Juan M. de Rosas Justo J. de Urquiza Batalla de Caseros Pronunciamiento de Urquiza

Pintores Epoca de Rosas Jovenes Romanticos Obra Artistica e Influencia

Pintores Época de Rosas – Influencia Pintores Extranjeros

Los jóvenes románticos: La llamada generación romántica estaba formada por jóvenes educados según el modelo europeo del siglo XVIII.

El romanticismo argentino tenía también elementos, liberales. Esteban Echeverría, Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Miguel Cané (p.), Marco Avellaneda, Vicente Fidel López, Pío Tedín, Antonio Aberastain, y muchos otros, endiosaron el pasado desde mayo de 1810 hasta los tiempos cercanos.

Quisieron que toda la realidad, a la que conocían mejor que los viejos unitarios, aunque menos que los federales prácticos, se ajustase a esquemas rígidos y preconcebidos.

En 1837, uno de esos jóvenes románticos, Esteban Echeverría, creó el Salón Literario‘, círculo que comenzó a nuclear a oposición a Rosas.

El 1838, el mismo Echeverría fundaría una sociedad secreta, dé carácter netamente político, llamada La Joven Argentina, conocida tradicionalmente como Asociación de Mayo.

Una comisión integrada por Echeverría, Alberdi y Juan María Gutiérrez redactó la doctrina de la Asociación; de este trabajo surgió más tarde el Dogma Socialista de Echeverría. La vigilancia de Rosas obligó a los miembros de esta sociedad a emigrar, en especial a Montevideo, donde siguieron conspirando contra el gobierno de Rosas.

Pintores de la época de Rosas (ampliar este tema)

El pintor argentino más importante de esa época fue Carlos Morel (1813-1894), quien nació en Buenos Aires y fue discípulo de Guth y Caccianiga.

Morel ocupa un lugar destacado en la historia del arte nacional por sus escenas de costumbres, litografiadas con el título de Usos y costumbres del Río de la Plata de 1844 y 1845. Condiscípulo de Morel fue Fernando García del Molino (1813-1899), nacido en Chile pero residente en Buenos Aires desde los seis años de edad.

Este realizó, en distintas épocas, varios retratos de Juan Manuel de Rosas, quien le dispensó protección.

García del Molino fue uno de los pocos artistas que tuvo entrada franca en la residencia de Palermo. Dejó una notable galería de retratos de personajes de la época de la Federación.

Otros pintores destacados fueron Eustaquio Carrandi (18181-878), Juan L. Camaña (1817-1877), Benjamín Franklin Rawson (1849-1871), Ignacio Báz (1814-1887), Bernabé Demaría. (18241910), y Gaspar Palacio (1828-1892).

Entre los artistas extranjeros que llegaron a las Provincias Unidas durante la primera mitad del siglo XIX, y pintaron escenas de costumbres, tipos autóctonos y personajes de la época, se destacan el francés Raimundo Moivoisin (1790-1870) y Juan Mauricio Rugendas (1802-1858), de origen alemán. Moivoisin residió en Buenos Aires hasta 1842 y luego siguió viaje rumbo a Chile.

Rugendas fue el pintor romántico más importante que trabajara en el país y en América. Arribó a Buenos Aires en 1845 y permaneció diez meses en la ciudad, pintando retratos y escenas de costumbres que figuran entre las obras más logradas de los artistas viajeros.

cuadro sobre romanticismo argentino

AMPLIACION DEL TEMA

PINTORES NATIVOS MAS DESTACADOS
FERNANDO GARCÍA DEL MOLINO (1813-1899). — Cronológicamente el primero de los pintores argentinos , fue García del Molino un pintor esencialmente miniaturista, careciendo de valor sus óleos por haberle faltado los medios materiales de aprendizaje y de museos, debiendo formarse bajo la dirección de los maestros venidos de Europa.

Adquirió nociones de dibujo en la Universidad guiado por don Pablo Caccianiga; luego, hacia 1830, empezó a practicar miniatura bajo la sabia dirección de Jean P. Goulu, teniendo Ocasión de admirar las primeras aguadas y litografías de Pellegrini.

Comenzó pintando en miniatura a su profesor de filosofía Doctor Diego Alcorta y de varios personajes importantes de la época.

Huésped asiduo de Palermo. nos dejó numerosos retratos de Rosas, desde el realizado en 1832, que lo representa ceñido con su uniforme de comandante, al de intimidad (1845), ya en plena edad madura, vistiendo un cómodo traje casero, y al de su vejez (1873?), en su dura condición de proscrito, aguda interpretación de alguna prueba fotográfica llegada a Buenos Aires.

Entre los demás personajes objeto de su pincel debemos citar la imagen de Facundo Quiroga, el «caudillo de la feroz hermosura», como lo llama Mitre; el de Doña Encarnación Ezcurra de Rosas, digna émula de su esposo; el expresivo estudio al lápiz del General don Félix Aldao, conocido por «El fraile Aldao», y el retrato al óleo del coronel don Joaquín Hidalgo, conservado en el Museo Histórico Nacional.

Dedicó su vida a la docencia artística, contando entre sus discípulos a Franklin Rawson. Falleció en Buenos Aires en 1899.

CARLOS MOREL (1813-1894). —Este pintor y litógrafo argentino nació en Quilmes, de padres españoles; compañero de García del Molino, tuvo también por maestros a Gouth y, en la Universidad, a Caccianiga.

El ejemplo de Pellegrini con sus «Recuerdos pintorescos y fisionómicos del Río de la Plata» orientó su vocación artística por lo vernáculo; fruto de ello fue su álbum litográfico, que tituló Usos y costumbres del Río de la Plata, que integra una serie de escenas campestres, entre las cuales se destacan: Una hora antes de partir (el mate), escena patriarcal de costumbres criollas; La media caña, otro episodio de viaje análogo; Peones troperos, un rincón del Mercado de Carretas, en que ocho figuras se espacian en torno al fogón, centro del cuadro.

Tampoco el retrato tenía secretos para él, como lo atestigua la efigie viril de Don Vicente López y Planes, ejecutada a lápiz.

Al óleo pintó Carga de caballería del ejército federal, Episodio de la época de Rosas y El Comisario fiscal en el Mercado de frutos, en que todos los actores, vestidos de rojo, dan a la escena un cierto resplandor diabólico.

Toda su producción normal apenas si excede una década: a los treinta y dos años la demencia lo aniquiló para el arte. Su vida se extinguió a los 81 años, en 1894, totalmente ignorado.

PRILIDIANO PAZ PUEYRREDON (1823-1870). —Este artista de las tres P, firma del autor, hijo del ilustre procer general don Juan Martín, elegido Director Supremo por el Congreso de Tucumán, nació en Buenos Aires en 1823.

De sus estudios preparatorios adquiridos aquí, es bien poco lo que sabemos, pero nada nos impide suponer que vio dibujar y pintar a Gouth y Pellegrini.

Durante su estada en París, donde reside con sus padres de 1845 al 47, con un viaje intermedio a España en 1846, estudia para ingeniero en la Escuela Central de París, sin descuidar por ello su vocación de pintor junto a grandes artistas, sobre todo, de Juan A. Ingres, que lo forma en la perfección del dibujo y la pureza de las líneas.

Vuelto de Europa, actúa como ingeniero, pero sus inclinaciones por el arte, respaldadas por su posición económica, le encaminan por el sendero de su verdadera vocación.

