La Derrota De Las Infecciones (en videos)

Fiebre Aviar (Virus H5N1) y La Vaca Loca Gripe Aviar Contagio

Fiebre Aviary La Vaca Loca Gripe Aviar Contagio

Pestes como el sida, la gripe aviar y la tuberculosis, siguen cobrando miles de víctimas en todo el mundo. Pese a los esfuerzos por combatirlas, sus efectos implacables parecen no detenerse.

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La cifra de US$60.000 millones, aprobada en junio de 2007 por los países del G-8, para la lucha contra pandemias como el sida, la tuberculosis y el paludismo, que azotan a África, indica que estos flagelos siguen cobrando miles de víctimas y que, pese a los esfuerzos adelantados por las autoridades sanitarias en el mundo, todavía persisten enfermedades que crecen incontroladamente. No hay que olvidar que en los últimos años se ha enfrentado otra amenaza quizá peor: la gripe aviar.

Otros datos no menos alentadores estiman que en el transcurso de la generación (1983-2003), han aparecido por lo menos treinta nuevas enfermedades infecciosas y algunas, que se creían erradicadas, tienden a resurgir. Estudiosos precisan que las grandes aglomeraciones urbanas, la incontrolada deforestación, la convivencia con todo tipo de animalesy los insanos hábitos sexuales, han contribuido a que esto ocurra.

Un 90% de las enfermedades infecciosas que se producen en el tercer mundo (14 millones de muertes al año) son derivadas de la extrema pobreza, la mala nutrición, la falta de higiene y la falta de colaboración y solidaridad, muchas veces, de las naciones ricas. Hace tres años hubo alarma porque investigaciones indicaron que la peste negra, que en la Edad Media mató a 23 millones de personas, podría despertar.

Los científicos anotaron que la pandemia no fue causada por la extinta peste bubónica sino por otro virus. Qlobalmente, la enfermedad aún afecta entre 1.000 y 3.000 personas al año. Factores como la globalización y los movimientos de población hacen inevitable la propagación de este tipo de flagelos, como sucedió con el reciente brote del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (Sras).

LA GRIPE AVIAR: La gripe aviar es una enfermedad infecciosa, causada por cepas A (conjunto de individuos de la misma especie en una colonia o cultivo). Altamente patógena, se ha convertido en una de las más graves epidemias fronterizas con repercusiones en la economía de las naciones afectadas. Uno de los países donde más casos se han detectado es Vietnam.

La emergencia por esta epidemia comenzó en diciembre de 2003, cuando fueron atacadas millares de aves de corral en una granja de Seúl, Corea del Sur. La peste se propagó a Camboya, China, Indonesia, Japón, República Democrática de Lao, Tailandia y Vietnam. La alarma se mantiene, ya que el peligro es latente para la humanidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que, de no hallar una solución, este virus podría ocasionar la muerte de 150 millones de personas.

A finales de julio de 2007, un grupo de científicos de la Universidad de Colorado (EE. UU.) creó un chip capaz de identificar una mutación del virus de la gripe aviar en sólo 11 horas, Flu o Chip de la Gripe (tiene 15 subtipos, siendo la H5N1 la más preocupante porque muta rápidamente). El pequeño aparato podrá configurarse para detectar la clase de virus de todas las clases de gripe existentes. Hasta la fecha ha sido probado en tres tipos de gripes como el de la gripe aviar (conocida como cepa H5N1). El chip ha acertado en un 90%. La ¡dea principal es detectar si la gripe aviar muta y comienza a ser contagiosa de humano a humano.

A finales de 2005, tras propagarse en Asia, llegó a Rumania, Turquía, Grecia e Italia. En 2006, se confirmaron casos en Alemania, Austria, Hungría y Francia. Esto hizo que, en 2006, y por primera vez en 30 años, gigantes farmacéuticos como Sanofi, Novartis, Glaxo y Merck, comenzaran a invertir millonadas sumas para el desarrollo de vacunas.

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El mal de las «vacas locas»

Desde mediados de la década de los ochenta del siglo XX, el territorio europeo es escenario de una catástrofe de dimensiones aún por definir, que afecta sobre todo al ganado vacuno. La encefalopatía espongiforme bovina (EEB) se ha propagado vertiginosamente.

