La Estatua de la Libertad

Túnel Bajo el Río Támesis Historia de su Construcción

Túnel Bajo el Río Támesis
Historia de su Construcción

MARAVILLAS DEL MUNDO:
Túnel del Támesis, Londres, Inglaterra.

El túnel que conecta Wapping con Rotherhithe marcó un hito en la historia de la ingeniería. Fue el primer túnel subacuático y el primero en construirse con un blindaje de protección, que más adelante se convirtió en el método habitual para excavar túneles.

El blindaje tiene la función de proteger el techo y las paredes del túnel hasta haber terminado el revestimiento de ladrillo, y facilitar la excavación manual o mecánica. El mérito de estas innovaciones corresponde a Marc Brunel y a su célebre hijo, Isambard Kingdom Brunel, que a la edad de 20 años era ya ingeniero jefe.

Vista Interior del Túnel

Los Brunel iniciaron las obras en marzo de 1825, abriendo un pozo en Rotherhithe, donde instalaron el blindaje del túnel. El progreso fue más lento de lo que se había esperado, debido en parte a dificultades del terreno, por culpa de las cuales el trabajo se desarrollaba en condiciones muy perjudiciales para la salud.

Se produjeron, además, dos inundaciones, la segunda de las cuales estuvo a punto de acabar con la vida del joven Brunel, que obligaron a interrumpir las obras por falta de fondos.

Un crédito del gobierno permitió reanudarlas al cabo de siete años. Para entonces, Marc Brunel había perfeccionado el diseño del blindaje y consiguió que el túnel llegara a Wapping en 1843. Pronto se convirtió en una atracción turística, local para exposiciones de arte y mercados, y paso de peatones para cruzar el río.

Su elevado coste y reducidos beneficios obligaron a la empresa a vendérselo en 1865 a la compañía ferroviaria East London Railway, que lo adaptó para el paso de trenes de vapor. En la actualidad, los túneles gemelos todavía son recorridos por trenes eléctricos subterráneos.

SOBRE BRUMEL Isambard Kingdom

Desde edad temprana, el inglés Isambard Kingdom Brunel demostró una facilidad natural para el dibujo. Esta aptitud fue fomentada por su padre, que era un ingeniero de reconocida capacidad. En 1820, a la edad de 14 años, Brunel fue a París para estudiar en el College Henri Quatre.

Tres años después, a su regreso de París, Brunel entró en las oficinas de la empresa de ingeniería de su padre. En 1825, éste recibió el encargo de construir un túnel bajo el río Támesis, desde Wapping a Rotherhi-the, y el joven Brunel fue nombrado ingeniero residente, encargado del proyecto. Después de luchar durante tres años, en los cuales el río inundó las obras en varias ocasiones, el proyecto fue abandonado.

El trabajo se reanudó mucho después, y el túnel, por el que todavía pasa un ramal del ferrocarril de Londres, se acabó en 1843. Sin embargo, diez años antes, Brunel fue nombrado ingeniero jefe del recién fundado ferrocarril «Great Western», cargo que ocupó durante trece años. Su trabajo consistió en proyectar y construir la primera línea de ferrocarril desde Paddington, en Londres, hasta Bristol.

Él era experto en la construcción de puentes y en la excavación de túneles. Para disminuir los riesgos de accidentes durante la construcción de túneles, inventó un
protector.

Éste permitía a los trabajadores excavar sólo una sección del frente. El acceso a las distintas secciones se hacía por medio de puertas en el protector y, como éste tenía sus propios soportes del techo, había menos peligro de derrumbamientos. Brunel no sólo era un magnífico ingeniero, sino un hábil negociador con los propietarios de las tierras. Muchos de éstos, a pesar de que con el ferrocarril se revalorizarían sus fincas, se oponían enérgicamente a que pasara por ellas la vía férrea.

En consecuencia, a veces era necesario pagar enormes indemnizaciones por los terrenos sobre los que se construía la línea. En otras ocasiones fue preciso hacer desvíos muy costosos, para no cruzar algunos predios. A pesar de todo, Brunel consiguió construir líneas con curvas suaves y pequeños gradientes.

Basándose en razonamientos teóricos, Brunel adoptó un tipo de trocha ancha (2,10 m. entre carriles, en vez de 1,43 m., como en otros lugares de Gran Bretaña) para las líneas del «Great Western». Él aseguraba que con su ancho de vía se conseguía mayor seguridad, más rapidez y comodidad en el trasporte. Sin embargo, esto hizo muy difícil el intercambio de tráfico entre el «Great Western» y otras líneas. La «batalla de los anchos de vía» duró muchos años, pero   fi-
nalmente, en 1892, el «Great Western» cedió y adoptó el ancho corriente. Para extender los servicios de la compañía más hacia el oeste, Brunel diseñó un barco de vapor, de paletas, que haría la travesía del océano Atlántico. Este barco, llamado «Great Western», hizo su primera travesía trasatlántica en 1838, en un tiempo de 15 días.

Brunel proyectó dos barcos más —el «Great Britain» y el «Great Eastern»—; el segundo fue botado en 1859, pocos días antes de morir Brunel, por exceso de trabajo. Entre los puentes más famosos que construyó está el «Royal Mbert Bridge», por el que cruza el ferrocarril sobre el río Tamar, en Saltash, Cornwall. Brunel también diseñó el «Cltfton Suspensión Bridge» (puente colgante), sobre el Avon, pero no vivió para verlo construido.

Nacido en Portsmouth en 1806, Brunel fue un ingeniero extraordinario, un proyectista atrevido y un exquisito dibujante, que ya a los 24 años fue elegido miembro «Fellow» de la Royal Society de Londres.

Su genio fue el que dio al ferrocarril «Great Western» un carácter especial, que no ha perdido del todo, incluso después de la fusión, en 1948, con los otros ferrocarriles de Gran Bretaña, para formar un sistema único nacionalizado.

Fuente Consultada:
Revista Tecnirama N°120 Eciclopedia de la Ciencia y la Tecnologia
Atlas de lo Extraordinario – Construcciones Fabulosas Volumen II

Viaducto Millau Datos Constructivos Puente Mas Alto del Mundo

Construcción y Datos Técnicos del Viaducto Millau
El Puente Mas Alto del Mundo

El viaducto de Millau en Aveyron (Francia) es el puente más alto del mundo. Inaugurado el 14 de diciembre de 2004 tras 36 meses de trabajos de construcción, la estructura alcanza una altura máxima de 343 metros sobre el río Tarn, y una longitud de 2.460 m, entre el Causse du Larzac y el Causse Rouge; tiene 7 pilares de hormigón, y el tablero tiene una anchura de 32 metros.

