Indio Gerónimo

Pieles Rojas Historia Costumbres Vida y Religión

Pieles Rojas, Su Historia
Costumbres Vida y Religión

Antes de la llegada de los europeos habitaban América unas cuatrocientas grandes tribus de indios. Vivían principalmente de la caza, aunque también cultivaban algunos productos. Después del descubrimiento de América, los colonos impusieron a los indios pesados trabajos. Cuando se constituyó en país independiente, Estados Unidos tendió a la coexistencia pacífica con los indios; pero, en el siglo XIX, la afluencia de adelantados al oeste trajo consigo incontables conflictos y se establecieron las primeras «reservas». En la actualidad, los indios buscan cada vez más integrarse en la sociedad moderna.

Cuando los primeros europeos abordaron el continente americano vivían dispersas en él unas cuatrocientas tribus. El norte extremo lo habitaban los esquimales, que llevaban allí una existencia nómada y bastante primitiva y carecían de otra organización social distinta de la familia.

Los pieles rojas, por el contrario, conocieron una organización neolítica que heredaron de sus antecesores. Encendían fuego golpeando uno contra otro dos pedazos de sílex, empleaban utensilios de piedra, confeccionaban cestos y adiestraban a los perros convirtiéndolos en animales domésticos. No eran muy numerosos; se estima que hacia el año 1600 había en América unos ochocientos mil pieles rojas, doscientos cincuenta mil de los cuales, aproximadamente, residían en la región situada entre la costa del Atlántico y el Mississipí.

Eran tribus reducidas, todavía más debilitadas por sus luchas intestinas. Los de las «cinco naciones», los iroqueses, eran de entre todos los más poderosos. Al norte y al oeste de su territorio residían sus mayores enemigos: los hurones y los álgonquinos. Estas dos tribus habitaban los bosques que pueblan la región de los grandes lagos. Su civilización se caracteriza por el hecho de que conocían los metales y practicaban la alfarería. Además de ellos, las tribus más conocidas del sureste de Estados Unidos eran los creek, los cherokees y los seminóla, en tanto que el oeste lo poblaban los piute, los siux y los cheyenne.

En todas esas tribus encontramos una especie de literatura primitiva constituida por relatos relacionados con los dioses y los antepasados y que se transmitían de padre a hijo. Poseían cierta organización política, principalmente confederaciones de tribus.

De todas maneras poca es la historia que nos ha llegado de los pueblos pieles rojas de Estados Unidos llamados así, no por el color de la tez, sino porque era de un subido color rojo la pintura con la que se maquillaban para entrar en combate. Pero los restos de alfarería primitiva encontrados en Norteamérica, conforme a los estudiados con las modernas técnicas del carbono 14, nos hablan de asentamientos nativos anteriores a los pieles rojas, hacia el 30.000 a.C, mas poco se sabe sobre el origen de estos antiguos habitantes de América del Norte.

En cuanto a los actuales pieles rojas, se sustenta la teoría de que provenían de Asia, de la que emigraron a través del estrecho de Behring. Los rasgos mongólicos más pronunciados entre los esquimales, están menos acentuados entre estos pueblos pieles rojas, tal vez por la mezcla con los primigenios nativos a los que aludíamos antes.

Cuando se habla de la cultura azteca, maya, inca o aymará, se piensa de inmediato en colosales pirámides, en imponentes templos astrológicos, en culturas cosmogónicas y sociales de tal envergadura que asombraron -y alarmaron- a los europeos conquistadores recién llegados. Frente a tanta imponencia y avance cultural, la civilización de los pieles rojas de Norteamérica aparece deslucida o de menor envergadura.

Cuando llegaron los primeros colonos, las tribus que vivían hacia el este ide Norteamérica, como los algonquinos, iroqueses y hurones, habían formado un consejo de cinco naciones coaligadas, una especie de unión panamericana de piele rojas de la zona oriental, con un gran jefe, el cacique Hiawatha, a la cabeza.

Aldea de pieles rojos constituida por tiendas típicas. En círculo, alrededor del fuego, se encuentran reunidos en Consejo los ancianos de la tribu.

