Historia Isla Martin García

Historia de la Casa Donde Dieron Muerte a Lavalle en Jujuy

LA MUERTE DEL GENERAL LAVALLE EN JUJUY: MONUMENTO HISTÓRICO

Esta vieja casa se halla ubicada en la ciudad, a  media cuadra de la  iglesia de San Francisco, en  la calle Lavalle 256, entre las de  Belgrano y San  Martín. Su frente liso tiene una amplia  puerta y dos ventanas coloniales enrejadas, y hacia el lado de la iglesia se abre otra puerta y dos ventanas más, que hacen   suponer formaron también parte del primitivo edificio.

Al efectuar la nivelación de la calle los escalones de la puerta principal han quedado a regular altura.

Las habitaciones que dan a la calle se comunican con el zaguán, que termina en un  arco  de  medio  punto.

El edificio tiene tres patios; el primero es casi cuadrado, de gruesos muros blancos y techado con tejas españolas. Su piso, así como el del zaguán, está cubierto de lajas cuadrangulares bajo las cuales se conserva el antiguo de guijarros.

casa donde murio el general lavalle

Dando frente al zaguán hay un pasillo, también con arco de medio punto, que conduce al segundo patio, que es rectangular. Tres de sus lados tienen un corredor cubierto de tejas y sostenido por pilares cuadrados.

El tercer patio, que viene a formar el fondo de  la casa, está lleno de árboles.

Al segundo patio da un gran comedor con piso enladrillado. A continuación hay otra habitación, y seguida de ésta la sala donde estuvo alojado el general Lavalle, de la cual, bajando un escalón, se llega a la pieza que de este lado da a la calle.

Esta propiedad perteneció a doña Leocadia de Zenavilla de Alvarado, esposa de don Ramón de Alvarado.

El lamentable episodio que la hizo tristemente célebre ocurrió así:

Derrotado Lavalle por las tropas federales en Quebracho Herrado y diezmado su ejército en Famaillá, llegó en la noche del 8 de octubre de 1841 a Jujuy con un grupo de sus hombres. Después de golpear varias puertas en vano, se le proporcionó alojamiento en una casa a la sazón deshabitada y donde residiera el Dr. Bedoya, enviado de Lavalle ante el gobierno de Jujuy, quien había huído a Bolivia.

En el amanecer del 9, cuando Lavalle y los hombres que lo acompañaban se encontraban entregados al reposo, fueron despertados al grito de «¿Quién vive?» dado por el centinela. Era una partida federal que venía recorriendo la ciudad en busca del Dr. Bedoya, sin sospechar que fuera  Lavalle quien  ocupaba  la casa.

El general ordenó cerrar las puertas y ensillar los caballos y el pequeño grupo unitario se aprestó a defenderse, ya que no había tiempo para solicitar refuerzos al coronel Juan Esteban Pedernera, que se hallaba acampado en las afueras de la ciudad, en los tapiales de Castañeda.

Lavalle se vistió rápidamente y salió al patio dirigiéndose al zaguán para cerciorarse de cuántos eran sus enemigos, pero cuando estaba a pocos pasos de la puerta se oyeron tres tiros. Una de las balas penetró por el ojo de la cerradura y lo hirió en el cuello. Lavalle se desplomó, y quiso arrastrarse hasta la puerta, pero no pudo y quedó al fin sin vida.

Entre tanto sus compañeros salieron por los fondos de la casa con el fin de unirse a las tropas, mientras en el zaguán quedaba abandonado el general, muerto en forma casual por los soldados rosistas, quienes huyeron desconociendo el resultado de sus  disparos.

Más tarde los sobrevivientes del Ejército Libertador, a las órdenes de Pedernera, marcharon hacia la Quebrada de Humahuaca llevando e) cadáver de su jefe cubierto con la bandera nacional —que había sido confeccionada en Montevideo por doña Juana Manso— y atravesado sobre el hermoso tordillo que le había acompañado en sus batallas.

La triste cabalgata llegó hasta Potosí, en cuya Catedral fueron depositados los restos del valiente caudillo.

Entre ¡as muchas placas colocadas en el frente de la histórica casa hay una que recuerda  este   doloroso   y  lamentable  episodio  de   aquellos  oscuros  días  de   la  tiranía.

La puerta perforada por los balazos de sus enemigos fue trasladada a nuestra capital y se le conserva en el  Museo Histórico Nacional.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 95.687 del 14 de julio de 1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

El Palacio San José Residencia de Urquiza en Entre Ríos Historia

HISTORIA CONSTRUCCIÓN DEL PALACIO SAN JOSÉ
CARACTERÍSTICAS DE LA CASA RESIDENCIAL DE JUSTO JOSÉ DE URQUIZA

Esta casa, residencia del general Justo José de Urquiza, no fue designada con el nombre de «Palacio» por su ilustre propietario, y así lo confirma la correspondencia que se conserva en su archivo, fechada siempre en San José o Estancia San José, que era como él la llamaba. Posteriormente, la costumbre hizo que se la denominara  Palacio San José,  debido  a  su  riqueza y suntuosidad.

La iniciación de las obras data de 1848, y en el año 1850 ya estaba terminado casi todo el primer patio. El primer cuerpo del edificio fue concluido en 1854, y el segundo en 1858, como lo indica la inscripción del portón, de hierro forjado, del acceso posterior: «J.U. Julio 9 de 1858».

historia del palacio san jose

El palacio consta de treinta y ocho habitaciones en su planta principal, con dos grandes patios. Tiene dos entradas: la del frente, que da al este y que, salvo casos excepcionales, permanecía clausurada, y la posterior, que mira al oeste, utilizada por el general Urquiza y su familia.

Sobre la galería exterior formada por arcadas y columnas toscanas hay dos torres de elegantes líneas, destacándose la de la derecha por tener una artística escalera tallada a mano y un reloj de péndulo.

El interior de la casa sorprende aún hoy al viajero por su lujo y señorío, tan inesperado de encontrar en un paraje alejado de las rutas habituales.

Entre las habitaciones que se destacan por su significado histórico está aquella en la cual Urquiza firmó el célebre documento conocido con el nombre de Pronunciamiento, en contra del tirano Rosas, y la otra donde fue asesinado a traición el 11 de abril de  1870.

La casa no refleja un estilo artístico definido; es una armoniosa combinación de lo colonial  con el  renacimiento  italiano en  que  se  unen   la  belleza  con   la  solidez.

Las paredes están hechas de ladrillos cocidos asentados con cal, los batientes de los marcos de puertas y ventanas son de madera dura de quebracho y curupay, y en las verjas y portones dominan los ornamentos de hierro.

En cuanto a la parte exterior de la casa, son admirables sus patios y ios jardines, cruzados por avenidas de  piso de lajas.

No pueden dejar de mencionarse los dos palomares y el famoso lago artificial, a! cual el agua era llevada por un sistema de bombas. Es digno de saberse que en el Palacio San José fue instalado en 1850 un estupendo servicio de aguas corrientes, que es el mismo que funciona todavía con sus antiguos caños y canillas. Lo más extraordinario es que en la ciudad de Buenos Aires recién hubo aguas corrientes en el año 1868.

Jacinto Dellepiani comenzó la construcción del edificio que luego fue terminado y embellecido por Pedro Fossati. En 1858 el general Urquiza seguía adornando su mansión, y se sabe que varios trabajos de decoración interior los llevó a cabo el pintor Eugenio Richeliú.
Según algunos, la joya más preciada de San José es su capilla, de definido estilo corintio. Fue terminada en 1857 como reza una inscripción en su frontis, pero sólo en 1859 fue consagrada.

Entre los años 1945 y 1946 se restauró en su totalidad el palacio, y las decoraciones  pictóricas  fueron   retocadas   por el   artista   Hugo   Stella.

En esta casa, hoy histórica, se llevaron a cabo entre los años 1849 y 1870 actos trascendentales para la vida pública argentina. Puede decirse que la provincia de Entre Ríos fue gobernada desde ella, y que la caída de Rosas y la organización nacional fueron planeadas allí. Casi todos los documentos oficiales de Urquiza están firmados en San José.

En el palacio se alojaron en distintas épocas personajes calificados de nuestro  país y del extranjero, y, notable coincidencia, los cuatro primeros presidentes constitucionales  argentinos  estuvieron   allí:   Urqulza,   Derqui,   Mitre  y  Sarmiento.

Hasta 1936 la propiedad permanecía en poder de la familia del general Luis María Campos, cuya esposa era hija del general Urquiza, pero dadas las reiteradas gestiones hechas por la población de Entre Ríos fue adquirida por la Nación durante el gobierno del general Agustín P. Justo.

