La Crisis del Petróleo

Teoria Economica de John Keynes El Estado de Bienestar New Deal

Teoría Económica de John Keynes

(Cambridge, 5 de junio de 1883 – Firle, 21 de abril de 1946)

Economista inglés. Después de realizar los estudios primarios cursa enseñanza en la escuela de Eton, ingresando al finalizar esta en la Universidad de Cambridge. En 1921 publica su obra titulada «Tratado de la probabilidad», fruto de sus estudios anteriores a la Primera Guerra Mundial sobre la teoría de las probabilidades. En este trabajo se configura ya como uno de los mejores lógicos de su generación.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Keynes busca en la cooperación internacional el remedio de los males que perfilaban la futura postguerra y que constituyen el tema principal de su última obra: «Cómo pagar la guerra».

Preside la Conferencia de Bretton Woods en 1944, destinada a establecer las bases económicas del mundo que había de surgir después de la victoria en 1945.

A mediados de los años treinta ya era importante la intervención gubernamental en las economías capitalistas, en sociedades tan distintas como la Alemania nazi y Estados Unidos.

Las bases teóricas de esta tendencia, que se generalizó en casi todo el mundo después de la guerra, las proporcionó el economista británico John Maynard Keynes. Estados Unidos fue el país que recibió de forma más entusiasta a la «revolución keynesiana». En 1946 (el año de la muerte de Keynes) se ratificó la ley de pleno empleo, por la que el gobierno federal prometía ajustar su presupuesto a la mejora del empleo y la producción.

La ley reflejaba las ideas fundamentales de Keynes, que el economista había presentado durante la década anterior en su ataque frontal a la política económica del laissez-faire en el libro Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero.

Keynes empezó a tener influencia porque combinó la práctica de la política económica con las consideraciones teóricas. Su principal obra, The general theory of Employment, Interest and Money (Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero) apareció en 1936. Con ella causó una revolución en la economía liberal. Las experiencias de la gran depresión le indujeron a pensar que el sistema capitalista no era estable, como había afirmado la economía clásica, ni tendía hacia el equilibrio, sino que, por el contrario, era inestable. El Estado debía por tanto ser activo para suavizar los ciclos comerciales.

Frente a la economía clásica que enseña que los niveles de fluctuación del empleo y las tasas de interés se corrigen solas con el tiempo, Keynes, que escribía durante la Gran Depresión, dijo que el ahorro individual y la reducción del consumo resultaban insuficientes para corregir recesiones importantes. Desde su revolucionario punto de vista, la clave para incrementar el capital era el crecimiento de la demanda, que dependía del índice del empleo permanente y alto, y para ello las inversiones privadas no eran suficientes.

De este modo, el gobierno debía intervenir para asegurar el equilibrio económico. Keynes, antisocialista declarado que creía firmemente en la economía de mercado, quería sin embargo «una socialización extensa de la inversión» a través de inversiones gubernamentales directas. Nada reivindicó tanto la heterodoxia de Keynes como la Segunda Guerra Mundial, cuando el gasto gubernamental llevó al pleno empleo y finalizó la Gran Depresión.

Las teorías de Keynes y la macroeconomía que nació de ellas resultaron sorprendentemente eficaces en los años cincuenta y sesenta, de alto crecimiento y bajo desempleo. Después, la vuelta de la inflación y el déficit público las pusieron en duda. (Ver: Ideas de Keynes)

El Estado empresario: Durante la Gran Depresión de 1929, el economista británico John Maynard Keynes sostuvo una teoría que se generalizó después de la Segunda Guerra Mundial. Keynes postuló que el crecimiento de la economía depende del consumo y este de un nivel de empleo alto y permanente que no puede ser garantizado solo mediante inversiones privadas. Propuso, entonces, que el Estado invirtiera y participara directamente en la economía.

La instrumentación de esta teoría dio lugar al nacimiento del Estado empresario y a la macroeconomía, es decir, el estudio de los sistemas económicos de una nación o región, tomados en conjunto.