Se ha comprobado que existían 12ramas lingüísticas, cada una tan diferente de las demas como pueden serlo hoy el alemán y el persa, el ruso y el castellano, o el inglés y el italiano. Además de esas 12 ramas se hablaban dialectos varios, de tal suerte que al llegar el hombre blanco, había alrededor de 2.000 lenguas habladas por los primitivos americanos pieles rojas.

Vivían en las tiendas llamadas tipi, hechas con cueros de bisonte, sosten idas poi 3 o 4 palos. Otras tribus fabricaban casas rectangulares, hechas de ramas, hojas y paja, llamadas wigwan o también hagan entre los navajos.

Pieles Rojas Sitting Bull

Sitting Bull, célebre jefe siux

ORGANIZACIÓN SOCIAL
Los pieles rojas estaban divididos en diversas tribus, cada una de las cuales tenía su propia tradición y sus leyes, f hablaba un dialecto a menudo incomprensible para las otras. En casos de especial necesidad, algunas tribus se reunían en confederaciones.

La tribu era gobernada por un jefe, que, no obstante, no tenía autoridad absoluta. Él era, más que otra cosa, un jefe guerrero y el ejecutor de la voluntad del pueblo. Los ancianos de la tribu, reunidos en torno al fuego del Consejo, expresaban su voluntad.

La contemplacíón de la naturaleza invitaba a los indios a recogerse en meditación y plegaria: ello los movía e elevar su corazón a Dios.

En algunas tribus, y en casos excepcionales, también participaban de estas reuniones las mujeres y los jóvenes. Pero prevalecía siempre el parecer de los ancianos, más ricos en experiencia y, por ende, más sabios. Una vez tomada una decisión, todos la acataban.

El jefe de la tribu mantenía su cargo mientras la edad se lo permitía. Luego, él mismo designaba su sucesor, que podía ser su hijo o su hija. Este nombramiento debía ser aceptado por todos los notables de la tribu, es decir, por los guerreros que habían realizado el mayor número de hazañas gloriosas. Si éstos indicaban como jefe sucesor a otro guerrero que había demostrado ser más valeroso que el heredero legítimo, este último debía, sin más, cederle el título.

Tabajaban la tierra y cultivaban maíz, tabaco, zapallo, yucas, porotos, pero también sacaron de ella plata y turquesas. Durante los siglos que duró la i«(Ionización española, los navajos atacaron los centros poblados en busca de caballos, bebidas y mujeres, pero en el año 1860, EE.UU. ocupó la región de Arizona y Nuevo México.

En 1864, Kit Carson con sus tropas derrotó a los navajos en la célebre batalla de Bosque Redondo en Nueva México. En 1868 establecían una reserva para ellos en Arizona, donde tuvieron una suerte muy dura por la escasez y pobreza de las tierras. La población navaja asciende hoy a 100.000 personas, y viven en una comarca que apenas aporta alimentación para 35.000.

Hasta hoy la mayoría de los nombres de estados y ciudades en EE.UU. conservan o derivan de nombres del idioma indio: Dakota, significa «aliados»; Oklahoma, «el pueblo rojo»; Iowa, «los dormidos»; Kansas, «una brisa cerca del suelo; Kentucky, «el suelo oscuro y sangriento; Illinois, «la tribu de los hombres perfectos»; Texas, «amigos»; Idaho, «buenos días»; y Mississippi, «padre de las aguas».

En la frontera con California hay varias reservas de tribus indias: arapahos hacia el oeste, apaches y navajos hacia el noreste en los límites del territorio de Nueva México. Hasta el día de hoy hay localidades, dentro del mismo estado de Arizona, que llevan nombres de distintas tribus que fueron los primitivos y auténticos habitantes de esta región: Coconinos al norte; en el centro Yavapai (Aguas claras). Incluso el nombre de Cochise que fue el caudillo que educó al famoso indio Jerónimo, figura al sur del estado de Arizona, en el 1 imite con México.

Una forma habitual para comunicarse entre las tribus eran las señales de humo que se lograban colocando una manta en forma intermitente sobre una fogata encendidacon madera verde para que les asegurara un buen fuego con humo.

