Justo José de Urquiza

La Sociedad Popular Restauradora La Mazorca Divisa Punzó

La Sociedad Popular Restauradora «La Mazorca»
Uso de la Divisa Punzó

La Sociedad Popular Restauradora: Esta institución fue creada a fines de 1833 por los partidarios de Rosas con el objeto de canalizar la acción política de los “federales netos”. Conocida popularmente con el nombre de Mazorca, habría de convertirse en un grupo de choque con efectos cada vez más intimidatorios contra los opositores Los mazorqueros —cuya acción se prolongó a lo largo del segundo gobierno de Rosas— no vacilaron en recurrir a la violencia para conseguir sus objetivos intimidatorios y suprimir la oposición.

A medida que pasaban los años, y sobre todo durante el segundo gobierno de Rosas, se endureció la política contra la oposición pero, en términos más generales, también se reforzó un rígido control sobre las costumbres y los hábitos de la sociedad. La Sociedad Popular Restauradora —grupo político formado a instancias de Encarnación Ezcurra— y su grupo de choque “la Mazorca» asolaban las calles porteñas.

La Mazorca no sólo eliminaba físicamente al enemigo, sino que lo hacía de manera pública, generalmente en las plazas, para dar ejemplo al resto de la sociedad. Paralelamente, se exigía a la población que demostrara su adhesión al régimen pública y activamente: por ejemplo, se hizo obligatorio el uso de una cinta colorada (la  ) sobre la ropa. Esto, junto al culto público a la figura del gobernador, buscaba hacer efectiva la participación política de la población, siempre y cuando fuera en apoyo de Rosas.

Viamonte, impotente frente al giro de los acontecimientos, presentó su renuncia. En esos momentos Rosas terminaba brillantemente su campaña contra los indios y la ciudad lo recibía consagrándolo “héroe del desierto”. Era el hombre señalado para ocupar el puesto vacante.

La Legislatura insistió en su nombramiento cuatro veces, sin que éste aceptara. Ante sus reiteradas negativas surgieron los nombres de Tomás y Nicolás Anchorena, Juan Nepomuceno Terrero y Ángel Pacheco, todos incondicionales de don Juan Manuel, pero ninguno aceptó el puesto. Por último, la Sala de Representantes, sin haber encontrado un candidato, resolvió designar como gobernar.

Rosas y la Iglesia: Rosas contó con el apoyo de la Iglesia y  fue proclamado defensor de la religión católica. Permitió el regreso de los jesuitas a Buenos Aires y dio un fuerte impulso a la educación religiosa.

Como tantos otros aspectos de la vida cotidiana, también la religión se politizó Una amenaza para el gobernador fue el escándalo que se originó cuando la hija de una importante familia patricia porteña, Camila O’Gorman, se enamoré del sacerdote Ladislao Gutiérrez y huyeron juntos. Su posición defensora de la fe católica condujo a Rosas a buscar a los fugitivos para, luego, fusilarlos en 1848. (foto de Camila)

Símbolos de la Confederación: El régimen rosista fue particularmente afecto al uso de una profusa simbología que exaltaba al federalismo en general y al Restaurador en particular. No sólo se hizo absolutamente obligatorio el uso de la cintilla punzó (no exhibirla podía ser castigado con la muerte) sino fue la imagen de Rosas ocupó un Fugar de privilegio incluso en los altares. 

Por lo general, esta simbología era sumamente agresiva y, al tiempo que celebraba el carácter sagrado de la Confederación, amenazaba de muerte a los “salvajes unitarios”. El color característico de la Confederación fue, justamente, el rojo punzó, color que se puso de moda aun para las vestimentas usadas en las celebraciones privadas. En cambio, el celeste, color de los unitarios, prácticamente fue dejado en desuso.

MAZORCA: Fue el nombre popular que recibió el instrumento político y fuerza de choque que respondía enteramente a las órdenes de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, y que éste utilizó para afirmar su autoridad y mantenerse dictatorialmente en el poder. El término «mazorca» hacía alusión a la espiga de maíz, sugiriendo la defensa de los indígenas y criollos y de sus intereses. Pero en realidad nació, en 1833, con el nombre de Sociedad Popular Restauradora, durante el gobierno de Juan Ramón Balcarce con el principal objetivo de que el poder pasara nuevamente a las manos de Rosas, quien en esos momentos se hallaba ausente por encontrase al frente de una expedición al sur del a provincia de Bs. As. Surgió ante las discrepancias producidas en el mismo seno de los federales, que se habían dividido en cismáticos y apostólicos (véase) y sus principales promotores fueron doña Encarnación Ezcurra (esposa de Rosas), algunos militares resistas, como Prudencio Rosas y Celestino Vidal) y futuros mazorqueros como Ciríaco Cuitiño.

El primer presidente de la Sociedad Popular Restauradora fue el coronel Pedro Burgos y su primer vicepresidente Julián Salomón. Este grupo de choque propició que Rosas volviera al poder en 1835 ostentando la suma del poder público (véase), hecho que lo convirtió en dictador y que duró hasta su caída, luego de la batalla de Caseros (véase) del 3 de febrero de 1852.

Múltiples y sanguinarios hechos de violencia fueron llevados a cabo por la Mazorca bajo el lema de: «¡Mueran los salvajes unitarios!. Este lema dio origen a una ola de violencia incontrolable y desorbitada en laque toda clase de asesinatos, ejecuciones, secuestros, torturas y destrucción estuvo permitida, o al menos tolerada, por las autoridades para sostener el régimen.

A la caída de Rosas la Mazorca quedó abolida y sus dirigentes fueron enjuiciados y muchos de ellos ejecutados. Entre esos dirigentes pueden nombrarse a Fermín Suárez, Ciríaco Cuitiño, Torcuato Gánale, Leandro Além (padrededon Leandro Alem, fundador de la Unión Cívica, véase), Antonio Reyes, Manuel Troncoso, Silverio Badía., Estanislao Porto y Manuel Gervasio López.

Fuente Consultada:
Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE – La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz.

Quienes fueron los Padres de San Martin? Sus Hermanos Familia Infancia

¿Quienes fueron los Padres de San Martín?

(…) En el antiguo reino de León nacieron los padres del Libertador.

Padres de San MartínCervatos de la Cueza es una pequeña y humilde villa tendida sobre la margen izquierda del arroyo de la Cueza. Fue el lugar de nacimiento de Juan de San Martín, hijo de Andrés de San Martín e Isidora Gómez, el 3 febrero de 1728.

El hogar donde naciera Juan de San Martín era morada de humildes labradores. Al amparo de sus mayores, fortaleció su noble espíritu de cristiano y cuando cumplió dieciocho años, dijo adiós a sus buenos padres ufano por ingresar en las filas del ejército de su patria, para seguir las banderas que  se trasladaban de uno a otro confín del mundo.

Inició su aprendizaje militar en las cálidas y arenosas tierras de África, donde realizó cuatro campañas militares. El 31 de octubre de 1755 alcanzó las jinetas de sargento y, seis años más tarde, las de sargento primero.

Cuando después de guerrear en tierras de las morerías regresó a la metrópoli, siguió a su regimiento a través de las distintas regiones en que estuviera de guarnición. Así le vemos actuar en la zona cantábrica y en la fértil Galicia, en la activa y fértil Guipúzcoa, en la adusta y sobria Extremadura y en la alegre Andalucía Era Juan de San Martín un soldado fogueado y diestro en los campos de batalla cuando, en 1764, se le destinó para continuar sus servicios en el Río de la Plata.

Cuando desembarcó en el Riachuelo, ejercía las funciones de gobernador Pedro de Cevallos. Cevallos le confió el adiestramiento e instrucción del Batallón de Milicias de Voluntarios Españoles hasta que, en mayo de 1765, lo destinó al bloqueo de la Colonia del Sacramento en esa zona hasta julio de 1766, en que se le confió la comandancia del partido de las Vacas y Víboras, en actual República Oriental del Uruguay.

Al mismo tiempo que Juan de San Martín ejercía las funciones de administrador, no dejó inactivas sus funciones militares, cooperando de acuerdo con órdenes de sus superiores en el bloqueo establecido permanentemente por España a la Colonia del Sacramento.

Varios hechos trascendentales ocurrieron en la vida de nuestro personaje durante su actuación en el Uruguay. Su casamiento con Gregoria Matorras y el nacimiento de sus tres hijos mayores.

Gregoria Matorras, madre de San Martín nuestro Libertador, había nacido en jurisdicción de la provincia de Falencia, en la villa denominada Paredes de Nava. Fue ella el sexto y último vástago del primer matrimonio de Domingo Matorras con María del Ser.

