Isabel I de Inglaterra: La Reina Virgen

Historia de Inglaterra Origen, Primeros Pueblos y Reyes

Historia de Inglaterra Primeros Pueblos y Reyes

ORIGEN DEL REINO DE INGLATERRA
La isla que nosotros llamamos Gran Bretaña estaba habitada por pueblos pequeños que hablaban lenguas célticas. Los más poderosos, los bretones, habían sido sometidos por los romanos, y todo el país se había organizado en provincias romanas, excepto las montañas del norte habitadas por pueblos salvajes que se tatuaban.

El año 410 los romanos retiraron sus tropas, dejando que los bretones se defendieran solos contra aquellos pueblos. Luego bandas de guerreros, llegados de las comarcas del otro lado del mar del Norte, se establecieron en las costas, los sajones al sur, los anglos al este.

Combatían a pie, con pica y puñal, y no eran cristianos. Saquearon las ciudades, pasaron a cuchillo a los habitantes y avanzaron poco a poco en el interior del país. Cada jefe de banda tomó el título de rey, y el territorio que la banda ocupaba vino a ser su reino.

Al cabo de dos siglos hubo siete u otros reinos, poblados por los descendientes de aquellos guerreros bárbaros que hablaban una lengua germánica.

Los bretones, que conservaban su lengua, estaban reducidos a las partes del oeste y del norte. Poco a poco todos aquellos reinos se fusionaron en uno solo, al mando de un «rey de los sajones y de los anglos» y el conjunto se llamó Inglaterra (tierra de los anglos).

Pero quedaban todavía partes habitadas por pueblos de lengua céltica: al oeste el país de Gales, al norte el país que ha formado el reino de Escocia, y la isla de Irlanda.

En el siglo IX los piratas daneses vinieron a saquear las costas de Inglaterra lo mismo que habían hecho con las de Francia.

Luego se establecieron en un campo atrincherado, como también habían hecho en Francia. Por último, lo mismo que los normandos de Francia, se hicieron ceder unas provincias, el antiguo país de los anglos, que vino a ser danés. Inglaterra estuvo sometida por espacio de treinta años a reyes venidos de Dinamarca (1016-1042).

HAROLDO Y GUILLERMO DE NORMANDÍA

El último rey descendiente de la antigua familia de los reyes sajones, Eduardo (llamado más tarde el Confesor), era hijo de una princesa normanda que le había enviado a criar a Normandía.

Ya rey, se rodeó de guerreros y de monjes normandos que hablaban francés. A uno de ellos le nombró arzobispo de Canterbury, es decir, cabeza de todo el clero de Inglaterra.

Eduardo dividía su existencia entre la caza y los ejercicios piadosos, y dejaba que gobernase en su lugar el más poderoso de los señores sajones, el conde Godwin.

Se había unido en matrimonio, a la hija de éste y había dado a sus hijos la mayor parte de los otros condados de Inglaterra.

Un día Godwin se enfrentó con los favoritos normandos del rey y Eduardo se declaró a favor de ellos, por lo que Godwin y su familia fueron desterrados.

Eduardo no tenía sucesión y no se sabía aún quién sería rey de Inglaterra después de su muerte. Recibió entonces (1051) la visita del duque de Normandía, Guillermo, primo de su madre.

guillermo el conquistador
Guillermo «el Conquistador»

Guillermo era un guerrero, buen tirador de arco y hábil en el manejo de la maza de armas, excelente jinete y apasionado por la caza, vigoroso y de voz sonora. Pero era también sagaz político, capaz de preparar un proyecto con mucha anticipación, rencoroso y probablemente cruel.

No se supo exactamente lo que pasó entre Guillermo y Eduardo; pero parece que Eduardo prometió a Guillermo nombrarle su sucesor.

Al año siguiente, Godwin, que había vuelto por mar, desembarcó en Inglaterra y otra vez fue dueño del gobierno. Los normandos escaparon, el arzobispo normando de Canterbury fue sustituido por un inglés.

Luego Godwin, mientras estaba a la mesa con el rey, murió de un ataque de apoplejía (1053). Su hijo mayor, Haroldo, heredó su condado y gobernó en nombre del rey Eduardo.

rey haroldo
Rey Haroldo

Era alto, vigoroso, ágil, valiente y diestro en la guerra, muy querido por sus compañeros. Después de haber gobernado unos cuantos años, Haroldo se embarcó para ir a Francia y una tempestad arrojó el barco en que iba a la costa de Ponthieu. Según costumbre de aquella época, los náufragos pertenecían al señor del país.

El conde de Ponthieu atrapó a Haroldo y lo encerró en una torre. Guillermo de Normandía hizo que se lo llevaran, allí lo trató como amigo, lo condujo a Rouen, a su palacio, y a una expedición contra los bretones.

Al volver de aquella guerra, Haroldo prestó juramento a Guillermo. Haroldo se comprometió a ayudar a Guillermo a hacerse rey de Inglaterra y a casarse con su hija, a cambio de lo cual obtendría la mitad del reino.

Haroldo volvió a Inglaterra. Pronto murió el rey Eduardo, encargando a Haroldo que defendiera a su viuda y el reino de Inglaterra.

Los guerreros ingleses reconocieron a Haroldo por rey; el arzobispo de York fue a coronarle (enero de 1066).

Haroldo recibió muy pronto un mensajero de Guillermo que le ofrecía su hija y reclamaba el reino. Respondió que no podía tomar mujer extranjera sin consentimiento de los grandes personajes de su país. Guillermo se preparó para apoderarse de Inglaterra por la fuerza.

LA EXPEDICIÓN A INGLATERRA

Guillermo convocó a sus vasallos del ducado de Normandía y les pidió que fueran a hacer guerra a Inglaterra. Al principio se negaron; pero Guillermo los obligó uno a uno a prometerle barcos y guerreros.

Luego hizo saber en todas las comarcas de Francia que los guerreros que le acompañasen recibirían en recompensa las tierras y el dinero de los enemigos.

Vinieron a unírsele muchos caballeros cubiertos con cotas de mallas y casco que combatían con lanza, e infantes armados con arco. No eran solamente normandos subditos suyos, sino también flamencos, bretones y franceses.

Guillermo además había enviado a pedir al Papa que le reconociera como heredero legítimo de Inglaterra.

Contaba la historia del juramento de Haroldo y decía que Eduardo le había hecho rey por su testamento.

El Papa excomulgó a Haroldo por haber expulsado al arzobispo de Canterbury y haber faltado a su juramento, indujo a Guillermo a ir a someter el reino y le envió una bandera y un anillo en el que había engarzado un cabello de San Pedro.

Guillermo iba a combatir en nombre de la Iglesia.

El 12 de setiembre partió su flota y desembarcó la noche luego de 15 dias de navegación y retrasos por el viento no adecuado.

Mientras esto ocurría, Haroldo estaba ocupado en rechazar otra invasión que terminó favorable a sus intereses.

Los ingleses no tenían barcos de guerra. Reunieron los barcos de pesca para impedir que los normandos desembarcasen en la costa meridional.

Esperaron durante cuatro meses, luego, agotadas sus provisiones, fueron licenciados. Los normandos, al arribar, no encontraron a nadie que los detuviera.

LA BATALLA DE HASTINGS

El ejército de Guillermo avanzó hasta Hastings, allí estableció un campamento fortificado y se dedicó al saqueo del territorio. Haroldo, que había vuelto a Londres, partió inmediatamente para detener al enemigo.

Todo el norte de Inglaterra, que acababa de librarse de los noruegos, obedecía entonces a una gran familia cuyos jefes, dos hermanos, llevaban el título de condes. No se movieron y Haroldo no tuvo a su lado más que un ejército era reducido.

Los mejores guerreros eran sus guardias, los husekarls, que combatían a la manera de los daneses, a pie, cubiertos con cota de mallas, protegidos con un escudo redondo. Llevaban espada, pero se batían principalmente con el hacha larga que manejaban con ambas manos.

El resto del ejército estaba formado por gentes del país llamadas para la defensa. Casi no había jinetes. Guillermo, por el contrario tenía caballeros cubiertos con cota de malla, que peleaban con lanzas, y arqueros que combatían a pie.

Haroldo mandó plantar la bandera del reino, un dragón, y su bandera propia en la parte mas alta de una colina. Alrededor de las banderas mandó colocar en orden de batalla a sus hombres.