Tanto en los países que sufrieron las secuelas de la Guerra como en los que no, la realización de obras públicas (viviendas, rutas, puentes, saneamiento, agua potable, etcétera) asumió significativa importancia. Las empresas estatales también tenía un papel predominante en la fabricación de armamentos, la exploración y extracción de petróleo, en petroquímica y siderurgia. Gran parte de los servicios públicos (telefonía, luz, gas, agua potable, transporte público), comenzaron a ser provistos por empresas públicas.

NEW DEAL: Durante los «Cien Días» de la primera administración Roosevelt, se iniciaron programas para hacer frente a una serie de problemas nacionales. La National Recovery Act de junio de 1933 introdujo códigos industriales sobre la producción y los precios, así como nuevas regulaciones para proteger la mano de obra.

En mayo de 1933 se creó la Tennessee Valley Authority, que proporcionaba al gobierne el control sobre la presa hidroeléctrica y las fábricas de nitrato en Muscle Shoals en el río Tennessee, así como sobre la producción de energía, el control de las inundaciones y el transporte fluvial. Se fundaron nuevas agencias para llevar a cabo las medidas de ayuda. Se ofrecieron puestos de trabajo en las obras públicas y, en la agricultura, se efectuaron pagos directos a los granjeros para reducir la producción y aumentar los precios. La posición legal de los sindicatos mejoró, ayudándoles a aumentar los salarios y el poder adquisitivo de los trabajadores. La crisis bancaria fue suscitada por la introducción del seguro de depósitos bancarios. Roosevelt esperaba que estas medidas pusieran fin a la crisis.

El repentino descenso económico en Estados Unidos en 1937 hizo que los consejeros liberales de Roosevelt le aconsejaran reasumir el gasto deficitario. J. M. Keynes se unió al esfuerzo por persuadir a Roosevelt de que cambiase de opinión; según él era necesario realizar un mayor gasto en las obras públicas y en particular en la construcción de viviendas. Pero Roosevelt siguió aferrándose a su criterio.

keynes new deal

El New Deal de Roosevelt en acción en su programa de trabajo en Nueva York. La crisis cambió de modo fundamental la relación entre la sociedad, el Estado y la economía en Estados Unidos. El New Deal se convirtió en un símbolo de un capitalismo con un rostro más humano, de preocupación por los socialmente desaventajados. Puso en movimiento una actividad estatal sin precedentes a fin de superar los problemas económicos.

 

         EXPLICACIÓN Y JUSTIFICACIÓN DEL ESTADO DE BIENESTAR          

EL ESTADO DE BIENESTAR: Analizaremos primero, en este punto, cómo se constituye el llamado “estado de bienestar” desde lo global. El mismo, surge como respuesta del propio sistema capitalista mundial a la crisis del ´29 cuyo máximo teórico es John M. Keynes .

 “El ´29 barre también con la nostalgia residual de aquellos valores que el ´17 había destruido. En el jueves negro de Wall Street, con la catastrófica caída del índice de la Bolsa, son arrasadas las mitologías estatales y políticas de un siglo de renovado dominio burgués sobre la clase obrera…(…) es el entierro final del mito liberal clásico de la separación del Estado y el mercado. Es el fin del “laissez faire”.

Pero aquí no se trata simplemente de la modificación de la relación clásica entre el estado y la sociedad civil y del arribo de un Estado “intervencionista” (…) eso ya había sido presenciado en los años posteriores a 1870. Aquí el inicio de una nueva época en la historia del Estado contemporáneo es señalado por el hecho de que en ese mundo debe reconocerse la emergencia de la clase obrera y la imposibilidad de eliminar el antagonismo que ella representa como un elemento necesario del sistema…(…) la característica central que distingue a la nueva forma histórica del Estado capitalista es: la reconstrucción capitalista del Estado sobre la base del descubrimiento del antagonismo obrero radical.(…) La revolución obrera política puede ser evitada sólo reconociendo las nuevas relaciones de fuerza y haciendo funcionar a la clase obrera dentro de un mecanismo que sublime la continua lucha por el poder en un elemento dinámico del sistema, controlándola, funcionalizándola en una serie de equilibrios…(…) El Estado está ahora preparado para penetrar en la sociedad, para recrear continuamente la fuente de su legitimidad en un proceso de permanente reajuste de las condiciones de equilibrio. La nueva “base material de la constitución” devino en el “Estado planificador” o, mejor aún, el Estado como “plan”.(…)” (Negri, Toni, “La crisis de la política. Escritos sobre Marx, Keynes, las crisis capitalistas y las nuevas subjetividades”, Ediciones El cielo por asalto, Argentina, 2002, pág. 15 y 16.)

