29 de marzo el Congreso votó una ley autorizando al presidente a armar un ejército de diez mil hombres en caso de necesidad. Adams inmediatamente propuso a Washington que fuera general en jefe del ejército.

Washington, dispuesto a retirarse definitivamente, se negó a aceptarlo al principio. Sin embargo, y tras muchas presiones, aceptó de nuevo.

Washington era partidario de pasar a la ofensiva atacando Luisiana y Florida con el fin de impedir que Francia se asentase allí.

Tomar la ofensiva contra Francia y España, tal era el punto de vista de Washington. Sin embargo, Adams, enemigo de la violencia, envió de nuevo a los delegados a parlamentar con el Directorio, en el momento en que se producía el golpe de estado del 30 de Prairial.

Washington se mostró desconfiado y sorprendido ante los hechos y así lo demuestra en párrafos escritos en sendas cartas a Hamilton y al ministro de la guerra:

«La medida en sí misma me ha sorprendido. Desde hace algún tiempo sigo intranquilo los asuntos políticos de los Estados Unidos. Me parece que caminan a grandes pasos hacia una crisis.»

Sin embargo, poco tiempo de vida le quedaba a Washington para poder comprobarlo: el 12 de diciembre de 1799, después de cinco horas de paseo bajo la lluvia llegó a su casa completamente calado.

Al día siguiente se negó a cuidarse el resfriado. Por la noche, sintiéndose enfermo se negó a llamar al médico por temor a que su mujer se enfriase.

El mal hizo rápidos progresos y nada pudieron hacer los médicos. Murió el 14 de diciembre. Su. mujer, allí presente, exclamó: «Todo ha concluido, no tardaré en seguirle, ya no tengo más pruebas que sufrir.»

El 13 de diciembre el Congreso decretó la erección de un monumento de mármol en su memoria, que todos los ciudadanos llevaran luto durante un mes y que se «consagrase públicamente un día de recogimiento y de oración en todos los Estados Unidos de América».

En Francia, y pese al estado de hostilidad existente, el primer cónsul decretó que él ejército francés llevase luto en honor de Washington: «Orden del día para la Guardia de los Cónsules y para las tropas de la República: Washington ha muerto.

Este gran hombre se batió contra la tiranía y consolidó la libertad de su patria. Su memoria será siempre grata al pueblo francés como a todos los hombres libres de ambos mundos, y especialmente a los soldados franceses, los cuales, como aquél y los soldados americanos se baten por la igualdad y la libertad.

En consecuencia, el Primer Cónsul ordena que, durante diez días, ostenten crespones negros todas las banderas y gallardetes de la República. París 18 de Pluvioso, año VIII.»

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Tomo VIII CODEX
Wikipedia
Hicieron Historia Tomo I Larousse
Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo IV

Biografía de Kant Immanuel Resumen de su Vida y Obra Critica Razon

Biografía de Kant Immanuel
Resumen de su Vida y Obra – Crítica de la Razón Pura

LA VIDA DE MANUEL KANT

Todos los días, de modo invariable, el profesor Manuel Kant, el filósofo, salía de casa a las tres y media en punto, vestido con su acostumbrado abrigo gris. Andaba lentamente, apoyándose en un bastoncito, sumergido en sus pensamientos. Si un transeúnte lo saludaba, respondía con un movimiento de cabeza o con un ligero murmullo.

Pero esta frialdad no nacía de la soberbia, sino de una razón mucho más sencilla: el filósofo estaba firmemente convencido de que, a causa de su delicada salud, el aire fresco respirado por la boca le ocasionaría inevitablemente un fuerte resfriado. En consecuencia, no le quedaba otro recurso: cuando se hallaba en la calle debía respirar sólo por la nariz, a riesgo de parecer descortés.

El profesor Manuel Kant no hacía nada por capricho o por costumbre; cada una de sus acciones había sido razonada y meditada. Por ejemplo, con el fin de no sentir la molestia de las cintas o los elásticos en la pantorrilla, Kant había ideado un ingenioso sistema de «suspensiones muelles» para sujetar las medias: dos cintas partían de las medias y, ocultas en el interior de los pantalones, iban prendidas a dos cintas elásticas que salían de dos cajitas que el filósofo llevaba en los bolsillos. De esta forma, las medias no le apretaban, no se arrugaban y ni siquiera «tiraban» cuando tenía que doblar las piernas.

Todas estas extravagancias originaban irónicas sonrisitas únicamente en aquellos de sus conciudadanos que ignoraban la prodigiosa inteligencia que se ocultaba tras aquella frente espaciosa: una inteligencia que crearía un sistema filosófico tan profundo y tan revolucionario, que la posteridad le atribuiría el origen de todas las modernas corrientes filosóficas.

kANT manuel

Manuel Kant (1724-1804), uno de los mayores filósofos de la edad moderna Sus obras «Critica de la razón pura», «Crítica de la razón práctica», «Critica del juicio» son la base de toda la filosofía contemporánea.

UNA EXISTENCIA TRANQUILA
Su vida —dijo un biógrafo de Kant— transcurrió como el más regular de los verbos regulares: ni una sacudida, ni una emoción, ni una de esas aventuras, grandes o pequeñas, que parecen inevitables en el curso de toda existencia humana.

La única vez que se ausentó de Konigsberg, donde había nacido en 1724, fue para ir a enseñar en un pueblo cercano; pero una vez terminado su compromiso, volvió a su ciudad y ya no la abandonó nunca. No se casó, aun cuando estuvo dos veces tentado de hacerlo. Pero ambas veces reflexionó tanto sobre el paso que iba a dar que, cuando se decidió, la señorita elegida, cansada de esperar, ya había contraído matrimonio, o había abandonado la ciudad. Toda su «verdadera» vida se desarrollaba en el interior de su espíritu, de su intelecto.

A pesar de todo, no consiguió una plaza de profesor ordinario en la Universidad hasta los 46 años, después que durante quince años tanto los estudiantes como el cuerpo académico habían tenido ocasión, en la misma universidad, de asombrarse de la profundidad de su pensamiento, escuchando sus lecciones de profesor libre.

En una palabra, en Alemania permaneció casi ignorada la existencia de un filósofo llamado Manuel Kant, hasta 1781. En dicho año, en efecto, apareció el primero de aquellos libros suyos que provocarían el desconcierto en todo el mundo filosófico: la «Crítica de la razón pura».


MUCHOS PERROS LLAMADOS KANT
El provecho más inmediato que obtuvo Kant al publicar su «Crítica de la razón pura» fue el de ser definido por muchos como un demonio, un execrable hereje que se había atrevido a poner en tela de juicio la posibilidad de conocer a Dios por medio de la razón. En consecuencia, su nombre se divulgó extraordinariamente por Alemania: muchos de sus detractores no tuvieron reparo en bautizar a sus perros con el nombre de Manuel Kant, en señal de desprecio.

Pero, ¿qué es lo que contenía de revolucionario el libro del filósofo de Konigsberg En el fondo, nada más que una profunda investigación sobre cómo se forma el conocimiento humano, y sobre cuáles son los poderes cognoscitivos de nuestra inteligencia.

Kant refutaba la teoría de los empiristas ingleses, de moda en su tiempo, según la cual  todo lo que se forma en nuestra mente es fruto de las sensaciones que nos llegan del mundo exterior. Para Kant, nuestro conocimiento nace, efectivamente, de las sensaciones que llegan al cerebro a través de esos «canales conductores» representados por el gusto, el olfato, la vista, el tacto y el oído, pero todo ese material oí ordenado y clasificado por obra de nuestro entendimiento. En una palabra, según Kant, nuestro conocimiento es el fruto de la «colaboración» entre las sensaciones y el entendimiento humano, que existe en nosotros con todas  sus propiedades y sus leyes, independientemente  incluso de las sensaciones.

No obstante, aun cuando existe en nono una inteligencia activa que nos capacita para conocer, nuestro conocimiento queda ligado a las sensaciones. Esto significa que no podemos conocer una cosa de la cual no tenemos una i experiencia directa.

Por este camino llega Kant a afirmar que es imposible responder a interrogante» tan  graves como éste: ¿Cómo es el mundo en su realidad? ¿Cuál es el principio que regula el Universo? ¿Nuestro espíritu es mortal o inmortal? ¿Existe o no existe un Dios bueno y justo?

En consecuencia, la cosmología, la psicología  y la teología son imposibles para Kant. Esta imposibilidad depende precisamente del hecho de que los hombres no tienen experiencia directa de las realidades que constituyen e] objeto de esas ciencias (el mundo en si, el alma, Dios). Pero Kant no quería negar la existencia  del mundo real, o de un alma inmortal, o d» un Dios justo y bueno. Se limitaba únicamente a decir que, de hecho, no podemos llegar al conocimiento cierto de esas realidades con afilo el esfuerzo de nuestra razón.

LA CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA

Después de la publicación de su primer gran libro sobre la «Crítica de razón pura», hasta los más pacíficos ciudadanos de Konigsberg miraban con recelo a aquel profesor de no más de 1,60 m. de estatura, delgado, con los hombros caídos y la espalda algo curvada, que todos los días, a las tres y media en punto, daba su paseo bajo los tilos de la alameda.

