Hernando de Talavera

Lautaro Sublevacion Contra Españoles a la Colonizacion en Chile

Caudillo Araucano Lautaro Sublevacion Contra la Colonizacion en Chile

En 1553, el hijo de un cacique araucano que se había visto obligado a servir al conquistador Pedro de Valdivia, lidera la subleuación contra los españoles.

Durante cuatro años mantendrá en jaque a los invasores, pero acabará sucumbiendo en la lucha, uíctima de una traición.

El líder indígena que contuvo a los españoles en Chile fue el joven Lautaro, hijo del cacique Curiñanca.

Nacido en 1534, en los bosques de Tirúa, fue tomado como mozo de caballeriza por Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile.

Durante ese tiempo, aprendió el manejo de los caballos y se familiarizó con las tácticas militares de los conquistadores.

Cuando huyó de sus captores, Lautaro se refugió entre los suyos y, a pesar de su extrema juventud, consiguió que los caciques creyeran en sus conocimientos sobre los colonizadores y fue nombrado jefe supremo.

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La primera fase de su lucha contra los conquistadores españoles quedó inmortalizada en La Araucana (1569-1589), poema épico que describe las hazañas del jefe mapuche Caupolicán y del caudillo araucano Lautaro.

La guerra araucana: Los araucanos se vieron envueltos durante más de 300 años en una guerra interminable en defensa de sus posesiones y expulsaron reiteradas veces a los españoles.

Los triunfos que tanto envanecían a los españoles fueron de corta duración. La guerra araucana se reanudó en 1553, se mantuvo durante todo el período colonial y constituyó en el siglo XIX uno de los grandes problemas que debieron afrontar las autoridades independientes de Chile.

Ninguna tribu americana opuso a los invasores tan viril resistencia. En México, Perú y Nueva Granada, los conquistadores, vencidas las primeras resistencias, se hicieron dueños de todo el territorio.

Los araucanos, que Valdivia comparaba con los antiguos germanos por el espíritu díscolo y su amor a la libertad, defendieron tenazmente el suelo nativo, sin deponer su agresividad ante las crueldades ni la superioridad de los conquistadores.

Las tribus araucanas se confederaron frente al peligro común y designaron jefe militar a Caupolicán.

El y Lautaro fueron el nervio de la resistencia contra los conquistadores y sucumbieron en la lucha.

Ambos simbolizan la reacción contra los españoles y por tal motivo los patriotas argentinos de 1812 denominaron Lautaro a una asociación (logia) constituida para trabajar por la independencia de América.

La guerra araucana comenzó con la destrucción de la fortaleza de Tucapel. Valdivia acudió en su defensa al frente de cincuenta jinetes, pero la táctica de los indios, que le presentaron sucesivamente nuevas divisiones, determinó la derrota del jefe español.

Encerrado en la fuga (enero 2 de 1554), el desdichado Valdivia sufrió toda clase de tormentos.

Los araucanos chilenos, que practicaban la antropofagia por venganza, «le cortaron los brazos con sus cuchillos de conchas; ante su vista los limpiaron de la carne, que asaron ligeramente y devoraron después de habérsela dado a oler, y con los huesos fabricaron flautas en su presencia.

Las tradiciones aseguran que el infeliz prisionero sufrió por espacio de tres días cuantos martirios puede imaginar la crueldad más refinada.

Cuando la muerte lo libró de tan horribles padecimientos, sus verdugos clavaron su cabeza al extremo de una lanza y la pasearon en triunfo por todo el país.

Más adelante construyeron con el cráneo un vaso, en el cual bebían todos cuando celebraban algún banquete con motivo de sus victorias».

La muerte de Valdivia intensificó la resistencia de los nativos y dificultó la situación de los españoles. Villagra asumió el mando y vencido por los indios despobló las ciudades de Villarica, Angol y Concepción; Francisco de Aguirre, a quien el testamento de Valdivia designaba para reemplazarlo con preferencia al nuevo gobernante, regresó del Tucumán, donde ejercía el cargo de teniente gobernador, y le disputó el gobierno.

La guerra civil parecía inevitable, pero fué conjurada por una comunicación de la Audiencia de Lima, aboliendo el cargo de gobernador.

Durante dos años no hubo autoridad central y los Cabildos ejercieron el gobierno dentro de los respectivos distritos.

Finalmente, Villagra fue nombrado corregidor de Chile.

El hecho más notable de su gobierno fué la muerte de Lautaro, a quien los españoles sorprendieron en su campamento (1557).

La muerte del jefe indio no quebró la resistencia.

La llegada de don García Hurtado de Mendoza, designado gobernador de Chile por su padre, el Virrey del Perú don Andrés Hurtado de Mendoza, dio nuevas energías a los conquistadores (1557).

La guerra se reanudó. Victorioso don García repobló las ciudades destruidas e hizo nuevas fundaciones, como las de Cañete y Osorno. Sus huestes llegaron hasta las orillas del mar y enfrentaron el archipiélago de Chiloé.

Durante esta expedición, Caupolicán intentó un ataque contra la ciudad de Cañete. Aprisionado por sorpresa, pagó con una muerte horrible el suplicio de Valdivia. Condenado a la pena capital, fué sentado sobre un palo aguzado, que le atravesó todo el cuerpo, mientras lo saeteaban los flecheros españoles.

