Ing. José Antonio Balseiro

Primer Ingeniero de Argentina Luis Huergo

Primer Ingeniero de Argentina Luis Huergo

Luis Augusto Huergo
Agrimensor e Ingeniero Civil
1837 – 1913

Este prestigioso y famoso personaje fue el primer ingeniero de Argentina, nacido el 1 de noviembre del 1837. Terminó en el año 1862 la carrera de agrimensor en el Departamento Topográfico de Buenos Aires.

Huergo nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1837. A los 15 años de edad, viajó a los Estados Unidos de Norteamérica para cursar estudios en el Colegio de Santa María de Maryland, en el cual la enseñanza estaba a cargo de sacerdotes jesuitas. De regreso en el país, cinco años después, prosiguió su formación en el Departamento Topográfico de Buenos Aires, donde se graduó como agrimensor en 1862.

En 1866, cuando el rector Juan María Gutiérrez creó la carrera de ingeniería civil en la Universidad de Buenos Aires, Huergo decidió seguirla y, cuatro años más tarde, con una tesis sobre Vías de comunicación, se transformó en el primer egresado.

Apenas diplomado, el gobierno de la provincia de Buenos Aires comisionó al ingeniero Huergo para contratar y fiscalizar en Inglaterra la construcción de 118 puentes que luego se instalaron en la provincia. En 1872 fue Huergo elegido senador provincial.

Más tarde se le encarga proyectar el aumento del caudal del Salado, con canales procedentes de los ríos Tercero, Cuarto y Quinto. Luego estudió y proyectó un tramo del ferrocarril Pacífico -Buenos Aires a Villa Mercedes- y el puerto de San Fernando con un dique de carena que fue el primero construido en el país. A principios de 1876 fue nombrado, por concurso, director de las Obras del Riachuelo.

Este era, un precario arroyo surcado por pequeñas embarcaciones. Huergo lo transformó en un puerto cuya capacidad de anclaje fue creciendo hasta poder recibir barcos de gran tamaño, que años antes debían fondear a varios kilómetros de la costa.

Sin duda, la mayor obra de Luis Augusto Huergo, el primer ingeniero recibido en la Universidad de Buenos Aires, se vincula con sus proyectos para dotar a la misma, de un puerto digno de las necesidades del creciente tráfico marítimo. En 1881 propuso el proyecto más completo de la época: un puerto para la misma.

Al año siguiente Eduardo Madero presentó una propuesta alternativa que Huergo juzgó muy inconveniente. Sin embargo, en diciembre de 1884 el Gobierno Nacional se decidió por el proyecto de Madero, que el tiempo ha demostrado lo costoso y dificultoso del sistema adoptado.

Por la misma época, Huergo proyectó el Dock Sur del Riachuelo, el ensanche de la ciudad de Córdoba y la irrigación de sus altos y con su intervención se duplicó la capacidad de embalse del Dique San Roque. Proyectó también obras portuarias y sanitarias de la ciudad de Asunción del Paraguay y su famoso canal de navegación de Córdoba al río Paraná.

Si bien la navegación interior del país fue una de las preocupaciones de Huergo, fruto de sus estudios es que se encarara la canalización del río Bermejo, no debe de dejarse de mencionar los realizados sobre la cuenca hullera y carbonífera de Mendoza, en especial de Salagasta. Don Luis A. Huergo es llamado el primer ingeniero argentino; y se debe a su antigüedad, a su calidad científica, a su autoridad técnica-moral y a la belleza de su espíritu.

ALGO MAS…

En 1874 fue designado Consejero Académico de la Facultad de Matemáticas y en 1891 fue nombrado decano de la Facultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales. Por encargo del gobierno de la Provincia de Buenos Aires realizó el estudio del régimen del Río Salado (provincia de Buenos Aires) y de los ríos Tercero, Cuarto y Quinto (provincia de Córdoba).

Estudió y construyó el ramal ferroviario Buenos Aires-Villa Mercedes (San Luis), así como el dique comercial de San Fernando (provincia de Buenos Aires). En 1876 fue designado por concurso director de obras del Riachuelo, para el cual presentó el proyecto de la construcción del Dock Sud que luego llevó a cabo.

También presento en Córdoba un proyecto para la construcción de un canal navegable, desde el río Primero al Paraná, que desemboca a la altura de San Lorenzo. Sus últimas actividades profesionales las realizó al frente de las explotaciones petrolíferas de Comodoro Rivadavia.

También ocupó otros cargos: Intendente general de Guerra, ministro de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires, delegado al Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires.

Fue fundador y presidente de la Sociedad Científica Argentina, presidente de la Sociedad de Ingenieros Civiles y del Centro Argentino de Ingenieros. Presidió el Primer Congreso Científico Internacional Americano realizado en 1910, reunido con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo.

Desarrollo de la Ciencia en Argentina Primera Universidad Cientifica

Desarrollo de la Ciencia en Argentina: Primera Universidad

Desarrollo de la ciencia en Argentina
Los primeros pasos

Si bien durante la época colonial hubo manifestaciones científicas individuales (observaciones astronómicas y naturales, relevamientos cartográficos, etc.), la aparición de investigadores e instituciones científicas en nuestro país está ligada a la creación de los primeros centros educativos y universidades.

La primera universidad que se creó en nuestro territorio fue la de Córdoba, cuyos orígenes se remontan a la primera mitad del siglo XVII. Sin embargo, sus estudios incluían aspectos de la ciencia tan sólo en el marco de la filosofía. La Escuela de Náutica, creada por Manuel Belgrano en 1799, fue el primer instituto educativo ligado a la ciencia. Su misión era formar navegantes y cartógrafos y a tal efecto se dictaban cursos de trigonometría y geometría, entre otros.