¿Era posible que aquel tranquilo hombrecillo fuese un diabólico ateo, capaz de destruir todas las sanas convicciones que ellos tenían en su corazón desde la infancia? Si se le miraba a los ojos, vivacísimos bajo una frente muy amplia, se entreveía solamente un espíritu amable, apacible, sostenido por una voluntad férrea.

Pero… siempre el mismo «pero»: ¿era verdad que el filósofo Kant había afirmado que Dios y el alma no existían? El mentís más claro se produjo en 1788, cuando Kant publicó su segundo y muy importante libro, titulado «Crítica de la razón práctica».

En él indicaba el filósofo el camino para llegar a la certidumbre acerca del mundo, de la inmortalidad del alma y de la existencia de Dios.

Para llegar a la certidumbre de estas realidades —decía Kant— tenemos un medio muy apropiado: la moral. La más bella realidad de toda nuestra experiencia humana es, precisamente, nuestro sentido moral, ese sentimiento que todos experimentamos cuando nos disponemos a realizar una acción, y que se resuelve en un imperativo absoluto: «tú debes», o no debes, realizar esa acción.

Pero el sentido moral implica en sí también el hecho de que debe existir la libertad. Si es verdad que, ante una situación concreta, tengo el «deber» moral de obrar bien, es igualmente cierto que yo soy perfectamente «libre» de hacer todo lo contrario de lo que me impone ese deber moral.

He aquí, pues, que hemos descubierto cómo en el mundo —que la «razón pura» había presentado como regido por la férrea ley causa-efecto— entre también la libertad.

Más aún: el sentido moral nos lleva a la certidumbre de la inmortalidad del alma. En efecto podemos preguntarnos: ¿por qué habíamos de sentir ese imperioso impulso de obrar moralmente, si no hubiese, antes o después, una recompensa para los que obran bien, y un castigo para los que obran mal? Todos sabemos que ese premio y ese castigo no los alcanzamos en la tierra; esto deberá ocurrir, por lo tanto, en otra vida, en la vida eterna. Por último, tenemos que admitir, forzosamente, que necesitamos a alguien que con su justicia distribuya con equidad los premios y los castigos, y este alguien no puede ser más sue Dios, un Dios justo e inmortal.

De aquí que todas aquellas realidades, frente a las cuales no podía pronunciarse la «razón pura», se conviertan para el hombre en otras tantas certezas.

ESPÍRITU BATALLADOR Y REVOLUCIONARIO
El efecto producido entre los sabios de la época por las obras filosóficas de Kant, si, por una parte, creó alrededor de su persona un clima de respeto y casi de deferencia hacia su genio, por otra, le procuró enconadas hostilidades. La más grave de todas fue la del nuevo soberano de Prusia, Federico Guillermo II, y la de su ministro de Instrucción Pública, Wüllner, que llegaron a prohibir al filósofo la publicación de más libros.

Sin embargo, el tranquilo profesor de Konigsberg no perdió aquel espíritu batallador y verdaderamente revolucionario que se ocultaba tras su aire de hombre apacible.

Cuando estalló en Francia la Revolución, no dudó un momento en proclamar, precisamente él, súbdito de Su Majestad Federico Guillermo, y profesor pagado por el Estado monárquico de Prusia, que esperaba ver implantada en toda Europa la única forma de gobierno digna de un hombre libre: la República.

Estas valientes afirmaciones vinieron a aumentar la animosidad que de sus conciudadanos sentían hacía él, pero no provocaron ninguna consecuencia grave. Kant, en efecto, era ya viejo, y su salud, que nunca había sido muy buena, empeoraba de día en día: ya no podía durar mucho. Sin embargo, resistió lo suficiente para ver cómo la Revolución Francesa, de la que esperaba que naciese un nuevo orden político para Europa entera, iba siendo gradualmente privada de toda su «carga» de novedad, por obra de un joven y gran caudillo, que después se convirtió en emperador: Napoleón Bonaparte.

Decepcionado también en sus más fervientes esperanzas políticas, y enfermo hasta si punto de no poder ya moverse de casa, Kant cerró los ojos para siempre el 12 de febrero de 1804, apaciblemente, como se apaga una vela.

firma

Firma autógrafa de Manuel Kant También su caligrafía, tan precisa y dará, revela el carácter de) filósofo.

página autógrafa
Una página autógrafa de Manuel Kant, con las notas que el gran filósofo escribió, en 1797, sobre una crítica de su obra «La metafísica de las costumbres».

Fuente Consultada: La Enciclopedia Superior del Estudiante Fasc. N° 49

Caida de las Dictadura de Egipto y Tunez Conflictos en el Magreb

Caída de las Dictadura de Egipto y Túnez
Conflictos en el Magreb

A mediados de los años ochenta, cuando nadie imaginaba la caída del Muro de Berlín —el derrumbe de los regímenes socialistas europeos—, desde estas columnas Antonio M. Baggio señalaba que el proceso político abierto por el entonces presidente Gorbachov —solían usarse las expresiones en ruso perestroika (reforma) yglasnost (transparencia)— podría llegar mucho más lejos de lo que se imaginaba el líder soviético. Y así fue.

Del mismo modo, si se tiene en cuenta la complejidad del mundo islámico en el que, desde el pasado mes de diciembre, se han verificado vuelcos políticos inesperados, puede que estemos frente a un fenómeno análogo a la caída del Muro de Berlín. También está aconteciendo algo inédito que abre expectativas inesperadas en un mundo que Occidente no suele comprender con facilidad.

El área interesada por el fenómeno es muy amplia y con características distintas. Los hechos comenzaron en los países del Magreb, tal como se denomina la región occidental de los países árabes del norte de África (al-magrib significa precisamente “poniente”) y que abarca Túnez, Libia, Marruecos, Argelia, Sahara Occidental y Mauritania. El Magreb es parte de la cuenca del Mediterráneo, con vínculos históricos con sus vecinos europeos.

 Zine el Abidín Ben Ali

El ex presidente tunecino Zine el Abidín Ben Ali se encuentra en coma tras haber sufrido un accidente cerebrovascular en Arabia Saudí, donde se refugió tras ser derrocado el pasado 14 de enero por una revolución popular

Allí la insurrección popular provocó la caída del dictador tunecino Ben Alí, quien tuvo que refugiarse en el exterior con su clan familiar, considerado una suerte de “cleptocracia». Como mancha de aceite, las protestas se extendieron a Argelia y Marruecos, para luego llegar al área de Medio Oriente, provocando en Egipto la caída del presidente Hosni Mubarak, en Jordania cambios en el gobierno y medidas preventivas de seguridad en Siria.

Hubo manifestaciones en Yemen y reclamos en Arabia Saudita, y luego el fenómeno se extendió al área asiática con manifestaciones en Irán.

Ante la persistencia de las protestas en Egipto y la inicial negativa de Mubarak de abandonar el poder, el mundo (y en especial los Estados Unidos), contuvo la respiración. Ese tembladeral mantuvo a los analistas en la incertidumbre, pues se trataba nada menos que del país que controla el estratégico canal de Suez y de una pieza clave del tablero medioriental, firmante del tratado de paz con Israel.

Cambios tan importantes en países donde cada gobierno o casa real se mantiene firme en el poder desde hace décadas son inéditos. Las causas se encuentran quizás en la combinación de descontento social, agudizado por la crisis financiera estallada en 2008 que impacta fuertemente en el norte de África, y de desgaste de regímenes autoritarios y corruptos que sólo favorecen una elite.

En este contexto, el dato nuevo es que en estos años muchos jóvenes, pese a los altos niveles de analfabetismo en la sociedad, han podido completar los estudios secundarios y hasta universitarios —aunque el desempleo entre quienes poseen un título de estudio es muy alto, con puntas del 60-70%.

Otro factor ha sido el acceso a internet y a redes sociales como twitter y facebook. En efecto, la mecha de la rebelión fue encendida por un sector instruido con acceso a información del resto del mundo. Y no es casual que en China, Corea del Norte, Myanmar y Cuba se limite preventivamente el uso de internet.

En todos los casos, el mayor temor de las miradas occidentales se centró en el rol que desempeñarían en esta situación los sectores más radicalizados de inspiración islámica, como los Hermanos Musulmanes o el Gia argelino.

Ese temor no sólo no se vio confirmado sino que, por ejemplo, los Hermanos Musulmanes participaron de las negociaciones entre gobierno y oposición en Egipto. Lo cual indica que la amenaza de estos sectores radicalizados fue exagerada por Occidente o por los mismos regímenes para justificar su continuidad, o que estos sectores han ingresado a una etapa de mayor racionalidad y disponibilidad para la discusión política.

Sharm el Sheij

El estado de salud de Hosni Mubarak, de 82 años, es “inestable”, citando a una fuente médica del hospital
de Sharm el Sheij, donde el ex presidente egipcio está en detención provisoria

El tema del radicalismo de matriz islámica no es menor. El temor a su influjo en la vida local ha motivado el apoyo de Occidente a las dictaduras de estos países, pese al discurso oficial de difusión de la democracia en las sociedades islámicas. El caso más evidente es el de la invasión armada a Irak y Afganistán.

