Historia de las Repúblicas Francesas

Biografia de Danton Georges Jacques Politico Frances

Biografia de Danton Georges Jacques

Desfigurado el rostro por las viruelas, tumultuoso, desbordante y elocuente, Dantón es una de las figuras más conspicuas del movimiento revolucionario francés.

Demagogo en los Cordeliers, ministro durante las matanzas de septiembre de 1792, partidario de la moderación ante el Terror, impulsor de la política imperialista de la República, los historiadores descubren muchos repliegues en el fondo de su espíritu.

Danton Georges Biografia

Georges-Jacques Danton fue un abogado y político francés que desempeñó un papel determinante durante la Revolución francesa y cuyo talante contemporizador fue atacado por los diferentes partidos en pugna.

Por sus innegables condiciones de patriota, éste fue el primer revolucionario que rehabilitó la crítica histórica del pasado siglo, e incluso la historiografía conservadora ha tenido ciertas debilidades al considerar su personalidad.

Modernamente, no se olvida que en muchas de sus actuaciones corrió el dinero y que su integridad moral es tan dudosa como la de Mirabeau.

No obstante, se le aprecia, como calidad política esencial, cierto realismo, tan alejado del doctrinarismo abstracto de Robespierre como del asesinato por sistema de Marat.

Era hijo de una buena familia provinciana. Nacido en Arcis del Aube el 28 de octubre de 1759, quedó huérfano de padre cuando tenía tres años de edad. Su madre descuidó su educación, por lo que Jorge Jacobo creció dando rienda suelta a su temperamento vital y apasionado.

A los catorce años ingresó en los Oratorianos de Troyes, donde se distinguió en los estudios de historia, mitología y retórica. En 1780 se trasladó a París para dedicarse a la abogacía.

Durante algunos años trabajó en las oficinas del abogado Vinot; defendió algunos casos ante el Parlamento y se dedicó a la lectura de la Enciclopedia y las obras de Rousseau.

En 1787 contrajo matrimonio con Angélica Charpentier. Esta boda le permitió comprar un cargo de abogado en los consejos reales (1787), donde ganó una preciosa experiencia en los asuntos públicos.

Afiliado a las logias masónicas, gozando de mucha simpatía entre las gentes humildes de su barrio, Dantón fue muy pronto, a raíz de la toma de la Bastilla (14 de julio de 1789), uno de los agitadores más populares de París. Su figura, su voz, sus ademanes, le predestinaron a la demagogia.

El dinero del duque de Orleáns le incitaba a la acción. Desde la tribuna de los jacobinos o desde la más radical de los Cordeliers, club que había contribuido a fundar en 1790, abogó contra la corte y el moderantismo de La Fayette.

En las elecciones de 1791 fue elegido administrador de su distrito municipal. Con motivo de la fuga del rey a Varennes, desencadenó una violenta agitación democrática; pero al fracasar la jornada del Campo de Marte (julio de 1791), tuvo que huir a Arcis y luego a Inglaterra.

A fines del mismo año volvía a estar en la capital. Esta vez apoyó a los girondinos en su política bélica, no se sabe exactamente con qué fines. Cuando los ejércitos aliados invadieron Francia, Dantón preparó la jornada revolucionaria del 10 de agosto. La victoria de las turbas fue su victoria.

A la mañana siguiente recibía el nombramiento de ministro de Justicia por la Asamblea Legislativa.

En aquel momento fue el único hombre del gobierno revolucionario que supo mantener la moral de Francia ante el continuo progreso de los ejércitos del duque de Brunswick. Son famosas sus palabras del 2 de septiembre: ((Audacia, todavía audacia y siempre audacia.»

Para dominar el presumible alzamiento de los contrarrevolucionarios, decretó una serie de medidas contundentes sobre las visitas domiciliarias y la detención de los sospechosos.

Los siniestros adeptos de Marat las utilizaron para proceder a las matanzas de Septiembre, que Dantón no supo o no quiso evitar. Esta es una mancha que cae pesadamente sobre su cabeza.

Habiendo renunciado al cargo de ministro (21 de septiembre) en favor delacta de diputado a la Convención, Dantón fue delegado a Bélgica para proceder a la reorganización de aquel territorio, recién conquistado por las tropas republicanas.

Al volver de su misión, propuso la anexión de aquella provincia, y renovó, en un famoso discurso, la política de las fronteras naturales de Richelieu. Atacado por los girondinos, que veían en él al autor de las matanzas de Septiembre, tuvo que apoyarse en Robespierre y la Montaña.

Sin embargo, su política era más liberal y menos democrática que la de los jacobinos. La alianza de éstos con los dantonistas determinó la derrota del brillante grupo de la Gironda en las jornadas de mayo y junio de 1793. Pero esta victoria no le fue tan fructífera como la del 10 de agosto, pues benefició a Robespierre.

El 10 de junio de 1793 fue reemplazado en el Comité de Salud Pública — en el que figuraba como dueño desde el mes de abril anterior — por Maximiliano. No obstante, Dantón conservó gran influencia sobre la Convención.

En octubre de 1793 Dantón se trasladó a Arcis para reponer su salud. Cuando regresó, emprendió una vibrante campaña contra el Terror.

Pero entonces Robespierre tenía entre sus manos a los jacobinos, y combatió a los dantonistas llamándolos indulgentes. Con una ciega confianza en su estrella,

Dantón no se preocupó de las acechanzas que le tendía su rival. Consideró como un éxito propio el fin de los hebertistas o exaltados en la guillotina. Pero, en realidad, era otro triunfo de Robespierre.

El siguiente fue la detención del mismo Dantón y de sus adeptos (1° de abril). Después de un juicio tan inicuo como los acostumbrados, ante el mismo Tribunal Revolucionario que él había creado y organizado, Dantón fué condenado a muerte.

El 6 de abril de 1794 su cabeza rodó en la guillotina. El Terror devoraba a los que le habían engendrado.

