Historia de Moscu

Historia de Varsovia Desarrollo, Población y Arquitectura Polonia

Historia de Varsovia

Varsovia no alcanzó la categoría de ciudad hasta el siglo XIII, a partir del cual fue adquiriendo importancia. En 1596 se convirtió en la capital de Polonia. La ciudad fue saqueada en numerosas ocasiones, aunque siempre volvían a reconstruirla. En la actualidad se extiende sobre las dos orillas del Vístula, y cuenta con más de un millón de habitantes. Al lado de numerosos monumentos históricos se alzan infinidad de edificios de estilo soviético. Varsovia es la segunda ciudad industrial de Polonia.

Varsovia, capital de Polonia, no llegó a la categoría de ciudad hasta fines del siglo XIII. En aquellos tiempos estaba rodeada de una muralla provista de dos puertas y de numerosas torres. A mediados del siglo XIV Varsovia era ya una ciudad importante, que se convirtió en la capital del ducado de Mazovia, incorporado a Polonia en 1526. Pocos años más tarde se construía el primer puente permanente sobre el Vístula.

A partir de este momento, Varsovia se convirtió en un importante centro de relaciones comerciales entre Polonia y Lituania. Por decisión del rey Segismundo III, Varsovia fue proclamada capital de Polonia en marzo de 1596. Contaba en aquel entonces con 15.000 habitantes.

Stare Miasto, su casco antiguo, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Esta parte de la ciudad, de estilo medieval, quedó destruida tras el levantamiento de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial

En 1655, el rey de Suecia declaró la guerra a Polonia y los ejércitos suecos destruyeron e incendiaron la ciudad; pero poco después era reconstruida por entero. Conoció su mayor extensión en el siglo XVIII, durante el reinado de Estanislao II Poniatowski, que reinó de 1764 a 1795. En 1794, los habitantes de Varsovia, capitaneados por Jan Kilinski, se sublevaron contra la ocupación rusa y defendieron heroicamente la ciudad, asediada a la vez por rusos y prusianos. De 1796 a 1806 Varsovia soportó el yugo de la ocupación prusiana.

Durante este período, la población, que había llegado a alcanzar la cifra de 116.000 habitantes, bajó a 65.000. En 1807, liberada por Napoleón de la dominación prusiana, la ciudad fue elevada al rango de capital del ducado de Varsovia. Menos de diez años más tarde fue también la capital del «reino del Congreso» bajo el control del zar de Rusia, que era también rey de Polonia.

De 1815 a 1830 la ciudad conoció un período de auge industrial. Pero en noviembre de 1830, la clausura de la universidad de Varsovia y de la Sociedad de Ciencias fue la señal para que estallara una revuelta contra los rusos, que éstos consiguieron reprimir al cabo de un año.

En 1863 estalló una nueva revuelta, también sin resultado, puesto que la ocupación rusa se mantuvo. A pesar de estos disturbios, Varsovia siguió creciendo; en 1872 tenía 276.000 habitantes y se había convertido en un importante nudo de comunicaciones ferroviarias y centro de intercambio comercial entre Rusia y Occidente.

Durante el año 1905 se sucedieron de nuevo las algaradas; pero los rusos no abandonaron la ciudad hasta 1915. Durante la primera guerra mundial los alemanes ocuparon el país, que pasó por un período en verdad desastroso. El 11 de noviembre de 1918, Varsovia se convirtió de nuevo en la capital de una Polonia resucitada.

La ciudad fue tomada de nuevo por los alemanes el 27 de setiembre de 1939, luego de aplastar la heroica resistencia organizada por el burgomaestre Stefan Starzinski. El «ghetto» o barrio judío fue arrasado en abril de 1943. En agosto del año siguiente, al acercarse los rusos a la ciudad, estalló un nuevo alzamiento general dirigido por el jefe de la resistencia Tadeusz Bor Komorowski.

Para vengarse, los batallones de las SS, apodados por los polacos «arquitectos de la devastación», destruyeron lo poco que permanecía en pie de Varsovia, de la que apenas quedó un montón de ruinas. Cayeron más de cien mil hombres, y únicamente el barrio de Praga, en la orilla derecha del Vístula, fue respetado en mayor o menor grado. A principios de 1945 entraba en Varsovia el ejército rojo al mando de Rokossovsky.

Después de la guerra la ciudad fue reconstruida rápidamente, tomando como modelo los cuadros del pintor veneciano del siglo XVIII Canaletto el Joven. La reconstrucción se hizo con la máxima fidelidad, de modo que Varsovia es, probablemente, la única ciudad del mundo que posee monumentos históricos nuevos.

palacio de cultura de varsovia

También posee edificios de tipo moderno, como el Palacio de la Cultura (arriba), que es el más alto de toda Polonia (226 m). Fue un regalo de la Unión Soviética.

En octubre de 1956 Varsovia fue de nuevo teatro de un levantamiento, esta vez sin efusión de sangre, cuyo principal protagonista fue Ladislao Gomulka, adalid del partido comunista.

En la actualidad, Varsovia es una ciudad de casi dos millones de habitantes (2.000.000) y centro económico del valle del Vístula.