Vino al mundo el 12 de marzo de 1738 y fue bautizada en la parroquia de Santa Eulalia al cumplir diez días. La madre del Libertador quedó huérfana de madre a la edad de seis años.

Viajó al Río de la Plata con su primo Jerónimo Matorras, ilustre personaje que as-piraba a colonizar la región chaqueña.

Gregoria Matorras contrajo enlace con el teniente Juan de San Martín, que fue representado en esa ceremonia por su compañero de armas, capitán de dragones Juan Francisco Somalo.

Los nuevos esposos se reunieron Gregoria Mator en Buenos Aires el día 12 de octubre de ese año, trasladándose poco después a Calera de las Vacas. Allí formaron su hogar y en ese lugar nacieron tres de sus hijos: María Elena, el 18 de agosto de 1771; Manuel Tadeo, el 28 de octubre de 1772 y Juan Fermín Rafael, el 5 de octubre de 1774.

Cuando el teniente Juan de San Martín cesó en las funciones de administrador de la estancia de Calera de las Vacas, el gobernador de Buenos Aires, Juan José de Vértiz y Salcedo, lo designó el 13 de diciembre de 1774 teniente de gobernador del departamento de Yapeyú, haciéndose cargo de sus nuevas funciones «desde principios de abril de 1775».

Yapeyú había sido una de las reducciones más florecientes y ricas en tierras y ganados, que fundó la acción fervorosa y ejemplar de los padres de la Compañía de Jesús.

Su instalación se efectuó el 4 de febrero de 1627, junto al arroyo llamado Yapeyú por los indígenas, bautizándose con el nombre de Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú.

Con el correr de los años, Yapeyú se convirtió en uno de los pueblos más ricos de las misiones. Poseía estancias en ambas bandas del río Uruguay. El pueblo quedó casi de San Martín si abandonado después de la expulsión de los misiones de la Compañía de Jesús.

Dos nuevos vástagos aumentaron la familia San Martín-Matorras en Yapeyú: Justo Rufino, nacido en 1776, y nuestro Libertador, José Francisco, que vio la luz el 25 de febrero de 1778.

Fuente: JOSÉ A. TORRE REVELLO, EN JOSÉ DE SAN MARTÍN. LIBERTADOR DE AMÉRICA.

Pacto de Olivos Alfonsin Menem Reforma de la Constitución 1994 Santa Fe

Pacto de Olivos:Alfonsín-Menem
Reforma de la Constitución en 1994

En 1993, en el marco de una fuerte crisis económica y social, Menem reflotó la propuesta de modificar la Constitución Nacional con el objetivo de permitir la reelección del presidente. Para alcanzar este objetivo, necesitaba lograr un acuerdo con el líder radical Alfonsín, quien finalmente accedió a negociar con el gobierno. El llamado «Pacto de Olivos», suscripto entre los jefes del PJ y la UCR, allanó el camino para reformar la Constitución.

Luego de tres meses de deliberaciones, el 22 de agosto de 1994, la Asamblea Constituyente sancionó la nueva Constitución y Menem quedó habilitado para presentarse como candidato a la reelección. El 14 de mayo de 1995, Menem se impuso en los comicios presidenciales y asumió el poder por un período de cuatro años, de acuerdo con el criterio que se había establecido en el Pacto de Olivos de acortar en dos años el mandato del presidente.

EL PACTO DE OLIVOS: el acuerdo fue cerrado el 14 de diciembre de 1993, después del Pacto de Olivos, el Congreso aprobó rápidamente la ley declarativa de la necesidad de la reforma, con el voto favorable de los legisladores justicialistas y radicales, se convocaron elecciones generales para designar a 305 constituyentes, y comenzó la labor de la Convención reunida inauguralmente en la ciudad de Paraná, que deliberó durante tres meses en la dudad de Santa Fe, sede histórica de las principales convenciones constituyentes argentinas desde 1853.

LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN: A fines de 1993, el gobierno y el principal partido de la oposición acordaron la reforma de la Constitución Nacional. En abril de 1994 se eligieron diputados constituyentes que, entre mayo y agosto, reformaron el texto constitucional.

Pacto de Olivos Alfonsin Menem El principal objetivo perseguido y alcanzado por el gobierno era la habilitación de la posibilidad de la reelección presidencial. La reforma establece que el Presidente y el Vicepresidente de la Nación duran en el cargo cuatro años y que podrán ser reelegidos por un solo período consecutivo.

El radicalismo, por su parte, buscó y consiguió incorporar a la Constitución un conjunto de disposiciones que habían formado parte del proyecto de reforma constitucional elaborado durante el gobierno de Alfonsín: atenuación del presidencialismo, garantías de independencia del Poder Judicial, incorporación de mecanismos de democracia semidirecta y afirmación de los derechos sociales, agregando cláusulas referidas a la protección del medio ambiente y de los derechos de los consumidores y los usuarios de los servicios públicos.

Se han incorporado a la Constitución los tratados firmados por nuestro país con organismos internacionales o con otros países, entre otros, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y la Convención de Eliminación de las Formas de Discriminación contra la Mujer.

La Constitución y el pacto Menem-Alfonsín
«Se suele argüir […] para denostarla, que esta reforma se origina en un pacto -originariamente secreto- de dos caudillos políticos. Y que el mismo supuso la aceptación de; uno de ellos, Alfonsín, de la pretensión del presidente Menem de posibilitar su reelección a cambio de la introducción de un bloque de reformas que aquél considera convenientes para garantizar la democracia y asegurar los derechos y el bienestar ciudadanos. Y que la única motivación real de Menem ha sido alcanzar esa perspectiva de continuidad y de ahí su escaso interés acerca de las otras propuestas. Es verdad. Hubiera sido más elegante posponer la autorización de una reelección inmediata para el futuro. Pero ese acuerdo de líderes fue ratificado por el Congreso Nacional y por la reelección popular, de tai manera que adquirió absoluta legitimidad. Se aduce igualmente que el pacto estuvo motivado por el temor de Alfonsín de enfrentar una nueva derrota en el plebiscito convocado para el 21 de noviembre de 1993. Sin negar esa presunción, que es correcta, Alfonsín sostiene que su gesto tendió a evitar una frustración constitucional que, aunque legítima por la suma de sufragios, podía tener los mismos problemas que la de 1949, al realizarse con la ausencia y la falta de participación de los partidos opositores. Se estaba-agregaba-en cambio, ante la posibilidad de introducir en la ley fundamental garantías y procedimientos que la modernizaran y que había procurado llevar adelante sin éxito -como antes se ha visto- en el lapso 1983-1989. Y en rigor de verdad, si se comparan esas propuestas, explicadas anteriormente, con la reforma obtenida, se advertirá su notoria continuidad de propósitos. Que esos cambios mejoren o no la gobernabilidad que se pretende es otra cuestión que se verá en su momento.»
EMILIO F. MIGNONE. Constitución de la Nación Argentina, 1994, Manual de la Reforma. Buenos Aires, Ruy Díaz, 1994

LECTURA COMPLEMENTARIA:
La reforma de 1994

Luego del llamado «Pacto de Olivos», suscrito el 13 de diciembre de 1993 por el Presidente de la Nación y del Consejo Nacional Justicialista, doctor Carlos Menem, y el Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y ex Presidente de la Nación, doctor Raúl R. Alfonsín, el Congreso aprobó, el 29 de diciembre de 1993, la ley 24.309, que declaró la necesidad de reformar la Constitución. El contenido de la ley seguía lo acordado por los dos partidos y establecía los puntos de la constitución que deberían reformarse.

El núcleo de coincidencias básicas contenía modificaciones al sistema de organización de los poderes previsto en la Constitución de 1853. Debía ser aprobado en su totalidad y sin que la Convención Constituyente pudiera modificarlo; caso contrario, se produciría la nulidad de la reforma. Algunos de los cambios que se propusieron fueron los siguientes: la creación del cargo de jefe de gabinete del Poder Ejecutivo; la reducción del mandato del presidente y del vicepresidente a cuatro años, con la posibilidad de reelección inmediata por un sólo período; la elección directa y a doble vuelta del presidente y del vicepresidente; la elección directa de los senadores, reduciendo su mandato a seis años y aumentando su número a tres por provincia.

Los temas habilitados para su tratamiento en la Convención Constituyente eran, entre otros, el fortalecimiento del régimen federal; el establecimiento del Defensor del Pueblo; normas de preservación del medio ambiente; normas destinadas a garantizar la defensa de la competencia y la protección de los consumidores y usuarios de servicios públicos; la incorporación a la constitución del hábeas corpus y del amparo.