Está situado en el departamento Uruguay, a diez kilómetros de la estación Caseros y a treinta y cinco de Concepción, sobre el  río Gualeguaychú.

Se declaró Monumento Nacional  por Ley N°  12.261 del  11 de octubre  de  1935.

Historia de la Casa Natal de Sarmiento Monumento Histórico

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ DOMINGO SARMIENTO

Esta casa, hoy histórica, fue levantada por el esfuerzo de la madre de Domingo F. Sarmiento, la que a principios del siglo XIX, dados los pocos recursos con que contaba, decidió subvenir con el producto de su trabajo a sus necesidades y a las del hogar que pensaba formar. En aquella época había suma escasez de cierto genere para la confección de los hábitos de las órdenes religiosas, y doña Paula Albarracín procedió a su tejido para reunir algo de dinero. En un terreno heredado de sus padres se alzaba una higuera grande, bajo la cual instaló su telar, en el que trabajaba incansablemente mientras vigilaba a los peones y albañiles que construían su casa, a quienes   pagaba  cada   sábado  con   el  dinero  obtenido   por  sus   hilados.

Poco tiempo después de terminada la modesta vivienda, doña Paula Albarracín casó con.don José Clemente Sarmiento, y años más tarde, el 15 de febrero de 1811, nacía allí su hijo Domingo Faustino.

El terreno donde levantó su casa tenía treinta varas de frente por cuarenta de fondo, y hacia su lado sur se alzaba la única habitación de que constaba. Era muy grande y estaba dividida en dos departamentos, destinado uno a dormitorio y el otro a sala de rec bo. Al paso de los años, y debido al influjo de las modas y la modificación de las costumbres, este último salón fue transformado. El alto estrado, de origen y usanza árabes, y los cojines, tuvieron que ceder el paso a las modernas sillas. Del mismo modo el tiempo hizo sentir la necesidad de blanquear las paredes. Entre otras modifica ciones notables que sufrió el hogar de los Sarmiento, debe citarse la desaparición de la famosa higuera.

Además de las reformas anotadas anteriormente, la casa se fue ampliando poco a poco, agregándosele algunas habitaciones. También el terreno fue aumentado con otro pequeño que el jefe de la familia compró en un momento de holgura. Cuando Domingo F. Sarmiento pudo reunir un poco de dinero con las economías de su sueldo de dependiente de una casa de comercio, lo hizo rodear con  un muro.

Sarmiento se refiere con palabras emocionadas al hogar paterno en sus «Recuerdos de Provincia», y dice así: «La casa de mi madre, la obra de su industria, cuyos adobes y tapias pudieran computarse en varas de lienzo tejidas por sus manos para pagar su construcción, ha recibido en el transcurso de estos últimos años (escribía en 1850) algunas adiciones que la confunden hoy con las demás casas de cierta medianía.

Su forma original, empero, es aquella a que se apega la poesía del corazón, ia imagen indeleble que se presenta porfiadamente a mi espíritu, cuando recuerdo los placeres y pasatiempos infantiles, las horas de recreo después de vuelto de la escuela, los lugares apartados donde he pasado horas enteras y semanas sucesivas en inefable beatitud, haciendo santos de barro para rendirles culto en seguida, o ejércitos de soldados de la misma pasta para engreírme de ejercer tanto poder.

. . .Rodeado de cerco, para ponerlo a cubierto de la voracidad de los pollos, había un jardín de hortalizas, del tamaño de un escapulario, y que producía cuantas legumbres entran en la cocina americana, el todo abrillantado e iluminado con grupos de flores   comunes,   un   rosal   morado   y   varios   otros   arbustillos   florecientes».

Sarmiento estuvo por última vez en su casa natal en 1884, con motivo de la inauguración de una nueva Casa de Gobierno en la ciudad de San Juan, circunstancia en que se le hizo objeto de un magnífico recibimiento.

La antigua casa se halla hoy convertida en Museo Sarmiento, y en 1942 la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos solicitó del director del Museo de Buenos Aires algunas reliquias y objetos que encuadraran en el ambiente de aquel lugar. De este modo fueron enviados dos retratos, dos colecciones de «El Zonda», cinco antiquísimas sillas de algarrobo esculpido, seis sillones, una mesa, una chapa de ónix de San Rafael, una escultura de la Venus de Milo, de yeso imitando bronce, pintada por el mismo Sarmiento, y varios impresos históricos.

Cuando el terrible terremoto de 1944 la casa sufrió gravísimos deterioros, que fueron restaurados por el arquitecto Mario J. Buschiazzo, de la Dirección Nacional de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas. Para ello hubo que desarmar los techos, reconstruyéndolos de barro, sobre cañizo y vigas de álamo, utilizando el mismo mate rial que había sido empleado en su fabricación, y reforzar interiormente los muros de adobe con un esqueleto de hormigón. En la parte más antigua, aquella que había hecho levantar la madre del procer, fue colocado piso de ladrillos coloniales sacados de otras casas destruidas por el terremoto, ya que hace unos años se había alterado su fisonomía primitiva colocándole uno de pinotea.

Esta venerable vivienda, que posee tantos recuerdos del ilustre sanjuanino, situada en la calle Sarmiento 223, entre las de Laprida y Entre Ríos, es Monumento Nacional por Ley N° 7.062 del 7 de septiembre de 1910, siendo por lo tanto el primero declarado Monumento Nacional en nuestro país.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca Monumento

HISTORIA DE FRAY JUAN MAMERTO ESQUIU – CASA NATAL: MONUMENTO HISTÓRICO

A quince kilómetros al norte de la capital catamarqueña, casi al pie de las sierras, hay un pueblito que desde hace un siglo se llama San José y es cabecera del departamento Fray Mamerto  Esquiú,  antiguamente llamado  Piedra  Blanca.

En su origen tenía algunas modestas viviendas levantadas junto al camino nacional que va desde Catamarca a Singuil. Con el tiempo contó con una plaza, una capilla y como única calle el tramo del camino cuya denominación no podía ser más sencilla, La Callecita, limitada a ambos lados por rústicas chacras.

casa natal de mamerto esquiu

En ella había una humilde casita de muros de adobe y cimientos de piedra, con techo a dos aguas de caña y paja. Tres puertas de algarrobo daban entrada a las tres pequeñas habitaciones, con pisos de ladrillo y muros sin revoque. A su frente tenía un estrecho jardín donde dos árboles centenarios sombreaban la fachada, y en el fondo se alargaba el terreno para cultivar.

Era propiedad de la familia catamarqueña Medina, y por herencia pasó a poder de María de las Nieves Medina. Cuando esta joven casó en 1822 con don Santiago Esquiú, ex prisionero del ejército español del Alto Perú, y soldado del regimiento Fijo, se fue a vivir en ella con su madre y su esposo.

De este matrimonio nació allí, el 11 de mayo de 1826, el que más tarde habría de ser preclaro varón, virtuoso sacerdote e ilustre obispo de Córdoba, fray Mamerto de la Asunción Esquiú. Horas después de haber nacido fue bautizado por el padre franciscano de la parroquia de San José, Francisco Cortés, y como el estado de salud hacía temer por su vida, sus padres hicieron la promesa de vestirlo con el hábito de San Francisco si lograba salvarse. Fue así como antes de los cinco años la madre le arre gló un sayalito hecho de uno en desuso que le obsequiara el padre Cortés.

En 1855, estando en Catamarca, el padre Esquiú dejaba noticias escritas de su hogar.

«. . .seis éramos —decía— los hijos venturosos de estos padres tiernos, que sin bienes de fortuna y en el humilde estado de labradores, eran felicísimos en la tranquilidad de su virtud y resignación y en la dulzura de una vida contraída exclusivamente a su familia y a Dios. . . Salía mi padre con los instrumentos de cultivar la tierra al hombro, al recinto de una heredad muy estrecha pero avara sin medida del sudor de su anciana frente. Mi hermano y yo caminábamos a la escuela, y mi madre y mi hermana, ángeles tutelares del hogar doméstico, se aplicaban a la rueca y al telar, y a preparar con sus propias manos el alimento de su esposo y de sus hijos. . .»

Dotado de gran talento, fray Mamerto hizo de la modestia una de sus virtudes principales. Rechazó en repetidas oportunidades altos cargos con que se le quiso honrar, como el obispado de Paraná y luego el de Buenos Aires, y sólo aceptó el de Córdoba ante un pedido especial del Papa.

