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Punks Nuevos Modelos Culturales del Siglo XX

Punks:Nuevos Modelos Culturales del Siglo XX

TEMAS TRATADOS:

1-Los Guardias Rojos
2-Los Hippies
3-Los Hikikomoris
4-Los Hakers
5-Los Punks
6-Los Ravers

Donde no hay futuro no puede haber pecado. Somos las flores del vertedero de basura. Somos el veneno en su maquinaria humana. No hay futuro para ti. No hay futuro para mí    . (“God Save the Queen”, The Sex Pixtols)

(Sid and Nancy (A. Cox, 1986) es un filme que narra la historia) de la pareja más famosa de la música punk: Sid Vicious y su novia Nancy Spungen. En el verano de 1976, poco después de la explosión de los Sex Pistols, había nacido en Londres, en los barrios sur-occidentales y alrededor de King’s Road, un nuevo estilo sincrético bautizado con el significativo nombre de punk (literalmente: persona o cosa de calidad inferior).

La Gran Bretaña de mediados de la década de 1970 distaba mucho de ser aquel estado del bienestar, paraíso de la libertad, que había dado lugar a las felices sub culturas surgidas en el swinging London de la década de 1960. La crisis del petróleo había dado un toque de alerta a las sociedades industriales avanzadas y había cuestionado su fe en el progreso indefinido. (imagen izquierda: Sex Pistols

Aunque la “decadencia” de Inglaterra no había llegado a afectar la credibilidad de la monarquía y del sistema parlamentario, se anunciaban malos tiempos para la lírica y buenos para las políticas conservadoras (M. Thatcher estaba a la vuelta de la esquina).

En los suburbios urbanos empezaban a manifestarse disturbios étnicos, como los que tuvieron lugar en 1976 en el carnaval de Notting Hill, tradicional y pacífico festival del multiculturalismo.

Los jóvenes fueron los primeros en padecer los efectos de la recesión económica y de los recortes sociales: la vida era cada vez más cara, las oportunidades laborales menores y la institución escolar estaba cada vez más desprestigiada. El punk surgió cuando las oficinas del paro se colapsaron. La crisis se deja notar también en el terreno estrictamente musical. A mediados de la década de 1970, el rock estaba estancado en una crisis de creatividad: la mayor parte de los grupos pop habían suavizado su música y su mensaje, y muchos habían caído en el comercialismo, pasando a engrosar el star system.

A su vez, los mass media habían engendrado la disco-music que se podía escuchar en las cadenas musicales y en las grandes discotecas. Una figura sirve para señalar esa evolución: el glamrock representado por un David Bowie con una música progresivamente tecnificada, una imagen sofisticada y sexualmente ambigua y un mensaje cada vez más desclasado y despolitizado. Es en este contexto en el que hacen su aparición los Sex Pistols. Formado en 1975, los “Pistolas Sexuales” debutaron a principios de 1976 y pronto atrajeron la atención pública con su música distorsionada, sus atrevidos atuendos y sus actitudes provocativas.

Explorando la simplicidad del primer rock’n’roll, los Pistols hacían una música áspera, saturada de sonidos impuros. El ritmo acelerado y el volumen elevado se combinan con letras iconoclastas y apariciones en directo que son todo un espectáculo, que llaman a la destrucción de todo lo que les molesta y a la autodestrucción como forma de acceder al fin del mundo y a la redención. En abril de 1976 Johnny Rotten abandonó el escenario de un concierto para participar en una riña entre el público; en septiembre una chica es cegada por una botella de cerveza lanzada durante un festival, lo que precipitó una campaña de pánico moral hacia el punk; en diciembre los Sex Pistols suscitan un gran escándalo al utilizar palabras obscenas en un programa televisivo de la BBC; en enero de 1977 provocan un incidente en el aeropuerto de Heathrow, al ponerse a escupir y vomitar.

El clímax llega el 7 de junio de 1977, día del Jubileo de la Reina, cuando cantan bajando por el Támesis un provocador God Save the Queen y arrojan excrementos al retrato de la monarca. Mientras tanto, sus discos han sido censurados, sus conciertos prohibidos y sus apariciones públicas controladas. Cuando el grupo se disuelve, en 1978, han grabado sólo 5 discos, pero el imaginario punk dispone de una amplia galería de imágenes y símbolos con los que armar una subcultura. Para Dick Hebdige (1979), el punk contenía los reflejos distorsionados de las más importantes sub culturas británicas de posguerra. En el ámbito musical, retomaba elementos provenientes de David Bowie y del glitter-rock, del proto-punk americano (Ramones), del rock londinense de inspiración mod, del rhythm and blues, del soul, del reggae.

Esta alianza de tradiciones musicales diversas y aparentemente incompatibles encontraba una ratificación en un estilo de vestir igualmente ecléctico, que reproducía el mismo tipo de cacofonía en el ámbito visual: tupés y cazadoras de cuero rocker, pelo corto estilo mod y espectaculares mohicanos, mocasines y botasskinhead, pantalones de tubo y calcetines de colores vivos, nomadismo y suciedad hippies, candados y correas sado-maso, etc.

Este conjunto de cosas literalmente “prendidas” con alfileres e imperdibles se convirtió en el altamente fotogénico fenómeno conocido como punk, que procuró a la prensa amarilla una reserva de material sensacionalista y a la prensa de calidad un catálogo de ejemplares rupturas de los códigos, suscitando una curiosidad popular tan aterrada como fascinada.

