Imperialismo Americanano: «Gran Garrote»

Biografia de Chamberlain Joseph Politico Ingles

Biografía de Chamberlain Joseph

La influencia de José (Joseph) Chamberlain en la afirmación de la ideología imperial británica fue realmente pro funda en los decenios situados a caballo del cambio de siglo.

Con una perspicacia política casi genial, contribuyó a difundir un nuevo concepto de las relaciones entre la metrópoli y los dominios, señalando el mutuo interés que debía presidirlas.

Chamberlain Joseph
Joseph Chamberlain fue un influyente empresario y político inglés, defensor del imperialismo en política exterior y de la reforma social en política interior. Fue el padre de Austen Chamberlain y Neville Chamberlain.
Fecha de nacimiento: 8 de julio de 1836, Camberwell, Londres, Reino Unido
Fallecimiento: 2 de julio de 1914, Londres, Reino Unido
Educación: University College School Junior Branch (1850–1852)

Por otra parte, sus teorías económicas representaron un cambio de orientación librecambista de los gobiernos y los industríales ingleses. Tanto en éste como en aquel aspecto de su situación, Chamberlain destaca sobre la mediocridad de los políticos que dirigieron los destinos de Inglaterra después del período de Disraeli-Gladstone.

Tercer hijo de otro José Chamberlain, interesado en el negocio de zapatos, el que nos ocupa nació en Londres el 8 de julio de 1836. Fue educado en Canonbury y en el University College de Londres.

Al terminar sus estudios en 1852, trabajó algún tiempo en la industria de su padre, hasta que a los dieciocho años de edad fue enviado a Birmingham para representar allí los intereses de la firma paterna.

De este modo vinculóse el nombre de Chamberlain al de Birmingham. En esta ciudad hizo una gran fortuna, empleando nuevos métodos de actuación comercial.

Pudo retirarse del negocio en 1874, y desde este momento se dedicó de lleno a la vida política, en la que había empezado a intervenir en 1868 reorganizando el partido liberal de Birmingham.

Elegido concejal en 1869, ocupó la alcaldía de 1873 a 1876. En esta época se le consideraba casi como un republicano por sus ideas liberales avanzadas. Sin embargo, en ocasión de la visita del príncipe de Gales — el futuro Eduardo VII —- a Birmingham (1874), desmintió la opinión pública sobre su ideología.

En 1876 fue elegido diputado al Parlamento por un distrito de Birmingham.

En la Cámara de los Comunes destacó por sus vastos conocimientos económicos, por lo que, después del triunfo electoral de Gladstone en 1880, fue nombrado presidente del Board of Trade, como representante de la fracción radical del liberalismo inglés.

En este período su actuación fue condicionada por la cuestión irlandesa. Chamberlain era partidario de una autonomía administrativa; pero no de una autonomía legislativa, que consideraba como preliminar de la separación de Irlanda.

Después de las elecciones generales de 1885, aceptó el cargo de presidente de la Oficina de Administración local con la creencia de que el proyecto de Home Rule de Gladstone abarcaba únicamente la esfera administrativa.

Al comprender que se había equivocado, renunció a su cargo, combatió al ministerio en el Parlamento y junto con los liberales disidentes provocó la derrota de Gladstone (7 de junio de 1886).

Los unionistas apoyaron al gobierno conservador de 1886 a 1892, exigiendo de él una serie de amplias medidas sociales. Cuando Gladstone volvió al poder en 1892, Chamberlain fue de nuevo el jefe de la oposición al Home Rule, que esta vez naufragó en la Cámara de los Lores.

Desde 1889, el antiguo político radical había elaborado un concepto imperial de la política inglesa, que desarrolló desde el ministerio de las
Colonias al ser llamado a ocupar este cargo en el gabinete unionista de lord Salisbury en 1855.

Su visión del problema boer motivó la guerra contra las repúblicas de Orange y Transvaal, que él caañi una tenacidad inquebrantable. Entonces fue considerado como la encarnación del más típico su imperialismo inglés.

Pero terminada la guerra, se trasladó África austral (1902), donde patrocinó una aproximación entre británicos y boers. Esta política de unidad imperial le condujo a aceptar algunos principis proteccionistas que hicieran efectivos losvinculos entre Inglaterra y sus dominios y colonias.

En desencadenó una campaña de opinión, contra la que se levantaron un sinfín de protestas. Los unionistas acaudillados por Chamberlain, se presentaron con un programa de reformas aduaneras en las 1906. Pero sufrieron una derrota espantosa.

Chamberlain murió el 2 de julio de 1914, al borde la crisis bélica y política que iba a determinar la implantación de sus doctrinas.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Woodrow Wilson
Biografia de Chamberlain Joseph
Biografia de Cecil Rhodes
Biografia de Enrique III de Inglaterra
Biografia de Bonifacio VIII
Biografia de Boccaccio Giovanni
Biografia de Wyclef John
Biografia de Eduardo III de Inglaterra

Biografia de Talleyrand Charles Politico y Diplomatico Resumen

Biografía de Talleyrand Charles
Político y Diplomático Francés

Charles Maurice de Talleyrand nació el 2 de febrero de 1754. De familia aristocrática, de poca habilidad para la carrera militar, pero destacado en la política de Francia a partir de la Revolución Francesa en 1789, cuando participó en los Estados Generales, como representación del clero. Defensor de la nacionalización de los bienes eclesiásticos, fue excomulgado y a partir de entonces comenzó su carrera de gran diplomático.

Con el nombramiento de Napoleón como Empereur des Français, Talleyrand adquiere unas cuotas de poder y de riqueza inimaginables. Desempeñó un papel decisivo en el Congreso de Viena de 1815. Se mostró a favor de los Orleáns durante la revolución de 1830, y con Luis Felipe siguió desarrollando una habilidad extrema hasta su muerte

charles talleyrand politico

Charles-Maurice fue el segundo de los hijos de los condes de Talleyrand, pero la muerte de su hermano mayor, acaecida poco después de su nacimiento, le dio el derecho de primogenitura; su vida, por tanto, había de ser destinada al servicio de las armas. No obstante, antes de cumplir los cuatro años, Charles-Maurice sufrió un grave accidente: confiado a una nodriza, que le criaba en los alrededores de París, cayó de una cómoda y se dislocó un pie; a falta de los cuidados necesarios, el pie creció deformado y se convirtió en un accidente irreparable que habría de tener una importancia capital para el resto de su vida: puesto que su desgracia física le impediría la dedicación a las armas, sus padres decidieron que el niño seguiría la carrera eclesiástica.

Después de pasar una temporada en casa de su bisabuela, la princesa de Chaláis, Charles-Maurice fue internado a los seis años en el colegio de Harcourt; el celo religioso que caracterizaba a esta institución no despertaría ninguna inclinación religiosa en él; por ello, cuando cumplió los quince años sus padres le mandaron a Reims, en donde pasó un año como ayudante de su tío Alexandre, coadjutor de aquella diócesis; la intención de su familia era la de acercarlo a un clima propicio que estimulara su vocación religiosa.

