Historia de los Francos

Biografia de Federico II de Alemania Historia de su Reinado

Biografia de Federico II Barbarroja de Alemania – Historia de su Reinado

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: El hijo de Barbarroja, Enrique VI (1190-1197), fue tan poderoso como su padre en Alemania, y por su matrimonio ocupó el reino de Sicilia; es decir, se hizo dueño de toda la Italia Meridional. Pero murió, no dejando más que un hijo muy pequeño.

Entonces empezó de nuevo en Alemania la guerra civil entre las dos grandes familias, los Hohenstaufen y los Welf, y hubo dos reyes a la vez. El Papa aprovechó la ocasión para reclamar el derecho de decidir quién era el rey legítimo.

Más tarde el Papa hizo reconocer rey en Alemania al joven hijo de Enrique VI, Federico, que era ya rey de Sicilia (1213).

BIOGRAFIA E HISTORIA DE FEDERICO II

FEDERICO II DE ALEMANIA: Hijo de Enrique VI y de la princesa italiana Constanza de Altavilla, Federico II nació el 26 de septiembre de 1194 en lesi, en la marca de Ancona. Falleció en Torremaggiore (Italia) el 13 de diciembre de 1250.

Fue criado en Italia, y siempre mas feliz en ese país que en Alemania. Su juventud fue un poco conflictiva.

A los tres años de edad perdió a su padre y a los cuatro a su madre, de modo que el reino de Sicilia cayó en poder de una turba de nobles, legados y aventureros que se disputaron ávidamente el gobierno y las riquezas del Estado.

Sólo después de varios años de lucha durísima, Inocencio III, a quien Constanza había confiado la tutela de su hijo, logró restablecer la autoridad de su pupilo y la de la Iglesia en la Italia meridional.

En 1208, y por consejo del papa, Federico se proclamó mayor de edad. Tenía entonces catorce años, pero su desarrollo físico y moral era muy precoz.

Rey Federico II de alemania

Federico II de Hohenstaufen, llamado «stupor mundi».Fue rey de Sicilia y Jerusalén, y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico

Federico Barbarroja no había logrado restablecer por completo la autoridad imperial en Italia. Pero ahora Federico II nieto de Barbarroja recoge su herencia e intentará , por última vez, restaurar la potencia del Imperio en Italia y Alemania. Al servicio de esta política puso todo lo que tenía: inteligencia, actividad, energía, atrevimiento, despreocupación e, incluso, cinismo. Al fracasar en el empeño, se derrumbaba para siempre el poder del Sacro Imperio romano de la nación germánica

Sus enemigos le censuraban aún el haber aprendido en Sicilia las costumbres de los musulmanes. Tenía astrólogos y médicos de esta religión.

Llevaba a la guerra un elefante que trasportaba una torre cuadrada con el estandarte del Imperio, y camellos que conducían en palanquines a las mujeres de su séquito.

Tenía una colección de animales raros, leones, panteras, leopardos, hienas. Tenía también una tropa de soldados sarracenos que combatían con el arco, y les dejaba practicar la religión musulmana.

Había prometido no conservar el reino de Sicilia e ir a la Cruzada. Como no cumplía sus promesas, acabó por indisponerse con los Papas.

Entonces empezó una larga guerra (1230-1250) entre el emperador, dueño de Alemania y la Italia meridional, y el Papa, apoyado por la mayor parte de las ciudades lombardas.

El emperador fue durante mucho tiempo el más fuerte, y destruyó el ejército de los lombardos.

El Papa, no viéndose seguro, huyó a Lyon (1245), y allí reunió un Concilio. La guerra fue entonces a muerte.

El Papa excomulgó a Federico y declaró a todos sus subditos desligados del juramento de fidelidad. Los obispos de Alemania se sublevaron y eligieron otros reyes.

Como Federico hubiera muerto (1250), el Papa se negó a reconocer a su hijo Conrado, y manifestó que había que exterminar aquella raza de víboras. Conrado IV murió pronto (1254), no dejando más que un hijo de dos años. Entonces ya no hubo rey en Alemania.

Algunos príncipes extranjeros, tentados por este título de rey, trataron de que se lo dieran los príncipes alemanes.

Se estableció en Alemania la costumbre de que algunos de los obispos y los príncipes tuvieran el derecho de designar el rey. Estos electores daban sus votos al que los pagaba.

Eligieron a Ricardo, hermano del rey de Inglaterra, que los pagaba con los tributos que imponía a los ingleses; luego al rey de Castilla Alfonso X, que ni siquiera se fue a Alemania.

Hasta 1273 ningún rey fue reconocido por todos. Se ha llamado a este período el largo interregno.

Entonces, a falta de un rey, cada príncipe fue enteramente dueño en su terreno, y cada territorio vino a ser un pequeño Estado independiente, como en Francia en tiempo de los primeros Capeto.

Pero el fraccionamiento fue mucho más grande en Alemania. Los condados eran más pequeños que en Francia, y hubo un número mucho mayor de ellos. En cuanto un conde dividía su territorio entre sus hijos, cada uno de ellos era conde, y hubo así más de 300 condados.

Además, en los ducados de Occidente, muchos caballeros ya no obedecían anadie y hacían la guerra por su cuenta.

Establecidos en sus castillos en las montañas que dominan los ríos, sobre todo el Rhin, bajaban al camino, detenían a los mercaderes, robaban sus barcas y se apoderaban de sus bagajes, los conducían prisioneros y los encerraban en prisiones subterráneas para obligarles a pagar rescate.

Se les llamó caballeros-bandidos.

Las ciudades que habían dependido del emperador ya no tenían quien las gobernara y protegiese. Se hicieron ciudades libres, es decir, pequeñas repúblicas.

Los príncipes, los condes, los caballeros, las ciudades se hacían la guerra entre sí. Los alemanes echaban de menos el tiempo en que el emperador era bastante fuerte para mantener la paz y se consolaban con una leyenda.

En las montañas del Harz, en una cumbre aislada, el Kiffhaüser, se alza una vieja torre, resto de un castillo del emperador.

En el interior de la montaña está encerrado el emperador Federico. No ha muerto, está dormido. Cada cien años se despierta. Luego vuelve a dormirse, esperando que le llegue su hora.

Un pastor, conducido por enanos, ha llegado a este retiro. Ha visto al emperador sentado delante de una mesa. Su barba al crecer había atravesado la tabla.

El emperador se ha despertado y le ha dicho: «¿Los cuerpos rondan todavía la montaña? «. —Sí, dijo el pastor, —entonces no ha llegado todavía mi hora». Y ha vuelto a dormirse.

