Ideas de Marx Sobre Malthus

El Utilitarismo y La Felicidad General Mayor Placer y Bienestar Social

El Utilitarismo y La Felicidad General
El Mayor Placer y Bienestar Social

¿Cómo puede obtenerse la mayor felicidad para la comunidad? ¿Puede ser feliz una sociedad  en la que cada uno persigue sus propios intereses? He aquí unos puntos de vista objeto de polémicas.

La motivación que hay tras las acciones del hombre es su deseo de experimentar placer y evitar el dolor. En esta tesis se apoya una importante teoría del siglo XIX que se denomina principio de la utilidad: el mayor bien del mayor número de personas.

Según ella, todas las acciones humanas tienen su explicación en la forma en que asocian los hombres el placer y el dolor con las diversas formas de conducta; su objetivo consiste siempre en obtener la mayor cantidad posible del primero y evitar la mayor cantidad posible del segundo. Debe juzgarse la rectitud de conducta según la cantidad de felicidad obtenida en términos de placer, entendiendo el concepto de placer en su sentido más amplio.

A partir del siglo XVII se había ido desarrollando gradualmente una nueva aproximación empírica a las cuestiones humanas, por la que empezaba a reconocerse la importancia de principios psicológicos tales como la asociación de ideas. Sin ella, nunca habría sido posible formular el principio de la utilidad. En ética, política y derecho se manifestaba una actitud acorde con la aproximación empírica general. Ya no se podían atribuir los conceptos del bien y del mal a una especie de adecuación intrínseca a la naturaleza de las cosas: era preciso abandonar la vieja teoría de la ley natural.

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Jeremy Bentham

El utilitarismo es la concepción para la cual las acciones deben juzgarse como buenas o malas en atención a su capacidad para incrementar o reducir el bienestar humano o la «utilidad». Desde Bentham se han propuesto múltiples interpretaciones de la utilidad, pero para él consistía en la felicidad y el placer humanos, y su teoría de las acciones correctas se resume en ocasiones como el fomento de «la mayor felicidad del mayor número posible».

Francis Hurcheson (1694-1747) fue uno de los primeros en formular la nueva teoría. Claude Helvetius, en su obra De l’esprit (1758), la propugnó en Francia como instrumento para la reforma social. Partiendo del hecho de que el hombre actuará básicamente según su propia conveniencia, infiere que el único criterio general para juzgar los actos
es el principio del mayor bien para el mayor número de personas.

Sobre esta base se hace posible reformar la sociedad mediante una legislación, haciendo que el obedecerla sea ventajoso y conveniente para todos. Para ello se disponen diversas penas como castigo a los actos que vayan en contra del bien común.

Al evaluar las posibilidades de sufrimiento los hombres se sienten incitados a la obediencia. Debemos notar en este punto que la nueva perspectiva utilitarista se basa en ciertos supuestos propios no examinados.

En primer lugar se da por sentado que el mayor bienestar posible de la comunidad es consecuencia de la persecución por parte de cada cual, adecuadamente motivada, de los propios intereses. Se presupone que la igualdad de los intereses individuales y la armonía entre ellos reside en cierto modo en la naturaleza de las cosas.

La negación de la libertad
Los escritos de Paul Holbach (1723-89) subrayan la misma fuerza utilitarista, especialmente en lo que concierne a la naturaleza del gobierno. El bien de la humanidad se ve frustrado precisamente cuando los gobiernos se apartan del principio de la utilidad. La clase dirigente explota entonces al resto de la sociedad, negándole esa libertad a la que tienen derecho todos los hombres como único medio para realizar su propia felicidad y el bien común.

Lo único que se necesita para remediar los defectos del mal gobierno es la educación: una vez que los hombres hayan descubierto dónde reside su verdadera conveniencia, no tardarán en adoptar el principio adecuado.

El movimiento fisiocrático, nacido en la Francia del siglo XVIII, adoptó también el principio de la utilidad, pero combinándolo con la opinión de que el gobierno no debe intervenir en la esfera de la economía: se sirve mejor al bien común dejando que ésta siga su curso natural sin impedimentos.

La doctrina del laissez-faire del liberalismo económico habría de influir a su vez sobre los economistas británicos: queda bien evidente en esa especie de fatalismo económico de David Ricardo (1772-1823) o Thomas Malthus (1766-1834).

Jeremy Bentham se halla todavía entre nosotros: en su testamento legaba su cuerpo 2 la ciencia, pero dispuso que el esqueleto, vestido con sus ropas, se exhibiese en una urna para servir de inspiración a sus discípulos y a la  posteridad.

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David Hume señaló que los hombres actúan con frecuencia siguiendo sus impulsos y sin considerar previamente los resultados de sus  actos.

En el movimiento de reforma
liberal surgido durante el siglo XIX causaría cierta tensión, puesto que’se vio claramente que no era tan sencillo conciliar los ideales de la Revolución Francesa: libertad e igualdad parecían en cierto sentido antagónicas. Es en esta dificultad donde hallaría una de sus fuentes de inspiración el movimiento revolucionario de Marx y Engels.

En la obra de David Hume (1711-76) hallamos una aplicación directa del principio de la utilidad. Hume sostuvo que, de hecho, los hombres decidían el distinto curso de sus actos evaluando el equilibrio entre el bien y el mal que podría resultar. Al mismo tiempo estableció un punto muy importante al observar que, por lo general, no se calcula la acción en sentido estricto, sino que los hombres actúan según sus impulsos a la luz de lo que en ese momento consideran como más adecuado a sus mejores intereses.

Cesare Beccaria (1738-94), seguidor italiano de Helvetius, propuso la reforma del derecho penal sobre la base del principio de la utilidad. Con un espíritu muy propio de la Ilustración, pretendió abolir la tortura judicial y la pena de muerte, insistiendo en que ercastigo no debería ser más de lo necesario para hacer al crimen poco atractivo en comparación. Además debería suprimirse todo aplazamiento y, sobre todo, toda duda respecto a cual sería tal castigo.

Aumento de la felicidad
En tanto que el fermento de la Ilustración conducía en Francia a la revolución de 1798, en Inglaterra tomó un sesgo mucho menos violento. La reforma se fue operando gradualmente, gracias a los esfuerzos de los radicales filosóficos, en línea directa con los grandes filósofos empiristas. Uno de los más influyentes fue Jeremy Bentham (1748-1832). Pese a no ser un pensador verdaderamente original, dio notable impulso a la causa de la reforma con sus detallados estudios, especialmente en el campo de las leyes. Siguió a Helvetius y Beccaria y, al igual que ellos, adoptó el principio de la utilidad como dogma básico.

El criterio para juzgar si una acción es buena o mala es el aumento de la felicidad o la disminución de la infelicidad. Lo que produce la felicidad es el placer o la ausencia de dolor; se supone que lo único que persigue el hombre por su propia causa es el placer y la evitación del dolor. Naturalmente, hay que tomar el concepto de placer en un sentido adecuadamente general. Pero nunca se explica con claridad cómo debe entenderse. Bentham va más allá y afirma que se puede atribuir a cada placer y a cada dolor una especie de valor numérico en una escala general, no sólo para una persona, sino para diferentes personas.

Evidentemente, este método de los equilibrios de placer no es un principio ético muy útil para servir de guía y norma de conducta. De hecho, el cálculo de Bentham es la parte más endeble de todo su método: incluso sus propios seguidores pudieron verlo. Por otra parte, no está nada claro cómo debe efectuarse la reducción de todas las cosas a una sola escala, ni tan siquiera si ello es posible.

Sin embargo, y como guía para la reforma legal, el principio de la utilidad tiene indudablemente cierto mérito. Con arreglo a él, Bentham examina todo el campo de la ley y de los procedimientos legales. En vez de las viejas justificaciones teóricas que acompañaban a la teoría de la ley natural, Bentham valoraba todas las disposiciones legales por medio del principió de la utilidad.

En tanto que los teóricos de la ley natural condenarían el robo, por ejemplo, por ir contra el derecho de propiedad, los utilitaristas lo condenan porque la inseguridad que crea menoscaba la felicidad humana. En derecho penal especialmente establecieron un sistema de sanciones cuya finalidad consistía en hacer que al hombre le resultase desagradable cometer un delito.

La proporción de la pena es tal, que sólo las consideraciones utilitaristas pueden disuadir al criminal. Bentham sostuvo que la bárbara severidad de los castigos entonces al uso era un error, no tanto a causa de su crueldad como porque no se ajustaba al principio de la utilidad. Con todo, trabajó seriamente en favor de la reforma penitenciaria, propugnando mejores condiciones para los presos y un trato más humano; por desgracia, sus esfuerzos para que el gobierno adoptase el nuevo tipo de prisión que él mismo había diseñado resultaron infructuosos.

