Jabonería de Vieytes

Historia de la Casa Natal de Sarmiento-Monumento Histórico

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ DOMINGO SARMIENTO

Esta casa, hoy histórica, fue levantada por el esfuerzo de la madre de Domingo F. Sarmiento, la que a principios del siglo XIX, dados los pocos recursos con que contaba, decidió subvenir con el producto de su trabajo a sus necesidades y a las del hogar que pensaba formar.

En aquella época había suma escasez de cierto genere para la confección de los hábitos de las órdenes religiosas, y doña Paula Albarracín procedió a su tejido para reunir algo de dinero.

En un terreno heredado de sus padres se alzaba una higuera grande, bajo la cual instaló su telar, en el que trabajaba incansablemente mientras vigilaba a los peones y albañiles que construían su casa, a quienes   pagaba  cada   sábado  con   el  dinero  obtenido   por  sus   hilados.

Poco tiempo después de terminada la modesta vivienda, doña Paula Albarracín casó con don José Clemente Sarmiento, y años más tarde, el 15 de febrero de 1811, nacía allí su hijo Domingo Faustino.

El terreno donde levantó su casa tenía treinta varas de frente por cuarenta de fondo, y hacia su lado sur se alzaba la única habitación de que constaba.

Era muy grande y estaba dividida en dos departamentos, destinado uno a dormitorio y el otro a sala de recibo.

Al paso de los años, y debido al influjo de las modas y la modificación de las costumbres, este último salón fue transformado.

El alto estrado, de origen y usanza árabes, y los cojines, tuvieron que ceder el paso a las modernas sillas.

Del mismo modo el tiempo hizo sentir la necesidad de blanquear las paredes.

Entre otras modifica ciones notables que sufrió el hogar de los Sarmiento, debe citarse la desaparición de la famosa higuera.

Además de las reformas anotadas anteriormente, la casa se fue ampliando poco a poco, agregándosele algunas habitaciones.

También el terreno fue aumentado con otro pequeño que el jefe de la familia compró en un momento de holgura.

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Cuando Domingo F. Sarmiento pudo reunir un poco de dinero con las economías de su sueldo de dependiente de una casa de comercio, lo hizo rodear con  un muro.

Sarmiento se refiere con palabras emocionadas al hogar paterno en sus «Recuerdos de Provincia», y dice así:

«La casa de mi madre, la obra de su industria, cuyos adobes y tapias pudieran computarse en varas de lienzo tejidas por sus manos para pagar su construcción, ha recibido en el transcurso de estos últimos años (escribía en 1850) algunas adiciones que la confunden hoy con las demás casas de cierta medianía.

Su forma original, empero, es aquella a que se apega la poesía del corazón, la imagen indeleble que se presenta porfiadamente a mi espíritu, cuando recuerdo los placeres y pasatiempos infantiles, las horas de recreo después de vuelto de la escuela, los lugares apartados donde he pasado horas enteras y semanas sucesivas en inefable beatitud, haciendo santos de barro para rendirles culto en seguida, o ejércitos de soldados de la misma pasta para engreírme de ejercer tanto poder.

. . .Rodeado de cerco, para ponerlo a cubierto de la voracidad de los pollos, había un jardín de hortalizas, del tamaño de un escapulario, y que producía cuantas legumbres entran en la cocina americana, el todo abrillantado e iluminado con grupos de flores   comunes,   un   rosal   morado   y   varios   otros   arbustillos   florecientes».

Sarmiento estuvo por última vez en su casa natal en 1884, con motivo de la inauguración de una nueva Casa de Gobierno en la ciudad de San Juan, circunstancia en que se le hizo objeto de un magnífico recibimiento.

La antigua casa se halla hoy convertida en Museo Sarmiento, y en 1942 la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos solicitó del director del Museo de Buenos Aires algunas reliquias y objetos que encuadraran en el ambiente de aquel lugar.

De este modo fueron enviados dos retratos, dos colecciones de «El Zonda», cinco antiquísimas sillas de algarrobo esculpido, seis sillones, una mesa, una chapa de ónix de San Rafael, una escultura de la Venus de Milo, de yeso imitando bronce, pintada por el mismo Sarmiento, y varios impresos históricos.

Cuando el terrible terremoto de 1944 la casa sufrió gravísimos deterioros, que fueron restaurados por el arquitecto Mario J. Buschiazzo, de la Dirección Nacional de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas.

Para ello hubo que desarmar los techos, reconstruyéndolos de barro, sobre cañizo y vigas de álamo, utilizando el mismo mate rial que había sido empleado en su fabricación, y reforzar interiormente los muros de adobe con un esqueleto de hormigón.

En la parte más antigua, aquella que había hecho levantar la madre del procer, fue colocado piso de ladrillos coloniales sacados de otras casas destruidas por el terremoto, ya que hace unos años se había alterado su fisonomía primitiva colocándole uno de pinotea.

Esta venerable vivienda, que posee tantos recuerdos del ilustre sanjuanino, situada en la calle Sarmiento 223, entre las de Laprida y Entre Ríos, es Monumento Nacional por Ley N° 7.062 del 7 de septiembre de 1910, siendo por lo tanto el primero declarado Monumento Nacional en nuestro país.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Enlace Externo: Casa Natal de Sarmiento

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca, Monumento

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca,Monumento Histórico

A quince kilómetros al norte de la capital catamarqueña, casi al pie de las sierras, hay un pueblito que desde hace un siglo se llama San José y es cabecera del departamento Fray Mamerto Esquiú, antiguamente llamado Piedra Blanca.

En su origen tenía algunas modestas viviendas levantadas junto al camino nacional que va desde Catamarca a Singuil.