Cuando la hora haya llegado (se dice que entonces la barba habrá dado tres veces vuelta a su mesa) el emperador se levantará, irá a colgar su escudo de un peral seco y restablecerá el orden en Alemania.

El emperador de esta leyenda era en un principio Federico II. Más tarde se ha creído que se trataba de Federico Barbarroja.

fuentes

Historia de Alemania Primitiva Pueblos y Formacion del Imperio

Historia de Alemania Primeros Pueblos y Formación del Imperio

LOS PUEBLOS DE ALEMANIA: Cuando el Imperio de Carlomagno fue dividido entre sus nietos (843), uno de los tres reinos se formó con todos los países situados entre el Rhin y el Elba habitados por los alemanes. Pero el rey llevó todavía el título de rey de los francos, pues hasta el siglo XI no se ha empleado la palabra Deutsch (alemán).

rey carlomagno
Rey de los Francos: Carlomagno

Todos los pueblos alemanes tenían la misma manera de vivir y hablaban una misma lengua; pero se dividían aún en varias pequeñas naciones.

Cuando un franco se casaba con una mujer bávara, se decía aún que se casaba con una extranjera.

De aquellos pueblos los más poderosos eran los francos y los sajones. Los francos ocupaban las dos orillas del Rhin y la comarca del Main (la Franconia).

Los sajones poseían toda la llanura del norte, entre el Rhin y él Elba. Los suabos (o alamanes) habitaban el sudoeste entre la Selva Negra y el Lech.

Los bávaros ocupaban la llanura del Danubio. Cada uno de aquellos pueblos obedecía a un jefe de guerra (herzog).

La comarca situada entre el Mosa y el Rhin, llamada Lotaringia (Lorena), donde casi todos los habitantes hablaban francés, fue desde el año 911 sometida por los reyes de Alemania, y en ella hubo un duque de Lorena.

Estos países eran menos ricos y estaban peor cultivados que Francia. No había ciudades más que en la orilla izquierda del Rhin, Basilea, Estrasburgo, Maguncia, Worms, Espira, Tréveris, Colonia. En Sajonia no las había.

En los territorios del antiguo reino merovingio no había más que grandes terratenientes, y casi todos los guerreros combatían a caballo como en Francia.

Pero en Sajonia quedaban todavía aldeanos dueños de tierras que combatían a pie, a la manera de los antiguos francos.

El rey, según la costumbre de los carolingios, era elegido, es decir, reconocido por los grandes, pero siempre designado en la familia real.

Aquellos reyes no tenían residencia fija, vivían del producto de las cosechas del patrimonio real, e iban de un extremo a otro de su reino con una escolta de caballeros.

Como Francia, Alemania no estaba ya en disposición de defenderse. Los piratas daneses saquearon durante largo tiempo las costas y las orillas de los ríos, y si sus visitas fueron menos frecuentes que en Francia, era porque había menos que robar.

OTÓN: El hijo de Enrique, Otón, era ya un hombre cuando murió su padre. Fue reconocido rey sin discusión (36).

Los duques y los principales guerreros se reunieron en Aquisgrán —la antigua residencia de Carlomagno, considerada la capital del reino de los francos— y tuvieron asamblea en el pórtico adjunto a la iglesia. Allí se había colocado un trono.

Oton fundador del sacro imperio romano
Emperador OTON I, fundador del sacro imperio romano

Otón se sentó en él y todos se llegaron a poner las manos en las suyas y a rendirle homenaje. Mientras tanto los obispos esperaban dentro de la iglesia.

El arzobispo de Maguncia llegóse ante Otón, le tomó de la mano, le llevó a la iglesia y dijo a los asistentes: «Os traigo a Otón, designado por el rey Enrique, elegido por Dios, y al que los príncipes acaban de hacer rey.

Si lo aprobáis, alzad las manos». La muchedumbre alzó las manos y aclamó al rey. Otón, vestido a la usanza franca, se adelantó al altar donde estaban depositadas las insignias reales: la espada, el cinturón, el manto y la diadema.

El arzobispo tomó la espada y, al entregársela, le dijo: «Recibe esta espada para combatir a todos los enemigos de Cristo, bárbaros o malos cristianos». Luego le colocó el manto, le entregó el cetro, le ungió aceite consagrado y le puso en la cabeza la diadema de oro.

Hecho lo cual le condujo a un trono puesto entre dos columnas de mármol, y se celebró la misa. Acabada la ceremonia el rey volvió a palacio. Se sentó a una mesa de mármol y, según antigua costumbre, los duques se pusieron a servirle.

El duque de Franconia llevaba los platos, el de Suabia echaba el vino en las copas, el de Lorena vigilaba el servicio, el de Baviera se ocupaba de los caballos (no había duque de Sajonia, puesto que Sajonia era de Otón).

Otón fue ante todo guerrero, tenía el andar firme, aspecto de fortaleza, el pecho velludo «como un león», el rostro encarnado, larga barba, y sus ojos, nunca quietos, se abrían y cerraban «como si acechase una presa». No había aprendido a leer y pasaba la vida cazando o en la guerra.

Otón fue más poderoso que sus predecesores. No obstante, le costó muchas veces trabajo hacerse obedecer. Pasó quince años peleando con los duques sublevados uno tras de otro.

Cuando los duques murieron o fueron destituidos, los sustituyó con gente de su familia, sus hijos o sus yernos. Pero sus mismos parientes se sublevaron varias veces.

Los húngarons volvieron a entrar al pillaje en Alemania. Su ejército, subiendo por el Danubio, fue a sitiar Ausburgo.

Otón reunió a los caballeros alemanes y llegó en auxilio de la ciudad. Los húngaros levantaron el sitió y fueron a acampar a una gran llanura donde les era más fácil maniobrar. Otón fue allí a acampar también. Un río, el Lech, le separaba de los húngaros.

Dividió su ejército en ocho cuerpos de mil hombres cada uno. Eran caballeros cubiertos con la cota de malla y que combatían con lanza, como los francos de la época.

Los húngaros, que llegaban al galope según su costumbre, pasaron el río muy rápidamente y corrieron contra los alemanes.

Parte de ellos, dando un rodeo, atacaron bruscamente el campamento de Otón, pusieron en fuga a los que le defendían, luego cargaron por retaguardia contra el ala izquierda del ejército alemán.

Otón envió parte de su ala derecha en auxilio del ala izquierda, en tanto el resto de su ejército se mantenía firme.

Frente a él los húngaros, con sus caballos pequeños y con arcos, no podían romper la línea de los caballeros alemanes fuertemente armados, y corrían a lo largo de ella lanzando sus flechas. Otón mandó cargar a sus jinetes en toda la línea.