El proyecto, de cerca de 400 millones de euros, implicaba la construcción de una sección de peaje de 2.46 km de la autopista A75 entre Clement-Ferrand y Beziers. A 270 metros por encima del río Tarn en su punto más alto, el Viaducto de Millau cruza un valle de 2km en la zona de montañas del Macizo Central y forma el tramo final en la autopista A75 de Paris a Barcelona.

Vista viaducto millau en francia

Viaducto Millau (Francia):Vista Aerea del Puente Mas Alto del Mundo

El puente fue diseñado por el arquitecto británico Lord Norman Foster y construido por el contratista francés Eiffage en menos de tres años.En el año 2001 comenzó la construcción del viaducto de Millau, el puente más elevado del mundo, con 343 metros de altura máxima sobre el río Tarn, veinte metros más elevado que la Torre Eiffel.

Vista torres del viaducto millau

Vista de las Torres de Soporte del Puente Millau

una grua armando la torre soporte del viaducto Millau

Una alta grua armando la torre soporte del viaducto Millau

EL VIADUCTO MILLAU EN CIFRAS: Una obra concedida al grupo Eiffage por 75 años, trás la puesta en servicio del viaducto, y de una exigencia de funcionamiento perfecto para un periodo mínimo de 120 años. Una inversión de 320 millones de euros (2,1 mil millones de francos) financiados en fondos propios por Eiffage.

Altura total (al vértice de las pilas): 343 m. (Torre Eiffel: 320,75 m.)

Altura del tablero por encima del Tarn: 270 m.

Longitud total: 2 460 m.

Los tramos 8 en total (6 de 342 m. y 2 de 204 m.) reposan sobre 7 pilas y sostenidos por vientos fijados a 7 pilas de 90m de altura cada una.

Atura de la pila más alta (hormigón): 240 m debajo de tablero.

Tablero de acero: 36000 toneladas de armazón metálico (7 veces la torre Eiffel).

Hormigón de los estribos y pilas: 85 000 m3 de los cuales más de 50 000 m3 de hormigón de altas prestaciones (igual o superior a B60), o sea en total más de 205 000 toneladas de hormigón (40 veces la Torre Eiffel).

Superficie de las pilas de hormigón: – a base de los zócalos de fundación: 200 m2 – debajo del tablero: 30 m2

Pendiente: 3 % aproximadamente (subida en el sentido Clermont-Ferrand-Béziers)

Barrera de peaje: 18 vías cubiertas por una cubierta realizada con la tecnología BSI (Hormigón Especial Industrial), en Ceracem (cerámica de cemento moldeable en frío) patentada por Eiffage Construcción.

Plantilla en el sitio durante la obra: 500 personas aproximadamente (fuente Eiffage).

Construccion del Viaducto Millau

Vista de la Construccion del Viaducto Millau

Viaducto Millau El Puente Mas Alto del Mundo El viaducto en todo su trayecto está apoyado sobre siete pilastras de hormigón huecas que sostendrán el tablero tendrán alturas que oscilarán entre 70 y 245 metros y descansarán cada una en una base de hormigón apoyada sobre pilotes anclados a una profundidad de 15 metros. Por encima del tablero se sitúan los pilones metálicos donde se apoyan los tirantes de sujeción, que agregan otros 90 metros de altura a la obra.

La obra de ingeniería, dirigida por Michel Virlogeux, está a cargo de la empresa Eiffage TP, tercer grupo francés y quinto europeo del sector de la construcción y obras públicas, mientras que Eiffel se encarga de los elementos metálicos.

En total costará 320 millones de euros, 300 para la obra y 20 para la estación de peaje, cuya concesión explotará la Compagnie Eiffage du Yiaduc de Millau durante 75 años después de su puesta en servicio.

Seis veces más pesado que la Torre Eiffel: La construcción e instalación del tablero, de 36.000 toneladas, seis veces el peso de la Torre Eiffel, significó todo un desafio técnico. Se optó por uno metálico por ser más liviano, pero sobre todo por las condiciones de seguridad. «Un 96 por ciento de las horas trabajadas por los obreros transcurre sobre plataformas, por la parte de atrás de los estribos», subraya Marc Buonomo, responsable de Eiffel.

Esto mitigará el impacto de las inclemencias meteorológicas -nieve, viento, frío- y los peligros del trabajo a gran altura. Además, los operarios cuentan con cabinas con zona de descanso y comida, sanitarios y ascensor, lo que implica un hito en cuanto a condiciones de seguridad laboral en este tipo de obras.

La seguridad es humana y también técnica, ya que las vigas metálicas transversales resultan mucho menos sensibles a los vientos laterales -uno de los problemas del proyecto- que las vigas voladizas de hormigón.

Vista Aerea Viaducto Millau Francia

Vista Aerea de la Construcción del Viaducto Millau Francia

La colocación del tablero, por fases, se realizó mediante espectaculares maniobras. Los elementos, prefabricados en las plantas de Eifel, se instalaron por lanzamiento con tecnología hidráulica desde sendas plataformas situadas a cada orilla del río Tarn. «Usamos un sistema de traslado formado por 64 gatos hidráulicos controlados por computadora», explicó Buonomo.

El lanzamiento requiere la instalación de cinco pilotes metálicos provisionales, que sirven de apoyos intermedios entre dos pilastras consecutivas, para los vanos más largos. Estas estructuras, de 175 metros de altura, se arman utilizando sistemas telescópicos que optimizan las condiciones de seguridad al limitar las alturas a las que operan los trabajadores a 12 metros como máximo.

viaducto millau en francia

El lanzamiento de un puente consiste en construir su tablero sobre las plataformas de acceso y  empujarlo con la ayuda de gatos hidráulicos horizontales hasta que alcance su posición definitiva. Este procedimiento es muy conocido, eficaz y seguro para vanos pequeños o medianos.

Los tramos del puente avanzan guiados por GPS
Cada uno de los tramos del tablero, equipado con un pilón y puntales provisionales en el extremo, avanzarán el uno hacia el otro, y quedarán soldados una vez unidos, a más de 245 metros de altura. Entonces, otros cinco pilones metálicos, en forma de Y invertida, se encaminarán hasta su posición final, «donde se levantarán por vaivén», revela Buonomo. Los siete pilones también son prefabricados y ensamblados in situ en un área especial en la parte posterior de los estribos. El conjunto de los puntales (superficies centrales) está pensado para armarse y tensarse.

