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Biografia de Cerulario Causas Separacion de la Iglesia de Oriente

Biografía de Cerulario Patriarca de Constatinopla – Causas de Cisma Oriente y Occidente

Patriarca de Constantinopla de 1043 a 1058. Elegido el 25 de marzo de 1043, su patriarcado coincidirá con el pontificado de León IX, y juntos protagonizaran el Cisma de Oriente y Occidente.

Miguel Cerulario encarnó el cisma de 1054. Brillante funcionario y protegido del emperador Constantino IX, representó todo lo que los occidentales ya no podían comprender. Su obstinación e intransigencia precipitaron la ruptura entre el pontificado y la Iglesia griega.

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Miguel Cerulario nació hacia el año 1000 en el seno de una ilustre familia de Constantinopla y estaba destinado a una carrera administrativa, como era la costumbre en su medio, pero en 1040 participó junto con su hermano en un complot que buscaba derribar al emperador Miguel IV: resultó un fracaso y tuvo que tomar el hábito.

Cuando Miguel Cerulario se convirtió en patriarca de Constantinopla el 25 de marzo de 1043, las relaciones entre Roma y Constantinopla ya estaban marcadas desde hacía un largo tiempo por conflictos, tensiones y malentendidos.

Muy pronto, en efecto, disputas dogmáticas opusieron a los dos polos de la cristiandad; las diferencias lingüísticas y litúrgicas no hicieron más que acrecentar la incomprensión recíproca suscitada por civilizaciones tan diferentes.

La rivalidad entre Oriente y Occidente, a lo largo de los siglos IX y X, se desplazó hacia un terreno de luchas de influencia.

El papado, al no poder contar con la protección tradicional de los emperadores bizantinos, decidió unir su suerte a los carolingios y posteriormente a los otomanos.

La Iglesia griega no renunció a Italia meridional, que disputó a los latinos, así como la conversión de los pueblos eslavos de Europa central. El recuerdo de esas discordias continuaba vivo: el impetuoso Cerulario supo aprovechar esa circunstancia.

Otra fuente de fricciones entre Oriente y Occidente apareció cuando los normandos comenzaron a invadir las regiones del sur de Italia, que estaban gobernadas políticamente por Oriente, pero que en la práctica pertenecían a Occidente.

El emperador de Bizancio necesitaba la ayuda occidental para vencer a los normandos, pero el papa se negó a prestar esta ayuda porque deseaba recuperar la jurisdicción sobre el sur de Italia de manos del patriarca de Constantinopla.

El papa León IX (papa entre 1049 y 1054) provocó un enfrentamiento con Bizancio al afirmar su autoridad espiritual mediante un sínodo cuyo fin era reformar la Iglesia siciliana y el nombramiento de un nuevo arzobispo de Sicilia.

Se encontró con la total oposición del patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, tal vez animado por el emperador oriental.

Cerulario, en venganza por el rechazo del papa León a cooperar, ordenó el cierre de las iglesias occidentales en toda Constantinopla y expulsó al clero.

El papa envió a su legado, el cardenal Humberto de Silva Candida, a reunirse con el patriarca. Las negociaciones, si es que llegaron a iniciarse, se interrumpieron cuando el legado papal excomulgó a Miguel y a su corte.

«QUE SEA ANATEMA»

El 16 de julio de 1054, el patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, se encontraba reunido con sus obispos frente a una gran fogata. Arrojó al fuego un rollo de pergamino y pronunció solemnemente la excomunión del delegado papal, quien había depositado el pergamino en la catedral el día anterior.

Excomulgó además «a todos los que contribuyeron a redactarlo, ya fuera con sus ideas o con sus oraciones».

En ese momento se produjo la ruptura final entre las Iglesias de Oriente y de Occidente.

La pelea que precipitó esta ruptura fue el resultado de una tensión que ya existía desde hacía seiscientos años.

Cuando Cerulario asumió el patriarcado, instruyó a sus clérigos en los asuntos que habían dividido la Iglesia de Oriente de la de Occidente: el celibato, el uso de pan sin levadura para la Eucaristía y los términos empleados en el Credo. Bajo pena de excomunión, prohibió a sus sacerdotes que siguieran el rito latino.