Una tribu de cualquier clase estaba constituida por varios clanes y en cada uno de ellos regía un anciano magistrado elegido por el clan en cuestión, llamado Sachem. Pero a su vez, los jefes guerreros de cada clan eran los Natani, elegidos en ceremonias sagradas. Varios Sachem formaban un Consejo de Ancianos o Jefes Mayores, los que eran comandados por un gran cacique. La categoría de estos últimos se destacaba por el revestimiento de ornamentos de plata y cuentas de arcilla y piedras coloreadas alrededor del cuello, pero sobre todo por el típico tocado confeccionado con plumas de águila.

Cada guerrero de cualquier tribu podía ataviarse con plumas de águila de acuerdo a los coups o encuentros con enemigos armados como él, en las frecuentes guerras entre tribus rivales. Así como un piloto de la RAF, durante la última guerra mundial, solía pegar una cruzde hierro en la carlinga de su avión por cada aeronave nazi derribada por él, también en la misma forma los guerreros pieles rojas, contabilizaban por cada coups una pluma timonera de águila.

Las plumas recortadas de cuervo indicaban que había sido herido en acción. También se diferenciaban los guerreros pieles rojas con los de otra tribu por la colocación de las plumas, como los clanes escoceses en la elección de los colores y el dibujo de las telas. Pero siempre las plumas del cóndor y el águila eran las favoritas, pues eran aves que estaban más cerca del cielo y de los dioses y simbolizaban el acuerdo del hombre con Manitú.

Los hombres que oficiaban de curanderos-chamanes de la tribu, denominados Wakan, llevaban el cabello recogido con un moño y sus revelaciones y consejos eran escuchados y seguidos respetuosamente por el resto de la tribu. También oficiaban de sacerdotes para casar a las parejas.

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Muerte del  general  Custer  (1876);
episodio de la  lucha entre blancos y pieles rojas

RELIGIÓN
«Padre mío, que estás en todas partes, y por quien estoy vivo: tal vez ha; sido Tú quien, por obra de los hombres, me has colocado en esta situación pues eres Tú quien lo dispone todo. Y como nada es imposible para Ti, líbrame de mis enemigos, si lo consideras justo. Y ahora, a vosotros todos, peces de los ríos, pájaros del cielo y animales que corréis sobre la Tierra, y a ti, oh Sol, os ofrezco este mi caballo. Vosotros, pájaros del aire, y vosotros, habitantes de la pradera, sois mis hermanos, porque un solo Padre nos ha creado, y veis cómo soy infeliz. Entonces, si tenéis algún poder ante el Padre, interceded por mí.»

Esta hermosa plegaria fue pronunciada por un indio de la tribu de los pawnees, cuando se hallaba en una situación desesperada. En ella encontramos no sólo la expresión de fe en un Dios, padre justo y amoroso de todas las criaturas, sino también el sentido de una profunda resignación a la voluntad divina y el concepto de la omnipresencia de Dios.

Las diferentes tribus pieles rojas llamaban al Gran Espíritu Creador con distintos nombres: «Manitú» (Gran Manito), los algonquines; «Wakonda los síux; «Yastasinane» (que significa «capitán del cielo»), los apaches. Además, veneraban todas las manifestaciones de la naturaleza: el Sol, la Luna, el Aire, el Agua, el Fuego. A estas fuerzas misteriosas dedicaban largas oraciones silenciosas, o ritos complicados y enigmáticos, como la Danza del Sol. que bajo la guía de los hechiceros, a veces se prolongaban durante días.

GUERRAS
» Apesar de tantas luchas, he tenido la suerte de no derramar nunca la sangre de una mujer o de un niño, ni siquiera involuntariamente». Así se expresaba Gerónimo, un gran jefe apache, dando fin a la narración de sus aventuras guerreras.

Las tribus pieles rojas guerreaban frecuentemente entre sí por los motivos más fútiles. Bastaba que dos tribus se encentraran simultáneamente en un mismo territorio de caza para que la guerra fuera inevitable. Sin embargo, fueron combatientes leales: ni las mujeres ni los niños de los vencidos eran nuertos; los prisioneros eran respetados, y los tratados, aunque  solo  fueran  verbales,  se observaban escrupulosamente.