Los húngaros huyeron, se arrojaron al río y lo pasaron; pero la orilla del otro lado era escarpada, los caballos no podían trepar por ella y muchos se ahogaron. Aquella misma noche, los alemanes hicieron suyo y saquearon el campamento enemigo.

Luego persiguieron a los húngaros, muchos de los cuales cayeron a manos de los aldeanos. Tres jefes húngaros fueron hechos prisioneros y Otón los mandó ahorcar inmediatamente. Fue ésta la última invasión húngara en Alemania (955).

RESTABLECIMIENTO DEL IMPERIO:  Durante el siglo que siguió a la muerte de Carlomagno, siempre se había encontrado un rey que tomase el título de emperador.

El último había sido un rey de Italia. Pero a partir del año 926, ya no había habido emperador. No quedaba más que un señor italiano que continuaba haciéndose llamar rey de los lombardos.

Ocurrió que dos pretendientes, después de haber peleado el uno contra el otro, se pusieron de acuerdo para llevar a la vez el título.

Uno de ellos murió (950), dejando una viuda joven y linda, Adelaida, y un tesoro. El otro, Beranger, quiso que su hijo se casase a la fuerza con Adelaida, que no le quería. Encerró a la joven en una fortaleza, con una sola sirvienta. Adelaida, pariente de una princesa alemana, envió un mensaje a Otón pidiéndole auxilio.

Otón reunió un ejército, pasó los Alpes y bajó a Italia. Los guerreros italianos no podían ofrecerle resistencia. Su rey huyó de Pavía, capital de los lombardos, en la que Otón entró, y desde aquel momento se hizo llamar rey de los francos y de los lombardos.

Adelaida, con su sirvienta y un sacerdote, había huido por ün subterráneo de la fortaleza donde estaba encerrada. Recibió a los mensajeros de Otón, que le enviaba regalos y le rogaba que fuese su esposa, y aceptó.

El casamiento se celebró con gran ceremonia (951) y luego Otón regresó a Alemania.

Diez anos más tarde, el Papa Juan XII, habiéndose incomodado con Beranger, rogó a Otón que fuera en su auxilio. Otón pasó los Alpes con su ejército, penetró en Pavía sin encontrar resistencia, y luego, atravesando Italia, llegó a Roma, donde entró entre las aclamaciones del pueblo.

Como Otón era el príncipe más poderoso de toda Europa, quiso recobrar aquel título de emperador que había ostentado Carlomagno.

Pero se había establecido la costumbre de que el Papa tan sólo pudiera coronar emperador. Con su ejército, Otón era dueño de Roma, y el Papa podía temer haber perdido su libertad.

Para tranquilizarle, Otón encargó a algunos de sus compañeros que en su nombre hicieran el siguiente juramento: «A ti, señor Juan, yo el rey Otón, juro que ayudaré con todo mi poder a la Iglesia romana, y a ti su cabeza. Jamás te haré perder la vida o los miembros, o la dignidad que tienes. Todo lo que caiga en mis manos del patrimonio de San Pedro, te lo entregaré».

El Papa condujo a Otón a la iglesia de San Pedro, y allí, en presencia de la muchedumbre reunida, le proclamó emperador y le dio la corona.

Luego el Papa y los nobles principales de Roma juraron permanecer fieles a Otón. De esta suerte el rey de Alemania vino a ser emperador y soberano de Italia y de Roma (962).

EL SANTO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO: En lo sucesivo todos los reyes de Alemania tuvieron derecho a ser emperadores y reyes de Italia.

Pero antes de ostentar el título de emperador, necesitaban ir a Roma para que el Papa los coronase. El rey reunía en Alemania a todos los príncipes y a los prelados con sus escoltas de caballeros, este ejército bajaba a Italia, y a esto se llamaba la expedición romana.

En Alemania lo mismo que en Francia, el rey debía ser elegido, es decir, proclamado por los principales personajes del reino.

No era hereditaria la corona. Pero, lo mismo que en Francia, cuando el rey dejaba un hijo, éste era siempre quien le sucedía. Había, por tanto al igual que en Francia, una dinastía real. Pero en Francia la misma familia continuó durante varios siglos, y en Alemania la familia del rey se extinguió varias veces.

Hubo, por tanto, que elegir rey en una nueva familia, y se dieron sucesivamente tres dinastías de reyes y emperadores.

La dinastía de Sajonia se extinguió muy pronto con el nieto de Otón, que tuvo por sucesor a su pariente Enrique II, muerto también sin heredero (1024).

El pariente más cercano de la familia, Conrado, duque de Franconia, fue elegido por la asamblea de los señores alemanes e inauguró la dinastía de Franconia, que duró hasta 1125.

El reino de Arles, formado por los territorios existentes entre el Ródano y los Alpes, estaba habitado por población francesa. Pero el último rey de Arles, que murió sin dejar ningún hijo, legó su reino a Conrado y le envió su diadema y su cetro.

Conrado ocupó con su ejército el país y se hizo elegir y coronar rey de Arles.

Los reyes de Alemania, ya soberanos de la Lorena y de Italia, al ser reyes de Arles acabaron de reunir a Alemania toda la antigua herencia de Lotario.

El conjunto de sus reinos se llamó el Santo Imperio Romano Germánico. La parte más importante seguía siendo Alemania, el único país donde el emperador era realmente obedecido.

En Italia sólo se obedecía al emperador mientras cruzaba el país con su ejército. En el reino de Arles y en el ducado de Lorena, donde la población era francesa, cada príncipe era dueño de su territorio.

Habiéndose extinguido la dinastía de Franconia (1125), los obispos hicieron que fuera elegido rey Lotario, duque de Sajonia y aliado del Papa, en lugar del más próximo pariente Conrado, duque de Suabia.

Se encendió la guerra entre los partidarios de las dos familias: Welf, partidarios de Lotario; Waiblingen, partidarios de Conrado. Habiendo muerto Lotario sin sucesión, Conrado fundó la dinastía de Suabia, llamada también Hohenstaufen por el castillo de donde procedía la familia.

Ampliar: Sacro Imperio Romano

FEDERICO BARBARROJA
Conrado no dejaba más que un hijo varón. Su hermano, Federico, se hizo reconocer rey (1152) y fue el más poderoso de todos los emperadores.

Federico I (llamado Barbarroja por los italianos) era de mediana estatura, pero muy robusto y bien proporcionado, con rostro blanco y sonrosado, ojos claros y vivos, rubios cabellos rizados, las cejas prominentes, larga barba rubia, dientes blancos y lindas manos.