Guillermo, al amanecer (14 de octubre), fue a una misa y comulgó. Luego alineó a sus hombres en tres batallones, en el centro los normandos, a la izquierda los bretones y los franceses del oeste, a la derecha los flamencos.

Los arqueros empezaron a lanzar sus flechas y mataron muchos ingleses; luego todos subieron la pendiente de la colina. Llegaron a ponerse en contacto con los ingleses que les lanzaban jabalinas.

Los husekarls, con sus hachas, derribaban a los jinetes y mataban a los caballos. Los jinetes normandos retrocedieron, arrastrando a su infantería, y el ataque francasó en este primer intento.

Guillermo ordenó un segundo ataque.Los normandos volvieron a subir por la colina y esta vez rompieron la línea inglesa en algunos puntos. Dos hermanos de Haroldo fueron muertos, pero los normandos resultaron otra vez rechazados.

Finalmente luego de un tercer intento Guillermo pudo saborear el éxito. A una orden suya los arqueros dispararon a lo alto sus flechas que caían a modo de lluvia sobre las cabezas de los ingleses inmóviles. No teniendo ya más jabalinas, los ingleses no podían hacer nada para defenderse.

Haroldo fue muerto y su cadaver había quedado en el campo batalla, Guillermo dio permiso para enterrarle, pero estaba tan desfigurado que nadie podía reconocerle.

Guillermo era ahora el dueño de Inglaterra!

Continuar Esta Historia: La Conquista Normanda

fuentes

Biografia de Enrique III de Inglaterra

Biografia de Enrique III de Inglaterra

Desde la conquista de Inglaterra por los duques de Normandía y la entronización de la dinastía de los Plantagenets, el país había vivido bajo un régimen feudal mitigado por la autoridad del monarca.

Éste, que a la vez era señor de extensos territorios en Francia, practicaba una «política de influencia en el Occidente de Europa, como se había visto bajo Enrique II y Ricardo Corazón de León.

Enrique III de Inglaterra
Rey de Inglaterra
(Junto a Enrique el Joven de 1170 a 1183) Predecesor Esteban I
Sucesor : Ricardo I
Coronación : 19 de diciembre de 1154
Nacimiento: 5 de marzo de 1133 Le Mans, Francia
Fallecimiento 6 de julio de 1189 (56 años) Chinon, Francia
Casa real Casa de Plantagenet
Padre Godofredo V de Anjou
Madre Matilde de Inglaterra
Consorte Leonor de Aquitania

Éste, que a la vez era señor de extensos territorios en Francia, practicaba una «política de influencia en el Occidente de Europa, como se había visto bajo Enrique II y Ricardo Corazón de León.

Pero en el siglo XIII la autoridad de la corte y la política exterior de los Plantagenets reciben durísimos golpes. Iniciada la decadencia durante el reinado de Juan Sin Tierra (1199-1216), la crisis constitucional inglesa se manifiesta bajo su hijo primogénito y sucesor, Enrique III, personaje dotado de varios de los elementos de un carácter distinguido, pero soñador, iluso, soberbio y extravagante, que no supo medir la realidad de los hechos ni acertar en las soluciones requeridas por los problemas planteados.

La Historia nos enseña que en su gobierno la monarquía de los Plantagenets estuvo al borde de la ruina y que, por otra parte, perdió la mayoría de las posesiones feudales que tenía en Francia.

Nacido el 1° de octubre de 1207, ascendió al trono de Inglaterra a la muerte de su padre Juan, ocurrida el 19 de octubre de 1216.

La situación del reino era deplorable: los nobles y los eclesiásticos amparábanse en las estipulaciones de la Carta Magna de 1215 para limitar el poder de la monarquía, y ésta se hallaba, además, amenazada por el pretendiente francés Luis (más tarde Luis VIII).

Irlanda sólo estaba sujeta nomi-nalmente; el País de Gales era de hecho independiente, y en Francia Felipe Augusto se había adueñado de todas las provincias de los Plantagenets al Norte del Loira.

Para rehacer aquel estado de cosas habría sido preciso un rey genial como Enrique II y no un niño caprichoso como Enrique III.

Apoyado por el Papado, el nuevo soberano pudo superar los difíciles años de su minoridad. En este período ejercieron la regencia primero Guillermo Marshal (hasta 1219) y luego Huberto de Burgh, los cuales, con el auxilio de los legados pontificios, pudieron hacer frente a las turbulencias del baronazgo.

Enrique III fue declarado mayor de edad en 1223 por el papa Honorio III; pero hasta 1227 no se encargó efectivamente del poder. Durante este tiempo, Luis VII de Francia había conquistado Poitou y sus anejos aquitanos.

La mayoría de edad de Enrique III coincidió con la muerte de Luis VIII, quien dejaba como rey a un niño, Luis IX.

Enrique quiso utilizar esta ocasión para recuperar las posesiones inglesas en Francia, proyecto que estuvo a la base de todas sus acciones gubernamentales. Pero si el momento era oportuno, él no supo proceder con tacto, decisión y energía. Fomentó rebeliones, comprometió intereses, se embarcó en locas aventuras, y, por último, fracasó por su incapacidad y cobardía.

Tal es la historia del ataque de 1230, realizado contra el Oeste de Francia, y la de la «ofensiva» de 1242, detenida por los franceses en Tailleburg. Este último fracaso fue coronado por la firma del tratado de Burdeos de 1243. Incluso le fue difícil conservar la Gascuña, que sólo fue pacificada por la mano de hierro del conde de Leicester, Simón de Montfort (1248).

En el interior, la política real corría de tropiezo en tropiezo. Enrique III mortificaba a todos sin lograr captarse la simpatía de nadie. Pobló el gobierno de extranjeros, en particular franceses de Poitou.

Ya en 1234 hubo un primer conato de rebeldía. Amenazado con la excomunión por el arzobispo de Canterbury, Edmundo Rich, Enrique III se vio obligado a desterrar a Pedro des Roches y sus satélites. Pero muy pronto los reemplazó por otras criaturas suyas, que debían su fortuna al capricho real o a la voluntad de la reina, Leonor de Provenza (1236).

En esta época concedió grandes prerrogativas a otro extranjero, Simón de Montfort, a quien dio la mano de su propia hermana (1238).

Esta falta de respeto a los principios constitucionales de Inglaterra, su política tributaria agotadora, su falta de palabra y de buen criterio, y el fracaso militar de 1242, prepararon la gran revuelta de 1258, una de cuyas palancas fue la asamblea o «parlamento» nacido de la frecuente demanda de subsidios.

La revuelta fue motivada por la sujeción del rey a la voluntad del Papado y la aceptación de la corona de Sicilia para su segundo hijo, Edmundo (1255). Simón de Montfort, que se había pasado a la oposición, fue aglutinando a los descontentos.

En 1258 éstos impusieron a Enrique III las Provisiones de Oxford y un Consejo de los Quince, encargado de tutelar al gobierno.

El rey, asegurado por el lado de Francia después del tratado de París de 1259 (por el que reconocía las conquistas de los Capetos en los territorios franceses de los Plantagenets), dio en 1261 un golpe de estado que le devolvió el poder.

Pero tres años más tarde fue derrotado ignominiosamente en Lewes (14 de mayo de 1264) por Simón de Montfort.

Aquí termina el reinado de Enrique III. Pues aunque no murió hasta el 16 de noviembre de 1272 en Westminster, la obra de restauración monárquica fue debida a su hijo Eduardo I.

Fue gracias a la política de este príncipe, que los legitimistas derrotaron a Montfort en Evesham (1265) y que se puso término a la guerra civil por el estatuto de Marlborough de 1267.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Woodrow Wilson
Biografia de Chamberlain Joseph
Biografia de Cecil Rhodes
Biografia de Enrique III de Inglaterra
Biografia de Bonifacio VIII
Biografia de Boccaccio Giovanni
Biografia de Wyclef John
Biografia de Eduardo III de Inglaterra

Biografia de Eduardo III de Inglaterra

Biografia de Eduardo III de Inglaterra

Guando sobrevino el golpe de estado de 1356, que puso fin al reinado de Eduardo II, su hijo primogénito contaba catorce años de edad. Había nacido en Windsor el 13 de noviembre de 1312.

Reconocido rey por el Parlamento el 26 de octubre de 1327, fue de hecho un juguete en manos de su madre Isabel y de su favorito Rogerio Mortimer. Esta situación duró cuatro años.

