Grandes Ciudades De Piedra

Grandes Obras de Ingenieria Maravillosas Construcciones Civiles

Grandes Obras de Ingenieria Maravillosas Construcciones Civiles

REFLEXIONES SOBRE LAS GRANDES OBRAS DE INGENIERÍA La edificación de obras civiles y viales como puentes, viaductos o túneles, verdaderas «obras de arte», suponen una lucha continua con los accidentes del terreno. Es cierto que una carretera secundaria, perdida entre los árboles y trazada siguiendo los meandros del río encajado en un valle, no cambia el paisaje, puesto que se amolda a él.

Pero si imaginamos una autopista que atraviesa un bosque molestando e incluso impidiendo la libre circulación de la fauna, vemos cómo el equilibrio entre los animales y el medio ha quedado roto. Igual ocurre con un túnel bajo una gran montaña—como el del Mont Blanc—, que si no altera en nada la belleza de la misma, sí modifica las relaciones del hombre con ella, aboliendo una barrera antaño muy difícil de franquear.

De hecho, lo más importante aquí es la modificación de las relaciones entre el hombre y la naturaleza. Una carretera o una estación bastan para sacar a una ciudad o a una aldea de su aislamiento, permitiendo a sus habitantes contactos o intercambios económicos más frecuentes con el resto de la comarca y del país.

Las presas o embalses, sobre todo si son de grandes dimensiones, modifican singularmente el paisaje. De un valle más o menos encajado o de una depresión natural surge un lago. Campos, bosques, granjas, a veces incluso hasta aldeas enteras desaparecen bajo las aguas. Se rompe el curso natural, la fantasía de un río de montaña. El agua viva es puesta al servicio del hombre, mientras casas que parecían colgadas sobre áridas pendientes se encuentran bruscamente a orillas de un lago. Incluso, en ciertos casos, algún castillo medieval, verdadero nido de águilas dominando el paisaje, se ha convertido de pronto en solitaria construcción sobre una casi isla.

La presencia así como el funcionamiento de una presa influyen sobre la vida económica y social de una región. Su edificación plantea a veces dolorosos problemas humanos. Es un verdadero drama para los habitantes de una aldea perdida en un valle, tener que abandonar sus casas, su iglesia, su cementerio y ver desaparecer bajo las aguas el lugar donde habían nacido, donde habían crecido, donde habían trabajado.

Pero una vez acabada, la presa es creadora de riqueza. Su labor principal, para la que ha sido construida, es la producción de electricidad. Se le añade, pues, automáticamente una central hidráulica. Esta explotación de la «hulla blanca», trae a menudo como consecuencia la creación de fábricas — químicas, electrometalúrgicas — que utilizan la energía eléctrica. Así, los agricultores, a los que la mecanización del campo, la disminución de las necesidades de mano de obra hubieran obligado a expatriarse, encuentran la ocasión de emplearse como obreros en su misma región.

Igualmente, es lógico que si alguna ciudad, por los trabajos de su universidad o de sus institutos, destaca en el dominio de la electricidad o la electrónica, sea debido a su privilegiada situación en una provincia en la que la producción de la «hulla blanca» sea importante.

Las presas desempeñan además otro cometido. Regulan el riego de las tierras. Contribuyen a fertilizar los terrenos río abajo. En África, India o Indonesia permiten a menudo a los campos que riegan, producir una cosecha suplementaria cada año. Finalmente, al formar lagos artificiales, se convierten en puntos de atracción turística, ofreciendo a los amantes la posibilidad de practicar la pesca, la natación, la vela, el fuera borda o el esquí náutico. También en este aspecto son creadoras de riqueza.

La conquista de la energía ha modificado singularmente las condiciones de trabajo. Es un hecho bien conocido que ha liberado al hombre de numerosas tareas serviles y penosas. Allí donde en la antigüedad o la Edad Media eran necesarios años y centenares de esclavos o de siervos, encorvados bajo pesadas cargas, sudorosos y jadeantes como animales, para construir puentes o edificar palacios, los bulldocers, los camiones, las grúas, en resumen las nuevas técnicas, simplifican el manejo de los materiales, aceleran el ritmo de la construcción y no exigen más que la presencia de un reducido número de obreros en la construcción.

Podríamos decir que la máquina libera al hombre y que todo es bueno en el mejor de los mundos. Sin duda. Pero la realidad no es tan simple. Cada nueva etapa en el desarrollo de la técnica ha planteado problemas que no eran sólo de orden científico, sino también humano. En efecto, la aparición de una nueva máquina cambia las condiciones de producción, exigiendo nuevos métodos de trabajo, es decir, una cualificación diferente por parte de los obreros.

