Figuras Curiosas de la Historia

Lucha Por La Libertad en Inglaterra Fin del Absolutismo

Lucha Por La Libertad y Derechos en Inglaterra
Fin del Absolutismo

El régimen inglés ha sido considerado como modelo de las modernas democracias.

Son características de la democracia inglesa:

— el empeño en mantener él poder político limitado y controlado;
— el celo por la guarda y defensa de las libertades individuales y locales;
— la importancia dada al Parlamento como órgano de representación popular y de control de la acción gubernamental.

El espíritu y las instituciones de la democracia inglesa son fruto de un largo proceso, cuyas principales etapas señalaremos.
En el siglo XII se produce un crecimiento del poder real. Los antiguos privilegios y derechos de las ciudades y de la nobleza se ven avasallados por el absolutismo de los monarcas.

Enrique II Plantagenet lleva su absolutismo hasta querer avasallar a la Iglesia. Se encuentra con la oposición de Tomás Becket, arzobispo de Canterbury y Gran Canciller del Reino, que cuenta con el apoyo de prelados y nobles que no admiten el control del rey en los asuntos eclesiásticos. La oposición fue dominada mediante el asesinato del arzobispo Becket.

rey juan sin tierraA la muerte de Enrique II hereda el trono Ricardo Corazón de León, de carácter temerario, que aumenta di descontento al imponer nuevos tributos para el mantenimiento de sus ejércitos.

Su sucesor fue su hermano, Juan sin Tierra, quien pretende imponer grandes contribuciones para reconquistar las tierras perdidas en la Bretaña.

La medida es resistida; los representantes de la nobleza, del clero y de los burgos y las ciudades elevan sus peticiones y demandas a la Corona, pero el rey no las acepta.

Los nobles forman una liga con el apoyo de la Iglesia y de las ciudades.

Organizan un ejército, el «Ejército de Dios y de su Santa Iglesia», se apoderan de la ciudad de Londres, y en junio de 1215 lo obligan a firmar un documento, conocido como Carta Magna, por él que el rey reconoce sus derechos y libertades y se compromete a respetarlos.

La Carta Magna

Por la Carta Magna, Juan sin Tierra se compromete para siempre, en nombre propio y de sus sucesores, a satisfacer las demandas de los nobles, devolver la libertad a la Iglesia, y reconocer y respetar los derechos y privilegios de las ciudades y burgos.

Las cláusulas más importantes establecen:

— que la Iglesia de Inglaterra será libre y gozará de todos sus derechos.
— declaración de derechos, libertades y garantías para todos los nobles del reino y para sus bienes.
— restitución a la ciudad de Londres de «todas sus antiguas libertades y costumbres libres, tanto por tierra como por agua».
— restitución de sus antiguos privilegios y libertades a las demás ciudades, burgos y puertos.
— compromiso de no imponer nuevos tributos sin el consentimiento del Consejo Común del reino, previa consulta a arzobispos, obispos, abades, condes y grandes barones del reino.
— restitución de tierras o bienes a quienes se les hubiera despojado injustamente y la promesa de no hacer expropiaciones en el futuro sin previa indemnización.
— declaración de que ningún hombre libre podrá ser privado de su libertad si no es acusado judicialmente y con testigos, ni podrá ser juzgado sino por sus pares, de acuerdo con las leyes.
— las multas y castigos deberán ser proporcionales a las faltas y delitos.
— todos los hombres libres podrán, sin inconvenientes, entrar y salir del reino, y comerciar libremente.

la carta magna en 1215

Establece, además, la formación de un Consejo de veinticinco miembros, elegidos por los barones, que cuidarán la fiel observancia de los compromisos contraídos por el rey.

La carta magna es un documento típicamente feudal. Sin embargo es considerado como un antecedente democrático por cuanto delimita y controla al poder real y afianza el principio de la superioridad de la ley sobre el rey. Además, abrió camino para nuevas concesiones.

La carta no fue lealmente observada por Juan sin Tierra y fue abiertamente violada por su hijo Enrique III.

Otra vez se rebelaron prelados y nobles, quienes dirigidos por Simón de Montfort obligaron al rey, en 1258, a convocar el Gran Consejo del Reino y a firmar los llamados Estatutos de Oxford.

En estos Estatutos se determinaba:

— el Gran Consejo o Parlamento se reuniría tres veces al año.
— además de nobles y clérigos, estarían representadas en él las ciudades y burgos.
— los grandes dignatarios serían nombrados cada año por el Parlamento y deberían dar cuenta a él de su gestión.

Enrique III no cumplió lo establecido en los Estatutos. Hubo una nueva rebelión, encabezada también por Simón de Montfort. Los ejércitos del rey fueron vencidos, y aunque no fue depuesto, el gobierno efectivo fue ejercido por Simón de Montfort.

Simón de Montfort en 1265 convocó un Gran Parlamento al cual enviaron sus representantes no sólo la nobleza y el clero, sino también las ciudades. Este es el origen del actual Parlamento inglés.

Enrique III se vio obligado a confirmar los Estatutos de Oxford.

La declaración de derechos

La Carta Magna y los Estatutos de Oxford no impidieron que el absolutismo volviera a Inglaterra.

Jacobo I, de la dinastía de los Estuardo, partidario del más crudo absolutismo y sostenedor de la teoría del «derecho divino de los reyes», procuró imponer el anglicanismo por la fuerza y desató una cruel persecución religiosa. Impuso fuertes impuestos, chocó con el Parlamento que pretendía defender sus derechos y acabó por disolverlo.

Carlos I, hijo de Jacobo I, fue de tendencias igualmente absolutistas. Sin embargo el Parlamento en 1628 logró que el rey firmase la Petición de Derechos, por la que se ratificaba el contenido de la Carta Magna y además se establecía que nadie podría ser condenado sin escuchar antes su defensa y que la ley marcial no sería aplicada en tiempos de paz. El Rey no cumplió sus compromisos.

A causa del despotismo de Carlos I estalló la guerra civil. El rey fue condenado a muerte y decapitado en 1649.

El Parlamento asumió el gobierno, estableció la República Inglesa, elaboró el llamado «Instrumento de Gobierno», que se puede considerar la primera constitución escrita, y confió el poder a Oliverio Cromwell nombrándolo Lord Protector. Este, apoyado por su ejército, en lugar de aplicar el Instrumento de Gobierno estableció una dictadura.

Restablecida la monarquía, el rey Carlos II sancionó la ley de Habeas Corpus en 1679 por la que se establecía:

— los jueces, a solicitud de los familiares, o de otros interesados, estaban obligados a librar un mandamiento por el cual el carcelero debía mostrar en persona al detenido y exhibir la causa de su prisión.
— si esta causa no existía, debía ser liberado inmediatamente.
— ninguna persona, una vez puesta en libertad por el juez competente podía ser nuevamente encarcelada por el mismo delito.

En 1687, Jacobo II que había sucedido a su hermano Carlos sancionó la Declaración de Libertad de Conciencia por la que se ponía fin a la persecución que venían sufriendo los católicos desde el tiempo de Jacobo I y se concedía libertad a todos los credos religiosos en Inglaterra.

La actitud del rey, que era católico, provocó protestas y un levantamiento. El rey se vio obligado a huir. El trono fue declarado vacante y ofrecido a Guillermo III de Orange. El ofrecimiento fue acompañado por la Declaración de Derechos que el monarca debía comprometerse a respetar.
Guillermo III aceptó el ofrecimiento. Al año siguiente fue proclamado rey y fue promulgada la Declaración de Derechos.

Dicha Declaración establecía:

— la autoridad real no podía suspender las leyes, ni dispensar a nadie de su cumplimiento sin el consentimiento del Parlamento.
— el rey no podía mantener ejércitos sin consentimiento del Parlamento, ni imponer nuevos tributos.
— los subditos tenían derecho a presentar peticiones al rey.
— la elección de los miembros del Parlamento debía ser libre y debía haber libertad en el debate parlamentario.
— el Parlamento debía ser convocado para sancionar, derogar o modificar las leyes.

Además la ley que promulgaba la Declaración de Derechos establecía normas para la sucesión del trono y declaraba que ningún católico romano podría llegar a la corona.

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Hugo Capeto Política de Gobierno en Francia Biografía

BIOGRAFÍA DE HUGO CAPETO REY DE FRANCIA: SU GOBIERNO

Hugo I Capeto (c. 938-996), rey de Francia y fundador de la dinastía de los Capetos. Era hijo de Hugo el Grande, conde de París, a quien sucedió en el año 956. Su señorío sobre diversos feudos alrededor de París y de Orleans le convirtieron en virtual monarca de Francia, y cuando Luis V, último rey de la dinastía Carolingia, murió en el 987 sin dejar heredero. La dinastía de los Capetos, que gobierna en Francia desde el 987 hasta 1328, fortalece el poder real al reafirmar los principios de la herencia, la primogenitura y la indivisibilidad de las tierras de la Corona.

 

hugo capeto

HISTORIA: Al morir Luis V, mortalmente herido a consecuencia de una caída del caballo, deja otra vez el destino de Francia a discreción de la casa otoniana de Alemania, donde reina el nieto de Otón el Grande. Por la línea sucesoria, la corona francesa seria para el  último pretendiente carolingio, tío  de  Luis  V,  llamando Carlos, duque  de  la Baja Lorena, quien pronto es separado de la sucesión, pues la corte alemana desconfía de él; el hijo de Hugo el Grande, Hugo Capeto, casado con una carolingia, Adelaida de Poitiers, es elegido rey de Francia, gracias al apoyo del arzobispo de Reims, Adalberón, a sueldo de la casa otoniana (987).

Hugo Capeto sólo dispone, en el momento de su subida al trono, de una autoridad muy reducida, a menudo puramente nominal, sobre la mayor parte de las provincias del reino. Francia está entonces en el apogeo del régimen feudal; se reparte entre una quincena de grandes dominios, verdaderos principados provinciales, gobernados por dinastías hereditarias. Estas unidades territoriales escapan a la acción real, y se subdividen, a su vez, en una multitud de señoríos vasallos, cuyos titulares han usurpado, asimismo, los derechos de la Corona. De este modo, en el norte, los condados de Flandes y de Champaña y el ducado de Borgoña se anexionan numerosos condados vasallos, más o menos autónomos.

El azar de las sucesiones y de las particiones ha provocado situaciones complicadas; el conde de Champaña es, al mismo tiempo, vasallo del duque de Borgoña por su condado de Troyes. El oeste se encuentra repartido entre una serie de principados, algunos ya muy firmes: el ducado de Normandía, al que se ha ligado la mayor parte de los condados; el vizcondado de Tours; el condado del Maine; el condado de Anjou, que, bajo el gobierno de Fulco Nerra, se convertirá en uno de los grandes feudos del oeste; la Bretaña, codiciada por los principados vecinos, repartida entre los condes de Nantes y de Rennes.

Al sur del Loira, se distinguen cinco Estados principales: el ducado de Aquitania, que sólo impone su autoridad sobre el condado de Poitiers, pues los otros condados y señorías viven de manera absolutamente independiente, a pesar de los lazos de vasallaje; la Gascuña, que pretende ser un ducado, compuesta por un conjunto de condados y de vizcondados autónomos; la marca de Toulouse; la marca de Gothia, que difícilmente hace respetar sus derechos por los condes vasallos; y la marca de España, completamente extraña a los asuntos del reino.
Además de estas grandes unidades principales, sobre las que Hugo Capeto no tiene más que una soberanía ilusoria, la Iglesia representa una fuerza con la que hay que contar. De 77 diócesis, el rey no designa más que 20 ó 25 titulares, pertenecientes casi todos a las provincias eclesiásticas de Reims y de Sens. Su poder sobre la Iglesia es, pues, limitado. Los obispos gozan, además, de una verdadera independencia, pese al poder de los grandes señores, dueños de los obispados.

LA POLÍTICA DE HUGO CAPETO
El poder real sigue muy borroso, bajo la estrecha dependencia del feudalismo y de la Iglesia. Le falta una sólida base territorial, sin la que le es difícil triunfar en caso de un conflicto con los señores feudales. El dominio real, constituido, a la vez, por las tierras que Hugo posee personalmente y por la herencia carolingia, sólo comprende las regiones de París, Senlis, Poissy, Etampes y Orleans, con algunos anejos excéntricos, las comarcas del Aisne y del Oise, con Compiégne, Reims y Laon. Sin embargo, el obispo de Reims es el amo de su ciudad, así como de la de Laon, concedida por Hugo Capeto; también buen número de pequeños vasallos laicos, sin contar los señores de menor importancia, ejercen el poder auténtico en sus dominios.

En tales condiciones, todo el esfuerzo de los primeros Capetos va a centrarse sobre el engrandecimiento real. Aunque, en la práctica, los grandes vasallos son los iguales  del  rey,  jurídicamente  le  son  inferiores, y aquél puede exigirles el servicio de corte y convocarlos en asambleas; sólo él puede promulgar ordenanzas comunes a todo el reino; su justicia es superior a cualquier otra. Además, por su consagración, adquiere un prestigio y una autoridad moral que lo diferencian de sus vasallos.

Desde el primer año de su reinado, Hugo Capeto se apresuró a asegurar el porvenir de su dinastía, resucitando, en provecho propio, una costumbre carolingia: asocia a su hijo mayor, Roberto, a la realeza. Repetida de generación en generación, esta práctica asegura la herencia por la vía de la costumbre.

Así, Roberto asociará a su hijo Hugo, muerto prematuramente, luego a Enrique I, el cual hará consagrar, en vida, a su hijo Felipe, aunque es todavía menor de edad. Desde entonces, ya no es necesaria ninguna elección; más aún, no se vuelve a considerar la idea de un reparto entre los hijos ‘ del difunto. Cuando uno de los reyes desaparece, el otro hereda todo el poderío real y todo el reino.

Sin embargo, la nueva dinastía se enfrenta, desde el principio, con el pretendiente carolingio, Carlos de Lorena, tío del rey precedente. Hugo Capeto sólo le vence después de varios años de esfuerzos, gracias a la traición del obispo de Laon, Ascelino. Este último le entrega a Carlos de Lorena, así como a su mujer y sus dos hijos, instalados en Laon gracias a las intrigas mantenidas con un bastardo carolingio, Amoldo. Desembarazado de su competidor, Hugo Capeto se vuelve contra Arnoldo, a quien, con la esperanza de atraérselo, había nombrado obispo de Reims, a la muerte del titular.

Hace que un concilio lo deponga, cosa que provoca cierta emoción en la corte pontificia, pues no podía reprochársele a Amoldo ninguna falta de orden eclesiástico que justificara este proceso. El papa interviene en la disputa y quita la razón al rey. El hijo de éste, Roberto, arreglará la cuestión. Para evitar la excomunión que lo amenaza, a causa de su «unión incestuosa» con su prima Berta, hace restablecer a Amoldo en su cargo; pero no le valdrá de nada, y le alcanzará un anatema por este matrimonio contrario a los cánones. Sin embargo, Hugo Capeto se ha mantenido firme contra el papa, y prohibe a sus prelados acudir a Roma cuando aquél los convoca.

Además, fija la orientación de la política capeta en relación con sus vasallos. Se esfuerza en aumentar el dominio real, a favor de la extinción de las dinastías locales, y se  anexiona  así Dreux. Interviene, como arbitro, en la guerra que opone a dos de sus grandes vasallos, el conde de Anjou y el conde de Blois.

Hugo Capeto muere en 996, le sucede su hijo Roberto el Piadoso.

Fuente Consultada:
HISTORIA I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III edit. CODEX – La Dinastía Capeto de Francia

Vasallos y Señores Feudales El Contrato Feudal Obligaciones

OBJETIVOS DEL CONTRATO FEUDAL: DERECHOS Y OBLIGACIONES

Desde el siglo VIII y especialmente en el IX, la Europa occidental, debilitada por la ruptura de la unidad política del Imperio carolingio, debió afrontar el peligro de nuevas invasiones. A diferencia con los del siglo V, estos nuevos ataques de los pueblos del este no tenían como objetivo fundamental ocupar y dominar los territorios que invadían, sino efectuar actos de pillaje en busca de botín. Por lo tanto, no se desplazaban con sus tribus completas sino en grupos o bandas de saqueadores.

Esto les permitía actuar con gran velocidad y luego, de asestar sus golpes regresaban rápidamente a sus guaridas. Los ejércitos occidentales adiestrados para una guerra de tipo convencional, poco o nada pudieron  hacer para impedir los ataques  sorpresivos de  los  invasores. Las tribus que asolaron al decadente imperio fueron las de los normandos, los húngaros o magiares, los sarracenos y los eslavos.

contrato feudal edad media

Diversas regiones europeas debieron enfrentar al enemigo con sus propias fuerzas y esto determinó una creciente autonomía con respecto a! poder del monarca. Esos territorios que el rey había confiado a la nobleza para que los gobernara, no tardaron en ser considerados como una propiedad privada. Condes, marqueses y otros nobles procuraron erigirse en jefes hereditarios de dominios reales entregados a su custodia.

Así se fue debilitando aún más la unidad política del antiguo Imperio carolingio y esto favoreció el surgimiento de feudos, base de una nueva organización con marcada tendencia a la autonomía.

EL MUNDO MEDIEVAL

La división del Imperio carolingio y las nuevas invasiones favorecieron el advenimiento de un nuevo régimen político y social llamado feudalismo, que predominó en Europa desde los albores del siglo X hasta el XV (final de la Edad Media). El poder del Estado, que antes había pertenecido exclusivamente al rey, en el nuevo régimen se distribuyó entre los señores feudales La falta de buenas vías de comunicación y la inexistencia de ejércitos permanentes impidieron a los reyes defender con eficacia las fronteras de sus Estados.

Entonces, los ricos propietarios asumieron por cuenta propia la protección de sus intereses, para lo cual organizaron sus fuerzas militares y construyeron recintos fortificados (castillos) donde podían albergarse junto con sus servidores y rebaños. Todo esto contribuyó a debilitar aún más la autoridad del rey, al mismo tiempo que aumentaba el poder de los señores locales.

Los campesinos y los pequeños propietarios, incapaces de organizar sus defensas, se agruparon alrededor de los castillos y solicitaron el amparo de los castellanos. Estos otorgaban dicha protección, pero les exigían la entrega de sus tierras, la prestación de ayuda militar y el acatamiento de su poder. En recompensa por estos servicios, los señores devolvían las tierras a sus protegióos, pero éstos no las recibían ya como propias, sino en calidad de feudos, es decir, sujetas a las condiciones establecidas en el contrato feudal.

El que daba las tierras se llamaba señor feudal y el que recibía el feudo era vasallo o servidor.

El pacto se formalizaba mediante el homenaje, ceremonia en la que el vasallo se arrodillaba desarmado ante su señor, colocaba sus manos entre las de éste y le juraba fidelidad y acatamiento. Al mismo tiempo le cedia simbólicamente sus propiedades mediante la entrega de un terrón,  una rama,  un cetro, etcétera.

Acto seguido, el señor transformado en propietario de los bienes de su vasallo, se los volvía a encomendar en calidad de feudo, y le concedía la investidura, devolviéndole el símbolo que había recibido.

Señores y vasallos
En el contrato feudal se establecían los mutuos compromisos entre el señor y el vasallo. Este último estaba obligado a prestar servicio militar y debía acompañar a su señor en la guerra, dentro y fuera del territorio. Por el compromiso de fidelidad no podía luchar contra él ni contra sus hijos. Además tenía que comparecer como asesor en el tribunal del señor a fin de ayudarle a resolver los casos difíciles.
El vasallo no podía desvalorizar el feudo ni perjudicarlo, y estaba obligado a participar en el rescate del señor si era hecho prisionero; también pagar por el casamiento de la hija y para equipar al primogénito cuando era armado caballero.

