Gran Mezquita De La Meca

Invasion Musulmana a España La Conquista Arabe y su Influencia

Invasión Islámica a España
La Conquista Arabe y su Influencia – Al Andalus-

¿Qué supuso la civilización árabe en la Europa del siglo X? ¿Cuál fue su aportación cultural y científica? Un emporio llamado Córdoba: baños y bibliotecas.

En el siglo X Europa atravesaba uno de los momentos más oscuros de su historia. Hacía ya tiempo que el gran Imperio romano había sucumbido ante la invasión de los bárbaros.

En lugar del poderoso Imperio habían surgido muchos estados pequeños, fragmentados, que no gozaban de la seguridad, prosperidad y cultura de antaño.

Pero en el sudoeste de Europa apareció una brillante civilización que contrastaba con toda esta mediocridad.

Su centro estaba en Córdoba, que entonces era la ciudad más grande, más rica y más culta de Europa occidental.

Los viajeros que llegaban a ella se maravillaban ante sus calles principales, iluminadas y pavimentadas, un lujo desconocido en aquella época.

La ciudad era famosa por la arquitectura de sus edificios, por su población de medio millón de habitantes, y por sus trescientos baños públicos, setenta bibliotecas y numerosas librerías.

Todos los sabios de Europa reconocían el alto nivel intelectual y artístico de Córdoba, con la que sólo Bizancio podía compararse.

El rasgo más sobresaliente de la ciudad eran sus setecientas mezquitas.

Córdoba era en el siglo X la capital de la España musulmana.

mezquita arabe en cordoba

Interior de la mezquita de Córdoba, verdadera joya del arte árabe. El dominio de los musulmanes en el campo de la medicina, la agricultura y el comercio convirtió a España en uno de los países más prósperos de Europa.

La leyenda del conde Don Julián: Desde la caída del Imperio romano, del que era una provincia, la península ibérica había sufrido numerosas invasiones de los bárbaros, la más importante de las cuales fue la de los visigodos, que crearon una monarquía de casi dos siglos de duración.

A principios del siglo VIII, tropas árabes cruzaron el estrecho de Gibraltar y, después de la batalla de Guadalete, en que fueron derrotados los visigodos, invadieron la península.

Según la leyenda, la invasión tuvo su remoto origen en los amores prohibidos de don Rodrigo, último rey godo, y la hija del conde don Julián, influyente personaje de la Corte.

Éste, como venganza personal, habría alentado a los moros del norte de África a penetrar en territorio hispano y a poner fin a la monarquía visigoda. Aunque la historia del conde don Julián no hubiese sido verdadera, lo cierto es que los árabes se aprovecharon de la decadencia y de las luchas internas de los visigodos.

Las más importantes ciudades, Toledo y Sevilla, cayeron en seguida en su poder, y en el espacio de siete años (711-718) la mayor parte de la península estaba bajo su dominación. Los musulmanes se mantuvieron en España siete siglos: aunque la Reconquista comenzó en seguida (718), no se completó hasta 1492, bajo el reinado de los Reyes Católicos.

La invasión de los árabes, aunque repentina e inesperada, era una consecuencia natural de los deseos expansionistas del Imperio musulmán. A raíz de la muerte de Mahoma (632), los pueblos árabes, exaltados por su fe religiosa, habían extendido ampliamente sus fronteras. Atacando a todos sus vecinos, habían mermado el imperio bizantino y debilitado el persa.

En el transcurso de un siglo se apoderaron de Irak, Siria y Egipto y avanzaron por la costa del norte de África. Empujados por el deseo tanto de riquezas como de someter al infiel, según el precepto coránico, la invasión del decadente reino visigodo era sólo una cuestión de tiempo o de oportunidad.

Los musulmanes no pensaban detenerse en España. En el año 720 cruzaron los Pirineos y penetraron en el reino de los francos. Tomaron Narbona y saquearon los principales monasterios del sur de Francia. Pero en 732, en la batalla de Poitiers, cerca de Tours, fueron vencidos por Carlos Martel, príncipe franco.

ejercito musulman ataca españa

Ejército islámico preparados para atacar

Los historiadores consideraban esta derrota como la salvación de la ristiandad frente a la amenaza musulmana. ja. realidad es que las luchas en los Pirineos ontinuaron durante varias décadas. Solamente después de bastantes derrotas los musulmanes decidieron abandonar sus ambiciones de conquistar el reino franco.

Para la Europa cristiana fue más importante el fracaso de los musulmanes en el Este. En los años 717 y 718 atacaron Constantinopla y si el emperador bizantino, León Isaurio, no les hubiese rechazado, seguramente toda la Europa oriental habría caído en su poder, como más tarde ocurrió con los turcos otomanos.

A diferencia de los romanos, e incluso de los visigodos, los musulmanes fueron incapaces de crear un gobierno fuerte y centralizado que dominase a todos los pueblos ibéricos. Nunca pudieron someter por completo los núcleos de resistencia establecidos en el noroeste del país, que darían lugar a los reinos cristianos y a la Reconquista.

Los dominios árabes, que recibieron el nombre de Al-Andalus, carecían de fronteras fijas por el norte, y entre ellos y el territorio de Carlo-magno quedaba una extensa zona de nadie en la que los combates eran continuos. Carlomagno intentó por su parte someter a los musulmanes, pero desistió después de ser derrotado en Zaragoza en 778.

Los árabes tenían que enfrentarse también con los deseos de independencia de los gobernadores de las provincias extremas y con los rebeldes habitantes de las ciudades. Tales insurrecciones provocaron una serie de matanzas sangrientas. En 797 el gobernador de Toledo, creyendo que el pueblo le era hostil, celebró un banquete al que invitó a los huéspedes más representativos.