Negri, se pregunta más adelante por las implicancias de la crisis del ´29 y sobre los nexos entre 1917 y 1929 y dice: “… el ´17 se presenta al mismo tiempo bajo dos aspectos: como problema internacional y como problema interno de los diversos países capitalistas, como el problema de la contrarrevolución, así como el aislamiento de la Unión Soviética, y como el problema de la represión del potente movimiento de la clase obrera –sindical y obrero- que extiende la experiencia revolucionaria a todo el mundo capitalista”.

Y Negri, contesta diciendo lo que proponía Keynes en 1919, como la única vía a seguir por el capitalismo: “…consolidar la economía de Europa central como una barrera contra los soviets rusos y como una forma de control de los movimientos revolucionarios internos, reunificar, en suma, los dos frentes de defensa del sistema capitalista”. (Negri, Ob. Cit, pág. 18).

Además, marca como característica específica de la nueva forma del Estado que emergió de 1929 que: “era más bien el tipo de dinámica de clase que entrará en acción en el marco del intervencionismo estatal, sobre la cual se fundaba la intervención. Únicamente la experiencia de la gran crisis del 1929 podía permitir a la ciencia capitalista dar este ulterior paso adelante hacia una nueva redefinición del Estado.(..) Asumir que el ´17 no tiene incidencia inmediata sobre el ´29 parece cosa obvia. Sin embargo, detrás de la obviedad de esta afirmación se encuentra una red de relaciones históricas cuya identificación, si no explicará, ciertamente dará un sentido político complejo de interpretación de la gran crisis. Porque, si bien es cierto que la crisis del ´29 surge directamente de la estructura económica norteamericana, también es al mismo tiempo fruto de la acumulación de las contradicciones del sistema…(…) La excepcionalidad de la crisis del ´29 no se entiende sino teniendo presentes las condiciones del desarrollo económico de los años veinte, cuando el alargamiento de la base de la oferta (…) no se acompañó de un cambio en la relación en la que se encontraba con la demanda (…) y cuando se dice “demanda” se dice “clase obrera”, se dice posibilidad de insurrección y de subversión del sistema” (…) tenemos finalmente a este Estado capitalista que audazmente supera y recupera (Aufhebung) la noción de “revolución permanente” a su interior para su propia conservación” ( Negri, Ob. Cit., págs. 25, 26 y 34 ).

“John Maynard Keynes fue quizás el teórico más perpicaz de la reconstrucción capitalista, de aquella nueva forma de Estado capitalista que emergió como reacción al impacto revolucionario de 1917.(…) y el rol jugado por Keynes fue hacerla funcionar (a la revolución del 17) dentro del análisis de la crisis, convertirla en elemento científico (…) el punto decisivo en la “Teoría General” es: El redescubrimiento de la ley de la caída tendencial de la tasa de la ganancia” (…) y la necesidad del sistema de una previsión. Y la previsión, consecuentemente es el predominio de la demanda sobre la oferta.” (Negri, Ob. Cit., págs. 17 y 35.)

Fue Keynes, quien aportó líneas de acción superadoras de la crisis e hizo alusión al rol del estado en esta coyuntura. Ya la Primera Guerra había provocado, en mucho países, situaciones de riesgo a las economías nacionales, lo que había obligado a abandonar la idea de un Estado abstencionista en materia económica.