Ello explica su capacidad para convertirse en síntoma de todo un conglomerado de problemas contemporáneos. La mayor parte de los “actores” punk provenían de ambientes urbanos populares; la estética del movimiento, la retórica de la autodestrucción, de la agresividad, reflejaban una identidad proletaria; la actitud anti-intelectual y el aparente desencanto vital —no future—, le alejaban de las venas contestatarias vigentes en la década anterior; las formas y contenidos del movimiento proseguían la tradición de las sub culturas obreras británicas de posguerra. Sin embargo, los punks tendieron a actualizar buena parte de las características de los movimientos juveniles de clase media, acercándose progresivamente a una identidad contracultural.

A través de los Who y de Clash, el punk conectó con el cine underground y el arte de vanguardia. Recuperando la vena ácrata, captó elementos del surrealismo y del dadá. Como la contracultura de los años sesenta, el punk experimentó un proceso de fusión que conllevó, por una parte, la difusión masiva de alguno de sus elementos (incluyendo una tendencia hacia la comercialización) y, por otra parte, su fisión en diversas corrientes (punk-rock, hardcore, tecnopunk, etc.) que exploraban soluciones simbólicas implícitas en elprotopunk (la solución consumista, la solución anarquizante y la solución futurista).

Estas tendencias pueden ordenarse según dos grandes polos: el expresivo (máscara y carnaval) propugnó el discurso de la autodestrucción, el nihilismo cínico, las drogas, la sofisticación de peinados, tatuajes y baile; el polo activista (anarquía y contestación) lo conectó con múltiples iniciativas político-culturales, del anarquismo a los squatters, de la protesta antirracista y antimilitarista al videoarte. Años después, los cyberpunk estarían también en los inicios de las cibercultura.

Fuente Consultada: Historia Universal Fin de Siglo Las Claves del Siglo XXI y Wikipedia

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Guardias Rojos de Mao en China Gran Revolucion Cultural

Guardias Rojos de Mao en China-Gran Revolución Cultural 

EL 18 de agosto de 1966, antes del amanecer, casi un millón de jóvenes estudiantes de todos los confines de China comenzaron a congregarse en la enorme plaza de Tien An Men, en Pekín. Los reunidos formaban parte de los guardias rojos de Mao, fuerza de choque de uno de los movimientos más sorprendentes y trascendentales de la moderna historia de China: la Gran Revolución Cultural Proletaria.

Exactamente al amanecer, la muchedumbre lanzó un rugido ensordecedor en el momento en que Mao Tse-tung, padre de la revolución comunista china y el dirigente más venerado de la nación, ascendía la rampa que conduce a la colosal Puerta de la Divina Paz, al compás triunfal de «Oriente es rojo». En medio de los atronadores aplausos, el anciano héroe, vestido con su conocida guerrera militar, saludó alzando las manos.

A lo largo del día continuó la concentración de masas, mientras oradores de todo el país exhortaban al pueblo a «destruir el viejo mundo, crear uno nuevo y llevar a cabo con decisión la gran revolución cultural proletaria». Después, los guardias rojos desfilaron ante los dignatarios reunidos, cantando, gritando consignas revolucionarias y mostrando con el brazo extendido los ejemplares encuadernados en rojo de las Citas del presidente Mao Tse-tung. Al anochecer, una brillante exhibición de fuegos artificiales puso fin a la concentración.

El mundo es vuestro… Vosotros jóvenes, llenos de vigor y vitalidad, estáis en el despertar de la vida, como el sol a las ocho o nueve de la mañana. Nuestro sueño está en vosotros… El mundo os pertenece. El futuro de China os pertenece (Libro Rojo de Mao).

 Xiu Xiu (J. Chen, 1998) es una película que narra los últimos estertores de la Gran Revolución Cultural que sacudió China durante una década, entre su lanzamiento oficial en 1966 hasta la muerte de Mao en 1976. En 1975 la protagonista, una joven estudiante de secundaria hija de un sastre, es enviada al campo para “reformarse mediante el trabajo”. Su instructor será un pastor tibetano, con quien lleva una vida nómada y miserable. Para poder regresar a su ciudad se prostituye a vendedores ambulantes, soldados y burócratas.

Su trágica muerte simboliza el sufrimiento de toda una generación utilizada como carne de cañón y fuerza de choque en las luchas por el poder, aunque muchos de ellos creyeran sinceramente estar protagonizando la construcción del “hombre nuevo” prometida por Mao, cuyas consignas leían en un pequeño Libro rolo convertido en escritura sagrada o escuchaban en las multitudinarias concentraciones de la Plaza de Tiananmen.

La gran Revolución Cultural Proletaria, de pomposo nombre, había sido lanzada en abril de 1966, provocando un gran impacto entre la intelectualidad progresista del primer mundo y la revolucionaria del tercero (y al parecer también un millón de muertos).LOS GUARDIAS ROJOS de Mao, en China Tras el fracaso del “gran salto adelante” y unos años de pragmatismo económico, se trataba de volver a las fuentes del comunismo y ahuyentar la “contrarrevolución” mediante el recurso a una agitación ideológica constante.

El instrumento utilizado para ello fueron los jóvenes, encuadrados en el movimiento de los “guardias rojos Eran estudiantes nacidos bajo el comunismo que representaban al “nuevo hombre” solidario y sin prejuicios pequeño burgueses que se quería construir.