En Inglaterra, país más afectado, se han tenido que sacrificar decenas de miles de cabezas. España, Francia y Alemania han dado ya la voz de alarma al detectar nuevos casos en sus territorios. La mayor gravedad radica en que es una enfermedad transmisible al hombre a través de la ingestión de tejidos infectados (óseos o carnicos). En la Unión Europea se está manifestando una situación de creciente preocupación al confirmarse la aparición de casos de la variante humana de la encefalopatía espongiforme bovina, la enfermedad de Creutzfeld-Jacob.

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Principales Investigadores de la Medicina en Argentina Historia

Principales Investigadores de la Medicina-Primeras Cirugias-

GUILLERMO RAWSON, FUNDADOR DE LA CRUZ ROJA ARGENTINA

Principales Investigadores de la Medicina

LOS ESTUDIOS DE LA ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA HUMANAS EN ARGENTINA

El estudio de la anatomía en nuestro país está íntimamente ligado con la historia de la medicina. Los primeros antecedentes se remontan al año 1779, en que fue creado por el Virrey Vértiz el Real Protomedicato de Buenos Aires. Esta institución, inaugurada el 17 de agosto de 1780, tenía por objeto controlar el ejercicio de la medicina y la venta de medicamentos.

El Protomedicato comenzó a funcionar bajo la dirección del médico irlandés Miguel O’Gorman, secundado por el Licenciado José Alberto de Capdevilla y el Dr. Francisco Cosme Argerich.

Paralelamente a la obra realizada por esta institución, comenzaron los verdaderos estudios médicos en nuestro país. En 1793 se facultó al Tribunal para enseñar oficialmente la cirugía y la medicina, y el Protomedicato se instaló en el Colegio de San Carlos, teniendo como anexo la Escuela de Medicina, cuyos planes de estudio tenían una duración de 6 años. Los cursos comenzaron en 1801 con 13 alumnos.

En el año 1802 el Dr. O’ Gorman fue remplazado en el dictado de sus cátedras por el Dr. Cosme Argerich.

En 1812, la Escuela tuvo que interrumpir su marcha por los acontecimientos revolucionarios, hasta que se nombró una comisión integrada por los doctores Cosme Argerich, Luis Chorroarín y Diego Zabaleta para reorganizar la enseñanza de la medicina. Es así como en 1813 se creó el Instituto Médico, integrado por seis catedráticos, con un plan de estudios de seis años y con enseñanza gratuita.

Este instituto funcionó hasta 1821, año en que fue fundada la Universidad de Buenos Aires. El 17 de abril de 1822, Rivadavia fundó la Academia de Medicina cuya misión era propender al desarrollo de la medicina y fomentar las investigaciones científicas.

A partir de esa época comenzó una situación desfavorable para los estudios de medicina, que entraron en un período de completa decadencia hasta 1852. En ese año, con la creación de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, se reanudó el progreso de esta ciencia. Fue nombrado presidente el Dr. Juan Antonio Fernández, continuándole en el cargo, de 1862 a 1873, el eminente cirujano y primer profesor de cirugía, Dr. Juan José Montes de Oca.

El 27 de setiembre de 1877 fue criada en Córdoba la Facultad de Ciencias Médicas, siendo su primer decano el médico holandés Dr. Herry Weyenberg, quien redactó el plan de estudios.

En la actualidad el movimiento científico argentino es extraordinario en sus diversos órdenes, ya que nuestros hombres de ciencia ocupan un lugar de privilegio por sus adelantos e investigaciones científicas en los centros médicos mundiales.

Investigadores argentinos
Cosme Argerich (1758-1820). Médico argentino muy destacado por su actuación en la historia de la medicina en nuestro país. Durante varios años presidió el Instituto Médico Argentino. También se destacó como patriota al actuar en la guerra de la Independencia. El Hospital Militar Central de Buenos Aires lleva su nombre.

Principales Investigadores de la Medicina Guillermo Rawson (1821-1890). Eminente médico e higienista argentino nacido en San Juan. Sus obras trascienden al extranjero, siendo muy elogiadas. Orientó la ciencia medien hacia la medicina preventiva y la medicina social.(imagen)

Ignacio Pirovano (1842-1895). Médico argentino que se destacó notablemente en cirugía, llegando a ser considerado el mejor cirujano de Sudamérica. Introdujo e! uso del microscopio en histología patológica. Uno de los hospitales de Buenos Aires lleva su nombre.