En 1053 clausuró todas las iglesias que insistían en continuar su culto según las directivas de Roma.

El papa León IX respondió inmediatamente con una carta muy dura en la que ordenaba que todos los patriarcas reconociesen la autoridad papal y calificaba a toda congregación que no lo hiciera como «una asamblea de herejes, un conventillo de cismáticos o una sinagoga de Satanás».

Cuando desahogó su ira, envió una delegación al mando del cardenal Humberto para hablar de las diferencias entre las dos Iglesias.

El enfoque del cardenal Humberto no fue conciliatorio. Según él, su misión no era la de «escuchar y discutir, sino la de instruir a los griegos».

El patriarca declaró que se estaba cuestionando su capacidad para tratar sus asuntos.

En medio de esta contienda, murió el papa León XIII y por un año no se eligió sucesor. Tres meses después de la muerte del Papa, el cardenal Humberto, amargado y frustrado, resolvió hacerse cargo del problema, redactó una bula excomulgando a Cerulario y la colocó en el altar de Santa Sofía, una basílica del siglo VI, en Constantinopla.

Este hecho precipitó la respuesta de un patriarca enojado y la división de la cristiandad.

Cerulario  es nombrado patriarca
«Nombramiento de Miguel Cerulario patriarca de Constantinopla (miniatura de un manuscrito griego del siglo XIV). Cerulario, al debatir públicamente, abandonó las argumentaciones teológicas complicadas, coiocó el acento sobre las divergencias litúrgicas y levantó un listado de «herejías latinas», asegurándose así un fuerte apoyo popular en Constantinopla,

LA VIDA DE CERULARIO

Miguel Cerulario nació hacia el año 1000 en el seno de una ilustre familia de Constantinopla y estaba destinado a una carrera administrativa, como era la costumbre en su medio, pero en 1040 participó junto con su hermano en un complot que buscaba derribar al emperador Miguel IV: resultó un fracaso y tuvo que tomar el hábito.

A pesar de este episodio, el nuevo emperador Constantino IX Monómaco, que buscaba un buen administrador, nombró patriarca a Miguel Cerulario en 1043.

Este nombramiento era una facultad del emperador, verdadero jefe de la Iglesia griega. La fuerte personalidad de Cerulario, muy dedicado a su función, despertó rápidamente la desconfianza de Roma.

Le imputaron muy pronto una carta que acusaba a los latinos de judaizar la Eucaristía con el pan ácimo (sin levadura) y el ayuno del sábado.

Corrió el rumor que habría hecho cerrar las iglesias de rito latino.

asimismo, cuando Constantino IX Monómaco, mquieto por el crecimiento normando en Italia, invitó al papa a que le enviara lo antes posible una delegación para sellar una alianza, este último remitió una misiva en la que respondía a la presunta carta del patriarca. Los malentendidos comenzaban.

Para judíos y cristianos el pan ácimo tiene un significado especial. La tradición judeocristiana cuenta que el pueblo de Moisés salió huyendo intempestivamente de Egipto, sin mucho tiempo para terminar de preparar el pan, por lo que durante el viaje hacia Israel el pan que se consumió era pan ácimo.

DEL MALENTENDIDO AL CISMA

Aunque no hubo mayores problemas en encuentro entre los legados del papa y el emperador, no fue tan fácil con el patriarca.

En efecto, este último recibió una detallada condena de los ritos orientales, provista de amenazas de excomunión, mientras Cerulario ignoró o fingió ignorar las circunstancias de su redacción; concluyó que la carta era una falsificación y que los legados eran los usurpadores.

En junio-julio de 1054, la situación se puso aún más tensa entre los adversarios. Los orientales rechazaron el añadido al Credo de la palabra Filioque que indicaría que el Espíritu Santo podía emanar «igualmente del Hijo», y no únicamente del Padre.

