Grecia contra Persia

Magna Grecia La Colonizacion Griega

Magna Grecia: La Colonizacion Griega

LA COLONIZACIÓN GRIEGA: Al principio no habían habitado los griegos más que Grecia y las islas del mar Egeo. Luego, desde el siglo IX al V, colonos salidos de diversas ciudades griegas fueron a fundar nuevas poblaciones de todos los países a donde pudieron llegar por mar y establecerse.

No se formaban estas colonias, como las de los europeos de nuestra época, poco a poco y por la llegada sucesiva de gentes venidas una a una de distintos puntos. Un grupo de colonos partía todo él y a la vez, con su jefe, como el enjambre que sale completo de la colmena con su reina.

Comunmente eran gentes de la misma ciudad, que se llamaba la «ciudad madre» o metrópoli. Iba al frente una personalidad de familia principalísima, que se creía especialmente amado de los dioses.

Llevaba fuego recogido en el altar sagrado de la metrópoli y conducía a los colonos a un sitio considerado favorable (con frecuencia había sido designado por un oráculo).

Llegado al sitio donde había de establecerse, verificaba una ceremonia religiosa para captarse la buena voluntad de los dioses y fundaba un lugar sagrado que encendía con el fuego llevado de la metrópoli. Era lo que se llamaba fundar una colonia.

El que había realizado la ceremonia era el fundador y tenía carácter sagrado. Después de muerto, la colonia le erigía un santuario y le tributaba culto como a un héroe.

La colonia era una ciudad independiente en absoluto. Pero, por lo común, continuaba en relaciones religiosas con la metrópoli y enviaba delegados para que asistieran a las fiestas sagradas de la misma.

Hubo colonias griegas en casi todas las costas del Mediterráneo, desde España hasta los confines del mar Negro.

Las había en Asia, en Tracia, en la costa» oriental del Adriático, en Sicilia, en toda la Italia meridional, en las costas de la Galia y España.

Algunas se hicieron más pobladas, más ricas, más poderosas que ningún Estado de Grecia. Pero los habitantes se acordaban siempre de que sus antepasados habían venido de una comarca de la antigua Grecia.

Por lo común, sabían también el nombre del ciudadano de aquel país que había conducido a los primeros colonos y celebrado las ceremonias religiosas el día de la fundación de su ciudad.

LA MAGNA GRECIA: La colonia griega más antigua de Italia era una ciudad de la costa occidental, la más alejada de Grecia.

Colonos de la isla de Eubea habían venido desde muy antiguo a establecerse en una de las islas llamadas entonces Pitecusas o isla de los monos, frente a la bahía de Nápoles.

Luego pasaron al continente y fundaron una ciudad sobre un roca volcánica de 100 metros de altura, por tres lados cortada a pico sobre el mar. Desde allí arriba se veían a lo lejos todos los barcos que pasaban.

La colonia se llamó Cumas, procedente del nombre de una ciudad de Eubea que fue destruida muy pronto.

En ella se erigió un templo a Apolo con un ídolo de madera, de cerca de cinco metros de alto.

Magna Grecia Mapa
Mapa de Algunas de las Mas Importantes Colonias de Grecia en Italia

Los comerciantes de Cumas vendían a los griegos los trigos del país, a los habitantes de éste los vasos fabricados en Grecia. Las tumbas antiguas que se descubren en nuestros días en esta región contienen casi todas vasos greigos.

En este país volcánico, una de las mejores tierras del trigo del mundo antiguo, ios habitantes de Cumas fundaron en la costa a Nápoles.

En la parte meridional de Italia, del lado que mira a Grecia, los colonos griegos no fueron a establecerse sino después de fundadas las primeras colonias de Sicilia.

Por el año 720 (a.C.) llegaron los primeros colonos. Se establecieron en una gran llanura pantanosa, malsana, pero muy fértil. La ciudad, edificada entre dos ríos, se llamó Sibarís.

