Jacobo I de Inglaterra

Biografia de Carlos II de Inglaterra Caracteristicas del Reinado

Biografia de Carlos II de Inglaterra-Caracteristicas del Reinado

El 3 de septiembre de 1659 falleció Cromwell, dejando como sucesor a su hijo Ricardo. Éste, que carecía de los talentos y facultades de su padre, fue bien pronto arrollado y en 1660 cayó la República inglesa, restaurándose la monarquía con Carlos II Estuardo como rey.

La conducta del monarca provocó el descontento general, chocando con el Parlamento, que al final disolvió, gobernando hasta su muerte, acaecida en 1685, como monarca absoluto.

Rey de Inglaterra: 1649-1685
Rey de Escocia
Nacimiento: 1630
Fallecimiento: 1685
Predecesor: Carlos I
Sucesor: Jacobo II

BIOGRAFIA: Carlos II (de Inglaterra) (1630-1685), rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda (1660-1685), cuyo reinado marcó un periodo de relativa estabilidad tras la agitación provocada por la Guerra Civil Inglesa. Es el primer monarca de la Restauración en Inglaterra, Carlos II Estuardo.

Dotado de talento natural, gran amigo de los placeres, fue un partidario decidido de la reconciliación y la tranquilidad nacional, aunque para ello tuviera que sacrificar el orgullo de Inglaterra.

Este futuro rey Carlos II, que residía en Holanda, cuando publicó un manifiesto conocido como Manifiesto de Breda. Prometió pagar la deuda a los soldados y hacer que el Parlamento arreglara la amnistía y la libertad de conciencia para los disidentes.

Se eligió una asamblea que se llamó Convención, porque no podía ser convocado «Parlamento» regular, ya que solo un rey podía hacerlo. Los presbiterianos tuvieron mayoría.

La Convención decidió restablecer al rey y la Cámara de los Lores, y llamó a Carlos II. Desembarcó en Douvres y entró en Londres, recibido por una muchedumbre.

El gobierno fue restaurado tal como estaba en 1641. Se empezó por perseguir a los independientes, enemigos de Carlos I y del Parlamento.

Se exceptuó de la amnistía a los regicidas, es decir, los jueces que habían decidido la muerte del rey. Se desenterraron los cadáveres de Cromwell y de su yerno, quedaron abandonados. Otros «regicidas» huyeron y murieron en el destierro.

El ejército fue licenciado, no se conservaron más que dos regimientos que vinieron a ser los guardias del rey (1666).

El rey tenía afición a la caza, las carreras de caballos, a la navegación. Le gustaba mandar construir y plantar. Le interesaban el teatro, los cuadros y hasta las ciencias.

Le ocurrió asistir a disecciones, y tenía un laboratorio químico. No le gustaba emborracharse, ni jugar. Tenía suficiente memoria y se expresaba con facilidad e ingenio. Sabía francés e italiano.

Pero no había aprendido nada regularmente y no se dedicaba a ningún trabajo seguido. Ante todo quería divertirse y no tener en qué pensar. Dejaba que resolvieran los asuntos sus consejeros y sus favoritos.

No era duro y podía mostrarse afable, como era bueno para sus sabuesos, que tenía con él en su cámara. Pero no quería a nadie más que a sí mismo, no creía en la honradez de los hombres ni de las mujeres, ni tenía el menor escrúpulo en mentir.

Cuando los solicitantes lo enojaban, intentaba desembarazarse de ellos, y, si no lo conseguía cuanto le era pedido y no cumplía nada.

En su juventud, Carlos había pasado cerca de dos años en Escocia, rodeado de pastores presbiterianos que le pronunciaban largos sermones y le impedían divertirse.

Carlos había vivido luego ocho años desterrado en los países católicos, en Francia, en Colonia, en Bélgica y habían intentado convertirle al catolicismo.

Una vez rey, casó con una princesa católica de Portugal. Por eso no experimentó, como sus subditos ingleses, odio a la religión católica. No era afecto siquiera, como su padre, a la Iglesia anglicana.

