Impacto Ambiental Lluvia Ácida

El Impacto Ambiental En La Historia de la Humanidad Resumen

Resumen del Impacto Ambiental En La Historia de la Humanidad

El medio ambiente, como sabemos, constituye el entorno vital y, aplicado al ser humano, se puede definir como el conjunto de factores fisicoquímicos, biológicos, estéticos, culturales y económicos que interaccionan con él y la comunidad en que vive. Este concepto implica directa e íntimamente al ser humano no sólo en el ámbito espacial, sino también en el temporal, ya que el uso que la humanidad hace de determinado espacio se relaciona con su herencia cultural e histórica.

El medio ambiente provee al ser humano de materias pilmas y energía para su desarrollo sobre el planeta. Pero como indicamos en el capítulo 11, sólo una parte de esos recursos es renovable, y su tratamiento debe ser cuidadoso para evitar situaciones irreversibles.

El hombre, en el transcurso de los milenios, ha modificado sin cesar el ambiente físico y biológico en el que vive: ha construido ciudades y canales, ha excavado galerías para procurarse energía, ha descendido al subsuelo para buscar carbono, petróleo, metano y uranio; ha roturado terrenos esteparios e inmensos territorios forestales; ha matado innumerables animales terrestres y marinos para satisfacer sus necesidades alimentarias.

Si, por una parte, su acción ha contribuido a mejorar las condiciones de vida de la humanidad, por otra ha provocado enormes y graves trastornos ambientales. Especialmente durante las últimas décadas, de resultas del gran desarrollo industrial, el hombre ha causado distintas formas de contaminación del ambiente.

Aire, agua y suelos están gravemente afectados; la radioactividad está alcanzando niveles alarmantes en grandes zonas del mundo. La contaminación acústica ha aumentado mucho en las grandes ciudades y llega a provocar daños al oído; más frecuentes son, no obstante, los perjuicios extraauditivos: sobre los sistemas nervioso y endocrino, sobre el estado psicológico y sobre los aparatos respiratorio y cardiovascular.

Las causas de la degradación ambiental no acaban ahí: la explotación de los recursos naturales se efectúa de un modo irracional, sin preocuparse por distinguir entre recursos renovables y recursos no renovables; la deforestación salvaje, además de destruir estos hábitats, provoca la erosión y su secuela: pérdida de la capacidad de retención hídrica de los suelos, desprendimientos de tierras, inundaciones; el avance de los desiertos elimina terrenos fértiles.

El uso indiscriminado de abonos y pesticidas ha envenenado ríos y mares. Pero hoy el hombre se ve obligado a contar con una disponibilidad limirada en cuanto a fuentes de energía. La escasez de los recursos exige una gestión racional del patrimonio natural a disposición del hombre.

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A lo largo de la historia de la humanidad se produjeron cambios sustanciales en la forma de valorar el medio ambiente que no se han dado por igual ni han sido los mismos en todo el planeta, y que han tenido gran influencia sobre las culturas y religiones de los diferentes lugares.

A modo de simplificación, estos cambios se pueden englobar en cuatro etapas: una primera de yugo (la naturaleza domina al hombre); otra de exploración y enfrentamiento en igualdad de condiciones; otra en que se ejerce progresivo control (el hombre domina a la naturaleza), y una cuarta y última etapa abierta que podrá ser de destrucción o de integración.

1. El hombre dominado por la naturaleza

homo habilis

El primer homínido, Homo habilis, era un organismo que competía con otras especies por el alimento y el abrigo y que no contaba con grandes ventajas sobre el resto de los seres vivos. Éstos representaban para nuestros ancestros o bien enemigos, recursos o le eran indiferentes.

Pero cuando Homo erectus comenzó a dominar el fuego y «doblegó» el bosque, la incipiente humanidad explotó los recursos con más eficacia, en la medida justa para satisfacer sus necesidades sin producir la desaparición de las especies, de un modo que hoy se llamaría sustentable. Más tarde, Homo sapiens neanderthalensis perfeccionaría las herramientas, los utensilios, como arpones y lanzas, y comenzaría a aventajar paulatinamente a otras especies, explotando mejor los recursos.

