Iglesia Santa Sofía

Biografia de Cerulario Causas Separacion de la Iglesia de Oriente

Biografía de Cerulario Patriarca de Constatinopla – Causas de Cisma Oriente y Occidente

Patriarca de Constantinopla de 1043 a 1058. Elegido el 25 de marzo de 1043, su patriarcado coincidirá con el pontificado de León IX, y juntos protagonizaran el Cisma de Oriente y Occidente.

Miguel Cerulario encarnó el cisma de 1054. Brillante funcionario y protegido del emperador Constantino IX, representó todo lo que los occidentales ya no podían comprender. Su obstinación e intransigencia precipitaron la ruptura entre el pontificado y la Iglesia griega.

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Miguel Cerulario nació hacia el año 1000 en el seno de una ilustre familia de Constantinopla y estaba destinado a una carrera administrativa, como era la costumbre en su medio, pero en 1040 participó junto con su hermano en un complot que buscaba derribar al emperador Miguel IV: resultó un fracaso y tuvo que tomar el hábito.

Cuando Miguel Cerulario se convirtió en patriarca de Constantinopla el 25 de marzo de 1043, las relaciones entre Roma y Constantinopla ya estaban marcadas desde hacía un largo tiempo por conflictos, tensiones y malentendidos.

Muy pronto, en efecto, disputas dogmáticas opusieron a los dos polos de la cristiandad; las diferencias lingüísticas y litúrgicas no hicieron más que acrecentar la incomprensión recíproca suscitada por civilizaciones tan diferentes.

La rivalidad entre Oriente y Occidente, a lo largo de los siglos IX y X, se desplazó hacia un terreno de luchas de influencia.

El papado, al no poder contar con la protección tradicional de los emperadores bizantinos, decidió unir su suerte a los carolingios y posteriormente a los otomanos.

La Iglesia griega no renunció a Italia meridional, que disputó a los latinos, así como la conversión de los pueblos eslavos de Europa central. El recuerdo de esas discordias continuaba vivo: el impetuoso Cerulario supo aprovechar esa circunstancia.

Otra fuente de fricciones entre Oriente y Occidente apareció cuando los normandos comenzaron a invadir las regiones del sur de Italia, que estaban gobernadas políticamente por Oriente, pero que en la práctica pertenecían a Occidente.

El emperador de Bizancio necesitaba la ayuda occidental para vencer a los normandos, pero el papa se negó a prestar esta ayuda porque deseaba recuperar la jurisdicción sobre el sur de Italia de manos del patriarca de Constantinopla.

El papa León IX (papa entre 1049 y 1054) provocó un enfrentamiento con Bizancio al afirmar su autoridad espiritual mediante un sínodo cuyo fin era reformar la Iglesia siciliana y el nombramiento de un nuevo arzobispo de Sicilia.

Se encontró con la total oposición del patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, tal vez animado por el emperador oriental.

Cerulario, en venganza por el rechazo del papa León a cooperar, ordenó el cierre de las iglesias occidentales en toda Constantinopla y expulsó al clero.

El papa envió a su legado, el cardenal Humberto de Silva Candida, a reunirse con el patriarca. Las negociaciones, si es que llegaron a iniciarse, se interrumpieron cuando el legado papal excomulgó a Miguel y a su corte.

«QUE SEA ANATEMA»

El 16 de julio de 1054, el patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, se encontraba reunido con sus obispos frente a una gran fogata. Arrojó al fuego un rollo de pergamino y pronunció solemnemente la excomunión del delegado papal, quien había depositado el pergamino en la catedral el día anterior.

Excomulgó además «a todos los que contribuyeron a redactarlo, ya fuera con sus ideas o con sus oraciones».

En ese momento se produjo la ruptura final entre las Iglesias de Oriente y de Occidente.

La pelea que precipitó esta ruptura fue el resultado de una tensión que ya existía desde hacía seiscientos años.

Cuando Cerulario asumió el patriarcado, instruyó a sus clérigos en los asuntos que habían dividido la Iglesia de Oriente de la de Occidente: el celibato, el uso de pan sin levadura para la Eucaristía y los términos empleados en el Credo. Bajo pena de excomunión, prohibió a sus sacerdotes que siguieran el rito latino.

En 1053 clausuró todas las iglesias que insistían en continuar su culto según las directivas de Roma.

El papa León IX respondió inmediatamente con una carta muy dura en la que ordenaba que todos los patriarcas reconociesen la autoridad papal y calificaba a toda congregación que no lo hiciera como «una asamblea de herejes, un conventillo de cismáticos o una sinagoga de Satanás».

Cuando desahogó su ira, envió una delegación al mando del cardenal Humberto para hablar de las diferencias entre las dos Iglesias.

El enfoque del cardenal Humberto no fue conciliatorio. Según él, su misión no era la de «escuchar y discutir, sino la de instruir a los griegos».

El patriarca declaró que se estaba cuestionando su capacidad para tratar sus asuntos.

En medio de esta contienda, murió el papa León XIII y por un año no se eligió sucesor. Tres meses después de la muerte del Papa, el cardenal Humberto, amargado y frustrado, resolvió hacerse cargo del problema, redactó una bula excomulgando a Cerulario y la colocó en el altar de Santa Sofía, una basílica del siglo VI, en Constantinopla.

Este hecho precipitó la respuesta de un patriarca enojado y la división de la cristiandad.

Cerulario  es nombrado patriarca
«Nombramiento de Miguel Cerulario patriarca de Constantinopla (miniatura de un manuscrito griego del siglo XIV). Cerulario, al debatir públicamente, abandonó las argumentaciones teológicas complicadas, coiocó el acento sobre las divergencias litúrgicas y levantó un listado de «herejías latinas», asegurándose así un fuerte apoyo popular en Constantinopla,

LA VIDA DE CERULARIO

Miguel Cerulario nació hacia el año 1000 en el seno de una ilustre familia de Constantinopla y estaba destinado a una carrera administrativa, como era la costumbre en su medio, pero en 1040 participó junto con su hermano en un complot que buscaba derribar al emperador Miguel IV: resultó un fracaso y tuvo que tomar el hábito.

A pesar de este episodio, el nuevo emperador Constantino IX Monómaco, que buscaba un buen administrador, nombró patriarca a Miguel Cerulario en 1043.

Este nombramiento era una facultad del emperador, verdadero jefe de la Iglesia griega. La fuerte personalidad de Cerulario, muy dedicado a su función, despertó rápidamente la desconfianza de Roma.

Le imputaron muy pronto una carta que acusaba a los latinos de judaizar la Eucaristía con el pan ácimo (sin levadura) y el ayuno del sábado.

Corrió el rumor que habría hecho cerrar las iglesias de rito latino.

asimismo, cuando Constantino IX Monómaco, mquieto por el crecimiento normando en Italia, invitó al papa a que le enviara lo antes posible una delegación para sellar una alianza, este último remitió una misiva en la que respondía a la presunta carta del patriarca. Los malentendidos comenzaban.

Para judíos y cristianos el pan ácimo tiene un significado especial. La tradición judeocristiana cuenta que el pueblo de Moisés salió huyendo intempestivamente de Egipto, sin mucho tiempo para terminar de preparar el pan, por lo que durante el viaje hacia Israel el pan que se consumió era pan ácimo.

DEL MALENTENDIDO AL CISMA

Aunque no hubo mayores problemas en encuentro entre los legados del papa y el emperador, no fue tan fácil con el patriarca.

En efecto, este último recibió una detallada condena de los ritos orientales, provista de amenazas de excomunión, mientras Cerulario ignoró o fingió ignorar las circunstancias de su redacción; concluyó que la carta era una falsificación y que los legados eran los usurpadores.

En junio-julio de 1054, la situación se puso aún más tensa entre los adversarios. Los orientales rechazaron el añadido al Credo de la palabra Filioque que indicaría que el Espíritu Santo podía emanar «igualmente del Hijo», y no únicamente del Padre.

Sobrepasados, presumiendo que Constantino preferiría más bien preservar una alianza con el papado que salvar a su patriarca, los legados dejaron el 16 de julio de 1054, en la catedral de Santa Sofía, el acta de excomunión de Cerulario para enseguida alejarse de la ciudad.

En realidad, ellos apreciaron en forma errónea la situación, ya que Constantino los alcanzó y, presentándose como el defensor agraviado de la ortodoxia, les ordenó dar explicaciones.

En las calles, el descontento aumentaba y la seguridad de los legados era precaria; hubo que evacuarlos el 21 de julio y algunas horas más tarde Cerulario dictó su excomunión. El domingo 24 la alegría del pueblo estaEó con el anuncio de la sentencia.

UNA CAÍDA BRUTAL

Aunque para Cerulario constituyó una victoria, el cisma de 1054 no tuvo grandes consecuencias para su entorno: las mutuas excomuniones no tuvieron valor al morir el papa durante el viaje de los legados.

Sin embargo, las dos Iglesias no iban a reunirse más, y el foso entre los dos mundos se profundizó. Oriente, muy apegado a la superposición entre el poder temporal y espiritual, no podía comprender la reforma gregoriana, iniciada por León IX, que predicaba un sistema pontifical monárquico y su independencia con respecto al emperador.

Miguel Cerulario disfrutó poco tiempo su triunfo. Aprovechando su inmensa popularidad entronizó a Isaac I Comneno. De él, Cerulario habría declarado, más orgulloso que nunca: «Yo te hice necio, yo te destruiré».

Fue su perdición: el nuevo emperador lo arrestó y destituyó. La muerte del ex patriarca en enero de 1059 libró a todos de una situación embarazosa y, más tarde, Cerulario fue incluso honrado como si fuera un santo.

Fuentes Consultadas:
Hitos en la Historia de la Iglesia Alfred McBride – Editorial Lumen
Hicieron Historia Biografia de Personajes de la Historia Tomo I Editorial Larousse
Historia del Cristianismo 2000 años de Historia Collins y Price

Biografia de Teodora Emperatriz Sus Cualidades Politicas

BIOGRAFIA DE LA EMPERARIZ TEODORA

Teodora ejerció una notable influencia en el gobierno de su marino Justiniano. La emperatriz demostró poseer destacadas cualidades políticas, a pesar de su odio hacia la aristocracia imperial (una reacción inconsciente, producto de las vivencias de la primera época de su vida).