Por su parte, el señor debía ofrecer a su vasallo protección y justicia. No podía atacarlo ni insultarlo, como tampoco perjudicar sus bienes. Si el vasallo moría, el señor colocaba bajo su tutela a los hijos menores, protegía a la viuda y procuraba casar a las hijas. Si faltaba a estos deberes cometía el delito de felonía. Pero los derechos del señor eran mayores, pues podía recuperar el feudo en caso de que el vasallo muriera sin herederos o no cumpliera con el contrato.

E! señor gozaba de muchos privilegios, pues administraba justicia, acuñaba su moneda y ejercía el monopolio del horno y del molino, donde ios campesinos debían dejar una parte de los productos o pagar un impuesto. También percibía otros derechos, tales como el del tesoro (metales preciosos hallados en sus dominios), naufragio (barcos hundidos en sus playas), salvoconducto (para viajar), caza, sello señorial, etc.

 En la antigüedad, los romanos tenían por costumbre ceder tierras en pago de servicios militares. En la Edad Media, cuando los germanos invadieron el Imperio, las tierras quedaron repartidas entre los conquistadores Algunas se mantuvieron liberadas de toda obligación personal y se llamaron alodios (posesión antigua). Otras imponían la obligación de prestar «determinados servicios» al donante y se denominaron beneficios. En el siglo IX, el régimen de beneficio y vasallaje se hizo general, estimulado por las razones políticas y sociales que liemos visto, y por el Edicto de Mersen dictado por Carlos el Calvo en 847. Este autorizaba a los hombres libres a elegir un señor «protector» dentro o fuera del reino. En   877,   el   Edicto   de   Kiersy   reconoció   los   grandes   feudos  y   declaró   hereditarios   los   cargos   señoriales.

rescisión del contrato feudal

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

La unión de hecho, entre el beneficio y el vasallaje, toma carácter de una práctica normal. El desarrollo de un ejército pesado de caballeros contra la amenaza árabe, cuyo armamento cuesta muy caro, las luchas casi constantes, habían llevado a Carlos Martel y a sus sucesores a multiplicar el número de sus vasallos y a gratificarlos, paralelamente, con una concesión de tierras, bajo la forma de beneficio gratuito y vitalicio.

Para hacer frente a tales distribuciones de tierras, los Carolingios las tomaron masivamente del patrimonio de la Iglesia, hasta que ésta protestó violentamente. Esta forma de retribución, con objeto de disponer de guerreros bien armados, es ampliamente imitada por los grandes señores eclesiásticos y laicos (duques, condes, grandes propietarios, obispos, abades). Incluso los vasallos empiezan a tener otros vasallos, en vista de la importancia de los bienes raíces puestos a su disposición. El servicio del vasallo se especializa cada vez más en el servicio militar. Se encuentran también vasallos empleados en misiones políticas o judiciales, o en tareas administrativas.

En esta sociedad, guerrera y muy creyente, se desarrolla una verdadera mística del vasallaje, consistente en una devoción absoluta por el señor. Hay pocos casos que autoricen a un vasallo a dejar a su señor, al que se ha consagrado para toda la vida. Con mayor razón, está prohibido contraer este tipo de lazos con varios señores.

El beneficio es casi siempre una propiedad raíz; sin embargo, un vasallo puede recibir otro beneficio, por ejemplo el derecho de cobrar tasas. La tierra entregada en beneficio es de una superficie variable; en general, comprende una docena de mansos —el manso era la medida de una explotación campesina, y equivalía a unas 10 a 18 hectáreas—, pero puede también consistir en uno o varios dominios, o en una abadía.

Emperadores, reyes y particulares se han preocupado celosamente de conservar sus derechos de propietarios sobre las tierras concedidas o beneficiadas. A finales del siglo IX, los derechos del vasallo sobre su beneficio siguen siendo, en teoría, los de un usufructuario. Pero, cada vez más, el vasallo tiende a comportarse como propietario: así, la confiscación en caso de mala ejecución de las obligaciones del vasallo, o la recuperación del beneficio, a la muerte del vasallo o a la del señor, se convierten en una prueba de fuerza.

El vasallo exige del nuevo señor seguir siendo su recomendado, y recibir el mismo beneficio; igualmente, el hijo de un vasallo muerto entra en el vasallaje de su señor, y de él recibe el beneficio obtenido por su padre. El beneficio adquiere, pues, un carácter hereditario. También, con objeto de obtener un mayor número de beneficios, el vasallo contrata varios compromisos de vasallaje, a pesar de la prohibición inicial. De esta manera, el beneficio, que en su origen no tenía otra razón de ser que hacer más eficaz el servicio del vasallo, a finales del siglo ix se convierte casi en la condición de dicho  servicio.

LA MULTIPLICACIÓN DE LOS VASALLOS
El desarrollo del vasallaje y la concesión de beneficios a los vasallos fueron el resultado de una política consciente seguida por los Carolíngios, que creían así reforzar su propia autoridad. Ellos integraron, pues, el vasallaje en el mismo cuadro de las instituciones del Estado, a fin de cubrir las deficiencias de éstas.

Multiplicaron el número de los vasallos reales, obispos, abades v grandes señores, ligados directamente al rey; exigieron de todos los altos funcionarios—condes, marqueses, duques—que entraran en su vasallaje; pidiendo a todos sus subditos que se entregaran a un vasallo real, Carlomagno y sus sucesores establecieron una verdadera red de vigilantes en el Imperio, logrando con ello una nueva estructura social y política. Cada uno de sus subditos, desde el más grande al más humilde, entró, así en una red de subordinación, cuyo término era el emperador. Pero la gran pirámide de los derechos y las responsabilidades que los Carolingios esperaban construir, se reveló ilusoria.

En efecto, las obligaciones de vasallaje terminaron por ser más absorbentes que las debidas al soberano; entre éste y sus subditos se interponían pantallas sucesivas. Los sistemas de dependencia utilizaban el frágil mecanismo del Estado; la idea del contrato recíproco había sido sustituida por la idea del poder absoluto; el cumplimiento, por el rey, de sus deberes, se convierte en la condición necesaria de la obediencia de sus vasallos. Desde entonces, los lazos de vasallaje no podían ser ya el cimiento de la jerarquía social construida por los Carolingios, pues eran discutibles.

Por último, y esto era lo más grave, los que ostentaban la autoridad pública habían conquistado una autonomía cada vez mayor, gracias a la «vasallización» de sus cargos. Duques, marqueses y condes, entrando en el vasallaje real, se encontraron a la cabeza de las donaciones de tierras, en dos categorías: las que ellos recibían en beneficio, como vasallos, y las que estaban agregadas a sus cargos, a guisa de salario. Intentaron entonces conservar el conjunto de sus dotaciones, e identificar sus «honores»—término que designaba, a la vez, la función pública y la dotación de ésta—con sus beneficios.

Los «honores», antiguamente recibidos del rey como beneficios, al ser entregados de modo continuo, siguieron la misma evolución que la posesión de vasallaje: de vitalicios, se convirtieron en hereditarios. El personal político perdió, desde entonces, la noción del carácter público ligado a las funciones; se provincializó y conquistó su autonomía dentro del cuadro de su castillo. Así se han desarrollado los esquemas del feudalismo: principados, castellanías, dominios eclesiásticos y una serie innumerable de  pequeñas  dominaciones  locales.

En el siglo’ x, el sistema de las instituciones de vasallaje llegó a su completo desarrollo. Se sitúa, entonces, la primera época propiamente feudal, que durará hasta el siglo XIII. Y es precisamente en el siglo X cuando se extiende la palabra feudo, que reemplaza a la de beneficio, y que dará su nombre al feudalismo.

Fuente Consultada:
HISTORIA I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III edit. CODEX El Feudalismo

Carlos Martel y Pipino el Breve Mayordomos de Palacio

BIOGRAFÍA E HISTORIA DE CARLOS MARTEL Y PIPINO EL BREVE

El poder monárquico de los reyes merovingios iba degradándose progresivamente  y los mayordomos de palacio se convirtieron muy pronto en los verdaderos dueños de la Galia. El primero que se hizo especialmente célebre fue Carlos Martel, gracias a la batalla de Poitiers. El segundo, Pipino el Breve,  tuvo la gloria de ser el padre de Carlomagno.

Carlos Martel (c. 688-741), monarca carolingio del reino franco de Austrasia (en el actual noreste de Francia y suroeste de Alemania). Carlos, cuyo apellido significa ‘el martillo’, era el hijo de Pipino de Heristal y el abuelo de Carlomagno. Pipino fue el mayordomo de palacio con los últimos reyes de la dinastía merovingia.

carlos martel

Carlos Martel, miembro de la dinastía Carolingia, gobernó Austrasia (en el actual noreste de Francia y suroeste de Alemania), como mayordomo de palacio de dicho reino franco, desde el 715 hasta el 741.

CARLOS MARTEL: Fue un joven príncipe de raza germánica iba a ser el campeón de la causa cristiana en esta decisiva pugna entre dos mundos, o mejor expresado, entre dos colectividades humanas que a pretexto de sus peculiares interpretaciones o revelaciones de un Dios, único, al que ambas reverenciaban y rendían culto, se disputaban el dominio del mundo.

Una conservando y defendiendo su patrimonio temporal y otra queriendo arrebatárselo. Este príncipe fue Carlos Martel, a quien ya hemos nombrado en un pasaje anterior, y el lugar de su hazaña, las llanuras de Poitiers, cerca de Tours.

En el verano del año 732, el emir Abderramán, al frente de un numeroso ejército en el que formaban sirios, moros, sarracenos, persas y tártaros, invadió la Galia y en sus devastaciones alcanzó hasta las riberas del Loira.

Carlos Martel, al frente de los francos, acudió a oponérseles, y en octubre del propio año ambos ejércitos se enfrentaron en la llanura situada entre las poblaciones de Poitiers y Tours; la batalla, encarnizadísima, duró siete días; allí quedó destruido totalmente el ejército musulmán, muerto su emir Abderramán y salvada Europa y el mundo occidental de la invasión sarracena, ya que después de este gran fracaso nada volvieron a intentar los musulmanes para extender sus dominios por esta parte del mundo.

El caudillo franco Carlos, hijo bastardo de Pepino de Heristal, que tomó parte personalmente en la batalla, fue llamado Martel («Martillo» en el antiguo francés) por los aplastantes golpes que descargó sobre sus enemigos durante el combate.

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ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Las invasiones de los bárbaros provocaron la caída del Imperio romano y con ello quedó rota la unidad política de la Europa Occidental. La Iglesia católica quedó como única expresión del orden y se erigió en custodia de la organización y ia cultura romanas.

Convertidos los bárbaros, la influencia de la Iglesia fue en aumento. A fin de consolidar su unidad y la del mundo cristiano, organizó y estableció sus jerarquías para lo cual tomó como modelo la administración civil del viejo Imperio romano. Europa quedó dividida en provincias eclesiásticas o arquidiócesis colocadas bajo la autoridad de los arzobispos.

A su vez, cada arquidiócesis estaba formada por varias diócesis al mando de obispos. Estas últimas estaban divididas en parroquias urbanas y rurales a cargo de los curas párrocos.

Este conjunto de religiosos constituía el clero secular, porque vivía en contacto con la sociedad o mundo (seculum: siglo). A partir del siglo V puede distinguirse otro tipo de clero cuyos miembros (los monjes) vivían en los monasterios, alejados del mundo y sujetos a determinadas reglas. Estos religiosos constituyen el clero regular. De ellos nos ocuparemos más adelante.

La influencia de la Iglesia se hizo sentir en la política; coronó reyes y emperadores, y en más de una ocasión los privó del poder. Por sobre todo, difundió la cultura y suavizó las costumbres al afirmar la superioridad del espíritu sobre la materia. También  se esforzó por aliviar el dolor y creó asociaciones de asistencia social y beneficencia

Francia. La dinastía carolingia
Con la muerte de Clodoveo, ocurrida en París —año 511— el reino de los francos comenzó a dividirse pues sus cuatro nijos se repartieron el territorio para formar nuevos reinos. Se produjeron guerras civiles y esto provocó la decadencia de la dinastía merovingia. Los últimos representantes de esta familia fueron soberanos indolentes e incapaces, y con justa  razón  se les  llamó reyes holgazanes.  Alejados  de  las tareas  de gobierno, delegaron el poder en unos funcionarios llamados mayordomos de palacio, los que adquirieron gran autoridad y se adueñaron de Francia.

Los mayordomos de palacio comenzaron siendo intendentes de la casa real,  encargados de administrar los bienes personales del  rey.  Con  el  tiempo,  comandaron  la guardia militar, desempeñaron ministerios y en varias oportunidades ejercieron la tutela de los príncipes hasta que éstos alcanzaban la mayoría de edad.  Finalmente, la designación de los mayordomos de palacio dejó de ser privilegio de los monarcas y estuvo en manos de la aristocracia que de esa manera controlaba el poder.

A principios del siglo VIl —después de la muerte del rey Dagoberto— el cargo de mayordomo de palacio comenzó a ser hereditario, privilegio que recayó en la familia de los Heristal, duques de Austrasia.  Uno de ellos,  Carlos Martel,  alcanzó gran  renombre,  pues logró contener el ataque de los musulmanes en Poítiers (732).

A su muerte (741) hereda la mayordomía su hijo Pipino el Breve quien destrona a Childerico III, el último merovingio, contando con el apoyo del Papa Zacarías. Pipino se hizo proclamar rey de los francos y así se produjo el advenimiento de una nueva dinastía: la carolingia.

El nuevo Papa Esteban II se trasladó a Francia, consagró a Pipino y le otorgó el derecho a la sucesión hereditaria. Al poco tiempo,  el  Pontífice solicitó  la ayuda del  rey Franco para rechazar a los lombardos que sitiaban a Roma.  Pipino no titubeó y al frente de su ejército cruzó los Alpes, penetró en Italia y, luego de derrotar a los lombardos, se apoderó de los territorios que formaban el Exarcado-de Revena y los cedió al jefe de la Iglesia.

pipino el breve

Pipino el Breve (c. 714-768), mayordomo de palacio del reino de Austrasia y rey de los francos (751-768), hijo del gobernante franco Carlos Martel y nieto de Pipino de Heristal. Fue mayordomo de palacio durante el reinado de Childerico III (que reinó entre el 743 y el 751 aproximadamente), último monarca de la dinastía Merovingia.

LA HISTORIA EN MAS DETALLES:
PIPINO DE HERISTAL Y CARLOS MARTEL

A principios del siglo VII, el reino franco de los merovingios se hallaba en una situación difícil. Después de un breve período de apogeo, cayó en la decadencia. Apenas muerto Dagoberto (639), no hubo más que luchas intestinas y repartos, agravados por las tendencias particularistas de las tres grandes divisiones del reino franco: Austrasia, Borgoña, Neustria, transformadas prácticamente en reinos autónomos; Aquitania seguía abandonada al saqueo de todos. Pero, mientras se sucedían reyes asesinados o gastados por precoces desenfrenos, quedaba una realidad estable: la del gobierno de los mayordomos de palacio, promovidos de simples mayordomos a verdaderos jefes de la administración en cada uno de los tres reinos. Pero los mayordomos de palacio estaban deseosos, como los reyes poco antes, de rehacer cada cual en beneficio propio la unidad del reino franco, mientras que su dominio, frecuentemente abusivo, estaba constantemente comprometido por los grandes.

La familia de los Pipinidas, jefes de la aristocracia austrasiana, es la que va a imponerse en el reino franco, sirviéndose de la mayordomía. Estos son los precursores de los Carolingios; en el año 687, Pipino de Heristal, mayordomo de Austrasia, habiendo eliminado a los otros mayordomos de palacio, gobierna solo—bajo un solo rey merovingio, puramente nominal—, los tres reinos. Inmediatamente después de su muerte, su viuda Plectrudis gobernó como tutora de sus tres hijos menores (714).

La sucesión de Pipino se concierta ya como una sucesión real. Sin embargo, surge la revuelta; los neustrianos se rebelan; los turingios y los alamanes son reprimidos a duras penas; los frisones, los sajones y los árabes de España penetran en el reino franco; los aqui-tanos se declaran independientes bajo un duque de su elección. La regente es sustituida, y elegido un bastardo de Pipino de Heristal, Carlos Martel. Este salva al reino, derrotando sucesivamente a todos sus enemigos y rehaciendo su unidad, ‘fracasadas las veleidades de independencia regional. La gloria principal de Carlos Martel es la jornada de Poitiers; donde detiene la oleada árabe lanzada a través de la Galia. A los ojos de sus contemporáneos, en el año 732 salvó a la Galia cristiana del peligro islámico. En recuerdo del vencedor de Poitiers, se llamará Carolingios a los príncipes austrasianos   de  la  casa  de  los  Pipinidas.

PIPINO EL BREVE, REY POR LA GRACIA DEL PAPA:
En el año 741, Carlos Martel muere; y es reemplazado por sus dos hijos Pipino y Carlomán. Estos colocan en el trono merovingio, vacante desde hacía cuatro años, a un niño llamado Childerico. Pero a continuación de la abdicación de su hermano, atraído por la vida monástica, Pipino, llamado el Breve a causa de su corta estatura, consumó el golpe de estado y, en el año 751, confina en un monasterio al último descendiente de Clodoveo, Childerico III. Entonces es proclamado rey en una gran asamblea que tuvo lugar en Soissons. Esta sustitución de dinastía se hizo con la aprobación del papa.

Se cuenta que Bonifacio fue encargado de plantear al papa Zacarías la famosa pregunta: ¿conviene llamar rey a aquél que tiene el poder en realidad, o a aquél que tiene la apariencia del poder? Habiendo respondido el papa según el deseo de Pipino, Bonifacio interpretó que éste debe reinar «en virtud de la autoridad apostólica».

Por medio de una ceremonia, desconocida hasta entonces en la Galia, Bonifacio consagró en Soissons al nuevo rey y a la nueva reina, en nombre de la Iglesia, derramando sobre sus frentes el santo óleo. Según el modelo de los reyes de la antigüedad judía, hace del primer rey Carolingio el elegido de Dios y su representante. Al mismo tiempo, hace ostensible para todos el consentimiento del papa en la usurpación llevada a cabo. Pipino alcanza, mediante la consagración, fuerza y prestigio.

FORMACIÓN DE LOS ESTADOS PONTIFICIOS
Pipino sella muy pronto la alianza de los francos y el papado contra los lombardos, y paga también su deuda a Roma. En efecto, el papado tiene necesidad de la fuerza política y militar de los nuevos dueños de la Galia, si no quiere ser transformado en un simple obispo lombardo y abandonar sus sueños de universalidad; la realeza franca no tiene menos necesidad del papado para consolidar su dinastía.

Pero el rey lombardo Astolfo se arroja sobre Rávena, y conquista rápidamente los territorios que le separan aún de Roma (la Emilia), amenazándola en el año 751. Pipino, que es llamado en su ayuda, duda hasta el momento en que el propio papa acude a la Galia en pleno invierno (753). Aceptando renovar solemnemente la ceremonia de la unción en beneficio de Pipino, de su mujer y de sus hijos, el papa liga su suerte a la del rey franco, mientras que este último se identifica la causa franca con la del cristianismo romano. Pipino interviene en Italia dos veces, en los años 754 y 756, y obtiene de Astolfo el compromiso de evacuar todo lo que acaba de conquistar—es decir, el exarcado de Rávena, la Emilia, la Pentápolis (Rímini – Fano-Pesaro -Sinigaglia – Ancona) y de «dárselo a San Pedro», ya que el exarca de Bizancio había huido. Esta decisión fue la carta de fundación del Estado Pontificio.