Virrey VértizOtra institución vinculada a la ciencia fue el Protomedicato, creado en 1779 por iniciativa del virrey Vértiz con el fin de certificar la idoneidad de los médicos que atendían la salud de la población. Incluyó una escuela de medicina que comenzó a funcionar en 1801.

Con la Revolución de Mayo se popularizaron las ideas de Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia, quienes veían en la educación, la ciencia y la tecnología un factor determinante de progreso. En 1816 comienzan los cursos de la Academia de Matemática, creada en 1813.

Una Facultad de Medicina que comenzó a funcionar en 1815 con el nombre de Instituto Médico-Militar ocupó el lugar de la escuela del Protomedicato, que había dejado de funcionar. Es durante la presidencia de Rivadavia, en 1821, que se crea la Universidad de Buenos Aires.

La estructura de la universidad incluía seis departamentos, entre los que se contaba uno de medicina y otro de ciencias exactas. A ella se anexaron los institutos existentes, como la Academia de Matemática y el Instituto Médico-Militar.

Durante este período también se funda el Museo Público de Buenos Aires , en 1823. En él se exponen los importantes hallazgos fósiles de Francisco Javier Muñiz, el primer naturalista argentino.

En esta misma época se registra la actuación de dos relevantes naturalistas extranjeros: Amado Bonpland, quien se radica en el país en 1817, y Charles Darwin, quien visita estas tierras entre 1831 y 1835, durante un viaje de estudios.

Después de un período de poca actividad científica y cultural, signado por las luchas internas, la ciencia cobra impulso a fines de la década del ’50 del siglo pasado.

El destacado paleontólogo y zoólogo alemán Carlos Burmeister se hace cargo, en 1862, de la dirección del Museo Público de Buenos Aires, transformándolo en verdadero impulsor de la investigación científica.

observatorio astronomico en argentinaEn 1873 comienza a funcionar la Academia de Ciencias de la Universidad de Córdoba, creada por el presidente Sarmiento.

De este modo la ciencia, que hasta entonces había estado ausente de sus aulas, entra plenamente a ellas.

La Academia realiza importantes trabajos en ciencias naturales, especialmente en botánica y geología. También se debe a Sarmiento la creación en Córdoba, en 1871, del Observatorio Astronómico Argentino. En él se hicieron importantísimas contribuciones al estudio del cielo austral. (imagen: gentileza http://wwww.hoylauniversidad.unc.edu.ar)

Un hecho relevante fue la creación de la Sociedad Científica Argentina, en 1872, por iniciativa de estudiantes y profesores del Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires.

La Sociedad se transformó en tribuna de debate científico y órgano consultor del gobierno en aspectos científico-tecnológicos. Fue importante el apoyo prestado por la Sociedad a los estudios geográficos, que conduce a la fundación, en 1879, del Instituto Geográfico Argentino.

El último acontecimiento relevante del siglo XIX es la creación de la Universidad de La Plata, en 1897. Originalmente provincial es nacionalizada en 1905 y se le anexan, entre otras instituciones, el Observatorio Astronómico de La Plata, creado en 1882, y el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, que data de 1884. Hasta su incorporación a la Universidad, el museo fue dirigido por Francisco P. Moreno, a quien se le debe su existencia y cuya colección había sido enriquecida con sus propios hallazgos.

Moreno hizo importantes aportes de carácter arqueológico, paleontológico y antropológico al conocimiento de la Patagonia y los lagos del sur de nuestro país.

Otro naturalista notable de esa época fue Florentino Ameghino. Vinculado al Museo de La Plata, aunque brevemente, hizo grandes aportes a la sección de paleontología.

Sus descubrimientos fósiles y trabajos de interpretación fueron fundamentales para la comprensión de la prehistoria de nuestro país. A partir de 1906 funciona el Instituto de Física de la Universidad de La Plata, que pronto alcanza renombre mundial por la calidad de sus trabajos.

La Ciencia en la Actualidad: (Ver Organismos Científicos Argentinos)
Entre 1930 y 1960 aparecen las instituciones que conducen al progreso científico en nuestros días.

En 1933 se crea la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, entidad privada que, con recursos propios y de algunas fundaciones, otorga becas externas e internas para el estudio de las ciencias.

En 1958 se forma el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Ha concedido becas para la realización de trabajos de investigación o perfeccionamiento y, en 1960, creó la Carrera del Investigador Científico, que ha permitido el trabajo de muchos investigadores de todas las áreas de la ciencia.

La Comisión Nacional de Energía Atómica, que data de 1950, es una institución que cubre las tres áreas de la ciencia.

En ella se realizan trabajos de física básica: física nuclear, del estado sólido, etc.; de física aplicada: ingeniería nuclear, aplicaciones de radioisótopos, etc., y también desarrollos tecnológicos: centrales nucleares, procesamiento de uranio, producción de agua pesada, etc.

En las ciencias químicas cabe destacar el papel que desempeña la Asociación Química Argentina, nacida en 1912 y que ha organizado reuniones científicas y editado varias publicaciones.

Con el auspicio de la Fundación Campomar se creó en 1947 un centro de estudios bioquímicos, que ganó renombre internacional bajo la dirección de Dr. Luis F. Leloir, quien, en 1970, recibió el Premio Nobel de Química por sus trabajos sobre los hidratos de carbono.

En el campo de las investigaciones biológicas se destacó el Dr. Bernardo Houssay, quien en 1919 fundó el Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires y se desempeñó como su primer director.

