La Ballesta en la Edad Media

Evolucion Tecnologica de las Armas de Guerra Historia

LA EVOLUCIÓN DE LAS ARMAS EN LA HISTORIA

Quizá la manifestación inteligente inicial del ser humano en su estadio primitivo haya sido precisamente el descubrimiento de la primera arma, Cierto día, ese ser indefenso, atacado y perseguido desde todos los rincones por animales más fuertes que él, habrá visto algún palo o hueso grande y habrá pensado en emplearlo para defenderse de sus atacantes. Este mazo, sin duda, fue su compañero inseparable en las batallas. No tardarían en imitarlo sus compañeros de grupo. Y la transmisión del conocimiento de cómo usar este accesorio habrá sido una pauta cultural en la historia de la civilización a través del sucederse de las generaciones. Por desgracia, junto con las primeras armas nació la guerra.

caracteristicas del mesolitico

Los primeros progresos del incipiente armamento fueron el descubrimiento de la punta y el filo, que pronto se pusieron al servicio de los mazos, transformándolos en lanzas y machetes. La próxima necesidad fue la de arrojar las lanzas con mayor violencia y precisión. Entonces se inventaron los arcos, capaces de mantener una cuerda tensa, la que se empleó para arrojar flechas.

Transcurrieron muchos siglos para que se produjera una evolución a partir de estas armas básicas. Los sucesivos inventos quizás hayan sido la coraza -primero de cuero y, más tarde, de metal- y la honda. Acerca de esta última, aclaremos que se trataba de dos cintas de cuero unidas hacia uno de sus extremos por otra pieza del mismo material pero de mayor superficie. Aquí se colocaba una piedra y el tirador ponía en movimiento circular a todo el sistema. Cuando la piedra había adquirido la velocidad suficiente, soltaba una de las tiras, permitiendo que la fuerza centrífuga actuara sobre el proyectil imprimiéndole gran potencia. También la cerbatana, basada en la presión de aire generada por los pulmones sobre un dardo ubicado dentro de un tubo recto, es un invento de las etapas iniciales de la civilización.

Miles fueron las tretas a las que acudieron los hombres para mejorar sus armamentos. Ya a fines de la Edad Media se habían ideado las catapultas, capaces de lanzar enormes piedras contraías murallas de los castillos, y los arcos se habían perfeccionado al punto de dar lugar a la ballesta, un artefacto capaz de lanzar flechas automáticamente mejorando mucho la posición de tiro, lo que se traducía en un mayor porcentaje de eficacia. Sin embargo, todos estos adelantos en materia bélica quedaron atrás cuando apareció la pólvora como material impulsante. Si bien ya la conocían los chinos, según lo atestiguan los relatos de Marco Polo, la emplearon los occidentales por primera vez durante la guerra entre españoles y moros en la península ibérica, a fines del siglo XIII.

Hasta llegar a nuestros días, la evolución ha sido enorme, y se conocen con la denominación genérica de «armas de fuego» todas aquellas capaces de disparar proyectiles con la fuerza generada por la expansión de los gases producida por una explosión, en una cámara cuya única salida está bloqueada. Por supuesto, es el mismo proyectil o bala el que cubre la salida de escape de los gases.

La guerra ha servido de acicate a la tecnología desde antes de que existiera la lanza. Los ingenieros militares asirios, los inventores macedónicos de armamento y los constructores romanos de fortificaciones fueron los técnicos de sus épocas respectivas.

Es difícil imaginar a alguien inventándose una sustancia tan horrible como el fuego griego, líquido altamente combustible que se anticipó por mucho tiempo al napalm del siglo veinte, excepto como arma. Las necesidades de armeros y fabricantes de armas impulsaron el trabajo de los metales. Sin embargo, las invenciones fomentaron la guerra.

Hace más de un milenio, la pólvora y el estribo, excelentes innovaciones procedentes de Asia, produjeron muchos ajustes en la conducción de la guerra, y cambios en la percepción de la gente acerca de la lucha.

La pólvora: Los chinos produjeron la primera muestra en el siglo noveno d.C., pero no intentaron hacer explotar a alguien con ella hasta poco después.

El estribo: Menos fulgurante que el anterior pero en extremo práctico, el adminículo para poner el pie, subir al animal y cabalgar formaba ya parte de la dotación del soldado chino en el siglo cuarto d.C.

Los árabes también empleaban estribos en sus caballos, que eran animales rápidos y relativamente pequeños. Además de ser excelentes jinetes, la fuerza de su entusiasmo espiritual les ayudó a propagarse hacia el oriente, a través de Oriente Medio hasta la India, y hacia el occidente, hasta el norte de Africa y España No obstante, Constantinopla resistió el ataque de los árabes. La capital bizantina (la actual Estambul, en Turquía) gozaba de una envidiable posición estratégica, por su ubicación en un promontorio que se proyecta sobre el mar. Incapaces de tomar la ciudad por tierra mediante la caballería, los árabes intentaron usar los barcos en el siglo octavo, estableciendo un bloqueo naval, que hubiera tenido éxito de no ser por el fuego griego.

El fuego griego, secreto militar, era probablemente nafta, obtenida por la refinación de aceite de carbón situado en depósitos subterráneos, que se filtraba a la superficie. Dondequiera que estuviera, se prendía al impacto; además flotaba.

Los bizantinos lanzaron con catapultas vasijas de arcilla llenas de fuego griego sobre los puentes de las naves enemigas, incendiándolas. Aun si la vasija fallaba el blanco, su contenido se quemaba en el agua. A veces los bizantinos usaban bombas manuales para arrojarlo. Después de perder demasiados barcos, los árabes levantaron el bloqueo.

El desafío de los moros

Los árabes no tomaron Constantinopla, es cierto, pero su estrategia de caballería ligera, es decir, de unidades de caballería ligeramente armadas en las que se da prioridad a la velocidad, tuvo éxito en casi todas partes. En 711 d.C., los árabes musulmanes conquistaron España, que permaneció bajo control islámico hasta mucho después de que el gran Imperio Árabe se fragmentara en reinos islámicos regionales.

Los musulmanes de España, que procedían del norte de África, rápidamente fueron llamados moros. A los cristianos que vivían más al norte, especialmente a los francos, no les gustaban sus vecinos.

Los francos, que dominaban la Galia (lo que ahora es Francia y gran parte de Alemania), eran luchadores bárbaros de a pie, al viejo estilo, pero tenían disciplina y deseos de adaptarse a las nuevas circunstancias.  Cuando los rápidos jinetes moros incursionaron en las fronteras, el rey franco comprendió que necesitaba mayor velocidad y tomó las medidas del caso para desarrollar su caballería. El estribo se originó en China o en Asia central, entre las tribus y clanes nómadas que solemos llamar bárbaros.

Las incursiones como estilo de vida del jinete

Los soldados chinos comenzaron a utilizar el estribo hacia el siglo cuarto d.C., pero los pueblos nómadas asiáticos llamados ávaros, grandes jinetes, los usaban probablemente desde el siglo primero d.C. Los pies de sus hombres se ajustaban a los estribos cuando se abalanzaron sobre Europa oriental en 568 d.C. y arrebataron el valle del Danubio al Imperio Bizantino.

Los ávaros y otros pueblos bárbaros usaban el estribo al atacar poblaciones y ciudades para obtener lo que deseaban: valiosos productos comerciales, alimento, dinero y, algunas veces, hasta el control de una región o un imperio . Las incursiones rápidas se convirtieron en el modo de vida de algunas tribus nómadas de las estepas del Asia central. Como esos pastores y cazadores tenían poco que ofrecer a cambio a los agricultores establecidos y a la gente de las ciudades, tales como los chinos, resolvieron tomar lo que deseaban por la fuerza.

Las incursiones se realizan mejor con rapidez. Se da el golpe, y luego se pone la mayor cantidad de distancia posible entre los autores y el objetivo. La habilidad de sus jinetes dio ventaja a los invasores, y el estribo la hizo mayor todavía.

Custodia de las fronteras bizantinas

El rico Imperio Bizantino  era un objetivo apetecido para los invasores, razón por la cual era mejor encargar la custodia de las fronteras a rápidas patrullas de jinetes. Los estribos, probablemente copiados de los ávaros, dieron a las patrullas bizantinas una ventaja sobre los europeos occidentales, quienes no poseían todavía esta tecnología. Dicha superioridad, unida al empleo de una intendencia general, organización de apoyo que aseguraba a la infantería y la caballería todo lo necesario para alimentarse, aun durante largos asedios, dificultó en extremo la entrada en el Imperio Bizantino de los intrusos. Constantinopla, capital bizantina, necesitó durante los siglos séptimo y octavo toda su capacidad para enfrentar una nueva y permanente amenaza: los árabes.