Con el tiempo contó con una plaza, una capilla y como única calle el tramo del camino cuya denominación no podía ser más sencilla, La Callecita, limitada a ambos lados por rústicas chacras.

casa natal de mamerto esquiu

En ella había una humilde casita de muros de adobe y cimientos de piedra, con techo a dos aguas de caña y paja.

Tres puertas de algarrobo daban entrada a las tres pequeñas habitaciones, con pisos de ladrillo y muros sin revoque.

A su frente tenía un estrecho jardín donde dos árboles centenarios sombreaban la fachada, y en el fondo se alargaba el terreno para cultivar.

Era propiedad de la familia catamarqueña Medina, y por herencia pasó a poder de María de las Nieves Medina.

Cuando esta joven casó en 1822 con don Santiago Esquiú, ex prisionero del ejército español del Alto Perú, y soldado del regimiento Fijo, se fue a vivir en ella con su madre y su esposo.

De este matrimonio nació allí, el 11 de mayo de 1826, el que más tarde habría de ser preclaro varón, virtuoso sacerdote e ilustre obispo de Córdoba,Fray Mamerto de la Asunción Esquiú.

Horas después de haber nacido fue bautizado por el padre franciscano de la parroquia de San José, Francisco Cortés, y como el estado de salud hacía temer por su vida, sus padres hicieron la promesa de vestirlo con el hábito de San Francisco si lograba salvarse.

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca, Monumento

Fue así como antes de los cinco años la madre le arregló un sayalito hecho de uno en desuso que le obsequiara el padre Cortés.

En 1855, estando en Catamarca, el padre Esquiú dejaba noticias escritas de su hogar.

«. . .seis éramos —decía— los hijos venturosos de estos padres tiernos, que sin bienes de fortuna y en el humilde estado de labradores, eran felicísimos en la tranquilidad de su virtud y resignación y en la dulzura de una vida contraída exclusivamente a su familia y a Dios. . .

Salía mi padre con los instrumentos de cultivar la tierra al hombro, al recinto de una heredad muy estrecha pero avara sin medida del sudor de su anciana frente.

Mi hermano y yo caminábamos a la escuela, y mi madre y mi hermana, ángeles tutelares del hogar doméstico, se aplicaban a la rueca y al telar, y a preparar con sus propias manos el alimento de su esposo y de sus hijos. . .»

Dotado de gran talento, fray Mamerto hizo de la modestia una de sus virtudes principales.

Rechazó en repetidas oportunidades altos cargos con que se le quiso honrar, como el obispado de Paraná y luego el de Buenos Aires, y sólo aceptó el de Córdoba ante un pedido especial del Papa.

Dos piezas oratorias extraordinarias le abrieron de golpe el camino de la fama, que nunca ambicionó.

La primera, pronunciada el 9 de julio de 1853, con motivo de la jura de la Constitución; y la segunda, el 28 de mayo de 1854 al inaugurarse el período de las autoridades constitucionales.

Desde esa época se le conoció como el «orador de la Constitución Argentina».

Amó por sobre todas las cosas su profesión evangélica y sentía verdadero placer en allegarse hasta los más humildes para infundirles fe y esperanza.

Murió en Pozo Suncho (Catamarca) el 10 de enero de 1883, a los 57 años de edad, mientras ejercía su noble apostolado.

En septiembre de 1935 el Congreso Nacional sancionó una ley declarando Monumentó Histórico la casa natal de Esquiú, donde vivió hasta los nueve años, y autorizó la inversión de treinta mil pesos para que se efectuasen las reparaciones necesarias y se construyera un templete de material a fin de resguardar al edificio de las inclemencias del tiempo.

En el interior del templete, se conservan dos de las piecitas de la casa donde naciera el religioso.

Se pueden observar muebles y objetos que le pertenecieran entre los que se destacan la cama y dos sillas que constituían el moblaje de la habitación que ocupó durante su residencia en el Templo de San Francisco de su provincia.

Así se conserva hoy esta reliquia que es recuerdo perenne de uno de nuestros más preclaros proceres, y de quien dijo Joaquín V. González que estaba «marcado con el sello de la predestinación para las grandes luchas del pensamiento».

Declarada Monumento Nacional por ley 12.191 del 27 de agosto de 1935.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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Historia del Fuerte de Carmen de Patagones Francisco Viedma

Historia del Fuerte de Carmen de Patagones, Don Francisco Viedma

El pueblo de Carmen de Patagones se halla edificado sobre la margen norte del río Negro, a siete leguas de su desembocadura en el Atlántico, en el departamento de Carmen de Patagones.

En abril de 1779 el superintendente de los establecimientos de la costa patagónica, don Francisco de Viedma, fondeó en la margen derecha del río Negro.

Después de tratar con los indios inició la construcción de una población a la que denominó Carmen de Patagones y que colocó bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen. Como primera medida hizo cortar madera para levantar un fuerte con foso.

Debido a una creciente que inundó el poblado, Viedma lo trasladó a la margen opuesta del río, en un sitio estratégico desde el punto de vista militar.

Fuerte de Patagones Monumento Historico

El 2 de octubre llegó el primer grupo de pobladores, consistente en ocho hombres y dos mujeres que acompañaban a sus maridos.

De inmediato se procedió a la delineaclón de un fuerte provisional de ochenta varas de perímetro, rodeado por murallas de unas cinco varas de alto, levantándose en su interior los ranchos y cobertizos para la gente.

Dirigió las obras el sargento de artillería José Michán, quien tenía como ayudante al maestro albañil Bartolomé Vásquez.