Pedro Lagleyze (1855-1916). Médico y cirujano argentino que se destacó por sin notables estudios como oculista, siendo considerado corno el precursor de la oftalmología argentina.

Juan B. Justo (1865-1928). Destacado médico y cirujano argentino que también sobresalió como sociólogo, político y economista. Se perfeccionó en las mejores clínicas europeas, innovando la técnica operatoria en nuestro país. Inició en la Argentina la cirugía abdominal.

Luis Agote (1869-1954). Médico y catedrático argentino, autor de numerosos trabajos. Intervino en congresos internacionales representando a nuestro país. Se destacó mundialmente por su método de trasfusión de sangre citratada.

Pedro Chutro (1880-1937). Médico y cirujano argentino. Se destacó en esta última especialidad sobre la que realizó numerosos trabajos. Intervino como médico en la primera Guerra Mundial, actuando en la sanidad militar francesa.

Principales Investigadores de la Medicina Enrique Finocchieto(1881-1948). Médico y cirujano argentino, creador de numeroso instrumental quirúrgico y de nuevas técnicas operatorias. Fue profesor universitario y sus técnicas fueron continuadas por sus discípulos y por su propio hermano Ricardo, que también se distinguió en la misma especialidad. Fue miembro de la Academia Nacional do Medicina.(imagen)

Bernardo Alberto Houssay (1887-1972). Investigador, médico y fisiólogo argentino, que en 1947 recibió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología por sus trabajos de investigación realizados sobre la relación entre el páncreas y la hipófisis.

LA MEDICINA Y LA CIRUGIA EN ARGENTINA:

Los estudios de medicina. — En el ambiente creado por la tiranía —donde no existía libertad e imperaba el temor, el servilismo y la sumisión— no podría prosperar ninguna manifestación científica.

Esta situación desfavorable para las ciencias, fue más grave aun para la ciencia médica, pues por la influencia que los médicos ejercían en las familias —donde sus opiniones eran escuchadas—, el tirano les temía. De ahí que el primer ataque a la ciencia médica consistiera en la eliminación de los profesores que no evidenciaran su incondicionalismo a la dictadura.

Prueba terminante al respecto la constituye el texto del decreto de 20 de abril de 1835, que, basándose en que «en los preceptores de nuestra juventud deben resaltar además de la virtud, moralidad y suficiencia, una fidelidad y decidida adhesión a la causa de la Federación, a fin de que impriman en sus alumnos esos religiosos sentimientos», dispuso separar de sus cátedras a los doctores Juan Antonio Fernández y Juan José Montes de Oca, porque —dice— «no hay otro arbitrio para salvar al país de los males que le amenazan, sino depurar todo lo que no sea en consonancia con la opinión general del país, alejando definitivamente de los cargos públicos a aquellos que abiertamente lo han contrariado». El texto es tan elocuente que no es preciso agregar ningún comentario.

A la destitución de profesores, Rosas añadió la reunión de varias cátedras en una. Así los estudios de medicina entraron en un período de completa decadencia. De 1835 a 1852, anota Eliseo Cantón, «sólo llegaron a recibirse de médicos algunos curanderos».

Caído el tirano, el gobierno de la provincia de Buenos Aires se preocupó de reorganizar la escuela de medicina.

Atendiendo a la necesidad impostergable de reanimar los estudios, dictó el decreto de 15 de abril de 1852 que abordó y solucionó en forma transitoria todas las cuestiones vinculadas con la enseñanza de la medicina.

Reintegró a sus cátedras a los profesores que habían sido destituidos.

Estableció un plan de estudios que, siguiendo las tendencias dominantes en las universidades europeas, dio preferencia a las materias fundamentales, determinando que patología interna y externa debían enseñarse teóricamente, mientras clínica médica y quirúrgica debía dictarse en la sala de los hospitales y en la cabecera de los enfermos.

Finalmente, separó los estudios de medicina de la universidad, dejándolos a cargo de una comisión integrada por los doctores Juan Antonio Fernández, Juan José Montes de Oca y Teodoro Alvarez.

En octubre de 1852 los estudios volvieron a incorporarse a la universidad, dándose a la escuela de medicina la categoría de facultad, y se creó el Consejo de Higiene Pública y la Academia de Medicina.