Con el legendario rey Arturo, cuya existencia es hipotética Si vivió en realidad, es probable que haya conducido a los bretones celtas contra los invasores sajones en el siglo sexto d.C., pero sin armadura de metal. La armadura de placa metálica se puso de moda 800 años después, en el siglo catorce.

Anillos metálicos entrelazados:

La cota de mallas

Antes de la armadura metálica los caballeros usaban la cota de mallas, y antes de ésta empleaban la armadura de escamas imbricadas, introducida desde la época de los asirios como defensa contra las flechas. Esta armadura, al igual que las escamas del lagarto, empleaba pequeñas piezas metálicas cosidas en filas sobrepuestas sobre el vestido de cuero. La cota de mallas era más ingeniosa: estaba formada de anillos metálicos entrelazados, dispuestos en forma de jubón o chaqueta ajustada. Los cruzados la usaron cuando fueron a Oriente para liberar la Tierra Santa del control musulmán. La cota de mallas se volvió obsoleta cuando hubo mejores arcos, con los cuales se podía lanzar una flecha y penetrar la protección metálica.

Más potencia para la ballesta de los arqueros

La ballesta fue otra invención china, y muy antigua por cierto, pues data del siglo cuarto a.C. Los arqueros europeos redescubrieron su mortífero poder en el siglo décimo d.C.

Se componía de un arco corto y extremadamente rígido montado sobre un madero, con un mecanismo para fijar la cuerda del arco y mantenerla estirada, a mayor tensión que la que un hombre podía lograr al tirar hacia atrás la cuerda manualmente. La flecha se disparaba con una palanca manual, o gatillo.

La ballesta disparaba flechas cortas, o saetas, que solían ser de metal; volaban rápido y penetraban superficies que una flecha lanzada por un arco convencional no podía horadar. Los normandos la usaron en 1066, en su conquista de Inglaterra.

Por ironías del destino, para derrotar a los moros invasores en la batalla de Poitiers, en 732 d.C., el rey franco, Carlos Martel, ordenó desmontar a sus caballeros. Enfrentándose a los jinetes atacantes con lanzas y escudos, los francos resistieron y repelieron con éxito a los moros.

Más aún, a pesar del retorno a las tácticas de la infantería, esta batalla marcó el comienzo de la época caballeresca, edad en que los caballeros con armadura dominaron la guerra europea.

La época caballeresca

Los términos caballerosidad y caballeresco están relacionados con el francés chevaux (caballos), y con otras palabras derivadas del nombre del animal. Estas palabras muestran cómo la gente de la Edad Media asociaba la nobleza, la gentileza y el valor con los guerreros a caballo.

Esta era, como muchas otras anteriores y posteriores, ensalzó la violencia. La gente consideraba la habilidad en el combate como una muestra de civilización. Jean Froissart, cronista e historiador francés del siglo catorce, escribió:

“Los caballeros nobles han nacido para luchar, y la guerra ennoblece a todos aquéllos que combaten sin temor o cobardía”.

Ennoblecedora o no, la guerra costaba dinero, y era extraordinariamente oneroso equipar a un caballero. Carlos Martel ayudó a sus jinetes a pagar sus pertrechos, expropiando tierras de la Iglesia medieval  y entregándolas a los guerreros nobles. Bajo el feudalismo los terratenientes se beneficiaban de las cosechas de sus labriegos arrendatarios.

Carlomagno, quien sería poco después rey de los francos, además de ser el primero en unir gran parte de Europa tras la calda de los romanos, llevó a cabo la unificación con su caballería.

La armadura para detener los golpes a armas mortales

La cultura caballeresca prevaleció durante centenares de años en Europa. Esta cultura de la armadura blindada está asociada en las películas

Arco largo: combinación de precisión y potencia

El arco largo inglés, refinamiento de una antigua tecnología galesa, se convirtió en el último grito de la moda en armamentos durante el siglo catorce. Preciso y potente en manos de un arquero experimentado, el arco largo fue una razón adicional para que los caballeros usaran sólidas armaduras metálicas.

El arco largo era poderoso, pero tanto su precisión como su alcance eran limitados. El modelo inglés podía causar daño a una distancia de 225 metros y se recargaba rápidamente. No obstante, sólo un arquero experimentado podía manejarlo a cabalidad, de modo que Inglaterra exigía a los pequeños propietarios de tierras que se enrolaban como soldados, de ser necesario, como en la antigua Grecia y en Roma, un entrenamiento para adquirir buena puntería.

En la batalla de Crécy, librada en 1346 durante la guerra de los cien años entre Inglaterra y Francia, los arqueros ingleses provistos de arcos largos derribaron las filas francesas una tras otra. Francia perdió ese día más de 1.500 caballeros y 10.000 soldados de infantería. Inglaterra perdió menos de 200 hombres en total, entre ellos solamente dos caballeros.

A corto plazo, Crécy obligó a los franceses y a otras naciones europeas a cubrirse de armaduras más pesadas. Nadie presentía entonces que los caballeros estaban en vías de extinción. Los cañones venían en camino. Un siglo más tarde las armas de fuego superarían en el disparo y la penetración a cualquier arco inventado hasta entonces.

La pólvora aumenta la potencia de fueqo

Entre los siglos doce y dieciocho, los cañones pasaron de China al occidente de Asia, y de allí a Europa. Se desarrollaron a partir de los primeros experimentos hasta alcanzar una tecnología de precisión. Los militares fueron obligados a revisar sus estrategias, adaptando a veces las viejas formaciones de batalla para acoplarlas al nuevo armamento, a la vez que los defensores hallaban nuevas maneras de reforzar puestos fronterizos y ciudades.

El papa Urbano II condenó la ballesta en 1096, como “odiosa a los ojos de Dios”, y la Iglesia prohibió en 1139 su uso contra cristianos. Por supuesto que si se trataba de sarracenos, como llamaban entonces a los turcos y otros musulmanes, su empleo estaba permitido.

ORIGEN DE LA PÓLVORA
Según se cree, ios chinos ya conocían la pólvora y La usaban en fuegos de artificios en el siglo VI de nuestra era, quizás en ceremonias religiosas. Habrían comenzado a utilizarla con. fines bélicos hacia 1161, bajo la dinastía de los Sung. En el siglo siguiente las armas de mego llegaron a alcanzar gran desarrollo bajo el dominio de los mogoles, quienes las emplearon durante la invasión realizada en 1241.

Otros historiadores afirman que, por su parte, los alquimistas árabes del siglo XIII también pulverizaban y mezclaban porciones de salitre, carbón y azufre, y que, poniendo esta mezcla en sus morteros con algunas piedras encima, la encendían y provocaban su explosión, con el consiguiente lanzamiento de los proyectiles. Pero estos no fueron sino ensayos experimentales —como los que se atribuyen al monje Bertoldo Schwartz en el siglo XIV— sobre la fuerza expansiva de la pólvora.

Hacia 1270, Marco el Griego escribió el Libro de fuegos para quemar enemigos, en donde se refiere a la composición de la pólvora. Y en la misma época (1267), el monje inglés Rogelio Bacon, que fue el más famoso científico medieval, escribió lo siguiente en su Opus Majus (Obra Mayor): «Se han descubierto importantes artes contra los enemigos del Estado, de modo que sin espada ni ninguna otra arma que requiera contacto físico, se pueda destruir a todos los que opongan resistencia.

Con la fuerza de la sal llamada salitre, se produce un sonido tan horrible al estallido de una cosa tan pequeña; a saber, un pequeño trozo de pergamino, que excede al retumbar de un gran trueno, y la llama excede al máximo resplandor del rayo que acompaña al trueno». Así señalaba el advenimiento de la era de la pólvora.

A la carga con la lanza

Aunque los cruzados emplearon la ballesta, su uso les pareció poco honorable. Los valores caballerescos se centraban en el combate personal. Cuando no había guerra, los caballeros se enfrentaban unos a otros en feroces y con frecuencia mortales torneos.

La lanza, arma larga y puntiaguda que el caballero llevaba apretada bajo el brazo, liberaba una fuerza inverosímil. Los jinetes, con el tiempo cada vez más recubiertos de metal, se balanceaban sobre los estribos y se apoyaban en las sillas de respaldo alto al usar esta variedad de la antigua pica para tratar de desmontar al contendor de su corcel. Las armaduras, cada vez más pesadas, los protegían de ser traspasados.

Estas batallas simuladas daban a los caballeros renombre y los mantenían preparados para la guerra, pero la lucha en los torneos era real. En uno celebrado en 1241 en Neuss, Alemania, hubo cerca de 80 muertos, entre hombres y niños.

fabricaban campanas de iglesia, fueron los primeros fabricantes europeos de cañones; a veces las fundían para fabricarlos. Los constructores pronto se dieron cuenta de que un tubo funcionaba mejor, y que deberla disparar un proyectil de metal, con el cual se podría echar abajo el portal de un castillo, o destruir una casa.