En febrero de 1780 se había hecho ya gran parte de las murallas, levantado el almacén de víveres y casi terminado la capilla.

Como el plazo exigido para la conclusión era de ocho meses, el sargento Michán solicitó, además de un técnico, trabajadores que no solamente le ayudaran en la obra sino que supieran hacer adobes y quinchar.

Accediendo a su pedido, el virrey envió al ingeniero José Pérez Brito y setenta hombres entre albañiles y peones.

Don Francisco de Viedma utilizó como material de construcción el «tepe», extraído de la margen del río y que consistía en pedazos de tierra entreligados con las raíces de la grama, los cuales cortados convenientemente servían para hacer murallas.

Más tarde, habiendo descubierto Viedma una abundante cantera de piedra cerca del fuerte, resolvió aprovecharla.

En octubre de 1780 llegó a Patagones el antedicho ingeniero, quien hizo las observaciones de las, obras realizadas y las comunicó al virrey.

Encontró que el lugar del fuerte provisional era bueno, y allí mismo procedió a la construcción del nuevo, que dominaba toda la población, así como la parte del río que servía de muelle y los caminos por donde podrían acercarse los indios enemigos.

Carmen de Patagones fue escenario el 7 de mayo de 1827 de la acción de guerra conocida en nuestra historia con el nombre de Combate de Patagones.

Durante el bloqueo del río de la Plata por las fuerzas brasileñas, el puerto de Carmen de Patagones era utilizado como base principal de los buques corsarios que recorrían el Atlántico.

A consecuencias de esto la reducida población se había visto aumentada con gran cantidad de negros libertos por los mismos corsarios y que completaban la guarnición del fuerte.

A mediados de febrero de 1827 una división enemiga al mando de James Shepherd se dirigió a Patagones.

Cuando los barcos brasileños estuvieron a la vista se dio la alarma, y la batería ubicada frente a la boca del río Negro fue protegida por milicianos del fuerte al mando  del  coronel  Felipe  Pereira y  del  subteniente  Sebastián  Olivera.

A pesar del recio fuego de la batería, las naves Itaparica, Escudelro y Constanza consiguieron franquear el 28 de febrero la línea de resistencia y continuar río adentro, no así la Duquesa de Goyaz, que quedó varada y fue destrozada por las olas.

El capitán James Shepherd desembarcó al frente de más de trescientos hombres sobre la margen izquierda del río e inició el avance, pero la columna se extravió apartándose de la costa y tomando por entre los médanos.

Después de fatigosa marcha, en la madrugada del 7 de marzo se encontraron en una colina, llamada Cerro de la Caballada, próxima a la población, donde fueron recibidos por el fuego de los defensores.

Uno de los primeros en caer fue Shepherd, lo que unido al gran cansancio de los brasileños hizo que se batieran en retirada tratando de ganar sus buques.

Entretanto tos corsarios dirigidos por el almirante Santiago J. Bynon habían obligado a la tripulación de las tres naves enemigas a rendirse, logrando un importante botín.

La torre de piedra del fuerte —obra del ingeniero José Pérez Brito—, que servía de atalaya a los colonizadores y que fue utilizada más tarde como campanario, «es lo único que se conserva actualmente.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

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Historia del Palomar de Caseros,Primeros Dueños

Historia del Palomar de Caseros Primeros Dueños

Los orígenes del solar de Caseros, en el partido 6 de Septiembre, antiguamente llamado Morón, donde aún se conserva el histórico Palomar, se remontan a comienzos del siglo XVII.

En esa época el gobernador Hernando Arias de Saavedra otorgó a Miguel de Rivadeneyra «una merced de tierras y vacas en el Pago de Monte Grande, en las cabezadas de acá del Río —hoy de Luján—, jurisdicción de la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Buenos Ayres».

Estas tierras sufrieron diversos cambios de dueños en el transcurso de los años.

Así es como en septiembre de 1634, Juana Meló, viuda de Miguel de Rivadeneyra, vendió un terreno de media legua de frente por media de largo a Alfonso Carballo, en veintitrés pesos corrientes en reales, y al contado.

Palomar de Caseros

En 1640 Carballo aumentó su propiedad con lotes adyacentes, y tiempo después compró terrenos linderos pertenecientes al capitán Domingo Gribeo, que los había obtenido por una merced.

Pasó más de un siglo, y durante este tiempo el predio originario sufrió varios traspasos de dominio, mensuras y litigios.

En 1756 José Rodríguez de Luna vendió una chacra de mil ochocientas varas de frente, en el pago de Las Conchas, a Isidro Burgos, quien a su vez la vendió a Diego Cassero el 21 de junio de 1781.

Desde esta época ha perdurado el nombre de la propiedad, que luego habría de cobrar tan grande importancia histórica.

En la firma de la escritura, el apellido figura con dos «s», pero en el cuerpo del instrumento, posiblemente por negligencia, está con una sola.

En esta forma, y con la «s» final agregada que ha perpetuado la tradición, ha llegado hasta nosotros.

Desde el mismo año,  1781, Diego Cassero se dedicó a mejorar las tierras, sembrando trigo y plantando un gran monte de duraznos.

En cuanto a la edificación, que sólo constaba  de  una  casa vieja  de tapial  y  un  molino  deteriorado,   el   nuevo  propietario la rehízo totalmente, levantando la nueva casa y el palomar en 1788.

La casa principal era una construcción cuadrada, de azotea, con amplios corredores de dos frentes.

En su testamento fecha 9 de agosto de 1799, Diego Cassero dice:

«La casa nueva la hice en 1788, se compone de 24 piezas, oficinas y pasadizos, un almacén de 35 varas de largo y 8 de ancho, con ventanas y rejas de hierro y lapacho, y sus corredores para resguardarla de la humedad.

