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Hambruna en Ucrania Historia Crimenes de Stalin en Rusia Causas

Historia:Hambruna en Ucrania 
Crimenes de Stalin en Rusia

El hambre como arma política: Entre los numerosos crímenes cometidos por Stalin se cuenta el de la hambruna forzosa de Ucrania durante los años 1932-1933. Como es común en los países en los que reina el socialismo, las hambrunas intencionadas se han usado como arma política utilizada para alcanzar los deseados objetivos contra varias clases. Las víctimas señaladas en esta ocasión fueron los kulaks, los agricultores campesinos que tenían propiedad y contrataban a trabajadores.

Cuando Stalin alcanzó el poder en 1924, vio el nacionalismo ucraniano como una amenaza al poder soviético, creyendo que cualquier insurrección futura podría provenir probablemente de los kulaks. Así que decidió aplastarles utilizando los métodos que tan exitosos habían sido en la URSS durante la política de “liquidación como clase”. En 1929, arrestó a miles de intelectuales ucranianos bajo falsos cargos y o bien los fusiló o bien los envió a campos de trabajo en Siberia. Llevó a cabo la colectivización de las explotaciones ucranianas requisando todas las tierras y el ganado privados, lo que afectó aproximadamente al 80% de la población de Ucrania, anteriormente conocida como el granero de Europa. Declaró a los kulaks enemigos del pueblo.

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Los campesinos prósperos, los kulaks, propietarios de tierras y de algún ganado, se resistían a entregarlas a los colectivos. En consecuencia los kulaks, como clase, fueron liquidados. Se instaba a los campesinos pobres a atacar a los ricos, enemigos de clase. Cientos de miles de kulaks y sus familiares fueron ejecutados, y muchos más transportados a campos de trabajo en remotas zonas de la Unión Soviética. La campaña contra estos campesinos no tenía una consideración económica, sino ideológica; querían deshacerse de una población capaz de organizarse y resistir la colectivización. El proceso se aplicó con especial virulencia en Ucrania, un país con un fuerte sentimiento nacionalista, que por entonces era uno de los mayores productores de trigo del mundo hasta el punto de ser conocido como «el granero de Europa». La población ucraniana había combatido a los terratenientes durante la Revolución de 1917 para poder poseer la tierra. Pero cuando los bolcheviques ocuparon Ucrania y ordenaron la colectivización de la tierra, los campesinos se resistieron, tratando además de mantener su lengua y su cultura. Fueron arrasados por ejército rojo, dirigido por Stalin.

Se han estimado en diez millones de personas las que fueron desposeídas de sus hogares y pertenencias y enviadas a Siberia en trenes de mercancías sin calefacción, condiciones en las cuales pereció al menos un tercio de ellos. Los que se quedaron en Ucrania lo pasaron igual de mal, si no peor. Enfrentándose a la propaganda de guerra y a una ardua batalla, muchos kulaks se rebelaron, volviendo a sus propiedades, e incluso matando a las autoridades soviéticas locales.

 

Tan pronto como llegó a Stalin la palabra rebelión el pequeño éxito de los kulaks se tornó breve. Los soldados del Ejército Rojo fueron enviados para ahogar la rebelión y la policía secreta inició una campaña de terror con el objetivo de romper el ánimo de loskulaks. En 1932, con la mayoría de las explotaciones ucranianas colectivizadas a la fuerza, Stalin ordenó un aumento en las cuotas de producción de comida. Lo hizo en múltiples ocasiones hasta que no quedó comida para los ucranianos.

La cosecha de trigo de 1933 se vendió en el mercado mundial a precios por debajo del mercado. Los historiadores han calculado que dicha cosecha podría haber alimentado a los ucranianos por dos años.

Cuando el partido comunista ucraniano solicitó a Stalin una reducción en las cuotas, éste respondió enviando al Ejército Rojo para exterminar el PC ucraniano e impedir que los ciudadanos fueran a más con la creación de un inmenso campo de concentración dentro de sus fronteras.