Pipino  murió   en  el   año   768,  dejando dos hijos, Carlos y Carlomán. El mismo año, Carlos, el futuro Carlomagno, contraía matrimonio con la hija de Desiderio, rey de los lombardos.

Fuente Consultada
HISTORIA I Antigua y Edad Media de José Cosmelli Ibañez
HISTORAMA  La Gran Aventura del Hombre Tomo III Dinastía Carolongia

Comercio Marítimo en la Edad Media Tipos de Barcos

Comercio Marítimo en la Edad Media  y Tipos de Barcos

LA APERTURA DE LOS MARES SEPTENTRIONALES
A partir del siglo XII, el comercio en los mares Báltico y del Norte se había desarrollado considerabemente, gracias a la actividad de la Hansa. Esta, en la época de su apogeo, agrupaba más de ciento cincuenta ciudades marítimas o continentales situadas entre el golfo de Finlandia y el Zuiderzee.

Unión comercial primero, la Hansa teutónica, aprovechando la carencia de una autoridad imperial, demasiado debilitada por las guerras italianas y las luchas contra el Papado, no tardó en convertirse en una potencia política. Sin embargo, todas estas ciudades continuaban bajo la dependencia del emperador o de sus respectivos señores. Nunca hubo fusión orgánica ni de personalidad jurídica: la Hansa no poseía ni marina ni ejército permanente. Las ciudades sólo tenían una asamblea irregular, la Hansetag.

Sin embargo, a pesar de la falta de una estructura que, por referencia al Mercado Común, podríamos llamar supranacional, la identificación de los intereses comerciales bastó, durante cuatro siglos, para hacer de ella una potencia económica y política raramente igualada.

Los habitantes de Brujas estaban celosos de los de la Hansa y querían retirarles las ventajas que les habían concedido. Este conflicto provocó una transformación de la Hansa, que se convirtió en una alianza de ciudades, y se hizo suficientemente fuerte como para prohibir traficar a sus miembros con Brujas. Este boicot resultó eficaz: los flamencos tuvieron que someterse, confirmar las ventajas anteriores, mejorándolas, y pagar una fuerte indemnización a las ciudades hanseáticas por los perjuicios sufridos.

Seguidamente, los escandinavos quisieron, a su vez, liberarse del yugo del imperio hanseático. Negándose a entregarles el trigo o la sal indispensable para la salazón de los arenques, los de la Hansa forzaron a sus adversarios a pedir excusas. En 1388, una coalición de ingleses, flamencos y rusos no consiguió mejores resultados.

Comercio Marítimo en la Edad Media

TÉCNICA DEL COMERCIO
El siglo xiv presenció el apogeo de la Hansa. Este poderío se debió en gran parte a la utilización de un nuevo tipo de navio, la Cogghe. Hasta entonces, los mares septentrionales eran recorridos por dos tipos de naves: la barca de los vikingos, a remo y a vela, rápida y de poco calado, y la nave occidental, de forma redondeada, más larga y estable, que sólo navegaba a vela. Estos dos tipos de navios tenían una capacidad de transporte muy limitada: 30 toneladas. Pero el transporte de los cruzados a Tierra Santa exigió el uso de navios más grandes, de los que el comercio se serviría después.

La Cogghe apareció a fines del siglo XII. Medía unos treinta metros de largo por siete de ancho. Provista de una sola vela, manejable y rápida, podía transportar 300 toneladas, o sea, diez veces más que los navios precedentes. Estas naves pertenecían raramente a un solo mercader o armador.

De diez a veinte personas se asociaban para cada viaje, y arriesgaban así una parte del valor del navio y de las mercaderías. Los asociados se repartían, como es de suponer, los beneficios. Esta práctica no significaba, forzosamente, que las ciudades de la Hansa no dispusieran de personajes lo suficientemente ricos como para hacerse cargo individualmente de los gastos de una operación, sino que los riesgos eran tales (una tercera parte de las naves desaparecía) que los burgueses preferían repartir los riesgos y beneficios en varias empresas.

Los barcos navegaban, generalmente, en convoy, para evitar los riesgos de piratería; esta práctica no sólo aumentaba los peligros de colisión sino que, además, tenía el inconveniente de obligar a los navios procedentes de ciudades diversas a buscar un punto de concentración. Sin contar las citas a las que faltaban algunos, esta obligación provocaba una pérdida de tiempo, y los mercaderes, deseosos de recibir sus beneficios, se impacientaban. Otro riesgo serio era la «huida» del capitán, que, al llegar al extranjero, podía, con toda facilidad, vender su cargamento y desaparecer.

Para evitar esto, el capitán debía estar casado obligatoriamente y ser padre de familia: los asociados podían, así, guardar a su mujer y a sus hijos como rehenes.De esta forma, la Hansa, con su flota y sus poderosos mercaderes, era una muestra, como Italia, del esplendor de la civilización urbana, fundada en el comercio y el dinero.

Ver: Importancia De La Ruta de la Seda

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Quienes Fueron Los Juglares en la Edad Media?

¿Quienes Fueron Los Juglares en la Edad Media?

LOS JUGLARES: UN CANTO DE AMOR:

En el sur de Francia, partiendo de la lengua de oc, crean un dialecto semiartificial de galanteos, y de juegos de ingenio, en el que juglares y trovadores profesionales componen y recitan poemas amorosos. Las categorías feudales fueron allí siempre menos rigurosas que en el norte de Europa, y los contactos con los árabes, mucho más profundos. Así, surge una nueva moral.

Juglares recitando

La mujer ya no es la eterna menor, la criatura inferior, incapaz de llevar armas, sino la inspiradora de los caballeros.

Se crea un código del amor galante: amor fuera del matrimonio, que tiende a la unión carnal, pero que acepta un lapso entre el deseo físico y la satisfacción; concepción que irá refinándose, hasta alcanzar una especie de misticismo a finales de la Edad Media. Al mismo tiempo, la música que acompaña a los poemas se hace más compleja.

En el Norte, nace una literatura en lengua de oil, girando, no alrededor de los temas de amor, sino glorificando las hazañas de los caballeros en interminables canciones de gesta: algaradas, duelos, fidelidad de vasallaje, son los temas esenciales de la «Chanson de Roland», la más conocida de las canciones de gesta compuestas en esta época. Las melodías que acompañan a estos versos son mucho más simples y monótonas que las del Mediodía.

Las cortes del Norte son mucho menos refinadas también que las del Mediodía, y el divorcio de Leonor de Aquitania de Luis VII, rey de Francia, muestra la incapacidad de esta mujer del Sur para adaptarse a la brutalidad masculina del Norte. Aunque el ideal caballeresco llega a ser mucho menos bárbaro y excesivo que en el siglo xi, esta evolución no alcanza más que a una minoría.

En las regiones retiradas, los caballeros no son todavía más que soldadotes salvajes, saqueadores, asesinos de monjes, salteadores de comerciantes, raptores de doncellas, que pegan y repudian a sus mujeres por cualquier cosa, y multiplican los bastardos. Pero la evolución no se puede detener y se hará cada vez más profunda.

Ver: Los Trovadores Medievales

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Primeros Avances Cientificos y Tecnicos del Hombre Primitivo

Primeros Avances Científicos y Técnicos

Primeros Avances Cientificos y Tecnicos

TEMAS RELACIONADOS:

1-El Fuego 2-La Agricultura 3-Los Carros 4-El Caballo 5-El Hierro 6-El Alfabeto  7-La Rueda  8-La Cerámica 9-La Prehistoria 10-Origen del Hombre

AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 1

-3500 LA RUEDA Los sumerios, en Cercano Oriente, hace unos 5,500 años, fueron los primeros en utilizar los carros. Estos consistían en un trineo que tenía en su parte inferior rodillos de madera. En el extremo de cada rodillo se colocaba una rueda de madera maciza, que podía girar libremente. Este vehículo revolucionó el transporte terrestre.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 2 -3500 LA ESCRITURA Los documentos escritos más antiguos también provienen de Sumeria, Consistían en tablillas planas de ardua con símbolos que representaban al Sol los cereales y los animales. Como los caracteres que se utilizaban tienen forma de cuña, este primer código se denomino cuneiforme.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 3 -2800 EL CALENDARIO Hace cerca de 5.000 años, los habitantes del territorio ubicado entre los ríos Tigris y Eufrates elaboraron un calendario lunar. En cambio, los egipcios confeccionaron más tarde un calendario solar (basándose en la creciente anual del Nilo), que, con algunas modificaciones, es el que usamos hoy en día.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 4 -2000 EL PAPIRO -1500 EL ALFABETO Hace unos 2,000 años se inventó el papiro. Quinientos años después a fenicios se les ocurrió un método simplificar la escritura, que consistía en asignar a cada sonido un símbolo especifico y formar las palabras con ellos.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 5 -640 MONEDAS Las primeras operaciones comerciales consistían en el trueque. Con si tiempo, se impuso la costumbre de emplear oro y otros metales en las transacciones. Hace unos 2600 años en rey Ardis de Libia hizo emitir piezas de oro de determinado peso con la inscripción de ese peso de un lado y de otro su retrato como garantía.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 6 1454 LA IMPRENTA En 1454, el inventor alemán Johannes Gutenberg imprimió el primer libro: una Biblia en latín a dos columnas, de 42 líneas cada una y 1,282 páginas. La tirada fue de 300 ejemplares. Las Biblias de Gutenberg, que todavía se conservan, son los libros de más valor ce! mundo
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 7 1769 LA MAQUINA A VAPOR En 1769, el ingeniero inglés James Watt perfeccionaba en Inglaterra una máquina que funcionaba con vapor de agua. Esta máquina se había utilizado exitosamente en la industria textil y, poco después, se aplicó al funcionamiento de las primeras locomotoras.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 8 1831 LA ELECTRICIDAD En 1831 el físico inglés Michael Faraday ideó el primer transformador eléctrico que empleaba dos bobinas de alambre y un núcleo de hierro. Una vez perfeccionado este invento permitió general electricidad barata y en cantidades deseadas.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 9 1876 EL TELÉFONO El 7 de marzo de 1876, el inventor americano Alexander Graham Bell patentó el teléfono, un dispositivo capaz ce enviar mensajes orales a través de los cables. Este invento ocasionó un cambio extraordinario en las comunicaciones humanas.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 10

1947 EL TRANSISTOR Los físicos norteamericanos Schockley , Brattain y Bardeen obtuvieron en 1947 el primer amplificador semiconductor. Este dispositivo que funcionaba al igual que las lámparas pero que no necesitaba nunca ser reemplazado y que además gastaba muy poca energía, recibió el nombre de transistor.

AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 11 1980: EL MICROPROCESADOR Tras la edad del agua y del viento se sucedieron las siguientes etapas tecnológicas; la edad de la revolución industrial (1733-1878); la edad de la electrónica (1947-1972); la edad de la información y de las telecomunicaciones (1674-2013)

LOS INVENTOS Y AVANCES TÉCNICOS MAS DESTACADOS DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

Cable submarino de fibras ópticas 1990
Disco compact digital, CD (compact disk) 1980
Calculadora de bolsillo 1971
Fibra óptica 1970
El hombre llega a la Luna; 1969
Comunicaciones vía satélite 1963
Chip de Silicio 1962
Fotocopiadora 1959
Primer satélite artificial: «Sputnik» 1957
El Rayo láser 1950
Transistor 1947
Bomba atómica 1945
Computadora 1944
Reactor atómico 1942
Máquina de escribir eléctrica 1935
Televisión 1925
Radiodifusión 1902
Automóvil 1885
Teléfono 1876
Telégrafo 1840
Transformador eléctrico 1831
Locomotora 1804
Máquina de vapor 1769
Imprenta 1454
Arma de fuego 1200
Pólvora 1100

(Puedes leer sobre cada uno de estos inventos en este sitio)

Ver: Historia Descubrimiento del ADN

Ver: Historia Descubrimiento de las Vitaminas

Ver: Historia de la Anestesia

Ver: Historia de las Cirugias

Las Moneda en la Edad Media Circulación de Dinero en la Edad Media

Las Moneda en la Edad Media
La Circulación de Dinero

El universo económico del siglo IX se apoyaba en dos monedas fuertes: el sólido o besante, bizantino, y el diNar árabe, ambas de oro.

En realidad, el solidus numisma bizantino significaba la continuación del solidus aureus nummus, fijado por el emperador Constantino en 72 piezas por libra/oro (4,48 g), con emisiones fraccionarias de medio sueldo (semissis) y de un tercio (triens). Bajo Anastasio I (493-518), aparte de la moneda de oro, se emiten, siguiendo la tradición de los miliareses de Constantino, denarii de plata, con el valor de una doceava parte del sueldo, y fallís de cobre, a razón de 288 piezas por sueldo.

El califato omeya, hacia el primer tercio del siglo VII, inspirándose en el áureo bizantino, emite el dinar de oro, que presenta una iconografía similar -busto imperial y gradas surmontadas de una cruz-, sustituyendo el signo cristiano por un globo.

A su vez, adopta el antiguo dracma de plata de la Persia sasánida con el nombre de dirhem, en una relación respecto al dinar de 1/10. No obstante, sigue circulando ampliamente la moneda original extranjera. El creador de una moneda «nacional» o propiamente arábiga fue el califa Abd al-Malik (685-705), quien desmonetizó la moneda circulante y acuñó una tipología original, sustituyendo los antiguos emblemas por unos textos, de carácter histórico o religioso, dispuestos en renglones.

Imagen Izq. Anverso de un dirhem

En los diversos estados que se forman después de las invasiones se perpetúan los valores romano-bizantinos, con tendencia, sin embargo, a la rarificación del solidus aureus, sustituido cada vez más por los triens o tremises, con el valor de un tercio.

A partir del siglo VIII la vida económica sufre una intensa regresión y se basa casi exclusivamente en el intercambio o en el pago en especies: ganado, caballos, vestidos, armas o metal no amonedado. No se pierde, con todo, el concepto de moneda, que permanece como unidad de cuenta. Así, en el reino de Asturias, un buey se valora en un solido et tremise (796), y en el 802, un hombre vende al monasterio de Lorsch un dominio por 14 onzas de plata, una espada y una túnica de seda. A partir de Carlomagno se deslindan claramente dos áreas geográficas, que están bajo el dominio de la plata o del oro.

Aparte de las monedas en oro de los ducados lombardos y de la emitida por el conde de Barcelona Berenguer Ramón I (1018-1035), el diñar musulmán,con el nombre de mancuso, acuñado por del el califato de Oriente o por Al-Andalus, es  la principal divisa dentro del comercio internacional.

Su influjo es tan considerable, que el mismo besante, entre los siglos VIII y X, adopta su tipología, que imitarán también los reyes hispánicos. Muy interesante sería poder seguir el circuito del mancuso árabe, desde que entra en Europa por los países mediterráneos hasta que regresa a Oriente por el camino de las caravanas que atraviesan los países eslavos.

El Imperio carolingio adopta como unidad el dinero de plata, doce de los cuales forman un sueldo, y veinte de éstos, una libra; sueldo y libra constituyen tan sólo unidades de cuenta. Debido a su inferioridad, la moneda carolingia tuvo que ser protegida mediante algunas capitulares de carácter general.

Imagen Izq. Reverso de un mancuso

Gracias a esta política, el estado carolingio recupera de modo exclusivo el derecho de batir moneda, que en tiempos merovingios detentaban las iglesias y los monederos privados. Por la capitular de Mantua (781) se define el concepto de maneta publica, la cual sólo podrá ser emitida en el taller palatino.

Luis el Piadoso amplió el derecho a nueve ciudades, que aumentaron con el fraccionamiento de los estados. A partir de Carlos el Calvo, los nacientes principados usurpan el derecho de batir moneda.

Las cecas principales de la época y territorios carolingios fueron: Aquisgrán: Palacio imperial; Francia oriental: Maguncia; Alsacia: Estrasburgo; Lorena: Cambray, Colonia, Bonn, Duurstede, Dinant, Lieja, Metz, Verdún; Francia: Amiens, Anas, Attigny, Brujas, Kassel, Courtrai, Compiégne, Corbie, Gante, Laon, París, Reims, Rúan; Neustria: Angers, Blois, Chartres, Évreux, Le Mans, Orleans, Tours; Borgoña: Autun, Auxerre, Besancon, Dijon, Langres, Lyon, Nevers, Troyes; Bretaña: Nantes, Rennes; Aquitania: Bourges, Poitiers, Clermont, Limoges; Toulousain: Toulouse; Gascuña: Agen, Burdeos, Dax; Marca Hispánica: Barcelona, Ampurias, Gerona, Roda (¿Rosas?); Septimania: Narbona; Provenza: Arles, Aviñón, Vienne; Italia: Lucca, Milán, Treviso, Venecia.

PROBLEMA CON LAS MONEDAS: Si la moneda cuya función es medir el precio de todas las cosas es variable e incierta, nadie sabrá lo que tiene; los contratos serán inciertos; los gravámenes, tasas, gajes, pensiones, rentas, intereses y honorarios, inciertos; las penas pecuniarias y multas fijadas por las costumbres y ordenanzas serán también variables e inciertas; en resumen, todo el estado de la hacienda y de muchos negocios públicos y privados quedarán en suspenso. Aún es más de temer que la moneda sea falsificada por los príncipes, fiadores y deudores como son de la justicia ante sus subditos.

El príncipe no puede alterar el peso de la moneda en perjuicio de los subditos y menos aún en perjuicio de los extranjeros que tratan con él y comercian con los suyos, pues está sujeto al derecho de gentes. Si lo hace, se expondrá a la reputación de falso monedero, como el rey Felipe el Hermoso, llamado por el poeta Dante/akí/icatore de maneta. El fue quien, por primera vez en este reino, rebajó la moneda de plata a la mitad de su ley, lo que trajo como consecuencia grandes desórdenes entre sus subditos […].

La ley y el peso de la moneda deben ser regulados adecuadamente, para que ni príncipes ni subditos la falsifiquen a su antojo. A ello estarán dispuestos siempre que se les presenta ocasión, aunque se les queme vivos. La razón de ser de todos los falsificadores, cercenadores y alteradores de moneda, radica en la mezcla de metales. Si éstos se emplearan en su estado puro, no podrían sustituirse unos por otros, ya que difieren entre sí en color, peso, consistencia, sonido y naturaleza.

Por consiguiente, para evitar los inconvenientes apuntados, es preciso ordenar en la república que las monedas sean de metales simples y publicar, siguiendo el ejemplo de Tácito el emperador de Roma, un edicto por el que se prohiba, bajo pena de prisión y confiscación de los bienes, mezclar el oro con la plata, o la plata con el cobre, o el cobre con el estaño o con el plomo. Podría exceptuarse de la prohibición la mezcla del cobre con el estaño, que produce el bronce o metal sonante, ya que entonces no se usaba tanto como ahora, así como la mezcla del estaño dulce con el cobre, para poder fundir cañones […].

