La Familia Médicis

Fugger Jakob Rica Familia de Italia Renacentista Financia al Papado

Fugger Jakob Rica Familia de Italia Renacentista

Fugger Jakob

El siglo XVI, conocido como el siglo del Renacimiento y de la Reforma, fue también el de las grandes operaciones comerciales. Entre los grandes hombres de negocios que en este siglo pregonaron orgullosamente los nuevos valores del beneficio y de la riqueza, ocuparon el más alto rango los Fugger.

Mucho más rica que cualquiera de las demás, esta familia de Augsburgo tuvo bajo su dependencia a papas y emperadores, y ello hasta el punto de que la época mencionada fue llamada el «siglo de los Fugger».

Jakob, «el rico» Honorablemente prestigiada desde el s. XIV, la casa Fugger supo sacar partido de su situación en la ruta de Venecia para lanzarse al comercio de las especias, de la seda y del paño. Pero su verdadero florecimiento comenzó en 1473, cuando Jakob se puso al frente de la familia.

Se trataba de un hombre de acción en el sentido moderno del término, y sus ambiciones eran extremadamente sencillas: ganar la mayor cantidad de dinero posible. Nada, ni las preocupaciones artísticas y culturales de su tiempo, ni el prestigio de la vida nobiliaria, podía igualar a sus ojos el atractivo de los negocios.

En un plazo muy breve, ensanché el campo de las actividades de su firma. En 1487, cerró con Segismundo de Habsburgo un contrato que habría de convertirse en modelo: como garantía de un importante préstamo, obtuvo una participación en las minas de plata del Tirol. En el transcurso de los años siguientes, consiguió el control de las minas de cobre y de plata de Hungría, y muy pronto se quedó también con el mercado de cobre de Venecia.

Sus filiales fueron cubriendo poco a poco la Europa central, los Países Bajos e Italia. A su muerte, el capital de los Fugger se elevaba a 1,6 millones de florines renanos.

Los banqueros del emperador Los Fugger estaban estrechamente vinculados con la fortuna de los Habsburgo, lo que no dejaba de significarles riesgos. Pero, en contrapartida de su papel de arrendadores de fondos, se beneficiaron del apoyo de los emperadores contra las firmas competidoras, y recibieron de ellos dominios, minas y monopolios, como el de la sal. En 1509, Jakob consiguió adelantar, en seis semanas, 170.000 ducados al emperador Maximiliano. En 1511, y para hacerse elegir papa, este último les solicitó nada menos que 300.000 ducados, ¡con los que esperaba comprar a los cardenales! La operación no llegó a realizarse, pero, en 1519, la intervención de los Fugger permitió a Carlos V hacerse elegir emperador: de los 850.000 florines que le costaron los votos de los electores, 540.000 procedían de la casa de Augsburgo. Los Fugger tuvieron también participación en los beneficios de la Iglesia. En Maguncia, eran ellos quienes se ocupaban de cobrar las famosas indulgencias, y en Roma tomaron a su cargo los talleres monetarios de los papas Julio II y León X.

Los cambistas y los banqueros se aprovecharon, en el s. xvi, de las imperfecciones en la acuñación de las monedas. Seleccio­nando las piezas monetarias, no dejaban en circulación más que las más ligeras. Las más pesadas eran recortadas o sumergidas en ácido. El oro recuperado de tal manera, se transformaba acto seguido en lingotes.
En dicha época, las monedas de referencia eran las españolas. España, que recibía los metales preciosos de América, compraba más de lo que vendía. Su moneda, de excelente ley tanto en oro como en plata, se impuso tanto en Europa, como en el Imperio otomano, e incluso en la India. El escudo de oro (3,37 g) sirvió de modelo al escudo francés, a la corona inglesa y al gulden renano.