Su rostro tranquilo y risueño no dejaba aparecer el dolor ni la cólera. Audaz en los combates, y muy diestro en la guerra, era prudente, reflexivo y tranquilo. Hablaba bien y tenía una memoria excelente, acordándose de la fisonomía de gentes que no había visto hacía mucho tiempo.

Afable y generosos con sus amigos, era terrible e inexorable con sus enemigos. No hablaba nunca más que alemán, y a los enviados de otras naciones, aun cuando conociera su idioma, no se dirigía más que por medio de intérprete.

Como Carlomagno, sabía hacerse obedecer, y se afanaba en el cumplimiento de sus deberes de soberano. Fue querido y respetado por las gentes que vivían a su lado.

En Alemania fue obedecido como no lo había sido ningún rey. Consiguió lo que ninguno había podido conseguir, prohibió a todos los príncipes alemanes hacerse guerra y estableció penas contra los que turbasen la paz. A esto se llamó la «paz del país» (Landfrieden).

FUENTES

Biografia de Carlomagno Rey de los Francos Vida y Conquistas

Biografia de Carlomagno Rey de los Francos Vida y Conquistas

Rey de los francos y emperador de Occidente (? 742-Aquisgrán 814). Era el hijo mayor de Pipino el Breve, que al morir en 768 repartió sus reinos entre sus dos hijos, Carlomagno y Carlomán.

Al primero le correspondieron Austrasia, Neustria y Aquitania occidental, y al segundo Borgoña, Provenza, Aquitania oriental, Gotia, Alamania, Turingia y Hesse. Los dos hermanos no se llevaron bien, y al morir Carlomán quedó Carlomagno como único rey.

carlomagno rey de los francos
El reinado de Carlomagno se caracterizó por una especie de renacimiento de las letras y de las artes a causa del enérgico impulso del emperador. Alcuino de York fue el director de la escuela instalada en el propio palacio de Carlomagno. Desde allí Alcuino ejerció una gran influencia sobre el movimiento teológico, científico y literario de la época.

Carlomagno nació el 2 de abril en…, no se sabe dónde aún. Pudo ser en Lieja, en Aquisgrán, en Ingelheim, en el castillo bávaro de Salzburgo. Sus padres fueron Pipino «el Breve», primer rey franco de la dinastía carolingia, y Bertrada, hija de Cariberto, conde de Laón.

Poco antes de morir, Pipino creyó conveniente, para evitar discordias fraternales, ser él quien dividiese sus reinos entre sus hijos Carlomán y Carlomagno.

A éste le concedió territorios de la Austrasia, territorios de la Neustria y territorios de la Aquitania, que se extendían en arco de círculo en torno de un núcleo más coherente que fue el dejado a Carlomán. Pipino «el Breve» murió el 24 de septiembre del 768.

¿Qué se sabe de la infancia, de la adolescencia de Carlomagno? Poco más que nada. Que fue educado, poco y mal, en la corte de su padre, donde tanto abundaban los fieros guerreros como escaseaban los relativamente «sabios» que supieran leer y escribir. Eso sí, siendo muy joven aún, Carlomagno asistió con su padre a las campañas de la Aquitania.

Apenas el padre cerró los ojos definitivamente, los hermanos empezaron a competir por su poder.

Carlomagno, que en seguida tuvo que medir sus armas contra el duque de Aquitania, Hunaldo, pidió ayuda a su hermano; y a éste le prohibió prestársela su propia esposa Gerberga, una de las primeras princesas de los francos con actitudes de hombres y más aficionada a las intrigas diplomáticas y al estrépito de las armas que… a las labores propias de su sexo y condición social.

Pero sin necesidad de tal ayuda, Carlomagno venció a Hunaldo y, de paso, a un duque Lupus que andaba buscando tierras en las que enraizar un ducado que nadie sabía quién le había otorgado.

Carlomagno, muy sensible a la mujer, apenas salido de su adolescencia tuvo un hijo, Pepino, de una bellísima doncella llamada Himiltruda. Ya rey contrajo matrimonio con la hija de Desiderio, rey de los lombardos.

Pero como esta boda no fue del gusto del Papa Esteban IV, Carlomagno arrinconó a su esposa, sustituyéndola —771— por Hildegarda, sobrina del duque de Aquitania.

En este mismo año murió Carlomán; y su viuda Gerberga se apresuró a refugiarse en un lugar de la Lombardía, temiendo las represalias de su cuñado. Pero éste andaba por entonces metido en otras, mucho más productivas, empresas.

Carlomagno se unió al Papa y en nombre de éste rescató las tierras pontificias. Fue un éxito completo.

Carlomagno marchó a Roma, donde el 5 de junio del 774 recibió de manos del Papa la corona de hierro de los lombardos.

De regreso de Roma, tomó el título de rey de la Lombardía. Pero justo es consignar que este título fue poco menos que simbólico; pues aún necesitó varios años para terminar con las sublevaciones de varios nobles lombardos. Sólo con la sumisión del duque de Benevento —787—quedó terminada la conquista de la Lombardía.

Pocos años antes, en Roma, ante su egregio padre, los hijos niños de Carlomagno, Pipino y Carlomán, fueron consagrados por el Papa reyes, respectivamente, de Italia y Aquitania.

Luego de tomar aliento durante algún tiempo, instruyéndose con auténtico fervor en su corte, y dedicándose a dar un enorme impulso a la cultura y una gran moralidad a las costumbres, Carlomagno se decidió a dar batalla decisiva a los sajones, constantemente rebeldes desde los tiempos de Carlos Martel.

biografia de Carlomagno
Los triunfos de Carlomagno. Miniatura francesa del siglo XV. — Carlomagno triunfa de sus enemigos infieles y paganos. La admirable miniatura se conserva en un códice de la Biblioteca Nacional de Turín. Carlomagno imberbe, rodeado de sus generales, contempla tranquilamente el espectáculo. Espectáculo del que sólo contemplamos un acto, de los dos de que consta: el de la matanza de paganos e infieles. El otro acto, en el que salvan la pelleja quienes se bautizan, transcurre, por esta vez, entre bastidores.

Pero sus luchas contra éstos, dirigidos por los Engern, y contra los westfalios, dirigidos por Witiking, fueron largas y sangrientas. Y contribuyeron a esta tardanza las incursiones que hubo de hacer Carlomagno —778— en España para contener las aspiraciones territoriales del conde Teodorico.

Incursiones que fueron aprovechadas por Witiking para aniquilar en Suntel — 782 — a un gran ejército franco. La venganza del rey franco no se hizo esperar. Pues acudió al remedio con tropas de refresco y sólo en un día pudo «darse el gusto» de que fueran degollados cerca de cinco mil prisioneros westfalios.