Cuando entraron en el patio del castillo, fueron decapitados. Poco tiempo después, los habitantes de un barrio entero de Córdoba —unas trescientas personas— fueron asesinados y sus casas destruidas.

En los primeros años de dominación musulmana, gran parte de las luchas no se debían a diferencias religiosas entre moros y cristianos, sino a las ansias de poder de los dirigentes locales. La religión no importaba demasiado; de hecho, se cambiaba con frecuencia de credo religioso para poder jurar fidelidad al nuevo dueño.

El Cid fue uno de los primeros caballeros castellanos que ayudaron a los reyes árabes: en su caso, el rey de Zaragoza, al que ayudó en numerosas empresas.

Las dificultades de los musulmanes para crear un estado organizado se vieron agravadas por las divisiones entre ellos. Surgió una fuerte rivalidad entre árabes y bereberes, tribu del norte de África que había sido convertida al Islam y había aportado grandes contingentes de hombres para la invasión de España.

releieve en madera arabes

Relieve en madera, en la catedral de Toledo, que representa la rendición de Granada, el último reino musulmán, en 1492. A la victoria cristiana siguió una ola de persecuciones y destrucción.

Esplendor del califato: Abderramán III emprendió la tarea de unificar y fortalecer el reino musulmán. Como primera medida proclamó la independencia del emirato de Córdoba —hasta entonces dependiente de Damasco— convirtiéndolo en califato. Los reyes cristianos habían logrado llegar en sus incursiones hasta los alrededores de la ciudad.

Gradualmente, Abderramán III recobró las provincias perdidas y penetró en los reinos cristianos de León y Navarra. Bajo sus sucesores y hasta finales del siglo X, el imperio musulmán en España alcanzó el máximo de su poderío.

La civilización árabe que floreció en este período, con centro en Córdoba, tenía su origen, en parte, en la tolerancia de los musulmanes con los pueblos sometidos. Aunque existia un estado de guerra permanente con los reinos del norte, los cristianos que vivían en la zona árabe disfrutaban de completa libertad religiosa.

El Islam ordenaba someter, pero no convertir, a los no creyentes. Los judíos, que habían sido muy perseguidos por los visigodos, pudieron vivir en paz bajo la dominación musulmana; fueron los mercaderes judíos quienes impulsaron el comercio de la España musulmana confiriéndole una gran prosperidad.

Pero tanto judíos como cristianos tenían que pagar fuertes tributos, sufrían de una cierta desigualdad ante la ley y eran considerados inferiores.

Los cristianos, por su parte, reconocían que los árabes habían creado una civilización más refinada que la suya propia. Las ciudades hispánicas, en franca decadencia con los visigodos, habían revivido. Existía un orden y una organización nuevos.

Los musulmanes eran mejores comerciantes, arquitectos, ingenieros y granjeros. Eran más cultos e instruidos. Los cristianos, incluso los reyes de los reinos del norte, se daban cuenta de todo esto.

La historia ha dejado constancia de que cuando los gobernantes cristianos necesitaban un cirujano, un arquitecto, un maestro de música o un sastre, lo pedían a Córdoba.

Pero estaban decididos a superar su inferioridad y reconquistar sus tierras. Este espíritu no estaba, sin embargo, muy extendido entre los cristianos que vivían en territorio musulmán. Muchos de ellos se convirtieron al Islam, recibiendo el nombre de «muladíes».

La distinción entre musulmanes hispánicos y de origen árabe fue siendo cada vez más difícil, debido sobre todo al elevado porcentaje de matrimonios mixtos que se daban en todos los niveles sociales. Incluso los nobles, y hasta los reyes cristianos, ofrecían sus hijas en matrimonio a los reyes musulmanes. Muchos cristianos, si bien no renegaron de su fe, adoptaron las costumbres árabes.

En el terreno del comercio existia una colaboración muy estrecha entre judíos, cristianos y musulmanes. Con el esfuerzo conjunto de todos ellos, la España musulmana llegó a ser una de las zonas más prósperas y más densamente pobladas de Europa.

La agricultura gozó de un gran desarrollo gracia nuevos métodos de regadío introducidos por los árabes, así como a los nuevos cultivos arroz, algodón, naranjas, albaricoques  y melocotones. Los árabes crearon una importante industria en al-Andalus, en la que destacaba principalmente la textil, de cueros y de cerámica. Su comercio llegó hasta la India y Asia central.

La enseñanza y la investigación alcanzaron niveles muy altos: los musulmanes fueron los introductores en Europa del pensamiento griego y del arte bizantino y persa.

La medicina y la ciencia estaban muy adelantadas respecto a otros países, y la educación tan extendida que una elevada proporción de españoles musulmanes sabían leer y escribir, hecho insólito en el resto de Europa.

Los reinos de Taifas: Sin embargo, a principios del siglo XI comenzó la decadencia del Imperio musulmán. Disputas intrascendentes entre los jefes rivales debilitaron la autoridad central, dando a los reyes cristianos la oportunidad que esperaban. En lugar de pagar sus tributos a los árabes, los cristianos empezaron a exigírselos a ellos.

El rey Altonso VI llego incluso a cobrar tributo a Sevilla, la ciudad más poderosa después del declive de Córdoba. En 1085 los cristianos reconquistaron Toledo, que ya nunca más volvió a estar en manos de los árabes.

La derrota les causó tal conmoción que resolvieron pedir ayuda a los almorávides, tribu de bereberes del norte de África. Estos no supieron restaurar la brillante civilización de sus predecesores árabes.