Para algunas tribus, como los apaches, los comanches y los siux. la guerra no era más que un tipo particular de caza que concluía con la captura de los caballos de la aldea atacada. Prestamente, la ilustración representa un método empleado por los comanches para atacar de sorpresa a una aldea. Los jinetes se mantenían agarrados al cuello de los caballos, escondiéndose tras uno de sus flancos, y se acercaban al poblado simulando ser ana manada en pastoreo. Luego, de improviso, los guerreros se erguían decididos y se lanzaban denodadamente al ataque.

LA    CAZA
El otoño era la estación de las grandes cacerías. La tribu se trasladaba continuamente en busca de manadas de búfalos, que galopaban hacia el sur. Había manadas tan numerosas que a veces se extendían hasta sesenta kilómetros, y ccntinuaban pasando durante cinco días seguidos. Los jinetes se situaban en los flancos de la manada, y sus flechas, casi siempre certeras, se clavaban en la juntura del lomo de los bisontes. Un procedimiento más audaz para abatir a la presa era saltar de la grupa del caballo sobre la del risonte y clavarle un cuchillo en la garganta.

Los pieles rojas sabían utilizar la carne y otras partes de este animal. Con la piel aún cubierta de pelos, hacían camas, mantas y capas. Después de haberla raspado la usaban para fabricar tiendas, piraguas, escudos, ropa y calzado. Los huesos servían para preparar utensilios (palas, arpones, puntas de flechas, agujas, ornamentos); los tendones y los intestinos eran transformados en cuerdas para arcos, lazos y ataduras; los cuernos hacían las veces de recipientes; los cascos daban una gelatina que se empleaba como cola; el cerebro servía para el curtido de las pieles.

LAS    DANZAS
Los pieles rojas fueron famosos, además, por las fantásticas danzas que ejecutaban en distintas ocasiones. Había danzas de carácter religioso que servían para solicitar al Gran Espíritu una lluvia, una caza abundante, o la victoria en la guerra. Otras danzas, que se ejecutaban inmediatamente antes de una batalla, tenían por objete exciear a los guerreros para la pelea. A menudo, en la excitación los guerreros se excedían; el resultado era, así, opuesto al deseado, pues llegaban a la batalla físicamente extenuados. Otro tipo de danza, que tenía carácter de espectáculo, consistía, generalmente, en la narración mímica de una  hazaña guerrera.

PARA SABER MAS…
Las religiones: Como todos los pueblos antiguos, no sólo de América del Norte, Centro y Sur, sino de Europa, Asia u Oceanía, la figura del sol era tan importante como la de la Luna. Se le adjudicaba al primero la jerarquía, la cacería, la acción de la naturaleza, el cacique, la paternidad, mientras que la segunda estaba parangonada con la noche, el reposo, las aguas, los misterios, la maternidad, el medicine-man (wakan). También adoraban al viento y al rayo al que temían y representaban como una culebra en movimiento, por ello muchas tribus se abstenían de matarlas. Más bien las veneraban y danzaban como los Hopi en ceremonias mágicas y secretas.

Creían que existíaun Gran Espíritu y también otros menores que vivían en cada hombre, en cada animal, lago, árbol, pasto y hasta en las piedras.

Así, para los espirituales indios Hopi, el monte era sagrado y el mundo material y su relación con los espíritus no tenían fronteras limitantes. Cualquier terrón de la tierra era sagrado y como tal habitado por seres sutiles, Además del Sol y la Luna existían las Personas de los Hombres, las Personas de la Tierra, las Personas del Agua, y las Personas del Viento. Esto último coincide con las leyendas de las culturas europeas y orientales sobre los genios que habitan los distintos elementos (hadas, salamandras, sílfides, elfos, etc.)

Entre los zuñies y pawnees, existía la creencia de que las sombras que dejaban en el suelo al caminar, eran sus almas y que cuando fallecían se reunían en un lugar desolado al que ningún miembro vivo de la tribu podía acceder.

Todos los muertos hacían un  largo viaje hacia los cielos y formaban juntos la Vía Láctea, cualquiera hubiera sido su rol en la vida. Las estrellas brillantes, sin embargo, eran los espíritus de los bravos guerreros que cabalgaban, por siempre, los campos celestes del Gran Manitú.