Es innegable el apoyo que ha recibido el gobierno de Mubarak por parte de los Estados Unidos y otros países occidentales durante tres décadas, al tiempo que el tunecino Ben Ali llegó al poder en 1987 con la complicidad del gobierno de Italia, y la actual dictadura argelina se instaló en 1991 con el apoyo de Francia. Del mismo modo, Occidente levanta su dedo acusador contra el régimen de Irán, pero soslaya y no se indigna frente a las dictaduras de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Pakistán o Libia, que nada tienen que envidiar a los así llamados “estados canallas”.

A nivel popular, y entre las elites políticas locales, este doble discurso de Occidente —y el recelo por el pasado colonialista desempeñado por las potencias europeas— siempre ha sido evidente y no ha contribuido a mejorar relaciones que, en realidad, podrían haber favorecido el mutuo interés por el desarrollo de estos países en lugar de imponer una cuestionable razón de Estado, tras la que se ocultaban intereses económicos. En efecto, sobre todo del Magreb provienen las olas migratorias que hoy los europeos intentan frenar desesperadamente.

¿Hacia dónde va este proceso? Es muy probable que el estallido social haya abierto un resquicio que conduzca a la introducción de reformas políticas. Quizás, antes que una democracia formal al estilo occidental la gente esté buscando una vida mejor. Escribió el periodista alemán Volkhard Windfuhur, corresponsal en El Cairo desde hace 56 años: “Durante 30 años en funciones, Mubarak no se tomó ni un solo minuto para hablar al corazón de su gente. No tenía esa capacidad”.

Los caminos hacia la democracia —y es difícil no tender a ella en un mundo globalizado— van por sendas diferentes de las de muchos de estos regímenes.

Fuente: Revista Cn Marzo 2011 Nro. 519

Biografia de FRIEDRICH NIETZSCHE Idealismo y Superhombre

Biografía de FRIEDRICH NIETZSCHE – Filósofo Alemán –
Idealismo y Superhombre

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nietzche friedrich

BIOGRAFÍA: Junto con Marx y Kierkegaard, Nietzsche es uno de los grandes pensadores revolucionarios del siglo XIX.

No significa esto que haya recibido una influencia directa de dichos pensadores, ni siquiera indirecta, puesto que parece no haber sabido nada de Marx y conoce a Kierkegaard a través de otros autores, cuando ya es demasiado tarde para que pueda influir en su pensamiento.

Nietzsche es consciente de ser el más radical de todos los pensadores y cree que sus ideas provocarán un cambio de rumbo de la historia.

«Un día mi nombre irá unido a algo formidable: el recuerdo de una crisis como jamás la ha habido en la tierra… Yo no soy un hombre, soy dinamita. Me rebelo como nadie jamás se ha rebelado… Yo soy también, necesariamente, el hombre de la fatalidad.

Pues cuando la verdad entre en lucha con la mentira milenaria, habrá conmociones como jamás las hubo, convulsión de temblores de tierra, desplazamientos de montañas y valles como jamás se han soñado… Todas las formas de poder de la vieja sociedad habrán saltado por los aires, porque todas estaban basadas en la mentira. Habrá guerras como jamás las hubo sobre la tierra. Solamente a partir de mí habrá en el mundo una gran política.»

Friedrich Nietzsche nació en 1844 en un pueblo de Sajonia, en Rócken. Su infancia transcurrió en un ambiente muy piadoso, pues pertenecía a una familia de pastores protestantes.

Él mismo pensaba seguir la carrera eclesiástica, como su padre y su abuelo. Hasta su confirmación, recibida a los dieciséis años, su fe permaneció intacta; pero al año siguiente sufrió una crisis que le alejó definitivamente de ella.

Tuvo plena conciencia de la importancia de esta crisis que caracterizó como «la muerte de Dios».

Consideró el ateísmo moderno como el hecho más importante de la historia porque trastorna la existencia del hombre. «¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir, lo hemos matado, vosotros y yo.

Todos somos sus asesinos. Lo más sagrado que poseía el mundo, lo más poderoso, ha sangrado bajo nuestros cuchillos.

¿Quién nos lavará esta mancha de sangre? La magnitud de este acto, ¿no es excesiva para nosotros? ¿No debemos convertirnos nosotros en dioses, aunque solamente sea para parecer dignos de haberlo realizado?».

Estudió en Schulpforta y en 1864 empezó la carrera universitaria, cursando filología clásica en Bonn y en Leipzig. En Bonn asistió también a un curso de teología.

En Leipzig se entusiasmó con la filosofía de Schopenhauer, cuyo pesimismo le convence. Este estado de espíritu se refleja en sus primeras obras: El origen de la tragedia (1872) y Consideraciones inactuales (1873-1876).

Ritschl le ayudó a obtener en 1869 una cátedra de filología clásica en la universidad de Basilea, donde, después de obtener la nacionalidad suiza, enseñó griego durante diez años.

Al poco tiempo de residir en Basilea entra en contacto con Richard Wagner, que vivía entonces con su esposa Cósima en Triebschen, al borde del lago de los Cuatro Cantones.

En el año 1870 contrajo Nietzsche una grave disentería y difteria. Su salud se resintió siempre y fuertes jaquecas le aquejaron durante toda su vida.

En 1875 empiezan las crisis nerviosas. En 1876 se ve obligado a tomarse un año de descanso y en 1877 tiene que pedir el retiro por enfermedad, viviendo pensionado desde entonces. La enfermedad no entorpecía su actividad intelectual, más bien la excitaba.

Es en esta época cuando rechaza el pesimismo de Schopenhauer y rompe con Wagner. Siempre inestable viaja buscando reposo y salud.

Desde 1879 a 1889 pasa los inviernos cerca de Niza o en la Riviera. Otras veces se instala en Turín, Roma o Venecia. Los veranos los pasa en la Engadina, en el pueblo de Sils-Maria.

Durante este período escribe sus obras principales: La Gaya ciencia (1882), Así hablaba Zaratustra (1883-1885), Más allá del bien y del mal (1886), La genealogía de la moral (1887), El crepúsculo de los ídolos (1888).

En enero de 1889, cuando trabajaba en una gran obra que debía titularse La voluntad de poder, sufrió un colapso mental que le duró hasta el fin de sus días. Sumido en la locura vivió aún once años, cuidado con cariño por su madre y su hermana. Murió en Weimar el 25 de agosto del año 1900.

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Friedrich Nietzsche

FRIEDRICH NIETZSCHEPrecursor de la modernidad: En las consideraciones más recientes sobre cuestiones culturales e históricas se menciona con frecuencia, que, por lo que se refiere a las cuestiones antropológicas, Marx, Nietzsche y Freud. rompiendo cada uno con sus respectivas tradiciones de pensamiento, han ofrecido los cimientos decisivos de la modernidad.

Sus teorías condujeron, de modo independiente, a una “subversión del sujeto”, cuando intentaron mostrar que la razón y el yo no dominan de manera autónoma en sus ámbitos, enfrentándose así a la tradición filosófica, que se corresponde más o menos con nuestras convicciones cotidianas, y que afirma o por lo menos concibe la posibilidad de estas categorías y supuestamente las fundamente en esta posibilidad.

Freud encontró en la fundamentación del psicoanálisis y en la teoría del inconsciente motivos y mecanismos de funcionamiento no disponibles e inaccesibles a la autodeterminación y autovaloración de la voluntad, la acción y el pensamiento humanos, después de que Marx intentare lograr un análisis, en muchos aspectos comparable, de las estructuras sociológico-económico-culturales y de que Nietzsche hubiera presentado todos los valores como apariencia no comprendida y producto de la “voluntad de poder”.

Nietzsche ejerció una importante influencia, en este contexto, bajo los aspectos de la valoración del sujeto, del “yo” de la voluntad y de le concepción ilusoria del “ser”, sobre pensadores del siglo XX (p. ej., Heidegger y algunos filósofos “posmodernos” franceses, que en parte también se remontan hasta Freud y Marx).

Y, realmente, Nietzsche suena muy moderno cuando afirma, p. ej., que “se debería decir ‘ello piense’ en lugar del usual ‘pienso”’, o cuando habla del “absurdo valor exagerado que se le ha atribuido a la conciencia” de la cual se ha hecho “una unidad, una esencia”, y objeta, en contra de esto, que “somos una multiplicidad que se ha imaginado una unidad”; debe “haber una masa de conciencias y voluntades en cada ser orgánico complejo”, pero “nuestra conciencia superior no se apercibe de las otras”.

La “multiplicidad”, que Nietzsche observa en el hipotético individuo (individus significa “inseparable” es decir, designa justamente lo opuesto de la multiplicidad), existe también en las explicaciones filosóficas del mundo, que sólo ofrecen perspectivas individuales, nunca la verdad absoluta. “Contra el positivismo que se detiene en los fenómenos y dice ‘existen sólo hechos’, yo diría: no, justamente no existen hechos, sólo interpretaciones”. El mundo está abierto a infinitas interpretaciones, la ejecución de las cueles supone siempre un determinado modo de existencia, unida a la voluntad de imposición de “poder”, interpretaciones que pueden ser inconmensurables, que ni se excluyen ni se complementan mutuamente.