Dos piezas oratorias extraordinarias le abrieron de golpe el camino de la fama, que nunca ambicionó. La primera, pronunciada el 9 de julio de 1853, con motivo de la jura de la Constitución; y la segunda, el 28 de mayo de 1854 al inaugurarse el período de las autoridades constitucionales. Desde esa época se le conoció como el «orador de la Constitución Argentina».

Amó por sobre todas las cosas su profesión evangélica y sentía verdadero placer en allegarse hasta los más humildes para infundirles fe y esperanza.

Murió en Pozo Suncho (Catamarca) el 10 de enero de 1883, a los 57 años de edad, mientras ejercía su noble apostolado.

En  septiembre  de   1935  el   Congreso   Nacional   sancionó  una  ley  declarando   Monu mentó Histórico la casa natal de Esquiú, donde vivió hasta los nueve años, y autorizó la inversión de treinta  mil  pesos  para  que se efectuasen   las  reparaciones  necesarias y se construyera un templete de material a fin de  resguardar al  edificio de  las  inclemencias  del  tiempo.

En el  interior del templete,  se conservan  dos de  las plecltas de la casa donde  naciera el religioso, en las que se puede observar muebles y objetos que le pertenecieran entre los que se destacan la cama y dos sillas que constituían el moblaje de la habitación que ocupó durante su residencia en el Templo de San Francisco de su  provincia.

Así se conserva hoy esta reliquia que es recuerdo perenne de uno de nuestros más preclaros proceres, y de quien dijo Joaquín V. González que estaba «marcado con el sello de la predestinación para las grandes luchas del pensamiento».

Declarada Monumento Nacional por ley 12.191 del 27 de agosto de 1935.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

La Posta de Yatasto Lugar Histórico Nacional en Salta

ENTREVISTA HISTÓRICA BELGRANO-SAN MARTÍN EN YATASTO SALTA

Junto al viejo camino del Alto Perú, entre  Metan y Rosario de  la  Frontera,  a treinta y siete  kilómetros de  esta  última  localidad  y  próxima  al   río Yatasto,  se  conserva esta casa en la que, según la tradición, los generales San Martín y Belgrano tuvieron  una  histórica entrevista.

A fines del siglo XVII don Francisco de Toledo Pimentel fundó la hacienda de Yatasto en tierras cedidas a su bisabuelo sobre el camino real que unía las ciudades de Salta y de San Miguel del Tucumán. Allí hizo levantar la «sala» o casa habitación principal, de líneas bellas y simples con galería cubierta de tejas rojas; ambas  puertas de  madera tallada y alto  balcón  de  aspecto señorial.

En un informe que el obispo monseñor José de Cevallos envió al rey de España en 1734, señalaba la necesidad de establecer una ciudad en Yatasto, con residencia de las autoridades, pues desde ella podrían organizar con mayor rapidez la defensa de Tucumán y Jujuy en  caso  de  ataque  de  los  indios.

la posta de yatasto

En 1773 don Alonso Carrio de la Bandera, visitador general de correos, se detuvo en Yatasto cuando inspeccionaba las postas desd° Buenos Aires al Perú, y en su informe a la corte expresaba: «En la hacienda de Ayatasto, abundante de pastos y bosques, su propietario don Francisco Toledo, poseía 40 mil cabezas de ganado vacuno, cinco  mil yeguas,   mil  caballos,  aparte  de   las  crías  del  ganado   menor».

En la época de la Independencia, esta Posta «obró valor estratégico; el 26 de. marzo de 1812 descansó bajo su alero el general Juan Martín de Pueyrredón, que venía en retirada desde Potosí al frente de una columna patriota, y ahí entregó el mando del  ejército al  general  Manuel  Belgrano.

A fines de 1813 este último se encontraba en Jujuy con los restos de su ejército salvados de los desastres de Vilcapugio y Ayohuma; y enfermo y deprimido, pidió al gobierno lo relevara del alto puesto.

Mientras tanto, para proteger la frontera contra los realistas, fue enviada de Bue nos Aires una expedición al mando del entonces coronel de granaderos José de San Martín, que iba en carácter de segundo jefe del ejército Auxiliar del Perú a ponerse a las órdenes de Belgrano.
Cuando Belgrano tuvo conocimiento de esto le escribió manifestando su alegría: «Vuele si es posible —decía—, la patria necesita que se hagan esfuerzos singulares. . . No tendré satisfacción mayor que el día en que logre estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y la honradez de los buenos patriotas como usted. . .»

Durante su permanencia en Jujuy le envió varias cartas más, y en todas ellas insistía para que apresurase la marcha: «porque —expresaba— estoy firmemente persuadido  de  que  con  usted  se  salvará   la   patria. . .»

San Martín llegó a Tucumán el 11 de enero de 1814, y cumpliendo una orden de Belgrano   partió en su busca.

En esa fecha ya el general —evacuado Jujuy, con sus reducidos batallones— caminaba hacia el sur. En la Ciénaga, el día 16, se dirigía a San Martín, y le informaba que en Cobos tuvo la suerte de conocer a sus granaderos, agregando: «. . .y V. S. si puede venir a encontrarme, en el caso de que su enfermedad se lo permita, lo agradeceré, pero de no, regrese sólo a curarse. . .» Al día siguiente, cambiaba de parecer y le escribía: «Voy a pasar el río Juramento, a hallarse V. S. con la tropa tan  inmediata sírvase esperarme con ellas. . .»

El 19 había cruzado el río con toda felicidad; y el 21 se hallaba en las Juntas —todavía al norte de Yatasto—, desde donde despachó un comunicado para el coronel de granaderos: «Visto éste, se pondrá en marcha para la ciudad de Tucumán, donde se dará a conocer como segundo jefe. . .»

En  cumplimiento de esta   orden,    San    Martín    regresó   a   Tucumán,    donde esperó al general Belgrano, que llegó en la noche del 27. De acuerdo con los documentos existentes,  ésta es la  primera  entrevista que  mantuvieron  ambos jefes.

Muchos son los historiadores que dicen que la histórica entrevista en Yatasto se realizó el 28 ó 30 de enero, pero esto no es posible dado que en esas fechas los dos estaban en Tucumán. Es significativo destacar que en las historias de San Martín y Belgrano escritas por el general Mitre —el primero que nos habla de esta entrevista— no fija fecha. Además, en los archivos argentinos no se ha encontrado ningún documento en el cual los generales San Martín o Belgrano hagan referencia al encuentro de Yatasto.

Bajo los soportes del balcón hay una placa conmemorativa que dice: «San Martín y Belgrano se encontraron por primera vez en esta casa en enero de 1814, concordando el genio militar y la abnegación —el verbo de la emancipación americana. Homenaje de la 6° División de Ejército, en su visita del día 2 de junio de  1921».

Hoy, la Casa de Yatasto, llamada también del Altillo y después del Encuentro, pertenece a la familia de Gómez Rincón.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 95.687 del 14 de julio de 1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Cerro de la Caballada Historia del Combate Defensa de la Soberanía

LUGAR HISTÓRICO:COMBATE DEL CERRO DE LA CABALLADA

Se halla ubicado a dos kilómetros de Carmen de Patagones, en una fracción de las actuales quintas municipales, números 51 y 52, sobre la margen izquierda del Río Negro, en  la provincia de Buenos Aires.

El cerro, que tiene cuarenta y dos metros con treinta y cinco centímetros sobre el nivel del mar, debe su nombre —según la tradición— a que desde la fundación de Carmen de Patagones sus laderas, cubiertas por espesos chañares, sirvieron para proteger y alimentar a tropillas de caballos. Fue escenario de una de las acciones más  brillantes  ocurridas  durante  la  guerra  con  el   Imperio  del   Brasil.

Cerro de la Caballada Lugar Historico

En conocimiento de que una escuadra del Imperio formada por las naves de guerra Duquesa de Goyaz, Itaparica, Escudería y Constanza, al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd, había zarpado de Maldonado, República Oriental del Uruguay, y se dirigía hacia la Patagonia, el jefe político y militar de Carmen de Patagones, coronel don Martín Lacarra, ordenó, de acuerdo con los modestos recursos de que disponía, medidas de defensa para tratar de que los invasores no cumplieran sus propósitos de ocupación.

Mandó construir una batería sobre la margen norte del río cerca de la desembocadura, y cuatro cañones que no pudo trasladar a ella los hizo emplazar en los cerros la Caballada y Rial. Mientras tanto frente al pueblo de Carmen de Patagones estaban anclados los buques corsarios y la fragata Chacabuco, comandada por el capitán don Santiago Jorge Bynnon, que se destacaría luego como uno de los más arrojados defensores.