Está situada en la encrucijada de importantes vías de comunicación y unida al mar Báltico por el Vístula. Después de la segunda guerra mundial, Varsovia tardó mucho tiempo en tomar parte en el levantamiento económico del país, pues antes hubo de consagrarse a su propia reconstrucción. Sólo después las pocas fábricas que quedaban en pie pudieron ser dotadas de equipo moderno.

También se construyeron algunas nuevas en virtud de la política de descentralización preconizada en el sector industrial. En efecto, la descentralización tiende a repartir por todo el país, dentro de lo posible, los centros industriales. Después de Lodz, Varsovia es la mayor ciudad industrial de Polonia, especializada principalmente en la fabricación de automóviles y tractores.

Varsovia está situada en el lugar exacto en que la gran línea de comunicación Berlín-Moscú atraviesa el Vístula. La ciudad se divide en dos partes: en la orilla izquierda, la genuina Varsovia, que representa los dos tercios de la superficie total de este núcleo urbano, y a la derecha, el distrito de Praga. Tres puentes unen ambos sectores.

Stare Miasto, la ciudad antigua, se halla en la orilla izquierda, y a su alrededor creció Nowe Miasto, que engloba el antiguo barrio judío, y numerosos palacios y edificios públicos entre los que cabe destacar el teatro, el Ayuntamiento y los edificios universitarios.

La población de Varsovia, con 1.300.000 habitantes en 1939, ¡descendió en 1945 a 12.000 habitantes! Pero hoy en día ha vuelto a pasar del millón, lo que ha enfrentado a la ciudad con un grave problema de alojamiento. Para resolverlo se han construido grandes bloques residenciales inspirados en la arquitectura soviética. Varsovia hasta ña caída del muro, deseaba ser una ciudad socialista organizada de modo racional.

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Historia de Praga Capital de la Republica Checa

Historia de Praga

Praga empezó a formarse a partir del siglo IX alrededor de dos castillos que se alzan en las orillas del Moldau. La ciudad se convirtió progresivamente en un importante centro comercial y cultural.

Hoy día Praga es una ciudad moderna, y sus industrias emplean abundante mano de obra. Es también centro de transición entre el Este y el Oeste. Cuenta con numerosos monumentos históricos, como la catedral de San Vito.

Praga (en checo, Praha), fue la capital de la antigua Checoslovaquia, hoy separada entre Eslovaquia y República Checa, siendo capital de esta última.

Empezó a formarse en el siglo IX alrededor de dos viejos castillos levantados sobre dos cerros pequeños situados a derecha e izquierda del Moldau, el Hradcany y el Vysehrad. Esos dos castillos eran la residencia de los príncipes y, más tarde, de los reyes de Bohemia.

En la orilla derecha se formó un mercadillo para el abastecimiento de las casas particulares de los alrededores.

De este mercado salió, a la larga, Stare Mesto (ciudad vieja), mientras que Nove Mesto, o ciudad nueva, fue construida durante el reinado de Carlos IV, rey de Bohemia y emperador del Sacro Romano Imperio (1346-1378).

Ya en esta época vivían en la ciudad gran número de judíos que organizaron en ella un gueto y construyeron una de las más antiguas sinagogas de Europa y un gran cementerio judío.

En el siglo XIV, Praga era uno de los núcleos importantes de Europa central, de gran actividad comercial y también foco de propagación de la cultura, gracias a la universidad que creara Carlos IV.

Juan Huss, que criticó a la Iglesia y el modo en que vivían los eclesiásticos, estudió en esta universidad. Sus acusaciones hechas públicamente y las medidas que contra él tomó la Iglesia, provocaron la guerra de los husitas, durante la cual Praga luchó en las filas de los insurrectos.

Durante el reinado de Jorge de Podebrady, y con la dinastía de los Jagellon, la importancia de la ciudad no dejó de aumentar y sus reyes la dotaron de numerosas iglesias y otros edificios cuyo estilo correspondía al último período del gótico.

Al correr del tiempo fue creciendo la oposición a los Habsburgo, que se convirtieron en reyes de Bohemia a la muerte de Luis II de Hungría y querían imponer en Bohemia la religión católica.

A la postre, esta oposición provocó la «Defenestración de Praga» (23 de mayo de 1618), en el transcurso de la cual dos funcionarios imperiales fueron lanzados a través de una ventana del Palacio Real.

Este incidente originó la guerra de los Treinta Años, durante la cual los checos fueron batidos en la Montaña Blanca (1620), y determinado número de nobles checos, así como algunos burgueses, ejecutados públicamente (1621).

Acto seguido empezó a tomar forma la supremacía germánica, y Praga declinó: 2.000 familias influyentes emigraron. En 1648, al término de la guerra de los Treinta Años, las tropas suecas ocuparon gran parte de la ciudad.

Durante la guerra de los Siete Años (a mediados del siglo XVIII), Praga se encontró de nuevo en el centro de la actualidad. Federico el Grande, rey de Prusia, obtuvo en Praga su primera victoria sobre los austríacos.

Mercaderes y nobles extranjeros, principalmente alemanes, españoles e italianos, vinieron a establecerse en Praga, donde mandaron edificar suntuosos palacios y espléndidas iglesias en estilo barroco, que era el que estaba de moda en aquel tiempo.