El Consejo, que fue presidido por el doctor Irineo Portela, tenía la misión de velar por el mejoramiento de todo lo vinculado con la salud pública. Debía, en consecuencia, adoptar medidas para impedir la introducción de enfermedades infecciosas y epidémicas, difundir la vacuna, inspeccionar las farmacias, vigilar la introducción de drogas y perseguir al curanderismo.

En cuanto a la Academia de Medicina no fue, en realidad, una nueva creación, pues el gobierno se limitó a hacer resurgir la creación de Rivadavia. El objetivo concreto que se le señaló fue contribuir al «adelantamiento de la medicina y sus ciencias auxiliares».

Estas medidas encauzaron los estudios de medicina y permitieron el progreso de la ciencia de curar.

La cirugía. Hasta ese momento la cirugía que se practicaba entre nosotros era rudimentaria y limitadísima: se reducía a ligaduras, amputaciones, desarticulaciones, tallas pe-rienales y tumores externos.

Pero, a partir de 1852 comenzaron a destacarse en el campo de la cirugía diversos profesionales que, inspirados por deseos de mejoramiento y renovación, adoptaron y difundieron las técnicas operatorias impuestas pollos grandes maestros de Europa. Tal, por ejemplo, el caso de Teodoro Alvarez (1818-1889), cuyas intervenciones fueron las primeras que alcanzaron numerosos éxitos.

Un progreso sensible experimentó la cirugía argentina con Manuel Augusto Montes de Oca (1831-1882), que fue un eximio maestro y un cirujano eminente. Hasta entonces las heridas eran lavadas con una esponja empapada en una infusión de eucaliptus, conservada generalmente en una palangana cnlozada.

Cualquiera fuese el carácter o las complicaciones de las heridas, en cada sala de cirugía siempre se usaba una esponja y la misma palangana para todos los enfermos. Montes de Oca advirtió la presencia de un peligro, pero no llegó a descubrirlo.

«Hay algo que nos rodea o que está en nuestras mismas manos —decía— y que causa tan terribles complicadones en las heridas. Una vez que lo hayamos descubierto y evitemos esta complicación, la cirugía realizará enormes progresos». De ahí que al conocer el sistema de Lister —la antisepsia— lo implantara y se preocupara por difundirlo.

Montes de Oca fue un creador en cirugía, pues ideó procedimientos operatorios verdaderamente originales —amputación de la pierna a «colgajo rotuliano» y amputación con el term.ocauterio— que ampliaron el campo de la cirugía y mere-1 cieron elogios de los especialistas extranjeros.

Su semblanza como cirujano ha sido trazado por Eliseo Cantón de la manera siguiente:. «Examinaba a fondo sus enfermos, establecía razonando el diagnóstico, y si de él surgía el tratamiento quirúrgico hacía preparar al paciente para intervenir, previa explicación y elección del método operatorio a aplicar. . . Profundo conocedor del terreno en que operaba, y seguro de su arte, era un audaz en cirugía, pero no un impulsivo. Tenía la visión clara para salvar las dificultades del momento; improvisaba sobre el terreno, y no había aparato ni órgano que detuviera su cuchillo, cuando creía salvar con él a sus operados».

Después de Montes de Oca el ejercicio de la cirugía fue monopolizado, durante casi una década, por Ignacio Pirovano (1844-1895).

Su mérito radicó en haber sistematizado, en forma práctica y efectiva, la antisepsia que, al evitar las infecciones que producían un elevado índice de mortandad entre los operados, revolucionó la cirugía. En elogio de Pirovano se ha dicho que «fue siempre un cirujano de conciencia, que jamás abusó de su arte incomparable ni entre la clientela hospitalaria».

El progreso decisivo de la cirugía argentina se debió a Juan B. Justo, personalidad que ocupa un lugar prominente en la historia de nuestra ciencia médica.

PARA SABER MAS…
CRÓNICA DE LA ÉPOCA
El Bicentenario Fasc. N° 4 Período 1870-1889 Rawson, El Fundador de la Cruz Roja

El doctor Guillermo Rawson, junto con Toribio Ayerza, fundó la Cruz Roja Argentina el pasado 10 de junio. Rawson pertenece a una familia de médicos y su padre es un importante doctor estadounidense, Aman Rawson.

Nació el 27 de junio de 1821 en San Juan, donde realizó sus primeros estudios. A los 18 años se mudó a Buenos Aires donde, en colegios jesuitas, se distinguió en las áreas científicas. Egresó de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1844, con mención de honor.