Adquirió todo el territorio entre los dos mares, y según se dice, gobernó sobre 25 ciudades y cuatro pueblos indígenas.

Envió colonias al Norte, lejos, la más conocida de las cuales fue Posidonia (más tarde Paestum), donde se ven todavía en pie, cerca del mar, las columnatas de dos templos. Su vasto territorio producía en abundancia trigo, vino, aceite y lino.

Sibaris tenía puertos en los dos mares y dominaba el camino que conducía de uno a otro. Los mercaderes de Mileto, en vez de atravesar el estrecho entre Italia y Sicilia, iban a desembarcar a la costa oriental del terri torio de Sibaris los paños destinados a Italia.

Eran transportados por tierra hasta la otra costa, donde los comerciantes etruscos los embarcaban para la Italia del Norte.

Sibaris llegó a ser la ciudad más rica y poderosa de todas las ciudades griegas. Sus murallas tenían más de ocho kilómetros de circuito. En las grandes fiestas figuraban 5.000 jinetes vestidos con lana fina de Mileto, montados en caballos ligeros y bien enseñados.

La riqueza de los sibaritas se hizo proverbial y también su molicie. Se jactaban de evitar toda fatiga. Sibarita ha quedado como sinónimo de refinado.

Para que no les molestase el ruido, los sibaritas no dejaban que se establecieran en sus ciudades herreros ni caldereros, ni permitían siquiera tener gallos.

En verano, cuando se iban al campo huyendo del calor, hacían que les llevaran en carros y tan despacio, que tardaban tres días, en lo que hubieran podido andar en una jornada.

La ciudad concedía una corona de oro al ciudadano que hubiera dado mejores comidas y recompensas a los cocineros que habían preparado los mejores platos.

Los niños Iban vestidos con túnicas de púrpura, el pelo le llevaban rizado y sujeto con cintas de oro. En las ceremonias, los jinetes llevaban encima de la coraza manto amarillo con franjas.

Pocos años después de la fundación de Sibaris, otra banda de aqueos fundó más al Sur la ciudad de Crotona.

Se alzaba a orillas del mar al pie de un promontorio rocoso sobre el que se destacaba un templo de Hera (Laciniana), al que acudían en peregrinación griegos de toda Italia.

Fuente Consultada: Tomo I Historia Antigua – Enciclopedia Historia Universal ILustrada de Charles Seignobos – Editorial Publinter Bs.As.

Epoca Arcaica Vida y Costumbres en Grecia Antigua

Epoca Arcaica Vida y Costumbres de los Griegos

COSTUMBRES DE LOS GRIEGOS EN TIEMPO DE HOMERO: Las aventuras de los héroes griegos, Aquiles, Agamenón, Ulises, referidas en los poemas homéricos, son leyendas, y no tenemos medio alguno de comprobar la parte de verdad que pueda haber en estos relatos.

Pero la iliada y la Odisea nos permiten al menos ver cómo vivían los griegos de los tiempos antiguos.

Los griegos vivían en casas muy sencillas, algunas aisladas en el campo, la mayor parte agrupadas de modo que formaban pequeñas ciudades rodeadas de murallas.

vida en grecia

Aun en estas ciudades, no había nada masque propietarios o labradores. Poseían en los alrededores campos que eran labrados con arados pequeños y sin ruedas, y sembraban trigo y cebada. Tenían también viñas que les daban un vino muy rico en alcohol.

En las praderas y en los pastos de las montañas pacían grandes rebaños de bueyes, de carneros, de cabras, guardados por pastores que dormían al aire libre.

En aquel tiempo el propietario más importante de la comarca era el rey. El conducía el pueblo a la guerra y presidía las asambleas.

Se le respetaba como a personaje sagrado y era obedecido, porque se pensaba que descendía de un héroe y que Zeus mismo le había trasmitido su poder. Pero había otros grandes propietarios, los príncipes, que eran casi tan respetados como el rey.