Elaboradas técnicas comerciales El capitalismo de los Fugger, al igual que el de los Welser de Augsburgo, el de los Hóchstetter de Amberes, el de los Grimaldi de Génova, el de los Chigi de Roma, el de los Malvenda de España o el de los Gresham de Londres, se caracterizaba por la multiplicidad de las operaciones que abarcaba. Todos aquellos hombres de negocios aseguraban la percepción de los derechos señoriales, de los diezmos eclesiásticos y de los impuestos reales, al mismo tiempo que especulaban con las materias primas o con las actividades de producción. Para dirigir tales negocios, aprovecharon los progresos de la técnica comercial. La contabilidad por partida doble, procedimiento mantenido en secreto durante mucho tiempo, acabó por extenderse.

La creación de filiales en las plazas más importantes de Europa permitió el desarrollo del dinero escriturario, particularmente de la letra de cambio, perfeccionada por los genoveses en el s. XIII. Este procedimiento, utilizado inicialmente de un país a otro, comenzó después a ser empleado corrientemente en el interior de una misma zona monetaria o de una misma ciudad. Operando sobre las variaciones de cambio de las monedas, la letra de cambio camuflaba con frecuencia operaciones de crédito.

La decadencia de una gran firma Anton Fugger, el sucesor de Jakob, se tuvo que enfrentar en Hungría a una encarnizada rebelión de los campesinos y los nobles contra la dominación extranjera. El traspaso de la corona húngara al Imperio, le permitió finalmente enderezar la situación.

Una prudente gestión posibilité extender la red de los Fugger a Erfurt, Londres y Florencia, y la casa participó también en la llegada de metales preciosos procedentes de América. Pero un colosal préstamo concedido en 1552 al emperador expulsado por los protestantes, así como arriesgados adelantos a Felipe II de España, comprometieron el equilibrio financiero de la familia.

Cuando en 1557-1560 los Habsburgo de España, colocados ante un déficit de unos 15 millones de ducados, se vieron abocados a la bancarrota, la situación resultaría fatal para los Fugger. A la muerte de Anton, el pasivo de la firma sobrepasaba ampliamente al activo, Y la tercera generación conoció la decadencia del negocio.

Biografía de Botticelli Sandro Artista Renacentista Vida y Obra

Biografía y Obra de Botticelli Sandro – Artista Renacentista

Sandro Botticelli(Florencia 1445-1510). Hijo de un curtidor, nació en Florencia en 1444. A temprana edad abandonó sus estudios académicos para trabajar con un orfebre. Su interés por la pintura y el dibujo se desarrolló en este trabajo y fue aceptado como aprendiz en el taller del pintor florentino Fray Filippo Lippi.

A partir de 1470 tuvo su propio taller, empezó a trabajar para los Médicis y tuvo numerosos encargos. En 1478 ya había alcanzado la madurez que representa un cuadro maravilloso, La primavera. En 1480 llevó a cabo notables pinturas murales en la iglesia de Todos los Santos de Florencia, su ciudad natal. Un año más tarde estuvo en Roma, donde formó parte del equipo encargado de las composiciones murales para la Capilla Sixtina.

En 1482 ya estaba de vuelta en Florencia, donde tuvo numerosos encargos: mártires, Crucificados, Vírgenes, Pietá… Hacia 1485 pintó las cuatro tablas de la Historia de Nastagio degli Onesti (tres de ellas se conservan en el Museo del Prado de Madrid). Hacia 1490 emprendió una serie referente a la Divina comedia de Dante. Sus últimos años se vieron ensombrecidos por las dificultades económicas.

Botticelli es el pintor más notable de la segunda mitad del siglo XV. Era un hombre cultivado y de temperamento artístico apasionado. Vivió de corazón la aparición del humanismo en la corte de Lorenzo de Médicis. Al final de su vida, influido por las prédicas de Savonarola, reformador religioso que propugnaba la austeridad, dejó de tratar temas mitológicos y profanos y renunció a los hallazgos de la perspectiva, volviendo así a una pintura medieval (La natividad mística).