Regresó a San Juan ya como un médico de renombre y comenzó a militar en política. Se lo designó para ocupar una banca en la legislatura, desde la cual se opuso con vehemencia al gobernador de facto de la provincia, el caudillo Naza-rio Banavídez. Esta postura política le valió la cárcel en 1853, pero siguió defendiendo el valor de la democracia. Mantuvo esa postura mientras ocupó los cargos de senador, ministro del Interior y presidente interino, siempre defendiendo la legalidad y las libertades cívicas.

Como diputado, en el Congreso de Paraná, se destacó por su oposición a Justo José de Urquiza.

En 1862, el presidente Bartolomé Mitre lo nombró Ministro de Interior y desde so ministerio asistió a Marcos Paz cuando Mitre dejó el gobierno para encabezar los ejércitos de la Triple Alianza. Durante unos meses de 1868, quedó solo al frente de la primera magistratura, tras la muerte de Paz.

Por la ley de amnistía general, tratada en 1875, sostuvo una fuerte polémica con Domingo Sarmiento desde sus respectivas bancas del Senado. Pero su intensa actividad pública no lo hizo desatender el ejercicio de la medicina.

Se convirtió en el primer catedrático de Higiene Pública en el país, luego se lo nombró miembro de la Academia de Medicina y en 1876 representó a la Argentina en el Congreso de Filadelfia, con un destacado estudio sobre la higiene pública de la ciudad, que fue el más completo que se realizó sobre el tema.

La importancia de este trabajo es que despierta el interés por los estudios de higiene y su carácter social y vinculado con el aspecto demográfico.

Rawson redactó proyectos para modificar la urbanización de Buenos Aires para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. También planificó medidas variadas para el control de los alimentos y la higiene urbana. Ese año fue nombrado Académico de Honor de la Facultad de Medicina. Gracias a que el presidente Nicolás Avellaneda ratificó el Convenio de Ginebra, recientemente se dio lugar a la fundación de la Cruz Roja Argentina.

CRÓNICA II: Primera Operación Abdominal en Argentina

El día 22 de abril de este año se practicó la primera operación abdominal en Buenos Aires. El cirujano que la realizó es el escocés John A, Alston. Se trató de unaovariotomía.eneldomiciliode la enferma, y se usó el éter como anestésico. Esta operación se viene realizando desde hace poco en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos con la misma anestesia.

Laactividadquirúrgicayelusode la anestesia en nuestro medio se vienen desarrollandodesde hace unos añostantoen el Hospital General de Hombres como en el de Mujeres. El Hospital de Hombres cuenta ya con 400 camas, aunque susantiguos pabellones están en pésimas condiciones de higiene. Se han comenzado las gestiones para la adquisición de terrenos adecuados donde se pueda construir nuevos edificios para el nosocomio destinado a los varones, como lo disponen las leyes pertinentes.

Cabe recordar que tras la expulsión de los jesuítas en 1767, los betlehemitasaprovecharon para solicitar la construcción de un hospital más amplio y moderno en los terrenos que aquellos poseían. Fue llamado Hospital General de Hombres y es el que todavía hoyestáen uso en las condiciones descriptas. En 1863 se creó en ese hospital una sala para oficiales del ejército, que luego se transformó en el primerhospital militar y,en laparte noroeste de la convalecencia, se abren las puertas para el Hospital para Hombres Dementes.

A fines deesemismoañose logró habilitar una sección de la nueva Casa de Dementes, con capacidad provisoria para 123 enfermos Se trasladaron allílos alienados más peligrosos e incómodos, quedando en el cuadro del hospital los demás, incesantemente aumentados. Su aspecto y su hacinamiento hacen imprescindiblelaagilizacíón délos trámites y laconstrucción del nuevo Hospital General de Hombres.

Medicamentos Antiguos Medicinas Milagrosas Primeras Civilizaciones

Medicamentos Antiguos Medicinas Milagrosas

Desde la época cavernaria el hombre sintió la necesidad y procuró la forma de obtener remedios para combatir las enfermedades que lo aquejaban. En un comienzo esos logros fueron resultado de una «medicina sobrenatural»; conformada por extraños y muchas veces inhumanos rituales, “Pases mágicos” y maniobras tramposas, hasta que se llegó a los productos naturales, que casi siempre eran mas peligrosos e insoportables que el propio padecimiento.