Comienza a producir temprano: a los veinticinco años pinta el retrato de su padre y a los veintiocho el de Manuelita Rosas y Ezcurra, dos obras de alta calidad. Igualmente dedica su pincel a otros héroes y patricios: Belgrano (copia), Rivadavia (copia), Alvear, Vieytes, Azcuénaga, Juan M. Gutiérrez (litografía), el prelado Ensebio Agüera, don Juan B. Peña, y a algunas damas de la aristocracia: doña Cecilia Robles de Peralta Ramos, doña Josefa Sáenz Valiente, doña Elvira Lavalleja de Calzadilla , etc.; en un animado boceto nos dejó el Asesinato del doctor Manuel V. Maza.

Nuestras costumbres y paisajes le inspiran obras verídicas y sinceras: Recorriendo la estancia, Un alto en el camino, San Isidro, Lavanderas en el bajo de Belgrano, Un domingo en los suburbios del pueblo de San Isidro, Un patio porteño y, sobre todo, Paisano desmontado, que con los pintados por Monvoisin en 1841 y por Palliére en 1860, salvan del olvido la figura legendaria del gaucho argentino.

Al final de su vida volvió a su profesión de ingeniero, planeó el puente Alsina sobre el Riachuelo y diseñó planos de varias residencias. Falleció en Buenos Aires en 1870.

BENJAMÍN FRANKLIN RAWSON (1819-1871). — Hijo de un médico norteamericano, nació en San Juan hacia 1819, haciendo los primeros estudios en su ciudad natal, donde estudia pintura con Amadeo Gras.

Pronto el precoz artista pinta un discreto retrato de su hermano Guillermo. La época de Rosas no le es favorable, y en 1840 emigra a Chile, donde junto a Monvoisin se perfecciona en el arte de componer cuadros históricos y la miniatura.

En 1845 pinta el retrato de Sarmiento, y diez años más tarde lo incluye en una composición épicodramática: Salvamento operado en la Cordillera por el joven Sarmiento. Su gratitud le hace colocar a Sarmiento como tomando parte activa en el salvamento, cuando en realidad sólo estuvo presente en espíritu.

La guerra del Paraguay le inspiran algunos episodios patéticos: La despedida del recluta y el Regreso del guardia nacional, ambos de 1865.

También son frutos de su temperamento dramático La huida del malón, El asesinato del doctor Maza y El mendigo.

Pero donde mejor acertó el artista con el carácter de sus modelos fue en los retratos. Además de los ya citados, agregaremos los de Doña Tránsito de Oro (hermana del obispo de ese nombre), Don Eustoquio Díaz Vélez, Doña Jacinta Ángulo de Rojo y Doña Paz Sarmiento de Laspiur.

Franklin Rawson falleció en Buenos Aires en 1871, víctima de la fiebre amarilla.

OTROS PINTORES DESTACADOS. Terminamos la lista de pintores argénticas señalando al dibujante Carlos Léxica que realizó acuarelas, siendo la única obra que conocemos de La Tropa de carretas en la Plaza Monserrat, cuadro de afanada muche dumbre y cuyo confuso hacinamiento de troperos y peones nos recuerda el óleode Morel «El comisario del fisco en el Mercado de Carretas».

Marcelino San Arroman, nacido en Montevideo, pero que residió en Bueno:? Aires hasta su fallecimiento, nos dejó excelentes retratos, entre otros, el de Don José María Roxas y Patrón, ministro de Hacienda del Gobernados Rosas.

PINTORES EXTRANJEROS DE ESA ÉPOCA:

CARLOS ENRIQUE PELLEGRINI (1800-1875). — Carlos E. Pellegrini nació en Saboya y estudió en la Escuela Central de París, donde a poco de recibirse de ingeniero fue contratado por Sarratea a nombre de Rivadavia para proyectar y dirigir en nuestro país la construcción de varias obras públicas.

Llegó a Buenos Aires en una hora política desfavorable e incierta (Revolución del 1′ de diciembre de 1828 y fusilamiento de Dorrego), lo cual impidió que fuesen utilizados sus servicios desde un primer momento.

Para ocupar sus ratos de ocio se dedicó a dibujos arquitectónicos a la aguada, animados de transeúntes, salvando así del olvido histórico el Cabildo, la vieja Pirámide de Mayo y el Arco de la Recova.

Traza luego interiores de iglesias y más tarde el bullicio de la calle, que van despertando su atención de artista, hasta que ya relacionado socialmente frecuenta salones, donde damas elegantes lo deciden a realizar sus primeros retratos, que alcanzan un éxito clamoroso y que transforman al ingeniero inicial, contratado para canalizar aguas corrientes, en un retratista profesional.

Sus primeros trabajos de este género los realiza a lápiz, que realza con lavados al agua-tinta, especialmente aplicados al vestido; dando un paso más adelante, colorea estos dibujos a la acuarela por medio de tintas lisas que transparentan el sombreado del lápiz común; luego ejecuta a punta de pincel, según Táctica de los miniaturistas, y, finalmente, llega a apoderarse de la técnica del pintor de aguadas, procedimiento en que obtiene sus mejores resultados.

Son numerosos los retratos al lápiz y a la aguada, y las escenas de costumbres evocadoras de la época, que después repitió en dibujos litografiados, y tal vez dibujó algunos expresamente para la piedra litográfica, como la Escena del baile, que tiene lugar en el salón de Escalada, la más bella de todas.

De las prensas de su «Litografía del Arte» salieron unas veinte láminas que formaron el álbum rotulado Recuerdos del Rio de la Plata.

La Obra del retratista se transparenta en los retratos del Canónigo Seguróla , dibujado a lápiz y tinta china con absoluta maestría; el de Don Manuel Masculino, vastago del famoso fabricante de peinetones de carey; el de Don Juan M. de Agüero, que impresiona por su fina espiritualidad; el de Doña Pilar Spano de Guido, de suave belleza, y el de Doña Juana Rodríguez de Carranza, ejecutado con gracia y delicadeza.

Después de varios años de asidua labor, y coincidiendo con la introducción de la daguerrotipia en Buenos Aires, que permitió la fijación de las imágenes en una placa metálica sensible, Pellegrini abandonó casi por completo su arte pictórico y se retiró a trabajos del campo, fundando en 1853 la «Revista del Plata», dedicada a temas agropecuarios.

Más tarde fue elegido miembro del Consejo de Instrucción Pública. Murió en Buenos Aires en 1875.

LORENZO FIORINI. — Pintor italiano, llegado a Buenos Aires en 1829, donde formó su hogar. Escrutador psicológico de sus modelos, sus imágenes transparentan el alma al concentrarse en el problema fisiológico, sin dejarse distraer por los otros elementos: trajes, adornos, etc.

Como expresa el crítico José L. Pagano: «Tuvo el don de hacer olvidar la materia de sus retratos. Va al carácter por el sesgo peculiar de la forma.»

Esta cualidad del artista se pone bien de manifiesto en el retrato del Doctor Mariano Somellera, óleo de entonación baja, donde el hábito negro del prelado se esiuma en el tono oscuro del fondo que destaca el rostro, velado con un cierto aire de seria meditación.

Pintura igualmente sobria es el retrato maternal de Doña Dolores Posadas de Meyer, en la que junto al rostro melancólico de la madre resalta la agraciada figura del niño.

En el período político agitado que le tocó actuar a este artista italiano logró la máxima aceptación en el mundo social de su tiempo, pintando lo más granado de la sociedad porteña: damas de distinción, doncellas, guerreros, políticos, prelados, etc.

Débese notar que sus retratos de mujeres, por lo general, son superiores a los de hombres. El ambiente militar quedó resumido con la efigie del General Marcos G. Balcarce.