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Biografia de Josefina Beauharnais Esposa de Napoleon

Biografia de Josefina Beauharnais

JOSEFINA BEAUHARNAIS (1763-1814) De rostro fascinador, con ese encanto propio para arrebatar los corazones más fríos, Josefina Tascher de la Pagerie pasó por la vida con una moralidad muy lata y unas convicciones muy poco profundas.

Fué una mujer típica del ambiente termidoriano, frivola, coqueta y elegante, dispuesta a gozar de la vida después de los terribles sobresaltos del Terror. Pero su papel histórico está vinculado a la persona de su segundo esposo, Napoleón Bonaparte, quien experimentó por ella una pasión desbordada, plenamente romántica.

Josefina Mujer de Napoleon Bonaparte
Retrato de Josefina, por G. G. La Thiere. Museo de Versalles. — Criolla y de las Antillas más torrefactas, sensual como Afrodita fuera de la mirada vigilante de Júpiter, hechizo carnal resultante de magias y filtros, hembra ya domadora de hombres fuertes, a Francia llegó Josefina, viuda consoladísima de cierto general Alejandro Beauharnais, guillotinado durante la República, y del que había tenido dos hijos. ¡Nadie lo hubiese sospechado, caramba, examinando con lupa aquel cuerpo admirable sujeto milimétricamente a los cánones de Praxíteles para las hembras de lujo! Cierto: Josefina —poco inteligente y bobamente frivola, que todo hay que decirlo— sólo por su estatua valía un Imperio. Y como lo valía, Napoleón —que en cuestión de faldas no ganó ni una escaramuza— se lo conquistó y lo puso a sus pies.

Arrastrada por la poderosa fuerza del gran corso, ascendió a la categoría de emperatriz de los franceses. Ocupó este importante lugar con gran habilidad. Pero no pudo vencer las intrigas de la familia de su esposo. Su caída fue digna y serena, y compensó sobradamente sus veleidades precedentes.

Era criolla. Nació en Trois Ilets, en la Martinica, el 23 de junio de 1763. Sus padres, José y Rosa Clara, pertenecían a dos ilustres familias de Francia que se habían establecido hacía tiemoo en las Antillas.

Muy joven se trasladó a Francia, donde casó con el vizconde Alejandro de Beauharnais (13 de diciembre de 1779). El matrimonio no fue muy feliz. Después de dar al mundo dos hijos, Eugenio y Hortensia, Josefina se separó de su esposo en 1783 y se lanzó a la vida galante de París.

Su salón se vio bastante concurrido. Reconciliada con su esposo en 1791, lo perdió muy pronto a consecuencia de la Revolución: Alejandro fue guillotinado (23 de julio de 1794) y ella misma estuvo a punto de perecer en el patíbulo. Pero la salvó la caída de Robespierre (1794).

Durante la reacción termidoriana fue una de las mujeres más codiciadas de París. Amante de Barras, se casó por indicación de éste con el joven general que se acababa de ilustrar en las calles durante el alzamiento monárquico de Vendimiario: Napoleón Bonaparte (9 de marzo de 1796).

Los éxitos de su marido en Italia y Egipto la llenaron de orgullo, pero no de afecto para él, pues le fue infiel en alguna ocasión. Sin embargo, Napoleón la amó tanto que a su regreso le perdonó esas traiciones.

Después de Brumario (1799) sirvió la causa de su esposo, aglutinando en sus salones a la sociedad del Antiguo Régimen, a la que pertenecía por ascendencia, con la salida de la Revolución.

Pese a las intrigas de su suegra y cuñados, recibió la corona imperial de manos de su esposo en Nuestra Señora de París, el 2 de diciembre de 1804.

En más de una ocasión provocó el enfado de su esposo por sus caprichos y su gran lujo; pero en la corte imperial brilló con singular acento. Napoleón se fué alejando de ella por motivos Sentimentales y políticos.

No habiéndole dado sucesión, triunfó en el ánimo del corso el partido de su familia. Napoleón se divorció de ella el 16 de diciembre de 1809 y se casó con la princesa María Luisa de Austria.

Desde entonces Josefina hizo vida retirada. Murió en el castillo de la Malmaison el 39 de mayo de 1814, pocos días después de la primera abdicación de Napoleón y de la entrada de los aliados en París.

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Consulado e Imperio de Napoleon Bonaparte Fin Imperio Waterloo Guerra

Consulado e Imperio de Napoleón Bonaparte Fin Imperio Waterloo Guerra

El Consulado 1799-1804
Consulado e Imperio de Napoleon Bonaparte Fin Imperio Waterloo GuerraUna vez que el proceso revolucionario en Francia fue controlado y dirigido por los sectores más moderados de la burguesía, se inició la etapa conocida como el Consulado (1799-1804), cuyo artífice sería Napoleón Bonaparte. Durante este periodo se llevó a cabo la reorganización y la restauración interior del país, consolidándose las conquistas burguesas de la Revolución.

En noviembre del año 1799 (18 Brumario del nuevo calendario), un general victorioso, Napoleón Bonaparte, con el apoyo de una parte de la burguesía, que de esta forma pretendía consolidar sus conquistas frente al Antiguo Régimen y a los jacobinos, dio un golpe de Estado, concentró todo el poder en sus manos y se erigió en cónsul. La Revolución había terminado. Pero Napoleón y la burguesía que le respaldó no pretendían volver al Antiguo Régimen, sino que, al contrario, tenían por objetivo consolidar los logros de la Revolución, aunque sólo en su aspecto más conservador.

Napoleón fundamentó su poder en los triunfos en política exterior, conquistando la mayor parte de Europa, y en la reorganización y pacificación interiores. Más tarde en el año 1804 se hizo coronar emperador y consolidó el poder de una burguesía enriquecida por los beneficios de la guerra y de una casta militar surgida con la Revolución Francesa.

Se conformaba también un grupo de pequeños y medianos propietarios agrícolas, nacidos con la Revolución y beneficiarios del reparto de las propiedades feudales.