Las obras comenzaron en el año 2001 y hacia mediados de 2003 se llevó a cabo la instalación del segundo segmento del tablero a partir del pilar sur, mediante deslizamiento a una velocidad de 8 metros por hora y guiado por GPS. Así se salvó una brecha de 90 metros sobre las gargantas del río Tarn. En julio se realizaron los primeros avances por el lado norte, donde se colocó un tramo de 171 metros de tablero por el mismo procedimiento.

En octubre de 2003 se levantó el pilar P2, de 245 metros de altura. Las siete pilastras tienen que construirse en 16 meses, «un imperativo que nos hizo optar por acciones simultáneas, tratándose cada pilastra como una obra totalmente independiente con su propia grúa», dice Pierre Martín, responsable de Eiffage.

Este tipo de montaje, al reducir el volumen de materiales que se coloca in situ, también contribuye a disminuir el impacto ecológico, ya que requiere menos maquinaria y camiones, menos material inerte para transportar y menos ruidos ambientales.

Año de terminación: 2004
Propiedad: Ministerio Francés de Fomento
Arquitecto-Ingeniero: Norman Foster (arquitecto) y Michel Virlogeux (ingeniero)
Contratista General: Grupo Eiffage

Ruinas de Machu Pichu Picchu Historia de su Construcción

LAS RUINAS DE MACHU PICCHU EN PERÚ
Historia y Características de su Construcción

En lo alto de los Andes peruanos, la ciudadela de Machu Picchu parece suspendida en la niebla de las montañas. Precariamente erguida en un crestón rocoso con hondos precipicios a los lados, esta ciudad de una raza extinguida hace mucho fue descubierta apenas en el siglo XX, 400 años después de su caída. Encajonada entre las cumbres por encima del Urubamba, Machu Picchu resulta invisible para cualquiera que desconozca su ubicación.

El centro de la ciudad se corresponde con una pequeña meseta donde se encuentra la Plaza Sagrada, flanqueada por los templos principales y las casas más espaciosas. En las laderas a su alrededor, se hallan las terrazas de cultivo que abastecían en su día a sus pobladores.

En total, se han descubierto cerca de doscientas construcciones de piedra, y los arqueólogos calculan que, en sus días de esplendor, debió albergar unos mil habitantes. El agua de la urbe procedía de manantiales situados detrás del Machu Picchu y se distribuía en varios niveles a través de estanques y fuentes rituales.

Biografia de Francisco Martini Ingeniero

Estando en un lugar de difícil acceso, Machu Picchu era defendida por su protegida ubicación, que también colaboró en mantenerla escondida durante tantos siglos. Se cree que fue construida hacia 1450 d.C. que estaba habitada por unas mil personas, mayormente sacerdotes y familias de alto rango con sus servidores.

Ver Una Fotografía Panorámica de la Ciudadela

Machu Picchu es el monumento emblemático del Perú. Fue descubierta en 1911 por el arqueólogo inglés Hiram Bingham, se trata en verdad de uno de los conjuntos monumentales más imponentes e impresionantes del planeta, con toda justicia reconocido Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

Escondida entre los riscos y la vegetación frondosa, la antigua ciudad de Machu Picchu permaneció secreta hasta el siglo XX, y ni aún los conquistadores españoles, en su búsqueda de tesoros, la supieron hallar. Machu Picchu estaba quieta, inhabitada y silenciosa entre las nieblas de las montañas peruanas con sus secretos ocultos desde que fuera abandonada ya antes de la conquista.

Para llegar allí hay que aventurarse por un sendero sinuoso que sube hasta la cima de la montaña, bordeando abismos impresionantes. El ambiente es el típico de la jungla hasta que se llega a una altura en que la vegetación decrece, permitiendo entrever, por primera vez, a unos trescientos metros más arriba, las ruinas de los antiguos edificios. Sin embargo, para alcanzarlos, es preciso afrontar todavía una empinada escalinata. Pero vale la pena subir por tan larga escalera, pues a su término se desemboca en el Intihuatana y en la Plaza Sagrada.

Mejor dicho, primero en la plaza (que es el centro urbanístico de la ciudad) y luego en el Intihuatana. En quechua, es decir, en la lengua del imperio inca, inti significa «sol» y huatana «vinculado». Intihuatana, por lo tanto, quiere decir «el lugar donde el Sol está vinculado»: el observatorio astronómico provisto de un gran reloj solar.
Este no es el único edificio importante.

En la plaza se encuentra también el templo del Sol: un edificio triangular, sin techo (quizás no había techos, o quizás eran de materiales perecederos), formado por bloques gigantescos, algunos de los cuales miden cuatro metros y medio de anchura por dos y media de altura.

Machu Picchu era una ciudad fortaleza de los antiguos incas, sobre una montaña entre dos picos, 80 Km. al noroeste de Cusco, Perú.  Las extraordinarias ruinas precolombinas comprenden 13 Km. cuadrados de construcciones de piedra unidas por 3.000 escalones.

Cómo se consiguió transportar bloques de este tamaño hasta la cima de la montaña, y además ensamblarlos tan perfectamente hasta el punto de no dejar el más mínimo intersticio entre ellos, es no sólo un problema para el hombre de hoy, sino hasta un misterio. Y mucho más teniendo en cuenta la simplicidad de las técnicas utilizadas por los incas.

El arrastre de los materiales —todos ellos procedentes de canteras situadas a más de 30 Km. de la ciudad, con puntos de acercamiento de siete kilómetros para algunas partidas— se hacía mediante rodillos, sobre los que se desplazaban las rocas sin la ayuda de animales de transporte. Todo se hacía a fuerza de brazos, tirando de cuerdas atadas a los salientes de las mismas piedras.

Y esto era sólo el principio. Al llegar a la obra, los bloques tenían que ser tallados y perfilados, operación que se hacía con instrumentos de piedra y algunos de cobre o de bronce. Luego había que «adaptar» un bloque con otro, lo que se conseguía después de un largo trabajo de desgaste o de frotación entre ellos, hasta quejas respectivas superficies quedaban perfectamente encajadas.

Tanto es así que, a menudo, se ven todavía piedras más grandes colocadas en medio de una corona de piedras menores, y ello, precisamente, porque los operarios ponían en movimiento estas últimas piedras raspándolas contra las piedras mayores después de haber esparcido entre los dos bloques una fina capa de arena mojada que servía de abrasivo

Esta ciudad no sólo comprendía las casas, sino también un considerable número de terrazas para usos agrícolas. Ese era también un trabajo ingente, ya que la tierra necesaria había sido «importada» de otras regiones y depositada allá arriba para permitir el cultivo de patatas, verduras, forrajes e incluso maíz (el cual, al no poder madurar a causa de la elevada altitud, se utilizaba para alimentar al ganado).

