Hacia Un Nuevo Modelo Social Del Siglo XXI

La Liberacion de la Mujer en el Siglo XX Rol de la Mujer Actual

La Liberación de la Mujer en el Siglo XX
Rol de la Mujer en la Actualidad

«La mujer motoriza los cambios en la familia»: «En las últimas décadas se verificaron cambios fundamentales en las mujeres. Hubo un aumento explosivo de la matricula secundaria y universitaria (también en carreras como ingeniería, por ejemplo, tradicionalmente destinadas a los hombres). Las mujeres pasamos, en los últimos veinte años, de representar algo menos del 40% al 52% en la matrícula universitaria. A eso hay que agregar un cambio feroz: el incremento enorme de la participación de la mujer en el mercado de trabajo.

Para el hombre, el trabajo no está tan asociado a los cambios en su vida familiar. Los hombres no ingresan o salen del mercado según tengan o no hijos, según sea su cantidad, según estén casados o solteros. Los varones están destinados «naturalmente» al mercado de trabajo, lo que no quieren decir que estén plenamente ocupados. En las mujeres, lo típico era entrar antes del casamiento, salir ante el nacimiento del primer hijo y volver -o no-cuando los chicos ya estaban criados.

Solamente las mujeres con una gran formación profesional se quedaban en el mercado. Lo que está pasando ahora -se tenga poca, mediana o mucha educación- es que todas se están quedando, cualquiera sea su situación familiar. Este cambio tiene que reflejarse a mediano plazo en una nueva dinámica familiar y, específicamente, en la pareja.

Yo creo que esa entrada masiva es solo, parcialmente, una respuesta al quiebre económico. Hubo otros cambios muy fuertes de valores personales y de formas de ver el mundo. E, incluso, esas nuevas pautas culturales fueron más decisivas que los motivos económicos.»

Entrevista a la socióloga Catalina Wainerman. Clarín, 23 de octubre de 1994.

mujer en el siglo xx

Como consecuencia de los cambios producidos por la Revolución Industrial a lo largo del siglo XIX, las mujeres irrumpieron como trabajadoras asalariadas en la industria y en los servicios.

La ruptura de la vieja familia agraria, en la que cada uno tenía su ocupación en la unidad económica familiar, dio origen a una nueva escena familiar de la clase trabajadora en la que el salario de la mujer —y el de los niños— era indispensable para el sustento familiar.

 Pero a partir de mediados del siglo XX esta situación se generalizó, ya no sólo entre los trabajadores, sino entre las clases medias y altas, y especialmente entre las mujeres casadas de estos grupos, que con anterioridad se limitaban al trabajo doméstico y al cuidado de los hijos.

Rol Femenino en la Sociedad Actual Las Mujeres del Tercer Mundo LuchaEl masivo acceso de las mujeres a la enseñanza superior que se produjo tras la Segunda Guerra Mundial permitió, poco a poco, la ocupación de cargos de responsabilidad que esta formación posibilitaba. En la actualidad, chicos y chicas acceden por igual a los estudios en el mundo desarrollado.

La combinación de independencia económica y acceso a la formación superior dio extraordinaria relevancia y auge a los movimientos feministas en tomo a los años 60.Desde la Revolución Francesa, y a lo largo del siglo XIX, sobre todo con el sufragismo, las mujeres habían reivindicado su derecho a gozar en pie de igualdad con los hombres de todos los derechos políticos, sociales y económicos.

La gran diferencia fue la amplitud que alcanzó en esta época una nueva conciencia del feminismo y del papel de la mujer. Se produjo un cambio revolucionario respecto a lo que esperan las mujeres de sí mismas y lo que el mundo espera de ellas en cuanto a su lugar en la sociedad.

El derecho a gozar de su sexualidad, a elegir tener o no tener hijos, a divorciarse, a permanecer soltera, a compartir las tareas domésticas, a rebelarse contra el mal trato, a optar a todos los puestos de trabajo o de decisión política, se convirtieron en demandas cada vez más generalizadas entre las poblaciones femeninas del mundo occidental.

Aunque algunas de estas aspiraciones —lo que esperaban las mujeres de sí mismas— fueron al principio planteamientos de las mujeres de clase media o alta, con el tiempo se generalizaron a todos los sectores sociales y acabaron siendo también asumidas por los medios de opinión y por los poderes públicos. Si en nuestros días no son todavía una realidad, sin duda son ya una fuerte aspiración.