Tamaña crueldad levantó nuevamente a los sajones; pero ya tenían perdida la partida. Entre los años 783 y 785 recibieron el bautismo más de diez mil sajones, entre ellos el feroz caudillo Witiking. Y los sajones pudieron comprobar la generosidad de Carlomagno en este detalle: que cuantas más tierras les quitaba, les fundaba en sus ciudades más obispados. Lo cual seguramente les sirvió de gran consuelo. Por lo tanto, la frontera septentrional del reino de Carlomagno tuvo este límite: el Eider.

Pero el ambicioso monarca deseó igualmente echar hacia allá, al Este y al Sur, las fronteras de su imperio.

Al Sur estaba España, país que le pareció magnífico a Carlomagno para establecer «algunas dependencias». En el 778 creyó conveniente ponerse de parte del conde de Barcelona en la contienda que éste sostenía contra Abderramán de Córdoba.

Pero la expedición enviada por Carlomagno sufrió en Roncesvalles la más estrepitosa de las derrotas, y en ella murieron los más nobles caballeros de Francia, entre ellos el archifamoso Rolando, héroe de cantares de gesta y de leyendas.

Esta derrota tanto escoció a Carlomagno que decidió dejarse de empresas tremendas y — a partir del año 785 — procurar introducirse en Cataluña poquito a poco. Así entró en Gerona — 785 —, en Barcelona —801—, en Tortosa —811—.

Así estableció su frontera, al Sur, a lo largo de ciento cincuenta kilómetros más acá de los Pirineos. Al Oeste creó una Marca, Bretaña, que confió a su hijo Carlos. Y también se preocupó de fijar los límites marítimos de sus territorios, tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico.

A principios del siglo IX, el Estado franco se convirtió en un vasto imperio, cuyas fronteras quedaron consolidadas metódicamente.

vida del rey carlomagno
Escenas de la vida de Carlomagno. Miniatura iluminada. Carlomagno, uno de los monarcas más augustos, inteligentes, batalladores y legisladores de la Historia, tuvo… realmente tiempo para todo: ganar muchas batallas, y perder otras (Roncesvalles); casarse y descasarse con relativasfacilidad}’frecuencia,y aun tener amoríos de la mano zurda; inaugurar la Era de los tratados internacionales, a escala solemne, que luego no han de cumplirse; crear imperios… con los pies de barro ¡fomentar la cultura por medio de bibliotecas y de escuelas (de ello buenos testigos Alcuino y Eginardo); ser coronado emperador por el romano pontífice con aparatosidad de tetralogía wagneriana; departir amablemente con las damas y los caballeros (como recuerdan las escenas de esta miniatura); y morirse conservando el ánimo entero y la voz segura para impartir bendiciones y dar consejos a hijos y nobles… Quienes, por supuesto, no los seguirían… desde el mismo momento que a Carlomagno muerto le bajaron los párpados unos dedos suaves de dama palatina.

Su centro de gravedad se desplazó un tanto hacia el Este: Aix-la-Chapelle. Al Sur, la Marca Hispánica. Al Este, la Lombardía y Alemania. Al Norte, los territorios actuales daneses y flamencos. Al Oeste, la Marca Bretaña, tan codiciada por los normandos y sajones.

Aprovechando nuevas paces, y por recomendación del Pontificado, Carlomagno intentó garantizar la libertad de los cristianos en Siria y Palestina, por lo cual entabló relaciones amistosas con el califa de Bagdad Harum-al-Raschid — ¡ el de Las mil y una noches! —, al que envió valiosos regalos.

Poco después recibió Carlomagno a unos emisarios del patriarca de Jerusalén, quienes le traían, con las llaves de esta ciudad, preciosos recuerdos de la Tierra Santa, y algo más importante para la Cristiandad: la súplica de que el Emperador tomara bajo su protección la Ciudad Santa, librándola de los ataques y de las violencias de los infieles.

Aceptó Carlomagno misión tan honrosa y delicada, y por tal aceptación, y hasta hace pocos años, Francia ejerció cierto protectorado sobre los Santos Lugares.

Por todo lo cual, y por haber jurado fidelidad al Papa — 776 — asegurándole la posesión pacífica del Patrimonium Petri, es lógico que Carlomagno se creyera tanto soberano temporal como también cabeza de la Iglesia franca.

Y hasta punto tal, que con «cierto aire soberbio», se permitió escribir una epístola al Papa León III recomendándole que él se limitara a rogar a Dios por su Iglesia, pues del gobierno real de la Cristiandad ya se preocuparía él, Carlomagno. ¿Protestó León III de la inaudita recomendación de Carlomagno?.

Pues, no. Y tenía para ello sus buenas razones; entre ellas, que gracias al soberano franco pudo librarse del secuestro perpetrado contra él por sus enemigos, regresar a Roma y recobrar la tiara.

Por todo lo cual, León III, en el año 800, coronó a Carlomagno como emperador universal (Occidente y Oriente) en la basílica de San Pedro.

Lógicamente haciéndose ilusiones, Carlomagno envió embajadores a la corte de Bizancio, exigiendo ser reconocido emperador; tras muchos años de negociaciones muy complejas, en el año 812 consiguió que el obispo Miguel y los protoespadarios griegos Teognostos y Arsapio le dieran — en Aquisgrán — el título de Basileus, que se daba a los emperadores de Oriente.

En Aquisgrán consiguió Carlomagno que fuera proclamado emperador su hijo Luis.

Y el 28 de enero del 814 murió en Aix-la-Chapelle.

Rey Carlomagno

LA VIDA DEL EMPERADOR: Carlomagno ha sido descrito por su amigo Eginardo, que le conoció en la última parte de su vida.

Era muy alto, grueso y robusto. Su esqueleto, que fue medido en 1861, tiene un metro 92 centímetros.

Tenía los ojos grandes y claros, la nariz larga, largo el cabello, gran barba y rostro franco, el andar firme y la voz penetrante. Toda su persona imponía respeto.

Tuvo siempre buena salud, excepto al final de su vida, y aun entonces no se avenía a obedecer a los médicos que querían impedirle comer carnes asadas. Bebía poco y detestaba la embriaguez. Comía con preferencia carne asada, que le era servida en el mismo asador.

Llevaba el traje de los francos, camisa y calzón de hilo, túnica corta ceñida con cinturón, zapatos de cuero sujetos con cintas que pasaban rodeando la pierna. En invierno se ponía una casaca de piel de nutria. Cuando salía usaba un manto de lana.

Al costado llevaba espada con empuñadura de oro o plata. Solamente en las grandes fiestas consentía en ponerse el traje imperial, vestidura bordada de oro, manto sostenido con corchete de oro, diadema de oro adornada con piedras preciosas.