BIOGRAFÍA: Durante el siglo XV, entre los artistas que rodeaban a la familia de los Médicis, en Florencia, se hallaba Sandro Botticelli, el único artista quizás que, por sus dotes y su óríeligencia, había resumido en el arte figurativo la particular actividad intelectual de ese momento histórico.

Nació Sandro en Florencia, alrededor del año 1445. Su padre. Mariano Filipepi, de oficio curtidor, declaró en 1458 ez las oficinas del Registro Civil, entre otras cosas: «mi hijo Sandro, de trece años, es enfermo y se consagra a la lectura».

El hogar paterno, ubicado en un barrio de tintoreros y curtidores, no era el más propicio para la salud del niño, ya endeble de nacimiento. Desde la infancia, se mostró extraño e inquieto: ocupaba su tiempo leyendo o fantaseando, sin querer cumplir estudios regulares. En vista de ello, el padre dispuso que el niño aprendiera el oficio de orfebre, y lo envió a los talleres de un tal Botticello. Cierta versión afirma que el joven adoptó el seudónimo bajo el cual se lo conoce, en memoria de ese su primer maestro.

En aquel tiempo, los orfebres tenían sólidos conocimientos de pintura y de escultura, y muchos famosos pintores y escultores egresaron de esos talleres.

Las condiciones artísticas que hasta entonces dormitaban en su alma cerrada y enigmática, se manifestaron pronto en el joven Sandro. El trato asiduo que, por razón de su oficio, tenía con los grandes artistas florentinos, despertaron en él un interés creciente por la pintura, y un buen día abandonó los talleres del orfebre.

Alrededor de 1472, había establecido un floreciente taller propio y fue hecho miembro de la Cofradía de San Lucas, una importante sociedad de artistas florentinos.

Los artistas que trabajaban en Florencia lo hacían bajo el patrocinio de la Iglesia y opulentas familias locales. Como dijimos antes una de las más ricas y poderosas de estas familias eran los Médicis. Fue para un miembro de esta familia, un primo de Lorenzo el Magnífico, que Botticelli pintó sus obras más importantes, una de las cuales es el Nacimiento de Venus, pintado en la década de 1480.

El Nacimiento de Venus Sandro Botticelli

El Nacimiento de Venus: Fue la época de sus grandes composiciones mitológicas. El nacimiento de Venus (1482), que fue concebido como contraparte de La Primavera, es una alegoría que exalta los ideales formales e intelectuales: lo bello, la perfección del cuerpo femenino, asociado al bien, en una naturaleza armoniosa.

Desde 1475 más o menos, Botticelli, como discípulo de Fra Filippo Lippi e influido también por Verrocchio, había llevado su propio estilo a las mayores posibilidades de elegancia y nitidez cromática. Dentro de esta faceta de su arte, realizó por encargo de Lorenzo di Pier Francesco de Medici (sobrino de Lorenzo el Magnífico) esta tabla y la de la Primavera, así como la de Palas y el centauro, de fecha algo posterior.

Las tres se pintaron para decorar la villa de aquel encumbrado personaje en Castello. La Primavera data de 1477-78 y muestra al artista ya liberado por completo de influencias ajenas, expresándose a través de su lirismo lineal; los otros dos cuadros muestran, en cambio, un propósito de monumentalidad que en el artista aparece poco después de 1480.

El Nacimiento de Venus es, por su concepción, la pintura más clásica de las tres, aunque ciertas asimetrías tienden a romper la firmeza de la composición simétrica. El desnudo cuerpo de la diosa delata poética languidez, en su fluidez extrema, en relativo contraste con el grupo formado por los Céfiros,
que es compacto.

Fueron los años más felices de la hermosa Florencia, enriquecida por el admirable gobierno de Lorenzo el Magnífico, ese hombre tan diverso y completo, que poseía las virtudes más preciadas. Podemos imaginar a Lorenzo y Sandro paseando por las alamedas de los famosos jardines, conversando sobre temas artísticos o cambiando retruécanos. Si damos crédito a las anécdotas que se refieren a la vida de estos personajes, deduciremos que eran hombres ocurrentes y dotados de un gran sentido del humor: siempre estaban dispuestos a los sutiles juegos de ingenio.

La fama de Botticelli se esparció muy pronto y, en 1481, fue convocado a Roma por el Papa Sixto IV, para pintar tres frescos decorativos en la recientemente construida Capilla Sixtina del Vaticano. Cuando finalizó su trabajo, regresó a Florencia donde había gran interés por su obra. Durante este período produjo gran cantidad de cuadros religiosos y mitológicos.

En Florencia, su ciudad dilecta, alcanzó las más altas expresiones, tanto en las composiciones de temas religiosos como  en  las  profanas. Junto con los más famosos artistas de la época, Botticelli fue invitado a presentar proyectos para la fachada de Santa María del Fiore que debía terminarse en el año 1491. Además, para los Medicis, pintó e historió un Dante sobre pergamino, obra maravillosa dé incomparable valor.

Interpretó la Divina Comedia de acuerdo con el gusto de la época y su inspiración personal, que afortunadamente lograron perfecta coincidencia. De la vasta producción de aquel período se destacan La Virgen de la Granada, y La Virgen del Magníficat. En el medallón del Magníficat, Botticelli introdujo curvas dulcísimas y suaves, con las que logró expresar su fuerte sensibilidad y la honda religiosidad que la acompañaba.

Ya con una melancolía más marcada, La Virgen de la Granada representa la máxima realización de aquellos años. Con el pasar del tiempo, el conflicto religioso latente en su alma se acentuó, a tal punto que se alejó de los temas a los que antes había dedicado lo mejor de su arte.

Fueron cada vez más numerosas las obras de carácter religioso. Las que vieron la luz en la última década del siglo XV acentuaron el sentimiento de congoja interior que ya aparecía, más difuso, en la producción pictórica anterior.

Ese aspecto particular del arte de Botticelli debe relacionarse con los trágicos acontecimientos políticos que siguieron a la muerte de Lorenzo de Médicis, acontecimientos que tuvieron por protagonista, y después por mártir, a Jerónimo Savonarola, como veremos a continuación.

En 1489 hubo un levantamiento político en la ciudad, y el fraile dominico Savonarola asumió el gobierno de Florencia. Esto involucró profundamente a los patrocinadores de Botticelli, los Medici, algunos de los cuales fueron conminados a abandonar la ciudad. Savonarola fue quemado en la pira en 1489, y Lorenzo de Medici regresó el mismo año pero no reanudó el patrocinio a Botticelli, quien podría haber simpatizado con las opiniones de Savonarola.

A partir de esta fecha, recibió pocos encargos y no se le mencionó nuevamente en los registros de la Cofradía de San Lucas, desde 1505, excepto por una breve referencia hecha a su muerte, en 1510, cuando fue enterrado en la Iglesia del Año Santo, en su ciudad natal de Florencia.

Botticelli, como la mayoría de los pintores de su tiempo, estuvo profundamente vinculado con el arte, comparativamente nuevo, de la perspectiva. Esto se puede apreciar claramente en la composición de su trabajo; pero, es por el gran sentido de movimiento y vida que sus obras son más notables. Es este sentido del movimiento el que diferenció el trabajo de Botticelli del de sus contemporáneos.

La tendencia que constantemente sintió aquel elegante pintor de transformar en mito y alegoría los temas narrativos pudo manifestarse, en su última época (tras la crisis religiosa que en él produjeron las predicaciones de Savonarola), en los diseños a la punta de plomo que hizo para ilustrar un códice, in folio, de la Divina Comedia, para aquel mismo patrón que le había encargado el grupo de obras de que el Nacimiento de Venus forma parte.

La palabra de Savonarola lo llevó de las alturas de su arte paganizante, hacia una rigurosa observancia de la fe… Su espíritu sufrió una conmoción. El mundo en que hasta entonces había creído, el dogma político con que los Médicis habían gobernado, velando por el bienestar de sus protegidos, la sociedad próspera y orgullosa en que había vivido, ¿eran, pues, impíos?. Tuvo momentos de devoción casi enfermiza y de penoso abandono. Sus ideales experimentaron profundos cambios. El afecto que el artista tuvo por Savonarola fue muy grande y, cuando éste murió en la hoguera como hereje, se sintióhondamente perturbado. Savonarola le había abierto nuevos horizontes, le había despertado la creencia en Dios, y gracias a él pudo sentir, al acercarse el final de su existencia, el consuelo de la fe.

Dar forma a las ideas
El prestigio de Botticelli comenzó con sus primeras obras florentinas: el Díptico de Judith (1472-1473) y La Primavera(1478). Gracias a ello fue llamado a Roma en 1481 para ejecutar los frescos de una parte de la Capilla Sixtina: Hechos de la vida de Moisés, El castigo de los rebeldes y Las tentaciones de Cristo. De regreso en Florencia, los encargos aumentaron.

diptico de judith
Díptico de Judith (1472-1473)

tentaciones de cristo de botticelli

Las tentaciones de Cristo, fresco en la Capilla Sixtina

la primavera de botticelli
La Primavera (1478)

Fue la época de sus grandes composiciones mitológicas. El nacimiento de Venus (1482), que fue concebido como contraparte de La Primavera, es una alegoría que exalta los ideales formales e intelectuales: lo bello, la perfección del cuerpo femenino, asociado al bien, en una naturaleza armoniosa.

Las últimas obras de Botticelli estuvieron marcadas por las ideas de Savonarola. Su arte, influido por la prédica del monje, se tornó sombrío, en concordancia con el nuevo clima cultural de la ciudad, que obligó a huir a los Medici en 1494 y que rechazó los ideales humanistas.

Aunque la edad de oro del neoplatonismo florentino, en las artes como en las letras, llegó a su fin de modo brusco, nunca dejó de fascinar, a la manera de un paraíso perdido. La influencia de las composiciones sabias de Botticelli se observa, por ejemplo, en Filippino Lippi, Lorenzo di Credi y Piero di Cósimo. Pero también mucho después.

Al fundar los prerrafaelistas ingleses su movimiento en el siglo XIX, miraron su obra y ese tiempo en que las artes, la filosofía y las letras exaltaban por igual la grandeza del hombre y la armonía entre lo ideal y lo sensible.

La Adoración de los Magos Botticelli, 1475

La Adoración de los Magos
Botticelli, 1475

La existencia de Botticelli transcurrió entre dos siglos. Pero a los sesenta años, se encontró vencido por la edad. Su arte nada podía expresar al nuevo siglo, fecundo en artistas de mentalidad   y  gustos  muy distintos   a   los  suyos.

Su mundo había desaparecido para dejar paso a una nueva época. Ya podía admirarse el David que Miguel Ángel había hecho colocar en la Plaza de la Señoría de Florencia, y ¡cuan distinta era esta obra de la concepción artística de Botticelli!
Sus más queridos amigos también habían desaparecido. Se aferró entonces, desesperadamente, a su tradición artística, pero sus manos estaban debilitadas y ya no respondían a su inspiración.

Evocó en su memoria los grandes versos de los poetas florentinos, los alegres sonetos de Lorenzo el Magnífico. Sandro había pertenecido a esa época. Ése había sido el tiempo de su juventud. No le quedaba sino esperar el final de una existencia que era sólo recuerdo.

El 17 de mayo de 1510, Sandro Botticelli expiró. Pero la humanidad ha heredado su obra inmortal y hecho justicia a su talento.  

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Cabeza  de la Virgen del Magnificat, Florencia (Galería de los Oficios)

Fuente Consultada:
Cien Obras Maestras de la Pintura de Marcial Olivar
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Ariel
Historia Visual del Arte Larousse
LO SE TODO Tomo V Biografía de Botticelli