Cuando había que tomar una resolución que interesaba al pueblo, el rey invitaba a los príncipes a un banquete. Se comía y se bebía, luego se deliberaba.

Después de esto, el rey mandaba convocar a los habitantes en la plaza pública. Se presentaba en persona, llevando en la mano un bastón encorvado, el cetro.

Explicaba a la asamblea lo que se había resuelto. Uno de los príncipes tomaba la palabra, y el heraldo le pasaba entonces el cetro. Los asistentes aprobaban con aclamaciones. Si lo decidido no les parecía bien, permanecían silenciosos.

Los príncipes se reunían asimismo para sentenciar las causas. Se sentaban en piedras pulimentadas colocadas en círculo, el rey presidía el tribunal y dictaba sentencia.

La vida de aquellos reyes y de aquellos príncipes era muy sencilla. Iban vestidos con larga túnica de lino y un gran trozo de tela de lana puesto en forma de manto.

Calzaban sandalias y comunmente llevaban la cabeza descubierta. Sus mujeres no llevaban más que larga túnica de lana o de hilo, sostenida por ancho cinturón y, a veces, un velo de tela fina a la cabeza.

El palacio de un rey como Ulises se componía de edificaciones dispuestas alrededor de una especie de patio de casa de labor en que había montones de estiércol.

Frente a la puerta de entrada, al otro lado del patio, estaba la casa principal que servía de punto de reunión. El centro de la sala estaba ocupado por el hogar donde ardía un fuego que jamás se dejaba extinguir.

No había chimenea y el humo se escapaba por el techo. No había ventanas y la luz entraba por aberturas dispuestas en lo alto. De noche, la sata no estaba alumbrada más que por la llama del hogar o por receptáculos llenos de madera resinosa.

A guisa de antorchas, no se usaban más que pedazos de esta misma madera, que dan una llama vacilante acompañada de humo espeso. Las otras habitaciones no eran más que celdas mal iluminadas, casi sin muebles, sólo utilizadas para dormir.

Las mujeres vivían en departamentos completamente separados, donde los hombres no entraban. La esposa del rey pasaba los días rodeada de sus sirvientes, cuya principal ocupación era hilar la lana y tejer las telas con que se hacían los vestidos.

Ella misma se ocupaba en tejer y bordar. La Odisea representa a Nausicáa, la hija del rey de los feacios, yendo al río a lavar la ropa de la casa. Los reyes y los príncipes se dedicaban también a labores manuales.

Ulises se había hecho su cama, y, al volver, halla a su padre Laertes vestido con túnica remendada y polainas, a la cabeza un gorro viejo de piel, ocupado en sacar el cepellón de un árbol.

Las fiestas más =;andes eran los banquetes. Aquel día el rey degollaba, ante el altar de un dios, bueyes o carneros. Se ponían aparte las entrañas, la grasa y los huesos que en honor del dios se consumían en el ara. Se asaba la carne con sal, y luego los invitados se sentaban.

Llevábanles pan, queso y trozos de carne que comían sirviéndose de las manos, y se les daba para beber una mezcla de agua y vino preparada en grandes vasos.

Pan y carne, en esto consistían las comidas de los reyes. La familia era a modo de un pequeño reino en que el padre era dueño.

El varón que quería casarse se dirigía al padre de la joven elegida y le ofrecía a cambio de su hija cierto número de bueyes. La moneda no existía aún, en lugar de dinero, se daban cabezas de ganado.

El padre era el encargado de resolver, la hija no tenía derecho a negarse. Cuando los dos hombres se habían puesto de acuerdo, se celebraba el casamiento. El marido venía con lucido cortejo a buscar a su mujer a casa del padre y la llevaba a la suya.

La mujer casada era dueña en la casa, ocupaba en la sala principal un asiente alto al lado del de su marido.