En el orden internacional, el Consulado puede considerarse como una etapa preparatoria del Imperio (1804-1814), durante la cual tuvieron lugar en  toda Europa las guerras napoleónicas, provocadas por el empuje militar y las ansias imperialistas de Napoleón, quien sería nombrado emperador de los franceses.

Tras el golpe de Estado del 18 Brumario fue transformada la Constitución y se instauró el nuevo régimen del Consulado, cuyo poder supremo estaba en manos de tres cónsules permanentes, de los cuales Napoleón ostentaba el título de primer cónsul.

El Directorio había sido incapaz de lograr la estabilidad. El régimen liberal había fracasado y se presentaba corno el continuador de los excesos revolucionarios. Napoleón Bonaparte, quien volvía a París con una aureola de triunfos, se presentó como el paladín de la legalidad y de la paz, garantizando los derechos civiles y la prosperidad, instaurando su poder personal con la ayuda de la burguesía y del ejército.

La obra realizada por este régimen estuvo encaminada a consolidar las conquistas de la Revolución y defender los intereses de la burguesía triunfadora.

En el orden interior, Napoleón se presentaba ante los franceses como continuador de los principios revolucionarios, realizando, con un sentido práctico y realista, la restauración económica, política y administrativa del país.

Creó el Banco de Francia para impulsar la industria y el comercio; emitió papel moneda sobre bases firmes, estabilizando la situación monetaria. Restableció el liberalismo económico protegiendo a la iniciativa privada, porque la riqueza económica era la base del poder político. Desarrolló una red de carreteras; se abrieron canales y se construyeron puertos y grandes obras que dieron trabajo a una gran masa obrera desempleada. Hizo a la Iglesia aliada del Estado como fuerza moral y, para apoyarse políticamente, creó una aristocracia e inició campañas militares en Europa.

Las reformas introducidas consiguieron dotar a Francia de una sólida organización jurídica, que quedó plasmada en el famoso Código de Napoleón. En él se pueden observar la influencia del derecho romano, del derecho consuetudinario y de muchas de las conquistas jurídicas del periodo de la asamblea constituyente y de la Convención.

En el orden internacional, el Consulado consiguió restablecer la paz entre la Europa monárquica, defensora del Antiguo Régimen, y la Francia revolucionaria, que por entonces ocupaba una posición preponderante en el concierto de las naciones europeas.

El Imperio 1804-1815

Las victorias obtenidas por los ejércitos franceses en las guerras de coalición, y las mejoras introducidas por el Consulado, dotaron a Napoleón de un extraordinario poder, que le llevaría, primero, a ser nombrado cónsul vitalicio, con facultad de designar a su sucesor y, posteriormente, a emperador de los franceses en 1804.

Napoleón organizó la Corte según el modelo de La monarquía borbónica: con un gran lujo y ceremonial. Creó títulos y privilegios y se rodeó de una “nueva nobleza” de burgueses enriquecidos, a quienes concedería, junto a los miembros de su familia, muchos de los territorios conquistados. Anuló la libertad política, la libertad individual y la libertad de expresión. Se limitaron las actividades intelectuales y espirituales. Apoyó su poder en una ideología, por lo que creó la Universidad Imperial, pretendiendo dirigir el desenvolvimiento de las artes, las ciencias y las letras, que debían expresar sus ideas. Utilizó a la Iglesia con la misma finalidad. Inició la era de soldados y decretó nuevos presupuestos.

Elaboró sus famosos códigos: de procedimiento civil, de comercio y penal, que dieron a Francia un conjunto homogéneo de leyes, implantadas en otras regiones europeas y que pasaron a América, influyendo en la legislación de las nacientes repúblicas.

Realizó grandes obras públicas para “la gloria de Francia”: erigió la columna de Vendome, el Arco del Triunfo del Carrousel en las Tullerías y el Arco del Triunfo de la Estrella en los Campos Elíseos. Abrió caminos y canales en Francia y Bélgica, y modernizó los puertos de Brest, Cherburgo y Amberes.

Para sufragar dichos gastos estableció contribuciones indirectas, impuestos diversos y monopolios. Las finanzas se unieron al poder, lo cual provocaría gran descontento.

El pueblo soportó este régimen mientras estuvo respaldado por las victorias militares, pero cuando percibieron que tales victorias fueron efímeras, y que pronto se convertirían en derrotas, todos los franceses desearon la caída de Napoleón, cuyas incesantes campañas militares por Europa amenazaban con llevar a Francia a un desastre nacional.

La acción de Napoleón estaba dominada por una ambiciosa política imperialista, que lo llevó a intentar dominar Europa entera, y, sobre todo, a derrotar a Inglaterra, la enemiga tradicional de Francia. Para esto necesitaba grandes ejércitos, por lo que recurrió al sistema de conscripción, al servicio militar y a la incorporación de ejércitos de otras nacionalidades. En 1 806, Napoleón inició la confiscación de bienes y el bloqueo a Inglaterra, cerrando cualquier acceso por tierra tanto de parte de los franceses como de sus aliados, afectando vitalmente la estructura económica y provocando una crisis social.

Las tropas napoleónicas invadieron Portugal, España, Austria y Prusia; el imperio napoleónico alcanzó su culminación en 1810, dominando el centro y el occidente de Europa, y estableció alianza con Rusia, Dinamarca y Suecia. Setenta millones de personas dependían de Napoleón; el poder era mantenido por la fuerza. El bloqueo continental arruinaba tanto a Inglaterra como a Francia y a sus aliados, paralizando el comercio y creando trastornos sociales. Se perdían vidas y dinero por las constantes guerras. La reacción contra esta política imperialista provocó en el propio país y en toda Europa una creciente oposición.

Después de su fracaso durante la campaña de Rusia, en la que pretendió castigar al zar Alejandro 1 por no cumplir estrictamente con el bloqueo, los hambrientos ejércitos de Napoleón fueron vencidos por las enormes distancias de las estepas rusas y castigados por un invierno riguroso. Francia era invadida por Estados coligados al mando del inglés Wellington, París capituló y Napoleón abdicó (abril de 1814), retirándose a la isla de Elba. Luis XVIII fue proclamado rey y el ministro Talleyrand inició el tratado de paz, donde Francia se comprometió a devolver los territorios conquistados, entregar material de guerra, y desconocer a Napoleón y a la Revolución.