Rápidamente cobró prestigio internacional por sus trabajos sobre la función de la hipófisis y las glándulas suprarrenales, el metabolismo hidrocarbonado y la patogenia de la diabetes. Estos últimos le valieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1947.

Dos instituciones desarrollan una constante labor en favor de la tecnología. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), creado en el año 1956. agrupa institutos de investigación y centros experimentales en todo el país. Su función es prestar apoyo a la producción agropecuaria, mejorando los productos y rendimientos.

El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) se crea en 1958 y es su cometido aportar respuestas a problemas técnicos o de materiales que puedan ser de interés para la industria local.

SIGLO XXI:
Actualidad: E
l desarrollo científico y tecnológico de un país se vincula estrechamente con el industrial y con el humano.

Algunas personas sostienen que la Argentina es un país pobre y que invertir en investigación científica y técnica es un lujo. Por supuesto, nuestro país no está en condiciones de realizar inversiones como las de los países más desarrollados.

Pero si comparamos la inversión que hace la Argentina y la que hacen países como Brasil, Chile o México, notamos que en los últimos veinte años nuestro país ha sido largamente superado por aquéllos.

También se suele afirmar que el desarrollo de la ciencia y la  tecnología no es una necesidad para un país cuyo papel tradicional ha sido la de manufacturar y exportar productos agropecuarios. Sostener esto es desconocer las contribuciones que dicho desarrollo puede ofrecer al desarrollo económico y social. En el terreno de la agricultura, las investigaciones científicas y tecnológicas pueden ayudar a diversificar la producción y a volverla más competitiva.

El problema no pasa sólo por la cantidad de dinero que se invierte en dicho desarrollo sino también por definir hacia dónde se dirige esa inversión. Es claro que la Argentina no tiene una política clara en este aspecto pues aún el Estado no se ha ocupado de trazar prioridades de investigación. Pero señalar prioridades no significa afirmar que algunas disciplinas científicas sean más importantes que otras.

De lo que se trata es de jerarquizar áreas de interés para el país y establecer líneas prioritarias de investigación, con enfoques que combinen los conocimientos de diferentes disciplinas. El Desarrollo Humano integral sería la meta de esas líneas prioritarias. Así, habría que definir áreas de interés en el campo de la salud, el medio ambiente, la producción agropecuaria y la industrial, teniendo en cuenta nuestra realidad nacional y los problemas del desarrollo a escala regional y provincial.

EL SATÉLITE SAC-C
Nuestro país tiene un Plan Espacial Nacional — «Argentina en el Espacio 1995-2006″— que establece los objetivos que deben orientar el trabajo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae). Como componente fundamental de ese plan, se deben realizar proyectos satelitales que cumplan el objetivo de «proveer a través de misiones satelitales propias, las plataformas, cargas útiles y servicios para satisfacer requerimientos específicos de nuestro país en las áreas de tele-observación, comunicaciones y ciencias básicas, que no se ven satisfechos por la oferta de sistemas existentes».

A partir de este objetivo, la Conae llevó adelante el diseño, construcción y puesta en órbita del SAC-C, el primer satélite argentino de observación de la Tierra, cuyo lanzamiento se produjo el 21 de noviembre de 2000, con un lanzador Delta 7320, desde la Base Aérea de Vandenberg, en California, Estados Unidos.

Este satélite cumple funciones muy importantes: produce imágenes del territorio que pueden ser utilizadas para la agricultura y para el estudio del medio ambiente terrestre y marino.

Además, permite estimar con precisión los alcances de catástrofes naturales o provocadas por el hombre y aporta materiales para realizar estudios científicos y tecnológicos que, entre otras cosas, contribuirán a mejorar el diseño y la fabricación de nuevos satélites.

El satélite se controla desde el Centro Espacial Teófilo Tabanera, ubicado en Córdoba. Allí se reciben los datos que envía el satélite y se los distribuye entre los usuarios.

Desde el punto de vista productivo, el aspecto interesante de este proyecto es la articulación entre una decisión de un agencia del Estado nacional -la Conae– y varias empresas del país, que son las que construyeron el satélite.

El principal-contratista es el Invap, una empresa de alta tecnología, encargada de la construcción del satélite propiamente dicho y de algunos de los instrumentos que contiene y que permiten realizar las observaciones y la transmisión de datos.

INVAP es una empresa creada, por convenio entre la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina y el Gobierno de la Provincia, de Río Negro. Su sede principal se encuentra en San Carlos de Bariloche y ocupa a 360 empleados de manera, directa y a más de 700 si sumamos a los de las empresas asociadas, contratistas y proveedores.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
ORDEN CRONOLÓGICO DEL DESARROLLO CIENTÍFICO EN EL SIGLO XIX:

Los comienzos: Después de Caseros, y fundamentalmente, después de Pavón, se inició en la Argentina una nueva etapa en que la ciencia adquirió los caracteres de la organización actual.

Los estudios astronómicos y físicos se iniciaron en la Universidad de La Plata, adquiriendo de inmediato los físicos una elevada jerarquía científica, pues la Universidad contó desde 1906 con un Instituto de Física bien provisto e instalado científicamente, cuya misión fue «fomentar el estudio de las ciencias físicas y crear un personal competente para que pueda utilizar todas las materias primas y las energías naturales del país. Desde 1909 estuvo bajo expertas direcciones : su fundador, el emi nente físico Emil Hermann Bose y su sucesor, Richard Gans, que impulsaron la investigación científica a una altura que valió al Instituto un justo renombre internacional.

El Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, inició sus tareas en 1866. En 1869 egresaron los doce primeros ingenieros que tuvieron una actuación destacada en la docencia y la ciencia.  Podemos destacar a Valentín Balbín, que trató de introducir conceptos matemáticos modernos. Fundó y dirigió una «Revista de matemáticas elementales», que se proponía difundir las matemáticas en el pafs y estimular a la juventud en la investigación.

A mediados de 1873 se funda la «Academia de ciencias de Córdoba«, con el auspicio de la presidencia de Sarmiento y bajo la dirección de Burgmeister. Era una organización científica sostenida por el gobierno de la Nación con los siguientes fines: servir de consejo consultivo al gobierno en los asuntos referentes a las ciencias que cultiva el instituto; explorar y estudiar el país en todas las ramificaciones de la naturaleza; y hacer conocer los resultados de sus exploraciones y estudios por medio de publicaciones. Con esta organización, el centro de gravedad de los estudios de la Academia se centraban en la ciencia natural, y fue en ésta donde se concentró la labor más importante.

Fueron las ciencias geológicas las que recibieron el mayor impulso de los hombres de la academia. Uno de sus miembros fundadores, Alfredo Stelzner, en  los pocos años que residió en la Argentina realizó dos largos viajes por el noroeste y  el oeste, que le permitieron reconocer las grandes unidades geológicas de los terrenos observados. Stelzner dejó instalado el Museo mineralógico de la Universidad de Córdoba. El sucesor de Stelzner fue Luis Brackebusch que realizó estudios geológicos y mineralógicos en las provincia de Córdoba, Catamarca, Salta y Jujuy y publicó el mapa geológico de la Argentina al millonésimo.

A Oscar Doering se deben numerosas observaciones meteorológicas, hipsométricas y magnéticas, además de la propuesta de crear en 1882 un Observatorio Magnético Nacional de acuerdo con las sugestiones del Congreso Internacional de Meteorología de 1879.

A mediados de 1872 un grupo de profesores y estudiantes del Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires resuelve fundar una «Asociación Científica» que recibe el nombre de «Sociedad Científica Argentina» y cuya finalidad principal será la de fomentar de manera especial el estudio de las ciencias materna ticas, físicas y naturales, con sus aplicaciones a las artes, la industria y las necesidades de la sociedad.

Esta Sociedad fue en sus comienzos la única tribuna científica argentina y el único centro de consulta de los gobiernos de la Nación y de la Provincia. Sus primeras actividades fueron variadas y fecundas: además de conferencias, dictámenes, sobre temas científicos y de actualidad, en 1875 creó un Museo, organizó ese mismo año un concurso de trabajos para promover el adelanto de las ciencias y su cación a la industria nacional, y contribuyó a la realización de viajes y exploraciones geográficos.

Entre estos podemos citar los viajes a la Patagonia de Moreno en 1873 y de Ramón Lista en 1877.Las primeras ciencias que se organizaron, definitivamente en la Argentina, fueron las ciencias naturales y la astronomía. Las ciencias naturales encontraron su habitat científico en los grandes museos que se organizaron después de la unidad nacional.

En 1854 se fundó la Asociación Amigos de la Historia Natural del Plata, con el objeto de reorganizar el decadente Museo de Buenos Aires, su promotor y secretario, Manuel Ricardo Treiles, se encargó del Museo y confeccionó los primeros catálogos de las colecciones que desde entonces comenzaron a reunirse, a través de donaciones o adquisiciones. En 1862 se hace cargo de él Carlos Burgmeister, sabio conocido por sus trabajos paleontológicos y zoológicos.

En poco tiempo convirtió la desordenada reunión de materiales en colecciones científicas que, especialmente la paleontológica, adquirió muy pronto gran incremento y hasta celebridad mundial. Burgmeister no fue un maestro en sentido estricto, pero su obra de investigador y organizador fue tan importante para la Argentina como la de un jefe de escuela. Además del Museo de Buenos Aires, tuvo a su cargo la organización de la Academia de Ciencias y las publicaciones de ambas instituciones.

El Museo de La Plata que forma con el de Buenos Aires la pareja de centros más importantes para el estudio y la investigación en el campo de las ciencias naturales, vincula su origen al nombre de Francisco P. Moreno, naturalista argentino que se formó bajo las guías de Gutiérrez y Burgmeister.

Su pasión de coleccionista se enderezó hacia las ciencias naturales y en 1872 instaló un museo propio, con una rica colección de carácter arqueológico, antropológico y paleontológico. Más tarde inició viajes por el interior del país, en especial por la Patagonia. Con el material coleccionado, el museo alcanzó la cifra de 15.000 piezas, que Moreno ofreció a la provincia de Buenos Aires, creándose así en 1877 el Museo antropológico y Arqueológico de Buenos Aires.

Cuando el gobierno provincial se trasladó a La Plata, se decidió crear allí un nuevo museo sobre la base del de Moreno, naciendo el Museo de La Plata, en 1884, cuyos primeros elementos los constituyeron las colecciones del Museo Antropológico, más las colecciones reunidas posteriormente y la rica biblioteca de Moreno.

El Museo de La Plata cobró bajo la dirección de Moreno una intensa actividad científica y sólidos prestigios. En 1889 se instaló en su edificio y en 1890 inició la publicación de sus Anales y de la Revista del Museo, mientras incorporaba a su seno una serie de naturalistas extranjeros que organizaron sus distintas secciones: geología y mineralogía, zoología, botánica, antropología, arqueología y etnografía y cargografía.

El tercero de los grandes museos argentinos es el Museo Etnográfico, fundado en 1906 y organizado por Juan B. Ambrosetti, naturalista que se ocupó de zoología y paleontología.