En cualquier caso su carrera ya estaba decidida, y en 1770 ingresó en el seminario de Saint-Sulpice, donde pasaría cinco años, largos y tristes, como más tarde confesaría, y sin que en ningún momento se manifestara su vocación religiosa.

Talleyrand nunca sintió la vocación religiosa; ya poco antes de ingresar en el seminario había dicho a un amigo que si sus padres le forzaban a ser cura harían de él un ser espantoso; pero que se arrepentirían de ello. De este modo la vida inmoral y disoluta a que se entregó tan pronto como pudo abandonar el seminario era tanto consecuencia de su falta de vocación, como de una actitud compulsiva que buscaba la revancha por sus sufrimientos.

En 1788, encontrándose su pdre cerca de la muerte, pidió a Luis XVI que concediera, como una última gracia, la sede episcopal a su hijo. El rey transigió por fin y en noviembre de 1788 Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord fue nombrado obispo de Autun, pero en 1791 al ser elegido en administrador para el departamento de París, encontró el pretexto que buscaba para dimitir como obispo de Autun.

Convertido en alto funcionario de estado tenía sin embargo bloqueado el ascenso al gobierno por ser miembro diputado de la Asamblea. Monárquico de corazón, cifraba sus ideales de gobierno en una monarquía constitucional. Talleyrad temía a la Revolución y sus consecuencias; pero había comprendido que la mejor manera de defender los derechos de la aristocracia a que pertenecían pasaba por el camino de las reformas y no por el absolutismo realista sin concesiones.

A finales de 1792, tras descubrirse el archivo secreto de Luis XVI, se encontró la correspondencia que Talleyrand había mantenido con él en 1791, y en la cual le había ofrecido sus servicios. Fue entonces acusado oficialmente de traición no pudiendo regresar a Francia, embarcó en marzo para los Estados Unidos, pudiendo regresar a Francia en 1796 gracias a las gestiones de su amiga madame Staél.

En julio de 1797 fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores. Sus ideas sobre política exterior se orientaban entonces hacia una doble alternativa: restablecer la paz en Europa por un lado, y por otro, encauzar el expansionismo francés.

Cuando Napoleón regresó a París en octubre de 1799, Talleyrand fue rápidamente a verle, colaboró con él en las semanas que precedieron al 18 Brumario y al cabo de pocas semanas, volvía al ministerio de Asuntos Exteriores. Talleyrand vivía inmerso en su trabajo: por las mañanas despachaba asuntos en su ministerio y por la tarde atendía a las representaciones diplomáticas. Sus ocios los dedicaba al whist y su insaciable afán de dinero le llevaba a especular muy a menudo en la bolsa. Las relaciones con su esposa, Catherine Grand casados solo por civil, eran poco menos que frías y consideraba su matrimonio como un fracaso.

Políticamente nunca logró imponer a Napoleón su política de «pacificación» consistente en una inversión de las tradicionales alianzas que Francia había mantenido hasta entonces, para él era necesario aliarse con Austria —país que debía desempeñar un papel de estado-tampón cara al expansionismo de Rusia y Prusia— y conseguir la neutralidad de Inglaterra.

Economicamente a lo largo de su carrera Talleyrand procuró sacar beneficio de todas partes; todo para él fue negociable en términos de dinero y susceptible de acrecentar su fortuna. De todos los tratados y acuerdos que se firmaron siendo él ministro sacó partido: grandes sumas de dinero que recibía de las naciones obligadas a negociar con Francia y que él llamaba golosinas. Su inmensa fortuna le permitió comprar, ya en 1803, el castillo de Valencay junto con una propiedad aneja de una extensión de más de 19.000 hectáreas.

En 1807 Napoleón le concedió el cargo de «gran dignatario» a que aspiraba, nombrándole vice-gran elector del Imperio, pero a cambio Talleyrand tuvo que renunciar a su ministerio de Asuntos Exteriores. Talleyran jugó un papel de «amor y odio» hacia el emperador, y hasta se entrevistó con Fouché, jefe de la policía, con vistas a articular un posible complot contra Napoleón.

Como éste se entera muy parcialmente de sus propósitos y destituye a Talleyrand de su dignidad de gran chambelán del Imperio, aunque no de su cargo de vice-gran elector, por lo que Talleyrand ofreció sus servicios a Austria, y cuando este país reanudó la guerra contra Francia, el príncipe de Benavente le suministró información militar secreta.

Luego de la fracasada campaña a Rusia, organiza la trama política para desembarazarse del emperador, y se constituye como el futuro arbitro de la situación política, que podría orientar de acuerdo con sus ambiciones y con sus ideas. Cuando en marzo de 1814 los aliados entraron en París, Talleyrand tuvo en sus manos las mejores posibilidades para dominar la situación y encauzarla de acuerdo con sus proyectos: único interlocutor válido para los vencedores, se convirtió en el estadista que podía tender un puente entre la liquidación del Imperio y la restauración monárquica.

Por su propia cuenta negoció con los aliados las condiciones del armisticio, que más tarde se verían reflejadas en la Paz de París, donde Francia renunciaba a las conquistas del Imperio y retornaba a sus fronteras de 1792.

Talleyrand se sentía más que satisfecho: tras haber sido depuesto Napoleón y haber aparecido como el principal artífice de la Restauración, el camino para convertirse en el gran estadista que siempre había ambicionado ser estaba ya abierto y en parte ya había empezado a recorrerlo.

Por otra parte, y a pesar de algunos reproches, estaba igualmente satisfecho por el resultado de las negociaciones del armisticio: había conseguido aplacar el espíritu de revancha que animaba a algunos de los vencedores, y de este modo, tan sólo seis semanas después del regreso de Luis XVIII, Francia tenía asegurada la integridad de su territorio y los ejércitos aliados ya habían abandonado el país; con lo cual conservaba las manos libres para futuras negociaciones.

El nuevo rey le concedió de nuevo su antigua dignidad de gran chambelán, y a pesar de su manifiesta antipatía, le nombró secretario de Estado para Asuntos Exteriores.

Con la Restauración empieza la etapa política más importante en la vida de Talleyrand, la que había de confirmarle como un gran estadista y convertirle en una de las figuras de la diplomacia europea del sigloXIX.

Su oportunismo político, su ambición y su venalidad no pueden ocultar la coherencia de sus puntos de vista políticos: Talleyrand se sintió siempre continuador de la política exterior del Antiguo Régimen, y supo recoger en su experiencia la centenaria tradición de los Valois y los Borbones.

Mediante lo que él calificaba de politique de la mesure o de politique de la sagesse («todo lo que es exagerado es insignificante»), trató de apoyar siempre su diplomacia sobre una idea básica: la de mantener las «fronteras naturales» de Francia, las que poseía con anterioridad a 1792 y que habían sido sancionadas por ocho siglos de historia.

