Introducción

La Transformación del Tango-Vanguardia y Nuevos Interpretes

Historia del Tango: Vanguardia, Evolución y Actualidad 

Lo que sucedió en el mundo del Tango a partir del comienzo de la década del 60 ha sido por varios años y en diversas oportunidades tema de interminables análisis a manos de los conocedores más expertos del género. 

Después de vivir una época deslumbrante, como lo fue el furor que despertó el Tango durante los 40, y luego de su implacable olvido y decadencia en los años 50, esta manifestación artística experimentó una transformación significativa, que la condujo a la evolución del género de la mano de los más destacados representantes de la corriente. 

Llegaba junto con la década de los 60 un movimiento arrollador con aires de renovación para el Tango, corriente que ha sido denominada «La Vanguardia«, y que fue emprendida por un importante número de músicos independientes, conjuntos y cantores, que intentaron generar una evolución musical del estilo, alejándose para ello de los componentes que pertenecían al Tango clásico de años anteriores.

La transición no sólo incluyó un modo diferente de ver las cosas, intentando descubrir nuevas temáticas y sonoridades a través del cambio en la instrumentación y arreglos de los nuevos y tradicionales temas, sino que también incluyó la incorporación de mayor cantidad de instrumentos.

En la búsqueda permanente de este cambio, existieron una serie de músicos que a través de sus conocimiento y experiencias intentaron cambiar el rumbo de las cosas, entre los que podemos mencionar a Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y Mariano Mores, entre otros.

mariano mores

Mariano Mores

Pero sin lugar a dudas, siempre que se plantea la discusión que gira en torno a los cambios producidos en el Tango a partir de los años 60, surge el nombre de un interprete y compositor que supo llevar al género hasta sus máximos límites. Hablamos, por supuesto de Astor Piazzola. (imagen abajo)

piazolla

Seguramente podemos rastrear aquella necesidad que nació en Piazzolla por cambiar y hacer evolucionar al Tango, ya en los años 40, cuando muy joven aún ingresó a la orquesta de Aníbal Troilo, no sólo como bandoneonista sino también como arreglador. 

troillo

Con una fuerte instrucción en el ámbito de la música clásica, Piazzolla inició lo que podría considerarse un camino sin retorno en la evolución del Tango, mediante la incorporación de verdaderas innovaciones en cuanto al timbre, el ritmo y la armonía del género. 

De esta forma, la figura de Piazzolla se convirtió en centro de las críticas de aquellos músicos pertenecientes a la corriente de la llamada Guardia Vieja del Tango, que no podían tolerar la transformación radical que el músico le impuso a al género, a través de la introducción de disonancias y ritmos marcados y fuertes.

Por su labor, muchos consideraron a Piazzolla como el artífice de la muerte definitiva del Tango, cuando en realidad se trató de un verdadero visionario que dio paso a una nueva generación de interpretes y compositores que mantuvieron viva a la música de Buenos Aires.

A Piazzolla no le importó que un principio su música fuera repudiada, ya que no sólo era atacado constantemente por un sector tradicionalista, que arremetía contra su figura con duras críticas, sino que además sus interpretaciones no se difundía en las las radios y las compañías discográficas no se atrevían a publicar discos del compositor. 

Pero finalmente, Astor Piazzolla logró su cometido, cuando el año 1969 compuso, en un trabajo conjunto con el poeta uruguayo Horacio Ferrer, el primer tango balada, que llevó por título «Balada para un loco», y que luego del estreno de la versión interpretada por la cancionista Amelia Baltar, produjo un éxito arrollador, dando inicio de esta forma al renacimiento del género.

Cabe destacar que para aquella época surgieron a la par importantes compositores e interpretes que supieron darle un nuevo rumbo al Tango, entre los que no podemos dejar de mencionar a figuras de la talla de Eladia Blázquez, el Sexteto Tango, Osvaldo Berlingieri, Ernesto Baffa, Susana Rinaldi, Atilio Stampone y Rodolfo Mederos, entre otros.

susana rinaldi

Susana Rinaldi

Con los años, la escena cultural argentina se modificó drásticamente, y debido a diversos procesos políticos que se vivieron en la década del 70 y del 80, la sociedad sufrió el desapego a las expresiones culturales propias.

Ya en los albores de la década de 1980, nuestro querido Tango volvió a enfrentarse a un nuevo período de decadencia, mucho más profundo que el que se había experimentado en los años 50.

Esto se debió al desinterés que el público comenzó a expresar con respecto al género y sus manifestaciones, lo que condujo al mismo tiempo a la desaparición de las llamadas Orquestas Típicas. 

Si bien una gran cantidad de músicos continuaron su lucha, manteniendo su carrera artística hasta sus últimos días, lo cierto es que en la década de los 80 el país debió sobrellevar el fallecimiento de un importante números de artistas relacionados al Tango, entre los que se incluye la desaparición física de músicos como Hugo del Carril, Edmundo Rivero, Osvaldo Fresedo, Rosita Quiroga, Alberto Marino y Homero Expósito, entre otros.

edmundo rivero

Sin embargo, no todo estaba perdido. Fue durante la década del 90 en que se generó un nuevo movimiento cultural en torno al Tango, y que gracias a la aparición de nuevos compositores e interpretes, tales como Bajofondo Tango Club, Idealtango, Gotan Project y Tanghetto, entre otros, lograron captar la atención de la juventud. 

Así fue que cada vez mayor cantidad de jóvenes se volcaron a disfrutar de este estilo acompasado, por lo general a través del baile, ya que el Tango Danza se convirtió en una nueva moda, que por fortuna se mantiene hasta la actualidad. 

Con la inminente llegada del nuevo siglo, aparecieron en escena nuevas corrientes musicales que se fusionaron con el Tango, dando lugar al nacimiento de variantes tales como el Tango Electrónico o Electrotango, cautivando cada vez más a la juventud. 

El paso de los años y la subsistencia del género en la idiosincrasia y cultura de los habitantes rioplatenses, demuestra que el Tango nunca ha muerto, ya que siempre estuvo presente generando una pasión única y luchando contra las piedras que halló en su camino, para demostrar que existen diferentes maneras de hacer Tango, pero que en definitiva todas son válidas, porque nos permiten volver a nuestras raíces.

Ver: El Tango Evolucion y Origen 

El Tango Caida y Olvido Causas y

Causas de el Desinteres por el Tango

Después de aquella fantástica época de oro que vivió el Tango en sus distintas manifestaciones y llegando a cada uno de los rincones no sólo del país, sino también del mundo, llegó un momento en el que todos pensaron que nada ni nadie podía llegar a arremeter con semejante fenómeno.

Pero las opiniones positivas en cuanto a la permanencia del furor que logró despertar el tango en los años 40 no fueron precisamente profecías de un futuro cierto, y al ingresar en la década de los 50 esta expresión cultural fue desbancada paulatinamente por nuevas corrientes, y sufrió además el agobio de los distintos cambios políticos, culturales y sociales que se vivieron en el país y en todo el mundo.