Si se acuñan las piezas de oro y plata con los mismos peso, nombre y ley, es decir, con igual aleación en ambos casos, no subirán ni bajarán nunca de precio, como ahora ocurre casi cada mes, a gusto del pueblo o de los poderosos que rodean a los príncipes. Tras acaparar y tomar en préstamo monedas fuertes, las hacen subir de precio, y así ha habido quien, después de pedir prestados cien mil escudos, hizo subir el precio del escudo en cinco sueldos con lo que de un golpe ganó veinticinco mil francos […].

López Cordón, Ma. Victoria et al,
Análisis y comentarios de textos históricos II.
Edades Moderna y Contemporánea,

Fuente Consultada: Historia Universal Salvat Tomo 10

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La Longevidad en la Edad Media La Esperanza de Vida

La Longevidad en la Edad Media
La Esperanza de Vida

LONGEVIDAD EN LA EDAD MEDIA: Los datos básicos sobre la duración de la vida en la Edad Media los proporcionan los estudios antropológicos de los esqueletos encontrados en las excavaciones arqueológicas. Actualmente, los antropólogos disponen ya de un espectro de muestras suficientemente amplio como para empezar a determinar la esperanza de vida de la población medieval.

La Longevidad en la Edad Media La Esperanza de Vida Ante todo se observa una diferencia notable entre hombres y mujeres por lo que respecta a su número y longevidad. En realidad, la duración de la vida disminuyó en relación al período precedente (700-1000), tanto para los hombres como para las mujeres, aunque más para estas últimas.

La dureza del trabajo en el campo redujo en unos dos años la esperanza media de vida de los hombres respecto a las mujeres, pero a pesar de ello, su longevidad fue bastante mayor que la del hombre moderno, hasta bien entrado el siglo XVIII.

Los datos mejor conocidos proceden de las islas Canarias, donde la esperanza de vida era de 49,4 años para los hombres y de 53,3 años para las mujeres, y en el priorato de Gallen, en Irlanda, cuyos monjes tenían una esperanza media de vida de 48,4 años. Los terratenientes varones de la Inglaterra del siglo XIII tenían casi la misma esperanza de vida. Los habitantes de los asentamientos escandinavos de la costa tuvieron mejor suerte que los del interior, por lo que se refiere a longevidad.

Los hombres de Groenlandia tuvieron con mucho el peor récord en cuanto a brevedad de vida. Tampoco fueron mejor las cosas para los habitantes del centro de Europa. En cambio, los de la península Ibérica disfrutaron probablemente de mayor longevidad, como ya la tenían en tiempo de los romanos, porque las tierras peninsulares, altas y secas, eran resistentes a la propagación de la tuberculosis y de la malaria, probablemente las dos enfermedades que ocasionaban más muertes en aquellos tiempos.

En el siglo XIII, los miembros de la comunidad judía de Montju’ic (Barcelona) muestran una esperanza de vida de entre 45 y 50 años tanto para hombres como para mujeres.

Las indagaciones post mortem que se hacían en Inglaterra permiten determinar con exactitud la edad de la muerte. Algunas personas vivieron muchos años: Alina de Marechale, de quien se cuenta que tenía noventa años cuando heredó sus tierras, vivió otros siete años más. Tres generaciones de la familia Colewik vivieron más de ochenta. Yusuf ibn Tasfin, el poderoso emir almorávide, contaba, según se decía, cien años cuando murió en 1106. Y la lista podría alargarse.

Aunque el promedio de vida era corto, la gente del Medioevo tenía un margen de vida -longevidad potencial- bastante similar al actual. El índice de mortalidad, como es de esperar, era elevado: alrededor de un 3,5 % anual. La pérdida de trabajo potencial durante los años de plenitud física fue realmente grande. Durante los años de mayor productividad, de los catorce a los sesenta, la Edad Media dispuso solamente de un 57 % de la población activa femenina y de un 66 % de la masculina. Actualmente, la sociedad dispone de más del 90 %.

El feudalismo tuvo, además, un punto débil que se olvida con frecuencia: el promedio de vida de caballeros y señores. Un ejército feudal, suponiendo que prestaran servicio la mayoría de los caballeros, debía de tener a más de la mitad de sus miembros con una edad bastante superior a los treinta años, edad relativamente avanzada para un atleta. En cambio, un ejército mercenario, reclutado por reyes adinerados, podía ofrecer un contingente de caballeros jóvenes y ambiciosos, más robustos y mejor adiestrados que los componentes de una hueste feudal.

Fuente Consultada: Historia Universal Salvat Tomo 10

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El Progreso Tecnico en la Edad Media Avances Tecnologicos Medievales

El Progreso Técnico en la Edad Media

PROGRESO TECNICO LA EDAD MEDIA: Durante el período feudal se desarrolló un conjunto de innovaciones técnicas que modificaron profundamente las relaciones del hombre con el medio. No se trataba de una simple suma de diversos progresos, sino de un verdadero sistema tecnológico, cuyos elementos eran interdependientes los unos de los otros.

Uno de estos elementos fue el molino de agua. Aunque era conocido desde la Antigüedad y había evolucionado durante los primeros siglos de la Edad Media, su período de máxima difusión corresponde al siglo XI (en Inglaterra, en época de la conquista Normanda, había cerca de 6.000). En efecto, la instauración del régimen señorial permitió la generalización del molino de agua, ya que el señor -propietario del molino- estuvo en condiciones de obligar al campesino, a causa de su poder jurisdiccional, a abandonar su antiguo molino de mano.

El Progreso Tecnico en la Edad MediaDesde entonces, no existió ninguna parroquia rural que no dispusiera de uno o varios molinos de agua. Allí donde el clima se prestaba menos a la utilización de este nuevo elemento, apareció el molino de viento, probablemente tomado de los países islámicos.

Así, pues, el dominio de la energía hidráulica y de la fuerza del viento liberaron una considerable fuerza de trabajo, que a partir de entonces pudo dedicarse a las labores agrícolas, multiplicándolas extraordinariamente.

Al mismo tiempo, el trabajo del campo se hizo más eficaz al difundirse el arado de ruedas (curruca), que se distinguía del arado romano (aratrum) por su reja disimétrica, su cuchilla y su vertedera. El arado de ruedas removía la tierra, mientras que la acción del arado romano era superficial y tenía que ser completada, a intervalos más o menos largos, por el trabajo con la azada.

Si bien su cronología de difusión es todavía poco conocida, no hay duda de que el uso del arado de ruedas fue general a partir de siglo XI, salvo en la Europa meridional, donde el arado de mano siguió siendo el instrumento más utilizado y quizá el que mejor se adaptaba a los suelos ligeros y pedregosos de la zona. Evidentemente, sin el uso del arado de rueda, el cultivo de los suelos duros del norte de Europa hubiera sido imposible; su aparición abrió, pues, el camino a la grandes roturaciones medievales.

No obstante, era preciso disponer de un sistema de enganche lo suficientemente potente como para asegurar la acción eficaz del arado de ruedas: un conjunto de mejoras transformaron el enganche heredado de la Antigüedad. Así, en el caso de los bueyes que tiraban del arado, el yugo frontal sustituyó al yugo de garrote, que ahogaba al animal reduciendo su capacidad de tracción, y en el de los caballos, la collera de armazón rígido reemplazó a las correas que les oprimían el pecho.

Tanto a unos animales como a los otros, el uso de herraduras les permitió un mejor apoyo sobre el terreno. Por último, en una parte de la Europa occidental -la más avanzada desde el punto de vista del progreso agrario-, el caballo reemplazó, poco a poco, al buey en las labores agrícolas: al ser más rápido se acomodaba mejor a la multiplicación de los trabajos de la tierra.

En la época que nos ocupa se extendió también el uso del hierro, progreso que estuvo naturalmente unido a todos los demás. Gracias a las numerosas fraguas rurales, las herramientas del campo se perfeccionaron. Algunos inventarios de bienes campesinos del siglo XIII revelan la presencia, en viviendas humildes, de una extensa gama de útiles metálicos: guadañas, hoces dentadas, rastrillos, azadas y hachas.

Por supuesto, esos diversos progresos penetraron, según las regiones, de manera desigual. Incluso ahondaron las diferencias económicas entre ellas: así, la difusión del arado de ruedas, y en general un mejor equipamiento técnico en la Europa del norte, diferenciaron a ésta de la Europa del sur, donde el hierro era más escaso y donde solamente un mulo o una yunta de bueyes seguían tirando de los arados romanos.

Pero aparte de las diferencias entre las diversas áreas geográficas europeas, la introducción de mejoras técnicas fue sobre todo un poderoso factor de diferenciación del trabajo en el seno del propio campesinado de una misma región, que quedó, desde entonces, estructurado en dos grupos económicos muy distintos. Por una parte, los «labradores», que poseían instrumentos de cultivo pesados y un lote de tierras de ciertas dimensiones; y por la otra, los «braceros», que solamente eran propietarios de su azada y estaban instalados en tenencias de superficie muy reducida.

Fuente Consultada: Historia Universal Salvat Tomo 10

 

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La muerte en la edad media La medicina y la salud Metodos Clinicos

La Muerte en la Edad Media

LA MUERTE: La Baja Edad Media se caracteriza, entre otras cosas, por una mayor concienciación de la realidad de la muerte. Es probable que este fenómeno haya sido acrecentado por las constantes epidemias que asolaron Europa a mediados del siglo XIV, así como el aumento de la crueldad de las guerras y el aumento de las aglomeraciones urbanas, que favoreció una mayor percepción de los fenómenos más morbosos de la experimentación de la enfermedad y la muerte.

Otros han puesto más énfasis en el desarraigo que supone para la gente del campo su llegada masiva a la ciudad en los siglos bajomedievales.

En la concepción cristiana la muerte se considera el instante en el que se separan cuerpo y alma. Según esta concepción, el buen cristiano debe estar preparado en cualquier instante para este momento y las voluntades de los mortales se recogían en los testamentos.

La Muerte en la Edad Media

Para conseguir la salvación de los difuntos era necesaria la mediación de los clérigos lo que motivaba el encarecimiento de la muerte. La misa era la fórmula de conectar el mundo de los vivos con el de los muertos y ahí también encontramos una evidente diferenciación social ya que los ricos podían ofrecer más misas por sus difuntos al tiempo que tenían más posibilidades de realizar la caridad con los pobres.

La vida terrenal sería considerada en la Edad Media como un mero tránsito hacia la eternidad. El cielo era el destino deseado por todos pero por mucho que el individuo se preparara el camino para la salvación nada estaba asegurado y el infierno constituía un serio peligro.

Según Sesma Muñoz (1), en el seno de la tradición judeocristiana del occidente europeo los hombres y mujeres, ricos y pobres, urbanos y rurales, jóvenes y viejos que se ven en trance de dictar sus últimas voluntades, califican la vida terrenal con expresiones duras y amargas: miserable, incierta, engañosa, transitoria, como si estuvieran convencidos de que estaban en un valle de lágrimas, al tiempo que contemplaban la muerte como algo inevitable, destino común del que no se puede escapar y ante una proximidad muestran una resignación natural que les hace más pensar en los que quedan y en la preparación de su tránsito, que en lamentaciones y arrepentimientos.

Existe la convicción entre la población de la Edad Media de la existencia de otra vida, la vida eterna, tras el tránsito, por lo que temen fallecer sin aviso, repentinamente, y verse privados de un tiempo precioso para repartir sus bienes, avalar la buena convivencia familiar y arreglar los trámites del Más Allá, es decir, asegurarse el arrepentimiento final y el cumplimiento de ritos y ayudas para que su alma se garantice el purgatorio.

En el Más Allá existe el paraíso o el infierno que constituyen los dos destinos extremos, que han sido únicos durante mucho tiempo para los cristianos, si bien a partir del siglo XIII adquiere fuerza la idea de un tercer lugar, el purgatorio, intermedio entre ambos, donde las almas que necesitan un tiempo de expiación para acceder a la gloria aguardan y se benefician de los actos piadosos hechos en la tierra, según la concepción de los santos. También en estos momentos se formula la existencia del limbo como lugar particular para las almas de los niños no bautizados.

Además, existe un convencimiento generalizado en la resurrección tras el juicio final, que se manifiesta en buscar para el enterramiento la compañía de sus muertos, de sus personas más queridas, junto a las cuales se quiere despertar un día. En los pueblos y aldeas, los testadores solicitan ser enterrados en el cementerio de la iglesia parroquial, lo que les «garantizaba» ya una compañía conocida.

Está muy extendido el culto a determinados santos, santa Bárbara, santa Ana o san José, como protectores frente a la muerte súbita, o San Cristobalón, presente en todas las iglesias junto a la puerta de salida, como encargado del tránsito, al que se le pide lentitud en el traslado del alma.

En el siglo XV comienza a difundirse el Ars Moriendi, cuyas ediciones impresas y traducidas a las lenguas vernáculas, lo presentan como «Arte del bien morir» y cuya finalidad queda expuesta en este proemio: «La más espantable de las cosas terribles sea la muerte, empero en ninguna manera se puede comparar a la muerte del ánima», para lo cual se da una serie de consejos, acompañados de grabados ilustrativos, que faciliten la confesión completa y ayuden a alcanzar la salvación con una buena muerte. La muerte cristiana al final de la Edad Media no es una muerte solitaria, sino un acto social al que deben acudir amigos y parientes para ayudar a la persona que muere.

 La muerte se constituye así en un acto de solidaridad, de ayuda mutua, que no acaba con la expiración, sino que los que todavía permanecen en el mundo deben ocuparse de los muertos a través de mandas piadosas, y muchas misas. Junto a ello se debe dar limosnas a las iglesias y capillas, dar de comer o vestir a los pobres, aliviar penas de cautivos, enfermos o locos, a contribuir al casamiento de huérfanas pobres, etc. Esto dependerá de la capacidad económica del difundo. El dinero se convierte en un argumento para alcanzar la salvación.

En la Edad Media la muerte nunca fue acompañada de caracteres macabros. Sería en los últimos siglos cuando aparecen aspectos tétricos, motivados sin duda por la difusión de la Peste Negra y las epidemias, hambrunas y devastadoras guerras que sacudieron la Baja Edad Media. En las ciudades se desarrollaría incluso la idea de muerte-espectáculo.

Tal como ocurre hoy en día, la muerte se presenta a lo largo de la Edad Media como la última acción igualitaria sobre la sociedad (lo que no era cierto, en teoría, pues la posición social y la economía condiciona la salvación). La muerte se presenta como un acto de la vida cotidiana y existe una visión menos temerosa ante ella. Esto desaparecerá de las culturas posteriores.

LOS MENDIGOS:
¿Quiénes eran los mendigos?

Los había de todas clases. Estaban, por una parte, los profesionales de la mendicidad que inspiraban lástima a los viajeros, haciendo dramáticas ostentaciones de su miseria e incluso acompañados por niños tullidos. Estaban también las víctimas de las enfermedades y violencias de la época, no sólo los leprosos, sino enfermos de otro tipo aquejados de alguna de las múltiples afecciones de la piel, tan abundantes en la Edad Media. Estaban, por otro lado, todos aquellos a los que la justicia les había privado de un pie, de una mano, de la lengua o de una oreja. Y, por último, estaban los mendigos voluntarios, bien por espíritu de sacrificio o como obediencia a una penitencia que les había sido impuesta por la Iglesia como expiación de sus pecados.

¿Quién se ocupaba de ellos?
Por lo general, se consideraba a los mendigos como testigos de Cristo y, por esta causa, se ejercía con ellos la caridad, de una forma bastante eficaz, sobre todo a cargo de los ministros de la Iglesia. Por esta última razón, los mendigos eran mucho más abundantes en las ciudades, y en los pueblos apenas se les quería. Los campesinos eran demasiado pobres como para atender a alguien que, si bien era aún más pobre que ellos mismos, no trabajaba. El aumento del número de mendigos, vagabundos sin domicilio fijo, en las ciudades a partir del s. XIV planteó numerosos problemas a las autoridades. La legislación a este respecto se hizo muy severa: en París, por ejemplo, se prohibió ejercer la caridad con todos aquellos que no trabajaban.

¿Qué hacían los mendigos ancianos?
Muchos de ellos morían en los caminos victimas del hambre, del frío o de los despiadado? arreglos de cuentas tan frecuentes en las seriedades marginadas. Los otros se integraban en las miserables comunidades que se reunían en torno a las «cortes de los milagros» descritas por Víctor Hugo en «Nuestra Señora de París». Por último, algunos encontraban refugio en los hospitales u hospicios sustentados por la Iglesia, donde se mezclaban con enfermos e impedidos. En el campo, eran a veces recogidos y cuidados por familias acomodadas va que el deber de la caridad —la gran ley de la solidaridad medieval— era, para los cristianos el medio más seguro para conseguir la salvación eterna.

¿Quiénes eran los «vagabundos de Dios ?
Además de los peregrinos, que siguieran siendo muy numerosos hasta el final de la Edad Media y que hacían largos desplazamientos, había, sobre todo en el s. xv, un gran numero de frailes que iban predicando de una parroquia a otra. Algunos de ellos conseguían exaltar hasta tal punto a los fieles, que su llesaga a una ciudad llegaba a provocar verdaderas conmociones. Los que les escuchaban soñaban a veces con países imaginarios, como Jauja en los que se podía comer hasta la saciedad, lo que no era más que un reflejo simbólico, en una época en la que abundaban el hambre, la epidemia y la guerra. Estaban también todos aquellos que iban a la busca de una nueva fe y que, al igual que Cristo en Palestina, hablaban en la plaza pública, sembrando a veces desordenes al atacar a la Iglesia oficial o a las mismas gentes del lugar. En los últimos tiempos de la Edad Media, la palabra era. un arma prodigiosamente eficaz y estos «vagabundos de Dios», como se les conocía a veces, jugaron un papel muy importante en el advenimiento de la Reforma.

¿Había también artistas ambulantes?
Durante toda la Edad Media, los juglares y trovadores iban de pueblo en pueblo v de castillo en castillo, cantando y contando bonitas historias. Pero por los caminos podía verse también a gentes de circo: domadores de bestias, exhibidores de osos y prestidigitadores. que recorrían pueblos y ciudades, sobre todo con motivo de las fiestas. Había además comediantes que representaban los autos sacramentales en los pórticos de las iglesias, así como un gran número de músicos ambulantes que normalmente solían ir solos y que iban por los pueblos para hacer bailar a las gentes fundamentalmente con motivo de las fiestas, de otoño, o bien en los carnavales.

Buhonero en la edad media

Los buhoneros surcaban los caminos incesantemente; se trataba de comerciantes más o menos honrados que practicaban, sobre todo, el trueque. Sus mercancías procedían a veces de las ferias de los pueblos y a veces también de robos. Los buhoneros mejor situados contaban con un burro o un caballo y transportaban en él todo tipo de utensilios, tejidos v encajes. Adoptaban siempre los mismos itinerarios, lo que les permitía establecer vínculos entre las familias que les confiaban sus mensajes. En su siguiente paso por el pueblo traían la respuesta que les habían encargado transmitir.

Publicación enviada por David Sáez
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La medicion del tiempo en la Edad Media Medir el tiempo antiguedad

LA EDAD MEDIA: MEDIR EL TIEMPO

resumen de la edad media 

El tiempo tenía para el hombre medieval dos referentes; el primero, de carácter físico, era el sol; el segundo, de carácter espiritual, eran las campanas de las iglesias. Esto ponía de manifiesto la dependencia del ser humano respecto a la naturaleza

Las relaciones existentes entre el cómputo de la Pascua y el ciclo lunar y entre la Navidad y el solsticio de invierno, los dos hitos del calendario cristiano evidenciaron el papel de la Iglesia en la visión del tiempo entre los europeos.