En sus veinticuatro años de creciente éxito logró también formar algunos discípulos, entre los que se destacaron Gaspar Palacio y otros. Murió asesinado en 1855.

RAYMOND AUGUSTO MONVOISIN (1790-1870). —Nació este artista en Burdeos e hizo sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de París. Contando ya cincuenta años, dificultades políticas le obligaron a expatriarse, llegando a Buenos Aires en 1841, época la más aciaga de la dictadura rosista.

Malgrado la poca simpatía que despertaban en Rosas los ciudadanos de esta nacionalidad, su talento artístico conquistó la intimidad de Palermo, donde pintó al gobernante en poncho de abrigo, en vista a otro gran retrato ecuestre proyectado con uniforme de brigadier general. Este retrato, según referencias de los que conocieron a Rosas; es el más parecido a su persona.

En la brevísima estada de Monvoisin en Buenos Aires realizar tres grandes cuadros que resultaron otros tantos aciertos: Gaucho federal, Soldado de Rosas y Porteñas en la Iglesia,  los dos primeros realizados en tamaño natural, el segundo, además, sobre un cuero de potro por falta de tela adecuada. Estos cuadros constituyen dos documentos históricos sobre la indumentaria del noble gaucho argentino.

La tercera de estas obras es, sin duda, la obra capital del artista francés en Buenos Aires y posiblemente de su total producción.

Ejecutó además durante su brevísima permanencia en el país, otros excelentes retratos, debiéndose citar los de dos señoras de la familia Llavallol, una Cabeza de mujer y dos agraciadas Orientales tendidas en divanes.

Después de su salida apremiante de Buenos Aires, Monvoisin se radicó, a partir de 1842, en Chile, donde ejecutó una serie de retratos, algunos de primer orden.

Realizó en Valparaíso una gran exposición de sus obras; fundó en Santiago una Escuela de Pintura y una Academia de Bellas Artes, actividades que desarrolló igualmente años más tarde en Perú, tornando a Francia en 1857, después de dieciséis años de permanencia en América del Sur. Falleció en Boulogne-sur-Seine en 1870.

Fuente Consultada:
Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz
Historia de la Cultura Argentina de Francisco Arriola Editorial Stella

Biografia de Juan Manuel de Rosas Vida Política y Su Gobierno

Biografía de Juan Manuel de Rosas
Vida Política y Obra de Gobierno

La Confederación Rosista

Fracasos de la Oposición

Carta de la Hacienda de Figueroa

Juan Manuel de Rosas: Juan Manuel de Rosas fue un político argentino, gobernador de Buenos Aires en los períodos 1829-1832 y 1835-1852.

Amado por sus seguidores, y temido y odiado por sus opositores, quienes lo llamaron tirano y dictador. Lo cierto es que estuvo en el poder por más de 20 años, con facultades extraordinarias otorgadas por la legislatura provincial, tratando de ordenar el país contra la anarquía política.

En «Palabras de Historiador» de Félix Luna, el autor lo define como «el mas contradictorio, el mas controvertido y el que ha registrado mas polémicas y el que siempre será un personaje muy ambiguo, muy difícil de definir» (pag.72)

Juan Manuel de Rosas

Comienzos del caudillo:

Nació en Buenos Aires (n. en Buenos Aires, 30 de marzo de 1793 – † Southampton, Hampshire, 14 de marzo de 1877) , en el seno de una de las familias más destacadas de la ciudad. Su verdadero nombre era Juan Manuel Ortiz de Rozas; pero decidió «acriollarlo» y aplebeyarlo, ya antes de su primera aparición en la política, por Juan Manuel de Rosas.

La niñez del pequeño Juan Manuel estuvo signada por la severidad materna y la vida campestre, dos señas que dejarán en él un profundo registro que lo marcará de por vida. Autoridad máxima del clan, su madre Agustina condujo la familia y los negocios con mano férrea, sin escatimar latigazos con sus pequeños niños a la hora de los escarmientos y el orden.

El pequeño Juan Manuel aprendió sus primeras letras en la casona, hasta que cumplidos los ocho años comenzó a estudiar en un establecimiento privado dirigido por Francisco Javier Argerich, uno de los más prestigiosos.

La formación institucional, sin embargo, no duraría más que un año, tiempo suficiente para quien ya tenía predestinado un lugar en los negocios familiares y en la política.

Para entonces, la vida rural y los saberes de sus labores era todo lo que necesitaba para ponerse, en el momento adecuado, a la cabeza de la administración de la estancia.

Y en esas labores va a descollar rápidamente, domando potros y participando en las más variadas tareas junto a los peones. También desde entonces asimiló la cultura del gaucho y escuchará las primeras historias de malones.

Para algunos de sus hermanos habrá otros destinos, como la carrera militar -Prudencio- y el comercio -Gervasio-.

Entre sus hermanas destacarán Dominga Mercedes, mujer de gran cultura, y Agustina, la futura esposa de Lucio V. Mansilla.

Tenía trece años en 1806 cuando los acontecimientos políticos que sacudían al Río de la Plata lo convocaron para su primera incursión en la milicia: una escuadra inglesa había invadido el territorio.

Las autoridades virreinales dejaron indefensa a la población, que debía enfrentar una fuerza expedicionaria numerosa y bien pertrechada. Santiago de Liniers organizó entonces las armas de la exitosa resistencia, alistando voluntades para enfrentar al invasor.

El reclutamiento implicó la formación de una compañía de niños en el Regimiento de Migueletes, cuya misión era colaborar con la reposición de municiones y Juan Manuel se reclutó voluntariamente. Luego de la rendición, Liniers lo devolvió a sus padres, portador de honrosa carta testimonial.

De grande fue hombre práctico, de espíritu conservador, y con todas las características de un caudillo. La primera interrupción en sus actividades de estanciero fue debida a las invasiones inglesas.

Amasó una gran fortuna como ganadero y exportador de carne de vacuno, en la época en que el virreinato del Río de la Plata luchaba por su emancipación del dominio español. En 1818 comienza a hacer algunas comisiones políticas, al tiempo que entró a administrar y poblar las estancias de Juan José y Nicolás Anchorena.

Mas tarde compraría con Terrero (quien lo acompañaría durante sus dos futuros mandatos) las estancias San Martín y Del Rey, entre otras.

Empezó a adquirir prestigio y durante la década del ’20 se transformo en uno de los personajes más importantes de Buenos Aires. Llegó a tener un ejército personal formado por peones: Los Colorados del Montes. Y durante el gobierno de Rodríguez ocupó el cargo de comandante de campaña.

Entre 1313 y 1824, Rosas va a construir una formidable empresa rural, compuesta de extensoscampos, estancias y saladeros. Fue uno de los principales artífices de la conquista de nuevas tierras para el ganado y la colonización.

La vida política: Como decíamos antes, hasta 1820, Rosas se empleó afondo en sus actividades económicas. No obstante, otros conflictos van a conspirar contra sus actividades, forzándolo a inmiscuirse de lleno en la vida política.

El movimiento que concluyó con la independencia no había logrado estructurar una unidad que englobara al conjunto de las provincias bajo un mismo gobierno. Los conflictos entre Buenos Aires y las provincias, y en ocasiones entre estas mismas, y posteriormente entre unitarios y federales, arrasaron al territorio con situaciones que hundieron a unos y otros en agudas crisis políticas y económicas.