Mientras, en el Tercer Mundo, las cosas eran relativamente diferentes. Para la inmensa mayoría de las mujeres pobres las cosas habían cambiado poco. La sumisión al padre o al marido, la reducción al ámbito de lo doméstico y el trabajo como una necesidad de supervivencia y no como una forma de emancipación, continuaban siendo generales. Ahora bien, también se han producido cambios.

En primer lugar, en todos los países, con escasas excepciones (fuerte integrismo islámico), una minoría de mujeres de la clase alta, educadas y acomodadas, han accedido a la vida pública y ha sido significativamente relevante el número de jefes de Estado femeninos en estos países (India, Pakistán, Sri Lanka, Filipinas, Nicaragua, Argentina…), aunque casi siempre como hijas o viudas de hombres famosos.

Por otro lado, en aquellos países en los que se desarrollaron regímenes de tipo socialista (Argelia, Cuba, Afganistán, Vietnam…), las mujeres conquistaron muchos derechos (acceso a la enseñanza, al mundo laboral, a la actividad política, etc.), aunque en la actualidad parte de estos avances se han eliminado con la caída de estos sistemas.

Por último, aquellos países que han tenido procesos de occidentalización presentan situaciones de mayor libertad de las mujeres y mayores conquistas feministas, mientras los más tradicionales o cerrados presentan todavía, incluso en las clases altas, una profunda subordinación de la mujer al hombre.

LA LIBERACIÓN DE LA MUJER EN EL SIGLO XX: A mediados del siglo XX, en Occidente la mujer alcanzó la igualdad legal con el hombre al obtener el pleno derecho al voto: en Francia e Italia lo obtuvo en 1945, en México en 1953 y en Suiza en 1971. Culminaba así una de las máximas aspiraciones del feminismo, cuya revitalización, después de la Segunda Guerra Mundial, coincidió con la publicación de El segundo sexo (1950), donde Simone de Beauvoir analizaba la condición de la mujer en la historia y mantenía que es posible la diferencia en la igualdad.

En los años sesenta, mientras el debate se centró en el nuevo papel que debe desempeñar la mujer, el feminismo reivindicó que la igualdad legal se aplicara realmente a la vida cotidiana. En los setenta, cénit del movimiento feminista, la ONU declaró el Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer y promovió programas antidiscriminatorios. Durante el último cuarto del siglo XX, el proceso de liberación se aceleró por distintas causas, como la aparición de la píldora anticonceptiva, que permitió desvincular la sexualidad de la función reproductiva.

Junto a ello, la generalizada incorporación de la mujer al trabajo remunerado fuera del hogar, y su progresivo acceso a la educación y a la cultura afianzó su autonomía. Pero este proceso sólo prosperó en las sociedades occidentales y con muchos matices.

En 1999, un informe de Naciones Unidas puso de manifiesto que el siglo se cerró con graves problemas por resolver: entre el 25% y el 50% de las mujeres del mundo sufren agresiones por parte de sus compañeros; el tráfico ilegal de mujeres y niñas para ser explotadas sexualmente genera un negocio anual superior a los 6.000 millones de dólares; y las mujeres trabajan muchas más horas pero están peor pagadas.

La redefinición del papel de la mujer trajo consigo una profunda reforma de la familia tradicional, del modelo de pareja y de las relaciones sexuales. La ampliación de los derechos individuales y de las minorías mostró también que la libertad de los homosexuales y su equiparación jurídica, en un proceso abierto que, desde los años noventa, abandera Europa.

En 1994, el Parlamento Europeo declaró la igualdad de derechos de los homosexuales e instó a los países miembros de la UE a atacar toda forma de discriminación. Holanda fue el primer país en permitir el matrimonio entre personas de un mismo sexo y en otorgarles los mismos derechos que a los heterosexuales, incluido el de adoptar niños. Otros países han modificado su legislación para equiparar a las parejas homosexuales en cuestiones de herencia, asistencia mutua o prestaciones sociales.

LA MUJER EN ARGENTINA: Después de diez años de gobierno democrático se ha extendido la idea de que la administración pública debe formular políticas que promuevan la igualdad de oportunidades entre ambos sexos. Entre 1983 y 1989, el gobierno aprobó convenios internacionales relacionados con la mujer.