El otro principio básico de su estrategia diplomática se orientaba hacia la construcción de una Europa conservadora, basada en una alianza de Francia con Austria e Inglaterra, en oposición al expansionismo de Prusia y Rusia.

la restauracion de 1815 en europa

Gracias a la habilidad diplomática de Talleyrand, en el Congreso de Viena Francia, que había acudido a él como una-potencia derrotada, consiguió entrar a formar parte de las grandes potencias europeas y romper su aislamiento.

En el Congreso de Viena Talleyrand había de poner en juego su enorme talento negociador y su gran experiencia diplomática. Al llegar a la capital austríaca, acompañado por su sobrina, la condesa Edmond de Périgord, a la que había de convertir en su amante (por esta época Talleyrand ya se había separado de su esposa), alquiló un lujoso palacio y dio fiestas y recepciones muy suntuosas, lo cual formaba parte de su juego diplomático.

Su gran habilidad diplomática había de conseguir que Francia, que acudió al Congreso de Viena como una potencia derrotada, entrara a formar parte en el concierto de las grandes potencias europeas y rompiera su aislamiento. Para conseguir esto Talleyrand utilizó el apoyo que a Francia prestaron los pequeños estados, con un nacionalismo y incipiente, y que se oponían a la política de reparto de Austria, Inglaterra, Prusia y Rusia.

En la primavera de 1816 Talleyrand, que a la sazón contaba sesenta y dos años, partió para Valencay, dispuesto a gozar de su vida privada, de sus inmensas riquezas y de la compañía de la joven condesa Edmond de Périgord, futura duquesa de Dino.

En su retiro decidió entonces escribir sus memorias, con la intención de que no se publicasen hasta treinta años después de su muerte. Un hombre que había dedicado su vida a la diplomacia no podía por menos que escribir unas memorias diplomáticas. Talleyrand, además, siempre se había mostrado preocupado por la imagen que de sí mismo legaría a la posteridad.

En 1821, y a pesar de lo que se había prometido a sí mismo unos años antes, decidió volver a la política. Aunque esta vez lo hizo por abajo, ligándose a la oposición liberal en la Cámara de los Pares, pero luego de varios años como diplomatico francés se apartó definitivamente de la política y en 1834, al regresar de Londres, prsentó su dimisión.

Más tarde, en octubre de 1836, dio a conocer lo que él llamó «su manifiesto», en el que negaba que hubiera sido infiel —en el fondo de su alma— a la religión católica. La hora de su reconciliación con la Iglesia se acercaba.

El 17 de mayo de 1838 murió en París, después de haber firmado un acta de retractación y serle administrados los últimos sacramentos.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Charles Maurice Talleyrand – Editorial Planeta

 

 

 

 

Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Guerra Mundial

Economía de las  Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Segunda Guerra Mundial

Después de la segunda guerra mundial, muchos países del imperio colonia! francés en África adquirieron gran autonomía o incluso la independencia. En todo este territorio predomina un clima agobiante. El paisaje varía de la selva virgen al desierto, pasando por la sabana y la estepa. Las diferencias étnicas, religiosas y lingüísticas son enormes. Las poblaciones autóctonas se dedican, ante todo, a la agricultura. La industria ha sido totalmente creada por los franceses.

Hasta 1939, Francia ejerció, directa o indirectamente, influencia política y económica sobre numerosos territorios situados en todo el mundo, pero principalmente en Asia y África, es decir, sobre 12.500.000 km2 y 75.000.000 de habitantes.

De resultas de la guerra y de las aspiraciones de los pueblos a la independencia, este «imperio francés» se ha desmoronado en varias etapas. En 1944, en la Conferencia de Brazzaville se decidió aportar profundas modificaciones a la situación política, económica y social de los pueblos de ultramar.

En 1946, se constituyó la Unión Francesa, y las antiguas colonias pasaron a ser departamentos y territorios de ultramar que formaban parte integrante de la República Francesa, o territorios y Estados asociados.

En 1954, Indochina fue dividida en cuatro Estados independientes, y dos años después se reconoció la independencia de Túnez y Marruecos. En 1958 nació la Comunidad francesa: esta asociación de Estados soberanos se propuso a la República Malgache (Madagascar) y a doce Repúblicas africanas.

La única que se negó a adherirse fue Guinea. En 1960, los territorios africanos de Camerún y de Togo, que permanecían bajo tutela, accedieron a la independencia, y en 1962 un referéndum de autodeterminación dio como resultado la independencia de Argelia.

mapa de colonias de europa en africa

Mientras tanto, la Comunidad había evolucionado y se transformó en una red de convenciones más flexibles. La República Centroafricana, Gabón, República Malgache, Congo-Brazzaville, Senegal y Chad siguieron formando parte de ella, mientras que Camerún, Costa de Martil, Dahomey, Burkina Faso, Mauritania, Níger y Togo se unían a Francia por medio de acuerdos de cooperación. Excepto en Indochina y Argelia, estas reformas se realizaron sin grandes perturbaciones.

Gran parte de las antiguas colonias francesas se extiende al sur del Sahara, es decir, debajo de los trópicos, y ocupa unos ocho millones de kilómetros cuadrados. El conjunto se ha ido formando sobre un zócalo cristalino (granito y gneis), el más antiguo del mundo.

El relieve de esta inmensa región está formado, sobre todo, por mesetas muy extensas en las que se han abierto anchas cubetas (Níger, Chad, Congo) que a veces permanecen completamente aisladas a causa de conmociones  de la corteza terrestre (Futa Yalon, mesetas de Adamaua, Mayombé, montes de Cristal, Nimba, Camerún), acompañadas de fenómenos volcánicos. Por este motivo, el mar no puede ejercer influencia alguna sobre estas regiones, que poseen un clima agobiante.

Las regiones costeras también son de muy difícil acceso: por lo general son estrechas y discontinuas, con frecuencia pantanosas y bordeadas de bancos de arena o lagunas y, por último, rematadas por peligrosos rompientes.

Citaremos una excepción: la llanura del Senegal, en la costa occidental de África, la mayor del continente y una de las más fértiles. Dakar, que se halla situada en esta llanura y se encuentra protegida por un espolón volcánico, la península de Cabo Verde, es el mejor puerto de toda la costa occidental.

Esta inmensa región continental goza de un clima típicamente tropical con su estación seca y su estación de lluvias. En el norte predomina el clima sahariano, uno de los más secos y cálidos del mundo. En el sur, por el contrario, el clima es completamente ecuatorial, con lluvias continuas, sin estación seca.

Los suelos han sido totalmente destruidos por la erosión y las aguas. Depósitos de aluminio y de óxido de hierro han formado una gruesa corteza en la superficie. Y en las zonas asoladas por el harmatán (viento cálido del desierto que sopla de la tierra) incluso ha llegado a formarse un caparazón impermeable: el bowal.