Así fue que el tango ingresó en una época de escasa popularidad, que lo condujo sin remedio a la decadencia y posterior caída de su liderazgo, a pesar de la constante lucha que mantuvieron un gran número de importantes y prestigiosos representantes de la corriente, dentro de las distintas expresiones artísticas que cultivó el género. 

En plena década del 50, y después de haber gozado de una fama y un éxito mundiales sin precedentes, el Tango debió enfrentarse al fantasma del desinterés, el cual según los expertos apareció en escena debido a una serie de hechos ligados y no al mundo de la música.

Por ello, en nuestro análisis se hace necesario repasar brevemente cuáles fueron las circunstancias que se vivían en distintos ámbitos en la Argentina de los años 50, con el fin de comprender los verdaderos motivos que dieron lugar a la decadencia del tango.

Durante la década del 50 se sucedieron diversos acontecimientos dentro del plano político en la Argentina, con la creación y puesta en funcionamiento de una importante cantidad de leyes que protegían los derechos del obrero, dando como resultado una significativa transición social que llevó a un cambio notorio en la estructura nacional. 

Por otra parte, en el ámbito económico, se desató una inflación que tuvo sus orígenes en el fracaso de la política impuesta a partir de mediados de los años 40, que se basaba en un plan de estatización por parte del Gobierno de turno.

Recordemos, además que en el año 1955 en la Argentina se vivió el tercer golpe de estado a manos de autoridades militares, la tan conocida época de la «Revolución Libertadora«, dictadura militar transitoria que derrocó al Presidente Juan Domingo Perón.

Los cambios políticos que se vivieron fueron realmente profundos, y estos a su vez generaron importantes modificaciones en el ámbito social, dentro de los cuales el Tango fue tal vez una víctima del proceso de transformación. Tengamos en cuenta que durante esa época se produjo la desaparición de un gran número de cabarets y clubes dedicados a difundir nuestra música ciudadana.

Otro de los cambios notorios que se produjeron dentro de la década del 50, y que contribuyó en gran medida a la decadencia del Tango, fue sin dudas la aparición de músicos extranjeros en el mercado nacional, que desembarcaron con nuevos géneros musicales que muy pronto lograron cautivar al público. 

Hablamos de un período en que el ritmo desenfrenado y el mensaje rebelde del Rock N’ Roll explotó en todo el mundo, logrando convertirse en el medio ideal de expresión y canalización de los más jóvenes, no sólo a través de la música, sino también imponiendo su moda y sus códigos, con el objetivo de generar una verdadera revolución musical y cultural, que estaba encabezada por excelentes artistas de la talla de The Beatles. 

A partir de allí, y también con la llegada de otros géneros musicales, tales como el jazz, la rumba, el mambo y otras expresiones centro americanas, que tuvieron un importante impulso desde los sellos discográficos más prestigiosos de la época, como así también desde los medios de difusión masivos como la radio, los jóvenes comenzaron a volcarse por estas nuevas corrientes, y fue el momento en que el Tango empezó a ser considerado «música de viejos».

Pero no fueron sólo los artistas extranjeros los que lograron desplazar al Tango de la escena popular, sino también una suerte de furor que se produjo en torno al folclore, a partir aproximadamente del año 1952.

Como podemos imaginar, todos estos hechos influenciaron negativamente en el mundo del Tango, por lo que esta expresión se vio desprestigiada, olvidada, e incluso repudiada.

Un gran número de orquestas, de aquellas que en los años 40 habían logrado un éxito sin precedentes y récord de espectadores en cada una de sus actuaciones, debieron disolverse dejando como consecuencia a una gran cantidad de músicos y cantores desocupados. 

Tengamos en cuenta que los artistas ya no tenían prácticamente lugares aptos para actuar en vivo, ya que muchos locales tradicionales que se habían dedicado al Tango por más de una década, decidieron cambiar el rumbo de su negocio, convirtiéndose en discotecas donde se escuchaban otros estilos musicales.En aquella época además cerraron sus puertas lugares como Ruca, Marzzoto, la Richmond, el Germinal, el Nacional y Tango Bar, entre otros.

Mientras tanto, en los locales donde aún se podía disfrutar del Tango, hicieron su arribo los Disc Jockeys, que por un costo notablemente menor que las orquestas en vivo, musicalizaban los bailes con grabaciones famosas en disco. 

Esto provocó que las grandes orquestas que en los años 40 podían llegar a estar integradas por más de quince músicos en escena, debieran subsistir buscando una alternativa, por lo que fue un período en el cual surgieron un gran número de tríos, cuartetos, quintetos, pequeños conjuntos y cantantes solistas, que buscaban continuar con la evolución que demandaba nuestra música por excelencia. 

Algunos años después, y gracias a la permanente lucha de los más importantes representantes del universo tanguero, comenzó un nuevo período esperanzador para el género, que dio lugar a la aparición de músicos que influyeron notablemente en la evolución posterior del Tango, como fue el caso de Astor Piazzolla.

Homero Manzi, destacado  hombre del tango argentino

Pascual Contursi llevó —con «Mi noche triste»— el tango de los pies a la boca y Celedonio Flores dignificó la forma poética de la canción ciudadana, Homero Manzi lo utilizó como el medio de expresión más idóneo para comunicarse con el pueblo a través de un idioma culto, rico y colorido con el que creó imágenes de elevada sustancia lírica. Si Evaristo Carriego descubrió el suburbio como tema poético, Manzi lo realzó definitivamente.

Tuvo dos caminos: ser hombre de letras o hacer letras para los hombres. Prefirió lo segundo, y le dio al hombre de Buenos Aires —en definitiva su ciudad, pese a haber nacido en la santiagueña Añatuya— vivencias tan hondas e intransferibles— y al mismo tiempo tan universales— que toda su producción permaneció —permanece— instantánea, profunda y definitivamente ligada al habitante de estas latitudes. Manzi —Homero Nicolás Manzione su verdadero nombre— compuso letras con la abundancia y éxitos suficientes como para hacer de ello un oficio-, pero no fue un mero letrista, no hizo del tango un hábito menor, un entretenimiento; por el contrario, le dio al tango lo mejor de su temperamento, pero su imaginación estaba más allá de las adecuaciones y exigencias que pide el trabajo en colaboración, de la medida rítmica que impone la canción.

Fue por sobre todo, un hombre íntegro y sensible que supo reflejar sus impresiones y vivencias con un lenguaje de enamorado, de enamorado de la vida a tal punto que, en_ «Definiciones para esperar mi muerte» —su último poema—, desparramó una queja porque se iba «en medio de lo que todavía no he podido amar». El 3 de mayo de 1951. cuando tenía 44 años, ,su corazón se apagó para siempre. Esa noche, en el velatorio realizado en SADAIC, alguien puso la mano temblorosa sobre la cabeza del amigo muerto y le dijo a Aníbal Troilo: «Esto- no tiene reposición». Se había ido un poeta.

