Historia de Muros

Crisis del Sistema Capitalista en el Siglo XX

Crisis del Sistema Capitalista en el Siglo XX

CRISIS DEL SISTEMA CAPITALISTA: Una combinación de factores marcó el final de un período de notable crecimiento: La declaración de inconvertibilidad del dólar en 1971 y las devaluaciones del dólar entre 1971 y 1973 pusieron fin la sistema monetario de Bretón Woods.

En 1973, la crisis del petróleo, terminó con el Petróleo Barato reavivó los temores producidos por el recuerdo de la crisis del 30. Ante la caída de la producción, del consumo y del crecimiento económico en general y frente a la reaparición de altos porcentajes de desocupación, el aumento de la pobreza y la inestabilidad de las variables económicas, se prefirió hablar de recesiones menores y momentáneas.

Las causas de esta grave crisis, que se prolongó hasta la década del noventa, fueron explicadas de diferentes formas: por la crisis del petróleo (aumento del precio de dicho producto), por los avances tecnológicos que provocaron desocupación y hasta por la creencia de que los salarios habían aumentado demasiado.

Es decir, se trató de una crisis provocada por el funcionamiento del propio sistema capitalista: después de más de veinte años de crecimiento sostenido se produjo un estancamiento y los empresarios —para no dejar de ganar tanto— transfirieron la disminución de sus ganancias a los otros sectores de la sociedad: los trabajadores, el Estado, etc. La crisis fue causada por la propia estructura del sistema, influida por causas coyunturales, como las mencionadas anteriormente.

crisis del capitalismo

1929-Crisis o Crack de la Bolsa de Wall Street

1973-Crisis del Petróleo y los Petrodólares

1994-Crisis Asiática

2001-Crisis en Argentina (Default)

2008-Inicio de la Crisis Hipotecaria y Financiera

2011-Crisis Inmobiliaria en Europa

LA CRISIS DEL PETRÓLEO

A partir de 1973, la crisis del petróleo reavivó los temores producidos por el recuerdo de la crisis del 30. Ante la caída de la producción, del consumo y del crecimiento económico en general y frente a la reaparición de altos porcentajes de desocupación, el aumento de la pobreza y la inestabilidad de las variables económicas, se prefirió hablar de recesiones menores y momentáneas.

Las causas de esta grave crisis, que se prolongó hasta la década del noventa, fueron explicadas de diferentes formas: por la crisis del petróleo (aumento del precio de dicho producto), por los avances tecnológicos que provocaron desocupación y hasta por la creencia de que los salarios habían aumentado demasiado.

Es decir, se trató de una crisis provocada por el funcionamiento del propio sistema capitalista: después de más de veinte años de crecimiento sostenido se produjo un estancamiento y los empresarios —para no dejar de ganar tanto— transfirieron la disminución de sus ganancias a los otros sectores de la sociedad: los trabajadores, el Estado, etc. La crisis fue causada por la propia estructura del sistema, influida por causas coyunturales, como las mencionadas anteriormente.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), nació en 1960, en respuesta a la baja del precio de éste impuesta por las grandesempresas petrolíferas que perjudicaba a los países productores. Esta organización, integrada mayoritariamente por naciones árabes, decidió aumentar el precio del barril de petróleo crudo en 1973 y en 1979 de tal forma, que mientras en 1970 costaba 2,53 dólares, a fines de los años 80 costaba 41.

De esta manera se terminó con el petróleo barato que había lubricado el crecimiento de posguerra.

Como consecuencia de estos cambios se frenó el ritmo del crecimiento económico. Creció la inflación, se redujeron las tasas de crecimiento y aumentó el desempleo.

Importantes industrias –incluso sectores industriales enteros- se vieron obligados a reconvertirse: debieron introducir innovaciones tecnológicas, ahorrar energía, reducir sus plantas de personal, etc. Muchas de estas reconversiones contaron con el apoyo de los estados nacionales, que tendieron a privilegiar la mejora de las estructuras productivas por sobre los gastos sociales.

PETRODÓLARES:

En aquellos años, el petróleo era la principal fuente de energía, por lo que su aumento produjo serias consecuencias en las economías de los países industrializados que dependían de la importación de petróleo para su funcionamiento.

Importantes restricciones en el consumo de energía, además del lógico encarecimiento de la misma, afectaron tanto a la industria como la vida diaria de la gente que no podía utilizar su automóvil o tenía horarios limitados para ver televisión o para hacer uso de otros electrodomésticos.