Aún estaba muy lejana la reforma penal: a finales del siglo XVIII, el niño que fuese descubierto robando un pan porque tenía hambre, corría el riesgo de morir ahorcado.

Uno de los aspectos legales que hoy día vuelven a atraer una vez más la atención de los reformadores es el campo de los procedimientos. En él formuló Bentham importantes sugerencias que se hallan entre sus proposiciones más originales y, al mismo tiempo, menos afortunadas en la práctica. También aquí se hallaba demasiado adelantado a su tiempo, pues argüyó que los tediosos procedimientos y la oscuridad del lenguaje legal eran un obstáculo para la auténtica jurisprudencia.

Las actuaciones legales resultaban así indebidamente largas, costosas e inciertas. Lo que él proponía a cambio era un sistema en el que los litigantes pudiesen reunirse en una especie de ambiente de comité, con el juez como presidente y arbitro de la causa.

Lo mejor para la comunidad
En la esfera de la economía, el principio utilitarista negó toda intervención del gobierno. Ello se debió en parte a la creencia de que el libre intercambio de los intereses propios de cada individuo conduciría al mejor resultado posible para la comunidad en conjunto.

Otro concepto que respaldaba dicha actitud era la convicción de que las leyes económicas actuaban, en términos generales, como las leyes físicas de Newton, por lo que resultaba sencillamente inútil intervenir. Esto pone de relieve uno de los aspectos más débiles de la teoría utilitarista, no sólo en la esfera de la economía, sino también en los campos legal y político: los utilitaristas omitieron por completo toda consideración de la fuerza de las tradiciones e instituciones que se han desarrollado a lo largo de la historia.

La tarea de los primeros utilitaristas en el campo político era, en cierto modo, limitada. La función del gobierno quedaba para ellos muy restringida, ya que no incluía los asuntos económicos. Tanto Bentham como James Mill (1773-1836) eran partidarios de la ampliación del derecho político sobre la base del principio de la utilidad: al conceder el voto a mayor número de personas, y al reducir el período de mandato de los representantes elegidos, el gobierno podría hallarse más directamente relacionado con la mayor felicidad del mayor número  de seres.

Thomas Malthus fue, junto con Ricardo, una importante figura en el desarrollo de la teoría económica en la Gran Bretaña, si bien es mucho más conocido por su teoría sobre la expansión de la población, teoría que no ha  perdido vigencia.

Según el filósofo inglés de finales del siglo XYIII Jeremy Bentham: «La mayor felicidad del mayor número es la medida de lo que es correcto o equivocado». Este principio creaba una ciencia de la toma de decisiones ética, un medio de resolver controversias por métodos prácticos y contrastables que, llevados al extremo, podían llegar a ser cuantitativos y estadísticos. Con este objetivo, Bentham inventó un método para «calcular la felicidad») que abarcaba siete dimensiones del placer y del dolor: la intensidad (¿cómo de intenso es el placer o el dolor?), la duración (¿cuánto tiempo dura?), la certeza (¿qué probabilidades hay de que el resultado final sea ese tipo de sensación?), la propincuidad (¿con qué prontitud se producirán los resultados?), la fecundidad (si el resultado es placentero, ¿puede ser seguido por sensaciones del mismo tipo?), la pureza (¿es probable que el resultado sea seguido por sensaciones del tipo contrario?) y la extensión (¿a cuántas personas afectará?). Alguien que contemple la posibilidad de empezar a fumar puede hacer un cálculo de este tipo al plantearse: «¿Merece la pena?». En la esfera pública, esta es la estrategia de los economistas para realizar el análisis coste-beneficio, en el que se sopesan, por ejemplo, los costes de los sistemas de seguridad ferroviarios frente al número de vidas que salvarán.

El abandono de un principio
Sin embargo, pronto se hicieron evidentes los fallos del primer programa utilitarista en el campo económico. Lejos de mejorar la suerte de la humanidad en conjunto, el crecimiento no regulado del industrialismo sumió a vastos contingentes de población en las condiciones más abyectas de sordidez y miseria. Tenía que haber algún error básico en los viejos supuestos.

Así supo reconocerlo John Stuart Mill (1806-1873), que fue descubriendo gradualmente la necesidad de modificar la filosofía utilitarista. Sufrió en parte la influencia de la filosofía idealista germánica, y en parte de la de Auguste Comte (1798-1857).

Como resultado, el utilitarismo de John Stuart Mill representa en ciertos aspectos un abandono total del antiguo principio de la utilidad. Si bien lo establece explícitamente, en la práctica está muy lejos de aplicarlo, cosa que por otra parte resulta imposible dado sus nuevos puntos de vista, puesto que introduce distinciones entre los placeres, y ello impide el tipo de comparaciones que requerían los cálculos de Bentham.

Además, al definir el placer simplemente como lo que el hombre desea, y al admitir que algunos de esos placeres son buenos como fines en sí mismos, independientemente de las consecuencias, lo que realmente hace es abandonar el utilitarismo. Sigue prodigando alabanzas a la vieja doctrina, pero ya no se adhiere a ella. Al mismo tiempo, es incapaz de desarrollar una doctrina nueva coherente: Mill tiene conciencia de los problemas, pero no sabe hacerles frente. Su actitud es más contemplativa que de acción.

En su famoso ensayo Sobre la libertad describe la libertad de pensamiento y de discusión como acordes con el principio de la utilidad, puesto que permite difundir las nuevas ideas y estimula la inventiva; pero también dice que la negativa de esta libertad perjudica a la naturaleza moral del hombre. Evidentemente, considera la libertad como una cosa buena en sí misma.

En la época de Mill, las amenazas a la libertad no estaban ya en las restricciones impuestas por una mayoría invasora que trataba de suprimir las opiniones de la minoría. No creía que la tarea del gobierno consistiese en intervenir para ayudar al pueblo; era mejor dejarle defenderse por sí mismo, a fin de fortalecer su propio sentido de autoconfianza.

Sin embargo. Mill empezaba a comprender al mismo tiempo la necesidad de que el Estado introdujese una legislación protectora en el orden económico —legislación que, de hecho, llevaba ya algún tiempo en vigor. Ella contribuía a evitar la explotación de las mujeres y los niños, y garantizaba unos niveles adecuados en las condiciones de trabajo, aspecto en el que habían resultado totalmente inoperantes los motivos utilitaristas privados.

Ciertamente, y a pesar de las tradicionales sospechas liberales contra la interferencia, Mill era partidario de varias actuaciones gubernativas; pero fue incapaz de establecer un criterio general respecto a qué legislación era deseable y cuál no.

La doctrina del utilitarismo sigue siendo importante en la única esfera donde puede resultar hasta cierto punto plausible, esto es, como una especie de guía aproximada para la legislación. Cuando se establecen, por ejemplo, unas disposiciones para el tráfico, el objetivo es promover el bien general.

Que la evaluación del problema sea correcta y la finalidad conseguida es ya, naturalmente, otra cosa. Además, hay ciertas ocasiones en las que el legislador confunde el bien general con sus propias conveniencias administrativas. Gran parte de la legislación social se basa en el supuesto de que habrá de proporcionar el mayor bien a la mayoría de personas. Sin embargo, el principio utilitarista puede degenerar en tiranía.

Una de las mayores dificultades de Mill fue reconciliar la utilidad con la libertad. Pero para este problema no existe una solución general.

Biografia de Hervert Marcuse Resumen Filosofo Socialista Historia

BiografÍa de Hervert Marcuse
Resumen FilÓsofo Socialista

Biografia de Hervert Marcuse Resumen Filosofo Socialista Historia«Para qué queremos una revolución si no conseguimos un hombre nuevo? Jamás lo he entendido. ¿Para qué? Naturalmente para lograr un hombre nuevo. Éste es el sentido de la revolución, tal como lo veía Marx, no la revolución burguesa» 

Herbert Marcuse nació en Berlín en 1898. Después de estudiar literatura, se interesó por la filosofía, trasladándose a Friburgo para asistir a las clases que impartía Heidegger.

Pero fue la lectura de Marx, en especial de sus Manuscritos económico-filosóficos, lo que produjo un giro radical en su pensamiento, acuciado más por una necesidad derivada de la situación política en Alemania (el fracaso de la revolución, encarnado en el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg y el afianzamiento del nacionalsocialismo, que auguraba la victoria del nazismo y el fracaso de una

 política socialista), que por una elección personal. Efectivamente, la clase obrera alemana fue incapaz de detener a Hitler, por lo que su ascenso no se entendió como un hecho aislado o accidental, sino que fue interpretado por los intelectuales, especialmente por los integrantes de la Escuela de Frankfurt, como un estadio derivado del desarrollo del capitalismo tardío. A esta escuela accedió Marcuse en 1932, a través de Kurt Ríezler, amigo de Heidegger y de Horkheimer.