Napoleón decidió recuperar el poder y regresó a Francia instalándose en las Tullerías e iniciando un nuevo reinado que se conoce como “Los cien días” (mayo de 1815). Ofreció la paz en Europa, así como el respeto de los derechos y las libertades individuales. Se formó la ultima coalición contra Francia impulsada por Inglaterra, y Napoleón fue derrotado en Waterloo. (icnografía)

Fuente Consultada: Historia Universal de Gomez Navarro, Gárgari y Otros

Biografia de Napoleón Bonaparte Conquista de Europa

Biografía de Napoleón Bonaparte
La Conquista de Europa

NAPOLEÓN BONAPARTE (1769-1821): »Su cerebro es uno de los más perfectos que han existido: la atención siempre alerta, devora infatigablemente los hechos y las ideas; su memoria los registra y los clasifica; los temas políticos y estratégicos, que se le manifiestan en súbitas iluminaciones, son sólo comparables a las de los matemáticos y los poetas…»

He aquí el fragmento de la famosa descripción que Lefevre hace del hombre que durante varios lustros tuvo en jaque a toda Europa y que, a pesar de sus detractores y de los que se empeñaron en destruirle, consiguió imponer su ccic figura y sa obra.

NAPOLEON bonaparte biografia

 Con sólo pronunciar su nombre se ensombrece el de todos sus antagonistas. A partir de él y por él, Europa rompió definitivamente sus lazos con el medievo y se incorporó al mundo moderno.

Aun sus enemigos y detractores se sintieron obligados a reconocer que, si hubo egoísmo, fue la fuerza inhumana de ese egoísmo la que lo llevó al triunfo, y que si hubo despotismo, al menos fue dirigido hacia la grandeza de Francia y con genialidad única.

Pero es probable que Napoleón no hubiera sido jamás el héroe romántico que fue si a su retrato de genio militar, estratega y mágico orador, dueño del mundo, amante pasional y desafortunado, no le hubiera sucedido su caída.

Los seis últimos años de reclusión en Santa Elena, isla perdida en medio del Atlántico, lejos de Europa y definitivamente tan lejos de la gloria, lo redimieron de sus errores de las últimas batallas, de sus abusos políticos y le dieron la oportunidad de dar definitivos ajustes a su memoria.

Se completa la imaginación con una falacia: «Sólo quien lo ha tenido todo pudo caer tanto».

El hombre derrumbado dictó sus memorias, no como quien dicta a un escribiente, sino como quien se dirige al mundo que aún no ha terminado de nacer.

Con el mismo furor de sus campañas, esta vez, entre espasmos de dolor, Napoleón redactó su testamento.

Esgrimió la hoja de papel ante cada disputa doméstica y apuntó, sabiendo que se trataba de su última arma contra los enemigos y traidores.

Arma poderosa que aún después de la muerte siguió causando heridas y esparciendo un legado. ¿Quién puede atreverse a negar la grandeza de su muerte? (Fuente: Fascículo Nº8 LEGADOS de Pagina12)

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NAPOLEÓN BONAPARTE (1769-1821)
ANTECEDENTES:
Al comienzo del reinado de Luis XVI Francia estaba arruinada económicamente, por lo que necesitó acudir a gente capacitada para tomar medidas que pudieran salir de la crisis. La nobleza no tenía la menor intensión de cambiar su forma de vida, y menos aún perder algunos de sus privilegios en pos del bienestar público.

Entonces Luis XVI convoca a Estados Generales, compuesta por representantes del clero, la nobleza y el pueblo que eran las tres clases sociales existentes en aquel momento. Luego de varios dias de disputas y polémicas el Rey anula las medidas concertadas, que sumada al estado de un pueblo agotado de injusticias y mal comido, se desata un estallido social, que termina con la toma de una fortaleza medieval, conocido como bastilla, que por esa época se usaba como cárcel.

Asi fue que un 14 de Julio de 1789, el pueblo dirigido por oradores y agitadores asalta el símbolo mas importante del poder de la monarquía francesa y se intenta a establecer  un nuevo estado mas justo, democrático y republicano….un estado que esté organizado constitucionalmente.

Lograr ese objetivo fue un proceso muy penoso y largo, se pasó por distintas etapas políticas, todas muy conflictivas y sin resultados positivos para aquella clase social humillada y humildes esperanzados en un mundo mejor. (ver: La Revolución Francesa) Así con el tiempo entró en escena un «pequeño, corto de piernas y bien musculado» militar llamado Napoléon Bonaparte, que sus heroicas batallas consiguió devolver la fe al golpeado pueblo francés que seguía luchando por su bienestar.

Napoleón, fue el cuarto hijo de Laetitia y Cario Ramollino, nació en Ajaccio, en Córcega, el 15 de agosto de 1769 en el seno de una familia de escaso patrimonio que pretendía descender de la ilustre nobleza italiana. Por estas fechas, los corsos, bajo las órdenes de Paoli, oponían la última resistencia a la invasión francesa, pero la batalla de Ponte Novo (1769) puso fin a las esperanzas autonomistas de la isla.

El 1º de enero de 1779, gracias a unas becas que el gobierno francés repartía para atraerse las simpatías de los notables corsos, Napoleón y su hermano José ingresaron en el colegio de Autun hasta que en marzo del mismo año pasó a la escuela militar de Brienne, donde permanecerá varios años.

El 23 de octubred e 1784 se traslada a la escuela militar de París, de la que salió como subteniente de artillería con el número 42 de un total de 58. Pero al año siguiente —a los quince de edad— se ve obligado a responsabilizarse precozmente del mantenimiento de su numerosa familia, a causa de la muerte de su padre.