«Separado de las casas el palomar y el gallinero, y en medio de ellos un pozo con pilón de material para la hacienda.

En el patio interior de la casa un aguar muy sobresaliente, que sólo sirve para el gasto de los habitantes y el riego del jardín…»

…»espero que mis herederos mantengan el establecimiento en un estado floreciente, cuidando que la finca no vaya a menos, reparando con prontitud cualquier daño que pueda notarle menoscabo».

El mirador tenía una pequeña torre que ostentaba hermosa cruz de hierro forjado, y se comunicaba con la casa por una escalera interior.

A unos centenares de pasos, en dirección Este, se levantaba el Palomar, ingeniosa construcción  circular de tres  pisos concéntricos,  que  ha  llegado  hasta  nuestros  días.

El interior era independiente y sobresalía a manera de torre.

Pasó más de un siglo, y durante este tiempo el predio originario sufrió varios traspasos de dominio, mensuras y litigios.

Los nidos que albergaban a las palomas estaban formados por cuatro ladrillos superpuestos y dos transversales que hacían de techo y piso del nido superior.

La propiedad fue llevada a un notable grado de progreso por los trabajos de Diego Cassero, y él mismo, en su testamento, manifiesta que espera que sus herederos lo mantengan.

Se sabe que años después pasó a la Administración de Temporalidades.

Posteriormente, por ventas sucesivas, a Juan de Alagón, a Luis de Saavedra, a Manuel José de Guerrico y a Simón Pereyra, quien fue su dueño en 1850 y la dejó   en   herencia a su  hijo  Leonardo,  de  quien  la  heredaron sus  hijas  María  Luisa  y  María  Antonia  Pereyra Iraola.

El 18 de marzo de 1912, por donación de las anteriores, diez hectáreas del terreno pasaron a poder del Superior Gobierno de la Nación, para que en ellas se construyese el Colegio Militar.

Este histórico Palomar, que en la actualidad ha sido restaurado y revocado en todo su perímetro, pues anteriormente era de ladrillo a la vista, se encuentra en los campos de Caseros.

Lugar histórico donde el 3 de febrero de 1852 se libró la batalla entre los ejércitos aliados al mando del general Justo José de Urquiza y las fuerzas federales adictas al gobernador de Buenos Aires, y que terminó con la derrota de Juan Manuel de Rosas.

Dado su tipo de construcción sirvió aquel día para que desde sus escalonados pretiles funcionaran simultáneamente tres líneas de fuego.

Fue declarado Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

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Historia Columna de San Nicolás,Monumento Histórico

Historia Columna de San Nicolás Monumento Histórico

Se levanta en la histórica ciudad de San Nicolás de los Arroyos, sobre las barrancas del río Paraná y la terminación de la calle Carlos Pellegrini.

Este monumsnto fue erigido para conmemorar el primer combate en que intervinieron las fuerzas navales argentinas.

El 26 de febrero de 1811, cuando la primera escuadrilla patriota comandada por Juan B. Azopardo se hallaba al norte de San Nicolás, recibió noticias de que el jefe realista Jacinto de Romarate lo perseguía y que había pasado San Pedro.

En vista de ello, resolvió con sus comandantes hacer frente al enemigo esperándolo en la angostura de San Nicolás, paso que era forzoso, ubicado a un cuarto de legua al sur de la ciudad.

Con dos cañones de la «Invencible» y otros dos de la «25 de Mayo» levantó una batería en la  barranca, que fue puesta a las órdenes del capitán  Hubac.

En las horas de la mañana del 2 de marzo de 1811 ambas fuerzas se encontraron.

El combate fue muy reñido y duró casi todo el día.

La tripulación de las naves patriotas, integrada en su mayoría por extranjeros que no estaban imbuidos de los altos ideales revolucionarios, abandonó la lucha a pesar del esfuerzo y la energía de sus jefes.

Azopardo resistió con todo heroísmo, y antes de rendirse intentó volar su nave, pero luego debió ceder, entregando los barcos al enemigo.

columna san nicolas monumento historico

Durante muchos años los habitantes de San Nicolás anhelaban levantar un monumento que recordara esta primera acción de nuestra marina de guerra.

Con tal finalidad se constituyó en 1911 una Comisión de Homenaje que sólo consiguió colocar en ese entonces una piedra fundamental en» la ribera del río frente al edificio del Club de Regatas.

Los años transcurrieron sin que la iniciativa lograra materializarse, hasta que en 1943 la Comisión solicitó al Ministerio de Marina que se construyera un mástil marinero sobre la barranca.

Al transmitirse el pedido a los organismos técnicos de dicho ministerio se obtuvo una respuesta favorable, y el almirante Carlos Martínez, director general del Material, logró que el entonces ministro de Marina dispusiera la construcción de la obra, que se encomendó al capitán de fragata y arquitecto don Jorge Servetti Reeves.

En 1943 la Comisión solicitó al Ministerio de Marina que se construyera un mástil marinero sobre la barranca.

El monumento está integrado por un prisma irregular de planta trapezoidal de 24 metros de altura, es de cemento armado y su interior es hueco.

Teniendo la cara que da al río una fuerte inclinación hacia atrás, y termina en una plataforma cilindrica de figura regular, destinada a servir de pedestal a la estatua de Azopardo, cuando las autoridades resuelvan hacerla.

La parte anterior mira hacia la ciudad y tiene una imagen que simboliza a la  República creada por el escultor Horacio Juárez.