Sin embargo, afortunadamente los suelos aluviales depositados en las cuencas proporcionan tierras laborables de buena calidad.

Todos los antiguos territorios franceses están surcados por grandes ríos que, no obstante, son mediocres vías de comunicación, pues su enlace con el mar es insuficiente.

Las regiones húmedas (cuenca del Congo, costas de Guinea) están cubiertas por una tupida selva.La atmósfera es tan pesada para los animales como para los hombres. En los lugares en los que las lluvias son menos abundantes, con una variación de 1.000 a 1.500 mm. al año (zona que se extiende desde Futa Yallon hasta la República Centroafricana), la vegetación es menos lujuriante. Si trazamos una línea de Dakar a Chad, al norte aparece la región de la estepa, cubierta de tupidas hierbas y matorrales espinosos, y después el desierto sin límites.

Futa Yallon o Fouta Djallon, región de altiplanicie del noroeste de Guinea. Está constituido por horsts basculados que alternan con profundos valles, aunque en las laderas orientales las pendientes son moderadas y los valles menos profundos. Esta región está compuesta por piedras areniscas del paleozoico que se inclinan hacia el oeste y cubren rocas del precámbrico hasta una profundidad de 760 m. El gabro y la dolerita se introducen formando capas o diques.

En este vasto mundo tropical vive una población que se calcula en 100.000.000 de habitantes. Esta población, que, por otra parte, está integrada por grupos muy distintos, se encuentra repartida de modo desigual: en el desierto y la selva virgen no llega a contar con un habitante por kilómetro cuadrado.

En la sabana alcanza los 80 habitantes por kilómetro cuadrado, y en las regiones mejor repartidas (Camerún, llanuras costeras de Guinea, orillas del Chad, por ejemplo), la cifra puede oscilar entre 50 y 200 almas.

En las estepas viven algunos pueblos de raza blanca: moros en el oeste y tuareg a lo largo del Níger. Por otra parte, la mayoría se ha mezclado con negros, especialmente con los peuls.

En la sabana se encuentran los primeros negros de raza pura. Sedentarios y de alta estatura, viven en poblados y se dedican a la agricultura: wolofs en Senegal, mandingas y songhais a lo largo del Níger, mosis en Burkina Faso y saras al sur del Chad.

En cambio, los negros de la selva son mucho más bajos, no tienen poblado fijo y sus sistemas de cultivo son primitivos. Los pigmeos pertenecen al grupo menos civilizado.

Todos estos pueblos hablan centenares de lenguas distintas que poseen numerosos dialectos. La religión varía: los pueblos de la estepa y la sabana son adeptos del Islam, y los de la selva, por lo general, animistas. El cristianismo también ha penetrado en la mayoría de comunidades.

Con 80 o 90 %, la agricultura sigue siendo la principal actividad de estas poblaciones. Existen algunos artesanos y comerciantes. En la selva es donde se practican los sistemas de cultivo más atrasados: para obtener tierras laborables recurren al fuego. Después remueven superficialmente el suelo con la azada. Por último siembran mandioca, maíz, legumbres, etc., todo mezclado. Los troncos de los árboles calcinados se dejan donde están, pues impiden la erosión del suelo durante la estación de las lluvias.

Cuando las tierras están agotadas, la comunidad se traslada y el proceso vuelve a empezar. La gente de la sabana tiene la labor algo más fácil y, por lo tanto, los cultivos son más variados. Además, también se dedican a la cría de ganado, imposible de practicar en la selva.

No existen, por así decirlo, industrias locales. Todo lo que hay en este aspecto es obra de los franceses, que explotan las riquezas minerales (especialmente oro, diamantes, hierro, bauxita y fosfatos) con gran eficacia y el material más moderno.

Ver: Historia de Sudáfrica

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Resumen sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Resumen Sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

En Que Consisten Los Imperialismos: La democracia reconoce que cada hombre es libre y como tal responsable de su propio destino. Quien tiene conciencia del valor de su persona y de su libertad, estima y respeta la libertad de los demás.

El mismo principio es válido para los pueblos y naciones. Cada nación es libre y responsable de su propio destino histórico. Quien estima y respeta la libertad de su patria, respeta a las patrias ajenas.

Ningún pueblo tiene derecho a dominar o subyugar a otros, como ningún hombre tiene derecho a dominar a otro hombre. El orden y la organización internacional deben lograrse respetando la libertad de cada pueblo, como el orden dentro de cada comunidad debe lograrse respetando la libertad de los ciudadanos.

El imperialismo es la negación de estos principios. Es el afán de un pueblo de extender su dominio sobre otros.

En la historia han existido muchos imperios: el asirio, el egipcio, el chino, el helénico, el romano, el español, el inglés.

Los antiguos imperios extendían su dominio sobre pueblos más débiles, generalmente por la fuerza de las armas.

Actualmente también existen afanes imperialistas, deseos de extender el dominio nacional sobre otros pueblos. Pero para ello, más que a la fuerza militar, se recurre a la penetración ideológica o al dominio económico.

Sus manifestaciones antidemocráticas: El afán imperialista no se compagina con la democracia porque no respeta la libertad y derechos de los pueblos, ni les permite la realización de su destino.

Como todas las personas, a pesar de la diversidad de cualidades y bienes, son iguales en su dignidad, también los pueblos, a pesar de sus diferencias culturales o económicas son iguales en su dignidad.

La libertad de los pueblos es para la democracia tan sagrada como la libertad de las personas. Conforme a este principio la Argentina en su política internacional siempre ha defendido el derecho de autodeterminación de los pueblos y el principio de no intervención en los asuntos internos de los otros estados.

Como personas y como ciudadanos tenemos la obligación de preocuparnos por nuestro prójimo y ayudarlo en lo que podamos. Pero no podemos disminuir su libertad y su responsabilidad personal, ni atrepellar sus derechos. Lo mismo vale respecto a los pueblos.

Los imperialismos, sus clases.
Abusos del sistema liberal

En la historia de la humanidad hemos tomado conocimiento de la existencia de imperios o sea grandes Estados formados por varias naciones que le están sometidas. Así en la edad antigua recordamos los imperios asirio, persa, chino, japonés, medo, romano, etc.; en la edad media, el Imperio Carolingio, el de Alemania, los imperios de Occidente y de Orieste, el de los seleucidas, el otomano, el de los mogoles, etc.; en la edad moderna, e imperio austrohúngaro, el alemán, el francés, el británico, etc.

imperialismo politico

Por imperialismo entendemos la tendencia de ciertos Estados a extender su dominio sobre otras naciones. De ello se deduce que el imperialismo no es un fenómeno exclusivo de los Estados totalitarios sino también de los Estados democráticos.

No obstante debemos recalcar que todo imperialismo, es, en si mismo, antidemocrático dado que se encuentra en pugna con los principios de igualdad jurídica de los Estados y el de no intervención en los asuntos internos de las naciones soberanas.