La revolución industrial del siglo XIX fue sumamente provechosa para la ciudad, que creció rápidamente y se convirtió en el centro de un movimiento cultural nacionalista que ambicionaba resucitar el patrimonio nacional checo.

La ola de revoluciones que se extendió sobre Europa en 1848 no perdonó a la ciudad de Praga, aunque  los  generales  austríacos reprimieron la sedición. Pero el sentimiento nacional se hacía, día a día, más preciso, y en 1861 los checos ganaron por mayoría la administración de la ciudad.

Finalmente, en 1918, Praga se convirtió en la capital de la República de Checoslovaquia y a finales del siglo XX Capital de la República Checa.

En marzo de 1939, los soldados de Hitler ocupaban la ciudad. Un levantamiento general de los habitantes de Praga terminó con la ocupación el 5 de mayo de 1945, pero cuatro días más tarde entraba en la ciudad el ejército soviético.

Praga pasa en la actualidad del millón de habitantes. Este aumento de la población se explica en parte por el abandono del campo, que fue muy intenso, especialmente después de 1945, cuando empezaron a montarse nuevas industrias en la periferia de las ciudades.

Desde el punto de vista económico, Praga ocupa una situación muy favorable, en el lugar en que coinciden diferentes regiones naturales.

La mayoría de las industrias son altamente especializadas; los checoslovacos cuentan con fábricas de turbinas, de camiones, de aviones y de aparatos de medida.

Praga es asimismo el centro de la industria química, dedicándose especial atención a la fabricación de productos farmacéuticos y cosméticos.

Las industrias alimentaria y textil han experimentado gran incremento, al igual que la industria gráfica, los talleres para el trabajo del cuero y la fotografía.

Praga es un centro importante de la red ferroviaria, situada en el empalme entre Occidente y la Unión Soviética. Por otro lado, líneas aéreas regulares la unen con el mundo entero.

El hecho de que, desde el fin de la segunda guerra mundial, Berlín haya dejado de existir como centro de vías internacionales de comunicación, ha favorecido el desarrollo de Praga.

La capital checa es centro importante de enseñanza artística, y posee numerosos museos en los que pueden admirarse las obras de grandes maestros de la pintura (Durero, Rubens, Rembrandt, Ingres, Delacroix, entre otros).

También se halla en Praga la más antigua universidad de Europa central y una biblioteca que contiene preciosos manuscritos y magníficos incunables.

Como en la mayoría de las ciudades de Checoslovaquia, las casas de Praga son generalmente de un solo piso.

Al reconstruir la ciudad se intentó conservar su aspecto histórico, y por ello se respetó el aspecto exterior de las fachadas; pero la instalación interior es moderna.

Desde lo alto de las colinas del Petrin se obtiene una vista maravillosa de la ciudad y de su castillo, que es en la actualidad la residencia del presidente de Checoslovaquia.

Muchos extranjeros y personajes célebres describieron el encanto de Praga, entre ellos el geógrafo Humboldt, los compositores Bach y Mozart y el poeta Goethe. El compositor checo Sme-tana describió el Moldau en un célebre poema sinfónico.

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Historia y Desarrollo de Moscú Arquitectura El Kremlin

Historia de Moscú

Moscú, capital de la Unión Soviética, tiene una industria gloriosa y muy movida. Ciudad santa en la que los zares se hacían coronar, estuvo en innumerables ocasiones a merced de la sedición, el incendio o el pillaje.

Se desarrolló continuamente, y en la actualidad es una capital moderna con rascacielos, teatros, museos y metro. El centro administrativo de la inmensa Unión Soviética es al mismo tiempo sede de una industria  pujante.

El nombre de Moscú, capital de la Unión Soviética, aparece por primera vez en las crónicas a mediados del siglo XII. En 1156 el príncipe Suzdal edificó una ciudadela de madera que recibió el nombre de Kreml (Kremlin). Alrededor de este núcleo creció la ciudad de Moscú.

En los siglos XII y XIII era ya una ciudad importante que hubo de soportar las invasiones de los tártaros. En el siglo XIII incendiaron éstos la ciudad en dos ocasiones, y un siglo después fue de nuevo, varias veces, víctima de los ataques de los tártaros y del pillaje.

En 1326, además, el metropolitano (arzobispo) de Rusia trasladó su residencia de Vladimir a Moscú, con lo que el prestigio de la ciudad aumentó considerablemente.

El Kremlin de Moscu Fortaleza de los Zares Rusos Historia Construccion

La catedral de San Basilio y sus cúpulas

A partir del siglo XVI Moscú fue un importante centro comercial que mantenía relaciones tanto con Oriente como con Occidente; en esas transacciones el comercio de pieles ocupaba el primer lugar.

Moscú era asimismo el centro cultural y administrativo de Rusia. A principios del siglo XVII fue conquistada por los polacos, que la abandonaron en 1612. La ciudad conservó sus prerrogativas de capital administrativa y cultural de Rusia hasta 1712, año en que Pedro el Grande trasladó su residencia a San Petersburgo, ciudad que había mandado construir.

Moscú, privada del poder, fue todavía presa de las llamas en algunas ocasiones (en especial en 1737, 1748 y 1752). Conoció épocas muy duras que le valieron ser reconstruida según una concepción más moderna, dotada de anchas avenidas y grandes plazas públicas.