Epoca de Oro del Tango Argentino Grandes Representantes

La Época de Oro del Tango Argentino y Sus Grandes Figuras

Si bien los años que van desde 1940 a 1950 son considerados como la época de Oro del Tango, lo cierto es que para llegar a la evolución de la corriente musical que reflejó la idiosincrasia de nuestra ciudad, hizo falta que se produjeran con anterioridad algunos hechos y que surgieran nuevos poetas y compositores que permitieron que el cambio fuera posible. 

Uno de los primeros puntos de inflexión para lograr aquella llamada época de máximo esplendor del Tango encuentra sus orígenes en el personaje de Carlos Gardel, ya que tengamos en cuenta que tanto su obra discográfica como su participación en la cinematografía mundial tuvo lugar durante los años 1930 y 1935, siendo estas películas claras representaciones de una manifestación artística que comenzaba a ganar adeptos en todo el mundo.

CArlos gardel

Carlos gardel

Durante ese mismo período surgen en el escenario tanguero importantes figuras, destacándose los cantores populares solistas, entre los que no podemos dejar de mencionar a Agustín Magaldi, Ignacio Corsini, Charlo, Hugo del Carril, Angel Vargas, Carlos Dante, Francisco Fiorentino, y tantos otros que elevaron la figura del cantor de tangos a su máximo podio.

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Agustín Magaldi

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Hugo del Carril

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Francisco Fiorentino

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Angel Vargas

Lo mismo sucedía con las mujeres que comenzaban a transformarse en figuras relevantes del ambiente tanguero, como fue el caso de las cancionistas Rosita Quiroga, Mercedes Simone, Azucena Maizani, Nelly Omar, Ada Falcón y por supuesto Tita Merello.

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Tita Merello

El séptimo arte reflejaba esta transformación, con películas como «Tango», que es considerado el primer largometraje sonoro de la Argentina, en la que hace su aparición una joven promesa del género: Tita de Buenos Aires

Asimismo, el cine y el teatro comenzaba a mostrar no sólo la tendencia de la música, sino también el baile que acompañaba el acompasado ritmo del Tango, con figuras memorables como el gran bailarín y actor Tito Lusiardo.

troillo anibal bandoñon

Ya a mediados de la década del 30, se iniciaban importantes orquestas que llegarían a ser la representación más gloriosa de la época de oro del Tango, como es el caso de la agrupación dirigida por Juan D’Arienzo a fines de 1934, Aníbal Troilo en el ’37, el sexteto encabezado por el maestro Carlos Di Sarli en el ’31, y los que continuaban con su labor iniciada en los años 20, como Francisco Canaro, Julio De Caro, Osvaldo Fresedo, Roberto Firpo, Ricardo Tanturi, Francisco Lomuto, Edgardo Donato, y una larga lista de Orquestas Típicas. 

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Carlos Di Sarl

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Juan D’Arienzo

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Francisco Canaro

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Julio De Caro

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Osvaldo Fresedo

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Roberto Firpo

En las radios surgían los ciclos dedicados al Tango, mientras que en los barrios se recibía durante los sábados la visita de alguna de las orquestas de moda que brindarían su actuación en el club principal de la zona. 

Por otra parte, la mayoría de los expertos y los amantes del Tango coinciden en asegurar que las mejores grabaciones registradas de este género, tuvieron lugar durante los años 1935 a 1939.

La década del 30 suscitó los cambios, de la mano de poetas tales como Enrique Santos Discépolo, considerado en varias oportunidades como el “gran cronista social del tango”, debido a que sus composiciones demostraban ser un fiel reflejo de la crisis de la época, y convivir en una lírica directa que supo expresar magistralmente las bajezas, desventuras y pesares del hombre.

Podríamos asegurar aquí que uno de los momentos que marcaron el final de una época y el nacimiento del período de oro del Tango fue no sólo su evolución compositiva e interpretativa, sino también la desafortunada y repentina noticia de la muerte de Carlos Gardel en el año 1935.

Sin dudas, aquella fue una noticia que sacudió por completo al mundo tanguero, traspasando las esferas de dicho universo, y llegando a afectar a todos los ciudadanos argentinos, como así también a los millones de seguidores que el Zorzal supo ganarse con su talento y carisma a lo largo y ancho del mundo. 

A partir de allí, y debido también a la crisis social y económica que se vivía en el mundo entero para esos años, el Tango parecía perder terreno, cuando en realidad se preparaba para arremeter con todas sus fuerzas en el escenario cultural, logrando alcanzar un esplendor sin límites que le darían la gloria absoluta. 

Se iniciaba la década del 40, época de la que muchos recuerdan que Buenos Aires se convirtió en la ciudad que no dormía, reflejando en el Tango la personalidad de la identidad porteña, y llevando a esta manifestación artística al nivel de fenómeno social y cultural inigualable.

Fue en esos años en que el Tango logró alcanzar su mayor calidad tanto compositiva como interpretativa, de la mano de destacadas figuras, que dieron el impulso necesario para que la difusión de este género logrará convertirse en sinónimo de Buenos Aires. 

Los habitantes de la urbe se agolpaban en las puertas de accesos de los clubes para ver tocar en vivo a sus orquestas favoritas, mientras se deslizaban por la pista de baile girando en contra de las agujas del reloj siguiendo el devenir sentimental de ese acompasado y pasional ritmo. 

Según las investigaciones de diversos expertos, en la década de los 40 llegaron a convivir alrededor de 200 orquestas de Tango, que debían competir con su talento y calidad para cautivar a la mayor parte de seguidores posibles, con el fin de asegurarse un lugar privilegiado en el universo tanguero.

En los clubes se disputaban el éxito orquestas dirigidas por extraordinarios músicos, como Juan D’Arienzo, Carlos Di Sarli, Aníbal Troilo, entre otros, mientras la radio difundía incansablemente esta expresión con la emisión de ciclos dedicados al género y sus representantes.

El mejor ejemplo de ello es sin lugar a dudas el programa radial «El Glostora Tango Club» por Radio El Mundo, que logró convertirse en una de las audiciones más escuchadas, y cuyos oyentes disfrutaban de las actuaciones en vivo de la Orquesta de Alfredo De Angelis, acompañada por sus cantores Carlos Dante y Julio Martel

Fue precisamente en la época dorada del Tango, cuando toda la manifestación artística que reunía este género musical logró instalarse en todos los rincones de la ciudad, llegando incluso a los más prestigiosos y lujosos locales nocturnos, y a los teatros más destacados como el Maipo, el Politeama y el Blanca Podestá, entre otros. 

Esta época dorada también marco un período de esplendor para la industria discográfica nacional, que en aquel momento se encontraba liderada por los sellos Odeon y Víctor, ya que se estima que por lo general se lanzaban más de tres nuevos discos por día, logrando un nivel de grabaciones récord. 