Alentados por la esposa de Mao (Jiang Qing) y sus secuaces, se pusieron el uniforme verde con la gorra de la estrella roja y empezaron a atacar a los mayores (principalmente a los “con gafas”, como se conocía a los profesores e intelectuales, pero también a los viejos jerarcas del partido e incluso a sus propios padres).

Se echaban a la calle en pandillas y organizaban rituales públicos en los que ridiculizaban a las autoridades académicas y a los políticos moderados, en lamentablesautos de fe con los que nos han familiarizado las películas de Zhang Yimou y las fotografías de Li Zhensheng. Su medio de expresión eran los dazibaos, periódicos murales mediante los cuales se difundían las consignas. Se organizaron incontables mítines en los que se denunciaba “el jazz, el rock’n’roll, los desnudos en los cabarés, el impresionismo, el fauvismo” y todos los ismos síntoma de la decadencia de Occidente. Se impuso una censura sobre las actividades culturales y se impulsaron unas pocas obras de teatro y opera. Para romper la brecha entre trabajo intelectual y manual se redujo la educación superior (en 1970 sólo quedaban en China 50.000 universitarios) y se envió a millones de estudiantes al campo para “reeducarlos”.

LOS GUARDIAS ROJOS de Mao, en ChinaLa intelectualidad y los jóvenes occidentales sintieron inicialmente una notable fascinación por la Revolución Cultural china: muchos colgaron el póster de Mao en su habitación, otros se pusieron la gorra con la estrella y compraron el Libro Rolo, algunos fundaron grupúsculos de inspiración maoísta. Algunos creyeron en las posibilidades de esta revolución anticultural hermana de la contracultural, que ellos estaban protagonizando, como la pensadora italiana María A. Macciocchi: “Ha eliminado las élites políticas y tecnocráticas, la burocracia, las jerarquías y los privilegios. Ha vuelto a unir el trabajo manual y el trabajo intelectual, reunido ciudad y campo, sustituido directores únicos de las fábricas, de las universidades y de las comunas populares por direcciones colegiadas, los comités revolucionarios.

Ha reestructurado la enseñanza, de la primaria a la universidad, en un sistema educativo que opera la síntesis entre teoría y práctica, lo que hace que el Horno sapiens y el Horno Faber formen un ser completo, un hombre total”. Otros observadores más atentos, como Simon Leys, vieron enseguida la perversión de la política maoísta: “La revolución cultural, que sólo tuvo de revolucionaria el nombre y de cultural el pretexto táctico inicial, fue una lucha por el poder, realizada en la cumbre entre un puñado de individuos, tras la cortina de humo de un movimiento de masas ficticio”.

Pocos libros describen con mayor emoción el rumbo de la Revolución Cultural que Cisnes salvajes (Jung Chang, 1991), la biografía de tres generaciones de mujeres chinas. La abuela de la autora fue concubina de un señor de la guerra y la madre una ferviente comunista (como el padre)

Jung tenía 14 años cuando empezó la Revolución Cultural en su escuela secundaria de una ciudad de la China interior. Pronto se hizo de la Guardia Roja y participó en la las actividades de sus coetáneos (trasladarse a vivir a la escuela, vestir con el uniforme característico —gorra y brazalete con letras doradas—, acusar a los profesores y a funcionarios “burgueses”, ridiculizarlos en ceremonias públicas, quemar libros y obras de arte, estudiar el Libro Rojo, ir en peregrinación a Pekín para ver a Mao y a otros lugares santos del comunismo, etc.

Hasta que sus propios padres, fieles funcionarios del partido, fueron también acusados de revisionismo burgués y objeto de persecución, detenciones arbitrarias, burlas y tortura, no se dio cuenta de la gran impostura. La autora describe las distintas caras de este gran psicodrama, ayundándonos a comprender por qué tantos jóvenes ilusos se convirtieron a la causa.

Por un lado, la retórica oficial no distaban mucho de la que triunfaría en los campus occidentales:“rebelión contra la autoridad”, “revolución en la educación”, “destrucción del mundo viejo para que nazca uno nuevo mundo, “creación de un hombre nuevo”, etc. Por otro, los adolescentes sintieron el poder de su acción, liberándose de las tutelas familiares, académicas e incluso morales que los amordazaban al tiempo que encontraban la seguridad en una “nueva religión” revelada por un líder carismático e integrada por modas de vestir, libros sagrados, rituales de violencia y sed de aventura. Cuando los jóvenes aplicaron demasiado al pie de la letra estas consignas, vino el ejército para restablecer el orden.

En 1969 la mayor parte de escuelas secundarias y universidades cerraron y sus alumnos fueron enviados a “reeducarse” junto con los campesinos, en uno de los desplazamientos de población más grandes de la historia (unos 15 millones de jóvenes fueron expulsados de sus casas). Jung pudo regresar y acabar graduándose en la universidad, pero otros muchos jóvenes (como Xiu Xiu) se quedaron en el camino.