Tanto los temas contenidos en el núcleo de coincidencias básicas como los que fueron habilitados para su tratamiento fueron el resultado de largas negociaciones entre los partidos firmantes del acuerdo, y debatidas, en mayor o menor medida, por los restantes partidos y los distintos sectores de la sociedad. La ley estableció también las normas que regirían la convocatoria, la reunión y el funcionamiento de la Convención.

El 10 de abril de 1994 se realizaron las elecciones de los convencionales constituyentes. Los partidos firmantes del «pacto de Olivos» obtuvieron el 57,58% de los votos emitidos (37,68% el justicialismo, 19,90% el radicalismo). Otros partidos, como el Frente Grande (12,50%) y el Movimiento por la Dignidad Nacional -MODÍN- (9,10%), no eran contrarios a la reforma de la constitución, pero estaban en desacuerdo con los límites que radicales y justicialistas habían impuesto a la Convención. Esto significa que la reforma de la Constitución contó con el respaldo de cerca del 80% de los votos emitidos.

El 25 de mayo de 1994, con 305 convencionales de 17 bloques partidarios, la Convención Constituyente inició sus sesiones en las ciudades de Santa Fe y Paraná.

El 1.° de agosto fue aprobado, por 177 votos a favor, el núcleo de coincidencias básicas. El 22 de agosto, la Convención aprobó el texto definitivo de la constitución reformada, que entró en vigencia el 24 de agosto de 1994, día siguiente al de su publicación en el Boletín Oficial.

Ese mismo día, la nueva Constitución Nacional fue jurada por los convencionales constituyentes, los presidentes de las cámaras legislativas, el Presidente de la Nación y el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La reforma comprendió los temas incluidos en el núcleo de coincidencias básicas y los que se habilitaron para su tratamiento en la Convención Constituyente.

Ver: Garantías Constitucionales

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PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Hugo Quiroga, politógolo y periodista.

El acuerdo político celebrado entre ambos dirigentes no estuvo exento de obstáculos y complicaciones, principalmente para el radicalismo. Por un lado, el acuerdo original contenía las renuncias de tres miembros de la Corte Suprema reclamadas por la UCR, las que debían producirse antes de la reunión de la convención del partido radical, el 4 de diciembre del pasado año. Ante el incumplimiento del compromiso adquirido por Menem, el radicalismo amenazó con romper el acuerdo si los magistrados no renunciaban antes del 3 de diciembre.

Finalmente, el anuncio de los alejamientos solicitados le permitió a Raúl Alfonsín obtener el respaldo necesario en la convención de su partido. Por el otro, el Pacto de Olivos dio lugar a una crisis profunda en el interior del radicalismo que puede llegar hasta la ruptura. El líder radical y presidente del partido ha actuado con severidad en este proceso para imponer disciplina en sus filas.

Hasta ahora se han intervenido algunos distritos rebeldes cuyas conducciones se negaban a aceptar el pacto sellado por Alfonsín, y algunos dirigentes, como Jesús Rodríguez, centraron sus campañas para constituyentes criticando al socio del acuerdo. En los comicios de convencionales, el radicalismo quedó como tercera fuerza en Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires.

A simple vista, ambos firmantes del acuerdo salieron beneficiados. A Raúl Alfonsín le permitió ocupar el centro de la escena política, que había perdido con la salida anticipada de su Gobierno. En su discurso de defensa del pacto alegó que con estas reformas se modificará el carácter extremo del sistema presidencialista argentino. A la vez,
la mieiicion ue aíioiisiii iue detener la ofensiva del gobierno nacional por imponer de manera unilateral, a través de un plebiscito cuyo triunfo se daba por descontado, los temas de la reforma que no incluían atenuaciones al presidencialismo. A Carlos Menem, porque se le facilita el camino de la reelección presidencial.

Un pacto de cúpulas sustrajo la posibilidad de extender y profundizar un debate colectivo, imprescindible cuando se trata de reformar el diseño institucional de una nación. Es difícil sacar conclusiones sobre la puesta en práctica de una reforma que acaba de aprobarse. Sólo quedan interrogantes. La renovación de las instituciones siempre genera incertidumbres que solo puden ser resueltas desde la claridad de las prácticas constitucionales, desde la Constitución realmente aplicada.

Fuente:El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Hugo Quiroga, politógolo y periodista.

El Pacto Federal de Juan Manuel de Rosas Contra La Liga Unitaria

El Pacto Federal de Juan Manuel de Rosas

El Pacto Federal de 1831 y las disidencias entre los caudillos federales

El primer objetivo del Pacto Federal que, en enero de 1831, firmaron las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes —esta última adhirió más tarde—, fue responder a la Liga Unitaria que había organizado el general Paz desde Córdoba en agosto de 1830. Por el artículo tercero constituían una alianza ofensiva y defensiva contra toda agresión de cualquiera de las demás provincias integrantes de la República. Pero después de la captura de Paz, la Liga Unitaria nunca se consolidó y, para las provincias federales del Litoral, en los años siguientes la amenaza de un enemigo interior fue más potencial que real.

El Pacto Federal de 1831 era también un primer paso hacia la organización constitucional del país. En su artículo quince establecía el funcionamiento, en la provincia de Santa Fe, de una Comisión Representativa de los Gobiernos de las Provincias Litorales de la República Argentina, compuesta por un diputado de cada una de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y, más tarde, Corrientes.

Entre otras atribuciones esta Comisión debía invitar a todas las demás Provincias de la República cuando estén en plena libertad y tranquilidad, a reunirse en federación con las tres litorales, y a que por medio de un Congreso General federativo se arregle la administración general del país bajo el sistema federal, su comercio interior y exterior, su navegación, el cobro y distribución de las rentas generales y el pago de la deuda de la República, su crédito interior y exterior, y la soberanía, libertad e independencia de cada una de las provincias.”

Sin embargo, Rosas, López y Quiroga —nuevamente jefe regional del interior— no tenían las mismas intenciones sobre la efectiva convocatoria -al Congreso General. Rosas no era partidario de la realización del Congreso y, muy frecuentemente, el diputado por Buenos Aires estuvo en minoría en las discusiones y votaciones de la Comisión Representativa.

El gobernador porteño presionó a López para que abandonara el proyecto de constituir jurídiramente al país. La convocatoria fue reemplazada por una imprecisa invitación a todas las provincias a adherirse al Pacto Federal y cumplir con sus objetivos.

Finalmente, la Comisión Representativa se disolvió a mediados de 1832 cuando Quiroga reveló a Rosas que los diputados por Corrientes y por Córdoba hacían propaganda antiporteña con el objetivo de unir a los gobernadores del Litoral y del interior contra Buenos Aires. Estos representantes sostenían la necesidad de cambiar el régimen de libre comercio que arruinaba las economías provinciales por otro de mayor protección a la producción local. Este fue el último intento de organizar un Estado centralizado para la República Argentina, mientras Rosas mantuvo el poder.

Pero el compromiso de reunión de un Congreso General para dictar una Constitución federal quedó pendiente. Así lo reconoció el Acuerdo de San Nicolás que en mayo de 1852, después de la caída de Rosas, firmaron los gobernadores. Entre otros fines, el acuerdo reconocía al Pacto Federal el carácter de ley fundamental de la República, disponía “observarlo religiosamente” y se proponía “cumplir lo dispuesto en el Pacto Federal sobre la reunión de un Congreso General federativo”.

Fuente Consultada: Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz

Organizacion Economica del Virreinato del Rio de la Plata

Organizacion Económica del Virreinato del Río de la Plata Consulado y Aduana

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA: Para resolver las cuestiones económicas se crearon organismos metro­politanos (Casa de Contratación) y locales (Consulados y Aduanas).

El Consulado: Fue creado por una Real Cédula de 1794. Estaba compuesto por un prior, dos cónsules, nueve conciliarlos, un síndico, un secretario, un contador y un tesorero. Además de tribunal judicial en pleitos mercantiles (en tal carácter se establecieron desde la Edad Media los consulados en Europa), tenía el carácter de junta de protección y fomento del comercio.

Para el cargo de secretario del Consulado fue designado Manuel Belgrano, que había regresado de España y que a la sazón tenía veinticuatro anos de edad, desempeñándolo durante doce años. Conocía la obra de los principales economistas de la época entre ellos, Adam Smith, Turgot, Quesnay, etc.

El Consulado estuvo integrado solamente por comerciantes, hasta que en 1797 se estableció que esta institución debía estar formada por igual número de comerciantes y hacendados, para que teniendo intereses opuestos, de sus discusiones surgiesen las medidas más equilibradas. Los comerciantes eran españoles y por lo tanto monopolistas. en cambio los hacen. dados, nativos, propendían al libre cambio.