Miles de cristianos y judíos abandonaron al-Andalus huyendo de su fanática intolerancia. Más tarde, en 1146, otra tribu beréber, los almohades, procedente también del norte de África, acudió en ayuda de los almorávides, incapaces de resistir el empuje de los reyes cristianos. Los almohades convirtieron Sevilla en un importante centro cultural, pero no pudieron detener el avance de la Reconquista.

En 1212 Alfonso VIII les infligió una derrota decisiva en la batalla de las Navas de Tolosa. Con ello se desvanecieron todas las esperanzas de restablecer el imperio musulman en España. Al-Andalus se escindió en unos pequeños reinos llamados de «taifas».

La fuerza de los cristianos se había visto siempre mermada por las incesantes luchas internas. Pero en 1230, con la unión de León y Castilla, cobraron nuevas energías y lanzaron una gran ofensiva contra los árabes.

Rápidamente, Fernando III reconquistó Córdoba (1236), Valencia (1238), y Sevilla, después de un duro asedio (1248). Sólo quedaba un reino árabe, el de Granada.

Y aunque estaba obligado a pagar un pesado tributo a los cristianos, desarrolló una cultura y un arte excepcionales, cuya mejor muestra es la Alhambra. Igual que Córdoba y Sevilla anteriormente, se convirtió en un centro de comercio y de ciencia, atrayendo a numerosos sabios de Europa y de Oriente. Durante el reinado de los Reyes Católicos, Granada fue conquistada en 1492.

El gobierno de los cristianos no fue tan tolerante como el de los musulmanes.

Fernando e Isabel expulsaron a los judíos (1493) e intentaron convertir a los musulmanes al cristianismo.

Algunos lo hicieron, recibiendo el nombre de moriscos, pero la Inquisición recién establecida tenía como fin descubrir a aquellos cuya conversión no fuese sincera.

Los manuscritos árabes se quemaron públicamente; más tarde, Felipe II ordenó la destrucción de todos los baños públicos construidos por los árabes. Finalmente, en 1609 los moriscos que quedaban en el país, medio millón, fueron deportados en masa.

Se calcula que entre 1492 y 1609 unos tres millones de musulmanes fueron desterrados o ejecutados. La España cristiana no encontraba lugar para ellos.

La historia de los musulmanes en España tuvo un final poco glorioso. Sin embargo, Europa estaba en deuda con ellos por haber sido los transmisores de la filosofía griega y del arte y la ciencia orientales.

Los filósofos españoles, como Maimónides y Averroes, no sólo interpretaron y tradujeron las doctrinas de los clásicos, sino que las transmitieron a los sabios que acudían a Toledo o a Sevilla.

Muchos descubrimientos se conocieron en Europa gracias a los árabes, como el papel. Es probable que la numeración arábiga y el concepto de cero entrasen en Europa a través de España, aunque también pudo ser por Italia. Pero, sobre todo, los musulmanes crearon en España una civilización propia, de la que hoy perduran muchas cosas.

Realizaron grandes esfuerzos para crear belleza en todos los campos. La poesía y la música eran las bellas artes que más cultivaron. Introdujeron además el laúd y la guitarra oval. Gran parte de sus mezquitas y palacios han resistido el paso del tiempo como testimonios de un pasado lleno de riqueza y cultura.

Fuentes Consultada:
Protagonista de la Historia de Espasa-Calpe – Wikipedia – Artehistoria
La LLave del Saber – Pasado y Presente del Hombre Tomo I – Al Andalus – Ediciones Cisplatinas S.A.

Arquitectura Árabe o Islamica Arco Herradura, Arabescos, Alminares

Arquitectura Árabe o Islámica
Arco Herradura, Arabescos, Alminares

El arte musulmán nació del contacto con otras culturas. Sin embargo, la religión restringió la exteriorización de la forma artística en la construcción de mezquitas y palacios. En cambio, fue mayor la riqueza de la decoración y de los motivos ornamentales. La cerámica, el estuco, los frisos y los arabescos abundan en las paredes y en los arcos de herradura con motivos en madera, cobre o bronce.

En el momento en que los árabes, espoleados por su reciente fe en Mahoma, se lanzaron a la conquista del mundo, sólo eran nómadas sin el menor pasado cultural. Todo lo referente al arte les era extraño y el primer contacto lo tuvieron en los países conquistados, de tradiciones artísticas y culturales bien establecidas; a saber, Siria, Egipto y Mesopotamia.

Los musulmanes tuvieron el enorme mérito de no ignorar este capital y mucho menos de destruirlo. Por el contrario, lo aceptaron y adaptaron a sus necesidades personales y estéticas. Esta mezcla, esta fusión de valores artísticos extranjeros y conceptos propios, es una de las más importantes características del arte musulmán cuyo florecimiento duró tres siglos. La influencia de la religión en la estética es una segunda característica de este arte.

Por tal motivo, dado que el Islam veía con malos ojos la representación de seres vivos, la escultura y la pintura no existen prácticamente, pero como los califas y altos dignatarios eran protectores naturales de las artes, sus palacios y casas estuvieron ricamente decorados. Esto explica que en todos los países musulmanes se encuentren, a pesar de todo, frescos murales y frisos con numerosos personajes.

Sin embargo, todo esto repercute en el arte decorativo. Pero fue un arte decorativo que no conquistó las mezquitas, en las que, no obstante, la creación artística se manifestaba con mayor fuerza. Puede decirse, pues, que la escultura, así como la pintura, tuvieron sólo un papel secundario en todas las manifestaciones y creaciones artísticas del Islam.