La policía secreta aterrorizó a la población haciendo inspecciones aleatorias de las pertenencias personales y requisando toda la comida que encontraran, ahora considerada sagrada propiedad del Estado. Cualquier ladrón de comida del Estado o bien era ajusticiado inmediatamente o era enviado por lo menos por diez años a los Gulag.

 

El efecto fue la hambruna, masiva y prolongada. Murieron millones de personas, simplemente porque no tenían con qué comer. El aspecto característico de los niños era esquelético y con el abdomen hinchado. Se cuenta que las madres abandonaban a sus hijos en los vagones de los trenes que iban a las grandes ciudades con la esperanza de que alguien pudiera cuidar de ellos mejor. Desafortunadamente, las ciudades estaban inundadas de miseria y hambre.

Los ucranianos pasaron a comer hojas, perros, gatos, ratas, pájaros y ranas. Cuando esto no era suficiente, incluso pasaron al canibalismo. Se ha escrito que “el canibalismo era tan común, que el gobierno imprimió carteles que decían: comer a tus propios hijos es un acto de barbarismo”[1]

En los momentos más crudos de la hambruna, morían unas 25.000 personas cada día en Ucrania. El recuento final se sitúa entre los cinco y los ocho millones de personas. Cuando los familiares extranjeros de los ucranianos, en Occidente, respondieron enviando cargamentos de comida, los oficiales soviéticos reaccionaron requisando esa ayuda. Los gobiernos occidentales ignoraron durante mucho tiempo los informes sobre las hambrunas que periódicamente se escapaban al Estado de terror soviético. Franklin Delano Roosevelt reconoció formalmente al gobierno de Stalin en 1933, y la Unión Soviética fue reconocida en la Sociedad de Naciones en 1934.

Los kulaks no tienen un museo, mucho menos un memorial. Hoy, nosotros les recordamos.

(1) El Libro Negro del Comunismo. Stephane Courtois

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…
En el Libro Negro de la Humanidad, de Mathew White explica sobre la eliminación de los KULAG (granjeros)

«A partir de 1929, Stalin intentó que la agricultura se ajustara a la teoría comunista, y para ello abolió las granjas particulares y reunió a todos los campesinos en granjas colectivas donde pudieran compartir material moderno y donde se vieran obligados a vender las cosechas a los precios fijados por el gobierno. Los campesinos que se resistieron fueron fusilados o, más probablemente, deportados a climas menos sanos donde, sin que nadie lo supiera, trabajaban en proyectos del gobierno.

En lugar de entregar sus animales, los ganaderos prefirieron sacrificarlos y comérselos. Stalin tomó represalias contra cualquier desafío suspendiendo la entrega de provisiones a las comunidades desobedientes y racionó la comida de las familias según su grado de lealtad al estado.

Los campesinos prósperos (kulaks) se convirtieron en el chivo expiatorio universal de todo lo que no iba bien en la Unión Soviética: no sólo eran unos especuladores y acaparadores, y los culpables de cualquier escasez de alimentos, sino que todo el mundo sabía que los kulaks extendían las enfermedades venéreas, que tenían una aborrecible falta de higiene, y que explotaban el trabajo de otros. Familias enteras de kulaks fueron arrancadas de sus hogares y enviadas a un exilio mortal. Apaleados, despojados de todo y exhaustos por los largos viajes, los cadáveres de los kulaks se amontonaban en las estaciones de ferrocarril de las regiones rurales.

La reestructuración de la agricultura soviética trastornó toda la infraestructura agraria, no sólo las granjas, sino también el transporte y los molinos, en especial en el granero de Ucrania. El sistema fue sometido a tanta tensión que al final saltó. En 1932, una enorme hambruna se extendió por toda la Unión Soviética, y entre 7 y 10 millones de personas murieron en menos de dos años. Pese a que millones de campesinos ya estaban pasando hambre en Ucrania, los comisarios soviéticos les requisaron todo el grano para satisfacer una cuotas muy rígidas. Incluso las semillas necesarias para plantar la cosecha del año siguiente fueron requisadas, mientras morían 5 millones de campesinos ucranianos. Se daba por sentado que cualquier habitante de las regiones afectadas que no tuviera la tripa hinchada y los miembros esqueléticos que suele provocar el hambre estaba acaparando alimentos y, por lo tanto, era castigado.»