Hacia 1820, uno de los mayores frentes de conflicto lo constituyó el enfrentamiento entre Buenos Aires y los caudillos de Santa Fe y de Entre Ríos, Estanislao López y Francisco Ramírez, quienes eran aliados de José Gervasio Artigas, líder de la Banda Oriental y de la Liga de los Pueblos Libres. Los caudillos rechazaron la Constitución de 1819, inspirada por Buenos Aires, y reclamaron su autonomía.

Tras la Batalla de Cepeda, la disputa culminó en victoria para los caudillos, precipitando la caída del director supremo José Rondeau. El nuevo gobierno provincial de Buenos Aires puso paños fríos a la contienda con la firma de tratados de no beligerancia entre las partes, pero al poco tiempo éstos exhibieron sus limitaciones, aunque finalmente se logró la paz interior.

La paz lograda permitió a Buenos Aires un período de prosperidad y Rosas supo aprovecharla. Para entonces contaba con un puerto exportador propio, el de Ensenada, y entre 1821 y 1824 aumentó considerablemente sus propiedades rurales. Ala vez reforzó las fronteras con el indio, desatendidas durante el conflicto con el Litoral, participando en algunas de las campañas de Rodríguez hacia el sur.

Las fronteras ya no estarían abandonadas a su suerte, y el propio Rosas fue poco después nombrado comandante de los Ejércitos de Campaña a fin de mantener pacificada la región. De este modo, se consolidará aún más como un respetado líder militar.

Juan Manuel de Rosas Retrato Óleo

Rosas fue retratado por numerosos artistas que exaltaron su personalidad a través de una imponente estampa militar No obstante, el caudillo federal gustaba más de la austeridad y simpleza de la vida campestre que de las grandes galas. Incluso manifestó una persistente Indiferencia hacia las condecoraciones y medallas que le otorgaron. Arriba, óleo de Fernando García del Molino, 1839.

Primer gobierno:

Durante el primer gobierno de Rosas, el país no estaba organizado como una nación, sino que las provincias se habían enfrentado firmando por un lado la Liga Unitaria (Córdoba, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, San Luis, Tucumán, Salta y Mendoza) y por el otro lado el Pacto Federal (Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes).

El 6 de diciembre de 1829 la legislatura eligió a Rosas gobernador y le otorgaron facultades extraordinarias. Si ya gobernaba de afuera, ¿cómo no iba a hacerlo ahora que estaba en el poder?

Desde el principio declaró enemigo al partido unitario, y utilizó la famosa divisa: «El que no está conmigo, está contra mí» para atacarlos. Por lo que puso a su favor a los burgueses, conservadores y reaccionarios, a los católicos, a los gauchos descontentos, a los indios, a la plebe urbana y a parte de la población rural.

Rosas apareció como un restaurador, debido a la actitud de desprecio, de violación de derechos que habían dado los anteriores gobiernos. En su contra aparecieron los unitarios, los jóvenes ilustrados, los liberales, los militares y viejos patricios de la revolución.

Su gobierno era centralista, respetuoso de los señores feudales siempre y cuando estos le estuviesen sometidos. Tenía un criterio proteccionista antieuropeo, de un nacionalismo estrecho, y reacio a los cambios y a lo extranjero. Su primera medida en el gobierno, de hecho, fue suprimir la libertad de prensa y adueñarse de ella. Sin embargo este primer periodo fue solo una imagen de lo que sería el segundo término, ya que aquí Rosas no tenía experiencia verdadera en la política.

Así es que en 1832 Rosas impide que la Comisión Representativa convoque a un congreso general para organizar la república. La idea de Rosas era que el país no estaba en condiciones de entrar en una organización general; debía mantenerse la unión de las provincias sólo con el Pacto Federal. «Debemos existir y después organizarnos», era su argumento.

Segundo Gobierno:

El 7 de marzo de 1835 la Legislatura, confirió el gobierno a Rosas por cinco años con la suma del poder publico, sin mas restricciones que conservar y proteger la religión católica, y sostener y defender «la causa nacional de la Federación». El nombramiento fue confirmado por un plebiscito que dio 9720 votos a favor y 8 en contra. Se le depositó la suma del poder público de la provincia; Pero ¿Cómo llegó Rosas a tener todo este apoyo? Debemos por ende analizar el período 1832-1835, tiempo en que Rosas no gobernó.

Primero Rosas no aceptó en 1832 la reelección sin los poderes extraordinarios. Y a partir de allí se lo eligió varias veces para que vuelva al poder, pero en todas se negó debido a que no le otorgaban los poderes especiales; él deja el gobierno para trabajar desde afuera y dificultar al gobierno muy astutamente. Segundo, la policía, el ejército, la prensa y las masas estaban a su merced.

Tras formar su propio Partido Restaurador Apostólico, y con el apoyo de la Sociedad Popular Restauradora, conocida como ‘La Mazorca’, que aterrorizó a sus adversarios unitarios, Rosas formó alianzas con los líderes de las demás provincias argentinas, logrando el control del comercio y de los asuntos exteriores de la Confederación. Un hecho más que decisivo fue la revolución de los restauradores del 11 de octubre de 1833: El gobernador Balcarce ordenó que se diera a lugar un juicio al periódico El Restaurador de las leyes, por lo que se empapeló Buenos Aires con carteles que anunciaban el proceso al «Restaurador de las leyes».

Y la gente de los suburbios pensó que el juicio era a Rosas, ya que también se lo conocía con ese nombre. Y al iniciarse la audiencia se produjo un enorme alboroto que terminó con el sitio de la ciudad por parte del general Pinedo, adherido a la protesta. Y el ejército del gobierno se encontraba con Rosas en el sur en la campaña «exterminadora» del desierto.

Balcarce debió renunciar, y posteriormente lo mismo harían José Viamonte y V.Maza (luego del asesinato de Quiroga). Al volver de la expedición al desierto, la legislatura le acordó una medalla. Sin embargo no poseía un espíritu bélico, aunque supo explotar su prestigio. Así Rosas aparecía como el único capaz de calmar la situación.

Es en esta etapa de temor y anarquía política en la que Rosas aparece como el único capaz de terminar con el difícil momento y establecer la paz tan esperada.

asesinato de Quiroga

Represión:

El ejercicio de las atribuciones extraordinarias y la acción de la Sociedad Popular Restauradora, le permitieron eliminar la oposición, ya sea unitaria o federal. Hubo destituciones y fusilamientos en masa, y se decretó el uso obligatorio de las divisas punzó. Se empapelaron las ciudades con cárteles como: «¡Mueran los salvajes unitarios!» o «¡Vivan los federales!». Afirmó su lucha sobre los unitarios y exigió una sumisión total a la federación, no solo en Buenos Aires sino en todo el interior. Abolió la independencia del poder judicial, y llegó a ejercer personalmente facultades judiciales (como el caso de los hermanos Reinafé, a quienes se los encontró culpables y se los colgó).

Fue una época de terror para los unitarios, o mas bien para todos los que no estuvieran a favor del dictador. Todos los opositores se debieron exiliar, en general a Uruguay, o eran juzgados aquí. La gente se retractaba, se cuidaba de cualquier motivo de sospecha, como hablar, pasear, escribir, etcétera. La simple sospecha de complicidad con un unitario bastaba para ser ejecutado; la sociedad Popular Restauradora fue un club terrorista y temido. Rosas también se aseguró de que su retrato estuviera expuesto en todos los lugares públicos tras autoproclamarse ‘tirano’ en 1842.

manuel vicente mazaEn junio de 1839 fue descubierta en Buenos Aires una conspiración organizada por Manuel V. Maza, presidente de la Sala de Representantes, que tenía contacto con otros movimientos que actuaban en la campaña y con los emigrados.