Uno de los primeros asuntos de que se ocupó el Consulado fue el pleito que se seguía desde años atrás entre los monopolistas y los trafi­cantes de negros.

Cuando se permitió el tráfico de negros en Buenos Aires, con la franquicia, para los buques extranjeros que los introdujesen, de poder llevar libremente de regreso frutos del país, los monopolistas se alarmaron ya que veían en ellos grandes competidores. Como los cueros eran los productos de exportación más valiosos, sostuvieron que no eran frutos del país, lo que fue aceptado por gran mayoría en el Consulado.

En momentos en que se trataba esta cuestión, se supo que una fragata negrera inglesa había arribado a Montevideo y que de retorno llevaría parte de su cargamento en cueros. El Consulado dictaminó entonces que se realizaran las diligencias necesarias, para que no se permitiese cargar cueros y que se echasen a tierra los ya cargados por considerar que ellos no eran frutos del país.

También esta junta decidió pedir al rey que dejara sin efecto el permiso sobre comercio intercolonial, oyéndose en esta oportunidad a don Francisco Antonio Escalada, quien se hizo eco de las ideas de Belgrano, manifestando los resultados desastrosos que en la economía del Virreinato tendrían estas medidas.

En 1798, como España se encontraba en guerra con Inglaterra, lo que hacía que el virreinato del Río de la Plata estuviese incomunicado, el virrey Olaguer Feliú pasó al estudio del Consulado un expediente redactado por el Cabildo, en el que se pedía la libre extracción de frutos e Importación de géneros en embarcaciones neutrales.

En esta cuestión se había expedido favorablemente el administrador de la Aduana don Ángel Izquierdo. El Consulado también aceptó esta medida, que resultó ineficaz, porque se estipulaba que los buques neutrales debían retornar a España, lo que era imposible porque estaba en guerra; por otra parte dicho comercio resultaba sumamente limitado.

Si el Consulado se opuso a todo lo que significase libertad de comercio exterior, en cambio se preocupó de la agricultura, de la industria y fomento del comercio interno. En este sentido Belgrano realizó una amplia, y como era deber del secretario redactar una Memoria propuso en ellas fomentar el comercio, estableciendo una Escuela Comercio, una de Seguros Marítimos y otra de Náutica cuya apertura tuvo honda repercusión científica en nuestro país.

Aconsejo también se abriesen escuelas en todos los barrios de la ciudad y villas del campo, y la creación de una Escuela Práctica de Agricultura para los labradores. En las Memorias sucesivas trató de las utilidades del cultivo del lino y del cáñamo, abogó por el establecimiento de premios como estimulo al trabajo, de la manera de propender a la reunión de comerciantes y hacendados, de la situación de inferioridad de la mujer y los medios de mejorarla, etc. El Consulado funcionó hasta 1862.

La Aduana — En 1778 se fundó la Aduana de Buenos Aires, imprescindible desde la apertura del puerto. No fue solamente un tribunal de justicia sino un verdadero consejo económico, que ejerció una influencia decisiva en el virrey en cuestiones comerciales y financieras, siendo a la vez oficina de recaudación de los derechos aduaneros.

En 1796, siendo administrador Ángel Izquierdo, pidió que se permi­tiese el comercio con barcos neutrales, cuestión a la que nos referimos en el párrafo correspondiente al Consulado.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

La Organizacion Nacional de la Argentina Gobiernos de ideas liberales

La Organización Nacional de la Argentina

La batalla de Pavón señala el fin de la Confederación Argentina y pone en manos de los hombres del partido liberal porteño los resortes de la conducción nacional. Mitre será el primer presidente que gobierne sobre todo el territorio de la nación.

El grupo dirigente buscará concretar en la república un ideal civilizador, procurará terminar con la oposición de la montonera reducir al indio y desarrollar la economía. El ferrocarril, el telégrafo, la difusión de la enseñanza, la inmigración y un poder ejercido con criterio centralista fueron las herramientas fundamentales de  quehacer que transformó al país.

Ejercito Nacional de Buenos Aires

Ejercito Nacional de Buenos Aires

LA ORGANIZACIÓN NACIONAL : La derrota del interior en la batalla de Pavón posibilitó la organización nacional sobre la base del predominio de Buenos Aires. Este proceso se concretó en el periodo 1862-1880 con las presidencias de Mitre, Sarmiento y Avellaneda.

Consecuentes con su formación política romántica. los hombres que realizaron esta empresa tuvieron como meta eliminar la barbarie y civilizar el país, poniéndolo al nivel de las naciones avanzadas del momento. Por eso, uno de sus principales objetivos fue la educación popular, que tuvo en Sarmiento su mayor propulsor.

Otro problema a resolver era el del poblamiento El primer censo, realizado en 1869. reveló la existencia de sólo 1.700.000 habitantes. Era necesario atraer al inmigrante y, para ello, ofrecerle seguridades. Esto implicaba eliminar el problema del indio. Los diversos intentos realizados durante las presidencias de Mitre y Sarmiento culminaron en la campaña llevada a cabo por Roca bajo el gobierno de Avellaneda.

Incorporadas nuevas tierras para la producción. se las acercó al puerto exportador a través del ferrocarril, financiado por medio de inversiones de capitales nacionales y extranjeros. Se fomentó el desarrollo de la agricultura, sobre todo en la zona del litoral, donde se establecieron colonias de inmigrantes (especialmente en Santa Fe).

Su influencia en el desarrollo económico se advirtió con la primera exportación de cereales, que se logró bajo el gobierno de Avellaneda. El gaucho, elemento surgido dentro de una economía casi exclusivamente ganadera. se sintió desplazado por el agricultor extranjero.

Este panorama económico se completó con la aparición de nuevas instituciones de crédito y nuevos bancos: Banco Hipotecario, Banco de la Provincia de Buenos Aires (1871), Banco Nacional (1872), etc.

Para adaptarse a este nuevo orden de cosas el país se modernizó institucionalmente con la organización de la justicia. la sanción de tos distintos códigos (de Comercio, Civil) y la organización de los regímenes inmigratorio, contable. rentístico y monetario.

CAMBIOS EN LA MENTALIDAD DE LA ÉLITE GOBERNANTE

Todos estos cambios modificaron la mentalidad de la burguesía dirigente. que fundamentaba su prestigio en su origen criollo, su caudal intelectual y los triunfos militares de sus antepasados; que desarrollaba su vida sobre la base de las tradiciones de austeridad y simplicidad criolla. Pero éstas comienzan a ser dejadas de lado al preferirse las formas de vida europea.

El dinero empieza a cobrar valor como tal; el lujo se incorpora a la vida diaria. Buenos Aires se moderniza: circulan las primeras líneas de tranvías; Sarmiento construye el parque Tres de Febrero en los terrenos de la antigua residencia de Rosas. La aristocracia porteña, para ponerse a tono con la nueva época, con frecuencia enviaba a sus hijos a estudiar a Europa. Todos estos factores incidieron para que. sobre todo en Buenos Aires, las formas de vida cambiaran fundamentalmente en la década del 80.

LA CONSOLIDACIÓN DEL PODER PRESIDENCIAL

Políticamente fue necesario asegurar la unidad nacional sobre la base de la integración del interior con Buenos Aires. Los resabios de la montonera (Peñaloza, Varela, López Jordán) fueron vencidos; sus métodos ya eran ineficaces en el nuevo orden.

Se afirmó la autoridad del gobierno nacional por sobre las pretensiones provinciales de autonomía, acentuándose el predominio de Buenos Aires. Se recurrió para ello a la conciliación política, pero el interior se unió para resistirlo y triunfó en la revolución de 1880: la ciudad de Buenos Aires quedó como capital de la República a pesar de la resistencia porteña. Pero el interior, aún controlando momentáneamente la política del país, no pudo impedir volcarse hacia el liberalismo y que persistiera la supremacía de Buenos Aires.

Fuente Consultada: Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz y Enciclopedia del Estudiante Historia Argentina

Quienes Fueron los Caudillos Provinciales Biografia Batallas Vida

BIOGRAFIAS DE LOS CAUDILLOS PROVINCIALES

El caudillaje, o liderazgo, es un hecho común y repetido en la historia política de los pueblos. Con frecuencia los pueblos, más que en las instituciones, ven sus sentimientos, sus ideas, sus ideales encarnados en un jefe que sobresale por sus cualidades personales. A él le prestan espontáneamente adhesión, obediencia y apoyo.

A él confían la realización de sus ideales y la defensa de sus intereses.

Este fenómeno es más frecuente cuando los países están desorganizados, o en organización, y todavía no se han creado las instituciones capaces de encauzar orgánicamente su vida.