Por Jonathan Wilde
Traducido por José Carlos Rodríguez

Las Purgas de Stalin Arresto y ejecuciones en masas en Rusia

LAS PURGAS DE STALIN EN RUSIA

malas noticias en el mundo

STALIN EN EL GOBIERNO: Stalin preside la segunda etapa de la historia de la Rusia soviética.

Nos falta todavía un estudio definitivo sobre su figura. Rodeado durante bastantes años por una aureola de popularidad, concentró a partir de 1934 en sus manos todos los resortes del poder y eliminé a la vieja guardia bolchevique, que podría discrepar o hacerle sombra.

Glorificado por la historiografía soviética, comenzó a ser criticado después de su muerte (1953). Sin la brillantez de Lenin y Trotski, era un marxista riguroso, quizás el mejor conocedor del problema de las nacionalidades -la gran laguna de la literatura marxista—, y un formidable organizador que impulsó los planes quinquenales.

Pero no faltan perfiles terribles en un balance de su gestión. Pravda publicaba en diciembre de 1969 una críticaabierta: “Stalin ha cometido errores teóricos y políticos que adquirieron carácter de gravedad en el último periodo de su vida…

El resultado fueron limitaciones injustificadas de la democracia y groseras violaciones de la legalidad socialista, y una represión injustificada contra dirigentes importantes del Partido, del Estado, de los jefes militares y de los otros cuadros  

Los procesos que tienen lugar en Moscú entre 1936 y 1938 constituyen uno de los más sorprendentes fenómenos de la Rusia del siglo XX. Se inician en agosto de 1936 con el juicio contra los dirigentes de la vieja guardia bolchevique: Zinóviev, Kaménev, Smirnov y otros trece.

Todos admiten las acusaciones y se reconocen culpables de traición al Partido, al Estado, y de colaborar con la Gestapo alemana; tan paladina confesión provoca el asombro mundial. Los supervivientes, rehabilitados en 1953, han testimoniado sobre torturas psíquicas y físicas.

En enero de 1937, la persecución de los bolcheviques históricos continúa con el proceso contra Piatákov y dieciséis diri­gentes más.

En el tercer proceso, en el mes de junio, se inicia la depuración del ejército, y se condena a muerte a héroes de la guerra civil, como Tujachevski.

En el cuarto proceso —marzo de 1938— le toca su turno al sector derechista del bolchevismo (Bujarin y Rikov).

En procesos menores se purga a dirigentes de la industria que no siguen las consignas de los planes quinquenales y a jefes de la policía caídos en desgracia a los ojos del dictador.

La invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial demostró que el objetivo de Stalin de convertir aceleradamente a Rusia en una gran potencia había sido acertado, aunque el precio pagado fue alto y dejó en la URSS huellas que en ningún momento desaparecerían totalmente de su vida colectiva.

CUANTIFICACIÓN DE LAS PURGAS ESTALINISTAS : Problema de difícil precisión todavía hoy por lo reciente del cambio político en la antigua URSS; sin embargo planteamos el estado de la cuestión para señalar que es tema que ha de ser esclarecido por los historiadores en el futuro.

Testimonios sin cifras están al alcance de cualquier lector occidental interesado: el discurso secreto de Kruschev y varios discursos públicos en el XXII Congreso del Partido (octubre de 1961) constituyen viñetas de las purgas; algunas víctimas pudieron publicar sus relatos en Occidente (Memorias de Ivanov-Razumnik; de Margarete Buber-Neuman, viuda de un miembro del Bu­ró Político; relato del profesor Swianiewicz, estudioso de la organización económica de los campos de trabajo); las narraciones literarias, como Archipiélago Gulag y Un dia en la vida de Iván Jenisovich, de SOLZHLINITSYN y El cero y el infinito, de KOESTLER, están confir­madas por testimonios de exiliados, por ejemplo el de KRAVCNENKO, Yo escogí la libertad (Madrid, 1953), o el más general de KRIVJTSKI, Yo fui agente de Stalin(Londres, 1940), o el del viejo trostkista ANTÓN CILIGA, El enemigo ruso (Londres, 1940).