De sus investigaciones arqueológicas en la zona del noroeste argentino, sobresale su descubrimiento en 1908 del Pucará de Tilcara en la Quebrada de Humahuaca, que proporcionó un rico material arqueológico y antropológico. La labor iniciada por Ambrosetti en el Museo y en Tilcara, fue continuada por su discípulo Salvador Debenedetti, pudiendo afirmarse que con estos dos grandes arqueólogos se inicia en el país la exploración arqueológica con criterio científico.

En 1875, Florentino Ameghino hace concocer sus primeras especies nuevas, fruto de sus investigaciones en los terrenos de la pampa. Al año siguiente presenta pa te de su colección en los concursos de la Sociedad Científica junto con una memoria sobre el Cuaternario. Pero la preocupación de los miembros de la Sociedad Científica era el progreso material del país y el aprovechamiento de sus materias primas, y poco interés tenían por restos fósiles y discusiones sobre el cuaternario. Debido a esto, los fósiles de Ameghino sólo merecieron la última de las catorce menciones honoríficas, y la me moría no fue aceptada.

Su estadía como profesor de zoología en la Universidad de Córdoba, la utiliza para estudiar la geología y paleontología de la región. En 1886 fue designado para la sección de paleontología del museo de La Plata. En 1902 es designado como director del museo, cargo que ocupa hasta su muerte.

La obra científica de Ameghino comprende dos aspectos. Por un lado está la labor descriptiva del geólogo, y sobre todo del paleontólogo, de valor perenne e indestructible. Casi el ochenta por ciento de las especies de mamíferos fósiles que describió en su obra de 1889 son descubrimientos propios. Dio un adelanto considerable a la paleontología argentina.

El otro aspecto de su obra está representado por las bases teóricas sobre las que estructuró sus descubrimientos y observaciones y por los funda mentos filosóficos de esas bases. La tesis que sustentó Ameghino y por la que luchó toda su vida, consiste en suponer un origen americano para el hombre y que el suelo argentino, o algún territorio cercano a él, fue la cuna de la especie humana. Esta doctrina implicaba la adhesión a la teoría de la evolución, aun no aceptada por todos los naturalistas.

Ameghino fue un sabio auténtico por el valor de sus investigaciones, por su fe en una teoría revolucionaria que previo duradera y fecunda, por la audacia y vuelo de sus doctrinas, por su adhesión en cuerpo y alma a la ciencia.

EL tercero de los grandes naturalistas de este período fue Eduardo L. Holmrberg, dedicado desde muy joven a la ciencia natural y casi toda su vida a la docencia. debiéndosele el gran impulso adquirido por las ciencias naturales en la Argentina.

Fue un maestro en sentido amplio, ocupándose en sus investigaciones de casi todas las ramas de la ciencia natural y promoviendo y colaborando en todo medio de transmisión y perpetuación de los conocimientos relativos a ella. Contribuyó decisivamente a la fundación en 1911 de la Sociedad Argentina de Ciencias Naturales. Fue el que impulsó realmente el Jardín Zoológico, fundado en 1875 por iniciativa de Sarmiento, pero que cobró vida cuando en 1888 Holmberg asume su dirección.

A los esfuerzos de Sarmiento se debe el nacimiento de los estudios astro-micos en la Argentina. Su proyecto de fundar un observatorio astronómico fue favore cido durante su gestión como ministro argentino en Estados Unidos, donde conoció al astrónomo Benjamín Apthorp Gould, quien expuso a Sarmiento el deseo de realizar una expedición a la Argentina con el objeto de explorar el cielo austral, abrigando la esperanza de que al terminar la expedición el gobierno adquiriese las instalaciones, con el objeto de dejar fundado un instituto científico permanente, como había ocurrido años antes en Chile.

Al asumir la presidencia, una de las primeras medidas de Sarmiento fue la creación de un observatorio nacional invitando a Gould para que organizara y dirigiera esta institución. Por razones astronómicas se eligió como lugar del futuro observatorio las proximidades de la ciudad de Córdoba, y éste se inauguró en 1871. Como la mayor parte de los observatorios activos del hemisferio norte están en una zona desde la cual la mayoría de las estrellas australes es invisible, el observatorio de Córdoba vino a completar esta gran carencia en la astronomía universal.

Junto a los estudios astronómicos y meteorológicos, se organizáronlos estadios geográficos. En 1879 se fundó el Instituto Geográfico Argentino que contribuyó al conocimiento geográfico del país, estimulando o patrocinando viajes y exploraciones. Hacia 1884 se fundó la más importante de las instituciones nacionales vinculada a los estudios geográficos y afines : el Instituto Geográfico Militar.

Los estudios médicos fueron los primeros que se organizaron después de Caseros, a través de una escuela de medicina que se mantuvo separada de la Universidad hasta su integración en 1874. Con los estudios médicos está vinculada una de las grandes figuras públicas argentinas : Guillermo Rawson.   Fue el primer profesor de higiene iniciándose con él los estudios de esta disciplina, en especial con carácter social y vinculados con el aspecto demográfico.

También para los estudios jurídicos el período de la organización nacional es un período brillante, ya que en él logra el derecho argentino sus realizaciones más importantes; la Constitución del 1853 y los Códigos.  La codificación nacional se iniciódespués de Pavón, En 1862 se adoptó como código de comercio el Código provincial re dactado por Palmado Vélez Sarsfield. Al mismo jurista se encomendó la redacción del Código Civil.

Los estudios históricos adquirieron en este período un renovado vigor y florecimiento que abarcó todos los aspectos de esta disciplina : desde la recopilación de fuentes y elaboración de grandes obras históricas, hasta el establecimiento de instituciones destinadas a favorecer estos estudios y a conservar los recuerdos del pasado.