Aparecen los grandes cañones

El escritor y estadista italiano Nicolás Maquiavelo observó a comienzos del siglo dieciséis:

“No existe muro, por grueso que sea, que no pueda ser destruido en pocos días por la artillería”.

Los cañones ya eran grandes, aunque algunos de los de mayor tamaño no funcionaban bien. A comienzos del siglo quince algunos pesaban 750 kilogramos y disparaban balas de 75 centímetros de diámetro. ¿Cómo podía fabricar alguien un tonel de metal fundido de semejante tamaño? En primer lugar no era fundido, sino armado con piezas de hierro forjado, como las tablas que forman las paredes curvas de los barriles de encurtidos. Varios aros de hierro sostenían las piezas en su lugar, por lo menos temporalmente.

En 1445, los artilleros borgoñones (el ducado de Borgoña era entonces independiente; más tarde se uniría a Francia) estaban disparando una de esas monstruosas bombardas (los primitivos cañones) contra los invasores turcos cuando estalló uno de los aros. Lo curioso es que dispararon de nuevo, y saltaron dos aros más y una de las piezas longitudinales.

En 1440, uno de sus propios cañones explotó, dando muerte a Jacobo 11, rey de Escocia, y a muchos miembros de su séquito.

Se cree que los sarracenos, en Granada, utilizaron armas de fuego hacia el año 1275. En la primera mitad del siglo XIV, su uso se generalizó en Italia, Francia e Inglaterra. Se trataba de ‘bombardas» o cañones que se cargaban por la boca con una porción de pólvora y hasta una docena de piedras. Luego se encendían por un orificio de la recámara.

dice que por el año 1378, un monje alquimista dio a Venecia la fórmula de una aleación de gran resistencia, para fundir cañones de una sola pieza. Con ellos, los venecianos obtuvieron notables victorias, pero encarcelaron al inventor por considerarlo peligroso, debido a su talento.

En el siglo XV se adoptó la costumbre de grabarles nombres terroríficos a los cañones (la leona, el áspid, el terremoto, etc.), e inscripciones que ponderaban sus estragos; tales como ésta: «Llamada soy la fiera serpentina, que allano fuertes con inmensa ruina».

En el sitio de Constantinopla (1453) Mahomet II mandó instalar un gigantesco cañón que fue arrastrado por sesenta bueyes y 200 hombres hasta su emplazamiento. Es fama que arrojaba proyectiles de 200 libras.Dos horas llevaba cargarlo, y entre una y otra descarga se refrescaba con agua y aceite.

Los dos primeros cañonazos parecieron horrísonos terremotos. Pero en el tercero reventó, mutando a su constructor, el húngaro Orban.

Hasta 1420, aproximadamente, los proyectiles consistían en simples piedras. Después empezaron a utilizarse balas de hierro y plomo, que se generalizaron a fin de siglo, y que podían ser rayadas para que siguieran una trayectoria más recta.

En 1500 el cañón ya había adquirido el aspecto definido que se mantendría invariable durante siglos. El caño fue montado sobre dos ruedas para facilitar el trasporte, y balanceado sobre un perno para regular la puntería. El artillero, con un largo cazo, colocaba en el fondo del caño una porción de pólvora y la comprimía contra la culata; luego introducía un disco de madera para separar la pólvora de la bala y, finalmente, siempre por la boca, introducía el proyectil. En esta operación los artilleros arriesgaban seriamente la vida, por las explosiones accidentales y porque se exponían al fuego enemigo.

CAÑONES DE RETROCARGA
A partir de 1380 se empezaron a construir cañones de retrocarga, con culata desmontable, que el artillero cargaba desde atrás, al reparo de una estacada o almena. Pero hasta el siglo pasado, en que se perfeccionó la técnica de su fundición, de modo que el cierre llegó a ser hermético, los cañones siguieron cargándose por la boca.

La artillería destructiva de las murallas de Constantinopla

En algunos casos un gran cañón era lo que hacía falta. Recordemos que los árabes no pudieron vencer la determinación de Constantinopla. Decidido a enfrentar el desafío con grandes cañones, el sultán turcomano Mohamed II contrató a un fabricante húngaro, quien construyó un cañón capaz de lanzar un proyectil a 1,6 kilómetros de distancia.

Se enciende el fuego del descubrimiento

Si se enciende fuego en un montón de basura que contenga azufre, se disparará una reacción sibilante. Alguien cuyo nombre se ha perdido en la historia observó este fenómeno en China hace siglos, y comenzaron entonces los experimentos con mezclas de azufre concentrado y carbón de leña. Hacia el siglo noveno d.C., otro genio agregó cristales de nitrato de potasio (salitre). Si la mezcla se prendía, se obtenían chispas que servían para decorar las ceremonias formales. Los monjes taoístas jugaron con estos compuestos químicos hasta lograr la pólvora para fuegos artificiales.

Los fabricantes de juegos pirotécnicos aprendieron con el paso del tiempo que su mezcla, la pólvora, podía explotar peligrosamente. Los militares también se percataron de ello. Hacia el siglo doce, los ejércitos de la dinastía Sung introdujeron en su arsenal las granadas metálicas; por otra parte, los chinos fueron los primeros en usar bombas de fragmentación, en las que la envoltura se hacía añicos, y se esparcía cual mortal metralla. En el siglo siguiente, las fábricas chinas de armamento construyeron centenares de cohetes militares y bombas, algunas de las cuales contenían sustancias venenosas, como el arsénico, que se liberaban con el impacto; otras, diseñadas para causar incendios, llevaban alquitrán y aceite. Los chinos construyeron también cañones primitivos, simples barricas llenas de pólvora, que disparaban rocas o bolas metálicas.

Se propagan noticias

Las noticias se propagaron hacia Occidente por la ruta de la seda, el antiguo camino comercial. Los árabes ya tenían armas de fuego primitivas hacia finales del siglo trece, pero la receta para la fabricación de la pólvora llegó a Europa en 1267, en las manos del científico inglés Roger Bacon.

Menos de un siglo después, los ejércitos europeos usaban ya toscos cañones; pero no fueron los innovadores soldados que ensayaban pequeñas, ruidosas y apestosas marmitas de fuego quienes decidieron la batalla de Crécy, ya mencionada, sino sus camaradas arqueros armados con el arco largo. Sin embargo, esta especie de cañón primitivo era un síntoma de desarrollos futuros. Los primeros cañones europeos fueron llamados marmitas de fuego porque tenían la forma de una olla; disparaban flechas (sí, flechas) con una fuerza asombrosa, pero con poca confiabilidad y ninguna precisión. Los artesanos, que hasta entonces

Armas de fuego para los soldados

Al principio los cañones fueron considerados el reemplazo de la catapulta y el ariete, armas destructivas pero imprecisas. Con el desarrollo de la artillería, fueron ganando en utilidad y precisión.

Los fabricantes diseñaron pronto modelos para emplear en el propio campo de batalla, como artillería ligera (comúnmente un cañón sobre ruedas tirado por caballos) y armas para los soldados. El cañón manual, como se llamaban los cañones más pequeños, hería los caballos del enemigo (y también el propio, si a ello vamos) y tal vez intimidaba a un par de caballeros, si mucho. No obstante, durante un buen tiempo el cañón manual no parecía un reemplazo práctico de la espada y los arcos. ¿Cómo podía uno llevar el cañoncito, apuntar, y también prender fuego exitosamente a la carga de pólvora?

A mediados del siglo quince, la solución consistía en usar una mecha , empapada en alcohol y cubierta con salitre, sujeta a un disparador. Empujando el disparador, la mecha lenta se ponía en contacto con el oído del cañón y prendía la carga de pólvora.

Esta arma de mecha lenta, liberaba las manos del tirador, que podía apuntar, por ejemplo, un arcabuz (del alemán Hakenbüchse, que significa cañón de gancho). Algunos arcabuces tenían un gancho que solía asegurarse al borde de un muro para disparar sobre él. El gancho recibía parte del golpe producido por el fuerte retroceso del arma.

La palabra mosquete viene de mosquito. Como su nombre lo indica, se suponía que esta arma irritaba al enemigo. Pero los mosquetes no eran en nada parecidos, por su tamaño, al mosquito. Muchos tenían que reposar sobre una horquilla, como una muleta, para que el tirador apuntara y disparara. Así que, además del pesado cañón, el mosquetero tenía que arrastrar su incómodo soporte.

En 1453, el sultán disparó de seguido su cañón, apodado Mahometa, contra las murallas de la capital. Como muchos de esos gigantes, el cañón se rompió al segundo día, y a la semana era inutilizable. Pero Mohamed tenía más, así que, después de 54 días de asedio, el Imperio Bizantino de mil años de antigüedad cayó finalmente.