Fundada por un científico judío vinculado al radicalismo marxista, la Escuela de Frankfurt comenzó su andadura como parte del lnstitut fürSozialforschung, el Instituto de Investigación Social, dedicado a estudiar los movimientos obreros, revisar las teorías de Marx y analizar desde una perspectiva interdisciplinar (filosofía, ciencias sociales, epistemología, psicoanálisis, economía, etc.) distintos problemas sociales, sobre todo los concernientes a la situación de Occidente y a su contrapartida comunista.

El lnstítuto se enfrentó tanto al capitalismo burgués como al socialismo bolchevique, criticando las filosofías que los justificaban: el positivismo y el marxismo ortodoxo.

Como miembro de la Escuela de Frankfurt, también denominada Teoría Crítica, Marcuse colaboró en todos los proyectos interdisciplinares que tendían a configurar un nuevo modelo de teoría social. Trasladada a la Columbia University (New York) en 1934, la escuela, dirigida por Horkheimer, mantuvo viva la tradición de los intelectuales de izquierda y sirvió de referencia a todos los movimientos emancipatorios. Su análisis crítico estaba claramente orientado a la transformación del mundo, a una praxis social que desocultara el tipo de racionalidad sobre el que se asientan las sociedades modernas industrializadas, sean liberales o socialistas, racionalidad que permitía mantener y confinar al mundo en su estado existente.

La Teoría Crítica asume que el teórico, el investigador, es un elemento endógeno a la realidad que interpreta y que pretende transformar. Su relación con ella es dialéctica, porque es parte constitutiva de la sociedad que pretende conocer y en la cual se origina su análisis: toda cultura pertenece a una estructura ideológica que tiende a perpetuar el sistema que la genera, desviando las acciones individuales de la emancipación así como de la propia comprensión de la realidad en la que se encuentra sumergida. La Teoría Crítica pretende liberar a los individuos de estas formas ideológicas de dominio.

Marcuse encontró en Freud la posibilidad de una praxis subversiva que desenmascarase cómo son los propios individuos los que inconscientemente reproducen e internalizan la represión de las sociedades capitalistas y comunistas, echando a perder toda revolución. Después de trabajar en la OSS (Oficina de Servicios Secretos) de Estados Unidos para luchar contra el fascismo, Marcuse publicó Eros y civilización (1955), en la que sintetizó el pensamiento de Marx y Freud, eli­minando el pesimismo de este último, que, en su obra El malestar de la cultura, afirmaba que inevitablemente toda civilización estaba estructurada sobre la re­presión y el sufrimiento. Para -Marcuse, los dos instintos fundamentales de la teoría freudiana, Eros y Thánatos, no desembocan inevitablemente en sistemas opresivos. En el propio inconsciente del hombre se encuentra la posibilidad de instaurar una sociedad no represiva, que se fundamente en la liberación de los instintos, mediante una autosublimación de la sexualidad del Eros. Todo producto y actividad cultural (arte, filosofía, etc.) evidencia un impulso inconsciente en el hombre hacia la libertad y la felicidad, capaz de instaurar una nueva sociedad libre y permisiva, en la que no se produzca un superávit de trabajo, ni restricciones innecesarias en la sexualidad, ni enajenación alguna, mediante la liberación de aquellos condicionantes históricos y sociales que reprimen el principio del placer.

La lucha por la existencia necesita la modificación represiva de los instintos principalmente por falta de medios y recursos suficientes para una gratificación integral, sin dolor y sin esfuerzo, de las necesidades instintivas. Si esto es verdad, la organización represiva de los instintos se debe a factores exógenos —exógenos en el sentido de que no son inherentes a la «naturaleza» de los instintos, sino que son producto de las especificas condiciones históricas bajo las que se desarrollan los instintos. (Eros y civilización).

Queda abierta la posibilidad de que, mediante una praxis adecuada que cambie esos condicionantes, la sociedad pueda llegar a ser libre y no represiva. Estos valores se desarrollaron en la cultura de los años sesenta; Marcuse se convirtió en su abanderado teórico y político.En 1964 escribió una obra extremadamente crítica con las sociedades capitalistas y comunistas avanzadas: El hombre unidimensional. En ella denunciaba que k aparente libertad de los sistemas democráticos escondía subrepticiamente muy sutiles y organizadas formas de represión y control social, que impedían el desarrollo dé potencial revolucionario y transformador.

Las sociedades industriales avanzadas se sirven de la cultura, los medios de in formación, la publicidad, el arte, e incluso la filosofía para reproducir y perpetuar e sistema existente, impidiendo que surja dentro de él la oposición, la crítica y la negatividad. Anticipándose a la doctrina del «pensamiento único» y de la «globalizacíón», Marcuse denuncia la unidimensionalidad, la homogeneidad aplastante del pensamiento y la acción, esferas castradas de todo impulso transformador, crítico revolucionario. Falta una verdadera conducta opositora, una cultura disidente orientada a la transformación y emancipación dé las estructuras represivas y «unidimensionales».

En contra de los postulados marxistas ortodoxos, que veían en el propio desarrollo del capitalismo la consecución de su crisis, y en la clase obrera, el proletariado, un potencial revolucionario que traería necesariamente una sociedad sin clases Marcuse cree que el capitalismo ha fagocitado la posibilidad emancipatoria de la clase trabajadora a través de una venenosa «tolerancia represiva», una política estable basada en el «bienestar» y en el control social absoluto cada vez menos identificable.

Por este motivo, la esperanza de una liberación y de la consecución de una sociedad abierta y libre, deja de estar en manos del proletariado: son las minorías no integradas, los grupos marginales y radicales, los únicos que pueden llevar a cabo una oposición total y una verdadera emancipación. A estos grupos prestó su ayuda Marcuse, alimentando una nueva izquierda contraria al marxismo ortodoxo y radicalmente crítica y opositora contra el establishment.

En sus escritos posteriores, Tolerancia represiva (1965), Ensayo sobre la libe-radón (1969) y Contrarrevo­lución y revuelta (1972), Marcuse se dedicó a vertebrar un pensamiento abiertamente crítico con el liberalismo y alentador de todo movimiento social revolucionario, lo que le granjeó la enemistad del ámbito académico más oficialista. Denunció asimismo que el movimiento de los sesenta había generado una reacción conservadora y contrarrevolucionaria, enmascarada bajo una apariencia liberal y permisiva. Esta postura enormemente crítica de sus escritos provocó que no pudiera seguir trabajando como profesor en la Universidad de Brandeist, por lo que tuvo que, marcharse a California (La Jolla), donde vivió retirado, consagrado a dar conferencias, articular grupos radicales, publicar artículos, etc., bajo una perspectiva marxista y libertaria.

Hacia el final de su vida, Marcuse dio un giro hacia la estética con su obra La dimensión estética (1979). En el arte se esconde un potencial enormemente revo­lucionario y emancipatorio que se proyecta hacia la meta de una sociedad más libre y menos represiva.

Hasta el final de sus días (muere en 1979), Marcuse fue uno ‘de los intelectuales de mayor influencia en Estados Unidos. Su importancia se fue eclipsando a medida que se desvanecían aquellos movimientos y grupos radicales de izquierda a los que él prestó su apoyo, y en razón de la clara postura neoconservadora de las so­ciedades contemporáneas. No obstante, sus escritos —algunos, inéditos, se hallan en la Stads Bibliotek de Frankfurt— suponen una de las más críticas y positivas aportaciones de la Escuela de Frankfurt. En palabras de Lubasz, que celebró una con­versación con Marcuse emitida por la BBC de Londres, la Teoría Crítica a la que pertenecía Marcuse se opuso «al primado de la producción de mercancías, a la dominación carente de sentido, a la irracionalidad, a la manipulación, a la opresión. Al margen de todo lo que, por lo demás, pueda decirse de la Escuela de Frankfurt, una cosa parece cierta: ha sido fuente de inspiración del pensamiento político crítico de nuestro tiempo. Es un ejemplo de filosofía radical».

Marcuse defendió cualquier movimiento de carácter social y revolucionario, pero, en el caso de los movimientos estudiantiles de finales de la década de los sesenta, afirmó que, bajo la apariencia de una revolución de carácter liberal y permisivo, se enmascaraba una reacción conservadora y claramente contrarrevolucionaria. Barricadas en las calles de París en 1968.