Sobrepasados, presumiendo que Constantino preferiría más bien preservar una alianza con el papado que salvar a su patriarca, los legados dejaron el 16 de julio de 1054, en la catedral de Santa Sofía, el acta de excomunión de Cerulario para enseguida alejarse de la ciudad.

En realidad, ellos apreciaron en forma errónea la situación, ya que Constantino los alcanzó y, presentándose como el defensor agraviado de la ortodoxia, les ordenó dar explicaciones.

En las calles, el descontento aumentaba y la seguridad de los legados era precaria; hubo que evacuarlos el 21 de julio y algunas horas más tarde Cerulario dictó su excomunión. El domingo 24 la alegría del pueblo estaEó con el anuncio de la sentencia.

UNA CAÍDA BRUTAL

Aunque para Cerulario constituyó una victoria, el cisma de 1054 no tuvo grandes consecuencias para su entorno: las mutuas excomuniones no tuvieron valor al morir el papa durante el viaje de los legados.

Sin embargo, las dos Iglesias no iban a reunirse más, y el foso entre los dos mundos se profundizó. Oriente, muy apegado a la superposición entre el poder temporal y espiritual, no podía comprender la reforma gregoriana, iniciada por León IX, que predicaba un sistema pontifical monárquico y su independencia con respecto al emperador.

Miguel Cerulario disfrutó poco tiempo su triunfo. Aprovechando su inmensa popularidad entronizó a Isaac I Comneno. De él, Cerulario habría declarado, más orgulloso que nunca: «Yo te hice necio, yo te destruiré».

Fue su perdición: el nuevo emperador lo arrestó y destituyó. La muerte del ex patriarca en enero de 1059 libró a todos de una situación embarazosa y, más tarde, Cerulario fue incluso honrado como si fuera un santo.

Fuentes Consultadas:
Hitos en la Historia de la Iglesia Alfred McBride – Editorial Lumen
Hicieron Historia Biografia de Personajes de la Historia Tomo I Editorial Larousse
Historia del Cristianismo 2000 años de Historia Collins y Price

Biografia de Benedicto XV Obra de su Papado

Biografía del Papa Benedicto XV

Cuando el mundo se ensangrentaba en los horrores de la primera conflagración bélica general, fue el Vaticano una de las pocas instituciones que se levantaron como faro de paz para los espíritus soliviantados por la tragedia de la guerra y la crisis de los primeros años después del armisticio de 1918.

Papa Benedicto XV
Benedicto XV, nacido como Giacomo della Chiesa fue el 258.º papa de la Iglesia católica, entre el 3 de septiembre de 1914 hasta su muerte. Su pontificado fue eclipsado en gran medida por la Primera Guerra Mundial y las consecuencias de esta, tanto políticas, sociales como humanitarias.
Fecha de nacimiento: 21 de noviembre de 1854, Pegli, Italia
Fallecimiento: 22 de enero de 1922, Palacio Apostólico, Ciudad del Vaticano

Gran parte del prestigio que entonces adquirió la Iglesia católica se debe a la alta figura moral de Benedicto XV, el papa que jamás perdió de vista los supremos intereses de la sociedad y se hizo digno sucesor de aquellos prodigios varones que cimentaron, en la confusión de las primeras persecuciones, la grandeza del Pontificado.

Jamás la Iglesia estuvo tan a la altura de su misión con en aquellos años cruciales, cuando se elevaba por e cima de las pasiones y proclamaba los principios eternos de una paz justa y cristiana.

Hijo de los marqueses Della Chiesa, Jaime Del Chiesa nació en Genova el 21 de noviembre de 185 Se educó en el seminario y en la universidad de ciudad natal, doctorándose en leyes en 1875.

Decidido a cumplir su vocación sacerdotal, estudió en el Colegio Capránica de Roma y en la Academia de los Nobles Eclesiásticos, donde se preparó para ingresar en la c plomada pontificia.

Ordenado sacerdote en 1878, cinco años después acompañaba a monseñor Rampol como secretario de la nunciatura española. Permaneció en Madrid hasta 1884, en cuyo año regresó Roma con el cardenal, a quien León XIII había d signado para ocupar su secretaría de Estado.