Hubiera querido establecer en Inglaterra la tolerancia para el culto católico. Pero, como decía, «estaba decidido, ocurriera lo que ocurriera, a no empezar de nuevo sus viajes», es decir, a no correr el riesgo de una revolución.

REINADO DE CARLOS II DE INGLATERRA

EL GABINETE: Carlos encontró al principio la situación fácil. La mayoría del Parlamento, por odio a la revolución, era devota del rey.

Votó por él un impuesto, en forma de derechos de aduana, que había de percibirse durante todo su reinado. Este impuesto había de proporcionarle dinero como para gobernar sin el Parlamento, si no gastaba mucho en sus placeres.

Como la gestión de los asuntos de gobierno le fastidiaba, Carlos dejó que gobernasen unos cuantos consejeros que reunía en su gabinete, y a esto se llamó el gabinete. Más tarde fue apellidado la Cabal (sigla) con las iniciales de los cinco consejeros.

El más influyente fue en un principio el antiguo jefe del partido caballero en 1641, Hyde, al que dio el título de duque de Clarendon.

Gobernó al principio del reinado. Su hija se había casado con el hermano del rey, heredero del trono.

Pero en pocos años Carlos y sus consejeros llegaron a irritar aun a sus propios partidarios. Carlos vendió a Luis XIV la villa de Dunkerque, adquirida por Cromwell (1662). Clarendon hizo la guerra a Holanda y fue necesario pedir sumas enormes al Parlamento (1665).

La peste penetró en Londres. En aquellas calles estrechas y sucias, el número de víctimas fue tan grande que no se lograba enterrarlas.

El año 1666 estalló en Londres un incendio, y en tres días destruyó toda la ciudad antigua.

Carlos, que había creído iba a hacerse la paz con Holanda, desarmó sus barcos para emplear el dinero en placeres.

La flota holandesa llegó de pronto, entró en el Támesis y quemó tres navios de guerra ingleses (1667).

El Parlamento, irritado por aquellos desastres, la emprendió contra Clarendon. Acababa éste de indisponerse con la favorita de Carlos, negándose a darle dinero. Carlos no le apoyo, y dejó que la Cámara le acusase. Clarendon huyó a Francia (1667).

CONFLICTOS RELIGIOSOS Y POLÍTICOS: Carlos, que no tenía dinero suficiente para los gastos de su Corte, recurrió a Luis XIV. Su hermana Enriqueta, casada con el duque de Orleáns, hermano de Luis XIV, negoció un tratado secreto en Douvres.

Carlos prometió ayudar a Luis a hacer la guerra a Holanda, y se manifestó dispuesto a reconocerse católico en el momento que le pareciese favorable. Luis XIV se comprometió a darle 1.200.000 escudos al año durante la guerra.

El Parlamento, dominado por los anglicanos, no quería conceder la libertad religiosa a los católicos de Inglaterra. Carlos pretendía que el rey tenía el derecho de dispensar leyes. En virtud de este derecho promulgó la Declaración de indulgencia, que dejaba en suspenso todas las penas impuestas a los católicos y a los disidentes (1672).

irritado el Parlamento manifestó «que las leyes penales en materia eclesiástica no podían ser suspendidas sino por orden del Parlamento». Carlos cedió y retiró la Declaración.

Carlos no tenía sucesión, y su hermano Jacobo, duque de York, que era su heredero, acababa de convertirse públicamente al catolicismo.

El Parlamento votó entonces una ley que impedía al soberano dar cargos a los católicos.

Todos los funcionarios, todos los diputados, antes de tomar posesión, debían firmar una declaración por escrito manifestando que no creían en la doctrina católica de la Eucaristía, y habían de comulgar en la forma de la Iglesia anglicana.

Carlos la aceptó para obtener dinero del Parlamento. Su hermano Jacobo, que era almirante, presentó la dimisión.