Fuente Consultada: Historia Universal Fin de Siglo Las Claves del Siglo XXI y Wikipedia

Modelos Culturales del Siglo XX Ravers Jovenes en el Siglo XX

Ravers: Modelos Culturales del Siglo XX

Maldición, ya es domingo, esto cierra. Todo el mundo a la nave, nos volvemos a la tierra. Cuatro días nos separan de otra fiesta. Son de lunes hasta iueves los días que más apestan. Volveremos con la fiesta, te lo juro. Lo prometo por los surcos de los plásticos más duros. Más potencia, pide pista, que despego. Ponte en órbita en la fiesta, fiestas locas como esta… (DJ Dixkontrol, 1993.

Ravers Modelos culturalesFiebre del sábado noche (J. Badham, 1977) es un filme que narra la vida de un joven discotequero, protagonizado por John Travolta. Ese mismo año, en Chicago, Frankie Knuckles, un disc-jockey (DJ) afroamericano que había trabajado en discotecas underground y gays de Nueva York, se convirtió en DJ residente del club “The Warehouse” (el garage) de Chicago, donde impuso un estilo de pinchar los discos muy innovador: en lugar de poner uno detrás de otro, empezó a combinarlos, creando una nueva música de baile que se terminó conociendo con el nombre de house -el club- era conocido como “la casa”.

Técnicamente, se trataba de fusionar sonidos pasados y presentes y a la vez recrear nuevas formas sonoras en cada actuación (una actitud de improvisación creativa parecida a la que se puede encontrar en el jazz). Musicalmente, consistía en un ritmo constante, repetitivo, entre 120 y 140 golpes por minuto, elaborado mediante instrumentos electrónicos como sintetizadores, ecualizadores, etc., cuya finalidad era incentivar el cuerpo humano a bailar y “dejarse llevar”.

Culturalmente, suponía combinar la tradición rítmica afroamericana que se remonta al jazz, al soul, al gospel y al funk con nuevas músicas europeas de base electrónica como el pop y el trance. Los clubs de Chicago donde sonaba house empezaron a atraer jóvenes del ambiente “underground” local, homosexuales y lesbianas, muchos de origen afroamericano y “latino”, apasionados por esta música y por una nueva forma de bailar durante toda la velada.

En el ambiente festivo, mágico, creado por la música y la noche, estas minorías étnicas y sexuales podían sentirse protegidas del racismo y la homofobia reinantes, forjando nuevas y fugaces identidades diferentes a las mantenidas el resto de la semana. Durante la primera mitad de la década de 1980, el nuevo estilo de música y baile se difundió con matices diferentes en otras ciudades del nordeste de los Estados Unidos, como Detroit (donde se creó el techno) y Nueva York (donde se inventó el garage), consiguiendo su cresta de popularidad a mediados de la década de 1980.

Cuando el house comenzaba a declinar en Chicago, fue “reinventado” en Gran Bretaña. Hacia el 1988 coinciden dos fenómenos: por un lado, el fenómeno del acid house y la cultura de baile originada en Ibiza; por otro lado, la casa Virgin difundió el término techno para promocionar un álbum de DJ afroamericanos de Detroit.

El terreno estaba abonado para la nueva música: el poprock estaba agotado y el punk había acabado su ciclo. Cuando a principios de los años noventa el término acid house se volvió inservible, debido a su identificación con las drogas y la violencia por parte de los periódicos, el término techno empezó a designar cualquier música de base electrónica. Se produce entonces un “segundo nacimiento” del techno, que pierde cualquier referencia a su origen afroamericano y se convierte en una especie de “esperanto musical” apto para ser adoptado por amplias capas de población (principalmente jóvenes y blancos).

A lo largo de la década de 1990, se produce en Gran Bretaña un renacimiento de la cultura de baile, asociado a la emergencia de diversas variantes de techno, desde las más comerciales a las más underground, desde las más duras a las más suaves.

Este renacimiento tiene como escenario dos espacios: por un lado los clubs, locales comerciales de ocio, legales y estables, evolución de las discos de los años setenta, instalados en garajes o naves de las grandes ciudades, con una estética entre industrial y cibernética, que congregan a su alrededor microculturas juveniles apasionadas por el baile; por otro lado, las rayes, fiestas más o menos espontáneas, a menudo clandestinas y sin localización fija, que tienen lugar en espacios desocupados, en la periferia urbana o al aire libre.

Tanto los clubs como las rayes tienen lugar preferentemente durante la noche, pudiéndose extender hasta el día siguiente (entonces se les llama afterhours). Ambos tipos de espacios han dado nombre a dos nuevas etiquetas en el mundo de las subculturas juveniles —clubbers y ravers— que constituyen la vanguardia de la escena juvenil británica. La última oleada de la cultura techno proviene del centro de Europa.

A mediados de la década de 1990, la cultura de clubs se extiende por lugares como Berlín, Amsterdam o París. Aunque en algunos lugares sigue asociada al movimiento gay y lesbiano, pronto deja de ser una música de minorías (étnicas o sexuales) y se convierte en un producto transnacional y transclasista.

La Alemania de los movimientos alternativos y de los skinheads ve también la emergencia de una “nación raye”. La caída del Muro de Berlín jugó un papel importante. En el período posterior de incertidumbre política, los ravers fueron capaces de reclamar política y comercialmente espacios libres para las rayes ilegales. Desde esta escena subterránea emergieron redes informales con variadas y cambiantes localizaciones y fiestas. La cultura tekkno alemana tiene su eclosión en la organización de la “Love Parade” que cada verano congrega en Berlín a miles de jóvenes del centro y el este de Europa.