En 1889 nace el primer museo histórico argentino con el fin de reunir los recuerdos del pasado diseminados en los museos públicos o en manos de particulares.

La crisis del noventa :
A partir del noventa, y durante tres décadas el florecimiento científico cuyo climax se había producido en la presidencia de Sarmiento, se desvanece y la ciencia pura sufre un estancamiento, que sé refleja en numerosos síntomas : las instituciones científicas y universitarias vegetan, merman sus publicaciones, las instituciones dedicadas a la investigación se ven descuidadas por el fobierno. Este estancamiento de la ciencia pura está en oposición al impulso recibido por la economía y la técnica.

Los estudios económicos entran en el campo de la Universidad, aparecen instituciones y publicaciones de índole técnica, se promueven las obras públicas.

Este contraste entre una ciencia pura estancada y en decadencia y una técnica en plena actividad y florecimiento es el síntoma revelador de la llamada «crisis del «noventa» en el campo del pensamiento científico. Se puso de manifiesto cómo, en pos de un afán utilitario y de un interés material, y al compás de un aluvión inmigratorio creciente, las actividades técnicas y económicas se impusieron y absorbieron las intelectuales, posponiendo toda preocupación hacia la ciencia pura y trabando toda iniciativa en favor de las, investigaciones desinteresadas.

Se cayó en el error de adoptar y absorber las aplicaciones de la ciencia antes que la ciencia misma. Esta postura frente a la ciencia se modificará a mediados de la segunda década del siglo XX.

Fuente Consultada:
El Desarrollo Humano en la Argentina del Siglo XXI UNICEF – UNDP – Ministerio de Educación , Ciencia y Tecnología
HISTORIA ARGENTINA E HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN Manual de Ingreso 1977 – Tomo 2 – Dieguez-Pierini-Laplaza

Organismos Cientificos Argentinos Y Sus Funciones

Ciencia Argentina: Sus Organismos Científicos Y Sus Funciones

Instituciones relacionadas con la investigación científica y tecnológica
En nuestro país existen numerosas instituciones públicas y privadas dedicadas a la investigación en Ciencias Biológicas o en sus diferentes campos de aplicación.Entre las Instituciones públicas, cabe destacar el importante papel que lleva adelante el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

CONICET
Esta institución fue creada en el año 1958 por iniciativa del doctor Bernardo Houssay, como un organismo autárquico bajo dependencia de la Presidencia de la Nación. En la actualidad, el CONICET se encuentra en la órbita de la Secretaría de Ciencia y Tecnología. Dentro de las funciones de este organismo se puede destacar la de fomentar y subvencionar la investigación científica y tecnológica, y las actividades, tanto en el sector público como en el privado, que apuntan al avance científico y tecnológico en el país, al desarrollo de la economía nacional y al mejoramiento de la calidad de vida.

De los más de 3000 investigadores del CONICET de todo el país, aproximadamente 1200 se dedican a temas relacionados con las Ciencias Biológicas, la Medicina, la Bioquímica, la Veterinaria o las Ciencias Agrarias.

Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)
Es una dependencia autónoma de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, que se encuentra bajo la órbita del Ministerio de Economía de la Nación. Fue creado para «impulsar y vigorizar el desarrollo de la investigación y extensión agropecuarias y acelerar con los beneficios de estas funciones fundamentales la tecnificación y el mejoramiento de la empresa agraria y de la vida rural».

Dentro de las unidades operativas del INTA, se encuentran 13 Institutos de Investigación, reunidos en tres centros: Centro de Investigaciones en Ciencias Veterinarias, Centro de Investigaciones de Recursos Naturales, Centro de Investigaciones en Ciencias Agropecuarias. En ellos, trabaja un nutrido grupo de investigadores relacionados con el campo de la Biología, especialmente la aplicada a las tareas de preservación y mejoramiento de las especies utilizadas en la alimentación humana.

Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambiente
Existe un amplio grupo de organismos dependientes del Estado nacional dedicados a la investigación y prevención de problemáticas ambientales.
Los que se mencionan a continuación dependen del Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambiente.
Dirección de calidad ambiental. Entre sus proyectos y programas se puede mencionar el de Evaluación de Impacto Ambiental. Algunos objetivos de este programa son promover un Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental de gestión descentralizada y participativa, y revisar los estudios existentes de impacto ambiental.

Dirección de Fauna y Flora Silvestre. Sus proyectos se relacionan con la investigación acerca de animales y vegetales autóctonos, con la finalidad de preservarlos y promover la explotación racional de las especies. Un ejemplo es el proyecto de Seguimiento Satelital de la Ballena Franca Austral. El objetivo del mismo es conocer las rutas migratorias y áreas de alimentación de la especie, su comportamiento de alimentación y su comportamiento de natación y buceo. Este proyecto se realiza en coordinación con la Dirección de Recursos Ictícolas y Acuícolas y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).

Dirección de Recursos Forestales Nativos. Entre sus programas se puede citar el Programa Nacional Bosques Modelo. Algunos de sus objetivos son coordinar las tareas inherentes del Programa Bosques Modelo del país, servir de enlace con la Red Internacional de Bosques Modelo, asistir en el diseño de propuestas y facilitar la búsqueda de financiamiento a las propuestas de Bosques Modelo del país.