Todos los días iba a la iglesia. Mientras comía, hacía que le leyeran libros piadosos, sobre todo La Ciudad de Dios, de San Agustín. Al levantarse, en tanto iba vistiéndose, recibía a los que tenían algún pleito por juzgar.

Hablaba, por lo común, en lengua franca, pero sabía también latín. Había aprendido a escribir ya tarde y lo hacía con dificultad.

Como a todos los de su familia, le gustaba montar a caballo e ir a la caza del ciervo, del jabalí, del lobo, a las espesas selvas.

Carlomagno pasó la mayor parte de su vida en la guerra y durante mucho tiempo no tuvo residencia fija. Le gustaban sobre todo los terrenos selváticos cercanos a su dominio de Aquisgrán.

Hay en ellos fuentes termales en las que se bañaba con agrado. Mandó edificar un palacio y una iglesia y allí vivió sus últimos años.

LA FAMA DE CARLOMAGNO

Tan extraordinaria llego a ser la personalidad de Carlomagno, que las gentes fueron convirtiéndola en una personalidad metida de lleno en, los reinos de la poesía y de la fantasía. ¡El emperador de la barba florida!.

Así estaba en las portadas de las catedrales románicas, en los capiteles de las columnas del arte benedictino, en las monedas dineros de plata, en los medallones constelados de piedras preciosas, en las capas pluviales, en los frisos de las salas capitulares, en las miniaturas de los códices y de los libros de horas, en el pecho de los escudos, en la proa de los cascos…

En Francia, Italia, Germania, Inglaterra, Escandinavia, España se forjaron multitud de leyendas, se escribieron incontables poemas acerca de su personalidad.

Aun antes de que se realizase la primera Cruzada, la Iglesia le atribuyó un sensacional viaje a Oriente para conquistar y custodiar el sepulcro del Redentor.

Hasta muy mediada la Edad Media, le fueron atribuidas cuantas legislaciones servían de base para formar las de cada país. Son incontables las composiciones provenzales y francesas dedicadas a exaltar su persona y su obra.

Y tantas fueron las crónicas — más o menos rimadas — que se escribieron con Carlomagno como protagonista, que a este conjunto de obras histórico-literarías se le dio el nombre de Ciclo Carolingio, de arrolladura fuerza expansiva por toda Europa, estimulando imitaciones y prosecuciones.

De estas crónicas es la más famosa — y quizá la primera — la de Turpín, en prosa latina y erudita, atribuida al obispo de Reims Turpín, hacia el año 800; su tema lo constituyen episodios de la vida de Carlomagno.

A este ciclo pertenecen Historia de Carlomagno y de los doce Pares, Noble cuento del emperador Cario Maynes… Pero inclusive la figura del gran emperador interviene en otras obras de aventuras fantásticas como la Geste de Doon de Mayence, el poema de Huon de Bordeaux, la Chanson de Rolland…

En muchas Crónicas españolas, a partir de la Crónica General de don Alfonso el Sabio, existen fuertes inspiraciones de las guerras carolingias contra los árabes de España, en las que se crea a un Bernardo del Carpió vencedor de Roldan.

CARLOMAGNO SEGÚN SU BIÓGRAFO

ASÍ ERA CARLOMAGNO
(Según Einhard, escritor y biógrafo de Carlomagno.)

Carlos era grande, fuerte y de alta estatura… Se sabe que su altura era siete veces el largo de su pie. La parte de arriba de su cabeza era redondeada, sus ojos grandes y vivaces, su nariz quizá un poco larga, tenía pelo castaño, de cara sonriente y alegre.

Su apariencia era imponente y digna, ya estuviera de pie o sentado; aunque su cuello era un tanto corto y grueso y su barriga un tanto prominente… De acuerdo con la costumbre nacional, hacía mucho ejercicio a caballo y cazando… Nadaba a menudo y nadie podía ganarle.

Se vestía según la usanza de los francos; primero una camisa y pantalones de montar de lino, arriba una túnica con bordes de seda y unas calzas sujetas con fajas que cubrían sus piernas, pies y zapatos.

En invierno, como abrigo para el pecho y los hombros, usaba un saco entallado o pieles de marta.

Arriba de todo, se arrojaba un manto azul y también llevaba una espada con empuñadura de oro o plata ceñida a la cintura con un cinturón.

Carlos era moderado en la comida y especialmente en la bebida, ya que le disgustaban profundamente las borracheras… mucho más tratándose de él o de cualquiera que viviese en su casa.

Mientras comía, escuchaba alguna lectura u oía música. Los temas favoritos de lectura eran las historias y hazañas del pasado. También le gustaba leer a san Agustín, en especial el libro titulado La ciudad de Dios.

Carlos tenía gran habilidad para hablar lo hacía con fluidez y prontitud, y podía expresar todo lo que quería decir con la claridad más absoluta. Su dominio del latín le permitía hablarlo bien.

Cultivaba las artes liberales, tenía gran estima por sus maestros y les otorgaba grandes honores. Aprendió gramática con el diácono Pedro de Pisa…

Otro diácono, Alcuino, de origen sajón, era un gran erudito de la época y fue su maestro en otras ramas del saber.

También intentó con la escritura; acostumbraba a guardar tablillas de escribir bajo su almohada para practicar en los ratos libres; sin embargo, por haber empezado su aprendizaje tarde en la vida, no logró éxito en este aspecto.

Abrazó con gran fervor y devoción los principios de la religión cristiana que había conocido en la infancia. Por esto mandó a construir la bellísima basílica de Aix-la-Chapelle, la hizo adornar con lámparas de oro y plata, con puertas y barandas de bronce sólido.

Carlos estaba siempre dispuesto a ayudar al necesitado… No solamente dio el ejemplo ayudando dentro de su país sino que, cuando descubrió que había cristianos pobres en Siria, Egipto y Cartago, tuvo compasión de ellos y les envió dinero. Murió a la edad de setenta y dos años y lo enterraron en Aix-la-Chapelle.

Carlos estaba siempre dispuesto a ayudar al necesitado… No solamente dio el ejemplo ayudando dentro de su país sino que, cuando descubrió que había cristianos pobres en Siria, Egipto y Cartago, tuvo compasión de ellos y les envió dinero.

Murió a la edad de setenta y dos años y lo enterraron en Aix-la-Chapelle.

Ver: Historia de Alemania Primitiva Hasta el Imperio


Historia de los Francos Formacion, Desarrollo y Caida del Reino

Historia de los Francos Formacion, Desarrollo y Caída del Reino

FORMACIÓN DEL REINO DE LOS FRANCOS: Cuando Clodoveo (481 a.C.) llega al trono, la Galia estaba dividida entre varios pueblos.