Refinamiento de las nuevas armas

Aunque las enormes bombardas funcionaban, los jefes militares sabían que debía haber un medio menos engorroso que ganar batallas a cañonazos. Los fabricantes pusieron manos a la obra y diseñaron cañones más ventajosos y versátiles, que vinieron a cubrir necesidades específicas en el arsenal del Renacimiento.

Cañones más livianos  mas fáciles de maniobrar

Andando el tiempo, los expertos en artillería comprendieron que podían fundir algunos cañones en bronce, metal resistente pero más liviano, en lugar de emplear el hierro, de modo que fueran más manejables y menos propensos a estallar, de suerte que pudieran ser colocados más rápidamente en posición y disparados con mayor frecuencia (algunos de los cañones grandes podían disparar sólo un proyectil cada dos horas). Con tales cañones se haría más daño que con los grandes.

La pólvora se mejora con coñac

Había mejores cañones, pero la pólvora requería perfeccionamiento ya que el azufre, el carbón y el salitre tenían pesos distintos. Los cristales de salitre se iban al fondo en tanto que el carbón se quedaba en la superficie.

Mezclar correctamente los ingredientes antes de cargar el cañón, única manera de asegurar la efectividad de la pólvora, era una labor difícil y demorada. Entonces a alguien se le ocurrió mezclar la pólvora con coñac, para que los ingredientes se integraran mejor y de manera homogénea, y dejar secar la pasta resultante en forma de granos.

¡Pero qué desperdicio de coñac! Los soldados ensayaron sustitutos como vinagre, que funcionaba bien, orina humana, que era todavía mejor, en particular si provenía de un soldado que había dado al coñac un uso más placentero (esto no mejoró el olor de la pólvora, por cierto).

Armas de fuego para los soldados

Al principio los cañones fueron considerados el reemplazo de la catapulta y el ariete, armas destructivas pero Imprecisas. Con el desarrollo de la artillería, fueron ganando en utilidad y precisión.

Los fabricantes diseñaron pronto modelos para emplear en el propio campo de batalla, como artillería litera comúnmente un cañón sobre ruedas tirado por caballos con  los soldados) El cañón manual, como se llamaban los cañones más pequeños, hería los caballos del enemigo (y también el propio, si a ello vamos) y esta  vezintimidaba a un par de caballeros, si mucho. No obstante, durante un buen tiempo el cañón manual no parecía un reemplazo práctico de la espada y los arcos. ¿Cómo podía uno llevar el cañoncito, apuntar, y también prender fuego exitosamente a la carga de pólvora?

A mediados del siglo quince, la solución consistía en usar una mecha empapada en alcohol y cubierta con salitre, sujeta a un disparador. Empujando el disparador, la media lenta se ponía en contacto con el oído del cañón y prendía la  carga de pólvora.

Esta arma de mecha lenta, que aparece en la figura, liberaba las manos del tirador, que podía apuntar, por ejemplo, un arcabuz (del alemán Hakenbflchse; que significa cañón dé gancho). Algunos arcabuces tenían un gancho que solía asegurarse al borde de un muro para disparar sobre él. El gancho recibía parte del golpe producido por el fuerte retroceso del arma.

La palabra mosquete viene de mosquito. Como su nombre lo indica, se suponía que esta arma irritaba al enemigo. Pero los mosquetes no eran en nada parecidos, por su tamaño, al mosquito. Muchos tenían que reposar sobre una horquilla como una muleta, para que el tirador apuntara y disparara. Así que, además del pesado cañón, el mosquetero tenía que arrastrar su incómodo soporte.

Producción de la chispa

Como la mecha lenta producía a veces demasiado pronto la chispa que prendía la carga, el mosquete era peligroso para el mosquetero; en consecuencia los armeros inventaron otra manera de prender la carga de pólvora: un trozo de pedernal en contacto con una rueda de acero provista de un resorte. Si examinamos las partes móviles de un encendedor de cigarrillos, comprenderemos cómo salta la chispa. Con el tiempo, un dispositivo más simple, consistente en un martillo provisto de un resorte que golpeaba un trozo de pedernal, se convirtió en la tecnología dominante, que prevaleció desde cerca de 1650 hasta el siglo diecinueve.

Fortalezas flotantes

Después de que la pólvora revolucionara el armamento, las batallas navales se libraron empleando cada vez más artillería, en lugar de remar hasta la nave enemiga, abordarla y combatir cuerpo a cuerpo en el puente. La galera, que había sido una formidable nave de guerra en el Mediterráneo, se fue volviendo obsoleta porque los barcos tenían ahora que erizarse de bocas de fuego; no necesitaban remos ni remeros. Las naves se convirtieron en fortalezas flotantes.

Fortificaciones en forma de estrella

Desde la época de las primeras ciudades amuralladas , una buena barrera defensiva debía ser tan alta como fuera posible, pero ahora el fuego de los cañones podía derribarla, de suerte que los arquitectos inventaron a mediados del siglo quince un nuevo tipo de fortaleza. En Génova, Italia, Leon Battista Alberti diseñó fuertes en forma de estrella, con muros relativamente bajos pero muy gruesos. En la figura vemos el Castillo de San Marcos, construido por los españoles en San Agustín, Florida, durante el siglo dieciséis.

Las salientes en ángulo permitían a los defensores apuntar sus cañones en diagonal a las líneas enemigas, de suerte que un proyectil podía pasar por encima de la línea, destruyendo más hombres, cañones, caballos y pertrechos en general.

Fuente Consultada: Historia del Mundo – Peter Haugen

ALGO MAS…
EL TÚNEL DEL TIEMPO:

AYER: Cuando Caín mató a su hermano usando una quijada de res, las escrituras relatan el momento que puede considerarse como punto de partida de una historia que tiene la misma antigüedad que el hombre sobre el planeta: la del uso de las armas.
El humano primitivo era esencialmente cazador, y usaba para ese fin utensilios de piedra tallada (hachas, mazas y extremos de lanzas). Y fueron estos mismos elementos los que empleó para el ataque entre poblaciones. Luego de estas primeras armas aparecen las correspondientes al Neolítico (10.000- 3000 a.C).

No eran mucho más sofisticadas, pero la piedra pulimentada y el uso de algunos metales permitieron realizar efectivas puntas de flecha, y hachas de sílex tallado. Las primeras armas eran más contundentes que efectivas, y estaban concebidas para el combate a corta distancia. La Edad de Bronce trajo la novedad de los cuchillos y las espadas metálicas, englobadas bajo el término de «armas blancas», esto es, las de hoja de acero. Hasta la aparición de la pólvora, el principio general del armamento era «cortar, machacar y golpear».

El ingenio en la creación de armas nunca se detuvo, y así aparecieron las catapultas, capaces de lanzar grandes y destructivas piedras hacia las fortificaciones enemigas y se desarrolló la arquería, con los más sofisticados tipos de flechas (las había envenenadas e incendiarias).

En el siglo XIII, un invento marcaría el fin de una época: la pólvora. Poco después de su creación se les ocurrió a los hombres la idea de disparar proyectiles por medio de tubos: aparecieron los primeros cañones, cuya primer referencia indiscutible data del año 1326 en Florencia, Italia. Había comenzado el desarrollo de las armas de fuego, que en cientos de formas cada vez más perfeccionadas y eficaces, llegarían hasta nuestros días.

SIGLO XX: A diferencia de otras invenciones humanas, en las que un elemento sustituyó a otro por completo, el fin de siglo muestra cómo coexisten primitivas (pero insustituibles) armas blancas con sofisticados sistemas de exterminio nuclear. Luego de dos guerras mundiales el perfeccionamiento y puesta a punto de diversas armas alcanzó su punto culminante.

Hoy, la «vedette» del armamento contemporáneo son los misiles. Letales cohetes que pueden ser lanzados desde barcos, bases terrestres o aviones. Capaces de recorrer medio planeta hasta dar precisamente con su objetivo, pueden llevar en su extremo explosivos comunes o el increíble poder destructivo de una bomba nuclear. Además de las armas convencionales existen hoy en el mundo las llamadas «armas químicas»: letales elementos de exterminio capaces de diseminar sobre el enemigo diversas sustancias que van desde gases tóxicos hasta venenosos líquidos capaces de matar toda forma de vida en un radio de 40 kilómetros.

cohete teledirigido arma siglo xx

El armamento contemporáneo encuentra en los misiles la expresión más alta de tecnología militar. Estos artefactos pueden recorrer medio mundo hasta dar precisamente en su blanco.

De hecho, su uso y fabricación está expresamente prohibido por numerosos reglamentos internacionales (al igual que las anuas biológicas, con las que se diseminan mortales microbios y virus entre las tropas enemigas).

Con los recientes acuerdos para reducir drásticamente el número de armas nucleares, la moderna industria armamentista apunta, (y aquí vale a expresión) al desarrollo de sistemas estratégicos basados fundamentalmente en detectar un posible ataque mucho antes de que se produzca. Desde tierra, aire y océano, una compleja red de sensores y radares limita al máximo el riesgo de un ataque internacional.