Otros organismos que dependen del Ministerio de Desarrollo Social y Medio
Ambiente son los siguientes:
• Dirección de Conservación del Suelo
• Dirección de Recursos Icticólas y Acuícolas
• Dirección de Tecnología, Procesos y Servicios Ambientales
• Dirección Nacional de Desarrollo Sustentable
• Dirección Nacional de Ordenamiento Ambiental » Dirección Nacional de Ambiente Humano

Entre otros organismos del Estado nacional dedicados a la misma problemática se encuentran:

• Administración de Parques Nacionales (Secretaría de Turismo)
• Comisión Nacional de Energía Atómica (Secretaría para la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Productiva)
• Centros Regionales del INTA
• Departamento de Oceanografía (Armada Argentina)
• Dirección de Aprovechamientos Hidráulicos (Ministerio de Infraestructura y Vivienda)
• División de Prevención del Delito Ecológico (Policía Federal)
•> División Protección Ambiental (Policía Federal)
« Instituto Antártico Argentino (Ministerio de Defensa)
• Instituto Geográfico Militar (Ministerio de Defensa)
• Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Ministerio de Economía)
• Instituto Nacional del Agua y del Ambiente (Ministerio de Infraestructura y Vivienda)

PARA SABER MAS…
Un Poco de Historia
La Ciencia en el Siglo XX :

No es fácil precisar cuáles fueron las causas que modificaron el panorama científico argentino a mediados de la segunda década de este siglo, cabe sí señalar algunos sucesos contemporáneos.

En el orden nacional se produjo el advenimiento del radicalismo al poder con el consiguiente cambio en la clase dirigente y la fisonomía politica del país.

En el orden internacional, a la repercusión de la guerra mundial se agregó el impacto de la Revolución Rusa. Ambos órdenes de hechos influyeron en la reforma universitaria de 1918 que proporcionó a la Universidad un ritmo más ágil y eficaz al abrigo del cual la ciencia argentina adquiriría nuevos bríos.

Junto con la Sociedad Científica Argentina, que prosiguió con su labor incentivadora del quehacer científico, aparecieron otras instituciones privadas cuyo objetivo es su progreso.

En 1933 se crea la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, que realiza su labor a través de la concesión de subsidios y el otorgamiento de becas internas o externas.

Desde 1945 publica la revista mensual Ciencia e Investigación, con el fin de despertar el interés por la ciencia y estimular el desarrollo de la investigación científica.

Otra institución privada que propende al adelanto y desarrollo de la ciencia, es el Colegio Libre de Estudios Superiores. Su actividad comprende cursos, confereri cias y seminarios.

Como factores generales estimulantes del progreso de la ciencia, podemos considerar además al intercambio cultural y el apoyo oficial.

A la Comisión Nacional de Cultura, actualmente reemplazada por la Dirección General de Cultura del Ministerio de Educación, se le encomendó el otorgamiento de becas de perfeccionamiento científico y premios a la producción científica.

A partir de 1950 se intentó promover oficialmente la investigación científica a través de distintos organismos. Esta política sólo adquirió forma y eficiencia con la creación, a principios de 1958, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

El progreso alcanzado por los estudios matemáticos en la Argentina durante este siglo, se debe en gran parte a la labor realizada por el matemático español Julio Rey Pastor. Casi todas las universidades del país disponen de centros de estudios matemáticos, de los cuales, varios de ellos editan publicaciones referidas a esa especialidad.

El Círculo Matemático del Instituto Nacional del Profesorado Secundario es la institución privada más antigua dedicada a esta especialidad.

La importancia de los estudios matemáticos en la Argentina se ha puesto de manifiesto con la creación, en 1958, por la Universidad de Buenos Aires, con el auspicio de la UNESCO, de un Centro Regional de matemáticas para América Latina, que desarrolla su labor mediante la actuación de expertos y becarios.

En 1925 se creó un Instituto de Física en la Universidad de Tucumán. En 1955 la Comisión Nacional de Energía Atómica organizó en Bariloche un Instituto de Física cuya finalidad es la formación de investigadores en el campo de la física.

La Comisión Nacional de Energía Atómica, creada en 1950, desarrolla una seria labor de invetigación, aun en campos no estrictamente vinculados con su función específica.

El Núcleo de Física creado en 1942 y que posteriormente tomaría el nombre de Asociación Física Argentina, está destinado al estímulo de los estudios de la física moderna.

Durante este siglo, ha ido en aumento el desarrollo de los estudios químicos, en especial por sus aplicaciones a la biología, la medicina y la industria.

Entre las instituciones oficiales se cuentan el Instituto de Investigaciones Científicas y Tecnológicas fundado en 1929 en la Universidad de Santa Fe, y el Instituto de Investigaciones Micro-químicas de Rosario.

Entre los organismos privados podemos mencionar al centro de investigación creado por la Fundación Campomar que bajo la dirección de Luis Leloir se ha convertido en un centro de estudios bioquímicos de prestigio internacional.

Existen además en el país laboratorios químicos, oficiales y privados que cumplen una función científica dentro de su finalidad específica de fiscalización, control o análisis.

Con la física y con la química está vinculado el vasto campo de la técnica, algunos de cuyos sectores disponen en el país de instituciones y publicaciones que poseen verdadero valor científico.

La labor astronómica continuó desarrollándose en torno a los dos observatorios.

El Observatorio de Córdoba se convirtió en un importante centro científico al asu mir su dirección el físico Enrique Gaviola, pasando del «período astronómico» al «período astrofísico», al inaugurarse en 1942 su Estación Astrofísica en Bosque Alegre, en las Sierras Chicas.

En 1958 colaboró en la instalación de una estación para la observación de los satélites artificiales en la localidad de Villa Dolores.

El Observatorio de La Plata inició una nueva etapa al separarse de la Universidad para convertirse en un establecimiento destinado a la formación de astrónomos y a la investigación.