En cuanto al agua, suministrada en cantidades copiosas por un manantial, era recogida y almacenada en grandes depósitos excavados en la roca. Los campos no tenían gran extensión, síntoma, o causa, de la limitada población de la ciudad-fortaleza, la cual no tendría más de nueve mil almas.

Quizá haya sido la última fortaleza INCA después de la conquista española.  Estaba virtualmente intacta cuando fue descubierta por Hiram Bingham en 1911. Bingham (1875-1956) fue un arqueólogo y estadista norteamericano nacido en Honolulú, Hawali.  Fue gobernador de Connecticut (1925) y senador (1925-33).

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Ciudad fortaleza: El Huayna Picchu preside las ruinas de Machu Picchu, en lo alto de la cordillera andina sobre el río Urubamba. La grandeza de los edificios sugiere la posibilidad de que fuera un resguardo montañoso para la aristocracia de Cuzco, capital inca, atendida por una población permanente de siervos y agricultores. En las cuidadosas relaciones de los conquistadores españoles posteriores a la caída del Imperio Inca, en 1533, no se menciona a Machu Picchu, de modo que los motivos de su decadencia se basan exclusivamente en suposiciones.

Nombre: Hiram Bingham – 1875 – 1956
País: Estados Unidos
Profesión: arqueólogo, explorador, profesor y hombre político

Curriculum:
1905 : licenciado de Havard, después de haberlo sido de Yale en 1898 y de Berkeley en 1900.
1908 : profesor en Princeton, comienza su carrera de explorador.
1911 : al término de sus investigaciones en Sudamérica, redescubre la ciudad Inca de Machu Pichu en los Andes peruanos.
1924 : se le elige como gobernador de Connecticut. Porqué se le recuerda:
Redescubrió el Machu Pichu, ciudad Inca olvidada desde el siglo XVI.
Arqueólogo de formación, han querido siempre presentarle sobre todo como un explorador.

Hiram Bingham buscaba la última capital de la antigua civilización inca cuando dio con las ruinas de Machu Picchu (Perú), uno de los centros urbanos mejor conservados de la civilización precolombina. Bingham, profesor de historia latinoamericana en la Universidad de Yale, también era un experto escalador.Miles de piezas halladas fueron llevadas a la Universidad para ser analizadas y estudiadas.

Los miembros menos diestros de su expedición se quedaron en el campamento mientras él, acompañado de una escolta armada y de un guía indio, escaló las pendientes selváticas y las laderas escarpadas para encontrar una ciudad fantasma colgada entre dos cumbres puntiagudas. Sus casas, sus terraplenes ajardinados (entrelazados por unos tres mil escalones) y sus templos constituían una maravilla de albañilería y estaban construidos sin mortero.

Respecto a las piezas enviadas a EE.UU., después de un largo litigio internacional, las 5.000 piezas incaicas halladas en excavaciones en Machu Picchu, que el norteamericano llevó a Yale para su estudio, y que la universidad se negó a devolver durante casi un siglo, han empezado a ser recuperadas y paulatinamente se las ha ido devolviendo al Perú.

Lo que nadie niega en la actualidad es que Bingham procuró darle un aire entre científico y literario a sus andanzas. No era arqueólogo ni sabía demasiado de las culturas precolombinas en su primer viaje, pero tuvo la suficiente capacidad de observación y el debido empeño como para ir posicionando a su descubrimiento en el nivel que merecía.

La diferencia entre la aproximación de Bingham y la de los que llegaron a estas ruinas antes que él radicó en la capacidad para armar un aparato de investigación y excavación profesionales. La existencia de mapas anteriores al de Bingham —de Hermán Goring en 1874; de Charles Wienner en 1880; de Augusto Berns en 1881; de Antonio Raimondi en 1890— que mencionan explícitamente a Machu Picchu, demuestra que esta fortaleza inca ya era conocida. Pero todos habían llegado movidos por intereses económicos, más que científicos o históricos, igual que los colonizadores españoles.

mapa ubicacion machu picchu

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La época y la identidad de Machu Picchu todavía son un misterio, aunque su esplendor reverencial es inequívoco. Bingham acabó siendo senador de Estados Unidos; en los años cincuenta, presidió la Junta de Lealtad de la Administración Pública, e intervino en la causa de una supuesta infiltración comunista en el gobierno.

Cuando entre las montañas asoma Inti, el padre Sol, el dios supremo de los incas, muestra una increíble ciudadela armada como un rompecabezas de piezas encastradas, templos en semicírculo, paredes de granito, palacios, casas y escalinatas, una ciudad completa levantada por una civilización que no conocía la rueda ni tenía animales de carga. Debido a su magnificencia, se especula que Machu Picchu haya sido tal vez un refugio de la aristocracia de Cuzco, la capital del imperio inca.

Machu Picchu (machu picchu significa, entre otros sentidos, «montaña vieja» en quechua)se extiende entre los picos Huayna Picchu y Machu Picchu a unos 700 m por encima del valle (2800 m. s.n.m.) y está suspendida entre los altos picos de los Andes peruanos.  Fue construida en el siglo XV de nuestra era.

Quizá haya sido una ciudad fortificada de unos 1.000 habitantes unida por carreteras a otras ciudades andinas y abandonada en 1572.  Machu Picchu nunca fue hallada ni destruida por los españoles y de ahí su notable estado de preservación cuando fue encontrada.  Palacios, templos, casas, escaleras, canales, fuentes y terrazas de cultivo en distintos niveles, una obra maestra de planificación y construcción.  Aquellas obras se realizaban sin la ayuda de animales de tiro ni herramientas de hierro y el transporte de los grandes bloques de roca se hacía me­diante ruedas y palancas.

Con su conjunto de palacios, templos, casas, escaleras, canales para el agua, fuentes y terrazas de cultivo en distintos niveles, Machu Picchu es una obra maestra de planificación y de construcción. Los arquitectos incas contruyeron probablemente la ciudad a partir de una maqueta de arcilla o de piedra. Los obreros, sin la ayuda de animales de tiro ni de herramientas de hierro, transportaron enormes bloques de granito hasta el lugar mediante ruedas y palancas. Los bloques eran entonces tallados y pulidos, y ajustados en su posición sin ningún mortero.

La sociedad inca estaba sumamente organizada y jerarquizada, lo cual debió reflejarse en Machu Picchu. Nobles, sacerdotes, artesanos y gente del común vivían en zonas específicas de la ciudad, y todos conocían perfectamente sus respectivos derechos, deberes, privilegios y vestimenta.