Sin embargo, hoy, frente a la inestable situación política de numerosas naciones, el interés y los planes de fabricación están centrados nuevamente en las armas de mediano alcance y las sofisticadas armas de fuego manuales (fusiles de asalto, morteros y similares).

EL FUTURO: Hasta hace poco tiempo resultaba difícil prever la dirección futura del desarrollo armamentista. Existían numerosos proyectos en diferentes sentidos. Sin embargo, el gran cambio que experimentó el balance político a nivel global clarificó las cosas. El futuro del armamento en el mundo sólo dependerá dé la investigación desarrollada en el mundo occidental y, en particular, los Estados Unidos.

Y este país mira al espacio. La posibilidad de aprovechar el programa del transbordador para poner en órbita dispositivos militares ultrasensibles no será desaprovechada. Se completará un cordón de satélites estratégicos con un increíble poder de detección: serán capaces de medir el calor producido en una fabrica clandestina de armamentos.

La energía nuclear no será usada para la fabricación de armas. De todas maneras, la capacidad de propulsión de los futuros misiles será potenciada hasta dotar a los cohetes de un alcance ilimitado, y el desarrollo de explosivos sintéticos ultracompactos permitirá emplazar en la cabeza de los «Minuteman» estadounidenses un potencial explosivo 30 veces mayor que el actual.

Siguiendo con las grandes armas, los llamados «misiles inteligentes» pasarán a serlo realmente: podrán desviar su ruta a pocos segundos de llegar al objetivo, siguiendo las precisas instrucciones que recibirá su ordenador de dirección asistido por satélite. Si la colisión es inevitable, la carga explosiva será automáticamente anulada desde el centro de lanzamiento, aunque éste se halle a más de 13.000 kilómetros de distancia.

El futuro de la tecnología armamentista mundial estará claramente gobernado por los avances en el terreno aeroespacial pero, aún más, por los acontecimientos políticos que aguarden al comienzo de un nuevo siglo.

Ordalías o Juicios de Dios Los castigos y torturas en la Edad Media

LA EDAD MEDIA: ORDALIAS O JUICIOS DE DIOS

resumen de la edad media 

Juicios de Dios en la Edad Media Europea:

Se llaman «ordalías» o «juicios de Dios» a aquellas pruebas que, especialmente en la Edad Media occidental, se hacían a los acusados para probar su inocencia. El origen de las ordalías se pierde en la noche de los tiempos, y era corriente en los pueblos primitivos, pero fue en la Edad Media cuando tomó importancia en nuestra civilización.

En el lento camino de la sociedad hacia una justicia ideal la ordalía representa el balbuceo jurídico de hombres que se esfuerzan por regular sus conflictos mediante otro camino que no sea el recurso de la fuerza bruta, y en la historia del derecho es un importante paso hacia adelante.

Hasta entonces lo que imperaba era la ley del más fuerte, y si bien con la ordalía la prueba de la fuerza continúa, se coloca bajo el signo de potencias superiores a los hombres.

Varios eran los sistemas que se usaban en las ordalías. En Occidente se preferían las pruebas a base del combate y del duelo, en los que cada parte elegía un campeón que, con la fuerza, debía hacer triunfar su buen derecho. La ley germánica precisaba que esta forma de combate era consentida si la disputa se refería a campos, viñas o dinero, estaba prohibido insultarse y era necesario nombrar dos personas encargadas de decidir la causa con un duelo.

La ordalía por medio del veneno era poco conocida en Europa, probablemente por la falta de un buen tóxico adecuado a este tipo de justicia, pero se utilizaba a veces la curiosa prueba del pan y el queso, que ya se practicaba en el siglo II en algunos lugares del Imperio romano. El acusado, ante el altar, debía comer cierta cantidad de pan y de queso, y los jueces retenían que, si el acusado era culpable, Dios enviaría a uno de sus ángeles para apretarle el gaznate de modo que no pudiese tragar aquello que comía.

La prueba del hierro candente, en cambio, era muy practicada. El acusado debía coger con las manos un hierro al rojo por cierto tiempo. En algunas ordalías se prescribía que se debía llevar en la mano este hierro el tiempo necesario para cumplir siete pasos y luego se examinaban las manos para descubrir si en ellas había signos de quemaduras que acusaban al culpable.

El hierro candente era muchas veces sustituido por agua o aceite hirviendo, o incluso por plomo fundido. En el primer caso la ordalía consistía en coger con la mano un objeto pesado que se encontraba en el fondo de una olla de agua hirviendo; en el caso de que la mano quedara indemne, el acusado era considerado inocente.

En 1215, en Estrasburgo, numerosas personas sospechosas de herejía fueron condenadas a ser quemadas después de una ordalía con hierro candente de la que habían resultado culpables. Mientras iban siendo conducidas al lugar del suplicio, en compañía de un sacerdote que les exhortaba a convertirse, la mano de un condenado curó de improviso, y como los restos de la quemadura hubiesen desaparecido completamente en el momento en que el cortejo llegaba al lugar del suplicio, el hombre curado fue liberado inmediatamente porque, sin ninguna duda posible, Dios había hablado en su favor.

En algunos sitios se hacía pasar al acusado caminando con los pies descalzos sobre rejas de arado generalmente en número impar. Fue el suplicio impuesto a la madre del rey de Inglaterra Eduardo el Confesor, que superó la prueba.

La ordalia por el agua era muy practicada en Europa para absolver o condenar a los acusados. El procedimiento era muy simple: bastaba con atar al imputado de modo que no pudiese mover ni brazos ni piernas y después se le echaba al agua de un río, un estanque o el mar.

Se consideraba que si flotaba era culpable, y si, por el contrario, se hundía, era inocente, porque se pensaba que el agua siempre estaba dispuesta a acoger en su seno a un inocente mientras rechazaba al culpable.

Claro que existía el peligro de que el inocente se ahogase, pero esto no preocupaba a los jueces. Por ello, en el siglo IX Hincmaro de Reims, arzobispo de la ciudad, recomendó mitigar la prueba atando con una cuerda a cada uno de los que fuesen sometidos a esta ordalía para evitar, si se hundían, que «bebiesen durante demasiado tiempo».

Esta prueba se usó mucho en Europa con las personas acusadas de brujería.

En todas las civilizaciones, las ordalías que tuvieron un origen mágico estaban encargadas a los sacerdotes, como comunicadores escogidos entre el hombre y la divinidad, y cuando la Iglesia asumió junto a su poder espiritual parcelas del poder temporal, tuvo que pechar con la responsabilidad de una costumbre que era difícil de hacer desaparecer rápidamente, y no pudiendo prohibiría bruscamente se esforzó en modificar progresivamente su uso para hacerle perder el aspecto mágico que la Iglesia consideraba demasiado vecino a la brujería.

La ordalía fue, pues, practicada como una apelación a la divina providencia para que ésta pesase sobre los combates o las pruebas en general, y los obispos se esforzaron en humanizar todo lo que en ella había de cruel y arbitrario.

Durante la segunda mitad del siglo XII el papa Alejandro III prohibió los juicios del agua hirviendo, del hierro candente e incluso los «duelos de Dios», y el cuarto concilio Luterano, bajo el pontificado de Inocencio III, prohibió toda forma de ordalía a excepción de los combates: «Nadie puede bendecir, consagrar una prueba con agua hirviente o fría o con el hierro candente.» Pero, no obstante estas prohibiciones, la ordalía continuó practicándose durante la Edad Media, por lo que doce años después, durante un concilio en Tréveris, tuvo que renovarse la prohibición.

Los defensores de la ordalía basaban su actividad en ciertos versículos del Ahtiguo Testamento, en los que algunos sospechosos de culpabilidad eran sometidos a una prueba consistente en beber una pócima preparada por los sacerdotes y de cuyo resultado se dictaminaba si el acusado era culpable o no.

Las ordalías a base de ingerir sustancias venenosas eran poco usadas en Europa debido a la dificultad de encontrar pócimas adecuadas debido a la escasez de sustancias venenosas, pero en pueblos de Asia o Africa, especialmente en este último continente, se usaron con profusión hasta nuestros días. Muchas veces las autoridades coloniales tuvieron que intervenir prohibiendo este tipo de actuaciones, pero sin gran resultado. Ignoro si hoy, con la independencia de las antiguas colonias y la subsiguiente de los tribunales coloniales, continúan practicándose ordalías con el veneno, tan frecuentes en otro tiempo.

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El Fuego Griego Historia de las Armas

 El Fuego Griego Historia de las Armas

Los árabes emergieron de su península en 632 y empezaron una sorprendente serie de conquistas que, en el lapso de cincuenta años, parecieron infundir nueva vida al viejo Imperio persa, con la adición de Arabia y el norte de África.