Dirigía a las sirvientas y les distribuía el trabajo. Pero había de obedecer y mantenerse en su puesto.

En la Odisea, cuando Penélope quiere manifestar su opinión, su hijo Telémaco le dice: «Vuelve a tus habitaciones, ocúpate de las labores, del huso, de la tela, haz que tus sirvientas terminen su trabajo, porque esas son las ocupaciones que convienen a las mujeres».

Las jóvenes permanecían en casa al lado de sus madres. No obstante, no estaban encerradas y podían salir y llevar el rostro tapado con el velo.

La iliada cuenta prolijamente los combates habidos bajo los muros de Troya. Se ve cómo iban armados los guerreros griegos y cómo combatían.

Cada individuo se equipaba a sus expensas como le parecía. Los más ricos tenían caballo o carro de guerra, los demás combatían a pie.

El guerrero griego trataba de preservarse todo lo posible de las heridas. Para defender la cabeza llevaba casco de bronce que le tapaba la frente, las sienes, los carrillos, de modo que no dejaba al descubierto más que los ojos y la barbilla.

El casco se sujetaba debajo de la barbilla con una correa.Coronábalo la cimera que flotaba al viento y tenía por objeto asustar al enemigo. Para defender las piernas, el guerrero llevaba largas perñeras guarnecidas de metal, que llegaban desde la rodilla al tobillo.

Para protección del cuerpo, cubríase con una coraza hecha con dos láminas de bronce, una a la espalda, otra sobre el pecho, tan amplia que podía meterse todo el cuerpo dentro para evitar una herida, tan larga que cubría el vientre, tan rígida que era preciso ponerse las perneras antes de revestirla, porque después hubiera sido imposible bajarse.

Y para parai los golpes, el guerrero disponía de un escudo hecho con varias pieles de buey muy apretadas y guarnecidas de bronce, con una correa para echárselo al hombro y una abrazadera para tenerlo en la mano durante el combate. Había escudos de dos tamaños, alcanzando los mayores desde la barbilla al tobillo.

La mayor parte de los guerreros iban armados con espada y lanza. La espada era de bronce, bastante larga, de dos filos.

Se sujetaba al lado izquierdo con una correa suspendida del hombro derecho. La lanza era de madera de fresno, terminada por un lado en una punta de bronce para herir al enemigo y por el lado del mango en otra punta que servía para clavarla en tierra. Era muy larga, a veces tenía cinco metros.

Los reyes y los jefes tenían armas más fuertes que los demás. Por lo común iban hacia el lugar del combate en carro guiado por un cochero. Este carro, muy ligero, de dos ruedas, era tirado por dos caballos atalajados con correas.

Unas veces combatía el jefe desde el carro, otras se bajaba para combatir a pie con otro jefe. En ocasiones, antes de combatir, se injuriaban.

Con frecuencia, cuando uno de los jefes había resultado muerto, sus guerreros huían, y el jefe vencedor se lanzaba a perseguirlos en su carro, degollando a los que alcanzaba.

Por lo demás se combatía desordenadamente, sin dirección, cada uno de por sí.

Fuente Consultada: Tomo I Historia Antigua – Enciclopedia Historia Universal ILustrada de Charles Seignobos – Editorial Publinter Bs.As.

Biografia de Leonidas Rey de Esparta

Biografia de Leonidas

Cuando cayó en las Termopilas, al frente de un puñado de valientes, para mantenerse en su puesto de honor ante el continuo alud de los bárbaros, escribió Leónidas una de las páginas más sublimes de la Historia, cuya fama pregonaron y pregonarán todas las Edades.

leonidas

Leónidas I fue rey de Esparta. Encontró la muerte en 480 a. C., durante la Segunda Guerra Médica, en la defensa de las Termópilas, bloqueando el avance del ejército persa de Jerjes I

Prototipo de la acción heroica, que implica sacrificio de la vida en el altar de la Patria, su nombre preside, por derecho propio, la lista de los bravos que en todas las naciones de Europa han merecido una distinción semejante por su gallardía y su arrojo sobrehumanos.