Al norte, el territorio que hoy forman Bélgica y la provincia del Rhin, estaba dividido entre cuatro pequeños reyes francos establecidos en Tournai, en Cambrai y en Colonia.

Entre Bélgica y el Sena, el país estaba ocupado por la banda de Siagrio.

Entre el Sena el Loire ya no había ejército. Los pueblos de estas comarcas se llamaban romanos y reconocían ser subditos del emperador, pero ya no sabían exactamente a quién tenían que obedecer.

Toda la comarca al sur del Loire, hasta los Pirineos, y toda la costa del Mediterráneo, hasta los Alpes, habían sido ocupadas por los visigodos.

Los burgundos tenían un reino que se extendía por los valles del Saona y del Ródano hasta el Durance.

mapa del reino franco año 480
Mapa de Europa Medieval Año 480

En veinticinco años, Clodoveo se hizo dueño de todo, excepto del territorio burgundo y de la costa del Mediterráneo. El rey de los ostrogodos de Italia conquistó la Provenza.

El Languedoc siguió siendo de los visigodos; pero fueron a establecer éstos su capital en Toledo, en el centro de España.

Todos los habitantes de los territorios sometidos por Clodoveo vinieron a ser subditos suyos.

La mayoría eran romanos,es decir, hablaban latín. Pero como fueran ya subditos del rey de los francos, se llamaban también francos, como las gentes de Clodoveo.

El país que se había llamado Galia comenzó a llamarse Francia, quiere decir, «país de los francos».

Clodoveo extendió su reino por el lado del país de los romanos hasta los Pirineos, y lo ensanchó por la parte de los pueblos germánicos del Norte.

Reunió todos los reinos habitados por los francos y aprovechó su triunfo sobre los alamanes para aumentar el territorio de los francos.

Los alamanes habían pasado el Rhin, ocupado la Alsacia y avanzado hacia la Lorena. Empezaban a tener un gran reino. Después de la primera guerra en que habían sido vencidos, atacaron de nuevo a Clodoveo.

En la batalla, el rey y la mayor parte de los nobles fueron muertos. Los que quedaban se refugiaron en las montañas de Suiza y en la comarca llamada más tarde Suabia (Wurtemberg).

Todo el resto del territorio que habían conquistado en Alsacia y en la orilla derecha del Rhin fue ocupado por los francos. Este territorio se hallaba entonces casi desierto; pero los francos lo poblaron poco a poco, y en esta forma duplicaron el terreno que poseían.

Después de haber formado este gran reino, Clodoveo ordenó a los obispos, que eran sus subditos, reunirse en Concilio en Orleáns (511 a.C). Acudieron 52 obispos, sobre todo los del centro de la Galia.

mapa de los francos merovingios
Avance de los francos dirigidos por su rey Clodoveo. Conquistaron el territorio entre el Somme y el Loira al duque galorromano Siagrio (487), duplicando la extensión de su reino. En el 493 el ostrogodo Teodorico conquistó Italia y Panonia al hérulo Odoacro.

DESARROLLO Y CRECIMIENTO DEL REINO

Al morir Clodoveo (511 a.C.) dejaba cuatro hijos; el mayor, Thierri, nacido de una esposa pagana que el rey había tenido antes que Clotilde, y los otros tres hijos de Clotilde.

Según costumbre de los germanos, se repartieron su tesoro y su reino. Al mayor le tocó la mayor parte, el territorio ocupado por los francos en Bélgica, y se estableció en Metz, Los otros tres recibieron cada uno su pedazo de territorio al norte del Loire y se establecieron uno en Orleáns, otro en París y el tercero en Soissons.

Se distribuyeron también el país romano al sur del Loire arrebatado a los visigodos, tomando cada uno unas cuantas ciudades.

Pero el reino Seguía siendo posesión común de los merovingios, y cuando uno de estos reyes moría sin dejar heredero, los otros recogían la herencia.

Como en el año 558 a.C. tres de los hijos de Clodoveo habían muerto, lo mismo que sus familias, el último superviviente. Gotario, reunió en sus manos todo el reino.

Los hijos de Clodoveo siguieron haciendo la guerra y acreciendo el reino de los francos. Los tres hijos de Clotilde —los reyes de Orieáns, de París y de Soissons— se pusieron de acuerdo para atacar el reinó de los burgundos.

clodoveo francos
Rey Clodoveo

El nuevo rey de los burgundos, Segismundo, se había hecho católico, pero ello no le salvó. Sus guerreros, no satisfechos, le apresaron y le entregaron o los francos junto con su mujer y su hijo.

Permanecieron prisioneros en Orleáns, juego fueron muertos y arrojados a un pozo. Los tres reyes francos se repartieron su reino (524 a.C).

Su hermano Godomar se defendió y conservó parte del territorio. Pero fue vencido en una segunda guerra, y en lo sucesivo todo el reino de los burgundos formó parte del reino de los francos (532 a.C).

El rey de los francos (Thierri) hizo la guerra a los turingios que habitaban el centro de Alemania hasta las montañas de Bohemia. Los francos se aliaron con los sajones, vecinos y enemigos de los turingios, e invadieron el país. Fue una guerra cruel, acerca de la cual sólo se contaban leyendas.

Los francos profesaban de antiguo rencor a los turingios. Decían que más de un siglo antes, como los turingios hubieran penetrado en el reino de los francos, habían obligado a éstos a que les diesen rehenes y los habían pasado a cuchillo.

Tras lo cual, invadiendo el país de los francos, colgaron a los jóvenes de los árboles por los tendones de las piernas, ataron 200 doncellas al cuello de caballos sin domar y los hicieron salir desbocados por el campo. Tendieron otras muchachas con el cuerpo estirado en el suelo e hicieron pasar por encima carros cargados.

El rey Thierri reunió a sus guerreros, les recordó aquellas matanzas y los llevó contra los turingios. Hubo gran batalla y tantos guerreros turingios muertos, que el río estaba lleno con sus cadáveres. Los francos pasaron por encima de ellos como por un puente.

El rey de los turingios fue muerto. Los francos se llevaron cautiva a su hija Radegunda, que casó con el rey Clotario y fue más tarde Santa.

Después se dividieron el territorio de los turingios con los sajones y ocuparon el país, que se llamó Franconia. Lo que quedaba del pueblo turingio se sometió, comprometiéndose a pagar tributo al rey de los francos.

Quedaban otros dos pueblos germanos todavía independientes: los alamanes en las montañas de Suiza y del Wurtemberg, los bávaros en la llanura del Danubio.