Don García asentó la dominación en el Sur y como su gobernación se extendía del otro lado de los Andes, activó la colonización del Tucumán y comenzó la conquista de Cuyo, donde Pedro del Castillo fundó la ciudad de Mendoza (marzo 2 de 1561).

Sin embargo, a despecho de las victorias obtenidas, la guerra araucana continuó y costó a España más vidas que la conquista de Méjico y Perú.

El heroísmo de los indios del Sur fue reconocido por los mismos invasores, y Alonso de Ercilla, capitán de las tropas de don García, lo inmortalizó en un poema épico titulado La Araucana (1569-78-89).

Varias generaciones se absorbieron en la lucha, y al cabo de casi un siglo se concertó la paz.

España aceptó como un hecho consumado la independencia araucana: los indios se reconocieron sus vasallos pero la Metrópoli no les impuso su autoridad (1650).

Victorias iniciale y derrota final: Después de hostigar a sus enemigos con tácticas guerrilleras durante algún tiempo, Lautaro creyó que había llegado el momento de plantear la batalla definitiva.

En 1553, atrajo a su feudo de Tucapel a las tropas de Pedro de Valdivia, quien resultó vencido y muerto.

Derrotó a las fuerzas españolas del nuevo gobernador Francisco de Villagra en Marigüeñu, y venció a sus tropas una vez más camino de Concepción, ciudad que a la retirada de los españoles ocupó y saqueó en 1554.

Aunque fracasó en su intento de conquistar Santiago en 1556, Lautaro logró vencer a sus enemigos en dos combates más. Sin embargo, y debido a una traición, al año siguiente los españoles le sorprendieron y mataron en su campamento de Peteroa.

Lautaro es uno de los caudillos más admirados del continente, y el héroe nacional de la causa indígena de Chile.

Conflictos

  • Guerra de Arauco
  • Batalla de Andalién
  • Batalla de Penco
  • Catorce de la fama
  • Batalla de Tucapel
  • Batalla de Marihueñu
  • Primera destrucción de Concepción
  • Segunda destrucción de Concepción
  • Batalla de Peteroa

Fuente Consultada:
¿Sabes Quien…? Editorial Océano Entrada Lautaro
Curso de Historia Colonial Americana Editorial Estrada – J.M. Saenz Valiente
Enciclopedia ENCARTA – Microsoft

Biografia Hernando de Talavera Arzobispo

Biografia de Hernado de Talavera

De suma significación en la vida castellana a fines del siglo XV y principios del XVI, o sea en la época de los Reyes Católicos, es la persona de fray Hernando de Talavera, prior de Prado, confesor de la reina Isabel y primer arzobispo de la Granada reconquistada.

Talavera Hernando
Arzobispo y Confesor de la Reina Isabel, Hernando de Talavera

Hombre de una gran fe religiosa, intransigente en el respeto debido al Señor aun por los propios monarcas, supo hallar suavidades en el grave problema de convertir al cristianismo a los musulmanes granadinos.

En una época de exaltación religiosa y de procedimientos radicales, Talavera buscó una vía media que condujera a la conversión de buen grado, sin el uso de la fuerza o la coacción. Por otra parte, fue un buen orador y un pulcro y notable escritor de temas religiosos y morales.

De cuna discutida — pues unos afirman que fue muy humilde y otros de mediana nobleza —, Hernando nació en Talavera de la Reina hacia 1428. Educado-desde su más tierna infancia por y para la Iglesia, creció en bondades y en aptitud para los conocimientos literarios.

Estudió en Salamanca con sus propios recursos, ayudándose con la redacción manual de libros. Bachiller a los veinticinco años y licenciado a los treinta, en 14615 completó el cuadro de sus virtudes ingresando en el monasterio Jerónimo de San Leonardo de Alba.

Su saber y su renombre le llevaron, a poco, al priorato de Nuestra Señora del Prado, cercano a Valladolid, en cuyo cargo demostró competencia extraordinaria. Tanto fue así que su fama llegó hasta los lugares más altos del Estado.

La reina Isabel le eligió por confesor y le encargó varios asuntos diplomáticos delicados, como el de zanjar las diferencias entre las coronas de Castilla y Portugal a causa de la guerra de la Beltraneja (1479).

Nombrado visitador general de su Orden, y, más tarde, obispo de Avila, en 1493′ recibió las bulas pontificias designándole arzobispo de la diócesis de Granada, que hacía un año había sido rescatada del poder del Islam. Entonces pidió y obtuvo de sus soberanos que le permitieran dedicarse por completo a su ardua tarea.

En Granada Talavera predicó el amor, la caridad y los misterios sagrados del cristianismo. Consta que se granjeó el afecto y admiración de muchos musulmanes, que se convirtieron. Pero, en la corte, se lamentaba la supuesta lentitud de las conversiones.

El nuevo confesor de la reina y arzobispo de Toledo desde 1495 Cisneros, propuso un método para alcanzar rápidamente el imperio de la verdadera fe en Granada.

En 1499, con motivo de su estancia personal en la ciudad, se produjeron graves motines, los cuales sólo fueron calmados gracias a la autoridad personal de Talayera.

Este tuvo que asistir a la rebelión de 1500 y al edicto de conversión general de 1501, lo que significaba el fracaso de su política religiosa. Murió en Granada el 14 de mayo de 1507.

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