Fue la época en que, como afirman muchos, el Tango podía escucharse en todas las esquinas de la ciudad, y su pasión podía respirarse en cada uno de los rincones de Buenos Aires.

Santos Discépolo, destacado  hombre del tango argentino

PARA profundizar en la filosofía del habitante de Buenos Aires de esas dos décadas que van desde 1930 a 1950 es imprescindible abrevar en la espléndida conjunción poética y dramática que trasunta toda la obra de Enrique Santos Discépolo.

El tiempo —constante y sustento de la poesía discepoliana— no ha mellado el lenguaje de sus 27 tangos; por el contrario, les confiere más fuerza y, también, inusitada, vigencia.

Es que la muerte de Discépolo —ocurrida el 23 de diciembre de 1951— ha quedado superada por toda su emoción creadora. Cuarto de los 5 hijos del matrimonio formado por los italianos Santos Discépolo y Luisa Deluchi.

Enrique Santos nació el 27 de marzo de 1901 en una vieja casona de la calle Paso, en pleno Once, barrio generoso en almacenes y cafetines que alimentaron su fantasía de chiquilín.

La muerte de sus padres, cuando aún no había cumplido los 9 años, agudizó su espíritu introvertido y sus inquietudes de observador; aprender el único sinsabor a partir de 1928, dio, desde ese entonces, a enfocar la vida de otro modo, a mirar por otras ventanas el panorama de la humanidad, con otra óptica las miserias cotidianas.

Con «¿Qué vachaché?» —su primer tango— experimentó de su carrera como letrista, pues, cuando Azucena Maizani le estrenó «Esta noche me emborracho-» el público no dejó de celebrar cada una de sus creaciones.

Porque en el universo de los temas discepolianos el porteño encontró, la manera de expresar sus sentimientos: se indigna con «Cambalache», «¿Qué sapa, señor?» o «Yira, yira»; o ironiza o marca flaquezas. Si bien, de tanto en tanto, la televisión nos permite apreciar algún viejo largometraje ideado, actuado o dirigido por Discépolo, nada mejor que recorrer Buenos Aires y bucear en sus tipos y costumbres para entender a ese hombre pequeño, de cuerpo endeble, pero de enorme humanidad, que traspasó los umbrales del tiempo una víspera de Navidad.

La Evolucion del Tango Instrumentos y la Orquesta Tipica

La Evolucion del Tango Instrumentos y la Orquesta Tipica

Al igual que durante los inicios de esta inconfundible manifestación artística, que se vio plasmada a través de los cambios que se produjeron en la Ciudad de Buenos Aires con la llegada de los inmigrantes a estas tierras, la posterior evolución que vivió el Tango durante los años que van desde principios del siglo XX hasta la década de 1930, estuvo íntimamente ligada al explosivo crecimiento de la urbe porteña.

Fue precisamente durante los primeros treinta años del siglo XX cuando Buenos Aires comenzó a transformarse en uno de los más importantes centros urbanos, no sólo considerado así dentro del territorio argentino, sino también a nivel mundial.

La fisonomía de la ciudad se vio transformada, dando lugar a la aparición de locales comerciales donde se vivía y se sentía la atmósfera creada por el Tango.

Ejemplo de ello es sin dudas el crecimiento imparable que tuvo la calle Corrientes, que comenzó rápidamente a poblarse de cines, salas de teatros, cafés y demás, donde se reunían los poetas, compositores y músicos que impulsaran al Tango y con ello lograran impregnar a Buenos Aires con su identidad porteña.

En este contexto, el bandoneón se convirtió en uno de los instrumentos principales dentro de las incipientes orquestas que comenzaron a ejecutar el 2×4 fuera del prostíbulo, y llevaron su música de manera lenta y gradual más allá de las fronteras de la noche y el vicio.

Lentamente, el Tango fue dejando su estructura de dos por cuatro, caracterizada por un ritmo ágil, rápido, movido y alegre, y con la inclusión del bandoneón pasó a entonar las notas melodiosas y melancólicas del cuatro por ocho.

Estos cambios requirieron a músicos que conocieran la técnica de la interpretación musical, por lo que comenzaron a surgir interpretes que poseían conocimientos musicales, haciendo posible que el Tango se convirtiera en una corriente musical tangible, con la publicación de partituras.

evolucion tango orquesta tipica

Se denomina como orquesta típica o típica en Latinoamérica a la formación musical dedicada a la interpretación de música popular de una región. El término se usa para designar agrupaciones de tamaño medio (de 8 a 12 músicos).En Argentina este termino quedóa ligado al Tango.

A pesar de la lucha que mantuvo constantemente esta expresión musical, con el fin de lograr convertirse en el arte que representará a la masa popular porteña, lo cierto es que durante los primeros años del siglo XX el Tango fue rechazado y repudiado por sociedad.

Tengamos en cuenta que debido a sus orígenes amorales, sus letras muchas veces atrevidas y su baile sensual y en muchos casos obsceno, el Tango fue prohibido y quedó excluido durante algún tiempo de las reuniones que tenían lugar en las casas de «gente bien». 

Gracias a la incipiente clase media, que comenzó a consumir esta atractiva música, como así también a la difusión y éxito que logró el género fuera de las fronteras del país, sobre todo en Europa, finalmente el Tango logró consolidarse como la verdadera música ciudadana, y alcanzó un lugar de privilegio en sitios que jamás hubiera imaginado.

Fue precisamente en el año 1917 cuando se hizo presente el tema titulado “Mi noche triste”, también conocido como «Lita», compuesto por Samuel Castriota, con letra de Pascual Contursi, el cual fue considerado como el primer tango canción, definiendo de esta forma al género.

Carlos gardel

Con esta composición, el Tango pasó de ser una música cuyo estilo se caracterizaba por sus letras pícaras y atrevidas, para convertirse en un medio de expresión en el que se priorizaba la melancolía, el sentimiento descarnado, la dualidad del hombre y la finitud de la vida, temas universales que fueron plasmados a la perfección por un sinfín de poetas dedicados al Tango. 

Con la grabación de dicho Tango realizada por Carlos Gardel junto al guitarrista José Ricardo en el año 1917 para el sello Odeón, se inició el furor por la música ciudadana, que a partir de allí representaría a los argentinos hasta la actualidad. 

Los cambios y la aceptación de la gente dieron lugar a nuevas transformaciones en la conformación de los conjuntos musicales que interpretaban los tangos más populares de la época.

De esta manera, al igual que sucediera con el bandoneón, el piano se convirtió en uno de los instrumentos indispensables de las agrupaciones, forjando así el nacimiento de la llamada Orquesta Típica. 

En sus orígenes el tango se ejecutaba con guitarras, flauta y violín, y más tarde, el bandoneón sustituiría a la flauta, retomada un siglo después por Astor Piazzolla en su octeto y su noneto de tango.