En cuanto a la población, aumentaba continuamente. Al final del reinado de Catalina II la Grande, hacia 1790, contaba con 175.000 habitantes. Aunque no era ya la capital de Rusia, siguió teniendo gran importancia cultural, pues la primera universidad rusa había sido fundada en Moscú, en 1755. Además, era la ciudad santa de los cristianos ortodoxos, y en ella celebraban los zares la ceremonia de su coronación.

Moscú representó un papel importante en la guerra de 1812. Las tropas de Napoleón la ocuparon el 14 de setiembre, pero el incendio provocado por los rusos obligó a retirarse al ejército francés. Al año siguiente iniciaban su reconstrucción. El célebre Teatro Bolchoi se edificó en 1821, y la Bolsa, en 1837.

historia teatro Bolshoi

Después de la abolición del vasallaje en 1861, Moscú se convirtió en el segundo centro industrial de Rusia (el primero era San Petersburgo) y en el núcleo central de una extensa red ferroviaria, y construyeron en ella grandes bancos y otros inmuebles comerciales.

En 1871 la población alcanzaba la cifra de 600.000 habitantes. Después de la Revolución rusa, el Gobierno abandonó Petrogrado (antes San Petersburgo, hoy Leningrado), y Moscú se convirtió en la capital del primer Estado comunista del mundo; esto sucedía en 1918. Durante la segunda guerra mundial los alemanes sitiaron la ciudad de octubre a diciembre de 1941.

Moscú está situada en las márgenes del Moscova, un afluente del Oka y subafluente del Volga, al que está unido por un canal. El pasado de la ciudad está representado por las viejas casas de madera, las callejuelas estrechas y algunas iglesias que datan de la Edad Media; esta parte contrasta fuertemente con la ciudad moderna, de imponentes edificios, flamantes establecimientos industriales y rascacielos. Moscú es el mayor centro político y administrativo de la URSS. El Presidium del Soviet Supremo tiene allí su sede, lo mismo que el Comité central del partido comunista.

Moscú es también una gran ciudad industrial. Antes de la revolución la principal actividad era la confección de tejidos, aunque contaba también, ya en aquella época, con algunas industrias químicas. Después de la revolución la ciudad marchó a grandes pasos hacia una industrialización a ultranza. La industria pesada, metalúrgica y química, fue objeto de una atención especial. Las actividades dentro del ramo textil, de la construcción de automóviles y de máquinas herramientas, son también muy importantes.

A causa del crecimiento masivo de su población después de la revolución de 1917, la ciudad se vio enfrentada a un problema de alojamiento muy difícil de solucionar. Los arquitectos construyeron numerosos rascacielos y edificios destinados a vivienda y trazaron anchas avenidas al tiempo que reservaban una zona verde con parques y jardines.

Así nació el Moscú del siglo XX. Después de la segunda guerra mundial se construyeron hospitales, escuelas y más edificios para viviendas, así como un nuevo centro universitario.

Moscú posee más de cien museos; entre ellos, el museo Lenin, el de la Revolución y el del Ejército rojo.

En todo el mundo se conoce el nombre de Bolchoi, uno de los treinta y cuatro teatros de Moscú; también hay seis estudios cinematográficos. En Moscú se editan 156 periódicos (entre ellos Pravda e Izvestia) y cerca de setecientas revistas. En 1935 se construyó un metro con estaciones subterráneas lujosas y profusamente decoradas.

De la ciudad salen numerosos trenes a todas las regiones de la Unión Soviética y hacia el extranjero. Líneas aéreas regulares unen Moscú con las ciudades rusas más importantes y con las capitales de los países del Este. La población de la ciudad aumenta sin cesar, y todos los años hay que habilitar viviendas para 100.000 personas más.

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El Kremlin de Moscu Fortaleza de los Zares Rusos Historia Construccion

El Kremlin de Moscú
Fortaleza de los Zares Rusos

El Kremlin de Moscu Fortaleza de los Zares Rusos Historia Construccion
La catedral de San Basilio y sus cúpulas asemejando a los turbantes tártaros
Su construcción comenzó en 1555 y acabó en 1578 con la décima de sus torres erigida sobre el sepulcro de San Basilio. Su interior es bellísimo. Los íconos y las pinturas de los muros merecen un alto. Los altares están detrás como en todos los templos ortodoxos rusos

KREMLIN: Del ruso, kreml, ciudadela, también fuerte o fortificación, y se refiere a un gran grupos de obras civiles, como catedrales, palacios y salones, que se han ido construyendo a lo largo de varios conla iniciativa de muchos zares.

La historia inicial de su construcción se remonta hacia la mitad del siglo XII cuando el príncipe Yury Dolgoruky construyó un fuerte de madera en ese lugar tras la unificación de los principados de Moscú, con una gran iglesia de madera, que mas tarde sufrieron el ataque mongol.

En 1339 cuando el Príncipe Daniel de Moscú (Iván I) mandó a construir en piedra las iglesias que habían sido construidas originalmente en madera en el año 1156.