Todo parecía indicar la próxima caída de la ciudad de Constantinopla, a la que seguirían los antiguos dominios europeos del extinto Imperio romano. En 673, al ejército árabe no le separaba de Constantinopla más que el Helesponto, y su flota se concentraba frente a la costa. Parecía que nada iba a poder salvar la ciudad.

El Fuego Griego Historia de las Armas

Pero en la capital vivía un alquimista llamado Calínico (siglo VII), nacido en Egipto o Siria, que había llegado a Constantinopla como refugiado.

Inventó una mezcla que contenía nafta, nitrato potásico y óxido de calcio, que tal vez (pues no se conoce la fórmula exacta) no sólo ardía, sino que continuaba ardiendo en el agua incluso con mayor fuerza. Este fuego griego era expelido mediante tubos contra los barcos de madera de los árabes.  El temor a ser víctimas del fuego y la visión horrible del agua ardiendo forzó a la flota árabe a retirarse, y Constantinopla se salvó.

Fuente Consultada: Lo Se Todo Tomo III

El Caballero Medieval Historia Origen Caracteristicas y Vida

Características del Caballero Medieval
Historia y Origen de los Caballeros en la Edad Media

La época medieval fue dominada por el sistema feudal y el papel de los caballeros medievales fue muy destacado, tanto que cuando pensamos en la época medieval el primer pensamiento a menudo que nos llega es el de los caballeros medievales y sus damas.

El deber de un caballero medieval era aprender a luchar , a manejar las armas, para poder así servir a su señor feudal de acuerdo con el Código de la Caballería. La edad media fue una época muy violenta en la historia europea, donde eL caballero medieval era un «animal de combate».

Toda la educación recibida tendía a hacerlo un guerrero. Ninguna propiedad estaba segura si no se defendía con la fuerza. Cada uno debía tener su propia policía para proteger sus derechos.

La manera clásica de conquistar honores y fortuna era combatir contra otros señores feudales, y apoderarse de sus tierras, castillos y siervos.

El caballero medieval, por lo general, encajaba bien en este sistema de obligaciones feudales. Su figura procedía de la caballería pesada que antiguamente acompañaba a soberanos como Carlomagno. En el s. XI, los caballeros representaban una distinguida casta de guerreros profesionales. Su estatus se consolidó gracias al uso de símbolos y ceremonias públicas en las que el señor les daba su ayuda y aprobación, que consistía en posar la espada o la mano en el hombro del caballero.

ceremonia caballero -rey edad media

Desde el siglo IX todos los guerreros combatieron a caballo, y así fueron llamados caballeros. En el momento de ir a batirse, el caballero se ponía una pesada túnica (la cota de malla de hierro, y un casco de acero, y al brazo un largo escudo. Llevaba espada y lanza. Todo este equipo era pesado de llevar. Necesitaba dos caballos. Montaba uno de ellos (el palafrén) para ir de camino, y en el otro (el corcel de batalla), que de la brida llevaba un lacayo, no montaba más que para batirse. Necesitaba un criado que le llevase el escudo y condujera su corcel de batalla, le pusiera la armadura en el momento de combatir y le ayudase a subir a la silla. Se le llamó lacayo o escudero (porta-escudo).

Con el reconocimiento de este estatus especial, del caballero se esperaba que luchara por su señor y defendiera a aquellos grupos, como el clero y los pobres, que le habían confiado su protección.

El escritor del s. XII Juan de Salisbury consignaba del siguiente modo los deberes del caballero: «Proteger a la Iglesia, combatir a los infieles, venerar al clero, defender a los pobres y derramar su sangre por sus hermanos».

Inevitablemente, la conducta de los caballeros no siempre se adecuaba al código caballeresco. Hacia el final del período medieval, sobre todo, las obligaciones feudales se mezclaron con los acuerdos monetarios. En el s. XIV, cobraban por sus servicios, e incluso ellos mismos podían pagar un impuesto en lugar de prestar su ayuda. Con todo, los caballeros siguieron siendo una élite social y militar.

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ORIGEN DE LOS CABALLEROS: Cuando los normandos (vikingos), dirigido por Guillermo el Conquistador invaden Inglaterra (900) , se necesitaban muchos y preparados hombres para proteger las tierras. Inicialmente, los hombres jóvenes hacían juramentos de fidelidad para proporcionar su servicio militar para proteger a un señor o noble.

Con el tiempo estos hombres de servicio guerrero comenzaron a acumular riquezas y adquirieron su propia tierra lo que les permitió pagar los suministros necesarios para llevar a cabo campañas militares y mantener sus propios hombres ejércitos. En poco tiempo, los caballeros eran una clase de nobleza a todos a sí mismos.

En la práctica de armas se incluyen las habilidades en el manejo de las espada con ambas manos, del hacha, la maza, daga ylanza. De un caballero se esperaba que sea un guardia del castillo y en apoyo de su señor feudal en las guerras.

El caballero medieval fue uno de los tres tipos de hombres de guerra durante la Edad Media: caballeros, soldados de infantería, y arqueros. El caballero medieval era el equivalente del tanque moderno. Estaba cubierto de varias capas de blindaje, y era muy difícil enfrentarlo, y menos aun de a pie o de parado. Generalmente eran de una familia de buena posición económica, pues era sumamente caro conseguir las armaduras y el caballo ideal para la batalla. El caballo de batalla podría costar el equivalente hoy de un automóvil.

El Caballero Medieval

El caballero era un guerrero a caballo de la Europa medieval que servía al rey o a otro señor feudal como contrapartida habitual por la tenencia de una parcela de tierra, aunque también por dinero o como tropa mercenaria. El caballero era por lo general un hombre de noble cuna que, habiendo servido como paje y escudero, era luego ceremonialmente ascendido por sus superiores al rango de caballero. Durante la ceremonia el aspirante solía prestar juramento de ser valiente, leal y cortés, así como proteger a los indefensos.

Convertirse en un caballero era parte del acuerdo feudal. A cambio de su servicio militar, el caballero recibía un feudo. En la Baja Edad Media, muchos caballeros prospectivo comenzó a pagar «dinero de protección» a su señor para que no tendría que servir en el ejército del rey.

El dinero se utilizó para crear un ejército profesional que fue pagado y apoyado por el rey. Estos caballeros solían pelear más por el saqueo de los salarios del ejército. Cuando capturaron a una ciudad, se les permitió a saquear, robar los bienes y objetos de valor.

Convertirse en un Caballero: No había muchas formas en que una persona podía convertirse en un caballero, o era hijo de otro caballero, hijo de una familia aristocrática o bien había tenido una acto de valentía y honor en el campo de batalla, pero normalmente eran hijo de un un caballero o de noble que desde niño, de unos ocho años de edad, era enviado para que sea preparado en arte de guerrear.

Pasaba mucho tiempo fortalecimiento su cuerpo, practicando lucha libre y montando a caballo. Aprendía a luchar con una lanza y una espada. Practicaba golpeando sobre una bolsa pesada con forma humana colgada de una cuerda.

Por otro lado también recibía instrucción intelectual, a leer , escribir, lenguas como latín y francés, a bailar, cantar y a comportarse en la corte frente a un rey.

A los 15 años podría convertirse en escudero al servicio de un caballero. Sus deberes incluían vestir al caballero en la mañana, servir las comidas al caballero, cuidar el caballo, y también la limpieza de la armadura y sus armas. Acompañaba al caballero a todos los torneos y ayudaba a su señor en el campo de batalla.

Un escudero también se preparaba para aprender a manejar la espada y la lanza mientras transportaba veinte kilos de armadura y montado en un caballo. A los veinte años, si se lo consideraba digno, el escudero podía convertirse en un caballero, mediante una ceremonia. La noche antes de la ceremonia, el escudero vestía una túnica blanca y roja. Debía ayunar y orar toda la noche para la purificación de su alma. El capellán le daba la bendición a su la espada que se la colocaba en el altar de la iglesia.

Antes del amanecer, tomaba un baño para mostrar que él era puro, y se vestía con sus mejores ropas. Cuando amanecía, el sacerdote escuchaba la confesión de la joven, un rito contrición católica. Luego el escudero podía desayunar. La ceremonia se hacia al aire libre en frente de la familia, amigos, y la nobleza. El escudero se arrodillaba delante del Señor, y era ligeramente golpeado en cada hombro con su espada y se proclamaba un caballero, seguía luego una gran fiesta siguió con música y baile.

El Caballero Medieval

Una de las habilidades más importantes de un caballero era su capacidad de combate montado en un caballo. Esta habilidad sobre un caballo le tomó muchos años de educación y además lograr los recursos necesarios como caballos, armas y armaduras. La carga en conjunto de estos caballeros montados con armas y armaduras metálicas eran muy efectivas para romper en los combates las líneas defensivas de soldados a parados.


El código de la caballería: Se comprometían a defender a los mas débiles, ser cortés con todas las mujeres, ser leal a su rey, y servir a Dios en todo momento. De los caballeros se esperaba humildad ante los demás, especialmente frente a sus superiores. Se esperaba también que no «hablara demasiado».