Carlos intentó prescindir del Parlamento. Pero cuando ya no tuvo dinero, se reconcilió con él (1675) y tomó como ministro a Danby, que era jefe de la mayoría anglicana en la Cámara. Para tranquilizar a los protestantes, casó a la hija mayor de su hermano con el príncipe de Orange, jefe del partido protestante en Europa (1677).

Luego consintió en hacer la guerra a Luis XIV (1678). Hubo entonces viva irritación contra los católicos.

Carlos no tenía bastante dinero para gobernar sin el Parlamento, y le convocó (1679). Pero los electores creían la religión protestante amenazada y no tuvo apoyo.

La mayoría del Parlamento, no queriendo tener, después de la muerte de Carlos, un rey católico, intentó en seguida desembarazarse del hermano del rey, el duque de York. Presentó un proyecto de ley que excluía a Jacobo de la sucesión.

Como el rey tenía necesidad de dinero, convocó otro Parlamento, en el que fue más fuerte la mayoría favorable a la exclusión del duque de York (1679). Carlos no lo convocó.

Los ingleses se dividieron en dos partidos: los «peticionarios», que querían que el Parlamento se reuniese para excluir heredero católico; los abhorrers, que no querían modificar la sucesión.

Cada uno de los dos partidos recibió de sus adversarios apodos que aceptaron. Los adversarios de Jacobo fueron apellidos, whigs, del nombre de ios sublevados presbiterianos de Escocia; los otros fueron llamados tories, del nombre de los bandidos católicos de Irlanda.

Así empezó la división en «partido whig» y «partido tory», que ha perdurado hasta hoy.

Carlos acabó por reunir el Parlamento (1680). La Cámara de los Comunes aprobó la ley de exclusión. Pero la de los Lores la rechazó, y Carlos se desembarazó otra vez de la Cámara disolviendo el Parlamento (1681).

Convocó un tercer Parlamento en Oxford, y esta vez los diputados se presentaron con armas. El Parlamento fue otra vez disuelto al cabo de una semana (1681).

LA REACCIÓN ABSOLUTISTA: Carlos, que había recibido dinero de Luis XIV, gobernó sin Parlamento hasta su muerte. Tenía un pequeño ejército y nadie podía resistírsele.

Se desembarazó de sus adversarios mediante un régimen de horror. Hizo que los tribunales los condenase, eligiendo jurados en el partido tory. El jefe del partido whig, Shaftesbury, se libró huyendo de Inglaterra.

En las ciudades que habían elegido diputados whigs, se cambiaron las listas de los electores.

Algunos republicanos tramaron una conspiración para prender al rey y a su hermano (1683). El rey aprovechó esta circunstancia para hacer condenar y ejecutar a los jefes de la oposición, Russel y Sidney.

Carlos murió (1685), habiendo recibido los sacramentos de la Iglesia católica.

El hermano de Carlos II, Jacobo II, le sucedió sin dificultad.

Se había declarado católico y se había casado en segundas nupcias con una princesa católica italiana.

Deseaba restablecer la religión católica en Inglaterra, y, mientras esto ocurría, conceder a los católicos la libertad de su culto.

En la ceremonia de la coronación tuvo necesidad, según la costumbre, de jurar que había de defender la Iglesia anglicana. Pero mandó abrir las puertas de la capilla católica de la reina y asistió a la misa. Fue, según costumbre, coronado por un obispo anglicano, pero se observó que abreviaba la ceremonia todo lo posible.

Jacobo II Estuardo Rey de Inglaterra
Jacobo II Estuardo Rey de Inglaterra

Jacobo II, su sucesor, provocó con su conducta la revolución, que estalló en 1688. Guillermo de Orange, casado con María, hija de Jacobo II, le sucedió en 1689 y reinó hasta 1702, venciendo a su suegro en Boyne y derrotando a la escuadra francesa en Hogue; obtuvo para Inglaterra el dominio de los mares y tuvo que transigir con los Comunes; ambos esposos firmaron la Declaración de derechos, base de la Constitución inglesa. Le sucedió Ana Estuardo, que fue llamada la buena reina (1702-1714).

fuente

Biografía del Cardenal Richelieu Ministro de Luis XIII Gobierno

Biografía del Cardenal Richelieu Ministro de Luis XIII Gobierno

Armand Jean du Plessis, cardenal de Richelieu (1585-1642), cardenal y político francés, que fomentó más que ningún otro el absolutismo en Francia y sentó las bases de la grandeza del siglo XVII francés. Simbolo del absolutismo real y de la ambición , el cardenal marcó profundamente a Francia en su  cargo de gran ministro.