También son del todo distintas las perspectivas pera contemplar la obra de Nietzsche. La realizó a lo largo de dos décadas, entre  1869, cuando alcanzó la cátedra de filología clásica en Basilea con 24 años, y 1889, cuando cayó en la demencia. Con pocas excepciones, sus libros consisten en breves párrafos y en aforismos, mientras que Así habló Zaratustra (1883-1885), al igual que una narración del Antiguo Testamento, reproduce las parábolas de un sabio y profeta. Aquí se precisa otro tipo de interpretación que la necesaria para la comprensión de textos filosóficos construidos según una lógica argumentativa rigurosa; de ahí que las interpretaciones de la obra de Nietzsche sean muy dispares.

Arte, El primer libro El nacimiento de la tragedia del espíritu de la música (1872) esbosa, como tratado de filología clásica, una imagen propia y completamente nueva del clasicismo griego que no fue en modo alguno aceptada por sus colegas universitarios de la época, y en cuanto tratado filosófico llega al resultado: “Sólo cuanto fenómeno estético están justificadas eternamente la existencia y el mundo”. Desde dos perspectivas, esta frase atestigua la influencia del pensamiento de Schopenhauer en el joven Nietzsche. Que el mundo y la existencia no tengan ninguna justificación fuera de la estética, está en conexión con la identificación pesimista de Schopenhauer entre la “voluntad” carente de sentido y el mundo “en sí”.

Nietzsche será siempre de la opinión de que la voluntad, como fuerza no individual entendida metafísicamente, es la base de la vida, el pensamiento y la acción.

Que los fenómenos estéticos deben “justificar el mundo en lugar de Dios, la razón o principios éticos, tiene que ver con el lugar especial atribuido por Schelling, los románticos y también Schopenhauer al arte, y que es radicalmente trasladado al centro del pensamiento por el joven Nietzsche. Pero Nietzsche modifica considerablemente la concepción de Schopenhauer, para quien la máxima forma del conocimiento es posible en la experiencia del arte, en la que las ideas, entendidas platónicamente, pueden ser contempladas.

En cambio, para Nietzsche, el arte “cubre” mediante su apariencia los abismos del mundo en sí, sin que por eso se pueda desenmascarar el arte como creador de ilusiones engañadoras y de falsas conciencias. No sólo el ser humano necesita de una apariencia de armonía y totalidad para no desaparecer en el absurdo, sino que también el absurdo fundamento vital la necesita.

El Nacimiento de la tragedia contrapone dos polos, que determinan el arte y también todas las formas de vida y que en cierto modo se corresponden, de una parte, con la “voluntad” schopenhaueriana y, de otra, con la “representación”. Lo “dionisiaco” es pura energía de vida, que conduce al individuo a disolverse embriagado en la masa de lo vivo, pero implica asimismo lucha y sufrimiento; lo “apolíneo” significa forma, espíritu de orden, distancia, calma.

Al primero se le puede atribuir la forma artística de la música, al segundo la épica (por lo que se refiere a la Antigüedad griega). De la unión de ambos polos, según Nietzsche, surge la tragedia ática. De Richard Wagner (el compositor), que también escribió textos teóricos y a quien en su juventud veneraba, Nietzsche esperaba une renovación de la tragedia en el drama musical, que en calidad de obra de arte total, el igual que la tragedia antigua, debía unificare obra y espectador en el “espíritu trágico” fuerte e instintivo, para retornar e un momento anterior a todas las formas de la “decadencia”, que pare él se inicia con Sócrates.

Nihilismo y transmutación de los valores en la sentencia de Nietzsche “Dios ha muerte’, “Dios” designa una totalidad de representaciones del mundo, todo lo que determina lo “verdadero, bueno y bello” y que ofrece orientaciones vitales.

En numerosas reflexiones Nietzsche persiguió la génesis o genealogía histórica, psicológica y antropológica de estos valores y actitudes, pare desenmascarar su ilusión y su mentira. Explica el “remordimiento de conciencia” a partir del “instinto de crueldad que se vuelve hacia el interior tras descubrir que ya no se puede descargar hacia el exterior”.

El amor al prójimo no es más que egoísmo disfrazado; al igual que le compasión y le humildad (y en general los valores cristianos) forma parte de la “moral de esclavos”. es decir, la reinterpretación negadora de vide y “decadente” llevada a cabo por parte del “rebaño humano”, de la mesa de los individuos “débiles”, de une “moral de los amos”, que encarne los instintos afirmadores de vida y naturales-egoístas de los individuos “fuertes” y “aristócratas”.

Estas distinciones, que indudablemente se prestan a usos inapropiados y que (por lo menos fuera de su contexto) son más que cuestionables, fundamentan la concepción de Nietzsche de la “voluntad de poder”, que no puede ni debe ser negada por el individuo “fuerte” y finalmente por el “superhombre”, anunciado por Nietzsche. “Este mundo, un monstruo de fuerza, sin principio ni fin, este mundo es le voluntad de poder y nada más! Y también vosotros no sois otra cose que voluntad de poder y nada más!”

Cuando Nietzsche afirma que los valores, sobre todo los del cristianismo —que naturalmente también determinan el mundo occidental más allá de la religiosidad— han “muerto”, se trata en menor grado de una afirmación sobreun hecho concluido que de un proceso de muerte, que todavía está en marcha y debe conducir a la “consumación del nihilismo europeo”. Este nihilismo puede adoptar una forma débil, según Nietzsche, que sólo esconde la desesperación frente a una nada de verdades y valores morales y que busca un escape en el lema “todo lo que nos gusta está permitido”. Pero también puede adoptar una forma fuerte y. como estadio transitorio necesario, conducir a una “transmutación de los velares”.

Esto sólo lo alcanzan los pocos “superhombres”. Una de las piedras de toque del “superhombre”, que a buen seguro es más un concepto literario provocativo que la descripción de individuos posibles, es la teoría del “eterno retorno de lo mismo”, que Nietzsche anuncia por boca de Zaratustra. Esta teoría contiene, en alusiones poéticas, complicadas reflexiones sobre el problema del tiempo, de le experiencia del tiempo y la concepción del ser. pero, en pocas palabras, sólo afirma que todo lo sucedido se repetirá eternamente sin ningún cambio. Los nihilistas débiles no soporten la idea del absurdo del eterno retorno, los superhombres, en cambio, “griten incansables da capo, no sólo pera si, sino también a la totalidad de los teatros”.

Fuente Consultada: Historia de la Filosofía -Desde la antigüedad hasta nuestro días –

Arthur Schopenhauer Biografia y Resumen de su Filosofia e Ideas

Biografía de Arthur Schopenhauer
Resumen de su Filosofía e Ideas

Arthur Schopenhauer (Danzig, 22 de febrero de 1788 – Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860). Es considerado una de las personalidades filosóficas más brillantes del siglo XIX y sus ideas filosóficas  son  consideradas como una de las cumbres del idealismo occidental.

Recibió de su padre los conocimientos acerca del mundo de los negocios y de su madre, escritora, la posibilidad de conocer personalidades de notoriedad cultural (Goethe, Wieland, entre otros), ya que organizaba soireés literarias en Weimar.

Perdió a su padre, que era comerciante, cuando sólo tenía siete años, y su madre, novelista, se trasladó con él a Weimar, Sajonia, en cuya casa recibía en sus soirces a algunas de las figuras literarias más notables de su tiempo. Schopenhauer recibió una excelente educación y obtuvo un doctorado en la universidad de Jena.

Schopenhauer pertenece a la escuela idealista alemana de filosofía, pero en el pensamiento occidental mostró un profundo interés por las ideas hindúes y budistas.

Los filósofos de la tradición occidental que más influyeron en sus ideas sobre arte y metafísica fueron Platón y Kant, pues Schopenhauer aceptó de ellos la noción filosófica de la existencia de dos mundos: por un lado, el mundo que se percibe con los sentidos y, por otro, el de una realidad oculta.

Obtuvo la cátedra de Filosofía en Jena con su tesis doctoral «La cuádruple raíz del principio de razón suficiente» (1813), que escribió durante la ocupación napoleónica.

En Dresde y, en esta época, comenzó su obra capital El mundo como voluntad y representación (1819-1844), presentada en dos volúmenes. En su filosofía se hallan presentes las influencias del idealismo kantiano, las enseñanzas de Platón y de la filosofía india de los vedas.

De esta fusión de concepciones surge el núcleo del propio sistema schopenhaueriano: el mundo es concebido como la suma total de experiencias, y su realidad consiste en ser percibido por el sujeto; es decir, el mundo es «representación» de un sujeto. Otras obras: Sobre la voluntad en la Naturaleza (1836), Sobre la libertad de la voluntad, premiada en 1839; Los dos problemasfundamentales de la ética (1841).

 Schopenhauer también ha sido calificado como e¡ filósofo del pesimismo. Consideró que los seres humanos no están impulsados por la razón, sino por una voluntad cósmica. Afirmaba que se está más cerca de entender esta verdad metafísica cuando uno se adentra en el mundo del arte.

Schopenhauer (se opne a Kant) proporciona una interpretación especial al aspecto de la realidad que se experimenta directamente: el de la voluntad. No se trata de una «voluntad libre», en el sentido de que el ser humano, como individuo, controla el mundo. La «voluntad» de Schopenhauer consiste en una fuerza más impersonal que controla a nosotros y al resto del universo.