Biografia de Mao Tse Tung Revolucionario Socialista Chino Su Gobierno

Biografía y Gobierno de Mao Tse Tung Revolucionario Socialista Chino

Mao Tse-tung, revolucionario, teórico y estadista, fue durante décadas el líder indiscutible del comunismo chino. Su papel fue crucial en la creación y primer desarrollo de la República Popular China.

Poeta, erudito y hombre de acción, Mao es uno de los grandes teóricos del marxismo-leninismo en acto revolucionario, partiendo de las realidades chinas pero elevando su práctica a los problemas de la revolución mundial.

A su muerte en 1976, después de la desaparición de Chu En-lai, era el único superviviente de los hombres que forjaron el Partido Comunista e hicieron la revolución socialista en China.

En 1918 entró en contacto con grupos marxistas chinos y en 1921 participó en la fundación del Partido Comunista Chino. Siendo miembro del Comité Central, en 1923 pasó a desempeñar funciones en el Partido Nacionalista, unido por entonces al Partido Comunista.

Biografia de Mao Tse Tung

Al producirse la ruptura entre ambas organizaciones políticas en 1927, comandó un movimiento revolucionario campesino en Hunan y Jianxi, y constituyó en 1931 la República Soviética China.

Pero tuvo que huir ante los nacionalistas (la larga marcha de 1934-1935). Aliado (1937-1941) y más tarde adversario de Chang Kai-shek en la lucha contra los japoneses, reconquistó China continental (1946-1949).

Los comunistas chinos, vencedores de los nacionalistas después de una larga y sangrienta guerra civil, proclaman en Pekín, el 1º de octubre de 1949, la República Popular China. Mientras, los nacionalistas abandonan el continente y se retiran a la isla de Taiwan.

Como presidente del Consejo de la República (1954-1959) y del Partido Comunista llegó a ser el principal personaje de China e inspiró el «gran salto adelante» (1958), la ruptura con la URSS (1960) y la Revolución cultural (1966).

Su pensamiento, expresado en numerosas obras filosóficas y poéticas, fue resumido en el Libro Rojo, Citas del presidente Mae Tsé Tung.

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DESCRIPCION DE LA VIDA DE MAO TSE TUNG

Su Juventud: Mao Tse-tung era hijo de un campesino relativamente próspero de Shao Sahn, provincia de Hunan.

Obligado por su padre a abandonar los estudios para trabajar en la granja familiar, el joven Mao escapó de su casa, y en 1911 ingresó en la escuela secundaria de Changsha, donde entró en contacto con la cultura occidental y con las ideas del nacionalista Sun Yat-sen.

Ese mismo año estalló la revolución de Wuhan, que acabaría sustituyendo a la dinastía Manchú por un régimen republicano.

El joven Mao se enroló en el ejército revolucionario durante seis meses, en los que se forjaría su admiración por los líderes militares y su nacionalismo.

Vuelto a la escuela de Changsha, completó sus estudios mientras colaboraba con la revista Nueva Juventud (1915), dirigida por Chen Duxiu, que criticaba el lastre que las viejas tradiciones chinas suponían para el desarrollo del país.

También por esa época Mao comenzó sus actividades políticas fundando varias asociaciones estudiantiles, como la Sociedad de Estudios del Nuevo Pueblo.

En 1918 obtuvo el puesto de bibliotecario en la Universidad de Pekín, donde recibió la influencia de Chen Duxiu y de Li Dazhao —introductor de los estudios sobre el marxismo— y profundizó en sus lecturas revolucionarias.

Mientras pasaba una temporada en Changsa, estalló el movimiento revolucionario del 4 de mayo (1919), opuesto a la imposición de mandatos japoneses en China por el tratado de Versalles.

A lo largo de estas protestas los radicales chinos derivaron hacia el marxismo-leninismo y el abandono de la cultura tradicional china; aparecía una nueva generación en la escena política.

Mao organizó actividades revolucionarias en Changsa y fundó la rama local de la Liga de Jóvenes Socialistas (1920).

El campesino rebelde: Hacia 1918, trabajando como auxiliar de la Biblioteca de Pekín, descubrió el pensamiento de Karl Marx, inspirador de la Revolución Rusa.

Mao entró en contacto con otros revolucionarios chinos y con ellos fundó en 1921 el PCCh. Culminaba asila etapa de preparación del hombre que iba a transformar China.

En 1927, tras estallar la guerra civil con el gobierno nacional presidido por Chiang Kai-Shek, Mao inició la revolución campesina en Hunan, su provincia natal. Asimismo, en territorios de Hunan y Kiangsi fundó en 1931 una república soviética china.

Sin embargo, el poderoso ejército nacionalista aumentó cada vez más su presión militar y los comunistas debieron retirarse hacia el noroeste del país en octubre de 1934.

El PCC y el Kuomintang

En 1921 se convirtió en uno de los miembros fundadores del Partido Comunista Chino (PCCh ó PCC). Poco después se produjo la alianza con el Kuomintang de Sun Yat-sen (1923), con el objetivo común de «derrocar al imperialismo».

Mao pasó a ser miembro de la directiva del partido.

Convencido del potencial revolucionario de la población campesina, en la Encuesta sobre el movimiento campesino en el Hunan (1927) reflejó su convicción de que el mundo rural podía ser la fuente del resurgimiento chino.

La muerte de Sun Yat-sen (1925) propició la ascensión en el Kuomintang del general Chiang Kaishek, que unificó a las fuerzas conservadoras del partido y alejó del poder a los izquierdistas.

A pesar de ello, tanto los comunistas chinos como la URSS continuaron colaborando con el Kuomintang, en la esperanza de alcanzar juntos los fines revolucionarios.

En 1926 Jiang emprendió una gran expedición hacia el norte para someter a los <<señores de la guerra» locales, derrocar al gobierno conservador de Pekín y unificar el país. En ella contó con el apoyo de los obreros, los comunistas y el movimiento campesino.

Tras varios éxitos, Chiang emprendió la represión de sus antiguos aliados en los territorios que controlaba (1927).

Mao, junto con otros líderes comunistas, organizó un ejército capaz de enfrentarse a las fuerzas nadonalistas y al mismo tiempo logró el apoyo campesino mediante la puesta en marcha de una reforma agraria.

Biografia de Mao Tse Tung Revolucionario Socialista ChinoDesde su refugio en las montañas de Jiangxi y auxiliado por Zhu De como jefe militar, desarrolló una guerra de guerrillas en el medio rural, que obtuvo algunos éxitos.

Pero la insistencia del comité central del partido y de la Internacional Comunista en llevar la lucha a las grandes ciudades provocó nuevos desastres, y Mao ordenó la retirada de sus fuerzas, oponiéndose a los dirigentes del PCC (1930).

Vuelto a su base de Jiangxi, reorganizó sus fuerzas y rechazó varias ofensivas nacionalistas. En 1931 se convirtió en presidente de la República Soviética China de Jiangxi, aprovechando la distracción de las fuerzas nacionalistas por la invasión japonesa de Manchuria.

La Larga Marcha y la guerra chino-japonesa

La masiva campaña militar emprendida por Chiang (1934) desalojó a los comunistas de Jiangxi. 100.000 militantes emprendieron junto a Mao una Larga Marcha de 10.000 Km. hasta encontrar un nuevo refugio en Yan’an, al noroeste (1935).

Durante su transcurso, Mao se hizo por fin con las riendas del PCC y consiguió restaurar la moral y el espíritu combativo de los 10.000 soldados que llegaron al final del viaje.

Ante la invasión japonesa, que desde 1937 pretendía controlar toda China, el PCC y el Kuomintang unieron sus fuerzas contra el enemigo común. Durante la guerra chino-japonesa (1937-1945) los comunistas lideraron la lucha contra el invasor, aumentando su popularidad, completada con reformas agrarias favorables al campesinado. Al mismo tiempo aumentaron sus efectivos militares.

En esos años Mao escribió varias obras: Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria en China (1936), Sobre la práctica, Sobre la contradicción (1937), Sobre la guerra prolongada y La nueva democracia (1938).

Por esa misma época comenzó un proceso de «sinización» del marxismo, que buscaba su adaptación a la realidad china frente a las tesis dictadas en Moscú.

Su campaña de rectificación (1942-1943) le sirvió para educar a los nuevos militantes comunistas y para restar influencia a los líderes pro soviéticos, reforzando su poder personal sobre el partido, del que se convirtió en presidente en 1943.

La guerra civil y el nacimiento de la República Popular

Tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial y su retirada de China, el PCC y el Kuomintang reiniciaron la guerra civil (1945-49).

A pesar de la superioridad d sus fuerzas y del apoyo estadounidense, el Kuomintang fue perdiendo terreno ante los comunistas, que, incluso sin el apoyo soviético, contaban con una superior organización, el apoyo de millones de campesinos y la buena disposición de la población de los territorios que controlaban.