No sólo poseía ambición y talento políticos, sino también una gran agudeza.

Aportaba además, en los momentos decisivos, la firmeza que le faltaba al emperador.

De esta manera, se convirtió en muchos casos en el principal apoyo del soberano, que prestaba gran atención a sus consejos.

«Ninguno de ellos me produjo nunca a mí ni a la mayoría la impresión de seres humanos, sino de criminales demonios. Se consultaban entre sí cómo poder destruir de la manera más fácil y rápida a los hombres y a sus obras; después tomaban figura humana y visitaban como demonios la totalidad del mundo habitado».

teodora y justiniano

El emperador Justiniano y la emperatriz Teodora. Mosaico de la basílica de Ravena. — Fueron muchas, y admirables las obras llevadas a felicísimo término por César Flavius Justinianus, «Víctor ac Triumphator semper Augustus», nacido —482— en Tauresium (Macedonia), de familia humildísima. Entre ellas: la codificación de las más admirables leyes conocidas, inspiradoras, durante siglos, de la más adelantada legislación europea; la erección de las basílicas deRávenay Constantinopla; la relativa pacificación de su turbulento Imperio; la unificación y reorganización de todas las estructuras religiosas, políticas y culturales del mundo romano. Y cuantos objetivos no lograron conquistar con la espada sus generales, los conquistó él con su talento.

SU BIOGRAFIA:

¿Era una cortesana pública cuyo sólo contacto deshonraba a los bizantinos? ¿Era una comedianta impúdica, hija de un tal Acacio, guardián de las fieras del hipódromo de Constantinopla?.

La crónica licenciosa y secreta de Bizancio la tuvo por tal, con evidente exageración de la realidad; puesto que en una persona de la depravación moral que algunos supusieron en Teodora, no podían florecer la energía, la continencia y la majestad de la futura emperatriz.

Tampoco puede explicarse cómo Tustiniano pudo haber entregado su más noble afecto a una mujer de escándalo y perversión, en la que luego halló el más firme de los apoyos y el más seguro de los refugios.

La crítica histórica moderna admite que la vida juvenil de Teodora no fuera muy ejemplar.

Es seguro que tuvo una hija, y es probable que tuviera un hijo. Pero ha de creerse que supo conservar las apariencias, sin dejarse arrastrar por el infecto lodo de los vicios más asquerosos.

Justiniano, heredero designado de Justino, conoció a Teodora cuando era ya un hombre maduro, en 522. Por aquella fecha la cortesana llevaba una vida retirada, entregada a la meditación de las cuestiones religiosas. Había dejado la escena, quizá a causa de una crisis amorosa.

Su belleza y su penetrante inteligencia cautivaron el corazón de Justiniano, quien se casó con ella en 525. Dos años más tarde, en 527, era coronada emperatriz junto con su esposo.

Jamás mancilló, por lo menos en forma manifiesta, la dignidad del trono imperial. Justiniano alabó siempre su fidelidad y su afecto, y muchas veces la asoció a sus disposiciones imperiales.

En la crisis de enero de 532, cuando la revolución del Hipódromo amenazaba la corona de Justiniano y éste vacilaba y pretendía renunciar a la lucha, fue Teodora la que, con su firmeza, restableció la situación en favor de su esposo.

Desde aquel momento su participación en los negocios públicos fué muy considerable. Justiniano la consultaba con frecuencia y aceptaba sus orientaciones políticas.

En lo único que discreparon fue en los problemas religiosos, ya que Teodora era monofisita y Justiniano un celoso ortodoxo.

Aunque gracias a su intervención los monohsitas lograron algunas ventajas en Oriente, Teoaora no pudo vencer la inquebrantable resolución de Justiniano de alcanzar la unidad religiosa de su Imperio en la ortodoxia y en el acuerdo con el Papado romano.

Murió Teodora en Constantinopla en 548, cuando aun no contaba 50 años.

Su memoria ha sido vinculada estrechamente a la de su esposo, sin que la grandeza de éste haya logrado nunca obscurecer su nombre.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1 José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel
Enciclopedia Temática Famliar Grandes Figuras de la Humaniddad -Justiniano- Ediciones Cadyc

Mosaicos Bizantinos Significado Mosaicos de Justiniano y Teodora

EL ARTE BIZANTINO:MOSAICOS DE BIZANCIO

Los primeros que realizaron este «juego de pegar piedritas de colores» con atención se dieron cuenta de que, además de set divertido, daba bellísimos resultados y podía proporcionar inesperadas posibilidades decorativas. Bastaba discurrir la forma de «fijar» las piedrecitas con una argamasa resistente; si descubrió el procedimiento y nació el primer mosaico.

Posteriormente, los guijarros fueron sustituidos por materiales más preciosos y decorativos: mármoles de colores, piedras duras, esmaltes y pastas especiales vitrificadas. Las piedras se cortaban con instrumentos muy afilados, y eran reducidas a cuadraditos, rectángulos y triángulos de pequeñas dimensiones, que se llamaron teselas.

Estas teselas constituyen la verdadera y específica materia del mosaico: son, por así decirlo, trocitos de color sólido, resistente e inalterable, que, colocados uno junto a otro con cuidado y paciencia, confieren al mosaico un aspecto realmente característico e inconfundible.

Introducción: La división del Imperio romano marcó un punto de inflexión en la historia. El 11 de mayo de 330, a orillas del Bósforo, Constantino el Grande inaugura solemnemente la segunda capital legal del Imperio. Bizancio, antigua colonia griega fundada por marineros de Mégara en 657 a.C., pasa a denominarse Roma Nova (la nueva Roma) o Constantinópolis (Constantinopla) la ciudad de Constantino. Su localización geográfica es excelente: situada entre Europa y Asia, en el paso entre el mar Negro y el Mediterráneo oriental, Constantinopla lo posee todo para convertirse en un gran centro comercial.

La ciudad es prácticamente inexpugnable y puede resistir por mucho tiempo a los ejércitos enemigos. Por tres lados el mar la encierra; el cuarto está defendido por poderosas murallas.

Un ciudadano romano de la «época de Augusto no podría reconocer fácilmente a las legiones que desfilan frente al emperador. Su mismo armamento está modificado por la influencia de los bárbaros y la necesidad de adaptarse a la lucha con éstos. Las armas nacionales —el pilo, el gladio, el gran escudo, la coraza metálica— han cedido el lugar a las espadas, lanzas, puñales, escudos redondos y corazas de cuero.

Cuerpos enteros de caballería están equipados, a imitación de los persas, con poderosísimos arcos. En algunos destacamentos los hombres y los caballos están cubiertos de hierro o de cotas de malla. El cambio en el armamento refleja las profundas modificaciones acontecidas en la estructura del mundo romano.

Continuos ataques de pueblos bárbaros en las inmensas fronteras marcaron el fin de la política expansionista de los antiguos emperadores. Roma se puso a la defensiva. La seguridad fue incluso comprada a precio de oro. Las revueltas militares se multiplicaron y cada comandante con algún prestigio se consideraba destinado a ascender al trono.

Pocas dinastías llegaron tan siquiera a la tercera generación: el Imperio no era legalmente hereditario y, aunque de estructura jerárquica, cualquier enganchado que llegara a jefe militar podía convertirse en César. La sede imperial se convirtió en un trofeo que podía ser conquistado por el general más fuerte. Construyéronse fortificaciones en las fronteras. En ellas estaban acantonadas las tropas menos disciplinadas, a las cuales fueron concedidos lotes de tierra. Su misión se tornó más en una tarea de vigilancia que de respuesta al enemigo.

Situado el Imperio bizantino a las puertas de Asia, la distancia geográfica que separaba a Constantinopla de Roma se convirtió rápidamente en una lejanía aún mayor. Hasta la fe cristiana, que quiso conciliar a Oriente y Occidente, y los sueños de una Iglesia universal se tiñe-ron de polémicas teológicas, rivalidades jerárquicas, acusaciones de herejía y excomuniones, que acentuaron la diferencia de rumbos que separaba a ambos mundos.

La tenaz persistencia de las invasiones germánicas, la expansión del Islam y las crisis políticas y económicas pudieron mucho más que los concilios ecuménicos y la reivindicación de las antiguas glorias.

Con el tiempo, Constantinopla se convirtió en el centro de una nueva práctica del cristianismo y también de una sensibilidad particular. La expresión artística, en especial en el dominio de la arquitectura y la técnica del mosaico, configuró un mundo de características propias e inconfundibles. Por otra parte, enclavada en un punto estratégico de las rutas mercantiles que ponían en relación el Mediterráneo y las remotas tierras de la India y China, Constantinopla pasó a ser un centro comercial relevante.

Por esa misma razón, la ciudad se convirtió en un botín codiciado por numerosos ejércitos. De este modo, el Imperio bizantino vivió sus momentos de gloria y de tragedia. Ni el esplendor de sus iglesias, ni la magnificencia de sus emperadores, ni el grosor de sus murallas bastaron para salvar a Bizancio del acero enemigo ni de las aún más temibles luchas por el poder.

El arte Bizantino alcanzó su cénit en 547 con los célebres mosaicos de Justiniano y Teodora, ubicados en la iglesia de San Vital, en Ravena (Italia). Además de su belleza, los mosaicos bizantinos brindan una valiosa información sobre la sociedad de la época.

La iglesia de San Vital: La iglesia data del siglo VI y presenta un exterior sobrio, pero su interior está bellamente ornamentado con toda clase de mosaicos; entre ellos, los de Justiniano y Teodora. Ábside de la iglesia de San Vital.

La majestuosidad de Santa Sofía: La basílica de Santa Sofía (Turquía), construida en el siglo XI, atesora lujosos mosaicos en su interior. Las figuras más representadas son las de Justiniano, Constantino y Cristo. Mosaico de Cristo en el pulpito sur.