Del Chiesa obtuvo entonces una plaza de «minutante» en la referida secretaría, que más tarde cambió por la de «substituto». Sus conocimientos diplomáticos le merecieron no sólo la distinción de Rampolla, sino la de su sucesor, el cardenal Merry del Val.

En 1907 Pío X nombró a Jaime Della Chiesa arzobispo de Bolonia. El nuevo pastor de almas se puso su obligación con el sacro ardor que presidía todos sus actos, de modo que muy pronto se hizo notar por su extraordinaria capacidad para la regencia del arzobispado.

Pocos meses después que le fuera concedida dignidad cardenalicia, en junio de 1914, murió Pío I en medio de las primeras convulsiones de la guerra general.

El conclave que se reunió para designar a su sucesor, eligió al cardenal Della Chiesa (3 de septiembre), probablemente debido a la impresión causada por una carta arzobispal dirigida a los fieles sobre actitud que la Santa Sede había de observar en el conflicto.

Desde el siglo XV no se había registrado otro caso en que mediara tan breve tiempo entre el cardenalato y el pontificado.

No resultaron defraudadas las esperanzas que los fieles del mundo entero depositaron en Benedicto XV pues aunque la Santa Sede jamás dispuso de ejército para imponer su voluntad, en cambio lanzó a la coi tienda sus tropas del bien, de la bondad y de la justicia en Cristo.

El pontífice practicó una política de extricta neutralidad; fomentó las obras de socorro a los prisioneros y a los heridos; condenó la violación de las reglas del derecho de gentes cometidas por los beligrantes, y propuso varias veces la paz, a base de une puntos inspirados en la más estricta realidad.

Su acttitud no obtuvo, de momento, los provechosos resultados que cabía esperar de ella. Pero cuando se hubiero aquietado las pasiones de la guerra, los pueblos con prendieron la elevación moral que representaba la política de Benedicto XV. Francia e Inglaterra, para no hablar de otras naciones, reanudaron sus relación con el Vaticano.

Benedicto XV murió el 22 de enero de 1922, de pues de haber impulsado, en cuanto pudo y le permitieron las circunstancias, las obras de carácter estrictamente religioso o eclesiástico (publicación del Códio de Derecho canónico, 1917, de Pío X, fomento de le seminarios, beatificaciones, etc.).

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
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Biografia Hernando de Talavera Arzobispo

Biografia de Hernado de Talavera

De suma significación en la vida castellana a fines del siglo XV y principios del XVI, o sea en la época de los Reyes Católicos, es la persona de fray Hernando de Talavera, prior de Prado, confesor de la reina Isabel y primer arzobispo de la Granada reconquistada.

Talavera Hernando
Arzobispo y Confesor de la Reina Isabel, Hernando de Talavera

Hombre de una gran fe religiosa, intransigente en el respeto debido al Señor aun por los propios monarcas, supo hallar suavidades en el grave problema de convertir al cristianismo a los musulmanes granadinos.

En una época de exaltación religiosa y de procedimientos radicales, Talavera buscó una vía media que condujera a la conversión de buen grado, sin el uso de la fuerza o la coacción. Por otra parte, fue un buen orador y un pulcro y notable escritor de temas religiosos y morales.

De cuna discutida — pues unos afirman que fue muy humilde y otros de mediana nobleza —, Hernando nació en Talavera de la Reina hacia 1428. Educado-desde su más tierna infancia por y para la Iglesia, creció en bondades y en aptitud para los conocimientos literarios.

Estudió en Salamanca con sus propios recursos, ayudándose con la redacción manual de libros. Bachiller a los veinticinco años y licenciado a los treinta, en 14615 completó el cuadro de sus virtudes ingresando en el monasterio Jerónimo de San Leonardo de Alba.

Su saber y su renombre le llevaron, a poco, al priorato de Nuestra Señora del Prado, cercano a Valladolid, en cuyo cargo demostró competencia extraordinaria. Tanto fue así que su fama llegó hasta los lugares más altos del Estado.