Ambos se reconocieron subditos del rey de los francos, sin dejar de mantener su jefe y sus costumbres. El reino de los francos se extendió entonces por toda la Galia y la mayor parte de Alemania.

COSTUMBRES DE LA ÉPOCA MEROVINGIA

Los reyes francos tenían dos clases de subditos:

1º) Los bárbaros, es decir, los francos, los burgundos y los otros pueblos que habían quedado del otro lado del Rhin: alamanes, bávaros y turingios, que conservaban su lengua, usos y costumbres.

2º) Los otros habitantes de la Galia, que se llamaban romanos y que hablaban latín.

Los romanos habitaban casi solos las ciudades, en las que continuaban agrupados alrededor de sus obispos, porque todos eran católicos.

Estas ciudades, frecuentemente destruidas por las guerras, no eran más que miserables poblados, con calles estrechas, en las que no vivían más que los servidores del obispo y los obreros que trabajaban para las iglesias, población poco numerosa, pobre e ignorante.

El consejero del rey Dagoberto, el célebre San Eloy, fue considerado gran artista porque había sabido hacer un trono de oro.

No obstante, los romanos y sus obispos eran los únicos que conservaban algo de la antigua civilización.

Como los caminos romanos no habían sido destruidos, los obispos se servían de ellos para comunicar unos con otros y reunirse a veces en concilio.

En cambio, los francos seguían siendo guerreros bárbaros. Llevaban el pelo en trenzas y largos bigotes.

Usaban pieles para cubrirse y vivían en el campo. Cada familia habitaba una casa de madera, sin ninguna división interior.

Los ricos habían adoptado la espada larga, la coraza provista de rodajas metálicas, las grebras y el casco; lujo que solamente podían permitirse los grandes propietarios.

Una coraza valía doce sueldos de oro, un casco seis, la espada siete, mientras que una vaca no valía más que un sueldo. Casi todos conservaban, por tanto, las antiguas armas: el arco, la lanza, la francisco y el puñal. No disponían más que de escudo de madera y combatían a pie.

Los reyes y los principales francos establecidos en la Galia habían llegado a ser propietarios de grandes dominios romanos y empezaban a cambiar de género de vida. No les gustaba vivir en las ciudades que eran pequeñas y estrechas.

Preferían hacerlo en el campo y la villa, que era una especie de pueblo.

En un edificio grande, por lo común de madera, llamado palacio y rodeado de un pórtico de columnas, habitaba el dueño.

Al lado estaban los alojamientos de los guerreros, sus compañeros. Más lejos, en casitas pequeñas, se alojaban los esclavos domésticos. Las mujeres, encerradas en un taller, hacían tejidos de hilo, cáñamo y telas de lana y los obreros fabricaban las armas y las alhajas.

Los campesinos eran quienes labraban las tierras y los pastores, guardaban el ganado.

COSTUMBRES DE LOS REYES

Los reyes se habían hecho poderosos y ricos, pero seguían conduciéndose como bárbaros.

Los cuatro hijos de Clotario, hijo de Clotilde, que se habían repartido su reino, pasaron la vida haciéndose la guerra unos a otros.

Chilperico repudió a su primera mujer y estranguló a la segunda, que era hija del rey de los visigodos, para casarse con una camarera de palacio, la famosa Fredegunda.

Tenía pretensiones literarias, Hacía versos latinos, había inventado cuatro letras del alfabeto y mandaba raspar los pergaminos para sustituir las letras antiguas por los caracteres de su invención. Pero seguía siendo bárbaro.

Había tratado, para proporcionarse dinero, de aum entar los impuestos, y había ordenado la formación de nuevos registros. Poco tiempo después sus dos hijos cayeron enfermos y murieron.

Fredegunda creyó que Dios hacía perecer a sus hijos para castigarlos por haber aumentado los impuestos.

Arrojó al fuego los registros de contribucines de las ciudades que le había dado su esposo. «Haz lo que yo —le decía— para que, si perdemos a nuestros hijos, nos libremos al menos de las penas eternas».

Y Chilperico renunció al cobro de los impuestos.
Dos reyes, nietos de Clodoveo, fueron asesinados.

Al tercero, el rey Gontran, un guerrero le dijo: «Sabemos dónde está el hacha bien afilada que ha cortado la cabeza de tus hermanos; pronto hará saltar la tuya».

Gontran, asustado, habló a los fieles reunidos en la iglesia: «Os conjuro —dijo—, hombres y mujeres; no me matéis como habéis matado a mis hermanos».

DESMEMBRACIÓN DEL REINO DE LOS FRANCOS

El reino de los francos, se dividió por primera vez entre los hijos de Clodoveo (511 a.C), y por segunda entre los hijos de Clotario (560 a.C), fue reunido de nuevo en una sola mano por Clotario II (613 a.C.) y poco a poco los subditos de los reyes francos se acostumbraban a no obedecerles.

Los pueblos de Alemania, bávaros, turingios, ala-manes, dejaron de pagar tributo. Cada uno tuvo su jefe (herzog) que se conducía como soberano independiente.

La antigua Galia se desmembró por los repartos entre los hijos del rey. Les grandes propietarios guerreros se habituaron a considerar a cada comarca como un reino distinto, y aunque no hubiera más que un rey, le pedían que enviase a su hijo o a su hermano, para que cada reino fuese independiente. De esta suerte se formaron cuatro reinos.

La Burgundia (antiguo reino de los burgundos) comprendía los valles del Saona y del Ródano.

La comarca situada al norte del Lore se dividió en dos reinos. La región colocada al este de la selva de las Ardenas, habitada por francos que conservaban su lengua, fue la Austrasia (país del Este).

La península, que avanza hacia el noroeste de la Galia había quedado despoblada por las invasiones.

Los celtas, procedentes de la Gran Bretaña, se habían establecido en aquel país, desierto entonces y que desde ese momento se llamó Bretaña.

Allí se hablaba, y se habla todavía, una lengua céltica. Los jefes bretones tomaron el título de reyes.

El país del sur del Loire, habitado por la población romana, de lengua latina, se llamaba Aquitania.

Un pequeño pueblo de guerreros, los vascos, que hablaban la antigua lengua de los iberos, descendió de los Pirineos en el siglo VII, se estableció en la comarca de Tolosa y avanzó poco a poco al norte hasta el Loire.

El jefe, llamado al principio duque de los vascos (o gascones), se hizo llamar duque de Aquitania.

Los visigodos conservaban todavía el territorio comprendido entre el Ródano y los Pirineos (llamado entonces Septimania).

El reino de los francos en la Galia estaba desmembrado entre seis pueblos.

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