Maza y su hijo fueron muertos. La misma suerte tuvieron los cabecillas de la Rebelión de los Hacendados del Sur de la provincia, que tuvo su foco en Chascomús y Dolores. Estos alzamientos debían coincidir con la invasión de Lavalle a Buenos Aires, lo que no pudo concretarse.

Los unitarios, con imprudentes golpes de estado, con medidas, arbitrarias, con su recurso a los actos habilidosos, crearon el clima propicio al desprecio por la ley. Rosas pudo destruir la anarquía pero creó un miedo pavoroso.

En el primer gobierno se había limitado a organizar la administración de Buenos Aires, y en el segundo a todo el país, colocando gobernadores sometidos en las demás provincias.

Medidas:

Tuvo una política centralista y sus intereses se identificaron con los de Buenos Aires. Lo favorecía el puerto único, y el 18 de diciembre de 1835 estableció la Ley de Aduanas, por la cual se protegían los productos e industrias de las provincias impidiendo la penetración de productos extranjeros que compitieran con los del país, aunque se conservaba a Buenos Aires como único puerto de ultramar. Esta medida era un interesante intento de proteccionismo económico que benefició a ciertas industrias nacionales; Sin embargo favorecía a Buenos Aires, por lo que el litoral se opuso a ellas.

Al principio de su segundo gobierno llamó a los jesuitas de Europa, ofreciéndoles protección y mantenerlos y colocarlos en universidades y colegios. Así buscó presentarse como protector de la religión, de las ciencias, y de las letras. (5) Si bien la iglesia y la prensa eran auxiliares importantes de Rosas, la última sanción de su gobierno era la fuerza, aplicada por militares y la policía. La organización militar no solo estaba para defender sino para controlar, a la población.

Sin embargo para superar la crisis económica provocada por las luchas internas y los bloqueos, decretó cesantías en masa, rebajó los sueldos, redujo el presupuesto de la Universidad, prohibió la exportación de oro y plata, entre los más importantes.

Legado del gobernador:

La sociedad tomó su forma bajo el gobierno de Rosas y subsistió después de él. La hegemonía de los terratenientes, la degradación de los gauchos, la dependencia de los peones, todo eso fue herencia de Rosas. El ayudó a crear una sociedad; comenzando por la estancia estableció valores que se extendieron a toda la provincia y se convirtieron en alma en el estado de Rosas. «Subordinación era su palabra favorita, la autoridad su ideal y el orden su logro. Elogiaba a las clases bajas y a los pobres (a quienes siempre ayudó) por su obediencia. Rosas explicaba los orígenes de su régimen como una desesperada alternativa para la anarquía; y sus medidas represoras eran un mal necesario.

Defensor de la Soberanía Argentina:
La guerra con Francia

Desde 1830, Francia buscaba aumentar su influencia en América Latina y, especialmente, lograr la expansión de su comercio exterior. Consciente del poder inglés, en 1838 el rey Luis Felipe exponía ante el parlamento que “sólo con el apoyo de una poderosa marina podrían abrirse nuevos mercados a los productos franceses…”. En marzo de 1838 una escuadra de guerra francesa bloqueó el puerto de Buenos Aires.

Sobre el reclamo particular de Francia —la eximición del servicio de armas para sus súbditos—, el gobierno de Buenos Aires retrasó la respuesta por más de dos años. Rosas no se oponía a reconocer a los residentes franceses en el Río de la Plata el derecho a un trato similar al que se daba a los ingleses. Pero sólo estuvo dispuesto a reconocerlo cuando Francia envió un ministro plenipotenciario (con plenos poderes) para la firma de un tratado, lo que significaba un trato de igual a igual y un reconocimiento de la Confederación Argentina como un Estado soberano.

La Convención fue acordada entre el gobierno de Buenos Aires, encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, y el representante del gobierno de Francia el 29 de octubre de 1840. Esta Convención se conoce como el Tratado Mackau-Arana porque los ministros que lo firmaron fueron el almirante barón de Mackau por Francia y Felipe Arana por Buenos Aires. El tratado establecía el levantamiento del bloqueo al puerto de Buenos Aires y la devolución de la isla Martín García y de los barcos capturados al gobierno de Buenos Aires por parte de Francia, y a su vez, el gobierno de Buenos Aires acordaba eximir del servicio de armas a los súbditos franceses y pagar indemnizaciones a los perjudicados por el conflicto.

La intervención de Gran Bretaña y Francia

A partir de 1842 se reanudó un conflicto interno en la Banda Oriental y Rosas intervino apoyando a uno de los bandos. Esta decisión del gobernador de Buenos Aires provocó la reacción de Francia y de Gran Bretaña k decisión de una intervención conjunta en el Río de la Plata.

Para Gran Bretaña, la posibilidad de una acción coordinada entre  la Banda Oriental y Buenos Aires significaba la anulación de la división política en el Río de la Plata —impuesta por su mediación con la creación, en 1828, de la República Oriental del Uruguay como Estado independiente—. Los intereses británicos se veían gravemente amenazados por el peligro de una política conjunta de los dos países que controlaban el comercio y la navegación en el río de la Plata.

Los intereses de los comerciantes ingleses en Montevideo y en Buenos Aires no eran lo mismos. Pero los dos grupos se beneficiaban con la navegación pacífica del río de la Plata y con la apertura de los ríos interiores (el Uruguay) al comercio internacional.

En esta oportunidad, también Brasil intervino en el conflicto a favor de sus propios intereses. A mediados de 1844 propuso a Gran Bretaña una acción conjunta contra Buenos Aires para eliminar la influencia argentina en la Banda Oriental y establecer la apertura de la navegación de los ríos interiores. Esta apertura era necesaria, declaraba, para poner fin al aislamiento del Paraguay.

Finalmente, el gobierno inglés decidió intervenir con el objetivo de lograr la libre navegación de los ríos y mantener el equilibrio rioplatense según el   tratado de 1828 frente a las pretensiones de incorporar la Banda Oriental al sistema rosista. Además, la larga duración de la crisis oriental comprometía la estabilidad económica de la región y perjudicaba a los sectores mercantiles extranjeros y locales. Francia aceptó intervenir limitando sus objetivos —según declaró— a la defensa de la independencia oriental frente a la intervención argentina. En abril de 1845, naves inglesas y francesas bloquearon el puerto de Buenos Aires.

LA LIBRE NAVEGACIÓN DE LOS RÍOS: El tratado del Cuadrilátero -firmado en la ciudad de Santa Fe, el 25 de enero de 1822, por Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes-establecía la paz, amistad, unión y respeto recíproco entre las provincias firmantes; la alianza frente a una posible agresión exterior o interior; la libre navegación de los ríos y la no asistencia al congreso organizado en Córdoba, según lo dispuesto en el Pacto de Benegas. Al mismo tiempo, acordaba la convocatoria a un congreso general cuando las condiciones se volvieran propicias. Según el historiador Clifton Kroeber, en La navegación de los ríos en la historia argentina, lo que las provincias litorales entendían por libre navegación de los ríos, es decir, comercio directo con el exterior a través de sus muelles o el trasbordo de las cargas de naves extranjeras en el Río de la Plata sin tener que pagar impuestos a la provincia de Buenos Aires, difería de lo entendido o aceptado por los porteños, pues, en Buenos Aires, «ninguna facción [..,] estaba dispuesta a renunciar a su posición de dominio en el comercio».