Por el contrario, los motivos decorativos son mucho más importantes y ricos, hasta el punto que constituyen la característica esencial de la arquitectura. Con frecuencia las formas estructurales se ven sofocadas por exuberantes motivos decorativos, tanto en el interior como en el exterior de las construcciones. Asimismo, el artista usa como temas, puertas, hornacinas y arcos. Así, los arcos de herradura se han extendido a través de todo el Islam.

arcos herradura de la arquitectura arabe

Santa María la Blanca, en Toledo, que fue primero una sinagoga y después una iglesia católica, es un testimonio de la influencia e importancia del   estilo   árabe   en   España

El carácter ornamental llevado al máximo en la arquitectura musulmana impidió que fuera monumental. Este abuso de técnicas decorativas se debe al hecho de que los artistas musulmanes copiaron de otros pueblos los medios de exprésión artística.

Los asirios y los persas les transmitieron el arte de la loza y la cerámica, pero hay que reconocer el valor de sus trabajos en yeso, que les permitía dar a una pared desnuda la finura ; riqueza de un tapiz.

El estuco, mezcla de cal muerta, polvo de mármol y agua, les permitió realizar magníficos frisos que rodeaban arcos o dividían las paredes en varios paneles.

El arabesco es una de estas magníficas decoraciones murales. Se compone de figuras geométricas y líneas íntimamente mezcladas (ajaracas y almocárabes, atauriques), hojas estilizadas o motivos de escritura en árabe arcaico, particularmente destinado a este efecto.

En Córdoba, Granada y Sevilla, donde abundan las obras maestras de la arquitectura musulmana, encontramos otra forma de decoración de complicada poligonía, en «estalactita», es decir, que cae del techo. Asimismo se hizo empleo intensivo de mosaicos esmaltados.

Las mezquitas de España y Sicilia están adornadas con notables cinceladuras en madera y marfil. En otros países musulmanes predominó, sobre todo, la cerámica, tanto para el revestimiento del suelo como para la decoración de objetos de uso. El trabajo del cobre y el bronce, así como la perfección alcanzada en el arte del vidrio, completan la muy variada gama del arte ornamental musulmán.

Esta profusión y riqueza de motivos decorativos, ¿pueden considerarse una compensación o reacción contra la sobriedad del moblaje y la ausencia de cualquier otra ornamentación en las mezquitas? Cualquiera que sea el tipo al que pertenezca la mezquita, el único mobiliario está constituido por el mimbar, pulpito desde el cual el játib pronuncia la plática del viernes.

Este pulpito está situado en una especie de hornacina llamada mihrab, practicada en medio de la pared posterior de la mezquita y que señala la dirección de La Meca. La entrada al santuario está delimitada por un pequeño patio rectangular en medio del cual se alza la fuente que sirve para las abluciones rituales. Por el contrario, no hay bancos, sillas ni cuadros. Cada mezquita está coronada por un alminar. Los entendidos pueden reconocer el estilo arquitectónico de la mezquita observando su alminar…

Desde esas torres, siempre distintas, pero siempre esbeltas, donde mayormente se evidencia la diversidad y evolución del estilo árabe, e incluso sus influencias, el almuédano convocaba o convoca a los fieles a la oración.

alminar en la arquitectura árabe

Alminar árabe:El Corán es el libro sagrado de los musulmanes. Contiene los preceptos y dogmas que muchos musulmanes saben de memoria. «Los cinco pilares del islam» tiene especial importancia; junto con la fe en Alá, la oración, la caridad, el ayuno y la peregrinación a La Meca, forma el centro de las preocupaciones espirituales de los discípulos de Mahoma

Fuente Consultada:Enciclopedia Juvenil – Tomo I Credsa AZETA – Historia del Arte Árabe

El Islamismo Características Generales de la Religión Musulmana

EL ISLAMISMO
Características de la Religión Musulmana y Fe Islámica

Temas Tratados:
1-Introducción Histórica
2-Características del Islamismo
3-Vida y Práctica Religiosa del Islam
4-Pilares de la Fe Musulmana
5-Comentarios Biogrñaficos de Mahoma
6-Peregrinaciones a la Meca
7-Fundamentalismo Islámico

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INTRODUCCIÓN HISTORICA DEL ISLAMISMO: Los orígenes del Islam se remontan al siglo VII, cuando comenzó la prédica de su profeta, Mahoma, en la Península Arábiga.

Mahoma nació en el 570 y hasta los cuarenta años no se había distinguido del resto de los árabes.

Pero una noche del 610, en una cueva del monte Hira, no muy lejos de la ciudad de La Meca, se le apareció en sueños el arcángel San Miguel,  quien le reveló que él era el elegido para ser el último profeta de la tradición bíblica.

Desde entonces inició la prédica de una nueva fe, el Islamismo (sumisión a la voluntad de Dios), que conquistó el alma del pueblo árabe, hasta aquel momento politeísta.

Aquella es la historia sagrada del origen del Islam, cuyos cinco pilares son:

1-la creencia en un solo dios -Alá-, cuyo profeta es Mahoma;

2-la oración repetida cinco veces al día;

3-el ayuno de los 29 ó 30 días del Ramadán (mes del calendario musulmán);

4-la limosna a los pobres y

5-la peregrinación a La Meca.

Mahoma creía en el mismo dios eme Abraham y honró a los profetas que lo habían precedido (Moisés, Jesús), pero consideraba a su religión como la única completa y bien comprendida y la que perfecciona a las precedentes.

Las enseñanzas de esa religión se transmiten a través de un libro, el Corán, donde se reglamenta la vida pública y privada de la sociedad árabe.

El Corán recoge las revelaciones de Mahoma, pero fue escrito recién a su muerte, cuando sus palabras fueron recogidas por la tradición. Mahoma murió sin tener hijos y sin nombrar heredero.

La comunidad debió entonces elegir un califa o sucesor: la responsabilidad recayó en Omar, su mejor amigo.