La mayoría de estas orquestas estaban compuestas por alrededor de diez músicos, que ejecutaban magistralmente las notas impuestas por las partituras.

Para ello, se utilizaban bandoneones, piano, violines, contrabajo, y en algunas ocasiones se incluían guitarras, violas, violonchelo y clarinete. 

Gracias a su participación constante en el teatro, como en la musicalización en vivo de películas pertenecientes a la corriente del cine mudo, las Orquestas Típicas lograron obtener un lugar de privilegio en la sociedad, que cada vez consumía con mayor entusiasmo este fenómeno cultural.

De esta forma, fueron lentamente incorporándose los cantantes, primero como estribillistas que acompañaban a las orquestas, interpretando sólo los estribillos de las letras, y luego llegando a ser cantores populares que muchas veces alcanzaron mayor fama que la de las propias agrupaciones.

Mientras tanto, existía un rubro paralelo, el llamado cantor del pueblo, que interpretaba las letras de los Tangos acompañado sólo de guitarras.

Ese fue precisamente el caso de Carlos Gardel, que como muchos se inició en la música a través de sus interpretaciones de canciones criollas, que luego lo hicieron devenir en cantor de tango.

El período que abarca las décadas de 1920 a 1940 es conocido como la era de la «Guardia Nueva«, que se caracterizó por introducir notables cambios en las composiciones melódicas, la poética y la interpretación de los temas populares. 

Signada por la participación de músicos profesionales de significativa calidad y capacidad musical, la Guardia Nueva dio lugar al nacimiento de un tango estructura, poético, cadencioso y de compás firme, aspectos que quedan evidentes en las composiciones y ejecuciones realizadas por músicos de la talla de Julio De Caro, Francisco Canaro, Alfredo Gobbi, Rodolfo Biagi, Angel D’Agostino, Roberto Firpo, Juan Maglio Pacho, Osvaldo Fresedo y tantos otros.

Promediando la década del 20, el Tango comienza a originar un nuevo movimiento de composiciones, cada vez más profundas y de mayor calidad, con creaciones como “Quejas de bandoneón” de Juan de Dios Filiberto, “Flores negras” de Francisco Canaro, “Tierra querida” de Julio De Caro, entre otras. 

Junto con esta transformación, el Tango alcanza el estallido de popularidad necesario para ingresar en los ámbitos de todas las clases sociales argentinas, y lentamente convertirse en la manifestación artística de moda, que en principio lograría trascender como filosofía porteña a través de las letras surgidas de la inspiración de Enrique Santos Discépolo, para alcanzar su mayor momento de gloria en la década del 40.

Tenía  cara de clown (payaso) y ojos bondadosos y tristes.  La tristeza le nació a los 5 años, cuando tuvo que salir a la calle con un organito y una cotorrita a ganarse el sustento. Se le ahondó leyendo a Nietzsche y Schopenhauer y tomó carta de amargura en sus oficios de estibador, calderero y ajustador mecánico en los talleres de Vasena.

Desde temprano se hizo bohemio. Pero en vez de tomar para el lado del ajenjo, como Verlaine, se dejó arrastrar por la música. A los 9 años, un tío lo llevó con su organito a Lobos y lo hizo tocar en el patio de la pulpería donde la partida mató a Moreira. En ese viaje lo impresionó el viento en los árboles y el murmullo de la naturaleza. El primer instrumento sin manija que tuvo, fue una guitarra robada y en ella ensayó su primera obra, que compuso silbando.

Era cuando tocar un tango significaba tanto como decir una mala palabra. Pero Filiberto le puso a su música su impresión infantil del campo y un poco no más de aquel matiz de barrio turbio que le había oído deshilvanar a Ángel Villoldo en una armónica acoplada a una guitarra. A Carlos Ibarguren se le dio por escribir que «el tango ha estragado nuestra música»; Juan de Dios lo leyó y quiso demostrar que no era cierto. Para ello escribió «Caminito», un tango suave y dulzón, casi una canción de cuna, en el que puso un quejido liviano y un llanto avergonzado donde otros ponían una puñalada. Lo estrenó un lunes de Carnaval y se lo silbaron toda la semana. Después, por su porte decente, entró en las salas donde las chicas tocaban el piano y llegó, hasta la Facultad de Derecho con una orquesta de 50 profesores. Filiberto murió a los 80 años, en 1964, en la Boca, donde siempre estuvo, en una casa de frente lleno de colores… Como su música.

Origenes del Tango en Argentina La Milonga

Historia del Tango: Los Orígenes del Fenómeno 

A lo largo de la historia del Tango, los especialistas que se han dedicado a estudiar los sucesos que dieron origen al nacimiento de este fenómeno siempre han coincidido en señalar como fecha promedio de su inicio la década de 1880, y si bien prácticamente no ha quedado registros que corroboren aquellas primeras manifestaciones del Tango, lo cierto es que fue a finales del siglo XIX cuando surgieron los pioneros de esta corriente.

Para lograr comprender el origen de nuestra música ciudadana es necesario situarnos en medio de los acontecimientos que se sucedieron en esa época, cuando Buenos Aires era conocida también como la Gran Aldea, a la que confluían millones de inmigrantes provenientes de lejanas tierras como África, América Central y sobre todo Europa. Las familias llegan a nuestro país con el fin de sobrevivir a la pobreza que se diseminaba en otros territorios, siendo la Argentina aquella tierra prometida, donde las ambiciones encontraban el cobijo necesario para muchas veces convertir una utopía en realidad. Aquellos inmigrantes se instalaban en distintos conventillos rioplatenses dándole una nueva fisonomía y cultura a la ciudad a orillas del Río de la Plata, que forjarían finalmente la sociedad argentina resultante, luego de la conjunción de un verdadero crisol de razas.

Durante el día, los inmigrantes trabajaban duro para llevar el pan a sus hogares y lograr mejorar poco a poco la economía de sus familias, con el fin de darles un futuro mejor a sus hijos. Mientras tanto, durante la noche y en los días festivos, buscaban incansablemente lugares donde poder divertirse y olvidarse por unos momentos del yugo cotidiano.

Así fue que los circos y casas de burlesque, ubicados en su mayoría en el puerto de Buenos Aires, se convirtieron en los sitios preferidos para la afluencia de un público masculino que buscaba diversión, y donde la música daba el marco ideal para actividades lícitas e ilícitas.

Cabe destacar que en aquella época aún no existía el disco, ni la radio, ni mucho menos la televisión, por lo que se solía interpretar música en vivo, de la mano de improvisados conjuntos, por lo general tríos compuestos por guitarra, violín y flauta, que sin saberlo comenzaron a darle forma a nuestro Tango. 

Los expertos aseguran que el Tango fue un género resultante de la combinación de diversos estilos musicales importados por los inmigrantes, como el candombe, la payada, la milonga, la habanera, la polca, el vals, la guajira flamenca y la cubana, el fandango, entre otros, los cuales poco a poco fueron fusionándose con otros ritmos de origen criollo.