El renacimiento europeo del techno terminará volviendo a América, en un movimiento de feed-back, cerrando el círculo de la difusión cultural en el pueblo global: los clubes británicos son imitados en Wisconsin y la escena germánica atrae a los más famosos DJ norteamericanos (como Frankie Knuckles y Jeff Milis), que vuelven a su país de origen reimportando las fiestas rayes.
Desde Estados Unidos, el fenómeno llegará a América Latina, donde en la década de 1990 se empiezan a celebrar rayes: fiestas ilegales, anunciadas con flyers de estética psicodélica que atraían a jóvenes de clase media y alta hacia los almacenes de la periferia, donde se bailaba música techno durante toda la noche, se presenciaban espectáculos de realidad virtual y se consumían determinados productos químicos, como anfetaminas de colores —tachas— y bebidas energéticas o “inteligentes”.

Se ha hablado de “chamanismo tecnológico” para referirse a las rayes que buscan el rescate de cierto sentido místico-mágico de la vida que genera el ritual o trance, aunque se trata de una “tribu global”, que se mantiene informada de lo que sucede en el mundo a través de Internet (como sucede con el nortec, fusión de ritmos norteños y música electrónica).

Fuente Consultada: Historia Universal Fin de Siglo Las Claves del Siglo XXI y Wikipedia.

Modelo Social en los Siglo XX y XXI Transformacion Social Vida Urbana

Modelo Social en los Siglo XX y XXI

Un tiempo de cambios sociales
Quizás nunca en la historia de la Humanidad el ritmo de cambio social ha sido tan acelerado como en los últimos decenios del siglo XX. El tiempo histórico se ha de medir en etapas muy cortas para poder analizar los fenómenos sucedidos respecto a la transformación de las sociedades.

El primer gran cambio ha sido la casi desaparición, en el mundo occidental y desarrollado, del grupo social más importante en la historia de la Humanidad: el campesinado. En España la población campesina, que era el 50% en 1950, se ha visto reducida a poco más del 10% o en los años 90. Pero este fenómeno también ha afectado a sociedades menos industrializadas. Así, en América Latina el porcentaje de campesinos se ha reducido a la mitad en países como Colombia, México o Venezuela. En Argelia ha pasado del 75 al 20% y en países como Irak o Siria, los campesinos no superan el 30%.

Modelo Social en los Siglo XX y XXI

Un cambio social es una alteración apreciable de las estructuras sociales, las consecuencias y manifestaciones de esas estructuras ligadas a las normas, los valores y a los productos de las mismas.  El estudio del cambio social comprende la determinación de las causas o factores que producen el cambio social. El término es relevante en estudios dedicados a historia, economía y política, y puede abarcar desde conceptos como revolución y cambio de paradigmas hasta cambios superficiales en una pequeña comunidad. La idea de progreso y la idea de innovación son conceptos que deben incluirse en el análisis.

Las razones de esta reducción de la población campesina son muy complejas e intervienen factores como la mecanización o el desarrollo industrial. Pero en el Tercer Mundo también están relacionadas con cuestiones como la transformación del mercado internacional de alimentos, la caída de las producciones de plantación o los excedentes de alimentos a escala mundial.

El caso es que una inmensa avalancha de antiguos campesinos se abatió sobre las ciudades y el mundo se urbanizó. En los países ricos, extensas redes urbanas acogieron a esta emigración. Conjuntos de grandes y pequeñas ciudades unidas por transportes —sobre todo por el automóvil— integraron centros y periferias urbanas.

En el Tercer Mundo las ciudades crecieron aún más rápidamente y de forma anárquica, sin servicios y sin estructura que uniese centro y periferia. En cualquier caso, una sociedad distinta nació en las ciudades. Los lazos familiares o los de vecindad se deshicieron, la movilidad se impuso entre la gente y la vida, familiar o de ocio, se hizo más individual y menos colectiva.

El segundo gran cambio social lo constituye el auge de las profesiones y oficios que requieren estudios secundarios o superiores. Sin duda en los países más pobres el gran reto continúa siendo la alfabetización de su población, pero, incluso en estos países, la demanda de estudios superiores ha avanzado.

En las sociedades industriales occidentales, hasta los años 50 de nuestro siglo, la enseñanza universitaria fue patrimonio de una minoría. Ante la Segunda Guerra Mundial, Alemania, Francia y Gran Bretaña, con 150 millones de habitantes no tenían más de 150.000 estudiantes universitarios entre las tres naciones. En los años 90, los países europeos cuentan con millones de jóvenes universitarios.

Los estudios se han convertido, ya no sólo en una forma de promoción social, sino en una necesidad en un mundo con tecnologías y recursos cada vez más avanzados. Profesores de todo tipo, técnicos, licenciados, diplomados y especialistas, inundan nuestras comunidades.

El masivo acceso a los estudios conformó también cambios en las mentalidades de los jóvenes. El mayor nivel cultural les hizo en algunos momentos más reivindicativos y más capaces de contestar el modelo social y familiar del pasado (movimiento juvenil de los años 60). Pero, además, les hizo abrigar más expectativas de futuro que, cuando se ven frustradas (falta de trabajo), también les convierten en un colectivo en demanda de cambios económicos y sociales.