La Religión:

  • La fundó en Arabia en el año 622, que hasta ese momento los árabes eran politeísta y fetichista.
  • Fue la última religión creada y hoy cuenta con 400 millones de fieles.
  • Es monoteísta, es decir se cree en un sólo dios: Alá
  • Se caracteriza por haber conseguido un fuerte arraigo nacionalista y étnico, llegando hasta el fanatismo
  • No es una mezcla de judaísmo y cristianismo, sino que posee características propias de una nueva religión.
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Características del Islamismo:

  • Se adora una piedra negra (Kaaba) protegida con un manto negro que se encuentra en la Meca.
  • Ala es su único Dios.
  • Todo fiel debe ir una vez en la vida a la Meca y dar tres vueltas alrededor de la piedra sagrada.
  • Su libro sagrado es el Corán (como los Evangelios cristianos).
  • Todos los días se deben dar abluciones
  • Se deben dar reverencias mirando hacia la Meca.
  • La limosna es obligatoria.
  • El ayuno también es obligatorio.
  • El buen musulmán debe abstenerse de beber bebidas alcohólicas y carne de cerdo.
  • El creyente debe ser circuncidado.
  • No puede tener mas de cuatro mujeres.
  • No puede adorar ninguna imagen u objeto.
  • Cada persona al nacer ya tiene su destino impreso (kismet) y nada se puede hacer para modificarlo.
  • El destino del hombre en la vida es el de trabajar, obrar bien, sufrir y aguardar su muerte.
  • Todo musulmán debe luchar en la guerra santa defendiendo la media luna.
  • El que muere libre de culpa (o muere luchando) tendrá como premio el Edén, un paraíso sensual, con ríos de sabrosas comidas (ambrosía) y hermosas huríes que sólo atienden nuestros pedidos.
  • Los condenados permanecerán en desierto de soledad, con grandes vientos que levantará arena y no dejará beber ni comer.

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https://historiaybiografias.com/linea_divisoria1.jpgHISTORIA DEL ISLAMISMO:

Uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia de la humanidad fue la aparición, en el primer tercio del siglo VII, de un nuevo sistema religioso, social y político, que surgió en el corazón de la península Arábiga y, en poco más de cincuenta años, se expandió desde el Atlántico hasta la India.

Los árabes musulmanes convirtieron este vasto espacio en un crisol, en el cual se amalgamaron las corrientes culturales más diversas, íntimamente tamizadas por un idioma común, el árabe, y por una mismo credo, el islamismo.

MAHOMA

A lo largo de la Edad Media, el mundo islámico tuvo distintos epicentros políticos y momentos de unidad y de ruptura. Estos cambios a menudo fueron saldados con guerras de conquista y enfrentamientos muy cruentos.

Sin embargo, los vaivenes políticos no desvirtuaron el gran aporte del islamismo a la humanidad.

Los árabes no sólo se distinguieron por sus propias creaciones en todos los ámbitos del conocimiento y el arte sino que, por distintas vías, abrevando en las más diversas fuentes, recuperaron la inmensa riqueza de la Antigüedad clásica con una amplitud y frescura sorprendentes.

Gracias a ellos, por ejemplo, el pensamiento aristotélico renació con toda su fuerza y esplendor, del mismo modo que trasfundieron a Occidente los más importantes logros filosóficos, científicos, técnicos y estéticos del Lejano Oriente.

A la vez, como ocurrió en Al-Andalus, en la península Ibérica, los musulmanes supieron convivir con las otras grandes religiones monoteístas, lo que hizo posible que la actividad cultural creciera con pujanza en un clima de tolerancia y libertad inusitados en la Edad Media.

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La Vida Religiosa Musulmana:

La vida de los creyentes musulmanes está marcada por las oraciones, desde el nacimiento hasta el instante de la muerte. Es costumbre susurrar al oído de los recién nacidos frases del Corán, y también a los moribundos.

La Práctica Religiosa

Es llamativa la homogeneidad de la vida religiosa a pesar de que el Islam no dispone de intermediarios notables entre Alá y los fieles, ya que los rituales como las abluciones o la oración diaria son personales y las jerarquías desaparecen frente a la práctica religiosa.

En el Islam no hay sacerdotes y la relación del fiel con Alá es directa y sin intermediarios

Los musulmanes creen que el hombre existe como exponente supremo de la creación de Alá y que debe construir su destino.

El hombre es Libre en su voluntad y sus acciones y puede decidir seguir o no el camino que Alá le ha mostrado a través de su profeta Mahoma, pero, silo hace, forma parte de una comunidad extensa e identificada.

Los cientos de millones de musulmanes que escuchan la llamada del almuédano se sienten hermanos y se reconocen mutuamente por su devoción a Alá.

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Los pilares de la fe musulmana

La práctica religiosa musulmana gira en tomo a la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación. Se denominan «los cinco pilares de la fe» y tienen las siguientes características:

La chahada o «profesión de fe» es el primer pilar. Consiste en rezar la oración que resume la fe islámica: «No hay más divinidad que Alá y Mahoma es su profeta».

La ozalà u «oración» es el segundo pilar. Los musulmanes deben orar cada día cinco veces.

Lo hacen al alba, al mediodía, a media tarde, al ocaso y por la noche, con la particularidad de tener que realizar cuatro posturas principales al tiempo que recitan la chahada y otras oraciones: de pie, inclinado, prosternado y sentado sobre los talones.

Los almuédanos entonan el verso «Alá es grande» desde los alminares de las mezquitas y, al oírlo, todo musulmán sabe que es el tiempo de rezar y deja por unos momentos cualquier actividad que esté realizando.

Previamente antes de orar, los musulmanes tienen que purificarse por medio de la limpieza del cuerpo, como se expone en la aleya número 7 de la azora 5 del Corán:

Creyentes!, cuando os dispongáis a hacer la azalá, lavaos el rostro y los brazos hasta el codo, pasad los manos por la cabeza y lavaos los pies hasta el tobillo.»