Por otra parte, los países miembros de la OPEP aumentaron considerablemente sus ganancias, a las que se denominó “petrodólares”.

Esa enorme masa de dinero salió de los estados árabes para incorporarse al sistema financiero occidental, que comenzó a ofrecer préstamos a cualquier país que los solicitase. De esta forma, la mayoría de las naciones en “vías de desarrollo” se endeudaron creyendo que pronto se recuperarían de la “momentánea” crisis. En los años 80, este endeudamiento estalló cuando México declaró la imposibilidad de pagar sus créditos.

Los países árabes conocieron una prosperidad nunca antes alcanzada, pero que no sirvió para el mejoramiento sustancial de la mayoría de sus habitantes, sino para el enriquecimiento de las minorías gobernantes. Por otra parte, compraron gran cantidad de armamentos, recalentando aún más la región, donde históricamente los problemas religiosos y raciales cada tanto estallaban en conflicto.

Pronto surgieron incidentes con Israel, la revolución iraní, las guerras entre Irán e Irak y la del Golfo.

Otro país que se benefició con la crisis fue la URSS, ya que contaba con grandes reservas de petróleo que exportaba con enormes ganancias. Desgraciadamente, gran parte de esos beneficios fueron utilizados para la carrera armamentista.

La crisis del petróleo sirvió como justificativo para explicar la depresión económica de los setenta y los ochenta, y culpar a los países integrantes de la OPEP de la misma.

Frente a la crisis iniciada en 1973, producto de la disminución de las tasas de ganancias de las grandes empresas, se empezaron a cuestionar las ideas keynesianas de intervencionismo estatal y se comenzó a cuestionar teórica y prácticamente el funcionamiento del “estado de bienestar”. El Estado, según los críticos, gastaba demasiado y era eso lo que generaba la crisis, por lo tanto había que reducirlo.

El keynesianismo aseguraba que frente a la crisis había que seguir aumentando el poder adquisitivo de la gente para aumentar el consumo y la producción, y por lo tanto, mantener el pleno empleo, aunque eso generara una inflación controlada y disminuyera las tasas de ganancias de los industriales.

Los críticos neoliberales o neoconservadores decían que el aumento de las ganancias era el único motor de la economía y por lo tanto se debían reducir los costos volviendo al liberalismo tradicional con la reducción del Estado, disminución de los salarios y eliminación de los puestos de trabajo innecesarios.

En algunos países las importaciones de capital estaban equiparadas con la fuga de capital: los residentes mexicanos tenían cerca de 3.000 millones de dólares estadounidenses en el extranjero en 1973 y 64.000 millones en 1984, casi tanto como el conjunto de la sección pública de la deuda exterior del país.

Además, en vista de la rápida inflación mundial en los años setenta, la carga real de la deuda aumentó mucho menos de lo que parecía a primera vista. Sin embargo, a partir de 1984, la práctica de reprogramar y también la cancelación completa de las demandas contra los países más pobres, frenó un poco el crecimiento de la deuda internacional.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: La Guerra de Vietnam (1965-1973) sin duda provocó un efecto inflacionario sobre la economía, pero la renuencia de los gobiernos de Johnson y Nixon a imponer restricciones a los ingresos y al consumo de la ciudadanía definitivamente la empeoró.

Por último, esto culminó en la gran crisis de 1973, cuando el cartel de los países exportadores de petróleo (OPEP) impuso primero un embargo de petróleo y luego, aprovechándose de la aparentemente insaciable demanda norteamericana, aumentó los precios del crudo a casi un 250 por ciento.

Por otra parte, la industria estadounidense comenzó a perder su sitial al ingresar al mercado competidores extranjeros de mayor eficiencia, de manera tal que las exportaciones comenzaron a disminuir mientras las importaciones aumentaban.

Debido a la derrota en Vietnam y la incertidumbre económica, los años 70 fueron un período de gran preocupación para el pueblo norteamericano. El nacionalismo, la rebeldía de los contribuyentes y el deseo generalizado de recobrar la seguridad de antaño llevaron a Ronald Reagan a la presidencia en 1980.

Con el consentimiento entusiasta del electorado, el presidente aceleró todas las tendencias inquietantes del decenio anterior: rebajó los impuestos en un tercio, con lo cual abrió las compuertas a un torrente de poder comprador en el mercado y aumentó en forma desmesurada el gasto en armamentos, provocando un fuerte déficit.