Iván I construyó la catedral de Asunción, donde serian enterrados los zares. Siguieron luego la iglesia del Arcángel Miguel, después la de Ioann Lestvicnik, y, finalmente, la última, pero no la menor, la iglesia de San Salvador en el Bosque, cuya espléndida estructura de madera es el elemento arquitectónico más antiguo que hoy podemos admirar en el Kremlin.

Más tarde se construyeron las murallas de piedra. La blanca piedra calcárea deMiackov protegería al nieto de Iván, Demetrio, el hombre que empezaría a utilizar contra los tártaros el poder que Moscú había ido acumulando estando a su servicio. Así, un Kremlin de piedra, resultado de quince años de incansable trabajo, desde 1359 a 1374, sustituyó al primitivo Kremlin de madera.

Por esto la construcción del Kremlin actual (el anterior fue saqueado y destruido por los tártaros) de Moscú comenzó concretamente en 1485 con el zar Iván III, , con la construcción de un nuevo palacio para el zar, que fue realizado bajo la dirección de los arquitectos italianos Marco Ruffo y Pietro Antonio Solario.

Iván III, que había subido al trono en 1462 y  fue él quien con más frecuencia comenzó a utilizar, en lugar del tradicional título de gran duque de Moscovia, el de «zar» (es decir, emperador) de «todas las Rusias», junto con el de autócrata.

El gran logro de Iván el Grande (Iván III) fue rechazar el caciquismo de los mongoles, o tártaros. Los mongoles habían invadido el estado medieval Rus de Kiev en 1223, en su avance hacia Europa del Este a través de Asia. Un contingente del ejército mongol había permanecido en la zona del río Volga. Se trataba de la llamada Horda de Oro.

Rusia era subdesarrollado, pero sin duda alguna era un país potencialmente rico,  y estaba en plena expansión; pero era terriblemente pobre de conocimientos técnicos superiores. La esposa que Iván (Iván el Grande) había elegido, la bizantina Zoé —ahora rebautizada como Sofía—, educada en las cortes de Constantinopla y de Roma,  se lo hacía observar con frecuencia. Era evidente, pues, que debía buscar en los países «industrializados» a los hombres que no era posible formar técnicamente en su patria.

Con este fin Iván mandó un emisario, el boyardo Simeón Tolbuzin, a buscarlos al país que entonces era la cuna del arte y la técnica: a la Italia de Leonardo da Vinci, de León Battista Alberti y de Bramante. Y esto sucedía quince años antes de que los franceses descubrieran, antes que ningún otro europeo (y por casualidad, a causa de una guerra que fue como un paseo militar), los fulgores del Renacimiento.

El arquitecto seleccionado fue Aristóteles Fioravanti, ingeniero comunal de Bolonia, consejero arquitectónico de los Sforza y realizador de obras para el rey de Hungría, Matías Corvino. En la primavera de 1475, con el deshielo, llegó a Moscú el arquitecto italiano, a quien Iván pagó un sueldo que nunca soñara percibir un arquitecto moscovita: diez rublos al mes. Pero el extranjero demostró que se lo merecía, y aún más, lo que por cierto se le concedió ampliamente.

En cuatro años tan sólo, la reconstruida catedral de la Asunción (a la que muchas guías llaman de la Ensoñación, traduciendo literalmente el término ruso de Uspenskij Sobor) ya erguía majestuosamente sus blancas paredes en el recinto del Kremlin. El «experto» extranjero había cumplido su principal obligación:enseñar a los técnicos del país, aunque hay una historia negra donde se dice que Iván encerró a Fioravanti, que murió en cautiverio.

Luego Marco Ruffo y Pietro Solari,  a partir de 1485, sustituyeron a Fioravanti, construyeron para el zar un palacio digno, al fin, de este nombre: el Palacio de Granovitaja, cuya característica fachada almohadillada en ángulos vivos es como el traspaso a tierra rusa de las experiencias del Palacio de los Diamantes de Ferrara, joya del Renacimiento italiano.

La espléndida sala superior de este edificio (que más tarde daría a Catalina sensación de ahogo) cubierta por cuatro bóvedas apoyadas sobre una única pilastra central y espléndidamente decorada con escenas de la historia sagrada y rusa sobre fondo de oro (lo que le valdría el merecido nombre de Sala de Oro), sería, durante siglos, el salón de recepciones de los zares hasta la construcción del Palacio del Kremlin, ya en el siglo pasado.

En 1505, pocos meses antes de la muerte del gran Iván, Alvise Nuovo recibió el encargo de construir la catedral del Arcángel Miguel (segunda de este nombre en el interior del Kremlin), según esquemas rusos ejecutados en clave renacentista. El mismo Alvise Nuovo, desde 1499 a 1508, reconstruyó el palacio vivienda de la familia real, el Terem, en sustitución del viejo, edificado, según la tradición local, en madera y, como sucedería con tanta frecuencia, destruido por el fuego.

Ya estaban en pie, así, la catedral de la Asunción, la de la Anunciación, la iglesia del Arcángel Miguel, el Palacio Granovitaja, residencia oficial, y hasta una increíble iglesia-campanario que Marco Bono (otro inmigrado italiano) había erigido en los primeros años del siglo XVI para albergar un gran número de campanas de todo tipo y dimensiones (el campanario de esta iglesia, o mejor dicho, su aguja más elevada —81 metros, todavía la construcción más alta del Kremlin y su símbolo— se completaría un siglo más tarde, durante el reinado de Boris Godunov).