Los viernes, que es el día santo de los musulmanes, el rezo se hace de forma colectiva y obligatoria.

El sawn o «ayuno» es el tercer pilar. El cumplimiento del ayuno durante el ramadán, mes noveno del año, es una de las celebraciones islámicas más conocidas. Se trata del mes de ayuno y de reflexión religiosa a través de las lecturas del Corán y de los ritos establecidos.

El ayuno es obligatorio para todo musulmán adulto y está Prohibido comer, beber o fumar, desde que sale el sol hasta que se oculta.

La elección de este mes se corresponde con el tiempo en el que Mahoma recibió la Primera revelación.

En la puesta del sol, que marca el final del ayuno diario, los musulmanes se reúnen para recitar el Corán y para comer.

Sistemas de préstamo islámicos

En la azora 2, aleya 275 del Corán se dice: «Alá ha autorizado el comercio y prohibido la usura».

Siguiendo este precepto, de una manera ingeniosa se han ideado sistemas para prestar de un modo que no pueda equipararse a la usura. Así el sistema bancario islámico ha ideado las siguientes modalidades de préstamo:

Al mudaraba. El banco pone el capital y el cliente el esfuerzo para realizar un negocio o el desarrollo de una empresa. Ambos, banco y cliente, comparten beneficios y pérdidas, en caso de haberlos.

Al murabaha. El banco compra el producto que solícita el cliente y acuerda con él un precio. Se compromete a vendérselo a otro precio acordado, ganando el banco la diferencia.

Al musharaka. El banco y el cliente se hacen socios, aportan el mismo capital y asumen los mismos riesgos y beneficios según la siguiente proporción: un tercio para el banco, otro para el cliente y el tercero para amortizar el préstamo.

El día que acaba el ramadán, se realiza una fiesta con un menú especialmente cuidado. Como el calendario musulmán es lunar, el mes de ramadán puede coincidir con cualquier momento de nuestro calendario.

El hajj o «peregrinación mayor» es el cuarto pilar de la fe. Todo musulmán que tenga salud y recursos para afrontar un viaje a La Meca tiene el deber de realizar al menos una peregrinación en su vida a la ciudad sagrada.

El azaque o «limosna» es el quinto pilar. Es un deber para todo musulmán ayudar a quienes lo necesiten por medio de la solidaridad.

En las comunidades sunitas se tiene que dar el 2,5 % de la riqueza acumulada cada año. Muchos fieles entregan el azaque a ONG musulmanas para ayudar a los desfavorecidos o a quien lo necesite.

La vida religiosa islámica y la plegaria marcan el ritmo del día, del año y de la existencia. Estas oraciones y rituales son los puentes de unión entre los musulmanes y Alá.

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Comentario sobre la biografía de su fundador:

Mahoma (cerca de 570 a cerca de 632 d.C.). Hijo de un mercader árabe pobre, Mahoma quedó huérfano a los 6 años y creció siendo pastor de ovejas.

De joven conducía caravanas pertenecientes a una viuda rica; más tarde se casó con ella y se volvió mercader. Pero, cosa rara en un hombre de negocios, Mahoma era algo solitario y le gustaba retirarse a pensar.

A la edad de 40 años dijo que el ángel Gabriel le había ordenado en nombre de Dios predicar la verdadera religión.

Al poco tiempo comenzó a atacar la superstición y a exhortar a la gente a llevar una vida piadosa y moral. Enseñaba a sus adeptos a creer en un Dios justo y todopoderoso, Alá, cuya misericordia podía merecerse mediante la oración, el ayuno y la limosna.

Las autoridades de la Meca, alarmadas por su creciente popularidad, lo expulsaron en 622 d.C.; entonces se desplazó a Medina, convirtiéndose en juez y legislador.

Mahoma comandó una guerra contra los enemigos del islam y se apoderó de la Meca en 630 d.C. Después de su última peregrinación, en 632, cayó enfermo y falleció. Sus reglas morales, establecidas en el Corán, permanecen siendo la base de la ley en todo el mundo islámico. En los capítulos 5 y 9 se puede leer más acerca de Mahoma, el islam y los árabes.

EN EL AÑO DEL ELEFANTE, NACE UN NIÑO

Corría el año 570, que los árabes llamarían el «año del elefante», porque fue entonces cuando vieron por primera vez estos enormes animales, traídos por el rey cristiano Abrahah, de Etiopía, para atacar a La Meca.

El ataque de dicho monarca fracasó a causa de una epidemia. Durante la lucha contra el invasor sucumbió ‘Abd Allah, miembro del clan Hashem, una rama menor de la tribu coreixita.

Cuenta la tradición que, dos meses después, Amina, su viuda, dio a luz a un niño que se llamó Ahmad o Mu-hámmad (Mahoma).

Cuando éste contaba seis años dé edad, su madre también murió, y el huérfano quedó bajo la tutela de su abuelo paterno Abd al Muttálib y, después, de su tío Abu-Táleb, que habría de asegurarle siempre la protección del clan Hashem.

En pocos años el muchacho se convirtió en un experimentado caravanero. Acompañaba a su tío en sus viajes a Siria, luchaba contra los asaltantes y tomaba decisiones sagaces. Su honestidad le valió ser llamado con el apelativo de «al-Amín»: el leal, el fiel.

A los 25 años, era uno de los tantos caravaneros beduinos que cruzaban el desierto a lomo de camello. Nada lo hacía destacar, salvo su fama de hombre honesto, su barba renegrida y sus ojos almendrados.