INTRODUCCIÓN: Existieron incontables tribus primitivas que además de la necesidad de la aplicación de emplastos y sustancias curativas acompañaron la medicación con palabras mágicas, «pases de manos» y hasta danzas en ofrenda a los dioses, quienes creían , eran los que tenían la última palabra acerca de los efectos de la medicina y, por lo tanto, del destino de los enfermos.

Medicamentos Antiguos Medicinas Milagrosas Prueba de lo antedicho fue el hallazgo de textos de los babilonios datados en el siglo l a. de C. y asentados en la biblioteca de Asurbanipal (669-627) (imagen) en Nínive.

Allí se recogieron infinidad de recetas en manuales” escritas sobre tablillas de barro y que, seguramente, muchas datan del II milenio a de C. En dichos documentos se pueden leer los síntomas de la enfermedad, el remedio para tratarla y el procedimiento para la elaboración del medicamento y hasta la diferenciación por usos internos y externos.

Para uso interno los babilonios tenían como vehículo de sus medicinas vino, cerveza, leche, aceite o agua. Hasta aquí los pacientes babilonios no presentaban mayores problemas para la ingerirlos, pero el sacrificio comenzaba cuando a esas bases se les agregaban semillas, raíces, hojas, tallos, frutos y hasta materias minerales y animales, que solían ir desde una frágil paloma hasta un repugnante roedor o reptil.

Por suerte, para los pacientes de la época sus contemporáneos habían inventado las píldoras, evitando con su ingesta si no una posible muerte por la enfermedad misma, al menos una más segura por la repulsa digestiva de las pretendidas panaceas.

Para el uso externo, los babilonios se valían, fundamentalmente, de emplastos y vendajes que se aplicaban sobre pomadas elaboradas en base a grasas de cualquier animal que anduviera sobre la tierra y debajo de ella: sebo, aceite a mantequilla, con la adición de drogas machacadas. Dicho menjunje, después de un tiempo de tratamiento y teniendo en cuenta el clima de la región, proporcionaba al enfermo ambulatorio un hedor insoportable, creándose de esa manera una especie de cuarentena desodorante.

También los médicos del Asia Menor —sobre todo en Egipto— no sólo utilizaron el “excremento oficinal” del hombre y animales, sino que también agregaron a sus pócimas los excrementos de las moscas depositados sobre las paredes. Por su parte, los chinos también hicieron uso de lo que la historia ha denominado “farmacia inmunda”, tanto que para combatir las psicosis recomendaban un remedio compuesto por excrementos humanos, dejados reposar en un recipiente encerrado en la tierra durante tres años.

Para combatir la pulmonía utilizaban el regalíz (raíz o palo dulce) mezclado con amoníaco, luego se introducía la mezcla en una caña de bambú y se guardaba en un retrete durante tres años, cubierto por heces. A pesar de las medicinas descriptas (algunas tan insoportables como la propia enfermedad) los babilonios estaban de tal manera adelantados que conocían el uso de tampones, supositorios, la extracción de sangre mediante sanguijuelas, vomitivos (a veces constituidos por los mismos específicos con que trataban algunas enfermedades) y los baños de vapor.

Fuente Consultada: Revista «Todo es Historia» Nota de Juan Ángel del Bono

La Medicina a Principios del Siglo XX Primera Guerra Mundial Resumen

La Medicina a Principios del Siglo XX

Cirugía y transplantes: Durante el siglo XIX, dos adelantos fundamentales en el ámbito de la cirugía habían contribuido al bienestar del paciente, aumentando además sus probabilidades de supervivencia.

Por un lado, la anestesia permitía que los cirujanos realizaran operaciones mucho más largas y complejas que las posibles con el paciente consciente.

Por otro, la aplicación de técnicas asépticas y, en general, un mayor cuidado de la higiene redujeron en gran medida el riesgo de infecciones postoperatorias, que con demasiada frecuencia resultaban mortales.

A principios del siglo XX, las técnicas eran todavía primitivas y el futuro reservaba grandes progresos, pero estos dos importantes principios ya habían sido establecidos. Aun así, todavía quedaban áreas en las que las intervenciones quirúrgicas resultaban arriesgadas.