El 25 de febrero de 1827 la expedición se encontraba próxima a la desembocadura del río Negro. El 3 de marzo, forzada la entrada del río, efectuaron el primer desembarco, y el 6 lo hace el capitán Shepherd al mando de unos trescientos hombres, y luego de haberse extraviado debido al desconocimiento del terreno y a la oscuridad de la noche, en la madrugada del día 7 alcanza la cumbre del Cerro de la Caballada, desde donde contemplaron asombrados la distribución de las fuerzas patriotas dispuestas al ataque y que, a manera de advertencia, desde las naves corsarias disparaban sus cañones sobre la columna imperialista, que se vio obligada a dispersarse y ganar posiciones en los flancos del cerro. Al mismo tiempo el subteniente Sebastián Olivera distribuye sus ochenta hombres en guerrilla y se aproxima al Cerro tiroteando a los invasores, que se guarecían entre  los arbustos y matorrales.

En esta primera represión de los invasores, y a poco de iniciado el combate, cae muerto el capitán Shepherd. La pérdida de su jefe desmoraliza a las fuerzas del Imperio y el capitán Guillermo Eyre, que había tomado el mando, ordenó retroceder sin dejar de disparar sus armas, tratando de mantener a distancia a la patrulla patriota.

El subteniente Olivera, previendo que las fuerzas enemigas de dirigían hacia la costa del río, adelantó su escuadrón y los obligó a caminar tierra adentro, haciéndoles sufrir las duras consecuencias no sólo del fuerte sol reinante sino también sed, hambre y fatiga, en grado tal que, entregando sus armas, se rindieron a discreción.

La victoria fue completa; se tomaron gran cantidad de prisioneros, armas gallardetes y banderas, desbaratando así el propósito imperial de apropiarse de la Patagonia. Este hecho de armas, que constituye una de las páginas más gloriosas de nuestra historia, permitió afirmar en forma definitiva nuestra soberanía sobre tan vasto territorio.

En recuerdo de esta memorable acción en la cima del cerro se levantó una pirámide de mármol rosado de veintiún metros de altura, que fue inaugurada el 7 de marzo de 1927, ceremonia a la que asistió el entonces ministro de guerra, general don Agustín P. Justo en representación del Poder Ejecutivo Nacional, altas autorides nacionales y provinciales.

Al Cerro de la Caballada, con una extensión de tierra de ochenta metros de frente por cien de fondo, se le declaró de valor histórico por iniciativa de la Dirección de Museos, Reservas e Investigaciones de la Provincia de Buenos Aires.

Declarado Lugar Histórico por Decreto N9 12.641 del 17 de octubre de 1960.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Fuerte Carmen de Patagones Francisco Viedma

MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL: FUERTE CARMEN DE PATAGONES

El pueblo de Carmen de Patagones se halla edificado sobre la margen norte del río Negro, a siete leguas de su desembocadura en el Atlántico, en el departamento de Carmen de Patagones.

En abril de 1779 el superintendente de los establecimientos de la costa patagónica, don Francisco de Viedma, fondeó en la margen derecha del río Negro y después de tratar con los indios inició la construcción de una población a la que denominó Carmen de Patagones y que colocó bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen. Como primera medida hizo cortar madera para levantar un fuerte con foso.

Debido a una creciente que inundó el poblado, Viedma lo trasladó a la margen opuesta del río, en un sitio estratégico desde el punto de vista militar.

Fuerte de Patagones Monumento Historico

El 2 de octubre llegó el primer grupo de pobladores, consistente en ocho hombres y dos mujeres que acompañaban a sus maridos. De inmediato se procedió a la delineaclón de un fuerte provisional de ochenta varas de perímetro, rodeado por murallas de unas cinco varas de alto, levantándose en su interior los ranchos y cobertizos para la gente. Dirigió las obras el sargento de artillería José Michán, quien tenía como ayudante al maestro albañil Bartolomé Vásquez.

En febrero de 1780 se había hecho ya gran parte de las murallas, levantado el almacén de víveres y casi terminado la capilla.

Como el plazo exigido para la conclusión era de ocho meses, el sargento Michán solicitó, además de un técnico, trabajadores que no solamente le ayudaran en la obra sino que supieran hacer adobes y quinchar. Accediendo a su pedido, el virrey envió al ingeniero José Pérez Brito y setenta hombres entre albañiles y peones.

Don Francisco de Viedma utilizó como material de construcción el «tepe», extraído de la margen del río y que consistía en pedazos de tierra entreligados con las raíces de la grama, los cuales cortados convenientemente servían para hacer murallas. Más tarde, habiendo descubierto Viedma una abundante cantera de piedra cerca del fuerte, resolvió aprovecharla.

En octubre de 1780 llegó a Patagones el antedicho ingeniero, quien hizo las observaciones de las, obras realizadas y las comunicó al virrey. Encontró que el lugar del fuerte provisional era bueno, y allí mismo procedió a la construcción del nuevo, que dominaba toda la población, así como la parte del río que servía de muelle y los caminos por donde podrían acercarse los indios enemigos.

Carmen de Patagones fue escenario el 7 de mayo de 1827 de la acción de guerra conocida en nuestra historia con el nombre de Combate de Patagones.

Durante el bloqueo del río de la Plata por las fuerzas brasileñas, el puerto de Carmen de Patagones era utilizado como base principal de los buques corsarios que recorrían el Atlántico. A consecuencias de esto la reducida población se había visto aumentada con gran cantidad de negros libertos por los mismos corsarios y que completaban la guarnición del fuerte.

A mediados de febrero de 1827 una división enemiga al mando de James Shepherd se dirigió a Patagones.

Cuando los barcos brasileños estuvieron a la vista se dio la alarma, y la batería ubicada frente a la boca del río Negro fue protegida por milicianos del fuerte al mando  del  coronel  Felipe  Pereira y  del  subteniente  Sebastián  Olivera.

A pesar del recio fuego de la batería, las naves Itaparica, Escudelro y Constanza consiguieron franquear el 28 de febrero la línea de resistencia y continuar río adentro, no así la Duquesa de Goyaz, que quedó varada y fue destrozada por las olas.

El capitán James Shepherd desembarcó al frente de más de trescientos hombres sobre la margen izquierda del río e inició el avance, pero la columna se extravió apartándose de la costa y tomando por entre los médanos. Después de fatigosa marcha, en la madrugada del 7 de marzo se encontraron en una colina, llamada Cerro de la Caballada, próxima a la población, donde fueron recibidos por el fuego de los defensores.

Uno de los primeros en caer fue Shepherd, lo que unido al gran cansancio de los brasileños hizo que se batieran en retirada tratando de ganar sus buques.

Entretanto tos corsarios dirigidos por el almirante Santiago J. Bynon habían obligado a la tripulación de las tres naves enemigas a rendirse, logrando un importante botín.

La torre de piedra del fuerte —obra del ingeniero José Pérez Brito—, que servía de atalaya a los colonizadores y que fue utilizada más tarde como campanario, «es lo único que se conserva actualmente.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Palomar de Caseros Primeros Dueños

MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL: PALOMAR DE CASEROS

Los orígenes del solar de Caseros, en el partido 6 de Septiembre, antiguamente llamado Morón, donde aún se conserva el histórico Palomar, se remontan a comienzos del siglo XVII.

En esa época el gobernador Hernando Arias de Saavedra otorgó a Miguel de Rivadeneyra «una merced de tierras y vacas en el Pago de Monte Grande, en las cabezadas de acá del Río —hoy de Luján—, jurisdicción de la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Buenos Ayres».

Estas tierras sufrieron diversos cambios de dueños en el transcurso de los años. Así es como en septiembre de 1634, Juana Meló, viuda de Miguel de Rivadeneyra, vendió un terreno de media legua de frente por media de largo a Alfonso Carballo, en veintitrés pesos corrientes en reales, y al contado.

Palomar de Caseros

En 1640 Carballo aumentó su propiedad con lotes adyacentes, y tiempo después compró terrenos linderos pertenecientes al capitán Domingo Gribeo, que los había obtenido por una merced.

Pasó más de un siglo, y durante este tiempo el predio originario sufrió varios traspasos de dominio, mensuras y litigios.

En 1756 José Rodríguez de Luna vendió una chacra de mil ochocientas varas de -frente, en el pago de Las Conchas, a Isidro Burgos, quien a su vez la vendió a Diego Cassero el 21 de junio de 1781.

Desde esta época ha perdurado el nombre de la propiedad, que luego habría de cobrar tan grande importancia histórica.