Uno de ellos proponía la eliminación de toda forma de discriminación y otro reclamaba la igualdad de oportunidades y de trato entre trabajadoras y trabajadores. Se crearon también dos espacios para la mujer: la Dirección General de la Mujer, en e! marco del Ministerio de Relaciones Exteriores, y la, Subsecretaría de la Mujer, en e1 marco del Ministerio de Salud y Acción Social.

En 1991, se creó el Consejo Coordinador de Políticas Públicas para la Mujer como «ente articulador de las demandas sociales, al mismo tiempo que un impulsor de políticas destinadas a propender la igualdad de la mujer en la sociedad». Uno de los propósitos que tenía el Consejo era atender a la problemática global de la mujer y, por lo tanto, proponer modificaciones a todas las formas de discriminación en la educación, la salud, el empleo y la política.

En 1991, se sancionó la Ley de Cupos, que obliga a incluir un 30% de mujeres en las listas de todos los partidos. Esta ley fue apoyada por el Consejo Nacional de la Mujer y su sanción estuvo garantizada por la presión que ejercieron sobre los parlamentarios distintas agrupaciones de mujeres. El retorno de la democracia permitió también la sanción de una ley que, al mismo tiempo que posibilitaba el divorcio vincular, modificaba las disposiciones que subordinaban a la mujer, como por ejemplo, la obligación de fijar el mismo domicilio que el esposo o de usar el apellido de casada.

En cuanto a la filiación, el Código Civil establecía la protección total sólo de los hijos legítimos, es decir a los nacidos dentro del matrimonio. Por otro lado, la ley consideraba a los hijos «propiedad exclusiva del padre». Durante el segundo gobierno justicialista se suprimieron todas las clasificaciones anteriores (hijos incestuosos, adulterinos, sacrílegos) y se comenzó a llamarlos hijos matrimoniales y extramatrimoniales. Sin embargo, los nacidos fuera del matrimonio recibían en la sucesión de sus padres la mitad de los bienes que le correspondían a los hijos matrimoniales.

Durante el gobierno de Alfonsín, el Congreso sancionó una ley que puso fin a esta política discriminatoria ya que equiparaba los derechos de todos los hijos, nacidos dentro o fuera del matrimonio civil. Al mismo tiempo, se facultó al Estado para que investigara y procurara determinar la paternidad y el reconocimiento de los niños que estaban inscriptos como hijos de padre desconocido.

En cuanto a la patria potestad, el Código Civil la consideraba un derecho exclusivo del padre. Si bien a comienzos de la década del ’20 se introdujeron algunas reformas, recién durante el tercer gobierno justicialista, el Congreso sancionó la ley de la patria potestad indistinta, igualando así a la madre y al padre tanto en derechos como en obligaciones frente a sus hijos.

Esta ley, sin embargo, fue vetada por el Poder Ejecutivo. En 1985, el Congreso reformuló y sancionó la ley de ejercicio de la patria potestad que, desde ese momento, es compartida por e! padre y por la madre.

LECTURA COMPLEMENTARIA:
EL PAPEL DE LA MUJER,

en un nota de Alicia Moreau de Justo: «La Mujer en la Democracia»

En todos los períodos de opresión, el hogar es un centro de resistencia espiritual no igualado cuando existe en él comunidad de opiniones, creencias y afectos. Frente a un Estado que persigue y aterroriza, el hogar es una pequeña fortaleza. Ofrece el lugar seguro para la expansión de las ideas y sentimientos reprimidos por el temor y devuelve la confianza y la esperanza a los que han soportado persecuciones; depara ayuda y solidaridad en los peores trances, es el lugar donde los padres pueden trasmitir a sus hijos  sus ideas, sus convicciones o su fe y llega a ser como la imagen misma de la patria, de la que se puede gozar en el recogimiento, en el amparo afectivo, mientras, de puertas afuera, la violencia desencadenada espanta y destruye.

Esta fuerza invencible reside sobre todo en la mujer. Pero si ella es incapaz o indiferente, si no comprende el valor de las ideas por las cuales los hombres llegan hasta el sacrificio, esa pequeña fortaleza esté desmantelada.

De ahí que sea una necesidad cada vez más imperiosa el dar a la mujer un papel activo en la defensa de la democracia, para que ésta se convierta para ella en algo propio, incorporada a su personalidad misma y sea capaz de sentir, como ofensa personal, todo lo que a aquélla disminuye o altera.

