Hallazgos Históricos

La Leyenda del Nacimiento de Buda y Origen del Budismo

VIDA DE GAUTAMA SIDARTA – ORIGEN DEL BUDISMO – EL NIRVANA –

BREVE FICHA BIOGRAFICA:

• Se cree que nació entre los años 566 y 558 a.C. con el nombre de Sidarta Gotama, en Kapilavastu (actual frontera entre Nepal y la India).

• Poco después murió su madre, y su padre y una madrastra se hicieron cargo de su educación. Para que no se enterara de los problemas del mundo, lo aislaron en el palacio, con todos los lujos.

• A los dieciséis años se casó con Yasodhara y tuvo un hijo.

• Cerca de los veintinueve años conoció el dolor humano. Cansado de privilegios y afectado por su descubrimiento, empezó a pensar cuál sería la causa de todo el sufrimiento y a buscar su solución.

• Luego de encontrarse con un monje mendicante, decidió vivir como él. Abandonó a su familia y renunció a toda su riqueza y poder.

• Se estableció con cinco discípulos en Uruvela (cerca de la actual Gaya) y durante años buscó respuesta al dolor.

La iluminación

• A los 35 años, mientras estaba sentado meditando bajo un árbol (conocido como el Árbol de la Sabiduría), alcanzó el verdadero conocimiento y se convirtió en Buda (el Iluminado).

• Luego se reunió con sus seguidores y les anunció su doctrina para superar el sufrimiento.

• Viajó por el valle del río Ganges transmitiendo su enseñanza y reuniendo fieles.
• Evitó un intento de asesinato a manos de su primo Devadata.

• Volvió a su ciudad natal y convirtió a su familia al budismo.

• Murió aproximadamente a los 80 años, luego de comer alimentos en mal estado, en Kusinagara, hoy Kasia (India).

«El odio nunca se calma mediante el odio.
El odio se calma mediante el amor. Esta es una ley eterna. «

HISTORIA DE SU BIOGRAFIA Y DEL BUDISMO

Hacia el año 550 antes de Cristo, gobernaba un pequeño reino del norte de la India un rey de la dinastía Sakhya.

Tenía un lujoso palacio a orillas del Ganges, el río sagrado, construido casi en la cresta de una escarpada colina, rodeada por las nieves del Himalaya.

Estaba casado con Maya, princesa de acrisolada virtud, dedicada a extremas prácticas ascéticas, que la habían movido incluso a separar su lecho del de su esposo, que la respetaba y amaba tiernamente.

Una noche, Maya tuvo una visita inesperada; arrebatada de la tierra, se encontró frente a un elefante sonrosado, de seis colmillos; la tierna bestia se arrimó al costado de la reina y sin causarle el menor dolor, hirió con una de sus defensas la carne inmaculada.

Diez meses después de este sueño o suceso prodigioso, nació el príncipe Gautama Sidarta.

Sobre un loto, apareció frente a Maya una tierna criatura rubia y rosada, mientras del cielo caía una lluvia de flores.

El recién nacido descendió del loto y anduvo siete pasos hacia cada uno de los puntos cardinales (la teología hindú había establecido la existencia de siete cielos o espacios divinos, de los cuales el séptimo era accesible únicamente al principio supremo) y luego dijo: «Triunfaré del nacimiento y de la muerte y venceré a todos los demonios que hostigan al hombre».

estatua buda

Inmediatamente, cesó la lluvia de flores y el infante — pues volvió a serlo desde este instante— se reclinó nuevamente sobre el loto.

Todo el palacio había presenciado, sobrecogido, el prodigio. Y su cese restituyó al príncipe al mundo de los niños.

Durante mucho tiempo, exactamente hasta que cumplió sus veintinueve años (uno menos que Cristo), Sidarta fue y creció como un hombre cualquiera.

Al revés que Cristo, su educación y formación estuvieron marcadas por el signo aristocrático de su condición y, además, por una extrema brillantez.

Superaba a sus amigos y condiscípulos en valor, agudeza y penetración. Sorprendía a todos los maestros.

Sólo el padre andaba inquieto por el porvenir de un príncipe tan encantador.

Porque un asceta — de los muchos que visitaban el palacio, a causa de su esposa— le había predicho, con toda seriedad, que, en efecto, Sidarta sería el mejor rey que el país hubiera conocido jamás.

Mas, si por ventura — o malaventura, pensaría el rey — se volviera sobre la vanidad de la existencia y se introdujera en las prácticas ascéticas, nada podría ya separarle de ellas. Ignoramos con qué designios facilitó el asceta estos datos al perplejo rey.

Pensó éste que nada sino el amor de una hermosa mujer sería táctica eficaz para conjurar este gran riesgo.

Y en efecto, Sidarta se enamoró locamente de la bellísima Yasodhara, con la que contrajo matrimonio y de la que, en seguida, hubo un hijo.

La leyenda insiste en el gozoso aislamiento en que por esta época vivía el príncipe: ocupaciones deportivas, fiestas y ahora el amor de su mujer y del nuevo principito.

Pero, de lo que acontecía al otro lado de las moradas de los nobles, ignorancia absoluta y apartamiento radical. Era otro mundo y sus leyes otras leyes.

¿Qué movió a Sidarta a abandonar su palacio y trasponer el muro separador? ¿Una cierta inquietud insatisfecha que aguijoneaba la corteza del príncipe feliz?.

En cualquier caso, aquella excursión a Kapilavastu fue decisiva.