Existen diversas clases de imperialismos, a saber:

a.  Imperialismo económico
b. Imperialismo político
c.  Imperialismo ideológico.

TIPO A)    IMPERIALISMO ECONÓMICO

Es aquel que se lleva a la práctica con el fin de dominar el mercado de productos o financiero de otros Es tados ejerciendo su acción sobre pueblos económicamente débiles. Una de las formas más comunes de llevarlo a cabo es mediante la adquisición de las más poderosas empresas industriales y comerciales del país que se desea anexar económi camente como así también de sus servicos públicos esenciales (electricidad, gas, transportes, teléfonos, etc.).

TIPO B)     IMPERIALISMO POLÍTICO

Es el imperialismo clásico que tiene por objeto anexar al país imperialista territorios de otras naciones. Sin embargo no siempre la invasión armada o la conquista son las formas de llevar a cabo este tipo de imperialismo; a veces la celebración de tratados o acuerdos o la infiltración ideológica y la presión, que puede ejercerse sobre un determinado país obliga a países débiles políticamente a solicitar la anexión de todo o parte de su territorio a una potencia poderosa. Ejemplos de estas últimas tácticas fueron utilizadas por Hitler y la Unión Soviética. La anexión de las islas Malvinas a Inglaterra es otra de las formas de llevar a la práctica el imperialismo político.

TIPO C)    IMPERIALISMO  IDEOLÓGICO

Esta forma de imperialismo se ejerce mediante la penetración de ideas de un país a otro con el fin de ampliar su zona de influencia. Él fascismo italiano y el nazismo alemán son pruebas elocuentes de ello; en la actualidad el comunismo ha puesto en ejecución una de las mayores campañas de penetración ideológica hasta hoy conocidas.

Abusos del sistema liberal
Las dos grandes doctrinas políticas son: el liberalismo y el estatismo.

En el liberalismo se otorga un gran predominio a la libertad individual actuando en tal emergencia el Estado como un simple guardián de las cosas comunes e interviniendo sólo en aquellas actividades que no están en condiciones de asumir los particulares.

Deja librado a éstos el manejo de todos los recursos económicos y, por lo tanto, desprotegida a la comunidad de los abusos que pequeños grupos de individuos pueden llegar a cometer con miras a la satisfacción de sus minúsculos intereses.

La Humanidad ha contemplado en el pasar de su existencia numerosos ejemplos de tales abusos y de las consecuencias que ellos han tenido en la marcha de ios pueblos.

Pueblos sacrificados en base al mantenimiento de una minoría que impuso condiciones infrahumanas en aras de sus propios beneficios, clases sociales enfrentadas entre sí que convulsionaron el orden y la armonía de sus respectivos países y, por último, la reacción ante tremenda injusticia con el consiguiente accionar de una fuerza incontrolable que no siempre trajo en sus e-fectos el bienestar deseado.

De allí entonces que el liberalismo como doctrina de aplicación absoluta ha presentado grandes grietas en el tiempo que si bien ha permitido incursionar en la organización social moderna otras doctrinas de carácter no menos violentas como algunas socialistas ha tenido que soportar el freno de la intervención de la Iglesia que a través de su Doctrina Social ha tratado de poner las cosas en su lugar.

CONSECUENCIA DE LOS IMPERIALISMOS
El marxismo
Se conoce como marxismo una serie de interpretaciones y ensayos de Carlos Marx que tienden a explicar distintos fenómenos, entre los cuales se encuentra la concepción materialista de la historia (Materialismo histórico). Se conoce como concepción materialista de la historia o como materialismo histórico al estudio de los principios generales del materialismo dialéctico en el campo de la sociología, y de la historia. Es decir, a una interpretación científica de los procesos sociales en una forma ordenada, según la dialéctica y que permite explicar la evolución histórica.

Para Marx la historia del hombre en sociedad no es otra cosa que la relación fundamental hombre-naturaleza-hombre. La Historia nace y se desarrolla a partir de la primera mediación que pone en relación al hombre con la naturaleza y al hombre con los otros hombres: el trabajo. El primer hecho histórico de la historia es la producción de los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades básicas del hombre (comer, beber, procrear). La Historia es, por consiguiente, la historia de las fuerzas productivas y den los hechos históricos básicos que derivan de esta relación.

Se llama materialismo porque se encara la naturaleza desde el punto de vista material y se dice dialéctico porque permite la comprensión, de una manera dinámica, de los procesos que sufre la materia, Así el materialismo dialéctico establece las leyes generales, según las cuales, la materia se transforma.

Es interesante consignar que la base del materialismo dialéctico más que una creación de Marx es de su amigo Engels quien inició, aunque no terminó, una Dialéctica de la Naturaleza mediante la cual se propuso formalizar las leyes del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano.

Como puede interpretarse, los campos de aplicación del materialismo dialéctico son muy amplios y, en ese sentido Marx, por ejemplo, lo utilizó ampliamente en el estudio de la economía.

Sería sumamente difícil exponer detalladamente la totalidad de los trabajos de Marx y sus continuadores, pero estimamos que existen algunos puntos interesantes que son imprescindibles para comprender las ideas marxistas que fueron adoptadas por el Partido comunista y sobre todo aquellas que fueron inter-Ínretadas por Lenin y constituyen os fundamentos del actual marxismo-leninismo.

La posición del Marxismo y del marxismo leninismo será clasificada ubicándola dentro de una versión general de las distintas formas de socialismo.

Ver: El Socialismo

Organización de las Colonias Europeas en África Imperialismo Europeo

Organización de las Colonias Europeas en África

Organización de las colonias europeas en África: Una vez instalados, los europeos se dedicaron a organizar sus nuevas posesiones. Hubo dos tipos de relación reconocidas oficialmente: el protectorado y la colonia propiamente dicha.

colonialismo europeo

En el primer caso —que se aplicó en la región mediterránea y después en las ex colonias alemanas— las naciones «protectoras» ejercían teóricamente un mero control sobre autoridades tradicionales; en el segundo, la presencia imperial se hacía sentir directamente. Sin embargo, en lo que respecta al aspecto político, hubo algunas diferencias entre los sistemas aplicados por cada nación dominante.

Inglaterra puso en práctica el indirect rule (gobierno indirecto) que consistía en dejar en manos de los jefes autóctonos ciertas atribuciones inferiores reservando para el gobernante nombrado por Londres y unos pocos funcionarios blancos el control de estas actividades y la puesta en marcha de la colonia. Francia, más centralizadora, entregó a una administración europea la conducción total de los territorios; Bélgica aplicó un estricto paternalismo sostenido por tres pilares: la administración colonial, la iglesia católica y las empresas capitalistas mientras Portugal, por su parte, recurría también al paternalismo, pero esta vez basado sobre la imposición «educativa» del trabajo obligatorio.