El hombre blanco al llegar a América descubrió muchas cosas importantes y cubrió otras de miseria y olvido. Pero entre las primeras, encontró un verdadero tesoro de leyendas: mellizos que viajaban al sol, aves que raptaban a hermosas doncellas, mujeres arañas librando gente de un diluvio. Al igual que otros escritores o narradores de mitos del resto del planeta, estos pieles rojas contaban la creación del mundo: como se descubrió el fuego, como brotaron las plantas y fueron creados los hombres.

Pero los mitos que los conquistadores escucharon y perpetuaron no eran simples fábulas. Eran herencia sagrada que explicaban las fuerzas de la naturaleza y daban un contenido vital a los cantos y danzas primigenias del ceremonial religioso piel roja. (Fuente: Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona)

Ver: Los Bisontes de la Pradera Norteamericana

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Ilustrada Tomo III Los Pieles Rojas
Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona

La Conquista del Oeste en Estados Unidos EE.UU. El ferrocarril

La Conquista del Oeste en Estados Unidos EE.UU – El Ferrocarril

La frontera del Oeste» avanza

Adams El grandioso sueño de Adams (imagen) se realizaría. El más importante capítulo de los comienzos de la Historia norteamericana, después de la independencia y de la guerra de 1812, es el «nacimiento del nuevo Oeste”. Federico Jackson Turner describe de este modo aquella marcha progresiva: La frontera de la colonización roturó la selva virgen, empujando a los indios cada vez más hacia el poniente y ganando sin cesar nuevos territorios para la civilización.

En otro tiempo, aquella “frontera” o línea de demarcación se hallaba relativamente próxima a las costas orientales. Durante los primeros decenios del siglo XIX se desplazó hacia el Lejano Oeste a un ritmo cada vez más rápido y se constituyeron e integraron nuevos estados:

En nueve años solamente, de 1812 a 1821 la Unión se enriqueció con Luisiana, Indiana, Mississippi, Illinois, Alabama y Missouri. Con anterioridad ya había absorbido Kentucky, Tennessee y Ohio. Se fundaron ciudades que hoy son conocidas en el mundo entero: Pittsburg, con sus casi 12.000 habitantes entonces, se convirtió en la ”puerta del Oeste” y San Luis, en centro de los nuevos territorios incorporados. Un representante del Oeste declaraba triunfante: El valle del Mississippi nos pertenece por entero!”.

Pero el poniente al que nos referimos podía ser llamado aún el Wild West, el Oeste salvaje. Los dos tercios del actual territorio de los Estados Unidos estaban todavía en poder los pieles rojas: «un inmenso desierto se extendía desde los Grandes Lagos al Pacífico”. La gran migración de blancos hacia el Oeste coincidió con un importante cambio en la vida económica de los Estados Unidos.

Hasta entonces, los comerciantes de la costa atlántica vendan a los europeos las materias primas americanas e importaban productos netos manufacturados, pero los electos de la creciente industrialización repercutirían también en América. Los ingleses no podían mantener ocultos los secretos de sus métodos de fabricación y la orilla del Atlántico se convirtió en teatro de un desarrollo tan rápido y febril como el de la Gran Bretaña. Los americanos Cotos— (royeron gran numero de fábricas y revolucionaron a su a su vez los sistemas de transporte trazaron canales, los primeros ferrocarriles, y pronto los primeros barcos de vapor.

Entretanto, la gran marcha hacia el Oeste proseguía incansable, Las máquinas, sobre todo las de la industria textil, exigían cada vez mayores contingentes de materias primas; los americanos eran de día en día más numerosos y se sentían atraídos por la llamada del Oeste, dispuestos a probar fortuna en selvas y praderas, donde la tierra se obtenía aún gratuitamente o con escaso esfuerzo. Estos pioneros, adelantados o precursores, se dedicaban principalmente al cultivo del algodón, pues la demanda era considerable, no sólo en Inglaterra y en el continente europeo, sino en las propias comarcas orientales de los Estados Unidos.