Eduardo III de Inglaterra

Eduardo III Plantagenet fue rey de Inglaterra desde el 1 de febrero de 1327 hasta su muerte. Restauró la autoridad real tras el desastroso reinado de su padre Eduardo II y convirtió el Reino de Inglaterra en una de las más importantes potencias militares de Europa.
Fecha de nacimiento: 13 de noviembre de 1312, Castillo de Windsor, Windsor, Reino Unido
Fallecimiento: 21 de junio de 1377, Palacio de Richmond
Cónyuge: Felipa de Henao (m. 1328–1369)
Sucesor: Ricardo II de Inglaterra

En octubre de 1330 Eduardo III penetró en el castillo de Nottingham y se apoderó de Mortimer, quien fue ejecutado el 29 de noviembre.

Este acto de audacia en un joven de dieciocho años revelaba que Inglaterra había hallado en su persona un monarca de mano férrea, capaz de sujetar a la nobleza y de restablecer la autoridad de la monarquía.

Pero lo que nadie podía sospechar era que Eduardo III, superando en habilidad diplomática y pericia guerrera a su mismo abuelo, fuese capaz de lanzar la nobleza turbulenta de la época de Eduardo II a la consecución de un ideal político sumamente ambicioso: el establecimiento de la monarquía de los Plantagenets en Inglaterra y Francia.

Joven, ardiente, temperamental, táctico admirable y caballero consumado, Eduardo III buscó en las armas la satisfacción de la gloria que deseaba dar a su gobierno.

Durante algunos años su campo de acción fue Escocia. Apoyó a Eduardo Baliol contra David Bruce, sucesor de Eduardo, pero aunque logró varias victorias (Dupplin Moor en 1332 y, personalmente, la de Halidon Hill en 1333), los escoceses consiguieron mantener su independencia.

Esto fue en particular motivado por la nueva orientación política del rey, deseoso de medirse con el de Francia por varias razones: rivalidades feudales; amenaza de los Capetos sobre Guyena y Flandes, territorios de suma importancia para la economía inglesa; en fin, pretensiones a la corona de Francia después de la muerte de Carlos IV y la sucesión al trono de Felipe de Valois en 1328.

Como nieto de Felipe III el Hermoso, Eduardo III reclamábase de mejores derechos sucesorios. Al no ser reconocidas sus pretensiones, formuladas en 1328, Eduardo III preparó con éxito el cerco diplomático de Francia. Alióse con las ciudades y los príncipes flamencos, con los duques de Austria y de Baviera, y con el emperador Luis IV el Bávaro (1338).

Por otra parte, preparó cuidadosamente el ejército inglés. En 1334 declaró obligatorio el servicio militar, organizó los cuadros de arqueros y dispuso la introducción de una arma nueva: la artillería.

Con estas medidas, no contrarrestadas del lado francés, es lógico que, cuando se inició la guerra en 1337 (guerra de los Cien Años), los ingleses triunfaran’ en mar y tierra, y dieran golpes decisivos contra los franceses.

En junio de 1340 la escuadra de Eduardo III, acaudillada por el propio monarca, destruyó a la de Felipe VI en la batalla de la Esclusa. Entonces Eduardo adoptó formalmente el título de rey de Francia.

Pero para llevar este título con propiedad era preciso conquistar el reino de su rival. Las expediciones emprendidas contra Felipe VI fueron interrumpidas por varias treguas.

En 1342 Eduardo III dirigió una campaña de resultados indecisos; en cambio, cuatro años más tarde obtenía la resonada victoria de Crecy (26 de agosto de 1346), que le libró en 1347 la plaza de Calais, llave marítima de Francia.

Las consecuencias de Crecy no fueron más trascendentales porque Eduardo III concebía aún la guerra a la antigua usanza de las lides feudales.

La celebración de su triunfo se malogró por la terrible invasión de la Peste Negra (1348).

El momento culminante del reinado de Eduardo III corresponde al período de 1356 a 1360, o sea desde la victoria de Poitiers, obtenida por su hijo, el Príncipe Negro, en 1356, al tratado de Calais, firmado el 9 de octubre de 1360.

Aunque este pacto no era tan ventajoso como el impuesto al rey Juan II el Bueno en Londres en 1359, daba al rey inglés una considerable extensión de sus territorios en el Sudoeste francés y formidables ventajas económicas. A cambio de esto, Eduardo III renunciaba al título de rey de Francia.

Los éxitos de Eduardo III sólo podían ser duraderos aniquilando por completo la monarquía de los Valois. Cuando ésta logró rehacerse bajo el prudente reinado de Carlos V, los ingleses tuvieron que batirse en retirada.

En el transcurso de seis años, de 1369 a 1375, perdieron todas sus conquistas anteriores, y sólo conservaron Calais, Burdeos, Bayona y Brest. Los progresos de Francia coincidieron con una grave crisis política, social y religiosa que se desencadenó en Inglaterra.

Además de las alteraciones campesinas promovidas por la Peste Negra, el rey tuvo que enfrentarse con los bandos políticos acaudillados por sus hijos, el Príncipe Negro y el duque de Lancáster, Juan de Gante.

El primero triunfó en el llamado Buen Parlamento de 1376. Pero su muerte favoreció los designios de su hermano, relacionado con Juan Wycleff, el reformador.

En este ambiente intranquilo, murió en el palacio de Sheen (Richmond, en las cercanías de Londres), el 21 de junio de 1377, el rey Eduardo III, que había sido grande por sus hechos, aunque no afortunado en su política.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Woodrow Wilson
Biografia de Chamberlain Joseph
Biografia de Cecil Rhodes
Biografia de Enrique III de Inglaterra
Biografia de Bonifacio VIII
Biografia de Boccaccio Giovanni
Biografia de Wyclef John
Biografia de Eduardo III de Inglaterra

Inglaterra Potencia Naval en el Siglo XVI Exploraciones y Batallas

Inglaterra Potencia Naval- Dueña de los Océanos

El aislamiento geográfico ha obligado a los ingleses a buscar su salvación en el mar. Su espíritu de iniciativa y su audacia forjaron a través de los siglos un imperio incomparable. Sin embargo, no empezaron a explorar los horizontes lejanos hasta los siglos XVI y XVII.

Gracias a sus valerosos exploradores y almirantes, pudieron dominar los mares durante varios siglos. Desde los primeros tiempos, la situación de las islas británicas impulsó a sus habitantes hacia el mar. Estas islas, situadas frente a la atractiva costa de Europa occidental, presentan una costa notablemente recortada y anchos estuarios. En estas condiciones, ¿cómo los ingleses no iban a dedicarse sobre todo a la navegación?. Y ¿por qué habría de sorprendernos que lograran fundar también un inmenso imperio colonial?.

Lo que han realizado los ingleses en sus territorios de ultramar constituye la base de su prosperidad. Sin embargo, no parecían destinados a ejercer semejante dominio. Bien es verdad que en la Edad Media fueron dueños y señores de las aguas costeras, pero durante este período se dedicaron casi exclusivamente al tráfico comercial.

En 1410 los bajeles ingleses dispusieron de artillería, y Enrique VIII hizo construir los primeros navios de guerra. En el siglo xvi y a principios del XVIII, la potencia mundial de España y Portugal inquietó a Albión, que temía que se impidiera el acceso a las rutas marítimas que acababa de descubrir.

Entonces, Isabel I puso sumo cuidado en organizar y aumentar sus fuerzas navales. Gracias a su adiestramiento y habilidad, capitanes como el corsario Drake consiguieron derrotar en 1588 a la Armada Invencible española que pretendió invadir Inglaterra. También diremos que, en parte, debieron esta victoria a la incapacidad del duque de Medinasidonia, que mandaba la escuadra española, y a una terrible tempestad.

Esta derrota significaba para España el fin de su dominación marítima y para Inglaterra el principio de su poderío internacional.

En su lucha contra España, Inglaterra se vio apoyada por los holandeses, que en aquella época contaban con navegantes experimentados, entre ellos Piet Heyn. A cambio, los ingleses se comprometieron a ayudar a la República de las Provincias Unidas a conquistar su independencia.

En 1651, Cromwell decretó su Acta de Navegación para proteger la flota inglesa contra la competencia extranjera.