La administración Reagan no logró corregir los defectos estructurales de la industria norteamericana, de modo que el nuevo poder adquisitivo se gastó en importaciones, creando un déficit de intercambio sin precedentes. Sin embargo, el éxito logrado por la Junta de la Reserva Federal al detener la inflación, aumentando las tasas de interés, significó que el capital extranjero llegara a raudales a Estados Unidos, con lo cual se financió el déficit y se mantuvo el auge del comercio nacional e internacional.

A mediados de la década del 80, Estados Unidos estaba viviendo a crédito. Con el derrumbe del mercado alcista más largo de la historia, el 19 de octubre de 1987, conocido como ‘el lunes negro’, hubo una corrida del dólar y los accionistas se aterraron.

En seguida vino una fuerte reacción nacionalista de resentimiento hacia Japón y la Comunidad Económica Europea por sus actitudes proteccionistas, pero la crisis fue temporal. La economía norteamericana siguió creciendo y el país tuvo varios éxitos de política exterior en Grenada, Panamá y con la Guerra del Golfo, en 1991. Sumado a todo esto, la caída del comunismo aumentó la confianza en las negociaciones norteamericanas con el mundo exterior.

El Neoliberalismo y Las Desigualdades Sociales

El Neoliberalismo  y Las Desigualdades Sociales

capitalismo

EL NEOLIBERALISMO:  El año 1973, representa para el capitalismo un año de profunda crisis para el sistema.

La disminución de las tasas de ganancias de las grandes empresas y de las corporaciones, hicieron que se ponga en duda las ideas “keynesianas” de intervencionismo por parte del Estado.

Este último había sido, según los críticos “liberales”, el culpable del mal gasto y de las recurrentes crisis, por lo que proponían reducirlo a su mínima expresión en cuanto a participación económica.

Las ideas seguidas por los “keynesianos” aseguraban que ante una crisis había que seguir aumentando el poder adquisitivo de las personas para aumentar de esta forma el consumo y la producción.

Así, se aseguraría el pleno empleo a pesar de la inflación que pudiera provocar.

Para los “liberales”, el único motor de la economía era el aumento de las ganancias para los particulares, por lo tanto se debía reducir al máximo los costos de la producción, los salarios y los impuestos y en definitiva se debía achicar la participación del Estado.

EL MONETARISMO:  El enfoque “Monetarista” teoriza que lo que motiva la inflación es la emisión monetaria por parte del gobierno.

Los “monetaristas” sostienen que existe una masa de bienes y una cantidad de dinero que se “distribuye” entre los distintos bienes dando lugar a una estructura de precios. Si el Estado, entonces, emite más billetes por la misma cantidad de bienes, lo que sucede es que se produce un aumento general de precios.

Esta fue la concepción neoliberal y una de las expresiones más utilizada para afrontar la crisis de los setenta. El monetarismo y el neoliberalismo a pesar de supuestamente defender la “libertad” en sus postulados teóricos, fue aplicado en regímenes políticos dictatoriales y sangrientos.

Por ejemplo, en la dictadura militar de Augusto Pinochet, en Chile, se comenzó a aplicar el “modelo” que había tenido origen en el “Escuela de Chicago”.

Los recortes, que limitaban el papel del Estado en la emisión de moneda y en el control de la oferta de dinero, y además, el Estado renunciaba de toda intervención económica. De esta manera, la actividad privada, sería la encargada de hacer crecer la economía del país y el papel del Estado pasaría a un segundo plano, encargándose solo del control del sistema.

Esta política económica, puso en evidencia la incapacidad de estos regímenes en cuanto a la protección social y la mejora de las condiciones de vida en los seres humanos.

Estas medidas, tomadas en los gobiernos dictatoriales de América del Sur en general, produjeron en el nivel social un deterioro en la calidad de vida de sus pueblos, un retroceso en la distribución de los ingresos hacia los más pobres, un acelerada desocupación y una dependencia económica que se mantiene hasta nuestros días.

LAS EXPERIENCIAS DE MARGARET THATCHER Y RONALD REAGAN: Luego de las crisis de los años ´70 (Crisis del Petróleo y del Estado de bienestar), las críticas neoliberales o neoconservadoras se dirigieron justamente a la participación del Estado en la economía, culpando a éste de crear las condiciones para el estancamiento económico, al limitar los beneficios empresariales y reducir en consecuencia las posibilidades de inversión.