En los primeros tiempos de la mecanización, los trabajadores temían el paro obrero. Las razones por las que los marinos destruyeron el primer barco equipado con motor de vapor, por Denis Papin; por las que algunos obreros sembraron de adoquines las carreteras para hacer volcar a la diligencia a vapor, de Stephenson; por las que se produjeron aún más graves incidentes cuando comenzaron a trabajar los primeros telares, están bien claras.

Primero, la máquina ejecuta el trabajo de varios hombres. Si una fábrica adquiere una, ello implica la posibilidad de que pueda despedir a algunos de sus trabajadores, que se exponen a verse reducidos al paro. Segundo, toda máquina exige la presencia de alguien que sepa hacerla funcionar. Salvo en el caso de trabajo en cadena, hacer marchar o controlar el funcionamiento de una máquina supone un aprendizaje. Cuando una máquina sustituye a quince operarios, puede que entre ellos no haya ninguno apto para manejarla.

Por ejemplo, cuando los primeros taxis hicieron su aparición, se entabló una reñida competencia con el simón. Como cada año el número de taxis aumentaba, muchos de los cocheros, sobre todo entre los más jóvenes, aprendieron a conducir. Pero la mayor parte de entre los más viejos siguieron desempeñando el único oficio que conocían, viendo disminuir, en muchos casos, el número de sus clientes. Lo mismo ocurrió con los artesanos de las ciudades: herreros, guarnicioneros, zapateros, cesteros, etc., que, víctimas de la mecanización, han desaparecido o se han visto obligados a renovarse.

El problema de la renovación existe también hoy. Surge cuando una técnica o una nueva forma de industria reemplaza a otra. Imaginemos una cuenca hullera de difícil acceso y bajo rendimiento que, por ser ya poco rentable, se decide abandonar. Los mineros que trabajaban allí se ven reducidos al paro. Tienen que buscar trabajo en otro sitio. A veces lo encuentran en otra mina. Pero el porvenir no está en el carbón y además los modernos procesos de extracción permiten reducir al máximo la mano de obra.

Así, incluso si se construye en su ciudad una nueva fábrica—de productos químicos, electrometalúrgicos o electrónicos—o una central nuclear, no es seguro que puedan emplearse. Estas nuevas ramas de la industria, muy automatizadas, exigen de los obreros una especialización y una cualificación muy dura. Por esto cada vez se habla más de entrar en el ciclo, no sólo los obreros, sino también los cuadros de la industria, a los que es importante mantener informados, regularmente, de los avances de la técnica y de los métodos de trabajo que deberán emplear.

Ya no estamos en aquellos tiempos en los que se aprendía un oficio para luego practicarlo de la misma forma durante toda la vida; en los que el artesano y el campesino trabajaban tal como lo hicieron su padre y su abuelo. Hoy hay que estar siempre dispuesto a adaptarse a nuevos métodos.

HISTORIA SOBRE LOS PRIMEROS RASCACIELOS EN EE.UU.

Si por rascacielos se entiende cualquier construcción de dimensiones muy superiores a lo acostumbrado, hay que precisar que el primer rascacielos americano no fue levantado en Nueva York ni en Chicago, sino en la capital federal de los Estados Unidos: nos referimos al monumento a Washington, realizado entre 1848 y 1884 en el centro de la gran organización monumental situada entre el Capitolio y la Casa Blanca.

El inmenso obelisco blanco fue también el edificio más alto del mundo, aunque sólo fuera por pocos años (hasta la realización de la torre Eiffel), siendo 10 metros más alto que la pirámide de Cheops y más de 11 respecto a la cúspide de la basílica de San Pedro, en el Vaticano.

Si, por el contrario, se entiende por rascacielos una estructura de muchos pisos polifuncional, la primacía (aparte de los ejemplos de Nueva York de los años setenta del siglo pasado) corresponde tradicionalmente al Montauk Block, un tosco edificio de ladrillos, de 10 pisos, construido en Chicago por Burnham y Root hacia 1880. Fue precisamente en Chicago, a fines del pasado siglo, donde la gran concentración de establecimientos comerciales e industriales, en reducidas zonas urbanas, dio lugar a que se modificara por primera vez la relación entre el valor de las áreas y su posible explotación arquitectónica. Esto determinó el estudio de nuevas tipologías

constructivas que permitieran la máxima explotación de las distintas zonas y evocasen, al mismo tiempo, características simbólico-representativas precisas. La reconstrucción de la ciudad, realizada por arquitectos como William Le Barón Jenney, W. W. Boyngton, W. Holabird, M. Roche y, sobre todo, L. H. Sullivan, dio lugar a la definición tecnológica y morfológica del rascacielos, tipo de construcción con estructura de acero, fundamentos de pilotaje arriostrado y vidrieras amplias en hilera.