La brutalidad, el despotismo, la corrupción y los errores militares del régimen nacionalista fueron sus peores enemigos; tras sucesiva derrotas, en 1949 sus líderes abandonaron el continente, estableciendo un nuevo Estado en la isla de Formosa (Taiwán).

El 1 de octubre Mao proclamó en Pekín la Re pública Popular China y se convirtió en el jefe del gobierno.

Ese mismo año había publicado De la dictadura democrática popular, donde establecía las bases del gobierno popular y preveía la eliminación de los «enemigos del pueblo».

La represión de los elementos contrarrevolucionarios se llevó a cabo masivamente en 1951.

Al mismo tiempo se emprendió la ingente tarea de la reconstrucción económica y la modernización del país, adoptando para ello el modelo soviético de planes quinquenales (1953).

Ante una multitud reunida frente al antiguo palacio imperial de Pekín, Mao Tse Tung, presidente del Partido Comunista Chino (PCCh) proclamó, el 1º de octubre de 1949, la fundación de la República Popular China.

De las Cien Flores a la Revolución Cultural

Presidente de la República desde 1954, al año siguiente Mao anunció el abandono del modelo soviético de desarrollo, convencido de que la colectivización agraria debería extenderse por todo el país para mejorar las condiciones de vida de la población y lograr una transformación social.

Para Mao la movilización social era el requisito necesario para el progreso técnico, y no al revés.

Se apoyó en los cuadros provinciales y locales para vencer las resistencias en el seno del comité central del partido.

Con la campaña de las Cien Flores (1956-57) intentaba atraerse a los intelectuales y a las clases no revolucionarias, permitiendo la libre expresión de sus ideas.

Pero cuando la libertad de expresión se tradujo en críticas al poder del partido y su dirigente, Mao suspendió rápidamente el experimento.

Su siguiente campaña, el Gran Salto Adelante (1957-58), pretendía multiplicar la producción agrícola e industrial, mediante vastos proyectos de colectivización.

Pero los problemas técnicos y de planificación y la retirada de las ayudas soviéticas provocaron una grave crisis económica.

Mao renunció a la presidencia de la República (1958), pero seguía al frente del partido.

Ante la creciente oposición en el seno de dicha organización, Mao comenzó a apoyarse en el ejército y en su jefe Lin Piao (1960).

En 1963 se produjo la ruptura con la URSS; la nueva situación de distensión Este-Oeste y la insistencia soviética en que China redujera su agresividad regional convencieron a Mao de que la URSS habla traicionado los principios de la revolución, y de que China debía asumir el liderazgo comunista, especialmente en el Tercer Mundo.

La necesidad de superar los desastrosos efectos del Gran Salto Adelante obligó a Mao a tolerar los planes de recuperación económica apoyados por Liu Shaoqi (nuevo presidente de la China) y Deng Xiaoping, abandonando su sueño colectivista. Sin embargo, a partir de 1962 intentó oponerse al «desviacionismo capitalista» de las nuevas políticas.

Por ello desarrolló un Movimiento de Educación Socialista, con escaso éxito. La ruptura entre Mao y sus críticos, encabezados Liu Shaoqi y Peng Zhen, estalló en 1965. Desde Shangai, Mao preparó un proceso de depuración ideológica, conocido como la Revolución Cultural Proletaria.

Pretendía devolver la voz y el poder al pueblo, frente a las burocracias del partido. Decenas de miles de Guardias Rojos, jóvenes aleccionados con la lectura del Libro rol (colección de citas de Mao publicada por primera vez en 1964) destruyeron todo indicio de burocratización y aburguesamiento en el partido y el Estado. Este proceso sirvió también para eliminar, incluso físicamente, a todos los elementos críticos y a los que se oponían a la idea de revolución constante de Mao, o simplemente a su creciente poder personal.

El reflujo: Pero el cuestionamiento de toda autoridad implicaba el riesgo de anarquía, y a partir de 1969 Mao se apoyó cada vez más en el ejército frente a los comités revolucionarias populares. El IX Congreso del PCCh (abril) restableció en sus cargos a muchos de los antiguos dirigentes, aunque tendrían que compartir el poder con las nuevas fuerzas emergidas de la Revolución Cultural. El nuevo primer ministro Chou Enlai fue el encargado de diseñar una fórmula de compromiso entre el partido, los comités revolucionarios y el ejército, que se rompería a favor del primero en 1971.

Durante esos años también se produjo una apertura al exterior, la RPCh ingresó en la ONU (1971) y Mao se entrevistó con diversos mandatarios de potencias capitalistas. Sus últimos años estuvieron presididos por la lucha en torno a su sucesión. Tras la muerte de Lin Piao (1971) y Chou Enlai (1976), el grupo pragmático encabezado por Deng Xiaoping logró desbancar a los radicales de la Banda de los Cuatro.

A pesar de la campaña de «desmaoización» tras la muerte del histórico dirigente (9 de septiembre de 1976), éste permanece como símbolo de la nueva China.

AMPLIACIÓN DE SU BIOGRAFÍA:
SUS ULTIMOS AÑOS: A comienzos de 1967 estaban ya definidos los objetivos políticos de la revolución: extensión de la misma a campos y fábricas, fusión de intelectuales y estudiantes con obreros y campesinos, desarrollo de una amplia democracia en el seno de las masas y crítica de la línea burguesa.

En Shanghai, los «obreros rebeldes» accedían a la toma del poder en la vida ciudadana; por todo el país hubo comités revolucionarios con esta función. Por su parte, el «centro» trató de consolidar la alianza entre «obreros rebeldes», cuadros revolucionarios y ejército popular para madurar los resultados alcanzados.

La asunción del control desde el otoño de 1968 cedió paso a nuevas oleadas de vanguardias obreras en dirección a centros escolares, administración, etc., para culminar el proceso revolucionario.

Luego de la condena y exclusión de Liu Shao-chi (octubre de 1968) tuvo lugar el IX congreso del Partido Comunista (abril de 1969), cuando las tensiones fronterizas con la URSS (río Ussari) alcanzaban mayor virulencia. El congreso cerraba una etapa de aguda lucha antirrevisionista, pero no era el fin de la lucha de clases en la fase de transición.

Consolidado el pensamiento de Mao como eje de la revolución china, Chu En-lai cohesionó el estado y sus aparatos, mientras que Lin Piao, cuyo papel fue determinante al frente del ejército popular, fue designado por el congreso sucesor de Mao en calidad de vicepresidente del estado. Un año después intentaba, apoyado por Chen Po-ta, hacerse con la dirección del país en el pleno del comité central en Lushan (1970).

Entre este fracaso y su muerte (septiembre de 1971, al intentar huir a la URSS tras un complot abortado) se dibuja un proceso de oposición a Mao en torno a dos ejes: la recomposición de las relaciones con Estados Unidos y la preponderancia del ejército sobre el Partido. Tras la muerte de Lin Piao, Chen Po-ta era excluido del comité central y del partido (inicios de 1972) y, en 1973, diversos dirigentes purgados durante la revolución cultural eran restituidos en sus cargos.

El X congreso (agosto de 1973) reafirmó la unidad, dañada por los acontecimientos de 1970-1971. Pero, al mismo tiempo, preveía que las orientaciones económicas y sociales debían ser clarificadas por el Consejo consultivo político del pueblo chino y por la Asamblea nacional popular (reunida en 1975 al proclamarse la nueva constitución), una vez las conquistas de la revolución cultural en la superestructura eran confirmadas como avance en la vía socialista: derecho a la rebelión; deber de ir a contracorriente; reducción de la burocracia a su más simple expresión; ascenso de los «obreros rebeldes» a cargos de dirección del Partido.

En el IX congreso, las relaciones con la URSS estuvieron en primer plano, pero el X congreso (informe de Chu En-lai) ponía más énfasis en el llamado «tercer mundo». El «socialimperialismo» de la URSS, adversario más temible en el plano táctico, no ocultaría, sin embargo, que Estados Unidos continúa con sus características imperialistas.

Las relaciones chino-norteamericanas parecían situarse en su justo lugar después de las visitas de Kissinger y Nixon a China (1971-1972) y del primer ministro japonés Tanaka, que dieron lugar al restablecimiento de relaciones con Estados Unidos y Japón, seguidas por todo el mundo capitalista.

China parecía entrar, desde 1970, en el juego estipulado por Estados Unidos y la URSS (potencia nuclear; ingreso en la ONU, 1971), y mantenía relaciones con regímenes fascistas (Chile) o apoyaba movimientos neocolonia-les (Angola) dando argumentos a quienes creían desaparecido el internacionalismo chino de los años sesenta.

