La Intolerancia Cristiana

Biografia de Santa Teresa de Jesus Resumen

Biografía de Santa Teresa de Jesus

Teresa Sanchez de Cepeda y Ahumada (Ávila,7​ 28 de marzo de 1515​-Alba de Tormes, 4 de octubre de 1582). Reformadora y mística española. Escritora y poetisa de excepción. Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada nació en Avila de los Caballeros el 28 de marzo de 1515. Era el miércoles de Pasión.

El miércoles santo — día 4 de abril — fue bautizada en la parroquia de San Juan. Toda su vida estaría marcada y atravesada por la lanza que culminó la Pasión de Cristo; una lanza, en todo caso, de amor y de dolor. Su padre don Alonso Sánchez de Cepeda sumará hasta doce hijos, su hija Teresa siente predilección por él, mientras, la esposa, doña Beatriz, recluida en la casa, «más gineceo que castillo», prepara para todos el hogar de recogimiento y de oración. Un hogar austero, pero en modo alguno sombrío ni huraño. Teresa lo alegra, especialmente.

Es dicharachera, vivaz, sensible, apasionada y, sobre todo, decidida. Juega — ella misma nos lo ha dicho — con su hermano Rodrigo a erigir conventos y ermitas en el jardín de su casona. Y un día el juego pretende trocarse en realidad: los dos huyen a tierra de moros, para hacerse decapitar por Cristo… la aventura termina a pocos pasos, pues un pariente los encuentra y los hace regresar.

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A los doce años, pierde Teresa a su madre, queda ahora la casa al cuidado de la hermana mayor, María, que vuelca afecto, vigilancia y ternura hacia Teresa. Anda por entonces la niña embebida en la lectura de libros de caballería, a los que su madre fue muy aficionada. Es presumida, coqueta y gusta de hacer valer entre sus parientes y amistades, sus gracias y donaires.

Pero, apenas cumplidos los dieciséis años, María se casa con don Martín de Guzmán y Barrientos y abandona la mansión paterna. Teresa es confiada al monasterio o convento de Nuestra Señora de Gracia, en la propia ciudad. No llegó a permanecer allí ni dos años. Su salud, precaria, debía ser el asidero de la gracia divina.

En el cuerpo la castigaría con rigor para que desde su postración alzara el vuelo la paloma del alma. Teresa fue a convalecer en casa de su hermana, en Castellanos de la Cañada. Durante su estancia en el convento, había decidido ya ser monja. Y fue precisamente durante esa convalecencia cuando se lo confesó a su padre. Ayudóle mucho en esta decisión el ejemplo de su tío, santo varón que, abandonando el mundo y dando a los pobres cuanto tenía, profesó en religión.

El 2 de noviembre de 1536, tomó el hábito carmelita en el convento de la Encarnación, extramuros de Avila. Un convento humilde, sobre un regatillo claro en el que se mira un trozo de muralla. Un año después profesó allí mismo. Persistía la aridez del alma. Teresa no ceja en la oración ni en las mortificaciones; su corazón anhela algo que tarda en llegar; se diría que exige una Presencia que, por ahora, sólo le depara silencio, áspero y seco silencio. Y nuevas enfermedades.

La que se le declara ahora, la entiende y recibe Teresa — y todos — como mortal. Incluso llega a ser amortajada. Una curandera de Becedas le proporciona unos «remedios» tan espantosos que posiblemente ahuyentan incluso a la muerte. Teresa atribuye su curación a San José.

Es necesario entender el «frío» de Teresa como la conciencia de un vacío que ella sabe que únicamente Dios puede llenar. El hermano Juan de la Cruz averiguará muy pronto lo que es eso: Aridez por ansia de un amor hacia el Amado que nunca traiciona. El frío de Teresa quema ya como el amor que espera…

Y Teresa sigue rezando, mortificándose por Dios. Le ofrece los sufrimientos y el dolor que le ocasiona, en 1542, la muerte de su padre. Aunque prosigue, envolviéndola, el inmenso silencio de Dios. Hasta que se da cuenta de que es ese silencio el que amortigua su aridez y dulcifica la hiél que mana de su oración. Ese silencio es Dios mismo.  A partir de este momento, la vida de Teresa corre sobre la arista inverosímil del puro milagro. Las dos vertientes son: la acción reformadora y la contemplación extática. Ni una ni otra son comprensibles vistas en sí mismas.

Resulta casi imposible que una monja de salud quebrantada recorra leguas y leguas fundando conventos, corrigiendo costumbres, aconsejando almas, pidiendo dineros y fe, luchando contra la calumnia. (En la Navidad de 1560, un confesor mezquino y ramplón le niega el perdón de sus pecados si no abandona la reforma del Carmelo: ¡una Navidad que Teresa verá pasar sin sentir en el corazón la presencia del Amado! Pero, ¿acaso el Amado había dejado de habitarla alguna vez?)…

De 1567 a 1582 surgen de sus manos de hada de Cristo, los conventos de Medina, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana (¡Pastrana!: una hermosa y taimada señora, tapados el ojo y el alma, clavará nuevas espinas en la corona de la fundadora), Salamanca, Alba de Tormes, hasta Sevilla… Cada fundación, nuevo semillero de problemas; todos caen sobre la Madre Teresa y para todos tiene una solución, una sentencia, una reprimenda o una caricia.

Por si fuera poco, la emprende también con los hombres. El hermano Juan de la Cruz, su gemelo en el espíritu, y el Padre Jerónimo Gracián, alentados por el empuje indomable de la Madre, comienzan las fundaciones de carmelitas descalzos…

obra de bernini teresa de jesus

Éxtasis y transfixión de Teresa de Jesús. Escultura de Bernini que se conserva en Santa María della Vittoria, de Roma. — «¡Yo soy Teresa de Jesús!» «¡Y yo, Jesús de Teresa!». De estas dos breves, pero impresionantes frases, nació el éxtasis teresiano, durante el cual un ángel traspasó el débil y apasionado cuerpo de la granfundadora con el encendido dardo con el que Cristo marca a fuego, para siempre, a sus elegidos. Pero esta posesión inefable con que Cristo confirmó su amor por esta criatura llena de pasión y de ilusión, tuvo que ser un designio muy anterior, pues que en verdad parece inexplicable que durante cincuenta años de intensísimos sufrimientos y achaques corporales, marrida su materia —aun de la reputada y fuerte tierra abulense, crisol de Castilla— por distintas enfermedades a cual más doloroso, Teresa hubiese llevado a cabo tantas empresas titánicas… si Cristo, desde «el primer principio» no la sostuviera en sus manos y «en
volandas».

Resulta casi imposible concebir que entre esas andanzas, desazones, amarguras y privaciones, Teresa pueda abismarse en Cristo, ser levantada en su presencia y conservar en su alma el gozo inefable de la visión divina. La humildad y el conocimiento de su pequenez hacen titubear a Teresa. Pero, ¿no está para afirmarla en su don extraordinario la índole misma del hecho?

En suma, su genio penetrante transmite una experiencia. No puede ella arriesgarse a legarnos un método para ver a Dios cara a cara; pero nos hace ver que esta visión constituye una adquisición del alma… Más de tres siglos después, un filósofo insigne, judío, que esperaba siempre el resultado de la experiencia para avanzar en su metafísica, encontrará en la relación de la Madre Teresa, abierto, inocente, puro y claro, el experimento de Dios; ergo… y de la mano de la Madre Teresa, Henri Bergson, entrará — de vivo deseo — en la Iglesia de Cristo…

Todo ello aparece, casi, como imposible. El casi lo salva la perspectiva, en y desde Dios. ¿Quién será capaz de sostenerse sobre ella? ¿Quién será capaz de hundir su alma en esa monja andariega, que fue hermosa mujer y hoy es vieja prematura, cubierta de polvo y sudor, andando, andando, junto a una borrica famélica, para estremecerse ante el escueto hecho de que Dios va en ella y nos mira por sus ojos mismos?…

comunion de teresa de jesus obra de arte

la COMUNIÓN DE TERESA DE JESÚS. PINTURA DE CLAUDIO COELLO. MUSEO LÁZARO GALDIANO.
Madrid. — Claudio Coello (1642-1693) fue uno de los más admirables maestros de la Escuela de Pintura de Madrid. Y aun cuando en la composición de sus obras se sometió al realismo impasible y neto impuesto por Velázquez, supo insuflar en sus criaturas una vehemente impresión romántica que las espiritualiza hasta más allá de la auténtica realidad. Y así lo prueba esta prodigiosa pintura en la que nuestra Madre Teresa de Jesús, la maravillosa andariega y taumaturgo de todas las Caballerías celestiales, recibe al Amado de mano de un santo, al que asisten otros dos santos…

La Madre Teresa ya no puede más. Moría antes porque no moría. Y ahora vive, porque su cuerpo va a morir de verdad. En 1582, la sacan del convento de Burgos para que entregue su alma en Avila.

En Medina del Campo, el vicario general le transmite un mensaje urgente de la duquesa de Alba, doña María de Toledo. Aun ahora, en ese trance de postración extrema y alegría del alma — definitivas una y otra — hay quien necesita de ella. Teresa renuncia a Avila y marcha hacia Alba de Tormes. Llega allí el 20 de septiembre. Sus acompañantes creyeron que moriría en Peñaranda.

Pero Teresa sabe que su amiga tendrá tiempo de recibir el consejo. Y, en efecto, lo recibe. Pero al día siguiente de su llegada, se acuesta la Madre en el lecho, del que ya no se levantará más. El 1 de octubre, con el gozo a flor de piel, anuncia a todos su muerte, su tránsito inminente a Dios; dos días después recibe los Sacramentos y el día 4 entrega el alma, libre ya de un cuerpo marrido y agotado que, pese a todo, fue maravilloso instrumento y apoyo de visiones y acción.

En 1614, Paulo V la declaró bienaventurada y ocho años después, Gregorio XV, la elevó a los altares. España no podía venerar a Teresa como a un santo más. Teresa era, en cierto modo, cifra y hechura de España.

Y el espíritu y escritos de Teresa metieron azogue y comezón espiritual en el alma de España, ya cariacontecida y superada, en muchos aspectos, por la Historia.

Las Cortes la declararon patrona de los reinos de España en 1617. No sin disputa, porque el caballero Quevedo — que en esto lo fue muy poco — se complugo en publicar a los cuatro vientos los mayores méritos concurrentes én Santiago, que, en suma, venían a cifrarse en la supremacía del esfuerzo bélico-heroico, sobre la hondura del alma en presencia de su Creador.

Y fue también Quevedo, en esto, poco perspicaz, al no darse cuenta que, en pleno siglo XVII, una España desgastada y exhausta, necesitaba mucho más encontrar su alma que no manejar una espada.

La huella de Teresa de Jesús en el alma de España parece, con todo, ser el mayor de sus milagros. Su habla directa, desaliñada y certera; su poesía pobre de retórica, inmensa en imágenes íntimas, se han abierto camino hacia el corazón de los españoles.