En el campo de la geografía el aporte más importante está dado por el aporte oficial. Hay que recordar las expediciones a la Antártida, de las cuales la más importante fue la de 1947, y la creación en 1956 del Instituto Antartico Argentino.

Al Instituto Geográfico Militar se le encomendaron los trabajos geodésicos fundamentales y el Le vantamiento topográfico de todo el territorio, junto con la medición de un arco de meridiano a lo largo de todo el país, dispuesta por ley nacional de 1936.

La fisiología es una de las ramas científicas que más se han desarrollado en la Argentina en este siglo. Ese desarrollo se debió en gran medida a la labor de Bernardo Houssay, como investigador y maestro.

En 1919 fundó el Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires. También se debe a su iniciativa y a la de sus colaboradores, la fundación en 1920 de la Sociedad Argentina de Biología.

A partir de 1943 surgieron en el país varios institutos privados dedicados a estos estudios : en ese año el Instituto de Biología y Medicina Experimental dirigido por Houssay; en 1947 el Instituto de Investigación Médica de Córdoba y en 1950 otro análogo en Rosario.

La labor en el campo de las ciencias naturales, polarizada inicialmente alrededor de los grandes museos argentinos, se ha extendido en lo que va del siglo a través de la obra de otras instituciones públicas y privadas.

En el Museo de Buenos Aires, el sucesor de Ameghino fue otro prestigioso científico : Ángel Gallardo, a quien se deben las gestiones que permitieron la instalación del museo en un local más adecuado.

El museo de La Plata se convirtió en 1919 en Instituto del Museo y Escuela Superior de Ciencias Naturales, ampliando su labor científica y su plan de publicaciones.

Es de destacar la labor de tres botánicos que actuaron en este siglo en la Argentina, y cuyos legados dieron lugar a otros tantos institutos destinados especial mente a los estudios botánicos: Spegazzini, Hicken y Lillo. Carlos Spegazzini fue un micólogo italiano que desarrolló en el país una extraordinaria labor en el campo de su especialidad.

Cristóbal Hicken, botánico argentino que organizó un museo y biblioteca que legó con el edificio y el terreno a la Academia de Ciencias Exactas de Buenos Aires, con la condición de que sobre esa base se creara un instituto destinado exclusivamente a la investigación científica, Miguel Lillo, naturalista argentino especializado en dendrología y actuó en Tucumán.

Sobre La Creación del CONICET
Explica Diego Hurtado en su libro «La Ciencia Argentina»:»….Por esos días, luego de un proceso de consulta, que incluyó una encuesta a científicos y profesores universitarios sobre las necesidades del sistema científico, el vicepresidente de facto, Isaac Rojas, se reunió con una delegación de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Allí se acordó la presentación de una propuesta de organización de un consejo de investigaciones. A los pocos días, una comisión especial integrada por Bernardo Houssay, Eduardo Braun Menéndez, Venancio Deulofeu, el químico Abel Sánchez Díaz y Ernesto Galloni entregó un anteproyecto de decreto en junio de 1957 en Casa de Gobierno.

Esta iniciativa incluía la supresión de la DNICyT (Dirección Nacional de Inventigaciones Científicas y Técnicas) y el paso de sus bienes y personal administrativo al nuevo organismo. Este proceso derivó en la creación, en febrero de 1958, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), como ente autárquico dependiente directamente del Poder Ejecutivo.

El CONICET recibió el personal administrativo y los bienes materiales de la DNICyT. El poder ejecutivo designó a los miembros del primer Directorio: Bernardo A. Houssay, Félix González Bonorino, Venancio Deulofeu, Eduardo Braun Menéndez, Fidel Alsina Fuertes, Luis Federico Leloir, Alberto Sagastume Berra, Eduardo De Robertis, Humberto Ciancaglini, Rolando V. García, Ignacio Pirosky, Alberto J. Zanetta, Lorenzo R. Parodi. El contralmirante Helio López también se integró como representante de la JICEFA.

El decreto-ley de creación del CONICET disponía que el director General de Cultura del Ministerio de Educación y justicia integrara el Directorio en representación de los organismos oficiales de cultura del país.

En términos generales, puede pensarse que el conglomerado de las principales instituciones de ciencia y tecnología en la la Argentina de finales de los años cincuenta presentaba cierta coherencia, aunque una mirada más cuidadosa permitía detectar, en el nivel menos visible de la articulación institucional, una seria debilidad.

Instituciones como la CNEA, el Instituto Antartico o CI-TEFA se dedicaban principalmente a cuestiones estratégicas vinculadas a soberanía, defensa, recursos naturales y energía. Por su parte, el INTI y el INTA enfocaban sus actividades en los dos grandes sectores productivos más importantes de la economía argentina: el agropecuario y el industrial.

De esta forma, si bien se contaba con instituciones públicas para cubrir las necesidades de investigación y desarrollo para la industria, el agro, la defensa y la energía nuclear, también era cierto que todas estas potencialidades institucionales del sector público fueron concebidas al margen de las universidades.

En este esquema, por lo menos desde la perspectiva del diseño institucional, las universidades no solo quedaban relegadas a la investigación básica, sino que la ausencia de vínculos formales con el resto de las instituciones de ciencia y tecnología que buscaban dar respuestas a los sectores de la producción y la defensa dejaba librada la agenda de investigación de las universidades a criterios «internos» a la comunidad académica.

Así, si el CONICET había sido concebido para fortalecer la investigación en las universidades, por transitividad también debería enfocarse en un tipo de investigación básica validado por intereses propios de la comunidad académica, consecuencia que además era compatible con la ideología del grupo de científicos que durante el gobierno de Perón había reclamado libertad de investigación.»