Es destinado al regimiento de artillería de La Fére (Grenoble) y, más tarde, a las guarniciones de Valence y Auxonne.

napoleon batalla de jena

Napoleón en la batalla de Jena (14 de octubre de 1806). — Monarcas y generales famosos que ganaron famosas batallas abundan en la historia del mundo. Pero monarcas y generales que las supieran ganar a tiempo y dándolas su grandiosa espectacularidad teatral, pueden contarse con los dedos de una mano y… nos sobran dedos: Alejandro, Julio César, Carlos I de España, Napoleón…

Presencia el estallido de la Revolución Francesa de 1789. En aquel mismo momento su gran intuición le hace comprender la importancia mundial de aquel acontecimiento y medita sobre la conveniencia de abandonar sus inclinaciones corsas para unir su suerte a la de Francia.

Durante el año 1791 recorre con su regimiento Auxonne, Dole, Sévres y Lyon. El 22 de febrero de 1792 es nombrado capitán, a pesar de lo cual su situación económica, ya harto precaria, se agrava aún más y se ve obligado a vender hasta el reloj.

Va de permiso a Córcega y durante su estancia allí se produce un motín antifrancés, y por propia iniciativa toma el mando de un regimiento de guardias nacionales y aniquila a los insurgentes.

Economicamente su familia la sigue pasando mal, pero gracias a la boda de su hermano mayor, José, con la hija de un rico comerciante marsellés, consiguen salir a flote de la difícil situación económica.

En 1793 es nombrado segundo jefe de artillería del ejército republicano que pone sitio a Tolón, plaza filomonárquica que con la ayuda de la escuadra anglo-española se rebela contra la Convención republicana. Napoleón propone un plan y triunfa!, Tolón se rinde.

En 1794 se le encomienda el mando de la artillería del ejército de Italia para que inspeccione las costas y prepare una expedición a Córcega e Italia, logrando excelente actuaciones militares.

El 22 de agosto de 1795 accede al poder un nuevo Directorio; pero una conspiración pone en peligro al nuevo gobierno. Barras, admirador incondicional del talento de Bonaparte, delega en sus manos el mando de las tropas de la Convención y, junto con Murat, el 13 de Vendimiario ataca a los amotinados a cañonazos hasta su total desarticulación. Se le nombra general de división y jefe del ejército del interior.

Tenía veintiséis años….Napoleón fue premiado con el mando del Ejército francés en Francia. Lo cual le hizo poca gracia, ya que él soñaba con mandos de ejércitos conquistadores de imperios en la propia Europa.

El 9 de marzo de 1796 contrajo matrimonio con la hermosísima viuda de un marqués Josefina Beauharnais, nacida en Jamaica, no muy inteligente ni muy instruida.

Napoleón había sido nombrado jefe supremo del ejército de Italia. Cuyos generales, ya maduros, expertísimos — Massena, Berthier, Augereau— recibieron con escepticismo y sorna a aquel jefe de menos de treinta años.

Las campañas de Napoleón en Italia se cuentan por triunfos. Una y otra vez derrotó a los ejércitos austríacos con una facilidad y una jactancia que «galvanizaba a sus soldados».

Luego de terminada tan feliz y rápidamente la campaña de Italia, Napoleón regresó a París el 5 de diciembre de 1797, siendo recibido con auténtico delirio colectivo.

Pero su descanso glorioso le duró poco tiempo. Como Inglaterra estuviera levantando coaliciones contra Francia, ésta decidió atacar a Inglaterra en puntos vitales de su Imperio: la India.

El 19 de mayo de 1798 salió de Tolón una expedición preparada con gran sigilo. Al frente de ella, Napoleón; y acompañando a éste, generales, sabios y artistas de la máxima calidad.

La expedición contaba con 36.000 soldados de tierra y 10.000 marinos. La conquista de Malta fue cuestión de horas; en esta isla quedó una guarnición francesa de 2.000 hombres a las órdenes del general Vaubois.

La conquista de Egipto fue conseguida en menos de tres meses, de mayo a agosto de 1798, y empezando con la toma de Alejandría terminó con la batalla de las Pirámides —23 de julio— en la que fueron aniquilados los feroces mamelucos.

Inquieto por las noticias que de Francia — convulsionada — recibía, Napoleón regresó a París el 16 de octubre de 1799.

Apoyado en el entusiasmo de las clases populares y en la lealtad del ejército dio el golpe de Estado de 18 brumario (9 de noviembre); al Directorio le sucedió el gobierno provisional de tres cónsules: Roger Ducós, Sieyés y Napoleón.

Estos cónsules presentaron al pueblo francés — 14 de diciembre de 1799 — una Constitución, que fue aprobada por tres millones de votos.

Napoleón fue elegido cónsul por diez años, con Cambaceres y Lebrun como colegas.

Mientras Francia se reorganizaba, sus implacables enemigos, Inglaterra y Austria, empezaron a hostigarla con las armas.

Al frente de un fuerte y ordenado ejército Napoleón cruzó los Alpes por el Gran San Bernardo — 13 a 16 de mayo de 1800— y sobre tierras italianas fue derrotando a los austríacos en Montebello, Marengo, Novara,… Fracasó una expedición francesa para conquistar la isla de Santo Domingo, pero nuevamente los franceses presionando en Egipto, los combatientes decidieron firmar la Paz de Amiens —25 de marzo de 1802— que señala el comienzo de la época más gloriosa para Napoleón.

Quien dedicó mucho tiempo a las reformas interiores, de las que tan necesitada estaba la desangrada Francia.

Firmó un Concordato — 15 de julio de 1801 — con el Vaticano que le permitió atraerse las simpatías de los católicos franceses. Instituyó — 19 de mayo de 1802 — la Orden militar y civil de la Legión de Honor para premiar los grandes servicios prestados a Francia.