En su interior, por una escalera de hierro puede subirse a la plataforma superior, donde se han colocado luces rojas de seguridad para las aeronaves, siendo posible ubicar allí un faro destinado a orientar a los aviones.

Tiene dos inscripciones; la de la izquierda dice:

«Aquí el teniente coronel Juan Bautista Azopardo, héroe y mártir de la independencia de América, defendió la libertad de la patria que surgía a la gloría, desde la cubierta ensangrentada del bergantín «25 de Mayo», goleta «Invencible» y balandra «América», y la de la derecha:

«En estas aguas del Paraná el 2 de marzo de 1811 la escuadrilla patriota libró el combate de San   Nicolás,  jornada   heroica  con   que  inicia  su   historia   naval   la   Nación   Argentina».

La Obra fue inaugurada el 2 de marzo de 1947.

A la ceremonia asistió el primer magistrado, altas autoridades y numeroso público.

Un año y medio más tarde, y accediendo a una solicitud de la filial nicoleña de la Sociedad de Escritores de la provincia de Buenos Aires, el ministro de Marina acordó el traslado a San Nicolás de los restos mortales de Juan Bautista Azopardo.

Dichos restos  descansaban en el cementerio de la Chacarita; fueron exhumados el 22 de octubre de 1948 y llevados con los honores reglamentarios a  bordo del  rastreador «Drumond»,  que  los  condujo  hasta  San   Nicolás.

A las 9 de la mañana del día 23, centenario de la muerte del ilustre marino, la urna fue bajada por dos cadetes navales y colocada en una cureña mientras las tropas rendían honores.

En nombre del ministro de Marina, el capitán de navio Raúl Duverges procedió a entregar las cenizas veneradas al vecindario, representado por su intendente municipal, señor Héctor Perurena.

La cureña con la urna, escoltada por cadetes navales y tropas y seguida por autoridades y vecinos, se dirigió a la iglesia parroquial, donde el capellán del ejército, Rev. Rodolfo Forti, ofició un responso.

Terminado el mismo la comitiva prosiguió la marcha hasta la columna, en cuya cripta fueron colocados y bendecidos los restos mortales del ilustre marino.

La columna de San Nicolás fue declarada Monumento Histórico el 28 de octubre de 1949 por Decreto N° 27.286.

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Isla Martín García-Historia y Características del Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO ARGENTINO: LA ISLA MARTÍN GARCÍA

Está situada a cuatro kilómetros de la costa uruguaya, a cincuenta de Buenos Aires y a la entrada de los canales que dan acceso a los ríos Paraná y Uruguay, en  el  nacimiento  del   Río  de   la   Plata.

Su constitución geológica es de formación arcaica y representa el complejo más antiguo del continente americano.

Tiene tres kilómetros setecientos metros cuadrados de superficie y cuatro kilómetros de contorno; de largo mide dos mil metros, mil ochocientos  de ancho  y está  a  veintisiete   metros  sobre  el   nivel   de   las  aguas.

La isla tiene una flora y fauna muy variada, donde abundan las gramíneas, azucenas, tréboles, clavel del aire, grandes eucaliptos, cardenales, zorzales, calandrias y hasta el majestuoso ciervo colorado.

Su conocimiento se remonta a la época del descubrimiento del río de la Plata, siendo por lo tanto el  más antiguo de  los lugares  históricos  del  país.

Juan Díaz de Solís, que había partido del puerto de San Lucas de Barrameda en octubre de 1515 llegó al mando de sus naves, llamó Mar Dulce al rio de la Plata.

En 1516, descubrió una isla a la que dió luego el nombre de Martín García, en homenaje —según la tradición— a su despensero que fue sepultado en ella.

Isla Martin Garcia Monumento Historico

Muchos son los acontecimientos, desde su descubrimiento hasta nuestros días, que acrecientan su valor histórico

En 1536 estuvo de visita el fundador de Buenos Aires, don Pedro de Mendoza; en 1573 en ella se refugió el adelantado del Río de la Plata don Juan Ortiz de Zarate, huyendo de los indios charrúas.

En ella se reúnen en 1574 las comisiones de límites de la América Meridional de España y Portugal.

En 1763 la isla pasa a poder de Portugal de acuerdo con el Tratado de París, pero la posesión no llega a hacerse efectiva.

En 1777 el Tratado de San Ildefonso confirma la soberanía española.

Después de la Revolución de Mayo, en 1811 la Junta Grande dispone que la isla sirva para el cumplimiento de penas multares; en 1814, las fuerzas del  almirante Guillermo  Brown  atacan y toman  posesión  de  la  isla.

En 1825 y 1826 es capturada y luego abandonada por la escuadra del Imperio del Brasil.

En 1827 el almirante Brown la fortifica y establece en ella su base de operaciones durante la guerra contra el Brasil.

El 11 de octubre de 1838 fuerzas navales francesas y orientales del general Fructuoso Rivera toman por asalto la isla.

En 1839, el l9 de julio, el general Juan G. Lavalle la toma y establece su cuartel general.

Y el 2 de septiembre de ese mismo año en varios transportes embarca su ejército para iniciar la campaña contra Rosas.

El 29 de octubre de 1840 se devuelve la Isla al gobierno de Buenos Aires, de acuerdo con la convención firmada entre los representantes de la Confederación Argentina y Francia.

Pero el 5 de septiembre de 1845 una pequeña expedición naval anglo-francesa,  al mando del general José Garibaldi, ocupa nuevamente la isla.

El 24 de noviembre de 1849 se firma una nueva convención entre los representantes de Gran Bretaña y la Confederación, en la que se establece la devolución de la isla y poner fin al bloqueo inglés.