El núcleo de la vida urbana era la Gran Plaza, donde se celebraban festivales y mercados. Las casas y oficinas de los nobles se elevaban sobre terrazas alrededor de la plaza, mientras que las rústicas casas de piedra de los campesinos estaban situadas en niveles inferiores. Éstas tenían techos de paja y estaban agrupadas en torno a los patios donde las mujeres incas llevaban a cabo sus tareas domésticas.

El viaje de 96 km entre la ciudad de Cuzco y Machu Picchu puede hacerse hoy en un par de horas, en tren o en autobús, pero en 1911 le llevó cinco días al arqueólogo e historiador estadounidense Hiram Bingham recorrer el valle del río Urubamba para llegar a las ahora famosas ruinas. Creía haber descubierto el fuerte inca de Vilcabamba, ciudad arrasada por los españoles en la conquista del Imperio Inca en 1572. Más tarde resumió su impresión diciendo que «parecía un sueño inverosímil». Bingham siempre creyó que el lugar que había descubierto era Vilcabamba, pues llegar allí había sido el objetivo de su expedición, que lo condujo de Yale a Perú.

Los hijos del Sol
No hay edificios ostensiblemente espectaculares en Machu Picchu. Antes que competir con los picos circundantes, los edificios de la ciudad armonizan con ellos. Por ejemplo, las inmensas ventanas trapezoidales del Templo de las Tres Ventanas estaban diseñadas para enmarcar unas impresionantes vistas de los Andes. Éste, y junto a él el Templo Principal, eran simples estructuras en forma de U, quizá a cielo abierto para que los sacerdotes pudiesen observar a los dioses incas del Sol, la Luna y las estrellas.

El Sol, ancestro divino de los gobernantes incas, era venerado por el calor y la luz que proporcionaba a las cosechas. Sobre la cima de una pequeña colina justo detrás de ambos templos se encuentra la sagradaIntihuatana, «el Poste donde se Amarra el Sol». Esta baja plataforma plana, irregularmente escalonada y coronada por un corto pilar cuadrado, era el sitio en el cual el Sol era simbólicamente atado durante el solsticio de invierno para asegurar su regreso al siguiente año.

La singularidad de Machu Picchu reside en su ubicación entre los brumosos picos de los Andes, como una aguilera de piedra a mitad de camino del cielo. Aunque ninguno de los edificios es notablemente superior a los otros, se destaca el Templo de las Tres Ventanas, diseñado para obtener maravillosas vistas de los Andes. Éste y otros similares eran construcciones a cielo abierto, seguramente para que los sacerdotes pudiesen observar el Sol, la Luna y las Estrellas.  El Sol es el ancestro divino de los incas por el calor y la luz que proporcionaban vida y cosechas.

Actualmente sus ruinas son muy visitadas y tanto arqueólogos como historiadores y antropólogos continúan investigando en ella para conocer aún más sobre costumbres y significados de la cultura Inca.

Macchu Picchu es una de las ciudades más fascinantes del mundo. Probablemente fue una ciudad santa, tan adentrada en una región perdida de los Andes que los conquistadores ignoraron su existencia, y la propia caída del imperio inca acabó por dejarla abandonada. Se puede acceder a ella a pie, recorriendo fascinantes ciudades deshabitadas.

La construcción de la ciudad sagrada

El Santuario Histórico de Machu Picchu es el recinto arqueológico más conocido y visitado de América del Sur: una ciudad inca que sobrevuela los Andes desde sus 2.438 metros de altura cuya notoriedad, prestigio y leyenda no han hecho más que crecer a partir de aquel día de julio de 1911. La antigua ciudad ocupa un estrecho espinazo curvo que une, a la manera de una doble ladera, los picos de Machu Picchu y Huayna Picchu. Vistos desde lo alto, las calles y los edificios parecen sostenerse de milagro en un frágil equilibrio sobre el precipicio. Sin embargo, las construcciones han desafiado a los siglos y a la naturaleza, y hoy es posible seguir el plan arquitectónico y urbanístico de los incas con claridad.

La expedición llevada a cabo por Bingham en 1912 duró 7 meses. Su equipo excavó y fotografió el lugar, lo mapeó, acopió piezas de arcilla, bronce y piedra, además de valiosas momias. Bingham comunicó de forma inmediata los resultados de su trabajo a la comunidad científica y motivó una serie de hipótesis sobre el destino original de la ciudad: primer asentamiento de los incas, anterior incluso a la fundación de Cuzco, la capital del Imperio; último refugio del rey rebelde Túpac Amaru tras la conquista española; centro ceremonial destinado al culto y reservado a reyes y sacerdotes; villa de recreo exclusiva de la realeza… Hipótesis y también mitos, porque Machu Picchu se convirtió en símbolo de la resistencia inca y de la identidad del pueblo peruano frente a cualquier tipo de enemigo externo.

En opinión del arqueólogo e indigenista peruano Luis Eduardo Valcárcel, coetáneo de Bingham, y de Johan Reinhard, antroopólogo, experto en arqueología de alta montaña y explorador de National Geographic, no hay duda de la función sagrada de la ciudad. Esa tesis se basa sobre todo en su ubicación, determinada por la relación mágica y alegórica de Machu Picchu con los dos picos hermanos (los dos «picchus») y con otras cumbres andinas. Y también por la protección casi circular que proporciona el río Urubamba, cuyo curso describe una curva en la base de la montaña, a la que rodea por tres de los cuatro costados. Además, se debe tener en cuenta la función purificado-ra del agua, encauzada en finos canales de piedra y destinada a discurrir de fuente en fuente y de terraza en terraza.

Pero lo más revelador de las investigaciones de los últimos treinta años es la datación. El hallazgo de unos manuscritos fechados a mediados del siglo XVI permitió situar la construcción de Machu Picchu bajo el reinado de Pachacuti (de 1438 a 1471), el primer soberano de su dinastía de quien quedan testimonios escritos. A él se deben la consolidación del reino, la ampliación de sus fronteras y el enriquecimiento de Cuzco con nuevas plazas y viviendas, además de la reedificación del Templo del Sol. Machu Picchu, según todas las referencias, habría sido levantado como centro ceremonial y de descanso real a mediados del siglo XV.

El hecho más fascinante para los visitantes actuales es la grandiosidad de la construcción. Los incas no disponían de animales de tiro, y a pesar de ello erigieron enormes paredes con piedras que pesaban varias toneladas cada una, y tan bien encastradas que resulta imposible introducir la hoja de una navaja en cualquier juntura.