He aquí lo que Sidarta encontró: un mendigo viejo y llagado que tendía su escudilla al borde del camino; el cortejo fúnebre de una joven madre cuyo esposo e hijos lloraban sin consuelo, al borde de la pira funeraria; la palabra de un asceta macilento que, tras predicar altivamente la virtud a una muchedumbre absorta e ignorante, les suplicaba con humildad alimento para sustentarse.

Y obsérvense ahora las conclusiones que de esta salida obtiene la leyenda: Sidarta comprobó la existencia de la muerte y el dolor en el mundo y resolvió liberar de ellos a los hombres, o, mejor dicho, liberarles de su temor, pues el sufrimiento procede del temor y el temor de la ignorancia.

Por consiguiente, el punto de partida de Buda sería absolutamente irreligioso y, en cierto modo, racionalista.

Tuvo que darse en su alma, forzosamente, una simpatía hacia ese desajuste del mundo que tan hondamente le conturbó.

Y al propio tiempo, despertarse en él una convicción íntima de que estaba capacitado para derrotar la ignorancia del mundo (dejando aparte lo divino que hubiera en su naturaleza, pues los datos de la leyenda no permiten inferir que, en esta sazón, poseyera Sidarta conciencia de su divinidad).

Todo ello suscitó en él la decisión de abandonar palacio, padres, mujer e hijos, de renunciar a sus riquezas — no por remediar pobreza ajena, sino por desembarazarse de un obstáculo para la sabiduría— y de consagrarse a investigar la causa del desajuste, pues, ante todo, era necesario «saber».

Una pintura siamesa, muy reproducida en los estudios dedicados a Buda, nos relata que éste abandonó su palacio a caballo, mientras dioses y «boddishatvas» colocaban sus palmas bajo los cascos del animal, para que no despertaran los seres queridos.

Buscó Sidarta, primero, el sabio parecer de los eremitas del Pico de los Buitres.

Pero encontró que su penitencia y su gimnasia del dolor eran estériles porque se habían constituido en fin, sin buscar la gran causa del dolor de los hombres ni su provecho.

El resultado de las prácticas ascéticas conducía todo lo más a una perfección del asceta y eso no redundaba en beneficio de la gran cuestión, que concernía a todos los hombres.

Así que Sidarta, desengañado, pero firme en su propósito, reanudó su peregrinación.

Tomó de un cadáver abandonado el manto con que sus huesos se cubrían y se hizo un ropaje holgado que le cubriera hasta los hombros.

Andaba absorto, caminando hacia la Sabiduría, sabiendo que la hallaría, pero ignorando dónde.

Cuando el hambre le volvía en sí, pedía limosna.

Y no pronunciaba palabra alguna. No recogían sus ojos la belleza de las estaciones ni se perturbaba su carne al sentir la lluvia o el rayo de fuego solar.

Finalmente, llegó ante un grueso árbol, cuyas ramas bajas se inclinaban, polvorientas, hasta el suelo y supo que allí le sería dada la sabiduría.

Lo rodeó siete veces, desafiando a los dioses: «No me moveré de aquí hasta que sepa».

Recogió una brazada de las hojas caídas, las apiló y se sentó sobre ellas en la postura que tan familiar nos es a través de la iconografía: su mano derecha tocaba el suelo, como para no perder el contacto con esa tierra habitada por los hombres a quienes había que instruir.

No se sabe el tiempo que Buda permaneció así.

Probablemente el tiempo se detuvo. Mará, dios maligno e inteligente, que comprendió el peligro de esa detención, diluvió sobre el contemplativo toda clase de Tentaciones y precipitaciones «celestiales».

Finalmente le envió a sus seductoras hijas, imagen viva de la concupiscencia.

Se cuenta que, así como Sidarta recibió impasible el rayo, el granizo, la lluvia y el fuego (a veces protegido con el cuerpo de los buenos espíritus), cuando notó la presencia de las lascivas danzarinas alzó sus ojos hacia ellas.

Y su mirada las convirtió en viejas arrugadas, de espantoso aspecto.

En ese mismo momento, Sidarta supo.

Era el deseo de nacer y el mismo nacimiento, lo que ocasiona el dolor.

Es, pues, menester abandonar ese deseo y sustituirlo por el de entrar, de una vez para siempre, en el Nirvana.

En tanto exista, arraigado en la naturaleza, el anhelo de volver a incorporarse a un cuerpo, se producirá la transmigración del alma y, con ella, el riesgo de empeorar de condición por una existencia nueva en circunstancias difíciles.

Superando el deseo de nacer se accederá directamente al Nirvana. Por ello es menester aprovechar la existencia actual cumpliendo puntualmente la obligación moral.

Se ve, pues, cómo Sidarta acepta el postulado básico del brahmanismo de la purificación del alma, a través de un número indefinido de existencias, cuya calidad está determinada por el mérito o demérito contraídos en la anterior.

Mara, empero, le propone — ya directamente, cara a cara — la última tentación, lógica consecuencia de la ciencia hallada.

«Aprovecha, pues, ese conocimiento y entra ahora mismo en el Nirvana.

No corras tú nuevo riesgo pretendiendo existir por más tiempo».

Pero Sidarta — de ahora en adelante será llamado «el Buda», esto es, «El Iluminado» — no abriga ya ningún temor por sí mismo. «No entraré en el Nirvana hasta que enseñe a todos los que viven la manera de hacerlo por sí mismos. Están solos, pero su soledad les es suficiente. Deben saberlo».