Siguiendo estos postulados, en Inglaterra comenzó, con el gobierno de Margeret Thatcher como primer ministro (1979-1990), una serie de reformas que hicieron que el Estado deje de lado algunas de sus intervenciones en determinadas prestaciones sociales y económicas.

Se hicieron algunas privatizaciones, se disminuyó las prestaciones sociales y se redujeron los empleados públicos.

El sector privado, mientras tanto, redujo los salarios y se empeoraron las condiciones de trabajo. Frente a toda esta situación y a la pasividad del Estado, los sindicatos disminuyeron su fuerza.

Este modelo se conoció como “thatcherismo”, aunque en realidad fue una vuelta al capitalismo clásico. Inglaterra logró salir de la crisis y mejorar su Economía, pero las condiciones de vida de sus habitantes empeoraron notablemente y se vivió el mayor índice de desempleo de su historia.

También en E.E.U.U, con Ronald Reagan (1980-1988) en el poder, se comenzó a aplicar un modelo similar.

Aunque el poderío económico de este país hizo que no se sintieran tanto las repercusiones del modelo, hubo un aumento de la desocupación y una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas cerraron. Pero las peores consecuencias de estas reformas neoliberales recayeron indirectamente sobre América Latina y sus áreas de ingerencia.

Todas estas medidas, propugnadas por E.E.U.U. y Gran Bretaña cayeron un su lógica contradicción.

Mientras estos países anunciaban que defendían la libertad de mercados, sus mismas aduanas aplicaban un severo control para proteger sus producciones ante el posible ingreso de productos de otros países.

La Globalización y El Neoliberalismo, desigualdades

EL AUMENTO DE LAS DESIGUALDADES:
RELACIÓN NORTE-SUR:

Debemos aclarar que los conceptos sobre la relación Norte-Sur necesitan un abordaje diferente al de “países desarrollados” (norte) y “subdesarrollados o en vías de desarrollo” (sur).

aumento desigualdadesHacerlo de la manera tradicional y “desarrollista” nos lleva a la concepción de una historia lineal. Por lo tanto debemos utilizar categorías diferentes como países centrales y países periféricos.

Lo cual se comprendería de la siguiente manera: La pobreza condena a los países periféricos porque no hay una única “vía” al desarrollo en la que los países más “desarrollados” sólo van adelante y los otros, los que están “en vías de desarrollo”, ya los alcanzarán pues se encuentran en la misma “vía”, la única.

Esta es una falacia.

Si hay una “única vía de desarrollo” la historia es lineal y lleva a un futuro de plenitud para todos. Pero no, no existe esa “vía”. Los países “en vía de desarrollo” van por otra “vía”.

De aquí que la separación de las dos “vías” se continúe ampliando de un modo ya apocalíptico, sobre todo si pensamos en África, India o los invadidos, misileados países islámicos.

La periferia no tiene “tren de la historia”. Ni tiene “vía” a la cual pueda incorporarse. Ninguna de sus posibles “vías” es la “vía” por la que transitan las potencias centrales. Ahora, podemos seguir adelante analizando los diversos hechos que condicionaron la relación norte-sur en los últimos años.

Durante los años de crecimiento económico sostenido (1950-1973), la diferencia entre los países centrales (norte) y los periféricos (sur), aumentó.

Pero durante los 60, la instalación de industrias multinacionales en América latina y Asia, buscando mano de obra barata y transfiriendo tecnología en desuso, permitieron a algunos países un relativo crecimiento y una cierta industrialización.

A pesar de las crisis y los cambios de modelos económicos, durante los años 80 y 90, el norte, aunque a un ritmo más lento, siguió creciendo.

El sur, en cambio, no sólo dejó de crecer sino que con el desmantelamiento de industrias y con la caída de los precios de las materias primas, aumentó su pobreza.
Paralelamente, el norte logró equilibrar el crecimiento de la población controlando la natalidad, mientras que en el sur continuó el aumento desmedido de la población.

Esto empeoró notablemente la situación ya que mientras la población aumentaba la economía se achicaba y se tomaba cada vez más excluyente. La mortalidad infantil creció en el sur hasta cifras alarmantes en los últimos años del milenio.

Pero la pobreza no sólo creció en el sur.