Tal como la describe el filósofo Anthony Kenny: «Voluntad es la fuerza que vive en la planta, la fuerza que hace que el cristal se forme y por la que la aguja imantada señala hacia el polo Norte».

El arte, y especialmente la música, es uno de los modos que permiten contrarrestar el pesimismo inducido por la idea de que se tiene muy poco control —si es que se tiene alguno— sobre la vida. El otro modo es el ascetismo, practicado por los santos y místicos. Esta es una idea que se encuentra a menudo en las antiguas filosofias y religiones orientales, así como también en los filósofos estoicos.

En El mundo como voluntad y representación (1819), Schopenhauer otorga al arte la suprema función de ayudar a entender el mundo y la función del ser humano dentro de él. Esto se debe a que extrae las esencias -objetos o elementos concebidos en su forma más pura, exentos de sus variaciones cotidianas- de la azarosa variedad de las percepciones.

El arte también es, según Schopenhauer. una actividad desinteresada. El verdadero artista no trata de provocar ningún deseo, y tampoco intenta, como dice Schopenhauer, crear una fruta tan tenta-doramente representada que no desearía comerla; simplemente intenta exponer la belleza desnuda de un objeto.

Schopenhauer opone el arte a la ciencia y a la tecnología; a diferencia de éstas, el arte no tiene cometidos prácticos. Y las artes mismas pueden clasificarse, en su opinión, en función de su distancia de los elementos materiales.

En la base de esta clasificación ascendente está la arquitectura, seguida por la pintura y la escultura, ya que estas artes adoptan necesariamente una forma física específica; a continuación se encuentran la poesía y la literatura, que ya no dependen de la materia física concreta y pueden ser presentadas por otros medios, como el discurso; por último está la música, la más abstracta y menos material de todas las artes, puesto que es pura forma.

Schopenhauer escribió: «La música es un ejercicio metafisico en el que la mente no sabe que filosofa».

Schopenhauer ha tenido muchos admiradores entre los grandes compositores, autores y dramaturgos, incluidos a Tolstoy y Samuel Bcckett; el compositor alemán Richard Wagner le describió como «el filósofo más importante desde Kant».

NUEVAS CUESTIONES ACERCA DEL SENTIDO TRANSMUTACIÓN DE LOS VALORES
ARTHUR SCHOPNENHAUER:

ARTHUR SCHOPNENHAUER:Como Hegel y como numerosos pensadores anteriores a él, Schopenhauer desarrolló una filosofía con una pretensión explicativa muy comprehensiva cuyo objetivo es averiguar lo que “mantiene unido el mundo en su interior”.

Pero dos planteamientos centrales de su pensamiento lo alejan de la tradición metafísica. Schopenhauer no empieza ni acaba con Dios, con el ser, con la conciencia aislada o con sus experiencias y conceptos, sino con el ser humano.

Su relación con el mundo es iluminada, desde un principio, filosófica y epistemológicamente, pero su conocer es contemplado junto con su corporeidad, sus necesidades y su implicación en la actividad inacabable de las situaciones vitales.

Esta implicación es vista por Schopenhauer como un estar entregado, como sufrimiento, y a partir de estoy rompiendo también con la tradición europea, la totalidad de su doctrina es pesimista. (El pesimismo de Schopenhauer no debe ser entendido preeminentemente como la ausencia de esperanzas en el futuro, sino como una actitud negativo-crítica, de rechazo al mundo ya la vida.)

El título de la obra central de Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación (1818), expresa, como él mismo afirma, “el único pensamiento” acerca del cual disertan todos sus escritos.

La “y” del título contiene un elemento de este pensamiento, ya que se trata de la relación de des aspectos del mundo, de cómo los experimentamos y los interpretamos, El mundo como voluntad y representación, así resume Schopenhauer la crítica moderna al realismo simple, según el cual vemos y conocemos el mundo tal como ea en realidad.

En cambio, Kant, dice Schopenhauer, explicó concluyentemente que sólo nos son dadas las “apariencias”, nunca una “cosa en sí”. Espacio, tiempo, causalidad, determinan nuestro mundo, son a su vez determinaciones a priori en nosotros, y sólo nos pueden ser atribuidas a nosotros, los sujetos de la experiencia. “Apariencia” es para Schopenhauer en la mayoría de los casos lo mismo que “representación”, y una y otra, distan-dándose de Kant, son entendidas más o menos en el sentido de “mere apariencias”.

“Estamos hechos de la misma materia que los sueños, y nuestra pequeña vida está rodeada del sueño”: estas palabras de la Tempestad de Shakespeare expresan para Schopenhauer más que un mero pensamiento poético.

La vida en vigilia con sus regularidades, continuidades y recuerdos es distinta del sueño, pero en principio el mundo como representación es onírico, aunque para nosotros es el “velo de Meya” real e irrebasable. Más allá de las representaciones no hay nada. Aquí Schopenhauer critica la idea de Kant de cosa en si como un tipo de causa completamente incognoscible, que actúa sobre nuestra recepción sensible.

La cosa en si es más bien algo que no se encuentra en una relación causa-efecto (que sólo existe “en” las representaciones) con las representaciones, a las que sí que poseemos un acceso, en un determinado modo de la vivencia.

Esta vivencia es la auto experiencia corporal. Nuestro cuerpo visto en términos de crítica del conocimiento es una representación, como todas las cosas del mundo exterior, pero es también algo completamente distinto, algo que es movido por la propia voluntad de la vivencia. ¿Cómo se relacionan el impulso de la voluntad, p. ej., de mover el brazo, y el brazo en movimiento percibido por mí?.

Para Schopenhauer, no existe de modo alguno en primer lugar la voluntad y después el movimiento. Movimiento y voluntad de movimiento son una y la misma cosa”, existente de maneras distintas, a saber, como voluntad y como representación. “La acción del cuerpo no es Otra cosa que el acto de la voluntad objetivado, es decir, que ha pasado a la intuición.” Esto puede ser expresado de modo más acentuado aún: “La totalidad del cuerpo no es otra cosa que la voluntad objetivada, es decir, que ha devenido representación”.

Partiendo de aquí Schopenhauer identifica una voluntad del mundo supraindividual con la cosa en si, que en el sentido kantiano no puede ser un objeto de la experiencia y del conocimiento. Pero, a partir de la analogía de la experiencia del cuerpo, realiza afirmaciones metafísicas sobre la voluntad. Como para Schelling y Hegel hay una totalidad, un absoluto, que en sí mismo se diferencia y se objetiva. Pero en contraposición total con el “espíritu” de Hegel, la “voluntad” de Schopenhauer es irracional, ciega y carente de sentido. La voluntad como un anhelo insensible es incompletitud, carencia; ésta es la base de su automovimiento insaciable.

Este conduce a objetivaciones que en la forma originaria <es decir, “previa” al ser humano) y no existente del mundo como representación adoptan la forma del cosmos inorgánico, después la de lo orgánico, animado y, finalmente, (con el ser humano) la de la conciencia. Al aparecer este aspecto en la existencia, la voluntad en cierto modo se ha engañado a sí misma, ya que con la voluntad y la facultad de reflexión se ha dado simultáneamente la libertad para autonegar la voluntad (en su representación en los seres humanos concretos).

La forma adecuada de la negación de lo absurdo no es para Schopenhauer el suicidio, el cual rechaza, sino el ascetismo. Existe, no obstante, otra forma de alcanzar la libertad de la voluntad, por lo menos en momentos señalados.

En la “experiencia artística” desaparecen todas las finalidades y los horizontes particulares de la vida, todos los anhelos y necesidades involuntarios. El ser humano deviene un “sujeto puro de conocimiento”, la rueda de Ixión se detiene (referencia a una torture mítica, que simboliza al mismo tiempo el paso circular y sin mete del tiempo y la inmutable determinación del acontecer).

Fuente Consultada: Historia de la Filosofía -Desde la antigüedad hasta nuestro días –

El Idealismo Aleman KARL MARX Filosofia del siglo XIX Historia

KARL MARX – FILÓSOFO ALEMÁN – IDEALISMO

EL MATERIALISMO POSTERIOR A HEGEL KARL MARX:  

Trabajo y realidad: Rememorando su pasado, Friedrich Engels, el amigo más cercano de Marx, coautor y benefactor en las necesidades económicas, recuerda el gran entusiasmo de Marx, de él mismo y de muchos de sus coetáneos a principios de los años cuarenta ante los escritos de Feuerbach: “De repente nos hicimos feuerbachianos”.

“Ser sensible, es decir, ser realmente, es ser objeto de lo sensible. ser objeto sensible, o sea, tener objetos sensibles fuera de uno”: en esta compleja frase, el joven “hegeliano de izquierdas” Marx, al igual que Feuerbach en su dialéctica del yo y el tú, quieren abolir tanto la simple oposición de sujeto y objeto, tal como había sido entendida por el “realismo” epistemológico de la antigua filosofía, como el postulado especulatívo de la identidad del sujeto y del objeto en el idealismo alemán con su predominio de lo filosófico-intelectual.

La actitud materialista por la que Marx es conocido ha sido caracterizada de modo algo equívoco en la tesis frecuentemente presentada de modo aislado: “El ser determine la conciencia”.