El éxito de esta nueva manifestación musical fue inmediato, y así surgieron mayor cantidad de conjuntos, que incluso llegaron a ser pequeñas orquestas, en las que además de los instrumentos mencionados se habían sumado el arpa, el mandolín, la armónica, el acordeón, la trompeta, la corneta, e incluso instrumentos improvisados con objetos cotidianos, como un pedazo de papel o un peine.

Todo era válido para disfrutar de la nueva música que estaba surgiendo y que lentamente le estaba dando forma a lo que se convertiría en un verdadero fenómeno musical.

Durante aquel tango primitivo los interpretes y compositores no llegaron a convertirse en figuras emblemáticas de nuestra canción, y por lo general eran músicos que tocaban sus instrumentos de oído, expresando a través de ellos lo que sentían en el momento, por lo que se trataba de improvisaciones que luego de interpretadas caían en el olvido.

Fue recién entrado el siglo XX, cuando las composiciones comenzaron a ser registradas en precarias partituras, momento también en el cual llegó al Tango la melancolía del sonido del bandoneón, que fue importado a la Argentina desde Alemania. 

Esta música surgida en los sitios menos respetables, en medio de ambientes plagados de vicio y prostitución, fue originalmente una corriente musical instrumental, cuyo fin principal era amenizar las esperas de los hombres que formaban filas en la puerta de los prostíbulos.

Se dice que en una oportunidad, en una de estas interminables esperas, de la fila se apartaron dos hombres, que inspirados por la música se unieron para comenzar a realizar una serie de piruetas, que fueron aplaudidas por los presentes, y así sin saberlo dieron origen al baile propio de esta corriente musical.

El éxito de esta nueva expresión no tuvo precedentes, y así fue que las piruetas se convirtieron en pasos, que los hombres comenzaron a practicar entre ellos en las puertas de los burdeles y cantinas, y que posteriormente se traslado a las populares «academias», donde los hombres podían bailar con mujeres que en ocasiones brindaban otros servicios extras a sus clientes.

Con la música y la danza, el Tango avanzó a pasos acelerados y se convirtió en un fenómeno cuya manifestación traspasó los límites interpretativos, para convertirse en el origen de una nueva forma de comunicación y representar a los estereotipos propios de la ciudad.

Como dato interesante, cabe mencionar que se estima que el primer tango de difusión popular que ha podido ser documentado fue el llamado «El Queco», término que se utilizaba para referirse al prostíbulo. Este tango cuya composición demuestra las influencias de la canción andaluza, solía ser interpretado por aquellos conjuntos primitivos de la década del 80.

Con los años, y al llegar a los finales del siglo XIX, el Tango se fue impregnando de composiciones que comenzaban a mantener una melodía armónica y una cadencia que daría origen al definitivo estilo del 2×4, gracias al trabajo de hombres pioneros de esta corriente, como el ya mencionado Angel Villoldo, que siempre ha sido considerado por expertos y tangueros como el padre del Tango.

Fruto de su creatividad surgieron composiciones memorables, que lograron trascender las barreras del tiempo, con tangos como el “El choclo”, “El porteñito” y “La morocha”, que en la actualidad, después de más un siglo de su creación, siguen siendo interpretados y bailados como en aquellos primeros días.

 Acompáñenos, querido lector, a recorrer juntos la evolución que vivió esta manifestación artística surgida como medio de diversión nocturna, hasta convertirse en la expresión musical por antonomasia de la Argentina.

Carlos Gardel. la Voz que Expresó el Alma Porteña: La calle Corrientes, síntesis «de la ciudad, tenía desde antiguo un alma, pero le faltaba la voz que la expresara. Una voz entrañable que dijera la tertulia de muchachos de la esquina; la barra del café; el hombre que en la madrugada paladea su soledad; la pareja que busca en la estrella remota respuesta a sus afanes; el lento deshilacharse del tango —sangre de la ciudad entera ahora, corazón de suburbio antes—; el amor por las cosas simples de la vida.

Esa voz vino en Carlos Gardel. Cuando la dejó oír, amarga por sus años de pibe pobre, honda en la madurez del porteño conocedor de todas las pasiones urbanas, Buenos Aires lo colocó sobre sus hombros y lo llevó en andas como a un campeón. Más aún: como a un ídolo de ídolos.

Es que la ciudad sintió, que ese mozo, de sonrisa ancha y mano generosa, era su arquetipo y su mensajero. Llevando su mensaje cantó, ante príncipes y maharajaes, diplomáticos y mujeres hermosas. Admiró a París. Y le enseñó a llorar a los niños rubios y mecanizados de Nueva York. Hizo del tango, que hasta entonces calzaba alpargatas, se enroscaba al cuello un pañuelo de punta bordada y se expresaba en un argot realista y pintoresco, una canción que podía ponerse un smoking con la prestancia de un caballero.

Sin que la pechera almidonada le falseara su alma de malvón y su espíritu de luna que riela en un arroyo gris. Un día, como era un poco pájaro, le fallaron las alas y se fue del mundo, tras una pirueta trágica. La leyenda lo tiene en su regazo y el corazón sin olvidos del pueblo lo acuna para siempre. Por eso no interesa cuándo nació ni cómo era. Lo que importa es cómo cantaba. Cómo decía lo que la ciudad sentía, Y eso todos lo sabemos, Porque en sus canciones, tuvieran alma de suburbio o corazón dé campo, estábamos nosotros como la estrella más lejana está en la pulpa de la noche.

Historia del Tango y Origen del Baile Popular

Historia del Tango y Sus Orígenes

Debieron pasar varias décadas y transitar hacia un nuevo siglo para que nuestra música ciudadana fuera finalmente reconocida a nivel mundial como uno de los estandartes de la cultura argentina, y por supuesto su influencia en otras corrientes internacionales. 

Así fue que al promediar el año 2009, los responsables de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) decidieron que el Tango debía ocupar un sitial privilegiado debido a su aporte permanente a la cultura, por lo que declararon a este género musical nuestro como elemento del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. 

Desde principios de siglo, junto con la llegada de los inmigrantes y los cambios sociales y culturales que ésta produjo, fue surgiendo una música particular de Buenos Aires: el tango.

En un principio se trató de una música que sólo se bailaba, característica de las zonas aledañas al puerto, pobladas de inmigrantes y marineros. Los prostíbulos y los patios de los conventillos fueron los ámbitos en los que el tango se fue formando.

Desde entonces, el tango se convirtió en un componente de la vida cotidiana de una parte de la sociedad porteño y en un reflejo de los cambios que en ella se iban produciendo.