Otro ámbito donde también se han producido variaciones ha sido en el mundo obrero. La vieja clase obrera, el trabajador de fábrica, predominante en el mundo industrial de mediados de siglo, fue retrocediendo ante el avance de nuevas tecnologías que reducían la mano de obra y ante el empuje del sector servicios, que en muchos países desarrollados ocupa al 60% de la población. Los obreros fabriles no son ahora más del 25% y su peso, sus reivindicaciones, sus formas de lucha y también su «cultura’, han ido retrocediendo.

La creencia en la acción colectiva de los trabajadores como medio de transformación, el orgullo de su peso e importancia como factor esencial de producción se fue rindiendo ante una nueva organización del trabajo. Una parte de los trabajadores (cualificados, técnicos, mandos intermedios) prosperó y se integró en los nuevos hábitos de una clase media cada vez más extensa en los países occidentales. Otra parte coincidió en sus preocupaciones con los sectores más desfavorecidos por el sistema capitalista: nuevos emigrantes, jóvenes sin trabajo, parados. En su conjunto, la clase obrera se plantea al iniciar el siglo XXI la renovación de sus formas organizativas sindicales y políticas.

Fuente Consultada: Wikipedia – Historia del Mundo de Peter Haugen – ACTUAL Historia del Mundo Contemporáneo García y Gatell

Modelos Culturales del Siglo XX Nuevos Hackers Punks Ravers Hippies

Modelos Culturales del Siglo XX

TEMAS TRATADOS:

1-Los Guardias Rojos
2-Los Hippies
3-Los Hikikomoris
4-Los Hakers
5-Los Punks
6-Los Ravers

Ver: Década del 60 en el Mundo

LA CULTURA GLOBAL: A pesar de la preocupación que existe por considerar y conservar los valores de las distintas culturas, el fenómeno del desarrollo de los medios de comunicación y los progresos de la tecnología empujan en sentido contrario. ¿Qué música escuchamos? ¿Qué películas vemos? ¿Cómo compramos? ¿.Cómo nos alimentamos?.

En todo el mundo existen locales de fast food (comida rápida) que han convertido las hamburguesas en la comida internacional de los jóvenes; podemos comprar por telecompras los más extraños aparatos para hacer ejercicios físicos también en todo el mundo.

Las cadenas de TV por cable permiten ver las mismas películas en el mismo momento, prácticamente en todo el planeta y pronto los cines accederán a la imagen de los filmes por satélite, que serán captadas simultáneamente en forma global. Pero tal vez, el caso más espectacular para los jóvenes sea el de la música: los grupos musicales y cantantes más conocidos internacionalmente editan sus CD simultáneamente en todo el mundo.

Estas nuevas condiciones hacen que los valores de la propia cultura dejen de ser los pilares de nuestra identidad. Por lo tanto, se hace necesario encontrar un puente que permita articular lo universal con lo local porque este proceso de globalización no debe anular las culturas regionales y nacionales.

Además, se presenta otro problema. No todos tienen acceso a esta cultura globalizada. El avance de la tecnología permite sólo a una minoría participar activamente en las nuevas condiciones.

Según las posibilidades que tengan las personas de participar en estas nuevas tecnologías, puede hacerse la siguiente división:

– la inmensa mayoría de la población se incorpora a la cultura mundial sólo a través de las industrias audiovisuales (radio y televisión gratuitas);
– un segundo grupo, más restringido, puede acceder a los circuitos de televisión por cable, información en video, etc.
– sólo unos pocos se conectan a las formas más activas de comunicación internacional que incluyen el fax, el correo electrónico, las antenas parabólicas y la Internet.

LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD
Los hombres, desde las primeras correrías de los homínidos, no viven aislados sino que se agrupan con el objeto de satisfacer sus necesidades y, para tal fin, dominar la naturaleza. Si bien un claro ejemplo lo constituye la población de las ciudades también los campesinos, pescadores, cazadores o los que habitan en el desierto o la montaña, viven siempre formando grupos sociales.

Un grupo social se compone de un cierto número de personas que establecen una red de relaciones y normas aceptadas. Ellas se identifican y están unidas por intereses o afinidades en común, que las diferencian de los integrantes de otros grupos. Existen muchas clases de grupos y, de acuerdo con los intereses que los originaron, así serán las diferentes formas de relación que se establezcan entre sus participantes. En un barrio o una escuela, se organizan grupos en los que sus miembros comparten sentimientos y lealtades: se distraen con los mismos juegos, son hinchas de un determinado equipo de fútbol, practican juntos un deporte, etc., y se defienden mutuamente de las agresiones de terceros.

Estos grupos son espontáneos, relativamente pequeños y, las relaciones que establecen sus integrantes son personales y, a menudo, muy duraderas. No es extraño encontrar entre las personas adultas, grupos de amigos que se remontan a la época escolar. En el interior de estos pequeños grupos, en los que se incluye la familia, el niño conforma su personalidad y un sentido de pertenencia a una unidad social. A ellos, los llamamos grupos primarios y se los descubre en cualquier sociedad.

Los individuos también establecen otras asociaciones en las que, a diferencia de los grupos informales y espontáneos como los primarios, sus miembros se reúnen con propósitos bien delimitados. Estos son los llamados grupos secundarios. Tienen una organización formal, con reglas muy claras que establecen el comportamiento de sus miembros y las distintas responsabilidades y roles que cumple cada uno.

Las relaciones en estos grupos son impersonales, no son íntimas, «cara a cara» como en los primarios y, por lo general, no es necesario que sus miembros se conozcan entre sí. Ejemplos de ellos son los sindicatos, los clubes, las academias, etc. Las relaciones en estos grupos no siempre son pacíficas, porque cuando no se cumplen las expectativas se origina tensión y conflicto.

