Historia de las Muñecas

Historia de las Muñecas Resumen

Historia de las Muñecas

Montaigne, el célebre filósofo y moralista francés, afirmó que los juegos constituyen, para los niños, una actividad importantísima. ¿No tenemos una prueba de ello cuando observamos a una niña que juega con su muñeca?. La cuida, la mima, la viste, le prepara sus «comiditas», le atribuye necesidades imaginarias que procura satisfacer, le habla como a una verdadera hija y ve en ella lo que, años después, verá en los pequeños seres a los que dé vida.

Si le ocurre alguna desgracia, es necesario llevarla rápidamente a una «clínica de muñecas» para operarla, curarla … Si la muñeca se rompe en forma irreparable, algo se quiebra simultáneamente en el corazón de la niña. En cierta ocasión una mamá dijo a su chiquilla: «Ahora ya eres grande. . ., ¿quieres que dé tus muñecas a los niños pobres?». Y la hija respondió: «Sí, mamá . . . , ¡pero regálalas a niñas que las hagan felices!».

Esculpidas en piedra, sin brazos ni cabeza, como la muñeca de la época paleolítica descubierta por un sabio; talladas en madera; modeladas en arcilla; recubiertas de trapos o tal vez de hojas; pintadas toscamente, horribles a las miradas de los niños de hoy, las muñecas ya existían cuando los hombres construyeron sus primeras casas lacustres o cuando vivían aún como trogloditas.

En la antigüedad, las muñecas no eran solamente juguetes, podían ser objetos simbólicos —que se guardaban cuidadosá»-mente en algún lugar sagrado del hogar, y hasta en los templos—, regalos que se intercambiaban entre amigos o estatuillas funerarias. Así, los egipcios colocaban en las tumbas estatuillas de bronce, arcilla o cerámica, con brazos y piernas articulados para permitirles acompañar al difunto durante su largo viaje hacia el más allá. También se han hallado muñecas que los antiguos habitantes del Perú, los incas, ponían en las tumbas de sus antepasados por motivos análogos.

Entre los sumerios (2500 a. de J. C), las numerosas estatuillas de mujer —descubiertas posteriormente en excavaciones arqueológicas —eran símbolos de fecundidad que ofrecían a los dioses las esposas que deseaban ser madres y los agricultores que querían cosechas abundantes. En general, tenían el cuerpo desproporcionado, estaban hechas de alabastro, con ojos saltones en los que incrustaban piedras de colores, y las vestían con el traje nacional, el peludo kaunakés, formado por franjas superpuestas.

Aún en nuestros días —y sin que hablemos aquí de fetiches ni de figurillas utilizadas para prácticas mágicas— la muñeca es, entre ciertos pueblos, mucho más que una diversión. Por ejemplo, en algunas tribus de indios pieles rojas, la madre que ha perdido un hijo lleva consigo, toda su vida, las muñecas con que había jugado el niño . . . ¿Es que los objetos inanimados, tienen, entonces, un alma? Para una madre sí, porque pueden ser, durante el resto de su vida, el alma del hijo que ha perdido.

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Durante la conquista de México, Cortés advirtó que en la corte de Moctezuma numerosas mujeres llevaban en brazos muñecas pintadas con colores vivos. En el Japón existe una fiesta consagrada especialmente a las muñecas. Las niñas exponen orgullosamente sus «hijas» a la admiración pública.

Ya hablamos, en un documental anterior, de la Fiesta de las Muñecas que se celebra en el Japón. Pero todavía no hemos descripto a esas muñecas, muchas de las cuales tienen la cabeza cubierta de cabellos naturales, están vestidas con un quimono de seda roja floreada y descansan en una pequeña plataforma de madera pintada con laca. Entre las manos les colocan un pequeño instrumento musical, el samicén —especie de guitarra de caja oval con un largo mango encorvado y tres cuerdas de seda—, con el cual las niñas, tarareando viejos aires populares, se forjan la ilusión de enseñarles a tocarlo.