El caudillo oriental Manuel Oribe —con el apoyo de Rosas— mantenía sitiada la ciudad de Montevideo por tierra y, desde 1843, Buenos Aires sitiaba por el río las costas de la Banda Oriental. Pero las naves inglesas desconocían el bloqueo de las naves porteñas y permitían el aprovisionamiento de Montevideo.

A mediados de 1845 y después de un ultimátum, las fuerzas navales británicas y francesas “robaron a la escuadra argentina”: la capturaron y la obligaron a fondear en el puerto de Buenos Aires. Meses más tarde se propusieron remontar el río Paraná, para poner en práctica el objetivo de la libre navegación de los ríos interiores. Rosas no estaba dispuesto a permitirlo y preparó la defensa, que resultó heroica.

En la Vuelta de Obligado sobre el río Paraná el 20 de noviembre de 1845, en una larga batalla en la que sufrieron numerosas pérdidas materiales y humanas, las fuerzas militares y navales porteñas intentaron impedir el paso de las naves extranjeras.

Acerca de JUAN MANUEL DE ROSAS

«Ningún personaje hispanoamericano, salvo, quizá, Bolívar, ha apasionado tanto como Rosas a los pueblos que descienden de España. Hubo un momento en que, a juicio de medio continente, él representó su libertad y sus derechos. Más aún, se le consideró en ese momento como la conciencia de América. En Europa fue discutido como aquí: alabado por unos y denigrado por otros. Entre nosotros, Juan Manuel de Rosas es un tema de actualidad desde hace ciento veinte años. Puede afirmarse que hoy es el único tema histórico de actualidad.

Se le exalta a Rosas y se le condena, con Igual furia por ambas partes. Se invoca al patriotismo para defenderlo, como se lo Invoca para atacarlo. Sin exageración, puede afirmarse que el nombre de Rosas divide al país en dos grandes bandos enemigos (…), Existe un ansia por saber la verdad. Muchos argentinos se preguntan: ¿por qué se excluye de nuestra historia a aquel de quien dijo San Martín que la contienda que sostenía contra Francia o Inglaterra era «de tanta trascendencia como la de ¡a emancipación de la España»? ¿Por qué ese odio «oficial» a Rosas?.

Creo absolutamente necesario que los argentinos empiecen a comprender a Rosas, porque Rosas es el más serio problema que nos divide. Pero ‘comprender’ no significa ‘amar’, ni siquiera ‘admirar’. Comprender a Rosas significa reconocer que gobernó en épocas absolutamente anormales: que careció de los recursos más indispensables por causa de los bloqueos de nuestro único puerto y de las guerras que él no provocó: y que defendió a la patria con talento, tenacidad, habilidad y patriotismo.»

Manuel Gálvez, Vida de Juan Manuel de Rosas

LA VUELTA DE OBLIGADO
1841Oribe derrota a
Rivera, cuyo poder
queda reducido a
Montevideo


Juan Manuel de Rosas Durante el
conflicto mantuvo una decidida  actitud en defensa
de la soberanía nacional.

1842Oribe, con
apoyo de Rosas, sitia
Montevideo.
1845El gobierno
inglés protesta
Inglaterra y Francia
declaran bloqueados
los puertos de la Confederación.
1846Fracasan las
negociaciones
de un acuerdo
pacífico con las
potencias extranjeras

El sitio de Montevideo impulsado por Juan Manuel de Rosas tenía el objeto de combatir al jefe oriental Rivera y a los exiliados opositores. Atacados sus intereses comerciales en el Río de la Plata, Inglaterra y Francia apresaron la escuadra argentina del almirante Guillermo Brown y mantuvieron el propósito de remontar el Paraná para comerciar con el Paraguay. En la Vuelta de Obligado se extendió una triple cadena para cerrarles el paso y se dispusieron baterías frente al río. Luego de intensos combates, las naves anglo francesas quebraron la línea de defensa argentina, pero no encontraron poblaciones que quisieran adquirir sus mercancías.

1849El delegado
inglés firma un
tratado de paz
con la Confederación
1850Francia,
mediante un
tratado similar,
da por terminado el
bloqueo

La defensa de la Confederación:Disponía de 24 embarcaciones desmanteladas atadas con triple-cadena, un total de 2.200 hombres en tierra, y 35 piezas de artillería, que conformaban las baterías.

Escuadra anglo francesa:
Contaba con 11 navíos de guerra entre ellos 3 vapores de un gran poder de fuego, un total de 99 cañones de grueso calibre y 100 buques mercantes cargados de productos.

Enfrentamiento con Urquiza:

Biografia de Urquiza Carta HistóricaUrquiza, que hasta ese momento era uno de los aliados de Rosas, decidió iniciar una rebelión con el motivo de organizar al país. El 1 de mayo de 1851 inició el levantamiento; y 24 días después señaló su programa constitucional.

Corrientes se adhirió al movimiento y contó con el apoyo militar de Uruguay y Brasil. El 21 de noviembre se firmó un acuerdo más amplio entre el imperio del Brasil, Uruguay, Entre Ríos y Corrientes para eliminar a Rosas.

El 3 de febrero de 1852 Urquiza derrotó al gigante Rosas en la batalla de Caseros. El caudillo criollo escapó ileso de la batalla y unos días después del país.

Ésta batalla marcó un momento decisivo en el país, e inició una nueva etapa. Rosas pasó el resto de su vida en el exilio y murió en Southampton (Hampshire, Gran Bretaña).

LAS ENFERMEDADES DE ROSAS
Desde 1820 Rosas sufría de problemas renales y en 1842 ese mal se agravó. Lo atendió el doctor James Lepper (1785-1851), médico de la marina inglesa que trató a Napoleón, a bordo del Bellerophon, cuando éste estaba prisionero en la rada de Plymouth en vísperas de zarpar para Santa Elena. El doctor Lepper llegó a Buenos Aires en 1822, con lord Ponsomby, y se radicó en la ciudad. Era el médico preferido de Rosas y de su familia, y el gobernador le obsequió una casa con altos en la esquina de Potosí (hoy Alsina) y Defensa.

Lepper actuó intensamente en el Hospital Inglés, en su primitivo local de la calle Independencia 15 y después en su segunda ubicación de Uruguay 222. El 18 de junio de 1848 fue empleada en este hospital, por primera vez en la Argentina, la anestesia por medio de éter; la utilizó el Dr. Juan Guillermo Mackenna. Lepper operó a Rosas el 6 de julio de 1844 y le extrajo una piedra, del tamaño de un garbanzo, que se le había incrustado en la uretra; la extracción fue con instrumentos y sin anestesia; el enfermo todavía se estaba reponiendo tres meses después. El doctor Ventura Pedro Bosch (1814-1871) atendía a Rosas de su estrechez uretral aplicándole sondas. En julio de 1848 Lepper le hizo un análisis de orina y encontró exceso de ácido úrico.

En fecha no determinada, entre 1848 y 1851, Rosas sufrió una nueva operación, rea/izada por el Dr. Teodoro Álvarez (1818-1889), quien le aplicó anestesia con éter y en pocos minutos le extrajo un cálculo de la uretra, por vía rectal, del tamaño de un huevo de paloma. Álvarez había sido discípulo del Dr. José María Fonseca (1799-1843), quien, becado por el gobierno de Las Meras, había sido, a su vez, discípulo del célebre Dupuytren en París durante 1826-1829. Álvarez extrajo el cálculo de Rosas por el método de talla bilateral de Dupuytren: talla mediana, latera/izada, supra-púbica, recto vesical, incisión de la uretra y sección de la próstata.