La crisis del ´29, que es vista como una crisis de todo el sistema en su conjunto, pero del sistema capitalista. Dice el historiador Hobsbawm: “(…) Ahora bien, una vez que el capitalismo liberal había conseguido sobrevivir –a duras penas- el triple reto de la Depresión, el fascismo y la guerra, parecía tener que hacer frente todavía al avance global de la revolución, cuyas fuerzas podían agruparse en torno a la URSS, que había emergido de la segunda guerra mundial como una superpotencia. (…) El principal interrogante al que deben dar respuesta los historiadores del siglo XX es cómo y por qué tras la segunda guerra mundial el capitalismo inició – para sorpresa de todos- la edad de oro, sin precedentes, y tal vez anómala, de 1947-1973. No existe todavía una respuesta que tenga el consenso general…(…)” (Hobsbawn, Eric, “Historia del siglo XX”, Ed. Crítica, 1997, pág. 18).

La crisis del sistema capitalista, que no afectó a la ex Unión Soviética, obliga a el Estado, a realizar medidas dirigistas, corporativistas, intervencionistas (aunque volvamos a aclarar: ¡el Estado siempre interviene!). ¿Cuál va a ser el rol que se le va asignar al Estado en este periodo? El Estado va a ser pensado como activo agente de la economía, desde la regulación e incentivación de la producción; desde el control de los mercados, del consumo, de la producción, del comercio exterior; desde la elaboración de nuevas leyes que reglamenten el funcionamiento económico; desde la planificación de las medidas a adoptar; desde la nacionalización de empresas, etc.

Es que, siguiendo a Keynes, la idea era, incentivar el consumo, la demanda de bienes en oposición a la teoría del pensamiento clásico en la que el mercado es una espontánea fuerza reguladora de la economía, donde la oferta y la demanda (tanto de bienes y de mano de obra) se crean mutuamente, se generan mutuamente. A partir de las teorías keynesianas, surge también la idea de la plena ocupación y del pleno empleo como generador de más demanda de productos y más consumo.

El Estado pasa así, a intervenir para garantizar cierto nivel de ocupación y de consumo, incentivando la economía por medio de políticas que aseguren su funcionamiento. El Estado, asume el rol de protector tanto de los consumidores como de empresarios a fin de impedir los abusos de los sectores monopolistas.

En resumen, el “Estado de Bienestar” (“Welfare state”) pretende, frente a los avances de la economía, regular el funcionamiento de la sociedad. Surgió desde lo global (desde los países centrales e industrializados) como necesidad del subsistencia del propio sistema, pero también fue modelo en los países periféricos. Si bien, este tipo de Estado, no trata de transformar la estructura del sistema económico, intenta remediar las deficiencias adoptando medidas que mejoren los servicios de salud, educación, cultura, seguridad y defensa del ambiente. El “Estado de Bienestar” interviene subsidiando actividades correctivas de las desigualdades sociales, trata de resolver los problemas graves dentro de la estructura del Estado Liberal.

La idea para el “Estado de Bienestar” es que es necesario intervenir, porque si se deja a la sociedad librada a su suerte, se cae en una irracionalidad donde los que más tienen tienden a incentivar aún más las diferencias sociales y económicas. El Estado, entonces, no debe limitarse a garantizar el funcionamiento del sistema sino que debe ser regulador de las relaciones sociales y fundamentalmente debe hacerse cargo de la “justicia distributiva” de los recursos, o sea ser un Estado “incluyente”.

Pasando a las implicancias de todo lo dicho anteriormente, al nivel de lo Local, a lo que pasaba en esta etapa en Argentina y en América Latina en general, el rol del Estado en el periodo de Industrialización tiene un cambio cualitativo con respecto al que había tenido en el periodo anterior (“modelo agroexportador” en el que representaba exclusivamente los intereses de las clases dominantes).

En la etapa de la economía primaria exportadora, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIX, el Estado toma una posición decidida en el proceso, a través de la organización y la promoción de la inversiones en ferrocarriles e infraestructura y en el poblamiento de la zona pampeana.

En ese periodo (1860-1930) el Estado integró al país en el sistema de división internacional del trabajo, organizó el sistema monetario en torno al patrón oro y una política arancelaria abierta a la importación de manufacturas. Se organizó el Estado de derecho liberal liderado por los sectores vinculados a la producción agropecuaria y a los intereses internacionales asociados a los grupos locales dominantes en ese sector dinámico.

