La Legión Romana

El Armamento en el Ejercito de Roma Vida de los Soldados Romanos

El Armamento en el Ejército de Roma
Vida de los Soldados Romanos

ARMAMENTO: Las armas defensivas de los legionarios eran el casco, la coraza, el escudo y las canilleras; las ofensivas el pilo y la espada. El casco fue primitivamente de cuero, galea; mas, como la lluvia y el sol lo deformaban, lo reemplazó el casco de bronce, cassis, que entonces tuvo cubrenuca, carrilleras y visera, casco parecido al de los dragones franceses; pero en vez de cimera tenía un anillo al que, en las marchas, se ataba una cuerda que permitía llevar el casco pendiente a la espalda.

La coraza, loriga, fue primero una casaca de cuero con escamadas laminillas de hierro.

Caballero romano, con su casco y escudo redondo (clipeus), una lanza y una cota de mallas.
Monta sin estribos

Después se hizo de escamas de acero articuladas, unas cubrían el pecho y otras los hombros, a manera de anchos tirantes. Se ponían además una especie de sayo o cota de mallas que llegaba a menudo hasta el bajo vientre. El escudo, scutum, era un largo rectángulo de madera ahuecada cubierto de cuero y guarnecido de piezas de hierro, que tenía en el centro un bollo de relieve, umbón, destinado a hacer resbalar los proyectiles.

El pilo, arma nacional de la infantería romana, era un dardo o venablo de dos metros de largo, que pesaba próximamente un kilogramo, cuyo alcance medio era de 25 a 30 metros, pero que, lanzado con auxilio de una correa, podía alcanzar hasta 65 metros; también se esgrimía como una lanza.

La espada, gladio, era cual la española corta, y de dos filos; los soldados la llevaban en el lado derecho, pendiente de un tahalí, y los oficiales en el izquierdo sujeta con un cinturón.

Los legionarios iban vestidos con túnica, pantalón corto y amplia capa de paño moreno, llamada sago. Calzaban càligas, o sean sandalias militares, de suela espesa guarnecida de clavos que aseguraban con correas hasta media pierna.

BATISTA: El brazo de La batista, del que pendía una red o un cestillo conteniendo el proyectil se baJaba con auxilio de palancas colocadas detrás. Al disparar, las cuerdas impulsaban el brazo y permitían lanzar el proyectil a 400 0 500 metros de distancia.

Los caballeros llevaban, además del casco, una cota de mallas, perneras de cuero, broquel, que los romanos llamaba clípeo, lanza y una espada larga. Componían el arnés de la caballería de montar, la carona, la silla de cuero, asegurada con una cincha, y la brida. La silla no tenía estribos. Los vélites tenían la coraza ligera, el clipeo, venablos o arcos, y no usaban perneras.

La artillería estaba compuesta de máquinas para lanzar piedras y dardos; máquinas representadas por dos tipos principales, que eran la catapulta y la balista. La balista u onagre estaba compuesta de un brazo de madera sujeto sólidamente con cuerdas retorcidas a marcos o bastidores a propósito.

Un torno servia para atraer el brazo de madera, poniendo en tensión la máquina, y un mecanismo adecuado permitía dispararla en el momento oportuno.

Esa máquina de guerra lanzaba piedras a cuatrocientos o quinientos metros de distancia. La catapulta o escorpión, tenía menor alcance, sus proyectiles caían a trescientos o cuatrocientos metros a lo sumo.

CATAPULTA:

Preconstitución del museo de Saint-Germain. La catapulta era una ballesta grande  que se tendía por medio del cabrestante colocado detrás.Aquí la catapulta está tendida, se ve que la flecha está colocada en el fuste. EL alcance era de 300 a 400 metros.

Esta máquina era una especie de ballesta grande y fija cuyo palo tenía una canal en la que se colocaban los lances, esto es, las saetas, dardos y piedras, la cuerda traída violentamente se aseguraba a un disparador que, al soltarse, despedía con gran fuerza la piedra o la saeta.

Algunas de estas máquinas muy potentes y que lanzaban sus proyectiles a más de setecientos metros, sólo se empleaban en los asedios ó en la defensa de plazas fuertes; existían máquinas más ligeras, que intervenían en la batalla, como los actuales cañones de campaña, y que se colocaban en el mismo frente de la legión.

Por último, la legión tenía por insignia un asta coronada con una figura de animal, que concluyó por ser uniformemente un àguila. La caballería tenía un estandarte rojo llamado vexilo.

Ver: Historia de las Armas

El Soldado Romano Defensa Personal Combates Ejercito De Roma

El Soldado Romano Defensa Personal
Ejército De Roma

La Leva: Mientras que el ejército se compuso de soldados ciudadanos, la leva o enganche de gente para el servicio militar fue un acto civil, análogo a la convocación de electores.  El senado fijaba el contingente, y los cónsules anunciaban en un edicto el día en que el pueblo debía reunirse por tribus en el Capitolio.

Había cuatro tribus que estaban obligadas a dar cuatro legiones, a razón de dos por cónsul. Se sorteaba la primera tribu que debía suministrar los hombres; éstos eran designados nominalmente y los así designados pasaban cuatro a cuatro, ante los magistrados que los examinaban de carrera y repartían en las cuatro legiones, cuyos oficiales se habían nombrado de antemano.

Los cónsules concedían exenciones en determinados casos y castigaban a los ausentes con penas que consistían en multas, azotes, prisión y hasta esclavitud. La operación se terminaba cuando todas las plazas de las legiones estaban provistas.


LEGIONARIOS CONSTRUYENDO UNA MURALLA
El legionario no solo era un soldado, también se le empleaba en el intervalo de los combates en construir trincheras, puentes, caminos. Hasta ciudades han construido cuyas ruinas hoy existen como Argel y Tunez

El Soldado Romano: El soldado romano, labrador latino armado, era, en general, un hombre pequeño, moreno grueso y robusto, que los trabajos del campo hablan endurecido al trabajo. No se admitían además en el ejército sino a hombres cuya robustez fuese probada, y el consejo de revisión que seguía al enganche, era extremadamente severo Los soldados romanos mostraron notable resistencia en las fatigas del servicio.

Hacían, como la infantería moderna, marchas de a8 a 32 kilómetros, con una carga de 6o libras romanas, casi unos 20 kilogramos. Cada hombre llevaba en marcha, además de sus armas, diversos utensilios hacha, pala, azadón, y quince días de víveres.

Esta carga la llevaban en el hombro derecho, atada a una percha. Una vez llegados a la etapa, los soldados debían fortificar el lugar antes de darse al descanso. Los empleaban también en construir caminos, y es sabido que manejaban la pala y el azadón tan bien como la pica y la espada. Además eran tan sobrios como infatigables andadores y excelentes jornaleros.

Por lo que respecta a lo moral, el soldado romano confiaba en sus jefes, perseveraba en el esfuerzo y estaba dispuesto siempre a hacer todos los sacrificios que exigía la grandeza de su patria. Los reveses no le desanimaban, y la energía patriótica del romano fue causa de que sus enemigos lo admirasen.

Estaba sujeto además por el vinculo del juramento. Al entrar en la legión, juraba obedecer a su general, seguirle por dondequiera le condujese, y permanecer debajo de la bandera mientras no fuese relevado de su juramento.

El juramento lo prestaban solemnemente, en presencia del cónsul, los oficiales, tribunos y centuriones; después se daba lectura de él, a los soldados, y llamado cada uno por su apellido, respondía o «Yo también».

Roma debió su grandeza a las cualidades excepcionales de sus primeros soldados.