En otras palabras, no se gloríe o tenga actitudes soberbias. El código de la caballería exigía que un caballero tenga misericordia de un enemigo vencido. Sin embargo, el hecho mismo de que los caballeros se formaron como hombres de guerra, muchas veces no se cumplía este código.

Este código de caballería no se extendía a los campesinos. Por «débil» se interpreta generalmente como «las mujeres nobles y los niños«. Eran a menudo brutal con la gente común. A veces puede incluso violaban a mujeres jóvenes, campesinas sin temor a represalias, porque todos ellos formaban parte de la clase alta. 

El ideal caballeresco se atenía a normas y estas llevaron a que se formularan distintos decálogos que las resumían. El famoso historiador francés Leén Gautier, sobre la base de fuentes medievales, reprodujo uno en su libro La caballería, publicado en 1895, que podría considerarse una síntesis de los conocidos.

Los caballeros también poseían mandamientos inquebrantables:

Creer en todo lo que la iglesia enseñe y observar todos sus mandamientos.
Proteger a la iglesia.
Tendrás respeto por sus debilidades, las defenderás.
Amaras el país en que naciste
No retrocederás ante el enemigo
Harás a los infieles una guerra sin cuarteles.
Cumplirás tus deberes feudales si no contradice la ley de Dios.
No mentiras y serás fiel a tu palabra.
Serás generoso.
Mantendrás el bien frente a la injusticia y el mal.

A pesar de que procedían de familias ricas, muchos caballeros no eran primogénitos de sus familias y por lo tanto ellos no reciben una herencia. Así que se olvidaban de su formación y se transformaban en sanguinarios mercenarios. Saqueaban pueblos o ciudades que capturaban, y a menudo profanaban y destruían iglesias y otros bienes.

Armaduras y armas: Un caballero estaba armado y,…. hasta los dientes. Tenían tanta armaduras y armas que dependía de la ayuda de su escudero para mantener su armadura y armas limpias y en buenas condiciones de trabajo. Al principio, la armadura estaba hecha de anillos de metal pequeño llamado cota de malla.

Un caballero llevaba una camisa de lino y un par de pantalones, así como los cojines de lana gruesa de metal debajo de la túnica de anillos. Un traje de cota de malla podía tener más de 200.000 anillos. Sin embargo, la cota de malla era pesada, incómoda, y difícil para mantener con el paso del tiempo.

Los caballeros estaban cubiertos con placas de metal, mediante armaduras muy costosas. Las placas le cubrían el pecho, espalda, brazos y piernas. Un cubo como el casco protegia la cabeza y tenía una visera de metal con bisagras para cubrir su rostro. La armaduras eran calientes, incómodas y pesada de llevar. Una armadura pesaba entre veinte y veinticinco kilogramos.

Algunos caballeros itambien protegían a sus caballos con una armadura. Usaban un escudo al frente para mantenerse mas la batalla. Los escudos eran de madera o de metal o de ambos, y adornaban sus escudos con el emblema o escudo de la familia y el lema de la familia.

Su principal arma fue la espada, que llegaba a pesar unos quince kilogramo. Se usaba en su lado izquierdo, sujeta a la cintura. A veces un cuchillo se usaba en el lado derecho del caballero. Una larga lanza se utilizaba en las justas, también hachas de metal, martillos de guerra, pesadas mazas de hierro, para derrotar al enemigo.

Cuando el caballero no estaba peleando o guerreaba, mantenían y practicaban sus habilidades compitiendo en torneos y otras competiciones.

Esta cultura caballeresca medieval prevaleció durante centenares de años en Europa, y es la cultura de la armadura blindada asociada en las películas que solemos ver seguido. Con el tiempo se inventa el arco largo, consiguiendo una excelente combinación de precisión y potencia.

El arco largo inglés, es el refinamiento de una antigua tecnología galesa, y se convirtió en el último grito de la moda en armamentos durante el siglo catorce. Preciso y potente en manos de un arquero experimentado, el arco largo fue una razón adicional para que los caballeros usaran sólidas armaduras metálicas.

El arco largo era poderoso, pero tanto su precisión como su alcance eran limitados. El modelo inglés podía causar daño a una distancia de 225 metros y se recargaba rápidamente. No obstante, sólo un arquero experimentado podía manejarlo a cabalidad, de modo que Inglaterra exigía a los pequeños propietarios de tierras que se enrolaban como soldados, de ser necesario, como en la antigua Grecia y en Roma, un entrenamiento para adquirir buena puntería.

En la batalla de Crécy, librada en 1346 durante la guerra de los cien años entre Inglaterra y Francia, los arqueros ingleses provistos de arcos largos derribaron las filas francesas una tras otra. Francia perdió ese día más de 1.500 caballeros y 10.000 soldados de infantería. Inglaterra perdió menos de 200 hombres en total, entre ellos solamente dos caballeros.

De esta manera, la realidad y el futuro de los caballeros medievales tenía sus días contados…

LA LUCHAS ENTRE LOS SEÑORES: Las «faidas» o guerras entre señores eran muy frecuentes. Los señores feudales peleaban con sus vecinos, los nobles contra otros nobles, los reyes contra otros reyes o contra sus propios señores insubordinados. Esto era tan frecuente, que muchos caballeros sin fortuna recorrían toda Europa para luchar en uno u otro lado.

El «entrenamiento» comenzaba desde temprano. La educación del niño estaba orientada a la guerra. Los jóvenes de buena familia seguían un largo y duro adiestramiento, desde los siete años, cuando empezaba por ser paje de un señor. Recibía armas, jugaba a la guerra con otros pajes, aprendía la esgrima y a cabalgar.

A los 14 años de edad podía convertirse en escudero y desde ese instante podía usar armadura y espada. Pero el gran día de su vida era cuando era armado caballero. Pasaba una noche entera en vela, orando en la capilla, del castillo, antes de la ceremonia en la cual el señor le entregaba una espada, un escudo, espuelas y un caballo.

Los deportes de la época eran extremadamente duros, destinados a reforzar la resistencia y habilidad de los caballeros en las justas y torneos. Era frecuente que el vencido muriera o saliera malherido.

PERO ¿por qué peleaban los siervos? Muchedumbres de pobres se dirigían al oriente. No eran señores de la guerra. La mayoría de ellos estaban imbuidos de exaltación religiosa y el espíritu ardiente que animaban a estos hombres de la Edad Media.

Sin embargo, había algunos motivos materiales para enrolarse.

La vida de los siervos era prácticamente insoportable. Estaban adheridos a la tierra y cambiaban de señor según fueran las vicisitudes de las guerras locales.
Trabajaban duramente, pero tenían que repartir gran parte del fruto ganado con el .señor feudal. Pagaban por el derecho a pescar o a cazar, por usar el molino, el lagar, el horno, todos del dueño del castillo.

Pagaban también una indemnización si enviaban al hijo a aprender un oficio, para compensar la pérdida de un trabajador. Cuando el señor caía prisionero, los siervos ayudaban a la cancelación del rescate. La vida era atada y miserable, con muchos impuestos y gabelas.

En cierto modo, la participación en las cruzadas, que los liberaba de la virtual esclavitud por lo menos por un tiempo y les prometía algunas recompensas, espirituales y materiales, era una puerta de escape para ellos.

ALGUNOS historiadores modernos creen igualmente que influyeron en las campañas contra los infieles, después de las primeras cruzadas, algunos poderosos intereses comerciales, en particular de las ricas ciudades marítimas italianas. La ciudad de Bari, por ejemplo, realizaba un comercio sistemático con el Oriente.

os comerciantes de Amalfi iban frecuentemente a Egipto. Incluso el sultán les concedió un barrio especial en Jerusalén para que instalaran sus negocios. Había un intercambio activo entre Venecia y el Levante o Oriente.

Las embajadas comerciales venecianas visitaban las .principales ciudades árabes. Para los activos comerciantes del norte de Italia, las cruzadas fueron un medio para fortalecer su posición comercial, conquistar otros mercados y eliminar a Bizancio de la competencia.

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PARA SABER MAS…

El ocio del caballero está ocupados por la guerra. Todos tienen el mismo armamento: un caballo de combate, una larga lanza, una daga corta. Para protegerse, un yelmo de metal y una cota de malla, de la nuca a las rodillas, la loriga.

La batalla no es más que una serie de furiosas cargas de caballería, sin estrategia, en las que los caballeros se enfrentan en duelo. Un caballero derribado de la silla por la lanza de su adversario, embutido en su armadura, se encuentra a merced de éste, el cual lo remata de un golpe de «gracia», a menos que prefiera hacerlo prisionero, exigiendo de él un fuerte rescate.