Y decimos que esto es tanto más necesario cuanto que el Estado incorpora cada vez más la mujer a sus numerosos rodajes. Era y es funcionario civil y, aun como trabajadora independiente, está sometida a su influencia. Ahora la vemos en los países en guerra absorbida por ésta ya en el trabajo técnico, ya en los  servicios auxiliares. Uniformada, se la somete a la disciplina y a la organización militares. No sería pues difícil que, terminada la contienda, se estableciera el enrolamiento femenino igual al masculino, lo cual entregaría la población civil, por entero, al mundo militar, maniatada bajo el imperio de la disciplina.

Si en estas condiciones, la mujer carece además de derechos políticos, su situación será de servidumbre.

Alicia Moreau de Justo: «La mujer en la democracia» .

Fuente Consultada:
Historia Universal Tomo 18 Desarme y Nuevo Orden Mundial
Historia Argentina Secundario Luchilo-Paz-Romano

La Mujer en la Primera Guerra Mundial Efectos Sociales Modelo Social

 LA MUJER EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

La mujer, hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial, había estado relegada a las tareas domésticas, y su principal función consistía en acompañar al hombre en los compromisos sociales. En el campo laboral, la Revolución Industrial significó un retroceso, ya que antes las labores artesanales en las viviendas, llevaban a las mujeres a participar de la producción económica. La fábrica excluyó a la mujer, sobre todo a la casada, que quedó al cuidado de los niños y de la casa. Sólo algunas, mayoritariamente solteras, tenían acceso al trabajo como obreras, pero sus salarios eran más bajos que los de los hombres. 

Si la participación de la mujer en la primera guerra mundial (1914-1918) fue mayor que en todas las guerras anteriores, y se alistó en numerosas organizaciones femeninas auxiliares del esfuerzo bélico, en la segunda guerra mundial (1939-1945) superó enormemente, en todos sentidos, su ya notable hoja de servicios, y fue regimentada y utilizada en determinadas tareas y servicios auxiliares de guerra, en todos los países de ambos grupos beligerantes, para los que, antiguamente, no se la hubiera considerado con aptitud. (ver: feminismo)

La guerra total tuvo un importante impacto sobre la sociedad europea , el  mas visible fue que acabó con el desempleo. El desvío de millones de hombres del mercado de la mano de obra hacia los campos de batalla, combinado con la elevada demanda de productos bélicos ,dio como resultado trabajo para todo el que pudiese trabajar, y la mujer estaba dispuesta a ello.

La Primera Guerra Mundial creó nuevos papeles para la mujer. Al haber tantos hombres luchando en el frente, las mujeres fueron llamadas a asumir trabajos y responsabilidades que antes  no habían estado disponibles para ellas. Esto incluyó ciertos trabajos de oficina que sólo un pequeño número de mujeres había llevado a cabo con anterioridad. Por ejemplo, en Gran Bretaña el número  de  mujeres que trabajaban en los bancos aumentó de 9500 a casi  64.000 en el transcurso de la guerra, en tanto que el número de mujeres en el comercio se incrementó de medio millón a casi un millón.

En total 1.345.000 mujeres obtuvieron nuevos trabajos o sustituyeron a los  hombres durante la guerra. Asimismo, se las contrataba para trabajos que antes se consideraban más allá de su “capacidad”. Incluían ocupaciones como deshollinadoras, conductoras de camiones ras agrícolas y, sobre todo, obreras fabriles de la industria En Francia, por primera 684. 000 mujeres trabajaron en las fábricas de armamento; en Gran Bretaña, la cifra fue de 920 000. En Alemania, 38 por ciento de trabajadores de la fábrica de armamentos Krupp estaba compuesto  por mujeres en 1918.

No obstante, la resistencia del varón a menudo dificultó el ingreso mujer en estos nuevos trabajos, sobre todo los relacionados industria pesada. Una inglesa que trabajó en una fábrica de municiones recuerda su experiencia: “Pude percatarme perfectamente era difícil para los hombres aceptar que la mujer accediera a sus trabajos favoritos, y que, en algunos casos, los realizara mejor que ellos. Me alegraba la forma en que se atormentaban al no querer que las mujeres hicieran el mismo trabajo por un menor, pero, al mismo tiempo, odiaban que ellas ganaran tanto ellos”.
Mientras los obreros expresaban su preocupación por empleo que se les daba a las mujeres con menor salario disminuyera sus propios salarios, éstas comenzaron a exigir una ley de igualdad salarial.