Según esta sentencia, podría parecer que la conciencia, como una especie de epifenómeno del ser, estuviera contrapuesta al ser dado.

Sin embargo, Marx ve la realidad en su concepción epistemológica del materialismo, en conexión con Hegel, no como un inventario de objetos dados, sino como una estructura de procesos, en los que el ser humano y el mundo de la vida se condicionan inseparablemente, como un producto de la praxis, o sea, como algo creado.

“La grandeza de la Fenomenología hegeliana y sus resultados finales (dialéctica como principio moviente y creador) radies en que Hegel concibe la autocreación de los seres humanos como un proceso, como enajenación y como superación de esta enajenación; en que Hegel capta la esencia del ‘trabajo’ y que concibe los hombres objetivados, verdaderos, ya que son hombres reales, como el resultado de su propio trabajo.” Hegel estaba interesado, según Marx, sobre todo en los procesos de la conciencia, no en el trabajo como “actividad, praxis, sensible y humane”. Pero se debe comenzar por éste, por las condiciones fácticas de trabajo, por las condiciones de producción.

De ahí que la filosofía hegeliana deba ser, con palabras de Feuerbach, “invertida”, ya que comienza al revés, por el espíritu, y sólo a partir de éste deriva la realidad. Marx concibe el pensamiento, entre otras cosas también la actividad de los filósofos como trabajo intelectual, “trabajo con la cabeza”, que engendra productos al igual que el “trabajo manual” (sea el de seres humanos prehistóricos que cazaban, cultivaban la tierra y producían herramientas, o el moderno trabajo industrial), y que, al igual que el manual, está sometido a las formas en las que el trabajo está en cada caso organizado socialmente.

Según Marx, el realismo epistemológico para el que la realidad independiente es más o menos reflejada de modo “realista” en la percepción y en el pensamiento no alcanza a comprender correctamente la esencia del trabajo. El realismo contra pone de modo abstracto el pensamiento y la realidad existente en sí.

Esta abstracción es sintomática de una «alienación” no sólo del pensamiento, sino del pensador mismo, respecto de un estado no alienado en el que el trabajo de la cabeza y el trabajo manual no están separados.

La posición de Kant tampoco es aceptada por Marx, aunque en ésta queda claro que la realidad siempre es algo creado. Las formas de nuestro conocer y la unidad de conocimiento y objeto se basan, según esta posición, en un “sujeto” trascendental’ que también posibilite la unidad de nuestro yo. Para Marx. en cambio, la realidad surge y consiste en la confrontación “social” entre apropiación de la naturaleza y trabajo, y el lugar del yo trascendental es ocupado en cierta manera por un sujeto social.

Materialismo histórico: Marx, al igual que Feuerbach, ve en la religión un fundamento o un resultado de la autoalienación de los seres humanos, que no encuentran su verdadero ser si proyectan las posibilidades y las determinaciones esenciales de su propio género a Dios. Marx escribe en esta línea: “La religión es el lamento de la criatura oprimida, el ánimo de un mundo descorazonado, es el espíritu de situaciones carentes de espíritu.

Es el ‘opio’ del pueblo”. Esto no debe ser entendido de modo trivial: la religión —lo mismo que los sistemas filosóficos, que Marx enjuicia de modo igualmente drástico— no es la huida o a ceguera ante situaciones de sufrimiento “carentes de corazón y de espíritu”, sino, en cierto modo, su expresión necesaria que es producida como tal inconscientemente.

Forman parte de la “superestructura” de una “base material” que consiste en las condiciones y en las fuerzas de producción. Las primeras son sobre todo las condiciones básicas de propiedad, de las que se sigue la organización y la división del trabajo social. Se pueden observar en sus transformaciones a lo largo de la historia, como en el paso paulatino, a través de varios estadios intermedios, del orden feudal de la Edad Media, en el que la posesión de tierras y de siervos era decisiva, al capitalismo moderno, que está íntimamente ligado a la posesión de medios de producción (p. ej., fábricas) y a la posesión y venta de la propia fuerza de trabajo.

Las “condiciones” de producción (en su cara más bien “objetiva”) se contraponen a las “fuerzas” de producción (en su cara subjetiva), es decir, el potencial de fuerza de trabajo, de técnicas, innovaciones y capacidad humana de inventiva. Pero, “en un determinado estadio de su desarollo, las fuerzas materiales de producción de la sociedad caen en una contradicción con las condiciones de producción existentes, en el interior de las cuales se hablan movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas de producción, estas condiciones pasan a ser ataduras de las mismas. Se inicia entonces la época de las revoluciones sociales”.

En estas revoluciones se dirimen las luchas de clases, ya que a las contradicciones de los modos de producción les corresponden contradicciones del orden político de clases de una sociedad. Las transformaciones revolucionarias también se pueden anunciar y desplegar, p. ej.. en teorías políticas, económicas y filosóficas, es decir, en la superestructura de las contradicciones de base.

Éstas son las consideraciones centrales de Marx sobre el “materialismo histórico”, que como teoría histórica y social muestra de qué modo entiende aquél el materialismo, a diferencia del materialismo sustancial de la Ilustración: como descripción de la realidad como un proceso. Los “movimientos” dialécticos, es decir, el surgimiento y la desaparición de contradicciones y antagonismos son muy importantes para la observación, del proceso así entendido. En esta línea, Marx retoma aspectos decisivos de Hegel. Pero concibe la dialéctica como método posible y adecuado de la presentación reconstructiva y científica de la historia.

Marx evita con precaución filosófica la comprensión de esta historia como la ley de la esencia y del movimiento de la realidad, ya que esto le llevaría a supuestos metafísicos o, mejor dicho, metahistóricos, que construyen la historia como proceso necesario, del mismo modo que había hecho Hegel, criticado constantemente por Marx. Engels y más tarde Lenin fueron los primeros en formular regularidades dialécticas, según las cuales, en su opinión, la historia y los procesos materiales transcurren realmente (las leyes del paso de la cantidad a la calidad, de la compenetración mutua de los contrarios y de la negación de la negación).

Su sistema se desenvuelve en tres partes principales: la Lógica, la Filosofía de la Naturaleza y la Filosofía del espíritu. Exaltando, por otra parte, al Estado por encima de los individuos, contribuyó también a dar vida a los sistemas totalitaristas contemporáneos. Marx basó sus doctrinas en la afirmación de que la materia es la única realidad existente. Pero se refería a una materia viva, dinámica, capaz de originar ,el proceso evolutivo de la sociedad. Aceptó la filosofía de Hegel, aunque señalando la materia como sujeto de la evolución, en lugar de la idea hegeliana, que propone el espíritu. En su obra El Capital, emprendió una crítica del régimen capitalista y preconizó como remedio la lucha de clases, lo que dio origen al movimiento revolucionario conocido con el nombre de «marxismo», del que se derivaron el «socialismo» y el «comunismo».

Ideología “Los filósofos han ‘interpretado’ de modo diferente el mundo, ahora se trata de ‘cambiarlo’.”  Esta famosa frase es la última de las once breves anotaciones en las que Marx opina sobre Feuerbach y que en la actualidad son conocidas como las “tesis de Feuerbach”. Si la filosofía forma parte de la “superestructura”, como se ha afirmado en el párrafo anterior, y sólo refleja la “base” involuntariamente, no alcanza la realidad y no puede modificar nada.

La convicción falsa de que las teorías y la transformación de las conciencias provocadas por ellas pueden producir un movimiento histórico es denominada por Marx y Engels “ideología” (tal como escriben en 1845-1846 en su libro por aquel entonces inédito La ideología alemana).

El uso del término no se corresponde del todo con el uso actual; pero al igual que en éste se cuentan como ideología también los contenidos, expresados en la convicción arriba mencionada: “La ideología es un proceso que es consumado con conciencia por el llamado pensador. pero con una conciencia falsa. Las verdaderas fuerzas impulsoras que lo mueven son desconocidas para él, en caso contrario no sería un proceso ideológico” (Engels).

Feuerbach, según Marx, quiso transformar la “conciencia errónea” de la religión en la verdadera aut000nciencia del ser humano, y en esta medida las intenciones de ambos coinciden.

Para Marx, la “reforma de la conciencia consiste ‘sólo’ en que se debe dejar que el mundo descubre su conciencia, que se le despierte de su sueño sobre si mismo, que se le ‘explique’ la propia acción”; se trata de una “reforma de la conciencia no mediante dogmas, sino mediante el análisis de la conciencia mítica, que no tiene claridad sobre sí misma.” Para Marx, el mismo Feuerbach llevó a cabo este análisis todavía ideológicamente, al quedarse en el ámbito de la razón, del recto uso del entendimiento. Marx quiere atribuir los contenidos de las ideologías a condiciones históricas antagónicas, a oposiciones de clase.

Fuente Consultada: Historia de la Filosofía -Desde la antigüedad hasta nuestro días –

LUDWING FEUERBACH:El Idealismo Aleman Filosofia del siglo XIX

LUDWING FEURBACH – FILÓSOFO ALEMÁN – IDEALISMO

EL MATERIALISMO POSTERIOR A HEGEL
LUDWING FEUERBACH
:  

LUDWING FEUERBACH: Cuando era estudiante Ludwig Feuerbach asistió durante dos años en Berlín a las lecciones de Hegel, cuyos presupuestos fundamentales en 1835, cuatro años después de la muerte de su maestro, defendió en una polémica contra las objeciones de uno de sus críticos. Un tiempo después, el mismo Feuerbach publicó una crítica bastante aguda Crítica de la filosofía hegeliana (1839).