Los tiempos litúrgicos se acomodaron a las grandes divisiones del año, las estaciones. Al inicio del invierno, el Adviento anunciaba el nacimiento de Cristo. Tras él, al comenzar la estación y terminar el año, las fiestas navideñas (Natividad, Circuncisión, Epifanía), estaban seguidas por un tiempo de purificación (de animales: san Antón, 17 de enero; de personas: la Candelaria, 2 de febrero; de conciencias: Cuaresma, recuerdo de los cuarenta días de ayuno de Cristo en el desierto).

Con la primavera, llegaba la Pascua (domingo después del primer plenilunio de la estación), la Ascensión y el Pentecostés. Y con el verano, la festividad de san Juan (24 de junio), en pleno solsticio estival, recubriendo ritos cristianos del agua y el fuego, y, tras él, la Asunción de la Virgen (15 de agosto), la gran fiesta de la fertilidad de las cosechas.

La llegada del otoño, con la rendición de cuentas y rentas, se puso bajo el título de dos santos mediadores: Mateo, el recaudador (21 de septiembre) y Miguel, el arcángel encargado de pesar las almas (29 de septiembre). Por fin, el año cristiano, pero también el de la actividad agrícola, ganadera y pesquera, concluía en torno a Todos los Santos (1 de noviembre), la conmemoración de los fieles difuntos (día 2), heredados de la tradición celta, y San Martín (11 de noviembre).

El ritmo semanal, resultado de dividir en siete el mes lunar de veintiocho días, estaba ya en la tradición caldea, pero fue el relato bíblico de la creación el que consagró seis días de trabajo y uno de descanso, en que está prohibido todo trabajo, incluso el viaje, si no es por motivo grave. Así 52 domingos al año y otras tantas fiestas, numerosas sobre todo en mayo y diciembre, constituían los días de guardar, con obligación de oír misa y evitar obras serviles.

De esta forma, por cristianización de tradiciones previas o imposición de otras nuevas, la Iglesia se convirtió en la gran dominadora del tiempo en la sociedad europea. Incluso, dentro del día, el ritmo de las horas se inspiraba en el de las previstas en las reglas monásticas y las campanadas de los templos se encargaban de recordarlas.

A lo largo del siglo XIV el ritmo de vida cotidiana en las principales ciudades de occidente experimentará una profunda modificación. El tiempo, como bien divino que venía medido por la sucesión de campanas que anunciaban las horas canónicas, deja de ser elástico y gratuito para convertirse en un elemento mesurable y apreciable. Los negociantes medievales descubrieron que la medida del tiempo era importante para la buena marcha de los negocios, pues la duración de un viaje, las alzas y bajas coyunturales de los precios o el periodo invertido por un artesano en la elaboración de un producto eran factores temporales que intervenían al final en los resultados económicos; es decir, se descubrió que el tiempo tenía su precio, por lo que era necesario controlar y medir su discurrir.

Tal como se ha mencionado anteriormente, hasta finales del siglo XIII la sociedad vivía sujeta a ritmos temporales marcados por el calendario agrícola, que estaba reafirmado por el calendario litúrgico, ambos tan inestables que el segundo dependía de un centro móvil, la conmemoración de la Pascua, fijado cada año en función del primer plenilunio después del solsticio de invierno.

En cuanto a lo que podemos llamar tiempo cotidiano la verdad es que el hombre europeo lo vivía sin preocupaciones por la precisión y sin demasiadas inquietudes por su rendimiento; el único sistema de referencia era el señalado por las horas canónicas que dividía el día en períodos, distribuidos por igual entre el día y la noche, registrado por medio de campanas: maitines (medianoche), laudes, prima, tercia, sexta (mediodía), nona, vísperas y completas; pero ni siquiera esto podía controlarse, porque los toques de prima y completas se hacían coincidir siempre, en cualquier época del año, con el alba y el crepúsculo, y a partir de ellos se computaban el resto de toques, con lo cual sólo en los equinoccios se conseguía, aproximadamente, delimitar fracciones temporales homogéneas.

Técnicamente, los relojes de agua, arena y sol constituían los únicos medios objetivos para medir el tiempo, pero eran tan rudimentarios y sujetos a circunstancias tan imponderables que no pueden tomarse en consideración.

No obstante antes del siglo XIII se había producido en algunos lugares una alteración en el control de ese tiempo cotidiano consistente en el desplazamiento de la nona, que desde su localización ideal en torno a las tres de la tarde había avanzado al mediodía; esta pequeña variación que no fue objeto de ningún tipo de interpretación n comentario por los contemporáneos ha sido explicada, finalmente, por Le Goff como debida a la necesidad de subdividir el tiempo de trabajo de forma más racional: la nueva situación de la hora nona permitía la división de la jornada de trabajo de sol a sol, en dos medias jornadas equivalente en cualquier época de año.

Se trata, posiblemente, del primer intento de intervenir en la ordenación del tiempo de todos por parte de la minoría dirigente. Sin embargo, aún pasarán varios decenios hasta que se consigan los medios técnicos necesarios para llegar a controlar la división del día en 24 horas invariables y hacer público y notorio el paso del tiempo. El afán de alcanzar las horas ciertas reflejadas en un reloj civil, a las que se refieren en 1335 los burgueses de Aire-sur-la-Lys, pequeña ciudad gobernada por el gremio de pañeros, a imagen y semejanza de lo que habían logrado unos años antes los de Gante y Amiens, se convierte en una lucha social que de manera imparable, y sin apenas resistencia, impondrá un nuevo género de vida a la sociedad urbana europea, comenzando por las áreas más industrializadas de Flandes, Italia y el norte de Francia, y que cien años después conduce a que rara era la ciudad o lugar de Europa que no contaba con uno o varios relojes para controlar el tiempo de sus habitantes.

 Los primeros relojes no tenían ninguna precisión, se estropeaban con gran facilidad y dependían de un encargado que lo controlase, diese las campanadas y, en muchas ocasiones, lo ajustase tomando como referencia el viejo reloj de sol, el alba o el ocaso. Lo más importante es lo que significaron, pues su propagación representa la muerte del tiempo medieval, un tiempo que A. Gurievich califica de prolongado, lento y épico.

El nuevo tiempo ya no es divino y propiedad exclusiva de Dios, sino que pasa a pertenecer al hombre, a cada uno de los hombres, y se tiene el deber de administrarlo y utilizarlo con sabiduría, pero que puede también comprarse y venderse. Se convierte en herramienta de primer orden para el humanista, cuya virtud principal, la templanza, tendrá el atributo iconográfico del reloj.

Podemos decir que se produce la aparición de un carácter laico en el tiempo, en buena medida debido a los relojes. La utilización de sistemas de medición del tiempo en las ciudades será fundamental para el desarrollo de las diversas actividades, siendo tremendamente importante la difusión de relojes a través de pesas y campanas que serían instalados en las torres de los ayuntamientos. Los relojes municipales aportaban una mayor dosis de laicismo a la vida al abandonar la medición a través de las horas canónicas. Era una manera de «rebelión» por parte de la burguesía que se vería reforzada con la aparición, posteriormente, de los relojes de pared.

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Los Viajes en la Edad Media Las Peregrinaciones en la Antiguedad

LA EDAD MEDIA: LOS VIAJES Y PEREGRINACIONES

resumen de la edad media 

Los Viajes y Viajeros:

Una característica particular de la población, hacia mediados del siglo XI, fue su constante movimiento. A pesar de las fuertes presiones que se ejercían sobre los hombres para inmovilizarlos (existían obligaciones feudales que sujetaban a una mano de obra indispensable, así como tradiciones religiosas que condenaban el vagabundeo), el simple crecimiento de la población impulsó a un número cada vez más grande de personas fuera de sus lugares de origen. Los caminos de Europa occidental eran recorridos permanentemente por religiosos, caballeros, estudiantes, vagabundos, mercaderes y campesinos.

la ruta de la seda en la edad media

Una leyenda decía que el cuerpo del apóstol Santiago había sido enterrado en Compostela. esto dio origen a numerosas peregrinaciones , especialmente entre los siglo XI y XII. Los reyes españoles construyeron caminos, puentes, y hospitales para los viajeros. También se instalaron ferias, artesanos y mercaderes.

El espacio de las gentes medievales era muy limitado. Cuando los cronistas hacen referencia a la «tierra» sólo aluden a la Europa cristiana dependiente del pontificado romano. Fuera de este ámbito espacial estaba el Imperio Bizantino y el Islam y a partir de ahí los territorios eran bastante mal conocidos, mezclándose fábula con escasas dosis de realidad. Las noticias del Lejano Oriente llegaban a través de la Ruta de la Seda, contactos muy indirectos y limitados.

África y buena parte de Asia serían casi desconocidas para Europa. La mayoría de la población medieval no salía de su entorno más cercano durante toda su vida. La definición de proximidad en la época medieval está relacionada con la distancia que se podía recorrer a pie entre la salida y la puesta del sol, considerando en ese tiempo transcurrido tanto la ida como la vuelta. El ámbito de relación sería, por lo tanto, local.

La movilidad aumenta a partir del año 1000 cuando se produce un aumento de la seguridad en las vías de comunicación. Entre los culpables del aumento de esta movilidad encontramos el desarrollo de las peregrinaciones, especialmente a Santiago a través de la Ruta Jacobea.

La puesta en marcha del Camino de Santiago por el que peregrinos de toda Europa llegarán a la costa atlántica, traerá consigo el aumento de los intercambios tanto económicos como culturales y artísticos. Bien es cierto que viajar en la época medieval no era una empresa fácil.

Peregrinación a Santiago de Compostella - Edad Media

Después de la caída del imperio romano de Occidente (455), las relaciones entre Europa occidental y Asia quedaron, por decirlo así, interrumpidas. Con excepción de algunos raros contactos, como los qué Carlomagno tuvo con Oriente, esta situación se mantuvo hasta la época de las cruzadas. A partir de ese momento Asia será descubierta de nuevo, primero por los cruzados y luego por los viajeros, que, aprovechando la experiencia adquirida por aquéllos, se arriesgaron finalmente a ir hasta Asia Menor e incluso hasta Extremo Oriente.

Los medios de transporte eran tremendamente primitivos y los caminos muy precarios. La estructura medieval era heredera de las vías romanas que empezaron a tener una mayor atención a partir del siglo XII. Durante estos viajes los viajeros podían ser asaltados por bandidos y había que pagar numerosos peajes al atravesar territorios señoriales lo que motivaba que el trayecto alcanzado fuera bastante limitado. Considerando que el viajero utilizara un animal para sus desplazamientos, no recorrería más de 60 kilómetros diarios por lo que atravesar Francia llevaba del orden de 20 días. Las vías fluviales serían más rápidas pero este medio de comunicación era más utilizado por las mercancías.

A pesar de estos inconvenientes los viajeros eran relativamente abundantes. Por ejemplo, por la ciudad francesa de Aix pasaban una media de 13 viajeros diarios. Juglares, vagabundos, peregrinos, clérigos, soldados, prostitutas, animaban los caminos europeos y se alojaban en la limitada red de posadas existente. Los hospitales para peregrinos y albergues ampliarán esta oferta asistencial en aquellas zonas del Camino por las que el tránsito de viajeros era mayor. La mayoría de los peregrinos procedentes de Francia pasaban por el hospital de Roncesvalles en cuyo cementerio descansan los restos de un amplio número de viajeros que no pudieron cumplir su sueño de alcanzar la tumba del apóstol.

 A partir del siglo XII se produce en la Europa cristiana un aumento de la comunicación con el exterior. Un buen ejemplo serían los viajes realizados durante el siglo XIII por el mercader veneciano Marco Polo. De esta manera las mentalidades europeas pudieron conocer nuevas culturas.

En un mundo plagado de violencias como era el altomedieval se impuso obligatoriamente la hospitalidad, tanto en casas como en monasterios. El viajero o peregrino podía refugiarse del cansancio o de los bandidos acogiéndose a la hospitalidad brindada. «Quienquiera que rehuse al huésped recién llegado a un techo o un hogar pagará tres sueldos de multa» según aparece en la ley burgundia.

Aunque los viajes y traslados no fueran muy numerosos, el viajero podía moverse con la tranquilidad de que él y su montura recibirían un trato respetuoso allí donde solicitara hospitalidad. Esta es la razón de la creación de hospederías donde se pueden alojar los peregrinos, en un momento donde las peregrinaciones empiezan a tomar forma.

De esta manera se intenta evitar que los viajeros no tengan que prostituirse para poder llegar a su destino, como ocurrió a unos compañeros anglosajones de san Bonifacio. Esta práctica debía ser corriente por lo que la Iglesia prohibió a las mujeres la peregrinación. En Corbie se instituyó una posada para doce viajeros mientras que en Saint-Germain-des-Pres se contaron 140 huéspedes en un solo día durante el año 829. Carlomagno animó a los obispos a instituir hospederías para pobres y ricos, diferenciándose también a los viajeros por su condición social. 

MONJES VIAJEROS…

Al llegar aquí nos acordamos del franciscano italiano Piano Carpini, contemporáneo y discípulo de san Francisco, quien, pese a su avanzada edad, fue comisionado por el papa Inocencio IV con un mensaje para el potentado mongol. El fin que el papa perseguía era doble: por una parte quería conocer los planes de los mongoles con respecto a una posible invasión de la Europa cristiana; pero esperaba también hallar en ellos una fuerza que le ayudara a detener la amenaza que representaba el Islam.

Carpini se puso en marcha el día de Pascua de 1245, y llegó al campamento del kan el 22 de julio del año siguiente. Allí se quedó hasta el mes de noviembre, en que emprendió el viaje de regreso. Era portador de una carta para el papa redactada en mongol, en árabe y en latín. Al fin de su expedición había recorrido 4.800 kilómetros. El relato que hizo de su viaje puede ser considerado como el mejor documento de la Edad Media sobre la historia y costumbres de los mongoles. Pero desde el punto de vista geográfico es mucho más exacto el libro que Rubrock redactaría más tarde.

Por impresionante y audaz que fuera el viaje de Carpini, fue ampliamente superado por el que realizara otro de los frailes de la Orden, fray Guillermo de Rubrock (1217 a 1270 aproximadamente), monje franciscano que residía en Tierra Santa al mismo tiempo que san Luis, rey de Francia, quien le encargó una misión bastante delicada. El rey deseaba concertar una alianza con el poderoso kan y convencerle de que atacara a los turcos, terror de la cristiandad.

Con ello mataba dos pájaros de un tiro, pues, ocupadas en combatir al turco, las hordas bárbaras de jinetes mongoles dejarían de sembrar el espanto en Europa.

Con este fin, Guillermo de Rubrock partió hacia el este en compañía de otro franciscano, fray Bartolomé de Cremona, y de algunos servidores. En Constantinopla, majestuosa capital del imperio romano de Oriente, hizo los últimos preparativos para ese fabuloso viaje.

El 7 de mayo de 1253, Rubrock y sus compañeros embarcaron con destino a Crimea. Desde allí, siguiendo el curso del Don y del Volga, atravesaron de punta a punta la inmensa Asia hasta Caracorum, lugar de residencia del kan y su corte. La travesía de Asia se hizo a caballo.

En el relato de su viaje, que escribió en latín a su regreso, Guillermo  de  Rubrock  cuenta  quellegó a recorrer en una etapa distancias de hasta 120 km. Atravesando regiones deshabitadas situadas al norte del mar Caspio y del mar de Aral, cabalgaron al principio hacia el este; luego describieron una gran curva hacia el sur, para escapar, en la medida de lo posible, a los rigores del invierno.

Atravesando los montes Altyntagh y la provincia china de Sinkiang, llegaron finalmente a la residencia del kan, que les invitó a descansar en su residencia de Caracorum, donde, por espacio de seis meses, fueron sus huéspedes. Durante este tiempo Rubrock consignaba fielmente cuantos incidentes le acontecían durante el viaje.

Abandonó Caracorum en julio de 1254 y se dirigió a Asia Menor y a Siria. Proporcionó a Occidente infinidad de datos de gran importancia para la historia y para la geografía. Por tan largo y audaz viaje, Rubrock merece sin duda figurar en la lista de los más grandes viajeros de la Edad Media. En cambio, no consiguió llevar a buen fin su misión diplomática.

Muy diferente fue lo que ocurrió con otro gran viajero que vivió también en el siglo XIII: Marco Polo (1254-1325). Procedía de una familia veneciana de mercaderes, y partió hacia Asia en 1271 en compañía de su padre y de su tío. Por Bagdad llegaron al golfo Pérsico; luego atravesaron Persia en dirección a la meseta de Pamir, para ir a parar a China. Fueron recibidos en Pekín en la corte del emperador Kublai Kan a principios del año 1275.

AMPLIACIÓN DEL TEMA…

Viajar y comunicarse con otros hombres constituía siempre una auténtica aventura. Los cronistas de la época no intentaban siquiera disimular el estupor que les producía a los miembros de la corte de Carlos el Calvo, en el año 841, el que unos cuantos caballeros llegaran de Aquitania para llevarle las preciosas insignias de la realeza: atravesar media Europa llevando consigo tan preciosa carga y sin sufrir accidente alguno no podía por menos que parecer increíble. El bandolerismo estaba difundido por doquier. Un viajero aislado o un grupo de caballeros o mercaderes constituían un botín de gran atractivo, puesto que transportaban consigo algunos objetos que de otro modo resultaba prácticamente imposible procurarse.

A pesar de ello, como ya hemos dicho, los largos viajes y los desplazamientos de uno a otro extremo del continente resultaban corrientes y estaban a la orden del día entre los individuos de ciertas clases sociales. En el año 1033, en que no estallaron guerras ni se presentaron problemas especiales, Conrado II fue de Francia a Polonia y volvió más tarde a Champagne para dirigirse inmediatamente a Lusacia.

Estos continuos viajes respondían a los motivos más diversos; ya hemos hablado antes de la exigencia del avituallamiento, pero no faltaban razones más elevadas. Clérigos y monjes vagaban de convento en convento por causa de sus estudios: Geriberto de Aurillac estudió matemáticas en España y cursó filosofía en Reims antes de convertirse en el preceptor de Roberto el Pío; el inglés Esteban Harding recorrió numerosas abadías antes de hallar el perfecto espíritu cristiano en la de Molesmos, en Borgoña; San Eudes, en el siglo VIH, visitó todos los conventos de Francia con el propósito de encontrar uno en el cual se aplicara correctamente la Regla. El arzobispo de Reims, Maurille, cursó sus estudios en Lieja, enseñó más tarde en Sajonia y permaneció largo tiempo en un convento de Toscana.

El convento de Cluny era un centro de estudios muy frecuentado por los clérigos italianos y alemanes, y Guillermo el Conquistador no halló motivo alguno de asombro al comprobar que al frente de las diócesis normandas se hallaban religiosos procedentes de Italia o de Lorena. Razones políticas y de seguridad empujaban a los grandes señores feudales, por decirlo así, a gobernar «a caballo».

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La familia medieval Vida en la edad media Sus costumbres y tradiciones

La Familia Medieval Sus Costumbres
y Tradiciones

La Familia:

La estructura familiar de la Alta Edad Media recuerda a la que se manifestaba tanto en la sociedad romana como germánica al estar integrada por el núcleo matrimonial -esposos e hijos- y un grupo de parientes lejanos, viudas, jóvenes huérfanos, sobrinos y esclavos.