En la época de la organización también en nuestro país floreció el caudillismo. Rosas en Buenos Aires, Artigas en la Banda Oriental, López en Santa Fe; Quiroga y Peñaloza en La Rioja; Bustos en Córdoba, Ibarra en Santiago del Estero, Araóz en Tucumán, Güemes en Salta, son exponentes del caudillismo entre nosotros.

Eran hombres de excepcionales condiciones personales, a quienes el pueblo reconocía como jefes y seguía con lealtad. En ellos confiaba y a ellos daba su apoyo.

Nuestros caudillos eran también jefes militares. La mayor parte de ellos carecían de disciplina académica y sus ejércitos improvisados formaron las «montoneras».

El sentimiento tradicional, y la defensa de las libertades locales tuvieron en ellos fuerte sostén. Por ellos pudo lograrse el sistema federal.

Al negarse a aceptar instituciones que no respondían al ser nacional los caudillos contribuyeron a nuestra organización.

No eran ni bárbaros, ni ignorantes, ni retrógrados como se los ha presentado con frecuencia. Pero no tenían el refinamiento de las clases cultas, aunque provenían generalmente de familias patricias.

Son muy dispares los juicios emitidos sobre nuestros caudillos. La importancia de la función que les cupo en nuestra formación nacional cada día es más reconocida.

LOS CAUDILLOS DE ARGENTINA

En la mayoría de los estudios sobre el fenómeno del caudillismo en Hispanoamérica durante el siglo XIX predomina la idea de un jefe local conduciendo a las masas rurales, en una lucha contra el gobierno y las élites urbanas. A esta idea se asocia otra, según la cual los caudillos impedían el establecimiento de poderes legales e instituciones republicanas, tal como lo expuso Domingo Faustino Sarmiento en el Facundo.

Otra de las características fundamentales que los historiadores han señalado como distintiva del caudillismo, era la utilización sistemática de la fuerza para dirimir las disputas públicas o de interés personal. El caudillo aparecía, entonces, como un jefe de guerra, de tropas que no eran profesionales sino que estaban compuestas por grupos armados, organizados sobre la base de un sistema informal de obediencia que se sostenía por relaciones de tipo patrón-peón o protector-protegido.

Los caudillos eran líderes que se habían destacado en los campos de batalla durante las guerras de independencia, y que sumaron a su prestigio en las regiones en las cuales habitaban, enormes extensiones de tierras y una creciente autoridad política.

La historiografía argentina se ocupó, particularmente, de los caudillos de la primera mitad del siglo XIX, porque el tema se relaciona estrechamente con el surgimiento del federalismo. Las interpretaciones del fenómeno del caudillismo fueron diferentes para los historiadores liberales y para los revisionistas*. No obstante, ambas líneas tenían una preocupación común, fruto de una lectura histórica, que ponía el acento en los proyectos de organización nacional.

Según algunos historiadores, los caudillos eran los representantes de las fuerzas «anárquicas» e «inorgánicas» de las provincias; según otros, los caudillos sostenían proyectos de organización constitucional de carácter federal.

Los estados autónomos provinciales es el punto de partida para una organización político-estatal, sobre la única unidad socio-política existente en el período: la ciudad-provincia. El conjunto de normas fiscales, legislativas y políticas que las provincias se otorgaron, luego de que fracasara el intento de constituir un estado rioplatense, testimonian los esfuerzos de las élites provinciales por consolidar –más allá de la voluntad de los caudillos– estados autónomos.

En la mayoría de los casos, los caudillos identificaban sus intereses materiales con los de su localidad o región, e intentaban influir en la forma de organizar a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Tales fueron los casos de Juan Bustos en Córdoba, Estanislao López en Santa Fe, Facundo Quiroga en La Rioja, o Juan Manuel de Rosas en Buenos Aires.

En este sentido, todo el proceso, que se inició en 1810, estuvo marcado por la coexistencia de las tendencias contrapuestas de consolidación de soberanías independientes y de formación de una nación.

Los montoneros y «anarquistas» de 1820

El comerciante inglés John Parish Robertson residió en el Río de La Plata entre 1806 y 1830. Escribió interesantes notas, recuerdos de su estada, en sus famosas Cartas de Sudamérica. De ellas extraemos estos párrafos: «Las fuerzas armadas del interior, indisciplinadas, heterogéneas y semisalvajes, en guerra con la capital y que se levantaban de tanto en tanto, eran conocidas bajo el nombre de montoneras o sea gentuza armada. Se trataba de bandas sin orden en su manera de hacer la guerra, que producían en los porteños mucho terror. Sin embargo, cuando estas tropas montoneras terminaron con buen éxito su campaña y entraron en la capital a principios de 1820, se comportaron con gran moderación. Yo residía por entonces en una linda casa de campo situada en un paraje solitario y conocida bajo el nombre de Paddock, perteneciente al inglés mister Staples. Muy a menudo atravesaba el camino a altas horas de la noche y nunca fui molestado».

En Buenos Aires los montoneros eran llamados también anarquistas por la supuesta anarquía que representaba desobedecer al gobierno central. La Gaceta de Buenos Aires del 15 de diciembre de 1819 expresa con el título de ¿Quiénes son los anarquistas?, su opinión: «¿Por qué pelean los anarquistas? ¿Quiénes son ellos? Se les atribuye la pretensión de establecer la federación y ¿hay alguno entre sus jefes que sepa ni siquiera pronunciar correctamente aquella voz?

Hasta ahora nohemos oído explicar razonablemente a los pretendidos federalistas cuáles son los alcances de su sistema… Los federalistas quieren no solo que Buenos Aires no sea capital, sino que divida con ellos el armamento, los derechos de aduana y demás rentas generales. En una palabra, que se establezca una igualdad física entre Buenos Aires y las demás provincias, corrigiendo a la naturaleza que nos ha dado un puerto y unos campos, un clima y otras circunstancias que la han hecho físicamente superior a otros pueblos… El perezoso quiere tener iguales riquezas que el hombre industrioso, el que no sabe leer optar a los mismos empleos que los que se han formado estudiando…».

Por supuesto, un par de meses después, con la derrota del régimen directoral, ya no todos opinarían así.

Fuente: Historia Argentina de Santillana – Luchilo-Romano-Paz.

Fusilamiento y muerte de Dorrego a cargo de Lavalle Golpe Unitario

Fusilamiento y Muerte de Dorrego

El fracaso de la tentativa unitaria para organizar el país abrió un nuevo paréntesis en la vida nacional. La lucha de partidos e intereses, sangrienta a veces, caracterizo el panorama nacional por más de veinte años. Unitarios y federales fueron las divisas enfrentadas en esa lucha pero tras esa dualidad se ocultaron tantos matices que se hace muy difícil dividir la lucha entre dos bandos.

Para muchos historiadores modernos el enfrentamiento real es el protagonizado por los intereses de las provincias y los de la capital-puerto. Juan Manuel de Rosas es la expresión más acabada de esa confusión: su proclamado federalismo estará fuertemente influido por la defensa de los intereses locales. De cualquier manera. en torno a él se centra la lucha política en los años que van desde la tentativa unitaria de recuperar el poder (1828) hasta la batalla de Caseros

EL GOLPE UNITARIO

En 1828, desaparecido el poder central gobernaba en Buenos Aires Manuel Dorrego destacado jefe del federalismo local. Su política lo llevó a enfrentarse con los unitarios, quienes aprovecharon para sus fines el descontento reinante en el ejército.

Revolución del 1ro. DE DICIEMBRE DE 1828. La Logia Unitaria preparó un levantamiento revolucionario. Para este objeto buscó el apoyo de las tropas que regresaban de la Banda Oriental. Para dirigir la acción comprometieron al general Lavalle. (imagen)

En la madrugada del 1 de diciembre las tropas de Lavalle y del coronel Olavarria ocuparon la plaza de la Victoria.

Dorrego abandonado por las pocas fuerzas adictas dejó la fortaleza y se dirigió a la campaña en procura del apoyo de Rosas. Un grupo de doscientas personas reunidas en la capilla de San Roque proclamo a Lavalle gobernador provisional por aclamación quedando disuelta la Junta de Representantes.