Promulgó la nueva Constitución —4 de agosto de 1802— y el celebérrimo Código Civil, que lleva su nombre, de 20 de marzo de 1804. Estos grandes servicios a su patria fueron recompensados por ésta con el nombramiento de cónsul perpetuo y el derecho a elegir su sucesor.

napoleon bonaparte

Entrevista de Napoleón y Fernando II después de la batalla de Austerlltz. Pintura de Gros. Museo de Versalles. — Recordemos las batallas de Montebello, Marengo, Novara, Jena, Austerlitz, Eylau, Friedland… Pero tampoco debemos de olvidar que los monarcas contra los que luchó no fueron un Alejandro Magno, un César, un Carlos I, un Pedro «el Grande», un Federico II de Prusia… Napoleón combatió con reyes como Fernando, José,Alejandro, cuya talla no excedía a la mínima exigida para colocarse sobre las inseguras cabezas… inseguras coronas. Posiblemente —opinan los técnicos del arte bélico— fue la de Austerlitz la batalla mejor planeada de las muchas que planeó bien el genial corso, a quien esperaban los años tristes de España, de Rusia, de Bélgica…

Inglaterra no podía permanecer inactiva contemplando las conquistas de Napoleón, y entre sus planes ideó en 1804 una conspiración con la intención del asesinato de Napoleón.

Descubierta la  misma , el cónsul mandó fusilar en los fosos del castillo de Vincennes al duque de Enghien, que pareció ser el organizador —mandado— de la conjura. Este fusilamiento se cree fue la mecha que hizo estallar la guerra general.

Napoleón ganaba adeptos y el apoyo era cada vez mas popular, se  le concedió el título de Emperador hereditario con el nombre de Napoleón I.

Ya como emperador tubo que hacer frente a la nueva coalición europea integrada por Inglaterra, Austria, Rusia y Suecia. Apenas si tuvo tiempo para dejar a su hermana Elisa los principados de Luca y Piombino.

Austria y Rusia se lanzaron sobre Alemania. Pero Napoleón llevó la guerra adonde él le convenía. Cruzó el Rhin, obligó a los austríacos a salirle al paso, derrotándolos en varias opotunidades, con lo que dominó el curso del Danubio.

La importante victoria de Ulma tuvo la infeliz contrapartida de la derrota naval de Francia en Trafalgar — 21 de octubre de 1805 —, derrota con la que pasaba a Inglaterra el «dominio de los mares».

El 15 de noviembre entró en Viena, y su mariscal Massena arrolló en Moravia al emperador de Alemania, que pretendía unir su ejército al del zar Alejandro I. Y el 2 de diciembre trituró a los ejércitos aliados en Austerlitz.

Esta victoria tuvo efectos sumamente importantes: el Tratado de Presburgo —21 de diciembre—, por el cual se sometieron a Napoleón, Venecia y Trieste, los nuevos reinos de Baviera y Wurtenberg, el Gran Ducado de Berg — que fue dado por el emperador a su cuñado Murat —, el reino de las Dos Sicilias — cuyo trono perdió Fernando I y le fue concedido a José Bonaparte.

Y como Napoleón precisaba de Holanda, para saltar desde ella a Inglaterra, la transformó en reino, dando su corona a su hermano Luis.

Ante tan amenazador poder, Inglaterra consiguió una nueva coalición. La primera que atacó a los franceses fue Prusia, apoyada por Rusia. Pero Napoleón entró en Prusia en noviembre de 1806, y tras las victorias contundentes de Jena y Auertaedt le fue fácil presentarse en Berlín — 21 de noviembre—, donde firmó el bloqueo continental.

Mas tarde Napoleón obligó al zar Alejandro I a firmar la Paz de Tilsitt. Con los restos de Alemania, Napoleón formó el reino de Westfalia, cuya corona puso en la cabeza de su hermano Jerónimo. Inmediatamente ocupó la Toscana — 1806— y Portugal — 1807 —.

Estos nuevos éxitos napoleónicos determinaron un concierto entre España, Dinamarca, Prusia y Holanda. 

123
Conquistó para Francia
casi toda Europa
Abolió las leyes feudales e
impuso su Código Civil
Impulsó el primer estado
moderno y centralista
456
Acabó con el prolongado
Sacro Imperio Germánico
Separó los poderes de la
iglesia y el Estado
Extendió los ideales de la
revolución francesa

BONAPARTE NAPOLEON acaballo

David pintó a Napoleón. cruzando en 1800 el paso de San Bernardo y lo comparó con Aníbal y Carlomagno. Paradójicamente, Bonaparte destruyó el Sacro Imperio Germánico, obra de los sucesores de Carlomagno.

batalla napoleon

En el campo de batalla de principios del siglo XIX, los cuidadosos planes de los generales solían terminar en una confusión de combates cuerpo a cuerpo, en la que hasta los estrategas tenían dificultades para distinguir a las tropas propias de las del enemigo.

La infantería y la caballería luchaban para mantener su estandarte en pie, y avanzaban valerosamente en lo peor de la Batalla de Borodino, ocurrida cerca de Moscú el 7 de septiembre de 1812, y que puso fin a los planes de Napoleón para conquistar Rusia. Tras el devastador fuego de artillería, sobrevino la masacre del combate cuerpo a cuerpo, mientras Napoleón dirigía, desde una colina, las oleadas de ataque.

Cada asalto se veía entorpecido por los cuerpos y escombros del asalto anterior. Al final del día, Napoleón había perdido más de 30,000 soldados, un tercio de su ejército, entonces conocido como la Grande Armée.

En 1807 Napoleón trama un plan para retener en Francia al rey de España Carlos IV y aus hijo Fernando VII y envía sus tropas a ocupar Madrid y otras capitales sin apenas otra oposición que la verbal, ya que se había dicho al pueblo español que llegaban las tropas francesas para proteger el pacífico reinado de los Borbones.

Napoleón hizo rey de España a su hermano José;mientras que España fue siempre ayudada por el ejército inglés al mando del lord Wellington durante cinco años.

El emperador de los franceses siguió sumando triunfos, victorioso en Abensberg, en Ratisbona, en Essling, en Wagram, entró de nuevo en Viena y se adjudicó las provincias ilíricas. Al anexionar las provincias italianas de Urbino, Ancona y Camerino al naciente reino de Italia, fue excomulgado por el Papa Pío VII, pero Napoleón correspondió a esta excomunión apoderándose del Papa y recluyéndole en Savona.