En el mes de mayo, el más hermoso del año en Japón, donde se lo llama el «mes de los perfumes», todos los habitantes celebran la fiesta de los niños, ya sean varones o mujercitas. En todas las casas, hacia el lado del patio, se enarbola el Goi-Nobori, estandarte de tela, y ese día los juguetes reciben todos los honores. Durante mucho tiempo, en ocasión de celebrarse esa fiesta, se expuso públicamente el «muñeco» que representaba al emperador Zimmu, uno de los fundadores del poderío japonés, rodeado de figuras que rememoraban héroes históricos (Hide, Yoschi, Kato Kimessa) o personajes de leyenda (Mamotaro, Kintaro).

Hacia el segundo milenio a. de J. C, el arte cretense había llegado a una sorprendente perfección. Las muñecas de cerámica, consideradas como diosas o sacerdotisas, lucían unas curiosas modas femeninas, muy semejantes a las de la Edad Media y aun a las del siglo pasado. Llevaban faldas acampanadas, lujosos delantales bordados y corpinos sumamente ajustados al talle.

Los griegos y los romanos gustaban mucho de las muñecas. Para decorar sus casas, los griegos fabricaban figurillas de tierra cocida que representaban ídolos, objetos votivos o adornos. Aunque no tenían carácter funerario, se las ha encontrado en las tumbas, donde se colocaba todo aquello que podía ser del agrado del muerto. Las estatuillas halladas en la necrópolis de Tanagra representaban tipos populares; las de Mirina, temas mitológicos o personajes de la tragedia o de la comedia, con sus respectivas máscaras.

En la Ciudad Eterna, al finalizar las Saturnales —fiestas que los romanos celebraban todos los años entre el 16 y el 18 de diciembre, en honor de la igualdad que reinaba entre los hombres, en el tiempo en que Saturno fue a habitar en el Lacio—, se ofrecía a los niños muñecas de tierra cocida, cuero, hueso o tela. Las chiquillas de las familias ricas jugaban con muñecas de cera, marfil o madera pintada, que estaban vestidas y peinadas de acuerdo con la moda. Estas antecesoras de nuestras muñecas modernas tenían a su disposición muebles, vajillas y otros objetos que contribuían a transformar a su pequeña propietaria en una buena ama de casa. Cuando estaban en edad de casarse, las jóvenes romanas llevaban a sus compañeras de juego ante el altar de Venus, para que la diosa las ayudara a encontrar esposo.

Las muñecas de la Edad Media nos han dejado, sobre todo, el recuerdo de su fragilidad. Esta cualidad nos ha sido confirmada por un hecho acaecido a Santa Isabel, al que se le atribuye carácter milagroso. Se cuenta que cuando la Santa era todavía una niña, inadvertidamente dejó caer su muñeca al suelo … y ésta no se rompió.

Ha podido establecerse que los títeres, que en francés se llaman marionnettes, se usaban en Francia desde la Edad Media. Su nombre tiene un origen religioso. Es un diminutivo de Marión, sinónimo popular de María, y con este nombre se designaba a ciertas estatuillas animadas de la Virgen, que figuraban en las fiestas. Más tarde se llamó así a las muñecas articuladas de toda clase.

En China, hacia el año 700, se difundieron unas estatuillas fabricadas en cerámica, que representaban sacerdotes, guerreros y actores. Reflejaban la vida familiar de la época y algunas de ellas, en especial las figuras femeninas, poseen un encanto comparable al de las estatuillas de Tanagra.

El Renacimiento marcó un período floreciente para las muñecas. Muchas se convirtieron en verdaderas obras de arte. Las señoras, lo mismo que sus hijas, las apreciaban cuando las recibían de regalo. Si bien el cuerpo de esas muñecas era rudimentario, los vestidos que las adornaban eran similares a los de las damas de la nobleza. Los artesanos se consagraron desde entonces a la industria de las muñecas y no tardaron en obtener importantes beneficios.