Como dijimos, la complejidad creciente del proceso económico, plantearon al Estado un conjunto de problemas, a partir de 1930.

Uno de esos problemas, se refiere a la política de desarrollo industrial. En la etapa Agroexportadora (política librecambista), las responsabilidades del Estado se limitaban al manejo de la política arancelaria. En la nueva etapa, al asumir la Industria, el papel protagónico del proceso de desarrollo, y la protección arancelaria y otras medidas de fomento, un rol central en la evolución de la economía, el Estado asumió responsabilidades mucho más complejas: “Entre ellas se incluye no sólo el nivel y la estructura de la protección arancelaria sino, también, la política de financiamiento de promoción del cambio tecnológico, de precios relativos agro-industriales y otras cuestiones importantes.” (Peralta Ramos, Mónica, “Etapas de acumulación y alianzas de clases en la Argentina (1930-1970)” ).

En el nivel global, los países capitalistas obtuvieron durante este periodo inmejorables ganancias y una notable mejoría económica. Por primera vez apareció un sistema de consumo masivo basado en el pleno empleo y en el aumento constante del poder adquisitivo con la cobertura social financiada por el incremento de los ingresos del Estado.

Finalmente, el “estado de bienestar” entró en crisis a fines de los ´60 y comienzo de los ´70. El equilibro vital de su funcionamiento se vio alterado por el aumento de la producción y la capacidad del mercado de absorberlo. Es decir, mucha oferta y poca demanda. A todo esto se le sumó la denominada “crisis del petróleo” de 1973, que generó una importante disminución de las ganancias de las empresas y paralelamente una disminución en el poder adquisitivo de los trabajadores. Las empresas privadas culparon al “estado de bienestar” por esto y comenzaron una nueva etapa, una nueva fase capitalista: “Tecnológica Financiera” con el neoliberalismo comandando política e ideológicamente el proceso.

Profesor: Pablo Salvador Fontana

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA EN: “EL ESTADO DE BIENESTAR”:
– Hobsbawn, Eric, “Historia del siglo XX”, Ed. Crítica, 1997.
– Negri, Toni, “La crisis de la política. Escritos sobre Marx, Keynes, las crisis capitalistas y las nuevas subjetividades”, Ediciones El cielo por asalto, Argentina, 2002.
– Peralta Ramos, Mónica, “Etapas de acumulación y alianzas de clases en la Argentina (1930-1970)”.

Crisis del Estado de Bienestar Causas del Fin o Caída

Crisis del Estado de Bienestar Causas del Fin del Estado de Bienestar

Concepto Básico del Estado de Bienestar

Sólo quienes han sido muy afortunados pasan por la vida sin necesitar nunca la ayuda de los demás. Desempleo; rupturas, violencia y malos tratos en la familia; enfermedad y discapacidad de cuerpo o mente, delincuencia y adicción a las drogas; vejez: casi todo el mundo, en un momento u otro, es incapaz de hacer frente por sí solo a los problemas que le plantea la vida.

Por tanto, ¿qué podría ser más beatífico que la imagen del Estado como red de seguridad que nos recoja cuando caigamos por las dificultades o la escasez?.

El alcance y organización de los servicios del Estado del Bienestar puede variar ampliamente de un país a otro, pero casi todos proporcionan ayuda en alguna medida a sus ciudadanos.

Muchos, sin duda, coincidirían con Samuel Johnson en que «Una provisión digna de bienes para los pobres es la verdadera prueba de la civilización». Proporcionar seguridad económica y social a la población entera de un país requiere inversión en una inmensa infraestructura y una amplia serie de beneficios sociales, que pueden incluir salarios en caso de desempleo y enfermedad, pensiones, sanidad gratuita y vivienda subvencionada.

Establecer un sistema así requiere que los más acomodados cedan parte de su riqueza para mejorar la suerte de sus conciudadanos.