Cualquiera que fuere el sistema político imperante, todas las metrópolis compartían el mismo criterio respecto de la función económica de las colonias: la colonización no se había hecho para desarrollar económica y socialmente a las regiones dominadas sino para explotar las riquezas latentes en ellas en beneficio del capitalismo imperial. Puesto que «la colonización y el desarrollo de la economía capitalista están en una relación dialéctica estructural» (Isnard), las superganancias originadas localmente eran enviadas a Europa para aumentar allí las posibilidades de inversión, crear nuevas oportunidades de empleo, acrecentar los salarios y permitir una mayor especialización.

Por e! contrario, en África se asistía al proceso opuesto: «desinversión» en hombres y capitales, salarios fisiológicos, limitación de la capacitación profesional. El empobrecimiento del Continente era la contrapartida lógica del enriquecimiento metropolitano.

Para lograr ese objetivo final, todos los sectores de la producción —agricultura, comercio, industria— fueron organizados sobre una base monopolista y con vistas a la exportación. En el sector agrícola, los cultivos de subsistencia fueron reemplazados o rechazados hacia regiones menos fértiles, por la nueva agricultura de plantación, practicada por grandes empresas (o empresarios) en enormes latifundios que concentraban la labor de millares de campesinos desarraigados de sus tierras.

Las plantaciones se dedicaron al monocultivo de algunas especies —cacao, café, maní, hevea (caucho), vid, etcétera— que no estaban destinadas a satisfacer el consumo local sino a venderse en el exterior. Las consecuencias de esta reorientación de la agricultura fueron de muy diversa índole y afectaron a la sociedad africana en todos sus niveles. Por un lado, las organizaciones tradicionales —la tribu, la aldea, la familia-— que se basaban sobre la agricultura de subsistencia o la ganadería itinerante, practicadas por la comunidad sobre tierras también comunes, y que exigían abundante mano de obra, predios extensos y propiedad colectiva, perdieron toda base de sustentación.

Aldeas y tribus fueron trasladadas o dispersadas y sus tierras atribuidas a los colonos blancos o a las empresascapitalistas, mientras los indígenas eran concentrados en reservas, instalados en zonas estériles u obligados a trabajar como peones para sus nuevos amos.

Por consiguiente, los hombres aptos para la producción huyeron de un medio que no les ofrecía ya grandes perspectivas de supervivencia, se emplearon en los latifundios o fueron a engrosar las filas de desocupados que esperaban un salario de las nuevas empresas.

La pérdida de este potencial humano transformó a muchas aldeas en «cáscaras vacías», habitadas casi exclusivamente por mujeres, niños o ancianos; desorganizó a la tribu, que ya no pudo desempeñar su papel de estructurador social y trastornó la familia por la dispersión de sus miembros. En su lugar, las plantaciones se convirtieron en el factor determinante de toda la vida de una región, acaparando las inversiones, reordenando la sociedad y dominando la política local.

Este fue el caso de Liberia, coto cerrado de la Firestone Rubber Co., empresa de capitales norteamericanos, que poseía diez millones de heveas y requería 30.000 hombres para» su explotación. En 1951 ella sola proveía al país del 90 % de sus exportaciones, y de hecho lo había convertido en su propiedad privada.

El ejemplo de la Firestone destaca otros órdenes de efectos que conviene Citar: las distintas regiones africanas se especializaron en algunos de estos productos, de ahí una dependencia estricta con respecto al mercado internacional y el condicionamiento de toda la economía local por las bruscas fluctuaciones de los precios externos.

Tanto más por cuanto la transformación de las cosechas y la comercialización de los productos no se realizaban en el lugar ni estaban en manos africanas, sino que se reservaban para los metropolitanos o sus intermediarios extranjeros. Sólo en casos excepcionales los africanos podían dedicarse a ese tipo de agricultura, y cuando así ocurría —como en la Costa de Marfil— se creaba en el territorio una pequeña burguesía rural, estrechamente dependiente del capitalismo metropolitano.

El comercio respondió a cánones similares: grandes sociedades de importación-exportación monopolizaron la actividad de uno o varios territorios, a través de cientos de sucursales y millares de intermediarios. En África occidental francesa, desde el Senegal al Congo, actuaban solo dos compañías, la Sociedad Comercial del Oeste Africano, y la Compañía Francesa del África occidental, que seguían aplicando el conocido mecanismo del comercio de trata: en el mismo mercado el campesino autóctono vendía sus cosechas y compraba artículos de importación, y la compañía acumulaba ganancias que superaban el 100 % del valor de los productos.

Más importante aún fue el papel de la industria. Hasta la Segunda Guerra Mundial las colonias se limitaron a proveer a las industrias europeas las materias primas indispensables para su desarrollo. Sus inmensos yacimientos de cobre, zinc y uranio (copperbelt o cinturón de cobre centroafricano), de manganeso (Marruecos, Gabón), bauxita (Guinea, Ghana), y fosfatos (África del Norte) atrajeron la inversión externa y movilizaron miles de trabajadores. Se constituyeron enormes empresas dedicadas a la explotación del subsuelo, que llegaron a dominar toda la vida de una región. Este fue el caso de la Unión Minera del Alto Katanga, propietaria exclusiva de los filones de esa provincia congolesa y la vecina Rhodesia.

Ella sola empleaba al 42 % de la población adulta masculina del lugar y manejaba todos los resortes económicos y políticos del Congo. De hecho, la administración belga estaba a su servicio y las misiones católicas acudían presurosas cuando había que sofocar alguna veleidad reivindicatoría de los asalariados locales.

Su omnipotencia era tal, que todo el mundo sabía que en Katanga «se nace en una cuna de la Unión Minera y se es enterrado en un ataúd de la Unión Minera», lo que, de paso, aumentaba las ganancias de por sí fabulosas de la tentacular empresa. Sea como fuere, la actividad industrial dio origen a una nueva clase social: el proletariado obrero, hasta entonces inexistente en África. Poco numeroso y sin posibilidades de acción hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, fue sin embargo un factor decisivo en la lucha por la independencia.

Una estructura de explotación tan sin resquicios, solo pudo organizarse en África gracias a la expresa colaboración de los gobiernos metropolitanos y las administraciones territoriales. A ellos les correspondió realizar las obras de infraestructura necesarias para facilitar la inversión de capitales y proveer de mano de obra barata a las diferentes empresas.

Sabemos, en efecto, que las potencias coloniales realizaron en África obras de infraestructura nada desdeñables: mejoraron los puertos, trazaron caminos, instalaron ferrocarriles, construyeron diques y edificaron ciudades.

Pero el mapa y la historia del continente nos enseñan que los puertos tenían como único fin asegurar los contactos con Europa y dar salida a los productos locales, que los caminos y los ferrocarriles no estaban destinados a favorecer el comercio interno ni a facilitar las comunicaciones sino a acelerar el traslado de mercancías hacia los puertos de embarque; que la única finalidad de los diques era producir energía eléctrica barata para los complejos industriales o irrigar las tierras de las plantaciones —como fue el caso del dique de Edea en Camerún, construido para servir a las industrias Pechiney, o del de Gezira, en Sudán, para regar las tierras algodoneras— y que las ciudades albergaban sólo a los europeos.