Los ejemplos de rascacielos de este tipo son muy numerosos y se extienden por todos los Estados Unidos, desde Chicago (donde son interesantes el Tacoma Building, de 1889, y el Monadnock Building, de 1891 —ambos de Holabird y Roche—, así, como el Reliance Building, de 1890-95, de Burnham y Root) a San Luis (Wainwright Building, de 1891, de Sullivan y Adler) y a Nueva York, donde, ya en 1913, el Woolworth Building, rascacielos de estilo neogótico construido por Cass Gilbert, alcanzaba la muy respetable altura
de 241 metros.

Y precisamente en la misma ciudad de Nueva York, a principios de siglo, este tipo de construcción ya se aplicaba en vasta escala, hasta el punto de caracterizar definitivamente a la ciudad entera. La síntesis de la evolución tecnológica y de los aspectos formales e innovadores de la segunda generación de rascacielos encuentra en el Lever Building uno de sus momentos más logrados.

Proyectado por el estudio S.O.M., que empezó a trabajar en el campo de la arquitectura en los años treinta, el Lever Building, sede comercial de la Lever Brothers Company, señaló la etapa principal de la actividad profesional de los arquitectos L. Skidmore, Owings y Merrill. Y no sólo por el papel de preponderancia que el edificio tuvo en aquellos años, en la zona de Manhattan, respecto a otras construcciones de numerosos pisos todavía de ladrillo, sino, sobre todo, como prueba de la madurez profesional adquirida por el S.O.M., estudio que anteriormente ya se había distinguido en otras grandes construcciones de notable interés. En efecto, son anteriores al Le ver Building, el Manhattan House, en Nueva York, el Terrace Plaza Hotel, en Cincinatti, el Brooklyn Veterans Administration Hospital y el ambicioso proyecto para la creación de la ciudad de Oak Ridge, en Tennessee, dentro del ámbito del llamado «Manhattan Project».

Procedentes de la nueva «escuela de Chicago» (Skidmore trabajó como proyectista en la exposición de Chicago en 1933), los tres arquitectos habían aprendido y aprovechado con inteligencia las enseñanzas de los dos grandes protagonistas de la arquitectura moderna: Mies van der Rohe y Walter Gropius; esos dos genios se trasladaron a los Estados Unidos tras el triunfo del nazismo en Alemania e introdujeron en su patria de adopción los dictámenes racionalistas de la escuela de la Bauhaus, fundiéndolos con la capacidad expresiva de la tecnología industrial americana.

El primero, por ejemplo, llegó, en 1939, al Illinois Institute of Technology y pronto pudo difundir a través de sus enseñanzas sus propias teorías arquitectónicas y hacer realidad algunos de sus más osados proyectos, como los 860 Kake Shore Drive Ap-partments, en Chicago, en 1948-1951, o los Commonwealth Promenade Appartments, también en Chicago, en 1953. Sin duda, Skidmore, Owings y Merrill expresan en el Lever Building, más que en otras obras, la reciente y sabia adquisición de las nuevas indicaciones tecnológicas y tipológicas de Mies van der Rohe, el genial precursor que ya treinta años antes había proyectado rascacielos para la ciudad de Berlín (1919 y 1921) y para la organización de la Alexanderplatz (1928), proponiendo desde entonces el tema del curtain wall, el muro-cortina, casi impalpable, transparente, constituido por ventanas cubiertas de vidrieras.

El S.O.M. inició su actividad en 1936, cuando Skidmore y Owings se asociaron formalmente; tres años después, Merrill se unió a ellos como limited partner. En un principio, su actividad se desarrolló tanto en el Mídale West como en el este. Su primer encargo importante fue el ya citado proyecto para la ciudad de Oak Ridge, trabajo que supuso notables esfuerzos desde el punto de vista urbanístico y arquitectónico, consiguiendo éxitos muy notables a pesar de que las limitaciones impuestas por la guerra impidieron la utilización de tecnologías particularmente avanzadas.

Ya en el período de posguerra, el estudio conoció una gran expansión, no sólo en lo que respecta a los seguidores, que se multiplicaron en breve tiempo con la llegada de nuevos colaboradores muy destacados, sino también en términos geográficos. Los tres socios abrieron, efectivamente, despachos descentralizados, a los que se confiaron nuevas realizaciones; aparte de la sede primitiva de Chicago, se abrieron filiales en Nueva York, en Oak Ridge, en San Francisco de California y en Portland, en Oregón.