La reina Isabel le eligió por confesor y le encargó varios asuntos diplomáticos delicados, como el de zanjar las diferencias entre las coronas de Castilla y Portugal a causa de la guerra de la Beltraneja (1479).

Nombrado visitador general de su Orden, y, más tarde, obispo de Avila, en 1493′ recibió las bulas pontificias designándole arzobispo de la diócesis de Granada, que hacía un año había sido rescatada del poder del Islam. Entonces pidió y obtuvo de sus soberanos que le permitieran dedicarse por completo a su ardua tarea.

En Granada Talavera predicó el amor, la caridad y los misterios sagrados del cristianismo. Consta que se granjeó el afecto y admiración de muchos musulmanes, que se convirtieron. Pero, en la corte, se lamentaba la supuesta lentitud de las conversiones.

El nuevo confesor de la reina y arzobispo de Toledo desde 1495 Cisneros, propuso un método para alcanzar rápidamente el imperio de la verdadera fe en Granada.

En 1499, con motivo de su estancia personal en la ciudad, se produjeron graves motines, los cuales sólo fueron calmados gracias a la autoridad personal de Talayera.

Este tuvo que asistir a la rebelión de 1500 y al edicto de conversión general de 1501, lo que significaba el fracaso de su política religiosa. Murió en Granada el 14 de mayo de 1507.

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Francia y el Absolutismo de Luis XIV:EL estado soy yo Poder de Rey

Francia y El Absolutismo, Luis XIV: El Estado Soy Yo 

rey de francia luis xivEL ABSOLUTISMO EN EUROPA: Al iniciarse el siglo XVIII, el sistema político predominante en Europa era el absolutismo monárquico, resultado del fortalecimiento del poder real iniciado desde finales de la Baja Edad Media.

Este sistema se sustentaba esencialmente en la nobleza, que continuaba siendo el grupo dominante, propietario de la mayoría de las tierras y detentador de cargos y privilegios. La burguesía, a pesar de su enriquecimiento, carecía de influencia política y permanecía marginada de los círculos de poder.

A finales del siglo XVII se produjeron en Holanda y en Inglaterra una serie de transformaciones políticas que comenzaron a limitar el poder de la monarquía y a abrir camino al parlamentarismo. (Ampliar: Gobierno Absolutista)

El reinado de Luis XIV
Richelieu murió en 1642 y Luis XIII en 1643, dejando el trono a su hijo de cinco años, Luis XIV.

Mazarino y La Fronda
El protegido y sucesor de Richelieu como primer ministro, el cardenal Giulio Mazarino, continuó la política de su predecesor, culminando de forma victoriosa la guerra con los Habsburgo y derrotando, en el interior, el primer esfuerzo coordinado de la aristocracia y la burguesía para invertir la concentración de poder en el rey realizada por Richelieu.

En 1648, el Parlamento de París, en alianza con los burgueses de la ciudad, protestó contra los elevados impuestos y, con el apoyo de los artesanos, hicieron estallar una rebelión contra la Corona, denominada La Fronda. Poco después de que finalizara, los nobles amotinados del sur se rebelaron y, antes de que la revolución fuera aplastada, una guerra civil arrasó de nuevo diversas zonas de Francia. A pesar de esto, la Fronda fracasó en su intento de impedir la centralización del poder y, hasta la década de 1780, los estamentos privilegiados no desafiaron de nuevo a la autoridad de la Corona.

El absolutismo de Luis XIV A la muerte del cardenal Mazarino en 1661, Luis XIV anunció que en lo sucesivo él sería su propio primer ministro. Durante los siguientes 54 años, gobernó Francia personal y conscientemente, y se estableció a sí mismo como modelo del monarca absolutista que gobernaba por derecho divino.

A principios de su gobierno en solitario, Luis XIV estableció la estructura del estado absolutista. Organizó un número determinado de consejos consultivos y, para ejecutar sus instrucciones, los dotó de hombres capaces y completamente dependientes de su persona. La demanda de los parlamentos provinciales de un veto sobre los decretos reales se silenció totalmente.