Dicho de otro modo: el erario público asumió los gastos ocasionados por todas estas creaciones para que los capitales privados pudieran actual tranquilamente en el comercio, la plantación, y la extracción minera.

Colonias Europeas en Africa en 1914

La sociedad industrial americana Transformación Social de EE.UU.

La Sociedad Industrial Americana

Descripción de la Evolución de la Sociedad en el Siglo XX

La sociedad industrial americana La sociedad industrial americana La sociedad industrial americana
Belle EpoqueLos Años LocosSociedad de Consumo

LA SOCIEDAD MODERNA DEL SIGLO XIX: La segunda revolución industrial ayudó a crear una nueva prosperidad material que llevó a los europeos a creer que eran los heraldos de una nueva «era de progreso». Una característica principal de esta época fue el surgimiento de la sociedad de masas.

Las clases bajas se beneficiaron, en particular, con el derecho al voto, un más alto nivel de vida y nuevas escuelas que les proporcionaban un ápice de educación. Nuevas formas de transportación masiva, como trenes y barcos, combinadas con nuevos modelos de trabajo, permitieron que grandes cantidades de personas disfrutaran de excursiones de fin de semana a los parques de diversiones y a los lugares de descanso situados a las orillas del mar, y participar de las nuevas actividades de entretenimiento.

En 1871, el Estado nacional tuvo que concentrarse en la vida de las personas. Las reformas liberales y democráticas ofrecieron nuevas posibilidades para que se diera una mayor participación en el proceso político, aunque las mujeres todavía eran, en gran medida, excluidas de él. Después de 1871, el Estado nacional también comenzó a extender sus funciones más allá de los límites anteriormente establecidos.

Temerosos del crecimiento del socialismo y de los sindicatos, los gobiernos intentaron apaciguar a las clases trabajadoras adoptando medidas de segundad social como la protección contra accidentes, enfermedad y vejez. Estas medidas de bienestar social fueron de alcance limitado, y sus beneficios resultaron escasos, pero señalaron una nueva dirección de la acción estatal en beneficio de sus masas de ciudadanos. La legislación de las medidas de salud pública y de vivienda, diseñadas para frenar las peores enfermedades de la vida urbana, fue otro indicador de la forma en que el poder del Estado podía utilizado para beneficiar al pueblo.

La extensión de las funciones del Estado se llevó a cabo dentro de una atmósfera de creciente lealtad hacia la nadar. Después de 1871, las naciones-Estado buscaron cada vez mas solidificar el orden social y ganar una lealtad y un apoyo a activo de sus ciudadanos, cultivando deliberadamente los sentimientos nacionales.

Pero esta política contenía grandes peligros potenciales, pues las naciones habían descubierto, una vez más, que las aventuras imperialistas y los éxitos militares podían inflamar las pasiones nacionalistas y aminorar el malestar político interno. Pero, asimismo, descubrieron que los sentimientos nacionalistas podían provocar intensas rivalidades internacionales que hacían casi inevitable la guerra.

La llegada de la industria transformó a la sociedad occidental, en lo que los historiadores han denominado ‘modernización’ y que implicó nuevas formas de vida económica e institucional, una mejor educación y un mayor aparato estatal, pero, por sobre todo, una acelerada urbanización. En la década de 1860, la mayoría de los habitantes de Estados Unidos y Europa occidental vivía en aldeas y en granjas; hacia 1914 la mayoría lo hacía en pueblos y ciudades.

El vertiginoso crecimiento de las ciudades fue acompañado por una revolución en la estructura social de Europa. No sólo más personas compartían ahora la vida urbana; la mayoría de ellas llegó a conformar el nuevo proletariado producido por la industrialización. A la tradicional clase trabajadora de artesanos se unió un ejército de obreros semicalificados y no calificados de la construcción, el transporte y la industria. Enfrentados al nuevo sistema económico, los trabajadores empezaron a unirse en sindicatos y movimientos políticos que aspiraban a mejorar los salarios y las condiciones de trabajo.

Asimismo, emergió una nueva clase media, dedicada a prestar servicios y administrar la industria y el comercio modernos, ansiosa por ascender en la escala social y deseosa de mejorar y modernizar las ciudades. Esta nueva clase media llegó progresivamente a suplantar tanto a los antiguos y letrados habitantes de las ciudades (el clero, abogados y profesores) como a la vieja aristocracia, que se cambió rápidamente de una agricultura con pérdidas a astutas inversiones en transporte o industrias, y convenientes matrimonios burgueses, asegurándose, por consiguiente, un asiento en los concejos de administración.

Las ciudades mostraron, además, otros cambios. La educación era ahora más fácil de impartir y, a la vez, más necesaria debido a la demanda por una clase trabajadora alfabetizada y una burocracia capacitada. En la mayoría de los países, la educación obligatoria para los niños menores fue introducida por ley; el número de estudiantes que asistían a las escuelas secundarias aumentó en forma espectacular.

Respecto a la vida cultural de Europa en las décadas que precedieron a 1914 reflejaba tensiones dinámicas similares. El advenimiento de educación masiva produjo, en consecuencia, un mayor número ciudadanos bien informados, pero también facilitó que los gobiernos de los países agitaran a las masas mediante llamados nacionalistas a través del nuevo periodismo masivo.

Al mismo tiempo, a pesar de la apariencia de progreso, los filósofos, escritores y artistas europeos creaban modernas expresiones culturales que cuestionaban las ideas y los valores tradicionales y provocaban de manera progresiva una crisis de confianza. Antes de 1914, muchos intelectuales sentían inquietud por la dirección que había tomado la sociedad, acompañada de un sentimiento de catástrofe inminente.. Estos pensadores demostraron ser extraordinariamente proféticos.

Podemos asegurar que antes de 1914, la mayoría de los europeos aún creía en los valores e ideales generados por la Revolución Científica y la Ilustración. Razón, ciencia y progreso eran palabras importantes en el léxico europeo. La capacidad del ser humano de superarse a sí mismo y lograr una — ex -sociedad parecía quedar totalmente demostrada por el mejoramiento del nivel de vida, las mejoras urbanas y la educación masiva. Productos de la tecnología moderna tales como la luz eléctrica, el fonógrafo y el automóvil reforzaron el prestigio popular de la ciencia y la fe en la capacidad de la mente humana de comprender el universo mediante el uso de la razón.