El gobierno francés aprobó una ley en julio de 1915 estableció un salario mínimo para las mujeres que trabajaban casas en la industria textil, sector que había crecido de manera espectacular, dada la necesidad de uniformes militares. Después, en 1917 el gobierno decretó que los hombres y las mujeres deberían recibir paga por pieza trabajada. A pesar del notable incremento de salarios de las mujeres, resultado de las regulaciones gubernamentales, a finales de la guerra la remuneración de las obreras industriales todavía no era igual que la de los obreros.

Para empeorar más las cosas, las mujeres no habían logrado una seguridad real en cuanto a su lugar en la fuerza de trabajo. Hombres y mujeres parecían pensar que muchos de los nuevos trabajos para las mujeres tenían un carácter temporal.

Al finalizar la guerra, los gobiernos se dispusieron con presteza a desplazar a las mujeres de los trabajos que, con anterioridad, las había alentado a asumir. En 1919 había 650.000 mujeres desempleadas en Inglaterra, mientras que los salarios de las que aún trabajaban disminuyeron. Los beneficios del trabajo para las mujeres, debidos a la Primera Guerra Mundial, al parecer, tuvieron corta duración.

Los derechos políticos de las mujeres eran inexistentes, incluso en las democracias más avanzadas, que estipulaban el sufragio universal’ sin incluirlas. A mediados del siglo XIX se inició un movimiento feminista protagonizado por personalidades artísticas, científicas y políticas, que luchaban por la igualdad y por la obtención del voto femenino. Entre los partidos políticos, los socialistas levantaron las banderas de la igualdad.

Sin embargo, la Primera Guerra Mundial inició el cambio. La gran cantidad de hombres movilizados para el conflicto, las pérdidas humanas y el regreso de gran cantidad de inválidos, obligaron a incorporar a la mujer en el mercado laboral, incluso en las tareas más pesadas, antes desarrolladas únicamente por los hombres. Ante la realidad consumada de la igualdad y a través de una lucha permanente, las mujeres comenzaron a obtener el voto. Señalaban que si eran iguales para trabajar y luchar, deberían serlo para votar.

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En las horas más difíciles de Inglaterra, en la segunda Guerra Mundial, el Servicio Naval Femenino (WRENS) prestó valiosos servicios. Aquí vemos un grupo de WEENS, con grado de oficial, que desfilan con paso militar.

AMPLIACION DEL TEMA:
Los efectos de la guerra moderna en el progreso de la mujer:

La guerra fue una  causa principal de la posición de dependencia de la mujer y de su subordinación al hombre, ha venido a producir el efecto contrario, y le ha dado a la mujer la oportunidad de acelerar la marcha de su emancipación.

Si la participación de la mujer en la primera guerra mundial (1914-1918) fue mayor que en todas las guerras anteriores, y se alistó en numerosas organizaciones femeninas auxiliares del esfuerzo bélico, en la segunda guerra mundial (1939-1945) superó enormemente, en todos sentidos, su ya notable hoja de servicios, y fue regimentada y utilizada en determinadas tareas y servicios auxiliares de guerra, en todos los países de ambos grupos beligerantes, para los que, antiguamente, no se la hubiera considerado con aptitud.

Debido al carácter totalitario de la invasión hitleriana, que le impartió una ferocidad sin precedentes a la guerra en Rusia, se vio obligada la Unión Soviética a apelar, para salvarse, hasta a su última onza de energía. La mujer soviética tuvo, así, que soportar hasta el máximo los rigores del conflicto, en la parte que a ella le afectaba.

Resistiendo toda clase de privaciones, sufriendo la escasez de alimentos y las inclemencias del invierno, fue obrera incansable en el frente industrial, trabajadora tenaz en las labores agrícolas, y colaboradora eficiente en los servicios auxiliares de Ejército Rojo. Elevándose a la altura de las circunstancias, millares de mujeres rusas, supieron defender la integridad de su patria con las armas en la mano, peleando como soldados de choque, rivalizando en heroismo con los hombres, y muriendo como ellos en los campos de batalla.

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Foto Izq.:Mujeres de la Reserva Naval Femenina (WAVES) de los Estados Unidos, en la segunda Guerra Mundial, disfrutan de un momento de descanso y refrigerio. Foto der.: El trabajo asignado a esta joven, de la Reserva Naval Femenina de los Estados Unidos, permite que el hombre que antes lo hacía, preste servicio activo de guerra.