Hay, realmente, un contacto vivo entre la santa y el pueblo del que ella formó parte. Gracias a ese contacto, la contemplación divina no representa para el español una cima inaccesible. No quiere ello significar que «cualquiera» pueda llegar a mirar a Dios cara a cara (como de hecho miramos al Cáliz y Hostia consagrados durante la Misa), sino la simple certidumbre de que Teresa, la hermana Teresa, lo consiguió.

Y con la hermana Teresa, muchos arrieros, muchos mendigos y muchos nobles, rozaron sus mantos y cambiaron su habla viva e inmortal. Teresa de Jesús demostró— y esto y no otra cosa es calar al pueblo — que en la sencillez está la suprema profundidad de la persona y, correspondientemente, que lo más hondo del alma es, a la fuerza, sencillo.

Fuente Consultada:Enciclopedia Temática Familiar – Tomo I – Grandes Figuras de la Humanidad – Entrada: Santa Teresa de Jesus – Editorial Cadyc

Historia de la Violacion de los Derechos Humanos Represión y Tortura

HISTORIA DE LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS

a-Terrorismo
b-Subversión
c-Represión
d-Tortura

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violación de los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

«Se entiende por derecho, el conjunto de leyes, preceptos y reglas a que están
sometidos los hombres en su vida social.»

Para entender de que manera interviene lo que llamamos derecho en nuestra vida cotidiana, es importante recurrir a ejemplos sencillos y cotidianos de fácil comprensión, extraídos de diferentes situaciones que, aunque tienen trascendencia jurídica, casi nunca reparamos en ellas: subir a un autobús, tomar localidades para una sesión de cine, comprar el periódico. Ante tales actos, podemos exigir que el autobús nos transporte a un lugar determinado, o que se nos deje entrar en la sala de proyecciones para ver el espectáculo. Adquirimos la propiedad del periódico y perdemos la del dinero que hemos pagado por el.

En otros casos, el alcance jurídico de los hechos es aun mas claro: nos quitan la cartera y acudimos a la comisaría de policía para que se inicie una actividad dirigida a descubrir al culpable y se le imponga la pena correspondiente; compramos un apartamento a plazos sabiendo que contraemos una deuda, y que si no cumplimos con ella seremos demandados ante los tribunales; nos ponen una multa por no habernos detenido ante un semáforo en rojo…

Si de estos ejemplos o de otros muchos queremos deducir cual es su significado jurídico, no será difícil llegar a la siguiente consecuencia: en todos los casos expuestos podemos exigir de otros una conducta determinada, u otros nos la pueden exigir a nosotros.

Pero para que esto sea posible, es preciso que exista un conjunto de normas o reglas establecidas en virtud de las cuales surja la posibilidad de reclamar o de quedar sujetos a una reclamación. Si un individuo puede exigir que se le entregue el periódico a cambio de su precio, es porque hay una regla o conjunto de reglas que así lo disponen, como también preceptúan que el vendedor pueda exigir el pago de la mercancía.

La existencia de una regla o norma preestablecida es lo que da soporte jurídico, a todos los hechos y, de este modo nos pone en contacto con el derecho.

Al ser un mecanismo que sirve para imponer y, al mismo tiempo, garantizar un orden social, es necesario que sea un poder humano el que haga cumplir unas determinadas normas de conducta.

Este poder lo representa el Estado. El Estado no sólo crea el derecho, sino que lo aplica y lo impone por la fuerza si ello fuere necesario, ya que está investido de un poder sancionador.

No obstante, lo que hoy entendemos como derecho positivo, surgió mucho antes de que apareciera la noción moderna de Estado, ya que la coacción, sin la cual no existiría regla de derecho, puede ser obra de una colectividad (familia, tribu) o de un individuo más fuerte que otros (el padre respecto a los hijos; en la antigüedad, el amo respecto a los esclavos). También las prescripciones religiosas convertidas en imperativas por el temor de un castigo divino, tendrían de facto un carácter jurídico.

Cabe decir también que el derecho está en perpetua evolución, ya que es la expresión de una relación de fuerzas en un momento dado. Entre las fuerzas creadoras del derecho se encuentran los intereses materiales o económicos, los principios religiosos y morales, las distintas ideologías, la tradición, los hábitos, las influencias exteriores e, incluso, los sentimientos (odio, miedo, venganza, fraternidad).

La actual evolución de las ideas de libertad y su práctica nos permite afirmar que un estado participa de la tradición occidental y cristiana cuando en él hay sumo respeto por las libertades y derechos humanos, tal como, por ejemplo, surgen de ese maravilloso catálogo aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el año 1948 («Declaración Universal de los Derechos Humanos»).

Cuando el gobierno nacido de la voluntad de un pueblo sano y responsable, es celoso guardián del bien común por encima de las ambiciones y apetitos particulares.

Cuando los bienes que crea el trabajo común se reparten en forma tal que no haya graves injusticias, como sería la situación de los que no pueden satisfacerlas necesidades básicas, exigidas por la dignidad humana.
La negación de esta tradición occidental y cristiana, e! sometimiento de la. persona humana al capricho de un sistema político que hace del hombre «una cosa», un mecanismo de la gran máquina estatal, es característica de los países totalitarios. Ampliaremos ideas sobre ellos, en el punto siguiente.

Cuando el estado no vela por los derechos humanos: el estado totalitario

La palabra totalitario aplicada a un gobierno se ha usado modernamente como opuesta a democrático. Después de la Primera Guerra Mundial se empleó para designar a los sistemas de gobierno de Rusia Soviética (comunismo), de Italia (fascismo) y de Alemania (nazismo). Actualmente se aplica a aquellos países donde las libertades fundamentales del hombre son, ya sea teórica o prácticamente, negadas por el gobierno del estado.

Etimológicamente, totalitarismo proviene de total; ello se explica porque en los países donde impera, el gobierno y sus organismos lo son todo y frente a ellos la persona queda como absorbida, como reducida a un diminuto engranaje.

A veces, se ha distinguido entre totalitarismos de derecha (fascismo, nazismo) y totalitarismos de izquierda (comunismo). En los primeros se han respetado algunos derechos, tales como el de propiedad privada, y se han exaltado los valores patrióticos y nacionales.

Todo totalitarismo es condenable porque su error de raíz consiste en el menosprecio de la persona y el endiosamiento del estado. Por otro lado, los medios que emplean para mantenerse en el poder, el aparato policíaco de que se valen, no difieren fundamentalmente.

Características de los estados totalitarios

• La dictadura, es decir, concentración de todo el poder en manos de una sola persona.

• El desprecio por el sistema democrático y sus instituciones.

• La organización política teniendo como base un solo partido, el oficial; este es e! único partido reconocido legalmente; todos los demás son ilegales.

• El partido gobernante está dirigido por una minoría.

• Existe una policía secreta que controla a los opositores políticos y vigila la ejecución de la política del gobierno.

• Hay un severo control de la vida nacional en todos los aspectos: industria, comercio, vida sindical, enseñanza, iglesia, etc.

•  La propaganda estatal se efectúa por medio de la radio, el cine, la prensa y demás medios de expresión.

• La enseñanza, en todos sus niveles, está controlada por el estado y la misma sirve de medio de adoctrinamiento y propaganda política.

Violación de los Derechos Humanos: Terrorismo, Subversión, Represión y Tortura

Los actos de TERRORISMO cometidos por particulares o por bandas organizadas persiguen un determinado fin político: subvertir el orden legal con el propósito de adueñarse del poder e imponer al país su ideología. A este accionar delictivo, se lo conoce corfíel nombre de SUBVERSIÓN TERRORISTA puesto que utiliza el terror como camino para cambiar el orden institucional. Producida esta situación tan grave, y atendiendo a la búsqueda del Bien Común, corresponde la intervención del Estado que, en uso del Poder Público del que está investido, debe defender a la sociedad de tamaños delitos, y complementariamente, sancionar a los responsables.

Al ejercicio de este deber se lo denomina REPRESIÓN, la que generalmente está a cargo de las fuerzas policiales, y en circunstancias especiales, de las Fuerzas Armadas. La principal característica que debe ofrecer la acción represiva del Estado contra la delincuencia es que debe ceñirse estrictamente a las normas legales y ejecutarse en el marco de las leyes.

En caso de que esta represión se extralimite y cometa excesos de magnitud, el Estado estaría incurriendo en deiitos similares a los que pretende reprimir, cayendo así en la REPRESIÓN TERRORISTA para combatir la subversión.

Cabe colegir que el terrorismo puede ser utilizado por los sectores antagónicos: la Subversión, dispuesta a imponer su ideología, y las Fuerzas Públicas, decididas a impedirlo. En ambos casos, la víctima es la misma: los Derechos Humanos.

LA SUBVERSIÓN: El fenómeno subversivo, aunque de muy antigua data, ha proliferado en las últimas décadas, y puede decirse que son contados los países que no lo han padecido. Aún en nuestros días, vastas regiones de nuestro continente sufren este flagelo.

Numerosas son las causas que lo producen y de ellas se destacan las dos siguientes:

• Ante todo, es innegable que la subversión está inspirada —sino abiertamente dirigida— por el marxismo internacional que pretende la expansión de su ideología sobre todos los países a cualquier costo.

• Otra causa, de índole interna, puede ser ia disconformidad y un cierto grado de frustración, experimentados por vastos sectores de la población a causa de sus carencias socioeconómicas. La imposibilidad del gobierno de satisfacer estas expectativas en forma inmediata, es aprovechada por la subversión para justificar sus acciones.

LA REPRESIÓN: Ya se ha adelantado-que la represión de los delitos es tarea propia del Estado, a la que está obligado por ser uno de sus deberes más importantes. Según el diccionario, reprimir es sinónimo de contener, refrenar, moderar… vocablos que las leyes y códigos utilizan indistintamente en la formulación de las normas penales: «será reprimido con tal pena… aquel que cometiere tal delito…» La represión de los delitos, es así un DEBER de las instituciones que ejercen el Poder Público.

La represión a cargo del Estado, posee, entre otras, dos características fundamentales:

• Debe ser LEGAL: ejercida por quien tiene derecho a hacerlo, fundada en la ley y de acuerdo con órdenes emanadas del superior legítimo.
• Debe ser JUSTA: ejercida conforme a derecho. Todos los códigos del mundo establecen las condiciones en que puede procederse a la detención de personas, su sometimiento a proceso y la aplicación de las penas que corresponde.

La represión que no respete estos carriles se convierte en Abuso de Autoridad, delito que a su vez, está también reprimido por las leyes. En particular, la represión que con pretexto de eficacia se propasara tanto que utilizara el terror en forma sistemática, sería absolutamente censurable. Cometer delitos para castigar a los delincuentes es una de las más aberrantes formas en que se pueden vulnerar los Derechos Humanos.

No se trata de proteger a los subversivos, sino de aplicarles todo el peso de la ley, respetando sus derechos, aunque ellos no lo hayan hecho con sus víctimas. En caso contrario, la legalidad y la delincuencia estarían en un mismo nivel, lo cual constituiría una monstruosidad jurídica.