Ciertamente, a fines del reinado de Iván III las cúpulas doradas del Kremlin habían empezado a ocupar dignamente el corazón de la Santa Rusia. Pero su efecto no sería tan fabuloso (ni lo sería el de los edificios construidos más tarde) sin la obra excepcional que los encierra: el gran círculo de rojas murallas, con varias torres, que rodea el conjunto. Dichas torres, por lo menos su planificación, son obra de Iván el Grande —que podría llamarse «padre del Kremlin»—y de su «equipo» de arquitectos italianos.

Respecto a la construcción la muralla era obra gigantesca: un perímetro de 2.235 metros, en planta pentagonal irregular, con dos decenas de torres. Las torres son, precisamente, lo que caracteriza la muralla, constituyendo la imagen más típica del Kremlin.

La más conocida es la espléndida y gigantesca Torre del Salvador (Spasskaja), llamada así por la imagen del Redentor que decora la puerta; fue erigida en 1491 por arquitectos que debían recordar la estructura del castillo de los Sforza de Milán, y en el siglo XVII fue coronada, por el inglés Galloway, con una aguja seudogótica que encierra 35 campanas. El sonido de esas campanas, retransmitido a todo el mundo cada mediodía y cada medianoche, es todavía la identificación de la radio soviética, como las campanas del Big Ben lo son de la BBC de Londres.

En los siglos posteriores, el Kremlin de Moscú fue creciendo hasta convertirse en lo que actualmente conocemos. El de Moscú no es el único que podemos encontrar en Rusia, existiendo otros igualmente interesantes de conocer y visitar, como el de Novgorod, por ejemplo.

Los siglos le dieron cada vez mayor dimensión e importancia hasta convertirse en una gran fortaleza de 27 hectáreas rodeada de murallas y torres de acceso. La más alta y famosa es la de la Trinidad. Entre sus muros transcurrieron los acontecimientos de seis siglos de la historia de Rusia.

El Palacio de los Congresos de 1961 es lo más nuevo. Enfrente se encuentra el edificio del antiguo Arsenal, que fue construido a principios del siglo XVIII por orden del zar Pedro I como depósito de armamentos y trofeos de guerra. La fachada del edificio está decorada con antiguos cañones hechos y piezas tomadas por las tropas rusas al ejército de Napoleón en 1812. Frente al edificio del Arsenal hay dos edificios, el del antiguo Senado(que tiene una gran cúpula con la bandera de Rusia) y la Escuela Militar, ambos alojan al presidente de la Federación Rusa. Es la sede del Poder Ejecutivo Ruso. A la derecha, enfrente del edificio gubernamental, se halla el Cañón del Zar de 1586, que es el cañón de bronce más grande del mundo. Cerca está la Campana de la Zarina, también otro récord mundial. Ninguno ha sido usado jamás. El cañón nunca disparó balas y la campana se resquebrajó durante un incendio en 1737 y no pudo sonar.

En el centro se encuentran tres bellas catedrales. La Catedral La Asunción, la Catedral Arcángel Miguel y la Catedral de la Anunciación. Entre estas catedrales no existe mucho espacio libre. Los edificios tienen  los más diversos estilos: arabesco, gótico, griego, italiano, chino.

Está encerrado por una muralla de 2,40 m de altura por 2300 mt. de longitud con torres en todo el perímetro.  Era una ciudad en sí misma construida para estar protegida contra ataques enemigos.  Hay varios kremlins en Rusia, pero el más conocido es el de Moscú, que ocupa 27 hectáreas.  En su museo se exhiben las coronas y joyas de los zares, carruajes con incrustaciones de piedras preciosas en sus ruedas, larguísimas capas de armiño que cubrían a los príncipes y varios metros del piso por el que caminaban.  Los visitantes deben envolver sus zapatos con botas de tela para no raspar la lujosa superficie de madera del museo.

Allí vivieron los zares hasta los tiempos de Pedro el Grande, que reinó de 1682 a 1725, cuando la corte se mudó a San Petersburgo, luego Stalingrado, y después su antiguo nombre.  Hoy aloja al Parlamento ruso y desde 1918 ha sido el centro político y administrativo de Rusia.

Largas filas de personas se alinean todos los días para ingresar en la tumba de Lenin embalsamado.  Montañas de cámaras de foto y cinematográficas de los turistas, que tienen acceso privilegiado, se amontonan a la entrada pues está prohibido entrar con esos aparatos en el mausoleo.  Hace tiempo está en plena discusión una iniciativa que implicaría sacar la tumba de Lenin de la ciudadela.

Ivan el Grande Unificacion de Moscovia Historia del Kremlin de Moscu

Ivan el Grande Unificación de Moscovia
Historia del Kremlin de Moscu

Ivan el Grande Inificacion de Moscovia Historia del Kremlin de MoscuIván el Grande amplió su estado de Moscovia (nombre con el que la historiografía occidental designa al gran ducado de Moscú) hasta crear un reino que abarcaba gran parte del norte de Rusia y con el cual pudo desafiar por fin a la Horda de Oro mongola.    