La desocupación provocó en los países desarrollados un aumento de la indigencia, de la delincuencia y de la violencia.

Esta situación de desigualdad interna, obligó a los estados que habían reducido sus gastos públicos a mantener o aumentar sus aparatos represivos y de seguridad. A su vez, la desigualdad entre los países obligó a los más ricos a mantener sus presupuestos militares y a intervenir en distintas regiones.

En definitiva, la brecha entre los países más ricos (centrales) y los más pobres (periféricos) se siguió agrandando en una relación asimétrica que parece no terminar.

Las desigualdades sociales en escala mundial

Todos los bienes y servicios que llegan a nuestras manos fueron producidos y luego distribuidos hacia distintos lugares. Cuando nos llegan, se cumple la última etapa del proceso de producción, que es la del consumo.

Todos consumimos bienes y servicios para satisfacer nuestras necesidades básicas (alimento, vivienda, vestimenta), pero además consumimos bienes y senados destinados a satisfacer otras necesidades que no son básicas, como aquellas que tienen que ver con la recreación y el uso del tiempo libre.

En nuestra sociedad, la satisfacción de todas estas necesidades depende del nivel de ingreso.

Quienes poseen mayores recursos económicos pueden tener una adecuada alimentación, acceder a los senados de salud, a todos los niveles educativos, al transporte, mientras que los habitantes con bajos ingresos, a veces, no pueden completar la educación básica, quedan al margen de la asistencia sanitaria, o viven en zonas muy alejadas, con graves problemas de transporte.

Las diferencias en el nivel de ingreso generan, entonces, desigualdades sociales.

Las desigualdades sociales se reflejan en el espacio. El mapa y el gráfico mas abajo muestran la distribución mundial del consumo y de la riqueza, teniendo en cuenta los diferentes niveles de ingreso de la población.

Por un lado, el 20 % de la población más pobre apenas participa en el total de consumo, consumiendo sobre todo bienes destinados a satisfacer una de las necesidades básicas: la alimentación, necesidad no siempre bien cubierta entre la población extremadamente pobre, cuya participación en el consumo de energía y de servicios es casi nula.

El polo opuesto está representado por la participación en el consumo del 20 % de la población con altos ingresos.

La estrecha relación que existe entre el ingreso por habitante y el consumo posiciona a este sector en los índices más altos de consumo de energía, servicios y bienes con alto valor agregado.

Los países más pobres del mundo se encuentran en Asia, África y América Latina. Se debe notar que tanto los países ricos como los países pobres presentan grandes diferencias sociales en su interior; sin embargo, es en los países más pobres donde estas diferencias son más acentuadas.

Aunque en escala mundial el promedio de consumo de alimentos por habitante aumentó rápidamente en los últimos 25 años, las desigualdades sociales se han acentuado: los países ricos poseen solamente el 15 % de la población mundial, pero concentran el 76 % del consumo mundial.

El Neoimperialismo Occidental

La Reunificación de las dos Alemanias Oriental y Occidental

La Reunificación de las dos Alemanias: Oriental y Occidental

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:
Construcción del Muro de Berlín. La Reunificación Alemana

Al término de la Segunda Guerra Mundial, y después de una controvertida y trascendental decisión tomada en las conferencias de Postdam y Yalta, la división de Alemania en dos Estados fue un hecho. La República Federal Alemana (RFA) se integraba al sistema capitalista, bajo la tutela de las naciones vencedoras, al ingresar a la OTAN en 1954; mientras que la República Democrática Alemana (RDA) lo hacía al bloque socialista, bajo el dominio de la Unión Soviética, al firmar el Pacto de Varsovia en 1956.

En Alemania Oriental (RDA), a la muerte de Wilheim Pieck, presidente desde 1960, comenzó el gobierno del Consejo de Estado basándose en el modelo soviético. Se colectivizaron las tierras, desaparecieron empresas de medianos y pequeños propietarios, y se levantó un Estado totalitario.

La situación económica no era nada prometedora. Gran parte de la población decidió abandonar el país por Berlín occidental. Para detener el éxodo la RDA decidió levantar un muro en la ciudad. En agosto de 1961, Alemania quedó separada físicamente con la construcción del Muro de Berlín.

La República Democrática Alemana continuó su desarrollo bajo la dirección del Estado, el cual controlaba la economía, las condiciones de trabajo de los obreros y, en general, todo lo que ocurría en el país. Las relaciones con la Unión Soviética se afianzaban a través de la adhesión a tratados como el de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua firmado en 1975. La imagen en el extranjero crecía. Alemania Oriental era capaz de obtener éxitos considerables en las contiendas deportivas; el régimen funcionaba bajo el adoctrinamiento al ejército y a la población; y se evitaba el contacto con extranjeros, enemigos clave del sistema.

Problemas del desarrollo económico: Durante las décadas de 1970 y 1980, el declive de la economía soviética se manifestó, en primer lugar, en la caída de la productividad del trabajo y la desaceleración del crecimiento, el cual con dificultades había llegado a situarse en 1% anual. La opinión de los críticos soviéticos —compartida por los expertos occidentales— es que, a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, existían en la URSS tres sectores económicos muy sensibles que frenaban el crecimiento industrial: la metalurgia, la construcción, y el transporte.

La agricultura representaba un segundo problema y su falta de eficacia se puede explicar por cuatro elementos:

1. Falta de capitales y de infraestructura;
2. Inadecuada estructura de la fuerza de trabajo agrícola causada por el abandono de los campesinos calificados;
3. Diferencia en precios y salarios entre la agricultura y los restantes sectores productivos; y
4. Excesiva centralización del sector agrario.

La URSS fue también afectada por las negativas consecuencias de una administración excesivamente centralizada y burocratizada, que afectaron no sólo al conjunto de la economía soviética sino a la de los países de Europa Central y Oriental. Esas consecuencias han sido, entre otras, la falta de incentivos, el incumplimiento de las responsabilidades, el mantenimiento de empresas ineficaces —que sobrevivían con los beneficios de las empresas rentables—, la lentitud de las transferencias tecnológicas entre empresas y sectores productivos, la inadecuación entre la oferta y la demanda.

Estos elementos, unidos al ausentismo laboral y la rigidez de la administración planificada con su enorme despilfarro de recursos, hicieron ver a un sector del partido y de la sociedad, la urgencia de un cambio estructural que corrigiese el camino.

En la década de 1980, con la muerte del líder soviético Leonid Brezhnev se inició el distanciamiento con la potencia hegemónica del bloque socialista; las necesidades financieras, comerciales y tecnológicas para soportar el desarrollo interno aumentaban y se dificultaba el abastecimiento de bienes de consumo.

Las posibilidades de esta renovación comenzaron a fortalecerse cuando Gorbachov, asumió el poder y anunció la perestroika y la glasnost. Aunque la perestroika despertaba esperanzas en las nuevas generaciones, los problemas económicos y sociales se evidenciaban a través de protestas, las cuales eran reprimidas.

En 1986, Gorbachov habló abiertamente ante el PCUS de la necesidad de glasnost (transparencia) como una de las premisas básicas para impulsar la perestroika reconstrucción de la URSS. La perestroika produjo cambios en los aspectos políticos y económico, y provocó el resurgimiento de los nacionalismos en las repúblicas soviéticas y en los países satélites en Europa Central y Oriental.

wallesa lechPor ejemplo, en Polonia en 1986, ante la imposibilidad de superar la crisis social y económica, las autoridades comunistas decidieron entablar nuevas negociaciones con el Sindicato Solidaridad, conducido por Lech Wallesa, en las que también participó la Iglesia. A partir de entonces, la presión social contra el régimen fue en aumento hasta que, en febrero de 1989, el partido renunció al monopolio del poder.

El 5 de abril siguiente se hizo público el acuerdo por el cual se legalizaba Solidaridad, se reconocía la libertad religiosa, se procedía a la reorganización de la presidencia de la República, se restablecía el Senado como Cámara Alta y se instauraba el multipartidismo.

El nuevo Estado. En junio de 1989 se celebraron elecciones cuyo resultado fue el irrefutable triunfo de Solidaridad. El nuevo gobierno, dirigido por el general August Tadeusz Mazowiecki y formado con mayoría no comunista, recuperó para el país el nombre de República de Polonia, procedió al cambio institucional y preparó la creación de una nueva Constitución; además, intentó hacer frente a la crisis con ayuda de la Comunidad Económica Europea y la aprobación de un plan de choque el 1 de enero de 1990

Cuando comenzaron los primeros signos de democratización en Polonia y Hungría, el régimen comunista encabezado por Erich Honecker endureció su política represiva y pareció terminar con las esperanzas de reformas de los alemanes orientales.

A mediados de 1989, Hungría -para entonces bajo la autoridad de un gobierno reformista- decidió abrir sus fronteras occidentales. Así, más de 200.000 alemanes orientales que se hallaban en territorio húngaro aprovecharon la ocasión y huyeron al Oeste. De inmediato, otros miles de alemanes orientales solicitaron asilo político en las embajadas de Alemania Occidental en Praga y Varsovia.

caida del muro de berlin

A partir de ese momento, comenzaron a sucederse innumerables manifestaciones multitudinarias en todas las ciudades importantes de Alemania, que terminaron por derribar el duro gobierno de Honecker, que en octubre fue sustituido por Egon Krenz. Krenz propuso algunas reformas moderadas, como permisos de viaje al exterior durante períodos más largos, que no lograron reducir la presión popular.

La revolución ya no podía ser detenida y en noviembre, los berlineses de ambos lados se lanzaron sobre el Muro y comenzaron a abrir en él las primeras brechas. Los guardias de la frontera germano-oriental abandonaron sus puestos y la gente pasó de un lado a otro del Muro en un clima de festejos. La caída del Muro se constituyó en el símbolo del fin del orden comunista en Europa oriental y del fin de la Guerra Fría.

En 1989 la situación se agravó cuando las marchas y la represión se agudizaron y provocaron que cientos de alemanes orientales trataran de refugiarse en Alemania Occidental. El 22 de diciembre de 1989, por la puerta de Brandenburgo se abrió el Muro de Berlín, en tanto que el parlamento de la República Democrática Alemana reformó la constitución, eliminando aquello que determinaba el sistema socialista. Entonces se planteó la reunificación de las dos Alemanias.

A diferencia de lo sucedido en Yugoslavia y Checoslovaquia, la caída del Muro precipitó las tendencias hacia la unidad alemana. Sin embargo, la enorme y continua entrada de orientales en Alemania Occidental planteaba problemas a la economía de esta última, que tenía que absorber a todos estos recién llegados.

En 1990 entró en vigor la unidad monetaria, la antigua RDA se transformó en Estado federal y se convocó a elecciones. Helmut Kohl, candidato del Partido Demócrata Cristiano, resultó vencedor. Se logró también la unidad política.

En julio de 1990, las economías de Alemania Occidental y Oriental fueron unificadas. La unificación política era más complicada, ya que el problema excedía a las dos Alemanias y se vinculaba con la discusión acerca del nuevo papel de la OTAN y el Pacto de Varsovia, Sin embargo, la URSS terminó por aceptar la permanencia de la Alemania reunificada en la OTAN y, en octubre de 1990, la unificación política de las dos Alemanias fue una realidad.

Sin embargo, a pesar de la unificación, la línea divisoria entre las dos Alemanias no desapareció. En la Alemania Occidental, la economía creció debido a un rápido aumento de la demanda de productos germano-occidentales. En la Alemania Oriental, en cambio, surgieron problemas a partir de la privatización de empresas no competitivas, los despidos masivos, la desaparición de subsidios para vivienda, etcétera.

La unificación social que se agrandó debido a la inmigración de europeos orientales, al aumento del desempleo y al nacimiento de un movimiento neo-nazi; sin embargo, con el compromiso ante el parlamento europeo de que Alemania no constituiría ningún peligro para Europa, el proceso de integración continuó.

La Revolución de Terciopelo Desintegración de la URSS Caída Muro

La Revolución de Terciopelo – Desintegración de la URSS – Caída Muro

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: ENTRE 1945 y 1970 Europa no sólo se recuperó de los devastadores efectos de la Segunda Guerra Mundial sino que también experimentó una recuperación económica que a muchas personas les pareció milagrosa. Incluso, algunos historiadores llamaron a los años de 1950 a 1973 «la edad de oro de la economía europea». El crecimiento y el prácticamente pleno empleo fueron tan prolongados, que la primera recesión de la posguerra, en 1973, llegó como un golpe para Europa Occidental.

Asimismo, para esa época —después de dos décadas de Guerra Fría— los europeos se habían acostumbrado a la nueva división de Europa entre el oeste y el este. Una próspera Europa Occidental, aliada de Estados Unidos, se mantuvo frente a una Europa Oriental que todavía forcejeaba y que en gran medida seguía bajo el control de la Unión Soviética. La división de Alemania simbolizaba el nuevo orden, el cual parecía bien.

Las políticas reformistas llevadas a cabo por Gorbachov tuvieron como resultado inmediato un relajamiento de los controles que la Unión Soviética ejercía sobre los antiguos estados satélites de Europa oriental. Así, en algunos de ellos, comenzaron a desencadenarse procesos de democratización política, que rápidamente terminaron con el monopolio de poder de los partidos comunistas.

Durante el año 1989, en rápida sucesión, los regímenes comunistas de Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Alemania Oriental, Bulgaria y Rumania cayeron y fueron reemplazados por gobiernos elegidos democráticamente, donde en la mayoría hubo una transición a través de acuerdos pacíficos, conocidos como Revoluciones de Terciopelo.

En general, con la excepción del caso rumano, esta revolución en cadena se produjo en forma pacífica, por lo que se la llamó «revolución de terciopelo». En Rumania, el presidente Nicolás Ceaucescu, un dictador corrupto, había rechazado en todos sus términos la perestroika de Gorbachov.

El proceso comenzó en Polonia, donde, desde comienzos de la década de 1980, el régimen comunista del general Jaruzelski había comenzado a dialogar con el movimiento opositor Solidaridad, liderado por Lech Walesa.

Las elecciones relativamente libres, realizadas en junio de 1989, significaron una aplastante derrota del Partido Comunista en favor de Solidaridad. A través de un gobierno de coalición entre ambas fuerzas, Polonia se constituyó en el primer país de Europa oriental que entró en la era poscomunista. Casi al mismo tiempo, se produjo la caída del régimen comunista húngaro, que se hallaba en un período de franco desgaste.

La elecciones realizadas a comienzos de 1990 le dieron el triunfo a una coalición de centro-derecha. En Checoslovaquia, la oposición al régimen fue encabezada por el grupo Carta 77, liderado por Vaclav Havel.

En el caso rumano, la actitud del gobierno comunista rumano sólo logró acelerar el estallido popular  Ante las protestas, el régimen contestó con una brutal represión policial. El alineamiento del Ejército con los opositores definió la situación: Ceaucescu fue derrocado y, cuando intentaban huir del país, él y su esposa fueron apresados y fusilados.

Los sucesos de 1989 revelaron la debilidad de las bases locales de apoyo de los regímenes comunistas de Europa oriental que, en ausencia de la intervención soviética, se derrumbaron sin oponer resistencia. Además, pusieron en evidencia la profundidad de los conflictos nacionales en el seno de los estados. En este sentido, el ejemplo más dramático fue el de Yugoslavia, que se fragmentó en varios estados en medio de una terrible guerra. A fines de 1992, Checoslovaquia también se dividió en dos estados, la República Checa y la República Eslovaca, en forma pacífica.

La división de Checoslovaquia: Al igual que en otras naciones de Europa Oriental, la reacción de Checoslovaquia a las reformas promovidas por la Unión Soviética fue negativa. En 1986, y a pesar de la presión de Moscú sobre Praga, el gobierno anunció su desacuerdo a la descentralización económica.

En 1987, el presidente Gustav Husak —figura política principal de la etapa posterior a la invasión soviética— transigía proclamando la posibilidad de reformar económicamente al país, aunque se negaba a hacerlo en el ámbito político, donde se caracterizó por la mano dura, lo cual no alentaba las esperanzas de cambio. Un año después, la economía mostró un declive constante, a la vez que se incrementaron las manifestaciones contra el gobierno. Sin embargo, aún se declaraba un rotundo «no» a la perestroika y a la glasnot.

Vaclav HavelEl descontento se concretó en la formación de un partido político: el Foro Cívico, cuyo líder, Vaclav Havel (imagen) , era una de las principales figuras de la oposición al régimen. Las presiones interiores y exteriores orillaron a Husack a renunciar a la presidencia en diciembre de 1989, cuando Vaclav Havel fue elegido presidente provisional.

El fin del gobierno socialista y la inyección de flujo financiero de Occidente a las regiones de Bohemia y Moravia, así como la acelerada privatización de bienes, entre otros factores, permitieron la transición al capitalismo y la división pacífica de Checoslovaquia. El 1 de enero de 1993 se crearon las Repúblicas Checa y Eslovaca, quedando como sus respectivos presidentes Vaclav Havel y Michael Kovac.