EL ARTE BIZANTINO:

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Arte bizantino (siglo VI). «El emperador Justinlano portando una patena». Detalle de uno de los mosaicos que rodean el altar en el ábside de la iglesia de San Vital, en Rávena. Es la época de plenitud del arte bizantino que culmina en Santa Sofía, de Constantinopla.

Rávena, ciudad italiana en las orillas del Adriático, que fue capital de Exarcado, conserva magníficos monumentos bizantinos. Casi durante tres siglos fue una prolongación de Constantinopla. Creció su importancia en la época de Honorio, hijo de Teodosio, que trasladó allí su corte por creerse poco seguro en Roma, amenazada por los bárbaros.

Se edificó entonces el mausoleo de Gala Placidia. La ciudad tuvo luego un periodo de decadencia hasta el reinado de Teodorico y la ocupación bizantina. Los emperadores hicieron de Rávena la capital de Exarcado, con jurisdicción, nominal o efectiva, sobre Italia meridional, Sicilia, costa norte de África y España.

De esta época datan numerosos monumentos, como las dos iglesias dedicadas a San Apolinar y la de San Vital. Esta es la última obra de los exarcas bizantinos y se conserva intacta, a excepción de los mosaicos, que no se terminaron y fueron destruidos en parte durante el Renacimiento. Su planta responde al principio de disponer todos los elementos alrededor de una gran cúpula central sostenida por pilares y columnas.

La de San Vital es muy ligera y puede apoyarse sobre una pared sumamente delgada. Las naves están cubiertas por una combinación de bóvedas que se penetran irregularmente.

Los únicos mosaicos que no se han destruido se encuentran en el ábside. Son una muestra de la gran riqueza del conjunto. Sobre un fondo de oro, árboles, plantas, flores y animales decoran los plafones y alternan con imágenes de profetas y apóstoles en pequeños medallones. Un arrimadero forma un friso con personajes históricos realizados también en mosaico A uno de éstos pertenece el fragmento que reproducimos. En él aparece el emperador Justiniano acompañado del obispo Maximiano con jerarcas, guerreros y sacerdotes. En el de enfrente se representa a su esposa Teodora rodeada de un gran séquito.

La técnica del mosaico, cuyos orígenes se remontan a la antigüedad clásica, consiste en combinar armoniosamente, asegurándolos con un cemento sobre una superficie sólida, piezas diminutas de mármoles u otras piedras de colores y cubos pequeños de pasta, vidriados por una de sus caras. Imitan, hasta cierto punto, las alfombras o tapices. Es muy posible que estos plafones de San Vital se importaran ya compuestos de Constantinopla y fueran luego pegados sobre la pared de la iglesia. El mosaico se presta a esta clase de traslaciones.

PARA SABER MAS…
UNA PINTURA ABSOLUTAMENTE PARTICULAR

Como ya hemos dicho, el mosaico puede considerarse como un particular género de pintura, pero es inexacto creer que es tanto más hermoso cuanto más se parece a la pintura común. En ésta, los colores pueden mezclarse, superponerse, difuminarse en medias tintas y claroscuros. En el mosaico, en cambio, los colores —que en el fondo no son otra cosa que trocitos de piedra— se pueden acercar, de forma que hagan un contraste entre los distintos tonos. Por eso, un verdadero artista del mosaico debe saber combinar su estilo con las exigencias del material que utiliza, y crear una pintura hecha de contrastes de colores, de líneas rígidas, de figuras siempre un tanto estilizadas. En este aspecto severo, esencial, radica el mayor mérito del mosaico. De acuerdo con estos conceptos, los antiguos maestros —y en particular los bizantinos, que fueron los verdaderos «magos» del mosaico crearon obras de un vigor y de una coherencia estilística inolvidables.

LAS DIVERSAS FASES DE LA EJECUCIÓN
Los preliminares para la ejecución de un mosaico se asemejan a los que se realizan para la pintura al fresco. Se comienza preparando la pared con una primera capa de revoque, más bien áspero, compuesto de cal, mezclada con polvo de mármol y paja triturada. Como esta capa que sostiene a otras debe ser áspera, entonces, con el fin de ofrecer una mayor adherencia, se practica en ella un rayado «escalerilla» o unas estrías en forma de losanges. Otra capa, todavía bastante áspera, viene a cubrir la primera. Sobre esta capa, el ejecutor de mosaicos traza un esbozo de la composición, una especie de «prueba», como los bosquejos previos a los frescos.

Hecho esto, se dispone la «cama de base» del mosaico, o sea la última capa de argamasa, mucho más fina que las anteriores y de composición más «grasa», que debe recibir las teselas de colores. Sobre esta cama de base se hace un nuevo diseño, más detallado, de toda la composición y se completa con los colores que servirán de guía -en la disposición de las teselas; el oro de los fondos se señala con rojo.

Inmediatamente después, mientras la «cama» permanece húmeda, deben disponerse las teselas.

Primero se señalan los contornos de las figuras y después se completan las partes interiores. Como la forma de los cubitos de colores no es perfectamente regular, entre una tesela y otra quedan unos intersticios muy finos. Una vez terminado el mosaico se pasa por la superficie una ligera capa de cal finísima, o bien una masilla especial: así quedan perfectamente unidas las teselas.

Lo sobrante se quita frotando el mosaico con unos pinceles duros. La sutil retícula de cal no contiene sólo la función práctica de mantener unidas las teselas, sino también una importante función estética. Al aislar las piedras de colores, las hace resaltar muchísimo más y permite que la luz se refleje mejor sobre la superficie de color.

mosaico detalle


Arte bizantino: El príncipe Alejo – Estambul, Santa Sofía – A los antiguos artistas del mosaico les gustaban mucho los destellantes fondos de oro que hacían más preciosas sus obras. La manufactura de las teselas doradas era más bien laboriosa: se preparaba primero una plancha de vidrio de color verdoso, y, sobre ella, se colocaban unas finísimas hojas de oro. Sobre las hojas de oro se extendía otra capa de pasta vítrea transparente. El compuesto se volvía a cocer de nuevo en hornos especiales. Las planchas así preparadas se dejaban enfriar, y después se cortaban en forma de teselas. Pero, al disponer los fondos, se empleaban algunos recursos especiales: para hacer resaltar mejor la brillantez de estas teselas y para romper la uniformidad del «todo oro» (que no permitía sugestivos juegos de luz refractada entre las lóselas) colocaban entre ellas algunos «trozos» de color más oscuro, o bien colocaban las mismas teselas vueltas al revés.

Caracteristicas del Imperio Bizantino Origen Religion Arte y Legado

Caracteristicas y Origen del Imperio Bizantino-Organización, Leyes, Religión, Arte y Legado

SINTESIS INTRODUCTORIA: El Imperio Bizantino, es también conocido como el Imperio Romano de Oriente, y nació a fines del siglo III con el emperador Diocleciano al  dividir en cuatro regiones el Imperio Romano. Fue realizado  para una mejor administración y defensa, ante su debilidad defensiva a los ataques de los pueblos germanos.

Mas tarde, en 324,  Constantino I funda sobre la antigua Bizancio, la nueva ciudad capital del imperio, llamada Constantinopla (hoy Estambul).

Y finalmente en 395 el emperador Teodosio, divide el imperio en dos parte, entregando el de oriente a su hijo Honorio. Tambien reconció al cristianismo como religión oficial del Imperio. Este imperio duró hasta 1453, con la caída de la ciudad capital, en que fue aniquilada por las fuerzas turcas.

Inicialmente, los territorios del Imperio Bizantino correspondían a los de Grecia, Egipto, Turquía, Rumanía, los Balcanes, Libia, Egipto, Siria, Palestina y Mesopotamia, que eran las provincias romanas orientales.

Se estima que su máxima pobración fue de 34.000.000 de habitantes, en la etapa del reinado de Justiniano, cuando debido a sus exitosas campañas consigue ampliar las fronteras territoriales. Debido a múltiples factores , como la peste bubónica que diezmo considerablemente la población, en el siglo XIII solo contaba con 3.000.000 de habitantes.

Hablaban en griego y tenía constumbres helénicas, pero sus habitantes se llamaban a si mismo romanos, y el nombre de Bizancio o bizantinos, jamas fue utilizado hasta el siglo XVI, témino acuñado por un historiador de esa época.

El apogeo del Imperio Bizantino ocurrió durante el reinado e Justiniano I, en el siglo VI, una destacada etapa de apogeo cultural de diversos órdenes, sobre todo con la construcción de la Iglesia de Santa Sofía, transformada en el siglo XVI en mezquita musulmán.

En los  siglo VI y VII, post fallecimiento de Justiniano comenzó una etapa oscura, donde los antiguos enemigos volvieron al ataque para recuperar sus territorios perdidos. Varios nuevos emperadores se sucedieron en el trono sin lograr restablecer «aquella» fortaleza imperial.

A partir de las cruzadas europeas para recuperar territorios sagrados,  y durante la tercera y cuarta cruzadas, se produjeron violentos asedios de muertes y pillaje a Constantinopla que la dejaron desvastada. El Imperio nunca lograría recuperarse y sus fuerzas mermarían para siempre.

El Imperio Bizantino dejó de existir en el siglo XV, principalmente bajo asedio de las tropas turcas de Osmán I en 1453.

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Orden de los Temas Tratados:

1-Antecedentes: ¿Que Ocurría en Roma Imperial?
2-Origen:¿Porque se Creó Una Nueva Capital?
3-Constantino y Constantinopla
4-Los Emperadores Bizantinos
5-La Vida en la Corte
6-El Imperio Bizantino
7-La Leyes en Bizancio
8-Constantinopla:Un Centro Comercial
9-El Ejrécito Bizantino
10-Religión y Herejías
11-El Papel Histórico de Bizancio
12-El Escudo de Europa

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Introducción: La división del Imperio Romano marcó un punto de inflexión en la historia. Situado el Imperio bizantino a las puertas de Asia, la distancia geográfica que separaba a Constantinopla de Roma se convirtió rápidamente en una lejanía aún mayor.