Y  Mará, derrotado, se retira definitivamente.

Buda vuelve al camino. Pronto reúne unos cuantos discípulos y se encamina con ellos a Benarés, la ciudad santa, donde expondrá su famosa doctrina de la vía media: «Entre el ascetismo seco y complicado y los deleites del mundo, allí, precisamente en la mitad de esa línea, está la Verdad.

No despreciéis vuestra condición actual; representa un castigo por vuestras faltas pasadas, pero puede ser el instrumento precioso para proporcionaros la entrada definitiva en Lo-Que-No-Es-Más».

Y  les dio unas reglas prácticas de vida pura, cuyo eje estaba, precisamente, en respetar toda vida, pues en ella radicaba siempre una posibilidad de entrar en el Nirvana.

La predicación de Buda duró casi cincuenta años. Los adeptos se multiplicaron.

Hasta su esposa e hijo se convirtieron en discípulos.

Por el contrario, encontró en los brahmanes unos enemigos irreductibles.

En ello se mezcló una vez más el cuidado por las cosas de este mundo: «Por eso, vosotros, brahmanes soberbios, no poseéis la verdad y en vano mediríais vuestra santidad con la mía».

Buda era de la casta Chatria, por pertenecer a la dinastía Sakhya, y su lengua y milagros fueron considerados como puro artificio político en beneficio propio.

La vida retirada y desprendida de los budistas convencería pronto al «pueblo» de que no había engaño posible.

Y el «pueblo», sin comprender del todo la doctrina, se rendía a la presencia humilde —y, por supuesto, taumatúrgica— del Bienaventurado, como empezó a llamársele.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Entrada: BUDA

Descubrimientos e Inventos: Brujula, Imprenta, Papel Polvora Historia

Descubrimientos e Inventos
Brújula, Imprenta, Papel, Pólvora

LOS MAS IMPORTANTES DESCUBRIMIENTOS DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

El genio del ser humano reside en su curiosidad. La inteligencia con que resuelve los problemas de la vida cotidiana es la principal razón de su supervivencia.

Del descubrimiento del fuego a la invención de la rueda, del desarrollo de la escritura al surgimiento de la imprenta, y desde el conocimiento de los planetas hasta la llegada a la Luna, el hombre ha llevado al límite su deseo de investigar.

Los descubrimientos de una época hacen viables los siguientes. Es imposible detener este proceso. El hombre seguirá descubriendo hasta extinguirse o, más probablemente, hasta adaptarse al mundo diferente que ha contribuido a crear.

A mediados del siglo XIV los europeos se lanzaron a la exploración y conquista las tierras desconocidas.

Gracias al espíritu inquieto e intrépido de estos hombres, capaces  de emprender aventuras de objetivos tan inciertos, se abre la Era de los Descubrimientos que favorece el inicio de cinco siglos de invención humana.

La sed de conocimiento mezclada con la innata capacidad del hombre por descifra enigmas llevó a la humanidad a descubrir la forma esférica de la Tierra.

Personajes como Bartolomé de las Casas o Erasmo definieron tempranamente el concepto de humanidad. Copérnico, Galileo y Kepler nos facilitaron la manera de entender y conocer mejor nuestro Universo, a través del descubrimiento de una nueva ciencia, la Astronomía.

La carrera hacia el progreso había comenzado y ya no había forma de pararla. Pero mientras algunos hombres sintieron la necesidad de viajar a lugares recónditos y descubrir nuevas tierras, otros realizaron un viaje al interior del cuerpo humano.

En los descubrimientos geográficos y las exploraciones realizadas, se obtuvieron multitud de datos acerca de plantas y animales desconocidos hasta entonces.

La investigación anatómica y fisiológica realizada, descubrió nuevos hechos y llevó a nuevas teorías que echaron por tierra las aceptadas por Galeno.

Fenómenos como el magnetismo, la transmisión de la luz o el calor, así como la creación de instrumentos de precisión, lentes, relojes, barómetros, balanzas…, servirán de trampolín a la nueva era del conocimiento.

En la Edad Media, la autoridad suprema en medicina y anatomía humana era el médico de la Grecia antigua Galeno.

En la época de Galeno estaba prohibida la disección humana y había llegado a sus conclusiones sobre la anatomía humana a través de la disección de cadáveres.

Cuando el anatomista Andrés Vesalio (1514-1564) empezó a diseccionar cadáveres de criminales recién ejecutados, descubrió que Galeno se había equivocado con frecuencia. La respuesta de los tradicionalistas fue que la anatomía humana debía haber cambiado desde la época de Galeno.

Galeno había tenido una idea de la circulación de la sangre que sugería que la sangre se filtraba a través de pequeños poros en la pared que separaba los dos ventrículos del corazón.

Por eso, cuando el físico y anatomista inglés William Harvey (1578-1657), retomando las teorías del médico y teólogo español Miguel Servet (1511-1553), contradijo a Galeno al publicar su investigación sobre la circulación de la sangre en 1628, causó bastante controversia. Pero a la muerte de Harvey, su descripción detallada, basada en la disección y la experimentación con animales, era ampliamente aceptada.

Los descubrimientos clave en los campos de la ciencia, las matemáticas y la filosofía contribuyeron al rápido desarrollo de la sociedad europea de la época.

Entre los inventos científicos más destacados figuraba la construcción del microscopio durante el siglo XVI.