Es inútil que la crítica ultramoderna trate de minimizar su figura con el microscopio de su escasa visión humana; para la Historia, como para la leyenda, Leónidas será el esforzado defensor de las Termopilas en una situación sin éxito posible, y, más que nada, un ejemplo moral altísimo para la Grecia de aquellos días y para todos los tiempos.

Ciñó la corona de Esparta hacia el año 489 ó 488. Descendía de la estirpe de los Agidas, y fue su padre Anaxandridas, que rigió aquella ciudad hasta 520 aproximadamente.

Su hermanastro, Cleomenes I, gobernó durante treinta años. A su muerte le sucedió Leónidas, quien contrajo matrimonio con Gorgo, la hija de aquel príncipe. Poca cosa se sabe de su política y de su vida, con excepción de lo que se relaciona con la batalla de las Termopilas.

La amenaza que se cernía desde hacía tiempo sobre la cabeza de los griegos a causa de la política imperialista de los persas en el mar Egeo, se tradujo en la primavera del año 480 en la invasión ordenada y dirigida por Jerjes, sucesor de Darío I.

Ante el ataque de este formidable ejército, los confederados helénicos decidieron defender el angosto paso de las Termopilas, a fin de dar tiempo a que se congregara el grueso de sus fuerzas. Leónidas fue el encargado de dirigir la resistencia en tal lugar, apoyado desde el mar por una flota ateniense.

A fines de julio, había establecido allí sus posiciones, con unos 300 espartanos, unos 3.500 hoplitas del Peloponeso y un millar de aliados tebanos y tespios, número muy reducido en comparación con las fuerzas persas de Jerjes, que en todo momento fueron de cinco a diez veces superiores.

No obstante, durante tres días no pudieron quebrantar la resistencia de los helenos; hasta que, emprendiendo un movimiento envolvente por los senderos de la montaña, que los foceos, encargados de su vigilancia, casi desguarnecieron, cayeron sobre la retaguardia de Leónidas.

Las tropas de éste desertaron en masa, a excepción de los espartanos, los cuales, agrupados alrededor de su monarca, combatieron hasta el último instante para hacerse dignos del nombre que llevaban y de la libertad de su patria.

En la acción perecieron todos, y con ellos Leónidas, cuyo acto de valor, estimulando a sus hermanos de raza, precedió las victorias de Salamina y Platea.

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Biografia Hieron II de Siracusa

Biografia Hieron II de Siracusa

La figura de Hierón II, uno de los últimos tiranos de Siracusa, se sitúa en uno de los momentos más importantes de la historia de Sicilia y de la pugna general entre los pueblos itálicos y los africanos u orientales por el dominio de las aguas del Mediterráneo.

Cabe recordar aquí los hechos de su homónimo y predecesor en el gobierno de Siracusa, Hierón I (478-467), el cual, aprovechando el famoso triunfo obtenido por su hermano Gelón sobre los cartagineses en Himera (480), logró restaurar el poder de Siracusa, salvar a los griegos de la Campania de la amenaza etrusca y acabar con la hegemonía de Etruria en aguas del Mediterráneo (batalla de Cumas, 474).

hieron de siracusa

Pero así como Hierón I representa un instante álgido de la vida de la Magna Grecia, Hierón II vive en una época de decadencia y transición, en un puente tendido desde la amenaza de ocupación cartaginesa de la isla a la efectiva incorporación de Sicilia al Estado romano.

Es el hombre de la primera guerra púnica, el contemporáneo de la lucha entre Roma y Cártago por la isla del trigo.

Hijo ilegítimo de un aristócrata siracusano, denominado Hierocles, quien se reputaba descendiente del vencedor de Himera, Hierón demostró muy pronto sus excepcionales dotes de organizador y guerrero.