El algodón se convirtió en factor primordial del poderío económico, y al mismo tiempo en una importante motivación social; consolidó la esclavitud y la amplió en territorios cada vez más vastos. En las plantaciones se empleaba casi exclusivamente mano de obra de gentes de color; los más antiguos estados del Sur intuyeron el enorme provecho que podrían obtener vendiendo esclavos a los nuevos territorios del Oeste, y de este modo se originó el más grave y espinoso de los problemas de la historia americana del siglo XIX. Fue ésta, en frase de Adams, la primera página de una gran tragedia.

Ciertamente, el nuevo Oeste pronto ejercería poderosa influencia en el seno de la Unión. Personificado pos Andrew Jackson, el ideal democrático de los primeros pioneros fue el elemento determinante en el transcursos de la evolución interna de América hasta mediado de siglo.

LA EXPANSIÓN AMERICANA HACIA EL OESTE:
En 1837, más de medio siglo después de la guerra de independencia, la Nueva Guía del Oeste, escrita por Peck, mostraba esta imagen del avance sobre las tierras que se encontraban más allá de los Apalaches.

«Como las olas del océano, sobre los asentamientos del Oeste se abatieron tres oleadas diferentes. Los primeros en llegar fueron los pioneros cuyas familias, para subsistir, dependían básicamente del crecimiento espontáneo de la vegetación, y de los recursos de la caza. Sus utensilios agrícolas eran rústicos, de fabricación casera fundamentalmente, y sus esfuerzos se encaminaban sobre todo a conseguir una cosecha de maíz y un pequeño huerto […]. Construían sus cabañas y las ocupaban hasta que la vegetación comenzaba a desaparecer y la caza escaseaba.

La siguiente oleada […] compró tierras, añadió un campo a otro, desbrozó los caminos, construyó rústicos puentes […] levantó casas con troncos de madera y ventanas de cristal y chimeneas de ladrillo o piedra, […] montó talleres y edificó escuelas, tribunales, etc., ofreciendo la imagen y las formas de una vida civilizada, sencilla y frugal.

Irrumpió la tercera oleada. Llegaron los capitalistas y los empresarios […]. La pequeña aldea creció hasta convertirse en pueblo o en ciudad […] surgieron grandes edificios de ladrillo, dilatados campos, huertas, jardines, colegios e iglesias. Y se pusieron de moda los tejidos de algodón, los sombreros de paja y la cintas, y todo tipo de refinamientos […]. Una oleada tras otra avanzaba hacia el Oeste; e auténtico El Dorado siempre estaba más allá.»

Citado por W. P. ADAMS.
Los Estados Unidos de América.
Madrid, Siglo XXI, 1979.

El ferrocarril en el Lejano Oeste americano
En Estados Unidos y Canadá el trazado de las redes ferroviarias se hizo en gran parte a través de tierra virgen, para evitar al máximo las limitaciones impuestas por la propiedad privada. Esto trajo consigo el que los ferrocarriles norteamericanos se construyeran con uno de los gálibos de carga más generosos del mundo, a pesar de haberse adoptado el ancho de vía normal de 1,435 m.

En el Oeste, las líneas se tendieron en campo abierto, haciéndose las ciudades después del ferrocarril y no a la inversa. Muchas de estas líneas convergieron en Chicago, que llegó a ser el nudo ferroviario más importante del mundo. El 9 de mayo de 1869 se clavó un tirafondo de oro para celebrar la terminación del primer ferrocarril transcontinental.

Hacia 1850 había unos 10.460 Km. de líneas férreas en Gran Bretaña. En el resto de Europa, la mayoría de los ferrocarriles eran propiedad del Estado. Las líneas se construyeron atendiendo a razones estratégicas o económicas y, en conjunto, resultó una red menos densa, aunque más eficiente.

La Primera Guerra Mundial dejó maltrechos los ferrocarriles europeos, y pasó algún tiempo antes de que se alcanzasen las cotas anteriores al conflicto. Sin embargo, la guerra había impulsado también la producción masiva de vehículos a motor y, por primera vez, se desafiaba la hegemonía del ferrocarril. Durante la crisis mundial de los años 30, había poco dinero para planes de modernización, y sólo algunos países, como Francia y Suiza, hicieron progresos en electrificación. Se realizaron experimentos con tracción Diesel, entre ellos el tren de gran velocidad Hamburguer volador, de Hamburgo a Berlín.