Si bien se desconoce quién fue su inventor, su perfeccionamiento suele atribuirse al holandés Antón van Leeuwenhoek.

En 1643, Torricelli inventó el barómetro, usado para medir la presión atmosférica. La bomba de vacío, construida por vez primera por Otto von Guericke en 1645, fue un invento que posteriormente demostró ser vital para la innovación industrial y la invención del motor.

El primer motor a vapor lo patentó en 1698 Thomas Savery, a quien habían encargado idear un dispositivo que extrajera el agua de los tiros de las minas mediante bombeo.

En 1714, Daniel Gabriel Fahrenheit creó el primer termómetro de mercurio de precisión y, en 1731, John Hadley inventó el sextante, que mejoró sobremanera la navegación náutica. Rene Descartes vivió entre 1596 y 1650 y realizó contribuciones esenciales a los métodos matemáticos.

Descartes, cuyos métodos estaban estrechamente ligados al pensamiento filosófico, suele considerarse el padre de la matemática moderna. Isaac Newton (1642-1727), filósofo y matemático inglés, fue autor de tres descubrimientos cruciales: el método de cálculo, la composición de la luz y, el más famoso de todos ellos, la ley de la gravedad.

Estos y otros descubrimientos alentaron una sensación general de entendimiento del mundo y fueron el preludio de la era conocida como la Edad de la Razón o el Siglo de las Luces.

Un nuevo método científico, basado en observación y experimentación, y anclado en la lógica implacable de las matemáticas, fue reivindicado triunfalmente en la obra de sir Isaac Newton (1642-1727).

El descubrimiento por parte de Newton de las tres leyes del movimiento y de la ley de la gravitación proporcionaron una explicación mecánica completa del universo, cuyos movimientos demostraron ser tan predecibles como un reloj.

La mecánica newtoniana fundamentó los grandes avances tecnológicos que la siguieron —desde las máquinas de vapor a los cohetes espaciales— y, a pesar de las conclusiones de la relatividad y de la física cuántica, sus leyes siguen siendo válidas en la mayor parte de las escalas y para la mayoría de los propósitos prácticos.

Fue la ruptura intelectual de Newton más que cualquier otro elemento lo que estableció las bases de la Ilustración del siglo XVIII

El avance tecnológico abre sus puertas al siglo XVIII con la creación de la máquina de vapor. El mundo, a partir de entonces, sufre una mecanización que facilita la producción.

Los descubrimientos de fósiles antediluvianos, la existencia de frecuentes cambios en la naturaleza y las demostradas afinidades entre las especies, originarán la polémica entorno a las ideas de Darwin.

El siglo XIX será pues testigo del nacimiento de la biología moderna.

Asoma el siglo XX y nos trae la Teoría de la Relatividad, que provoca cambios radicales en la concepción del Universo.

Se descubren nuevas formas de investigación científica, aparece el psicoanálisis, se producen importantes avances en la física y la genética, empieza la carrera espacial.

A partir de los grandes descubrimientos la vida europea variaría profundamente sus modos de existencia:

a) Se originaron grandes imperios coloniales extraeuropeos; los españoles se establecieron en las Antillas y en el continente americano, desde California hasta el Cabo de Hornos. Por s: parte, los portugueses lo hicieron en África, Insulindia y Brasil.

Algo más tarde los franceses; recorrerían los territorios de la actual América del Norte comprendidos entre el río San Lorenzo y el Mississippi, en tanto que los ingleses poblaron la fachada atlántica de la región.

La formación de estos imperios originaría violentas rivalidades coloniales, en muchas ocasiones unidas a la piratería y al contrabando.

La atmósfera de competencia existente entre las diversas metrópolis causó frecuentes enfrentamientos.

b) Entraron en contacto diferentes civilizaciones de Europa, América, África y Asia, con el consecuente intercambio cultural, y se modificaron y ampliaron la astronomía, la cosmografía y la física. También se precisaron la forma y la dimensión de la Tierra.

c) Se produjo una revolución comercial. Se universalizó el comercio, pues no quedó reducido al ámbito europeo, como sucedía anteriormente.

Además, Europa se convirtió en el centro económico del mundo, poniendo en circulación nuevas monedas de utilización general, como el «ducado» de Venecia y el «florín» de Florencia, y creando nuevas técnicas mercantiles: seguros marítimos, sociedades comerciales, bancos de ultramar, etcétera.

d) Se construyeron puertos, astilleros y compañías comerciales. Se modificó la economía interior de Europa y se dio una migración de campesinos. Se desarrolló el capitalismo.

DESCUBRIMIENTOS GEOGRÁFICOS DE LA HISTORIA

Antes del siglo VI a. de J.C. se tenía del mundo una concepción bastante deformada, como lo muestran las descripciones vagas y someras contenidas en algunos papiros egipcios o en las tablillas mesopotámicas.

Las descripciones homéricas son igualmente confusas; las contradicciones son frecuentes en el viaje de Telémaco a Esparta o en las aventuras de Ulises. Unos siglos más tarde surgieron los primeros tratados de geografía.

La zona de procedencia de los primeros «geógrafos» fue la Jonia, lugar en el que se daban importantes descubrimientos en muchas ramas de la ciencia y donde se estaba desarrollando una gran actividad mercantil.

En una de sus ciudades, Mileto, publicó Hecateo, a fines del siglo VI a. de J.C, sus Períodos o Viaje alrededor del mundo, del que sólo se conservan fragmentos en los que se describen ciudades, pueblos y lugares por él conocidos.