Los nobles potencialmente peligrosos, por ser descendientes de la antigua nobleza feudal, quedaron unidos a la corte a través de cargos prestigiosos pero de carácter ceremonial, que no les dejaban tiempo libre para su actividad política. La burguesía se mantuvo políticamente satisfecha con la garantía de orden interno que le ofrecía el gobierno, el fomento activo del comercio y la industria y las oportunidades de hacer fortuna explotando los gastos del Estado.

Luis XIV y la Iglesia El rey, gracias al poder de nombrar a los obispos, consiguió un dominio firme sobre la jerarquía eclesiástica. El monarca gobernaba como representante de Dios en la tierra, y la obediencia del clero le proporcionó la justificación teológica de su derecho divino. Un movimiento disidente, el jansenismo, que se desarrolló en el siglo XVII, constituyó una amenaza política por el énfasis que daba a la supremacía de la conciencia individual, por lo que Luis luchó contra él desde sus comienzos.

Mecenazgo de las artes El gran palacio que construyó Luis XIV en Versalles fue —y sigue siendo— incomparable en tamaño y en magnificencia, un monumento de la arquitectura, pintura, escultura, diseño interior, jardinería y tecnología constructiva de Francia.

Luis XIV fue un destacado mecenas de las artes. Intentó elevar el nivel cultural mediante la fundación de la Academia de Bellas Artes y la Academia Francesa en Roma; además, ayudó a los autores con aportaciones económicas y fomentó sus trabajos, nombrando a un surintendant (supervisor) de música para elevar la calidad de las composiciones y de los conciertos. Creó también la Academia de las Ciencias.

Regulación de la economía El ministro de Finanzas, Jean-Baptiste Colbert, fue el gran exponente de la era del mercantilismo. Subvencionó a la industria, estableció aranceles para eliminar la competencia exterior y controles de calidad en la producción industrial, desarrolló mercados coloniales que fueron monopolizados por los comerciantes franceses, fundó compañías comerciales ultramarinas, reconstruyó la Armada y, en el interior, construyó carreteras, puentes y canales.(ver Mercantilismo)

La persecución de los hugonotes Antes de finalizar su reinado, los gastos de las guerras habían arruinado la mayor parte del trabajo de Colbert en el ámbito económico y, en 1685, el rey asestó un golpe a la débil economía del Estado al revocar el Edicto de Nantes.

Convencido de que la mayoría de los hugonotes se habían convertido al catolicismo, prohibió el culto público protestante, los predicadores fueron expulsados del país y se destruyeron sus centros de reunión. A pesar de la amenaza de elevadas multas, entre 200.000 y 300.000 hugonotes abandonaron Francia; la mayoría eran artesanos especializados, intelectuales y oficiales del ejército; en definitiva, valiosos súbditos que Francia no podía permitirse el lujo de perder.

Las guerras de Luis XIV Luis condujo a su país a cuatro guerras costosas. En todas ellas continuó la política de contener y reducir el poder de los Habsburgo, extender las fronteras francesas hasta posiciones defendibles y conseguir ventajas económicas. Su ministro de Guerra, el marqués de Louvois, organizó un poderoso ejército de 300.000 hombres entrenados, disciplinados y bien equipados.

En 1667, el monarca empleó este ejército para hacer valer su reclamación (basada en su matrimonio, en 1660, con María Teresa, hija del rey Felipe IV de España) sobre los Países Bajos españoles. Una hostil alianza de poderes marítimos le indujo a negociar un compromiso de paz en 1668. La recompensa francesa fueron once fortalezas en la frontera nororiental.

En 1672, las consideraciones estratégicas y económicas llevaron a Luis a atacar las Provincias Unidas (parte de los Países Bajos no sujeta a dominación española), donde pronto se enfrentaría no sólo con los holandeses, sino también con una poderosa coalición. Francia consiguió tras la Paz de Nimega (1678), que puso fin a la guerra, el Franco Condado en la frontera oriental y una docena de ciudades fortificadas en el sur de los Países Bajos.