El 31 de agosto de 1850 se firma un nuevo tratado entre Francia y la Confederación Argentina, que no se llevó a la práctica.

La isla queda ocupada ahora por argentinos y uruguayos del ejército que sitió a Montevideo.

En 1851 don Domingo F. Sarmiento desembarca en la isla y en una roca escribe la palabra Argirópolis (Ciudad del Plata).

Su idea es intentar dejar sentado así que ella, de acuerdo con su idea, podía ser la capital de los Estados Unidos de la América del Sur.

En 1852 el nuevo gobierno surgido después de Caseros toma posesión de la isla con fuerzas al mando del coronel de marina don Francisco Seguí.

Así llegamos a 1856, en que se firma un tratado argentino-brasileño que, confirmando otros anteriores, ratifica la soberanía argentina sobre la isla.

En el año 1874, siendo presidente Sarmiento, se dispuso la fortificación de la isla.

Utilizada   en   varias   oportunidades   para   alojamiento   de   detenidos   militares   y   civiles por causas políticas, en ella estuvieron, entre otros, los presidentes Hipólito Yrigoyen y Arturo Frondizi.

En el transcurso de la primera y segunda guerra mundial, constituida en base naval, sirvió de campo de Internación de marinos alemanes del Cap. Trafalgar y del Graff Spee.

También en ella pasaron temporadas hombres de letras, como el arcediano Martín del Barco Centenera.

Rubén Darío, que allí escribió su conocida  poesía  la  Marcha  Triunfal,  y  los  sabios  Amado   Bonpland  y  Félix  de  Azara.

La histórica isla presenta el aspecto de una pequeña ciudad, pues cuenta:

Con dos escuelas: primaria y de adultos;

Una Oficina de Correo, meteorológica;

Un Casino de Oficiales,

cinematógrafo,

Sociedad de Fomento,

calles empedradas y un millar de personas que ocupan muy lindas casas, con atrayentes jardines.

En la plaza se alza el monumento al almirante Brown, inaugurado en 1945.

También a un lado de la misma, una cruz sobre una base de cemento, monumento en homenaje al sargento mayor Juan B. Thorne, inaugurado   en   1938.

Al declararla lugar histórico, entre los considerandos del decreto, dice:

«que fue la primera tierra rioplatense en  la que desembarcaron  marinos europeos».

La isla, que de acuerdo con la Ley Nacional N° 14.411 del 28 de junio de 1955 es parte integrante de la juridlción de la provincia de Buenos Aires, se encuentra bajo, la  administración  de  la  armada  nacional.

Fue declarada  Lugar  Histórico  por decreto  N? 4718  del   15  de  abril  de  1953.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-

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Historia Primer Congreso Nacional Argentino en Bs.As.

HISTORIA DEL CONGRESO NACIONAL ARGENTINO: UBICACIÓN DEL MUSEO HISTÓRICO

Este histórico recinto integraba el edificio demolido en gran parte y destinado hasta el año 1945 para Archivo General de la Nación en la calle Hipólito Yrigoyen 328 (ex Victoria).

A un costado de la Plaza de Mayo, sobre la calle Victoria, en diagonal hacia Balcarce, existió primitivamente y durante muchos años un mercado de carnes, que se echó abajo en 1822.

Luego, en el mismo lugar, se levantó el cuartel del glorioso regimiento de Patricios, al que tan destacada actuación le cupo durante las invasiones inglesas.

Estos cuarteles tuvieron que desaparecer para dar lugar a la construcción de la casa destinada a Congreso Nacional.

Las obras se iniciaron en 1862 bajo la dirección del arquitecto Jonás Larguía, ex prosecretario del Congreso Nacional de Paraná, dándoseles fin en 1866.

Primer Congreso Nacional Argentino

En mayo de 1864, antes de terminado el edificio, se realizaron las primeras sesiones preparatorias de ambas cámaras.

Desde sus bancas hicieron oír su palabra, en el transcurso de varias décadas, los más ilustres tribunos de la patria: Mitre, SarmientoVélez  Sarsfield,   Quintana,   Pellegrini,   Roca,  Avellaneda.

La última sesión legislativa realizada en este recinto fue la del 15 de diciembre de 1905.

De esta fecha en adelante las reuniones de ambas cámaras se celebraron en   el   nuevo   edificio   de   la   calle   Entre   Ríos.

El frente del antiguo Congreso se conserva tal cual era en su época, y estuve pintado al aceite, de color verde, hasta el año 1938, en que se lo revocó de nuevo.

En  cambio,  el  interior sufrió  diversas  modificaciones a  través  de  los  años.

Cuando las cámaras dejaron de reunirse en este edificio, el hemiciclo destinado a Senado, ubicado sobre la calle Balcarce, fue arrendado para una imprenta par ticular.

Es interesante la circunstancia de que esta misma imprenta funcionó en otro lugar histórico, pues venía de ocupar la casa donde nació y murió el general Belgrano, en  la calle que  lleva su  nombre,  número 430.

El Archivo General de la Nación se instaló allí en el año 1906, fecha de su tras lado del  antiguo  local  de la calle Lavalle 868,  llamado Coliseum.

En ese entonces se llevó allí toda la documentación existente desde la creación del Archivo durante el gobierno de Martín Rodríguez, del cual era ministro Bernardino Rivadavia.

Este último dio un decreto el 6 de octubre de 1821 creando el Archivo General de la Provincia, dado que los documentos públicos se encontraban sin orden  ni clasificación en  las distintas oficinas administrativas.

En el decreto referido se dice que: «La conservación de los archivos de un país asegura sin duda a su historia la materia y los documentos más exactos de ella».