La narración está ilustrada con un mapa del mundo en el que es patente un conocimiento bastante avanzado del Mediterráneo, aunque los datos de otras zonas son más escasos.

En el período posterior, las actividades mercantiles van en aumento, por lo que nuevas potencias empiezan a interesarse en ampliar el campo de sus conocimientos geográficos para aumentar el número de sus consumidores.

En este período, además de Roma, Cártago y los restantes países del Mediterráneo oriental empiezan a ser grandes potencias.

Sus intereses hicieron que la esfera de los conocimientos lograra un gran avance.

De las múltiples aventuras fuera del corazón mediterráneo, quizá la más conocida sea la de Hannón, navegante cartaginés de mediados delLIBRO, HISTORIA NATURAL DE PLINIOsiglo V a. de J.C. que, tras un viaje por las costas del nordeste africano, dejó una memoria en el llamado Periplo de Hannón.

Otras expediciones famosas fueron la de Eudoxio, que fracasó en su intento de bordear el continente africano; la de Piteas de Marsella, que recorrió el mar del Norte en busca de estaño y ámbar; la de Scílax de Caria, que descendió el curso del Indo, etc.

Las expediciones de Alejandro Magno habían abierto nuevas rutas y se descubrían nuevos pueblos hasta entonces desconocidos para el mundo europeo, a la par que suministraban considerables datos que serían aprovechados por los científicos posteriores.

Se llegó así a la primera medida de la Tierra, que realizó Eratóstenes de Cirene (h. 284-h. 192 a. de J.C). Según este científico, la circunferencia terrestre medía 39.740 Km. Sólo se equivocó en 400 Km., error que no se corrigió hasta el siglo XVIII.

LIBRO, HISTORIA NATURAL DE PLINIO

A mediados del siglo II a. de J.C, las monarquías helenísticas empezaron a ser asimiladas por el estado romano, siendo éste, por tanto, el centro de todos los nuevos descubrimientos.

Cuando Roma hizo su aparición en el mundo antiguo en calidad de gran potencia, en el mundo helenístico se estaba produciendo el colapso de la ciencia, engendrado por las contradicciones surgidas a partir del siglo IV a. de J.C.

La decadencia de la ciencia en época romana se suele atribuir al «espíritu práctico» de los romanos.

Esta causa es poco profunda y habrían de buscarse raíces más hondas, relacionadas con la misma estructura del estado romano, como causas reales que harían detener el avance científico.

A pesar de ello, continuaron progresando algunos aspectos de la ciencia, debido al mismo interés del estado romano por conocer sus fronteras y los pueblos limítrofes con ellas. Tal fue el avance de la geografía.

La investigación geográfica siguió en las direcciones señaladas.

En el reinado de Augusto (27 a. de J.C.-14 d. de J.C.) destacó la colosal obra de Estrabón (63 a. de J.C.-h. 24 d. de J.C), que escribió una geografía en diecisiete tomos, con una considerable aportación de datos.

La obra, a pesar de su indudable valor, tenía algunos notables defectos, como el empleo de fuentes anticuadas o la tesis de que el mar Caspio fuera un golfo oceánico.

En la misma línea de Estrabón, pero en un plano menos monumental, están las obras de Mela y Plinio, siendo de gran utilidad la descripción de animales y plantas hecha por este último. En otra línea figuran las descripciones de viajes o periplos.

Entre éstos, ya mencionamos el Periplo de Hannón. Del siglo VI se suele datar el Periplo masaliota, pero se duda que fuera un habitante de Massalia su autor y hasta de la misma existencia del periplo en esa fecha.

Mayor fue la aportación del Periplo del mar Eritreo, que proporcionó datos sobre la navegación por el océano índico y a través del mar de la India. También fueron importantes los itinerarios terrestres.

De la época de Augusto tenemos las Estaciones de Partía, redactado por Isidoro de Carax, en el que se describía el reino parto. Más tardío es el Itinerario Antonino, en el que se enumeran las vías militares de las regiones del Imperio.

Por último, la mayor aportación científica a la geografía fue la emprendida por la escuela de Alejandría en la persona de Tolomeo.

En su guía geográfica se encontraban condensados los conocimientos anteriores, tanto en geografía como en astronomía, acompañados de mapas y listas de ciudades que fueron una notable aportación al posterior desarrollo de la ciencia medieval.

Con ello llegamos al final de un largo recorrido a través de la civilización grecorromana, en la que, a pesar de los indudables avances que hemos referido, la ciencia en general no progresó mucho, limitada como estaba por la misma estructura de la civilización que la había creado.
A. M. P.

Historia del Descubrimiento de la Tumba De Tutankamon

Tumba De Tutankamon:
Carter Descubre la Tumba

EXPLICACIÓN SINTÉTICA:
EL MARAVILLOSO DESCUBRIMIENTO

«Yo estoy firmemente convencido de que en el Valle de los Reyes no existen otras tumbas que las descubiertas por mis excavaciones», afirmaba en el siglo pasado el arqueólogo italiano Juan B. Belzoni.

Pero en los primeros años de este siglo, el arqueólogo inglés Howard Cárter era de otro parecer: el haber hallado en el Valle de los Reyes una copa de cerámica y algunos sellos de arcilla que lucían el nombre de Tutankamón, lo convenció de que la tumba de dicho faraón debía hallarse en el famoso valle.