Cada vez más, se compusieron tangos con letra. Estas canciones expresaron los sentimientos y el modo de hablar de muchos habitantes de la ciudad.

tango unesco

Pero la historia del Tango no se ha suscitado de la noche a la mañana, y no sólo necesitó de una notoria evolución musical, sino principalmente de un importante número de compositores, interpretes y artistas que en definitiva fueron los artífices de la generación de esta corriente, que logró traspasar los límites de la música, para convertirse en un elemento fundamental de la idiosincrasia del argentino. 

Es por ello que no podemos dudar del hecho de que el Tango ha sido y es un verdadero fenómeno cultural, seguramente uno de los más representativos de las orillas del Río de la Plata, ya que su estilo musical, su poética y su danza se forjaron no sólo en la Argentina, sino también en el Uruguay. 

CArlos gardel

Carlos Gardel. En los años ’30 la figura de Gardel se transformó en un símbolo del hombre de origen humilde que logra trascender y que triunfa en Europa y Estados Unidos. Tanto su fama de cantor como su participación en películas de producción norteamericana sirvieron para difundir esa imagen. Su famosa sonrisa —se lo llamó el bronce que sonríe—fue la contracara optimista de la década del ’30.

Para ejemplificar este hecho cabe mencionar la continua disputa que han tenido argentinos y uruguayos en torno a la nacionalidad de Carlos Gardel, una de las figuras más emblemáticas de nuestra música ciudadana, y que debido a una falsificación de papeles suscitó un gran desconcierto en cuanto a su país natal, que generó interminables discusiones entre los habitantes de ambas orillas del Río de la Plata.

En cuanto a la historia de esta corriente musical que se convirtió en fenómeno, hoy podemos asegurar que después de más de un siglo de su nacimiento, allá por finales del siglo XIX, aún no se han escrito las últimas páginas de su vida, porque continúa siendo el elemento de referencia primordial para identificar a nuestro país, su cultura y los sucesos que han marcado la historia nacional.

Es que el Tango siempre estuvo allí, para bien o para mal, siendo bendecido, enaltecido o repudiado, pero indistintamente siempre estuvo presente en el devenir de la historia de nuestra nación, ya que en definitiva el Tango es Argentina y Argentina es Tango.

Podríamos asegurar que esta corriente musical se inició en medio de una serie de acontecimientos que hicieron que el Tango utilizara condimentos picarescos y provocadores, que con el paso de los años, y junto a los cambios radicales que comenzó a sufrir nuestro país, dieron paso a esa música descarnada y melancólica, que supieron representar exquisitamente compositores como Enrique Santos Discepolo, Pascual Contursi, Homero Expósito, Homero Manzi, Enrique Cadícamo, Cátulo Castillo y tantos otros.

santos discepolo

Enrique Santos Discépolo. Desplegó una variada actividad artística como poeta, músico, autor teatral y actor. Sus obras más conocidas y las que le permitieron trascender hasta nuestros días son las letras de tango, como Cambalache, Uno y Yira-Yira. En ellas representó mejor que nadie el sentimiento de desesperanza de muchos argentinos en los años ’30, en particular la vivencia de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires.

Una vez que el Tango se instaló en nuestra cultura, convirtiéndose en una expresión artística que aunaba la interpretación musical con la danza, fue el momento ideal para que este fenómeno comenzara a recorrer las calles de otras ciudades desconocidas.

Así fue que el Tango llegó a París de la mano de artista de la talla de Angel Villoldo y Enrique Saborido, pioneros de nuestra música ciudadana, que lograron abrir las puertas de otros continentes para que después de algunos años ingresaran triunfantes importantes figuras del universo tanguero, como lo hiciera Carlos Gardel. 

Precisamente, el tango «La Morocha», compuesto por Villoldo y Saborido, es considerado la primera partitura de tango de exportación, ya que según se ha podido registrar en medios de la época: «La fragata Sarmiento realizaba su segundo viaje a Europa, y llevó 1000 ejemplares del tango, dejándolos en todos los puertos que encontraba en su ruta».  este hecho tuvo lugar en aquellos lejanos años de principio del siglo XX, alrededor de 1906.

En aquella época el Tango aún necesitaba los cambios y la evolución que concluirían en la década de oro de esta corriente musical, que sin lugar a dudas se sucedió a principios de los años 40, momento en que el fenómeno llegó a acaparar la atención de todos.

Los músicos y compositores se multiplicaron, comenzaron a surgir un sinfín de clubes y milongas que se dedicaban a presentar en vivo a las orquestas, aparecieron los bailes especiales, como aquellos que se realizaban para las épocas de carnaval, y así fue que el tango comenzó a ser una parte imprescindible de la vida del argentino.

Por aquellos años todo tenía Tango. Nuestra música se respiraba en las calles, se oía a través de los balcones y ventanas, y los ruidos propios de cada barrio parecían convertirse en instrumentos que acompañaban al 2×4.

Así se formó la fisonomía nacional, y sobre todo porteña, que aún mantiene pequeños fragmentos del aquel Buenos Aires que se fue.

Es que el tango no ha sido simplemente baile, música y poesía, sino que además ha estado siempre ligado a una serie de componentes que van más allá de las fronteras de lo artístico, ya que ha sido el medio ideal en el que el lenguaje lunfardo encontró su morada, al mismo tiempo que logró representar a los estereotipos porteños más tradicionales, como los guapos y compadritos, que vivían en el arrabal y frecuentaban lugares como cabarets, prostíbulos y bulines, que le dieron identidad al Tango. 

Damos comienzo aquí a un humilde homenaje a modo de informe especial en el que intentaremos acercar a nuestros lectores los pormenores y sucesos más sobresalientes de la historia de esta apasionante manifestación artística, para lo que transitaremos por sus inicios en los arrabales, el rechazo y posterior aceptación desde las altas sociedades rioplatenses, los personajes emblemáticos y los protagonista que dieron lugar al nacimiento de un hito cultural sin precedentes.

Acompáñenos en este devenir de la historia del tango, desde sus orígenes, pasando por su época de oro, su decadencia, y su transformación y evolución.

BULLET

  Orígenes del Fenómeno 

A lo largo de la historia del Tango, los especialistas que se han dedicado a estudiar los sucesos que dieron origen al nacimiento de este fenómeno siempre han coincidido en señalar como fecha promedio de su inicio la década de 1880, y si bien prácticamente no ha quedado registros que corroboren aquellas primeras manifestaciones del Tango, lo cierto es que fue a finales del siglo XIX cuando surgieron los pioneros de esta corriente.

Para lograr comprender el origen de nuestra música ciudadana es necesario situarnos en medio de los acontecimientos que se sucedieron en esa época, cuando Buenos Aires era conocida también como la Gran Aldea, a la que confluían millones de inmigrantes provenientes de lejanas tierras como África, América Central y sobre todo Europa.

Las familias llegan a nuestro país con el fin de sobrevivir a la pobreza que se diseminaba en otros territorios, siendo la Argentina aquella tierra prometida, donde las ambiciones encontraban el cobijo necesario para muchas veces convertir una utopía en realidad.