Pero el vapor siguió predominando sobre las demás formas de tracción.
La Segunda Guerra Mundial causó nuevos destrozos en los ferrocarriles europeos, que sufrieron enormes daños durante los bombardeos. En la posguerra, el coche se puso al alcance de muchas familias, a la vez que aumentaba el tráfico de mercancías por carretera. Los ferrocarriles se modernizaron y el vapor fue sustituido por la tracción Diesel y la eléctrica.

PARA SABER MAS…
SÍNTESIS DE LA ÉPOCA

LOS ESTADOS UNIDOS de América eran considerados en el s. XIX la tierra de las oportunidades. En ningún lugar se cumplía tanto esta afirmación como en los territorios del oeste, popularmente conocidos como el Lejano Oeste. Era un territorio sin ley habitado por gentes violentas. El gobierno abarataba estas tierras para potenciar que los americanos del este decidieran trasladarse allí. Este lugar actuó como un imán para los inmigrantes que llegaron a Estados Unidos entre 1830 y 1910.

COMUNIDADES AGRÍCOLAS
Los exploradores y los primeros pobladores de los territorios fronterizos habían abierto rutas en el interior del oeste americano, pero los agricultores que se establecieron en los territorios fueron los que aseguraron la completa dominación europea en el continente. Miles de familias que viajaban en caravanas en dirección oeste formaron comunidades agrícolas en las tierras que les cedió el gobierno. La garantía de obtener tierras muy baratas repercutió negativamente en los indígenas, que fueron brutalmente expulsados de sus territorios ancestrales.

PROSPERIDAD AGRÍCOLA
Gracias a su determinación y al extenuante trabajo, los colonos americanos lograron hacer de esta tierra una zona agrícola extremadamente fértil. Al norte del Medio Oeste crecían las cosechas, mientras que en las zonas del sur se criaba ganado. A finales de siglo, Estados Unidos era la primera potencia agrícola.

FIEBRE DEL ORO DE CALIFORNIA
Los colonos no fueron los únicos que se establecieron en el oeste. La fiebre del oro de California (1848-49) llevó hacia allí a miles de personas que ansiaban obtener dinero fácil. La fiebre del oro finalizó pronto, pero muchos de los buscadores se establecieron definitivamente en California. Antes de que esto ocurriera, el estado no estaba habitado por europeos, pero se fue convirtiendo gradualmente en el más poblado y rico de la Unión.

VAQUEROS Los recién llegados más famosos fueron los vaqueros, que reunían al ganado que pastaba en las enormes extensiones del oeste americano. Tejas se convirtió en el territorio de los ranchos, mientras que los vaqueros se concentraron más al norte. Las grandes manadas de ganado eran conducidas desde Tejas a las estaciones de Kansas y Abilene, desde donde se distribuían hacia el este y Europa.

Esta operación requería hombres duros que pudieran montar durante muchos días sin parar. La época dorada de los vaqueros no duró más de 30 años, de 1860 a 1890, hasta que los pastizales fueron vallados por los prósperos rancheros. A pesar de durar tan poco tiempo, los vaqueros se convirtieron en personajes legendarios.

LA ERA DEL VAPOR El crecimiento del oeste americano se cimentó sobre la revolución de los medios de transporte. El desarrollo de un extenso sistema de canales y ríos navegables fue el primer paso. Pero el factor fundamental para la apertura comercial del Oeste fue la introducción del ferrocarril. Este transporte facilitó el desplazamiento rápido y barato de miles de personas que, una vez allí, generaron efectivos métodos agrícolas y ganaderos. Los americanos explotaron en seguida las posibilidades del ferrocarril.

En 1869 se inauguró una línea que unía los estados costeros del este con California. Veinte años después, Estados Unidos contaba con más kilómetros de vía férrea que todos los países de Europa juntos. Los exploradores descubrieron el Lejano Oeste, los colonos lo habitaron, pero fue el ferrocarril el que lo hizo prosperar.

Fuente Consultada:
Revista Enciclopedia El Árbol de la Sabiduría Fasc. N°55 La Revolución Científica