Mayor interés his­toriográfico ofrece el estudio de BO­RIS SUVARINE, aparecido en ruso en 1939 (edición reciente: Staline. Aperçu historique du Bolchevisrne, Ed. Champ Libre, París, 1977).

Son escasas las fuentes que permitan una cuantificación, pero se dispone de alguna. Sobre ellas ha efectuado un espléndido estudio Lorimer, La población de la Unión Soviética. Historia y perspectiva.

Ginebra, Sociedad de Naciones, 1964. 500 carpetas de los archivos del Partido en Smolensko fueron capturadas por los alemanes en 1941 y terminaron en poder de los norteamericanos.

En castellano disponemos de un estudio de conjunto,  de R. CONOCEST, El gran terror: Las purgas stalinianas de los aflos treinta, Caralt, Barcelona, 1974.

En el momento de los juicios las posiciones occidentales fueron contradictorias. En Estados Unidos una comisión presidida por Dewey consideró que la acusación en los grandes procesos estaba falseada, pero un manifiesto de intelectuales, enca­bezado por Granville Hicks, atacó a    la comisión. En Inglaterra el Manchester Guardianofreció amplia información.

Un periodista conocedor del ruso, Walter Duranty, consideró juntos los juicios. Pero éstos no constituyen más que una página de la gran purga, que afectó a millones de ciudadanos soviéticos.

Las cifras de la represión

Consignemos, en primer lugar,  algunas cifras sobre detenidos. Por las Instrucciones Secretas de 8 de mayo de 1933 de Stalin-Molotov sabemos que había en las cárceles 800.000 presos, sin contar los de los campos y colonias de trabajo. Para los años 1937-38 varios testimonios coinciden en contabilizar entre seis y ocho millones de presos políticos.

Sólo en Moscú existían 3.000 interrogadores. El físico Alexander Weissberg, que estuvo preso en la cárcel de Kharkov de marzo de 1937 a febrero de 1939, estima que el 5,5 por ciento de la población de la región pasó por la cárcel; en esta  proporción coinciden otros testimonios, lo que supone, consultando el censo de 1939, un total de 8,5 millones de detenciones.

Otros cálculos, el del yugoslavo Dedijer, y  de Uralov, funcionario del Partido, lo rebajan a 7 millones.

Teniendo en  cuenta que parte de los detenidos eran miembros del Partido resulta útil comparar los datos de dos Congresos: en el XVII (1934) tenía 2.817.000 afiliados, en el XVIII (1939) había descendido a 1.568.000; a la diferencia habría que sumar los miembros nuevos, unos cuatrocientos mil, y deducir las bajas por razones diversas, desde fallecimientos hasta expulsiones que no iban acompañadas de detención, y quedaría una cifra de de un millón de miembros del partido arrestados.

Sobre ejecuciones disponemos de bastantes datos parciales. Un escritor soviético (Ginzburg) ha afirmado que, en la prisión de Lefortovo, en agosto de 1937, eran fusilados 70 hombres por día.

Diversos testimonios calculan que el número de ejecutados es de un 10% con total de detenidos, lo que supo entre 600 y 700.000; Uralov lo rebaja a 500.000; un oficial de la NKVD (Petrov) lo eleva a dos millones, y Dedijer a tres millones, cálculos con toda probabilidad exagerados. Conquest se inclina por una cifra aproximadamente un millón.

Ante la disparidad de cifra es imprescindible recurrir a las fiuentes estadísticas, como los censos de bajadores forzados organizados la NKVD o simplemente los oficiales de población.