Los mayores problemas eran los planteados por los órganos cuya actividad debía mantenerse ininterrumpidamente para conservar la vida del paciente. Un ejemplo básico era la cirugía de tórax, ya que la apertura de la cavidad torácica provocaba el colapso de los pulmones.

Un importante adelanto en este campo fue el logrado por Ferdinand Sauerbruch, nombrado catedrático de cirugía en Zurich en 1910. Sauerbruch diseñó una cámara operatoria especial que dejaba fuera la cabeza del paciente, al cuidado del anestesista.  (Ver: Descubrimiento de las Vitaminas)

El cuerpo del enfermo y el cirujano se situaban en el interior de la cámara, que se mantenía a baja presi6n para evitar el colapso pulmonar.

La técnica fue rápidamente adoptada, pues en Zurich abundaban los afectados de trastornos pulmonares que acudían a los sanatorios de las montañas.

muestra de una cirugia

El trasplante d. órganos sólo se convirtió en una práctica relativamente segura a fines del siglo XX, poro gran parte de su éxito se debio al trabajo del cirujano y fisiólogo francés Alexls Carral. Aparte de los problemas del rechazo una do las principales dificultades consistía en suturar los pequeños vasos sanguíneos para restablecer la circulación. Carrel resolvió este problema y obtuvo por ello el premio Nobel en 1912. A partir de entonces, se trasladó al Instituto Rockefeller de Nueva York, donde desarrolló, durante la guerra, una técnica para tratar heridas profundas mediante Irrigación constante. En la fotografía aparece haciendo una demostración de su técnica, hacia el final de la guerra.

En 1908, F. Trendelenburg intentó tratar quirúrgicamente una embolia pulmonar (obstrucción de los tejidos pulmonares), pero la técnica no llegó a dominarse hasta 1924. Para los pacientes con los músculos respiratorios gravemente afectados (por ejemplo, a consecuencia de una poliomielitis), el «pulmón de acero» inventado por P. Drinker en 1929 constituyó un gran progreso.

Sin embargo, para los afectados de trastornos cardiacos era muy poco lo que podía ofrecer un cirujano.

La bibliografía médica contenía referencias ocasionales de operaciones con éxito en pacientes que habían sufrido heridas de arma blanca o accidentes similares, pero los enfermos crónicos tenían pocas esperanzas.

La introducción de la simpatectomía (extirpación de parte del sistema nervioso simpático) como tratamiento para la angina, intentada por el cirujano rumano Thoma lonescu en 1916, fue un paso pequeño pero muy significativo.

Aunque la cirugía intracraneana se practicaba desde los tiempos más remotos (algunos cráneos hallados en yacimientos prehistóricos revelan trepanaciones con supervivencia del paciente, tal vez como tratamiento para fracturas de la caja craneana, incluso en el siglo XIX el índice de mortalidad de los pacientes seguía siendo muy elevado.

En la mayoría de los casos, esto se debía a que se aplicaban los métodos de la cirugía general. Los progresos sólo comenzaron cuando se desarrollaron técnicas más especializadas, sobre todo gracias a los trabajos de Harvey Cushing en Estados Unidos.

La Medicina a Principios del Siglo XX

La fabricación de miembros artificiales se convirtió en una importante industria. Aparecieron algunas empresas especializadas y otras diversificaron sus producción para abarcar el sector ortopédico. La gran demanda determino progresos en el diseño sobre todo de articulaciones

El secreto de su éxito residía en un diagnóstico previo excepcionalmente completo, con métodos especializados, y en unas operaciones meticulosamente cuidadosas, en las que a menudo invertía muchas horas.

Obtuvo resultados especialmente buenos en el tratamiento de tumores cerebrales y de los nervios acústico y óptico.

Realizó además un detenido estudio de la glándula hipófisis, localizada en la base del encéfalo, que es tal vez la más importante de las glándulas endocrinas (secretoras de hormonas), ya que influye sobre todas las demás.

La reputación de Cushing atrajo discípulos de todo el mundo, que luego regresaban a sus países para fundar clínicas donde aplicaban sus métodos.

Mientras se desarrollaban técnicas de neurocirugía para tratar las perturbaciones patológicas del cerebro y el sistema nervioso, otros investigadores ensayaban métodos más sutiles para diagnosticar y tratar los trastornos de la mente.