ANTECDENTES: La monarquía absoluta, o absolutismo, significaba que el poder soberano o la autoridad última del estado reside en las manos de un rey, quien afirmaba gobernar por derecho divino. Pero, ¿qué significaba la soberanía? El teórico político de finales del siglo XVII, Jean Bodin, creía que el poder soberano consistía en la autoridad para hacer leyes, recaudar impuestos, administrar justicia, controlar el sistema administrativo del estado y determinar la política exterior. Estos poderes convertían a un gobernante en soberano. (Derecho Divino)

Uno de los principales teóricos de la monarquía por derecho divino del siglo XVII fue el teólogo francés y predicador de la corte, el obispo Jacques Bossuet (1627-1704), quien expresó sus ideas en un libro titulado Política extraída de la verdadera palabra de las Santas Escrituras. Bossuet argumentó primero que el gobierno estaba divinamente ordenado, de manera que los seres humanos pudieran vivir dentro de una sociedad organizada.

Dios escogía a los reyes y a través de ellos reinaba sobre todos los pueblos del mundo. Debido a que los reyes recibían su poder de Dios, su autoridad era absoluta. No eran responsables ante nadie (incluídos los parlamentos), excepto ante Dios. También existía una enorme brecha entre la teoría del absolutismo, tal y como la expresaba Bossuet, y la práctica del absolutismo. El poder absoluto de un monarca solía estar en gran medida limitado por las realidades prácticas.

Nacido en París, el 9 de septiembre de 1585, en un parto dificil que casi mueren madre e hijo. Su padre un noble en la corte de Enrique III, venido a menos y su madre Susanne de la Porte hija de un famoso abogado de la ciudad natal.

El cardenal de Richelieu

El cardenal de Richelieu Armand Jean du Plessis, el cardenal de Richelieu, consiguió poner fin al poder político de las grandes familias de Francia al hacer del rey un monarca absoluto y convirtió a su país en la primera potencia militar de Europa.

A los nueve años, Armand-Jean comienza sus estudios básicos en el Colegio de Navarra. A los diecisiete ingresa en la principal academia militar de la región. Alumno brillante, objeto de frecuentes elogios por parte de sus profesores, todo hace creer que será un notable oficial. Pero los planes familiares sufrirán una brusca modificación. Sucede que Alphonse, el hermano que debía ordenarse sacerdote, se aparta un poco del rumbo prefijado: cambia el seminario y el sacerdocio seglar por la vida monástica. Para la familia fue un golpe. Esperaban que él recibiese las órdenes mayores y fuese nombrado para el obispado de Lucon, de cuya renta dependían los Richelieu.

El obispado, desde hacía algún tiempo, estaba en manos de un apoderado, que administraba los bienes de la familia, inclusive las rentas obtenidas de las contribuciones de los parroquianos y del trabajo de los siervos en las tierras episcopales. Ese hombre estaba ya viejo, y para retirarse sólo esperaba que un Richelieu ocupara definitivamente la sede.

Para la familia, no existía por el momento otra alternativa que la de ordenar a Armand Jean que suplantase a su hermano Alphonse, y así ocurrió.

 A los 21 años partió para Roma, donde causó excelente impresión en el Vaticano. A los 23 regresó a Francia consagrado como obispo de Lucon. Dió poca importancia a la indiferente acogida de los habitantes de la pequeña ciudad. En los primeros días se ocupó solamente de mejorar el ambiente en que debía trabajar: el palacio episcopal, un viejo solar casi en ruinas.