Estas no son las únicas clases de grupos posibles en una sociedad. Por supuesto que su número es infinito. Algunos presentan una gran movilidad y corta duración, como ocurre con los vecinos que se reúnen para reclamar un servicio sanitario, protección policial, o la instalación de un semáforo. Otros son más estables y permanentes. Por ejemplo, aquellos conformados por individuos de una misma creencia religiosa.

En ellos no todos participan con igual intensidad pero se identifican con valores, normas de vida y comportamientos en común. Todos estos grupos diversos siempre forman parte de un conjunto mayor: la sociedad.

Sociobiología
La teoría sociobiológica ha suscitado distintas polémicas en la sociedad a partir de la década del 1970. Surgida para explicar todos los fenómenos «sociales» de las especies animales que presentan organización social, extiende sus conclusiones e interpretaciones a la especie humana y, de este modo, intenta explicar todos los aspectos que conforman la cultura de las sociedades humanas.

En su libro Sociobiología, Wilson define a este campo de conocimiento como «el estudio sistemático de las bases biológicas del comportamiento social» y sostiene que, debido a las interacciones entre los genes y el ambiente, «no existen razones para pensar que la mayoría de las formas de comportamiento social humanas sor. cualitativamente diferentes de los caracteres fisiológicos y psicológicos no sociales».

Para Wilson existe una «moral del gen» y el «organismo, social o no social, es solo vehículo del ADN para fabricar más ADN». En otras palabras, los sociobiólogos creen que existen bases biológicas para gran parte de la cultura humana, y que la selección natural favorece a los genotipos que están más predispuestos para su desarrollo cultural. Sin embargo, aunque algunos comportamientos sociales tienen un componente biológico, con frecuencia se ven modificados por su contexto cultural.

La manera en que los sociobiólogos han reducido hasta el nivel genético a los humanos y a sus comportamientos sociales ha permitido que algunos autores reivindicaran como «científicas» las formas de dominación social más favorables para sus intereses políticos.

Sin embargo, otros autores, detractores de la socio-biología, la interpretan como la continuación del proyecto del darwinismo social de justificación científica de las desigualdades sociales.

Fuente Consultada: Sociedad Espacio Cultura Desde al Antigüedad Hasta el Siglo XV – Kapelusz

Hikikomori Sindrome de Autoencierro Modelo Sociedad en el Siglo XXI

Hikikomori:Sindrome de Autoencierro Modelo Sociedad

TEMAS TRATADOS:

1-Los Guardias Rojos
2-Los Hippies
3-Los Hikikomoris
4-Los Hakers
5-Los Punks
6-Los Ravers

Ver: Fenómeno Laboral en Japón:karoshi

Los adolescentes en las ciudades de Japón se están transformando en modernos eremitas —no salen nunca de su habitación—. La presión escolar y la incapacidad de hablar con sus familiares aparecen como las causas de este fenómeno (BBC, The Hikikomori). The hikikomori (j. Rees, 2002) es un documental producido por uno de los mejores periodistas de la BBC. Retrata un fenómeno emergente en algunos países altamente desarrollados: un porcentaje significativo de jóvenes dan la espalda a la vida real y se encierran en la relativa seguridad de su habitación.

En Japón este fenómeno se ha bautizado con el nombre de Hikikomori. El término significa “encerrarse, confinarse en uno mismo” y se utiliza para referirse a chicos y chicas en tomo a los 20 años que optan por no salir de su propia casa y a veces de su propia habitación (algunos psicólogos hablan de una auténtica epidemia, que afectaría al 10 % de la población de esas edades y al 1 % del total de la población japonesa).

La mayoría de estos jóvenes son muchachos que después de acabar sus estudios no quieren enfrentarse al duro y competitivo mercado laboral y se encierran para aislarse del mundo (aunque pueden conectarse a Internet de manera indefinida)..

Los hikikomori son adolescentes y adultos jóvenes que se ven abrumados por la sociedad japonesa y se sienten incapaces de cumplir los roles sociales que se esperan de ellos, reaccionando con un aislamiento social. Los hikikomori a menudo rehúsan abandonar la casa de sus padres y puede que se encierren en una habitación durante meses o incluso años. La mayoría de ellos son varones, y muchos son también primogénitos.

Esta reclusión puede durar unas pocas semanas o meses, pero en algunos casos se alarga durante años. En un estudio elaborado por el gobierno japonés en 2002 sobre 3.300 antiguos Hikikomori, un 17 % no eran capaces de salir de casa, y un 10 % ni siquiera podía salir de su propia habitación. El fenómeno había empezado a detectarse a fines de los años noventa, aunque salió a la luz pública y aumentó a partir del año 2000.

Los hikikomori se refugian en su mundo infantil, virtual, que alimenta Internet, basado en videojuegos, mangas, DVDs, canales por satélite, juegos de rol, etc. Todo lo hacen sin salir de casa, alterando los ritmos diarios (duermen de día, comen por la tarde y se pasan la noche conectados a la red, jugando con videojuegos y viendo la televisión). Su sexualidad se limita a fantasear con heroínas virtuales, estrellas pomo o cantantes de moda. Algunos atemorizan a sus padres y tienen comportamientos agresivos, otros caen en depresiones, pero pocos sucumben al suicidio, pues son arrastrados por una cibercultura muy activa.