En octubre de 1922, Howard Cárter decidió continuar sus investigaciones, que duraron muchos años. Y aunque no obtenía ningún resultado positivo, no perdió la esperanza.

La recompensa a tan pacientes y empeñosas investigaciones llegó al fin: el 5 de noviembre, precisamente en el lugar menos pensado, apareció, bajo golpes de pico, la parte superior de la entrada a una tumba aún sellada.

¿De quién podría ser aquella tumba?. Cárter hizo excavar más, hasta que pudo ver los sellos… Casi no dio crédito a sus ojos: ¡en aquellos sellos podía leerse claramente el nombre de Tutankamón! Su teoría había sido confirmada por los hechos.

Después de hacer derrumbar el muro que obstruía la entrada y luego de haber recorrido un estrecho pasillo, el arqueólogo inglés se encontró ante otras dos puertas selladas.

Abiertas también éstas, se presentó ante sus ojos una fantástica visión: tres estancias subterráneas rebosantes de objetos de todas clases.

Había lechos, cofres, estatuas, candelabros y tronos, casi todo de oro: además del valor histórico, los tesoros hallados tenía una enorme importancia artística: se diría que allí estaba reunido el más importante acervo cultural del antiguo Egipto.

Pero había otra puerta sellada, que tenía a sus lados dos estatuas de guerreros montando guardia.

No había duda: aquélla era la puerta de la cámara sepulcral. Después de hacer abrir aquella puerta, Cárter quedó aturdido: la cámara estaba casi totalmente ocupada por un gran cofre de oro.

 partir de ese momento las maravillas se sucedieron unas a otras. Dentro del cofre se encontró otro, y dentro del segundo un tercero.

Luego, por fin, apareció el sarcófago de madera dorada. ¿Bastaría destaparlo para encontrar la momia de Tutankamón?.

Las sorpresas no habían terminado: abierto el sarcófago, apareció dentro otro, y dentro de éste un tercero, de oro macizo.

Después, levantada la pesada tapa de este último, apareció por fin la momia. El cuerpo embalsamado de Tutankamón volvía a la luz después de 3.000 años.

LA HISTORIA DEL GRAN DESCUBRIMIENTO:

Cuando Howard Carter comenzó a excavar en el Valle de los Reyes de Egipto, su ambición era encontrar una tumba real completa, con todos sus tesoros. Muchos lo habían intentado antes y habían fallado. Durante años, Carter trabajó diligentemente bajo el sol abrasador. Entonces, en 1922, encontró un escalón en el fondo del valle.

Las colinas de caliza se yerguen áridas y resquebrajadas en el desierto. A sus pies, las escombreras cubren el fondo del valle.

Es este un lugar un tanto agobiante y claustrofóbico, que parece una enorme cantera. Pero este vasto escorial esconde secretos milenarios —es el cementerio de los amos del antiguo Egipto, El Valle de los Reyes.

Lord Carnarvon y Horwar CarterEn 1891, Howard Carter, de 17 años de edad, llegó a Egipto desde Inglaterra para trabajar como delineante arqueológico.

Su trabajo consistía en bosquejar las pinturas de las tumbas egipcias.

Gracias a su gran precisión, Carter se hizo tan imprescindible que pronto comenzó a ayudar en las excavaciones propiamente dichas.

Su pasión por la egiptología pronto se convirtió en su único interés y en 1900 fue nombrado inspector en jefe de monumentos en el Alto Egipto y Nubia.

Gran parte de su trabajo se desarrolló en el Valle de los Reyes, donde se habían excavado muchas, pero no todas las tumbas de los faraones egipcios.

Cuando Carter comenzó su labor, no se había hallado aún ninguna tumba completa. Encontrar una tumba intacta con sus tesoros funerarios seguía siendo el sueño de los arqueólogos. Pero, por ahora, el Valle de los Reyes guardaba sus secretos. (Imagen: Lord Carnarvon y Horwar Carter)

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Una Colaboración Histórica:

A principio de siglo Egipto era una destilación muy popular entre los turistas y un balneario para los ricos.

Entre los visitantes habituales se encontraba George Herbert, conde de Carnarvon, que paso varios inviernos en Egipto recuperándose de un grave accidente de coche. Hasta ese momento se había dedicado a coleccionar antigüedades y acababa de comprar una concesión para excavar en Tebas (ahora Luxor).

Pero en 1907 se dio cuenta de que necesitaba un ayudante y consejero. Ese año, le presentaron a Carter y lo invitó a unirse a su empresa.

Carnarvon era rico y generoso y a Carter, que acababa de abandonar su cargo oficial, le debió parecer una excelente oportunidad. Así comenzó una colaboración histórica.

Carter y Carnarvon querían excavar en el Valle de los Reyes, pero el dueño de la concesión era Theodore Davis, un americano rico. Davis decía haber encontrado pistas de la tumba del faraón Tutankamon, de dieciocho años de edad.

Se creía entonces que el joven faraón había muerto, probablemente de tuberculosis, 3.300 años atrás.

Pero Davis no había encontrado su tumba, como él creía. De hecho, todas las tumbas encontradas hasta ese momento en el Valle de los Reves esiaban vacías. Habían sido saqueadas por ladrones de tumbas.

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Un acercamiento meticuloso

No se sabe a ciencia cierta cuándo Howard Carter se obsesionó con la idea de hallar la tumba del joven monarca, pero el caso es que cuando Davis abandonó su concesión en 1914, Carter y Carnarvon se apoderaron de ella al instante.