Todavía en plena juventud, pues acababa de cumplir veinte años, mereció la confianza del pueblo y del ejército siracusano, quienes lo elevaron a la dignidad de comandante en jefe de aquellas armas (275).

En efecto, habíase distinguido sirviendo a las órdenes de Pirro de Epiro, cuando este caudillo pasó a Sicilia para reclamar la herencia de su suegro Agatocles, tirano de Siracusa, asesinado en 289.

Las campañas de Pirro en Sicilia (279-276) habíanse caracterizado por los rasgos habituales en el epirota: grandes victorias sin resultados prácticos. Al abandonar la isla, Pirro dejaba desamparados a los de Siracusa, en particular frente a los mamertinos de Sicilia, sus odiados rivales.

En tan apurado trance, Hierón reveló sus altas dotes militares. Al cabo de algunas operaciones, conducidas con mano maestra, el joven general siracusano logró deshacer a los ma-mertinos en la disputada batalla de Mylae (271).

Este triunfo le habría proporcionado la conquista de Mesina, si los cartagineses no se hubieran opuesto al excesivo engrandecimiento de Siracusa. No obstante, el éxito fue recompensado debidamente, ya que el pueblo siracusano confirió a Hierón el título de rey.

Desde entonces gobernó con generosidad, tacto y suma prudencia, a pesar de las dificultades y complicaciones de la situación internacional. Roma acababa de conquistar Tarento (272) y se aproximaba a Sicilia con la ocupación de Reggio.

Los cartagineses contra-restaban la ofensiva romana apoderándose de la ciudadela de Mesina, llave de la isla frente a Italia. Esto bastaba para provocar la lucha entre el elefante romano y la ballena cartaginesa, cuyos antagonismos procedían de una discrepancia secular en el Mediterráneo.

En la primera fase de la contienda, que se inició en 264, Hierón fue aliado de los cartagineses, sus amigos recientes, a causa de la mutua animadversión contra los mamertinos de Sicilia. Sus tropas participaron en el asedio de Mesina, que fue levantado por el cónsul Apio Claudio.

Entonces, Hierón tuvo que refugiarse en Siracusa, en donde tomó la resolución de abandonar la causa de Cartago por la de Roma. Su sagacidad política no le engañaba en la previsión de quién sería el futuro vencedor.

Así pues, firmó un tratado de alianza con Roma, por el que esta potencia le reservaba su dominio en el ángulo sudoriental de Sicilia y en la costa oriental hasta Tauromenio (263).

Desde entonces fue un fiel aliado de Roma, a cuyos ejércitos ayudó con material y abastecimientos. En la paz de 241, que confirmaba la victoria obtenida por Roma en la primera guerra púnica, se hacía constar explícitamente que los cartagineses no harían la guerra a Hierón y que respetarían las posesiones del reino siracusano.

Hasta su muerte, Hierón rigió pacíficamente los destinos de Siracusa. Dio a sus Estados gran prosperidad material, que ha sido cantada por el gran poeta Teócrito.

Reforzó la marina de guerra e impulsó los trabajos de Arquímedes para la construcción de aparatos y reductos defensivos. ¿Temía una próxima agresión de Roma? . No es probable, aunque después de su muerte, acaecida en 216, las imprudencias de sus sucesores la hicieron inevitable. Siracusa cayó en poder de Roma en 212, después de un asedio memorable.

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OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Juan Knox
Biografia de Lutero
Biografia de Calvino
Biografia de Pirro de Piro
Biografia de Epicuro
Biografia de Aristofanes
Biografia de Tucidides
Biografia de Juliano El Apostata

Batalla de Maraton Grecia Contra Persia Rey Dario y Milcíades

Batalla de Maratón-Grecia Contra Los Persas

El plan del rey persa Darío exigía el desembarco en la llanura de Maratón con 20.000 hombres para vencer a las ciudades-estado griegas, habiendo antes organizado un asalto contra la misma Atenas.