Desde la óptica china lo que ha cambiado, sin embargo, merced al fracaso del imperialismo en Asia (Vietnam; poder socialista mantenido en China; ascenso de regímenes socialistas en Camboya y Laos) es la política de Estados Unidos para mantener aislada a China del contexto internacional, con el apoyo indirecto y eventual de la URSS.

En otro sentido, utilizando las diversas contradicciones (Europa-Estados Unidos y Europa-URSS), China iría acercándose a otros países capitalistas con el fin de debilitar la política excluyente de las dos grandes potencias, merced a explotar la amenaza sobre los países situados en la denominada por Mao «zona intermedia», y siguiendo el axioma maoista acerca De las RELaciones internacionales: «los países quieren la independencia, las naciones la liberación, y el pueblo quiere la revolución.»

Biografia de Karl Marx Socialista El Materialismo Dialéctico (301)

Biografía de Karl Marx Socialista
El Materialismo Dialéctico

«Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto hasta él, bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben; por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo.»

FRIEDRICH ENGELS

Karl Marx, teórico, filósofo y científico alemán, fue el padre del materialismo dialéctico, teoría que revolucionó el pensamiento económico y social a finales del siglo XIX. Desde un punto de vista crítico, analizó con rigor el modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él, describiendo la plusvalía, la ley específica que mueve dicho sistema.

Señaló que el capitalismo —al igual que los modos de producción que lo precedieron, como el feudalismo o el esclavismo— era un sistema que, debido a sus propias contradicciones antagónicas, irresolubles, llevarla a frenar y revertir el desarrollo de la humanidad, a menos que fuese sustituido por un nuevo modo de producción, de economía planificada y sin clases: la sociedad comunista. Este proceso de transformación, en la concepción de Marx, sólo podía ser llevado adelante por los trabajadores mediante una revolución de alcance mundial.

Estas ideas, planteadas a partir del Manifiesto comunista de 1848, fueron desarrolladas por Marx a lo largo del resto de su vida, y constituyeron la base del llamado “socialismo científico” y el fundamento teórico e ideológico de los partidos y movimientos políticos marxistas que se constituyeron desde la segunda mitad del siglo XIX.

Al mismo tiempo, hallaron fuertes cuestionamientos de parte de los defensores del capitalismo y de parte de distintas corrientes socialistas y anarquistas, al punto de que la teoría elaborada por Marx, hasta la actualidad, constituye una de las concepciones sociales, políticas y económicas sobre las que más se ha polemizado.

Resumen de notas biográficas: Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris (ciudad de la Prusia renana). Su padre, un abogado judío, se convirtió al protestantismo en 1824. Su familia era acomodada y culta, aunque no revolucionaria. Después de cursar en Tréveris los estudios de bachillerato, Marx se matricula en la universidad, primero en la de Bonn y luego en la de Berlín, donde estudió la carrera de derecho, aunque sus intereses se centraron, sobre todo, en  el análisis de la historia y la filosofía.

Terminados sus estudios universitarios, en 1841 presentó una tesis sobre la filosofía de Epicuro. Sus ideas eran todavía las de un idealista hegeliano. En Berlín se acercó al círculo de los hegelianos de izquierda (Bruno Bauer y otros), que intentaban extraer de la filosofía de Hegel conclusiones ateas y revolucionarias. Posteriormente, Marx se trasladó a Bonn, con la intención de hacerse catedrático.

Pero la política reaccionaria del gobierno —que en 1832 había despojado de la cátedra a Ludwig Feuerbach, negándole nuevamente la entrada en las aulas en 1836, y que en 1841 retira al joven profesor Bruno Bauer el derecho a enseñar desde la cátedra de Bonn— le obligó a renunciar a la carrera académica. En esta época, las ideas de los hegelianos de izquierda hacían rápidos progresos en Alemania.

Fue Ludwig Feuerbach quien, sobre todo a partir de 1836, se entregó a la crítica de la teología, comenzando a orientarse hacia el materialismo. «Hay que haber vivido la influencia liberadora de estos libros», escribe Engels años más tarde refiriéndose a esas obras de Feuerbach. «Todos nosotros (es decir, los hegelianos de izquierda, entre ellos Marx), al punto nos hicimos feuerbachianos

Por aquel entonces, los burgueses radicales renanos, que tenían ciertos puntos de contacto con los hegelianos de izquierda, fundaron en Colonia un periódico de oposición. la Gaceta del Rhin (que comenzó a publicarse el 1 de enero de 1842). Sus principales colaboradores eran Marx y Bruno Bauer; en octubre de 1842, Marx fue nombrado redactor jefe del periódico y se trasladó de Bonn a Colonia. Bajo la dirección de Marx, la tendencia democrática revolucionaría del penódico fue acentuándose, y el gobierno lo sometió a censura, para acabar ordenando su total supresión a partir del 1 de enero de 1843.

Entre los artículos más importantes, publicados por Marx en la Gaceta del Rhin, Engels menciona el que se refiere a la situación de los campesinos viticultores del valle del Mosela. En 1843, Marx se casó en Kreuznach con Jenny von Westphalen, amiga suya de la infancia, con quien se había prometido ya de estudiante. Pertenecía su mujer a una reaccionaria y aristocrática familia prusiana.

Su hermano mayor fue ministro de la Gobernación en Prusia entre 1850 y 1858. En el otoño de 1843, Marx se trasladó a Paris, con el propósito de editar allí, desde el extranjero, una revista de tipo radical en colaboración con Arnoldo Ruge, hegeliano de izquierda. De esta revista, titulada Anales franco-alemanes, sólo llegó a ver la luz el primer cuaderno. La publicación debió interrumpirse a consecuencia de las dificultades con que tropezaba su difusión clandestina en Alemania y de las discrepancias surgidas entre Marx y Ruge.

Los artículos de Marx en los Anales nos muestran ya al revolucionario que proclama la «crítica despiadada de todo lo existente» y, en especial, la «crítica de las armas», apelando a las  masas y al proletariado. En septiembre de 1844 pasó unos días en París Friedrich E quien se convirtió a partir de ese momento en amigo íntimo de Marx.

Ambos to conjuntamente parte activa en la vida, febril por aquel entonces, de los grupos reaccionarios de París (especial importancia revestía la doctrina de Proudhon, sometida Marx a una crítica demoledora en su obra Miseria de la Filosofía, publicada en la en lucha enérgica contra las diversas doctrinas del socialismo pequeñoburgués, creyeron la teoría y la táctica del socialismo proletario revolucionario o comunismomo).

En 1845, a petición del gobierno prusiano, Marx fue expulsado de París co revolucionario peligroso, y fijó su residencia en Bruselas. En la primavera de 1847, Engels se afiliaron a una sociedad secreta de propaganda, la Liga de los Comunistas  maron parte destacada en el II Congreso de dicha organización (celebrado en Lo en noviembre de 1847) y redactaron, por encargo del mismo, el famoso Manifiesto Comunista, que vio la luz en febrero de 1848.

Esta obra expone, con una claridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo; el materialismo consecuente ap también al campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda trina del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico dial del proletariado como creador de una sociedad nueva, la sociedad comunista.

Al estallar la revolución de febrero de 1848, Marx fue expulsado de Bélgica y trasladó nuevamente a Paris, desde donde, después de la revolución de marzo pasó a Alemania, estableciéndose en Colonia. Del 1 de junio de 1848 al 19 de mayo 1849 se publicó en esta ciudad la Nueva Gaceta del Rhin, que tenía a Marx como redactor jefe.

El curso de los acontecimientos revolucionarios de 1848 y 1849 vino a confirmar de un modo brillante la nueva teoría, como habrían de confirmarla también en lo sucesivo todos los movimientos proletarios y democráticos de todos los países del mundo. Triunfante la contrarrevolución, Marx tuvo que comparecer ante los tribunales y, si bien resultó absuelto (el 9 de febrero de 1849), posteriormente fue expulsado de Alemania (el 16 de mayo de 1849). Vivió en París durante algún tiempo pero, fue expulsado nuevamente de esta capital después de la manifestación del 13 de junio de 1849, se instaló en Londres, donde pasó el resto de su vida.

Las condiciones de la vida en la emigración eran extraordinariamente penosas como prueba la correspondencia entre Marx y Engels (editada en 1913). Apartandose de los círculos de emigrados y concentrando sus fuerzas en el estudio de la economía política, Marx desarrolló su teoría materialista en una serie de trabajos históricos. Sus obras Contribución a la crítica de la economía política (1859) y El capital (1867) significaron una revolución en esta ciencia.