Las cifras son para preocuparse ya que 1 de cada 10 adolescentes japoneses sufren hikikomori y este fenómeno se produce casi exclusivamente en Japón. Parece fácil sacar conclusiones al referirse a un sólo país, como que es una cultura opresiva con los menores, donde es mejor encerrarse que suspender un examen, es una sociedad muy centrada en los videojuegos y la tecnología pasando por alto las necesarias relaciones humanas, parece que estos chicos no están preparados para relacionarse o para solucionar un problema y que todo esto lleva a estos niños a buscar refugio en su habitación.

Todos ellos tienen en común un rechazo a la escuela, al trabajo y en general a la asunción de responsabilidades. Se trata de una pasión por la cultura digital llevada al extremo, unida a un miedo por enfrentarse a una vida profesional basada en la competencia. Es un intento de “parar el tiempo” y “limitar el espacio”, de crear un espacio/tiempo ficticio (una especie de holosección, nombre que en Star Trek recibía la sala de la nave espacial donde se podía participar en juegos de realidad virtual). Los padres a menudo aceptan el fenómeno como algo inevitable. No hacen nada para impedir que sus hijos se encierren y como no tienen problemas económicos les mantienen indefinidamente (la mitad de jóvenes entre 20 y 34 años viven en la casa familiar).

El tener un hikikomori en la familia normalmente es considerado un problema interno de esta, y muchos padres esperan mucho tiempo antes de buscar una terapia psicológica. Además, en Japón la educación del niño corre a cargo de la madre, por tradición, y puede que el padre deje todo el problema del hikikomori a la madre, la cual se siente sobreprotectora con su hijo. En un principio, la mayoría de los padres se limitan a esperar que el niño supere sus problemas y regrese a la sociedad por su propia voluntad.

Tampoco les gusta reconocer el problema, pues sería motivo de descrédito en una sociedad que valora por encima de todo el trabajo y el éxito. Por otra parte, el sistema social japonés favorece esta opción: el sistema educativo es muy rígido, el mercado laboral extremamente competitivo, en las ciudades hay pocos espacios libres, y la sociedad valora por encima de todo el desarrollo tecnológico, pues incluso la diversión en grupo es virtual (como sucede con el karaoke).

Para ampliar este tema, ver la nota siguiente

Los Hackers La Sociedad del Siglo XX y XXI Modelo de Sociedad

Los Hackers – La Sociedad del Siglo XX

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TEMAS TRATADOS:

1-Los Guardias Rojos
2-Los Hippies
3-Los Hikikomoris
4-Los Hakers
5-Los Punks
6-Los Ravers

La red (Winkler, 1995) es un filme que narra las peripecias de un joven pirata informático que por casualidad descubre un complot político e intenta escapar de la tiranía del control digital de la sociedad. Los hackers son un movimiento protagonizado por apasionados de los ordenadores, que ponen sus conocimientos informáticos al servicio de un desarrollo libre y sin barreras de la sociedad-red.

Según el Diccionario del argot Hacker, son personas que se dedican a “programar de forma entusiasta” y “poner en común la información” que derive de tal entusiasmo. El término deriva del verbo hack, que significa “cortar, dar una patada o puntapié”.

Aplicado al mundo de la informática, las patadas se dan a las grandes corporaciones, en forma de promoción del software libre, del boicot a sus productos o simplemente de la experimentación.

El término apareció a principios de la década de 1960 en Boston, donde un grupo de jóvenes programadores del MIT empezaron a autodenominarse así. Para evitar la confusión con aquellos que dedican su tiempo a propagar virus, los hackers propusieron el término crackers para definir a estos piratas informáticos.

En España el movimiento hacker llegó gracias al movimiento ciberpunk y se propagó a fines de la década de 1990.

Desde el principio, los hackers eran casi siempre jóvenes creativos que desde su reducido espacio doméstico (la propia habitación o su garaje) conseguían conectarse entre ellos y con otros apasionados de la informática, poniendo en aprietos al gobierno o a las grandes multinacionales.

Pekka Himanen, hackerEn su libro La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, (2002), Pekka Himanen considera al hacker el prototipo de un nuevo tipo de moralidad que emerge con la sociedad digital.

Esta nueva ética (llamada nética) se caracteriza por una relación libre con el tiempo, una concepción lúdica del trabajo, una organización descentralizada, el rechazo a las jerarquías, la valoración de la pasión y la experimentación, etc.

Los primeros hackers que luego se harían famosos estaban muy conectados con los movimientos contraculturales que preconizaban el rechazo de la familia y la creación de comunas alternativas.

Por ejemplo, Steve Wozniak, (imagen) uno de los fundadores de Apple, explicaba así sus orígenes: “Provenía yo de un grupo de lo que llamarías beatniks o hippies, una pandilla de técnicos que comentábamos nuestras ideas radicales sobre una revolución de la información y el modo en que íbamos a transformar por completo el mundo llevando los ordenadores a los hogares”.

Con el cambio de siglo, una nueva generación de hackers se conectó a la red gracias al movimiento antiglobalización. Seguían simpatizando con ideas anarquistas y contraculturales, pero ya no rechazaban a sus padres ni se proponían abandonar el hogar familiar, antes al contrario, utilizaban su reducto de libertad doméstica para resistir.