Su poderosa infantería, caballería y arqueros tuvieron éxito y adoptaron posiciones defensivas esperando un ataque del ejército ateniense que tenía 10.000 soldados, casi todos de infantería.

Cuando el ejército persa desembarcó en Maratón, los atenienses, que no querían dejarse sitiar, fueron a acampar frente al enemigo.

Iban armados a la manera espartana, como hoplitas, es decir, con casco, coraza y perneras. Combatían a pie, en filas apretadas, la lanza por delante, el cuerpo resguardado por los escudos. Los guerreros de la pequeña ciudad de Platea, vecinos y aliados de los atenienses, vinieron a unírseles.

batallas guerras medicas

Los atenienses permanecieron varios días acampados cerca del santuario de Hércules, en un valle estrecho, que interceptaban por entero, apoyándose a uno y otro lado en las laderas de las montañas que impedían al enemigo rodearles.

Los estrategas estaban muy ¡ndecidos. Milciades  decidió el ataque. Los estrategas ofrecieron a Milciades cederle el mando. Aceptó, pero esperó para combatir el día que le llegase el turno.

Cuando así fue, los guerreros atenienses se alinearon en batalla, agrupados por tribus, de modo que presentaban una línea continua de lanzas y escudos. Las filas, colocadas una detrás de otra, eran mucho más numerosas en las dos alas que en el centro. El ala derecha llegaba casi a la orilla del mar.

Los persas se habían alineado enfrente, poniendo en el centro sus mejores tropas, pero no estaban armados más que con arco y espada, y su caballería quedaba detrás.

VEAMOS LA HISTORIA DE LA BATALLA:

El imperio persa era inmenso y todos los pueblos sometidos a el tuvieron que contribuir con tropas.

Grecia no solo era pequeña sino que también estaba dividida por su orgulloso sentido de independencia; sus habitantes creían en la individualidad y derechos del hombre, mientras que el rey persa era un déspota oriental con poder absoluto sobre sus súbditos.

Batalla de Maraton Grecia contra Persia RMandado por Mardonio, el ejército persa avanzó incontenible hacia Europa llegando a las fronteras de Macedonia.

Las ciudades griegas fueron invitadas a rendirse pero rechazaron el ofrecimiento.

En el año 491 a. de J.C., Atenas y Eretria sabían que se preparaba un ataque frontal a través del Egeo, y ante ese peligro, Atenas y Esparta unificaron fuerzas contando con el inapreciable consejo de Milcíades, que conocía bien la táctica de guerra persa.

Darío desembarcó con su flota en Eubea y conquistó, Eretria.

A continuación tomó tierrael grueso de la fuerza persa de unos 25.000 hombres, cerca de la llanura de Maratón.

Atenas envió inmediatamente a su infantería pesada de hoplitas para que ocupara las colinas desde las que se dominaba la zona de desembarco.

Apenas había 10.000 atenienses ayudados por un millar de hombres de Platea, y Filípides, el famoso mensajero, partió hacia Esparta para advertirles de la invasión, tras de lo cual los espartanos acudieron en auxilio de Atenas sin que pudieran llegar a tiempo.

Los griegos, dirigidos por Milcíades, atacaron al amanecer con una fuerza que había concentrado hombres en las alas debilitando el centro para que cuando los dos ejércitos chocaran se produjera un movimiento de pinza que encerrara a la fuerza persa. Los griegos, mejor armados, infligieron un terrible castigo a los persas, sin que apenas sufrieran pérdidas ellos mismos.

Sin embargo, los persas supervivientes embarcaron en sus naves y se dirigieron a Atenas con la esperanza de vengarse en la ciudad indefensa; los atenienses emprendieron veloz marcha hacia la ciudad, a la que llegaron antes que la flota persa, lo que persuadió a ésta de abandonar la empresa.