MUERTE DE DORREGO. Dorrego por tanto se reunió en Cañuelas con Juan Manuel de Rosas para organizar la reacción desde la campana. Lavalle, enterado de los acontecimientos y con el fin de no dar tiempo a que se concretara la resistencia, delegó el mando político en Guillermo Brown y salió en busca de Dorrego. (imagen)

El 9 de diciembre las milicias de Dorrego fueron derrotadas en Navarro por los veteranos que mandaba Lavalle, Dorrego logró reunirse con Rosas, quien le propuso eludir un nuevo combate y buscar el apoyo del interior. Aquél no aceptó y traicionado por algunos oficiales fue entregado a Lavalle 10 de diciembre Rosas logró retirarse a Santa Fe

En relación con la suerte de Dorrego se produjo entonces una dramática lucha, mientras la facción unitaria, encabezada por Varela y Del Carril, incitaba a Lavalle a ejecutarlo como medio para terminar con la oposición federal, otros como Brown y los diplomáticos extranjeros acreditados en Buenos Aires, intercedían por su vida.

El 13 de diciembre de 1828 Lavalle ordenó el fusilamiento del derrocado gobernador adtimiendo toda la responsabilidad por tan trágica medida.

Este hecho, que constituyó un grave error político y humano, provocó la reacción del interior: la Convención reunida en Santa Fe designó a Estanislao López comandante de las fuerzas que debían sofocar el pronunciamiento unitario.

Rosas —para quien la muerte de Dorrego significó alcanzar la jefatura de un partido al que se había unido haciamuy poco tiempo— se incorporó al ejército de López.

LLEGADA DE PAZ. En enero de 1829 el resto de las fuerzas que habían combatido contra el Imperio arribó a Buenos Aires al mando de José Maria Paz, este se sumó a los unitarios y planeó con Lavalle las próximas operaciones. Trazaron así un amplio plan de campaña: mientras el general Paz se dirigía sobre su provincia natal (Córdoba) para combatir a Bustos, Lavalle avanzaría con otra columna sobre Santa Fe. dejando algunas fuerzas de caballería para dominar las montoneras que Rosas habla dejado actuando en la campaña de Buenos Aires.

DERROTA DE LAVALLE. La muerte de Rauch—encargado de esta última acción—, vencido por las montoneras, trastornó estos planes. Lavalle debió retroceder, viéndose perseguido por López y Rosas, quienes lo batieron en Puente de Márquez (abril de 1829). El jefe unitario quedó sitiado en la capital.

López pronto retornó a Santa Fe. Dos factores provocaron esa actitud: el fracaso de las nego­ciaciones con Lavalle —quien prefirió pactar con Rosas– la acción de Paz en el interior.

PAZ EN CÓRDOBA: José María Paz fue un estratega de gran talen­to. Honesto e inteligente, militó en el partido unitario, pero no dejó de señalar las fallas de sus correligionarios, al tiempo que su origen provinciano lo inclinaba hacia una política moderada.

El 27 de abril de 1829. en la hacienda de San Roque, derrotó al gobernador Bustos. su antiguo jefe en 1820,para ser proclamado a continuación gobernador de Córdoba. A partir de allí Paz fue la mayor preocupación para los caudillos federales: su éxito, su prestigio militar y su talento político le aseguraron una posición cada vezmás sólida en el interior.

Exhumación de los restos de Dorrego: El 14 de diciembre de 1829, un año después del fusilamiento, fueron exhumados los restos de Manuel Dorrego, en Navarro, por orden de Rosas. El encargado de realizar tan penosa tarea fue el doctor Cosme Francisco Argerich. En presencia del camarista designado por el gobierno, doctor Miguel Villegas, se comenzó a cavar la fosa a las doce y media de la mañana.

Pronto aparecieron las botas del pie izquierdo y derecho; después las piernas con los pantalones de paño mezcla oscuro, el cuello cubierto con una corbata de seda negra y un pañuelo de seda amarillo con el que le fueron vendados los ojos al tiempo de su ejecución.

La chaqueta de tela de lana escocesa cubría el pecho y el brazo derecho. Se sacó el cadáver de la fosa y se limpió. El cráneo estaba deshecho y sus huesos divididos en fragmentos muy considerables. En el pecho del lado izquierdo existe la entrada de una bala sin salida por la espalda. Las manos las tenía cerradas.

Sumergí todo el cadáver en una solución de sublimado corrosivo, donde permaneció hasta las diez de la mañana. Después los restos fueron expuestos al sol un rato y barnizados con aceite de trementina y finalmente colocados en una urna, después de bien perfumado, en presencia del camarista y muchos vecinos».

ALGO MAS SOBRE DORREGO:

El coronel Manuel Dbrrego contrajo enlace en 1815 con doña Angela Baudrix, ceremonia que se realizó en San Isidro. Esta última había nacido en Buenos Aires, el 2 de agosto de 1 795 y de su matrimonio con el mártir de Navarro tuvo dos hijas: Isabel, nacida el 5 de junio de 1816 y que sobrevivió largos años a sus progenitores; e Inés que vino a! mundo 5 años después.

Hasta 1845, después de la infausta muerte de su esposó, la viuda de Dorrego vivió a la sombra de su cuñada, doña Dominga Dorrego de Miró, y cansada de solicitar una pensin, se vio precisada a tomar la aguja para con ella ganarse el sustento; tarea en la que la ayudaron sus amantes hijas: cosían para la ropería de D. Simón Pereira, proveedor del ejército, y aparte del sustento, aquella digna viuda tenía que pagar un alquiler de 60 pesos por una de las casitas llamadas de la Catedral (calle San Martín).

En el año de referencia, Rosas le envió un emisario diciéndole que deseaba poseer las charreteras, la banda de gobernador y una rica espada que había obsequiado a Dorrego su amigo, el general Miguel de Azcuénaga.

La viuda del ex-gobernador de la provincia de Buenos Aires no vaciló ,en enviar lo que se solicitaba y poco más tarde, aprovechando la oportunidad, reiteró al Dictador sus súplicas para que se le concediese una pensión: Rosas le asignó el 21 de octubre de 1847, 100 pesos mensuales; cantidad que fuE más que duplicada por el general Urquiza después de Caseros.

El 3 de octubre de 1860 el gobernador Mitre le acordó la mitad del sueldo de coronel. Habiendo fallecido doña Angela Baudrix de Dorrego, en el cuartel 1º del partido de 25 de Mayo, el 6 de abril de 1872; el 3 de agosto del mismo año, el Presidente Sarmiento dio traspaso de la mencionada pensión a su hija Isabel, que la disfrutó por muchos años aún.

El coronel Dorrego tuvo un establecimiento de campo en el fortín de Areco, en el cual pasó largas temporadas cuando estuvo apartado de la vida pública.

Fuente Consultada: Historia Argentina y La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz

La Campaña al Desierto de Juan Manuel de Rosas Lucha Contra el Indio

La Campaña al Desierto de Juan Manuel de Rosas

La lucha contra el indio: un desgaste permanente e infructuoso: El problema de las fronteras — provocado por la amenaza continua de los malones— requirió, desde 1820, la organización de una adecuada defensa militar. Durante el gobierno de Martín Rodríguez se llevaron a cabo, aunque sin éxito aparente, tres campañas contra los salvajes.

La “industria” del malón fue apañada, en muchas ocasiones, por funcionarios de la campaña bonaerense, ya que el producto de los robos se vendía en Chile y los intermediarios obtenían considerables ganancias. Por esta razón y por la secuela de horrores que el malón llevaba consigo, la lucha punitiva contra el indio se prolongó sin descanso. El gobierno se vio obligado a tomar medidas que implicaron una verdadera guerra. Sin embargo, la amenaza de las líneas de frontera no provino sólo del salvaje sino, también, de bandidos —como los hermanos Pincheira — cuyas partidas formadas por indios chilenos y blancos renegados, sembraban la desolación en las provincias de Cuyo.

Las expediciones llevadas a cabo para proteger a los pobladores y a la hacienda de este doble asalto duraron mucho tiempo y contaron con el apoyo de Rosas. Durante su gobierno, éste celebró tratados de paz y alianza con algunas tribus cercanas a la frontera y proyectó — con una metódica preparación — un vasto plan de campaña cuyo objetivo fue la expulsión al Sur del río Colorado de los indios no sometidos. Esta empresa reeditaba la ya prevista, en 1766, por el primer virrey D. Pedro de Cevallos.

El plan de consolidación de la frontera, largamente meditado por Rosas, fue puesto en práctica durante el gobierno de Balcarce, cuando el ex-gobernador de Buenos Aires solicitó ante la Legislatura, y obtuvo, un empréstito de un millón y medio de pesos para emprender la campaña al desierto. Sin embargo, la expedición no contó con el apoyo del Estado que desconoció lo concedido. Fue costeada con la suma de recursos particulares.