Es característico de la arquitectura incaica el modo en que están cortadas las piedras, con muchas facetas que encajan a la perfección sin necesidad de argamasa, formando un símil de rompecabezas tridimensional. Este tipo de diseño aumenta considerablemente la estabilidad del muro, algo necesario para poder resistir los frecuentes temblores de tierra que sacuden los Andes. En Cuzco hay una muralla inca con una famosa piedra que tiene doce ángulos en sus caras. En Toronto y, uno de los pequeños emplazamientos que rodean Machu Picchu, existe otra piedra con 40 ángulos.

¿Cómo lograron los incas tal perfección en la construcción? El problema de la mano de obra quedaba resuelto con el trabajo de los cautivos de otras tribus. Por ejemplo, los templos de Ollantaytambo fueron construidos por los indios colla, habitantes de las orillas del lago Titicaca. Pero, ¿cómo conseguían cortar el granito en sillares tan largos? Aun cuando era grande su habilidad para la fundición y aleación de metales blandos — oro, plata, cobre y bronce, con los que hicieron magníficos trabajos—, los incas nunca descubrieron la manera de fabricar utensilios de hierro.

A pesar de no contar con útiles capaces de trasformar piedras de tal dureza, y por tanto carecer de tecnología para llevar a cabo tal trabajo, los incas vencieron todo tipo de contratiempos. Este es otro de los grandes enigmas que nos ha dejado esta misteriosa etnia, motivo de múltiples explicaciones.

El guía de Sacsahuamán, cerca de Cuzco, asegura que estos trabajos fueron realizados con fragmentos de hematites de origen meteórico. Si esto es así, los Andes debieron sufrir un tremendo bombardeo de meteoritos, pues los instrumentos hechos de hematites no son muy resistentes, pese a lo cual las piedras representan un trabajo de millones de horas/hombre. Otra teoría que suele invocarse como explicación de estas construcciones es el empleo de tecnología láser por parte de visitantes extraterrestres.

Esta teoría, que niega a los incas la capacidad de efectuar su tarea por sí mismos, se basa en la muy arraigada opinión de que el siglo XX representa la cima de los adelantos humanos. Esta concepción del mundo, con su sencillo encadenamiento de causas y efectos, ha ayudado a vencer enfermedades y conquistar el globo, pero no tiene en cuenta la posibilidad de que la humanidad haya perdido ciertos poderes detentados por las razas de la antigüedad.

Unas de las maravillas de la arquitectura inca se repite aquí: la perfecta conjunción de las piedras. Sigue sin saberse cómo se transportaban sin conocer la rueda.

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La Casa Blanca: Historia, Incendios y Construcción con Esclavos

George Washington, primer presidente de los Estados Unidos de América y el único elegido por unanimidad, consiguió evitar que sus compatriotas le dieran el título de “Su Alteza el Presidente de los Estados Unidos de América y protector de sus libertades”, como alguien propuso y como muchos habían deseado.

Sin embargo, no pudo impedir que diesen su nombre a la capital del nuevo estado federal que acababa de formarse, construida en un terreno virgen, a orillas del Potomac, cedido para este fin por los estados de Maryland y de Virginia.

Con modestia y elegancia se limitó a ignorar el hecho, hablando hasta el fin de sus días de “distrito federal” o de “territorio de Columbia”. Mas sea cual fuere su nombre, sé trataba de un pantano; un lugar bellísimo, pero cenagoso, frío en invierno y bochornoso en verano, con un clima tan infernal que los diplomáticos ingleses acreditados en la ciudad obtuvieron de su gobierno una especial “indemnización de colina”, es decir, el derecho a pasar una temporada en alguna localidad más o menos montañosa para recuperarse de los veranos en aquel malsano baño turco.

Por otra parte, este lugar que debía convertirse en centro de la nación estaba tan apartado de las habituales vías de comunicación que la esposa de uno de los primeros presidentes. que había salido de Baltimore en dirección a la Casa Blanca —o, como entonces se llamaba, la Executive Mansion, o sea la sede del poder ejecutivo— se perdió en los bosques, donde vagó durante horas y siendo al fin encontrada por un caritativo vagabundo negro.

la Casa Blanca

La escasez de documentos oficiales impide decir con exactitud cuántos esclavos “ayudaron” en la construcción de la Casa del Presidente a lo largo de su historia (incluida la reconstrucción de 1812, luego del incendio que provocaron los ingleses por la guerra).

Los historiadores especulan que fueron más de 200 y que, en total, desde 1790 hasta 1863 –año en que Estados Unidos abolió la esclavitud– fueron entre 400 y 600 los esclavos afroamericanos que comprometieron sus fuerzas para la construcción de los “templos de la libertad” del país.

El hecho de haber escogido semejante lugar era el resultado de un compromiso; un compromiso que se hizo necesario porque la Unión amenazaba quebrantarse con el problema de la capital: el Norte la deseaba y el Sur la reclamaba.

El Congreso estaba indeciso respecto a la elección que debía hacerse, pero en cambio estaba muy decidido a excluir las grandes ciudades —Boston, Nueva York, Filadelfia—, en las que los representantes del pueblo hubieran estado demasiado expuestos a las reacciones inmediatas del propio pueblo que representaba.

Por último su llegó a un acuerdo dentro del marco de otro acuerdo más amplio: el de las deudas nacionales. El Sur tendría la capital; pero a cambio cargaría con una parte de las deudas del Norte, que eran mucho mayores.

La elección del lugar se confió a la decisión del general Washington, ex agrimensor y primer presidente del país, quien lo hallé precisamente junto a su propia vivienda en Mount Vernon.

Las líneas fundamentales de este Versalles de la democracia fueron trazadas por un francés, Pierre Charles L’Enfant, un parisiense de pura sangre, que luchó voluntario por la libertad americana (siendo herido dos veces) y un genio que se anticipó a su tiempo, pero uno de los peores caracteres producidos jamás por la dulce Francia.

Su plan era tan valido, pero tan nuevo y audaz que durante un siglo pareció absurdo Diseñé un inmenso ajedrezado, más amplio que el París de entonces, cortado en diagonal por grandes avenidas de hasta 50 metros de anchura.

En el centro, los dos polos de poder: el Capitolio, sede del Congreso, y e palacio del presidente, unidos ambos por una vía ceremonial de 120 metros de anchura.

La residencia presidencial se levantaría no lejos del río Potomac, junto a un torrente bautizado con el nombre de Tíber por un agricultor con aires de grandeza (a su hacienda la llamó Roma) y luego rebautizado prosaicamente como Goose Creek (“orilla de la oca”) por los cazadores locales.

L’Enfant la imaginó en forma de un gran rectángulo, y quizás esperaba proyectarla, pero la aspereza de su carácter le hizo perder el puesto, a pesar del apoyo de Washington, quien apreciaba su genio y que chapurreaba su nombre desfigurándolo en Longfont. Por último, para la realización de la Executive Mansion fue preciso convocar un concurso.