Carter estaba convencido de que en algún lugar de ese silencioso y rocoso valle, descansaba Tutankamon.

Carter sabía que a no ser que organizara la búsqueda con seriedad científica, sería como buscar una aguja en un pajar.

Su meticuloso trabajo incluía técnicas que ahora se consideran esenciales pero que, a principios del siglo veinte parecían excesivas. Pero al poco tiempo de comenzar su trabajo, estalló la Primera Guerra Mundial y tuvo que abandonar su tan esperada oportunidad.

En 1917, Carter pudo continuar su trabajo.

Era un esfuerzo agotador ya que el Valle de los Reyes estaba plagado de restos de arena y roca removida en las primeras excavaciones, así como en otras más recientes.

Además, para confundir a los ladrones, los primeros constructores habían arrojado montones de tierra en lugares alejados de la zona en que estaban trabajando. Este sistema servía a su vez para confundir a los arqueólogos 3.000 años después.

Por otro lado, el calor estival era tan intenso que las excavaciones podían realizarse tan sólo en los meses de invierno.

Año tras año, Carter continuaba su búsqueda, vaciando el fondo del valle hasta encontrar la roca.

Después de cinco años de trabajo, los trabajadores habían sacado 200.000 toneladas de arena y escombros usando herramientas manuales y cestos, como habían hecho en el pasado los es laves del antiguo Egipto.

En 1922 Carter según a sin encontrar nada verdaderamente importante. Lord Carnavon decidió interrumpir su financiación y llamó a Carter al castillo de Highclere,,, en sus posesiones de Berkshire para comunicarle la mala noticia.

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Una nueva oportunidad

Anticipando la decisión de Carnarvon, Carter llegó a Highclere preparado con todos los argumentos necesarios para continuar el trabajo. Según Carter, existía una zona del valle que aún no habían investigado sistemáticamente.

Estaba cerca de la tumba de Ramsés VI, que había reinado poco después de Tutankamon, cerca de la cual Davis había encontrado unos pocos e incomprensibles artefactos con el nombre de Tutankamon grabado.

Rogó a Carnarvon que le dejara continuar el trabajo, diciendo que él mismo financiaría el resto de los hallazgos si no se encontraba nada. Camarvon, impresionado por la decisión de Carter, accedió a pagar un año mas.

Carter volvió a Egipto y se dispuso a limpiar la zona justo delante de la tumba de Ramsés VI.

Era el 4 de noviembre, justo antes de la llegada de los turistas y Carter esperaba poder evitar sus interrupciones diarias. Inmediatamente, los empleados de Carter encontraron algunas cabañas utilizadas por los obreros en la época en que se construyó la tumba.

El cuatro de noviembre ya habían retirado todas las cabañas y los obreros comenzaron a excavar hasta la roca de fondo, un metro más por debajo. Al llegar a la roca, encontraron un escalón cavado en roca.

Al día siguiente descubre escalones más, así como la parte superior de una puerta, cubierta de yeso y cerrada con un antiguo precinto.

Este mostraba al zoomorfo dios Anubis, con cabeza de chacal, sobre un grupo de nueve cautivos atadas: el precinto utilizado por guardianes de tumbas egipcios para sellar las tumbas importantes.

Carter estaba muy emocionado. ¿Podría ser esta la tumba que llevaba tanto tiempo buscando la cámara funeraria de Tutankamon? Armado de paciencia, Carter interrumpió la excavación y envió un cable a Carnarvon: «Por fin he hecho un gran descubrimiento en el valle; una tumba magnífica con los precintos intactos; lo he vuelto a cubrir esperando su llegada; enhorabuena.»

Durante tres semanas, Carter tuvo que contener su emoción.

La tentación de romper las puertas y ver qué había en su interior debió ser enorme, pero Carter decidió esperar hasta que su patrocinador llegara a Egipto. Carnarvon y su hija, lady Eveivn Herbert, llegaron a Luxor el 23 de noviembre. Al día siguiente presenciaron cómo volvían a descubrirse los 16 escalones que conducían a la tumba.

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El sello deTutankamon

Plano de la Tumba De TutankamonUna vez descubierto el resto de la puerta, Carter y Carnarvon descubrieron el sello de Tutankamon en su base. Por fin habían descubierto la tumba del esquivo monarca.

Pero los sellos y la puerta daban muestras de haber sido hollados miles de años atrás. ¿No volverían a encontrar otra tumba vacía, con sus tesoros expoliados? Sólo había una manera de descubrirlo.

Cuando retiraron los bloques que sellaban la entrada, encontraron un túnel lleno de escombros. El 26 de noviembre por la tarde, ya habían conseguido retirar los escombros y encontraron una nueva entrada bloqueada.

Temblando de emoción, Carter hizo un agujero en la esquina superior izquierda de la puerta. Introdujo una vela y miró por el hueco.

Al principio no podía ver nada, pero a medida que sus ojos se adaptaban a la oscuridad, comenzó a distinguir unas estatuas y el brillo del oro en la oscuridad. «Ve algo?», preguntó Carnarvon, sin poder contener su impaciencia. «Sí, cosas increíbles», contestó Carter.

Fue el descubrimiento arqueológico del siglo. La prensa mundial se volcó sobre la noticia y Carter, Carnarvon y Tutankamon se convirtieron en estrellas al instante. Pero la emoción estaba cuajada de dificultades.

Carter y Camarvon otorgaron al Times de Londres la exclusiva absoluta sobre la noticia.