La expedición al desierto: Rosas “héroe del desierto”:

Rosas acordó con Chile la realización de la campaña, pues el plan expedicionario no había dejado nada librado al azar. El general Bulnes comandaría la División derecha. Su misión era batir a los indios y arrojarlos al Este de la cordillera de los Andes. A última hora, por razones de política interna, Chile no pudo afrontar la parte que le correspondía en la campaña y ella quedó librada a las armas argentinas.

El plan contaba, asimismo, con el auxilio del caudillo Juan Facundo Quiroga a quien el gobierno de Buenos Aires reconoció como “comandante en jefe de las operaciones del Sur”. Quiroga, sin embargo, renunció al poco tiempo aduciendo desconocer “esa guerra contra los indios”. Así, el plan primitivo debió ser modificado y el ejército de campaña dividido en tres columnas de diferente magnitud y composición.

En marzo de 1833 las columnas se pusieron en marcha. Poco tiempo después de iniciadas las operaciones, la división de Aldao quedó detenida por el mal estado de la caballada y no alcanzó el fin propuesto. La de Ruiz Huidobro, aun cuando obtuvo el triunfo de Las Acollaradas (Sur de San Luis, 16 de rnarzo de 1833) sobre el cacique Yanquetruz, no pudo continuar la campaña pues Córdoba no suministró los recursos necesarios.

La división de Rosas fue la única que obtuvo el objetivo deseados Su comandante, conocedor de la idiosincrasia del indio, desconocía sin embargo et medio en donde iba a operar; por lo tanto, suplió la falta de información con mapas, baqueanos, estudios del terreno y observaciones astronómicas. Estas medidas previas le permitieron organizar ventajosamente sus fuerzas, integradas por 2.000 soldados y 600 indios amigos

La columna partió de San Miguel del Monte el 22 de marzo de 1833 rumbo al Sur. Estableció su cuartel general en Médano Redondo, sobre las márgenes del río Colorado. Desde allí, Rosas destacó varias divisiones que se internaron profundamente en territorio indio. Después de sostener muchos combates con los salvajes, ocuparon la isla de Choele-Choel, llegaron a la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, remontaron el río Colorado hasta sus nacientes y reconocieron el cañadón de Valcheta.

En el teatro de operaciones se presentó ante Rosas el filósofo y naturalista inglés Charles Darwin, quien recorría el desierto pampeano. Dejó su testimonio sobre el campamento de laColumna Izquierda en su Diario de Viaje de un Naturalista alrededor del Mundo en el navío deS.M. Beagle.

La campaña finalizó a principios de 1834 por orden del gobierno de Buenos Aires, y Rosas licenció sus tropas en Napostá, cerca de Bahía Blanca.

La expedición fue, en sí, “una interesantísima preparación militar”; su ejecución cumplió conuna parte de los objetivos previstos, especialmente en el aspecto político, geográfico y económico. El objetivo militar no se cumplió en su totalidad , por cuanto el plan de actuar con las columnas combinadas fracasó al iniciarse la campaña. No obstante, alejó la hostilidad de los indios y la mantuvo inactiva durante veinte años.

CONCLUSIONES:

• Se afianzó la soberanía nacional en un extenso territorio.

• Aumentó el prestigio político de Rosas.

• Decayó el ascendiente de sus adversarios.

• Se firmaron pactos con algunas tribus.

• Se detuvieron los malones por espacio de 20 anos.

• Se extendió la frontera.

• Se rescataron 2000 cautivos.

• Se causaron 6000 bajas a los indios.

• Se ganaron cerca de 3000 leguas cuadradas de tierra.

• Se recogieron múltiples informaciones científicas.

FIN DE LA CAMPAÑA AL DESIERTO:
PROCLAMA DE NAPOSTÁ: El 25 de marzo de 1834, un año después de iniciar su campaña desde San Miguel del Monte, Rosas licenció a sus tropas y dio lectura a la siguiente proclama desde las márgenes del arroyo Napostá:

iSoldados de la Patria! Hace doce meses que perdisteis de vista vuestros hogares para internaros por las yermas y vastas pampas del Sud. Habéis operado activamente, sin cesar, todo el invierno y terminado los trabajos de la campaña de un año ,…] Vuestras lanzas han despoblado de fieras el desierto, han castigado los crímenes y vengado los agravios de dos siglos.

Las bellas regiones que se extienden hasta la cordillera de los Andes y las costas que se desenvuelven hasta el afamado Magallanes, quedan abiertas para nuestros hijos. Habéis excedido las esperanzas de la Patria, pero entretanto ella ha estado envuelta en desgracias por la furia sañosa de la anarquía. ¡Cuál sería hoy vuestrodolor, si cuando divisáis ya en el horizonte los árboles queridos que marcan el asilo doméstico, alcanzaseis a ver las funestas humaredas de la guerra fratricida! Pero la Divina Providencia nos ha liberado de tamaños desastres. Su mano poderosamente protectora sacó del seno mismo de las discordias un gobierno paternal, a quien habéis rendido el solemne homenaje de vuestra obediencia y reconocimiento.

Compañeros Juro aquí, delante del Eterno, que grabaremos siempre en nuestros pechos la lección que se ha dignado darnos tantas veces, de que sólo la sumisión perfecta a las leyes y la subordinación respetuosa a las autoridades, que por El nos gobiernan, pueden asegurarnos la paz, libertad y justicia a nuestra tierra. ¡Compatriotas! Os gloriáis con el título de restauradores de las leyes. Aceptad el honroso empeño de ser sus firmes columnas y constantes defensores. ¡Adiós! Vuestro general, que ha tenido siempre sobrado valor para llenar en esta parte sus deberes, sin temor a los peligros ni a las ferocidad de los tiranos, no lo tiene para despedirse de vosotros»

Fuente Consultada: Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz y
Enciclopedia del Estudiante Historia Argentina

Batalla de Pavón y la derrota de la Confederación Argentina

Batalla de Pavón – Derrota de la Confederación Argentina: Plan de Mitre y Urquiza

La batalla de Pavón señala el fin de la Confederación Argentina y pone en manos de los hombres del partido liberal porteño los resortes de la conducción nacional. Mitre será el primer presidente que gobierne sobre todo el territorio de la nación.

El grupo dirigente buscará concretar en la república un ideal civilizador, procurará terminar con la oposición de la montonera reducir al indio y desarrollar la economía. El ferrocarril, el telégrafo, la difusión de la enseñanza, la inmigración y un poder ejercido con criterio centralista fueron las herramientas fundamentales del quehacer que transformó al país.

ETAPA I: El triunfo de Buenos Aires sobre la Confederación

Valentín Alsina —gobernador de Buenos Aires desde 1857—La tensión entre Buenos Aires y la Confederación aumentó a medida que se acercaba el final del mandato constitucional del presidente Urquiza.

Los porteños se proponían lograr la incorporación de las provincias interiores a un Estado centralizado por Buenos Aires, y establecieron alianzas para que quien fuera elegido nuevo presidente de la Confederación favoreciera ese objetivo. La intervención del gobierno federal obstaculizó las negociaciones y estalló el conflicto.

Valentín Alsina —gobernador de Buenos Aires desde 1857— estableció un decreto que afectó todavía más el comercio de la Confederación: estableció que los productos del interior serían tratados en Buenos Aires sin ninguna diferencia con las mercaderías extranjeras.

Como respuesta, en mayo de 1859, el Congreso autorizó a Urquiza a “resolver la cuestión de la integridad nacional respecto de la provincia disidente de Buenos Aires por medio de negociaciones pacíficas o de la guerra, según lo aconsejaran las circunstancias. El 23 de octubre de 1859, el ejército confederado y el porteño se enfrentaron en Cepeda, y Urquiza obtuvo la victoria.

Después de la renuncia de Alsina —condición impuesta por Urquiza—, el 11 de noviembre de 1859, en San José de Flores, ambas partes firmaron un pacto. Buenos Aires se declaraba parte de la Confederación y se obligaba a aceptar y jurar solemnemente la Constitución Nacional de 1853, pero luego de que una Convención Provincial propusiera las reformas que la provincia consideraba indispensables.

Urquiza aceptó que las reformas propuestas fueran tratadas por una Convención Nacional convocada al efecto, con la condición de que Buenos Aires enviara sus diputados y aceptara la decisión de la Convención como definitiva.

En mayo de 1860, Mitre fue elegido gobernador de Buenos Aires y, desde ese cargo, desarrolló una política favorable a la unión. Pero el conflicto profundo entre Buenos Aires y la Confederación todavía no había sido resuelto.

ETAPA II Triunfo de Buenos Aires Sobre la Confederación:
 Mitre, gobernadorBuenos Aires se había comprometido —por el Pacto de San José de Flores— a respetar la elección de Santiago Derqui como nuevo presidente de la Confederación.