El aceptar unos impuestos y una redistribución de la riqueza a esta escala es propio, dirían algunos, de la conciencia social, que es el sello de una sociedad civil debidamente constituida. El surgimiento del Estado-nación como forma política básica se ha vinculado al desarrollo concurrente del Estado del bienestar. (Ver: Origen del Estado de Bienestar)

estado de bienestar crisis

CREACIÓN DEL ESTADO DE BIENESTAR: Uno de los desarrollos sociales mas notorios en la Europa de postguerra fue la creación del estado de benefactor. En cierto sentido este representa otra extensión del poder del Estado sobre la vida de  sus ciudadanos, un proceso que se incrementó en forma drástica como resultado de las dos guerras mundiales.

Aunque el propósito del Estado benefactor era hacer posible que la gente viviese mejor y tuviera vidas más plenas, sus defensores creyeron que al eliminar la pobreza y la falta de vivienda, proporcionar servicios médicos para todos, asegurar la dignidad para los ancianos y extender las oportunidades educativas para todo el que quisiera aprovecharlas, liberaría a la gente para que lograra la felicidad, satisfaciendo sus necesidades materiales.

Por supuesto, los esquemas de bienestar social no eran nuevos en Europa. Hacia fines del siglo XIX, algunos estados proporcionaron cierto bienestar a las clases obreras instituyendo las pensiones por vejez, el seguro médico y la compensación por desempleo. Pero esos esfuerzos eran fragmentarios, y de ninguna manera se basaban en la creencia general de que la sociedad tenía la responsabilidad de cuidar a todos sus ciudadanos.

La nueva legislación social de la posguerra extendió en gran medida los beneficios mencionados y también creó nuevos. Por supuesto, las ayudas de la sociedad benefactora difirieron en forma considerable de país en país, tanto en cantidad como en calidad, así como en la forma en que se pagaban y se administraban. Sin embargo, había algunas tendencias comunes. 

teorías económicas de Keynes

EL DESMANTELAMIENTO DEL ESTADO DE BIENESTAR: Luego de la crisis del petróleo (1973) que afectó a todo el sistema capitalista, se comenzó a debatir sobre las funciones que había llevado a cabo hasta entonces el Estado como garante del funcionamiento del mismo sistema.

Una de las principales críticas que nacían desde los sectores neoliberales era que, justamente el Estado, denominado en el periodo 1930 – 1970 como “Estado de Bienestar” o “estado Benefactor”, basado en las teorías económicas de Keynes (foto), era el culpable de la crisis del momento y por lo tanto debía ser reformulado.

Es decir, según los postulados neoliberales el Estado debía dejar de intervenir en la economía, no solo como controlador sino también como generador y distribuidor de riquezas, ya que estas últimas funciones hacían que el Estado elevara considerablemente su presupuesto dejando sin ganancias a las grandes empresas.

De esta forma se ponía en lugar central, para la salida de la crisis, a la reducción de los gastos del Estado.

A partir de los años 80, con el triunfo de las posturas neoliberales en lo económico y de la llegada al gobierno representantes de éstos en los principales países del mundo, se puso en marcha, en la mayoría de los Estados capitalistas, una serie de planes de ajuste y recortes presupuestarios en áreas como salud y seguridad social.

Las consecuencias no se hicieron esperar demasiado: aumento de la desocupación, despidos producidos por el propio Estado y por las empresas privadas, brusca disminución de las ventas debido a la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, privatizaciones en todas las áreas, suspensión o cierre definitivo de servicios que cumplían funciones sociales (transportes, educación, salud, etc.).

Otra de las consecuencias que trajo aparejada el desmantelamiento del “Estado de Bienestar” y su papel regulador de la relaciones entre los empresarios privados y los trabajadores, fue la pérdida, por parte de los sindicatos, de su poder de negociación ante las medidas neoliberales y de la homogeneidad en sus reclamos.

El fuerte aumento del desempleo, el cierre de empresas y el deterioro de las condiciones de trabajo, presionaron a los que todavía conservaban su puesto, a aceptar nuevas condiciones de “flexibilidad” laboral. Estas “facilidades” brindadas a los particulares fueron aprovechadas para bajar costos laborales directamente con la disminución de salarios y de esta manera recuperar o mantener los niveles de ganancia.