Iván el Grande Iván III Vasilevich gobernó como gran príncipe de Moscú entre 1462 y 1505 y pasó a la posteridad como Iván el Grande. Consolidó la obra de sus antepasados reforzando la posición de Moscovia, uniendo los principados hasta entonces autónomos de Rusia y zafándose del yugo de los mongoles. Fue el primer príncipe de Moscú que pudo proclamarse soberano de toda Rusia.

En un principio compartió el poder con su padre, Basilio II, durante los últimos años de vida de este. Al sucederlo, Iván se fijó la meta de unificar Rusia, pero abordó su labor con prudencia. La primera república rusa que llamó su atención fue Novgorod, pero esta, consciente del poder creciente de Moscovia, se había aliado con Polonia. Esgrimiendo tal alianza como pretexto para lanzar una guerra, Iván invadió Novgorod en 1470, derrotó al principado y cortó sus lazos con Polonia.

Tras años de represión, la república de Novgorod finalmente aceptó a Iván como su regente autocrático en 1477. Con el tiempo, otros principados fueron cayendo en manos de Iván, ya fuera mediante conquistas o por medios diplomáticos. Así, en 1485, con la absorción de Tver, Rusia se había convertido en una única nación bajo el control de un solo líder. Iván el Grande fue el primer regente autocrático que Rusia conoció. Se consideraba heredero del imperio recién abatido de Constantinopla, ya que la Iglesia ortodoxa rusa, como la bizantina, era ajena a Roma.

Su matrimonio con Sofía Palaeologina, sobrina del último emperador hi7an tino, también influyó en Iván, a quien impresionaban el fasto y las tradiciones imperiales. Tal matrimonio le hizo merecedor del emblema del águila de dos cabezas que anteriormente había pertenecido a los bizantinos. Iván se consideraba de una casta superior a la del resto de la aristocracia rusa y subyugó a los boyardos (nobles) a su soberanía, lo cual generó un amplio resentimiento. A su muerte, Iván fue sucedido por su hijo, Basilio III.

Constantinopla cayó bajo el poder de los turcos en 1453 y más tarde la Iglesia ortodoxa rusa consideró a Moscú la ‘tercera Roma’, sucesora de Constantinopla y centro de la Cristiandad ortodoxa. El águila de dos cabezas, símbolo de Bizancio, fue incorporada a las armas moscovitas y permaneció como el emblema de la Santa Rusia. El factor más importante en la investidura de Moscú como ciudad sacra se debió al matrimonio celebrado entre el gran duque Iván III el Grande y Sofía Paleólogo, nieta del último emperador de Bizancio. El gran duque empezó a considerarse zar (del ruso tsar, que a su vez deriva del latín Caesar, ‘césar’) de un régimen autocrático, más que como cabeza de la nobleza. Incorporó a Moscovia (nombre con el que la historiografía occidental designa al gran ducado de Moscú) los estados de Nóvgorod en 1478 y Tver en 1485.

El declive del poder mongol El otro gran logro de Iván el Grande fue rechazar el caciquismo de los mongoles, o tártaros. Los mongoles habían invadido el estado medieval Rus de Kiev en 1223, en su avance hacia Europa del Este a través de Asia. Un contingente del ejército mongol había permanecido en la zona del río Volga. Se trataba de la llamada Horda de Oro. Aunque esta región era básicamente un estado mongol, entre su población había turcos, tártaros, uzbecos y otros pueblos del Asia Central.

La Horda de Oro tenía la misión primordial de recaudar impuestos entre los príncipes rusos, quienes, convertidos ahora en vasallos de señores feudales, debían pagar tributos regulares a sus caciques. Pero dos sucesos debilitaron a la Horda de Oro. Uno de ellos fue la Peste Negra de 1346-1347, que causó estragos en sus filas.

El otro fueron las luchas internas entre los herederos al kanato. Durante la década de 1440, la Horda de Oro se sumió en una guerra civil que dio lugar a la aparición de cinco kanatos distintos. Aquellos cinco estados separados eran mucho más débiles que el estado ruso de Moscovia, el cual había empezado a florecer pese al control tártaro. En 1476, Iván III se negó a pagar más impuestos al kanato de la Gran Horda, el más importante surgido de la división de la Horda de Oro. En un principio, el kan estaba más preocupado por las luchas militares que tenían lugar en Crimea, pero al final decidió castigar a Iván. Así, en 1480 movilizó a su ejército para invadir Moscú.

Los moscovitas exigieron a Iván que emprendiera medidas para derrotar a los mongoles, y el príncipe se preparó para conducir a su ejército a la lucha contra el kan. Las tropas rivales se encontraron a orillas del ríoUgra, pero la batalla no dio comienzo de inmediato, pues ambos ejércitos aguardaban la llegada de refuerzos. Los de Iván llegaron, pero no así los del kanato y, tras varias semanas de pulso en medio del gélido invierno, las tropas del kan se batieron en retirada. Aquel fue el primero de una serie de desastres que desembocaría en la desintegración de la Horda de Oro. Varios meses después, el kan fue asesinado por un rival y el poder mongol sufrió un nuevo varapalo. Los actos de Iván libraron a los rusos de pagar impuestos y les valieron por fin la independencia.