El cálculo de Conquest: El cálculo de Conquest ofrece la fiabilidad relativa de provisional: 5 millones de encarcelados hasta enero de 1937, 7 millones de detenidos entre enero 1937 y diciembre de 1938; de un millón de ejecutados y dos millones de muertos en los campos.

El estudio de Lorimer sobre población permite afirmar que al menos las cifras de detenidos pueden aceptarse como un indicador (calcula 6.790.000 en los campos trabajo).

Por otra parte, la contabilización de Conquest nos ofrece otra partida: los fallecidos en los campos, en proporción doble a la de ejecutados. El censo soviético 1959 hace posible otra aproximación al tema.

La proporción de 453 hombres por 547 mujeres en el grupo de los 30 a 34 años puede atribuirse a muertes de soldados jóvenes, menores de veinte años, en la Primera Guerra Mundial.

En el grupo de 35 a 39 la diferencia, sorprendentemente, es todavía mayor, 391 hombres para 609 mujeres, y aun mas desigual para los grupo 40-44, 45-49 y50-54: 384 hombre por 616 mujeres.

Este desequilibrio de la pirámide solo puede explicarse sobre la suposición de que la purga golpeó sobre todo a los varones entre treinta y cincuenta años.

PARA SABER MAS…

A partir de 1936, Stalin empezó a destruir de manera sistemática al viejo partido bolchevique para asegurarse la lealtad de un partido comunista de aduladores.

En un período de tres años que duró hasta finales de 1938, Stalin y su policía secreta arrestaron a cinco millones de ciudadanos. Millones de ellos fueron ejecutados. Sólo en Moscú, hubo días en que se alcanzaron las mil ejecuciones.

Los que quedaban con vida eran desterrados a los gulag, un sistema de campos de trabajo construido por Stalin (vestigio terrible de los tiempos zaristas) que resultó ser insuficiente para contener al gran número de prisioneros.

La cantidad de rusos que murieron durante la Gran Purga fue superior a la de soldados estadounidenses muertos durante todas las guerras, desde la independencia norteamericana hasta el conflicto de Vietnam.

La Purga seguía un esquema oficial de acusación, arresto y condena. Una nueva ronda de recriminaciones iba acompañada por un juicio público en el que el veredicto era siempre de culpabilidad.

En agosto de 1936, Stalin celebró el primero de ellos, que envió al paredón a Lev Kamenev y Grigori Zinoviev, sus compañeros en el triunvirato que gobernó tras la muerte de Lenin, y a otros catorce dirigentes comunistas de la vieja guardia.

Todos fueron acusados de participar en una conspiración instigada por Trotski para asesinar a los altos dirigentes de la Unión Soviética y de haber matado a Sergei Kirov (el dirigente comunista a quien Stalin había ordenado ejecutar en 1934, de forma que pareciera un complot). Todos confesaron y fueron sentenciados a muerte.

Lo que los corresponsales extranjeros enviados a cubrir el juicio desconocían era que los acusados habían sido amenazados y torturados durante el período de encarcelamiento anterior al juicio y que sus confesiones estaban falseadas. No obstante, Occidente, desesperado por conseguir una alianza contra el fascismo, firmó un acuerdo con Stalin.

Mientras, en julio, el Comité Central hizo llegar un nuevo conjunto de normas a las células locales: «La cualidad inherente a todo bolchevique en las condiciones actuales debe ser la capacidad de reconocer a un enemigo del partido, sin importar el disfraz que lleve». A partir de entonces, el no reconocer a un enemigo constituía un delito.

El partido fue presa de la paranoia. Sólo estaba a salvo Stalin, protegido por su policía secreta.

Hambruna en Irlanda Historia y Causas Enfermedad de la Papa

DESGRACIAS HUMANAS: HAMBRUNA EN IRLANDA

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Irlandesa, Hambruna (1845-1849), también denominada «Gran hambruna» o «Gran hambre», fue una de las muchas hambrunas que padeció Irlanda durante la primera mitad del siglo XIX, pero se diferencia de todas las precedentes en el alcance del desastre que provocó.