En la firma de la escritura, el apellido figura con dos «s», pero en el cuerpo del instrumento, posiblemente por negligencia, está con una sola. En esta forma, y con la «s» final agregada que ha perpetuado la tradición, ha llegado hasta nosotros.

Desde el mismo año,  1781, Diego Cassero se dedicó a mejorar las tierras, sembran do trigo y plantando un gran monte de duraznos.

En cuanto a la edificación, que sólo constaba  de  una  casa vieja  de tapial  y  un  molino  deteriorado,   el   nuevo  propietario la rehízo totalmente, levantando la nueva casa y el palomar en 1788.

La casa principal era una construcción cuadrada, de azotea, con amplios corredores de dos frentes.

En su testamento fecha 9 de agosto de 1799, Diego Cassero dice. «La casa nueva la hice en 1788, se compone de 24 piezas, oficinas y pasadizos, un almacén de 35 varas de largo y 8 de ancho, con ventanas y rejas de hierro y lapacho, y sus corredores para resguardarla de la humedad.

«Separado de las casas el palomar y el gallinero, y en medio de ellos un pozo con pilón de material para la hacienda.

En el patio interior de la casa un aguar muy sobresaliente, que sólo sirve para el gasto de los habitantes y el riego del jardín. . .» . . .»espero que mis herederos mantengan el establecimiento en un estado floreciente, cuidando que la finca no vaya a menos, reparando con prontitud cualquier daño que pueda notarle menoscabo».

El mirador tenía una pequeña torre que ostentaba hermosa cruz de hierro forjado, y se comunicaba con la casa por una escalera interior.

A unos centenares de pasos, en dirección Este, se levantaba el Palomar, ingeniosa construcción  circular de tres  pisos concéntricos,  que  ha  llegado  hasta  nuestros  días.

El interior era independiente y sobresalía a manera de torre. Los nidos que albergaban a las palomas estaban formados por cuatro ladrillos superpuestos y dos transversales que hacían de techo y piso del nido superior.

La propiedad fue llevada a un notable grado de progreso por los trabajos de Diego Cassero, y él mismo, en su testamento, manifiesta que espera que sus herederos lo mantengan.

Se sabe que años después pasó a la Administración de Temporalidades, y posteriormente, por ventas sucesivas, a Juan de Alagón, a Luis de Saavedra, a Manuel José de Guerrico y a Simón Pereyra, quien fue su dueño en 1850 y la dejó   en   herencia a su  hijo  Leonardo,  de  quien  la  heredaron sus  hijas  María  Luisa  y  María  Antonia  Pereyra Iraola.

El 18 de marzo de 1912, por donación de las anteriores, diez hectáreas del terreno pasaron a poder del Superior Gobierno de la Nación, para que en ellas se construyese el Colegio Militar.

Este histórico Palomar, que en la actualidad ha sido restaurado y revocado en todo su perímetro, pues anteriormente era de ladrillo a la vista, se encuentra en los campos donde el 3 de febrero de 1852 se libró la batalla entre los ejércitos aliados al mando del general Justo José de Urquiza y las fuerzas federales adictas al gobernador de Buenos Aires, y que terminó con la derrota de Juan Manuel de Rosas.

Dado su tipo de construcción sirvió aquel día para que desde sus escalonados pretiles funcionaran simultáneamente tres líneas de fuego.

Fue declarado Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

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Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

La Capilla de los Negros en Chascomús Historia

HISTORIA DE LA CAPILLA DE LOS NEGROS: LUGAR HISTÓRICO

Se encuentra ubicada en la ciudad de Chascomús, sobre la llamada antiguamente calle Ancha, hoy Boulevard Lamadrid esquina Venezuela, a una cuadra de la laguna.

Chascomús, situado a 120 kilómetros de la Capital Federal, tuvo su origen en el fuerte levantado por el comandante don Pedro Nicolás Escribano, el 27 de mayo de 1779, para contener las invasiones indígenas y al que denominó San Juan Bautista de  Chascomús.

En el correr de los años, alrededor del fuerte fueron levantando sus viviendas los estancieros y pobladores de la zona, utilizando para estos trabajos a los negros y mulatos esclavos que, aunque liberados, los mantenían a su servicio. Entre ellos había carpinteros, albañiles, cocheros, jardineros, peones, etc., que, fieles a sus tradiciones africanas, aunque muchos eran nacidos ‘en el país y vivían agrupados en el Barrio del Tambor, decidieron formar una cofradía o hermandad.

Capilla de los negros

Profundamente religiosos, la primera iniciativa fue levantar un capilla.

En un terreno que Juan Manuel de Rosas había donado a la «Hermandad de los Morenos del Sur Boyimbe de Ivenza», encabezados por el moreno Luciano Alsina se dieron a la tarea de su construcción, la que, según algunos historiadores, pues no hay documento oficial que lo certifique, fue inaugurada en el año 1826, y para otros en 1832.

La capilla tiene 16 metros de altura. Sus paredes primitivamente fueron en su totalidad de adobe, revocadas con barro, y en su interior pintadas de blanco; el techo era de paja, sostenido por gruesas cañas tacuara. La puerta de entrada, hecha de madera dura y que aún se conserva, tiene 2,80 metros de altura por 1,20 de ancho con una artística aldaba o llamador. Posee tres ventanas, dos sobre el lado izquierdo y una a la derecha, colocadas a no más de cuarenta centímetros del piso, que es de tierra.

Tanto el altar principal como los reclinatorios y bancos son de madera sin cepillar, toscamente trabajada y labrada.

El sitio de honor l,o ocupan una imagen de la Virgen del Rosario y otra de la Virgen Morena. En otro altar se halla la imagen de San Martín de Porres: el Santo Moreno con su escobita y el que, según la tradición, pasó toda su vida barriendo. Además, adornan la capillita la Virgen Gaucha de Lujan, la de San Benito de Paiermo y un retrato de Ceferino Namuncurá.

La capilla, si bien bastante deteriorada por la acción del tiempo y falta de cuidado, se conservaba tal como era, hasta que en 1950 un violento temporal casi acabó con ella, pues destrozó el techo, las ventanas, la puerta lateral que da sobre la calle Venezuela y gran parte de las paredes.

Su precario estado movió al vecindario a encarar su reparación, pero el vecino don Ángel Canatelli, en unión de sus compañeros del Reino de la Amistad y ayudados por la Municipalidad, resolvieron reconstruirla en su totalidad, aunque conservando su primitiva forma, su piso de tierra y sus antiguas imágenes.

En ella ofició misa todos los domingos hasta su muerte, ocurrida en 1922, el cura párroco Don Julián Quintana, quedando desde esa fecha la capilla sólo como lugar de oraciones.

Encargada de su cuidado es la morena Guillermina Eloísa González de Luis, descendiente por rama materna de Luciano Alsina, su fundador. Ella ocupa el lote lindero donde tiene su vivienda, heredado de su madre y la que, refiriéndose a la capilla, dice: «La conservaremos mientras conservemos la fe».

En los considerandos del decreto que declara histórico el solar dice: que habiendo sido fundada aproximadamente en el año 1826 con la ayuda de la «Hermandad de los Negros», servía al culto de los núcleos de población que la circundaban. Que durante la epidemia de cólera en  1858 y la de fiebre amarilla de  1871 fue utilizada  para  la  atención   generosa   de   los  enfermos  y  que   allí   se   refugiaron   los   muchos   patriotas heridos que combatieron contra Rosas en la batalla de Chascomús.

El solar donde  se alza  la  capilla fue  declarado  Lugar  Histórico el  22 de  junio  de 1962 por Decreto N° 5674.

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Historia de Cura Malal Primera Conscripción Argentina

LUGAR HISTÓRICO DEL EJÉRCITO ARGENTINO:MONUMENTO DE CURAMALAL

El lugar donde estableció su campamento la primera conscripción argentina se encuentra ubicado en las sierras de Curamalal, próximo a la localidad de Pigüé. El 23 de noviembre de 1895 el Congreso Nacional sancionó la ley número 3.318, que establecía la formación del Ejército de la República. Promulgada esta ley, se llamó bajo las armas a los ciudadanos nacidos en el año 1875 y con ellos se formaron las primeras legiones disciplinadas de soldados, con lo que se abolló para siempre el antiguo sistema de enganches.

En el cuartel del Regimiento 11 de Infantería que estaba situado en Pichincha y Garay se realizó la concentración de los ciudadanos llamados al servicio de la Patria. El 15 de abril de 1896 los entusiastas jóvenes, llevando cada uno sus respectivos equipos, marcharon hasta la estación Sola, de Barracas, desde donde se embarcaron en trenes especialmente preparados.