A pesar de ese proyecto de descentralización, los resultados arquitectónicos de los proyectos de S.O.M. mantuvieron siempre una línea muy personal, constante y homogénea en el tiempo. Lo mismo que otras grandes firmas constructoras mundiales, el S.O.M. confirma aún hoy su capacidad de mantener a un alto nivel cualitativo sus propias creaciones, aportando al mismo tiempo contribuciones originales e innovadoras a la investigación.

Esta contribución, que el historiador de la arquitectura, H. R. Hitchcock, pone de relieve en una monografía dedicada a la actividad del estudio en los años 1950-1960, se ve confirmada por la más reciente realización del S.O.M.: la Torre Fiat, en París. Esta obra, considerada como el mejor edificio construido en Francia desde la muerte de Le Corbusier, aporta una original solución al problema de la fachada, tema que desde siempre ha constituido uno de los puntos neurálgicos de la investigación del S.O.M.

EL LEVER BUILDING

El Lever Building, prueba palpable de esta investigación, fue edificado en 1951-52 en una zona de Manhattan en la que aún existían antiguos edificios comerciales sólidamente construidos en ladrillo. Su aislamiento formal se ve acentuado por la localización de la torre sobre una parte de la parcela disponible.

El edificio se compone de dos bloques contrapuestos, uno de los cuales ocupa toda la parcela, sirviendo de base al segundo, más alto, que cubre tan sólo un cuarto de la misma parcela. Como elemento de enlace entre las dos partes se abre una plazoleta elevada y al descubierto, en parte acondicionada como zona verde y de descanso y que hace las veces de futro entre el intenso tráfico de la calle y los accesos al edificio comercial.

En la base se encuentran oficinas públicas, una sala de exposiciones de maquinaria industrial y una zona destinada a self-service \ cafetería. La torre, por su parte, alberga grandes zonas para oficinas «open space». es decir, desprovistas de tabiques de separación entre un local y otro, además de sectores destinados a oficinas de dirección. La zona de servicios se encuentra acoplada, piso por piso y por una misma parte, formando un bloque vertical muy unitario desde el punto de vista formal.

La ordenación interna no es obra del S.O.M., pero indudablemente ya fue estudiada en la fase de proyecto a fin de que permitiera la creación de nuevas áreas funcionales, diversificadas a nivel estándar y de calidad ambiental. En el exterior, por el contrario, el valor delcurtain wall se alcanza con particular gusto cromático: la armazón de la estructura, de acero pulido, y el vidrio verde de las ventanas otorgan un aspecto de transparencia y de protección muy equilibrados frente a la luz del sol. Completamente cerrado, el revestimiento exterior del Lever Building determinó, en aquellos años, la introducción de algunos elementos que más tarde se convirtieron en típicos del edificio comercial: aire acondicionado, iluminación artificial en los pisos más bajos y luz natural filtrada a través de las superficies de vidrio en los pisos más altos.

No obstante, no cabe duda de que con el Lever Building, el S.O.M. se encontraba aún en los comienzos de su labor de investigación en el campo de la proyección arquitectónica de grandes complejos industriales y comerciales. Más tarde, el estudio ha realizado muchos otros edificios en América y en el extranjero, entre los cuales los más significativos son: el Inland Steel Building, en 1957, el Equitable Building, en 1965, en Chicago; la John Hancock Tower, en 1968, también en Chicago, y la Sears Tower, en 1974, asimismo en Chicago. Hoy día, en el mundo de la arquitectura, el S.O.M. constituye un fenómeno muy personal (no desprovisto de polémicas): caracterizados por una elevada dosis de profesionalidad, sus exponentes pueden afirmar con convicción que no tienen nada que envidiar a la investigación universitaria, a la experimentación hecha «en la mesa de dibujo» pero desprovista de verificaciones concretas.

Si se compara el alto nivel de su cultura arquitectónica con su estructura interna fuertemente burocratizada, el caso del S.O.M. resulta inexplicable en muchos aspectos. Pero, a este respecto, puede ser expresiva la opinión emitida por el arquitecto español, Oriol Boñigas, a propósito de la más reciente realización del equipo estadounidense, la citada Torre Fiat en París: «Quizá su secreto consista en el tipo de diseño elegido en el momento de la creación del estudio, un diseño en el que aportaciones cambiantes y sucesivas confluyen siempre dentro de una óptica estrictamente definida en términos tanto conceptuales como estilísticos. Dentro de este marco, las últimas obras realizadas en Chicago y Nueva York han sido innovadoras y constituyen ya puntos de referencia para el diseño arquitectónico de estos últimos años.»