La comisión que tuvo a su cargo la formación del Archivo General estaba integrada por Francisco de Paula Saubidet, Jerónimo Lasala y Mariano Vega, quienes reunieron el material existente en los archivos del Cabildo, Cámara de Apelaciones, Tribunal del Consulado, Administración de la Caja Nacional de Fondos de Sud América, Administración  de Correos,  Contaduría  de  la   Provincia  e  Intendencia  del   Ejército y  la   Policía.

El hemiciclo del antiguo Congreso, la parte del edificio declarada histórica, estuv: destinado hasta 1945 a guardar documentación de Contaduría y Hacienda de las dos grandes divisiones del Archivo, colonial y nacional.

En el año 1948 se dispuso la restauración del edificio, trabajos éstos que estuvieron a cargo del arquitecto Estanislao Pirovano, quien le dio su aspecto original.

También se resolvió que volviera a sus antiguos lugares el retrato de don Valentín Alsina, que fuera dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires, obra del pintor J. Manzoni y que fue cedido por el Senado de la Nación.

Además se colocaron nuevamente las mesas del presidente, las de los dos secretarios y las de los taquígrafos.

Fueron colocadas también las bancas que en su época, al igual que las anteriormente citadas mesas, son, según la tradición las auténticas que ocuparon los diputados.

Como en la manzana donde se encontraba ubicado se construyó el edificio del Banco Hipotecario Nacional, el 30 de septiembre de 1942 el Congreso sancionó una ley declarando de utilidad pública los inmuebles situados entre las calles Hipólito Yrigoyen, Defensa, Alsina y Balcarce, estableciendo que «de los declarados monumentos históricos que se encontraban en dicha manzana serán conservados: la sala de sesiones del antiguo Congreso Nacional, el frente y el vestíbulo de entrada sobre la calle Victoria N° 328…»

Fue declarado Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

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Historia Construcción Darsena Norte en el Puerto de Buenos Aires

PUERTO DE BUENOS AIRES: HISTORIA DE LA DARSENA NORTE

A cinco kilómetros de la costa, se encuentra el lugar que se llamaba Los Pozos.

Fue allí donde en la mañana del 11 de junio de 1826 el almirante Guillermo Brown al mando de una flotilla compuesta por once barcos, enfrentó a  la poderosa escuadra del Imperio del Brasil.

Primera Escuadra Naval Creada por Guillermo Brown -Sitio ...

La acción se libró a la vista de la población de la capital, que desde temprano había ganado lugares en las barrancas del río y azoteas próximas para presenciar el combate.

Fácil era advertir desde la orilla los buques enemigos que en amenazante actitud y en evidente superioridad numérica aguardaban a las naves de Brown.

Se sabía que nuestro almirante había elegido un lugar muy estratégico para la ubicación de sus naves y estaba decidido a embicar o volar su escuadra antes de rendirla.

Puerto de Buenos Aires Darsena Norte

Al sitio donde se desarrolló el combate se entraba en aquel entonces por un canal de unos cinco kilómetros de ancho que corría entre los bancos del Camarón y de la Ciudad.

Los Pozos debe su nombre a las depresiones que existían en el fondo del río y que en algunos sitios tenían hasta tres metros de profundidad, lo que creaba serias dificultades para la normal navegación de buques de calado, especialmente a las corbetas y fragatas.

El día amaneció muy despejado y la corriente del río favorecía a las fuerzas brasileñas.

El avance fue despacioso; las corbetas tuvieron que dar remolque a los barcos mayores.

Brown aguardó sereno el ataque y momentos antes de comenzar la lucha dio esta proclama: «Marinos y soldados de la República: ¿Veis esa enorme montaña flotante?.

Son 31 buques enemigos.

Mas no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la «25 de Mayo», que será echada a pique antes de rendirla.

Camaradas: ¡Confianza en la victoria, disciplina y tres Viva  la  Patria!»

A mediodía la armada brasileña llegó a la rada y prosiguió su avance hacia Los Pozos.

Pero una hora más tarde dos de sus barcos, el «Nictheroy» y el «María da Gloria», se vieron obligados a anclar por falta de agua. Fue entonces cuando Norton, jefe  de  la  escuadra  brasileña,   se trasladó  a   la   «Itaparica».

A las 13.45 subió al palo mayor de la nave capitana argentina una última orden: «Fuego rasante, que el pueblo nos contempla», y se empeñó la acción en toda la línea.

Los tiros atronaban el espacio, pero no daban en el blanco debido a la distancia que guardaba una escuadra de otra.

Como las aguas continuaron bajando, cinco barcos enemigos se vieron obligados a anclar, y sólo quedaron en línea de combate las embarcaciones de menor calado.

Este nuevo contratiempo irritó aún más al jefe de la escuadra brasileña, que se trasladó durante el cañoneo al «Caboclo» y más tarde a la goleta «Paula», para coordinar con sus jefes un nuevo ataque empleando los barcos menores, pero desistió de su propósito en vista de que éstos se encontraban muy dispersos.

A esta altura de la lucha se vio avanzar del lado de Colonia a la división Rosales, que por encima del banco de las Palmas acudía en auxilio de sus compatriotas.

El almirante Brown, ante la superioridad del enemigo, le había enviado orden de incorporársele a toda costa. Norton, al divisarla, destacó en seguida al «Caboclo» y varios buques menores, pero no llegaron a interceptarle el paso y sólo cambiaron algunos cañonazos con la «Río» y el «Balcarce».

Brown, por su parte, había dado orden de suspender el fuego, y recién en esos momentos, al disiparse el humo, advirtió el peligro que corrían las fuerzas al mando de Rosales.