El comandante ateniense, Milciades, se tomó su tiempo, taló árboles y los arrastró hacia adelante para poner obstáculos en la milla de distancia que separaba a ambos ejércitos.

Al escuchar que las tropas enemigas habían abandonado la escena temporalmente, presumiblemente para proveer de agua a sus caballos en los manantiales del norte, Milciades aprovechó la oportunidad.

Descartó el método tradicional de falange usado por los griegos -un acercamiento lento y deliberado— y ordenó cargar sobre los que quedaban. Tomaron a los arqueros persas completamente por sorpresa, y sus flechas de gran alcance cayeron inofensivamente detrás de ellos.

La victoria fue total para los griegos. Perdieron sólo 192 hombre que fueron enterrados en la Llanura de Maratón. El entierro fue contrario a la costumbre usual, ya que los restos de los hombre que caían por su país eran llevados a Atenas para ser depositado  en el sepulcro Cerameico.

En Maratón, sin embargo, la victoria fue considerada tan importante que se honró a los muertos enterrándolos en el campo de batalla.

Siguió una difícil tregua de diez años durante los cuales Darío preparó la invasión en gran escala. Mientras tanto los griegos habían descubierto un yacimiento de plata en Larium, lo que había saneada la tesorería y permitido a Temístocles persuadir a los atenienses de que lo invirtieran en ampliar la flota.

Los espartanos fortificaron el istmo para defender el sur del país. Darío murió poco después, pero su sucesor Jerjes inició implacable el avance terrestre hacia Grecia.

Esparta convocó a capítulo a todas las ciudades y recibió el mando por tierra y mar. Los espartanos eligieron el desfiladero de las Termópilas para dar la primera batalla, y allí detuvieron a los persas durante dos días hasta que se quebró el equilibrio cuando el traidor Efialtes condujo a los inmortales del rey persa por un camino secreto hasta la retaguardia griega.

Leónidas envió al grueso de su fuerza en retirada pero permaneció con trescientos soldados para batirse en una acción gloriosa en la que él y todos sus hombres murieron.

Pese al heroísmo espartano, los persas siguieron avanzando hacia Atenas por tierra y mar.

Por tierra no cabía la esperanza de detenerles, y tras un amargo debate Atenas tomó una decisión desesperada: abandonar la ciudad al enemigo y fiar sólo en la flota.

Las personas de edad, las mujeres y los niños fueron evacuados a las islas próximas y se convirtieron en angustiados testigos de la destrucción de su amada Atenas. Los hombres embarcaron en la flota y presentaron combate.

Por su táctica y su superior capacidad marinera, los griegos destruyeron el poder naval persa en la batalla de Salamina, y la flota enemiga, debilitada por la enfermedad y el hambre, tuvo que retirarse.

Al año siguiente los persas lanzaron su última ofensiva, pero fueron totalmente derrotados por Esparta en Platea.

Atenas había jugado el papel principal en la victoria en Maratón y Salamina, y por ello se equiparaba a Esparta sin renunciar a mayores metas.

El sistema político ateniense era ya el más perfecto de Grecia por la labor de dos grandes estadistas como eran Solón y Pisístrato. A partir de entonces, y bajo el deslumbrante gobierno de Periclés (490-429 a. de J.C.), Atenas iba a alcanzar el cenit de su gloria.

Pendes había nacido en el seno de una pudiente familia ateniense.

Sus primeros triunfos tuvieron un carácter político. Incrementó la participación de los ciudadanos en el gobierno y aceptó la amenaza que implicaba la rivalidad de Esparta.

No fueron, sin embargo, los espartanos los que hicieron que se tambalease la obra de Pendes: poco después de empezar la guerra del Peloponeso una plaga de peste asoló Atenas y fue precisamente el político ateniense una de sus víctimas.

Ver: Otras Batallas en las Guerras Medicas

Fuente Consultada: Historia Sin Fronteras – Historia Antigua – Tomo I