2. El hombre como testigo de la naturaleza

arte rupestre un toro

Con el hombre moderno, Homo sapiens sapiens, comenzó la etapa de análisis y observación de la naturaleza. Aunque también pudo haber comenzado en esta etapa la primera clara evidencia de impacto ambiental, por ejemplo, con la extinción de algunas especies de mamíferos al llegar los primitivos pobladores humanos a América.

El hombre moderno pudo luchar de igual a igual con la naturaleza y hasta «tomarse un tiempo» para contemplarla y recrearla en sus pinturas rupestres. Y a medida que fue ejerciendo cierto grado de control, como lo hizo con el desarrollo de la agricultura y de ¡a ganadería hace 10.000 años a.C. (Revolución Neolítica), pasó paulatinamente de una situación de enfrentamiento a otra de yuxtaposición.

Este período corresponde a momentos clave de la civilización que permitieron desarrollar la curiosidad de los naturalistas, quienes dirigieron su atención a la multitud de organismos y procesos que hay en la naturaleza, aunque sin interés por conocer la Interacción de nuestra especie con los ecosistemas ni considerar el desarrollo, y duró hasta la época de los grandes inventos.

3. El hombre domina a la naturaleza

torres de petroleo

El desarrollo de la civilización trajo aparejada una gradual transformación de los ecosistemas, y ya en la antigua Grecia se originaron problemas ambientales de erosión, desertlficación y contaminación por excesivo uso de fertilizantes. Pero estos procesos comenzaron a agravarse al comienzo de la Revolución Industrial, cuando empezaron a explotarse como fuentes de energía el petróleo, el carbón y el gas natural, dando comienzo así al deterioro de la calidad del agua y del aire.

Más tarde, con la construcción de represas hidroeléctricas, el desarrollo de las centrales nucleares, el crecimiento de las ciudades, el creciente uso de nuevas tecnologías aplicadas a todas las actividades humanas, etc., comenzó una etapa en que el hombre sojuzgó completamente a la naturaleza, llegando a hacer peligrar su existencia.

4. El hombre ¿destruirá a la naturaleza o se integrará con ella?

incendio forestal

El ser humano ha llevado al medio ambiente hasta un colapso casi total, al punto de producirse una paulatina y continua pérdida de la biodiversidad. Las actividades humanas contaminan cada vez más el aire, el agua y el suelo, cambian el paisaje, agotan muchos recursos minerales, forestales y energéticos, deterioran la capa de ozono y producen un cambio climático global.

En este contexto, el reconocimiento de que la humanidad es un elemento más de la naturaleza resulta fundamental y comienza a despertar en muchas conciencias. El futuro del planeta dependerá del comportamiento actual de nuestra especie. El incesante crecimiento del consumo de recursos debe ser sustituido por otro cada vez más sostenible y equilibrado.

Fuente Consultada:
Biologia y Ciencias de la Tierra Editorial Santillana Polimodal Cuniglio, Barderi, Bilenca, Granieri y Otros
Enciclopedia Temática Espasa – La Ecologia –

Tifon en Filipinas-Consecuencias

Tifón en Filipinas

Filipinas es una nación insular formada por 7.107 islas e islotes, de los cuales unos 730 están habitados y 462 tienen una extensión superior a los 2,5 km. Está situada entre el mar de China meridional y el océano Pacífico.

Forma parte del cinturón de fuego del Pacífico. Luzón y Mindanao, las dos islas principales, concentran dos terceras partes de la población.

Numerosas cadenas montañosas de tipo volcánico corren de norte a sur hasta Borneo y las Célebes. En Mindanao se encuentra el monte Apo (2.954 m), que constituye la máxima altura del país. Los terremotos y las inundaciones son frecuentes en la región.

Los ríos principales son el Cagayan, el Grande de Mindanao y el Pasig, que corre por Manila. Hay lagos y lagunas repartidas, como la laguna de Bay, al sur de Manila. Clima: tropical en la mayor parte de la región; se presentan vientos monzones en el noreste, desde noviembre hasta abril; y en el suroeste, de mayo a octubre.

INFORMACIÓN SOBRE EL PAÍS

NOMBRE OFICIAL: República de las Filipinas
CAPITAL: Manila
ÁREA (Km2): 300.000
POBLACIÓN (HAB.): 101.833.938 (jul. de 2011)
PUERTOS: Batangas, Cagayan de Oro, Cebú, Davao, Dagupan, lligan, Manila
DIVISIÓN POLÍTICA: 80 provincias y 120 ciudades menores
UNIDAD MONETARIA: peso filipino
FIESTA NACIONAL:12 de junio, Día de la Independencia
 
ECONOMÍA:
Tasa de inflación (%):3,8 (2010)
Crecimiento del PIB (%): 7,3(2010)
Desempleo (%): 7,3(2010)
Industria: ensamblaje de productos electrónicos, productos farmacéuticos, químicos y de madera y pesca
Agricultura: azúcar, coco, arroz, maíz, plátano y pina.
Ganadería: porcinos y caprinos.
 
SOCIEDAD:
Ciudades principales (hab.): Manila, 11’248.470; Davao, 1’626.977; Cebú, 830.962; Bacolod, 486.541 (2010)
Religión (%): católicos romanos, 81; musulmanes, 5; evangélicos
Crecimiento demográfico (tasa media) (%): 1,90 (2011)»
Densidad (hab./km2) 339,44(2011)
Fecundidad (número de hijos por mujer): 3,19 (2011)
Esperanza de vida (años): hombres, 68,72; mujeres, 74,74 (2011)
Tasa de natalidad: 25,34 nacimientos por 1.000 hab. (2011)
Mortalidad infantil: 19,34 muertes por 1.000 nacimientos (2011)
Índice de Desarrollo Humano (entre O y 1): 0,638 (2010)
Acceso a fuentes de agua potable (%): 93 (2010)

HISTORIA POLÍTICA DE FILIPINAS: HISTORIA
El archipiélago de Filipinas fue conquistado por España un 1564, país que introdujo el catolicismo y lo convirtió en la religión predominante. España vende en 1898 Filipinas a EE.UU por 20 millones de dólares. A partir de 1935 comienza su etapa de autonomía, siendo el primer presidente Manuel Quezón.

Filipinas estuvo ocupada por Japón durante la Segunda Guerra Mundial. La nación obtuvo su independencia en 1946, pero EE. UU. mantuvo sus bases militares en este territorio. Por su parte, los comunistas, que ya habían combatido a los japoneses, mantuvieron la lucha contra el Gobierno hasta 1953, cuando finalmente se rindieron.

En 1965, Ferdinand Marcos ganó la Presidencia. Durante su gestión mejoró la economía, pero en 1972 declaró la ley marcial, que es un estado de excepción en el que prevalece el mandato de los militares. Varios senadores, movidos por Benigno Aquino, miembro destacado del Partido Liberal de Filipinas, organizaron la oposición, en tanto que los comunistas promovieron una revolución desde las islas del sur.

En 1983, Aquino, quien había sido condenado a muerte por el dictador Marcos, regresó del exilio, pero fue asesinado al llegar al aeropuerto de Manila. El Ejército Popular Nuevo (EPN) se tomó el país en 1985.

El movimiento popular se unió tras la figura de la viuda de Aquino, Corazón Aquino, quien prometió concretar el sueño de su esposo de llegar al poder. Luego del asesinato de Aquino, EE. UU. retiró el apoyo a Marcos y se lo brindó a la viuda de aquel. En 1986, el dictador Marcos y su esposa huyeron a Hawai. Corazón Aquino asumió la Presidencia y proclamó una Constitución provisional, que rige hasta estos días, con algunas modificaciones.

FENÓMENO METEOROLÓGICO CATASTRÓFICO:

Los ciclones más peligrosos y destructivos son los huracanes, llamados tifones en Asia. Se trata de grandes tormentas, que afectan a toda la troposfera, con bandas de nubes que provocan lluvias, organizadas en espiral. Los vientos en su parte baja se mueven en el sentido contrario de las agujas del reloj, mientras que en la parte alta se desplazan al revés, en sentido horario.

Los huracanes y tifones se forman a partir de perturbaciones preexistentes, en los trópicos, y siempre sobre los océanos. Evolucionan a partir de perturbaciones mucho más leves que aparecen cada tres o cuatro días sobre las aguas cercanas al ecuador, y necesitan que la temperatura a nivel de! mar sea elevada y que en los niveles altos de la atmósfera soplen vientos suaves, que no cambien bruscamente de velocidad ni dirección.

Cuando se dan estas condiciones, los meteorólogos saben que es posible que se produzca un ciclón tropical que podría evolucionar hasta un huracán.