Lamentablemente, ello ocurrió en nuestro país, cuando se pretendió combatir a la subversión utilizando sus mismos métodos, superados en muchos casos. Taíes hechos integran, sin duda alguna, uno de los más nefastos capítulos de nuestra historia. Actualmente, con la recuperación de la Democracia, se ha reimplantado en el país el «estado de derecho» uno de cuyos logros más positivos, ha sido poner en manos de la justicia las denuncias sobre tales excesos: a ella corresponderá el veredicto definitivo, diferenciando la justa represión de la represión terrorista.

LA TORTURA: El empleo de la tortura para castigar delitos, para forzar declaraciones o para imponer creencias, ha sido siempre un motivo de vergüenza para la humanidad. En épocas no muy lejanas, los tribunales de justicia admitían la aplicación de tormentos como recurso habitual para indagar la verdad, sometiendo a los presuntos culpables a las más aberrantes formas de tortura.

Modernamente, tales procedimientos han desaparecido de todas las legislaciones del mundo. Sin embargo, en no pocos países, sobre todo en aquéllos con regímenes dictatoriales, aún se recurre a la tortura como sistema de castigo o como método de investigación por supuestos delitos, sobre todo, con connotaciones políticas. El hecho de que tales procedimientos sean realizados o permitidos por los gobiernos, a los que se supone defensores de la legalidad y la justicia, torna más paradógico tal proceder.

Desde su creación, las Naciones Unidas han realizado constantes esfuerzos para combatir este flagelo inadmisible en nuestra civilización moderna. Luego de siete años de estudios, en diciembre de 1984, la Asamblea General sancionó por unanimidad la Convención contra la tortura con el fin de que todos los Estados del mundo adopten las medidas necesarias y reformen sus legislaciones y sistemas penales, para «erradicar la tortura y los malos tratos y penas crueles, inhumanas y degradantes».

Nuestro país se enorgullece de que nuestra primera Asamblea haya proscripto ya en 1813, los castigos corporales y ordenado la quema en público de los instrumentos de tortura. Además, en nuestra Constitución de 1853 figuran normas expresas en igual sentido. Sin embargo, estos principios tan elevados no se corresponden con hechos ocurridos posteriormente, y en modo particular, en las dos últimas décadas.

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La aceptación por nuestro país de la Convención de las Naciones Unidas y sobre todo, de aquí en más, su estricto cumplimiento, demostrará que tales episodios realmente han sido «hechos del pasado». Dada su singular importancia, extractamos los párrafos más significativos:

EXTRACTO DE LA CONVENCIÓN CONTRA LA TORTURA:

Se considera «tortura» a todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigar/a por un acto que baya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento.

Todo Estado tomará medidas legislativas, administrativas, judiciales o de otra índole para impedir los actos de tortura en todo el territorio que esté bajo su jurisdicción.

En ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura. No podrá invocarse una orden de un funcionario superior o de una autoridad pública como justificación de la tortura.

Ningún Estado parte procederé a la expulsión, devolución o extracción de una persona a otro Estado cuando haya razones fundadas para creer que estaría en peligro de ser sometida a tortura.

Todo Estado parte velará porque todos los actos de tortura constituyan delitos conforme con su legislación penal. Lo mismo se aplicará toda tentativa de cometer tortura y a todo acto de cualquier persona que constituya complicidad, participación o encubrimiento de la tortura.

Los delitos a que se hace referencia, se considerarán incluidos entre los delitos que dan lugar a extradición en todo tratado de extradición celebrado entre los Estados partes.

Todo Estado parte velaré porque toda persona que alegue haber sido sometida a tortura en cualquier territorio bajo su jurisdicción tenga derecho a presentar una queja y a que su caso sea pronta e imparcialmente examinado por sus autoridades competentes, se tomarán medidas para asegurar que quien presente la queja y los testigos estén protegidos contra malos tratos o intimidación como consecuencia de la queja o del testimonio prestado.

Todo Estado parte velará por que su legislación garantice a la víctima de un acto de tortura la reparación y el derecho a una indemnización justa y adecuada, incluidos los medios para su rehabilitación lo más completa posible. En caso de muerte de la víctima como resultado de un acto de tortura, las personas a su cargo tendrán derecho a indemnización.

Todo Estado parte se asegurará de que ninguna declaración que demuestra que ha sido hecha como resultado de tortura pueda ser invocada como prueba en ningún procedimiento, salvo en contra de una persona acusada de tortura como prueba de que se ha formulado la declaración.

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La violación de los derechos humanos en América Latina:

La violación de los derechos humanos no es un fenómeno reciente en América Latina, pero los niveles alcanzados a partir de la década de los setenta, de mano de las dictaduras militares, no tienen equivalentes en su historia, si se exceptúa el proceso de conquista y colonización, durante los siglos XV y XVI.

Si bien la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, la desnutrición, los bajos niveles de salud, la mortalidad infantil y el hambre, han estado presentes durante todo el siglo XX, estos problemas sociales alcanzaron niveles sin precedentes bajo los gobiernos dictatoriales de las últimas décadas.

Las dictaduras militares, y los grupos de poder económico que las impulsaron y las sostuvieron, llevaron adelante la transformación de las economías latinoamericanas apelando a la represión y a la violencia sobre la población. Esta represión consistió, fundamentalmente, en la detención, la desaparición el asesinato de los opositores a! gobierno, incluso de Por otra parte, se eliminó todo derecho a la la tortura se transformó en el método corriente para la obtención de información sobre la actividad de los opositores.

Por medio del terrorismo estatal se buscó generalizar el miedo entre la población. La amenaza y el uso permanente de la fuerza alcanzó a toda la sociedad: obreros, estudiantes, empresarios; jóvenes, adolescentes, ancianos, bebés y niños; deportistas, intelectuales y discapacitados. Todos se transformaron en posibles víctimas.

A pesar de las diferencias que presentaban, las dictaduras militares poseían una forma política común, caracterizada por la supresión de la mayor parte de los derechos civiles, políticos y sociales. Las Fuerzas Armadas se consideraron como la institución  que representaba los valores de la nacionalidad y que tenía la misión de «curar» a la sociedad de los males que la, afectaban. Se disolvieron los partidos políticos, o se suspendió su actividad, y las Fuerzas Armadas controlaron todos los recursos de poder.

EL DISCURSO DE LOS DICTADORES: Uno de los aspectos más sorprendentes de las dictaduras militares que se desarrollaron en América Latina, lo constituye el hecho de que todas ellas se ejercieron elaborando un discurso en el cual se decía preparar las condiciones para el ejercicio de la «verdadera democracia», aun cuando para ello se debieran anular algunas o todas las premisas de la misma. Los dictadores accedían al poder diciendo proteger la democracia, amenazada por la crisis económica y las protestas sociales. En nombre de la democracia, los gobiernos dictatoriales violaban todos sus principios, despreciaban la voluntad de las mayorías y anulaban o reemplazaban las Constituciones. En la mayoría de los casos, cuando la Constitución lo permitía, los dictadores se hacían reelegir regularmente, mediante el fraude o la represión de los opositores; en caso contrario, anulaban la Constitución o designaban a algún testaferro.

Los desaparecidos constituyen una de las más pesadas herencias dejadas por la dictadura militar, tanto en Argentina como en otros países de América Latina. A diferencia de lo ocurrido con los detenidos y encarcelados, la mayoría de los secuestrados eran encerrados en centros clandestinos de detención, de los cuales se los trasladaba para ser asesinados. A partir de su secuestro, los familiares que comenzaban a solicitar informes a las autoridades, creyéndolos prisioneros en alguna cárcel del país, encontraban que los miembros de las Fuerzas Armadas siempre negaban tener conocimiento de estas personas y de lo que les había ocurrido. El drama de los desaparecidos es aún hoy una herida abierta en las sociedades que lo padecieron y que sólo puede cerrar la justicia.

Terrorismo estatal
Se denomina de este modo a las acciones represivas llevadas a cabo por grupos de militares y civiles que conformaban las dictaduras militares de América latina, consistentes en el secuestro, la desaparición, la tortura y el asesinato de hombres, mujeres y niños, con el propósito de atemorizar y evitar cualquier tipo de disconformidad o descontento frente a las políticas económicas llevadas adelante desde el gobierno.

Fuente Consultada:
Formación Cívica  2° Año Escuelas de Comercio
Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales – Océano

Garantías Constitucionales Cuando Somos Detenidos

Historia de la Creacion del Estado de Israel y Cronología

Historia de la Creación del Estado de Israel – Cronología

La creación del Estado de Israel: Luego de la Segunda Guerra Mundial, la región pasó a constituir uno de los escenarios de la Guerra Fría: por un lado, se fue perfilando un eje El Cairo-Damasco, más cercano a la URSS, y, por el otro, un campo más pro-occidental, liderado por Arabia Saudí.

En 1947, la ONU aprobó un plan de partición de Palestina y la creación de dos estados independientes, uno árabe y otro judío, con la ciudad de Jerusalén bajo control internacional.

Un año después, en mayo de 1948, David Ben Gurion proclamó el establecimiento del Estado de Israel. En mayo de 1948, los ejércitos de la Liga Árabe (integrada por Egipto, Irak, Siria, Líbano, Transjordania, Arabia Saudí y Yemen) invadieron Israel.

El enfrentamiento se decidió a favor de los israelíes que, después del conflicto, quedaron ocupando territorios que, según la división aprobada por la ONU, correspondían a la Palestina árabe.

En 1956, estalló la segunda guerra árabe-israelí, como consecuencia de la nacionalización del canal de Suez, emprendida por el presidente egipcio, Gamal Abdul Nasser.

En 1967, se desató el tercer enfrentamiento, la Guerra de los Seis Días, que culminó con la ocupación israelí de la península del Sinaí, la franja de Gaza, el Golán y Cisjordania.

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Bandera de Israel

La resistencia palestina y las negociaciones de paz: Desde la década del ’50, se fueron constituyendo diferentes grupos armados palestinos, por ejemplo, Al Fatah, surgido en 1956.

En 1963, los gobiernos árabes decidieron la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). La OLP rechazaba la partición de Palestina de 1947, desconocía el Estado de Israel y reclamaba la totalidad del territorio palestino. Después de la derrota de los árabes en la guerra de 1967, Al Fatah fue tomando progresivamente el control de la OLP.

En 1974, la OLP fue reconocida por la ONU como única y legítima representante del pueblo palestino. En 1973, árabes e israelíes se enfrentaron nuevamente en la guerra del Yom Kipur, cuando egipcios y sirios atacaron Israel.

En septiembre de 1978, se reunieron en Camp David, en los Estados Unidos, los líderes de Estados Unidos, Egipto e Israel: James Cárter, Anuar El Sadat, y Menajem Begin.