Enseguida comenzó a destacarse en los estados generales de 1614-1615: su discurso de clausura, de una elocuencia sobresaliente lo llevó a convertirse en diputado del clero, reclamando para la Iglesia el derecho de partricipar en asuntos públicos. Se puso entonces del lado de la reina y de su consejero Concini, lo que le valió su primer puesto ministerial como secretario de estado para la guerra en 1616. La caída de Concini lo arrastró a la desgracia, acentuada por la desconfianza del joven Luis XIII hacia este prelado ambicioso, que proponía vigilar a María de Médicis en secreto.

Reina María de Medicis

María de Médicis estaba encantada con la inteligencia y el buen sentido del joven obispo. Hizo exactamente lo que él calculaba: lo invitó a trabajar en la corte. El camino estaba abierto para Richelieu; y él sabría aprovecharlo. Desde un principio, la regente le confía delicadas tareas de diplomacia interior, como, por ejemplo, apaciguar los focos rebeldes de la nobleza. Después, lo designa embajador en España. Pero termina cambiando la idea. Tiene para Richelieu un cargo más importante: en noviembre de 1616 lo llama a ocupar un puesto en el Consejo de Estado. El obispo Armand-Jean du Plessis ahora es Secretario de Estado de Interior y de Guerra, teniendo además atribuciones en todo lo referente a las relaciones exteriores de Francia.La política de la regente siempre había estado dirigida a una reaproximación a la corte española.

El segundo intento fue acertado. En abril de 1624, Richelieu se integró al Consejo del rey, bajo presión de la reina, pero decidido a ofrecer sus servicios al rey Luis XIII. Poco a poco contribuyó a desacreditar al ministro en ejercicio, el marqués de La Vieuville, lanzando contra él una verdadera «campaña de hostigamiento», ayudado por los panfletistas con que supo rodearse.

La Vieuville fue encerrado en Amboise, y Richelieu se convirtió en el Jefe del Consejo y ministro principal en agosto de 1624. Pero su autoridad llegaría a afianzarse solamente durante la Jornada de los dupes (o día de los engañados), en 1630, cuando el partido devoto y el de la reina madre María de Médicis fueron apartados por voluntad del rey.

Durante los casi cincuenta años que antecedieron a Luis XIV, los gobiernos reales y ministeriales tuvieron que luchar para evitar el colapso del estado. La línea entre el orden y la anarquía a menudo fue estrecha. Esta situación se complicó todavía más debido a que ambos monarcas, Luis XIII (1601-1643) y Luis XIV, eran tan sólo unos niños cuando ascendieron al trono en 1610 y 1643, respectivamente, de forma que el gobierno dependió de los ministros reales. Luis XIII heredó el reinado cuando el rey fue asesinado en 1610, y él tenía nueve años de edad. Los problemas de Luis parecían acumularse hasta que, en 1624, el concejo del rey cayó bajo el control del sagaz, competente y astuto cardenal Richelieu.

Luis XIII de Francia

Luis XIII de Francia

Luis XIII era un rey débil y tímido, que prefiere pasar los días cazando mirlos, gavilanes y zorros a encerrarse en un gabinete para pensar en problemas de Estado, todavía resiste al nombre de Richelieu; resistencia cada vez menor, en verdad, porque él necesita de alguien capaz de presidir, en su nombre, el gobierno de Francia. Por fin, en 1624, Luis XIII acepta hacer una experiencia con Richelieu. En abril, el cardenal vuelve al Consejo de Estado, y en agosto ya es primer ministro de Francia.

El cardenal Richelieu fue líder del concejo real y primer ministro de Luis XIII de 1624 a 1642, e inició políticas que, a la larga, fortalecieron el poder de la monarquía. Uno de los peligros de la autoridad real provenía de los hugonotes. La política de Richelieu respecto a ellos fue dictada por motivos políticos, y no religiosos, a pesar de su posición como cardenal de la iglesia católica. Al elimina: sus derechos políticos y militares, pero conservando sus derecho; religiosos, la Paz de Alais ayudó a transformar a los hugonotes en sus subditos más confiables.