Friedrich Engels describe a Marx también como un hombre de acción: «La época de la animación de los movimientos democráticos, a fines de la dé de los cincuenta y en la década de los sesenta, llamó de nuevo a Marx al trabajo práctico. El 28 de septiembre de 1864 se fundó en Londres la famosa I internacional, la Asociación Internacional de los Trabajadores.

Alma de esta organización Marx, que fue el autor de su primer Manifiesto y de un gran número de acuerdos ,declaraciones y llamamientos. Con sus esfuerzos por unificar el movimiento obrero de los diferentes países y por traer a los cauces de una actuación común las diversas formas del socialismo no proletario premarxísta (Mazzini, Proudhon, Bakunin, eltradeunionismo liberal inglés, las oscilaciones derechistas de Lassalle en Alemania, etc.), Marx, a la par que combatía las teorías de todas estas sectas y escuelitas, fue forjando la táctica común de la lucha proletaria de la clase obrera en los distintos países.

Después de la calda de la Comuna de París (1871)—que Marx (en La guerra civil en Francia, 1871) analizó de un modo tan profundo, tan certero y tan brillante, con tan gran espíritu práctico y revolucionario—, y al producirse la escisión provocada por los bakuninistas, la Internacional no podía subsistir en Europa. Después del Congreso de La Haya (1872), Marx consiguió que el Consejo General de la Internacional se trasladase a Nueva York.

La I Internacional habla cumplido su misión histórica y cedió el campo a una época de desarrollo incomparablemente más amplio del movimiento obrero, engendrando partidos obreros socialistas de masas dentro de cada Estado nacional. La intensa labor en la Internacional y los estudios teóricos, todavía más intensos, quebrantaron definitivamente la salud de Marx. Éste prosiguió su obra de transformación de la economía política y se consagró a terminar El capital, reuniendo con este objeto una infinidad de nuevos documentos y poniéndose a estudiar varios idiomas (entre ellos el ruso), pero la enfermedad le impidió dar cima a El capital.

El 2 de diciembre de 1881 murió su mujer. El 14 de marzo de 1883, Marx se dormía dulcemente para siempre en su sillón. Yace enterrado, junto a su mujer, en el cementerio de Highgate de Londres. Varios hijos de Marx murieron en la infancia, en Londres, cuando la familia atravesaba extraordinarias dificultades económicas. Tres de sus hijas contrajeron matrimonio con socialistas de Inglaterra y Francia: Eleonora Eveling, Laura Lafargue y Jenny Longuet».

Origenes del anarquismo Diferencias Socialismo y Anarquismo Resumen

Orígenes del Anarquísmo – Diferencias entre Socialísmo y Anarquismo

El anarquismo:

  Proudhon)El término «anarquía» y sus derivados, originarios de la voz griega anarchos («sin mando»), fueron usados por primera vez en sentido político durante la Revolución Francesa.

En la década de 1840, Proudhon reivindicó positivamente tales términos aplicándolos a sus teorías. Posteriormente, Bakunin, Kropotkin y Malatesta abundaron en las ideas expuestas por aquél y las forjaron en una práctica revolucionaria. (imagen: Proudhon)

De este modo, en la segunda mitad del siglo XIX se desarrolló una corriente ideológica autónoma denominada «anarquismo», de gran aceptación entre las masas populares, que compitió con el marxismo en capitalizar el movimiento obrero.

No obstante, su proyección histórica fue menor que la del socialismo científico, tanto por sus propias limitaciones teóricas cuanto por la mayor represión de que fue objeto.

El anarquismo no es una doctrina rígida y monolítica, sino que posee múltiples variantes, inherentes a su propia naturaleza, que insiste en el adogmatismo, la libertad de elección y la primacía del criterio individual. En conjunto, constituye un sistema de pensamiento que pretende transformar la estructura de la sociedad sustituyendo el estado por fórmulas de cooperación no gubernamentales entre individuos enteramente libres.

1) La autonomía individual. El análisis de la naturaleza humana parte de un hecho incontrastable: su libertad absoluta. Los anarquistas propugnan el antiautorítarismo y desdeñan los poderes autolimitados, como la democracia parlamentaria, pues implica la delegación de la soberanía individual y la renuncia a la toma de decisiones personales. Desconfían de los partidos políticos en cuanto reproducen las relaciones de poder en su organización interna.

2) La revolución anarquista. Se busca la libertad total con un sentido solidario: no habrá libertad individual sin libertad comunitaria. Los anarquistas se consideran apolíticos y antipolíticos, rechazan la acción política y la propia conquista del estado. Sus medios de lucha son esencialmente sociales y económicos. La revolución social dependerá de la actuación libremente adoptada por cada individuo soberano: se afirma un voluntarismo revolucionario, contrario a las tesis marxistas.

3) La nueva sociedad. «Destruyo y edifico» es el lema de Proudhon. Simboliza las dos vertientes de la teoría anarquista. Por un lado, la necesidad de abolir el estado, las naciones y sus relaciones de propiedad mediante la violencia. Por otro, la creación delverdadero orden social asentado en principios morales defensores de la libertad e igualdad de todos los in dividuos: la instauración del socialismo libertario.

El individualismo de concepto e interpretación propio del anarquismo no excluye tendencias al pensamiento de grupo, forjadas a partir de circunstancias comunes y afinidades personales. La impronta marcada por autores sobresalientes se traduce en el reconocimiento de sus aportaciones por parte del movimiento anarquista.

De este modo, surgieron diversas corrientes o escuelas englobadas bajo el título genérico de «anarquistas». Sus diferencias estriban, en gran medida, en actitudes y conceptos variados o contrapuestos acerca de los métodos revolucionarios (el recurso a la violencia) y la Organización económica de la nueva sociedad.

1) Individualistas y nihilistas. Max Stirner (1 806-1 856) plasmó en El único y su propiedad una visión individualista del hombre, despojado de cualquier referencia social. Exalta como único valor el «yo», preconizando una «unión de egoístas» y el enriquecimiento personal sin ninguna solidaridad. Esta interpretación dedvó en el nihilismo, que rechaza cualquier principio moral o ley natural.

2) Mutualistas. Seguidores de Proudhon, creyeron en la resolución del problema social sin violencia. El cambio llegaría de la proliferación de sociedades de apoyo mutuo que aseguraran la justicia a través del intercambio recíproco de bienes, servicios y valores morales.

3) Anarco-colectivistas. También llamados bakuninistas, en honor del ruso Mijail Bakunin (1814-1876) (imagen), impulsor delruso Mijail Bakunin  movimiento anarquista en Europa. Bakunin heredó de Proudhon el federalismo y la importancia concedida a las asociaciones de obreros. En cambio, entendía que la violencia era consustancial a la revolución. Cataloga al campesinado no propietario como el principal motor revolucionario y defiende la colectivización de los medios de producción a cargo de instituciones (comunas) de voluntaria integración, pero manteniendo el salario como forma de distribución de la producción.

4) Anarco-comunistas. El príncipe ruso Piotr Kropotkin (1842-1 921) revitalizó el anarquismo sobre fundamentos científicos y con un componente ético más acusado. En contra de los anarco-colectivistas, negó la validez del salario como forma de retribución en la sociedad futura. El principio «de cada uno según sus recursos, a cada uno según sus necesidades» recoge el espíritu de esta escuela, cuyo proyecto se denomina «comunismo libertario».

5) Anarco-sindicalistas. Esta doctrina predica la fusión del anarquismo con el sindicalismo. El sindicato se convierte en el centro de la actividad obrera y los medios de lucha y concienciación se amplían. Incluían una nueva táctica, la huelga general, con la que se pretendía el colapso del sistema capitalista , y en última instancia, la revolución.

Ni Iglesia ni Estado
En la naturaleza como en la sociedad humana, que no es aún otra cosa que esa misma naturaleza, todo lo que vive, vive sólo con esa condición suprema de intervenir de la manera más positiva, y tan poderosamente como lo comporte su naturaleza, en la vida ajena.

La abolición de esta influencia mutua sería, pues, la muerte. Y cuando reivindicamos la libertad de las masas no pretendemos en absoluto abolir ninguna de las influencias naturales de ningún individuo ni de ningún grupo de individuos que ejercen su acción sobre ellas. Lo que queremos es la abolición de las influencias artificiales, privilegiadas, legales, oficiales.