Otros fenómenos que pueden ser muy destructivos son los tornados, ciclones pequeños y de vida muy corta (unas horas). En ellos se producen torbellinos de aire con vientos que pueden superar los 500 Km./h.

El tifón ‘Haiyan’, uno de los más fuertes de la historia de Filipinas, ha cambiado radicalmente el paisaje de la costa de algunas islas del archipiélago, donde se calcula que ha causado más de 10.000 muertes y ha dejado un paisaje de destrucción total y en completa desesperación a los afectados.

La ciudad de Tacloban, hasta la fecha la más afectada del país, en la provincia oriental de Leyte, fue de las primeras que golpeó ‘Haiyan’, denominado Yolanda en Filipinas, con ráfagas de viento de hasta 315 kilómetros por hora en la mañana del pasado viernes.

Antes de la llegada del tifón, varias ONG se desplazaron a la zona, puesto que los expertos preveían que Leyte sería muy afectada por el tifón, pero poco pudieron hacer para ayudar a los 218.000 habitantes de Tacloban durante las más de seis horas que la tormenta azotó la ciudad.

Además de enfrentarse a vientos sostenidos de más de 250 kilómetros por hora y una incesante tromba de agua, Tacloban tuvo que soportar una subida del nivel de la marea de más de dos metros.

Ver: Terremotos Históricos

Terremotos Mas Importantes de Argentina

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La relación del hombre con la Tierra ha experimentado un cambio a raíz del repentino poder de nuestra civilización para incidir en el ecosistema global y no sólo en un área particular y específica del mismo. Todos sabemos, desde luego, que la civilización humana siempre ha influido en el medio ambiente.

Baste decir a modo de ejemplo que incluso los hombres prehistóricos quemaban a veces amplias zonas intencionadamente en busca de alimentos. Actualmente, hemos remodelado una considerable parte de la superficie del planeta, cubriéndola de hormigón en las ciudades y transformando el bosque en arrozales, trigales o pastos.

Pero estos cambios, que a primera vista podrían parecer importantes, han resultado ser, hasta ahora, factores más bien triviales para el ecosistema global.

De hecho, hasta nuestros días, siempre se supuso que nada de cuanto hiciéramos o pudiéramos hacer afectaría de manera prolongada al medio ambiente global. Es precisamente esta suposición la que debemos descartar hoy a fin de meditar en términos estratégicos sobre nuestra nueva relación con el planeta.

Actualmente, la civilización es la causa principal de los cambios que se suceden en el medio ambiente global.

Nuestro siglo ha sido testigo de cambios decisivos en dos factores clave que definen la realidad física de nuestra relación con la Tierra: un súbito e inquietante aumento de la población humana, que crece a razón de la totalidad del censo chino cada diez años, y el repentino aceleramiento de la revolución científica y tecnológica, que ha llevado nuestro poder de transformación del mundo a niveles casi inimaginables; hoy somos capaces de quemar, recortar, cavar, desplazar y remodelar como nunca la materia física de que se compone el planeta.

El crecimiento demográfico es a la vez una de las causas del cambio de relación y un claro indicio de la imprevisible magnitud de este cambio, sobre todo en términos históricos.

Desde que aparecieron los primeros humanos modernos, hace 200.000 años, hasta los tiempos de Julio César, jamás había habido más de 250 millones de personas sobre la faz del planeta.

Mil quinientos años después, cuando Cristóbal Colón zarpó hacia el Nuevo Mundo, la población mundial rondaba los 500 millones.

En 1776, año en que Thomas Jefferson redactó la Declaración de Independencia de listados Unidos, la cifra se había duplicado nuevamente: ya éramos 1.000 millones. Hacia mediados de este siglo, justo después de la II Guerra Mundial, superábamos los 2.000 millones.

En otras palabras, desde los albores de la humanidad hasta 1945 tuvieron que sucederse más de diez mil generaciones para llegar a los dos mil millones de personas. Hoy en día, en el transcurso de una sola vida  la población humana habrá pasado de dos mil a nueve mil millones, previsión cuyo ecuador ya ha sido superado con creces.

Las magnitudes del tiempo implicadas entre el origen de nuestro planeta hasta hoy son tan abrumadoras que fácilmente pueden distorsionar nuestras perspectivas. Se las debe reducir a términos más simples.

Si comprimimos el tiempo geológico de miles de millones de años a un período de más fácil captación, por ejemplo un siglo, podemos pensar en nuestro planeta como un jardín cuya realización insumió cien años. Noventa y dos años, para ser precisos, si tomamos la formación del sistema solar hace 4.600 millones de años como el nacimiento del planeta y convenimos que un año de nuestra escala representa 50 millones de años.

Los dinosaurios y los grandes reptiles surgieron hace sólo dos años y debería pasar más de un año y once meses antes de que aparecieran en el jardín nuestros primeros antepasados reconociblemente humanos, el Homo habilis, simios parecidos al hombre. Seguiría la primera de las recientes eras glaciales —unas dos semanas atrás— desplazando los bosques y las formas de vida de las regiones en tomo de los polos de la Tierra y produciendo cambios en la distribución y en la composición aun de los bosques tropicales. Fue sólo durante y después del último de esos períodos glaciales, dentro de los últimos 50.000 años —u ocho horas en el tiempo del jardín— que el hombre moderno, el Homo sapiens, se propagó por el planeta, llegando a Australasia y a las Américas.

El jardín de la Tierra ha sido emparejado y regado por los elementos por noventa y dos años, nosotros hemos estado en él por menos de un día.

Para el momento en que llegamos, el jardín era un lugar de gran magnificencia. La flora y la fauna habían surgido en una variedad maravillosa, impresionante y exquisitamente entrelazada. La humanidad es el bebé de la familia, el recién llegado al jardín de la Tierra. Pero ya hemos hecho más qué cualquier otra especie para cambiar el antiguo jardín para bien y para mal.Desarrollamos habilidades agrícolas durante las últimas horas y agrandamos mucho la capacidad del jardín para sustentar la vida. Y en el curso de los últimos cinco minutos iniciamos nuestra revolución industrial, un proceso de cambio que sería maravillosamente creativo e increíblemente destructivo a la vez.

Desarrollamos grandes civilizaciones en la Mesopotamia. en Egipto, en China y en el valle del Indo, en las Américas, en Grecia y en Roma y, luego, en Europa. Nuestros antiguos centros de instrucción produjeron nuestros primeros filósofos, nuestros primeros científicos. Demostramos gran coraje y aptitud para explorar el planeta y entender su totalidad. En tiempos más recientes, nuestra ciencia y nuestra tecnología han hecho rápidos avances en campos tan variados como la agricultura, la medicina, las comunicaciones y la electrónica. El ritmo ha sido increíble, desconcertante. No pasó tanto tiempo desde que Gutenberg inició la imprenta con tipos móviles, Slephenson construyó la locomotora de vapor y Alexander Graham Bell inventó el teléfono. Pero ellos son antiguos ahora, como la imprenta revolucionada por las computadoras y el láser, la locomotora reemplazada por los cohetes del viaje espacial y el teléfono por cable superado por los satélites y los cables de fibra óptica. Y seguimos avanzando, impulsados cuesta arriba cada vez más rápidamente por la ciencia y la tecnología.

Pero ha habido un lado negativo del progreso. En el comienzo, mientras nos adaptábamos al medio ambiente, aprendimos a vivir en armonía con la naturaleza. Algunos siguen viviendo hoy en armonía, pero sólo unos pocos, pues el resto de la humanidad decidió someter y atacar la naturaleza  a su voluntad, con el solo objetivo de satisfacer sus necesidades, que en la gran mayoría de los casos son superfluas.

Nuestro ataque a la naturaleza fue impulsado por lo que se percibió como la virtud de la acumulación, y por largo tiempo lo excusamos como cruel inocencia, un efecto secundario tolerable del progreso. Pero se convirtió en una cultura del consumo y en una inexcusable amenaza a la supervivencia humana. La adaptación a los rigores de los elementos nos apartó gradualmente del objetivo de la armonía con la naturaleza, llevándonos a perseguir su dominio. Ya ni siquiera bastaba igualar los tantos con la naturaleza: debíamos subordinarla a las necesidades y aun más a los deseos de nuestra especie particular. En especial en este siglo nos hemos vuelto tan seguros de nuestro genio, tan confiados en nuestro dominio sobre el habitat, que en verdad hemos perdido conciencia de nosotros mismos como parte de la naturaleza. En las grandes ciudades del occidente industrializado la vida se caracteriza por el desplazamiento casi completo o la exclusión de lo natural por lo artificial.