Desde entonces, sobre todo desde la publicación de su obra fundamental La esencia del cristianismo (1841), es considerado como uno de los ya por aquel entonces denominados “jóvenes hegelianos” o “hegelianos de izquierdas”.

Eran discípulos directos o indirectos de Hegel que desarrollaban algunas de sus ideas y rechazaban otras, como por ejemplo la convicción hegeliana de la unidad de la religión revelada cristiana y la filosofía, lo que los enfrentaba a los “hegelianos antiguos” o “de derechas”.

Los hegelianos jóvenes y los antiguos estaban de acuerdo en una limitación o también un rechazo total de las pretensiones del sistema idealista de pensamiento, que había intentado desarrollar, en una compacta arquitectura de principios y estadios del ser y del pensamiento, todo lo existente como auto-presentación del espíritu. Los hegelianos antiguos realizaron un importante trabajo en el ámbito de la historia, en especial, la historia de la filosofía; los hegelianos de izquierdas impulsaron una progresiva aplicación política de las ideas filosóficas. En este aspecto, Feuerbach no estaba comprometido, pero también para él se trataba de alcanzar una “realización” de la filosofía.

Hegel había concebido la teología cristiana como un paso previo de la “verdadera” filosofía, planteada por él mismo, que debía superar en sí la teología y negarla de modo dialéctico (sin por ello eliminar la religión). Feuerbach, que se concentra críticamente y desde una perspectiva ates en las ideas cristianas de la relación del hombre con Dios, el mundo y él mismo, acepta en principio esta idea, pero exige a su vez que el sistema de Hegel sea también superado. Al mismo tiempo, la negación de la teología se ha convertido en teología, y no ha alcanzado un punto más allá. Feuerbach no quiere explicar especulativamente la realidad a partir del “ser inmaterial” Dios, la “idea” y el espíritu puro, sino que quiere comprender la situación concreta de los seres humanos y de las cosas en un materialismo sensualista.

“Revelar la existencia era mi única finalidad, observar correctamente era mi único esfuerzo”, escribe sobre su trabajo sobre “la esencia del cristianismo”. “Observar” y “existencia” se refieren aquí a la sensualidad y a la corporeidad, cuyos derechos defiende Feuerbach enérgicamente. Ya no usa la expresión “sensualidad” tan sólo para designar la facultad de la percepción con los sentidos, que se contrapone a la facultad del pensamiento. “Sensualidad en mi no es otra cosa que la verdadera, ni imaginada ni producida, sino existente unidad de lo material y lo espiritual, por eso es para mí tanto como la realidad”, y “lo real en su realidad o en cuanto que real es lo real en cuanto que objeto de los sentidos, es lo sensible, Verdad, realidad y sensibilidad son idénticas” (Fundamentos de la filosofía del futuro).

Lo subjetivo y lo objetivo, la percepción de los sentidos y lo percibido son para Feuerbach inseparables en la experiencia de la existencia, en la cual la intersubjetividad ocupa un lugar decisivo. “El concepto de objeto no es originariamente otra cosa que el concepto de otro ‘yo’, del mismo modo que el ser humano en su infancia concibe todas las cosas como seres susceptibles de actuación, por eso el concepto de ‘objeto’ viene mediado en general por el concepto de ‘tú’, del ‘yo objetivado’. Sólo cuando he pasado de un yo a un tú, cuando ‘sufro’, es decir, cuando soy pasivamente el objeto percibido de otro, surge la idea de una “objetividad existente fuera de mí”’. El “yo”, da a entender Feuerbach, debería ser un “tú” antes de poder ser un yo. De modo más explicito que Hegel. Feuerbach quiere que se tome en consideración en este contexto el significado del lenguaje el cual posibilite la “realización de la especie, la mediación de yo con el tú”.

En su obra La esencia del cristianismo, Feuerbach intenta mostrar verdades que según su opinión se encuentran en la religión, aunque sea bajo presupuestos falsos. “El secreto de la teología es la antropología”, reza su fórmula. La antropología concebida aquí como determinación esencial del ser humano, y en especial de éste como ser genérico, no debe únicamente superar la teología y la filosofía idealista, sino que además debe surgir de ellas como su “negación”. Feuerbach no ve en las supuestas propiedades divinas otra cosa que una proyección de las propiedades de los seres humanos y desarrolla correspondencias concretas entre la conciencia (falsa) de Dios y la autoconciencia (verdadera, pero hasta ahora inconsciente) del género humano. Pero se trata también de experiencias individuales para no concebir el “ser” de modo abstracto, sino como “objeto del ser, como objeto de sí mismo”, a saber, de cada existencia humana concreta.

En este contexto Feuerbach acentúa de nuevo la totalidad sensible-espiritual, mostrándose así lo que él expresa en cuanto ateo, si bien de modo religioso: “El seres un secreto de la intuición, la sensación y el amor. Sólo en la sensación, sólo en el amor tiene ‘esto’ (esta persona, esta cosa), es decir, lo individual, concreto y singular, un valor absoluto, lo finito es lo infinito”

Fuente Consultada: Historia de la Filosofía -Desde la antigüedad hasta nuestro días –

FRIEDRICH WIHELM SCHELLING:El Idealismo Aleman Filosofia del siglo XIX

FRIEDRICH W. SCHELLING – FILÓSOFO ALEMÁN – IDEALISMO

FRIEDRICH WIHELM SCHELLING:    

En el texto de su obra FRIEDRICH WIHELM SCHELLINGPresentación de mi sistema de la filosofía (1801) , Schelling recuerda a Spinoza, el filósofo del siglo XVII que en su obra central (Ética, 1077) dedujo, siguiendo el modelo de los manuales de geometría, toda una serie de axiomas a partir de otros.

Schelling adopta una presentación similar a la de Spinoza y utiliza expresamente algunos argumentos de éste, aunque el “Uno” con el que se ocupa no es exactamente lo mismo que la una y única ‘sustancia” de Spinoza.

Ésta es una unidad en cierto modo estática de todos los entes, mientras que el “absoluto”, la unidad de Schelling, procede del “yo” absoluto de Fichte y es la unidad o identidad de las polaridades constitutivas del pensamiento y de la auto-conciencia.

De modo distinto a la sustancia de Spinoza, la “identidad absoluta sólo existe bajo La forma del conocimiento de su identidad consigo misma”. Sin embargo, el conocimiento no debe ser aquí entendido como el conocimiento de un yo empírico y “personal”: este yo presupone la separación fundamental entre sujeto y objeto, entre conocido y conocedor, mientras que el conocimiento en sentidoschellingiano significa la “absoluta indiferencia”, la indiscernibilidad de estos polos.

Sin embargo, Schelling opina que sobre lo absoluto no sólo se puede especular, sino que es accesible inmediatamente en la “intuición intelectual”. Kant había tratado un tipo así de intuición, una visión espiritual, construcción de la facultad de un intellectus archetypusdivino, un entendimiento modélico que crea (y al mismo tiempo intuye) las cosas al pensarlas, pero la había excluido del ámbito del conocimiento humano.

Schelling la entiende como visión que no hace referencia ni a la percepción de los sentidos, ni a conceptos o deducciones, y que no puede ser enseñada: lo que sea esta facultad “no puede demostrarse con conceptos; cada cual debe encontrarla en sí mismo o no la conocerá nunca” (Fichte).

Poseemos una facultad oculta, maravillosa, de recogernos en nuestro interior frente al paso del tiempo, para contemplar ahí bajo la forma de la inmutabilidad lo eterno en nosotros” (Schelling). El lenguaje de estas frases y la mención del “absoluto”, en el que se unifican realidad e idealidad, naturaleza y espíritu, ser y conocer, y todos los opuestos, permiten quizá intuir por qué Schelling puede ser calificado de filósofo “romántico”.

La subjetividad como principio de la totalidad del mundo pensada orgánicamente, disolución de las divisiones dualistas y mecanicistas del pensamiento en la naturaleza, unión de lo finito y lo infinito en la contemplación del arte, y libertad infinita y poder creador de la fantasía: estos son los temas centrales de los poetas y teóricos (fuertemente influenciados por Fichte) del Romanticismo alemán, entre los que se encuentran, por ejemplo, Novalis y Friedrich Schlegel. Scheliing también ve en el arte una realización de la “intuición intelectual” y la máxima posibilidad de unificar lo real y lo ideal.

Así, exige (en el manuscrito que nos ha llegado a través de Hegel pero posiblemente escrito por Schelling) en el “programa de sistema más antiguo” del idealismo alemán (1796-1797) para un estado futuro de la humanidad, que la poesía vuelva a ser “lo que era en un principio: maestra de la humanidad, ya que no existe más filosofía, más historia, sólo la poesía sobrevivirá al resto de las ciencias y artes”.