En París, J.M. Charcot (1825-1893) había desviado su atención de las enfermedades del sistema nervioso para concentrarse en los problemas de la conducta humana, en especial, la histeria.

Entre sus discípulos, a fines del siglo XIX, figuraba el austriaco Sigmund Freud, padre del psicoanálisis.

Ridiculizado al principio, su concepto del psicoanálisis, desarrollado con CG. Jung, A. Adler y otros, obtuvo finalmente amplia aceptación, y en 1910 se fundó la Asociación Psicoanalítica Internacional. Freud fue nombrado miembro extranjero de la Royal Society inglesa en 1936.

Durante muchos años prosiguió la enseñanza y las investigaciones, hasta que en 1938 se vio obligado a abandonar Viena como consecuencia de la ocupación nazi de su país, instalándose en Londres, donde siguió trabajando hasta su muerte.

En este campo, los enfoques experimentales convencionales revestían escasa validez, por lo que se hacía necesario encontrar otros nuevos.

Entre ellos estaba el famoso test de manchas de tinta, que permitía el estudio de la inteligencia, las emociones y la personalidad, ideado por el psiquiatra suizo Hermann Rorschach en 1921.

Durante el siglo XX, las operaciones de trasplante de órganos se convirtieron en un aspecto normal, aunque altamente especializado, de la práctica médica.

Durante los primeros años del siglo se realizaron importantes contribuciones a este campo. Uno de los precursores fue Alexis Carrel, que trabajó en el Instituto Rockefeller de Nueva York.

Allí suscitó un considerable interés por los trasplantes de órganos que, entre otros problemas, planteaban la dificultad de restablecer una corriente sanguínea hacia el órgano trasplantado; el desenlace más frecuente de las operaciones anteriores había sido la trombosis (formación de coágulos) o la estenosis (estrechamiento de los vasos sanguíneos).

Carrel superó estos problemas mediante el desarrollo de nuevas técnicas de sutura de los vasos sanguíneos, que le permitieron extirpar órganos de animales y volver a colocarlos en su posición original.

Al trabajar con un solo animal, evitaba el rechazo, uno de los principales problemas del trasplante en pacientes humanos.

Carrel realizó además trabajos innovadores en el campo del cultivo de tejidos. Consiguió mantener células vivas en una solución nutriente, mucho después de que muriera el animal del que habían sido extraídas.

Bastante más adelante, en 1935, inventó un corazón mecánico, capaz de mantener la circulación durante la Cirugía cardiaca.

En el tratamiento de las enfermedades infecciosas, la opinión médica de la época favorecía el uso de vacunas, terreno en el que ya se había registrado una serie de éxitos y que todavía reservaba algunos más.

Un adelanto fundamental fue la introducción de la vacuna BCG en 1927 para la protección contra la tuberculosis. Por el contrario, la experiencia con los agentes químicos había sido decepcionante.

El salvarsán y el neosalvarsán habían demostrado ser eficaces Contra la sífilis, pero los efectos secundarios eran graves y en numerosas ocasiones mortales. En 1924, los químicos alemanes produjeron la plasmoquina, una alternativa sintética a la quinina, sustancia antipalúdica largamente utilizada.

 Así pues, la historia de los agentes químicos no resultaba demasiado impresionante; pero con la ventaja que da la perspectiva del tiempo, es posible apreciar que la situación estaba empezando a cambiar. En 1927,

G. Dornagk, director de los laboratorios de patología y bacteriología experimental de la gran empresa química alemana LG. Farben, tuvo el suficiente optimismo para emprender una búsqueda sistemática de agentes químicos que pudieran controlar algunas de las enfermedades más graves del género humano, como la meningitis, la tuberculosis y la neumonía, siendo esta última particularmente temida como «el capitán de las huestes de la muerte».

Los progresos fueron lentos, pero la confianza y la paciencia encontraron su recompensa en 1932, con el descubrimiento del primer fármaco del grupo de las sulfamidas, un acontecimiento auténticamente revolucionario. En 1928 se hizo otro descubrimiento que, aunque en ese momento pasó prácticamente inadvertido, estaba destinado a ser todavía más revolucionario. Ese año, el bacteriólogo británico Alexander Fleming descubrió la penicilina.

Historia de la Vacuna Contra Poliomielitis

Ver: Historia Descubrimiento del ADN

Fuente Consultada: El estallido científico de Trevor I. Williams