Todos estos integrantes estaban bajo el dominio del varón -bien sea de forma natural o por la adopción-, quien descendía de una estirpe, siendo su principal obligación proteger a sus miembros. No en balde, la ley salia hace referencia a que el individuo no tiene derecho a protección si no forma parte de una familia. Como es de suponer, esta protección se paga con una estrecha dependencia.

Pero también se pueden enumerar una amplia serie de ventajas como la venganza familiar o el recurso a poder utilizar a la parentela para pagar una multa ya que la solidaridad económica es obligatoria. No obstante, si alguien desea romper con su parentela debe acudir a los tribunales donde realizará un rito y jurará su renuncia a la protección, sucesión y beneficio relacionados con su familia.

La familia vive bajo el mismo techo e incluso comparte la misma cama. Tíos, sobrinos, esclavos y sirvientes comparten la cama donde la lujuria puede encontrar a un amplio número de seguidores en aquellos cuerpos desnudos. Esta es la razón por la que la Iglesia insistirá en prohibir este tipo de situaciones y favorecer la emancipación de la familia conyugal donde sólo padres e hijos compartan casa y cama.

El padre es el guardián de la pureza de sus hijas como máximo protector de su descendencia. Las mujeres tiene capacidad sucesoria a excepción de la llamada tierra salia, los bienes raíces que pertenecen a la colectividad familiar. Al contraer matrimonio, la joven pasa a manos del marido, quien ahora debe ejercer el papel de protector. El enlace matrimonial se escenifica en la ceremonia de los esponsales, momento en el que los padres reciben una determinada suma como compra simbólica del poder paterno sobre la novia.

La ceremonia era pública y la donación se hacía obligatoria. Entre los francos alcanzaba la suma de un sueldo y un denario si se trataba de un primer matrimonio, aumentando hasta tres sueldos y un denario en caso de sucesivos enlaces. La ceremonia se completaba con la entrega de las arras por parte del novio a la novia, aunque el enlace pudiera llevarse a cabo incluso años después. Los matrimonios solían ser concertados, especialmente entre las familias importantes, por lo que si alguien se casaba con una mujer diferente a la prometida debía pagar una multa de 62 sueldos y medio.

La joven tenía que aceptar la decisión paterna aunque conocemos casos de muchachas que se han negado a admitir el compromiso como ocurrió a santa Genoveva o santa Maxellenda. Lo curioso del caso es que diversos concilios merovingios y el decreto de Clotario II (614) prohiben casar a las mujeres contra su voluntad. Esta libertad vigilada motivaría que algunas mujeres tomaran espontáneamente a un hombre, en secreto, o que se produjeran raptos de muchachas, secuestros que contaban con el beneplácito de la víctima que rompía así con la rígida disposición paterna.

Como es lógico pensar, todos los códigos consideran a estas mujeres adúlteras mientras que el hombre se verá en la obligación de pagar a los padres el doble de la donación estipulada. En caso de que no se pague, el castigo es la castración. Si un muchacho se casa con una joven sin el consiguiente mandato paterno, deberá pagar a su suegro el triple de la donación determinada. Si esto se produce, el matrimonio ya es irreversible por lo que debemos preguntarnos si el matrimonio no dejaba de ser un pequeño negocio para los progenitores.

Tras los esponsales se realiza un banquete donde la comida y la bebida corren sin reparo -siempre que la economía familiar lo permita-. El jolgorio se acompañaba de cantos y bailes de talante obsceno para provocar la fecundidad de la pareja. Durante el banquete la novia recibe regalos tales como joyas, animales de compañía, objetos del hogar, etc. El novio también le hace entrega de un par de pantuflas, como símbolo de paz doméstica, y un anillo de oro, símbolo de fidelidad de clara tradición romana. Los romanos llevaban el anillo en el dedo corazón de la mano derecha o en el anular de la izquierda -continuando la tradición egipcia según la cual desde esos lugares había un nervio que llevaba directamente al corazón-.

Las damas nobles también solían llevar un sello en el pulgar derecho, una muestra de la autoridad que poseía para administrar sus propios bienes. La ceremonia concluye con el beso de los novios en la boca, simbolizando así la unión de los cuerpos. Tras este rito, la pareja era acompañada a la casa y se quedaba en el lecho nupcial. El matrimonio debe consumarse para que alcance su legitimidad, consumación que se produce en la noche de bodas. Al mañana siguiente el esposo entrega a su mujer un obsequio llamado «morgengabe» para agradecer que fuera virgen al matrimonio, dando fe de la pureza de la joven desposada y asegurándose que la descendencia es suya. Esta donación post-consumación no se realiza en caso de segundas nupcias. De este «morgengabe» la viuda se queda con un tercio y el resto será entregado a la familia en caso de muerte del marido.

La edad de matrimonio debía de estar próxima a la mayoría de edad, es decir, los doce años, según nos cuenta Fortunato al hacer mención del matrimonio de la pequeña Vilitutha a la edad de trece años, quien falleció a consecuencia del parto poco después. Ya que la virginidad suponía el futuro de la parentela, se protege a la mujer de raptos o violaciones, al tiempo que se reprime la ruptura del matrimonio y se castiga contundentemente el adulterio y el incesto. Los galo-romanos castigan la violación de una mujer libre con la muerte del culpable mientras que si la violada era esclava, el violador debía pagar su valor. Los francos castigaban este delito con el pago de 200 sueldos en época de Carlomagno. Podemos considerar que se trataba de una mujer «corrompida» por lo que carecía de valor, incluso deben renunciar a la propiedad de sus bienes. La única salida a la violación era la prostitución.

El incesto estaba especialmente perseguido, a pesar de no tratarse de relaciones entre hermanos. Los matrimonios con parientes se consideran incestuosos, entendiendo por parentela «una pariente o la hermana de la propia esposa» o «la hija de una hermana o de un hermano, la mujer de un hermano o de un tío». Los incestuosos eran separados y quedaban al margen de la ley, a la vez que recibían la excomunión y su matrimonio era tachado de infamia.

El adulterio era considerado por los burgundios como «pestilente». La mujer adúltera era estrangulada y arrojada a la ciénaga inmediatamente mientras que los galo-romanos establecían que los adúlteros sorprendidos en flagrante delito serían muertos en el acto » de un solo golpe». Los francos consideraban el adulterio como una mancha para la familia por lo que la culpable debía ser castigada con la muerte.

También entendían que el hombre libre que se relacionaba con una esclava de otro era un adúltero por lo que perdía la libertad, lo que no sucedía en el caso de que fuera su esclava con quien se relacionara. Curiosamente los burgundios hacían extensión de la definición de adulterio a aquellas mujeres viudas o jóvenes solteras que se relacionaban con un hombre por propia voluntad. Si el violador o el raptor son duramente castigados, el adúltero apenas recibe castigo ya que los posibles hijos de esa relación son suyos. La mujer sí es culpable porque destruye su porvenir. Afortunadamente, la influencia del Cristianismo cambiará estos conceptos. En palabras de Michel Rouche «mientras que el paganismo acusa a la mujer de ser el único responsable del amor pasional, el Cristianismo lo atribuye indiferentemente al hombre y a la mujer (…)

Se abandona la idea pagana conforma a la cual el adulterio mancilla a la mujer y no al hombre». Cierta idea de igualdad de sexos empieza a despuntar en el Occidente europeo. Buena parte de la culpabilidad a la hora de no considerar al hombre adúltero debemos encontrarla en la práctica por parte de los germanos de la poligamia, mientras los galos-romanos mantenían el concubinato. Las relaciones con las esclavas parecen habituales tanto en un grupo como en el otro, naciendo abundantes descendientes de estos contactos.

Los hijos nacidos de esa relación eran esclavos, excepto si el padre decidía su liberación. Ya que las mujeres eran elegidas entre personas cercanas al linaje familiar, la costumbre germánica permitía al marido tener esposas de segunda categoría, siempre libres, añadiéndose las esclavas. La primera esposa era la poseedora de los derechos y sus hijos eran los receptores de la sucesión. Si la primera esposa era estéril, los hijos de las concubinas podían auparse al rango de heredero. Los enfrentamientos en los harenes nobiliarios y reales serán frecuentes. Chilperico llegó a estrangular a su esposa, Galeswintha, para poder dar a su esclava Fredegonda el puesto de favorita, lo que desencadenó la guerra civil entre los años 573 y 613.

El papel de la Iglesia respecto a la poligamia supondrá la más absoluta de las prohibiciones, apelando a la indisolubilidad matrimonial y a la monogamia, llegando a prohibir el matrimonio entre los primos hermanos. Será en el siglo X cuando los dictados eclesiásticos en defensa de la monogamia empiecen a surtir efecto. La ley burgundia y la ley romana autorizaban el divorcio, mientras que la Iglesia lo prohibía. Evidentemente existen condicionantes que lo permiten, siempre desfavorables con la mujer. El divorcio es automático si la mujer es acusada por su marido de adulterio, maleficio o violación de una tumba. El marido será repudiado en caso de violación de sepultura o asesinato.

El mutuo acuerdo sería la fórmula más acertada para el divorcio, siempre y cuando los cónyuges pertenecieran a la etnia galo-romana. Esta fórmula incluso será aceptada, a regañadientes, por la Iglesia, al menos hasta el siglo VIII. Siempre era más razonable que el llamado «divorcio a la carolingia», consistente en animar a la mujer a que de una vuelta por las cocinas y ordenar al esclavo matarife que la degollara. Tras pagar la correspondiente multa a la familia, el noble podía volver a casarse porque quedaba viudo. No tenían igual suerte las viudas ya que las leyes germánicas intentarán poner todo tipo de impedimentos a un segunda matrimonio de una mujer viuda.

Conserva su dote y el «morgengabe», por lo que mantiene independencia económica. Pero si vuelve a contraer matrimonio, perderá esta independencia al caer en el ámbito familiar del nuevo marido y revertir el patrimonio en su propia parentela. Los hijos eran especialmente protegidos en la época altomedieval. En numerosos casos se intenta atraer hacia el niño las cualidades de aquel animal querido y envidiado, por lo que se impondrán nombres relacionados con la naturaleza: Bert-chramm, brillante cuervo, que hoy se ha convertido en Bertrand; Wolf-gang, camina a paso de lobo; o Bern-hard, oso fuerte, del que ha surgido Bernardo. De todas maneras se siguen produciendo casos de exposición de hijos, ahora a las puertas de la iglesia. Afortunadamente para el neonato, el sacerdote anunciaba su descubrimiento de manera pública y si nadie reclamaba al pequeño pasaría a ser esclavo de quien lo había encontrado.

El niño sería confiado a alguna nodriza, siendo amamantado hasta los tres años entre el pueblo. En caso de guerra los niños se convertían en un preciado botín. Si una ciudad era conquistada, los conquistadores asesinaban a «cuantos podían orinar contra la muralla» y se llevaban a las mujeres y los niños menores de tres años. A pesar de la enorme natalidad, la mortalidad infantil también era elevada por lo que el núcleo familiar no debía de contar con numerosos niños. Alguno solía ser entregado a un monasterio para su educación, lo que equivalía entregar a Dios aquello que más se ama.

La educación estaba vinculada al mundo violento que caracteriza la Alta Edad Media. El deporte y la caza serán los ejes educativos que se inician tras la «barbatoria», el primer corte de la barba del joven. La natación, la carrera o la equitación formaban parte de las enseñanzas fundamentales del joven germano que tiene en el animal y en las armas a sus estrechos colaboradores. Subir al caballo era todo un ejercicio gimnástico al carecer de estribo hasta el siglo IX, siendo el animal uno de los bienes más preciados, tal y como podemos comprobar en el caso de un joven llamado Datus, quien conservó su caballo y dejó a su madre prisionera de los musulmanes durante un ataque de éstos a Conques en el año 793.

El joven no entregó su caballo a pesar de que los islámicos arrancaron los senos de la madre y luego le cortaron la cabeza ante sus propios ojos. En un mundo tan marcado por la violencia parece cargado de lógica que la preparación militar sea la elegida para los jóvenes nobles, si bien en las escuelas monásticas podían aprender los rudimentos de la lectura y la escritura.

Los ancianos ocupan un curioso papel en el entorno familiar altomedieval. Ya que la media de vida alcanzaba los 30 años, no debía ser muy común ver a ancianos en la sociedad. Su escaso número es proporcional a su utilidad, excepción hecha de los jefe de clanes o tribus, los llamados «seniores«. Si el anciano mantiene sus fuerzas será aceptado por la sociedad. Si esto no es así, su futuro sólo le depara donar sus bienes a una abadía donde se retirará. En la abadía recibirá comida, bebida y alojamiento.

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Los pecados y castigos en la Edad Media Leyes y Penas Flagelantes

Los pecados y castigos en la Edad Media

Pecados y Penitencias:

Los pecados y castigos en la Edad MediaGracias a los numerosos penitenciales que nos han quedado podemos acercarnos con cierta facilidad al mundo del pecado en la Alta Edad Media. En estos documentos encontramos la penitencia correspondiente a cada pecado, pudiendo afirmar que la mayoría de ellos tienen en el ayuno a pan seco o recocido y agua su correspondiente penitencia.

Si alguien no desea o no puede realizar el ayuno, existe la posibilidad de cambiarlo por el pago de una determinada cantidad de dinero al año. Una vez más , los pobres deben sufrir las consecuencias del pecado en sus propias carnes mientras que los ricos pueden adquirir su salvación.

Quizá sea esta la razón por la que el concilio de París del año 829 condenó los penitenciales, ordenando que fueran quemados. A pesar de la prohibición, los sacerdotes siguieron manteniendo entre sus libros algún penitencial.

Según éstos, el cristianismo consideraba tres como los más grandes pecados: la fornicación -incluyendo todo tipo de actos sexuales pero haciendo hincapié en el bestialismo, la sodomía, las relaciones orales, la masturbación, variar de postura a la hora de hacer el acto sexual, el incesto y la homosexualidad femenina-, los actos violentos y el perjurio.

Sin embargo, también es cierto que estos tres pecados son los más cometidos por lo que hacen referencia los textos. Las penas pecuniarias impuestas por los penitenciales no hacen distinción social, salvo si se trata de eclesiásticos o laicos. Los sacerdotes y monjes debía ser absolutamente impolutos e impecables. El asesinato podía ser castigado con tres o cinco años de ayuno, si el acto de violencia lo cometía un laico. Caso de un sacerdote, el ayuno se elevaba a doce años.

El monasticismo irlandés se hizo famoso por sus prácticas ascéticas. Se ponía mucho énfasis en escrupulosos exámenes de conciencia, para dilucidar si se había cometido un pecado contra Dios. Con objeto de facilitar este examen, se desarrollaron los penitenciales (manuales de confesión) que describían los posibles pecados y sus apropiadas penitencias.

Éstas a menudo consistían en ayunar un determinado número de días cada semana, a pan y agua. Aunque, a la larga, estas penitencias se aplicaron en todo el mundo cristiano, fueron particularmente significativas para el cristianismo irlandés. Este fragmento, tomado del Penitencial de Cummean, un abad irlandés, se escribió, alrededor del año 650y muestra una característica distintiva de los penitenciales: su obsesiva preocupación por los pecados sexuales.

Penitencial di Cummean:

Al obispo que corneta fornicación deberá degradársele y hará penitencia durante doce años.

Un presbítero, o diácono, que corneta fornicación natural, habiendo ya emitido los votos de monje, hará penitencia por siete años. Pedirá perdón cada hora; llevará a cabo un ayunó especial durante todas las semanas, excepto en los días intermedios entre la Pascua y Pentecostés.

Aquel que deshonre a su madre, hará penitencia durante tres años, y llevará a cabo un peregrinaje perpetuo. Así, aquellos que cometan sodomía, harán penitencia cada siete años.

Aquel que sólo desee en su mente cometer fornicación, pero sea incapaz de realizarla, hará penitencia durante un año, sobre todo, en tres periodos de cuarenta días.

Aquel que voluntariamente polucione durante el sueño, se levantará y cantará nueve salmos en orden, de rodillas. Al siguiente día, se mantendrá de pan y agua.

El clérigo que fornique en alguna ocasión, hará penitencia durante un año, a pan y agua; si engendra un hijo, hará penitencia por siete años en el exilio; lo mismo hará quien haya sido virgen.

Quien ame a cualquier mujer, pero sin realizar maldad alguna, más allá de unas cuantas conversaciones, hará penitencia durante cuarenta días.

El casado deberá ser continente durante tres períodos de cuarenta días, los sábados y los domingos —día y noche—, así como los dos días a la semana señalados [miércoles y viernes], y después de la concepción, y durante todo el periodo menstrual.

Después de un parto, el hombre deberá abstenerse, si es un hijo, durante treinta y tres días; si es una hija, durante sesenta y seis días.

A los muchachos que estén hablando solos y transgredan las regulaciones de los mayores [del monasterio] , se les corregirá mediante tres ayunos especiales.

A los niños que imiten el acto le fornicación, veinte días; silo hacen con frecuencia, entonces, cuarenta días.

Pero los muchachos de veinte años que practiquen la masturbación juntos y lo confiesen [harán penitencia pon veinte o cuarenta días, antes de recibir la comunión.

También en los penitenciales se afirma que el esclavo que ha cometido un delito por orden de su dueño no es culpable de tal, acusando al propietario de ese esclavo de la fechoría. Incluso se llega a mencionar algunos casos de amos que matan a sus esclavos y están obligados a cumplir cinco años de penitencia. El amo que violaba a su esclava debía manumitirla.

Durante el siglo IX los actos de venganza serán muy perseguidos por la Iglesia, al igual que el asesinato de la mujer por parte del marido. Estos nuevos cambios están directamente relacionados con la renovación carolingia que trae consigo un cambio social. Gracias a la monogamia y la indisolubilidad del matrimonio se produciría un aumento de los asesinatos conyugales, práctica que antes se regulaba con la poligamia y que en estos momentos la Iglesia desea controlar. Por esta razón la Iglesia consideró este homicidio como el más grave, comparándolo al del señor y el del padre.

En el mismo plano se colocaría el de la mujer que envenena al marido. El castigo pasaría de un ayuno de catorce años a ayuno de perpetuo. De esta manera se igualaban -en algunos aspectos- hombre y mujer. El adulterio también sufrió un fuerte aumento en lo que a la penitencia se refiere. De tres años de ayuno pasó a seis. También en los penitenciales encontramos consejos de abstinencia sexual en determinados días: tres días antes del domingo, las cuaresmas de Pascua y Navidad y los días de fiesta. De esta manera, el matrimonio sólo tenía unos 200 días para realizar el acto sexual.

La Iglesia también persigue el aborto, los contraceptivos, las mutilaciones y la desnudez, así como el contacto carnal durante las menstruaciones y el alumbramiento, destacando que el contacto sexual tiene como finalidad la procreación. El gran culpable de estos pecados cometidos por los débiles creyentes era el diablo, Satán. En la Edad Media se integró al diablo en la vida cotidiana. La magia, la adivinación y los conjuros se presentaron como elementos demoníacos.

El miedo a Satán se adueñó de la vida medieval aunque la gracia de Dios y la cercanía de los santos estaban allí para remediarlo. Y para ello el creyente cuenta con los sacramentos. El bautismo quedó relegado a los niños en época carolingia ya que se consideró como una integración en la Iglesia.

La eucaristía sufrió un cambio revelador al exigirse a las mujeres que envolviesen sus manos en un pliegue de su vestido cuando recibían el cuerpo de Cristo. Entre las virtudes de un buen cristiano encontramos la fe, la esperanza, la justicia, la prudencia, la fuerza, la temperancia, la moderación, la fidelidad, la caridad y la oración.