Fuente Consultada: Maravillas del Mundo Tomo N°6 Edificio Lever Building

MARAVILLAS DE LA INGENIERÍA SUBTERRÁNEA
Europa: Túnel del Támesis, Londres, Inglaterra.
El túnel que conecta Wapping con Rotherhithe marcó un hito en la historia de la ingeniería. Fue el primer túnel subacuático y el primero en construirse con un blindaje de protección, que más adelante se convirtió en el método habitual para excavar túneles. El blindaje tiene la función de proteger el techo y las paredes del túnel hasta haber terminado el revestimiento de ladrillo, y facilitar la excavación manual o mecánica. El mérito de estas innovaciones corresponde a Marc Brunel y a su célebre hijo, Isambard Kingdom Brunel, que a la edad de 20 años era ya ingeniero jefe.

 Túnel del Támesis, Londres, Inglaterra.

Los Brunel iniciaron las obras en marzo de 1825, abriendo un pozo en Rotherhithe, donde instalaron el blindaje del túnel. El progreso fue más lento de lo que se había esperado, debido en parte a dificultades del terreno, por culpa de las cuales el trabajo se desarrollaba en condiciones muy perjudiciales para la salud. Se produjeron, además, dos inundaciones, la segunda de las cuales estuvo a punto de acabar con la vida del joven Brunel, que obligaron a interrumpir las obras por falta de fondos. Un crédito del gobierno permitió reanudarlas al cabo de siete años.

Para entonces, Marc Brunel había perfeccionado el diseño del blindaje y consiguió que el túnel llegara a Wapping en 1843. Pronto se convirtió en una atracción turística, local para exposiciones de arte y mercados, y paso de peatones para cruzar el río. Su elevado coste y reducidos beneficios obligaron a la empresa a vendérselo en 1865 a la compañía ferroviaria East London Railway, que lo adaptó para el paso de trenes de vapor. En la actualidad, los túneles gemelos todavía son recorridos por trenes eléctricos subterráneos.

Metro de Moscú, Rusia, CEI.
Moscú posee el tercer sistema de ferrocarril metropolitano más grande del mundo, con una longitud total de 212 kilómetros. La primera sección, construida por el método de abrir y cubrir, se inauguró en 1935. Las obras se realizaron prácticamente sólo con pico y pala, bajo la dirección del futuro líder soviético Nikita Kruschev. Durante la segunda guerra mundial, los 25 kilómetros de líneas ya terminadas se utilizaron como refugio antiaéreo, lo mismo que el metro de Londres. Las obras de construcción continuaron durante la guerra, y el primer túnel profundo se inauguró en 1943. Posteriormente, se han construido líneas a profundidades de 30 a 48 metros, superiores a las de los túneles más profundos del metro de Londres.

METRO EN RUSIA

El metro de Moscú tiene fama por la opulencia de algunas de sus estaciones y por lo espacioso de éstas; algunas están decoradas con mármol, molduras de escayola, lámparas colgantes y murales. A pesar de ser el sistema con más pasajeros del mundo —unos 2.500 millones al año—, puede que sea el más limpio: es raro ver en él basura o pintadas.


CONSTRUCCIONES ASTRONÓMICAS
Europa: Telescopio William Herschel, La Palma, Islas Canarias, España.

Instalado por encima de las nubes, a más de 2.400 metros de altitud en la isla volcánica de La Palma, este telescopio de espejo único es el tercero más grande del mundo, y el más potente. Su nombre rinde homenaje al famoso astrónomo del siglo XVIII. Se trata de un telescopio de altazimut, controlado mediante miniordenadores y atendido y sostenido por 10.000 toneladas de equipo. Su construcción duró doce años y terminó en 1987.

TELESCOPIO EN CANARIAS, HERSCHEL


El espejo, de 17 toneladas y 4,5 metros de diámetro, está hecho de cristal cerámico especial, no dilatable, pulido con una precisión de una diezmilésima de milímetro y revestido de una película de aluminio que pesa medio gramo. El telescopio es tan sensible que podría detectar la llama de una vela a 160.000 kilómetros de distancia, y se utiliza para captar fotones —partículas de luz—, desviándolos hacia una multitud de aparatos detectores, que proporcionan a los astrónomos información sobre objetos espaciales increíblemente lejanos.

El más importante de estos instrumentos es el espectrógrafo, que descompone la luz en sus diversos colores; por la desviación de la franja de color hacia uno u otro extremo del espectro, los astrónomos pueden saber si una estrella se está acercando a la Tierra o alejándose de ella.