Monumento Curamalal

Después de un viaje que duró casi veinte horas los conscriptos llegaron a Pigüé y desde allí continuaron a pie hasta el campamento. Las carpas blancas que sirvieron de refugio a la tropa se habían instalado en las faldas de las sierras y en esas soledades ofrecían un aspecto tan original que se las conocía con el nombre de «ciudad blanca».

La primera conscripción argentina estaba formada por 7.648 hombres, al mando del general de división Luis María Campos. Los conscriptos, que permanecieron en el campamento hasta el mes de julio, recibieron una intensa preparación militar y merced al tesón que pusieron lograron convertirse rápidamente de reclutas en aguerridos soldados.

Algunos, de los jóvenes enrolados dejaron interesantes crónicas de la vida en el campamento. Uno de ellos, el doctor Horacio Bsccar Várela, en los artículos que publicaba en «El Diario», expresaba: «Las carpas son para cuatro personas y nos han destinado una para cada tres personas. En los momentos de descanso, que son los menos, nos pasamos el tiempo acostados en las colchonetas, no tan mullidas como el colchón que mamá quería que trajese.

Esto es una Slberia: sopla todo el día un viento que nos hiela los huesos». «Por la noche el campamento ofrecía, dice el mismo cronista, un curioso aspecto. Cada carpa puede contarse porque en ella brilla una luz desde que entra la noche hasta la retreta, y si de día el campamento es; la ciudad blanca, de noche es la ciudad roja, pero no con luces radiantes e insolentes que hacen huir a las tinieblas, sino con las luces tenues que son la característica de los hogares modestos y tranquilos,  porque  el  campamento  es  el  gran  hogar de  la  familia   militar».

Para celebrar dignamente el día de la Patria —25 de Mayo de 1896— el general Luis María Campos preparó una gran revista militar, para que el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Alberto Capdevila, y su comitiva tuviesen la oportunidad de apreciar el grado de Instrucción de los soldados. «Ese 25 de Mayo, narra otro cronista conscripto, hubo dianas saludando a un sol que debió haber salido. Pero con sol o sin él, la alegría de todos fue extraordinaria. A pesar del intenso frío que reinaba y del pésimo tiempo, el general pasó revista, quedando admirado por el adelanto de la preparación militar obtenida en tan corto tiempo», y agrega el cronista: «almorzamos a las tres de la tarde, pues a causa del mal tiempo, y los malos caminos, los carros portadores de la leña con que se debían asar las vaquillonas y ovejas llegaron con varias horas de retraso. . .»

Una vez finalizado el período de adiestramiento, la división regresó a Buenos Aires y el 14 de julio de 1896 desfiló en medio de los vítores de la población, ante el doctor José Evaristo Uriburu, entonces presidente de la República, cruzando bajo un arco de triunfo levantado en la Avenida de Mayo frente a donde hoy día se encuentra el edificio  del  diario  «La Prensa».

Con el propósito de conmemorar la primera conscripción el vecindario de Pigué levantó en el sitio donde  había estado emplazada  la carpa  del  comando de  la  división Buenos Aires un obelisco macizo, construido con piedras procedentes del mismo lugar. Este monumento fue obra del arquitecto Luis María Campos, descendiente del general que comandó aquella etapa inicial del nuevo ejército de ciudadanos soldados.

El 15 de abril de 1937, al pie del monumento, se realizó una emotiva ceremonia recordando aquel hecho histórico, en la que estuvieron presentes muchos de los antiguos conscriptos. En el acto usaron la palabra el doctor Luis María Campos Urquiza, hijo del general Luis María Campos; la señora Sara Pueyrredón de López, presidenta de la Comisión de Homenaje, y el general Nicolás C. Accame, en representación del ministro de Guerra. También ofició una misa de campaña el vicario general del ejército, monseñor Andrés Calcagno, y se colocó en la base del monumento una urna con los restos del Soldado Desconocido.

El sitio de Curumalal, que en araucano significa corral de piedra, fue declarado Lugar Histórico el 1° de marzo de 1951 por Decreto N9 4.314.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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Historia de la Corbeta Uruguay Características, Usos y Viajes

MONUMENTO HISTÓRICO: CORBETA URUGUAY

Ante la necesidad de dotar a la Armada de nuevas universidades, el presidente de la República don Domingo Faustino Sarmiento dio en el año 1872 un decreto por el cual se disponía la construcción de varios buques destinados a la defensa naval.

Entre estas unidades, que formaron la que se llamó Escuadra Sarmiento, figuraban las corbetas mixtas Paraná y Uruguay, que se construyeron en los astilleros Laird Brothers,  de  Birkenhead,  Liverpool,   Inglaterra.

Fueron destinados para que se encargaran de su construcción don Manuel R. García, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, que contrató la construcción, y don Tomás Jefferson Page, marino norteamericano radicado en nuestro país, que tuvo a su cargo la supervisión de las naves.

corbeta uruguay

La corbeta Uruguay fue botada en el mes de febrero de 1874 y llegó al puerto de Buenos Aires al mando del capitán de la Marina Mercante Británica don James A. Paulet y 27 hombres de tripulación el 5 de julio de dicho año en compañía de su gemela, la Paraná. Mide 43,28 metros de eslora, 7,50 de manga, cala 3,60, desplaza 550 toneladas y desarrolla una velocidad de 10 millas por hora. Es un velero mixto de tres palos, armado de 2 cañones Armstrong, dos ametralladoras y una máquina vertical de un poder de 450 HP.

Es la más antigua de las unidades de guerra que aún se mantiene a flote y ostenta con orgullo un largo y glorioso historial.

El 24 de septiembre de 1874 al mando de su primer comandante, teniente coronel de Marina don Erasmo Obligado, toma parte en la revolución encabezada por el general don Bartolomé Mitre contra el gobierno, pero es abandonada al varar en el lugar denominado Placer de las Palmas. De nuevo en poder de las fuerzas del gobierno el 25 de septiembre de dicho año, es incorporada a las órdenes del comandante Bartolomé Cordero a una escuadrilla que al mando de don Luis Py persigue a los revolucionarios. El 4 de octubre de 1874 en un recodo entre el Placer de las Palmas y Playa Honda choca de frente con el transporte Pavón sufriendo  muy serias averías.

El 21 de junio de 1877 el presidente de la República don Nicolás Avellaneda firma un decreto por el cual la corbeta Uruguay es destinada para asiento de la Escuela Naval Teórico Práctico, siendo nombrado director y comandante de la nave el teniente coronel de marina don Martín Guerrico.

Su primer viaje de instrucción práctica con los alumnos a su bordo lo inició desde el puerto de Buenos Aires el 11 de noviembre de 1877, navegando por el río de la Plata y haciendo escalas en la Ensenada de Barragán, Magdalena, Colonia del Sacramento,  Punta del  Indio e isla Martín García,  para  regresar al  punto de  partida  el 26.

El 22 de diciembre de ese mismo año partió hacia la Patagonia con el fin de vigilar las costas y defender las poblaciones e intereses nacionales ante una invasión del territorio por presidiarios chilenos sublevados.

El 18 de enero de 1878 llegó a Carmen de Patagones, permaneciendo en su misión setenta y ocho días, al cabo de los cuales regresó al puerto de Buenos Aires.

En octubre de 1878 participó en los trabajos de sondajes y situaciones en la Bahía de Samborombón, y el 14 de noviembre de ese año, como buque escuela a las órdenes del comandante don Martín Guerrico, forma parte de la expedición del comodoro don Luis Py  a Santa Cruz en misión de establecer la soberanía en esa zona.

Siempre como buque escuela zarpa en 1879 con destino a Patagones para colaborar con el general don Julio A. Roca en la Expedición al Desierto. En ella se había recibido estando en Santa Cruz, en 1878, la primera promoción de cadetes; la segunda, en Patagones, en julio de 1879, y la tercera, en diciembre, en San Fernando.

Luego de haber cumplido destacadas misiones y de formar parte en 1902 de la Primera División de la Defensa del Río de la Plata, el 8 de octubre de 1903 por la tarde zarpa  del  puerto  de  Buenos Aires  al   mando  del  teniente  de   navio  don  Julián   Irizar hacia las regiones polares enviada por el gobierno en auxilio de la expedición científica encabezada por el doctor Otto Nordenskjóld, de la cual formó parte el alférez de nuestra marina, don José María Sobral.