La excusa era que el Estado era ineficiente, y que sus gastos generaban inflación. Para “corregir” estas deficiencias, se aplicaron ajustes de todo tipo, que los trabajadores, desmovilizados por el miedo a más pérdidas de empleos, no tuvieron más remedio que aceptar.

Al mismo tiempo, la “revolución tecnológica” de los ´70, había provocado una alta tecnificación de la industria, con la consecuente disminución de la mano de obra y la especialización de la misma. El desempleo aumentó el número de trabajadores marginales o informales, con trabajos temporales, artesanales o de servicios alternativos (transporte, seguridad, etc.).

Esta situación generó diferentes tipos de trabajadores (heterogeneidad de la clase trabajadora): por un lado unos muy especializados, trabajando en empresas con cierta estabilidad y con mayor capacitación; otros, trabajadores “flexibilizados”, con una gran inestabilidad laboral y otros directamente desocupados, marginados o caídos del sistema laboral. Evidentemente esto significó un quiebre en la unidad (homogeneidad) de la clase trabajadora y en los reclamos obreros.

NUEVAS FORMAS DE ARTICULACIÓN DE LAS DEMANDAS SOCIALES

Desde mediados del siglo XIX la forma de reclamar y protestar de las masas había sido canalizada principalmente por los partidos políticos y por los sindicatos.

Al terminar el siglo XX, nos encontramos con una profunda crisis de los partidos políticos tradicionales y por diversas razones se ha producido un debilitamiento de los sindicatos. Esta situación produjo nuevas formas y canales de participación para la demanda frente a situaciones injustas y de explotación.

Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), comenzaron a surgir y a reemplazar en algunas áreas a los partidos y al Estado: la defensa de los derechos humanos, de la mujer, del consumidor, de la ecología, de los homosexuales, etc.

Grupos de damnificados por diferentes hechos (accidentes, cierres de bancos, desalojos, etc.) hicieron oír sus reclamos sin comprometerse con partidos ni con organismos de gobierno, sindicatos o instituciones religiosas.

Con su constante denuncia y accionar contra las empresas que dañaban el medio ambiente y contra los gobiernos que lo permitían, las organizaciones ecologistas tuvieron un papel y un rol destacado, logrando concienciar a gran parte de la población mundial, del peligro que significaba no cuidar el planeta.

De la misma manera, sobresalieron los grupos defensores de las minorías discriminadas por razones étnicas, religiosas, sexuales, etc.

Organizaciones defensoras de los derechos de los indígenas, de la igualdad de la mujer o contra la discriminación a los portadores del Sida, a los homosexuales o a los discapacitados, cumplieron un destacado papel de lucha que transformó en muchos aspectos el comportamiento de la sociedad.

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Interesante mirada de Ignacio Massun, en su libro: «Las Ideología del Siglo XXI«, sobre el fin del Estado de Bienestar:

El «Estado de Bienestar», la economía keynesiana, el «capitalismo regulatorio» o el «New Deal», que podemos asociar también con la «social democracia», comenzaba | mostrar lisuras. Estos procesos de economía mixta, donde el Estado y la actividad privada compartían el poder económico, mostraban signos de agotamiento.

En la década del 60, algún observador podía pensar que se estaba llegando a un sano equilibrio entre la iniciativa privada y la intervención del Estado Jean Tinenberg, es un ejemplo de esa visión esperanzada de un futuro acordado y equilibrado.

Sin embargo el «Estado de Bienestar» estaba siendo corroído por numerosos factores. En primer término la creciente internacionalización de la economía. Ya en el siglo XIX varios autores, incluido Marx y Engels habían señalado que se encaminaban hacia una «mercado mundial».

Estos últimos decían en el Manifiesto Comunista «Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países.»

Sin embargo a fines del siglo XX este proceso se acelera exponencialmente, y esto obedece a varias razones.

En primer término, los inventos y la tecnología dan lugar a una enorme diversificación de los productos, y consiguientemente, ladivisión internacional del trabajo es cada vez más beneficiosa para la economía mundial. Por otra parte, el avance tecnológico va alterando fuertemente la relación entre el valor de un producto y su peso y tamaño. En el siglo XIX lo que se comerciaba eran granos, carnes, máquinas.