Los acuerdos firmados entre los tres líderes fijaban un período de autonomía transitoria para Gaza y Cisjordania, y establecían la devolución del Sinaí a Egipto y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos estados.

En 1987, en los territorios ocupados por Israel en Gaza y Cisjordania, estalló una rebelión popular de los palestinos, la Intifada, que consistía en el ataque con piedras a los soldados israelíes.

A fines de 1988, un hecho abrió grandes esperanzas de paz: la OLP proclamó la existencia del Estado Palestino y reconoció la existencia del Estado de Israel.

Mientras tanto, los grupos terroristas palestinos continuaban minando las posibilidades de paz, a través de sucesivos atentados contra la población civil, tanto de Israel como de otras naciones del mundo.

En 1993, los líderes israelí y palestino, Simón Peres y Yasser Arafat, respectivamente, firmaron en Washington un nuevo acuerdo de paz.

A fines de 1995, el primer ministro israelí, Yitzhac Rabin, fue asesinado por un fanático judío, lo que volvió a enturbiar el panorama político del Cercano Oriente. En la actualidad, la acción de las organizaciones terroristas palestinas y la llegada al gobierno israelí de grupos que expresan posiciones nacionalistas intransigentes hacen que los pronósticos políticos para la región sean desalentadores.

LA HISTORIA DEL PUEBLO JUDÍO

Un pequeño país:

Tocó a las Naciones Unidas cosechar el amargo fruto que había estado madurando a lo largo de los años, ahí en el Medio Oriente, entre las montañas y el mar.

Palestina era una región de ardientes y brillantes cielos, de verdes valles, de zonas pantanosas y desérticas. Una región en la que las aldeas, los ríos y una pequeña ciudad llevaban nombres que llegaron hasta los últimos confines de la Tierra.

Nombres que durante siglos han sido familiares hasta en los labios de los niños. El fruto que aquella tierra daba ahora, a mediados del siglo veinte, había madurado y estaba a punto de caer, de no haber mano que lo arrancara,  parecía que era la mano de las Naciones Unidas la que habría de recogerlo, ya que a la postre tenía que ser cosechado.

En la serie de debates y negociaciones que siguieron a la división dé Palestina hubo enemistades tan profundas, demandas tan perentorias y negativas tan intransigentes como las que los consejos de las Naciones Unidas jamás volverían a ver.

Como el tiempo tiende a empañar el recuerdo, aun de los incidentes más salientes, y como recordarlos es necesario para recobrar el hilo de la razón, en aquella confusión de acontecimientos registrados antes, procede hacer aquí una breve recapitulación, para aclarar los movimientos y motivos de la política de las Naciones Unidas, en todo este pasaje extraordinariamente difícil de su historia y de la historia del mundo.

Se recordará que por más de cuatrocientos cincuenta años la población árabe del Medio Oriente, aunque dividida y administrada por diferentes gobernantes con títulos distintos, estuvo toda ella sujeta al Imperio Otomano, desde la toma de Constantinopla por los turcos hasta el fin de la Primera Guerra Mundial.

Aquel imperio era ya caduco y tambaleante cuando Turquía, que estaba a la cabeza del mismo, después de cometido el costoso error de creer que las Potencias Centrales resultarían victoriosas en dicha guerra, vio caer en pedazos su dominio a consecuencia del triunfo de los Aliados.

En los acuerdos de la posguerra los Aliados consideraron que Egipto y Arabia estaban preparados para obtener su completa emancipación, ya que habían tenido una gran medida de autonomía bajo el gobierno otomano.

Otros países más pequeños fueron puestos bajo mandato por la Liga de las Naciones, encargándose la Gran Bretaña de aquella faja de terreno situada al sur del Líbano y al norte de la Península de Sinaí perteneciente a Egipto.

Era una montadura muy chica para engastar en ella las joyas del tesoro de la tradición histórica de tres religiones, la cristiana, la judía y la musulmana.

Una pequeña comunidad judía había permanecido ahí desde los tiempos en que los reinos de Israel y Judea florecieron y desaparecieron; sin embargo, los árabes sostenían que sus antepasados la habitaron aun antes de que los hijos de Israel llegaran de Egipto.

Desde el principio del mandato se presentaron factores que dificultaron enormemente la labor de administración; nuevos elementos de complicación fueron sumándose uno a uno, hasta crear una situación tal que ningún miembro de la Liga de las Naciones o de las Naciones Unidas podía hacerle frente por sí solo.

SÍNTESIS DE LAS ETAPAS:

TRAS LA CREACIÓN del estado de Israel, en 1948, numerosos judíos emigraron hacia el nuevo territorio. Con el apoyo de la riqueza de la comunidad judía, los israelíes construyeron rápidamente una economía próspera.

Se desarrollaron la agricultura y la industria y se construyeron modernas ciudades. Los territorios árabes, en cambio, se mantuvieron en niveles de subdesarrollo.

El PRIMER CONFLICTO Los estados árabes no aceptaron la legitimidad del estado de Israel. El 15 de mayo de 1948, el día que siguió a la proclamación del nuevo estado, los países árabes vecinos comenzaron los ataques.

Cinco estados —Líbano, Siria, Jordania, Egipto e Iraq— se propusieron restaurar los territorios palestinos. Israel supo resistir todos los ataques, al tiempo que no cesaba de ampliar su territorio. Las luchas prosiguieron hasta 1949, cuando se pactó un primer alto al fuego.

GUERRAS ÁRABE-ISRAELÍES
Oficialmente, el estado de guerra continuó entre Israel y sus vecinos. Israel fortaleció sus fuerzas armadas para defenderse de la amenaza de destrucción.

A lo largo de tres grandes guerras —durante la crisis de Suez (1956), la guerra de los Seis Días (1967) y la guerra de Yom Kippur (1973)— Israel mermó considerablemente las fuerzas árabes. Pero estas victorias no trajeron la paz, ya que los países árabes se negaron siempre a aceptar la derrota.

CONQUISTAS DE ISRAEL
Después de la guerra de 1967, Israel ocupó grandes áreas de los territorios árabes, incluidas CisJordania, Jerusalén oriental y el desierto del Sinaí.

La seguridad militar de Israel se hizo cada vez mayor, pero también crecieron las hostilidades árabes. Jerusalén, en particular, es la ciudad santa de musulmanes, cristianos y judíos. La pertenencia de la ciudad a los israelíes ha sido uno de los puntos más candentes del conflicto.

REFUGIADOS PALESTINOS
Después de 1949, más de 700.000 palestinos se refugiaron en los territorios fronterizos con Israel. Estos palestinos consideraban que Israel les había usurpado las tierras. Los campos se convirtieron, a su vez, en centros de organización de la guerrilla Palestina.

LA OLP
La OLP (Organización para la liberación de Palestina) se fundó en 1964. Su propósito era liberar el territorio palestino y fundar allí un estado palestino, en el lugar de Israel. A partir de 1967, las actividades de la OLP y de su líder, Yasir Arafat (nacido en 1929), implicaron a la comunidad internacional.

Para dirigir la atención sobre su causa, los guerrilleros palestinos realizaron secuestros aéreos, ataques a aeropuertos y masacres como la de los atletas israelíes en Munich durante las Olimpíadas de 1972.

DERECHOS PALESTINOS
A pesar de la violencia, muchos países han reconocido que las reivindicaciones palestinas son justas. En 1976, las Naciones unidas reconocieron el derecho de la OLP a considerarse portavoz oficial de los palestinos.

Aunque para algunos es sólo un terrorista, Yasir Arafat es mayoritariamente considerado como un luchador infatigable por los derechos de su pueblo.

LA PAZ CON EGIPTO
El mayor paso hacia la paz en Oriente Medio se produjo en 1979, cuando Israel y Egipto firmaron los acuerdos de paz de Camp David. Las relaciones entre los dos países se normalizaron. Egipto reconoció la legitimidad de Israel, al tiempo que Israel devolvía a Egipto los territorios del Sinaí. La mayoría de los países árabes no aceptó estos acuerdos.

LA INTIFADA
En 1987, la población palestina de Cisjordania y la franja de Gaza inició una revuelta, conocida como la Intifada (sublevación) contra el control israelí. En los años siguientes, los motines fueron continuos y hubo que lamentar muchas pérdidas humanas.

El gobierno israelí, bajo las presiones de Estados Unidos, propuso a los palestinos un control limitado de los territorios ocupados. Los palestinos aceptaron el compromiso y en 1994 se firmó el acuerdo entre árabes e israelíes.

Los palestinos reconocían la legitimidad de Israel a cambio de cierto grado de autodeterminación en los territorios ocupados. Grupos radicales partidarios de la violencia, tanto judíos como palestinos, dificultan actualmente el proceso de pacificación de la zona.

CRONOLOGÍA

———14 MAYO 1948———
Con el nombre de Israel, se funda un nuevo estado en Palestina. Los países árabes le niegan el derecho de existencia. Egipto, Irak, Jordania, Siria y Líbano se alían de inmediato para combatirlo.

———1949———
Durante la primera guerra árabe-israelí, Israel derrota a los árabes y confirma su independencia.

——— 1956———
Crisis de Suez. Egipto se hace con el control de la Compañía franco-británica del canal de Suez. Gran Bretaña y Francia establecen un acuerdo secreto con Israel para atacar Egipto. Los primeros atacan el canal propiamente dicho, mientras que los segundos se apoderan de la península del Sinaí. Las presiones de Estados Unidos obligan a retirarse a las tropas franco-británicas.

——— 1957———
Israel se ve forzado a abandonar el Sinaí.

———1958———
El ejército estadounidense es enviado al Líbano para defender a las fuerzas gubernamentales en la guerra civil
que ha estallado.

———1961———
Revuelta independentista armada de los kurdos contra Irak.

———1967———
Guerra de los Seis Días. Israel derrota a Egipto, Jordania, Irak y Siria en una guerra que dura menos de una semana. Los territorios ocupados por Israel incluyen Cisjordania y la parte oriental  de Jerusalén.

———1968———
Grupos palestinos comienzan una campaña terrorista a escala internacional. Secuestro de aviones y toma de aeropuertos.

———1970-71 ———
Estalla la guerra en Jordania entre la guerrilla palestina de los campos de refugiados y el ejército jordano. Los palestinos, derrotados, se refugian en Líbano.

——— 1973 ———
Guerra de Yom Kippur. Egipto y Siria atacan conjuntamente a Israel en el día del Yom Kippur, fiesta religiosa  judía. Israel abandona sus posiciones después de una cruenta ludia.
———1975———
Comienza la guerra civil en el Líbano. Lucha entre cristianos, palestinos, sirios y varios grupos musulmanes.
La guerra destruye la antigua prosperidad de Líbano.

———1979 ———
El primer ministro israelí Menajem Begin y el presidente egipcio Anwar el Sadat firman los acuerdos de Camp David, establecidos previamente en Estados Unidos. Egipto reconoce la existencia de Israel, y este país abandona el Sinaí. Derrocamiento del sha de Irán. Los fundamentalistas, encabezados por el ayatolla Jomeini, se hacen con el poder.