Resumen Conclusión:

De 1829 a 1832 y de 1835 a 1852 gobernó Buenos Aires Juan Manuel Rosas. Conocido como el gran dictador, fue sin dudas un poderoso estanciero y un caudillo político, que representó los intereses porteños. Ejerció una dictadura y demoró mientras estuvo al poder la organización nacional con el argumento de que el país no estaba preparado. Si bien se lo conoció como el Restaurador de las Leyes, solo sancionó dos leyes en sus casi 30 años de gobierno; Rosas anhelaba la libertad anárquica y despreciaba las reglas.

Rosas tuvo movimientos de resistencia en casi todo el país, protagonizados por unitarios y federales liberales. Montevideo fue el centro de esa conspiración, cuyos métodos eran el terrorismo, el asesinato, el fraude, la unión con el extranjero, confiscaciones. Los opositores sentenciaron a Rosas a gobernar sin un día de tranquilidad. Su fracaso se debió a la falta de unidad en su coordinación y a la diversidad de tendencias que participaron. En su mayoría recurrieron al apoyo extranjero, lo que les acarreó desprestigio frente al caudillo porteño que se mostraba como defensor de la soberanía nacional. Estos solo tuvieron éxito cuando se unieron para luchar contra el dictador.

La oposición fue perseguida y ejecutada durante 15 años en el poder. Los unitarios, con imprudentes golpes de estado, con medidas, arbitrarias, con su recurso a los actos habilidosos, crearon el clima propicio al desprecio por la ley. Fueron éstos quienes tildaron a Rosas como el personaje más siniestro del siglo XIX en la Argentina. Buscando material sobre Rosas me he encontrado con autores que estaban a favor (José M. Rosa), y otros en contra (Dellepiane); Rosas hizo cosas buenas y cosas malas; pero ¿Por qué nunca intentó organizar al país? En todo el tiempo que gobernó ¿nunca se podría haber hecho una constitución? Rosas se equivocó al haber rehusado a su pueblo a un régimen estable y organizado.

Por otro lado debe remarcarse la intención de ejercer una economía proteccionista y favorecer a las industrias locales. Aunque es verdad que siempre terminó actuando con los intereses de Buenos Aires (Ej: La ley de Aduana).

También defendió enérgicamente la soberanía nacional ante las pretensiones extranjeras de disponer libre tránsito en ríos nacionales, y nunca dejó de reclamar la devolución de las islas Malvinas por parte de Inglaterra. Y justamente el mismísimo general San Martín lo elogiaba por su patriotismo y defensa contra el extranjero: » El sable, que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur, le será entregado al general de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarnos.»

Por otro lado debemos decir que Rosas persiguió y castigó a los unitarios, catalogándolos de salvajes, mientras su gobierno no tuvo nada de federal. El era un federal personalista, lo que lo diferencia con los federales liberales. Centralizó el poder en Buenos Aires, y otorgó a esta provincia el manejo de los fondos de la Aduana. Además las provincias respondían a él, ya que sus respectivos gobernadores habían sido elegidos por Rosas.

CRONOLOGÍA DE ROSAS:

1783: Nace el 30 de marzo, en Buenos Aires.
1806: Participa de la reconquista de Buenos Aires, en manos de tropas inglesas.
1811: Su padre le encarga la administración de la estancia El Rincón de López.
1813: Contrae matrimonio con Encarnación Ezcurra y abandona la administración de los bienes de su familia.
1815: Integra la sociedad comercial con Luis Dorrego y Juan Terrero para la explotación de saladeros.
1817: Esa sociedad funda la estancia Los Cerrillos.
1820: Como consecuencia de la caída del Directorio en la batalla de Cepeda, Rosas interviene en política y con sus milicianos integra la campaña del gobernador interino Dorrego contra la provincia de Santa Fe. Se convierte en el artífice y garante del tratado de paz firmado con Estanislao López, el 24 de enero.
1825: Designado por el gobernador Las Heras, integra la comisión demarcadora de la nueva línea de frontera y se le encarga la instalación de fortines.
1827: El presidente provisorio Vicente López lo nombra «Comandante general de las milicias existentes en la campaña de la provincia de Buenos Aires».
1826: El gobernador Dorrego le encarga la misión de celebrar y conservar la paz con los indios, preparar un plan de extensión de la frontera y establecer una población en Bahía Blanca.
1828: Rosas integra las fuerzas de Dorrego derrotada por los unitarios, comandados por Lavalle. Mientras el primero busca refugio en Santa Fe, el segundo es capturado y fusilado en Navarro.
1829: Rosas es electo gobernador propietario de Buenos Aires.
1831: Pacto Federal.
1833:
Comanda la campaña del desierto. Revolución de los Restauradores.
1835: Asesinato de Quiroga en Barranca Yaco.
1837:Rosas vuelve a ser elegido gobernador investido de facultades extraordinarias y la suma del poder público.
Rosas declara la guerra a la Confederación Peruano-Boliviana.
1838: Se inicia el bloqueo francés. Muere Encarnación Ezcurra. Surge la Asociación de la Joven Generación Argentina. Rebelión de los Hacendados del Huí
1839: Conspiración de Maza.
1840: Rosas, atrincherado en Caseros, hace  que Lavalle vea frustrada su expedición para derrocarlo. Formación de la Liga del Norte. Triunfo federal en Quebracho Herrado.
Fin del conflicto de Francia con la Confederación.
1841: Muerte de Lavalle.
1842: Octubre, se aplica en Buenos Aires una política de terrorismo de Estado.
1843: Invasión de la Banda Oriental y sitio de Montevideo.
1845: Intervención armada anglo francesa en el Río de la Plata. Bloqueo de Buenos Aires. Batalla de la Vuelta de Obligado.
1850: La Confederación Argentina rompe relaciones diplomáticas con Brasil.
1851: Alianza de Brasil, Entre Ríos y Montevideo contra Rosas. Pronunciamiento de Urquiza. Formación del Ejército Grande.
1852: Batalla de Caseros. En abril, Rosas y su hija Manuelita llegan a Inglaterra y se radican en una granja en Southampton.
1857: Rosas fallece el 14 de marzo de 1877 y es enterrado en el cementerio de Southampton.

La economia en el gobierno de Rosas Ley de Aduanas de 1836 Epoca

La economía en el gobierno de Rosas Ley de Aduanas de 1836

Durante el régimen rosista, a pesar de los bloqueos y la guerra, prosperaron los negocios: el comercio continuó creciendo, el volumen de las exportaciones de carne, cuero y sebo aumentó, y un nuevo rubro cobró importancia: la lana.

Juan Manuel de Rosas

La economía del país —basada en la industria ganadera y en una incipiente agricultura — favoreció a Buenos Aires, cuya relativa prosperidad se basaba en dos factores esenciales: el cierre de los ríos Paraná y Uruguay a la navegación extranjera (medida que favoreció al puerto único a donde iban a parar todos los productos), y el estrago del litoral y del interior causado por las guerras civiles de las que fueron escenario. La economía proteccionista de Rosas sólo consiguió amparar a Buenos Aires y, en algunos casos, al litoral.

La ganadería:

Las décadas del ‘30 y el ‘40 fueron protagonistas de una fuerte expansión económica alentada por el crecimiento del comercio exterior. El desarrollo del comercio estimuló la producción ganadera y saladeril. Por tanto, los sectores vinculados a estas actividades prosperaron.