Inevitablemente, el resto de la prensa, frustrada por su exclusión, se dedicó a fraguar historias contra los descubridores: diciendo que estaban vaciando la tumba sin permiso; que se habían quedado varios objetos. Por otro lado, la gente quería ver el increíble hallazgo.

Carter tenía mucho trabajo de carácter científico que realizar, pero era interrumpido constantemente por la curiosidad de jefes de Estado y miembros de la realeza.

Bajo tanta presión, se enfrió la cordialidad entre Carter y Camarvon. En la primavera de 1923, lord Carnarvon murió de neumonía, al complicarse un envenenamiento de la sangre causado por la picadura de un insecto. Carter se quedó solo para continuar el trabajo.

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El trabajo de toda una vida

Mascara mortuoria de oro macizo de Tutankamon El trabajo tardó diez años en completarse. Gracias al carácter extremadamente metódico de Carter, cada uno de los 4.000 objetos de la tumba fue fotografiado in situ y registrado antes de retirarse.

Se tardó dos meses en vaciar la antecámara.

El montón de carruajes, camas, tronos y cajas removidos por los ladrones en la antigüedad, habían sido amontonados de cualquier manera por los enterradores oficiales cuando volvieron a sellar la tumba.

Carter se negaba a entrar en la cámara funeraria hasta haber estudiado, restaurado y enviado a El Cairo, todos los objetos de la antecámara.

Mascara mortuoria de oro macizo encontrada sobre la momia de Tutankamon

Los ataúdes que contenían el cuerpo momificado de Tutankamon no llegaron a abrirse hasta 1925, descubriéndose entonces el ataúd y la máscara mortuoria, ambas de oro macizo. Había más de 143 joyas de oro distribuidas alrededor del cuerpo.

Dos años más tarde, se retiraron los últimos objetos para ser restaurados, pero hasta 1932 no se envió el último objeto de la tumba a El Cairo, después de haber examinado las demás cámaras.

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Una dedicación completa

El descubrimiento de la tumba de Tutankamon es uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de todos los tiempos, pero Carter y Carnarvon tuvieron que dedicarse a él de pleno durante 15 años.

Sin la generosidad de Carnarvon y la obsesión y tenacidad de Carter, los fabulosos contenidos de la tumba jamás habrían visto la luz. ¿Y Tutankamon? Continúa en el Valle de los Reyes, siendo el único monarca del antiguo Egipto que permanece en su tumba.

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La Maldición de la Tumba de Tutankamon

Tras la inesperada muerte de lord Carnarvon, surgió el rumor según el cual, todo aquel que entrara en la tumba de Tutankamon sería víctima de una maldición. Los periódicos de la época le dieron mucha importancia al rumor y se regocijaban en la malicia y el melodrama.

Es cierto que dos personas clave murieron durante la excavación de la tumba: uno era Carnarvon y el otro, el arqueólogo Arthur Mace. Todos los demás sobrevivieron y algunos su peroran los ochenta años de edad.

Los rumores eran tan persistentes que el propio Carter tuvo que defenderse de la idea de una maldición: «… cualquier persona en su sano juicio haría caso omiso de esta elucubración. Esta clase de maldiciones están completamente ausentes de los rituales egipcios».

OTRO DESCUBRIMIENTO: La momia de Hatshepsut fue una de las dos momias femeninas halladas en 1903 por Howard Carter  en una pequeña tumba del Valle de los Reyes, denominada KV60. En el sepulcro, de unos 40 metros cuadrados, había dos momias, y desde entonces se pensó que una podía ser de la reina y otra de su nodriza, Sitre In.

Los investigadores califican el descubrimiento como “el más importante en la egiptología desde 1922, fecha del hallazgo de la tumba del faraón Tutankamón por el británico Howard Carter”. Hatshepsut es una de las reinas más famosas del Egipto faraónico: ocupó el trono entre 1479 y 1458 a.C., y fue una de las “estrellas” de la pujante XVIII dinastía. A ella está dedicado el famoso templo de Deir al Bahri, una de las atracciones más visitadas de la ciudad de Luxor.

Aunque es verdad que en los años siguiente: al descubrimiento de la tumba de Tutankamón se produjeron algunas muertes sorprendentes entre los miembros de la expedición, también lo es que para casi todas ellas existe una explicación lógica y sensata.

Así, por ejemplo, la mayoría de la treintena de víctimas tenía entre 70 y 80 años de edad en el momento de su muerte.

Lord Carnarvon, por ejemplo, que había financiado la expedición de Howard Cárter, falleció a causa de una septicemia provocada por la infección de una picada de mosquito.

Desde el punto de vista científico, la teoría de la maldición del faraón se considera hoy día refutada por completo. Lo más fácil es pensar que surgiera de la desbordante fantasía de un periodista de tabloide británico.

En 1973, la ciencia creyó haber encontrado una explicación racional de las numerosas muertes entre los miembros de la expedición. En la tumba de Tutankamón se encontraron altas concentraciones de esporas del hongo Aspergíllus flavus.

Los productos metabolizados de este hongo son muy venenosos y peligrosos para el hombre, ya que el Aspergillus flavus puede causar reacciones alérgicas en personas con un sistema inmunitario debilitado o atacar incluso determinados órganos.

En la actualidad, el hongo está considerado como el causante de las enfermedades mortales que padecieron los miembros de la expedición.

Fuente Consultada: True Action Adventures (BBC) – Atlas la Historia del Mundo –