El Kremlin La fortaleza del Kremlin se alzaba en la colina de Borovitsky, en Moscú, desde el siglo IX. Sin embargo, durante su reinado, Iván III mandó rediseñar el complejo y reconstruirlo para demostrar el poder y la superioridad de los moscovitas, convertidos en el centro de una nueva Rusia unificada. Iván III mandó venir a constructores y arquitectos de Italia para diseñar los palacios y las catedrales de su «nuevo» Kremlin, pero estos, en acuerdo a su ubicación, optaron por construir edificios de estilo ruso, no italiano. La ciudadela había ido ampliándose durante el reinado de los predecesores de Iván y en 1368 se habían levantado murallas almenadas de piedra blanca alrededor del emplazamiento triangular de 27,5 hectáreas.

En la década de 1470, Iván III mandó construir la catedral de la Asunción, que acogería la sede de la Iglesia ortodoxa rusa y las futuras coronaciones, asambleas y ceremonias de Estado. Encargó el diseño de la catedral al arquitecto italiano «Aristóteles» Fioravanti, quien viajó por toda Rusia para imbuirse de la esencia del diseño eclesiástico propio del país.

Cuando cuatro años después concluyó su obra, Iván el Grande estaba tan complacido con el resultado que ordenó encarcelar a Fioravanti para impedirle que abandonara Rusia, y el arquitecto murió en cautividad. Fue en la escalinata de la catedral de la Asunción donde Iván el Grande rasgó el fuero que vinculaba a los príncipes rusos con la Horda de Oro. El regente encargó también erigir la catedral del Arcángel San Miguel, el lugar donde reposarían los restos de los gobernantes rusos durante muchos años, y la catedral de la Anunciación, con su cúpula dorada.

La residencia de Iván III se estableció en el palacio de Terem. Además, el soberano mandó construir la Cámara Facetada para celebrar las audiencias de la Corte en una magnífica sala del trono, así como para entretener a sus súbditos con impresionantes fiestas y celebraciones. Los emperadores y las emperatrices que lo sucederían al trono irían añadiendo nuevos edificios al complejo, entre ellos el enorme campanario dorado dedicado a Iván el Grande.

PARA SABER MAS SOBRE IVÁN III…

Gran estadista, Iván III, llamado asimismo Iván el Grande, gobernó con mano firme y contribuyó en gran manera al engrandecimiento de su reino. Sabiendo que Constantinopla había caído en manos de los turcos y que el imperio romano de Occidente había sucumbido siglos antes a las invasiones de los bárbaros, Iván III concibió la idea de hacer de Moscovia la heredera de esos dos imperios. Moscú sería en cierto modo una «tercera» Roma.

La boda de Iván III con Sofía Paleóloga puede considerarse como el primer paso en la realización de ese plan. Sofía era, en efecto, sobrina del último emperador bizantino, Constantino XI, que murió con las armas en la mano en la toma de su capital. Al mismo tiempo pretendía ser el protector de todos los cristianos ortodoxos. Adoptó el ceremonial de la corte de Constantinopla y se hizo llamar «zar», título derivado del latino «cesar» (emperador).

El ambicioso príncipe de Moscú, que por otro lado sólo era el mayor propietario de tierras de su país, estaba en camino de convertirse en el soberano todopoderoso del gran imperio ruso. Sus vasallos, aunque poderosos también y ocupando destacados puestos, no podían negar su autoridad. La vida en la corte revestía un lujo inimaginable.

Político de aguda intuición antes que genial hombre de armas, no por ello tuvo menos éxito al intentar extender las fronteras de su imperio, y él mismo se hizo llamar bien pronto «emperador de todas las Rusias».

En el momento de ampliar su territorio, Iván III tomó la precaución de buscar aliados en el extranjero, y uno de los más importantes fue Maximiliano I de Austria. Propuso a éste que se anexionara Hungría mientras él ponía los ojos en Lituania, pero el emperador de Austria rechazó el plan.

Entonces Iván III se volvió hacia Rusia meridional, tratando de sacar provecho de la falta de unidad de los tártaros y de extender y consolidar sus conquistas. Incluso llegó a firmar un acuerdo con el kan de Crimea, que le permitió liberar a Rusia de todo rastro de dominación mongola. El kan de Sarai intentó alzarse contra las maquinaciones de Iván. Pero el gran príncipe no se inquietó por ello.

Rusia creció también en dirección al Báltico, e Iván tomó la poderosa Novgorod, y volvió a Moscú con una caravana de carros cargados con un rico botín en oro, plata y piedras preciosas. La mayor parte de aquel tesoro sirvió para decorar el Kremlin, ciudad fortificada que se construyó de 1485 a 1495 bajo la dirección de arquitectos italianos (los «Frezine»). Estaba separada del resto de Moscú por gruesas murallas.

Los zares se establecieron en el Kremlin, y embellecieron los edificios existentes o mandaron construir otros nuevos.
La instauración de un régimen absolutista no se logró sin engendrar reacciones; entre otras, la de los boyardos o nobles, que veían de este modo restringirse su poder.

Fuente Consultada:
ATLAS DE HISTORIA DEL MUNDO
ENCICLOPEDIA JUVENIL AZETA TOMO III IVAIII E IVAN IV