Deseando un heredero, que no le daba la emperatriz Josefina, se divorció de ella —1809— y pidió la mano de la archiduquesa María Luisa de Austria. El matrimonio se celebró en París el 2 de abril de 1810.

El 20 de marzo del siguiente año nació el que sería llamado rey de Roma, de infelicísima vida y temprana y misteriosa muerte.

Pero a la Francia desangrada y arruinada aún le quedaba por apurar un trago mucho más amargo: la dantesca campaña de Rusia.

El 9 de mayo de 1812, Napoleón salió de París al frente de un sensacional ejército de cerca de medio millón de soldados.

En la batalla de Borodino — 7 de septiembre —, de resultado indeciso. Los rusos fingieron huir, para hacerse perseguir por los franceses. Y ésta fue la colosal trampa en que cayó Napoleón. Durante días y días avanzó por tierras inhóspitas, heladas, en las que aldeas y pueblos habían sido incendiados por los fugitivos.

El ejército invasor, cada vez más apartado de sus bases de aprovisionamiento, íbase convirtiendo en un ejército fantasmal de hambrientos y andrajosos.

Dejando el mando de las derrotadas huestes en huida — habían muerto o desaparecido más de doscientos mil hombres— a su cuñado Murat, llegó casi solo a París el 18 de diciembre.

Al poco tiempo consiguió fondos y tropas para reanudar las campañas en Europa, que ya no serían ofensivas, sino defensivas, puesto que las potentes tropas aliadas estaban en el borde del Rhin.

Logró sumar nuevos triunfos, pero iban a llegar las primeras derrotas «en cadena», coleccionadas por sus generales, y las dolorosa y fatal fue en la batalla de Leipzig.

El colapso era inevitable, las tropas aliadas estaba cada dia mas cerca de París y el 14  de abril de 1814  le obligaron a abdicar la corona en Fontainebleau.

Por el Tratado de París — 23 de abril de 1814—, quedó deshecha la obra total del emperador y éste se vio obligado a irse a la isla de Elba, cuyo dominio se le había adjudicado. Pero era demasiado gigante Napoleón para reino tan pequeño.

En la isla de Elba sabe las dificultades con que lucha el gobierno de Luis XVIII, el descontento inevitable producido por la Restauración. Entonces se decide a probar fortuna. El 1° de mayo de 1815 desembarca en el golfo de Juan. El 20 del mismo mes se halla en las Tullerías.

Solo, con su persona, ha conquistado guarniciones y ejércitos, con la marcha más romántica que recuerda la Historia, al amparo de la bandera tricolor y de las águilas imperiales. Pero los aliados no le pueden ni le deben perdonar.

En Waterloo (18 de junio de 1815) todo se ha terminado. Napoleón abdica por segunda vez el 22 de junio.

El 3 de julio se entrega a la flota inglesa en Rochefort. El 15 el Bellerophon le traslada a Plymouth. El 7 de agosto emprende, a bordo del Northumberland, la travesía del Atlántico.

El 15 de octubre desembarca en Santa Elena, en aquel pedazo de roca perdido en la inmensidad del Océano. No, Napoleón no podrá escapar esta vez. Pero aun en esta situación, el gobernador de la isla le molesta con sus impertinencias e inútiles restricciones.

El clima de Santa Elena y las angustias mentales precipitan su fin.

Muere de enfermedad cancerosa (¿…?), el 5 de mayo de 1821. Pero, al morir nace en la vida histórica con los fulgores de la leyenda por los que todos, más o menos, estamos deslumhrados.

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Su fama de liberal es tan sólo un mito: A menudo se relacionan las revoluciones europeas de 1830 y 1848 con la difusión que hizo Bonaparte del ideario de la Revolución Francesa en el transcurso de sus campañas.

Es evidente que la influencia de Napoleón fue notoria, pero también es cierto que la imagen liberal del emperador no es más que un mito. De hecho, Napoleón fue siempre partidario de la disciplina y estuvo sujeto al deber.

En lo social, era un hombre que detestaba el caos, el desorden y los motines.

La justicia social nunca figuró entre sus prioridades; en todo caso, fue un instrumento necesario para mantener la paz en la retaguardia. Sólo las torpes políticas antiliberales de quienes tomaron el poder en Francia y Europa después de Napoleón engrandecieron, erróneamente, su talante liberal.

reunion aristocracia francesa

Napoleón siempre se mostró interesado en los últimos avances técnicos y científicos.En 1801 invitó a Volta, inventor de la pila eléctrica, a que hiciera en París una demostración de su invento.

El Arco del Triunfo (París)

arco del triunfo en paris

En 1806 Napoleón, emperador de Francia, encargó la construcción del Arco del Triunfo para conmemorar sus victorias.Este monumento, que tiene 50 metros de alto y 45 de ancho, está situado en el extremo occidental de los Campos Elíseos de París. En sus muros interiores se hayan inscritos los nombres de numerosos generales y victorias de Napoleón.

 

reparto del mundo epoca de Napoleon

Visión del caricaturista inglés Gillray sentado a la izquierda aparece William Pitt, primer ministro del Reino Unido, mientras Napoleón, a la derecha, corta el «pastel*» quedándose con toda Europa.

Los Cien días y el último exilio

Napoleón llegó a París, donde fue recibido con entusiasmo por el pueblo, redactó la Constitución del año XII y reorganizó rápidamente el ejército, lanzándose contra los ingleses dirigidos por Wellington.

Estos, apoyados por los prusianos, le derrotaron en Waterloo, su última batalla (18 de junio de 1815).

Napoleón abdicó por segunda vez en su hijo y embarcó hacia Estados Unidos, pero fue interceptado por los ingleses, que ordenaron su deportación a Santa Elena, donde escribió Memorial de Sainte-Héléne y donde murió el 5 de mayo de 1821.