———1980———
Comienza la guerra Irán-Irak. Los dos estados islámicos ludían por reivindicaciones territoriales. La guerra
acaba en una paz precaria, tras muchas pérdidas en ambos bandos.

———1981 ———
Asesinato del presidente egipcio Sadat.

———1982 ———
Los israelíes invaden el Líbano. Masacre de palestinos en los campos de refugiados de Sabrá y Chatila.
Una fuerza internacional formada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia interviene en el Líbano.

———1983 ———
Las tropas israelíes se retiran del sur de Líbano. En Beirut, la capital de Líbano, 241 marines estadounidenses mueren tras el atentado de un grupo suicida.

———1986———
Estados Unidos bombardea Trípoli y Benghazi (Libia), como represalia contra Muammar el-Gaddafi, quien apoya
el terrorismo.

———1988———
La guerra de Irán-Irak acaba con el uso extensivo de gases venenosos por Irán.

———1990-91———
La guerra del Golfo: las fuerza iraquíes de Saddam Hussein invaden Kuwait. En la operación «Tormenta del desierto», una fuerza internacional encabezada por Estados Unidos derrota a Iraq y obliga a devolver Kuwait a sus dirigentes.

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El nacimiento legal del Estado de Israel
El 14 de mayo de 1948 -el día antes de que expirara el mandato de Londres- el Estado de Israel fue proclamado en Tel Aviv; era éste un acto que en parte tendía a poner en práctica la resolución de la Asamblea de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947 que aceptaba el reparto del país en dos estados, uno para los árabes palestinos, otro para los israelitas, en tanto que en la ciudad de Jerusalén debía reservarse un especial régimen internacional.

Ya hacía tiempo que existían guerrillas entre grupos armados de judíos y de árabes, y la cuestión había dado origen a clamorosos episodios que habían agitado a la opinión pública mundial, como por ejemplo la captura en el verano de 1947 de Exodus, un barco cargado de inmigrantes hebreos clandestinos que fue reexpedido por los ingleses hasta el sector de la Alemania todavía bajo control británico, o como los atentados dinamiteros y terroristas que se sucedieron en el país por obra de opuestas facciones extremistas tales como la explosión en el hotel King David y en el edificio del periódico Jerusalem Post en Jerusalén.

Para completar el cuadro hay que añadir que si los judíos habrían dado vida a eficientes organizaciones paramilitares, como la Haganah, que era la principal, controlada por corrientes políticas laboristas, la Irgun Ezvai Leumi y la Banda Stern de extrema derecha, numerosos grupos árabes de fuerzas irregulares habían penetrado en el país, especialmente procediendo de Siria, con el fin de reivindicar por la violencia, juntamente con elementos locales, el carácter inexorablemente árabe del territorio palestino.

Por tanto, era de prever un agravamiento del conflicto, entre otras cosas porque las Naciones Unidas no estaban ni preparadas ni dispuestas para mandar contingentes armados que velasen sobre la puesta en práctica de las decisiones.

Más que entrar en los detalles de la guerra, detalles que naturalmente se referían además de a las operaciones militares también a los tratos políticos y a las intervenciones diplomáticas de que fueron protagonistas las Naciones Unidas y las grandes potencias, el Gobierno isrealista apenas formado y los diversos Gobiernos árabes, parece útil limitarse a algunas interrogantes: ¿por qué los Estados árabes decidieron intervenir en la guerra? ¿Por qué fueron derrotados? En general sobre la guerra árabe-israelita de 1948-49, se ha hablado poco y se sabe todavía menos: un halo general de leyenda colorea aquel acontecimiento, y ejércitos, generales y jefes políticos parecen más figuras estereotipadas que entidades individuales y comprensibles.

Poco o nada se sabe, por ejemplo, de la separación de Moshe Sneh del mando de la Haganah en junio de 1946 y de su sustitución por Israel Galili, el cual, valido de David Ben Gurion (futuro jefe del Gobierno), acabó permitiendo que se acentuaran las acciones de tipo terrorista contra pacíficos pueblos árabes que produjeron una concreta contribución judía al ahondamiento de aquel foso que sigue separando a los dos grupos étnicos.

De la misma manera se está en una completa o casi completa ignorancia respecto a los contactos entre Golda Myerson (luego ministro del Exterior con el nombre de Golda Meir) y el rey de Transjordania, Abdallah, realizados en noviembre de 1947 y cuando revelaron una perfecta unidad de intenciones en cuanto a favorecer el reparto del país; los israelitas habrían podido tranquilamente tomar una parte, si hubiesen favorecido la anexión del territorio restante al soberano árabe.

cuadro de sintesis estado de israel

Fuente Consultada:
Historia Universal Carl Grimberg
HECHOS, Sucesos que estremecieron al mundo Tomo N°38 Arabia, el violento despertar

Ver: Samuel El Juez de Israel

El Caso Dreyfus Antisemistismo Europeo Yo Acuso de Zola

El Caso Dreyfus Antisemistismo Europeo-«Yo Acuso» de Zola-

Vistiendo el uniforme de capitán del ejército de Francia, con el cabello encanecido y un poco agobiado, sin por ello perder su apostura, se encamina hacia el cuadrángulo de la Escuela Militar un ex prisionero de la Isla del Diablo: Alfredo Dreyfus. Quisiera en esos momentos derramar una lágrima de alegría y de recuerdo para tantos amigos que ya no están a su lado. Pero la disciplina, el sentido del deber y la seguridad de ser el motivo de un acto trascendental para su patria, se lo impide. Y marcha sereno, casi rígido, hacia su rehabilitación. Basta un instante para que toda la triste historia que conmovió a Francia y al mundo, retorne a su mente.

El Caso Dreyfus Antisemistismo EuropeoCaso Dreyfus: El mayor escándalo de la historia de Francia terminó en 1906, cuando los tribunales civiles, anulando el fallo de los militares, dieron el veredicto final: Alfred Dreyfus no era culpable de traición.

El proceso de doce años conocido como el «Affaire Dreyfus» empezó en 1894 cuando una empleada de la embajada alemana en París encontró documentos militares franceses en un cesto.

Los investigadores del ejército concluyeron que el espía debía ser un oficial artillero y el joven capitán Dreyfus se erigía como el perfecto sospechoso: un judío, además de alsaciano. (Alsacia era una región franco-germana y sus habitantes eran a menudo sospechosos de simpatizar con Alemania.) El antisemitismo estaba extendido por toda Francia; acusando a un «extranjero», el ejército alejaba cualquier sospecha de sí mismo.

Con la prensa y el gobierno reclamando su sangre, Dreyfus fue procesado y condenado a cadena perpetua. Dos años después, un nuevo jefe del departamento de inteligencia francés descubrió una evidencia que implicaba a otro oficial, que luego fue despedido. El oficial implicado fue procesado, pero su absolución había sido pactada con anterioridad.

El espionaje francés descubrió que los alemanes habían recibido documentos secretos entregados por un militar francés; una torpe investigación llegó a la conclusión de que Dreyfus era el culpable (sin más indicios que un leve parecido caligráfico). Un consejo de guerra le condenó por traición, fue expulsado del ejército y enviado de por vida al presidio de la Isla del Diablo (Guayana).

Tras el juicio militar, el novelista Emile Zola, que se encontraba entre el pequeño grupo de defensores de Dreyfus, escribió uno de los artículos más famosos de la historia del periodismo, «J’accuse» («Yo acuso»), una carta abierta al presidente de Francia detallando todo lo que era falso en el caso Dreyfus. Zola fue condenado por difamación y desterrado a Inglaterra.

Cuando uno de los acusadores originales de Dreyfus se suicidó (tras confesar que había falsificado pruebas), el gobierno reabrió el caso. Increíblemente, Dreyfus fue hallado nuevamente culpable. El gobierno lo indultó pero él continuó luchando por su absolución, que consiguió siete años después en un tribunal civil.

El caso provocó un cambio perdurable en Francia. El rechazo popular por la persecución de Dreyftr desembocó en la separación de la Iglesia y el Estado en 1905 y facilitó el camino del gobierno a los partidos de izquierda franceses.

Fue en 1894. Alfredo Dreyfus, capitán de artillería, era un militar íntegro, que honraba a su país sirviéndolo en el Ministerio de Guerra. Una noche, cuando terminadas las tareas del día se entregaba al disfrute de los sencillos goces del hogar, una comisión llegó hasta su casa. Extrañado, preguntó de qué se trataba. No se lo dijeron, pero algo en el tono de quienes venían a arrestarlo, le puso en guardia. Un suceso muy grave debía haber ocurrido. Sin embargo, tenía la conciencia tranquila y al despedirse de su esposa que lloraba, la consoló diciendo: «Esto debe ser un error. . . pronto se aclarara». ¿De qué lo acusaban? Cuando lo supo, se sintió anonadado, como si un rayo hubiera caído a sus pies. Alta traición. La documentación reunida por el fiscal, tendía a demostrar que Dreyfus había entregado los planos del freno hidroneumático del obús de 120 mm. a una potencia extranjera, además de revelar detalles de la movilización de tropas destinadas a cubrir las fronteras.

YO ACUSO: Alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, dirigido por el escritor Emile Zola mediante una carta abierta al presidente de Francia, M. Felix Faure y publicada por el – Diario L’Aurore en Paris el 13 de enero de 1898 en su primera plana.

CARTA A M. FELIX FAURE: PRESIDENTE DE LA REPUBLICA FRANCESA

Zola Señor: Me permitís que, agradecido por la bondadosa acogida que me dispensasteis, me preocupe de vuestra gloria y os diga que vuestra estrella, tan feliz hasta hoy, esta amenazada por la más vergonzosa e imborrable mancha?

Habéis salido sano y salvo de bajas calumnias, habéis conquistado los corazones. Aparecisteis radiante en la apoteosis de la fiesta patriótica que, para celebrar la alianza rusa, hizo Francia, y os preparáis a presidir el solemne triunfo de nuestra Exposición Universal, que coronará este gran siglo de trabajo, de verdad y de libertad. Pero que mancha de cieno sobre vuestro nombre – iba a decir sobre vuestro reino – puede imprimir este abominable proceso Dreyfus!.

Por lo pronto, un consejo de guerra se atreve a absolver a Esterhazy, bofetada suprema a toda verdad, a toda justicia. Y no hay remedio; Francia conserva esa mancha y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra presidencia.

Puesto que se ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hace el tribunal con toda claridad. Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro del inocente que expía a lo lejos cruelmente torturado, un crimen que no ha cometido.

Por eso me dirijo a vos gritando la verdad con toda la fuerza de mi rebelión de hombre honrado. Estoy convencido de que ignoráis lo que ocurre. Y a quien denunciar las infamias de esa turba malhechora de verdaderos culpables sino al primer magistrado del país?

– Ante todo, la verdad acerca del proceso y de la condenación de Dreyfus.