Lo ganó James Hoban, irlandés naturalizado americano, que había empezado su carrera profesional en el Nuevo Mundo haciendo publicar en los periódicos de Filadelfia el siguiente anuncio: “Los caballeros que deseen construir en estilo elegante deben saber que pueden contar con la persona más indicada, que realiza trabajos de ebanistería y de carpintería según el gusto y técnica modernas”.

El edificio que este hombre proyectó —una elegante, digna y cómoda casa, adecuada para un próspero burgués o para un plantador acaudalado— tenía como característica principal la forma oval de los salones principales.

Sin embargo, entonces pareció desproporcionada para las necesidades del presidente de los Estados Unidos, al que ya le habían sido asignados cinte mil dólares anuales de sueldo, un ministro de Asuntos Exteriores, un ministro de Finanzas, dos ministros de Fuerzas Armadas y un George Washington (1732-99)Administrador General de Correos.

A cambio de eso podía encargarse muy bien de “todo el gobierno, toda la administración y toda la representación de tos Estados Unidos”. Y para esta misión no parecía necesaria una casa que, eralo bastante grande como para dos emperadores…un papa y un dalai lama”, como expresó Thomas Jefferson (que por cierto sería uno de sus inquilinos).

Si el proyecto se aprobó fue- porque el coste parecía razonable —400.000 dólares de aquel tiempo— y además porque entonces no parecía justo criticar los deseos de comodidad del gran Washington.

George Washington (1732-99) Primer presidente de Estados Unidos y comandante en jefe estadounidense durante la guerra para independizarse de Gran Bretaña, a menudo se lo llama el «padre de su patria».

Originalmente un caballero de Virginia que se dedicaba a la agricultura, como soldado demostró grandes cualidades de liderazgo. Sumamente popular entre el público estadounidense, un congresista lo elogió llamándole «el primero en la guerra, el primero en la paz, el primero en el corazón de sus compatriotas».

Pero estos costes fueron ampliamente superados, incluso después de haber eliminado algunos detalles del proyecto original: abolición de los pórticos, del previsto tercer piso y de muchos acabados ornamentales. George Washington murió en 1799, precisamente cuando se ponía el tejado a la casa. El primer ocupante fue John Adams, segundo presidente del país, quien todavía encontró la vivienda sin acabar, con paredes que debían revocarse y habitaciones aún por decorar y organizar.

El salón oriental, el más grande la casa, fue acondicionado por la flrst lady como lavandería, la única función que podía asumir en aquel momento, iniciando con ello la serie de anécdotas que se irían produciendo sobre la residencia presidencial. Sin embargo, incluso en estas condiciones, Adams inauguró oficialmente la residencia en 1800.

Thomas Jefferson, el tercer presidente, el mismo que había criticado con aspereza la magnitud de la construcción, fue, precisamente, el que la transformó en una verdadera y auténtica vivienda.

Fue también el primero en prever una ampliación de la casa, demostrando con ello que desde el interior la óptica es siempre muy distinta que desde el exterior. Por encargo suyo, el arquitecto Benjamín H. Latrobe (por fin un americano) proyectó los dos pórticos que ahora embellecen las fachadas norte y sur y dos ampliaciones en forma de pórticos bajos con terrazas en los lados este y oeste.

Mientras tanto, Jefferson, con sus maneras directas y sencillas, ayudado por una primera dama en funciones, la encantadora Dolley Madison, esposa del secretario de Estado; pues el presidente era viudo, iban creando la tradición y el estilo de la residencia presidencial.

Jefferson fue el primer político del mundo que estrechó la mano a los visitantes en lugar de hacer la protocolaria inclinación de saludo, y el primer jefe de Estado, después del legendario rey Arturo, que hizo sentar a sus invitados a una mesa redonda, en lugar de hacerlo en una rectangular, para eludir así las diferencias de rango: y quizás ha sido también el único presidente que haya recibido a un embajador, en visita oficial, vestido con ropas de casa y en zapatillas.

Pero, aparte de estas anécdotas, más o menos pintorescas, Jefferson fue dando carácter a la mansión.

Dispuso el arreglo de los jardines, en los que se montó una jaula para los osos grises —regalo al presidente de los exploradores Lewis y Clark, al volver de su expedición al Pacifico en los años 1804-1806, y mandó decorar el interior de la casa con bellísimos muebles franceses.

Este embellecimiento fue continuado por el sucesor de Jefferson, el marido de la incomparable Dolley: James Madison.

Fue una lástima que todo eso tuviera que desaparecer bruscamente, pues la Casa Blanca —término que hacia 1809 empezó a utilizarse junto al oficial de Exetutive Mansion— fue incendiada en 1814, durante la guerra anglo-americana, por un cuerpo de desembarco inglés.

La incursión no tuvo efectos prácticos desde el punto de vista militar siendo luego contrarrestada, desde el punto de vista psicológico, por el golpe que meses después infligió Andrew Jackson a dicho cuerpo expedicionario bajo los muros de Nueva Orleans (con la diferencia de que este segundo episodio tuvo lugar cuando ya se había firmado la paz, aunque los combatientes no lo sabían).

la Casa Blanca Pero lo cierto es que, tras el ataque, de la Casa Blanca sólo quedaban en pie las paredes exteriores (deterioradas también), habiéndose salvado únicamente de su interior el retrato de Washington, que fue trasladado a lugar seguro por la propia esposa del presidente en el momento de la invasión.

Fue necesario encargar a Hoban, que volvió a la brecha después del paréntesis de Latrobe, una restauración completa —que más bien era una reedificación—, que se realizó tan rápida y sumariamente que cada año, al hacerse la limpieza de verano, se ponían al descubierto las huellas del pasado incendio.

Cuando Andrew Jackson, el vencedor de los ingleses en Nueva Orleans, fue elegido presidente y se instaló, en 1829, en la residencia, miles de personas tomaron por asalto el edificio para “festejar” el acontecimiento, devastando casi por completo el salón oriental (cuya reparación costó 10.000 dólares), derribando el buffet, rompiendo vajillas y destrozando muebles: era, según un juez de la Corre Suprema que presenció los hechos, “el triunfo de Su Majestad la Plebe”.

El bullicio de esta presidencia tan escandalosamente iniciada terminó con la desaparición de un enorme queso, de 635 kilos de peso, regalo de un industrial de Nueva York al presidente y que los “invitados” devoraron en el mismo salón, cortándolo con sus propios cortaplumas.