Es cierto que nuestra ciencia, en muchas de sus formas —la antropología, la geología, la química, la biología, la astronomía, todos los senderos al pasado abiertos por nuestro genio—, confirma nuestra evolución dentro de la naturaleza y nuestra dependencia de la naturaleza en cuanto a nuestra existencia presente y a la supervivencia futura. Eso es lo que sabemos en nuestra mente. Pero cómo vivimos, el modo en que prosperamos o sólo sobrevivimos, lo que pensamos y hacemos (o no hacemos) sobre el futuro, deriva menos de la inteligencia que del deseo, en particular un impulso compulsivo a predominar y prosperar a toda costa.
El proceso de modernización ha creado en nosotros no sólo seguridad en cuanto al logro humano sino también una suposición de autosuficiencia con independencia del orden natural que la sostiene. Estamos simplemente orgullosos de haber «descubierto» el ADN, el código genético que es la clave de la vida. Pero qué rara vez reconocemos que antes de nosotros y de nuestros descubrimientos estaba el código mismo. El genio primordial estaba en la naturaleza. Mucho antes de convertimos en intérpretes de la naturaleza éramos creación de la naturaleza.

Existe otra cara opuesta del progreso humano: decididamente no ha sido progreso para la mayoría de los seres humanos. El progreso material del que tanto nos enorgullecemos sólo lo gozan unos pocos y, al menos en algunos respectos, a expensas de la mayoría. Si bien toda la humanidad se ha beneficiado en cierta medida, la prosperidad que es la esencia del progreso es el privilegio de un cuarto de la humanidad, que está consumiendo los recursos., del planeta de un modo inquietantemente egoísta.

Si debiéramos emplear unas pocas palabras para definir el mayor peligro para el medio ambiente, ellas podrían ser «riqueza y pobreza» o tal vez, más agudamente, «industrialización y subdesarrollo'». Ambas son formulaciones mínimas, por supuesto.

Podríamos intentar una un poco más extensa: «consumo excesivo de recursos por parte de los ricos e intolerable miseria entre los pobres». También eso es una expresión mínima.

Algunos de los efectos nocivos o desequilibrios ecológicos producidos por esta feroz carrera por la producción y ganancias materiales  son la lluvia acida, los gases invernadero, la capa de ozono, el calentamiento global, el cambio del clima, la elevación del nivel del mar, la extinción de las especies, la desertificación, los bosques en desaparición, la crisis de la madera combustible, los riesgos nucleares, los residuos peligrosos, la erosión del suelo, el deterioro urbano, la escasez del agua, el agotamiento de la provisión de peces, para mencionar sólo algunos de los problemas más prominentes.

Cuando la sociedad humana les preste atención a todos ellos corre el peligro de pasar por alto el cuadro más grande y el mensaje que transmite. Preferimos, tal vez subconscientemente, atender los síntomas y evitar las causas. Esta tendencia inevitablemente es más pronunciada entre aquellos que tienen tanto que el cambio siempre les parece amenazante que para aquellos que tienen tan poco que el cambio sólo puede mejorar las cosas. En esto residen las semillas del desacuerdo que podría perjudicar la acción global por la supervivencia.

El impacto humano sobre la biosfera lo que está produciendo tensión ambiental y poniendo en peligro la capacidad del planeta para sostener la vida. En esencia, ese impacto se causa mediante la energía y las materias primas que la gente usa o derrocha mundialmente. Si el uso fuera aun aproximadamente igual entre la gente, la medición del impacto humano sería una cuestión relativamente simple de resolver multiplicando la cantidad de energía y de materias primas que usa cada persona por el número de la población mundial. Pero no hay ninguna equivalencia en nuestro gasto de recursos.

La vasta mayoría, que es pobre, los usa sólo en forma mínima. Exactamente lo opuesto sucede entre los ricos, que son pródigos en su consumo. La energía, en especial el uso de combustibles fósiles, está en el núcleo mismo del asunto. Un cuarto de la población mundial, la mayor parte de la cual vive en los países industriales, da cuenta del 80 por ciento del consumo mundial de energía comercial. Los otros tres cuartos, que viven en su mayor parte en el mundo ni desarrollo, dan cuenta de sólo el 20 por ciento.

Fuente Consultada:
La Tierra en Juego de Algore
Nuestro Hogar, el Planeta Shridath Ramphal