A esa edad contrajo matrimonio con la dueña de los camellos que conducía, su acaudalada prima Jadiya, quien era mucho mayor que él. De los hijos que tuvieron, el varón murió joven y las mujeres en su infancia —la mortalidad infantil era muy elevada en el desierto—, excepto una que sobrevivió.

Se llamaba Fátima. Siglos más tarde, se habrían de librar grandes luchas en su nombre.

Después que un incendio destruyó la Caaba, ésta fue reconstruida. Fue entonces cuando los coreixitas se disputaron entre sí el privilegio de emplazar en el nuevo templo la «piedra negra» venida del cielo.

Como no llegaron a un acuerdo, resolvieron que la suerte decidiese la disputa. El primer hombre que entrase en el santuario sería el encargado de colocar la piedra. Y ése fue el caravanero honesto.

EN LA NOCHE DEL DESTINO, NACE EL PROFETA DEL SEÑOR

¿Qué sintió el joven beduino al transportar a la Caaba la «piedra negra» que el Señor enviara a los hombres? Jamás lo reveló. Se cuenta, empero, que a partir de entonces su existencia se transformó.

Tornóse retraído y meditabundo. Permanecía largo tiempo en lugares solitarios, apartándose de todos.

Pensaba en el destino, en la justicia, en el aparente absurdo de la vida, en el misterio del tiempo que transcurre y no vuelve.

Durante el Ramadán del año 610, subió al monte Hira para entregarse a sus meditaciones. Allí se durmió y vio en sueños a un ángel que le mostraba un pergamino, diciéndole: «¡Lee!». Mahoma no sabía leer, pero el ángel insistió: «¡Lee, en nombre del Señor que te dio la vida!» (Corán, C. VI, 1-5).

«Así fue como comencé a leer lo que el ángel me mostró. Era como si sus palabras estuviesen grabadas en mi corazón. Salí de la gruta, y oí una voz que provenía del cielo y que me decía: «Mahoma, tú eres el enviado de Dios y yo soy Gabriel».

Mahoma tenía cuarenta años. Su primera reacción fue pensar que había enloquecido, y corrió a narrar a Jadiya lo acontecido.

Su esposa lo tranquilizó, y él regresó a los montes Hira y Tabir para meditar.

Durante algún tiempo no tuvo visiones, hasta que una noche Gabriel reapareció fulgurante, y le dijo: «Mahoma, en verdad, en verdad, tú eres el profeta de Dios».

Esta segunda revelación disipó todas sus dudas, y Mahoma aceptó la palabra celestial: él era el enviado de Dios encargado de llevar la justicia a los hombres. A todos los hombres, y no sólo a los beduinos.

La suya fue, desde el comienzo, una religión universal.

«HAY UN SOLO DIOS», DICE LA VOZ DEL ARCÁNGEL

Por lo que se sabe, Mahoma nunca se juzgó a sí mismo como un predestinado hasta el momento en que oyó las voces celestiales. Y si en un primer momento creyó haber enloquecido, después aceptó el origen divino de esas voces, y adquirió la certeza de su propia predestinación.

Esta fe le dio una inmensa fuerza. Con ella pudo resistir todas las dudas, enfrentar todas las adversidades y a todos sus perseguidores.

La principal certeza que Mahoma adquirió fue la de la unicidad de Dios: el universo, detrás de su aparente diversidad, oculta una única realidad trascendental, un único poder.

En los tres años que siguieron a la denominada «noche del destino» en que experimentó su primera revelación, Mahoma, todavía receloso, sólo comunicó lo sucedido a su esposa Jadiya, a su hijo adoptivo Zayd, a su primo Alí (su futuro yerno), y a sus amigos Uthmán y Abu Bekr.

LAS PALABRAS DEL SEÑOR SON GRABADAS EN UN LIBRO

Esas revelaciones místicas eran denominadas por los árabes «recitación» o, en su lengua, qurán.

Los fieles las transcribían sobre trozos de pergamino, omóplatos de camello, hojas de palmera o tablas de arcilla. Ya en tiempos de Mahoma, esos fragmentos comenzaron a ser reunidos, y con ellos crearon las suras (sural) o capítulos.

En conjunto fueron llamados «Al Qurán» (La Recitación), y de ahí el nombre de Alcorán, Corán o Koran, que se da a esas 114 suras, con 6226 versículos, compiladas más tarde.

En las primeras revelaciones, Mahoma se vio inspirado por un espíritu universal. Sus frases son cortas, incisivas, y tratan de problemas muy generales, como la generosidad y la justicia.

Posteriormente, y a medida que Mahoma se mezcló en la política y se convirtió en el fundador de un Estado teocrático, las revelaciones se transforman, y comienzan a ocuparse directamente de los problemas locales, y, por ello, se nos hacen más oscuras.

En el período final de la vida de Mahoma, varios «secretarios» anotaron sus revelaciones.

El más célebre de éstos fue Abdallah ibn-Sad. En cierta oportunidad, Mahoma dudaba en terminar una frase, y Abdallah, por su propia cuenta, la completó. El profeta, distraído, hizo una seña confirmando la palabra del escriba. Pero éste, posteriormente, perdió la fe en Mahoma.

¿Cómo podía creer en que todas las palabras del Alcorán provenían de Dios, si él mismo había sido el autor de algunas de ellas? Abdallah huyó a La Meca, refugiándose entre los enemigos de Mahoma, quien jamás lo perdonó.

Tiempo después, al producirse la victoria definitiva del profeta,Abdallah no sólo consiguió escapar a la muerte, gracias a la mediación de Uthmán, sino que después de muerto Mahoma se convirtió en un importante funcionario del naciente imperio árabe.

Había aprendido que la razón, en manos de un individuo, no basta para contener la marcha inexorable de la historia.