El Acta establecía que las mercancías procedentes de países no europeos sólo podían entrar en Inglaterra a bordo de barcos ingleses, mientras que la importación de productos europeos tenía que llevarse a cabo bajo pabellón inglés o el del país de origen. Actuando así, tenía presente a la Marina mercante holándesa. La oposición de los holandeses fue inútil, incluso cuando Guillermo III subió al trono de Inglaterra (1689).

En efecto, el Acta no fue abolida hasta 1849, cuando Inglaterra favoreció explícitamente la libertad del comercio.

navio de guerra ingles

Navío del Siglo XIII

Buque de guerra ingles

Navío Henri Grace que usaba Enrique VIII

Barco ingles siglo xix

Buque Almirante Howard

barco ingles

Navío «Victory» de Nelson

//historiaybiografias.com/archivos_varios4/fuente_tomo2.jpg – Dueños de los Océanos –

Origen del Parlamento Inglés Cámara de Lores y Comunes

Historia del Parlamento Inglés
Cámara de los Comunes y de los Lores

Una de las principales contribuciones de Inglaterra al mundo es, sin duda, el parlamentarismo, es decir, la representación del pueblo en el Gobierno. En un régimen parlamentario, el jefe del Estado escoge a sus ministros en el seno del partido que goza de la mayoría en el Parlamento.

El desarrollo del Parlamento inglés se traduce en una merma del poder real. En 1215, la Carta Magna concedió al clero y a la nobleza la participación en el gobierno y el control de las finanzas. Cuando se fundó el Parlamento en el siglo VIII, el estado llano también pudo intervenir. Después de su escisión en Cámara Alta y Cámara Baja, esta institución adquirió tal poder que incluso estaba capacitada para hacer dimitir al rey.

Parlamento en Inglaterra

Ya en 1215, el Gran Consejo, compuesto por miembros del clero y de la alta nobleza, asistía al rey en la administración del país.

A pesar de que la Carta Magna concedía exclusivamente a estos dos grupos derechos que restringían el poder absoluto del rey, ya constituía, en cierto modo, una primera forma de representación de los Estados.

Al principio, todo el mundo consideraba esta Carta como un documento feudal que únicamente exigía que se respetaran usanzas y sujeciones feudales. Sin embargo, también incluía numerosos artículos que ejercieron profunda influencia.

Más tarde se comprobó que la Carta Magna era la primera etapa de la organización parlamentaria. No sólo limitó la autoridad real, sino que además dio vida al concepto de libertad personal. En efecto, el rey tenía que estar asistido
por consejos en los actos de gobierno.

Al principio se trató de un consejo privado, el Prívate Council, que ayudaba al soberano en la dirección de los asuntos y gozaba de poder ejecutivo. Después dio origen a una organización más compleja, que actualmente recibe el nombre de Gobierno.

En caso de crisis, o cuando quería conocer opiniones sobre la dirección del Estado, el rey podía reunir al Gran Consejo. Pero Enrique III, hijo de Juan Sin Tierra, con frecuencia hizo caso omiso de sus opiniones.

Hasta que una insurrección promovida en 1258 por Simón de Monfort le obligó a crear un Parlamento (cuyos miembros pertenecían al Consejo), e incluso hubo de aceptar la colaboración de los representantes de las ciudades.

La admisión de representantes de los condados y de algunas ciudades (dos burgueses por ciudad) quedó establecida durante los reinados de Enrique II y Eduardo I, que los convocaban para la confirmación de las leyes y la fijación de impuestos. Así fue tomando cuerpo lentamente la Cámara Baja y nació la idea de la representación del pueblo.

Sin embargo, en esta asamblea la mayoría estaba siempre constituida por los lores, es decir, el clero y la alta nobleza, y los demás, los comunes, desempeñaban un papel de importancia secundaria. Además, eran convocados con menor frecuencia en el Parlamento, que ya no se reunía en la residencia real, sino en Westminster.

En el reinado de Eduardo II creció la influencia de los Comunes, y el Parlamento no pudo dominar a los altos funcionarios. El rey recibía a menudo quejas contra ellos.

A consecuencia de esta situación, en 1327 el Parlamento obligó al soberano a abdicar en favor de Eduardo III.

Durante el reinado de este monarca, en el siglo XIV, tuvo efecto la escisión del Parlamento en dos cuerpos distintos. Los grandes del reino, a quienes el rey nombraba de por vida y que se cuidaban, sobre todo, del gobierno del Estado, pertenecían a la Cámara de los Lores, o Cámara Alta.

La Cámara de los Comunes, o Cámara Baja, estaba compuesta por caballeros y representantes de las ciudades. Sólo tenían voz para votar las ayudas y subsidios al rey y los nuevos impuestos.

Estos dos cuerpos siempre habían votado aparte. También adoptaron la costumbre de reunirse por separado. Entonces, la pequeña nobleza prefirió unirse a los burgueses y no a la alta nobleza y, más tarde, esto influyó profundamente en la historia política de Inglaterra.

Todas las libertades del país se asentaron en esta base. Las Cámaras impedían todo absolutismo o poder discrecional del rey.

La guerra de las Dos Rosas, que durante treinta años sostuvieron la casa de Lancaster y la de York, aumentó considerablemente la influencia del Parlamento (la mayor parte de la nobleza inglesa se encontraba implicada en esta lucha que agotó a los dos bandos). Sin embargo, los Tudor lograron frenar la ingerencia parlamentaria.

Gracias a sus importantes recursos personales y a una hábil política extranjera —que lo mantuvo alejado de las guerras europeas—, Enrique VII, primer rey de la casa Tudor, consiguió liberarse progresivamente de la sujeción del Parlamento.

A pesar de la irregularidad de sus reuniones, los Tudor se daban perfecta cuenta de su necesidad y su poder.

Enrique VIII dio prueba de ello: cuando subió al trono, el poder real estaba en su plenitud. Sin embargo, con motivo de la lucha que entabló contra el papa, instituyó la «Reformation Parliament» (1529), que presidió durante siete años y dictó numerosos decretos reales que suprimían la supremacía de la Iglesia y la concedía al rey y al Parlamento.

Uno y otro podían imponer cualquier ley al país.

Cuando se suprimieron los cargos en la Cámara Alta, los Comunes adquirieron todavía mayor conciencia de su poder. A partir de 1547, su competencia quedó claramente establecida. La tentativa de los Estuardo (1603-1688) de destruir el poder de la Cámara Baja e instaurar un poder real absoluto provocó la ejecución de Carlos I y la proscripción de Jacobo II.

Despojado el rey del derecho de indultar a los ministros acusados por el Parlamento, el poder parlamentario siguió aumentando con la casa de Hannóver (desde 1714). Cuando se decidió no establecer el presupuesto para la duración del reinado, sino sólo por un año, se hizo inevitable la convocación anual del Parlamento. Finalmente, en el siglo xvín se obligó a dimitir a los ministros cuya actuación no merecía el voto de confianza.

La unión con Escocia (1707) e Irlanda (1801) modificó profundamente el Parlamento. En la Cámara Baja aumentó el número de escaños y la Cámara Alta acogió a 16 pares y 26 irlandeses. Sin embargo, en el siglo XVIII la limitación del derecho de voto y el reparto de los escaños hicieron que la Cámara Baja sólo fuera una representación muy imperfecta del pueblo inglés.

En 1832, a pesar de no haber concedido todavía derecho de voto a las clases inferiores, la Reform Act de J. Russel mejoró la situación, así como las reformas adoptadas en 1867, 1884, 1918 y 1928.

//historiaybiografias.com/archivos_varios4/fuente_tomo2.jpg

Ver: El Parlamento Inglés

Biografía de Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra Resumen Gobierno

Biografía de Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra – Resumen Gobierno

Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia (1566-1625). Este rey escocés no conquistó la vecina Inglaterra; simplemente ascendió en 1603 al trono como sucesor legítimo, por su tatarabuela inglesa, de Isabel I, que había muerto sin descendencia.

Así se produjo la unión de los dos gobiernos, primer paso hacia la unificación de los dos reinos, lo que ocurriría en 1707, año en que el Acta de Unión creó el Reino Unido.

Al convertirse Jacobo I en rey de los ingleses, éstos cesaron en sus intentos de anexar Escocia, puesto que ya no había razón para ello.

Jacobo fue un erudito que escribió folletos y patrocinó el grupo de teatro de Shakespeare; encargó una hermosa y perdurable traducción al inglés de las Escrituras, conocida como Biblia del rey Jacobo; mandó apresar y ejecutar a sir Walter Raleigh, no por odio al novedoso hábito de fumar tabaco, al cual Raleigh era aficionado, sino por otras ofensas a la corona.

Jacobo odiaba la forma extrema del protestantismo calvinista, llamado puritanismo, que ganaba adeptos en Inglaterra a comienzos del siglo diecisiete Jacobo resistió la presión puritana que pretendía la erradicación de ciertas prácticas católicas de la iglesia de Inglaterra.

Por ironías del destino, fueron conspiradores católicos, y no puritanos, quienes trataron de volar el parlamento con todo y rey en la Conspiración de la Pólvora de 1605.

Jacobo despertó las críticas por su hábito de tener favoritos.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

A su muerte, en 1603, Isabel I dejaba a Inglaterra próspera y en paz.

El país había escapado milagrosamente a la guerra civil, a la guerra religiosa que devastaba tantos países del continente, y, en particular, Francia.

Entre los católicos romanos y los protestantes puritanos, la reina había sabido imponer una solución intermedia: el anglicanismo. Este se parecía al protestantismo en la doctrina, y se mantenía católico conservando la jerarquía y el fasto de sus ceremonias.

Y sobre todo, el soberano, como jefe de la Iglesia, había podido colocar el ideal patriótico por encima del religioso.

Ciertamente, todo esto no se había producido sin desgarrones, sin conspiraciones procedentes de diversas facciones.

Pero esto afectaba solamente a pequeñas minorías; la gran masa del pueblo encohtraba en la religión anglicana lo suficiente para su sed religiosa y estimaba que el «statu quo» le traería la paz.

Una paz feliz, por lo demás; después de las incursiones de Drake y de Raleigh, después de la victoria de 1588 contra la Armada Invencible, los navios ingleses podían surcar los mares: el poderío comercial inglés se halla en lo sucesivo bien establecido, proporcionando a Inglaterra la prosperidad comercial e industrial.

rey jacobo I de Inglaterra Estuardo

La dinastía de los Estuardo, restablecida a la muerte de Isabel en el trono de Inglaterra, no va a durar más que de 1603 a 1688. Su voluntad absolutista y la limitación del poder ejercida sobre el Parlamento suscitarán en este  período  dos  acontecimientos dramáticos.

Inglaterra y el surgimiento de la monarquía constitucional: Uno de los más prominentes ejemplos de resistencia a la monarquía absoluta se dio en la Inglaterra del siglo ZVII, donde el rey y el Parlamento pelearon para determinar el papel que cada uno debería desempeñar en la conducción de Inglaterra.

Pero la lucha en torno a este asunto político se complicó por una profunda y sustancial controversia religiosa.

A finales del siglo XVII, con la victoria del Parlamento, sobrevino la fundación de la monarquía constitucional.

BIOGRAFIA DE JACOBO I ESTUARDO, REY DE ESCOCIA E INGLATERRA

Jacobo I Estuardo (1566-1625), rey de Inglaterra (1603-1625) y, con el nombre de Jacobo VI, rey de Escocia (1567-1625). Nacido el 19 de junio de 1566 en el castillo de Edimburgo (Escocia), Jacobo fue el único hijo de María I Estuardo y de su segundo esposo, lord Darnley. Cuando María fue obligada a abdicar en 1567, él fue proclamado rey de Escocia.

La muerte de la Reina Virgen sumió, sin embargo, a su pueblo en la aflicción y el temor. Isabel había sabido hacerse amar por su pueblo: se había establecido una especie de acuerdo tácito, sobre la base del respeto de los derechos mutuos.

Su heredero, Jacobo I, era ya rey de Escocia. Cuando se anunció la llegada del nuevo rey, toda Inglaterra se aprestó a recibirlo. Era el hijo de María Estuardo y de Darnley. Pero, si bien su madre era católica, él era calvinista, y, lo que es más, tenía ya la reputación  de un príncipe enamorado de la teología.

Esto tranquilizó a Inglaterra, porque pensó que no tendría que volver a cambiar de religión oficial. Pero el entusiasmo inicial de los ingleses se enfrió bastante rápidamente: el nuevo rey les decepcionó.

Admitiendo, incluso, que fuera feo, el hecho de que babease, chocó a los que recordaban el espléndido porte de Enrique VIII o la magnífica prestancia de Isabel.

Además, era aficionado a hacer discursos teológicos sin fin, perdiéndose en los meandros de sus propios razonamientos y aburriendo a los que le escuchaban.

En el fondo lo único que pretendía era ocultar una coquetería exagerada: el rey iba cubierto de joyas; Isabel era, efectivamente, un poco viril, pero Jacobo I era un monarca afeminado.

Empezando a desconfiar ya sobre la persona del rey, los ingleses no vieron con buenos ojos su primer acto de autoridad.

En el curso del viaje que lo llevaba desde Escocia a Londres, la escolta real descubrió a un ladrón: Jacobo I le hizo ahorcar al instante, sin juicio.

Creía poder prevalerse en el derecho de justicia supremo: pero Inglaterra, en el curso de los últimos siglos de su historia, había aprendido a temer la arbitrariedad; un hombre no podía ser condenado sin juicio.

Este acto, aislado, no hubiera sido grave, pero se vio en seguida que Jacobo I no tenía del papel de monarca las mismas ideas que los Tudor, sus predecesores.

Omitiendo las lecciones de la historia inglesa, queriendo ignorar la gran carta de 1215, pretendió ser un monarca absoluto. «El rey es la ley», afirmaba.

Estimando que, bendecido por Dios, él era su representate sobre la tierra, y que los ingleses, en consecuencia, no podían considerarse más que como subditos sometidos a su buena voluntad.

El conflicto político era, a la larga, inevitable entre el rey y el Parlamento. Al principio, sin embargo, era la situación religiosa la que parecía levantar el mayor número de dificultades.

Sintesís: Con la muerte de la reina Isabel, en 1603, la dinastía Tudor se extinguió y se inauguró la línea gobernante de los Estuardo con la ascensión al trono del primo de Isabel: el rey Jacobo VI de Escocia (hijo de María, reina de los escoceses), quien se convirtió en Jacobo I de Inglaterra (1603-1625).

Aunque acostumbrado al poder real como rey de Escocia, Jacobo no entendía nada de las leyes, instituciones y costumbres de los ingleses. Abrazó la doctrina del derecho divino de los reyes, la creencia de que los reyes recibían su potestad directamente de Dios y que, por tanto, eran responsables sólo ante Él.

Este punto de vista enajenó al Parlamento, el cual se había desarrollado acostumbrándose, bajo los Tudor, a actuar bajo la premisa de que el Parlamento y la monarquía gobernaban en conjunto a Inglaterra como una «forma de gobierno equilibrada». 

El Parlamento expresó su desacuerdo con los reclamos de Jacobo rechazando sus demandas de dinero extra que el rey necesitaba para satisfacer los crecientes cortos gubernamentales. El poder del Parlamento sobre el tesoro resulté ser su carta de triunfo en sus relaciones con el rey.

EL COMPLOT DE LA PÓLVORA:

«Antes de que hubiera un Estado, había reyes de donde se deduce que son los reyes los que han hecho las leyes y no las leyes las que han hecho a los reyes… El rey obtiene su derecho de Dios y a nadie más que a Dios tiene que rendir cuentas…» E

sta teoría absolutista provoca descontentos.

En 1605 es descubierta la «Conjuración de la Pólvora».

Sin duda alguna, Inglaterra era anglicana en su inmensa mayoría, pero los católicos representaban todavía una fuerte minoría; las guerras que, en el continente, enfrentaban a reyes católicos y príncipes protestantes, permitían mantener esperanzas.

Desde el comienzo del reinado de Jacobo, un cierto número de conjurados, dirigidos por Guido Fawkes, se propuso eliminar de un solo golpe al rey y a todas las personalidades protestantes del país.

En 1605, los conjurados lograron alquilar una cueva situada exactamente bajo el palacio donde debía celebrarse la sesión inaugural del Parlamento, y la llenaron de explosivos.

Pero fue preciso poner al corriente a todos los que debían intervenir en el atentado para dar un golpe de Estado, aprovechando el vacío político y la perturbación que no dejaría de producirse. Las denuncias permitieron detener, «in extremis», a Guido Fawkes.

El fracaso de la «conjuración de la pólvora», arruinó la causa católica: en lo sucesivo no se consideró a los «papistas» más que como peligrosos terroristas que serían vivamente perseguidos.

Jacobo I estaba, pues, salvado de la amenaza católica. Pero, entre los protestantes, eran numerosos los que no se hallaban conformes con la autoridad del rey sobre la Iglesia. También reprochaban a la iglesia anglicana su fasto y el carácter ostentoso de su culto.

Para ellos, la pobreza, la sencillez de costumbres y de vida constituían la piedra angular de la religión cristiana. Estos «puritanos» tenían horror a la sensualidad, a la alegría, a todo lo que pudiera haber de cálido en la religión.

Tristes y austeros, estos hombres reivindicaban para sus fieles el derecho de ser liberados de toda tutela que no fuera la de su Dios, su Fe y su Biblia.

Pero Jacobo I conocía a esos «demócratas» de la religión; su madre había tenido que sufrir durante mucho tiempo los sermones y después las amenazas de Juan Knox; él mismo había soportado muy mal, en Escocia, la presión de los grupos presbiterianos.

No admitía despojarse de la extraordinaria fuerza que le daba la dirección de la Iglesia oficial.

La lucha, pues, era inevitable entre Jacobo, representante de la autoridad, y los puritanos, apóstoles de las libertades. Numerosos puritanos prefirieron buscar un país que conviniera mejor a su fe.

En 1620, un centenar de ellos se embarcaron a bordo del navio llamado «Mayflower», y desembarcaron en América del Norte, donde esperaban fundar un país de hombres libres, decididos a seguir el camino de Dios.

Este puñado de hombres, junto con los colonos de Virginia, fueron la primera semilla de lo que sería el pueblo de los Estados Unidos.

JACOBO I Y EL PARLAMENTO

Las dificultades de Jacobo I serían provocadas por un debate político. Bajo Enrique VIII e Isabel, el Parlamento de Londres había recibido las mayores muestras de respeto de parte de los soberanos, que se esforzaban en gobernar con el apoyo de los representantes del pueblo inglés.

En Londres el Parlamento, en su gran mayoría, estaba compuesto de burgueses comerciantes y pequeños propietarios rurales. Celosos de sus prerrogativas, estimaban que el rey no podía manifestar ninguna pretensión al absolutismo.

Le reconocían el derecho de criticar abiertamente todos los actos de la administración real, y desaprobaban cada vez mi, al rey Jacobo I había querido rodearse de una corte suntuosa. «Todos los reyes tiran el dinero por la ventana el día de su coro nación; éste es el primero que lo tira todos los días», escribió un contemporáneo.

En efecto, sus. gastos particulares costaban dos veces más que los de Isabel. Para comprar joyas empleaba tanto como para su marina de guerra.

Gastaba en total 600.000 libras por año, mientras que sus rentas no sobrepasaban las 400.000 libras.

Ante la falta de dinero, los monarcas pueden siempre utilizar el medio supremo: el impuesto.

Pero sus relaciones con el Parlamento eran lo bastante malas como para que éste no aceptara votar esos impuestos. Entonces, ¿había que obligarlo?

El ejército del rey era débil para enfrentarse con las milicias burguesas y un levantamiento de la pequeña nobleza. No le quedaba más solución que dar bienes del Estado, praderas o bosques y atribuirse monopolios.

El Parlamento reclamó, pero no fue convocado.

El rey era cada vez más sensible a los consejos de los ministros aduladores. Uno de ellos hizo una carrera sorprendente: Jorge Villiers.

EL DUQUE DE BUCKINGHAM
Jorge Villiers se convirtió, a los veintidós años, en primer ministro. Era pobre, pero de buena figura.

El rey le hizo duque de Buckingham y su íntimo favorito. Sin ser inteligente, el duque de Buckingham era de una vanidad tal que cometió muchas imprudencias y colocó a Jacobo en las peores situaciones.

La Hacienda real era muy pobre para que el rey pudiera pensar en una guerra. Pero el pueblo inglés se apasionaba por la valerosa lucha que mantenían los protestantes alemanes contra los católicos.

Uno de ellos, el Elector Palatino, que era yerno del rey de Inglaterra, solicitó la ayuda inglesa. Pero la flota británica, descuidada, no era la de los tiempos de Isabel y Drake.

No se podía concebir una intervención en favor de los alemanes si el Parlamento no concedía créditos. En 1621, Jacobo se vio, pues, obligado a convocarlo de nuevo.

Sabiéndose indispensables, los parlamentarios exigieron, a cambio de su ayuda, que el rey aceptara reformas y consejos.

El rey rehusó toda idea de reforma y se encontró sin dinero. Pero parecía ofrecérsele otra solución más brillante: su hijo, el príncipe Carlos, era joven y bien parecido.

¿Por qué no casarlo con una hija del muy rico rey de España? Así se podrían matar dos pájaros de un tiro: enriquecerse y obtener una paz ventajosa para el Elector Palatino y los príncipes alemanes.

Carlos y Buckingham partieron paea España en 1623. Pero en seguida, los ingleses consiguieron hacerse detestables, ultrajando a los españoles con sus malos modos.

Un noble del séquito llegó a abofetear a un sacerdote español. La infanta se negó a casarse con Carlos si éste no se convertía al catolicismo. Por su parte, Jacobo I se sentía «como una viuda» lejos de Buckingham.

Se creyó entonces que era Buckingham quien había provocado la ruptura.

Con gran asombro del propio duque, los ingleses, que habían temido una alianza española favorable al partido católico, lo acogieron como a un héroe. Esto bastó para hacer de este vanidoso un antiespañol ardiente.

Resumiendo podemos deicr que Jacobo trató en vano de lograr la paz religiosa en Europa, acordando el matrimonio de su hija Isabel con el elector del Palatinado, Federico V, líder de los protestantes alemanes.

También trató de poner fin al conflicto con España, principal potencia católica, concertando el matrimonio de su hijo Carlos con la hija del rey Felipe IV de España. Tras ser rechazado, firmó una alianza con Francia y declaró la guerra a España, atizando así el fuego que había tratado de apagar.

Jacobo I murió el 27 de marzo de 1625 y heredó el trono su hijo, Carlos I.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII  La Gran Aventura del Hombre

Francis Drake Pirata de la Reina Isabel I de Inglaterra Biografia

HISTORIA DE FAMOSO CAPITÁN FRANCIS DRAKE

historia sobre el oro

Las expediciones inglesas constituyen una página gloriosa en la historia de la navegación y preparan el predominio británico en los mares. El héroe admirado y temido de los españoles es Francis Drake, el lugarteniente de Hawkins en San Juan de Ulúa. Había nacido en Tavistock, en el condado de Devon, hacia 1540, a lo que se dice en la cala de un navío. Después de la derrota de John Hawkins en San Juan de Ulúa, había concebido contra los españoles un odio terrible, que con la codicia fue el móvil de toda su vida.

No tuvo España enemigo más tenaz, más peligroso y más inteligente. No nos es posible señalar sino un resumen muy somero de sus ataques al Imperio español. En 1572 saqueó a Nombre de Dios, en el Atlántico, llave del istmo de Panamá y lugar de concentración de los tesoros que del Perú venían a España; atravesó el istmo y dio vista al Pacífico.

Aún más atrevido fue el viaje efectuado en 1577. Pasó el estrecho de Magallanes, saqueó a Valparaíso y Arica, y en el Callao, el puerto de Lima, se apoderó de un galeón cargado de oro. Prosiguió el viaje por el Pacífico, hacia el Norte, saqueando ciudades y apresando navíos hasta la bahía de San Francisco, y luego regresó dando la vuelta al mundo por el océano Indico y por el Atlántico. El 3 de noviembre de 1580 llegaba a Plymouth. (Fuente Consultada: Historia de Canarias)

Biografía de Francis Drake: Nació en 1543 en Portobelo, Inglaterra. Fue un marino y navegante que se formó desde muy joven con John Hawkins, un famoso capitán de la marina inglesa. Inició su fama de pirata al atacar los puertos españoles del Caribe 1572 , que luego a entrar en el océano Pacifico saqueo el puerto de Nombre de Dios en Panamá apoderándose de un gran cargamento de oro y plata.

Al servicio de los Hawkins pudo Drake aprender todos los secretos de los océanos, la navegación
en alta mar y las principales rutas marítimas.

En 1577 partió con cinco naves y con una tripulación de mas de cien hombres, rumbo a las colonias españolas en el Pacifico, cumpliendo una misión secreta a pedido de la reina Isabel I de Inglaterra.

Llegó al Río de la Plata luego de cruzar el Atlántico, y se dirigió al estrecho de Magallanes para seguir viaje en 1579 rumbo a las Malucas , Java y Céleles en Indonesia, retornando a Inglaterra en 1580, y siendo recibido con honores como el primer marino inglés en circunnavegar el mundo, hazaña hecha por primera vez por España, iniciada por Magallanes y concluida por Sebastián Elcano.

Drake fue un pirata al servicio de la Reina Isabel I, saqueando enormes fortunas en oro y plata a los barcos españoles. Fue condecorado con el titulo de SIR en una ceremonia arriba de su famoso barco el Golden Hind. También fue ministro del Parlamento entre 1584 y 1585. (imagen del barco)

Fundó el primer asentamiento inglés del Nuevo Mundo, en la isla de Roanoke (a la altura de Carolina del Norte). La tradición atribuye a Drake la introducción del tabaco en Inglaterra, precisamente al regreso de este último viaje.

Golden Hind

Debido a las disputas entre Inglaterra y España, Drake también por encargo de la reina, atacó el puerto de Cadiz destruyendo parte importante de la flota. Dos años mas tarde cuando los españoles enviaron su Armada Invencible contra Inglaterra, Drake luchó contra ella como vicealmirante en la batalla del Canal de la Mancha.

Dirigió con acierto una de las divisiones de la armada Inglesa, mandada por lord Howard Effingham (1536-1624), a quien superaba con sus dotes de marino. Aprovechó la mayor maniobrabilidad de las naves inglesas y el mayor alcance de su artillería. Desempeñó también un papel importante en la decisiva acción de Gravelinas.

Drake se embarcó posteriormente en una larga y desastrosa campaña contra la América española, en la que sufrió varias derrotas consecutivas. Cuando cumplió con el encargo de atacar Puerto Rico, los artilleros españoles del castillo de El Morro alcanzaron el puente de su barco, pero Drake sobrevivió. Poco después, atacó de nuevo San Juan de Puerto Rico, volviendo a ser derrotado.

La historiografía actual considera que el gran talento de este irrepetible personaje no fue su capacidad de innovación, sino su brillantez como capitán y sus innumerables recursos a bordo

A mediados de enero de 1596, a los 56 años, enfermó de disentería. El 28 de enero murió frente a las costas de Portobelo, Panamá, después de haber hecho testamento en favor de su sobrino Francis; el mando de la expedición quedó a cargo de Sir Thomas Baskerville. A manera de entierro, su cuerpo fue lanzado al mar en un ataúd lastrado.

UN VIDEO SOBRE FRANCIS DRAKE

Las bases de una gran potencia: La derrota española de 1588 file el hecho fundamental para que Inglaterra, favorecida por las brillantes dotes de estadista de Isabel I, se convirtiese en una gran potencia naval y colonial. Previamente, la reina puso orden en el caos financiero que dejó María Tudor. El proceso expansíonista había empezado en 1555 con la creación de la Compañía de Moscú a raíz del descubrimiento y la explotación de los grandes bancos de pesca de Terranova. Una flota mercante cada día más grande abrió rutas comerciales, que incluyeron el ignominioso tráfico de esclavos africanos. La corona no vaciló en usar barcos piratas, capitaneados por Hawkins, Drake, Frobisher y otros, que no dieron tregua en las rutas comerciales que explotaban España y Portugal en el Atlántico sur y el Caribe. En 1584. sir Walter Raleigh fundo la primera colonia inglesa en America del Norte, en Virginia •nombre elegido en homenaje a Isabel, llamada la Reina Virgen, y en 1600 se creó la Compañía de las Indias Orientales. El capital obtenido se invirtió en nuevas empresas comerciales, industriales y financieras por acciones, lo que llevó a crear la bolsa de Londres, en 1571.

Ver: Historia de los Primeros Viajes Comerciale Por El Mundo

Emperadores del bajo Imperio Roma Antigua Los Severos Caracalla

Emperadores del Bajo Imperio – Roma Antigua – Los Severos

EL «BAJO IMPERIO» LOS SEVEROS
A la muerte de Cómodo, los Pretorianos volvieron a creerse dueños del trono, como ocurría antes de los Flavios, y propalaron que iban a coronar emperador al romano que les prometiera mayores sueldos: y así fue cómo varios candidatos se presentaron en este escandaloso remate. Pero indignados, todos los ejércitos de las fronteras se alzaron en armas y proclamaron a sus respectivos jefes, en medio de la mayor anarquía.

Septimio Severo (193 a 211)
Finalmente, logró imponerse entre todos, el general Septimio Severo, comandante de las tropas del Danubio. El nuevo soberano pudo restablecer el orden, pero nunca olvidó a quiénes debía la corona: desde entonces los soldados fueron los dueños y árbitros del Imperio.

Africano de origen y militar de aguerrido carácter, este emperador era de costumbres sencillas y estaba dotado de grandes cualidades de gobierno, pero tuvo que recurrir a sus tropas para imponer el orden: así inauguró el «Bajo Imperio», época de los emperadores militares que sólo se mantenían en el poder mientras contasen con el apoyo de los soldados.A pesar de todo, el gobierno de Septimio fue muy progresista: logró frenar el desorden y la economía comenzó a florecer; también llevó a cabo brillantes campañas, principalmente contra los Partos y contra los Británicos, sorprendiéndole la muerte en la lejana Inglaterra.

Caracalla (211 a 217)
Hijo y sucesor de Septimio, fue el polo opuesto de su padre. Vicioso en extremo y de refinada crueldad, quiso eclipsar a los grandes emperadores construyendo las más gigantescas y lujosas Termas que Roma pudiera soñar.Al faltarle el dinero por sus derroches y extravagancias, (dictó la famosa «Constitución Antoniana» del año 212, con la que concedía a todos los habitantes del Imperio la ciudadanía romana: pensaba así extender el cobro de los impuestos especiales a todas las provincias. La medida era buena, pero demasiado tardía: a esa altura de la historia, a muy poca gente le importaba ser «ciudadano romano».

Al morir Caracalla combatiendo contra los Partos, le sucedió su primo Heliogábalo, joven afeminado de 14 años, de origen sirio. Príncipe amoral V ridículo, renovó todas las locuras de Calígula: preocupado por extender en Roma los cultos orientales del dios Mitra, del que era Sumo Sacerdote, entregó el gobierno del imperio a su madre y a su abuela, juntamente con un Senado especial formado sólo por mujeres. Los soldados lo soportaron cuatro años antes de asesinarlo.

Le sucedió otro primo, Alejandro Severo, de origen fenicio, y muy distinto: honesto y trabajador, poco pudo hacer ante la anarquía que destrozaba el imperio. En el año 235 murió también asesinado por los soldados que le reprochaban su escaso valor militar.

Anarquía Militar
En los cincuenta años que siguieron muerte de Alejandro Severo, e. Imperio se vio sacudido hasta sus cimientos. Los ejércitos, compuestos en su mayor parte por extranjeros, dueños de la situación, proclaman y deponen emperadores a granel. En cierto momento se cuentan 18 emperadores a la vez, sostenidos por sus respectivas tropas, y luchando entre sí para imponerse sobre los demás.

Al mismo tiempo se producía el resquebrajamiento de todas las fronteras: los godos y los partos, no encontraban la menor resistencia a sus ataques. El derrumbe del Imperio parecía inminente.

Pero aun la hora final no había llegado. Varios soberanos, entre ello; AURELIANO y PROBO lograron mantenerlo a flote gracias a sus esfuerzos sobrehumanos. Finalmente llegó al trono un soldado ilirio quien creyó haber encontrado la fórmula de la salvación.

Causas del Origen del Anglicanismo en Inglaterra Reforma de Enrique VIII

Causas Que da Origen Al Anglicanismo en Inglaterra – La Religión Anglicana

Enrique VIII de InglaterraEnrique VIII, rey de Inglaterra (desde 1509), era omnipotente en su reino.

Elegía todos los obispos y no les permitía discutir sus órdenes.

Había hecho nombrar a su ministro favorito, Wolsey, cardenal y legado del Papa en Inglaterra.

Enrique VIII se alababa de haber estudiado teología. Escribió un tratado refutando a Lutero. El Papa lo felicitó y el dio el título de «defensor de la fe».

Pero un día  el acuerdo entre el rey y el Papa se rompió con motivo de un asunto particular.

Enrique se había casado con Catalina de Aragón, tía de Carlos V. Era viuda de su hermano, y se había casado con dispensa del Papa.

Se enamoró el rey de una dama joven de su Corte, Ana Bolena, y quiso casarse con ella, para lo que pidió al Papa que anulase su matrimonio con Catalina (1527).

El Papa Clemente VII, queriendo contentar a la vez a Carlos V y a Enrique VIII, dio largas al asunto y acabó por declarar que había de verse en Roma.

Enrique se decidió a obrar solo.

Reunió en asamblea a los obispos ingleses y los obligó a declarar al rey «único jefe supremo de la Iglesia en Inglaterra» (1531). Enrique repudió a Catalina, casó secretamente con Ana Bolena (1533) y nombró a un arzobispo que declaró nulo su primer matrimonio.

Catalina acudió al Papa, el cual anuló el casamiento de Ana Bolena.

ESTA ES LA HISTORIA…

El turbulento y jovial rey Hal, como es afectuosamente llamado por sus súbditos el padre de Isabel, posee una manera un tanto apresurada de solucionar sus problemas amorosos.

En cuanto subió al trono, a los diecinueve años (1509), necesitó garantizar la alianza entre España e Inglaterra contra su tradicional enemiga, Francia.

Se casó entonces con la viuda de su hermano Arturo, Catalina de Aragón (hija de Fernando el Católico e Isabel la Católica).

Como para la Iglesia el casamiento con una cuñada era considerado incesto, Enrique VIII hizo que su primer ministro, el obispo Wolsey, hijo de un carnicero enriquecido, obtuviera del papa el permiso para contraer ese matrimonio (1509), con el pretexto de que el casamiento anterior de Catalina «no se había consumado».Catalina de Aragon

Enrique mantenía buenas relaciones con el papa.

Era intransigente defensor del catolicismo en la isla, en una época en que el protestantismo se extendía por Europa.

El papa no tenía, pues, motivo para contrariar a tan buen aliado. Después del casamiento, sin embargo, las cosas cambiaron.

La española no le daba un hijo varón; entre un aborto natural y otro, había nacido, en febrero de 1516, una niña, María Tudor.

Para un monarca de esa época, asegurar la descendencia en el trono era vital.

Morir sin sucesor confirmado era casi una invitación a que los nobles provocasen una guerra civil para apoderarse de la corona.

Además de eso, la alianza con España dejaba de ser conveniente para convertirse en una amenaza.

La dinastía austríaca de los Habsburgo, con el dinero de los banqueros Fugger y el control de las riquezas traídas de sus nuevas tierras de América está comprando a Europa, pagando enormes ejércitos, sobornando cuando es necesario, haciendo casamientos convenientes aquí y allá.

Carlos V integró este imperio multiforme sostenido por la banca alemana y por el oro de los galeones que llegan del Nuevo Mundo.

Inglaterra y su comercio se arriesgan a caer bajo ese dominio paneuropeo, como ocurrió con Flandes e Italia.

Conviene ahora conseguir alianza con Francia para enfrentar el peligro. Existe, además, un tercer motivo para el divorcio del rey Hal, pequeño para la historia, mas grande para su protagonista.

Enrique es sensual, quiere disfrutar de la vida, y Catalina, su contrafigura. Además, él siempre gustó de las otras mujeres.

El rey no consigue siquiera soportar su presencia, apasionado como está por la joven y vivaz Ana Bolena, dama de compañía de la reina, quien le promete un hijo varón.

ana bolenaPero el papa no está en condiciones de concederle la nueva anulación pretendida.

Es virtualmente un prisionero de la casa de los Habsburgo, que ya incendió Roma en 1527 y que desea en el trono inglés a Catalina de Aragón hoy y a su hija María mañana.

Una solución se impone. Si la Iglesia de Roma no puede liberarlo de ese lazo, la Iglesia de Inglaterra lo hará.

Enrique consigue que varias facultades de teología declaren la nulidad de este casamiento entre cuñados.

Ana Bolena (imagen arriba-izq.) está grávida; es preciso que el heredero no nazca bastardo.

Enrique nombra a Cranmer, un sacerdote dócil, arzobispo de Canterbury, y por su intermedio se casa secretamente en enero de 1533.

En Pascua se anuncia oficialmente el matrimonio: Ana es coronada reina. Y al mismo tiempo Enrique es excomulgado por el papa.

Este acontecimiento es el que decide la separación entre Inglaterra y la Iglesia de Roma.

Tomás MoroLa respuesta del rey no tarda, de ahora en adelante la Iglesia inglesa queda bajo las órdenes de Enrique Tudor.

La facilidad con que obtiene la adhesión de la mayoría del clero muestra hasta qué punto Inglaterra estaba madura para la separación o doblegada por el terror.

Los privilegios de que la Iglesia de Roma dispone en el reino, además de sus enormes riquezas, son tentadores en extremo para la burguesía inglesa. ¿Para qué mandar dinero al papa de Roma, si puede quedar en la isla?.

Enrique, a pesar de su rompimiento con el Papa, pretendía seguir siendo católico. Hacía decapitar a los católicos como criminales porque no reconocían su autoridad, pero mandaba quemar a los luteranos porque eran herejes.

Una ley (1539) ordenó condenar a prisión perpetua al que nó admitiera la confesión, la misa y el celibato de los sacerdotes.

Pero, desde que el rey había roto con el Papa, eran numerosos los partidarios de una reforma completa. Los mismos ministros del rey hacían traducir al inglés algunas partes de la misa (1544).

Enrique VIII se cansó muy  pronto de Ana Bolena y la hizo decapitar (1536). Tuvi  cuatro mujeres más. La tercera murió, se divorció de la cuarta y a la quinta le mandó cortar la cabeza.

Con la nueva situación, los protestantes habían pensado que su hora había llegado, pero el rey quiere una Iglesia Católica, a pesar de estar separado del papa.

Cuando el canciller Tomás Moro (imagen arriba) se rehusa a renegar del papa y a reconocer el casamiento con Ana Bolena, Enrique manda que le corten la cabeza.

Separado de la española (confinada en un castillo), con las arcas enriquecidas debido a la venta de los bienes de la Iglesia, Enrique espera el hijo varón que Ana Bolena le va a dar. Pero nace una niña: Isabel.

Corre el año 1533, y esta ya es otra historia….

———– 00000 ————

AMPLIACION: Su sucesor (1547) fue el hijo que había tenido de su tercera mujer, Eduardo VI, que contaba diez años.

El tío del joven rey gobernó en su lugar y puso de acuerdo con los partidarios de la Reforma. Mandó romper las vidrieras de las iglesias y las imágenes de los santos y suprimió las procesiones.

Entonces se escribió una liturgia en inglés, y se permitió casarse a ios sacerdotes.

Los partidarios del antiguo culto se sublevaron, y el gobierno envió contra ellos soldados alemanes e italianos.

El joven rey, educado por predicadores protestantes, se declaró favorable al calvinismo.

Mandó hacer una nueva liturgia que abolía los usos católicos (1552), y ordenó dar la comunión con pan ordinario, «como el que se come a la mesa». Se hizo una nueva confesión de fe que admitía toda la doctrina de Calvino.

Eduardo murió pronto (1553). Su hermana María, hija de Catalina de Aragón, lo sucedió. Era católica y casó con su primo el rey de España, Felipe II.

Derogó las leyes de Enrique VIII, reconoció el poder del Papa y restableció las leyes contra los herejes.

Los eclesiásticos que habían dirigido la reforma fueron decapitados o perecieron en la hoguera. Inglaterra volvió a ser católica.

María murió pronto sin dejar sucesión (1558). Isabel, hija de Ana Bolena, fue reina. No tenía afición a los calvinistas, pero no podía ponerse de acuerdo con los católicos, que no aceptaban el matrimonio de su madre ni la reconocían como reina legítima.

Hizo una reforma que se creía posible aceptaran todos los partidos .

Conservó los obispos con sus poderes y sus tierras. Conservó los crucifijos, los órganos, la sobrepelliz de los sacerdotes católicos.

Pero adoptó la liturgia en inglés y la doctrina calvinista. Así se creó la Iglesia anglicana.