La filosofía con la que se deben superar tanto el dualismo kantiano de cosa en sí y del objeto conocedor, así como el “idealismo subjetivo” de Fichte, es designada el “sistema de identidad” por Schelling, quien declara que este es el “punto de indiferencia” de la filosofía trascendental y natural practicada por él. La filosofía trascendental de Schelling fundamenta la posibilidad de la experiencia y del conocimiento, la relación sujeto-objeto, desde el propio sujeto. El objeto de la experiencia, o lo que es lo mismo lo “real”, la naturaleza, se entiende como el producto producido inconscientemente por la misma razón absoluta, que como producción consciente genera y es al mismo tiempo lo “ideal”, el espíritu, el pensamiento.

La filosofía de la naturaleza acentúa, bajo las mismas presuposiciones, el polo objetivo y ve en la historia de la naturaleza una cadena de desarrollos que se dirige hacia lo ideal y que produce conciencia. El sistema de identidad debe finalmente resolver la contradicción que consiste en que algo producido produce al productor. “La naturaleza debe ser el espíritu visible; el espíritu, la naturaleza invisible. Aquí, en la identidad absoluta del espíritu en nosotros y de la naturaleza fuera de nosotros, debe resolverse el problema de cómo es posible una naturaleza fuera de nosotros.”

Fuente Consultada: Historia de la Filosofia -Desde la antiguedad hasta nuestro dias –

Gottieb Fichte El Idealismo Aleman Filosofia del siglo XIX

COTTIEB FICHTE – FILÓSOFO ALEMÁN – IDEALISMO

Johann Gottlieb Fichte

Johann Gottlieb FichteLos Fundamentos de la totalidad de la teoría de las ciencias de Fichte fueron publicados en su primera versión en 1794, trece años más tarde que la Crítica de la razón pura de Kant.

En cierto modo, Fichte continúa la filosofía trascendental de Kant, o sea, la investigación de las condiciones de posibilidad de la objetividad en general y de la relación cognoscitiva con los objetos, presentes en la facultad de conocimiento misma y previas a toda experiencia.

Fichte habla de “teoría de la ciencia” en lugar de referirse a la filosofía trascendental, porque está interesado en el saber del saber, es decir, en las ideas que se derivan del sentimiento de la certeza, y en el saber de estas ideas y su posibilidad.

Sólo hay saber allí donde se dice algo sobre algo, allí donde se puede hacer un juicio.

En los juicios (sentencias) se une aquello sobre lo que se realiza un juicio y aquello que se dice sobre el primero con la partícula “es” (o “son”), como, p. ej., en la frase “A=A”, “el objete A es igual al objeto A” (el juicio indudable para Fichte de que algo es idéntico consigo mismo).

La unidad de esta unión no procede simplemente de lo que se ha unido, sino que se basa en una unidad en la actividad del juicio.

Kant habla encontrado ésta en el “yo pienso” que «debe poder acompañar” todos los juicios e ideas, es decir, en la autoconciencia.

Fichte escribe: “No se puede pensar nada sin pensar también el yo, como consciente de sí mismo”, algo no pensado por mí no lo puedo pensar, ya que “no se puede abstraer nunca de la propia autoconciencia”.

Kant denominó la conciencia el “principio máximo” y la condición necesaria de todo uso del entendimiento. Para Fichte es el principio máximo y no sólo una condición, sino también la última y única base de las ideas.

La “cosa en sí” de Kant, que actúa de algún modo sobre la facultad de percibir, es para Fichte y algunos de sus coetáneos una contradicción en sí, ya que la relación causa-efecto es, según la propia teoría de Kant un concepto del entendimiento, que no puede ser referido de ninguna manera a las cosas en sí (y por lo tanto tampoco a su relación con nuestras ideas).

Pero si la suposición de las cosas en sí es desechada, toda la realidad debe proceder del yo (Fichte) o de la idea absoluta, del espíritu o del espíritu del mundo (Hegel). Esta concepción es designada con la expresión “idealismo”.

La concepción contraria, para la cual las cosas independientes de las ideas pueden ser consideradas realmente existentes, es denominada por Fichte “dogmatismo”.

Tras las guerras contra Napoleón se inicia la épóca de los estados nacionales europeos, en los que surge una fuerte identidad nacional, favorecida por la conciencia del determinismo histórico.

El idealismo alemán, la corriente filosófica más importante del incipiente siglo XIX, está en conexión con la conciencia histórica en cuanto que reduce en cierta manera la naturaleza y la humanidad a la historia. Por hístoria se entiende el auto despliegue del espíritu subjetivo supraindividual.

El idealismo es contestado por el materialismo de Karl Marx Su crítica del sistema económico capitalista es al mismo tiempo significativa en términos filosóficos y como crítica cultural referida al ámbito de las condiciones bésicas del trabajo y de la propiedad.

Marx hace referencia sobre todo a las consecuencias de la revolución industrial, la cual se inició en el último tercio del siglo XVIII en Inglaterra, progresé rápidamente y condujo al surgimiento del proletariado.

También se dan nuevas formas de la división del trabajo en las ciencias de la naturaleza, que se descomponen en ciencias particularesyse separan de la filosofía. Las disciplinas todavía incipientes de la biología y la química modifican la imagen de la materia animada e inanimada; la teoría darwinista de la evolución supone una revolución de la imagen humana.

La filosofía reacciona de modos diversos ante los triunfos de las ciencias de la naturaleza. El positivismo (Auguste Comte) concibe la filosofía todavía como ciencia de la ciencia.

En cambio, Wilhelm Dilthey introduce la distinción entre ciencias de la naturaleza y ciencias humanas. La filosofía, como crítica de la razón histórica” y «aplicación de la conciencia histórica a la filosofía y su historia” debe poner los fundamentos de las ciencias humanas.

A partir de la comprensión y la vivencia fluidas de “tipos de concepción del mundo” busca acercarse a la vida misma y habla por consiguiente de filosofia de la vida. Henri Bergson y en cierta manera, Friecrich Nietzsche son incluidos en estta corriente filosófica.

El primero de los tres axiomas de la Teoría de la ciencia explica la autoconciencia a partir de una “actividad”: “El yo postula originaria y absolutamente su propio ser”. Sin que se afirme en el origen “yo soy yo” no es posible para Fichte un juicio universal de identidad A=A.

Este yo no es en caso alguno el yo empírico, que suponemos conocido y del que hablamos como si lo fuera cuando decimos, p. ej., “yo soy así” o también “yo reconozco esto como verdadero”. Es un “yo trascendental”, la condición de posibilidad (y una determinación estructural) de todo saber, y en cuanto que principio de la razón no es individual.

La idea de Fichte es, en conexión con los dos siguientes axiomas y los posteriores desarrollos del yo absoluto, derivar todas las categorías del pensamiento, como sustancia, acción coordinada, fundamento y consecuencia, justamente de este yo o explicarlas en su nacimiento, o sea, no alcanzarlas, como ya había hecho Kant, a partir de formas ya existentes del saber. ¿Qué significa “postular” en el ya mencionado axioma?.

Si significara “producir” entonces el yo seria la causa de sí mismo, renaciendo así el antiguo concepto metafísico de causa Sol Postular también puede entenderse como “dar por supuesto”. En el caso de una suposición, p. ej.. puede postularse algo hipotéticamente, cuyas consecuencias pueden ser posteriormente consideradas. Al autopostularse el yo en el juicio yo = yo, no se puede tratar de una suposición o de una mera fórmula lógica, en la que no se afirma nada sobre el ser real del yo.

El yo se postula “necesariamente”, es decir, como algo que no puede no ser (es imposible “no pensarlo”), y se postula “incondicionada mente”, es decir, no puede ser derivado de nada. Este postular es el origen de todos los otros postulados-del-ser.

“Todo lo que es sólo es en tanto es postulado en el yo, y fuera del yo no hay nada.” El segundo axioma de la Teoría de la ciencia es designado por Fichte la proposición de la oposición. Tan indudable como A = A es la frase de que lo no-idéntico no es idéntico. “Tan ciertamente como la afirmación incondicionada de la certeza absoluta de la frase ‘no-A no = A’ aparece a la conciencia empírica, se le contrapone al yo necesariamente un no yo.”

En primera instancia lo único postulado era el yo, de manera que todo lo que se le contrapone, todos los objetos, son en un principio no-yo. Este segundo axioma no debe ser” expresado en una fórmula lingüística”, es un paso antitético no autónomo en la sucesión dialéctica de tesis, antítesis y síntesis.

La síntesis es necesaria, ya que de las dos primeras proposiciones surge la antinomia: el no-yo es postulado “en” el yo, pues “todo lo que se contrapone presupone la identidad del yo, en el que se postule y al que se le contrapone lo opuesto. Por consiguiente, el yo no está postulado en el yo, si no está postulado también el noyo.

Con lo que yo no es = yo, sino yo = no-yo. El tercer axioma reza: “Yo contrapongo en el yo al yo divisible un no-yo divisible”. El yo y su contrapuesto no son ilimitados, sino que se limitan mutuamente. Sujeto y objeto están inseparablemente unidos; de una parte, no existe la conciencia sin los objetos hacia los que ella se dirige y por los que es determinada, pero, de otra parte, tampoco existe sin experiencia de la propia actividad en la realidad, en la que se pueden condicionar o producir objetos o acontecimientos.