Hasta la fe cristiana, que quiso conciliar a Oriente y Occidente, y los sueños de una Iglesia universal se tiñeron de polémicas teológicas, rivalidades jerárquicas, acusaciones de herejía y excomuniones, que acentuaron la diferencia de rumbos que separaba a ambos mundos.

La tenaz persistencia de las invasiones germánicas, la expansión del Islam y las crisis políticas y económicas pudieron mucho más que los concilios ecuménicos y la reivindicación de las antiguas glorias.

Con el tiempo, Constantinopla se convirtió en el centro de una nueva práctica del cristianismo y también de una sensibilidad particular. La expresión artística, en especial en el dominio de la arquitectura y la técnica del mosaico, configuró un mundo de características propias e inconfundibles.

Por otra parte, enclavada en un punto estratégico de las rutas mercantiles que ponían en relación el Mediterráneo y las remotas tierras de la India y China, Constantinopla pasó a ser un centro comercial relevante.

Por esa misma razón, la ciudad se convirtió en un botín codiciado por numerosos ejércitos. De este modo, el Imperio bizantino vivió sus momentos de gloria y de tragedia.

Ni el esplendor de sus iglesias, ni la magnificencia de sus emperadores, ni el grosor de sus murallas bastaron para salvar a Bizancio del acero enemigo ni de las aún más temibles luchas por el poder.

¿Que Ocurría en Roma Imperial?

Un ciudadano romano de la época de Augusto no podría reconocer fácilmente a las legiones que desfilan frente al emperador. Su mismo armamento está modificado por la influencia de los bárbaros y la necesidad de adaptarse a la lucha con éstos.

Las armas nacionales —el pilo, el gladio, el gran escudo, la coraza metálica— han cedido el lugar a las espadas, lanzas, puñales, escudos redondos y corazas de cuero. Cuerpos enteros de caballería están equipados, a imitación de los persas, con poderosísimos arcos.

En algunos destacamentos los hombres y los caballos están cubiertos de hierro o de cotas de malla. El cambio en el armamento refleja las profundas modificaciones acontecidas en la estructura del mundo romano.

Continuos ataques de pueblos bárbaros en las inmensas fronteras marcaron el fin de la política expansionista de los antiguos emperadores. Roma se puso a la defensiva. La seguridad fue incluso comprada a precio de oro.

Las revueltas militares se multiplicaron y cada comandante con algún prestigio se consideraba destinado a ascender al trono. Pocas dinastías llegaron tan siquiera a la tercera generación: el Imperio no era legalmente hereditario y, aunque de estructura jerárquica, cualquier enganchado que llegara a jefe militar podía convertirse en César.

La sede imperial se convirtió en un trofeo que podía ser conquistado por el general más fuerte.

Construyéronse fortificaciones en las fronteras. En ellas estaban acantonadas las tropas menos disciplinadas, a las cuales fueron concedidos lotes de tierra. Su misión se tornó más en una tarea de vigilancia que de respuesta al enemigo.

Las mejores unidades, en cambio, estaban emplazadas en el corazón del territorio.

Debían garantir el poder del emperador y, al mismo tiempo, repeler a los invasores. La carrera militar se hizo hereditaria, exceptuado un número siempre insuficiente de reclutas, compensado por la incorporación a las filas de bárbaros mercenarios, medio cada vez más usual para obtener nuevos soldados.

Simultáneamente, sin embargo, bajo Diocleciano, los jefes militares fueron apartados por completo de la administración civil.

Ya en 212 había tenido lugar una transformación fundamental: el emperador Antonino, apodado Caracalla, había concedido la ciudadanía romana prácticamente a todos los hombres libres del Imperio.

Todos quedaron sometidos a las mismas obligaciones fiscales. Se procuró substituir los impuestos sobre la tierra por un impuesto único, la capitación. Pagada principalmente en especies, la capitación se destinaba al abastecimiento del ejército, la administración y la corte, y las grandes ciudades.

La agricultura no era, empero, la única actividad sujeta a impuestos. A pesar de que rendían poco, fueron conservados algunos impuestos indirectos; los súbditos no podían pagar más.

Para conseguir recursos, el Estado tuvo que exigir a los particulares gran número de prestaciones de servicios —los muñera—.

Los funcionarios imperiales requisaban mano de obra, obligaban a la fabricación de diversos productos, a moler harina y cocer pan, y, además, exigían la percepción de impuestos, es decir, obligaban a alguien a asumir la responsabilidad de que éstos ingresaran en las arcas públicas.

El control de todos esos servicios exigió, a su vez, ampliar cada vez más la burocracia (monstruosamente crecida bajo la Tetrarquía de Diocleciano, quien multiplicó por cuatro las cortes y los ejércitos, y aumentó el número de provincias, con la consiguiente proliferación de los gastos).

Mientras en Occidente la invasión de los bárbaros terminó con la unidad política, en Oriente, el Imperio Romano se mantuvo intacto y sobrevivió durante mil años más. Constantinopla, su capital, emplazada en la antigua colonia griega de Bizancio, contaba con una excelente situación económica que le permitió mantener un ejército bien dotado y una administración eficaz.

Con estos elementos consiguió superar y desviar los ataques exteriores.

La historia del Imperio Romano de Oriente comenzó en el año 395, cuando Teodosio el Grande dividió el imperio entre sus dos hijos, Honorio y  Arcadio a quien le asignó el bizantino. En el siglo VI surgió un emperador que soñó con unificar el antiguo Imperio Romano y dedicó sus esfuerzos a lograrlo.

Constantinopla, Nueva Capital

El 11 de mayo de 330, a orillas del Bósforo, Constantino el Grande inaugura solemnemente la segunda capital legal del Imperio, que llamó Constantinopla en honor al emperador, pero su nombre original era Bizancio.

Bizancio, era una antigua colonia griega fundada por marineros de Mégara en 657 a.C., pasa a denominarse Roma Nova (la nueva Roma) o Constantinópolis (Constantinopla) la ciudad de Constantino.

Su localización geográfica es excelente: situada entre Europa y Asia, en el paso entre el mar Negro y el Mediterráneo oriental, Constantinopla lo posee todo para convertirse en un gran centro comercial.

La ciudad es prácticamente inexpugnable y puede resistir por mucho tiempo a los ejércitos enemigos. Por tres lados el mar la encierra; el cuarto está defendido por poderosas murallas.

Los Emperadores Bizantinos

A partir del año 476, cuando cae definitivamente el Imperio Romano de Occidente,  ya no quedó más que un emperador romano, establecido en Constantinopla.

Los emperadores de Constantinopla se conservaron todavía cerca de mil años, hasta 1453.

Cuando en todo el territorio se hablase griego, el emperador siguió llevando título romano y se escribieron en latín los documentos oficiales.

Solamente por el siglo VII se empezaron a escribir las leyes en griego, y desde el VIII, el emperador empezó a usar el título de los antiguos reyes de oriente, basileus (rey) o déspota (dueño). Jamás dejó de considerarse sucesor de los emperadores romanos, y el Imperio se llamó siempre romano (romaico).

El nombre se conserva todavía en la provincia de Rumelia.

A partir del siglo XI ya no quedó al emperador más que la ciudad de Constantinopla y trozos de territorio por ambos lados, en Asia y en la Tracia, y se tomó la costumbre de denominar al Imperio así reducido bizantino (Bizancio es el nombre antiguo de Constantinopla).

El gobierno seguía organizado tal como lo dejara Constantino. El emperador era dueño absoluto y legaba el poder a su hijo. Pero la mayor parte de los emperadores murieron sin dejar hijos o fueron destronados.

Lo mismo que ocurría en el Imperio romano en el siglo III, no hubo, por consiguiente, más emperadores que los usurpadores, la mayor parte generales sublevados. Se ha calculado que de los 109 emperadores proclamados desde el año 395 hasta el de 1453, 34 solamente murieron ocupando el trono, 12 abdicaron, 18 fueron muertos en la prisión o perecieron torturados.

No era necesario ser noble para subir al trono, y varios de los que le ocuparon procedían de muy humilde condición. Anastasio I había sido ujier del palacio, Justino I (518 a.C.) había guardado cerdos, Focas (602 a.C.) había sido soldado.

Todos podían, por consiguiente, ser emperadores algún día. No faltaba nunca gente a quien un adivino o una hechicera había predicho que sería emperador, incitándolo a conspirar para derribar al emperador y ocupar su puesto.

Dos emperadores, Constantino VI en el siglo VIII, Constantino VII en el X, llevaron el nombre de Porfirogeneto, «nacido en la púrpura» (es decir, hijo de emperador), tan excepcional parecía el caso.

Hubo, no obstante, período en que el Imperio se trasmitió regularmente dentro de la misma familia. Justino I, un aldeano procedente de lllria que no sabía leer, enganchado como soldado y ascendido hasta ser jefe de la guardia, se hizo proclamar emperador por los soldados y dejó el Imperio a su sobrino Justiniano (527-555), que en su juventud había sido pastor.

Justiniano adquirió celebridad por las conquistas de su general Belisario, por sus construcciones y por sus leyes. Su mujer Teodora, con la que casó antes de ser emperador, era de familia pobre.

Sus enemigos contaban que decía la buena ventura y que había logrado su matrimonio utilizando subterfugios mágicos; al ser emperatriz adoptó una actitud altiva y orgullosa, y se rodeó de lujo. Pero una mujer inteligente y enérgica, que ejerció gran influjo sobre su marido.

La familia de Justiniano se extinguió con su sucesor en el año 578. Heraclio, que de gobernador había pasado a emperador el año 610, fundó una nueva dinastía, que se sostuvo cerca de un siglo. Fue la época en que los árabes conquistaron casi todo el Imperio y sitiaron dos veces a Constantinopla.

Tras una serie de usurpadores, un general, León (717), fundó una dinastía de emperadores que duró hasta el año 802 y después hubo usurpadores durante medio siglo.

Contaban que como un gobernador. Bardamos, quisiera hacerse emperador, un monje se lo impidió mostrándole a los tres servidores que le conducían el caballo, y diciéndole: «Estos dos serán emperadores, y el tercero será proclamado, pero perecerá casi inmediatamente».

Aquellos tres sirvientes eran León (813), Miguel (820) y Tomás.

Por último, un palafrenero armenio, Basilio, fue emperador y fundó una dinastía que, en línea directa o mediante adopciones, continuó cerca de dos siglos, hasta el año 1057. Es la llamada dinastía macedónica.

La Corte Bizantina

Ya en el siglo IV el emperador vivía en un palacio, rodeado de una corte numerosa de dignatarios, de servidores y de guardias. Hasta tenía eunucos como los soberanos de Oriente.

Los dignatarios no eran guerreros ni obispos como en las cortes de Occidente, sino seglares conocedores de las letras, como los mandarines de la China.

Pasaban la vida en Constantinopla, vestidos con ropajes largos y flotantes a la manera oriental, y no iban a la guerra.

Formaban una especie de nobleza hereditaria. Al principio habían conservado los antiguos títulos romanos. Luego, poco a poco, adoptaron títulos nuevos, mitad griegos, mitad latinos: patricio, protospatario. Los títulos latinos de los ministros fueron sustituidos por el nombre griego logotetas.

Todos los actos del emperador y de su corte eran regulados por un ceremonial, lo mismo que en la corte de los reyes de Persia.

El Imperio Bizantino

El emperador de Constantinopla había poseído primeramente toda la mitad oriental del Imperio romano, los territorios donde se hablaba el griego, el Asia Menor, la Siria, el Egipto y en Europa toda la península de los Balcanes.

En tiempo de Justiniano, reconquistó aún parte de los países ocupados por los bárbaros. Pero muy pronto el Imperio se vio invadido por nuevos bárbaros.

Los eslavos, pasando el Danubio, encontraron países saqueados desde hacía dos siglos, enteramente desiertos, en los que se establecieron sin hallar resistencia. Así ocuparon todo el norte de la península de los Balcanes.

Eran pueblos de raza blanca, como los germanos y los celtas, que hablaban una lengua emparentada con las lenguas germánicas y celtas. No eran guerreros temibles, no disponían más que de jabalinas, arco y un pequeño escudo redondo; combatían a pie y no podían resistir en campo abierto los ataques de la caballería.

Estaban divididos en gran número de pueblos pequeños que acabaron por constituirse en tres grupos. Los que habían penetrado más al oeste se llamaron croatas (montañeses).

Los del centro vinieron a ser los serbios. Los del este, en la llanura del sur del Danubio (la Mesia), fueron sometidos por un pueblo de jinetes de raza amarilla, los búlgaros.

Durante mucho tiempo los búlgaros fueron para los eslavos dueños temidos, que se divertían en dar caza a los hombres, y mataban a los campesinos eslavos a flechazos o los empalaban.

Acabaron, no obstante, por confundirse con sus subditos y adoptaron laí lengua eslava, pero el pueblo conservó la denominaciónde búlgaro.

Los guerreros búlgaros conservaron durante mucho tiempo su traje asiático y su manera de combatir a caballo. Varias veces invadieron el territorio bizantino, ¡o saquearon, incendiaron las ciudades y se llevaron rebaños de cautivos. Sitiaron a Constantinopla (851, 913, 924).

Por la parte oriental llegaron los árabes. Arrebataron al Imperio el Egipto y la Siria (636-643), luego invadieron el Asia Menor, llegaron hasta los muros de Constantinopla y la sitiaron dos veces (673-713).

La ciudad resistió, pero el Imperio se vio reducido durante algún tiempo a dos pedazos de territorio: uno en Asia, otro al otro lado de Constantinopla en la parte de Europa.

Más tarde el emperador reconquistó el Asia Menor (819) y la conservó hasta la llegada de los turcos en el siglo XI.

La parte más importante del Imperio estaba en Asia. Allí vivía la población más rica y civilizada, de allí procedía la mayor parte de los soldados.

En Europa, la única provincia importante era la Tracia (hoy Rumelia). Todo el norte estaba ocupado por bárbaros eslavos, y en el sur los helenos, (griegos), habían caído en un estado de pobreza y semibarbarie tal, que los hacía despreciables para la gente de Constantinopla que interpretaba la palabra «heleno» por «pagano».

Rumelia es un término histórico usado para describir el área conocida ahora como los Balcanes o la península de los Balcanes, cuando era una provincia del Imperio otomano

El Imperio estaba rodeado por pueblos guerreros siempre dispuestos a invadirle y a atacar la capital. Para ponerse a salvo de este peligro, los emperadores habían hecho de Constantinopla la ciudad mejor fortificada del mundo entero.

Por la parte de tierra se alzaban tres muros de recinto no fue tomado nunca. Por lá parte del mar, Constantinopis estaba defendida por los estrechos. Bastaba tender una cadena para interceptar la entrada del puerto.

Las Leyes en Bizancio

El Imperio de Constantinopla había conservado el derecho romano. Pero desde el siglo III no se había hecho ningún trabajo original, contentándose con repetir las doctrinas de los jurisconsultos de los siglos anteriores.

Luego los emperadores ordenaron a los jueces (426), en todos los casos que no estaban previstos por la ley, seguir la opinión de los cinco grandes jurisconsultos de los siglos II y III, Papiniano, Paulo, Ulpiano, Modestino y Gayo, y, en caso de no estar de acuerdo unos con otros, seguir la opinión de la mayoría.

Los emperadores seguían promulgando edictos y rescriptos. Las colecciones que de estos documentos empezaron a hacerse se llamaron códigos (codex), porque en lugar de escribirlos en rollos de papiro (volumen significa rollo), se escribían en hojas cosidas en forma de cuaderno (codex).

Las primeras habían sido hechas por particulares. Luego se hizo una colección oficial en tiempo de Teodosio II (428), y fue llamada Código teodosiano.

Justiniano, queriendo hacerse célebre como legislador, decidió reunir en unas cuantas recopilaciones todo el derecho romano. Se empezó por las leyes (leges), es decir, todos los decretos de los emperadores.

Una comisión presidida por Triboniano, prefecto del pretorio, recopiló en un texto único todas las disposiciones contenidas en los códigos anteriores, añadiendo las dictadas con posterioridad.

Tal fue el Código Justiniano, promulgado el año 529, reformado el 534 (no hemos conservado más que la segunda redacción, la de 534). Está dividido en doce libros, subdivididos en títulos, en cada uno de los cuales las leyes, desde Adriano hasta el año 534, están dispuestos por orden cronológico.

Luego otra comisión, formada por profesores y hombres de negocios, fue encargada de realizar el mismo trabajo respecto a la jurisprudencia (jus).

Se dividió en tres subcomisiones que se repartieron los escritos de los jurisconsultos considerados con autoridad. Se hicieron extractos, se revisaron para evitar las contradicciones y las repeticiones, se añadió a cada extracto la indicación del libro de donde se había sacado, y se reunieron en 50 libros con el nombre de Digesto.

Se les dio también el nombre griego Pandectas, que quiere decir Colección general. Se ha calculado que este trabajo había reducido un montón de un centenar de volúmenes a las proporciones de cinco.

Justiniano prohibió luego citar a ningún jurisconsulto romano y ni siquiera hacer el menor comentario de esta nueva recopilación. Cesaron entonces de utilizarse los escritos de derecho ante los tribunales y se perdieron casi todos.

Apenas conocemos de los jurisconsultos romanos más que los fragmentos suyos que se conservan en la recopilación de Justiniano y esto es lo que ha dado fama al Digesto, libro indispensable para todo el que quiere estudiar el derecho romano.

Justiniano mandó hacer también un Manual (Institutiones) en cuatro libros, con destino a los estudiantes, imitación de otro libro de la misma clase debido a un jurisconsulto del siglo II, Gayo. Tal es la Instituía de Justiniano.

Por último, las disposiciones Imperiales, dictadas con posterioridad a la redacción del Código del año 534, fueron reunidas en un tratado que se llamó Novelas (leyes nuevas).

La reunión del Código, del Digesto, de las Instituía y de las Novelas ha sido llamado más tarde Corpus juris civlis (conjunto del derecho civil).

Constantinopla: “un gran centro comercial’

La actividad básica de la economía bizantina fue agricultura, complementada con una importante actividad artesanal.

En las ciudades del imperio se desarrollaron las industrias textiles, la cerámica, la orfebrería, el mosaico Constantinopla, por su privilegiada situación geográfica comerciaba con el Norte, Oriente y Occidente.

Actuaban en realidad, como intermediaria comercial, compra de productos de Oriente, generalmente de luto (especies piedras preciosas, oro) y los vendía en Occidente. Constantinopla se convirtió de este modo en un centro comercial muy importante; su moneda de oro, bezante, fue muy utilizada.

La cultura bizantina: punto de unión entre Oriente y Occidente Podríamos definirla como una cultura síntesis en la que confluyeron diferentes aportes: los grecorromanos, los cristianos y los orientales.

La cultura clásica heredada del Imperio romano dejó de ser asumida por el poder imperial, especialmente por la corte, donde comenzó a predominar la influencia oriental.

Constantinopla fue el centro de una civilización que perduró hasta el siglo XV y que actuó como depositaria y salvadora de la tradición de la antigüedad clásica.

En Bizancio se preservó gran parte de las obras literarias de griegos y romanos. Justiniano realizó también una importante codificación de las leyes romanas. Además del Código ya mencionado que recogía los decretos imperiales, su labor continuó con:

Y El Digesto o Pandectas: reunía los textos de los juristas romanos importantes.

Las Institutos: destinadas a los estudiantes, contenían los principios básicos del derecho. Y Las Novelas: consunto de leyes nuevas.

El Imperio Bizantino desempeñó además un papel importante en la difusión del cristianismo y la cultura grecorromana en la zona de los Balcanes y las estepas rusas. En suma, fue “el punto de unión” entre Oriente y Occidente.

El emperador Justiniano cerró algunas escuelas superiores, como la de Atenas, cuya libre actividad se había traducido en un gran desarrollo de la ciencia y el arte.

La biblioteca de Constantinopla redujo su personal a cuatro escribas griegos y tres latinos.

En cambio, al amparo de la convicción de que Bizancio era la reencarnación del Imperio romano y el emperador de los antiguos cesares, sí cobró desarrollo la producción historiográfica, destinada a eternizar las glorias de los emperadores bizantinos.

Procopio de Cesárea, formado en la escuela de Alejandría, fue uno de los historiadores más destacados del Imperio.

Acompañó a Belisario en sus campañas militares en el norte de África, de las que dejó constancia en su Historicón, y registró los hitos arquitectónicos de Bizancio en su libro Periktismaton.

Sorprendentemente, en Anekdota critica duramente a Justiniano, al que describe como «emperador y demonio» y simple títere en manos de Teodora, a la que descalifica permanentemente.

Ruralización: Entre los siglos IX y XI, la sociedad bizantina sufrió un proceso de ruralización, con la consecuente pérdida de importancia de los núcleos urbanos. La expansión musulmana hizo que Bizancio perdiese prósperas ciudades, como Alejandría y Antioquía.

La ocupación musulmana de Egipto, principal proveedor de grano del Imperio, afectó incluso a la ciudad de Constantinopla, cuya población disminuyó considerablemente, al emigrar al campo en busca de sustento.

Por otra parte, diversas epidemias generadas por las numerosas guerras diezmaron especialmente a la población urbana. Al mismo tiempo, desarticuladas por las invasiones, las aristocracias rurales fueron perdiendo sus derechos propietarios, y sus grandes latifundios pasaron a manos de los campesinos, hasta ese momento arrendatarios. Así surgieron comunidades rurales que se mantuvieron durante años con un alto grado de autonomía.

El Ejército Bizantino

Los emperadores conservaron en un principio la organización del ejército romano. Siguieron tomando a su servicio pequeños cuerpos de guerreros bárbaros (foederati) que combatían con sus armas nacionales.

Los ejércitos que reconquistaron Italia en tiempo de Belisarlo estaban integrados por jinetes bárbaros, gépidos, lombardos hérulos, hunos. Pero, a partir del siglo VII, el ejército se reclutó con preferencia entre los subditos del emperador, sobre todo los montañeses de la Armenia y del Tauro.

El grueso del ejército consistía en jinetes revestidos con una cota de mallas que llegaba desde el cuello hasta ios pies, y que en la cabeza llevaban casco de acero. Se ponían encima de la cota una sobrevesta de hilo cuando hacía buen tiempo, o con un vestido de lana para resguardarse de la lluvia y el frío.

Los caballos de los oficíales y de los soldados de primera fila estaban defendidos con hojas de cuero colocadas en la cabeza y en el pecho. Los jinetes combatían con lanza adornada con banderolas y espada larga, y muchos llevaban arco.

Estaban reunidos sn cuerpos llamados banda (bandos), de trescientos a cuatrocientos. Eran por lo común propietarios acomodados que llevaban a la guerra servidores para que les guisaran y palafreneros que condujeran sus bestias de cares.

Había también infantes. Unos, armados con arco y venablo, iban vestidos tan sólo con una túnica, llevaban botas y al brazo un escudo pequeño. Otros tenían cota de malla y casco puntiagudo, escudo grande y largo y peleaban con pica. Constituían la infantería pesada.

Estos ejércitos estaban mejor provistos que los de los bárbaros. Cada uno de ellos llevaba tras sí cantidad considerable de carros cargados de provisiones, de flechas, de herramientas, y caballos de carga con víveres para unos cuantos días, en el caso de que hubiera necesidad de caminar por senderos.

Los soldados estaban organizados, según un nuevo sistema, en batallones de tres a cuatrocientos hombres, agrupados en regimientos de dos a tres mil hombres, que se reunían en cuerpos de ejército. Todos los oficiales eran nombrados por el emperador.

Al lado de este ejército regular, los emperadores tenían también pequeñas tropas de bárbaros que conservaban el traje y las armas de su nación: hunos, árabes, francos, eslavos, búlgaros, turcos.

Los más apreciados fueron los piratas escandinavos venidos de Rusia, que combatían a pie, protegidos con cota de mallas, armados con una gran hacha que manejaban con ambas manos. Eran llamados varangianos y constituyeron en el siglo X la guardia de honor del emperador.

Este ejército constituía la defensa del territorio contra los bárbaros del Danubio y los musulmanes de Asia. Cuando los invasores atacaban la fortaleza de Constantinopla, los sitiados se defendían con el fuego griego.

Era una mezcla cuyo secreto guardaba el gobierno y en la que entraba petróleo. Se lanzaba encendida mediante un tubo sobre las máquinas o las naves enemigas y ardía sin que pudiera apagarse con agua.

En el Imperio romano, cada provincia tenía como gobernador un funcionario del orden civil, y tan sólo en las fronteras el gobernador era un general con el título de duque.

Pero, a partir del siglo VII, cuando el enemigo amenazó por todos lados, todas las provincias vinieron a ser fronteras y fueron gobernadas por el general que mandaba el cuerpo de ejército establecido en la provincia.

Entonces fueron llamadas temas. En el Imperio bizantino, lo mismo que en los reinos bárbaros, eran de allí en adelante los jefes militares los que gobernaban.

La Religión Bizantina

El Imperio se había hecho cristiano y la religión cristiana era obligatoria. Se empezó por prohibir el desempeño de los cargos públicos a los paganos y a los herejes.

Luego la herejía fue considerada como un crimen, que se castigaba con confiscación de bienes, prisión y a veces con la muerte.

La Iglesia seguía estando organizada como en Occidente; pero, como las ciudades eran muchas, abundaban los obispos. Cuando los musulmanes hubieron conquistado el Egipto y la Siria, el patriarca de Constantinopla, que había quedado solo, vino a ser cabeza de la Iglesia en todo el Imperio.

Pero el emperador siguió tratando a los patriarcas como subditos. Los elegía y decretaba su deposición cuando no le eran gratos.

Para resolver las cuestiones dogmáticas, los obispos seguían reuniéndose en Concilio. Se celebraron todavía hasta fines del siglo VIII, Concilios ecuménicos, en los que las Iglesias de Occidente y el Papa tenían su representación y decidían en nombre de la Iglesia católica entera.

Pero el emperador seguía interviniendo en los Concilios y a veces imponía sus decisiones. Era el jefe supremo de la Iglesia.

En Oriente, lo mismo que en Occidente, los monjes estaban reunidos en conventos, pero no habían adoptado la regla de San Benito.

Las Herejías

Los eclesiásticos del Oriente, sobre todo los de Egipto y Siria, siguieron durante dos siglos disputando acerca de los puntos de doctrina, hasta que los Concilios ecuménicos hubieron acabado de definir el dogma obligatorio para todos los cristianos. Las discusiones versaban sobre la naturaleza de Cristo.

Ya en el siglo IV, los Concilios habían condenado la herejía de le Arrio y definido que Cristo es de la misma sustancia que el Padre. En el siglo V se empezó a discutir acerca de la manera de Interpretar la sustancia de Cristo y se formaron dos escuelas opuestas.

Néstor decía que hay en Cristo dos personas: una humana, otra divina. La Virgen María no es más que la madre de Cristo hombre, no la Madre de Dios.

Acerca de estas palabras se entabló la lucha. Néstor fue condenado por un Concilio y desterrado a Arabia, sus escritos fueron arrojados al fuego, y sus discípulos perseguidos se refugiaron en el reino de persla. Existe todavía una iglesia nestorlana en territorio musulmán que sigue rechazando el culto de la Virgen María.

En sentido opuesto, Eutiques enseñó que en Cristo no hay solamente una persona única, sino una naturaleza única.

La emperatriz y la corte le protegían. Se convocó en efeso (449 a.C.) un Sínodo, en el que sus partidarios estaban en mayoría. Soldados y monjes invadieron la sala gritando: «Partid por la mitad a los que hablan de dos naturalezas».

Los adversarios de Eutiques fueron maltratados, el patriarca de Constantinopla desterrado. Por lo que el Papa denominó «el bandidaje de Efeso».

El Concilio condenó la doctrina de la naturaleza única. Definió que hay un mismo Cristo con dos naturalezas que no se confunden la una en la otra, sino que son inseparables e indisolubles, de modo que forman una persona única.

Era una fórmula intermedia entre las «dos personas» de Néstor y la «naturaleza única» de Eutiques. Pero los discípulos de éste, llamados monofisítas (una sola naturaleza) siguieron siendo muy numerosos en Egipto y en Siria. Hoy todavía la Iglesia copia de Egipto, a la que está unida la iglesia de Abisinia, es monofisita.

El emperador Zenón trató de reconciliar a los dos partidos, imponiéndoles el «Símbolo de unión» (482 a.C), que, evitando la palabra naturaleza , decía que Cristo es a la vez Dios y hombre. Pero el Papa rechazó esta fórmula y excomulgó al patriarca de Constantinopla, que respondió excomulgando al Papa (484 a.c). El resultado fue indisponer al emperador y a los cristianos de Oriente con el Papa y los cristianos de Occidente.

Desde entonces el mundo cristiano quedó dividido. El Occidente, sometido al Papa, permaneció fiel a la doctrina de los Concilios ecuménicos.

Las comarcas fronterizas del Oriente, el Egipto, la Siria, la Armenia, Caldea fueron herejes. El emperador y la Iglesia de Constantinopla vacilaron entre ambos bandos. Los emperadores que querían reconciliarse con los pueblos de Europa se declararon partidarios de la doctrina ortodoxa y se entendieron con el Papa.

Fue lo que hizo Justiniano cuando conquistó Italia. Los emperadores que trataban de satisfacer a sus subditos de Oriente se aproximaron a los herejes.

Heraclio (610-644), que pasó su reinado defendiéndose contra la invasión de los persas, trató de reconciliarse con los monofisitas.

En el edicto del año 638 declaró que hay en Cristo una sola voluntad. Pero el Papa condenó esta doctrina, y el resultado fue crear una nueva secta hereje, los mono-telltas (voluntad única) que se ha conservado en las montañas del Líbano.

Las Artes Bizantinas

turcosEn ellas podemos advertir las influencias griegas (en el equilibrio y la armonía de las formas orientales y en el predominio del gusto por la decoración) y cristianas (en la elección de temas como la glorificación de Cristo, la Virgen y los apóstoles).

La arquitectura bizantina fue su más bella expresión. Los ejemplos más importantes son la catedral de Santa Sofía, de Constantinopla y la iglesia de San Vital, en Ravena.

Su particularidad es el uso de la cúpula en la construcción de las iglesias.

La pintura y la escultura fueron concebidas en Bizancio como artes accesorias o complementarias de la arquitectura. Trabajaron sobre todo los mosaicos para la decoración (paredes y bóvedas).

En cambio, se destacaron en las llamadas artes industriales: la fabricación de joyas y toda clase de objetos suntuarios, realizados con oro, plata y piedras preciosas; los tejidos de seda; los bordados y las encuadernaciones, muy apreciadas en las regiones con las que comerciaban.

La obra más grande de este reinado es la Iglesia de Santa Sofía en Constantinopla, construida con mármol verde tomado de los templos paganos. La planta es una cruz griega con los dos brazos casi iguales (80 metros en un sentido, 75 en el otro).

La corona una enorme cúpula de 60 metros de alta, que recibe luz por 40 ventanas sostenidas en cuatro arcos.

santa sofia

Las paredes, de ladrillo, estaban cubiertas con un revestimiento de mármol, mosaicos y pinturas. Está todavía en pie, pero los turcos, para convertirla en mezquita, le han puesto a los dos lados minaretes y en el Interior han cubierto las pinturas con una capa de sal.

Santa Sofía fue imitada como modelo en Oriente, por ejemplo, al hacerse la iglesia de Salónica. Los rusos convertidos al cristianismo edificaron en Kief una Santa Sofía adornada con mosaicos que todavía existen.

La iglesia bizantina está cubierta de ordinario con una gran cúpula que rodean otras dos o cuatro más pequeñas, todas doradas y que resplandecen al sol.

El exterior es sencillo, pero el interior es casi siempre brillante y muy adornado, el suelo revestido con mosaicos de distintos colores, las columnas de mármol rico y coronadas por capiteles variados de mármol.

Las paredes están cubiertas de frescos y pinturas, que representan largas filas de personajes, ángeles, santos, o procesiones, de sacerdotes o monjes que se destacan sobre fondo dorado.

Por lo general, la actitud de los personajes es rígida, los ojos demasiado grandes, el cuerpo anguloso y el rostro sin expresión, porque los pintores copiaban modelos tradicionales. Pero en conjunto la decoración es brillante y majestuosa.

No ha habido grandes escultores bizantinos. Pero, hasta el siglo XI, en el Imperio bizantino, se han hecho casi todas las piezas de platería y marfil, los relicarios, las copas, los frascos, las encuademaciones, los cofrecillos, los incensarios, que se usaban no solamente en Oriente, sino en todos los pueblos cristianos.

Papel del Imperio Bizantino

Los bizantinos habían permanecido civilizados, en tanto los demás pueblos cristianos caían en la barbarie, y así ayudaron a conservar la civilización antigua y a trasmitirla a los pueblos de la cristiandad.

Las recopilaciones de Justiniano han conservado el derecho romano. Los eruditos y los monjes de Constantinopla han hecho llegar a nosotros los manuscritos de los escritores griegos.

De varios poetas e historiadores griegos no conocemos más que las copias reunidas en las colecciones de los bizantinos, tales como el Myriobiblion (diez mil volúmenes) del patriarca Focio.

Los bizantinos han fundado la Iglesia ortodoxa, que convirtió a la mayor parte de los pueblos eslavos. Fueron los creadores de la arquitectura bizantina, modelo para los rusos y para Venecia en Italia.
Los bizantinos han sido los bibliotecarios del género humano y los educadores religiosos y artísticos del pueblo ruso.

El Escudo de Europa

Uno de los grandes méritos del Imperio de Oriente fue que durante toda la Edad Media, mientras las jóvenes naciones europeas completaban su formación, Bizancio les sirvió de escudo parando los golpes de los pueblos bárbaros que Asia, vuelta a vuelta, lanzaba contra el Mediterráneo: persas, búlgaros, árabes y turcos.

Estos últimos fueron sus más feroces enemigos.

Al final, tras ocho siglos de lucha, la decadencia de Bizancio se fue acentuando. Hacia el año 1400 se presentía el desenlace: los emperadores Paleólogos se reconocieron vasallos de los Sultanes Turcos, y medio siglo después, en 1453, las tropas de Mahomet II (imagen)  entraron a degüello en Bizancio.

Así concluyó el Imperio de Oriente. Pero para entonces, Europa, ya mayor de edad, estaba preparada para hacer frente a las bordas asiáticas.

El ocaso de Bizancio fue una larga agonía. Cada convulsión interna o externa supuso la pérdida de una nueva porción de su territorio. El siglo XI se reveló como un momento crucial para la historia del imperio.

En el primer tercio de esta centuria se iniciaron las incursiones de los selyúcidas, que vinieron a tomar el relevo de los árabes en sus enfrentamientos con Constantinopla. Separaron definitivamente Bizancio de Anatolia, en la cual Constantinopla sólo pudo mantener los territorios de Nicea y Trebisonda.

SOBRE LA VIDA DE JUSTINIANO:
EL HIJO DE CAMPESINOS VISTE EL MANTO IMPERIAL
En la pequeña ciudad macedónica de Tauresium nació, en 482, Petrus Sabatus, hijo de campesinos. La madre tenía, empero, un hermano que se había hecho poderoso en Constantinopla, llamado Justino, quien más tarde fue soberano del Imperio Romano cristiano. Este último había ingresado en el ejército, distinguiéndose en las luchas contra los bárbaros, y llegó a ocupar el cargo de comandante de Palacio del emperador bizantino Anastasio I (491-518). Cuando Anastasio murió, sin dejar heredero directo, Justino fue elegido para sucederlo.

Justino no tenía hijos. Ya en el 502 había mandado a buscar a su sobrino, que vivía en Tauresium, a fin de que fuera su heredero. Como primera medida dio a Petrus Sabatus los nombres aristocráticos de Flavio Justiniano. Este no sería un rudo soldado como su tío. Su inteligencia le permitió comprender los complejos problemas religiosos que conmovían la estabilidad del Imperio. Su privilegiada posición le permitió, a su vez, ampliar en gran medida sus conocimientos.

En 521 Justiniano fue designado cónsul. El cargo era de naturaleza puramente honorífica, y sólo lo obligaba a la organización de los juegos públicos. Cuatro años más tarde recibió el título de «nobilísimo», que lo calificaba como aspirante al trono. Poco antes de la muerte de Justino, acaecida en 527, el hijo de campesinos fue nombrado «Augusto».

Ascender al trono era relativamente fácil. Pero mantenerse en él era lo difícil. Justiniano había aprovechado los nueve años de gobierno de su tío para trazar su propio camino hacia el logro del poder. La organización de los juegos del hipódromo (y de otros, como los circenses) le había asegurado el apoyo de la población tumultuosa de Constantinopla. Sus posibles competidores estaban, por lo menos circunstancialmente, anulados.

El circo ya había representado un papel importante en la vida de Justiniano, aun antes de que se convirtiese en emperador. En 520 una compañía de circo ambulante se encontraba en Constantinopla. Cierto día murió el domador de osos, dejando a su familia en la más completa miseria. Su viuda necesitaba obtener socorro.

En una función muy concurrida, expuso en la arena del circo a sus tres hijitas, la mayor de las cuales tenía apenas siete años. La facción de los «azules» (bando deportivo y político), tomó a las pequeñas bajo su protección. No obstante -esa ayuda, las desdichadas terminaron entregadas a la prostitución. Teodora, la menor de las hermanas, que superaba a las otras en belleza, era aplaudida con entusiasmo en el teatro cada vez que intervenía en las representaciones. Allí ejercía el oficio de actriz, entonces ligado estrechamente al comercio sexual, y mostraba su bello cuerpo en escena, entregándolo a quien la mantuviera.

De esas relaciones nació un hijo que, siendo pequeño, fue llevado a Egipto por su padre, y volvió más tarde a encontrarse con Teodora.

Vislumbrando la posibilidad de mejorar su condición social, ella adoptó un tipo de vida menos licencioso, mostrando recato en sus ropas y modales. Justiniano, en esa época patricio, quedó prendado hasta tal punto de la belleza e inteligencia de Teodora, que no descansó hasta convertirla en su esposa.

Las leyes prohibían a los individuos que ocupaban altos cargos casarse con mujeres de origen servil o que hubiesen actuado en la escena. Sin embargo, Justiniano consiguió que le fuese concedido a Teodora el título de patricia, haciéndola ingresar en los círculos más privilegiados de Constantinopla. Pese a ello, el matrimonio sólo se concretó después de que hubo muerto la esposa de Justino, que se oponía a la unión de la actriz con el futuro emperador, aun cuando éste fuese hijo y sobrino de campesinos, y ella fuera también de origen rural.

Después de la muerte de Justino, Teodora, convertida en emperatriz, obtuvo derechos casi similares a los de Justiniano, quien hizo que los grandes del Imperio le prestasen juramento.

Rodeada de servidores, Teodora pasaba largas temporadas en las agradables orillas del mar. Allí concedía audiencia a los personajes más destacados, que venían a solicitarle su favor. Arbitro de la voluntad de su marido, promovía o degradaba según su parecer a los funcionarios y cortesanos. E intervenía también con raro talento en la conducción de los asuntos de Estado. Aconsejado por ella, Justiniano fundó varios establecimientos de ayuda pública, entre ellos uno destinado a quinientas mujeres que habían ejercido la prostitución. Justiniano, modestamente, atribuía a Teodora todo el mérito de esas medidas.

EL EMPERADOR JUSTINIANO, UN GRAN LEGISLADOR Seis meses después de asumir la conducción del Imperio, Justiniano inició su obra legislativa. Encargó a una comisión de juristas la compilación del denominado «Novus lustinianeus Códex» —una revisión y sistematización de las diferentes leyes imperiales—. El nuevo código fue promulgado en abril del 529. «Las armas y las leyes sustentaron siempre al feliz pueblo romano y le dieron el dominio del mundo». Esa frase definía las ideas rectoras del gobierno de Justiniano.