Este episodio, sin embargo, no implica que Mahoma fuese un impostor, como lo señalaron muchas veces sus enemigos y, en especial, los cristianos.

Y la prueba de ello está en que muchas veces las «voces» que lo guiaban lo impulsaron a tomar medidas que, en otros momentos, él mismo consideró inoportunas.

El Corán se convirtió en el punto de referencia común a todo el pensamiento islámico.

Así, cuando en los Estados musulmanes medievales (surgidos de la fusión entre el islamismo y las tradiciones judías, helenísticas y persas), aparecieron los primeros librepensadores, éstos denominaron a sus obras «Muarádat al qurán», o sea, «anticoranes», lo que revela su dominio.

* Mahoma fue el creador de esta religión.

* A los 40 años se sintió profeta y empezó a predicar en forma no muy clara, por lo que no logró muchos adeptos.

* Era viudo pero había heredado mucho dinero.

* Sus primeros discípulos fueron algunos de sus parientes

* Mientras meditaba se le había aparecido el ángel San Gabriel y le instigó a conseguir por las fuerzas la difusión de la palabra de Alá.

* En la Meca fue perseguido y se refugia en Medina durante varios años.(la hégira)

* Emprende la guerra abierta contra todos sus opositores y logra unir a todos los árabes bajo un mismo signo: la media luna.

* Al entrar en la Meca destruyó 360 ídolos que allí se veneraban.

* Murió a los 62 años de edad, pero su obra ya había sido terminada.

* Hoy se levanta la gran mezquita de Omar en el mismo lugar que según Mahoma se le presentó el ángel.

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PEREGRINACIÓN A LA MECA: CADA AÑO, al empezar el último mes del calendario musulmán, casi dos millones de personas viajan a la costa oriental de Arabia Saudita para el hadj, la santa peregrinación a La Meca que todo musulmán devoto debe realizar, si puede, una vez en la vida.

Esta multitud de visitantes procede de todos los rincones del orbe donde se practica el islamismo.

Fue en la ciudad de La Meca donde, en el año 570 de la era cristiana, nació el profeta Mahoma, fundador del Islam, quien ordenó convertirla en lugar de peregrinación musulmana.

El centro de devoción es el santuario de la Kaaba, edificio de forma cúbica situado en La Meca que, según la tradición musulmana, fue construido por Abraham. (Es a la Kaaba hacia donde todos los musulmanes se vuelven para rezar cinco veces al día, sin importar dónde estén.) Es particularmente sagrada la Piedra Negra, que engastó Mahoma en un muro del edificio.

Como primero y último actos de la peregrinación, los musulmanes visitan la Kaaba y le dan siete vueltas.

Quienes logran acercarse a la Piedra Negra la besan o la tocan al pasar; pero, debido al gentío, la mayoría ha de conformarse con agitar la mano en dirección a la Piedra.

Los principales días de ceremonia, oración y meditación son del 7 al 10 del mes, y en gran parte de ese tiempo todos los peregrinos deben estar en el mismo sitio al mismo tiempo.

El hadj anual es una notable proeza de organización. La sola cantidad de participantes plantea enormes problemas de salubridad, transporte y mantenimiento del orden.

Se levanta una inmensa ciudad de tiendas de campaña para albergar a los visitantes, que exceden en número de tres a uno a los habitantes de La Meca.

A pesar de todos estos inconvenientes, la peregrinación se vuelve cada vez más popular.

El peregrino regresa a su país con renovado orgullo, después de haber cumplido con una de las más sagradas obligaciones de su religión.

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EL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO:

El fundamentalismo islámico se ha convertido en uno de los temas más importantes de la política internacional actual. En este fragmento del libro ¿Qué es el Islam?, los historiadores ingleses Chris Horrie y Peter Chippindale analizan algunos aspectos referidos al tema.

«El crecimiento reciente del Islam ha sido especialmente notable en los países de África y de Asia en los que existió contacto con las potencias colonizadoras cristianas. […]

Ahora, al cabo de decenios de inestabilidad política, aumento de la pobreza y desintegración social, el sueño de un desarrollo al estilo occidental o al soviético ha terminado casi sin excepciones en la desilusión. Ése es el contexto en el que ocurre la «Reforma» islámica a la que se califica de «fundamentalismo» y que constituye literalmente un retorno a una forma simplificada y básica de la ley islámica.

La reacción occidental al fundamentalismo islámico se ha caracterizado por la repulsión contra la reintroducción de castigos coránicos, como la amputación de una mano por el delito de un robo.

En ello subyace una reaparición del viejo temor europeo de que los musulmanes proyectan conquistar el mundo.

Esos temores son comprensibles, pero están exagerados debido a un malentendido básico y generalizado acerca del deber islámico de la yihad (Guerra Santa), que es uno de los pocos aspectos de la religión que se comentan mucho en Occidente.

Es cierto que todos los musulmanes están obligados a combatir a muerte en defensa del Islam […] Pero esa obligación coránica es totalmente defensiva.

En el Corán se prohíben expresamente las guerras de agresión, sean para obtener poder mundano o la riqueza o para convertir por la fuerza a los no creyentes. […] En realidad, la distinción entre la guerra en nombre de la legítima defensa y la guerra de agresión es difusa, y los Estados Musulmanes tienden a ser tan belicosos como cualesquiera otros. […]

Pero incluso en condiciones de paz, es poco probable que el Islam fundamentalista pudiera jamás llegar a una aveniencia, con las sociedades laicas de Occidente, ni aceptar las ideas y las instituciones políticas occidentales.

En particular, los ideales caros al Occidente de nacionalismo y de libertad individual no tienen ningún lugar en el pensamiento musulmán.»

Ver: Biografía de Fátima Hija del Profeta

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resumen de la edad media

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