Un hombre nefasto ha conducido la trama; el coronel Paty de Clam, entonces comandante. El representa por sí solo el asunto Dreyfus; no se le conocerá bien hasta que una investigación leal determine claramente sus actos y sus responsabilidades.

Aparece como un espíritu borroso, complicado, lleno de intrigas novelescas, complaciendose con recursos de folletín, papeles robados, cartas anónimas, citas misteriosas en lugares desiertos, mujeres enmascaradas. El imaginó lo de dictarle a Dreyfus la nota sospechosa, el concibió la idea de observarlo en una habitación revestida de espejos, es a el a quien nos presenta el comandante Forzineti, armado de una linterna sorda, pretendiendo hacerse conducir junto al acusado, que dormía, para proyectar sobre su rostro un brusco chorro de luz para sorprender su crimen en su angustioso despertar. Y no hay para que diga yo todo: busquen y encontrarán cuanto haga falta. Yo declaro sencillamente que el comandante Paty de Clam, encargado de instruir el proceso Dreyfus y considerado en su misión judicial, es en el orden de fechas y responsabilidades el primer culpable del espantoso error judicial que se ha cometido.

La nota sospechosa estaba ya, desde hace algún tiempo, entre las manos del coronel Sandherr, jefe del Negociado de Informaciones, que murió poco después, de una parálisis general. Hubo fugas, desaparecieron papeles (como siguen desapareciendo aún), y el autor de la nota sospechosa era buscado cuando se afirmó a priori que no podía ser más que un oficial del Estado mayor, y precisamente del cuerpo de artillería; doble error manifiesto que prueba el espíritu superficial con que se estudió la nota sospechosa, puesto que un detenido examen demuestra que no podía tratarse más que de un oficial de infantería.

Se procedió a un minucioso registro; examinándose las escrituras; aquello era como un asunto de familia y se buscaba al traidor en las mismas oficinas para sorprenderlo y expulsarlo. Desde que una sospecha ligera recayó sobre Dreyfus, aparece el comandante Paty de Clam, que se esfuerza en confundirlo y en hacerle declarar a su antojo. Aparecen también el ministro de la Guerra, el general Mercier, cuya inteligencia debe ser muy mediana, el jefe de Estado Mayor, general Boisdeffre, que habrá cedido a su pasión clerical, y el general Gonse, cuya conciencia elástica pudo acomodarse a muchas cosas. Pero en el fondo de todo esto no hay más que el comandante Paty de Clam, que a todos los maneja y hasta los hipnoptiza, porque se ocupa también de ciencias ocultas, y conversa con los espíritus. Parecen inverosímiles las pruebas a que se ha sometido al desdichado Dreyfus, los lazos en que se ha querido hacerle caer, las investigaciones desatinadas, las combinaciones monstruosas… que denuncia tan cruel!.

Ah! Por lo que respecta a esa primera parte, es una pesadilla insufrible, para quien esta al corriente de sus detalles verdaderos.

El comandante Paty de Clam prende a Dreyfus y lo incomunica. Corre después en busca de la señora de Dreyfus y le infunde terror, previniéndola que, si habla su esposo esta perdido. Entre tanto, el desdichado se arranca la carne y proclama con alaridos su inocencia, mientras la instrucción del proceso se hace como una crónica del siglo XV, en el misterio, con una terrible complicación de expedientes, todo basado en una sospecha infantil, en la nota sospechosa, imbécil, que no era solamente una traición vulgar, era también un estúpido engaño, porque los famosos secretos vendidos eran tan inútiles que apenas tenían valor.

Si yo insisto, es porque veo en este germen, de donde saldrá más adelante el verdadero crimen, la espantosa denegación de justicia, que afecta profundamente a nuestra Francia. Quisiera hacer palpable como pudo ser posible el error judicial, como nació de las maquinaciones del comandante Paty de Clam y como los generales Mercier, Boisdeffre y Gonse, sorprendidos al principio, han ido comprometiendo poco a poco su responsabilidad en este error, que mas tarde impusieron como una verdad santa, una verdad indiscutible, desde luego, solo hubo de su parte incuria y torpeza; cuando mas, cedieran a las pasiones religiosas del medio y a prejuicios de sus investiduras. Y vayan siguiendo las torpezas!

Cuando aparece Dreyfus ante el Consejo de guerra, exigen el secreto más absoluto. Si un traidor hubiese abierto las fronteras al enemigo para conducir al emperador de Alemania hasta Nuestra Señora de París, no se hubieran tomado mayores precauciones de silencio y misterio.

Se murmuran hechos terribles, traiciones monstruosas y, naturalmente, la Nación se inclina llena de estupor, no halla castigo bastante severo, aplaudir la degradación pública, gozar viendo al culpable sobre su roca de infamia devorado por los remordimientos….. Luego es verdad que existen cosas indecibles, dañinas, capaces de revolver toda Europa y que ha sido preciso para evitar grandes desdichas enterrar en el mayor secreto?. No! Detrás de tanto misterio solo se hallan las imaginaciones románticas y dementes del comandante Paty de Clam. Todo esto no tiene otro objeto que ocultar la mas inverosímil novela folletinesca. Para asegurarse, basta estudiar atentamente el acta de acusación leída ante el Consejo de guerra.

Ah! Cuanta vaciedad! Parece mentira que con semejante acta pudiese ser condenado un hombre. Dudo que las gentes honradas pudiesen leerlas sin que su alma se llene de indignación y sin que se asome a sus labios un grito de rebeldía, imaginando la expiación desmesurada que sufre la víctima en la Isla del Diablo.

Dreyfus conoce varias lenguas: crimen. En su casa no hallan papeles comprometedores; crimen. Algunas veces visita su país natal; crimen Es laborioso, tiene ansia de saber; crimen. Si no se turba; crimen. Todo crimen, siempre crimen… Y las ingenuidades de redacción, las formales aserciones en el vacío!. Nos habían hablado de catorce acusaciones y no aparece mas que una: la nota sospechosa. Es mas: averiguamos que los peritos no están de acuerdo y que uno de ellos, M. Gobert, fue atropellado militarmente porque se permitía opinar contra lo que se deseaba. Hablase también de veintitrés oficiales, cuyos testimonios pasarían contra Dreyfus. Desconocemos aún sus interrogatorios, pero lo cierto es que no todos lo acusaron, habiendo que añadir, además, que los veintitrés oficiales pertenecían a las oficinas del ministerio de la guerra. Se las arreglan entre ellos como si fuese un proceso de familia, fijaos bien en ello: el Estado Mayor lo hizo, lo juzgó y acaba de juzgarlo por segunda vez.

Así, pues, solo quedaba la nota sospechosa acerca de la cual los peritos no estuvieron de acuerdo. Se dice que, en el Consejo, los jueces iban ya, naturalmente a absolver al reo, y desde entonces, con obstinación desesperada, para justificar la condena, se afirma la existencia de un documento secreto, abrumador; el documento que no se puede publicar, que lo justifica todo y ante el cual todos debemos inclinarnos: el Dios invisible e incognoscible!. Ese documento no existe, lo niego con todas mis fuerzas. Un documento ridículo, si, tal vez el documento en que se habla de mujercillas y de un señor D… que se hace muy exigente, algún marido, sin duda, que juzgaba poco retribuidas las complacencias de su mujer!.

Pero un documento que interese a la defensa nacional, que no puede hacerse público sin que se declare la guerra inmediatamente, no, no!. Es una mentira, tanto mas odiosa y cínica, cuanto que se lanza impunemente sin que nadie pueda combatirla. Los que la fabricaron, conmueven el espíritu francés y se ocultan detrás de una legítima emoción; hacen enmudecer las bocas, angustiando los corazones y pervirtiendo las almas. No conozco en la historia un crimen cívico de tal magnitud!.

He aquí, señor Presidente, los hechos que demuestran como pudo cometerse un error judicial. Y las pruebas morales, como la posición social de Dreyfus, su fortuna, su continuo clamor de inocencia, la falta de motivos justificados, acaban de ofrecerlo como una víctima de las extraordinarias maquinaciones del medio clerical en que se movía, y del odio a los puercos judíos que deshonran nuestra época.

Y llegamos al asunto Esterhazy. Han pasado tres años y muchas conciencias permanecen turbadas profundamente, se inquietan, buscan, y acaban por convencerse de la inocencia de Dreyfus.

No historiaré las primeras dudas y la final convicción de M. Scheurer-Kestner. Pero mientras el rebuscaba por su parte, acontecían hechos de importancia en el Estado Mayor. Murió el coronel Sandherr y sucedióle como jefe del Negociado de informaciones, el teniente coronel Picquart, quien por esta causa, en ejercicio de sus funciones, tuvo un día ocasión de ver una carta telegrama dirigida al comandante Esterhazy por un agente de una potencia extranjera.

Era su deber abrir una información y no lo hizo sin consultar con sus jefes, el general Gonse y el general Boisdeffre y luego con el general Billot, que había sucedido al de la Guerra. El famoso expediente Picquart, de que tanto se ha hablado, no fue más que el expediente Billot, es decir, el expediente instruido por un subordinado cumpliendo las ordenes del ministro, expediente que debe existir aún en el ministerio de la Guerra. Las investigaciones duraron de mayo a setiembre de 1896, y es preciso decir bien alto que el general Gonse estaba convencido de la culpabilidad de Esterhazy y que los generales Boisdeffre y Billot no ponían en duda que la célebre nota sospechosa fuera de Esterhazy.

El informe del teniente coronel Picquart había conducido a esta prueba cierta. Pero el sobresalto de todos era grande, porque la condena de Esterhazy obligaba inevitablemente a la revisión del proceso Dreyfus; y el Estado Mayor a ningún precio quería desautorizarse.

Debió haber un momento psicológico de angustia suprema entre todos los que intervinieron en el asunto; pero es preciso notar que, habiendo llegado al ministerio el general Billot, después de la sentencia dictada contra Dreyfus, no estaba comprometido en el error y podía esclarecer la verdad sin desmentirse. Pero no se atrevió, temiendo acaso el juicio de la opinión pública y la responsabilidad en que habían incurrido los generales Boisdeffre y Gonse y todo el Estado Mayor. Fue un combate librado entre su conciencia de hombre y todo lo que suponía el buen nombre militar. Pero luego acabó por comprometerse, y desde entonces, echando sobre sí los crímenes de los otros, se hace tan culpable como ellos; es mas culpable aún, porque fue árbitro de la justicia y no fue justo. Comprended esto! Hace un año que los generales Billot, Boisdeffre y Gonse, conociendo la inocencia de Dreyfus, guardan para si esta espantosa verdad. Y duermen tranquilos, y tienen mujer e hijos que los aman!. 

El coronel Picquart había cumplido sus deberes de hombre honrado. Insistió cerca de sus jefes, en nombre de la justicia, suplicandoles, diciéndoles que sus tardanzas eran evidentes ante la terrible tormenta que se les venía encima, para estallar, en cuanto la verdad se descubriera. Moinseur Scheurer-Kestner rogó también al general Billot que por el patriotismo activara el asunto antes de que se convirtiera en desastre nacional.

No! El crimen estaba cometido y el Estado Mayor no podía ser culpable de ello. Por eso, el teniente coronel Picquart fue nombrado para una comisión que lo apartaba del ministerio, y poco a poco fueron alejándose hasta el ejército expedicionario de Africa, donde quisieron honrar un día su bravura, encargándole una misión que le hubiera la vida en los mismos parajes donde el marques de Mopres encontró la muerte. Pero no había caído aún en desgracia; el general Gonse mantenía con el una correspondencia muy amistosa. Su desdicha era conocer un secreto de los que no debieran conocerse jamás.

En París la verdad se abría camino, y sabemos ya de que modo la tormenta estalló. M.Mathieu Dreyfus denunció al comandante Esterhazy como verdadero autor de la nota sospechosa; mientras M.Scheurer-Kestner depositaba entre las manos del guardasellos una solicitud pidiendo la revisión del proceso. Desde ese punto el comandante Esterhazy entre en juego.

Testimonios autorizados lo muestran como loco, dispuesto al suicidio, a la fuga. Luego, todo cambia, y sorprende con la violencia de su audaz actitud. había recibido refuerzos: un anónimo advirtiéndole los manejos de sus enemigos; una dama misteriosa que se molesta en salir de noche para devolver un documento que había sido robado de las oficinas militares y que le interesaba conservar para su salvación. Comienzan de nuevo las novelerías folletinescas, en la que reconozco los medios ya usados por la fértil imaginación del teniente coronel Paty de Clam. Su obra, la condenación de Dreyfus, peligraba, y sin duda quiso defender su obra.

La revisión del proceso era el desquiciamiento de su novela folletisnesca, tan extravagante como trágica, cuyo espantoso desenlace se realiza en la Isla del Diablo. Y esto no podía consentirlo. Así comienza el duelo entre el teniente coronel Picquart, a cara descubierta, y el teniente coronel Paty de Clam, enmascarado. Pronto se hallaran los dos ante la justicia civil. En el fondo no hay más que una cosa: el Estado Mayor defendiéndose y evitando confesar su crimen, cuya abominación aumenta de hora en hora.

Se ha preguntado con estupor cuales eran los protectores del comandante Esterhazy. Desde luego, en la sombra, el teniente coronel Paty de Clam, que ha imaginado y conducido todas las maquinaciones, descubriendo su presencia en los procedimientos descabellados. Después los generales Boisdeffre, Gonse y Boillot. obligados a defender al comandante, puesto que no pueden consentir que se pruebe la inocencia de Dreyfus, cuando este acto habría de lanzar contra las oficinas de la Guerra el desprecio del público.

Y el resultado de esta situación prodigiosa es que un hombre intachable, Picquart, el único entre todos que ha cumplido con su deber, será la víctima escarnecida y castigada. Oh justicia! Que triste desconsuelo embarga el corazón! Picquart es la víctima, se lo acusa de falsario y se dice que fabrico la carta telegrama para perder a Esterhazy. Pero, Dios mío!, por que motivo? Con qué objeto? Que indiquen una causa, una sola. Estar pagado por los judíos?. Precisamente Picquart es un apasionado antisemita. Verdaderamente asistimos a un espectáculo infame; para proclamar la inocencia de los hombres cubiertos de vicios, deudas y crímenes, acusan un hombre de vida ejemplar. Cuando un pueblo desciende a esas infamias, esta próximo a corromperse y aniquilarse.

A esto se reduce, señor Presidente de la república, el asunto Esterhazy, un culpable a quien se trata de salvar haciéndole parecer inocente, hace dos meses que no perdemos de vista esa interesante labor. Y abrevio porque solo quise hacer el resumen, a grandes rasgos, de la historia cuyas ardientes páginas un día serán escritas con toda extensión. Hemos visto al general Pellieux, primero, y al comandante Ravary, mas tarde, hacer una información infame, de la cual han de salir transfigurados los bribones y perdidas las gentes honradas. Después se ha convocado al Consejo de guerra. Como se pudo suponer que un Consejo de guerra deshiciese lo que había hecho un Consejo de guerra?

Aparte la fácil elección de los jueces , la elevada idea de disciplina que llevan esos militares en el espíritu, bastaría para debilitar su rectitud. Quien dice disciplina dice obediencia. Cuando el ministro de la guerra, jefe supremo, ha declarado públicamente y entre las aclamaciones de la representación nacional, la inviolabilidad absoluta de la cosa juzgada, queréis que un Consejo de guerra se determine a desmentirlo formalmente?. Jerárquicamente no es posible tal cosa.

El general Billot, con sus declaraciones, ha sugestionado a los jueces que han juzgado como entrarían en fuego a una orden sencilla de su jefe: sin titubear. La opinión preconcebida que llevaron al tribunal fue sin duda esta: «Dreyfus ha sido condenado por crimen de traición ante un Consejo de guerra; luego es culpable y nosotros, formando un Consejo de guerra, no podemos declararlo inocente. Y como suponer culpable a Esterhazy, sería proclamar la inocencia de Dreyfus, Esterhazy debe ser inocente».

Y dieron el inicuo fallo que pesará siempre sobre nuestros Consejos de Guerra, que hará en adelante sospechosas todas sus deliberaciones. El primer Consejo de guerra pudo equivocarse; pero el segundo ha mentido.

El jefe supremo había declarado la cosa juzgada inatacable, santa, superior a los hombres, y ninguno se atrevió a decir lo contrario. Se nos habla del honor del ejército; se nos induce a respetarlo y amarlo. Cierto que si; el ejército que se alzara en cuanto se nos dirija la menor amenaza, que defenderá el territorio francés, lo forma todo el pueblo, y solo tenemos para el ternura y veneración. Pero ahora no se trata del ejército, cuya dignidad justamente mantenemos en el ansia de justicia que nos devora; se trata del sable, del señor que nos darán acaso mañana. Y besar devotamente la empuñadura del sable del ídolo. No,eso no!.

Por lo demás queda demostrado que el proceso Dreyfus no era mas que un asunto particular de las oficinas de guerra; un individuo del Estado Mayor, denunciado por sus camaradas del mismo cuerpo, y condenado, bajo la presión de sus jefes.

Por lo tanto, lo repito, no puede aparecer inocente sin que todo el Estado mayor aparezca culpable. Por esto las oficinas militares, usando todos los medios que les ha sugerido su imaginación y que les permiten sus influencias, defienden a Esterhazy para hundir de nuevo a Dreyfus. Ah!, que gran barrido debe hacer el Gobierno republicano en esa cueva jesuítica (frase del mismo general Billot).

Cuando vendrá el ministerio verdaderamente fuerte y patriota, que se atreva de una vez a refundirlo, y renovarlo todo?. Conozco a muchas gentes que, suponiendo posible una guerra, tiemblan de angustia, porque saben en que manos esta la defensa nacional! En que albergue de intrigas, chismes y dilapidaciones se ha convertido el sagrado asilo donde se decide la suerte de la patria!. Espanta la terrible claridad que arroja sobre aquel antro el asunto Dreyfus; el sacrificio humano de un infeliz, de un puerco judío. Ah! se han agitado allí la demencia y la estupidez, maquinaciones locas, prácticas de baja policía, costumbres inquisitoriales; el placer de algunos tiranos que pisotean la nación, ahogando en su garganta el grito de verdad y de justicia bajo el pretexto, falso y sacrílego, de razón de estado.

Y es un crimen mas apoyarse con la persona inmunda, dejarse defender por todos los bribones de París, de manera que los bribones triunfen insolentemente, derrotando el derecho y la probidad. Es un crimen haber acusado como perturbadores de Francia a cuantos quieren verla generosa y noble a la cabeza de las naciones libres y justas, mientras los canallas urden impunemente el error que tratan de imponer al mundo entero. Es un crimen extraviar la opinión con tareas mortíferas que la pervierten y la conducen al delirio. Es un crimen envenenar a los pequeños y a los humildes, exasperando las pasiones de reacción y de intolerancia, y cubriéndose con el antisemitismo, de cuyo mal morirá sin duda la Francia libre, si no sabe curarse a tiempo. Es un crimen explotar el patriotismo para trabajos de odio; y es un crimen, en fin, hacer del sable un dios moderno, mientras toda la ciencia humana emplea sus trabajos en una obra de verdad y de justicia.

!Esa verdad, esa justicia que nosotros buscamos apasionadamente, las vemos ahora humilladas y desconocidas!. Imagino el desencanto que padecerá sin duda el alma de M. Scheurer-Kestner, y lo creo atormentado por los remordimientos de no haber procedido revolucionariamente el día de la interpelación en el Senado, desembarazandose de su carga, para derribarlo todo de una vez. Creyó que la verdad brilla por si sola, que se lo tendría por honrado y leal, y esta confianza lo ha castigado cruelmente. Lo mismo le ocurre al teniente coronel Picquart que, por un sentimiento de dignidad elevada, no ha querido publicar las cartas del general Gonse; escrúpulos que lo honran de tal modo que, mientras permanecía respetuoso y disciplinado, sus jefes lo hicieron cubrir de lodo instruyendole un proceso de la manera mas desusada y ultrajante. Hay, pues, dos víctimas; dos hombres honrados y leales, dos corazones nobles y sencillos, que confiaban en Dios, mientras el diablo hacia de las suyas. Y hasta hemos visto contra el teniente coronel Picquart este acto innoble: un tribunal francés consentir que se acusara públicamente a un testigo y cerrar los ojos cuando el testigo se presentaba para explicar y defenderse. Afirmo que esto es un crimen mas, un crimen que subleva la conciencia universal. Decididamente, los tribunales militares tienen una idea muy extraña de la justicia.

Tal es la verdad, señor Presidente, verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestro gobierno. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis un prisionero de la Constitución y de la gente que os rodea; pero tenéis un deber de hombre en el cual meditaréis cumpliéndolo, sin duda honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla. Hasta hoy no principia el proceso, pues hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos la vida porque la luz se haga. Cuanto mas duramente se oprime la verdad, mas fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos como se prepara el más ruidoso de los desastres.

Señor Presidente, concluyamos, que ya es tiempo.

Yo acuso al teniente coronel Paty de Clam como laborante – quiero suponer inconsciente – del error judicial, y por haber defendido su obra nefasta tres años después con maquinaciones descabelladas y culpables.

Acuso al general Mercier por haberse hecho cómplice, al menos por debilidad, de una de las mayores iniquidades del siglo.

Acuso al general Billot de haber tenido en sus manos las pruebas de la inocencia de Dreyfus, y no haberlas utilizado, haciéndose por lo tanto culpable del crimen de lesa humanidad y de lesa justicia con un fin político y para salvar al Estado Mayor comprometido.

Acuso al general Boisdeffre y al general Gonse por haberse hecho cómplices del mismo crimen, el uno por fanatismo clerical, el otro por espíritu de cuerpo, que hace de las oficinas de Guerra un arca santa, inatacable.

Acuso al general Pellieux y al comandante Ravary por haber hecho una información infame, una información parcialmente monstruosa, en la cual el segundo ha labrado el imperecedero monumento de su torpe audacia.

Acuso a los tres peritos calígrafos, los señores Belhomme, Varinard y Couard por sus informes engañadores y fraudulentos, a menos que un examen facultativo los declare víctimas de una ceguera de los ojos y del juicio.

Acuso a las oficinas de Guerra por haber hecho en la prensa, particularmente en L’Eclair y en L’Echo de París una campaña abominable para cubrir su falta, extraviando a la opinión pública.

Y por último: acuso al primer Consejo de Guerra, por haber condenado a un acusado, fundándose en un documento secreto, y al segundo Consejo de Guerra, por haber cubierto esta ilegalidad, cometiendo el crimen jurídico de absolver conscientemente a un culpable.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la Ley de Prensa del 29 de julio de 1881, que se refieren a los delitos de difamación. Y voluntariamente me pongo a disposición de los Tribunales.

En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es mas que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.

Solo un sentimiento me mueve, solo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es mas que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.

Así lo espero.

EMILE ZOLA

París, enero 13 de 1898.

Dreyfus

Dreyfus ya reintegrado como militar

Luego de varios años, su hermano Mateo reunió algunos elementos de prueba en su favor, logrando que el senador Scheurer Kestner tomara su defensa. En un célebre debate trascendió que el teniente coronel Picquart había ocultado importantes documentos que demostraban que el verdadero culpable era el comandante de infantería Esterhazy. El reclamo de la opinión pública obligó al procesamiento de ese militar, pero el tribunal lo declaró inocente. Todoparecía perdido, cuando Emilio Zola publico su celebre «J´ accuse» que repercutió hondamente en Francia. Una tentativa para procesar al escritor sólo sirvió para echar nuevas luces ante una opinión pública intensamente agitada.

PARA SABER MAS…
LA CONSPIRACIÓN JUDEO MASÓNICA

Regímenes de ideologías muy diversas ayudaron a crear el mito de una conspiración de judíos y masones -a los que muchas veces se añadía a los comunistas- para dominar el mundo. La supuesta alianza secreta de los seguidores de dichas doctrinas e ideologías ha sido utilizada, sin argumentos mínimamente sólidos, en la Francia de fin de siglo XIX, con el estallido del caso Dreyfus en Francia (1894) -un ejemplo de antisemitismo de manual-, en la Rusia zarista, con la publicación en 1903 de los Protocolos de los Sabios de Sión -un panfleto plagiado de un activista antimasón francés y lanzado por el gobierno de los zares para desacreditar de un solo golpe a judíos, masones y comunistas-, en la Rusia postsoviética de Vladimir Zhirinovski

y su movimiento ultra, antisemita y anticomunista, cuyo único nexo con el antiguo aparato soviético era su aversión a los masones, y en la España del dictador Francisco Franco, que dirigió una cruzada «contra el complot judeoma-sónico y la subversión comunista-terrorista». Usualmente, Franco manifestaba en sus discursos un odio especial a la masonería, a la que aparentemente habría intentado ingresar sin lograrlo.

Grandes Enigmas de la Historia Fasc. N°4 Las Logias Masónicas

El Antisemitismo en la historia Persecucion a los Judios

El Antisemitismo en la Historia
Persecucion a los Judíos

La persecución de los judíos durante la Edad Media fue un hecho corriente. Generalmente se basó en el pretexto de que los judíos merecían ser perseguidos porque eran la raza que había crucificado a Jesucristo, fundador de la religión cristiana. (A nadie se le ocurrió pensar que los primeros cristianos y, el propio Cristo, fueron judíos.) Semejante acusación sirvió para enardecer a las sociedades medievales supersticiosas en las que, además, había otros motivos que explicaban el odio a los judíos.

Por ejemplo, durante mucho tiempo fueron los únicos prestamistas y ocuparon una posición destacada en el comercio, lo que llevó a que la gente les debiera dinero y a que durante mucho tiempo no ocuparan una posición clara en la sociedad mayoritariamente rural de la Europa medieval. Los judíos se congregaron en las ciudades y practicaron su propia religión y ritos. Pese a que en términos comparativos eran pocos, llamaron mucho la atención, a menudo por su vestimenta.

Los tiempos de persecución, atropellos y matanzas desaparecieron lentamente, al menos en Europa occidental… tendencia que, hay que reconocerlo, se debió en gran parte a que en la Edad Media desaparecieron la mayoría de las comunidades judías de Occidente (a medida que cada vez más judíos se desplazaban hacia el este hasta el reino de Polonia-Lituania).

El capitán Dreyfus, condenado por traición, es degradado en las primeras etapas del proceso que comenzó en 1894 y que durante años dividiría y envenenaría a la sociedad francesa. Oficial de estado mayor de origen judío, Dreyfus fue condenado por espionaje a cadena perpetua en la isla del Diablo. investigaciones posteriores demostraron que varios oficiales de alta graduación se habían confabulado para falsificar las pruebas.

Gradualmente, los judíos de los Países Bajos, Inglaterra, Francia, Italia y Alemania fueron tratados con más tolerancia. A partir del siglo XVII y en los niveles medios y altos de la sociedad pudieron llevar vidas bastante normales. Y, lo que es más importante, con el paso del tiempo se desmantelaron las leyes que en muchos países imponían cargas y obligaciones específicas a los judíos. En este sentido, es posible que la influencia de la Revolución Francesa fuese el factor más decisivo. A partir de dicha revolución y en los primeros años del siglo XIX, los judíos se vieron liberados de las múltiples injusticias que anteriormente habían soportado.

Este cambio no significó que los judíos dejaran de distinguirse. Siguieron formando (si no se volvieron formalmente cristianos) una comunidad separada por la religión, la educación y la lengua. El hebreo era el idioma de la religión judía y los judíos de Europa oriental, donde vivían en su inmensa mayoría, hablaban yiddish (una mezcla de dialecto alemán y hebreo). No desaparecieron los prejuicios sociales contra los judíos. Existía una antigua tradición de esnobismo europeo basada en la idea de que era despreciable ganar dinero con el comercio o la banca; aunque en el siglo XIX los judíos conquistaron posiciones de gran eminencia en las artes, el comercio y las finanzas, mayoritariamente estuvieron al margen de los círculos dirigentes de los países europeos, incluso en los casos en que dispusieron de riquezas mucho mayores que las que tenían muchos de sus gobernantes.

Aquel fue el medio en el que, durante la segunda mitad del siglo XIX, se difundieron las ideas seudodarwinistasacerca de la raza y los judíos. El «antisemitismo», nombre que recibe el odio profundo a los judíos (originalmente, los judíos fueron uno de los pueblos del grupo lingüístico semita del Cercano Oriente; los otros son los pueblos árabes), no ha desaparecido. Algunos católicos romanos lo han mantenido vivo en Occidente (hubo quienes responsabilizaron a los judíos de la Revolución Francesa) y la Iglesia ortodoxa rusa lo alentó en Oriente. Sin embargo, diversos factores adicionales tuvieron que ver con la nueva ola de sentimientos antijudíos.

En primer lugar, la gran crisis comercial y financiera que en los años setenta del siglo XIX padecieron Alemania y Austria; una vez superada, muchos de los que perdieron sus ahorros culparon a los bancos y a los financieros judíos. En segundo lugar, el traslado de judíos del este hacia las principales ciudades de Europa central —sobre todo, Viena—, en las que compitieron con los nativos por los puestos de trabajo. Como esos inmigrantes solían proceder de comunidades judías muy conservadoras y de mentalidad tradicional instaladas en la zona de Polonia-Lituania, a menudo llamaron enormemente la atención por su vestimenta y aspecto.

A pesar del renacimiento del antisemitismo provocado por falsas teorías «científicas» sobre la raza y por factores económicos, en ningún país europeo occidental los judíos volvieron a su antigua posición de inferioridad ante la ley. En casi todos los países los judíos notables fueron cada vez más aceptados por la sociedad: en este sentido fue muy importante el ejemplo del rey Eduardo VII de Inglaterra, que tuvo muchos amigos judíos. Una cantidad cada vez mayor de judíos se dedicó a las profesiones liberales, participó en la vida política y ocupó puestos en el alto funcionariado, siguió prosperando en los negocios, no tuvo dificultades para acceder a la educación superior y, en un sentido amplio, buscó una «asimilación» cada vez más afortunada en las sociedades en las que eran ciudadanos de pleno derecho.

Los judíos hicieron una gran contribución a la vida, sobre todo, de Estados Unidos; tuvieron gran éxito e influencia en esa sociedad, libre de muchas tradiciones europeas. En realidad, antes de 1914 pocos judíos pensaban que su pueblo debía buscar otro fin que no fuera la asimilación y que debían constituirse en una nación, con una base territorial en un estado judío independiente: estos pocos eran los sionistas.

Esta síntesis sobre el progreso global y continuo del pueblo judío hasta 1914 sólo encontró graves obstáculos en la Rusia zarista. Hacia finales del siglo XIX, vivían allí unos 5 millones de judíos —alrededor de la quinta parte de todos los del mundo—, la mayoría en Rusia occidental y Polonia. Con el propósito de desviar el descontento y de dividir a sus súbditos para que lucharan entre sí, el régimen apeló deliberadamente al antiguo odio supersticioso hacia los judíos desplegado por la Iglesia ortodoxa. A partir de los años ochenta, hubo frecuentes pogromos o asaltos contra los judíos: saqueos y robos de casas y tiendas de judíos e invasión de los guetos por matones que azotaron a sus habitantes, matándolos en ocasiones, o que violaron a las jóvenes. A menudo la policía organizó esos pogromos.

Aunque no fuese así, las autoridades hicieron la vista gorda y no protegieron a los judíos. Tal vez no sea sorprendente que los judíos destacaran entre los dirigentes de los grupos revolucionarios rusos. Con excepción de Rusia, Rumania fue el único país europeo que legalizó el antisemitismo. Rumania trató como extranjeras a las comunidades judías que llevaban siglos asentadas en la provincias del Danubio, política que persistió hasta 1919.

En los guettos los judíos formaron sociedades de ayuda mutua , grupos de estudio, grupos para la educación de niños , grupos para el culto y sociedades de asistencia a los pobres.

Ningún europeo culto habría sostenido que Europa oriental podía considerarse representativa del nivel de civilización al que pertenecía. El trato que se dio a los judíos en los países occidentales fue algo de lo que podía sentirse mucho más orgulloso. Empero, incluso en esos países la propagación de ideas racistas a finales del siglo XIX sembró las simientes que más adelante producirían horrorosas atrocidades. El surgimiento de dichas ideas fue sin duda la señal de que algo fallaba en los cimientos mismos de la cultura europea, por muy sólidos y liberales que parecieran sus logros.

Fuente Consultada: Historia Universal Ilustrada de John Roberts Tomo 2