La población irlandesa había aumentado de forma masiva en la primera mitad del siglo XIX, alcanzando casi los 8,5 millones de habitantes hacia 1845, por aquel entonces la mayor parte de las personas en Irlanda eran agricultores y su dieta estaba compuesta casi exclusivamente de patatas. También utilizaban las patatas como moneda de cambio para pagar el alquiler a los terratenientes. Los terratenientes desahuciaron a cientos de miles de campesinos que se vieron obligados a emigrar a América y a otros países de habla inglesa.

 

La cosecha de 1845 fue destruida por un hongo (phytophthora infestans) conocido comúnmente como roya, que se había propagado desde Norteamérica hasta Europa. Todas las circunstancias apuntaban a que el desastre iba a ser inminente a principios del otoño de 1845, pero el gobierno británico no supo reaccionar a tiempo y fue incapaz de dar una solución a una crisis de tal magnitud. Durante el invierno de 1845-1846, el gobierno conservador presidido por sir Robert Peel compró alimentos a la India por valor de 100.000 libras, los distribuyó entre los necesitados y puso en marcha proyectos como la construcción de un canal para crear puestos de trabajo.

Peel abandonó el cargo de primer ministro en junio de 1847 y fue reemplazado por John Russell y su gabinete whig, quienes aplicaron una política económica no intervencionista. Este gobierno consideraba que la clase acaudalada de Irlanda debía hacerse responsable de asistir a los indigentes y rechazó las medidas de intervención o ayuda directa del Estado. No obstante, ni los terratenientes irlandeses ni las Poor Laws unions (organizaciones para ayuda a los pobres) conseguían hacer frente a la carga que suponía tal cantidad de población hambrienta.

El gabinete de Russell modificó su programa no intervencionista en 1847, destinó un presupuesto para préstamos y construyó comedores de beneficencia. La cosecha de patatas de 1847 no se perdió, aunque tampoco fue abundante. Sin embargo, cuando cientos de miles de personas inundaron los pueblos y ciudades en busca de ayuda, estallaron epidemias de fiebres tifoideas, cólera y disentería que se cobraron más vidas que la propia hambruna.

Los campesinos que consumían los productos podridos enfermaron y pueblos enteros se vieron afectados por el cólera y el tifus. Muchos agricultores que emigraron hacinados en los barcos murieron durante la travesía. La hambruna de Irlanda de 1846-50 se cobró hasta un millón de vidas a causa del hambre y las enfermedades, y transformó profundamente la estructura social y cultural de Irlanda, Gran Bretaña y los Estados Unidos.

La escasa ayuda que el gobierno de Russell había asignado se agotó a finales de 1847 y el primer ministro solicitó que se cobrara la tasa de la Poor Law (Ley de los pobres), un impuesto sobre la propiedad destinado a costear el envío de ayuda a Irlanda, antes de que el Tesoro asignara ninguna otra suma para este fin.

La recaudación de este tributo en un periodo de grandes apuros económicos vino acompañada, como era de esperar, por una oleada de desórdenes y violencia. Fueron enviadas a Irlanda tropas de refuerzos compuestas por unos 16.000 hombres y se impuso la ley marcial en las zonas más conflictivas del país. La cosecha de patatas volvió a perderse en 1848; además, se propagó una epidemia de cólera asiático.

El censo de población de Irlanda había registrado 8,2 millones de habitantes en 1841. Esta cifra se había reducido a 6,5 millones hacia 1851. Pese a que estas estadísticas no son en modo alguno definitivas, permiten apreciar la magnitud del desastre acaecido. Más de un millón de personas fallecieron a causa del hambre y de las enfermedades que ésta provocó y millones de supervivientes intentaron emigrar a Gran Bretaña y Estados Unidos.

Tras la hambruna un movimiento revolucionario, el fenianismo, sirvió de preámbulo para la Guerra Civil que desembocó, en 1921, en la creación del Estado libre de Irlanda en el sur de la isla.

Inglaterra ha sido acusada a menudo por la hambruna irlandesa de 1846. La acusación se concreta en afirmar que ignoraron despiadadamente la trafica situación del país y renunciaron a hacer nada por remediarla. La opinión de que los estadistas ingleses dejaron que muriesen de hambre los habitantes de Irlanda, es una mancha injusta en el expediente de hombres de tan elevada probidad como Peel y Russell. Lo que pasó fue que tuvieron que enfrentarse a un inmenso desastre económico-social. Es verdad que dicho desastre fue consecuencia de la conquista de Irlanda por los ingleses varios siglo antes, con el régimen de arrendamiento de las tierras que implantaron. Pero también cabe entender que la hambruna fue causada, en la misma medida, por el primitivismo de los métodos de cultivo que practicaban los Irlandeses, el atraso de su economía en general, su innata oposición a los cambios y la tremeda superpoblación que afectaba a Irlanda en la época.

Historia de la Papa.
Por Matilde Marichal.

La papa o patata pertenece a la misma familia de plantas que el tabaco y el tomate y es oriunda de los Andes chilenos y peruanos. Se cultivó hace unos 4,000 años en áreas montañosas, donde a una altura de más de 14,000 pies no crecía el maíz, y fue el alimento principal de los incas. El nombre viene de un vocablo usado por los indios del Caribe para denominar a la papa dulce batata. Los españoles llevaron la planta a Europa alrededor de 1570. A Inglaterra llegó sobre 1586, y aproximadamente en 1610 a Holanda, donde al principio sólo se usó como planta ornamental. Debido a que es un fruto fácil de cosechar y poco costoso, los pobres fueron los principales consumidores del tubérculo comestible.

PRESERVACIÓN

Los incas preservaban las papas congelándolas primero y secándolas después. Después de recoger la cosecha las extendían sobre la tierra y las dejaban toda la noche expuestas al aire helado. Al día siguiente, hombres, mujeres y niños extraían el exceso de humedad pisándolas. Este método se repetía por varios días hasta que, libres ya de humedad, se secaban y se almacenaban. Estas papas secas eran conocidas como chuñu. Los conquistadores se dieron cuenta enseguida de que las papas eran un alimento ideal para las masas, al ver que los trabajadores de las minas sobrevivían gracias al consumo casi absoluto del chuñu.

RUMBO A EUROPA

Cuando los españoles empezaron a trasladar la riqueza minera de Perú a Europa, avituallaban los barcos con papas. Ya en 1573 la cosecha en España era lo suficientemente grande como para suministrar cantidades. A Inglaterra debe de haber llegado, alrededor de 1586, cuando Francis Drake la llevó desde Colombia después de hacer escala en Virginia, donde recogió a unos pobladores hambrientos. Fue debido a este incidente que hasta 1930, cuando un botánico aclaró la situación, se pensó que la papa era oriunda de Virginia; y no se cultivó en México hasta finales del siglo XIX.

PROPIEDADES CURATIVAS Y AFRODISÍACAS

En los círculos europeos se le atribuyeron propiedades medicinales y afrodisíacas. Se decía que era buena para evitar la desnutrición. Y que ya fuera hervida o asada, comida con sal, mantequilla, jugo de naranja o limones y azúcar, aumentaba la lujuria en ambos sexos.

Acusada de ser la causante de la lepra, fue excluida de la mesa de los franceses hasta 1780, hasta que un farmacéutico francés, A.A. Parmentier, sobrevivió gracias a ella cuando fue hecho prisionero por los prusianos.

ARMA DE GUERRA

Tan importante ha sido éste alimento que al arruinarse la cosecha de papas en Irlanda (entre 1845 y 1849) murieron 1 millón de personas y más de 1,250,000 irlandeses emigraron. Y en 1939 el gobierno alemán acusó a los británicos de enviar una plaga a sus campos de papas para subvertir el orden en el Tercer Reich. También en los años 50 los soviéticos acusaron a los norteamericanos de hacer lo mismo en Alemania del Este.