Justiniano necesitaba, realmente, robustecer su autoridad. El monofisismo de Anastasio (creencia en la naturaleza divina de Cristo, que se apartaba de la doctrina ortodoxa, la cual definía que en Cristo había dos naturalezas, la divina y la humana, en una sola persona), había provocado una oleada de rebeliones y persecuciones. Uno de los motivos que habían promovido el ascenso al trono de su tío Justino fue el desgaste político del partido monofisita.

La quiebra del principio de sucesión hereditaria, inaugurada por Constantino dos siglos antes, dio lugar a la organización de una facción «legitimista», favorable a la familia de Anastasio. El gobierno de Justiniano preanunciábase sombrío. En 529 fue promulgado el «Código de Justiniano». «Con la ayuda de Dios, gobernando este Imperio que nos fue entregado por la Majestad Celeste, condujimos la guerra y la paz con felicidad, y sustentamos la vida del Estado».

Era una nueva afirmación del poder de las armas y de las leyes, apoyada ahora por los hechos. Pocos meses antes el Imperio Bizantino había conseguido su primera victoria importante, bajo el mando del ilirio Belisario, brillante soldado de menos de treinta años de edad, que se convirtió en comandante general de los ejércitos.

Cuarenta mil persas habían atacado la fortaleza de Dará. Los bizantinos contaban con menos de la mitad de esas tropas, y en su mayoría éstas estaban formadas por soldados sin experiencia. Belisario mandó excavar un foso ancho y profundo frente a la ciudad y próximo a sus murallas.

En el interior permanecieron los contingentes más bisónos. Trincheras espaciadas, junto a las cuales se emplazó la caballería, completaban las defensas. Los persas, subestimando a los bizantinos, atacaron. Sus fuerzas se dividieron, a fin de evitar el foso central.

Esto era exactamente lo que Belisario esperaba: los soldados persas quedaron completamente desorientados frente a la lluvia de flechas lanzadas desde las murallas y trincheras y ante los contraataques de la caballería. Por primera vez en varias generaciones, el Imperio conseguía una victoria sobre su tradicional enemigo.Siguieron dos años de luchas esporádicas, que terminaron con la firma de un tratado de «paz eterna».

UN EMPERADOR NO PUEDE ABANDONAR SU TRONO
Crear un ejército poderoso ocasionaba enormes gastos. Los impuestos alcanzaron niveles intolerables. La administración de Justiniano dependía de la habilidad de sus funcionarios fiscales. El descontento se extendía.

En 532 estalló la rebelión Nika. Los «verdes» y «azules» —partidos en que se dividía el pueblo de Constantinopla, originados en los antiguos bandos deportivos—, se congregaron en gigantesca manifestación en el hipódromo.

En ese recinto, capaz de contener varias decenas de miles de personas sentadas, el emperador, tradicionalmente, hablaba al pueblo. La multitud solicitó perdón para dos condenados a muerte, que se habían refugiado en una iglesia. Exigió, además, la substitución del prefecto de la ciudad y de dos altos funcionarios, acusados de deshonestidad y extrema severidad en la recaudación de impuestos.

Justiniano atendió a las exigencias, pero no consiguió aplacar a la población enfurecida. Justiniano intentó calmarlos. Pero le respondieron con injurias. Azuzado por los líderes de la oligarquía, parte del pueblo reclamó el trono para un sobrino de Anastasio.

Durante cinco días se sucedieron los desórdenes y las luchas. Constantinopla se transformó en un campo de batalla. La población se adueñó de armas donde pudo hallarlas. Las estatuas fueron destruidas y sus fragmentos lanzados contra las tropas de Belisario. El fuego arrasó barrios enteros. Justiniano se preparaba para huir a Heraclea, cuando Teodora intervino.

Ella no dejaría la ciudad. Ante el Consejo de Estado reunido, dijo que quien quisiese huir podía hacerlo, pero un emperador no debía abandonar su puesto. Era preferible la muerte: «la púrpura es la mejor mortaja».

Justiniano no escapó y, ante el ejemplo de esa mujer, los ministros tampoco lo hicieron. La lucha terminó con la derrota total de los insurrectos, cercados en el hipódromo por los soldados de Belisario. Esa victoria costó miles de vidas, y la destrucción parcial de la ciudad. Los dos sobrinos de Anastasio, Hipatio y Pompeyo, el primero de los cuales había sido nombrado emperador por los facciosos, fueron muertos. Los administradores destituidos terminaron por ser repuestos en sus cargos: serían útiles para recaudar los recursos necesarios para la reconstrucción de la ciudad.

PARA SABER MAS…

CON SU MAGNÍFICO puerto y su emplazamiento fácil de defender, Constantinopla (ant. Bizancio, act. Estambul) era una capital segura para el imperio de oriente. El emperador Justiniano (h. 483-565), coronado en 527, se vio asistido por la sabiduría de su esposa Teodora (h. 500-548) y por su brillante general Belisario (h. 505-565).

CONQUISTAS DE JUSTINIANO Justiniano logró volver a hacerse con el control de vastas zonas que habían pertenecido al imperio romano de occidente. Italia, el norte de África, las islas Baleares, Córcega y Cerdeña, cayeron bajo su dominio. Entre el 551 y el 624 las costas meridionales del reino visigodo también fueron bizantinas. Asimismo, ordenó la construcción de la iglesia de Santa Sofía. Sus reformas de la legislación romana dieron origen al llamado Código de Justiniano.

LA PESTE Y LAS INVASIONES Las reconquistas de Justiniano, sin embargo, no tuvieron larga vida. Agotado por el flagelo de la peste, el imperio bizantino no fue capaz de resistir a sus enemigos. En el año 647, los musulmanes conquistaron el norte de África y gran parte del Mediterráneo. En el 711, cruzaban el estrecho de Gibraltar y ganaban la batalla del Guadalete a los visigodos.

CAMBIO DE PODERES
Tras las invasiones musulmanas, el imperio bizantino perdió gran parte de sus dominios. El emperador Basilio I (h. 812-886) accedió al trono. Durante su mandato, la lengua griega pasó a sustituir al latín. Hacia el final del cruel reinado de BasÜio II (h. 958-1025), el poder bizantino se extendía desde el Danubio hasta la isla de Creta, y del sur de Italia a Siria.

LUCHAS POR EL PODER
Durante el período de expansión de Basilio II, floreció el comercio, y los misioneros ortodoxos difundieron su fe en Rusia a través de los Balcanes. Pero, en 1071, la victoria de los turcos selyúcidas en la batalla de Manzikert (en la actualidad Turquía) marcó el principio del fin. Las luchas cortesanas por el poder llegaron a ser tan complicadas que la palabra «bizantino» se relaciona con la conspiración y la intriga. Los emperadores caídos y los aspirantes a emperador sufrieron injurias, mutilaciones y en muchos casos la muerte. De los 88 emperadores bizantinos, 29 murieron asesinados.

EL ULTIMO PERÍODO En 1204, los cruzados que llegaron de Occidente para ayudar a Constantinopla contra los turcos selyúcidas, saquearon la ciudad y fundaron el «imperio latino», de corta vida. Constantinopla no tenía defensas contra el poderoso imperio turco otomano. En 1453, tras dos meses de asedio, el sultán Mehmet II (1432-81) entró en Bizancio, que pasó a llamarse Estambul.

CRONOLOGÍA DEL IMPERIO BIZANTINO
——— 285———

El emperador Diocleciano divide el imperio en dos partes, cada una de ellas con un emperador. A Constantino
le corresponde oriente, mientras que Diocleciano se reserva occidente.
——— 330———
En mayo, Constantino cambia el nombre de Bizancio por el de Constantinopla.
——— 527———
Comienza el reinado de Justiniano I el Grande.
——— 534———
Justiniano publica su reforma de la legislación romana, el Código de Justiniano. Al mando del general
Belisario, el imperio bizantino reconquista el norte de África, en poder de los vándalos (pueblo bárbaro de Europa septentrional que penetró en la península Ibérica a principios del s. V y que en el 429 cruzó el estrecho de Gibraltar para asentarse en el norte de África).
——— 551 ———
Narsés, general sucesor de Belisario, conquista la costa meridional del reino visigodo de la península Ibérica.
——— 552 ———
Bizancio completa la reconquista de Italia.
——— 570———
Nace Mahoma, fundador de la religión islámica, en La Meca, en la actual Arabia Saudí.
——— 627———
El emperador Heraclio derrota a los persas en la batalla de Nínive.
——— 711 ———
Los musulmanes cruzan el estrecho de Gibraltar y penetran en la península Ibérica, derrotando a los visigodos
en la batalla del Guadalete.
——— 717-718———
Constantinopla sufre un prolongado asedio de los musulmanes.
——— 730 ———
El emperador León III intensifica la querella de los iconoclastas al ordenar la destrucción de todos los iconos.
——— 751 ———
Los lombardos arrebatan Rávena a los bizantinos. Es el fin del dominio bizantino en occidente.
——— 843———
Termina la querella iconoclasta.
——— 939———
La boda de la princesa imperial Ana con el príncipe Vladimiro de Kiev marca la conversión oficial de Rusia a la iglesia ortodoxa.
——— 1018———
El emperador Basilio II derrota a los  búlgaros. Para corroborar su triunfo, ordena arrancar los ojos de todos los
soldados búlgaros sobrevivientes.
———1071 ———
Los turcos selyúcidas derrotan a los bizantinos en la batalla de Manzikert. Como resultado, los selyúcidas
reinan en Anatolia (act. la parte asiática de Turquía).
———1204———
Constantinopla es conquistada y saqueada por los cruzados, apoyados por el creciente poder de la república
de Venecia. Fundan el imperio latino, de corta vida.
———1453 ———
Tras dos meses de asedio, Constantinopla cae en manos de Mehmet II, sultán de los turcos otomanos. La iglesia de Santa Sofía es convertida en mezquita. Con el nombre de Estambul, Constantinopla pasa a ser la capital del imperio otomano.

Fuente Consultada: Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo I