Iván Sifilítico

Ivan El Grande Historia de Rusia Principales Zares Rusos

Ivan El Grande Historia de Rusia
Principales Zares Rusos

Los reinos de los zares Iván el Terrible, Pedro el Grande y Catalina la Grande se caracterizaron por la expansión y la modernización, pero también por la represión y la violencia.

LA EXPANSIÓN DE RUSIA:
Iván el Terrible, el primer zar ruso

Iván IV, nieto de Iván el Grande, heredó el trono de Rusia con solo tres años de edad.

Lo ocupó una década después, a los 13, en 1547, y los primeros años de su reinado llevaron la paz, la estabilidad y la prosperidad al país.

Sin embargo, el mandato de Iván IV se fue volviendo cada vez más inhumano.

Aprobó leyes que ataban a los campesinos a la tierra y creaban una clase de siervos.

Y estableció la primera fuerza de seguridad, los oprichniki, un ejército privado que el zar podía utilizar contra la nobleza rusa, los boyardos.

En 1558, Iván IV sumió el país en una guerra costosa y fútil contra la región de Livonia y en la cual acabaron participando Polonia, Lituania y Suecia.

La guerra duró 22 años y no reportó ninguna anexión territorial.

Durante este periodo falleció su esposa Anastasia y el zar, quizá estando en lo cierto, pensó que la habían asesinado los boyardos.

Poco a poco fue volviéndose más paranoico e inestable, y sus oprichniki se encontraron súbitamente dueños de un poder del que no tardaron en abusar.

Iván IV inició entonces un reino del terror en el que miles de rusos fueron deportados a rincones remotos de su imperio o ejecutados brutalmente.

El fanatismo religioso del zar le alentó a idear medios de ejecución basados en las descripciones bíblicas del infierno e incluso fue el responsable de la muerte de su primogénito.

Los remordimientos le llevaron a rebautizarse como monje y, al fallecer, fue enterrado vestido con su hábito de monje.

La riqueza de Rusia se agotó rápidamente y, en la fecha del deceso de Iván IV, en 1584, el país se hallaba al borde de la ruina.

Pero Iván IV no solo fue célebre por sus crímenes deleznables. También sumó con éxito a Rusia los territorios de Kazan, Astracán y gran parte de Siberia.

La anexión de Astracán le otorgó el control de todo el curso del río Volga. Iván IV fue el primer regente ruso coronado como «zar», traducción del término latín César.

Al tomar el título de zar (César), Iván IV el Terrible, coronado en 1547 a la edad de 17 años, entendió que asumía las herencias de los emperadores bizantinos y de los khanes mongoles.

Los comienzos de su reinado fueron prometedores, pues, apoyándose en el zem°ki sobar, especie de Estados Generales rusos, el joven Iván reorganizó la administración y, en 1550, estableció un código de leyes.

A la cabeza de 100.000 hombres, atacó los territorios de los khanes de Kazan y de Astrakán, que unió a Rusia, haciéndose así con el control de la cuenca sur del Volga, y abriendo Siberia a la colonización eslava.

Una campaña destinada a abrir una «ventana» sobre el Báltico, llevó al país al borde de la catástrofe, y el mismo papa tuvo que intervenir, en 1582, para poner fin a la desastrosa guerra de Livonia.

Estos reveses agriaron el carácter del zar, quien comenzó a vivir con la obsesión de que estaba siendo traicionado. Para dominar a los boyardos, constituyó entonces en una gran parte de Rusia una especie de Estado dentro del Estado (opritchnina).

Los nobles fueron expulsados de él en beneficio de los adictos a la corona.

La extraordinaria crueldad con que se efectuó esta verdadera revolución social, valió al zar su sobrenombre de «el Terrible».

Sin embargo, de ella nacería la moderna Rusia, así como un Estado fuerte al amparo de las intrigas de la nobleza.

Y en el s. XVIII los Romanov recogieron los frutos de tal revolución.

A principios del siglo XX, el Imperio ruso era grande y poderoso. Ocupaba un territorio de 22 millones de kilómetros cuadrados en el que vivían aproximadamente 170 millones de habitantes.

Sin embargo, la estructura social de la Rusia zarista reflejaba grandes desequilibrios entre zonas rurales y una pequeña parte industrializada.

En el plano político, el Imperio ruso estaba gobernado por una monarquía absoluta.

El poder autocrático del zar provenía de Dios y era, por lo tanto, indiscutible.

La Iglesia Ortodoxa ejercía el papel de garante del orden. Su cabeza era el zar y tenía mucha influencia sobre las masas analfabetas.

Para limitar en cierta forma ese poder, en 1870 se crearon las asambleas urbanas o dumas municipales, pero al ser elegidas por voto censatario, eran controladas por la nobleza y los propietarios perpetuando así las desigualdades.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, aparecieron las primeras corrientes de oposición al zarismo: el nihilismo y el populismo.

A finales del siglo XIX y principios del XX, surgieron el Partido Socialita Revolucionario y el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso.

Entre sus miembro se destacaba Vladimir Ilich Uliánov (Lenin). Hacia 1903, surgieron dentro del partido de Lenin dos tendencias: los mencheviques y los bolcheviques.

¿De cuándo data la servidumbre en Rusia?

A diferencia de Polonia y Hungría, donde señoríos muy poderosos sometieron a servidumbre, como en .otros lugares, a los campesinos, en Rusia la tarea correspondió al Estado.

La revolución social de Iván el Terrible separó de sus posesiones, e incluso liquidó, a la aristocracia terrateniente, para reemplazarla» por una nobleza «de servicio» cuyo principal objetivo sería sacar el mayor beneficio de sus tierras.

Pero, para ello, tenía que empezar por fijar a los campesinos, que, en la época, no estaban vinculados a los dominios, dado que tenían el derecho de abandonarlos con ocasión de determinadas festividades religiosas.

Un decreto de Iván el Terrible, de 1580, suspendió esta libertad de movimientos.

Finalmente, el código de 1649 vinculó de manera definitiva al campesino a la tierra, y aquél se convirtió en una «cosa» que se vendía con la posesión.

¿Quiénes eran los cosacos?

El proceso de sometimiento a servidumbre de los campesinos empujó a los más aventureros a huir lejos de las fronteras de Rusia.

Muchos se convirtieron en colonos de tierras arrebatadas a los mongoles, y otros se integraron en bandas constituidas por los proscritos de la ley: los cosacos.

Estos eran, además de campesinos, criminales fugados, esclavos perseguidos, tártaros, o incluso nobles que habían roto con sus orígenes.

Los cosacos llegaron a ser numerosos, sobre todo en el sur y en el sudeste de Rusia, a lo largo de la cuenca del Don y en Ucrania.

Vivían de la caza y del pillaje, pero no fueron sistemáticamente perseguidos por Iván el Terrible, que recurrió a ellos con frecuencia en sus guerras contra los tártaros, los polacos y los lituanos.

¿Cómo se conquistó Siberia?

La toma de Kazan, en 1552, abrió el camino al empuje eslavo en dirección al este.

La expansión se hizo entonces asombrosamente rápida, gracias a los innumerables campesino» que huían de la servidumbre.

En 1582 la Siberia occidental se convirtió en territorio ruso.

En aquel continente casi desierto los pocos habitantes indígenas, pueblos tártaro-finlandeses del Volga medio y del Ural, disponían de muy pocas armas como para oponerse a la colonización.

Sin embargo, en los flancos sur y sudeste, la estepa debió ser defendida mediante una verdadera empalizada móvil, construida con estacas y cañones.

A partir de 1613 algunos destacamentos de cosacos se aventuraron con dirección al Pacífico, y fundaron Okhotsk hacia 1645.

¿Qué es la Plaza Roja?

En el origen, una misma palabra rusa servia para designar, a la vez, lo bello y lo rojo.

Ello explica el nombre de la mayor plaza de Moscú situada a la sombra del Kremlin.

En su centra se encuentra una plataforma de piedra redonda, el lobnoe mesto, especie de tribuna en la que se han desarrollado numerosos episodios de la historia rusa.

El monumental maree de La plaza resulta impresionante con el muro oriental del Kremlin bañado por fosos y su puerta célebre por su icono, la puerta Spaski.

La iglesia de Basilio el Bienaventurado, con sus nueve cúpulas, fue construida en el s. XVI  por orden de Iván el Terrible.

¿Cómo creció Moscú?

El pequeño poblado comercial se convirtió en cinco siglos, en una rica capital de 200 000 habitantes.

Al desarrollarse, lo hizo formando tres anillos concéntricos, que recuerdan las etapas de crecimiento de la ciudad.

La ciudad de madera de los pobres rodeaba a la ciudad blanca de los comerciantes y al Kremlin de los nobles.

PARA SABER MAS…
El declive de la dinastía Romanov

Todos los zares del siglo XIX intentaron afianzar su posición como gobernantes autócratas, pese al descontento creciente de la población rusa.

El reinado de Nicolás I (1825-1855) arrancó con el sofocamiento de la Rebelión Decembrista, un grupo de generales del ejército y boyardos cuyo fin era acotar los poderes del nuevo zar.

La mayoría de las políticas interiores adoptadas por Nicolás I estaban concebidas para impedir cualquier forma de subversión y para reforzar su propia posición.

En 1826, el zar creó su propia policía secreta, la Tercera Sección, una fuerza que confiaba en una red de informadores diseminados por todo el imperio.

En 1830, el zar ordenó acallar brutalmente una sublevación en la Polonia rusa, abolió la Constitución polaca y redujo el país a un estado ruso.

Su respuesta a la denominada «Cuestión Oriental», cómo hacer frente al declive del Imperio Otomano, suscitó las suspicacias de los británicos y los franceses y desencadenó la guerra de Crimea.

Nicolás fue sucedido por su hijo, Alejandro II, quien, heredero de una guerra desastrosa y una población empobrecida, supo que tendría que modernizar Rusia si quería competir con las naciones industrializadas de Europa.

Su principal logro fue la abolición de la servidumbre en 1861, que otorgó a 20 millones de siervos rusos una libertad limitada y su propia parcela de tierra.

Pero Alejandro era un dirigente conservador y su motivación no era instaurar reformas liberales, sino impulsar la economía.

A cambio de la tierra que recibieron, y cuyo suelo presentaba una calidad pobre para la agricultura en su inmensa mayoría, los siervos tuvieron que efectuar pagos al Estado en forma de cosechas para la exportación.

Las reformas de emancipación generaron un gran resentimiento, tanto entre los campesinos, atenazados por las llamadas deudas de la redención como entre sus antiguos propietarios, que se encontraron súbitamente sin mano de obra.

Durante gran parte de su reinado, Alejandro lidió con conspiraciones para asesinarlo y con terroristas revolucionarios.

En 1866 sobrevivió a un intento de asesinato por parte de unos reaccionarios polacos.

En 1881, el grupo terrorista Libertad del Pueblo lo mató con una bomba en San Petersburgo.

El hijo de Alejandro II, Alejandro III, fue incluso más represivo que su padre.

Tanto él como sus asesores profesaban una profunda intolerancia hacia las religiones no ortodoxas y persiguieron con particular tesón a los judíos rusos.

También procuraron intimidar y alienar a los miembros no rusos de la población, como los ucranianos, los polacos, los finlandeses y los lituanos.

A resultas de todo ello, su reinado se caracterizó por la creación de numerosas organizaciones secretas y clandestinas, incluido un grupo marxista.

Y en respuesta a dicha creación, Alejandro III reforzó los cuerpos policiales y de seguridad, otorgándoles más poderes.

El sucesor de Alejandro III fue su hijo, el débil e influenciable Nicolás II, al que el destino convertiría en el último zar ruso.

Fuente Consultada:
Atlas de Historia del Mundo Edición de Kate Santon
Enciclopedia de Historia Universal Espasa Siglo XXI
Civilizaciones de Occidente Tomo B. J. Spielvogel

Ver: Zar Alejandro II de Rusia Biografía

Biografia de Ivan IV el Terrible Zar de Rusia Gobierno y Vida

Biografía del Zar de Rusia Iván IV «el Terrible»- Ser Cruel y Siniestro

A mediados del siglo XVI, el primero de los zares empieza a ser apodado El Terrible, un adjetivo acorde con su carácter cruel y ambicioso, que lo llevó a continuar la expansión de Rusia hasta más allá de las tierras del Volga.

Iván el Terrible es considerado como uno de los gobernantes rusos más extraños e importantes. Su reinado estuvo lleno de guerras y destrucciones, de sangrientas e innumerables ejecuciones de sus enemigos, muchos de ellos inocentes, y de bárbaros actos de crueldad.

El apodo con que se le conocía, Grozny, literalmente «el Temido», era bien merecido. De carácter brutal y caprichoso, desconfiaba de todos los que le rodeaban.

Sin embargo, era un hombre inteligente, con la visión suficiente para comprender la grandeza y el poder rusos y con la fuerza y la determinación necesarias para conducir a su pueblo a la formación de una nacionalidad. Cuando murió, el duelo de sus subditos fue tan grande como no se había visto nunca en Rusia.

ivan el terrible zar de rusia
El gobernante que sentó las bases del Imperio ruso fue Iván IV, llamado El Terrible.

Nacido en agosto de 1533, tuvo una infancia difícil, a pesar de ser hijo del príncipe Basilio III.

Huérfano antes de cumplir seis años, creció desatendido, sometido a las burlas de los nobles o boyardos, lo que contribuyó a formar su carácter cruel y despótico.

Pero en 1547, Iván IV se hizo coronar zar de Rusia, empleando el título, derivado del latín cesar, que le había concedido su padre.

El primero de los zares, que gozó al principio de apoyo popular, reclutó un ejército profesional para realizar su sueño de extender los dominios de Rusia.

BIOGRAFIA E HISTORIA DE SU GOBIERNO

Iván IV (1530-1584) fue el primer zar de Rusia (el primero en usar este título) a los tres años, sucediendo a su padre, Basilio IV.

Su madre se llamaba Elena Gliviski, que murió cuando el pequeño heredero contaba apenas ocho años.

Ya huérfano de su padre, sufrirá toda clase de violencias y humillaciones por parte de una nobleza que utilizará al niño en sus intrigas y ambiciones.

Pero la existencia del pequeño será aún peor cuando, cumplidos los ocho años, asista a la muerte por envenenamiento de su madre, ya que se desató entonces, con más virulencia aún, la guerra entre las enfrenta das facciones nobles.

Esta infancia tempestuosa marcará su futuro y, a través de él el de toda Rusia, de tal forma que se vengará terriblemente de la clase social que tanto daño le había hecho.

Aunque tampoco estuvo solo en su animadversión hacia los nobles, ya que le apoyaban en esta lucha a muerte, en un primer momento, la pequeña nobleza, su poderosa guardia personal e, incluso, la Iglesia y el pueblo.

Será al cumplir los trece años cuando empiece a hacer efectivo su odio acumulado durante su niñez y declarará una guerra abierta y sin piedad contra los que él consideró siempre sus peores enemigos, y se desembarazó en primer lugar de los miembros más peligrosos de la casta odiada de los boyardos.

De hecho, implantó un régimen de terror continuado contra las clases altas de Rusia, y este fue el origen, probablemente, del sobrenombre y de la leyenda terrorífica de Iván IV.

Patrocinador de una centralización férrea que le robaba prerrogativas a las clases altas, puede que esta animadversión para con los nobles, que nunca decayó en el ánimo del zar, ennegreciera aún más su biografía, si bien hay que admitir el hecho de que, por mucho que se rebaje, su reinado fue, realmente, temible y odioso.

En cuanto a su sello y estilo personal impuesto en la gobernación de su Imperio, apoyó sin fisuras la civilización autóctona, evitando en lo posible toda influencia extranjera.

En esta dirección le influyó mucho el metropolitano de la Iglesia Ortodoxa, Makary.

Este príncipe eclesiástico deseaba que el Zar (equivalente a César) y al utilizarlo los soberanos rusos se autoproclamaban descendientes de los emperadores romanos) fuese el brazo armado y protector de la religión, e hiciese de la ciudad de Moscú la tercera Roma (tras la verdadera Roma y Constantinopla).

De hecho, y para que quedara meridianamente claro, Iván adoptó como enseña real el águila bicéfala bizantina.

Aunque alentó la creación de la Rada o Consejo Privado, poco trabajo les dio a sus miembros pues su poder fue, desde el principio, prácticamente omnímodo.

La aparición de sus instintos sádicos datan de muy pronto, como lo evidenciaba uno de sus pasatiempos preferidos, como era el de lanzar desde lo más alto de la muralla del Kremlin a docenas y docenas de gatos contra el suelo.

Zar de Rusia Ivan IV el Terrible Ser Cruel y Siniestro BiografiaSi bien era una diversión bastante gratuita y un tanto bestia, tampoco hubiera pasado de eso a no ser porque, muy pronto, este desprecio por la vida lo trasladaría a la de sus súbditos, a los que utilizó de forma masiva y como carne de cañón en sus guerras contra tártaros, polacos o suecos.

No obstante no pudo evitar la entrada de los primeros en Moscú, ciudad a la que, así mismo, los polacos prendieron fuego y en la que perecieron medio millón de personas. Además, estos últimos invasores se llevaron un gran botín y cien mil doncellas para ser vendidas a los turcos.

Tras el regreso de su larga guerra contra los turcos, Iván reanudó, y enfatizó, su odio contra los boyardos (nobles), pronunciando su temible frase: «Ya no les temo!»  (temor por los odiados nobles que permanecía inamovible en el monarca desde su infancia), a partir de la cual emplearía medios aún más coercitivos en su gobierno autocrático.

Dejó de residir en el Kremlim y se trasladó a vivir al barrio moscovita de Oprichni Dvor, donde residirá rodeado de más de 6.000 guerreros (500 de ellos presentes en todas las habitaciones por las que se movía su señor y a su servicio personal), formados por miembros de los nuevos nobles creados por Iván, escogidos en esta oportunidad no por su ascendencia aristocrática, sino por el valor y falta de escrúpulos de sus componentes.

Ellos le hicieron fácil al zar el hecho de imponer su reinado despótico, empezando por su acongojante presencia, pues iban uniformados de negro y lucían un distintivo compuesto por una cabeza de perro (símbolo de la lealtad) y una escoba (como objeto transparente cuyo uso era el de barrer a los traidores a su señor, el zar Iván).

Adelantado de los malos tratos a la mujer, acabó a puñetazos con una de sus esposas a los pocos días de la boda.

La primera de sus mujeres se llamaba Anastasia Romanova, con quien se había casado en febrero de 1547 y de la que tuvo seis hijos.

La forma utilizada para elegir compañera daba ya una pista de la soberbia de Iván.

En un acto de soberbia pocas veces superada, obligó a que los nobles se presentaran en Moscú con todas sus hijas casaderas, que llegaron a sumar más de 700.

De entre todas las obligadas aspirantes, eligió a Anastasia con la que, increíblemente, se mantuvo unido durante trece años.

Ella intentaría, sin mucho éxito, atemperar las orgías de sangre en que se refocilaba su esposo y, al cumplirse esta fatídica cifra del calendario conyugal, la Zarina murió envenenada.

Sin duda porque había amado de veras a la extinta, el Zar acusó un inmenso dolor por el fallecimiento de la zarina Anastasia, pesadumbre que obligó a compartir a todo su pueblo, pues a partir de ese instante, sería realidad el auténtico —todavía más— Iván Grozny, el Temido.

Después pasarían por el lecho y la vida del Zar otras cinco esposas que, indefectiblemente, acabaron sus días a causa de muerte violenta o, en el mejor de los casos, enclaustradas en conventos de por vida.

Años más tarde, en 1580, se decidió de nuevo a casar y contrajo nuevas nupcias con la hija de un boyardo llamada María Nagaia, de quien nacería su hijo Dimitri.

Tras la muerte de su mentor, el metropolitano Makary, creó a su servicio una poderosa casta, la de losoprichnina, una milicia policial con todos los poderes para perseguir y eliminar a los crecientes enemigos de su poder absoluto.

Estos pretorianos cumplieron la orden de Iván de dividir a Rusia en dos mitades, una para los siempre revoltosos boyardos (un cebo para entretenerlos y que se olvidaran de él), y la otra una exclusiva y extensísima posesión personal del Zar.

Incluso actuando así (realmente, el regalo era extraordinario), sus muchos enemigos no cejaban en complicarle las cosas, obligándole a guerrear y perseguir a los descontentos. Serán siete años de crueldades sobre crueldades.

Así, en el año 1543 hizo torturar a un gran amigo suyo,Verontzev.

El mismo año mató a golpes al príncipe Chuiski.

Después el exterminio no sería individual, sino masivo.

Empezó éste por la muerte de un número indeterminado de miembros de la buena sociedad de Novgorod, algunos ajusticiados por su propia mano, extremidad que gustaba de exhibir y junto a la que utilizaba una extensión artificial en forma de temible mazo de hierro del que sobresalía un espantable bastón del que nunca se separaba.

Años después, y como sintiese una enfermiza antipatía por esta misma ciudad de Novgorod, volvió a atacar a la misma a sangre y fuego, produciendo una auténtica matanza entre toda la población durante las cinco semanas que duró la ocupación.

La ciudad vio aterrorizada cómo acabaron pereciendo cerca de 60.000 de sus habitantes.

No obstante, y como solía hacer en ocasiones semejantes, tras esta orgía de sangre el Zar sintió la necesidad ineludible de entrar a rezar en el convento de San Nicolás, en la misma diezmada ciudad de Novgorod.

Aparentó en aquel templo un sincero arrepentimiento de sus crímenes que, a la postre, resultaba temporal.

Novgodod fue saqueada, incendiada y arrasada hasta los cimientos. La ocuparon durante cinco semanas y comenzaron asesinando a todos los hombres y ancianos.

Las mujeres fueron torturas y ejecutadas y las niñas de entre 10 y 15 años utilizadas como esclavas sexuales durante esos 35 días.

Algunos cronistas calculan que en Novgorod fueron masacradas más de 30.000 personas.

Después de la matanza, la hambruna y las epidemias extendieron más muerte por el territorio.

Bajo el reinado de Iván IV el Terrible, Rusia conoció movimientos de población comparables a los de la conquista del Oeste americano. Las riquezas en oro y en pieles de Siberia explican la asombrosa velocidad con que se llevó a cabo la expansión hacia el este, protagonizada en muchos casos por los cosacos. De tal manera, Iván recibió del jefe cosaco Yermak la Siberia occidental, conquistada por una banda de apenas 1.000 hombres a los mongoles y a los calmucos. La conquista del sur resultó más difícil. Un poderoso dominio de un khan sobrevivía, en efecto, en Crimea, y la defensa de la estepa se confió a la nueva nobleza, llamada «de servicio», a la. que ayudaron bandas de cosacos. La gran empalizada móvil provista de cañones no impidió a los tártaros de Crimea alcanzar, en 1571, la ciudad de Moscú, en la que murieron entre 200 y 800.000 personas. El curso del río Moskova se desvió por la aglomeración de cadáveres.

Ese mismo año continuaron en Moscú las matanzas y las ejecuciones en masa. Un gran número de familias de nobles fueron completamente exterminadas, incluyendo a los sirvientes y campesinos a su servicio, y las torturas alcanzaban a todos

. Muchos eran ahogados, estrangulados o azotados hasta la muerte, también eran habituales los empalamientos o las víctimas quemadas vivas o asadas a fuego lento.

Sin embargo, el Fin de la Oprichnina estaba cerca. En la primavera de 1571, unos 100.00 tártaros de Crimea consiguieron llegar hasta Moscú, que fue incendiada el 24 de mayo, salvándose únicamente el Kremlin.

Losoprichníki no movieron un dedo para defender la ciudad. El zar sospeché que le habían traicionado y en julio de 1572 un decreto abolía el sistema de la Oprichnina y los oprichniki eran disueltos.

Ya se ha visto antes que, como tantos déspotas, Iván IV era un hombre muy religioso, de tal forma que, antes del alba, se levantaba a decir sus oraciones y él mismo tañía las campanas llamando a los fieles a la oración. Así solían finalizar muchas de sus madrugadas en las que permanecía en absoluto recogimiento y meditación.

También sabemos que —ya se ha dicho anteriormente—, tras cada nueva atrocidad cometida por él mismo o por orden suya, le invadía un pasajero arrepentimiento que le empujaba a entrar en el primer templo a mano y a rezar escandalosamente, darse fuertes golpes de pecho y estrellar su frente contra el altar, hasta el punto de producirse heridas de consideración.

En este sentido, Iván IV levantó, como agradecimiento por sus triunfos bélicos, la hermosísima catedral moscovita de San Basilio dentro del recinto del Kremlin, que todavía causa la admiración de millones de visitantes con sus nueve hermosas cúpulas cromáticas.

En 1568 apuñaló al príncipe Federov, tras lo cual lo hizo descuartizar en el patio del palacio imperial. No contento con este crimen, eliminó también a la viuda, hijos y demás familia del desgraciado.

No fue un caso aislado, ya que el Zar borró del mundo de los vivos a sagas familiares enteras. Realmente actuaba como lo que era: dueño absoluto de tierras y personas, exigiendo a estas últimas una sumisión absoluta rayana en la esclavitud. Nadie podía sentirse seguro pues, antes o después, le tocaría ser señalado por el huesudo dedo del Zar.

Ni tan siquiera el clero estuvo siempre a salvo, pues tras la aristocracia, sus enemigos más perseguidos fueron, precisamente, los jerarcas de la iglesia, llegando a ordenar el estrangulamiento del arzobispo metropolitano Felipe.

No comprendía la actitud de los otros monarcas europeos (a los que despreciaba), que consentían, según él, los abusos de sus súbditos díscolos, cuando debían aplastarlos sin contemplaciones. Curiosa visión de sus colegas que, como él, pasarían a la posteridad también con el sambenito de la sangre y el despotismo.

Poco después de 1570 organizó un Auto de Fe en la plaza de Kitaii-Gorod, durante el que hizo descuartizar a un príncipe llamado Viskovati. Como hiciera en otras ocasiones similares, tras la ejecución, Iván violó a la viuda de la víctima, mientras el Zarevítch, su hijo, hacía lo mismo con la hija mayor del príncipe ya muerto, humillaciones para con tan desgraciadas mujeres que ni siquiera privó a ambas de acabar también asesinadas.

Era la evidencia de una locura sangrienta y a la que nadie parecía poder, o querer, poner freno. Era, por lo demás, el mismo sistema de otros déspotas: empapar el aire de miedo, un miedo insuperable, de tal forma que todos quisieran salvarse, aunque para ello tuvieran que denunciar, calumniar o, por otro lado, lamer las sandalias del autócrata de turno.

En 1581, en pleno delirio homicida, mató con aquella temible maza de hierro de la que nunca se separaba a su propio hijo mayor, llamado como él, Iván (tuvo otros dos: Dimitri y Fiodor, este último retrasado mental). Parece que, una vez más, arrepentido por este deleznable crimen, se impuso a sí mismo una agotadora penitencia consistente en escribir una larguísima lista de 3.000 nombres a los que había ordenado asesinar pero que, por supuesto, no había decidido perdonar. ¡Curiosa penitencia y arrepentimiento por el que se pedía perdón a costa de miles de nuevas víctimas!.

Pero no era eso lo peor, porque en un afán miserable —y sincero?— por salvar su alma, envió copias de estos listados funerarios junto a copiosos donativos a todos los monasterios del país para que los monjes rezaran por la salvación de tantas almas separadas a la fuerza de sus cuerpos por aquellos elegidos para figurar en tan macabra lista.

Tres años más tarde la muerte ponía punto y final a una existencia nefasta para unos y, posteriormente (al intentar su rehabilitación), en cierta forma liberadora para otros. Pero hasta el último aliento de su vida no dejó de hacer la guerra, tan querida por él, e inició con sus guerreros la difícil conquista de los enormes espacios siberianos que su propio fin le impediría ver totalmente ocupados.

En este sentido Iván IV había otorgado a una poderosa familia, los Stroganov, el derecho de posesión sobre las tierras inabarcables de Siberia, a cambio del compromiso, por sí y por sus descendientes, de colonizar tan vasto territorio. Esta decisión daría nacimiento a los después legendarios cosacos, que serían los auténticos amos de aquella sabana inmensa.

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CRONOLOGIA:

1530 Nacimiento de Iván Vasílievich, hijo del gran  príncipe de Moscú, Basilio III, el 25 de agosto.

1533 Muerte del padre de Iván. La madre de Iván, Elena, asegura la regencia.

1547 Coronación y consagración de Iván IV el Terrible en Moscú:toma el título de zar.

1549  Iván convoca la primera Zemski Sobor, especie de estados generales rusos.

1550 Iván publica un código legal, el Sudiébnik.

1552 Conquista de Kazan.

1556 Conquista de Astraján: el Volga pasa a  control ruso y se abre la ruta de Siberia.

1558 Comienza la guerra de Livonia:  toma de Narva.

1564-1565 Retiro de Iván IV el Terrible: lanza un manifiesto contra aquellos que él llama«malos servidores». A su regreso inaugura un período de terror.

1567 Iván acuerda con los ingleses de Isabel I la libertad de comercio en sus nuevas conquistas: la región del Volga y Livonia.

1570 Destrucción de Nóvgorod que había rehusado someterse al zar.

1571 Amenaza tártara.

1581 Iván IV el Terrible mata a su hijo mayor  en un ataque de cólera.

1582 La mediación papal impone a los polacos  el cese de las hostilidades en plena guerra de Livonia.

1582 Muerte de Iván IV el Terrible, el 18 de marzo. Deja el trono a su hijo, Fiódor I.

Ampliar: La Sífilis de Iván El Terrible

Fuente Consultada: Seres Crueles y Siniestros de la Historia de José María López Ruiz