Si la Iglesia y el Estado pudieran ser instituciones privadas, nosotros seríamos indudablemente sus adversarios, pero no protestaríamos contra su derecho de existir. Pero protestamos contra ellos porque siendo indudablemente instituciones privadas en el sentido de que sólo existen en efecto para el interés particular de las clases privilegiadas, no por ello se sirven menos de la fuerza colectiva de las masas organizadas con objeto de imponerse autoritaria, oficial y violentamente a las masas.
BAKUNIN

Rebeldía contra el Estado (…)Estado es una institución histórica, transitoria, una forma pasajera de la sociedad. (…) La rebeldía es mucho más fácil contra el Estado, puesto que en la naturaleza misma del Estado hay algo que provoca a la rebeldía. El Estado es la autoridad, es la fuerza, es la ostentación y la infatuación de la fuerza. No se insinúa, no trata de convertir: y siempre que lo intenta, lo hace mili muy mala pata; pues su naturaleza no consiste en persuadir, sino en imponerse, en forzar.

Se esfuerza un poco con enmascarar su naturaleza de violador legal de In voluntad de los hombres, de negación permanente de su libertad. Incluso cuando ordena el bien, lo perjudica y echa a perder, precisamente porque lo «ordena», y que toda orden provoca y suscita las rebeldías legítimas  do la libertad; y porque el bien, desde el momento que es  ordenado, desde el punto de vista de la auténtica u moral, de la moral humana (no divina por supuesto), desde el punto de vista del respeto humano y de la  libertad, pasa a ser el mal. La libertad, la moralidad y la digitad humana del hombre consisten precisamente un uso, en que hace el bien no porque se le ordena sino porque lo concibe, lo quiere y lo ama.
BAKUNIN.- La libertad.

DIFERENCIAS ENTRE EL MARXISMO Y EL ANARQUISMO:

a) Diferente concepción de la historia. Marx concibe la historia como un proceso de fuerzas suprapersonales, cuyas piezas son las clases; Bakunin centra su atención en el hombre concreto, al que considera capaz de vencer las fuerzas de la historia. Fuerza social frente a fuerza individual.

b) Preparación de la revolución social. La revolución social requiere una preparación -es una idea marxista que Lenin llevará a su grado máximo-. La clase revolucionaria es el proletariado industrial y su primera fase la toma de conciencia de clase, la conciencia de pertenecer al grupo social caracterizado por la no posesión de los medios de producción. Estas ideas de Marx son rechazadas por Bakunin. Acciones individuales, actos espontáneos y aislados, pueden crear una situación revolucionaria; es la «propaganda por el hecho».
Además, para Bakunin los campesinos constituyen masas revolucionarias en potencia. El marxismo prendió en países industriales: Inglaterra, Alemania, Francia; el bakuninismo, en países agrarios: Rusia, España.

c) La dictadura del proletariado. Tras la conquista del poder, es una fase inexcusable para Marx. La oposición de Bakunin a toda forma de poder le lleva a rechazarla de plano.

La posición de las dos corrientes difiere porque los marxistas aceptan el juego político, con intervención en elecciones y parlamentos, en tanto los anarquistas abominan de la política, no llegan a fundar partidos sino sindicatos y no participan en el juego electoral. De la misma forma mientras los partidos socialistas procedieron a alianzas con partidos burgueses de la izquierda republicana en varios países, los anarquistas actuaron siempre en solitario. Es indudable que la presencia socialista en la historia política ha sido mucho más importante que la anarquista.

d) Diferencias en el plano nacional e internacional. Si en el plano antropológico el anarquismo ha resaltado al individuo o a la colectividad local frente a la organización nacional de que se dotaron los partidos socialistas marxistas, en el plano internacional los anarquistas optaron por las opciones nacionales –y dentro de ellas por las regionales, con clara preferencia por el federalismo-, a diferencia de sus oponentes, que postularon la internacionalización del movimiento obrero y el carácter unitario que debía asumir la lucha del proletariado.

No resulta difícil en una espigada lectura de páginas de los dos pensadores encontrar puntos en los que el juicio es opuesto. Se explica así el choque en los primeros Congresos obreros y la prohibición temprana de asistencia de los anarquistas a los mismos.

En la revolución rusa del año 1917, Lenin, que sigue el ideario marxista, eliminará en seguida a los anarquistas, porque considera que su individualismo y la pretensión de autonomía de las aldeas y ciudades es peligrosa e incompatible con el proyecto de transformación de Rusia. Un anarquista, Volin, expuso en un libro con toda claridad la incompatibilidad entre los proyectos de Lenin y los de los anarquistas.

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PARA SABER MAS…

Entre los principales pensadores anarquistas se impone comentar a Max Stirner, Joseph Proudhon, Mijait Aleksandrovitch Bakunín y Pedro Kropotkin , quienes elaboraron una verdadera doctrina.

MaxStirner: (1806 —1856). Este filósofo estuvo relacionado en sus comienzos con el hegelianismo de izquierda. Para Stirner, el centro de todo es el hombre, pero no el hombre como grupo humano o en sentido generalísino el individuo, y más concretamente «yo mismo». Desarrolla la idea del «único», que «soy yo mismo» y que existe y es una realidad anterior a toda exterioridad.

Por lo tanto,el «único» es anterior e independiente de toda forma social (el estado, las leyes, etc.). Rechaza Stirner toda forma de coacción que pueda someter al «único» y proclama que debe tener libertad absoluta, y en forma libre unirse con los otros «únicos».

Resumiendo, Stirner propugna la independencia del «único» y de todas las formas de coacción a través de la supresión de sus fuentes: estado-leyes- religión- etc. De esa manera se podrá desarrollar libremente el «único» y podrá establecer libres relaciones con los otros «únicos».

Joseph Proudhon: (1809-1865). Vinculado a los socialistas utópicos, Proudhon se sitúa en una posición antagónica al individualismo absoiuto y al socialismo estatal. Concibe la justicia como una armonía universal y niega a ésta el derecho a convalidar el dominio de un grupo humano sobre otro. Dice que la forma de relación económica y moral destruyen el equilibrio esencial de la humanidad.

Propone la supresión del estado y la formación de asociaciones libres basadas en el mutualismo. Estas asociaciones cooperarán en forma natural y equilibrada entre si,bajo el signo de la armonía universal que es la verdadera justicia.

Mijáil Aleksandrovitch Bakunin: (1814—1876). Oficial del ejército ruso en su juventud, se desvinculó de este atraído por las ideas de libertad y justicia social. Se relacionó con Marx, Proudhon y los hegelianos de izquierda,quienes ejercieron gran influencia en su pensamiento. Bakunin es considerado el principal inspirador del anarquismo.

Toda su vida,hasta su muerte,estuvo presidida por la actividad anarquista y las conspiraciones. Se adhirió a la Internacional,de la que luego se separa para fundar su propia organización (Alianza Revolucionaria Socialista) que alcanzó gran influencia en España e Italia y a través de los inmigrantes de estos países en Argentina.

En el seno de la Internacional se opuso a Marx y a los socialistas autoritarios. Frente a estos oponía la libertad del individuo y el anarquismo colectivista. Decía que la sociedad debe organizarse en forma socialista para evitar los privilegios y las injusticias, pero en un socialismo de las fuerzas productivas y no de carácter político y autoritario.

Propugnaba |a formación de asociaciones agrícolas e industriales que formarían confederaciones. Para Bakunin era fundamental la abolición del estado, la propiedad y la familia patriarcal.

Todo esto serla llevado a cabo por medio de la revolución libertaria, opuesta a la revolución autoritaria de los marxistas.

Bakunini exaltó la libertad de la voluntad, pero diciendo que era relativa y calificada. Para él la libertad es el dominio sobre las cosas exteriores, basado en observación respetuosa de las leyes de la naturaleza. En el terreno ético decía que la moralidad anarquista es la moralidad verdaderamente humana.

Pedro Kropotkin: (1842-1921). Fue uno de los principales jefes del anarquismo, cuya teoría propagó incansablemente. Se adhirió a la primera internacional, que luego dejó por diferencias ideológicas.

Kropotkin basa sus teorías en la libertad del individuo, la ayuda mutua y la moralidad basada en ésta. Dice que el hombre lucha contra sus semejantes porque le obligan a ello, y es así porque la presión del estado y los grupos sociales eliminan sus impulsos básicos. Si el hombre es dejado a su albedrío ayudaría naturalmente a sus semejantes.

Es por esto que se impone la supresión del estado para que el individuo siendo libre pueda desarrollar al máximo la personalidad humana.

En lo que respecta a la moral, el verdadero principio de ésta es dar a los semejantes más de lo que se espera recibir de ellos.

De los teóricos del anarquismo cuyas ideas hemos expuesto, únicamente Max Stirner es anarquista individualista, los tres restantes son anarquistas colectivistas y en el caso de Bakunin se puede decir que ha ejercido una gran influencia en el sindicalismo de fines de siglo XIX y principios del siglo XX, en Europa e inclusive en Argentina.