El Testamento

Cuando el diagnóstico de cáncer de estómago fue confirmado por los médicos y los dolores que lo habían acompañado durante toda su vida se hicieron intolerables, le dijo a su colaborador Bertrand: «No temo morir, lo único que temo es que los ingleses se apoderen de mi cuerpo y lo depositen en la abadía de Westminster.

Entonces comenzó a dictar el testamento, donde pensaba declarar otra vez la guerra al enemigo, dar su último mensaje a Francia y agradecer a quienes lo habían querido.

En cuanto podía llamaba a Marchand y dictaba más rápido de lo que cualquiera pudiese escribir. Pedía que le releyeran y se enojaba si no se adecuaba fielmente a lo que había dicho o a lo que habría querido decir.

Antes de terminarlo, hizo saber a todos que lo estaba escribiendo, jugando con cada uno, prometiendo y regateando herencia.

Una vez que tuvo un altercado con su médico de cabecera lo amenazó: «Estoy redactando mi testamento y todo lo que le daré es la suma de 20 francos.

Con eso puede comprarse una soga y ahorcarse». Cuando por fin el texto estuvo completo, todo pareció volver a la normalidad. Sin embargo, muy poco tiempo antes de morir pidió a Bertrand que le alcanzara el documento. Adelante de todos lo rompió en mil pedazos y comenzó a dictar de nuevo.

Hasta el último día siguió agregando modificaciones. Los testigos dijeron que entre sangre y tinta pidió que le acercaran un cofre. Tiró sobre la cama sus pequeños tesoros y fue diciendo uno por uno a quién serían destinados entre sus soldados de la Vieja Guardia.

El Arsénico:

Paul Kauffmann, autor de un libro sobre los últimos meses de Napoleón, afirma que Bonaparte murió «envenenado por los miasmas de su gloria difunta, por una melancolía más tóxica que todos los cianuros, por una tristeza que se lo tragó cada día con más fuerza que cualquier ácido».

La tradición histórica siempre aceptó la afirmación de que Napoleón había muerto de cáncer de estómago, aunque a lo largo de este siglo aparecieron numerosos libros asegurando que había muerto envenenado por traidores que vivían en Santa Elena. El mismo sospechaba de todos.

Tanto es así que pocos días antes de morir redactó su última voluntad dedicada a su médico, el doctor Antomarchi: «Quiero que después de mi muerte abráis mi cadáver, saquéis el corazón, lo pongáis en espíritu de vino y lo llevéis a Parma, donde lo entregaréis a mi amada María Luisa. Id después a Roma, ved a mi madre, a mi familia y decid a todos los míos que el Gran Napoleón ha expirado en esta triste roca en la situación más deplorable, careciendo de todo, abandonado a sí mismo y a la gloria».

Cuando Napoleón Bonaparte muere a las 5.49 de la tarde del 5 de mayo de 1821, quien le cierra los ojos y realiza su autopsia es Francisco Antomarchi, el mismo que durante veinte meses estuvo al lado del Gran Corso como su galeno personal.

Lowe ordenó que otros siete médicos ingleses presenciaran el estudio y se negó a que el corazón fuera retirado del cuerpo.

El resultado de la autopsia fue muerte natural, cáncer de estómago. Comenzado el siglo XXI, científicos, toxicólogos y médicos analizaron el ADN de los cabellos de Bonaparte y examinaron bajo la lupa y con los medios actuales los informes médicos y la autopsia del emperador.

El fallo fue unánime: arsénico masivo. Se demostró además que el arsénico provenía de una importante ingestión y no de una aplicación externa.

Otro argumento de peso que apuntala el del envenenamiento es el estado del cuerpo: Napoleón Bonaparte fue inhumado veinte años después de su muerte y su cuerpo estaba intacto, mientras que su ropa estaba totalmente destruida.

El primer «culpable» que se presenta en el camino es el británico Hudson Lowe, gobernador de la isla de Santa Elena. Pero hay otros sospechosos más, esta vez franceses que compartieron el destierro con Bonaparte y que, resulta obvio, lo traicionaron.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal Tomo 27

CRONOLOGIA

1769 Nace en Ajaccio (Córcega).

1784 Cadete en la Escuela Militar de Brienne.

1785 Termina sus estudios en la Escuela Militar de París.

1789 Participa en la insurrección de Córcega.

1793 Obtiene el ascenso a general de brigada, por sus méritos de guerra.

1795 Salva a la Convención Nacional (el gobierno revolucionario republicano francés) de una insurrección parisina.

1796 Nombrado general en jefe del ejército de Italia, obtiene numerosas victorias. Se casa con Josefina de Beauharnais.

1798-99 Campañas de Italia y Egipto.

1799 Fracasa en la conquista de Siria y regresa a Francia. Toma el poder en Francia mediante un golpe de estado. Es nombrado Primer Cónsul, con lo que pasaba a ser el principal gobernante de Francia, con poderes dictatoriales.

1800 Vence a Austria en la batalla de Marengo y consolida sus conquistas en el norte de Italia. Nueva Constitución.

1802 Es nombrado en Cónsul Vitalicio.

1804 Coronado emperador de los franceses en Notre Dame.

1805 Derrota a Austria y a Rusia en la batalla de Austerlitz.

1806 Establece la Confederación del Rin y pasa a controlar Polonia. Crea el Sistema Continental, destinado a bloquear y arruinar el comercio inglés.

1807 Invade Portugal.

1808 Nombra rey de España a su hermano, José I. Guerra de Independencia de España y Portugal, que se prolongará seis años.

1809 Se anexiona Roma y los Estados Pontificios. Anulación de su matrimonio con Josefina.

1810 Matrimonio con la archiduquesa María Luisa de Austria, hija del emperador Francisco I.

1812 Desastrosa campaña en Rusia.

1814 Abdica como emperador y se exilia en la isla de Elba.

1815 Escapa de Elba, regresa a Francia y toma el poder. Las coaliciones europeas consiguen vencerle en Waterloo. Es deportado a la isla africana de Santa Elena.

1821 Muere en la isla de Santa Elena

 

Batalla Trafalgar

Batalla Waterloo