La expansión de la ganadería fue posible gracias a la ocupación de tierras en el sur de la provincia, donde se generalizaron las grandes estancias ganaderas como centros de población y producción. La ocupación de tierras estuvo acompañada por la transferencia de tierras públicas al dominio privado, que generó una mayor concentración de la propiedad en pocas manos. La explotación ganadera no sufrió grandes cambios técnicos en la producción, pero se adaptó muy bien a la escasa mano de obra disponible.

Junto a la ganadería también creció la industria saladeril y la del cuero. A principios del siglo XIX se habían introducido en el país los primeros Hereford y Shorthon, los primeros merinos y los primeros caballos frisones (para tiro pesado).

En 1844, Ricardo Newton tendió las primeras alambradas para separar sus potreros; en 1849, Guillermo White introdujo el primer toro de raza, Tarquino, que destinó a su establecimiento La Campana, en Cañuelas. A pesar de los adelantos en materia de ganadería, la industria del saladero —que había logrado el máximo de expansión durante el primer cuarto de siglo — inició su decadencia hacia 1840, cuando se hizo efectiva la prohibición de Rosas de extraer metálico de Buenos Aires para las provincias por vía fluvial. Las consecuencias fueron graves, sobre todo para el comercio saladeril sostenido con Entre Ríos y Corrientes.

La novedad: las ovejas

Durante la década del ‘40, el desarrollo de la ganadería ovina sufrió incentivos externos e internos: aumentó la demanda externa de lana y declinaron los precios de los cueros. Esta actividad alternativa a la ganadería vacuna se vio beneficiada por la gran cantidad de tierras aptas para criar ovejas en la campaña de Buenos Aires. Debido a las enormes ganancias que se obtenían con a ganadería ovina, algunos ganaderos incorporaron ovejas a sus planteles de vacunos, al igual que los comerciantes, que comenzaron a comprar tierras y ganado para iniciar su propia explotación. El gobierno también facilitó la importación de ovejas finas de raza Merino para mejorar el ganado criollo. Muchos productores de ovinos eran grandes propietarios, pero también aparecieron pequeñas familias que, sin contratar mano de obra asalariada, emprendían su propia explotación: la mayoría de estas familias eran inmigrantes vascos, irlandeses y franceses.

Durante el primer cuarto de siglo la agricultura no desempeñó ningún papel en la economía del país; aquél se redujo a pequeños cultivos de cereales en las zonas próximas a las poblaciones importantes. Sin embargo, el trigo constituía el principal cultivo en el litoral y Rosas protegió su producción prohibiendo que fuera importado. Hacia 1845 se estableció en Buenos Aires — calle Balcarce, entre Alsina y Moreno— el primer molino de vapor. No obstante y a pesar de este perfeccionamiento técnico, la harina siguió importándose de Chile y de California, aun cuando hubo años en que pudieron exportarse el cereal y la harina.

Rosas protegió también a la incipiente industria fabril por medio de la prohibición de importar cueros trabajados, velas, escobas y plumeros y hierro forjado.

El Litoral

El Litoral protagonizó una importante mejora en sus economías. La recuperación fue evidente en Entre Ríos, donde se expandieron de manera notable la ganadería vacuna y la ganadería ovina, y la industria saladeril sobre el río Uruguay. Su gobernador, justo José de Urquiza, era, además, uno de los principales y más eficientes empresarios del rubro. Las exportaciones de cueros por el puerto de Buenos Aires ocuparon el primer lugar entre los exportaciones totales del Litoral.

La ganadería entrerriana y correntina salía al exterior mediante las vinculaciones del Litoral con los puertos de Río Grande do Sul y Montevideo, puntos comerciales que escapaban al control porteño y que habían generado gran prosperidad para la región durante el boqueo anglo-francés.

La economía del Interior, según las tensiones del mercado

Después de 1840 se notó cierta mejora en las economías del Interior, pero las provincias se desenvolvieron, por lo general, en un marco de escasez de recursos y de penuria financiera. En estas provincias, la orientación ganadera no fue tan importante como en el Litoral, sino que la economía se adecuó a las condiciones del mercado y a las fluctuaciones de precios favorables en Buenos Aires.

En Tucumán y Córdoba se produjo una mayor diversificación económica, se incorporaron nuevos rubros para la exportación y se ampliaron sus funciones de intermediarias en el comercio interregional.

Tucumán exportó ganado y otros bienes a Chile, a cambio de metálico; suelas y cueros, tabaco, cigarros, madera, quesos, azúcar y aguardientes hacia Buenos Aires, a cambio artículos ultramarinos y regionales. Córdoba orientó la mayor cantidad de sus exportaciones nada Buenos Aires, Envió cueros vacunos, ovinos y caprinos, ana y productos agricolas (trigo y harinas). A través de Buenos Aires, Córdoba importaba productos de ultramar y del litoral.

PARA SABER MAS…
LAY DE ADUANAS DE 1836

Durante el segundo gobierno de Ortiz de Rosas, los representantes Nicolás de Anchorena y Baldomero García propusieron la realización de un estudio sobre las rentas aduaneras, las producciones locales y las posibilidades de elasticidad fiscal para declarar medidas proteccionistas. Ortiz de Rosas encargó el caso a su ministro de Hacienda, Roxas y Patrón, que elaboró la ley de Aduanas para 1836.

«Se dio libre introducción a los frutos del país que procedían de las provincias, a saber: cuero, cerdas, crin, lana, sebo, astas, tasajo, oro y plata sellados, etc. Las máquinas importadas, mercurio, instrumentos de agricultura, libros, pinturas, estatuas, telas de seda, relojes, bordados de oro y plata, carbón, salitre, ladrillos, bronce, hierro, acero y estaño en bruto pagarían un impuesto del 5 por ciento ad valorem; armas, pólvora, brea, seda y arroz, del 10 por ciento; azúcar, café, yerba mate, comestibles, lana y algodón, del 24 por ciento; muebles, espejos, coches, ropa hecha, calzado, licores, vinos, aguardiente, vinagres, sidras, tabacos, estribos y espuelas de plata, látigos, frazadas, guitarras y pasas de uva, del 35 por ciento; cerveza, fideos, pastas, papas, sillas de montar, del 50 por ciento.

El capítulo II de la ley se refería a los efectos prohibidos, que no podían ser introducidos en la provincia: herrajes para puertas y ventanas, almidón de trigo, velas, manufacturas de hojalata o latón, argollas de hierro o bronce, asadores de hierro, arcos para calderos, baldes, espuelas de hierro, cabezales, riendas, lomillos, cinchas, cojinillos, lazos, botones, cebada, cencerros, escobas de paja, cartillas y cartones, ejes de hierro, manteca, maíz, mostaza y ruedas para carruajes. El trigo y las harinas se encontraban en una posición semejante cuando su precio en plaza no excediese de los 50 pesos el quintal.

El capítulo III trataba de la salida marítima; gravó con ocho reales (un peso) la exportación de cada cuero de toro, novillo, becerro, caballo y muía, con uno por ciento la de oro y plata sellada; declaró libre la exportación de granos, harinas, carne salada y manufacturas nacionales exportadas en barcos del país. […]

El capítulo IV se refería  a la entrada terrestre, gravaba con 10 por ciento la introducción de yerba y tabaco procedente del Paraguay, y con 20 por ciento la de cigarros. Los productos chilenos fueron declarados exentos de todo impuesto. El capítulo VI trataba sobre la manera de calcular y recaudar los derechos y establecía que el arancel sería revisado anualmente.»

Hacia 1853 había en la Confederación 1.075 fábricas y 743 talleres; en comparación con 1830 se contaban en aquellos años 590 establecimientos en total, entre talleres y fabriles.

Fuente Consultada: Argentinos de Jorge Lanata