Todos con una baja relación valor/peso-volumen. A fines del Siglo XX, lo que se intercambia son equipos electrónicos muy valiosos, pequeños y livianos. Pero, para colmo, la invención de los contenedores, y buques portacontenedores que gracias a ¡a electrónica y la robótica requieren muy pocos marinos, son más rápidos, más grandes y operan en los puertos con una velocidad asombrosa.

Este proceso que hoy llamamos «globalización» puso en crisis las fronteras nacionales, límites de los mercados.

La relación entre los Estados de Bienestar y la globalización son obvias. Mientras los Estados Europeos, eran compartimentos cerrados con escasa intercambio exterior, lenían salarios altos, excelentes coberturas sociales, y podían, gracias a laeficiencia que brindaba el alto grado de industrialización, mantenerse sobre la base de altos impuestos y fuertes protecciones arancelarias.

La globalización no sólo produjo el libre intercambio de mercaderías, sino, lo que resultó peor para el modelo del bienestar, la posibilidad de trasladar las empresas hacia aquellos países donde ía mano de obra fuera más barata, o los costos sociales e impositivos fueran más convenientes. Las social democracias europeas empezaron a sentir el impacto de la competencia de países subdesarrollados en especial los del sudeste asiático.

La otra señal de alarma la constituye la inmigración. Estados Unidos había tenido las puertas abiertas desde su fundación a todos los inmigrantes que quisieran «hacerse la América», se llamaban a sí mismo la «tierra de las oportunidades», y su grandeza se constituyó gracias al aporte inmigratorio de los más diversos orígenes. Europa, en cambio desde fines del siglo XV hasta bien entrado el siglo XX expulsó población.

Primero hacia las colonias, y luego hacia los países que tenían abundantes tierras vírgenes y excelentes oportunidades para desarrollar industrias o profesiones.

El proceso de crecimiento económico desigual que se da durante el siglo XX revierte esta tendencia y tanto Europa como Estados Unidos se ven invadidos por millones de inmigrantes que vienen a recoger las migajas del «Estado de Bienestar» expulsados de sus países de orígenes por la pobreza, la marginalidad o la falta de oportunidades.

Esta inmigración fue paulatinamente haciéndose ilegal, y hoy los países desarrollados tienen un muro de Berlín virtual en sentido contrario, no para que sus ciudadanos no se escapen, sino para no ser invadidos por inmigrantes indeseados a quienes resultaría imposible garantizarles el bienestar que esos países brindan a sus habitantes.

Este tenia es una fuente de permanente tensión, y finalmente, cuando los Estados impiden la inmigración de trabajadores, terminan viendo como son las empresas las que emigran para instalarse en otros países y contratar a esas mismas personas que son rechazadas en sus fronteras.

Pero eso no era todo. El Estado de Bienestar mostraba otra faceta crítica. Cuando una sociedad garantiza a todos, en cualquier situación, un bienestar mínimo, se quita uno de los estímulos más fuertes al trabajo y la producción.

Los obreros europeos tenían y tienen hoy un altísimo índice de ausentismo. La preservación de la salud -quién puede negar su valor- si se lleva al extremo, debe permitir que el trabajador, ante la menos molestia se ausente de su trabajo. Los desempleados percibían subsidios tan «adecúa dos» que perdían, en gran medida, el deseo de encontrar otro trabajo.

La medicina social felizmente, aumentó muchísimo el promedio de vida, la salud y aptitud laboral de la personas mayores, pero los habitantes del Estado de Bienestar se negaban y se niegan hoy sistemáticamente a cualquier aumento en la edad jubilatoria. Entonces cada día hay más jubilados y menos aportantes, con lo que los sistcmasjubilatorios debieron recurren al presupuesto público para sobrevivir.

El Estado de B ienestar exige cada vez impuestos, más altos a una economía que pierde competítividad frente a los países más atrasados, y así se llegaba a un círculo vicioso.

Fuente: «Las Ideología del Siglo XXI – Ignacio Massun – Editorial Metodos