La nave arribó el día 16 a la isla Observatorio; el 20 recaló en Ushuaia, de donde partió el l9 de noviembre proa a la Antártida; el 6 recala en Cabo Seymour, y el 13 el oficial de derrota, alférez de navio Jorge Yalour, luego de avistar una carpa, desciende en compañía del comandante Irizar, en Snow Hill, y hallan a los integrantes de la expedición, los que una vez reunidos se embarcan en la Uruguay y llegan el 22 a Santa Cruz, comunicando a Buenos Aires el feliz rescate de todos sus miembros. El 2 de diciembre de 1903 a las 17 hace su entrada en el puerto de  la Capital.

Un año más tarde, el 11 de diciembre de 1904, la histórica corbeta parte nuevamente en misión a la Antártida en busca de la expedición del doctor Charcot, y al mando del capitán de fragata don Ismael F. Galíndez recorre las regiones heladas, pero al no encontrar rastros de los expedicionarios inicia el 10 de enero de 1905 el regreso al puerto de Buenos Aires.

Destinada a partir de 1906 a trabajos hidrográficos, es radiada del servicio el 16 de noviembre de 1926 y convertida en polvorín flotante. Con anterioridad a este destino realizó en 1924 su último viaje de instrucción a las órdenes del teniente de navio don Pedro Quihillat, quien fue su último comandante.

En el año 1954 se resolvió su reconstrucción y en 1956, a pedido de las autoridades de la Escuela Naval Militar, fue anclada en el muelle del Instituto en Río Santiago, como reliquia y ejemplo, custodiada permanentemente por una dotación de honor de cadetes navales.

Fue declarada Monumento  Histórico por Decreto N° 3.968 del 6 de junio de  1967.

Ver:Historia del Rescate de Nordenskjold en la Antartida

Combate de Pigue Historia y Ubicación Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO NACIONAL BATALLA DE PIGUE

En los años que siguieron a la revolución del 11 de septiembre de 1852, a raíz de la cual la provincia de Buenos Aires se separó del resto de la Confederación Argentina, las luchas entre ambas partes demandó casi totalmente la utilización de los esfuerzos bélicos. Por esta razón las fronteras interiores, es decir las líneas divisorias de los dominios de blancos e indígenas, quedaron casi desguarnecidas y los malones volvieron a ser el terror de los intrépidos pobladores de las estancias y de los escasos soldados de los fortines.

En 1857 asumió la gobernación de Buenos Aires don Valentín Alsina, quien entre otras medidas se propuso apoyar a las fuerzas militares que ganaban nuevos territorios a los indios. Como primera medida decidió reorganizar el Ejército de Operaciones del Sur, que puso a las órdenes del coronel don Nicolás Granada. Y para compenetrarse aún más de los problemas de las fronteras y para alentar a las tropas el propio Valentín Alsina efectuó una visita al campamento de Arroyo de los Huesos, cerca de Azul.

Monumento Batalla de Pigue

En diciembre de 1857 el ejército continúa su avance hacia el sudoeste dividido en dos columnas, una al mando del coronel Nicolás Granada, y otra al mando del coronel Wenceslao Paunero. El 10 de febrero de 1858 ambas divisiones se reunieron en las vertientes del arroyo Pigüé, que es el único de la zona que corre de sur a noroeste; sus aguas se vierten en un terreno salitroso dando lugar a la formación de la laguna Epecuén, en Carhué.

En una carta al gobernador Alsina el coronel Granada decía: «Me es sumamente satisfactorio poder asegurar a vuestra excelencia el buen estado y disposición de estas fuerzas. En todos los señores jefes y oficiales se ven reunidos el patriotismo, unión y desinterés».

En los días siguientes varias partidas se encontraron con indios de las tribus so< metidas a Calfucurá, señor de las pampas. Todo hacía prever un encuentro, por lo que el comandante en jefe coronel Nicolás Granada designó jefe del Cuartel General al coronel Emilio Conesa, al que confió también la primera división, y para dirigir la segunda designó al coronel Wenceslao Paunero.

El 15 de febrero de 1858 el ejército reanudó la marcha y cruzó el arroyo Pigüé en el paraje denominado Huil-He, donde desagua el arroyo Curá-Malal Chico, y estableció el campamento. En la tarde ese día se presentaron varios indios con una nota de Calfucurá, quien simuló buscar un parlamento, pero en realidad el astuto indígena lo que trató fue de atacar por sorpresa. En vista de ello el coronel Granada ordenó la movilización general.

El ejército pasó la noche en un reducto fortificado, y en la madrugada del 16 de febrero la diana y los gritos de los salvajes anunciaban el combate, que fue muy reñido. Por un tiempo los indios resistieron las cargas, pero finalmente fueron vencidos. El ejército triunfador prosiguió al día siguiente su marcha en dirección a las Salinas Grandes, reducto de Calfucurá, cuyo poderío quedó quebrado a raíz de este encuentro. Meses más tarde se fundó el pueblo de Pigüé, hoy floreciente ciudad bonaerense.

En los considerandos del decreto por el cual se le declara lugar histórico dice: «Que en dicho lugar se libró el combate históricamente denominado de Pigué, el cual tuvo extraordinaria significación moral y material en la conquista del desierto, pues en él se quebrantó por el lapso de casi veinte años el poderío del cacique Calfucurá».

En 1943 la subcomisión de Monumentos y Lugares Históricos solicitó al Poder Ejecutivo la determinación exacta del lugar donde se libró este combate, y luego de los estudios pertinentes se llegó a la conclusión de que el combate de Pigüé de los días 15 y 16 de febrero de 1858 se libró en el partido de Saavedra (Pigüé), a 4 kilómetros del pueblo de Pigüé sobre el camino Pigüé-Ducos y en la zona 700 metros al NE del ángulo sur de la propiedad de don Adrián Litre, linde SE de la chacra Gely 1250 m. al E del punto anterior —ángulo E de la propiedad de don Emilio Frió—, provincia de Buenos Aires.

En el sitio donde se libró el combate la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos levantó un monumento con una placa de mármol que recuerda: este hecho de armas. Fue declarado lugar Histórico por Decreto N° 30.825 del 10 de diciembre de 1945.
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Historia de la Casa del Acuerdo de San Nicolás Monumento Histórico

CASA DEL ACUERDO DE SAN NICOLÁS

En San Nicolás de Barí y de los Arroyos, que así se llama la ciudad, en la calle Nación, se encuentra esta histórica casa, que fue asiento de los gobernadores en el Acuerdo de 1852.

En 1831, fecha de su construcción, pertenecía a don Mariano Ruiz, rico propietario de aquella zona. Años después la adquirió don Pedro de Alurralde, juez de paz de dicha ciudad.

Es una casa de un solo piso, y según un plano de la manzana en que se halla ubicada, hecho en el año 1854 por el señor Malaver con datos del agrimensor Shuster, se demuestra que había una parte edificada de trece metros más ocho de terreno que se prolongaba hacia atrás y estaba cercada por una pared.

casa del acuerdo de san nicolas

Tenía una sala grande sobre el lado izquierdo y una piecita a la derecha, ambas con entrada por el zaguán y que daban a un patio. Está construida de barro, con techos de azotea y pisos de baldosas. Su frente, muy sencillo, no responde a ningún estilo, aunque puede comprenderse dentro del tipo común de edificación del siglo XVIII. En el patio o fondo existía un pozo de forma circular con brocal de ladrillo en lugar del tradicional aljibe.

Posteriormente al año 1852 se le agregaron las habitaciones del ala derecha que recuadran el patio en la actualidad. Pasados muchos años, en 1935, fue restaurada por el arquitecto Jorge A. Chute.

Así era y así es en la época actual esta histórica casa, que con verdadero orgullo guarda en su seno la ciudad de San Nicolás. El pueblo fue fundado el 14 de abril de 1748 por don José Rafael Aguiar, en las cercanías del Arroyo del Medio, sobre las márgenes del río Paraná, en terrenos de su esposa, doña N. de Ligarte. Erigido en parroquia en el mismo año, se elevó a partido en 1778, y el 23 de noviembre de 1819 el Congreso lo declaró ciudad en mérito a sus servicios contra la anarquía. Su nombre se debe a la devoción de su fundador por el santo epónimo.

Este pueblo, que tantos sacrificios había hecho para mantener el orden en la época de Rosas, fue elegido por el general Urquiza después de la batalla de Caseros para instalar la sede de los gobernadores de las provincias.