Sin demora se embarcó en una cañonera y seguido de seis barcos se lanzó tras los brasileños.

La «Nictheroy» parecía haber varado y la flotilla se acercó a ella cuanto  pudo para  hostigarla con sus tiros,  hasta que  Rosales consiguió arribar.

Norton a su vez, pasadas las cuatro de la tarde, acentuó aún más su retirada y fondeó ya de noche a varias millas de distancia.

Horas después Brown y sus valientes marinos desembarcaron, provocando su llegada las más entusiastas manifestaciones, tanto de las autoridades como del pueblo, tributándoseles toda clase de homenajes.

Las damas porteñas, para testimoniar la admiración que tan grande hazaña había despertado, obsequiaron al almirante con una randera de seda que en letras bordadas en oro decía: «Once de Junio».

El sitio de la Dársena Norte frente al cual se libró el Combate de Los Pozos fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Historia de la Pirámide de Mayo Monumento Histórico Nacional

HISTORIA  DE LA PIRÁMIDE DE MAYO

CONSTRUCCIÓN DEL MONUMENTO HISTÓRICO ARGENTINO

Debe su origen a que en la reunión del 5 de abril de 1811, al aprobar el Cabildo de Buenos Aires el programa de festejos para conmemorar el primer aniversario de la Revolución, se resolvió erigir una pirámide de madera como homenaje a los hombres de Mayo de 1810.

La Plaza de Mayo estaba entonces dividida por la Recova, formando dos plazas: la que estaba frente a la actual Casa de Gobierno se llamaba Plazoleta del Fuerte y la que daba frente al Cabildo, Plaza de la Victoria, cuyo centro fue elegido para levantar la pirámide.

De su construcción se encargó el alarife Pedro Vicente Cañete, por indicación del cual y de don Juan Gaspar Hernández, el monumento se hizo con materiales más sólidos.

El 6 de abril de ese año se colocaron los cimientos y el día 25 de mayo se dio término  a  la  obra,   inaugurándose  solemnemente.

piramide de mayo

Era un obelisco fabricado de adobe cocido, de unos trece metros de altura en total; tenía un zócalo sobre dos gradas, un pedestal sencillo de cuatro ángulos entrantes y cornisa volada alrededor.

Un vaso decorativo remataba el conjunto. Lo rodeaba una verja sustentada por doce pilares de material terminados cada uno en una perilla redonda.

En las cuatro esquinas de la verja se colocaron en 1812 otros tantos postes, de los que colgaban farolitos alimentados con grasa de  potro.

En los días de fiestas patrias la Pirámide se adornaba profusamente con cintas,, gallardetes, faroles de  papel y leyendas alusivas.

En el año 1826 el presidente Rivadavia proyectó erigir un monumento a los hombres de la Revolución de Mayo, que consistía en una magnífica fuente de bronce dentro de la cual quedaría la Pirámide.

Pero esto no se llevó a cabo.

En 1856 el pintor y arquitecto don Prilidiano Pueyrredón proyectó transformar la Pirámide.

Esta ¡dea fue aceptada y se construyó la actual, dejando la primitiva en su interior, dotándola en su parte superior de la estatua de la Libertad, que antes estaba en el antiguo Teatro Colón.

Luego se le colocaron simbólicas figuras de mármol en los cuatro ángulos del pedestal, que fueron más tarde retiradas. En las caras del obelisco también se añadieron  unos soles  nacientes,  en  dorado,  y a  sus  lados  coronas  de   laurel.

En 1883, bajo la intendencia de don Torcuato de Alvear, se demolió la Recova y desde entonces  las dos  plazas quedaron  formando  la  actual   Plaza  de  Mayo.

En esta época se pensó también en levantar otro monumento conmemorativo que cubriría a la Pirámide.

El general Mitre opinó que debía demolerse la estatua de la Libertad y aun la Pirámide entera, pues por las modificaciones y los agregados sufridos no representaba ya el monumento que originariamente se había levantado al año siguiente de la Revolución.

Sólo consideraba digno de respetarse y conservarse el basamento.

El Dr. Nicolás Avellaneda y algunos otros opinaron que debía restablecerse en su forma  primitiva, despojándola de los adornos añadidos más tarde.

También se proyectó para el Centenario de 1910 un Monumento a la Revolución, que debía encerrar en su interior a la Pirámide. Pero nada de todo esto llegó a realizarse.

En noviembre de 1912 fue removida de su primer emplazamiento y trasladada al lugar que hoy ocupa.

Tiempo después se tuvo la ¡dea de restituir la Pirámide de Mayo a su origen histórico, ajusfándola en lo posible a sus antiguas líneas.

Se la trasladaría al lugar que ocupaba antes, y se le colocarían los peldaños y la reja que la rodeaba, quitándole la «armazón de estuco y figuras inoportunas».

Pero resoluciones posteriores limitarían las reformas a colocarla al nivel del suelo, renovarle la pintura y reemplazarle los escudos  por el de  1813, además  de  devolverle  la  reja  primitiva.

Esta simbólica Pirámide ha presenciado grandes acontecimientos de la historia patria.

A su pie se juraron en 1811 el Estatuto Provisional dictado por Rivadavia; la independencia de las Provincias Unidas el 13 de septiembre de 1816; la Constitución re la Provincia de Buenos Aires en  1854, y en el año  1860,  la Constitución Nacional.

En esas fechas y a través de todas las épocas, la Pirámide de Mayo congregó al oueblo en   homenaje  a   las  glorias y a   los  héroes  de   nuestro   pasado.

Declarada  Monumento  Histórico  por Decreto  N°  120.412 del  21  de  mayo de  1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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