Los primeros meses de gobierno los dedica a examinar las dificultades del país. Uno a uno, Richelieu estudia los problemas que, a su parecer, debilitan el Estado; la alta nobleza, siempre dispuesta a sublevar provincias enteras contra la autoridad real, procurando preservar un sistema feudal que todavía está lejos de haber sido completamente extinguido; los hugonotes, que se habían convertido en un verdadero Estado dentro del Estado (el Edicto de Nantes les permitió como garantía mantener sus plazas fuertes, y sus jefes, en caso de necesidad, acostumbran incluso recurrir  al  extranjero,  así  como  lo hacían los ultracatólicos con España) ; el Tesoro, cada vez más empobrecido en beneficio de una minoría (sobre todo los grandes nobles) ; los sobornables agentes del gobierno; el riesgoso asunto de la venta de cargos; el comercio exterior, totalmente dominado por extranjeros; una marina real prácticamente inexistente, incapaz de proteger las costas de Francia, y otros.

En asuntos exteriores, desde 1618, la Europa Occidental entera está comprometida en una guerra que tuvo origen en un conflicto exclusivamente alemán, de carácter religioso, entre los príncipes protestantes y la Casa de Habsburgo, soberana del Sacro Imperio Romano Germánico. Esa lucha, que devastará a Alemania, se prolongará intermitentemente hasta 1648 y será conocida en la historia como la Guerra de los Treinta Años.

Inflexible, Richelieu va ejecutando con mano de hierro todas las medidas que entiende necesarias para el fortalecimiento del poder monárquico, lo que le parece indispensable para fortalecer el país. Al poco tiempo, la nobleza conspirará para derrocarlo.

Se forma un auténtico partido contrario a Richelieu, con gente dispuesta a asesinar al cardenal, a provocar una sublevación en el país o a declarar a Luis XIII incapaz de gobernar. Pero el cardenal mas precavidos que ellos logró descubrir la conspiración a tiempo y terminaron todos los involucrados en la cárcel.

Con objeto de reformar y fortalecer la administración central, al principio por razones financieras, Richelieu despachó funcionarios reales, llamados intendentes, a las provincias con objeto de llevar cabo las órdenes del gobierno central. Conforme crecieron las funciones de los intendentes, entraron en conflicto con los gobiernos  provinciales. Dado que los intendentes resultaron victorios en la mayoría de estas disputas, fortalecieron aún más el poder la corona. No obstante, Richelieu resultó ser menos diestro e cuestiones financieras.

No sólo era corrupto el sistema básico de las finanzas estatales, sino que era tanta la gente que se beneficiaba de la ineficiencia y de la injusticia del sistema, que el gobierno arrostró gran resistencia cuando trató de reformarlo. El taille (un impuesto anual directo que solía tasarse en función de la tierra o la propiedad) incremento (en 1643 fue dos veces y media mayor de lo que había sido en 1610), y las tierras de la corona fueron hipotecadas de nueva cuenta. Sin embargo, los gastos, sobre todo el costo de los preparativos de guerra, pronto agotaron los ingresos adicionales, por lo que la deuda francesa continuó su espiral ascendente bajo el mandato del cardenal.

El cardenal intentó gobernar por encima de las clases sociales, en beneficio de la centralización monárquica. En su concepción de Francia no privaba el bienestar equitativo de todo su pueblo, sino una ideal figura alegórica: la monarquía encarnada en una realidad que se llamaba Luis XIII. Así, esos numerosos proyectos comerciales y coloniales, por errores de perspectiva, fracasaron casi todos.