Aquellos inmigrantes se instalaban en distintos conventillos rioplatenses dándole una nueva fisonomía y cultura a la ciudad a orillas del Río de la Plata, que forjarían finalmente la sociedad argentina resultante, luego de la conjunción de un verdadero crisol de razas.

Durante el día, los inmigrantes trabajaban duro para llevar el pan a sus hogares y lograr mejorar poco a poco la economía de sus familias, con el fin de darles un futuro mejor a sus hijos.

Mientras tanto, durante la noche y en los días festivos, buscaban incansablemente lugares donde poder divertirse y olvidarse por unos momentos del yugo cotidiano.

Así fue que los circos y casas de burlesque, ubicados en su mayoría en el puerto de Buenos Aires, se convirtieron en los sitios preferidos para la afluencia de un público masculino que buscaba diversión, y donde la música daba el marco ideal para actividades lícitas e ilícitas.

Cabe destacar que en aquella época aún no existía el disco, ni la radio, ni mucho menos la televisión, por lo que se solía interpretar música en vivo, de la mano de improvisados conjuntos, por lo general tríos compuestos por guitarra, violín y flauta, que sin saberlo comenzaron a darle forma a nuestro Tango.

Los expertos aseguran que el Tango fue un género resultante de la combinación de diversos estilos musicales importados por los inmigrantes, como el candombe, la payada, la milonga, la habanera, la polca, el vals, la guajira flamenca y la cubana, el fandango, entre otros, los cuales poco a poco fueron fusionándose con otros ritmos de origen criollo.

El éxito de esta nueva manifestación musical fue inmediato, y así surgieron mayor cantidad de conjuntos, que incluso llegaron a ser pequeñas orquestas, en las que además de los instrumentos mencionados se habían sumado el arpa, el mandolín, la armónica, el acordeón, la trompeta, la corneta, e incluso instrumentos improvisados con objetos cotidianos, como un pedazo de papel o un peine.

Todo era válido para disfrutar de la nueva música que estaba surgiendo y que lentamente le estaba dando forma a lo que se convertiría en un verdadero fenómeno musical.

Durante aquel tango primitivo los interpretes y compositores no llegaron a convertirse en figuras emblemáticas de nuestra canción, y por lo general eran músicos que tocaban sus instrumentos de oído, expresando a través de ellos lo que sentían en el momento, por lo que se trataba de improvisaciones que luego de interpretadas caían en el olvido.

Fue recién entrado el siglo XX, cuando las composiciones comenzaron a ser registradas en precarias partituras, momento también en el cual llegó al Tango la melancolía del sonido del bandoneón, que fue importado a la Argentina desde Alemania. (imagen de un bandoneon)

bandoneon

Esta música surgida en los sitios menos respetables, en medio de ambientes plagados de vicio y prostitución, fue originalmente una corriente musical instrumental, cuyo fin principal era amenizar las esperas de los hombres que formaban filas en la puerta de los prostíbulos.

Se dice que en una oportunidad, en una de estas interminables esperas, de la fila se apartaron dos hombres, que inspirados por la música se unieron para comenzar a realizar una serie de piruetas, que fueron aplaudidas por los presentes, y así sin saberlo dieron origen al baile propio de esta corriente musical.

El éxito de esta nueva expresión no tuvo precedentes, y así fue que las piruetas se convirtieron en pasos, que los hombres comenzaron a practicar entre ellos en las puertas de los burdeles y cantinas, y que posteriormente se traslado a las populares «academias», donde los hombres podían bailar con mujeres que en ocasiones brindaban otros servicios extras a sus clientes.

Con la música y la danza, el Tango avanzó a pasos acelerados y se convirtió en un fenómeno cuya manifestación traspasó los límites interpretativos, para convertirse en el origen de una nueva forma de comunicación y representar a los estereotipos propios de la ciudad.

Como dato interesante, cabe mencionar que se estima que el primer tango de difusión popular que ha podido ser documentado fue el llamado «El Queco», término que se utilizaba para referirse al prostíbulo. Este tango cuya composición demuestra las influencias de la canción andaluza, solía ser interpretado por aquellos conjuntos primitivos de la década del 80.

Con los años, y al llegar a los finales del siglo XIX, el Tango se fue impregnando de composiciones que comenzaban a mantener una melodía armónica y una cadencia que daría origen al definitivo estilo del 2×4, gracias al trabajo de hombres pioneros de esta corriente, como el ya mencionado Angel Villoldo, que siempre ha sido considerado por expertos y tangueros como el padre del Tango.

Fruto de su creatividad surgieron composiciones memorables, que lograron trascender las barreras del tiempo, con tangos como el “El choclo”, “El porteñito” y “La morocha”, que en la actualidad, después de más un siglo de su creación, siguen siendo interpretados y bailados como en aquellos primeros días.

 Acompáñenos, querido lector, a recorrer juntos la evolución que vivió esta manifestación artística surgida como medio de diversión nocturna, hasta convertirse en la expresión musical por antonomasia de la Argentina.

PARA SABER ALGO MAS….

En su gran mayoría los tangos utilizaban el lunfardo, surgido como una jerga particular de los ladrones —lunfardo era una palabra con la que los ladrones se denominaban a sí mismos— y que se fue enriqueciendo con el aporte de palabras provenientes de los idiomas que hablaban los inmigrantes.

La década del 70 se caracterizó por la prosperidad económica y por el ascenso social y político de los sectores medios urbanos.

El tango reflejó estos cambios. Poco a poco, fue dejando de ser una expresión musical exclusiva de los barrios y sectores sociales más humildes y comenzó a ser aceptado en los círculos sociales privilegiados, que en un principio lo rechazaron por considerarlo una danza obscena, impropia para la gente decente.

En los cabarets del centro de la ciudad —que seguían el modelo de los célebres lugares de diversión parisinos— y en los salones de fiestas, las orquestas típicas tocaban tangos más refinados, de mayor riqueza armónica y sonora que la de los primeros tiempos.

La música popular urbana recibió el aporte de músicos de conservatorio —como Julio de Caro y Osvaldo Fresedo—.

El tango comenzó a ser una expresión artística que reunió elementos característicos de la cultura popular y de las élites.

A fines de los años ’20, la bonanza económica y los contrastes sociales de una sociedad en cambio quedaron retratados en muchas letras, entre las que se destacó por su tono crítico el tango Acquaforte, de Carlos Marambio Catán.

La década del ’30 se inició con crisis y depresión económica, interrupción del proceso democrático, fraude electoral y negociados. Para muchos fueron años de desesperanza y escepticismo.

El letrista de tango que mejor expresó este sentimiento fue Enrique Santos Discépolo. En su tango Qué vachaché —escrito en 1925— hizo una crítica moral de los tiempos del esplendor alvearísta y anticipó la falta de confianza y expectativas que muchos compartirían algunos años más tarde, durante la llamada década infame.