Por aquel entonces era juez de paz del partido don Pedro de Alurralde, y, como primera autoridad de la ciudad y gran amigo de Urquiza, cedió su casa para celebrar las reuniones. Ellas se realizaron en la sala de la histórica finca, donde se firmó el 31 de mayo de 1852 el pacto que dio las bases a la organización nacional y que hoy forma parte de nuestra historia con el  nombre de Acuerd.o de San  Nicolás.

En esos tiempos las calles de la ciudad carecían de nombre, y hasta 1854 no se comenzó su nomenclatura y numeración, llamándose aquella donde está situada la Casa del Acuerdo, calle de La Paz. En 1861, cuando el general Mitre la cruzó con su ejército después de la batalla de Pavón, se dice que la designó con el nombre de calle Nación, que es el que conserva actualmente. Esta tradición local ha sido recogida en un bronce colocado por la Asociación de Residentes Nicoleños de Buenos Aires en el cruce de esta calle con el Bulevar Saavedra.

Luego de discutidas iniciativas y de diversos proyectos presentados en el transcurso de los años para que se declarara de utilidad pública la vieja finca, fue al fin expropiada en 1919 y destinada a Biblioteca y Museo del Acuerdo. El día en que éste se inauguró el gobierno de la Nación hizo colocar en su frente una placa que dice: «Aquí nació la organización  de  la Constitución Argentina de la  República».

Al tratarse en la Cámara de Diputados de la Nación la expropiación de la casa, el diputado doctor Adrián Escobar, al informar en nombre de la comisión de legislación el despacho favorable del proyecto, dijo en la sesión del 10 de septiembre de 1919: «Los monumentos nacionales son los que señalan los derroteros a nuestra nacionalidad, orientan  las  nuevas generaciones y hacen  que  perduren  en   la  mentalidad  del   pueblo los grandes acontecimientos de nuestra historia.

La casa en que se discutió la Constitución Nacional, el año 53, ha sido demolida, y sólo queda, como recuerdo de aquellas discusiones memorables, la casa donde se celebró el Acuerdo de San Nicolás, en que los hombres bien inspirados formularon las bases de la Constitución que nos rige. Serenados ya los espíritus después de las ardorosas pasiones, después de los entreveros del caudillaje, y abatida la tiranía, la historia hace justicia a los hombres que proyectaron la organización constitucional de la República, y el Congreso debe rendir homenaje a un acto tan trascendental de la historia política de la Nación».

Fue allí donde los representantes de once provincias, presididos por Urquiza, resolvieron la adopción del federalismo y la inmediata convocatoria de una asamblea que sancionara la Constitución, dictada luego en Santa Fe.

Esta casa fue declarada de «utilidad pública» por Ley N° 10.778 del 25 de septiembre de 1919 y Monumento Histórico el 7 de junio de  1957 por Decreto  N° 6.080.

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Isla Martín García Historia y Características Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO ARGENTINO: LA ISLA MARTÍN GARCÍA

Está situada a cuatro kilómetros de la costa uruguaya, a cincuenta de Buenos Aires y a la entrada de los canales que dan acceso a los ríos Paraná y Uruguay, en  el  nacimiento  del   río  de   la   Plata.

Su constitución geológica es de formación arcaica y representa el complejo más antiguo del continente americano. Tiene tres kilómetros setecientos metros cuadrados de superficie y cuatro kilómetros de contorno; de largo mide dos mil metros, mil ochocientos  de ancho  y está  a  veintisiete   metros  sobre  el   nivel   de   las  aguas.

La isla tiene una flora y fauna muy variada, donde abundan las gramíneas, azucenas, tréboles, clavel del aire, grandes eucaliptos, cardenales, zorzales, calandrias y hasta el majestuoso ciervo colorado.

Su conocimiento se remonta a la época del descubrimiento del río de la Plata, siendo por lo tanto el  más antiguo de  los lugares  históricos  del  país.

Cuando Juan Díaz de Solís, que había partido del puerto de San Lucas de Barrameda en octubre de 1515 llegó al mando de sus naves al que llamó Mar Dulce en 1516, descubrió una isla a la que dio luego el nombre de Martín García, en homenaje —según la tradición— a su despensero que fue sepultado en ella.

Isla Martin Garcia Monumento Historico

Muchos son los acontecimientos, desde su descubrimiento hasta nuestros días, que acrecientan su valor histórico: en 1536 estuvo de visita el fundador de Buenos Aires, don Pedro de Mendoza; en 1573 en ella se refugió el adelantado del Río de la Plata don Juan Ortiz de Zarate, huyendo de los indios charrúas. En ella se reúnen en 1574 las comisiones de límites de la América Meridional de España y Portugal.

En 1763 la isla pasa a poder de Portugal de acuerdo con el Tratado de París, pero la posesión no llega a hacerse efectiva; en 1777 el Tratado de San Ildefonso confirma la soberanía española. Después de la Revolución de Mayo, en 1811 la Junta Grande dispone que la isla sirva para el cumplimiento de penas multares; en 1814, las fuerzas del  almirante Guillermo  Brown  atacan y toman  posesión  de  la  isla.

En 1825 y 1826 es capturada y luego abandonada por la escuadra del Imperio del Brasil; en 1827 el almirante Brown la fortifica y establece en ella su bass de operaciones durante la guerra contra el Brasil; el 11 de octubre de 1838 fuerzas navales francesas y orientales del general Fructuoso Rivera toman por asalto la isla; en 1839, el l9 de julio, el general Juan G. Lavalle la toma y establece su cuartel general, y el 2 de septiembre de ese mismo año en varios transportes embarca su ejército para iniciar la campaña contra Rosas.

El 29 de octubre de 1840 se devuelve la Isla al gobierno de Buenos Aires, de acuerdo con la convención firmada entre los representantes de la Confederación Argentina y Francia; pero el 5 de septiembre de 1845 una expedición naval anglo-francesa, compuesta por una pequeña escuadrilla al mando del general José Garibaldi, ocupa nuevamente la isla; el 24 de noviembre de 1849 se firma una nueva convención entre los representantes de Gran Bretaña y la Confederación, en la que se establece la devolución de la isla y poner fin al bloqueo inglés.

El 31 de agosto de 1850 se firma un nuevo tratado entre Francia y la Confederación Argentina, que no se llevó a la práctica, y la isla queda ocupada por argentinos y uruguayos del ejército que sitió a Montevideo. En 1851 don Domingo F. Sarmiento desembarca en la isla y en una roca escribe la palabra Argirópolis (Ciudad del Plata), como queriendo dejar sentado así que ella, de acuerdo con su idea, podía ser la capital de los Estados Unidos de la América del Sur. En 1852 el nuevo gobierno surgido después de Caseros toma posesión de la isla con fuerzas al mando del coronel de marina don Francisco Seguí. Así llegamos a 1856, en que se firma un tratado argentino-brasileño que, confirmando otros anteriores, ratifica la soberanía argentina sobre la isla.

En el año 1874, siendo presidente Sarmiento, se dispuso la fortificación de la isla. Utilizada   en   varias   oportunidades   para   alojamiento   de   detenidos   militares   y   civiles por causas políticas, en ella estuvieron, entre otros, los presidentes Hipólito Yrigo-. yen y Arturo Frondizi, y en el transcurso de la primera y segunda guerra mundial, constituida en base naval, sirvió de campo de Internación de marinos alemanes del Cap. Trafalgar y del Graff Spee. También en ella pasaron temporadas hombres de letras, como el arcediano Martín del Barco Centenera y Rubén Darío, que allí escribió su conocida  poesía  la  Marcha  Triunfal,  y  los  sabios  Amado   Bonpland  y  Félix  de  Azara.

La histórica isla presenta el aspecto de una pequeña ciudad, pues cuenta con dos escuelas: primaria y de adultos; oficina de Correo, meteorológica; Casino de Oficiales, cinematógrafo, Sociedad de Fomento, calles empedradas y un millar de personas que ocupan muy lindas casas, con atrayentes jardines. En la plaza se alza el monumento al almirante Brown, inaugurado en 1945, y a un lado de la misma, una cruz sobre una base de cemento, monumento en homenaje al sargento mayor Juan B. Thorne, inaugurado   en   1938.

Al declararla lugar histórico, entre los considerandos del decreto, dice: «que fue la primera tierra rioplatense en  la que desembarcaron  marinos europeos».

La isla, que de acuerdo con la Ley Nacional N° 14.411 del 28 de junio de 1955 es parte integrante de la juridlción de la provincia de Buenos Aires, se encuentra bajo, la  administración  de  la  armada  nacional.

Fue declarada  Lugar  Histórico  por decreto  N? 4718  del   15  de  abril  de  1953.