Todos esos hechos, no obstante, despertaron menos reprobación que la conducta de Martín van Buren, sucesor de Jackson, contra el que un enfurecido diputado de Pennsylvania desató una virulenta campaña —que llenó treinta y dos páginas de un periódico— de “infamantes acusaciones”, que iban desde el uso, por parte del presidente, de cubiertos de oro —que en realidad eran de plata dorada— a la “abominable” predilección por los vinos franceses en lugar de la honesta sidra, y de la costumbre decadente de usar aguamaniles, perfumarse y dormir hasta ciertas horas, hasta la “increíble” disipación de 75 dólares para abrillantar un centro de mesa de plata dorada que había sido adquirido por el presidente Monroe para los banquetes oficiales. Y todo ello para apoyar la elección de un candidato (William H. Harrison) que moriría —por pura obstinación— apenas un mes después de su nombramiento.

Pero todas esas anécdotas deben incluirse en la pequeña y menuda historia de la gran mansión. En la pequeña comedia de la misma. Mas no siempre fue así; también hubo su tragedia. En efecto, la doble presidencia de Abraham Lincoln vio la tragedia de la guerra civil junto a la personal
—pero desesperante— del presidente, que en la Casa Blanca perdió a su hijo y vio enfermar gravemente a su mujer.

Todo ello mientras Lincoln debía llevar el peso dio una guerra atroz, de consecuencias imprevisibles, con las dificultades que crecían en los frentes y el deseo de venganza aumentando en el interior; un amasijo de tragedias que culminaría en la tragedia final: el asesinato del propio presidente, en un palco de un teatro, cuando la guerra civil apenas había acabado. Era el primer presidente norteamericano asesinado, pero no sería el último; su suerte la seguirían Garfield, McKinley, Harding y John Fitzgerald Kennedy.

La Casa Blanca no siempre ha albergado estadistas de primera fila, como el citado Lincoln. A Jefferson, Monroe y Jackson les siguieron otros que son poco más que un simple nombre en las páginas de la historia: James Pole, bajo cuya dirección se conquistó, con una patente agresión, el Sudoeste; Millard Fillmore (cuya esposa empezó la biblioteca de la Casa Blanca, hoy inmensa, pero entonces reducida únicamente a una Biblia), y Pierce, Tylér y Taylor (fulminado por una indigestión de fruta amarga y bebidas heladas).

Hubo otros, como Grant, de gran categoría en la guerra como general, pero débil como conductor del país y que cerró su mandato con una explosión de escándalos; o como Cherter Alan Arthur, que heredó la residencia como vicepresidente de Garfield y que no quiso entrar en ella hasta que aquella “barraca mal sostenida” fuese restaurada; para ello se dirigió a Louis Comfort Tiffany, que entre otras cosas cerró el atrio con una de sus fantásticas vidrieras, un “motivo de águilas y banderas, trenzadas a la manera árabe”.

Han sido cuarenta y cuatro hasta ahora, desde John Adams —que cruzó por primera vez su umbral— a Barack Obama, los presidentes que han ocupado las históricas habitaciones. Cada uno con sus ansias, sus esperanzas, sus manías y su capacidad. Y cada uno con sus propias ideas sobre lo que la residencia debería ser.

Después de la reconstrucción de 1816-17 y la realización de los pórticos y alas que Latrobe había proyectado, se fueron sucediendo las siguientes innovaciones: la casi total renovación del decorado, efectuada por Mary Todd Lincoln (que ahogaba sus neurosis en continuos gastos), la completísima reorganización de la época de Grant (cuando la Casa Blanca imitó el estilo de los barcos del Mississipi, de moda entonces) y la restauración del presidente Arthur.

Después, Theodore Roosevelt llegó al edificio como un tornado. Mientras el presidente aprendía jujitsu y sus hijos montaban ponnies en los ascensores, los albañiles construían la nueva ala (el ala oeste) para los despachos presidenciales, que hasta entonces habían estado dentro de las .habitaciones destinadas a la familia, y se instalaban tuberías y electricidad, se rehacían los pavimentos, peligrosamente sobrecargados y endebles, y el segundo piso se arreglaba para uso estricto de la familia y para huéspedes de Estado.

Así, el edificio —bautizado ya oficialmente como Casa Blanca— estaba ya dispuesto para entrar en el siglo XX, o casi dispuesto, porque en tiempos de Truman fue necesario volver a rehacerlo casi globalmente: un siglo y medio de continuas modificaciones y de incesantes servicios dejaron la mansión en pie por pura fuerza de la costumbre. Manteniendo tan sólo las paredes exteriores, fue reconstruido por completo, siguiendo las pautas previstas en los proyectos de Hoban y de Latrobe.

Mientras tanto, los presidentes se iban sucediendo. Eisenhower jugó al golf en los prados del parque, esos prados en los que cada año, en Pascua, según una tradición iniciada en 1877 por Lucy Hayes, los niños buscan alegremente decenas de huevos que se dejan en el césped. Más tarde, Jacqueline Kennedy reestructuró de arriba abajo la decoración interior, haciendo de la Casa Blanca una residencia administrada según reglas establecidas y digna de competir, en cuanto a. poder evocador y dignidad ambiental, con los grandes palacios históricos europeos.

Pero más que las restauraciones de su madre, lo que la gente recuerda con más afectuoso sentimentalismo es a Carolina niña, que se hace fotografiar por los peno. distas con los zapatos de su madre, o a su hermano John-John que sale del despacho de su padre, en el que se había escondido.

Porque aunque el poder del inquilino de la Casa Blanca es hoy mucho mayor que el de cualquiera de los jefes de Estado del mundo occidental, y su super ministerio, que en tiempos de George Washington se componía de un solo secretario, invade hoy todo un barrio de la capital, la Casa Blanca no ha dejado de ser, en casi dos siglos de vida, una casa por encima de todo, la vivienda de una familia elegida por el pueblo y en la cual ese pueblo se reconoce.

Y tampoco ha dejado de recordar, con su aspecto de elegante digna residencia burguesa, que lo que la nación americana ha dado a su presidente es una casa, con el “salón bueno” para recibir a los huéspedes, y no un palacio.

Quien vive allí, aunque tenga poder sobre medio mundo, no es más que el delegado de millones de individuos que lo han colocado en aquel lugar. En definitiva, la más completa definición del valor del edificio es la que diera Eisenhower: “Estoy seguro —escribió— que la Casa Blanca no es sólo la residencia del jefe ejecutivo: es la historia viviente de la colonización, de las luchas, de las guerras, del pasado, y, al mismo tiempo, es la encarnación de la América que crece.»

Fuente Consultada: Enciclopedia de las Maravillas del Mundo Tomo III