A fines del siglo XIX, sin embargo, una transformación dramática en el reino de las ideas y de la cultura puso a prueba muchas de estas suposiciones. Un nuevo concepto del universo físico, una evasión hacia los puntos de vista irracionales, alternativos, de la naturaleza humana y formas radicalmente innovadoras de expresión literaria y artística, sacudieron las antiguas creencias y abrieron el camino hacia una conciencia moderna. Estas nuevas ideas apelaban a un estado de confusión y ansiedad que se agudizaría después de la Primera Guerra Mundial.

La ciencia era uno de los pilares mas importantes sobre los que se basaba la concepción optimista y racionalista del mando, compartida por la mayoría de los occidentales, durante el siglo XX. Supuestamente basada en hechos concretos y en la razón fría, ofrecía cierta certeza en el orden de la naturaleza que les resultaba reconfortante a muchos para quienes las creencias religiosas tradicionales habían perdido significado.

Una gran proporción de ellos creía ingenuamente que la aplicación de las leyes científicas ya conocidas daría a la humanidad una comprensión completa del mundo físico y una imagen exacta de la realidad. La física moderna alteró drásticamente esa perspectiva, a través de una nueva física que explicaba la naturaleza de la materia a nivel atómico, conocida como teoría cuántica y de la teoría de la relatividad de Einstein, que describía un universo cerrado y finito totalmente distinto al conocido hasta esa época.

Por lo tanto el optimismo no estaba fuera de lugar para la mayoría de los europeos. Aunque la pobreza y las privaciones estaban generalizadas (lo que conducía a los nuevos ricos a sentir un creciente temor y desconfianza por la clase trabajadora), los 30 años anteriores a 1914 fueron testigos de un gran desarrollo en los estándares de vida, oportunidades y expectativas. Ya fuera por la popularidad de los nuevos diarios, o el furor por la bicicleta o el surgimiento del teatro popular y la revista, el crecimiento industrial y urbano había dado paso a la era del consumo masivo y la cultura de masas.

Por primera vez, los europeos estaban casi en su mayoría libres de necesidades. Podían alimentarse bien e, incluso, les sobraba dinero en el bolsillo para esparcimiento y placeres, para casa y vacaciones, para vestuario y adornos. El costo de los alimentos, que había absorbido antes una porción muy importante del ingreso semanal de las clases trabajadoras, disminuyó en forma increíble: en Gran Bretaña, el precio de una hogaza cayó de 1 chelín con 5 peniques en 1870 a 4 peniques en 1904.

El menor costo de los alimentos se logró gracias a la creación de una nueva red de transporte, rápida y segura, que permitía desplazar cargas pesadas a través de distancias muy largas. La adopción de la máquina de vapor en la construcción de barcos durante los inicios del siglo XIX revolucionó el transporte marítimo. Los primeros barcos de vapor operaron fundamentalmente en estrechas vías fluviales interiores (hubo un servicio regular por el río Hudson desde 1807), donde los veleros siempre habían experimentado grandes dificultades; poco tiempo después, se construyeron vapores oceánicos, primero de madera y luego de hierro. Ello hizo posible aumentar el tamaño y la velocidad de los navíos.

En tierra, la máquina de vapor hizo posible los ferrocarriles. Ya existían cerca de 700 Km. de vías férreas hacia la década de 1820 en Inglaterra, pero la mayoría de ellas eran utilizadas por vagones tirados por caballos para transportar carbón a distancias cortas desde una mina hasta un canal. Sin embargo, en 1825 se abrió una línea comercial para locomotoras de vapor entre Stockton y Darlington y varias otras rutas de viajes frecuentes estaban en funcionamiento hacia 1838, fecha en que Birmingham y Londres fueron finalmente unidos por el ferrocarril.

EL ASCENSO DE EE.UU.: Entre 1860 y 1914, Estados Unidos pasó de ser un país eminentemente agrario a una potencia industrial. La industria pesada estadounidense no tenía rival en 1900. En ese año, la Carnegie Steel Company por sí sola produjo más acero que la totalidad del complejo industrial siderúrgico de Gran Bretaña.

La industrialización condujo también a la urbanización. Mientras que ciudades establecidas como Nueva York, Filadelfia o Boston crecían cada vez más, otras de menor extensión, como Pittsburgh, se desarrollaron a pasos agigantados a causa de la industrialización. Mientras 20 por ciento de los estadounidenses vivía en ciudades en 1860, más de 40 por ciento eran ya pobladores urbanos en 1900. Cuatro quintas partes de quienes originaban el crecimiento poblacional en las ciudades provenía de la migración. Entre ocho y diez millones de estadounidenses se trasladaron desde las zonas rurales a las grandes ciudades, mientras que catorce millones de extranjeros pasaron a formar parte de la población de ese país.

En 1900 Estados Unidos se había convertido en el país más rico de la Tierra, y en la mayor potencia industrial. Sin embargo, quedaban por resolver diversas cuestiones relacionadas con la calidad de vida de los estadounidenses. En 1890, 9 por ciento de los más ricos poseía la increíble proporción de 71 por ciento de la riqueza del país. Las jornadas laborales sin descanso, en condiciones deplorables de salubridad, una estricta disciplina de trabajo y devastadores ciclos periódicos de desempleo lograron que los trabajadores se organizaran.

A principios de nuestro siglo, una organización nacional, la Federación Estadounidense del Trabajo, surgió como órgano representativo de los trabajadores. Su falta de poder real, sin embargo, queda reflejada por el número de sus miembros. En 1900 incluía únicamente 8.4 por ciento de la fuerza laboral de la industria estadounidense.

Durante la denominada era progresista, a partir de 1900, una oleada de reformas invadió a lo largo y a lo ancho todo Estados Unidos. En el plano estatal, los gobernadores reformistas trataban de lograr un gobierno sin tacha, mediante la introducción de elementos de democracia directa, tales como los comicios primarios para la selección de los elegidos para la administración pública. Los gobiernos estatales promulgaron también leyes económicas y sociales, como las que regían para los horarios laborales, salarios y condiciones de trabajo, en especial para las mujeres y los niños. La comprobación de que las leyes estatales eran ineficaces para controlar los problemas nacionales, condujo a un movimiento nacional denominado Progresista.

La Ley de la Inspección de la Carne y la de Pureza de los Alimentos y los Medicamentos proporcionó cierto grado de restricciones y reglamentación federal contra las prácticas industriales corruptas. La presidencia de Woodrow Wilson (1913-1921) fue testigo de la creación del impuesto federal graduado sobre la renta y del establecimiento del Sistema de la Reserva Federal, que permitió al gobierno central desempeñar un rol trascendente en las decisiones económicas relevantes, previamente elaboradas por los banqueros. Al igual que las naciones europeas, Estados Unidos poco a : adoptaba políticas que extendían las funciones del Estado.

 Fuente Consultada:
Historia Mundial y Contemporánea 1° Año Polimodal Eggers-Brass-Gallego
Civilizaciones de Ocicidente Tomo B Jackson Spielvogel
Historia El Mundo Contemporáneo
Polimodal A-Z El Mundo Contemporáneo Felipe Pigna y Otros