Pero en los meses que siguieron a Cepeda, el gobierno porteño aprovechó las fisuras entre Derqui y Urguiza y reinició las negociaciones con las provincias interiores.

Finalmente, las luchas desatadas para imponer los diputados de cada grupo hicieron fracasar la reunión de la Convención, y comenzaron los preparativos para la guerra.

El 17 de noviembre de 1861, los dos ejércitos se enfrentaron cerca del Arroyo del Medio, en los campos de Pavón. El combate terminó sorpresivamente cuando Urquiza se retiró del campo de batalla sin haber sido vencido por el ejercito de Mitre.

Meses después Derquí renunció del gobierno federal quedó vacante hasta que, en enero de 1862, Mitre —corno gobernador de Buenos Aires— asumió provisionalmente nacional con el acuerdo de Urquiza

El triunfo de Mitre —asegurado por las campañas militares en apoyo de los grupos liberales del interior— había significado la aceptación por parte del conjunto de las provincias interiores de la dirección de Buenos Aires en el proceso de centralización del Estado.

Pero quedaba pendiente todavÍa la subordinación al proyecto nacionalista —liderado por Mitre en alianza con otros jefes provinciales— de los autonomistas bonaerenses más intransigentes.

Los autonomistas se negaban a la federalización de la ciudad de Buenos Aires, que debía ser la sede del gobierno federal. La solución de compromiso alcanzada —la presencia del gobierno federal en la ciudad como invitado del gobierno provincial— mantuvo el conflicto sin resolver durante años.

Fuente Consultada: Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz y
Enciclopedia del Estudiante Historia Argentina

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El plan de Mitre después de Pavón
La victoria de Pavón abría para Mitre perspectivas ilimitadas y responsabilidades inmediatas. Gobernador de Buenos Aires y general en jefe del Ejército vencedor, tenía que realizar en los hechos los principios de una política a que tenazmente había entregado su vida.

Cuando el general Urquiza venció a la tiranía, Mitre discrepó con los medios arbitrados por el libertador para realizar la organización constitucional del país.

Desde las columnas de Los Debates, periódico que fundó para exponer sus ¡deas y hacer propaganda por el triunfo de ellas, expuso razonadamente su manera de encarar el problema nacional.

No hubo en su prédica nada de personal, como no lo hubo en su palabra inflamada de diputado del pueblo, cuando disintió fundamentalmente con la política del general Urquiza a raíz de su triunfo sobre Rosas.

Pero cuando fue necesario, combatió con las armas por los mismos principios que en más de un momento creyó que podía hacer triunfar en el campo pacífico de las ideas. […]

Ciertamente tenía su plan. Lo había madurado día a día. Podría asegurarse también sin temor de errar que a nadie lo habría comunicado porque bien sabía cuan estéril es adelantar soluciones antes de tiempo.

Se explica así que el gobierno delegado pensara de inmediato en la necesidad de hacerle llegar soluciones sobre la política a seguir, y también sobre las operaciones militares que el general en jefe vencedor había de realizar para hacer efectiva aquella política. Los puntos de vista respectivos fueron diametralmen-te opuestos.

El gobierno delegado de Buenos Aires pensaba en cuanto a la forma de hacer práctica la unión nacional, que el general Mitre debía declarar caducas las autoridades federales e invitar al pueblo de toda la República a enviar diputados a una convención general para que decidiera sobre la suerte común,»quedando entretanto los pueble; en estado constituyente».

Tal solución importaba desde luego dejar sin efectos reales los pactos de 11 de noviembre de 1859 y de 6 de junio de 1860, y lo que es más grave dar por no existente la Constitución Nacional.  El general Mitre no podía aceptar ni por ur instante tales soluciones, que eran la rectificación violenta de una política perseverantemente seguida por Buenos Aires desde e día siguiente de Caseros. […]

La Constitución era para el general Mitre el único vínculo moral que unía a Buenos A ires con las demás provincias. Desconocerla era no sólo contrariar el fundamento de la actitud guerrera de Buenos Aires sino tambie-adoptar una política completamente contri-ría a los objetos de la contienda.

Mariano deVedia y Mitre Historia de la Nación Argentina

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PARA SABER MAS…
CRÓNICA DE LA ÉPOCA I
Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, Nota de Ana Wilde

Tras seis meses de sitio, Buenos Aires venció a la Confederación. El 13 de julio de 1853, Ur-quiza y Lagos tuvieron que reconocer la segregación de hecho de esta provincia.

El conflicto había estallado a comienzos de diciembre de 1852, en contra de la política secesionista del gobernador Valentín Alsina. Su decisión de invadir Entre Ríos para atacar a Justo José de Urquiza e interrumpir su iniciativa constitucional precipitó el levantamiento del comandante porteño Hilario Lagos, que sumó importantes sectores de la campaña. Estos habían apoyado al movimiento de septiembre en defensa de la autonomía provincial, pero no acordaban en iniciar un conflicto generalizado para obtener el dominio del proceso constituyente.

La convocatoria de Lagos fue extensa y logró sitiar Buenos Aires prácticamente sin combatir, fracturó el frente interno antiurquicista entre Bartolomé Mitre y Alsina y provocó la renuncia de este último. No obstante, las negociaciones fueron infructuosas y se complicaron con la intervención de Urquiza a favor de Lagos y la sanción de una constitución que establecía la entrega de la Aduana al Estado nacional. La ciudad se mantuvo intransigente, podía continuar resistiendo el sitio.

En cambio, sus oponentes estaban debilitados. Era época de cosecha y las fuerzas de Lagos eran gente de campo, además, se les adeudaba a muchos militares. Esto los hacía vulnerables al arma más poderosa de los por teños, que era, a su vez, el punto más débil do la Confederación: el dinero. Los sitiados iniciaron una exitosa campaña de sobornos que dejó a lan fuerzas federales sin escuadra y sin tropas.

El levantamiento de Lagos puede considerarse un ejemplo emblemático de la oposición nutre porteños y provincianos. Gran parto do Ioh bonaerenses sintió que Urquiza y sus partidarios los despojaban de lo que creían eran sus legítimos derechos: el manejo exclusivo del puerto y sus rentas, recursos que en esta oportunidad determinaron su victoria.

Los federales, en cambio, estimaban que una organización nacional y federal implicaba igual representación por provincia, federalización de la Aduana y capitalización de Buenos Aires. En líneas generales, Lagos promovió estos objetivos al grito de paz y unión. Su iniciativa fracasó pero el triunfo de Buenos Aires tampoco fue completo, ya que la Constitución Nacional consagró legalmente sus peores temores.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA II
Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869

El 11 de septiembre se produjo en Buenos Aires una revolución como reacción de la provincia ante las imposiciones de Justo José de Urquiza. La legislatura de Buenos Aires inició un debate sobre los alcances del acuerdo. Bartolomé Mitre y Dalmacio Vélez Sársfield hablaron por la oposición; la defensa estuvo a cargo de Vicente Fidel López. El acuerdo fue rechazado el 23 de junio.

La crisis provocada por el rechazo porteño al Acuerdo de San Nicolás y la renuncia del gobernador produjeron la intervención personal de Urquiza, quien disolvió la Junta de Representantes, clausuró los periódicos opositores y ordenó que los diputados Vélez Sársfield, Mitre, Ortiz Vélez y Pórtela abandonaran Buenos Aires. Estas medidas provocaron la reacción de los opositores, que pusieron en marcha una revolución liderada por Valentín Alsina y, como jefe militar, el general Piran.

El objetivo de los revolucionarios fue recuperar el ejercicio de la soberanía provincial. El 11 de septiembre la Junta de Representantes eligió como gobernador provisorio a su presidente, el general Pinto. El 31 de octubre Buenos Aires constituyó un gobierno provisorio nombrando H como gobernador titular a Valentín Alsina.

PROTOCOLO DE PALERMO: El 6 de abril Justo José de Urquiza reunió en Palermo a los gobernadores de Buenos Aires y de Corrientes y al representante de Santa Fe, quienes, junto a la representación de Entre Ríos, acordaron lo siguiente: «Queda autorizado el expresado Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre Ríos, General en Jefe del Ejército Aliado Libertador, Brigadier don Justo José de Urquiza, para dirigir las Relaciones Exteriores de la República, hasta tanto que, reunido el Congreso Nacional, se establezca el Poder a quien compete al ejercicio de este cargo».

Por primera vez estas facultades no estaban en manos de un gobernador porteño. El Protocolo de Palermo fue firmado por los representantes de Santa Fe, Manuel Leiva, de Corrientes, Benjamín Virasoro y de Buenos Aires, Vicente López y Planes.

Ver: La Organización Nacional de Argentina