En 1941, se hizo obligatorio en Inglaterra el trabajo de la mujer relacionado con la guerra. Más de medio millón de mujeres entraron a trabajar como obreras en los grandes centros industriales; 13.000, ingresaron el el Ejército Agrario,y 14.000, en el servicio y conducción de ferrocarriles y autobuses.

Varias organizaciones de severa disciplina militar y rudo trabajo, el Servicio Naval Auxiliar Femenino, con 30.000 mujeres; el Servicio Auxiliar Territorial, con 150.000; el Cuerpo Aéreo Auxiliar Femenino, con 200.000; diversas organizaciones de enfermeras, ambulancias y caridad, con 110.000; y otros servicios, reclutaron casi otro medio millón de mujeres.

Todo este inmenso ejército femenino: las WRENS, del Servicio Naval, tripulando barcos; las WAAFS, del Cuerpo Aéreo, piloteando aeroplanos, sirviendo en la artillería antiaérea, y en puestos técnicos; las mujeres del Ejército Agrario, cultivando los campos y atendiendo a la ganadería; y las obreras industriales, construyendo aeroplanos y material de guerra, hicieron posible en Inglaterra, la liberación de más de dos millones de hombres para el servicio militar activo en los frentes de combate.

En los Estados Unidos, después del ataque japonés a Pearl Harbor, se crearon, en 1942, grandes organizaciones militares femeninas, entre ellas la Reserva Femenina de Guardacostas, SPARS, con su efectivo de 10.000 mujeres; la Reserva Naval Femenina, WAVES, con 86.000; la Reserva Femenina del Cuerpo de Infantería de Marina, con 19.000; el Cuerpo de Ejército Femenino, WACS, con 100.000; el Cuerpo de Obreras de Artillería, WOWS, y otras organizaciones, entre las qué sobresalió el cuerpo de enfermeras, con más de 12.000 alistadas, ejerciendo su humanitaria misión en todos los frentes de combate.

Esos cientos de miles de mujeres laboraron como telefonistas, mecanógrafas, electricistas, mecánicos de aviación, meteorologistas, choferes, radiomecánicos, instructoras de Alíelo, etc. Manejaron toda clase de cañones, tripularon buques auxiliares de guerra, y tanques de combate, tuvieron a su cargo instrumentos de precisión de tiro y resolvieron complicados cálculos balísticos. En ocasiones, frente a situaciones inesperadas, supieron ser verdaderos soldados feméninos, plenos de valor, y muchas de ellas se han graduado de ingenieros aéreos, jefes de vuelo, criptografistas, expertas en química de guerra, laboratoristas, farmacéuticas, etc.

Y en el frente industrial, cerca de tres millones de mujeres trabajaron en industrias de guerra, de las cuales unos dos millones se clasificaron como obreros de fábrica.

Al desempeñar los servicios auxiliares de guerra, en defensa de las democracias en peligro, la mujer reveló todas sus dotes y dio un ejemplo magnífico de lo que puede ser capaz. Sintetizando el criterio de las esferas gubernamentales, ante la actuación de la mujer, Paul V. Mac Nutt, Presidente de la Comisión de Potencial Humano de Guerra (War Manpower Commission) declaró que «las mujeres son aptas para desempeñar el 80% de las faenas de guerra.»

Y todo ese ingente esfuerzo femenino, tanto de la mujer de uniforme, en los servicios auxiliares del frente de guerra, como de la mujer en «overalls», paciente obrera al pié de las máquinas en el frente industrial, a pesar del ambiente de masculinización que ello supone, fué realizado sin que la mujer perdiera lo que siempre hemos considerado como su feminidad esencial.

Según investigaciones practicadas a la terminación del conflicto, las aspiraciones de la gran mayoría de mujeres solteras, tanto obreras como militares, se dividían en tres grandes grupos, que se expresan en orden de importancia:

a) fundar un hogar;
b) practicar en la paz el oficio o la profesión, aplicado a la vida civil, que aprendieron durante la guerra;
c) continuar prestando sus servicios en las organizaciones militares femeninas, si podían reenlistarse, para ayudar en la tarea de reconstrucción de los países devastados por la guerra.

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 LA MUJER EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL