Historia del Ejercito

La Disciplina Militar en El Ejercito de Roma Antigua Soldados Romanos

Disciplina Militar en El Ejército de Roma Antigua

Narra el historiador Tito Livio que el ejército del cónsul Pablo Emilio estaba un día ocupado en instalar su propio campamento. No era ésta una operación muy larga, si bien se trataba, prácticamente, de levantar una verdadera ciudadela fortificada. Los soldados romanos estaban, en efecto, tan bien adiestrados que empleaban en la obra no más de cinco o seis horas.

Y he aquí que, mientras todos estaban diligentemente ocupados, un joven oficial se presentó ante el cónsul y le informó que el enemigo en marcha se encontraba en ese momento en una posición estratégicamente desfavorable, y que si se lo atacaba se obtendría probablemente una gran victoria.

Pero era menester ir pronto, antes de que la situación variara. Ya los oficiales, que habían escuchado, se preparaban para comunicar a los soldados la orden de suspender la construcción del campamento y empuñar las armas. Pero el cónsul no dio la orden esperada.

Todos se agruparon a su alrededor y le rogaron que no desaprovechara ocasión tan ventajosa. Entonces Pablo Emilio subió a la tribuna y pronunció un discurso que lo fiaría famoso: «Vuestros mayores se preocupaban de que el campamento estuviese provisto de todo lo necesario; sólo entonces lo dejaban para lanzarse a combatir, y en él podían encontrar refugio en caso de ser rechazados por el ímpetu de la batalla.

Por eso lo dotaban de fortificaciones y, cuando salían para marchar contra el enemigo, dejaban una fuerte guarnición, pues aquel general cuyo campamento hubiese sido destruido sería considerado derrotado, aunque hubiese ganado la batalla.

Los campamentos son la fortaleza del vencedor, el refugio del vencido. ¡Oh, cuántos ejércitos que a la iniciación de la batalla estaban por perderla volvieron a su campamento y, después, llegado el momento oportuno, hicieron una irrupción victoriosa y dominaron al enemigo!. El campamento es la segunda patria y para cada soldado su tienda es casa y hogar».

Aquel día los legionarios romanos renunciaron a una nueva victoria, para continuar la obra de leñadores, carpinteros cavadores y herreros que habían iniciado. Tal era la importancia que daban al campamento.

LA DISCIPLINA: La fuerza del ejército no residía exclusivamente en el armamento y la táctica, sino también en la disciplina, es decir, en la costumbre de consentir en hacer el esfuerzo que exige el superior.

Los generales imponían a los soldados largas marchas, duros trabajos y muchas privaciones cuando la obediencia se relajaba. La disciplina era muy severa. Cualquier falta a las órdenes dadas conllevaba la pena de muerte.

Los lictores azotaban al condenado y lo decapitaban en seguida.

Así pereció el hijo del cónsul Manlio por haber empeñado combate singular con un galo, a pesar de la prohibición de su padre. Las faltas ligeras se castigaban con azotes; eso explica que los centuriones usaran para mandar un sarmiento.

Imagen: Insignias (en el centro un aguila soportando un broquel, la punta de lanza que la remata, permitía clavarla en la tierra).

En los casos graves se diezmaba una legión, esto es, se indicaba por sorteo sí debía castigarse de cada diez o de cada veinte un soldado, y los hombres así designados eran decapitados de un hachazo.

Tal fue la suerte de las dos legiones de Fabio Rullo, que hablan huido delante del enemigo, igualmente, el senado se negó a rescatar 8,000 prisioneros que se habían dejado coger por los cartagineses.

Las recompensas eran numerosas. Consistían en armas de honor, en condecoraciones, en coronas y, algunas veces, en donativos de dinero.

Cualquiera podría objetar que armar y desarmar frecuentemente un campamento tan complicado resultaba tarea penosa. Tengamos en cuenta el extraordinario sentido del orden que imperaba y la férrea disciplina que regulaba la vida de ese ejército. La disposición del campo era fija, y así permitía a cada uno saber rápidamente en cuál sitio debía erigir la tienda respectiva, sin necesidad de recibir cada vez nuevas instrucciones.

Cada grupo, una vez levantada su tienda en el lugar habitual, tenía que ejecutar después un determinado trabajo de interés común; se creaba así en la tropa un adiestramiento tal que la construcción del campo no era considerada una carga extraordinaria. Parece razonable presumir que, en verdad, a otro ejército, aun al griego, no se le hubiera podido exigir igual prueba de destreza y organización.

Los campamentos militares romanos llegaron a ser tan poderosos y completos que resultaron uno de los principales instrumentos de romanización y civilización de las tierras conquistadas; las expediciones construían nuevas aldeas, que se transformaban con el tiempo en importantes ciudades. Así ocurrió en España, Francia, Alemania e Inglaterra.

El Armamento en el Ejercito de Roma Vida de los Soldados Romanos

El Armamento en el Ejército de Roma
Vida de los Soldados Romanos

ARMAMENTO: Las armas defensivas de los legionarios eran el casco, la coraza, el escudo y las canilleras; las ofensivas el pilo y la espada. El casco fue primitivamente de cuero, galea; mas, como la lluvia y el sol lo deformaban, lo reemplazó el casco de bronce, cassis, que entonces tuvo cubrenuca, carrilleras y visera, casco parecido al de los dragones franceses; pero en vez de cimera tenía un anillo al que, en las marchas, se ataba una cuerda que permitía llevar el casco pendiente a la espalda.

La coraza, loriga, fue primero una casaca de cuero con escamadas laminillas de hierro.

Caballero romano, con su casco y escudo redondo (clipeus), una lanza y una cota de mallas.
Monta sin estribos

Después se hizo de escamas de acero articuladas, unas cubrían el pecho y otras los hombros, a manera de anchos tirantes. Se ponían además una especie de sayo o cota de mallas que llegaba a menudo hasta el bajo vientre. El escudo, scutum, era un largo rectángulo de madera ahuecada cubierto de cuero y guarnecido de piezas de hierro, que tenía en el centro un bollo de relieve, umbón, destinado a hacer resbalar los proyectiles.

El pilo, arma nacional de la infantería romana, era un dardo o venablo de dos metros de largo, que pesaba próximamente un kilogramo, cuyo alcance medio era de 25 a 30 metros, pero que, lanzado con auxilio de una correa, podía alcanzar hasta 65 metros; también se esgrimía como una lanza.

La espada, gladio, era cual la española corta, y de dos filos; los soldados la llevaban en el lado derecho, pendiente de un tahalí, y los oficiales en el izquierdo sujeta con un cinturón.

Los legionarios iban vestidos con túnica, pantalón corto y amplia capa de paño moreno, llamada sago. Calzaban càligas, o sean sandalias militares, de suela espesa guarnecida de clavos que aseguraban con correas hasta media pierna.

BATISTA: El brazo de La batista, del que pendía una red o un cestillo conteniendo el proyectil se baJaba con auxilio de palancas colocadas detrás. Al disparar, las cuerdas impulsaban el brazo y permitían lanzar el proyectil a 400 0 500 metros de distancia.

Los caballeros llevaban, además del casco, una cota de mallas, perneras de cuero, broquel, que los romanos llamaba clípeo, lanza y una espada larga. Componían el arnés de la caballería de montar, la carona, la silla de cuero, asegurada con una cincha, y la brida. La silla no tenía estribos. Los vélites tenían la coraza ligera, el clipeo, venablos o arcos, y no usaban perneras.

La artillería estaba compuesta de máquinas para lanzar piedras y dardos; máquinas representadas por dos tipos principales, que eran la catapulta y la balista. La balista u onagre estaba compuesta de un brazo de madera sujeto sólidamente con cuerdas retorcidas a marcos o bastidores a propósito.

Un torno servia para atraer el brazo de madera, poniendo en tensión la máquina, y un mecanismo adecuado permitía dispararla en el momento oportuno.

Esa máquina de guerra lanzaba piedras a cuatrocientos o quinientos metros de distancia. La catapulta o escorpión, tenía menor alcance, sus proyectiles caían a trescientos o cuatrocientos metros a lo sumo.

CATAPULTA:

Preconstitución del museo de Saint-Germain. La catapulta era una ballesta grande  que se tendía por medio del cabrestante colocado detrás.Aquí la catapulta está tendida, se ve que la flecha está colocada en el fuste. EL alcance era de 300 a 400 metros.

Esta máquina era una especie de ballesta grande y fija cuyo palo tenía una canal en la que se colocaban los lances, esto es, las saetas, dardos y piedras, la cuerda traída violentamente se aseguraba a un disparador que, al soltarse, despedía con gran fuerza la piedra o la saeta.

Algunas de estas máquinas muy potentes y que lanzaban sus proyectiles a más de setecientos metros, sólo se empleaban en los asedios ó en la defensa de plazas fuertes; existían máquinas más ligeras, que intervenían en la batalla, como los actuales cañones de campaña, y que se colocaban en el mismo frente de la legión.

Por último, la legión tenía por insignia un asta coronada con una figura de animal, que concluyó por ser uniformemente un àguila. La caballería tenía un estandarte rojo llamado vexilo.

Ver: Historia de las Armas

El Soldado Romano Defensa Personal Combates Ejercito De Roma

El Soldado Romano Defensa Personal
Ejército De Roma

La Leva: Mientras que el ejército se compuso de soldados ciudadanos, la leva o enganche de gente para el servicio militar fue un acto civil, análogo a la convocación de electores.  El senado fijaba el contingente, y los cónsules anunciaban en un edicto el día en que el pueblo debía reunirse por tribus en el Capitolio.

Había cuatro tribus que estaban obligadas a dar cuatro legiones, a razón de dos por cónsul. Se sorteaba la primera tribu que debía suministrar los hombres; éstos eran designados nominalmente y los así designados pasaban cuatro a cuatro, ante los magistrados que los examinaban de carrera y repartían en las cuatro legiones, cuyos oficiales se habían nombrado de antemano.

Los cónsules concedían exenciones en determinados casos y castigaban a los ausentes con penas que consistían en multas, azotes, prisión y hasta esclavitud. La operación se terminaba cuando todas las plazas de las legiones estaban provistas.


LEGIONARIOS CONSTRUYENDO UNA MURALLA
El legionario no solo era un soldado, también se le empleaba en el intervalo de los combates en construir trincheras, puentes, caminos. Hasta ciudades han construido cuyas ruinas hoy existen como Argel y Tunez

El Soldado Romano: El soldado romano, labrador latino armado, era, en general, un hombre pequeño, moreno grueso y robusto, que los trabajos del campo hablan endurecido al trabajo. No se admitían además en el ejército sino a hombres cuya robustez fuese probada, y el consejo de revisión que seguía al enganche, era extremadamente severo Los soldados romanos mostraron notable resistencia en las fatigas del servicio.

Hacían, como la infantería moderna, marchas de a8 a 32 kilómetros, con una carga de 6o libras romanas, casi unos 20 kilogramos. Cada hombre llevaba en marcha, además de sus armas, diversos utensilios hacha, pala, azadón, y quince días de víveres.

Esta carga la llevaban en el hombro derecho, atada a una percha. Una vez llegados a la etapa, los soldados debían fortificar el lugar antes de darse al descanso. Los empleaban también en construir caminos, y es sabido que manejaban la pala y el azadón tan bien como la pica y la espada. Además eran tan sobrios como infatigables andadores y excelentes jornaleros.

Por lo que respecta a lo moral, el soldado romano confiaba en sus jefes, perseveraba en el esfuerzo y estaba dispuesto siempre a hacer todos los sacrificios que exigía la grandeza de su patria. Los reveses no le desanimaban, y la energía patriótica del romano fue causa de que sus enemigos lo admirasen.

Estaba sujeto además por el vinculo del juramento. Al entrar en la legión, juraba obedecer a su general, seguirle por dondequiera le condujese, y permanecer debajo de la bandera mientras no fuese relevado de su juramento.

El juramento lo prestaban solemnemente, en presencia del cónsul, los oficiales, tribunos y centuriones; después se daba lectura de él, a los soldados, y llamado cada uno por su apellido, respondía o «Yo también».

Roma debió su grandeza a las cualidades excepcionales de sus primeros soldados.

Los Soldados Romanos y Ejercitos Romanos Caracteristicas

Editar entrada

Los Soldados Romanos
Ejércitos Romanos y Legiones

HISTORIA DEL EJÉRCITO ROMANO Y SUS SOLDADOS: Ningún pueblo antiguo tomó la profesión militar con más seriedad que los romanos. Hicieron la guerra desde las costas de Galilea hasta los lluviosos acantilados del norte de Inglaterra. La seguridad de su vasto imperio, que abarcaba a 60 millones de habitantes, dependía de sus eficientes y poderosas fuerzas armadas, listas para entrar en acción en cualquier momento.

El ejército romano, en el cénit del imperio, fue una devastadora y efectiva maquinaria de guerra nunca antes vista en el mundo. Su unidad básica era la legión, integrada por 6,000 hombres, casi todos ellos soldados de infantería. También comprendía entre 100 y 200 jinetes exploradores, portaestandartes y captores de desertores.

TEMAS TRATADOS

Los Soldados Romanos Ejercitos Romanos y Legiones Romanas

Historia del EjercitoEl Soldado RomanoArmamento Militar
Campamentos
El Arte del Asedio Disciplina Militar Triunfo y Botín Ocupación Militar

El ejercito romano es una imitación del de Grecia; después irán apareciendo nuevas armas, nuevas tácticas, nuevo reclutamiento. Muy pronto, Roma no desconfiará más de los velites.

La guerra contra Cartago enrolará a los proletarios, «capite censi», a los que no habían confiado armas desde el día del alistamiento de tropas contra los galos (tumultus gallicus). Más tarde, Roma tendrá los auxilia, mercenarios extranjeros procedentes de los pueblos sometidos extraitálicos.

En la Roma republicana el supremo poder administrativo y el mundo militar están unidos. Es el imperium, que corresponde al magistrado: cónsul, pretor, dictador.

Pero las guerras con las grandes potencias exigirán una transformación: separar las funciones militares de las civiles. Para asegurarse sus triunfos, Roma deberá colocar al frente de sus  legiones a quienes posean una preparación técnica y profesional exclusivamente militar, independiente del cargo público. Y así lo hará.

El ejército comprende, ahora, además de los patricios de diecisiete a cuarenta y seis años, un gran número de plebeyos, en general poco pudientes, a quienes el estado da un sueldo o stípendium, porque las largas guerras, como había sido el sitio de Veyes, los obligan a abandonar los trabajos del campo.

El ejército se compone, además, de contingentes italianos, o aliados (socii), que representaban más de la mitad del total (por ejemplo: tres cuartos de la caballería o mitad de la infantería eran aliados).

El número de los contingentes aliados que proporcionan las ciudades italianas los fijaban los cónsules. Su formación y mantenimiento correspondía a las autoridades locales. Roma sólo lo hacía cuando los soldados se encontraban en campaña.

El cónsul; rodeado de una guardia (llamada pretoriana), de amigos, de clientes, de combatientes selectos, ejerce el mando supremo sobre las cuatro legiones (dos para cada cónsul) día por medio. Los jóvenes más ricos sirven en la caballería.

El estado les proporciona el caballo. Si se quieren iniciar en la carrera política deben desempeñarse como tribunos militares, pero como los cónsules, sin sueldo.

Nadie podía ocupar una magistratura sin haber servido diez años en el ejército. Los tribunos militares estaban al frente de la infantería de cada legión y se alternaban en el mando por mes o por día.

El manípulo, una de las treinta partes en que se divide la legión, estaba mandado por dos centuriones.

Todos los hombres aptos para el servicio militar se ejercitan en tiempo de paz en el campo de Marte; un entrenamiento acelerado tiene lugar durante los tiempos libres entre cada campaña. Los que no comparecen en el día del enrolamiento se exponen a penas severas, que van desde la multa hasta la esclavitud.

Los ciudadanos de cuarenta y seis a sesenta años constituyen la guardia territorial.

ARMA DE GUERRA ROMANA
Arma ofensiva para los sitios. La cabeza del hierro rompe los muros y retrocede para volver con más fuerza. Cuando el armazón está protegido del fuego por una especie de caparazón de cuero y lanas, tiene el aspecto de una tortuga: el ariete sale y entra como la tortuga en su caparazón.

Los romanos no eran jinetes entusiastas. Cuando se veían obligados a reclutar regimientos de caballería, generalmente utilizaban ayudantes extranjeros, especialmente galos y tracianos.

Éstos también eran arqueros, honderos y lanzadores de jabalina. Pero el soldado romano arquetípico, el legionario, debía ser ciudadano romano, y los reclutas pasaban por un riguroso programa de selección antes de ser aceptados en las filas.

Los reclutas debían tener una estatura mínima de 1.70 m, y se les examinaba médicamente para asegurarse de que estaban sanos y de que su vista era buena. Un legionario se enrolaba durante 20 años: era un compromiso importante.

Pero todos eran voluntarios, que se alistaban por la paga, la gloria, la oportunidad de ver mundo, o de progresar.

A través del ejército un joven campesino podía ascender al rango de centurión, con 80 hombres bajo su mando. Pero ningún legionario de origen humilde podía aspirar a entrar a la clase de los oficiales.

La clave para la promoción a los altos niveles era la educación, la riqueza y el rango: el compañerismo o «compadrazgo» sistemático, que operaba entre las familias de la nobleza.

Entrenamiento militar: Al ser aceptado, el recluta era enviado al campo de entrenamiento, donde pasaba, bajo implacable disciplina, el resto de su servicio obligatorio. Los soldados marchaban en el campo todos los días bajo las roncas órdenes de un centurión que empuñaba un bastón, símbolo de su rango e instrumento de castigo.

Uno de estos centuriones se ganó el apodo de «Trae otro», por la cantidad de báculos que rompió en las espaldas de sus soldados.

En las maniobras, los soldados atacaban estacas de 1.80 m de alto, golpeándolas con los tachones de sus escudos y clavándoles las espadas. Los reclutas bisoños lo hacían con armas de práctica de doble peso.

Con equipo completo encima, los hombres debían correr, saltar y librar caballos de madera. Durante el verano aprendían a nadar y realizaban marchas forzadas y simulacros de batalla, en preparación para los futuros combates.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria4.jpg

Ver:Emperadores Militares en Roma