Pensaba que Francia, para ser una nación próspera, debía exportar al máximo e importar lo mínimo, acumulando reservas de oro y plata. Como los consumidores, a pesar de todo, continuaban comprando tejidos de todo tipo a Inglaterra y a Holanda, y adquiriendo artículos de lujo a Italia y obras de arte a Flandes, prohibió las importaciones que no llegaran en navios franceses y todas las transacciones que no se realizasen entre subditos de Francia. Mas estas órdenes quedaron sólo en el papel, porque el reino no poseía suficientes sistemas de  control.

Estimuló las empresas coloniales, pero casi todas las compañías comerciales formadas con ese objetivo, tanto las que se volcaban hacia el Oriente, como las que ambicionaban la conquista de tierras en América, no prosperaron. Ante Holanda e Inglaterra,   Francia  quedó   en   desventaja.

Respecto a su salud la misma nunca había sido buena, y a partir de 1642 se debilita hasta tal punto de que en los últimos tiempos casi no puede levantarse de su lecho del actual Palacio Real (entonces Palais Cardinal).

«Mis médicos dicen que estoy mejorando, mas no lo parece», murmura a cada rato desconsolado. Convencido de que su fin está próximo, solicita al rey que lo dispense de su cargo, pero éste se niega y le responde: «Nunca encontré a nadie que me sirviese tan cabalmente como vos. Es esto lo que me hace desear y pediros que no os retiréis (…). Mi hermano y muchos nobles os quieren mal por mi causa; pero podéis estar seguro de que os protegeré contra cualquiera que sea».

En la mañana del 4 de diciembre de 1642, tiene a su cabecera al vicario de la parroquia de San Eustaquio. Después de reafirmar su fe en el Credo cristiano, se sumerge en un total estado de inconsciencia. Cerca de mediodía, vuelve en sí. El sacerdote le administra la extramaunción y le dice:
—¡Eminencia, es necesario que perdonéis a vuestros enemigos!
Con los ojos casi cerrados, Richelieu responde casi en un murmullo:
— ¡Mis únicos enemigos fueron los enemigos de Francia!

Está muerto el hombre que durante dieciocho años gobernó a Francia con un régimen implacable, que marcaría de ahora en adelante el estilo de gobierno de la monarquía francesa.

PARA SABER MAS…

La vida fastuosa de Richelieu: ¡Qué distinta era su vida comparada con la del pueblo miserable! Atrás quedaban ya difuminados en la lejanía sus años de pobreza, cuando joven obispo había de acomodar a su talla los ornamentos de su predecesor y devanarse los sesos pensando si podría permitirse el lujo de tener vajilla de plata.

Ahora sus ingresos ascendían a millones y eran verdaderamente fabulosos para aquellos tiempos; quedábanle al año cuantiosos excedentes y eso que, como hijo de una época dada a la ostentación y al fausto, gastaba el dinero a manos llenas. Además de los ingresos en efectivo de su cargo y de los beneficios que del mismo se derivaban, poseía su palacio cardenalicio, castillos con extensos parques y otras propiedades rurales. Percibía rentas de toda clase de bienes inmuebles a las cuales venían a sumarse los ingresos de las seis abadías que le adjudicara el rey. Sus naranjales eran cuidados con más solicitud que los de ningún otro.

Sus cuadras alojaban purasangres y caballos de la mejor raza. La servidumbre de su casa podía equipararse a la del propio monarca con su maestresala, su confesor, su médico personal y su ayuda de cámara. Su mesa la servían nobles cortesanos y pajes. Así vivía él, hombre de mundo, con toda la magnificencia de Grandseigneur y príncipe de la Iglesia.

Por supuesto, en sus necesidades personales se mostraba parco sin que tampoco concediera mucho tiempo al esparcimiento, pues sus energías las dedicaba íntegras al cumplimiento de su misión. No obstante, si alguna vez se permitía solazarse, disfrutaba plenamente de las alegrías terrenas. Le gustaba oír música, asistía a fiestas y representaciones teatrales y, según parece, no era insensible a los encantos de las

Fuente Consultada:
Enciclopedia Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo III Edotial Abril Biografía de Richelieu
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre
Enciclopedia Hicieron Historia Tomo I Biografía de Richelieu Tomo I