Para muchos, la guerra viene a ser, de esta forma, un medio de aumentar su fortuna. Las ocasiones de guerrear son múltiples: ultrajes, rivalidades de los señores, pero, sobre todo, puesto que los caballeros se libran de toda justicia coercitiva, la interminable guerra privada en que la víctima (con su linaje, es decir, toda su familia, solidaria de cada uno de sus actos, y sus vasallos) trata de hacer justicia por sí misma.

La palabra «guerra», designa primeramente ese género de conflictos armados, porque la vindicación es el más corriente de tales conflictos. A pesar de la paz de Dios que trata de imponer la Iglesia, a pesar de la multiplicación de los juramentos mutuos, el estado de guerra es permanente.

Los caballeros tiene en común la afición por los ejercicios violentos, por la hazaña individual, y el desprecio hacia el estudio y el trabajo. Por eso, en tiempos de paz se dedican a la caza mayor, muy peligrosa, o a los torneos, enfrentamiento en un terreno libre de dos tropas de jinetes, con cargas alternas, persecuciones, rescates y muerte; réplicas demasiado fieles de la guerra, por lo cual la Iglesia los prohibe a finales del siglo XII.

Partiendo de estas actividades, los caballeros elaboran una moral de disciplina libremente consentida, de lealtad, de honor y de generosidad, que es un potente factor de unidad para su clase, y les separa completamente de los campesinos. El amor y la mujer no entran para nada en esta moral ideal. La esposa del caballero comparte sus costumbres; apasionada de la caza, violenta, pega a sus sirvientes por la menor falta.

Su esposo la aprecia por su capacidad física y su vigor. Pero ella no puede llevar armas, por eso está excluida del orden feudal. Eterna menor, primero bajo la completa dependencia del padre, después de la de su esposo, la mujer es una especie de criatura inferior, y la Iglesia discute si tiene alma o no.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Asedio y Medios de Asaltos Para La Conquista de Pueblos

Asedio y Medios de Asaltos Para La Conquísta de Pueblos

ASEDIO: conjunto de operaciones realizadas en torno a una fortaleza, ciudad o plaza fuerte para apoderarse de ella directamente o para conseguir que se rinda. Un asedio requiere el empleo de armas y máquinas bélicas especiales, además de la adopción de todas las medidas necesarias para aislar completamente a la plaza asediada e impedir que su guarnición reciba ayuda del exterior o que pueda escaparse.

El arte de asediar y defender una plaza se llama arte obsidional se remonta a los tiempos más antiguos. Se hallaba ya muy difundido entre los asirios y conoció un notable desarrollo entre los cartagineses y los griegos, siendo muchas las máquinas inventadas en aquellos tiempos para superar los elementos defensivos de los asediados. En la antigüedad clásica fue famoso por su pericia para realizar un asedio Demetrio I de Macedonia, llamado, precisamente por dicha cualidad, Poliorceta.

Esta forma de combatir alcanzó su perfección con los romanos, particularmente con Julio César, cuyo asedio de Alesia, en la Galia (52 a. de J.C.), se ha hecho célebre.

ballestasPara asediar una ciudad, los romanos solían rodearla con un foso, llamado vallum, construyendo, en los puntos más estratégicos, unos reductos donde reunían los mejores medios de ataque y defensa; levantaban también terraplenes en los que colocaban las catapultas y ballestas, y excavaban por último otro vallum exterior para defenderse de eventuales ataques de los que llegaran en socorro de la ciudad asediada. Asimismo, en las terrazas o terraplenes se construían torres, en cuya cima se situaban los arqueros, en tanto que en tierra firme se disponían los arietes.

Las diversas máquinas utilizadas por los romanos, si bien con diferentes nombres, permanecieron casi invariables en el transcurso de la Edad Media, hasta la invención de la pólvora, que permitió volar las murallas mediante las minas o abrir brechas en ellas con el fuego de la artillería.

La táctica del asedio cambió entonces radicalmente, pues, al aumentar los cañones su eficacia, las defensas perdieron la ventaja que antes tuvieran ; eso dio lugar a una completa transformación de las fortalezas. El uso de la artillería redujo muchísimo las posibilidades de una larga resistencia por parte de los asediados, facilitando en cambio la acción de los asaltantes, puesto que los cañones podían atacar desde lejos las murallas, y, recurriendo a los ataques masivos, se evitaba la escalada de los muros y los difíciles y costosos asaltos.

Sebastian Le Preste, marqués de Vauban (1633-1707), ingeniero militar de Luis XIV, dio un impulso decisivo a los nuevos métodos del ataque y defensa de las plazas. Un memorable asedio de aquella época fue el de Turín, en el año 1706, llevado a cabo por el ejército de Luis XIV durante la guerra de Sucesión de España. La ciudad opuso una denodada resistencia y fue al fin libertada por los ejércitos austríaco y piamontés.

Napoleón Bonaparte, si bien reveló su talento militar en el asedio de Tolón, después, en sus numerosas campañas, prefirió siempre eludir las fortalezas y salir al encuentro del ejército enemigo para batirlo en campo abierto. Pero al invadir España, algunos de sus generales se vieron obligados a mantener largos asedio ante la tenaz resistencia que en ella hallaron. Zaragoza y Gerona se inmortalizaron en este aspecto durante la guerra de la Independencia.

Con el tiempo, el incesante aumento de la potencia de los medios ofensivos redujo la eficacia de las fortalezas y, en consecuencia, la necesidad de asediarlas. Los últimos asedio dignos de mención fueron el de Sebastopol (en 1855, durante la guerra de Crimea), el de París (en la guerra franco-prusiana de 1870) y el de Port Arthur (en la guerra ruso-japonesa de 1904); en este último caso, el asedio fue completado por el bloqueo naval, operación a la que debe recurrirse siempre para dar mayor eficacia y efectividad al asedio de una plaza marítima.

Pero la potencia de los cañones seguía aumentando, y por tanto continuaba disminuyendo la eficacia de las fortalezas. Ya en la primera Guerra Mundial, los famosos fuertes de Lieja y Namur fueron batidos rápidamente por la artillería alemana, no produciéndose ni siquiera un verdadero asedio Hoy la guerra moderna ha dejado ya muy atrás esta táctica guerrera. Las potentísimas armas hoy en uso rebasan ampliamente los estrechos límites de un asedio, forma de combatir que pasó a la historia como ya pasaron los asaltos a las murallas, los abordajes en el mar o las cargas de caballería.

MEDIOS DE ASALTO, son todos aquellos medios que, desde la más remota antigüedad, se han utilizado en la guerra para acometer impetuosamente una fortaleza, plaza o fortificación y penetrar en ella escalando o destruyendo sus defensas. Entre los primeros medios de asalto dignos de consideración, y prescindiendo de las simples escalas adosadas a los muros por las que ascendían temerariamente los guerreros para alcanzar las murallas, figuran las torres de asalto, como la sambuca, la bastida, etc.

Éstas eran unas altas torres de madera, con diversas plataformas en las que se colocaban los guerreros y provistas de una especie de puente levadizo que se dejaba caer sobre las murallas y por el que pasaban los asaltantes. Estos medios de asalto se usaron durante largo tiempo, pero desaparecieron, naturalmente, cuando el progreso de la artillería* permitió abatir las murallas y realizar el asalto sobre los derruidos muros.

En la guerra moderna, si bien ya no se asaltan ciudades y fortalezas, han seguido utilizándose los medios de asalto contra otros diversos objetivos, especialmente contra bases navales. Los italianos, en la guerra de 1914-18, fueron los primeros que pusieron en práctica unos pequeños flotadores, cargados de explosivos, dirigidos contra los buques enemigos anclados en los puertos.

Este procedimiento se utilizó mucho más, y con medios más modernos y perfeccionados, en la segunda Guerra Mundial. Se emplearon entonces rapidísimas lanchas, con carga explosiva, conducidas por un hombre que, al llegar cerca del blanco, se arrojaba al mar; también se puso en práctica el torpedo automóvil, conducido por dos hombres que montaban a horcajadas sobre él y que colocaban una carga retardada en la quilla de los buques, alejándose después con el mismo torpedo.

En tierra se han utilizado medios parecidos, pues también se lanzaron cargas explosivas contra los reductos enemigos por medio de pequeños vehículos teledirigidos, provistos de orugas y que avanzaban como si fueran minúsculos tanques, casi invisibles sobre el terreno. Los tanques o carros armados* son indiscutibles medios de asalto, y de ahí que también se les denomine carros de asalto. Asimismo lo son los lanzallamas.

Algunos cuerpos de tropa reciben el nombre de tropas de asalto por la específica misión que desempeñan. Quizá las más representativas sean los paracaidistas que, dejándose caer desde aviones, ocupan lugares estratégicos o aparecen de pronto en la retaguardia cogiendo al enemigo entre dos fuegos.

 Fuente Consultada: Revista TECNIRAMA-HISTORIA DE LA CIENCIA TOMO II