En 1689, una alianza de poderes europeos, la Liga de Augsburgo, entró en guerra con Luis XIV para poner fin a su política de anexionar territorios adyacentes a ciudades conseguidas en tratados anteriores. Los ocho años de guerra terminaron con la Paz de Ryswick, acuerdo en el que ambas partes renunciaron a sus conquistas, aunque Francia retuvo la ciudad de Estrasburgo en Alsacia.

Los combatientes habían resuelto solucionar sus diferencias debido a que una nueva crisis internacional asomaba en el horizonte. Carlos II, rey de España, no tenía heredero directo. Un mes antes de su muerte, nombró para sucederlo al nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou. Aunque Luis había defendido anteriormente la división de la herencia de la monarquía española, decidió apoyar la candidatura de su nieto a todo el territorio. Los otros estados europeos temieron las consecuencias de la gran extensión del poder de los Borbones que esto generaría, y se unieron en una coalición para evitarlo. La guerra de Sucesión española duró trece agotadores años. Al final, Luis consiguió su principal objetivo y su nieto se convirtió en rey de España con el nombre de Felipe V.

El fin del reinado de Luis XIV La guerra, junto al frío invierno de 1709 y a una escasa cosecha, provocó en Francia numerosas revueltas por la falta de alimentos y en demanda de reformas políticas y fiscales. Una epidemia de viruela que tuvo lugar entre 1711 y 1712 acabó con la vida de tres herederos al trono, dejando un único superviviente por línea directa, el biznieto de Luis, que tenía 5 años de edad. Luis XIV murió en Versalles el 1 de septiembre de 1715, tras 73 años de reinado.

BALANCE DE UN REINADO

La edad (77 años) que había alcanzado Luis XIV no había podido hacerle cambiar el ritmo de su vida: continuaba siendo un gran cazador y trabajaba a sus horas habituales. Sin embargo, en agosto de 1715, manchas negras, reveladoras de la gangrena, aparecieron en su pierna izquierda. La muerte no podía asustarle, y el último acto de este gran actor de teatro estuvo lleno de dignidad y de grandeza, como lo había estado su vida.

Habiendo recibido a su sobrino y futuro regente, el duque de Orleans, pronunció estas palabras: «Vais a ver a un rey en la tumba y a otro en la cuna. Acordaos siempre de la memoria de uno y de los intereses del otro». Después se dirigió al pequeño delfín: «Me ha gustado demasiado la guerra; no me imitéis en esto, y tampoco en los grandes gastos que he hecho». Murió el 1 de septiembre de 1715, a las ocho de la mañana.

Luis XIV fue la encarnación magnífica de la realeza que permitió a Francia alcanzar la cumbre de su poderío, de su esplendor, de su expansión. El balance de su reinado incomparable, aparece menos brillante que su fachada suntuosa cuando se le examina con frialdad: rencor tenaz de los países asolados, bancarrota financiera, apuros económicos, persecución de los protestantes y de los jansenistas, fundamentos de la monarquía quebrantados. Todo esto forma un pasivo aplastante.

Sin embargo, el monarca, adorado en 1661, odiado en 1715, reforzó las fronteras, libró al país de las guerras civiles, sometió a la nobleza revoltosa, y de una nación aún tosca, hizo el modelo del Occidente civilizado. Absorbiendo a sus súbditos como el Estado le había absorbido a él, Luis fue un precursor de los jefes totalitarios modernos: cambió de arriba abajo su reino, y su invencible necesidad de unidad lo llevó muchas veces a sacrificar la tradición realista a los sueños desmesurados.

Aunque no supo ganar los corazones, sus citará siempre admiración, pues durante más de medio siglo se impuso, sin un des fallecimiento, a los ojos del mundo entero con la grandeza de un semidiós, mereciendo el homenaje de su enemigo Saint-Simón: «Esto es lo que se llama vivir y reinar». Pero en Saint Denis, ante el catafalco real y toda la corte, el predicador Massíllon comenzó su oración fúnebre recordando: «Sólo Dios es grande, hermanos míos…»

Ver: El Absolutismo Monárquico