Muñecas del Renaciminento

En 1571, Claudia de Francia, duquesa de Lorena, hizo un encargo a un orfebre, para la hija de la duquesa de Baviera; le ordenó «un pequeño menaje de plata compuesto de aparador, ollas, jarros, platos, escudillas y tantas otras cosas como se hacen en París; además, cuatro o seis muñecas no muy grandes, pero sí muy bien vestidas». Destaquemos que estas muñecas no tenían cabezas de oro o de plata, sino simplemente de madera, aunque eran de alto linaje . . .

Por consiguiente, las muñecas de París eran muy buscadas,lo mismo que las de Limoges; las de Hamburgo y Nuremberg, nacidas posteriormente, jamás pudieron rivalizar con ellas en elegancia.

Pero los alemanes, con madera, cartón y papel maché (papel ablandado muy modelable) como principales materiales, fabricaron una multitud de accesorios: casitas, mobiliarios, cunas, etc., que obtuvieron un éxito internacional. En su mayoría los más antiguos de ésos juguetes fueron víctimas del tiempo, pero los de aquella época que han podido conservarse se consideran piezas de museo.

Además, hasta el siglo pasado, las muñecas tuvieron otra función: la de hacer conocer a las mujeres alejadas de los centros de la elegancia, los cánones de las nuevas modas. Las hermosas venecianas apreciaban mucho estas muñecas de Francia, a las que llamaron piavole. Tomaban a estos minúsculos maniquíes como modelo para su atavío. En el siglo XVII, muñecas de este género se enviaban de París a Londres para mostrar la moda francesa a las damas inglesas; si los dos países estaban en guerra, esas muñecas gozaban de una inmunidad que les permitía, aún así, atravesar las líneas de fuego y llegar a Inglaterra.

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Las creaciones del italiano Lenci: muñecas, animaUs, flores de fieltro de colores vivos, han conquistado el mundo entero a causa de su valor artístico.

Bajo el impulso de la competencia, artesanos y fabricantes, con un ritmo acelerado, perfeccionaron esos juguetes eternos; primero se estudiaron nuevos materiales para modelarlos (la adopción del papel maché y de la cera para reemplazar a la madera, medida que se tomó en Nuremberg en 1860, marca una etapa importante); después, se dio mayor juego a las articulaciones, sustituyendo los hilos utilizados hasta ese entonces, por un sistema de bolas; luego, por medio de un fuelle, las muñecas hablaron . . .

La muñeca moderna puede también mover los ojos y algunas veces su piel tiene la misma suavidad que la de un niño. Además, posee cabellos naturales que permiten diversos peinados y rizados.

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Sin embargo, el papel maché es la materia prima más empleada para la fabricación de muñecas. Mezclado con aserrín y yeso, se vuelca en moldes con forma de piernas y brazos y se deja secar. Estas piezas se retocan una por una y se sumergen en un baño de colorante antes de armarlas. En primer término se colocan los brazos, luego las piernas, finalmente la cabeza (a menudo hecha de un material diferente: porcelana, celuloide o cartón, y pintada por decoradores especializados). Por último, se aplican los ojos movibles, los dientes, las pelucas y, finalmente, se procede a vestirlas . . .
Y nuestras muñecas no tienen más que esperar una madrecita que las adore.

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Muñecas rusas, conocidas como mamuskha o matrioska , y son varias iguales, pero una adentro de otra. Se supone  sobre el significado de la matrioska  que se creía que era un símbolo de alegría, prosperidad y sabiduría, ya que al abrirse, revelaba lo que cada una tenía dentro y eso se interpretaba como una simbología de la representación interior de las personas. 

Los títeres, que entretienen a grandes y pequeños pues parecen verdaderos actores, son muñecos de cuerpo articulado, equilibrado de tal modo que obedecen a un leve impulso sin perder su centro de gravedad. Generalmente, su cabeza es de cartón; las piernas y el busto, de madera; los brazos, de cuerda, y las manos y pies, de plomo. Se los mueve por medio de hilos que el espectador no alcanza a ver, unidos a cada pie y a cada mano. Los títeres que los italianos llaman pupazzi sólo tienen cabeza y manos, y son movidos por los dedos del operador ocultos bajo los vestidos del muñeco.