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Paganismo en la Edad Media Costumbres y Forma de Vida Medieval

LA EDAD MEDIA: PAGANISMO

resumen de la edad media 

Paganismo: Aunque la religión cristiana era la oficial de los diferentes Estados germanos surgidos tras la caída del Imperio Romano de Occidente, el paganismo perduró en las conductas sociales durante la Alta Edad Media tal y como nos informan obispos y clérigos, al menos hasta el siglo X.

Para conocer la realidad cotidiana, el hombre medieval buscó explicaciones sobrenaturales y explicaciones religiosas. La experiencia y la razón no resultaban en esa época instrumentos suficientes para el conocimiento. Muchos hombres creían que sólo era posible llegar a él mediante el auxilio de la fe.

Paganismo en la Edad Media

 Durante la Edad Media, en los intentos por explicar el mundo se cruzaban dos tradiciones: la tradición pagana, de origen germano, con sus dragones, sirenas y bosques animados, y la tradición cristiana, según la cual la verdad y el conocimiento último de la realidad sólo se lograba mediante la razón iluminada por la fe.

Sin embargo, ambas tradiciones no tuvieron igual importancia para los hombres de la sociedad feudal. Por lo general, los campesinos fueron los que se aferraron con más fuerza a las viejas creencias paganas, mientras que la nobleza, en su mayoría, adhirió a los principios cristianos.

Los campesinos creían que la lechuga alivia el insomnio, pero perjudica la vitalidad y la vista,
efecto que puede moderarse si se le agrega apio.

Cuando los campesinos trabajaban la tierra recitaban antiguas canciones y palabras mágicas para lograr que sus campos fueran fértiles; también era común que consultaran a magos y hechiceras si tenían algún problema. Pero la Iglesia se ocupó de que los campesinos agregaran a sus cánticos paganos oraciones de origen cristiano. Así lo hicieron, aunque siempre en estas oraciones siguió subsistiendo el rito pagano, como lo demuestran muchas de ellas:

Cuando el hijo de un campesino se enfermaba, era común que dijeran: «…sal, gusano, con nueve gusanillos, pasa de la médula al hueso, del hueso a la carne, de la carne a la piel y de la piel a esta flecha”, y luego obedeciendo a la Iglesia y procurando también evitarse problemas con su señor, decían: “Así sea, Señor’.

De este modo, el mago Merlín y Cristo se mezclaban en la imaginación del hombre del Medioevo. Lo sobrenatural parecía ser la única respuesta al origen de las cosas y de la vida.

Pero sería un error suponer que aquellas dos tradiciones transitaron en pie de igualdad la Edad Media. Fueron los valores y creencias cristianos —impulsados por la nobleza laica y eclesiástica— los que predominaron.

Si un viajero escucha a una corneja graznando a la izquierda lo puede interpretar como un signo de buen viaje.

El estudio de los excrementos o los estornudos de los animales de trabajo -caballos o bueyes- permite conocer si el día nos trae buenos o malos augurios.

Arrojar unos granos de cebada sobre el fuego del hogar y contemplar como saltan es una señal de peligro.

Numerosos adivinos se ponían en contacto con los muertos. Era frecuente que el adivino se sentara en un cruce de caminos sobre una piel de toro -con la zona ensangrentada vuelta sobre la tierra- para recibir las comunicaciones de los difuntos, en el silencio de la noche. De esta manera podían predecir catástrofes o brindar soluciones a diferentes problemas.

La mujer era la mediadora entre los vivos en la tierra y los muertos en el cielo.

 Para curar a los niños enfermos se les introducía en una excavación cerrada con espinos, situada en una encrucijada. Si la madre tierra se empapaba de la enfermedad, el niño dejaba de llorar y estaba curado.

Si se desea que un hombre sea impotente se podía conseguir anudando una cinta a cada una de las prendas de vestir de ambos cónyuges.

Si la mujer no deseaba quedarse encinta se desnudaba, se embadurnaba en miel y se revolcaba en un montón de trigo, recogiéndose con cuidado los granos que habían quedado pegados a su cuerpo. Esos granos eran molidos manualmente al contrario que de la forma habitual, de izquierda a derecha. El pan resultante de esa harina se ofrecía al hombre con el que se mantendría la relación sexual. De esta manera se «castraba» al varón y no se engendraban niños.

La sangre de las menstruaciones, la orina de ambos sexos o el esperma del hombre también eran considerados potentes afrodisíacos.

Un afrodisíaco utilizado en la época era la introducción de un pez vivo en la vagina de la mujer, donde quedaba hasta que moría. El pez era cocinado y servido al marido que de esta manera se cargaba de potencia sexual. Otro sistema sería amasar la pasta del pan en las nalgas de una mujer o sobre sus partes genitales, provocando así el deseo del hombre perseguido.

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La Violencia y la Muerte en la Edad Media Los Castillos Tecnicas

VIOLENCIA Y MUERTE EN LA EDAD MEDIA

resumen de la edad media 

Violencia y Muerte:

La sociedad altomedieval vivía inmersa en la violencia. Aún estaban presentes en la memoria colectiva las invasiones germánicas cuando el Islam azotó algunas zonas de Europa, especialmente la península Ibérica.

 

Pero también podían aparecer en cualquier momento bandidos -llamados baguadas en lengua galaica- que asolaban cosechas, mataban campesinos y violaban mujeres. Si caían en manos de las tropas reales estos bandidos eran condenados a muerte o a la esclavitud pero su presencia motivaba gran angustia e inquietud en la sociedad franca de la época.

Estos frecuentes ataques provocarán el encastillamiento de la población, primero en sus pequeños refugios y posteriormente en el castillo del señor feudal.

Los incendios eran otra muestra de la violencia cotidiana, atacando a la comunidad. No resultaba difícil incendiar aquellas casas de techumbre de madera y paja o los graneros por lo que las leyes eran contundentes en los castigos.

Los salios imponían fuertes multas a los causantes de estos incidentes, obligando a pagar indemnizaciones a los familiares de los muertos y a los heridos. El pirómano podía ser condenado al destierro o trabajos forzados en las minas dependiendo de su condición social, según la ley romana mientras que si los daños eran graves la muerte sería su condena.

Los incendios no sólo afectan a hogares aislados sino a ciudades enteras como en los casos de Bourges (584), París (585), Orleans (580) o Tours en varias ocasiones. Los cristianos buscaban las causas de estos sucesos en las vidas licenciosas de los habitantes por lo que había que buscar refugio bajo el signo de la cruz pintado en el dintel de las casas o las reliquias de algún santo o mártir.

Con motivo de uno de los incendios sufridos por la ciudad de Burdeos «la casa del sirio Euphrôn, a pesar de haber quedado rodeada por las llamas, no se vio en absoluto perjudicada» ya que había colocado en uno de sus muros un hueso de uno de los dedos de san Sergio.

La violencia debía de ser algo cotidiano según podemos advertir en los escritos de los literatos de la época. Pero esta violencia no sólo afectaba a laicos sino también a los religiosos. Conocemos el caso de las monjas del monasterio de la Santa Cruz de Poitiers que maltrataron a la abadesa y al obispo y reunieron «una tropa de hechiceros, asesinos y adúlteros» para atacar su propio monasterio.

También se ha constatado el caso de un obispo de Le Mans que hizo castrar a sus clérigos por estar descontento con sus actitudes.

A comienzos del siglo X la instigación del conde de Flandes motivó el asesinato del arzobispo Foulque de Reims. Para evitar el derramamiento innecesario de sangre la ley salia establecen castigos monetarios: tres puñetazos se multan con 9 sueldos; una mano arrancada, un ojo saltado, un pie cortado o una oreja cortada son 100 sueldos de multa, que se rebajan si el miembro aún cuelga.

Ese mismo importe supone la lengua cortada «de tal forma que ya no pueda hablar».

Resulta curioso diferenciar las multas para los cortes de dedo: si se trata del índice la multa es de 35 sueldos mientras que si el seccionado es el dedo meñique sólo serán 15 sueldos. La razón: el índice sirve para tensar el arco, instrumento fundamental para la defensa y la caza. Resulta lógico pensar que en una sociedad tan violenta la venganza estaba a la orden del día.

Cuando se realiza un homicidio la familia de la víctima debe vengar su muerte, ya sea en la persona del culpable o de algún miembro de su familia. Cuando el joven Sicharius conoce la muerte de sus padres, comenta: «Si no vengo la muerte (…), no merezco seguir llamándome hombre sino que me tengan por una débil mujer».

Su reacción será cortar la cabeza del asesino con un serrucho. De esta manera ha vengado a sus víctimas pero inicia una cadena interminable de sangre y muerte como las que hace referencia Gregorio de Tours en el siglo VI. Era frecuente que las víctimas de la venganza fueran expuestas de manera pública para exhibir que la obligación había sido cumplida.

No en balde, las leyes hacen referencias a que «si alguien quita la cabeza de un hombre que sus enemigos han clavado en una estaca sin contar con alguna otra persona (…) tendrá que pagar 15 sueldos». Para solucionar este tipo de venganzas la reina Brunehaut utilizó un sistema bastante reprochable: hizo que sus sicarios mataran a hachazos, después de haberles emborrachado, a los miembros de dos familias que estaban enzarzadas en guerras de venganza. Pero existía otro método menos violento para detener la venganza.

Si la familia del finado exigía el pago de un cantidad de oro y el asesino aceptaba, se detenía la venganza. Esta acción se denominaba wergeld o composición. Sin embargo, el temor a ser considerado cobarde pesaba en numerosas ocasiones y la venganza seguía su curso. Otra muestra de la violencia altomedieval eran las injurias y los insultos.

Al estar relacionado con el honor se ha llegado a legislar sobre el asunto. Si no se respondía a una injuria o insulto se daba por sentado que se aceptaba el calificativo mencionado.

Las multas que se imponían por los insultos sitúan el calificativo de prostituta como el más vil ya que estaba castigado con 45 sueldos. La mención a la pederastia se castiga con 15 sueldos y el resto de calificativos relacionados con descréditos se castigan con 3 sueldos de multa: chivato, traidor, zorro, homosexual, etc.

En un mundo cargado de violencia y muerte tenemos que hacer referencia a los cementerios, advirtiéndose distintas costumbres entre los variados pueblos europeos. Los romanos enterraban a sus muertos fuera de los muros de la ciudad, en diferentes tumbas que se sucedían a lo largo de las vías.

Los merovingios también siguieron esa costumbre, enterrando a los fallecidos en las afueras de los poblados. Los germanos desarrollaron unos particulares cementerios rurales situados en la vertiente sur de una colina y en las cercanías de una fuente, situando las tumbas en hilera.

Los francos enterraban los cadáveres desnudos, rodeando la fosa con piezas de piedra como si se tratara de un sarcófago. En algunos enterramientos se han encontrado a los niños sepultados en grupos, junto a las tumbas de sus padres.

En algunas zonas se practicaba la incineración, especialmente en los siglos V y VI, para evitar que los muertos regresasen a atormentar a los vivos, de la misma manera que se ponían arbustos espinosos sobre la tumba.

 El muerto era trasladado desde la aldea al cementerio en cortejo, colocado sobre unas parihuelas y cubierto con un paño sus ojos, transportado a la altura de las rodillas. Una vez enterrado los familiares acudían regularmente a la tumba para celebrar banquetes funerarios.
En el cementerio se reproducía el mundo de la aldea. Los muertos eran enterrados vestidos con sus pocas o muchas pertenencias -armas, herramientas, joyas, collares, peines, pinzas de depilar,….
En algunos enterramientos se han encontrado caballos sacrificados quizá para conducir a la tierra al difunto en la celebración de la fiesta de Jul, el 26 de diciembre. También se depositaban a los pies del finado jarras de cerámica o cristal con alimentos para el viaje al más allá, reminiscencia pagana al igual que la moneda en la boca para pagar el óbolo a Caronte, el barquero con el que se debía cruzar la laguna Estigia.

En las culturas cristianas se sustituyó la moneda por una hostia, lo que motivó la prohibición de la Iglesia. Las culturas germánicas hacían todo lo posible para que el muerto estuviera tranquilo en su tumba.

Esa es la razón por la que a los niños muertos al poco de nacer se los empalaba debido a que el inocente no podía estar bajo tierra. Para asegurar la tranquilidad de las tumbas había que protegerlas contra las violaciones de los vivos, práctica bastante corriente como han podido constatar los arqueólogos. Estos delitos traían consigo como catastrófica consecuencia el regreso del difunto por las noches para atormentar a los vivos.

Legalmente el violador de tumbas era castigado con una fuerte multa y la condena al ostracismo más absoluto hasta que no abonara el castigo. Hacia la mitad del siglo VIII la Iglesia consigue que el cementerio rodee el templo, creando de esta manera una mayor esperanza de protección y salvación. Las tumbas de los personajes importantes pasaban a ubicarse bajo el pavimento de la iglesia.

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La Carta Magna en Inglaterra Objetivos, Limitar el Poder del Rey Juan

Objetivos de la Carta Magna en Inglaterra: Limitación del Poder del Rey Juan

El rey Juan SinTierras (1199-1216)El rey Juan de Inglaterra, hijo menor del rey Enrique II al que llamaron Juan Sin Tierra, era propenso a violentos accesos de ira. Se enfrentó con los nobles de las provincias de Anjou y Poitiers, y perdió estas tierras a favor de Francia.

En Inglaterra, aumentó fuertemente los impuestos a los nobles y gobernó con tanto rigor que éstos acabaron por rebelarse. Los nobles amenazaron a Juan y exigieron que aceptara sus derechos tradicionales y que obedeciera la leyó.

El rey Juan (1199-1216) se enfrentó con sus nobles, que se volvieron contra él y le obligaron a firmar la Carta Magna.

La Historia:
A la muerte del rey Eduardo III EL SANTO, subió al trono  su cuñado el príncipe HAROLDO. Pero como el duque francés  GUILLERNO DE NORMANDÍA también se creía con derecho a la corona, reunió un ejército de aventureros normandos, desembarcó con ellos en Inglaterra y en 1066 obtuvo la victoria de Hasting, logrando pronto el dominio de todo el país.

De inmediato el. Conquistador organizó un fuerte gobierno centralizado: tras despojar a los nobles anglosajones de sus bienes, dividió el reino en Condados gobernados por “sherifs”, puestos por él mismo, y repartió las mejores tierras entre sus oficiales y los franceses que les habían acompañado. De esta manera comenzaron las complicaciones.

En efecto, a partir de entonces en Inglaterra tuvo gran importancia el elemento francés, no sólo en las costumbres, sino también en el idioma del pueblo. Y ello continuó durante el reinado de los hijos del Conquistador, GUILLERMO II EL Rojo y ENRIQUE I.

Pero la situación se agudizó cuando subió al trono ENRIOUE II, nieto del último monarca y por parte de su padre heredero de la noble familia francesa de los Plantagenets, condes de Anjou y señores de grandes posesiones en Francia.

Desde entonces, los reyes ingleses, dueños de casi la mitad de Francia, se preocuparon más de sus posesiones personales que de sus deberes de soberanos. Y esta situación motivó una serie de conflictos que mantuvieron a los dos reinos enemistados durante más de 400 años.

La lucha abierta estalló bajo el siguiente monarca, RICARDO, llamado por su valentía “Corazón de León”, y que sólo vivió pocos meses en su país, por estar ocupado en la 3° Cruzada y luego defendiendo sus posesiones francesas.

En 1200 le sucedió su hermano JUAN SIN TIERRA, príncipe brutal y cobarde, cuyo reinado significó un desastre para el país. Comenzó perdiendo el Ducado de Normandía a raíz de su derrota de Bouvznes. Luego entró en conflicto con el Papa INOCENCIO III, y temeroso de la excomunión, entregó su reino a la Santa Sede en calidad de vasallo.

Finalmente, hartos los nobles de sus fracasos y de sus injusticias, dieron un paso trascendental.

LA CARTA MAGNA: Apoyados por el clero y los habitantes de las ciudades, los Barones ingleses se sublevaron y derrotaron al monarca en el año 1215, obligándole luego a firmar un famoso documento llamado la Carta Magna. Con ella el rey se comprometía a no arrestar a ningún noble sin orden judicial. Tampoco podía juzgarlo sino mediante un Tribunal de sus iguales; y además se comprometía a no imponer ningún impuesto sin el consentimiento de un “Consejo del Reino” integrado por nobles.

CARTA MAGNA 1215

En 1215, los nobles se reunieron con el rey en un prado llamado Runnymede, junto al río Támesis. Allí, le obligaron a poner su sello en la Carta Magna. Este documento constitucional abordaba muchos asuntos importantes, como los pesos y medidas, los poderes de los comisarios policiales, y los derechos legales de los hombres libres y de los burgos (ciudades)

El rey accedió a obedecer y hacer cumplir la ley, que no le permitía aumentar los impuestos sin el consentimiento del Gran Consejo, formado por los nobles. Sin embargo, poco tiempo después Juan se retractó de todo lo firmado, provocando el estallido de una guerra civil.

Este documento considerado como base de las libertades inglesas y modelo de las Constituciones modernas, en realidad no es sino un retroceso hacia el feudalismo; en verdad se limitaba la autoridad real, pero sólo se protegían los derechos de los nobles.

De todos modos, el hijo de Juan Sin Tierra, ENRIQUE III, no se Creyó obligado por el documento impuesto a su padre. Por ello, los nobles, capitaneados por el conde SIMÓN DE MONTFORT, tomaron nuevamente las armas y en 1258 obligaron al rey a firmar los “Estatutos de Oxford”, con los que se completaba la Carta Magna y se modificaba la composición del Consejo: en adelante se llamaría Parlamento y estaría compuesto por la nobleza, el alto clero y, además, por dos representantes de cada comuna quienes compondrían la Cámara de los Comunes. Así nació esta combinación de aristocracia y democracia que caracteriza al gobierno inglés aún en nuestros días.

La muerte de Juan dejó en el trono a su joven hijo, que se convertiría en Enrique III. La Carta Magna fue otorgada de nuevo y en 1225 se convirtió en la ley de Inglaterra.

Pero Enrique III era un rey incompetente y gastaba grandes sumas de dinero: los nobles se volvieron a reunir esta vez liderados por Simón de Montfort, y obligaron a Enrique a consultar al Gran Consejo todas las cuestiones importantes. Al igual que su padre, Enrique III rompió el pacto, pero De Montfort le derrotó en la batalla de Lewes. A partir de entonces, Simón de Montfort y el Consejo gobernaron en nombre del rey.

EL PODER DEL PARLAMENTO: En 1265, Simón de Montfort creó un nuevo Parlamento de dos cámaras, la Cámara de los Lores (anteriormente el Gran Consejo de nobles y obispos) y la Cámara de los Comunes; la segunda estaba compuesta por dos caballeros procedentes de cada condado y, en representación del pueblo, dos burgueses de cada burgo.

Posteriormente Eduardo I (1272-1307), un soberano con éxito, reformó la ley y la administración de Inglaterra, creando el llamado Parlamento modelo, que incluía a más representantes. Sin embargo, el rey seguía teniendo mucho poder. En 1388, se produjo un importante enfrentamiento y el Parlamento eliminó algunos de los derechos del rey Ricardo II.

Con el paso del tiempo, fueron aumentando los poderes del Parlamento. La Cámara de los Comunes consiguió algo de más poder, aunque el Parlamento seguía representando sobre todo a las clases más ricas. Habría que esperar al siglo XX para lograr una democracia completa.

FECHAS CLAVES:

1215 El rey Juan pone a regañadientes su sello en la Carta Magna.

1216 Muere el rey Juan. Su hijo de nueve años, Enrique III, es coronado rey.

1225 La Carta Magna se convierte en fa ley de Inglaterra.

1227 Enrique III, ya con 20 años, comienza a gobernar.

1258 Reformas legales: las Provisiones de Oxford.

1265 Se convoca el Parlamento de Simón de Montfort.

1272 Eduardo I es coronado rey de Inglaterra.

1295 Parlamento modelo de Eduardo I.

1307 Eduardo 11 sube al trono de Inglaterra.

1388 El Parlamento contra Ricardo III.

Algunos Ítems de  la Carta Magna Que Acepto Juan Sin Tierra
Yo, Juan, por la gracia de Dios, rey de Inglaterra, señor de Irlanda, duque de Normandía y Aquitania, conde de Anjou, saludo a los arzobispos, obispos, abades, condes, barones, justiciadores, guardabosques, comisarios, bailes, siervos y a todos los magistrados y a su pueblo fiel.

1. En primer lugar hemos concedido a Dios, y por ésta nuestra presente carta confirmado, para nosotros y nuestros herederos por siempre, que la iglesia inglesa será libre, y conservará íntegros sus derechos y sin menoscabo alguno sus libertades… Hemos concedido, además, a todos los hombres libres de nuestro reino, para nosotros y nuestros herederos por siempre, todas las libertades abajo anotadas, para que sean tenidas y gozadas por ellos y sus herederos, por nosotros y nuestros herederos.

2. Si alguno de nuestros condes o barones, o cualquier otro jefe elegido por nosotros muriese en el cumplimiento del servicio militar y, en el momento en que hubiese fallecido, tuviera su heredero la mayoría de edad y estemos obligados a ayudarlo, dispondrá de su herencia en virtud de la antigua deuda; es decir, el heredero o herederos de un conde recibirán cien libras por la cabal baronía de un conde; el heredero o herederos de un barón recibirán cien libras por la cabal baronía; el heredero o herederos de un caballero recibirán, a lo más, cien chelines por los derechos de caballero; y a quien se le deba menos désele menos, de acuerdo con la inveterada costumbre de los feudos.

3. Si, por otra parte, el heredero de alguno de los mencionados fuera menor de edad y estuviese bajo tutela, al llegar
a la mayoría de edad tendrá su herencia sin ayuda y sin recargo…

12. Ningún pago en lugar del servicio militar o ayuda se
impondrá en nuestro reino, a no ser por el consejo municipal de nuestro reino, a no ser por el rescate de nuestro cuerpo, por hacer a nuestro primogénito caballero, y por el matrimonio, en algún momento, de nuestra hija mayor, y para tales propósitos sólo será una razonable ayuda…

13. Y la ciudad de Londres tendrá todas sus antiguas libertades y exención de derechos aduaneros, tanto por tierra como por agua. Además, disponemos y concedemos que todas las otras ciudades, villas, aldeas y puertos gozarán de todas sus libertades y de exención de derechos aduaneros.

14. Y para celebrar un consejo municipal del reino, con objeto de tratar la conveniencia de una ayuda distinta a los tres casos antes mencionados, o la conveniencia de un pago en lugar del servicio militar, haremos que se convoque a los arzobispos, obispos, abades, condes y barones principales mediante cartas selladas; y, además, haremos que nuestros comisarios y bailes convoquen generalmente, para un cierto día y en un determinado lugar, a lo sumo en un plazo no mayor de cuarenta días, a todos aquellos a los que hemos elegido; y en los avisos de tales convocatorias expresaremos el motivo de las mismas y, cuando así hayan sido hechas públicas, se procederá en el día señalado, con el parecer de los que estén presentes, aun cuando no estén todos los convocados…

39. Ningún hombre libre será aprehendido, hecho prisionero, ni despojado, proscrito, ni desterrado, ni en modo alguno destruida su reputación, ni lo perseguiremos ni enviaremos por él, si no es por medio del juicio legal de sus semejantes o de conformidad con la ley del territorio…

60. Por otra parte, todos aquellos derechos y privilegios
mencionados antes, que hemos concedido en nuestro reino, habrán de cumplirse, en lo que a nosotros concierne, con respecto a nuestros hombres; todos los hombres de nuestro reino, tanto clérigos como seglares, deberán observarlos, en lo que a ellos concierne, en lo que atañe a sus hombres.

 

Fuente Consultada: Historia Antigua y Medieval de A. Drago y Gran Enciclopedia de la Historia

 

Carpooling compartir auto y gastos para llegar a nuestro trabajo

Carpooling: Compartir Auto y Gastos para llegar a Nuestro Trabajo

Gran parte de nuestras vidas se las dedicamos al trabajo diario, pero también en n las ciudades grandes una parte importante de ese tiempo la vivimos sentados sobre el asiento de nuestro automóvil que nos lleva y nos regresa. No solo se pierde un día al mes viajando, sino también ese recorrido tiene un costo importante, que cuando lo calculamos en base a un año, observamos que la cifra se aproximada al costo de un pasaje al exterior.

carpooling al trabajoEs normal viajar en transporte público, resignándonos a pasar por todos los inconvenientes archiconocidos que conlleva la aventura de subirse a un tren, subte o colectivo público.

La otra opción muy usada hasta hoy es llegar al centro urbano es viajando solo en nuestro auto particular con capacidad para cuatro o mas personas,   pero soportando las congestiones diarias en las autopistas, generando a la vez un problema de polución ambiental y como dijimos antes, aceptando el costo que tiene el traslado.

A partir de esta situación  fue naciendo una nueva manera de llegar a nuestras lejanas oficinas, pero ahora compartiendo nuestra unidad entre otros (conocidos o desconocidos) de manera de bajar los costos y disminuir el tráfico.

Aparentemente esta nueva modalidad está siendo aceptada y los objetivos son logrados.

Lo que se llama genéricamente carpooling es un servicio ideado para que dos o más personas se pongan en contacto y compartan un vehículo para realizar un trayecto similar ya sea a sus trabajos, lugares de estudio o regreso a sus hogares.

Los usuarios se relacionan entre sí a través de una plataforma online.

El interesado se conecta a Internet, entra en el sitio elegido y publica su trayecto, qué días le importa viajar y en qué horario. Otros usuarios podrían comunicarse con él si el trayecto resultara compatible. Una vez que se ponen de acuerdo comparten sus informaciones personales (nombre, apellido, teléfono, dirección exacta) y se concreta la transacción que consiste en una contribución a los gastos que insuma el viaje. Se considera el combustible y el pago de peajes a lo largo del recorrido.

En la Argentina, la práctica es incipiente. Se calcula que hay 5.000 usuarios y una media docena de plataformas diferentes donde es posible que las personas se contacten entre sí. Los usuarios tienen entre 20 y 45 años, en su mayoría personas que trabajan o estudian.

Las plataformas incluyen los comentarios de los usuarios y el índice de confiabilidad. De este modo «el chofer» del grupo será calificado por la puntualidad, las condiciones en que tiene el vehículo, si respeta o no las normas del tránsito y si tiene el seguro al día.

«Los pasajeros» también son evaluados por cuestiones referidas a la puntualidad, la disposición para pagar lo acordado en tiempo y forma o hasta por su grado de adaptación al grupo.

En caso de un inconveniente ante lo pactado, los usuarios pueden notificar al moderador del sitio. Lucas Todre, de encamello.com, dice que su mayor preocupación está relacionada a la seguridad y recomienda: «Si se encuentra con un usuario simpático pero con un auto destartalado, no se suba, si el conductor maneja muy rápido, o tomó alcohol, bájese del vehículo, si un usuario tiene varias opiniones negativas, ¿para qué viajar con él?».

El carpooling es una solución que ya se implementa exitosamente en otros países. Se calcula que en Europa hay unos 20 millones de usuarios que ya lo tienen instalado como un hábito. Una costumbre saludable, económica y que nos hace ahorrar tiempo.

A propósito, los invito a sacar cuentas: si en promedio dedicásemos una hora diaria para viajar habremos gastado en el trayecto ¡un día entero de nuestra vida por mes!

¿Cómo se calcula el costo de un viaje?
El conductor, cuando propone un trayecto, indica cuál es el costo total del viaje incluyendo gastos por combustible y peaje. En ningún caso se permite que el dueño del auto gane con el acuerdo. Puede cobrar, como máximo, a cada pasajero la parte porcentual del costo. Si son 4 personas las que viajan (dueño del vehículo más tres personas), cada uno pagará el 25 por ciento de los gastos. Siempre el pasajero le paga directamente al conductor, sin intermediarios.

Algunas plataformas interesantes:
www.vayamosjuntos.com.ar
www.coviajero.com.ar

Fuente Consultada: Revista Selecciones
Nota: Mi Planeta a cargo de  Sergio Elguezábal

Orden de los Caballeros Teutones Origen Historia y Final

Orden de los Caballeros Teutones
Origen, Historia y Final de la Orden Teutónica

ORIGEN DE LA ORDEN: La Orden de los Cablleros Teutones o Teutónicos fue una orden medieval de carácter religioso-militar fundada durante la Tercera Cruzada en Palestina en 1190 como consecuencia del asedio de la fortaleza de San Juan de Acre por Saladino. A partir de fines del siglo XIII, mas precisamente en  1198 se convierte en orden militar.

Fue fundada el 19 de noviembre de 1190  por cruzados alemanes y seguía el modelo de la Orden del Temple también fundada en Jerusalén. Originalmente fue solamente una organización hospitalaria que ayudaba a los peregrinos cristianos, luego fue reorganizada como orden militar, a semejanza de los Caballeros Templarios, y obtuvo el reconocimiento oficial del papa Inocencio III en 1198. Debido al fracaso de las cruzadas, la orden se traslada a Venecia, pero finalmente  los Caballeros Teutónicos establecieron su cuartel general en la fortaleza de Monfort en Palestina, que se convirtió en la sede de los grandes maestres.

Las órdenes religiosas militares y hospitalarias estaban destinadas, en sus orígenes, a dar acogida, cuidados y protección a quienes peregrinaban a Tierra Santa. Las más conocidas eran la de los hospitalarios de San Juan de Jerusalén, futura orden de Malta, y la de los templarios.

¿Cómo era la regla de la orden?: La regla de los caballeros teutónicos se parecía a la de los templarios, puesto que también en ella se exigía el triple voto: castidad, pobreza y obediencia. Pero los teutónicos no tenían el derecho de dejar la orden, y el acento se ponía siempre en el estilo militar de vida. Las riquezas pertenecían a la orden que se quedaba también con todos los botines. El código disciplinario era muy riguroso.Los hermanos debían confesar sus faltas en público y la regla excluía toda posibilidad de perdón. Los miembros eran llamados caballeros, pero no podían reclamar convertirse en tales antes de cumplir diez años de antigüedad.

HISTORIA: Cerca de Tannenherg al sur de Prusia, un formidable ejército compuesto de polacos, lituanos húngaros e incluso de tártaros unidos por un odio común hacia los alemanes, hará frente y vencerá, en 1410 a las tropas de Ulrich von Jungingen, gran maestre de la orden teutónica. La derrota de 1410 simbolizará la definitiva  decadencia de esta orden de caballería que en algunos siglos, de había construido un verdadero imperio.

Hermann de Salza: Verdadero fundador de la orden de los caballeros teutónicos, de los que gran maestre, recibió del papa Honorio III, en 1216, la confirmación de los privilegios de la orden. El papa le concedió las mismas libertades e inmunidades que a los hospitalarios y a los templarios

Hermann de SalzaEn el siglo XIII se trataba de una simple comunidad destinada a cuidar y proteger a los cruzados alemanes. Con el consentimiento del papa se transformó posteriormente en una orden de monjes-soldados regida por una estricta regla y dominada por un gran maestre.

Uno de éstos, Hermann de Salza (imagen izq.), consiguió hacer de la orden una verdadera potencia internacional gracias al doble apoyo del emperador y del pontífice. Reclamados en 1226 desde las orillas del Ballico, para luchar contra los eslavos, los caballeros teutónicos acabaron por descubrir su verdadera vocación.

Con la excusa de la evangelización, no cesarán de combatir para conquistar, y a continuación conservar, un Imperio que se extendería desde el Vístula hasta el golfo de Finlandia. La orden se convirtió en una potencia política que reprimía ferozmente todas las revueltas.

Pero a finales del s. XIV, y unida a Lituania, Polonia, a la que los teutónicos habían privado de su acceso al mar, comenzaría a labrar la ruina de dicha potencia, debilitada va por el relajamiento de su disciplina interior.

Las órdenes religiosas militares y hospitalarias estaban destinadas, en sus orígenes, a dar acogida, cuidados y protección a quienes peregrinaban a Tierra Santa. Las más conocidas eran la de los hospitalarios de San Juan de Jerusalén, futura orden de Malta, y la de los templarios.

Los caballeros teutónicos fueron al principio una comunidad hospitalaria constituida en torno al hospital de San Luis de Jerusalén. El nutrido ingreso de nobles y de caballeros en Ja orden fue lo que proporcionó a la institución su carácter militar. A partir de ese momento, una fuerte tensión la opuso a los demás hermanos hospitalarios. Y fue necesaria una bula del papa Celestino III en 1191, para establecer su independencia.

¿Quiénes eran los portaespadas?
Creada en 1202 por Alberto de Buxhóvden, obispo de Livonia y fundador de Riga, los caballeros de Cristo, o portaespadas, fueron una orden de monjes-soldados alemanes. Consagrados a la defensa de la fe cristiana contra los paganos, en Livonia se dedicaron a una verdadera colonización. Un conflicto con su obispo, y después con el país, provocó el debilitamiento de la orden, que se fusionó con los teutónicos en 1237.

¿Qué fue el «Drang nach Osten»?
La poderosa expansión colonial de Alemania, operada por los teutónicos en los s. XIII y XIV, se inscribió en el vasto «Drang nach Osten», o presión hacia el este del pueblo alemán, cuyos orígenes se remontan al s. IX. Desde tal época ,en efecto, un frente de pioneros avanzaba sin descanso al este de las fronteras del Imperio de Carlomagno. Y en su progresión empujaba y masacraba a las tribus eslavas, antes de colonizar sistemáticamente los territorios conquistados.

¿Cuáles fueron las riquezas de los teutónicos?
El Estado teutónico conoció una paz casi absoluta durante los s. XIII y XIV, lo que contribuyó a hacer de él uno de los Estados más modernos y prósperos de Europa.

La colonización dio origen a decenas de ciudades, y las grandes explotaciones ganaron para la agricultura antiguos bosques y antiguas zonas pantanosas. El resultado fue una considerable ganadería, mediante la que se llegó a agrupar un rebaño de cerca de 100.000 cabezas.

Los campos de trigo llegaron a ser capaces de alimentar a 500.000 personas.

El comercio, por su parte, conoció también un notable florecimiento. Desde Dantzig, primer puerto de la orden, llegaron a exportarse cada año varias toneladas de arenque. Madera, caballos, grano, cera, miel, paño y lino partían del Estado teutónico para ser vendidos en toda Europa.

Al igual que los templarios, los teutónicos recibían en donación numerosos bienes, que se sumaban al producto de sus conquistas. A finales del s. XIII, y además de los dominios, las posesiones de la orden ascendían a 150 hospitales repartidos por Alemania, Italia, Francia, Grecia, Siria y Livonia. Solamente en Prusia, la orden poseía 90 ciudades y 1.500 pueblos. Todas estas posesiones estaban repartidas en cuatro grandes «provincias»: Tierra Santa, Italia, Livonia y Alemania.

¿Cuáles fueron los puntos débiles de la orden?
A pesar de su implantación en tierras eslavas, la regla de la orden teutónica prescribía  que ésta estaba reservada únicamente a los alemanes. Aunque su prestigio llegó a ser grande la orden se presentaba fundamentalmente como una aristocracia militar que mantenía a las poblaciones autóctonas en régimen de servidumbre mediante una represión con frecuencia terrible.

Los propios colonos alemanes habían constituido una nobleza laica y burguesía urbana mezcladas las más de las veces con las bálticas y las eslavas, soportaban mal la tutela de la orden. Por ello, a pesar de su riqueza y su poderío, ésta sólo llegó a estar enraizada muy débilmente en su propio Estado.

¿Cómo desapareció el Estado teutónico?
Después del apogeo del s. XIV, los principios del XV conocieron la decadencia del poderío teutónico. El prestigio moral de la orden quedo roto después de la batalla de Tannenbere A partir de ese momento se vio forzada a afrontar la rebelión interior de la nobleza y de las ciudades. Una represión cruel y una guerra de 13 años contra Polonia no pudieron impedir la bancarrota de la orden, que no recibió ningún apoyo de Alemania.

El tratado de Torún 1466 aisló a Prusia del resto del Estado germánico x los teutónicos se vieron obligados a aceptar la soberanía polaca. Aunque continuaron dliigiendo sus propios dominios, ello significó el fin del orgulloso Estado.

¿En qué se convirtió Prusia?
Lo que quedaba de la Prusia teutónica arremetió contra Polonia a principios del s. XVI pero sin resultado alguno. Justo en aquellos días hizo su aparición la reforma de Lutero, y el gran maestre Alberto de Brandeburgo, de la casa de los Hohenzollern, puso en práctica un cambio de rumbo espectacular.

Convertido al luteranismo, firmó en 1525, con el rey Segismundo de Polonia, la paz de Cracovia, que transformó Prusia en ducado secular y hereditario bajo soberanía polaca. La dinastía de los Hohenzollern transformaría posteriormente el ducado en reino, y a continuación, llevaría a cabo, en 1870, la unidad de Alemania.

¿Qué quedó de la orden teutónica?
Después de la abjuración de Alberto de Brandeburgo desapareció la parte prusiana de la orden, pero una fracción católica consiguió sobrevivir, y se colocó bajo la protección de la casa de Austria, que le suministró, a partir del s. XVI, todos sus grandes maestres.

La orden teutónica conseguiría ser la única orden militar que sobreviviera a la Revolución francesa Entre 1809 y 1938, la orden no existió más que en Austria.

A pesar de que, en contra de su voluntad, influyeron en Hitler y en los nazis que pretendieron hacer de las «SS» una organización militar calcada de los teutónicos. los hermanos de la orden optaron por el retomo a sus orígenes y a las actividades hospitalarias En la actualidad constituyen algunos centenares de religiosos dirigidos por un gran maestre que tiene su sede en Viena, y están consagrados a obras de caridad.

Ulrich von Jungingen: 24° gran maestre de la orden, murió en 1410, en 1» batalla de Tannenbérg, junto con 600 caballeros y 40.000 soldados. Ello significó el principio de la definitiva decadencia de los teutónicos

insignia teuton

¿Qué fue la batalla de los hielos?
Se trata de una de las grandes fechas de la historia nacional de Rusia. En 1242, Alejandro Nevski, gran príncipe de Novgorod y de Vladimir, se enfrentó con los caballeros teutónicos sobre los hielos del lago de Pskov, al sur del golfo de Finlandia. Derrotados, parte de los alemanes se ahogaron. Esta victoria constituyó el final definitivo de la expansión germana hacia el este, y significó la salvación de Rusia.

Marienburg Esta ciudad de Prusia, oriental se convirtió en sede de la orden en 1309. La fortaleza estaba unida a los edificios conventuales por un camino de ronda. En ella estaban situadas las estancias del maestre y la sala de los caballeros de 30 m. de longitud

Fuente Consultada: El Gran Atlas de la Historia Universal